Estampas de Buenos Aires

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Uruguayos

Arcanos de la noche (Alejandro Michelena)

Arcanos de la noche

Estos endecasílabos recrean poéticamente mi experiencia diaria, al seguir los pasos del sabio mexicano Alfonso Reyes y dormir en mi biblioteca,  por cierto que de menores dimensiones que la de él.

Imagen: Combinación de dos foto, una de Reyes y otra de su célebre y gran biblioteca-dormitorio.

Viejo rincón, objetos que me escoltan
en altas –recurrentes- madrugadas.
Silenciosos testigos del insomnio
y del inevitable soliloquio.


Conocido paisaje de mis libros
exhibiendo sus formas tan variadas
-escondiendo su espíritu diverso-
como el mundo, en su eterna diferencia.


Alejandro Michelena

.

* En el “día del escritor” publicamos este poema del escritor uruguayo Alejandro Michelena, a quien por suerte lo tenemos seguido por Buenos Aires. El literato y diplomático mexicano Alfonso Reyes (1889-1959), aludido por Michelena, también estrechó importantes vínculos con  nuestra ciudad desarrollando múltiples actividades culturales y diplomáticas.
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Múltiple Buenos Aires - retrato poético (Alejandro Michelena)

Imagen: Una toma de Avenida de Mayo al atardecer que sintetiza un paisaje esencial de Buenos Aires, donde no faltan el Palacio Barolo, el edificio La Inmobiliaria y la cúpula del Congreso más lejana. Todo a través del encuadre certero y la sensible fotopintura de Nilda Torija

Esbozado en viaje hacia Colonia del Sacramento, en medio de la noche del Río de la Plata


Te dejo Buenos Aires

agónica de nieblas.

En tus calles pobladas

la cerrazón avanza,

la pálida garúa

persiste

interminable.

El Palacio Barolo

con su faro impreciso

–¿qué tachero poeta

en plena madrugada

se detendrá a mirarlo?–,

y en el Café Tortoni

fantasmales tertulias

mantienen un eterno

coloquio sin palabras.

Bajo tierra,

en las sombras

el subte que va a Primera Junta

se desliza vital y trepidante,

y sale

y entra gente

por esas escaleras que se asoman

al revés de la trama

de lo urbano

(como en aquel poema

de Baldomero,

o en el del viejo Ezra

referido a otro metro

el de París).

Húmeda Buenos Aires,

de incesantes sonidos

de conflictos sin tregua

de basura creciente.

Soledades te pueblan,

tus fachadas esconden

tragedias, alegrías,

blasfemias, santidades,

anonimatos entre la multitud

(irremediables).

En medio de tu caos

de tu hostil apariencia,

albergas sin embargo

remansos de belleza:

el Pasaje Bollini

su empedrado de sueños

(los malevos que fueron,

los de Borges que siguen);

el perfecto erotismo de esa fuente

allá en la costanera

nacida de las manos prodigiosas

de Lola Mora;

la elegante cortada Rivarola

un rincón de Paris

(también porteño);

el Parque Lezama melancólico

con fantasmas de Sábato;

cafés intemporales

nimbados de armonía

estéticos y cálidos,

solemnes confiterías

elegantes

decadentes

que laten en la dimensión

de lo eterno.

Vigías imperturbables

de la trama más secreta

de esa multiplicidad que llamamos

Buenos Aires.

Ciudad lunar

oscura

misteriosa

insondable.

Seguir tu laberinto

iniciarse en tu aleph,

incluye también

—inevitablemente—

atreverse

al descenso a los infiernos.

(Alejandro Michelena)

.

Nota: Este poema ahora forma parte del libro OTROS RITUALES, que acaba de aparecer con el sello de Civiles Iletrados.

Ver más sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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GUÍA DE MONTEVIDEO: SUS PERFILES, SUS RINCONES Y SUS MISTERIOS - libro de Alejandro Michelena -

Acaba de aparecer el nuevo libro de Alejandro Michelena. “Guía de Montevideo: sus perfiles, sus rincones y sus misterios”, publicado por Editorial Arca.

Sobre este libro dedicado a Montevideo (”ciudad hermana” de Buenos Aires desde 1975), su autor nos dice lo siguiente:

“Comparto el arranque del mismo, donde se ubica este nuevo abordaje a Montevideo desde la crónica:

Desde el año 1990 he propuesto al lector varios abordajes a través de la crónica a la complejidad de historias y memorias, de paisajes urbanos, de actualidad y pasado, que conforma el rico entramado de Montevideo. Los encares variaron, y también las perspectivas, pero se mantuvo siempre inalterable el objetivo de bosquejar al menos un retrato veraz –sincrónico y diacrónico al mismo tiempo- de la ciudad. Paso a paso la imagen iba tomando forma, dimensión y profundidad. Pero el modo discontinuo que naturalmente trae la aparición pausada de cada libro, me dejó en cierto modo la sensación de tarea inacabada e inalcanzable.

Fue a instancias de este sentimiento que nace y germina la idea de unificar las perspectivas dispersas a través de veinte años en un solo libro. Que no es la suma de los anteriores, sino una obra que retoma el tema de Montevideo en todas sus dimensiones pero desde una perspectiva más decantada.

Resulta oportuno entonces, transitando la segunda década del Siglo XXI, ofrecer al lector la propuesta de un libro como éste. En un momento en que va creciendo el interés –en los montevideanos y en los visitantes- por conocer la ciudad más a fondo; de recorrerla con conocimiento de su historia y sus itinerarios como forma de disfrutarla más y mejor. En tal sentido, este libro puede ser un aporte que va más allá de lo capilar y lo descriptivo”.

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Hermenegildo Sábat declarado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer


Sábat fue declarado Doctor Honoris Causa por la UBA


El reconocido dibujante recibió el 20 de mayo el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires por ser “uno de los caricaturistas políticos más reconocidos de Latinoamérica”.


Nació Montevideo , Uruguay, el 23 de junio de 1933. Se nacionalizó argentino en 1980. Vive en Buenos Aires y cuenta con con una fecunda y original carrera. Su creatividad lo lleva a caricaturizar a los personajes del arte y la política de manera maravillosa y absolutamente original. Recibió la distinción con sencillez.


El “Doctor” Hermenegildo Sabat cuenta con flamante y merecido título.

Algunas de sus caricaturas:  Gardel, Alfonsín, Cristina Fernández de Kirchner

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Un misterio llamado Baldomero (Alejandro Michelena)

Alejandro Michelena: Colaborador de este espacio, es conocido en el ambiente literario por sus crónicas de bares y cafeterías del Río de la Plata. Durante más de 25 años se desempeñó como periodista cultural en distintos medios a la par que desarrolló su pluma entre poesías, ensayos y novelas. Recientemente publicó Un misterio llamado Baldomero, una propuesta en la que el lector encontrará una mezcla de misterio con toques policíacos y romance. Michelena narra que desde el comienzo de la trama el personaje principal, Baldomero Sanabria, está muerto, y pese a eso deja un halo de misterio sobre su existencia que se transmite por herencia a otros protagonistas. Así es el caso de Manolo el hombre que recorrerá ciudades como París, Nueva York y Buenos Aires reconstruyendo la vida de aquel fantasma. La novela la editó Arca (Uruguay)

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La muerte como enigma y dilema existencial

La muerte como disparador temático es la clave de “Un misterio llamado Baldomero”, la novela del escritor Alejandro Michelena que indaga en los complejos territorios de un misterio insondable.

Autor de numerosas crónicas y trabajos de investigación sobre diversas facetas de la cultura montevideana, Michelena incursiona en esta oportunidad en el género narrativo, con un acento que no soslaya abundantes referencias a personajes y situaciones.

En este caso, el protagonista del relato es alguien que ya no está en el mundo de los vivos, cuyo fallecimiento genera toda suerte de especulaciones e inquietantes conjeturas.

Aparentemente, en torno a este enigmático personaje hay un misterio indescifrable, que provoca una intensa búsqueda, más muertes y abundantes momentos de alta tensión.

Ambientada sucesivamente en Nueva York, Buenos Aires y París, esta novela es un intenso ejercicio de suspenso, que indaga sobre la obsesión, los saberes ocultos y hasta los dilemas existenciales.

En ese contexto, Alejandro Michelena sabe administrar sabiamente las tensiones y los conflictos emergentes, a lo cual adosa una reveladora descripción de ambientes y una densidad dramática que enfatiza las diversas facetas de la condición humana.

(Editorial Arca)


HUGO ACEVEDO

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TANGUEZ

TANGUEZ

por Alejandro Michelena *

“Llega tu recuerdo en torbellino
vuelve en el otoño a atardecer”

(Cátulo Castillo- El último Café)

Es el lento morir de la jornada

y una vez más

vuelve en el otoño a atardecer.

Me veo recorrer

las previsibles calles

que de tanto andar por tantos años

hoy no pueden dejar de ser

las nuestras.

Al igual que en el tango

gira la cuchara

de café

mientras fuera

la garúa persiste

en este interminable atardecer.

Alejandro Michelena

(Colaborador de “Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer en monografías.com

(texto seleccionado en el concurso de poesía urbana Zonapoema correspondiente al año 2012)


“Llega tu recuerdo en torbellino…”

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FALLECIÓ HORACIO FERRER, POETA DEL TANGO.

Por Carlos Szwarcer

Ayer, a los 81 años, falleció Horacio Arturo Ferrer Ezcurra (Montevideo, 2 de junio de 1933 - Buenos Aires, 21 de diciembre de 2014). Escritor, poeta, compositor e historiador del tango]

*         *          *

Ya nos decías, Horacio: ” Moriré en Buenos Aires, será de madrugada, guardaré  mansamente las cosas de vivir, mi pequeña poesía de adioses y de balas, mi tabaco, mi tango, mi puñado de esplín”. (Balada para mi muerte)

“¡Dale, dios!… ¡dale, dios!…/¡meté, flaquito corazón!/Vos sabés que ganar/ No está en llegar sino en seguir (..) Flaco, No te quedes triste / Todo no fue inútil/ No pierdas la fe…/ En un cometa con pedales, ¡dale que te dale!/ Yo sé que has de volver… ” (La Bicicleta Blanca)

Y nos seguirás recordando que “…Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo… “ o que para nosotros, ´los piantaos´, siempre“…va la luna rodando por Callao” (Balada para un loco)

Horacio Ferrer y Carlos Szwarcer en la inauguración del Museo Mundial del Tango (22 de diciembre de 2003)

Horacio, no sé donde van las almas, no lo sé… pero siento la necesidad de decir - por si me escuchás - que con vos se va un pedazo de Buenos Aires, pero que en cada rincón de esta ciudad  permanecerán tus poemas necesarios, inconfundibles, convertidos en canciones inolvidables. Donde estés, Horacio, poeta rioplatense, porteño y montevideano, tu fervor romántico seguirá perfumando el aire de todos los barrios.

Foto: Inauguración del Museo Mundial del Tango  22 de diciembre de 2003.

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A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE JULIO SOSA. UN RECUERDO TANGUERO DE MI INFANCIA

Por Carlos Szwarcer

Mis padres me preguntaban ¿qué hacés escuchando a esos melenudos? Ávido de nuevas expresiones artísticas, era un pibe Inquieto y rebelde. La bandeja de mi prehistórico tocadiscos “winco” en ese 1964 no hacía más que girar con“A Hard Day’s Night” (Anochecer de un día agitado), aunque en los programas radiales - sintonizados arbitrariamente por mi madre - casi no se escuchaba otra cosa que tangos, tangos y más tangos… “Los Beatles” irrumpieron impactándome hasta la médula, como a casi todos mis amigos del barrio.

Los acontecimientos de la niñez nunca pasan en vano. En esos años sesenta empezaron a mezclarse caótica y saludablemente en mi cabeza el tango con “la nueva ola”. Los cuatro de Liverpool y las incipientes bandas de rock and roll que comenzaban a popularizarse hicieron sospechar a mis padres que su hijo se estaba convirtiendo en un apasionado militante de música foránea y revolucionaria, o algo así, en fin…, y que “iba por mal camino”. De todas formas, el lavado de cerebro al ritmo del 2 x 4  ya había logrado su objetivo mediante mandato “paterno”, “materno” y por la difusión del tango durante años en la radio, la televisión y el cine.

Intentaba enfrentarme o discutir con mis padres con un traicionero “a mí… el tango no me gusta“. Pero la gran realidad era que en mi espíritu ya habían entrado -sin pedir permiso- el bandoneón de Aníbal Troilo, las letras de Discépolo…, y aquellas voces inigualables de Carlos Gardel y Julio Sosa que dejaron una surco profundo en mi corazón juvenil. Sus voces me atraían misteriosamente, me motivaban a escuchar con atención, era para mí imposible abstraerme - aunque intentara resistirme - del contenido de las letras maravillosas de esas canciones a través del sentimiento puesto por esos intérpretes.

Hacía décadas que Gardel se encontraba instalado en el alma de porteño…y, secretamente, en mi infancia fui uno de sus fans. No podía ser de otra modo:  “el Morocho del Abasto” me llegó con la fuerza del vendaval del mito y por el fanatismo gardeliano de mi madre que era una niña de seis años cuando su ídolo murió trágicamente y, casi enfermizamente, me llevaba al cementerio de la Chacarita no menos de dos o tres veces al año para rendirle culto al “Zorzal Criollo”.

Sin duda, también me caló profundo Julio Sosa, su voz varonil y potente personalidad en memorables interpretaciones: Cambalache, La Cumparsita, María, Nada, En esta tarde Gris. La última copa. Uno, Sur y tantas otras. El “Varón del Tango”, que había nacido en Las Piedras, Uruguay, un 2 de febrero de 1926 con el nombre de Julio María Sosa Venturini, había llegado a Buenos Aires en 1949, a los 23 años, con unas pocas monedas pero un gran bagaje de talento y sueños. En 15 años se ganó un lugar privilegiado en el mundo tanguero y una popularidad extraordinaria hasta que ocurrió ese inesperado accidente el 25 de noviembre de 1964 cuando a gran velocidad su auto deportivo DKW Fissores se estrelló en la esquina de Avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla contra el pilar de hormigón armado del semáforo. Al día siguiente falleció en Sanatorio Anchorena. La triste noticia provocó una inmensa conmoción.

La gran cantidad de admiradores que quisieron estar presentes en el último adiós ocasionó que se lo velara en el “Luna Park”, y de allí partió el cortejo fúnebre, a pie, por Avenida Corrientes, a las 16 hs del día 27.

Recuerdo perfectamente ese día lluvioso. Tenía 11 años, y le dije a mi madre: “…vuelvo en un rato”….Caminé impaciente por Padilla, doblé en Acevedo hasta la Avenida Corrientes, a tres cuadras de mi casa. Me encontré con un mundo de gente esperando que pasara el ídolo… Nunca olvidé esa eternidad en aquella esquina de Villa Crespo en la que me quedé parado inútilmente entre la muchedumbre lánguida y apesadumbrada. Dos horas después decidí desandar le camino y volver a mi casa para que mis padres no se preocuparan por mi ausencia.

Triste, frustrado, no había podido ver pasar por mi barrio su cajón sembrado de flores bajo la garúa. Luego supe que el recorrido se había demorado por las muestras de cariño a lo largo del doloroso peregrinaje y que, finalmente, llegó al cementarlo de la Chacarita a las 22,10 hs. Ya cerrado, tuvieron que ingresarlo al Panteón de Sadaic en la mañana del día siguiente. Veinitres años después sus restos fueron repatriados y depositados en el panteón familiar en su ciudad natal, en la vecina orilla.

Detrás del velo de esos tiempos el recuerdo me devuelve su estampa y su voz que continúan emocionándome. Fue para mí uno de los más grandes cantantes de tango de toda la historia. Por entonces, su recitado en “La Cumparsita”, aún sin comprenderlo del todo, me llegaba hasta los huesos:“porque el tango es macho… porque el tango es fuerte! Tiene olor a vida, tiene gusto… a muerte”. Y no sé porqué me quedaba extasiado y meditabundo con su extraordinaria interpretación de “Uno”: en esos versos magistrales de Enrique Santos Discépolo, Julio Sosa con su voz épica y quejumbrosa ya me presagiaba que “… uno va arrastrándose entre espinas, y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender que uno se ha quedao sin corazón”.



Carlos Szwarcer © Noviembre 2014

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China Zorrilla, algo más que una gran actriz

por Alejandro Michelena


La semana que pasó todos los temas habituales de la agenda periodística rioplatense pasaron a segundo plano y entraron en un cono de sombra, al difundirse la noticia de la muerte de China Zorrilla. De ahí en más: cataratas de información, imágenes del sepelio, declaraciones de famosos de variado pelo y de políticos ídem, comentarios variopintos, semblanzas, evocaciones, llenaron páginas de diarios, semanarios y revistas. La televisión y la radio apostaron a sus movileros en lugares estratégicos durante los fastos fúnebres, cubriendo tanto los momentos culminantes como nimiedades, al tiempo que se repetían en el audio lugares comunes alusivos a los hechos. Y las redes sociales tornaron virales decenas de fotografías de la actriz, de todas sus épocas y de muy diversa entidad (desde escenas teatrales culminantes, pasando por teleteatros, escenas hogareñas, encuentros casuales, e incluso no faltaron lo que hoy se denomina “selfies”).

En este pandemónium, que tuvo de todo, escasearon sin embargo las perspectivas más profundas. Se echaron de menos las semblanzas y retratos desde el lugar de la crítica teatral y de espectáculos, y más todavía los análisis que tan larga y variada trayectoria merecen. Habrá que esperar que las aguas mediáticas amainen su agitación, para que asomen las miradas de mayor profundidad en torno a la figura de Concepción Zorrilla, conocida por todos por el sobrenombre de China.

CHINA ZORRILLA - comienzos de los 60 en París
en gira con Teatro de la Ciudad de Montevideo
-
VELAR SE DEBE LA VIDA DE TAL SUERTE…

El lema de los Zorrilla de San Martín, que ocupa un lugar destacado en la casa solariega del poeta de La leyenda patria y Tabaré en Punta Carretas, y que fue además la máxima que rigió su existencia, bien se puede aplicar a su nieta famosa recientemente fallecida. El mismo reza: “Velar se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”.  La de China fue una vida vivida a su aire, a su manera, desarrollando una vocación de actriz que cubrió todos los registros y formatos posibles, dándose el lujo de ser apreciada por los espectadores exquisitos y a la vez querida por el gran público. Y queda “viva en la muerte” gracias a su enorme e innegable talento, que se puede apreciar en tantas películas en las que participó, en filmaciones teatrales, y hasta en los culebrones argentinos que contaron con su presencia.

Y este recuerdo vinculado a su célebre ancestro nos puede ayudar a ubicarnos frente una figura más compleja de lo que puede dar a entender la visión mediática predominante sobre ella. En los comienzos fue Concepción Matilde Zorrilla de San Martín Muñoz, de origen patricio por ambas ramas familiares (su madre, Guma, era hija de Daniel Muñoz, que fuera intendente de Montevideo y también escritor, ejerciendo la crónica bajo el seudónimo de Sansón Carrasco). En ella el catolicismo estricto de los Zorrilla se matizó con el talante liberal de los Muñoz, con el agregado de la condición de artista de su padre el escultor José Luis Zorrilla de San Martín, lo que en gran parte explica la amalgama que forjó la peculiar personalidad de China. En los años cuarenta era inimaginable que una señorita de clase alta montevideana estudiara teatro, y que muy joven viajara sola a estudiar teatro a Europa; tal la regla general, pero no en su caso por lo esbozado antes.

CHINA ZORRILLA - con Mario Benedetti

-
Sin embargo, su bautismo teatral en 1943 tuvo por escenario un grupo –diríamos  hoy- “políticamente correcto” acorde a su entorno social y formación de colegio de monjas: Ars Pulcra, de la Asociación de Estudiantes Católicos. Allí debutó en La anunciación a María, de Paul Claudel –prestigioso escritor católico francés- dirigida por Román Vignoli Barreto. Atrás había quedado su infancia transcurrida en París, donde su padre perfeccionaba sus recursos expresivos con el célebre escultor Antoine Bourdelle; donde ideó y ganó el concurso para el Monumento al Gaucho, que oficia de eje en la leve curva de 18 de Julio en el límite entre el Centro y el Cordón.

La beca del British Council ganada en 1947, que le permitió iniciar la aventura europea residiendo en Londres para estudiar en la Real Academia de Arte Dramático, aparte de las herramientas técnicas del oficio la liberó definitivamente de un destino convencional.  A su retorno, en el 49, se integra a la Comedia Nacional y comienza su etapa más conocida.  Durante diez años actuó en ochenta obras de variado perfil; dirigida por la gran actriz catalana Margarita Xirgú se la vio en La Celestina, de Fernando de Rojas, Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en Sueño de una noche de verano y Romeo y Julieta, de Shakespeare, en Tres hombres y una mujer, de Calderón de la Barca. Y también trabajó allí bajo la batuta de grandes de la dirección rioplatenses como Armando Discépolo (en Locos de verano) y Orestes Caviglia (Nuestro pueblo de Thornton Wilder,  y El soldado de chocolate de Bernard Shaw).

Esta síntesis de sus participaciones en los espectáculos de la Comedia Nacional viene a cuento para recordar el rigor artístico que la marcó, en un período de actividad profesional pero todavía formativo, y la ayudó en esa su proverbial versatilidad para  papeles muy diversos. Ejemplos de lo dicho: su composición notable de la Madre coraje de Bertold Brecht, su protagónico en La Gaviota de Chejov, su brillante participación en Los gigantes de la montaña de Pirandello.

Una comediante de raza
Pero sin duda donde más ha descollado el arte interpretativo de China Zorrilla fue en la comedia. Tal cualidad fue –más allá de su extensa carrera- lo que le permitió lograr en muy poco tiempo, al cruzar a Buenos Aires en 1971, un rápido suceso. Pero vale hacer un balance de su trayectoria en la comedia, siempre signada por la excelencia.

Desde sus protagónicos en aquella aventura que fue en 1961 el Teatro de la Ciudad de Montevideo, junto a Antonio “Taco” Larreta y Enrique Guarnero, con éxitos resonantes y giras internacionales, pasando por  Fin de semana, de Noel Coward, Filomena Marturano, de Eduardo de Filippo, Plaza suite, de Neil Simon, Sabor a miel, de Shelagh Delaney, entre muchísimos otros espectáculos de permanente éxito de público.

Illio témpore con Enrique Guarnero
en la Comedia Nacional
-
Al cruzar a Buenos Aires proyectó su talento al cine y también a la televisión, donde incluso se la pudo ver en muchos teleteatros. Alberto Migré logró convencerla de dar ese paso, algo que le había generado  algunas dudas; a la larga la presencia de China en esos culebrones los calificó con sus geniales composiciones de personajes de barrio y costumbristas. Pero el punto más alto de su presencia en la televisión argentina estuvo en el recordado ciclo de Alta Comedia, donde actuó con otros grandes de la escena como Narciso Ibáñez Menta, Inda Ledesma y Pepe Soriano. En ese ciclo se la pudo ver en El tobogán, de Jacobo Langner (había participado en la versión teatral montevideana años antes), y nada menos que haciendo de la malvada Elvira en Esperando la carroza. Encarnó también atractivos personajes de Oscar Wilde, Antón Chejov y Eugene O`Neill, y participó en ciclos unitarios como Atreverse, Mi mamá me ama y La salud de los enfermos, con la dirección de Alejandro Doria.

TRIUNFO EN BUENOS AIRES

Con problemas con la censura en el Uruguay que se precipitaba hacia la dictadura, China Zorrilla cruzó el Plata contratada para actuar en Un guapo del Novecientos, dirigida por Lautaro Murúa. Allí comenzó un romance con el cine que la llevó a trabajar bajo la batuta directriz de Leopoldo Torre Nilsson en La Maffia, de Luis Puenzo en La Peste, de María Luisa Bemberg en Señora de nadie, de Alejandro Doria en Darse cuenta y Esperando la carroza, de Marcos Carnevale en Elsa y Fred y Tocar el cielo, de Oscar Barney Finn en Contar hasta diez y Cuatro caras para la victoria, de Raúl de la Torre en Pubis angelical y Pobre mariposa, de Edgardo Cozarinsky en Guerreros y cautivas, de Adolfo Aristariain en Últimos días de la víctima, de Carlos Gallettini en Besos en la frente, de Manuel Antín en La invitación, de Juan José Jusid en Los gauchos judíos, de Héctor Olivera en Las venganzas de Beto Sánchez, de Fernando Ayala en Dios los cría, entre muchos otros.

La pudimos ver en un pequeño papel en La tregua, dirigida por Sergio Renán, secuencia especialmente escrita para ella por Mario Benedetti. También la dirigió en cine su compañero de tantas aventuras, Taco Larreta, en su debut en la pantalla oscura, con Nunca estuve en Viena. Y su presencia cinematográfica siguió hasta avanzado el nuevo milenio, actuando en el 2008 en Sangre del Pacífico, dirigida por Boy Olmi.

Pero en la orilla porteña lo suyo siguió siendo el escenario teatral. Las obras de Noel Coward fueron uno de sus caballos de batalla. Querido mentiroso –basado en la correspondencia entre la actriz Patrick Campbell y George Bernard Shaw- fue un éxito resonante, con su compatriota Villanueva Cosse (otro actor que triunfó en Buenos Aires) como partenaire. Jacobo Langsner le proporcionó textos de lucimiento como Una corona para Benito y Una margarita llamada Mercedes. Participó en El camino de la Meca, de Athol Fugard. Logró otro suceso con El diario de Adán y Eva, de Mark Twain, junto a su también compatriota y exitoso en la calle Corrientes, Carlos Perciavalle. Y con el monólogo Emily, basado en la obra La bella de Amherst de William Luce en torno a la poeta norteamericana Emily Dickinson, con la que recorrió Latinoamérica y llegó a Nueva York. Este monólogo pretextó su retorno triunfal a Montevideo en 1984, luego de los años de exilio.

Pero también se animó a probar la dirección teatral: había empezado con óperas en el Sodre, todavía en Montevideo. En teatro dirigió Ha llegado un inspector y Esquina peligrosa de Priestley, Arlecchino servidor de dos patrones de Carlo Goldoni, La pulga en la oreja de Feydeau, Perdidos en Yonkers de Neil Simon, para nombrar algunas.

LAS CEREMONIAS DEL ADIOS

En el año 2008 la gran actriz –ya rioplatense a esa altura, por elección y fervor de los públicos de ambas márgenes del gran río- sufrió una insuficiencia respiratoria y debió ser internada. Y al cumplir noventa años, en el 2011, se retiró de la escena volviendo al poco tiempo a Montevideo, donde se fue de este mundo la semana que pasó.

El teatro, ese oficio apasionante y único, donde ante nuestros ojos los actores encarnan historias y personajes que nos transportan y nos alegran, nos entristecen, sacuden y conmueven, tiene una condición efímera. Quedan los textos, pero de quienes ponen el arte y la vida en el escenario quedan apenas los comentarios y críticas, las fotos, las referencias, tal vez algún video. Por suerte –en el caso de China Zorrilla- su larga presencia en el cine y su paso por la televisión nos ayudarán a mantener viva de alguna forma la memoria de su arte.

Eva y Victoria

Fue uno de los tantos sucesos escénicos de China Zorrilla en sus largos años en Buenos Aires. Lo peculiar era el tema de la obra: una posible entrevista –que no tuvo lugar- entre Eva Perón y Victoria Ocampo.

Esta fue una intelectual de clase alta, de enorme prestigio internacional y de talante progresista (había apoyado a la República Española en la Guerra de España), que llevaba adelante la revista y la Editorial Sur. Allí se publicaba la gran literatura de entonces a nivel mundial, aparte de lo más calificado de la región y Latinoamérica. Cayó en desgracia después del año 45 por sus cuestionamientos al Peronismo.

China Zorrilla y Soledad Sylveira en Eva y Victoria
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Esta fue una intelectual de clase alta, de enorme prestigio internacional y de talante progresista (había apoyado a la República Española en la Guerra de España), que llevaba adelante la revista y la Editorial Sur. Allí se publicaba la gran literatura de entonces a nivel mundial, aparte de lo más calificado de la región y Latinoamérica. Cayó en desgracia después del año 45 por sus cuestionamientos al Peronismo.

En la entrevista de ficción que dramatiza la obra, Luisina Brando encarnó a Eva y China Zorrilla a la Ocampo. A esa altura China se sobraba, y aparte de “bordar el personaje” como se suele decir,  se dio el lujo de hacer guiñadas al público acerca de su propio origen patricio. Fue otro éxito rotundo en una trayectoria cargada de aplausos.

Otras parejas de actrices interpretarían ese diálogo, pero esta versión –por ambas actrices, es de justicia decirlo- quedará en la memoria de los miles que lo pudieron ver.

Alejandro Michelena
Esta semblanza de la trayectoria de China Zorrilla apareció publicada, originalmente, en el semanario montevideano 7n (miércoles 24 de setiembre de 2014).
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Ecos de América – Yábor

Por Fernando Marinelli
Diariofolk (Revista de actualidad Musical).
España

Por diversas razones, la República Oriental del Uruguay es una verdadera fábrica de músicos talentosos, cuya enumeración excedería las posibilidades de este espacio. Y por una cuestión de magnitudes de mercados, el principal cliente de su producción es la vecina Argentina. No es casual, entonces, que el cantante y compositor uruguayo Yábor haya grabado su primer disco -en 1973- al otro lado del Río de la Plata, secundado por músicos argentinos. Ni que haya residido muchos años en Buenos Aires, donde se lo considera como uno de los pioneros del rock de este país y de la introducción del candombe en ese género. Ni tampoco es casual, finalmente, que su música haya logrado fundir, en un mismo crisol, las múltiples influencias de sus predecesores y contemporáneos.

El producto de esta particular conjunción de géneros, madurada a lo largo de más de tres décadas, se revela exquisitamente depurada en éste, su último disco, Ecos de América. Aquí encontramos, hilvanados por el hilo de la tradición murguera y candombera que es el sello de identidad de Yábor, un taquirari que prologa el álbum, un forró dedicado a la diosa Yemanjá, una bossa nova que homenajea al enorme poeta Vinicius de Moraes, un tango rockeado y cantado con acento “canyengue” por Lucila Dotti, aires de reggae y country music y hasta una milonga con influencias del flamenco, Milonga de lo que soy, sobre un poema del argentino Héctor Negro.

¿Música rioplatense de raíz folklórica? ¿Canto popular uruguayo? ¿Fusión afroamericana? La definición de estilo que acompaña el último track, El entierro de Momo, da una pauta de la dificultad que implica encasillar la música de este disco: murgandombe-rock-carnavalero.

Afortundamente, Yábor escapa a las definiciones, pero no a sus raíces, y con su voz cálida y sin estridencias nos brinda un álbum de audición agradable y placentera, pero no exento de ritmo, que conforma un mosaico bastante completo del sonido rioplatense. Puestos a elegir, en un álbum de calidad muy pareja, nos inclinamos por Los ecos de los ecos, Sosteniendo la pared y la ya mencionada Milonga de lo que soy.

Fuente-. http://www.diariofolk.com/criticadisco/ecos-de-america-yabor/

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