Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Uruguayos

“El nuevo Palomar” (Yábor)

Un tema de YÁBOR…. “El nuevo Palomar”. Uno de sus éxitos. De esos que nos reencuentran con la niñez…. y las diversas sensaciones de la evocación.

Realización video: “Estampas de Buenos Aires” (Carlos Szwarcer)

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

Barrios, Poesías y otros territorios de las musas, Uruguayos

Yábor. 16 de febrero. Feria de Mataderos

1986  * 27 años *  2013

SÁBADO 16 DE FEBRERO
de 18 a  01 hs.
¡ LA KERMESSE DE VERANO !
FESTIVAL FOLKÓRICO
¡FESTEJAMOS EL CARNAVAL URUGUAYO!
ARTISTAS INVITADOS:
YÁBOR
(22 hs. puntual)
acompañado por
“SUENA EL RÍO”
y luego
MURGA “VA DE VUELTA”
Además:

EL ENTREVERO
BESARES
CAROLINA CENTURIÓN
ROTAS CADENAS
MURGA LOS QUITAPENAS

LOS ESPECTÁCULOS Y ACTIVIDADES SON CON PARTICIPACIÓN LIBRE Y GRATUITA

INFORMES: (Lunes a viernes) 4342-9629  4323-9400 int. 2830
Sábados: 4687-5602
AV. LISANDRO DE LA TORRE Y AV. DE LOS CORRALES
(MERCADO NACIONAL DE HACIENDA)
Cómo llegar: Colectivos 55, 63, 80, 92, 103, 117, 126, 141, 155, 180 y por autopista
Concursos-Exposiciones- Convocatorias, Eventos Culturales, Poesías y otros territorios de las musas, Uruguayos

Yábor: raíces y vigencia de un trovador rioplatense

Por Carlos Szwarcer

En un reciente viaje a Colonia del Sacramento, Rep. Oriental del Uruguay, entrevistamos a Yábor. El talentoso cantautor que desde hace algunos años se encuentra radicado en esa ciudad -Patrimonio Mundial de la Humanidad-, fue un ameno anfitrión que estuvo dispuesto a compartir anécdotas y profundas vivencias. Los caminos y recodos de su extensa historia personal y artística vibraron en un tono sugestivo. Músico exquisito de memorable paso por la Argentina, donde es considerado uno de los pioneros del rock nacional, nos habló de sus orígenes, influencias, éxitos y sinsabores.

Yábor y Carlos Szwarcer

Yábor y Carlos Szwarcer

Recordado y vigente, señaló las dificultades de los artistas para lograr una buena difusión de su obra. A partir de su infancia montevideana, Yábor hurgó en las raíces de su arte y en el contacto con múltiples experiencias que lo nutrieron de influencias innumerables. Además de su orgullo oriental y artiguista, reflexionó sobre su relación y sentimientos por Argentina, en particular por Buenos Aires, donde vivió tres intensas décadas.

“Según mi madre, -comienza pensativo y nostálgico- Doña María del Carmen, tuve una tatarabuela negra. Como buen hijo de Artigas me mimeticé con mis hermanos del candombe. Cuando estoy con ellos se olvidan que soy blanco; en mi casa siempre entraron vecinos de raza negra. De niños jugábamos a la pelota en la calle, en el baldío, trepábamos y construíamos casitas en los árboles, éramos compañeros en el cole, más un montón de cosas que uno no entiende porque las hace, pero las hace … Recuerdo, entre risas y jolgorios nos escupíamos con azúcar, nos apedreábamos el rancho cuando nos peleábamos, más tantos sentimientos que atravesaron la piel cuando nos juntábamos a compartir los toques de tambor con mi guitarra y acordeón…”
La imagen de la madre, evidentemente, ha tenido gran fuerza en la vida del cantante: “Mi madre era clarividente y curaba por imposición de manos; aunque lo hacía sin fines de lucro, recibía diezmo y regalos de gratitud. Era católica. Recuerdo…, a veces cantaba y leía párrafos de la Biblia en la misa; me enorgullecía cuando le recomendaban devotos para ser bendecidos con sus ´pases espirituales´, la visitaban en nuestra casa donde tenía un pequeño altar, venían desde la misma parroquia del barrio Pueblo Nuevo, distrito de La Unión, Montevideo, donde fue venerada y es recordada por su alma caritativa y ejemplo de buena persona.
Solía contarme como se le fue despertando ese don; desde los treinta y pico empezó a ver divinidades y bellas imágenes y también símbolos que la atemorizaban por su falta de experiencia. Dicen que el poder de la sanación es hereditario; yo lo practico cada tanto con mis parientes y allegados.

- ¿Cómo descubriste en vos ese poder, ese don?

Según parece, aun sin ser religioso, ni tener fe alguna, esta virtud es algo natural que poseemos “casi todos los humanos”, que se puede desarrollar con tiempo y dedicación. Ya en sus últimos años en este plano, un buen día a la hora de la siesta con su mano en mi frente y en un rezo inolvidable decretó en mí ese “poder de sanación”. Nacida en la sierras de Minas, Dpto. de Lavalleja, casada con mi padre: Constante Walter, del Rosario, Dpto de Colonia; ambos se conocieron en Montevideo como trabajadores fabriles. Mi padre, también de gran humildad; de profesión matricero industrial, con un espíritu servicial con los vecinos del barrio.

- ¿Tuviste desde chico algún tipo de manifestaciones paranormales?

Si, desde muy chico diversas experiencias de ese tipo, que aún hoy me sorprenden y erizan la piel. Al entrar en la adolescencia comencé a buscar pruebas sobre la existencia de Dios en otras religiones. Con respeto y admiración me sorprendí con la magia y colorido de las ceremonias de los ritos del Umbanda de Río de Janeiro, el Batuque de Río Grande y el Candomblé de Bahía (Brasil) trasladados a Montevideo… luego leí sobre el Budismo y el Corán; sin entrar en detalles, me interiorice sobre religiones que aún suelen golpear a mi puerta trayendo su mensaje…
Pero, como te decía, aquella tarde mi madre me puso una mano en la cabeza y me dijo: “quiero pasarte este don…” ; y yo me entregué; me derretí cuando lo hizo; ella ya estaba muy viejita. Lo espiritual, las cosas que he visto y se me han manifestado, me convencieron que hay algo más allá de esta dimensión en que nacemos.

- ¿Qué tipo de literatura leías?

Hoy por hoy, no soy religioso, comencé leyendo al Padre Quevedo entre otros mentalistas de los años 60. Desde hace unos buenos años me gusta la metafísica y trato de entender la física cuántica. Investigo, presiento que la espiritualidad acompaña las artes; es la que une las diferentes disciplinas y géneros musicales. En los´70, me dediqué de lleno al estudio de la religión africana; esto me llevó años, con entradas, salidas, dudas, etc. Después vino la superstición, la sugestión, cosas que llevaron un tiempo para limpiarse y tomar distancia.
En principio, me atraía interpretar los diferentes “toques” o “puntos” ejecutados por los tamboreros religiosos, llamados Oganes; músicos muy importantes en los ceremoniales de los templos. Así fui inducido muy en serio a comprender las raíces del África ancestral. Porque, si desconocemos su religión, cómo podemos interpretar música afro con esencia y color. Ahondando me involucré y visité cuantas manifestaciones indo, afro americanas se me presentaban. Con el tiempo, tanto en la religiosidad como en la política terminé siendo solo simpatizante, relacionándome de forma independiente. Con estos ingredientes, busqué sólo lo que unifique y no lo que separe.

- ¿Una manera de lograr cierta síntesis y una característica propia ?

Por lo general, quienes hacemos música tratamos de sumar y de evitar los intereses sectarios que dividen a la humanidad. Para mí, este transito por al vida artística es una bendición!.
Considero que nada es casualidad, todo es causal, creo fui elegido para transmitir un mensaje musical canalizando las energías de mi musa inspiradora, a mi manera.

- Las influencias te fueron llegando por varios caminos…

Tuve muchas influencias. Nací en uno de los barrios del Tambor; donde salían con sus resuellos candomberos cuando ganaba el cuadro y cuando perdía también; incluso a la hora de la siesta molestábamos con nuestros ensayos en el vecindario. Siendo pibe, algunos mayores me decían “ahí no vayas porque se juntan los ´chorros´”; o, “si te entreveras con esos vagos quemarás las naves”. Fui rebelde, hice caso omiso a los consejos, iba igual, creo, eso me dio el contacto con lo cotidiano, la calle, que le dicen.

- Pero, finalmente, trascendiste, en mucho, tu barrio, “tu aldea”… Abrevaste de tu terruño y de todo lo que te llegaba de afuera….

Yo tengo un arte ecléctico; soy fiel a lo que me gusta. De muy chiquitín cantaba frente al espejo escuchando Gardel hacía playback…(ríe con placer), me mataba escuchando o viendo por TV a Julio Sosa, Matt Monroe, Nil Sedaka, el Club del Clan, música Beat, el tropicalismo brasilero y la rítmica afroamericana … sumados a mis estudios clásicos de acordeón piano y guitarra.
Tuve muchísimas influencias que luego trataba de disimular o maquillar con mi auténtico sentir y forma de hacer; porque uno dentro de lo posible trata de ser uno.

- Tenés el plus de una importante formación musical…

Me recibí de profesor de música a los 14 años, en el Conservatorio Schubert de Montevideo… desde entonces integré conjuntos folclóricos, escolas do samba, hasta actué vestido de gaucho. Fue cuando ingrese con mi voz y guitarra en los “Troperos del Alba”, conjunto con siete años de trayectoria que ya tenía cierta fama local… siendo profesor de acordeón, con ellos comprendí el folklore recorriendo el Uruguay. Junto a este conjunto cumplí mis 18 años en una larga gira por Chile. En otros grupos como “Las Voces del Arequita”, vivencié lo que le gusta a la gente de campo, no lo que “uno supone”, o lo que “aparece por la televisión o la radio”, Cantábamos con punteos y arreglos vocales en cuarteto.
Un día, en pleno campo del Dpto de Florida, un paisano nos pedía “El Orejano” (“Yo sé que en el pago me tienen idea…”) ; es un valseado campero con un poema totalmente anarco. Ese buen señor con sus bombachas, botas de potro, faja, rastra y golilla ponía dinero en el platito y seguía pidiendo “Orejano!!!”… se lo cantamos no sé cuantas veces en la noche. Después, averiguamos que lo habían echado de la estancia por escuchar ese tema. Ahí fui comprendiendo otra realidad ignorada en las capitales. Tocamos en los diferentes escenarios del folklore de los ´60; también actuamos para los gauchos de verdad, quienes venían de las faenas y rodeos, a tomar algo en el estaño del parador; así fui descubriendo esa realidad.
Una velada, cambié mi guitarra por el acordeón, ¡“y se pudrió todo”!… bien acompañado por las tres guitarras, se levantó un polvaderal, mientras bailaban hombres con hombres, porque en ese sitio, en medio del campo, no había una sola mujer. En realidad no les deslumbraron nuestros arreglos vocales o delicados punteos guitarrísticos; nos pedían rancheras, chamarritas, polcas y milongas con acordeón.

- Tenían que acomodar el repertorio…

Sí, otra vez, caímos en una Penca (con sus carreras cuadreras y de sortija); a nuestro arribo en un ´cachilo´ Ford “A”, nos rodeó una montón de gente. Hasta entonces, yo nunca había actuado con el platito al pie del escenario, no lo consideraba digno para un profesor de música. Pero mis colegas me advirtieron: “Si te dan dinero acéptalo porque si no se arma”. Nos fue bien; pero, las ovaciones se las llevaron los payadores, eso era lo que la gente de esas fiestas rurales realmente preferían, marcándome éste episodio una nueva lección.

¿En el Conservatorio te dejaron dar rienda suelta a tus inquietudes musicales?

Es que, desde los seis a los catorce años, mi profesor –Juan José Hernández – fue quien más allá de lo clásico me permitió tocar lo que quisiera y me inculcó que lo popular se debe interpretar con la misma seriedad que lo denominado clásico. Y no soy payador pero admiro mucho el arte. En mis primeras andadas como solista, estuve cercano a Don Carlos Molina, que pertenecía a la asociación de “gauchos socialistas”; fue quien apadrinó mis comienzos. Le gustaba como tocaba la guitarra y mis composiciones. Me decía “a vos que no te importe nada de nada, seguí así que vas bien…”. Yo me buscaba a mi mismo, buscando la aprobación de gente con trayectoria. Toqué en “El Mulitero”, que Molina regenteaba junto con el célebre cantautor Tabaré Etcheverry en Montevideo. Yo hacía lo mío con orgullo. Fueron épocas difíciles, cuando irrumpían los señores “vestidos de verde con sus matracas” a pedir documentos… Recuerdo al emblemático payador que se lo llevaban detenido dos por tres, porque respondía con su arte repentista a “los pies” que la gente les tiraba para improvisar sobre la situación del país. ¡Eso sí que fue todo un aprendizaje que también me marco e influenció!.

- La búsqueda de un estilo, de algo que te defina tiene sus bemoles …

Molina me dedico una payada que hablaba de mi guitarra y de mi joven estilo, Tabaré me presentó como alguien que “debía ser escuchado porque iba a dar que hablar”… y yo procurando trascender ante semejante desafío… Mientras, actuaba en importantes programas por TV12, “Discodromo Show” y por TV 4 “Gente Joven”. Considero que allí arrancó mi camino como “trovador”.
Con mis 19 años escarbaba y buceaba más y más en las raíces; cuando irrumpieron copando los medios masivos Los Beatles; el impacto en la juventud fue tremendo. De pronto me sentí algo turbado y confundido. ¿Cómo asimilar semejante avasallamiento cultural?… Lo recuerdo, frente a tan imponente despliegue…. como nos vacunaron con su juvenil producto, su impecable creatividad musical, tan bella e innovadora; poco importaba que fuera en otro idioma.
Así fue como algunos comenzamos a querer fusionar ritmos. Mientras, transcurrían las primeras peleas con mi viejo; llegaron resquemores y rezongos por mis llegadas a la madrugada; comenzaron a dividirse las aguas generacionales; el pelo largo y todo lo que podía llevar la contra al tango y los conservadores del folklore. Por entonces, a fines de los ´60 conformé LOS PROFETAS, mi primer bandita electrónica cantando castellano y balbuceando en inglés, denotando mi nueva preferencia por el POP internacional.
Un buen día actuando como solista en el Canal 5 estatal (SODRE) conocí al cantautor Gastón Ciarlo “Dino”, quien me escucho, le gustó y me invito a verlo en un concierto en Teatro El Galpón. donde “me amigué” con sus músicos del Montevideo Blues; ya en el under ciudadano continué tocando en los recitales junto Eduardo Mateo, Diane Denoir, Pippo Spera, Rubén Rada, Chichito Cabral, el Yamandu y Jose´Luis Pérez, el Pájaro Canzani, El Sindikato, Días de Blues, Psiglo, Col Coffe, The Moonligts, entre otras celebridades del pop rock nacional.
Con Mateo abríamos los recitales, actuando por separado pero compartiendo los mismos percusionistas (Cachito y Jair); otra vez nos aparecimos cuando vino “Papos Blues” al cine Novelty.
En el ´72, fuimos nominados como lo mejor del año por el semanario “La Nueva Gente del diario El Día”; era como leer la actual revista Rolling Stone en Argentina .
En los medios y algunos seguidores ya me preguntaban cuando iba a grabar un disco, o sea me dieron una buena mano… por entonces, recuerdo yo era medio tosco y tímido.

¿Por ese entonces grabaste en Buenos Aires?

En Noviembre del 73, de la mano del legendario conjunto de Rock Arco Iris fui invitado para grabar allí en los estudios de Casa Netto. Me produjo su baterista Horacio “Druppi” Gianello junto al carismático Gustavo Santaolalla. Recuerdo, en dicho estudio grababa su primer disco mi amigo León Gieco, quien se sumó espontáneamente para meter coros en un par de temas.
A los 21 era un muchachón ingenuo, de barba, seriote, como tantos de mi generación, simpatizante de la izquierda, demasiado idealista, aunque poco politizado. Mi militancia era con el arte y por la vida. En mis textos, decía algunas cosas sociales pero era más bien “universalista”. Le cantaba a la naturaleza, el amor, las vivencias cotidianas. Estaba bastante consciente del manejo de masas, no era el militante que cierra los ojos… con una suerte de sentido común presentía el peligro; veía el público y me daba cuenta como venía la mano, percibía los movimientos de gente que no eran “del palo artístico” y se nos arrimaban a saludar….

-¿Tuviste algunos momentos complicados, difíciles… ?

Al mediar los 21 y los 22 años, fui gremialista metalúrgico; luego de una segunda ocupación me demoraron en un calabozo; supe lo que es el miedo desde el vamos. Durante el proceso, como tantas familias uruguayas recibimos el allanamiento casa por casa. Este episodio me fogueó como hombre solidario y ahí tenés otra influencia fuerte que moldeó mi personalidad.

¿Cómo mantuviste tu independencia artística?

Ahí comencé a agudizar los sentidos a respetar más el arte poético; nunca entré en el panfleto, y si alguna vez hice algo parecido, después me dio vergüenza porque no me sentía cómodo.
Tocaba en universidades y facultades, entre otros ámbitos culturales; ese fue mi público seguidor (donde también solían irrumpir “los que te dije de verde”). Una vez tocando con mi amigo el bajista Beto Satragne, en la Universidad de La República, alguien gritó “alto la música!!!” y hubo que parar para que realicen un procedimiento. Lo mismo ocurrió en La Trastienda de Palermo en Buenos Aires, actuando con mi banda y Ruben Rada como invitado (año 79), en otro lugar de San Telmo, junto a Rodolfo Mederos…. Durante el Proceso, como le ocurriera a otros cultores de música con identidad, me sobrepuse a varios sustos, malos momentos que me parecieron interminables, pero a Dios gracias pude seguir circulando con lo mío, fueron pruebas que me templaron. Felizmente no padecí apremios físicos, pero “los julepes” me los comí igual; cuando lo pienso aun me broto… jeje!!!. Mi posición frente al arte es que todos tengamos las mismas posibilidades de trabajar y estudiar, con acceso a la salud pública… ¡¿qué más ?!
Escuchando maestros como J.M. Serrat, valorando a los que son más volados en su decir; me dije: “que lindo es estar con los pies en tierra y la cabeza en el cielo”. ¡El equilibrio! Lo importante es crear una buena obra que llegue a los corazones del pueblo. El público seguidor va a ver un espectáculo para sentirse bien.
Pasamos una época en la que estábamos tristones, reinaba la melancolía en el ambiente con añoranzas de justicia social, por consiguiente yo no iba con “bajones”; preferí que la gente reciba alegría. Muchas veces cantamos para un sector que vive ajeno a lo que está pasando. Admiraba a Zitarrosa, con quien intercambié cuestiones filosóficas en algunas oportunidades, Confidencialmente le pedí su opinión. Coincidimos que siendo solidario hay emergencias a las que tenés que asistir con tu canto fraterno, aunque te juegues el pellejo.
En ese periodo recorrí la República Argentina con mi espectáculo musical para niños y mis presentaciones como Yábor, acompañado por mis recordadas bandas candomberas. Continué con visitas aisladas para trabajar en Uruguay, si pasaba la censura del ESMACO, quienes revisaban las letras a interpretarse; siempre me preguntaban cuantos días me pensaba quedar y donde iba a parar… Una vez no me permitieron subir al escenario, fue en un festival del Estadio Centenario; recuerdo que el conductor Nacho Suárez me invito a que por el micrófono le explique tal situación al abochornado público presente… donde fui despedido por un hermosa cuerda de tambores y el caluroso saludo de mi gente.

- De algún modo te jugaste por lo que consideraste causas justas…

En los primeros actos de las Madres de Plaza de Mayo solía estar presente; consideré que el artista debe arrimarse y apoyar una idea tan pura y transparente….
Fui sincericida por demás, opinando a destiempo o innecesariamente. Cuando uno es joven siente que tiene mucho paño. ¿Si no te jugás ahí…cuándo te vas a jugar ?.
Felizmente surgen en Buenos Aires las revista Pelo, Expreso Imaginario, Rock Super Star y periodistas como Juan Alberto Badia, Roque de Pedro, Marcelo Pérez Cotten, entre otros importantes medios que apoyaron y difundieron a los que impulsábamos nuevos géneros musicales.
En el ´76, logre ingresar en la compañía EMI Odeón y Capitol Argentina, donde grabé seis discos vinilo LD. Hay artistas que saben bancar con naturalidad esa etapa multinacional y duran un buen tiempo. Reconozco que me dejaron hacer lo que yo quería, por lo cual estoy artísticamente agradecido. Hoy presiento que me alejé por tarado; enfrentado con mis contradicciones y no tuve suficiente cintura; era un bebe de pecho, con semejantes tigres es muy difícil manejarse. Me despedí en 1984, sintiéndome querido y apreciado por los amigos de dicha compañía.

- ¿Cuándo fue el momento de mayor trascendencia y cuándo empezaste a desaparecer de los medios?

Creo que el momento que más soné fue durante la guerra de Malvinas con “Memoria Azul” y “No dejes de Cantar”. Hoy sigo reconocido dentro del movimiento del rock nacional argentino.
Fui involuntariamente responsable de proseguir “missing en acción”, jajaj!!!. Igual le metí para adelante, siempre fui muy tenaz. Mi trabajo de hormiga continuó en forma permanente, aunque silencioso, sin prisa y sin pausa. Por ahí tocaba en el under, donde asistían 1000 personas, llenaba un teatro en la Capital otro en el Interior… cuyos ecos supongo quedaron en la huella.
Durante el proceso creo tuve algunas prohibiciones; allanaron mi domicilio; motivo por el cual aceleré mi programado viaje a España donde permanecí trabajando casi un año, regresando en el 83. Después vino el Radicalismo. Me parecía milagroso, llegó la Democracia, fue un periodo maravilloso, pude trabajar haciendo lo mío en libertad!. Empecé a tocar en las Facultades y los florecientes espacios culturales. Por entonces tuve el beneficio de ser nominado entre los 30 artistas con posibilidades de actuar en todo el territorio nacional. Luego vino el “Menemismo”, período en el que hubo escaso apoyo a la cultura; lamentablemente trabajé mucho menos, aunque “no me tenía que ir”… Sumándole la crisis del 2001, cuando me sentí muy agobiado, un buen día, en las postrimerías del 2003, luego de 30 años de permanencia en Buenos Aires cruce a Uruguay radicándome en Colonia del Sacramento.

- En Colonia sus un verdadero referente en varios espacios culturales…

Es un hermoso lugar del Plata donde desarrollo actividades como organizador de “La Gran Fiesta de San Baltasar” (la fiesta de los soldados del Procer J.G. Artigas); además de grabar un nuevo CD y filmar un Video Clip, fui incluido en el primer catálogo de Música Nacional, seleccionado entre los 130 artistas referentes del Uruguay
Les invito a visitar: http://www.clusterdemusica.com.uy/yabor/.
Desde hace cuatro años presido AUDEM (Asoc. Urug. de Músicos con Mesa en Colonia) y dicto clases de música.

- Tus tres décadas en Buenos Aires te hicieron conocer la ciudad, en sus cadencias, celeridades, ciclos y, desde ya, las oportunidades y adversidades de una gran urbe.

Pasé varios períodos, cuando me agarró “el rodrigado”, ahí fue terrible, yo vivía en una pensión. Estaba trabajando en una marroquinería fina en el Once, tenía que trabajar 16 hs para poder sobrevivir. Cuando podía tocaba en algún “sucucho”. No pude pagar la pensión. Terminé durmiendo debajo de la mesa del taller. Creo, eso también me fortaleció. Como no habia laburo, mi representante me buscó trabajo en una empresa de colocar carteles luminosos. Terminé en las alturas, yo sufría vértigo, un día quedé abrazado a la torre, me agarró pánico. Recuerdo teníamos que poner un cartel en un edificio alto frente al obelisco y renuncié. También trabajé de cafetero en la calle y a la noche como asistente de dirección en el Teatro Payró, junto a Jaime Kogan, Nano Pavloski, Ricardo Monti; donde armaba la escenografía y hacía las luces. Ahí empecé a vincularme con el ambiente teatral. Estuve con Alejandra Boero y su grupo de teatro independiente. Conocí a Enrique Pinti quien nos ideó una obra para chicos junto a la actriz y flautista Inés Cytrinowski. Musicalicé obras de Roberto Vega, Juan Raúl Rithner, Daniel Zabala, entre otros autores de teatro para niños.
Me especialicé en el género para niños. Actué y cante en obras musicales, algunas fueron premiadas por Argentores y en el Festival Infantil de Necochea. Aprendí esta especialidad que requiere mucho estudio y dedicación. Ya en Uruguay, estrené una obra de mi autoría EL CANDOMBE DE VACACIONES, que fue decretado de Interés Cultural por el Ministerio de Educación y Cultura.
Durante los ´90 actué en varias fiestas de la OUA (Unidad Africana), organizadas por la Embajada de Nigeria; ahí colaboré con la organización y me presenté con mi banda de los ´90 “Mama Afrika” con quienes luego grabé mi disco “AFRIKANIAS” y realice giras.

Durante 48 años de trayectoria conformé diferentes espectáculos que se ilustran en mi sitio http://www.candombodro.com ; siempre viví de y para la música.

¿Cuál es tu relación y sentimientos hacia Buenos Aires?

Lo primero que te quiero decir es que quiero mucho a los porteños. Reconozco que me dieron varias oportunidades y me cuidaron como persona y como artista.
Una cosa es una metrópolis y otra cosa es una ciudad. Yo fui del bosque (Montevideo) a la selva (Buenos Aires). Comprobé que después de vivir en Baires sobrevivís en cualquier urbe del mundo. Cuando fui a España me sobraba tiempo, imaginate hoy en Colonia… ja,ja!!! Argentina es un país muy grande y con posibilidades de desarrollo. Con los años transité a lo largo y a lo ancho su vasto territorio. Cuando viajas de una provincia a otra conoces las modalidades y el auténtico sentir de los argentinos, las distintas geografías y filosofías de su gente, fue algo muy hermoso!.
Es sabido que en el interior te recuerdan por más tiempo, en la Capital tenés que aparecer más seguido e impactar con buena prensa. Cuando dejé la empresa de grabaciones multinacional y empecé a grabar en forma independiente, ya no tuve la difusión ni el alcance suficiente y se hizo más difícil trascender en el tapete artístico. Pero, sigo atento a la oportunidad de regresar al ruedo con nuevas propuestas a mi segunda patria por adopción, mi amada República Argentina.

* Entrevista realizada en la casa de Yábor, en Colonia, entre empanadas y vinos, en la noche del 29 y la madrugada del 30 de junio de 2012.

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El tango montevideano

Por Alejandro Michelena

Fue un 2 de diciembre de 1866, en un modesto rancho del barrio de Goes. Así se planteaba en un folleto editado hace muchas décadas por Ovidio Cano, colaborador del desaparecido diario El Día,  rescatado por los historiadores Washington Reyes Abadie y Anibal Barrios Pintos en su libro dedicado a esa antigua zona montevideana (en serie publicada por la Intendencia Municipal).

“Tal afirmación –consigna Cano en ese texto– pertenecía a Leonardo Durante, un argentino que vivió muchos años en la calle Libres 1620 casi General Flores, en el corazón de Goes”. Y agrega: “fue en un rancho situado en el número 1477 de la calle Isidoro de María, frente a la plaza llamada en ese tiempo De las Carretas”.

Siempre según Ovidio Cano: “Leonardo Durante afirmaba que desde la noche del 2 de diciembre de 1866, se bailó en ese rancho una deformación de la clásica habanera con parejas abrazadas”. Y luego comenta que la gente se acostumbró a decir: Vamos a bailar tango al rancho de la plaza.

El mito y sus raíces

Si bien son muchísimos los testimonios sobre los primeros pasos del tango, tanto en Buenos Aires como en Montevideo, la originalidad del que rescató Cano y recordaron Barrios Pintos y Reyes Abadie, radica en la fecha y lugar precisos.

Más allá de este dato y de la anécdota puntual –el surgimiento de estilos musicales no suele tener nunca una génesis tan acotada– musicólogos, antropólogos culturales, “tangólogos” en serio, han coincidido en las últimas décadas en filiar el origen del ritmo del dos por cuatro, de manera igualitaria a los arrabales de ambas márgenes urbanas del río marrón. Concretamente: a los prostíbulos y boliches orilleros, donde se mezclaban el paisano recién llegado del interior con el tano y el gallego que habían arribado al puerto poco antes, abrazándose a polacas, francesas y rusas que ejercían en el suburbio de las ciudades platenses el oficio más viejo del mundo.

Investigaciones significativas de los años recientes estiman que si bien el tango se propagó de manera inusitada en Buenos Aires, fue en Montevideo donde tiene su lejana génesis, fecundado por el sensual tan-gó de los afro-uruguayos. Y hoy por hoy las raíces africanas del tango no son negadas por ningún estudioso serio del tema. Y tampoco que en esa influencia fuera decisiva la música de los negros montevideanos que por 1830 iban a bailar tan-gó extramuros, por detrás del Cubo del Sur. Si no fuera por la negritud que lo vitaliza, al tango le faltaría el ingrediente rítmico, el magnetismo que lo torna mágico y vibrante, y le sobraría demasiada melancolía.

Un ritmo de dos orillas

Cuando se escribe o habla del tango por el ancho mundo, se lo asocia casi siempre en exclusividad a Buenos Aires. Esto es explicable, en la medida que en la grande y compleja urbe porteña de los años veinte –que tan bien recrearan literariamente Roberto Arlt y Leopoldo Marechal– democratizada por el irigoyenismo, el nuevo ritmo encontraría su escenario más fecundo en los cabaret y los cafés con palco, y su cantor por excelencia en Carlos Gardel. Por su parte, su mítico imaginario cosmopolita amalgamaba la Pebeta de mi barrio con las Ivonne, René y Grisetta de un brumoso quartier parisién; de Montmartre a Corrientes angosta, del Barrio Latino a la Curva de Rocha. El lenguaje, los personajes, la dramaturgia del tango, no serían lo que son de no haberse decantado en esa proteica ciudad del estuario del Plata.

Pero Montevideo ha aportado lo suyo, y mucho, al tango, como lo ha probado –con datos más que suficientes– el recordado escritor Juan Carlos Legido en su libro La orilla oriental del tango (publicado por Ediciones de la Plaza). Basta evocar a Gerardo Mattos Rodríguez y La Cumparsita, el bien llamado “himno de los tangos”, que fuera estrenado por el maestro Firpo y su orquesta en la confitería La Giralda de la Plaza Independencia (donde hoy está el Palacio Salvo). También a Roberto Fugazot y su Barrio Reo, dedicado al montevideano barrio Reus al Norte, y que fuera cantado en el viejo café Vaccaro de General Flores y Domingo Aramburu por Carlitos Roldán. Y al entrañable Pintín Castellanos y La puñalada, que tuvo su bautismo ante el fervoroso público tanguero del Tupí Nambá nuevo, en 18 de Julio. Y los compuestos por Víctor Soliño, Tito Cabana, Juan Carlos Patrón y  Alberto Mastra, que forman parte del mejor repertorio del tango canción.

Y no hay que olvidar las orquestas uruguayas: La de Laurenz y Casella, que marcó toda una época. La de Romeo Gavioli, realizando una verdadera “fusión” de tango y candombe. La tan popular y radiofónica de Oldimar Cáceres. La orquesta de Puglia-Pedroza, que dejó un recuerdo de éxitos constantes. La del maestro Donato Raciatti llenando de música típica el Montevideo de varias décadas. La más cercana en el tiempo dirigida por el maestro César Zagnoli. Y recintos hoy míticos, como el gran café Ateneo, con sus palcos donde diariamente se oían las mejores orquestas del Río de la Plata, verdadera catedral montevideana del ritmo del 2 x 4.

En definitiva, como bien lo expresa ese tango más moderno de otro uruguayo, el Ciruja Montero: las dos orillas, las dos ciudades, están hermanadas por iguales aires musicales y por historias comunes, costumbres y formas de vida. Y qué más da –parafraseando la notable milonga de Borges- que haya nacido en algún antro de la calle Yerbal o de la calle Junín… El tango es, en definitiva, tan hijo de Buenos Aires como de Montevideo. Y ambas ciudades fueron madres fecundas y amorosas para el ritmo que las identifica.

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Romeo Gavioli. Entre el Tango y el Candombe

El autor de Baile de los morenos y Abuelito blanco nació en la calle 13 de Julio (ahora Juan B. Morelli), en el corazón de la tradicional barriada montevideana de La Unión,  en el mes de febrero de 1913. Fueron cuatro los hijos de esa típica familia de inmigrantes italianos, que crecieron en esa callecita tranquila entre picadas futboleras, excursiones veraniegas a la playa del Buceo, y la aventura de comerse alguna fruta entrando por el fondo de las quintas del Camino de la Aldea (hoy avenida Italia).

Pero Romeo tenía también otras inquietudes. Seguramente se le vio -la ñata contra el vidrio- mirando y escuchando con avidez una orquesta de tango en el café La Liguria, de avenida 8 de Octubre. O en tiempo de Carnaval, entusiasmándose con las trouppes, pero mucho más con las comparsas lubolas y el tam-tam de los tamboriles.

Muy precozmente, ya en 1926, formará parte de un conjunto con Mario Orrico y Guillermo Aguirre, llamado Los tres bemoles, con el que va a recorrer todos los barrios de Montevideo. En esta etapa, el joven Gavioli ya comienza a destacarse como cantor, compositor y director. Resultó un acontecimiento la presentación de Los tres bemoles en el café Suizo de la ciudad de Minas, en una jornada de aplausos que fue consagratoria.

Sobre finales de esa década de los años locos, el jilguero de La Unión se integrará a las orquestas de Juan Bauer “Firpito” y de Gentile. Es en ese período que va a componer su primer tango notorio, Adiós arrabal.

Triunfo en la calle Corrientes

En aquellos años, al igual que hoy, Buenos Aires era la meta inevitable de un artista uruguayo que ambicionara llegar al público masivo. Romeo Gavioli cruzó el Río de la Plata una noche, en el Vapor de la Carrera, coincidiendo en la gran urbe porteña con otros dos músicos compatriotas como  Lalo Etchegoncelay y Emilio Pellejero. A los tres les tocó acompañar a una estrella rutilante de aquel momento, del teatro y el cine: Paquito Busto. Las actuaciones del divo tenían lugar en el Teatro París, y también a través de las ondas de Radio Rivadavia.

El año 1939 es muy importante para Gavioli. Será un momento fecundo, donde se va a destacar como cantor de la orquesta de Edgardo Donato. De ese tiempo data la creación de Mi serenata, Tu confidencia y Volverás.

Su paso por Buenos Aires proyectó y potenció su trabajo -como compositor e intérprete-, sobre todo en el tango, ubicándolo como un artista a tener en cuenta.

Montevideo, con rumor de candombe

En algún verano de los años treinta, Gavioli había participado de las actuaciones veraniegas de la orquesta de Sangaro, en el Retiro del Parque Rodó y en el Hotel Carrasco. Pero será en los cuarenta, con el retorno a su país, formada ya la orquesta con su hermano Rolando, también músico, que va a dar comienzo su período más creativo.

Fue una época de múltiples y aplaudidas actuaciones de su orquesta -la primera que funcionó con carácter cooperativo-, pero fue además, cuando compuso varios de sus temas inolvidables. Piezas que han quedado en el imaginario popular como: Mi Montevideo, Canción de cuna, María del Carmen, Payaso triste, La carreta, Un amor y una rosa, Dame corazón, Jardín de Francia y La Guayreña.

Pero el momento culminante llegará para este artista a través del ritmo afro-uruguayo. Los candombes que compuso junto a Carmelo Imperio y Gerónimo Yorio son los que más definen -al paso de tantos años- lo mejor y más genuino de su aporte a la música popular uruguaya. La radiotelefonía proyectó a todos los rincones temas ‘ como: Fiesta del tambor, Candombe con relación, El cochero, Tamboriles, Los morenitos de Dios, Estampas del 800, Quiero tomar café, Tumbalalá, Candombe de Navidad, Tinta negra. A través de ellos, la orquesta de Romeo Gavioli llevó los ritmos característicos del Barrio Sur y Palermo a todas las barriadas montevideanas, a Buenos Aires y al Brasil, y un poco  más adelante, con proyección internacional.

Un busto en la avenida

La trágica muerte de Romeo Gavioli en gira por Brasil, cuando eran esperables todavía de su versátil creatividad muchos aportes a la canción popular, cerró un ciclo y clausuró un proceso artístico. Pero desde ese momento y hasta el presente creció el mito.

Muchos son los rioplatenses de avanzada edad que bailaron con su orquesta y que oían sus temas por la radio. Para ellos el “jilguero de los barrios” no se ha ido, no ha callado, sigue —del brazo de Gardel, de Mastra, de Pintín Castellanos y del Loro Collazo- en ese limbo de los inmortales de la música popular que siguen vibrando en el corazón del pueblo.

En el año 1998, a iniciativa de los vecinos del que fuera su barrio, se colocó -en 8 de Octubre y Pan de Azúcar- un busto en su homenaje. En la comisión que se encargó de concretar esto estaban la conocida cantante Luz Mari, el gran especialista en tango y en lunfardo Roberto Bianco y los maestros del ritmo del dos por  cuatro César Zagnoli y Donato Raciatti. Desde entonces, la prestancia del bien llamado también “violín romántico del candombe”, se luce en esa esquina populosa. Allí se lo homenajea año a año, mientras su música y sus canciones siguen vivas, descubiertas ahora por las nuevas generaciones.

*Por Alejandro Michelena (para “Estampas de Buenos Aires”)

* Aclaración necesaria:

En nota titulada Gavioli: entre el tango y el candombe, de mi autoría, aparecida en su momento en Estampas de Buenos Aires, se deslizó un error en cuanto al escenario de la muerte de esta figura entrañable del tango y candombe. En el artículo di como válida la versión que consigna que la tragedia tuvo lugar en Río de Janeiro –basándome en fuentes confiables en otras dimensiones de la trayectoria del músico uruguayo-, cuando esto es erróneo y el Jilguero de la Unión, como se lo conoció popularmente, terminó sus días arrojándose con su automóvil en la bahía de Montevideo.

 

De esta manera entonces, y disculpándonos con los lectores, hacemos la aclaración correspondiente.

 

Alejandro Michelena (Montevideo. Enero de 2012)

 

Ver datos del autor de este artículo en:

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“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

Artículos Periodísticos, Uruguayos

Los Palacios Barolo y Salvo. Primos del Río de la Plata

 

Palacio Barolo

Reseña histórica

 

Luis Barolo, progresista y poderoso productor agropecuario, llego a la Argentina en 1890. Fue el primero que trajo máquinas para hilar el algodón y se dedicó a la importación de tejidos. Instaló las primeras hilanderías de lana peinada del país e inició los primeros cultivos de algodón en el Chaco.

En el centenario de la revolución de Mayo, conoció al Arq. Mario Palanti (1885-1979), a quien contrató para realizar el proyecto de un edificio que tenía en mente. Este se convertiría en una propiedad exclusivamente para rentas. Luis Barolo pensaba, como todos los europeos instalados en Argentina, que Europa sufriría numerosas guerras que destruirían todo el continente. Desesperado por conservar las cenizas del famoso Dante Alighieri, quiso construir un edificio inspirado en la obra del poeta, “la divina Comedia”.

El terreno elegido para levantar el palacio tenía una superficie de 1365 m2 y un frente de 30,88 metros. Ubicado en la Avda. de Mayo 1370 y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), la superficie cubierta resultó de 16.630 m2. En 1919 comenzó la edificación del palacio que se convirtió en el más alto de latinoamérica, y en uno de los más altos del mundo en hormigón armado.

Con un total de 24 plantas (22 pisos y 2 subsuelos), 100 metros de altura se hicieron posibles gracias a una concesión especial otorgada por el intendente Luis Cantilo en 1921, ya que superaba en casi cuatro veces la máxima permitida por la avenida. Hasta el punto más alto de la cúpula mide 90 metros, llegando a los 100 con un gran faro giratorio de 300.000 bujías que lo hacia visible desde Uruguay.

Una usina propia la autoabastecía en energía. En la década del ´20, esto lo convertiría en lo que hoy denominaríamos “edificio inteligente”.

Desde entonces existen 2 montacargas y 9 ascensores, dos de los cuales están ocultos. Estos últimos respondían a las actividades comerciales de Barolo. Al llegar la mercadería ingresaba desde los montacargas ubicados en el acceso de lo que hoy es Hipólito Yrigoyen hacia los 2 subsuelos, de 1.500 m2 cada uno. Barolo utilizaba los ascensores ocultos para desplazarse de sus oficinas en planta baja, 1° y 2° piso, hasta los subsuelos evitando el contacto con sus inquilinos, que ocupaban las dependencias a partir del tercer piso.

Desde un inicio el Palacio provocó cierta perplejidad., se habló de estilo “remordimiento italiano”, gótico romántico, castillo de arena, o cuasi gótico veneciano.

La construcción finalizó en 1923 siendo bendecida el 7 de junio por el nuncio apostólico Monseñor Giovanni Beda Cardinali.

En planta baja funcionó hasta su desaparición, la agencia de noticias “Saporitti”.

En la actualidad es un edificio exclusivamente de oficinas.

 

Relaciones con la Divina Comedia

 

El Arq. Palanti también era un estudioso de la Divina Comedia, y llenó el palacio con referencias a ella.

La planta del edificio está construida en base a la sección áurea y al número de oro.

La división general del palacio y de la Divina Comedia es en tres partes: infierno, purgatorio y cielo. Las nueve bóvedas de acceso representan los nueve pasos de iniciación y las nueve jerarquías infernales; el faro representaba los nueve coros angelicales. Sobre el faro está la constelación de la Cruz del Sur que se ve alineada con el eje de Barolo en los primeros días de junio a las 19:45 horas. La altura del edificio es de 100 metros y 100 son los cantos de la obra de Dante; tiene 22 pisos tantos como estrofas los versos de la Divina Comedia.

Los detalles cuidados caracterizan este proyecto: desde las citas personales en latín sobre la obra del Dante en el edificio, hasta la apertura del mismo, llevada a cabo en la fecha del aniversario del poeta.

El arquitecto Carlos Hilger detalla las similitudes del edificio con al obra del Dante, “La divina Comedia”

“La distribución del edificio está basada en la métrica de la Divina Comedia del Dante. En arquitectura esto se conoce como un Danteun.

Edificio se divide en dos bloques, con 11 oficinas por bloque en cada uno de los niveles. El número restante, el 22, responde a la métrica utilizada por Dante en los 100 cantos.

Entre las tres divisiones de la Divina Comedia, Infierno, Purgatorio y Paraíso, que cita Borges en su obra “Nueve ensayos dantescos”, se cumple la relación pitagórica que determina el número Pi(3,14); dicha relación se da en la división original del acceso mediante los ascensores.

En el pasaje central, el palacio cuenta con 9 bóvedas de acceso que representan al infierno: para Dante, este no era un fin teológico, sino el punto de partida en las etapas de iniciación emprendidas para la llegada del paraíso.

Las 9 bóvedas se dividen, desde el centro, de la siguiente manera: tres hacia la Avda. de Mayo, tres hacia Hipólito Yrigoyen, la bóveda central se extiende hacia la cúpula, y las que contienen las escaleras hacia los laterales.

Cada una de las seis bóvedas transversales, así como las dos laterales, contienen inscripciones en latín, y se pueden distinguir catorce citas que pertenecen en total a nueve obras distintas, manteniendo así, el número que se repite a lo largo de la Divina Comedia. Algunas de ellas pertenecen a Virgilio, otras a escrituras bíblicas. “La letra mata, el espíritu vivifica”, y “está fundada sobre piedra firme”, dan testimonio del sentido espiritual con el que fuera construido el edificio, determinando su carácter y función: un templo laico que promueve las artes liberales.

Entre las bóvedas transversales sobre las columnas, se ubican cuatro lámparas sostenidas por cuatro cóndores y dos dragones, un macho y una hembra, que representan los principios alquímicos, el mercurio y el azufre, y sus atributos.

La bóveda central se encuentra sobre un punto de bronce en la que se ubicaba, originalmente, una estatua de un cóndor con el cuerpo del Dante elevándolo al paraíso. El actual propietario de la pieza es un coleccionista marplatense que se niega a venderla a los propietarios del edificio.

Los pisos superiores y la cúpula simbolizan los siete niveles del purgatorio.

La cúpula está inspirada en un templo Hindú dedicado al amor, y es el emblema de la realización de la unión del Dante con su amada Beatrice.

 

 

http://www.pbarolo.com.ar/comedia.htm

 

 

EL PALACIO SALVO: ARQUETIPO MONTEVIDEANO

Por Alejandro Michelena

 

 

Desde hace muchas décadas ha sido personaje protagónico de tarjetas postales, películas y fotos sacadas por miles de turis­tas que se han detenido a mirarlo embobados desde la plaza Independencia. Es único por su estilo, dimensión y peripecia. Sin embargo muy cerca, en Buenos Aires, se alza un hermano menor en tamaño aunque mayor en edad: el Palacio Barolo de Avenida de Mayo, con una torre parecida aunque más chi­ca. Ambos edificios pertenecen al mismo arquitecto, el italia­no Mario Palanti, un hombre que volcó toda su capacidad de imaginación en estas obras, y que luego retornaría a su país para integrarse al equipo oficial de arquitectos al servicio de Mussolini.

El octogenario edificio fue hecho construir por los hermanos Lorenzo, José y Ángel Salvo. Fue el homenaje a la ciudad de estos acaudalados hijos de inmigrantes itálicos. Para realizarlo hubo que demoler un recinto que -a comienzos de los años veinte- era ya legendario: la vieja confitería La Giralda. Y para imprimirle más solemnidad al emprendimiento, se llevó a cabo un concurso de proyectos arquitectónicos, pero luego -misteriosamente- el contratado fue Palanti.

Las obras se extendieron entre 1923 y 1928, cuan­do quedó oficialmente inaugurado. Se utilizaron mármoles y granitos nacionales y alemanes, así como roble floreado de Eslovenia en toda la carpintería. Su estructura es de hormigón armado, detalle que le iba a otorgar -durante algunos años- el cetro de edificio más alto del mundo basado en ese material (los rascacielos de Nueva York y de Chicago se hacían con armazón de hierro).

El resultado es una mole que oscila -en lo estilístico-entre las referencias renacentistas y las reminiscencias góticas, con algunos toques neoclásicos. Tiene 37 mil metros cuadra­dos, con un cuerpo central de diez pisos y en un costado la torre, que sobresale por quince pisos más. A la altura del 17, Palanti colocó cuatro torretas semicirculares que le dan un aire de castillo de cómic modernista. A esa altura comienza la pro­pia torre central a redondear su culminante bóveda.

Al igual que los parisienses con la Torre Eiffel, los montevideanos nunca tuvieron acuerdo unánime en relación con la obra de Palanti. Muchos asintieron cuando el escritor Mario Benedetti lo consideró “feo ” al Palacio en uno de sus libros, y otros aprobaron que desde una revista juvenil de los setenta se lo tildara de “lunar montevideano”. En el ámbito de los arquitectos se recordó siempre que el gran maestro de la arquitectura moderna, el francés Le Corbusier, lo bautizó en 1930 como “enano con galera “, recomendando su demolición urgente como forma de contribuir a la estética de la ciudad…

 

Un pasado de gloria

 

La idea original era establecer allí un hotel de lujo, al estilo de los mejores de Europa. Sin embargo el proyecto quedó desde el comienzo a medias, dedicándose a hotel apenas algunos pi­sos y alquilándose el resto como apartamentos. Hoy son 350, y de muy variada índole. Están los monoambientes, con su baño y pequeño espacio para la cocina -concebidos como habita­ciones en suite-, que según el piso tienen formas y tamaños diferentes. Pero en la torre los hay con varias habitaciones y cierto lujo, con una vista privilegiada de la bahía y del Cerro. En los pisos bajos abundan las oficinas de toda índole y desde el entrepiso trasmiten desde hace muchos años varias radioe­misoras.

En el subsuelo, donde ahora es el garage, hubo un teatro. Allí actuaron: la venus de ébano, Josephine Baker; la legendaria formación orquestal Los Lecuona Cuban Boys; y el charro cantor Jorge Negrete. En el primer piso, la imponente sala de baile fue testigo del movimiento -con los ritmos con­trapuestos de “la jaz y la típica”- de gran parte de la juventud montevideana de los años treinta y cuarenta. En el décimo fun­cionó por mucho tiempo un restaurante panorámico.

Pero la historia del Palacio Salvo pasa también por sus espacios privados. En el séptimo piso hubo un apartamento donde todos los lunes se reunía una tertulia de intelectuales. Desde el año 35 hasta avanzados los cuarenta, allí se pudo ver entrar habitualmente al narrador Francisco Paco Espinóla y su esposa Dora Baruch; al crítico Alberto Zum Felde con la suya, la poeta Clara Silva. Y también al matrimonio formado por el siquiatra Alfredo Cáceres y la escritora Esther de Cáceres y al filósofo Carlos Vaz Ferreira y a los músicos Hugo Balzo y Héctor Tosar. Alguna vez llegaron hasta el Salvo -en alguna noche de lunes- la poetisa argentina Alfonsina Storni, el mú­sico del mismo origen Alberto Ginastera, la escritora brasileña Cecilia Meirelles, el gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros en compañía de su esposa de entonces, la uruguaya Blanca Luz Brum. Esta reunión estaba presidida por la dueña de casa, María V. de Muller, verdadera animadora cultural en aquellos tiempos.

Pero más tarde y en otros apartamentos habitaron es­critores, como la narradora Armonía Somers -quien vivió en uno de la torre hasta su muerte-, y la poeta Idea Vilariño, que se afincó allí durante algún período. Más adelante, ya en los setenta, dos sufrientes y malogrados poetas tuvieron su refugio en oscuros apartamentos interiores: Julio Chapper, fallecido luego de sufrir una extraña enfermedad degenerativa, y la lírica sanca Inés González Zubiaga, quien allí mismo se suicidó…

 

Decadencia y renacimiento

 

A partir de los setenta el edificio entró en franca decadencia. La crisis económica y la descalificación del lugar a raíz de los criterios seudomodernos imperantes entonces, se completa­ron para ello. Los ascensores se tornaron vetustos, la fachada se vino abajo al punto de comenzar a desmoronarse sus artesonados decorativos (que hubo que eliminar) y la seguridad dejó mucho que desear debido a las muchas entradas del edificio y la precaria vigilancia.

Todo esto llegó a su punto más bajo a comienzos de los noventa, cuando comenzó de a poco la reacción de los ve­cinos en procura de revertir tan lamentable proceso.

En los años recientes se arreglaron decenas de persia­nas, se reciclaron y pintaron los espacios comunes y se insta­laron ascensores nuevos. La mejora más reciente -aparte de la habilitación del viejo mirador- son los mosaicos con el logo del Palacio Salvo que desde la galería exterior reciben a los visitantes. Además, ahora el edificio es un lugar seguro para frecuentar o vivir en él.

 

 

Fuente: “El Tren Fantasma”. Michelena, Alejandro. Ed.: Dimensiones Montevideanas. Montevideo. 2008

 

 

 

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

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Artículos Periodísticos, Barrios, Fotos e imágenes de la Ciudad, Preservación del Patrimonio Cultural, Uruguayos

Ciudad como un arcano

Por Alejandro Michelena
                               

Escrito en el Eladia Isabel, una noche de niebla,
rumbo a Colonia

 

Te dejo Buenos Aires
agónica de nieblas.
En tus calles pobladas
la cerrazón avanza,
la pálida garúa
persiste
interminable.
 
El Palacio Barolo
con su faro impreciso
–¿qué tachero poeta
en plena madrugada
se detendrá a mirarlo?–,
y en el Café Tortoni
fantasmales tertulias
mantienen un eterno
coloquio sin palabras.
 
Bajo tierra,
en las sombras
el añejo subte que va a Primera Junta
se desliza vital y trepidante,
y sale
y entra gente
por esas escaleras que se asoman
al revés de la trama
de lo urbano
(como en aquel poema
de Baldomero,
o en el del viejo Ezra
referido a otro metro
el de París).
 
Húmeda Buenos Aires,
de incesantes sonidos
de conflictos sin tregua
de basura creciente.
Soledades te pueblan,
tus fachadas esconden
tragedias, alegrías,
blasfemias, santidades,
anonimatos entre la multitud
(irremediables).
 
En medio de tu caos
de tu hostil apariencia,
albergas sin embargo
remansos de belleza:
el Pasaje Bollini
su empedrado de sueños
(los malevos que fueron,
los de Borges que siguen);
el perfecto erotismo de esa fuente
allá en la costanera
nacida de las manos prodigiosas
de Lola Mora;
la elegante cortada Rivarola
un rincón de Paris
(también porteño);
el Parque Lezama melancólico
con fantasmas de Sábato;
cafés intemporales
nimbados de armonía
estéticos y cálidos,
solemnes confiterías
elegantes
decadentes
que laten en la dimensión
de lo eterno.
Vigías imperturbables
de la trama más secreta
de esa multiplicidad que llamamos
Buenos Aires.
 
Ciudad lunar
oscura
misteriosa
insondable.
Seguir tu laberinto
iniciarse en tu aleph,
incluye también
—inevitablemente—
atreverse
al descenso a los infiernos.

Fuente: de Alejandro Michelena para “Estampas de Buenos Aires”. Publicado en Blog Espacio Mixtura y en ”Letras Uuruguay ( http://letras-uruguay.espaciolatino.com/michelena/ciudad_como_un_arcano.htm )

Datos sobre Alejandro Michlena http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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Desde afuera..., Fotos e imágenes de la Ciudad, Poesías y otros territorios de las musas, Uruguayos

Charlando con Alejandro Michelena (1º parte)

Por Carlos Szwarcer

Carlos Szwarcer con Alejandro Michelena (der.)

Una extensa entrevista al escritor e investigador uruguayo Alejandro Michelena nos permitió discurrir sobre variados temas. El lugar elegido para nuestro encuentro fue la coqueta Sala Eladia Blázquez del histórico Café Tortoni. Comenzamos conversando sobre diversidad cultural, inmigración y de los cambios sucedidos en las dos orillas.

- ¿El tiempo ha pasado y con él las transformaciones?

- La vida de la ciudad cambió tanto que se ha difuminado muchas tradiciones. Muchos arraigos comunitarios y barriales incluso… Los cambios muy bruscos de la sociedad y el crecimiento de la población, las famosas modernizaciones de todo tipo, de todo calibre, creo que por un lado pueden haber traído progreso pero por otro también han perturbado, han llevado a una pérdida de los parámetros de dónde estamos parados no?

- ¿Cómo ves la defensa de la identidad en una ciudad como Montevideo. Qué similitudes y diferencias observás con  Buenos Aires?

- Yo creo que hay procesos similares. Creo que vivimos procesos históricos parecidos.  En el Río de la Plata hay una identidad histórica, desde siempre, que viene desde el origen, de la época colonial, y también diferencias, que también vienen de aquellos tiempos, con la polémica de puertos, y todas las diferencias que fueron marcando las identidades propias. Pero las dos ciudades son muy afines, con historias muy parecidas. En Argentina la generación del 80 del siglo XIX fue modernizadora en el sentido ideológico (mal  o bien según como lo veamos) pero creó un  cambio. Algo parecido en menor escala pasó también en Uruguay; los racionalistas, la gente del  Ateneo, un poco equivalente a la generación del 80,  que en ambos márgenes del Plata fue una generación que modernizó el país de acuerdo a los parámetros de la época, lo abrió también a la inmigración. Siempre hemos tenido procesos equivalentes, con diferencias, porque la vida política y social de la Argentina no fue exactamente como la uruguaya.

- ¿En cuanto a las diferencias podrías puntualizar tres o cuatro aspectos que sobresalgan desde lo político, social o institucional?

- Otro proceso similar además de la generación del ochenta, puede ser el Batllismo, el proceso de la renovación del viejo partido colorado en Uruguay, transformado en partido Batllista por José Batlle y Ordóñez es un proceso equivalente de democratización del país, de ascenso de las clases medias, de “creación” de las clases medias, en realidad, que acá tuvo su equivalente en el radicalismo de Yrigoyen.

- ¿Se puede hablar de la llegada de la clase media al poder?

- Por lo menos a una capacidad cívica y al ascenso social y cultural que antes no se había dado. Un fenómeno que implica a los café, por ejemplo, el intelectual de café que surgió en el 900 en ambos márgenes del Plata fue un fenómeno que no se podía haber dado en la generación del 80, porque los intelectuales esos eran patricios, o militares, como Mitre, o eran doctores. Cumplían varios roles a la vez, el de político, el de  doctor, el de escritor, pedagogo. Cosa que en época de Yrigoyen en Argentina y Batlle en el Uruguay generó un ascenso educacional. Antes había estado Sarmiento acá y allá José Pedro Varela, también otro fenómeno parecido: la alfabetización.

¿Esto se manifestó en distintos espacios y actividades verdad?

- Como te decía, la posibilidad de la llegada a la educación secundaria generó  ese fenómeno que llamaron “el intelectual de café” como producto de ese cambio que tuvieron las ciudades. El café como foro improvisado o no institucional, lo que antes se discutía se hablaba o discutía en una generación anterior en los Ateneos o Clubes pasaron a ser en los cafés, y  aquellos intelectuales que antes eran doctores o políticos pasaron a ser artistas, socialistas, poetas, y apareció el literato puro.

- Claro que en el siglo XIX hubiese sido impensado, aún en épocas revolucionarias: el Café de Marcos era para una burguesía…con el tiempo cambiarían su fisonomía como lugar de encuentro,  con otras características.

- Claro antes era para una elite. Luego proliferaron. No es casual que cafés como el Tortoni, donde estamos, quedaran establecidos y se multiplicaran en el 90, porque había un sector social que empezó a frecuentarlos y necesitaba esos lugares, porque de pronto no tenían otros para concurrir. ¿La famosa bohemia que la heredamos de una generación anterior, europea no?
Del simbolismo, del impresionismo lo que se  había vivido en París veinte años antes se vivió acá en el 900, en  los primeros tramos del siglo XX. También son similitudes, procesos coincidentes que se dieron en paralelo.

- Hablemos de diferencias…

- Hubo otros procesos diferentes. La dimensión, cuando se fueron formando los países el Uruguay pasó a ser un país pequeño. La diferencia de magnitud geográfica genera diferencias también en la  dinámica de los países. Las características que asume un país pequeño, su política, por ejemplo, y en sus particularidades sociales o colectivas son distintas al de un país grande. Esa situación geográfica, tal vez, marcó también algunas diferencias.

- ¿Crees realmente que esto es así? Lo que comentás es muy marcado por el uruguayo: la territorialidad, el ser un país chico. Tenemos  ejemplos históricos de países chicos que llegaron a ser potencias. ¿Porqué el uruguayo en ese sentido se  define por el territorio o la cantidad de habitantes? Dicen: somos un país chico. Parece casi un cliché.

- Yo creo que realmente hacés muy bien en el hincapié de ese detalle. Pero creo que es, como tu bien dices, la pequeñez del territorio no es motivo para enfatizar las diferencias por el lado geográfico, pero creo también que eso nos viene a los uruguayos por el hecho de ser un país pequeño de extensión al lado de dos gigantes.

-¿Te referís a esta cuestión histórica que ve al Uruguay como un estado tapón entre Brasil y la Argentina?

- Y ahí vamos a una peculiaridad del uruguayo que por lo menos ha sido, y sigue siendo, constante: hace a la identidad del uruguayo la duda sobre su identidad. Ha habido historiadores que lo han marcado. La cuestión de la identidad ha sido siempre algo a plantearse, algo reiterado a través de las generaciones. Yo creo que en la Argentina el sentido de nacionalidad está más arraigado, o mismo en Brasil. Por lo que tú decías, desde la “Banda Oriental” y por ese surgimiento un poco paradójico.  Si bien desde todo punto de vista, histórico, antropológico se tiene una identidad, sino no se hubiera podido mantener, son los propios pensadores e historiadores uruguayos que sostienen que el Uruguay fue creado por el Imperio Inglés. El propio origen institucional del país está en cuestión todavía hoy. Se plantea la fecha patria del 25 de agosto, la Asamblea de la Florida. En la escuela nos enseñaron que fue el surgimiento del país. Veníamos de liberarnos del yugo del Brasil, durante 15 años fuimos provincia Cisplatina. Se firma la Independencia pero también allí se firmó la reincorporación a las Provincias Unidas. Entonces no se puede hablar de Independencia. Después  como fecha esta 1828 con la firma de los tratados del Imperio de Brasil y las Provincias Unidas. El Imperio Inglés fue el que avaló esos tratados. Esa fecha sería más real. De ahí viene la hipótesis de algunos historiadores de que Uruguay fue creado por Lord Ponsoby. Y después está la fecha del año 30 cuando se juró la Constitución. También se toma como un comienzo institucional, pero todavía hoy a  nivel histórico y a nivel político en la legislatura anterior se planteó el tema de las fechas.

- Según el lugar desde donde se mire hay diferentes enfoques…

- Todo esto  para graficarte como en el Uruguay está vivo la problemática de la identidad hasta de cuándo surgió el país. Pero es síntoma de otra cosa, no de cierta inseguridad de lo qué somos pero cierto cuestionamiento de la propia identidad. Es paradójico porqué los uruguayos se van del país, por ejemplo,  en Suecia,  en Australia, mantienen muy firme las costumbres, hay una nostalgia por el país pero no hay una sentido de nacionalidad muy  fuerte. Yo creo que por ahí viene un sentimiento de no firmeza. Tal vez por eso también una característica, no de todo el Uruguay, pero sí de la sociedad montevideana, que abarca la mayor parte del país, su historia colabora también a ese desarraigo. Es una ciudad fundada como fuerte, por Zabala, Gobernador de Buenos Aires, para  frenar a los portugueses. Ciudad creada como fuerte, como puerto, por voluntad comercial de los habitantes, era  más negocio ser puerto que ser fuerte.

- Se observa que las estrategias, la creación del virreinato del Río de la Plata, son cuestiones que marcan,  que signan la historia de un lugar.

- Y… el puerto signó a Montevideo, que estuvo muchos años aislada del país. En la época del artiguismo Montevideo era anti-Artigas y último reducto godo en la región. Ya  después de la revolución de Mayo…

- En ese sentido se puede ver también cierta similitud con el centralismo porteño y la relación con las provincias.
 
- Si, ahí hay otro parecido, hay otro paralelo. Siguiendo con las peculiaridades. Ese desarraigo montevideano como que generó una especie de cosmopolitismo histórico que yo creo que a través de los años siguió influyendo en la manera de pensar, en la perspectiva hasta avanzado el siglo XX. En la Guerra Grande - ese episodio de nueve años de aislamiento respecto al territorio - había un desarraigo, la ciudad como una especie de isla más vinculada a Europa y al mundo, a través del puerto, que al territorio que estaba en manos del enemigo. Una ciudad, además, donde durante años hubo un encuentro cosmopolita de Garibaldi, la legión italiana, la legión francesa, los unitarios, Sarmiento, Mitre,  Mármol.

- Un lugar de exilio para muchos…

- Insisto en que ese desarraigo de esa colectividad, si bien terminó, marcó cierto cosmopolitismo de Montevideo que ahora se ha difuminado un poco. Hasta  la mitad del siglo XX había una diferencia marcada entre los argentinos y los uruguayos sobre todo en la parte urbana. Como que Montevideo era más cosmopolita.

¿Más que Buenos Aires?

- O miraba más afuera, más que Buenos Aires. Por las razonas enumeradas.  Son ciertos episodios traumáticos que marcan mucho a las colectividades. En Buenos Aires había algo más de nacionalismo que allá faltaba por lo menos a nivel de la vida urbana…

Continuará…
* Fragmento de la entrevista realizada por Carlos Szwarcer a Alejandro Michelena en el Café Tortoni el  2 de diciembre de 2008.

Datos sobre Alejandro Michlena http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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Artículos Periodísticos, Colectividades, Entrevistas, Uruguayos

Onetti: Escritor Rioplatense

Por Alejandro Michelena
 
El centenario del escritor Juan Carlos Onetti ha generado ya, promediado el 2009, incontables ríos de tinta. Colegas y críticos vienen abordando en estos meses su figura y su obra incesantemente, desde todas las perspectivas posibles. A la luz de esto, y procurando entonces no llover sobre mojado, intentaremos acercarnos al gran narrador desde un ángulo distinto.

 

Nos interesa recalcar su condición de escritor rioplatense… No faltará el lector que nos salga al paso afirmando que nuestra pretensión tiene mucho de perogrullesco, pero le pedimos un poco de paciencia y que siga con atención  el planteo de esta hipótesis. 

 

Es bien conocido que el lugar de nacimiento de Onetti fue la ciudad de Montevideo, y que por lo tanto a todos los efectos documentales es uruguayo. Y que siempre reafirmó –en entrevistas a través de los años- esa condición. Por otra parte, también es cierto que vivió muchísimos años en Buenos Aires, donde iba a escribir y a publicar novelas fundamentales, mojones de su obra, como Tierra de nadie, Para esta noche y La vida breve (que ubican su acción en la gran urbe platense). Además escribió y publicó en la Argentina una nouvelle como Los adioses, y muchos de sus cuentos más significativos. Pasados los años, a partir del año 1974 se exiliaría en Madrid, hostigado por la dictadura uruguaya, y aunque retornó el país a la vida democrática diez años más tarde, el escritor nunca quiso volver y residió en España hasta su muerte. 

 

Pero más allá de las peripecias vitales, vamos a considerar ahora qué rasgos nos permiten calificarlo como escritor rioplatense y no meramente uruguayo. Veamos sus temas, por ejemplo: Los adioses transcurren en un lugar de serranías del interior argentino, en Córdoba. Sus notables y decisivas novelas ya nombradas: en medio del entramado urbano de Buenos Aires. Y en La vida breve el personaje, Brausen, imagina una ciudad, Santa María. Esta localidad de provincia, ribereña de un gran río, está inspirada por las que en la realidad bordean, efectivamente, el río Paraná. Pero más todavía: el propio escritor aclaró en un reportaje que el modelo para Santa María se lo dio la ciudad de Paraná, en la provincia de Entre Ríos. Toda la saga de Santa María, que abarca novelas imprescindibles como Juntacadáveres  y El Astillero, y unos cuantos relatos antológicos, tienen el marco –el clima, el aire, el color peculiar- de los parajes ribereños del Paraná. Por cierto: su primera novela –la mítica El Pozo- transcurre en Montevideo, y también una de las últimas: Dejemos hablar al viento. De alguna forma su obra arranca y en cierto modo se cierra en su ciudad de origen, que sin embargo no ocupó  en absoluto un rol relevante en su vasta obra narrativa.

 

Naturalmente: un narrador de la dimensión de Onetti no se puede calibrar desde la ubicación geográfica de sus ficciones. Por eso, y profundizando un poco más, reparemos en algunos de sus referentes y en sus inquietudes literarias. Como buen uruguayo de clase media de su tiempo comenzó a escribir teniendo un sedimento educativo universalista, pero fiel a su camino personal –no intelectualizado, y lejos de lo académico- Onetti creó su propio canon de lecturas. A William Faulkner lo ubicó en el primer lugar en sus preferencias porque fue quien le inspiró –con su saga novelística de Yoknapatawpha- la creación de su propio mundo creativo en torno a Santa María. Y el norteamericano marcaría también los rasgos, barrocos, de su estilo. ¿Pero, qué de sus contemporáneos, los cercanos? 

 

Al todavía joven y casi desconocido Onetti le impactó la lectura de los cuentos de Jorge Luis Borges, a quien siempre tuvo entre sus referentes literarios; tal admiración no fue empañada siquiera por el mal resultado del único encuentro personal que tuvieron, en una confitería de la calle Corrientes, presentados por el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal. Trataba asiduamente en sus años porteños a Ernesto Sábato, y tenían buen diálogo más allá de las diferencias en sus obras, marcadas sin embargo –ambas- filosóficamente por el existencialismo. Y mantenía un vivo interés en los aconteceres literarios de la gran ciudad.

 

En Montevideo, cuyo ambiente cultural y literario había fustigado con lucidez desde el semanario Marcha en 1939, amparado en el seudónimo Periquito el Aguador, mantuvo en los cuarenta y comienzos de los cincuenta un magisterio lejano sobre un puñado de jóvenes –que luego conformarían, junto a otros, la Generación del 45- alimentado por viajes fugaces. Pero en su ciudad de origen no tenía pares, ni siquiera para la controversia. Y siguió sin tenerlos. Cuando retornó al Uruguay ya bordeando los años sesenta era un escritor consagrado, un maestro para muchos y motivo de rechazo para otros (los más volcados hacia una literatura social o política), pero no participó de  polémicas y agitaciones que entendía provincianas, parroquiales, y que no sentía que le incumbieran. Ahí surge justamente el mito onettiano del escritor solitario, algo misógino, escuchando tangos y bebiendo vino, entregado a su obra y al diálogo con jóvenes narradores talentosos pero alejados de las férreas capillas culturales que establecieron los del45. Con Mario Benedetti por ejemplo –el máximo exponente y paradigma de esa generación- lo único que lo unía en lo profundo era la terminación italiana de sus apellidos (más allá de la cordial relación personal que establecieron luego en Madrid, donde ambos pasaron a residir). Algún lector informado podrá alegar: ¿y su vinculación con Idea Vilariño? Más allá de la grandeza de Idea, la mayor poeta uruguaya de la segunda mitad del siglo pasado sin duda, ese romance –de acuerdo al propio testimonio de la poeta- fue uno más para un hombre como Onetti, amador de muchísimas mujeres.

 

En definitiva: sin negar su condición de uruguayo, Juan Carlos Onetti estuvo más vinculado en lo cultural a Buenos Aires, y ubicó en escenarios y climas argentinos la parte nuclear de su narrativa. Por eso es que afirmamos que fue un escritor rioplatense; porque lo sustancial de su obra interactúa con el corpus literario de la otra orilla, y no se explica en lo profundo sino vinculada a ese universo cultural.

 

Lo que planteamos es algo evidente, y sólo podría ofender a algún compatriota del escritor aquejado del síndrome de trasnochado nacionalismo, o a tantos ingenuos aferrados todavía al relato que sobre Onetti realizaron varios exponentes de la Generación del 45 –no por cierto Emir Rodríguez Monegal, ni tampoco Ángel Rama, demasiado lúcidos y universalistas como para eso- mediante el cual se intentó disimular la vinculación profunda del gran narrador y su obra con Buenos Aires y con la Argentina, y se procuró constreñirlo –a  fórceps sofísticos- a las estrechas fronteras nacionales.

 

Fuente: Alejandro Michelena para “Estampas de Buenos Aires”

Datos sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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Estampas de Buenos Aires. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

 

http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires

 

 

Artículos Periodísticos, Uruguayos

Carlos Páez Vilaró: pinceles y tamboriles

 Alejandro Michelena
                                                       

El año 2008 la municipalidad de El Tigre realizó –con el apoyo del área de Cultura de la Provincia- una muestra retrospectiva como homenaje a Carlos Páez Vilaró, artista uruguayo que desde hace muchos años se afincó en el Gran Buenos Aires.

En los veranos se instala en su querido rincón en el mundo, en medio del paisaje privilegiado de Punta Ballena (muy cerca del balneario uruguayo de Punta del Este) donde construyó ese prodigio de arte, arquitectura y naturaleza que bautizó Casapueblo. Y en los días de Carnaval no falta a la cita de siempre en el Barrio Sur de Montevideo, tocando con su querida comparsa Morenada el tamboril (algo que viene haciendo desde sus tiempos bohemios, cuando tenía su atelier en el legendario conventillo Medio Mundo, corazón de la comunidad afro-uruguaya). Pero su vida transcurre, el resto del año y desde hace mucho, en la otra margen del río como mar.

Por tanto, Carlos Páez Vilaró, el pintor que después de Figari hizo conocer en todo el mundo las escenas y personajes del Candombe, es uno de los muchos uruguayos notables que eligieron Buenos Aires para vivir y para crear.

 

Un artista popular

 

No es común que se conozcan popularmente los nombres de pintores y escultores, salvo los más célebres. Y es raro —al menos en las últimas décadas— que la gente común identifique a los artistas vivos. Pero en todo hay excepciones, y una muy notoria es la de Páez Vilaró.

Desde sus inicios este infatigable creador se ha hecho notar. Primero con sus grandes murales de los años cincuenta y sesenta —en lugares públicos, en comercios y en el acceso a algunos edificios; tanto en Montevideo como en Buenos Aires, pero también en Nueva York, en París y en otras partes del mundo— donde fue desarrollando su peculiar visión de la cultura afro-rioplatense; una mirada dinámica y plena de ritmo, con suficiente fuerza para distanciarse de la poderosa influencia de Figari.

Carlos Páez no es un artista que desde la lejanía de su taller evoca el tam tam del tamboril. Siendo joven instaló su atelier en el mítico Medio Mundo, compartiendo con sus habitantes alegrías y tristezas, consustanciándose con la esencia de las raíces negras.

Desde el punto de vista formal ha sido siempre un inquieto renovador. Se dejó galvanizar por el aire de vanguardia de los primeros años sesenta, integrando el pequeño puñado de audaces que —en aquellas muestras que organizaba Artes y Letras del diario El País, en la plaza Cagancha de Montevideo— se animó a ensayar propuestas de pop art. Y más tarde, cuando conoció a Pablo Picasso, el gran artista malagueño lo sedujo desde su costado de notable ceramista, y de ahí en más cultivó la cerámica con dedicación, empeño y logros estimables.

 

La fama: más allá de lo artístico

 

Si bien aquellos murales con candombes de los sesenta lo hicieron muy popular, supo además auto promocionarse. De joven había trabajado en publicidad y aprovechó con eficacia tales conocimientos aplicándolos a la difusión de su nombre y su figura. Esto no le quita méritos, por supuesto, pero nos da las claves que peculiarizan su relación con la fama más allá de lo artístico.

Así fue que comenzaron a llegar noticias —multiplicándose en diarios y revistas a partir de los años sesenta— de la participación de Páez Vilaró en safaris en África, o de sus viajes en yate por el Mediterráneo con un conocido play boy del momento y la actriz francesa Brigitte Bardot.

Ha sido especialmente proteico —cultivando el mural, el cuadro de caballete, la cerámica, la escultura y el grabado— desplegando su talento a través de una vasta producción. Sin embargo, se ha considerado que su obra mayor es Casapueblo, ese laberinto blanco con reminiscencias de ciudad mora del norte de África que es uno de los distintivos de Punta Ballena. Páez diseñó y construyó esa extraña edificación, y allí instaló su taller de verano. Visto desde el mar o desde la ruta, el conjunto opera como una gran escultura que irradia fuerza y se integra con armonía al hermoso paisaje de la Ballena.

 

Merecido homenaje

 

La retrospectiva organizada el año pasado en el museo de El Tigre reunió obras de todas sus etapas, desde la juventud hasta la actualidad, cuando con más de ochenta años sigue creando con el entusiasmo y la energía del primer día. Fue un homenaje más que merecido a una trayectoria coherente.

Más allá de la estricta valoración de su obra, Carlos Páez Vilaró es un personaje popular y querido en ambas márgenes platenses.

 

Fuente: Alejandro Michelena para “Estampas de Buenos Aires”

Datos sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

   Foto: La Nación
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   “Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
 

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