Estampas de Buenos Aires

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Teatro

Inauguración del Teatro Scala (”Maipo”) - Un 7 de mayo de 1908.

TEATRO MAIPO: Un 7 de mayo, pero de 1908, se inauguró en Buenos Aires el “Teatro Scala”, luego llamado “Esmeralda” (1915) y en 1922 teatro MAIPO . Foto del teatro (circa 1910)

(Fuente:“Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, de Carlos Szwarcer, Ed. Corregidor)

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Efemérides, Fotos e imágenes de la Ciudad, Preservación del Patrimonio Cultural, Teatro

Teatro Ba- ta- clan

El teatro Ba-ta-clan fue fundado en 1920, promocionaba el género “alegre” como llamaban a los espectáculos de revista y varieté. Antes llevó el nombre de Teatro Roma. Se encontraba en la calle 25 de Mayo 462.

Fuente: Bataclanas y vedettes en la noche porteña, en Revista “Todo es Historia”  Nro.384 (Buenos Aires. julio de 1999)

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Barrios, Fotos e imágenes de la Ciudad, Teatro

“Los productores. Historias de empresarios teatrales argentinos de todos los tiempos”.

La Asociación de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET) realizó el martes 9 de abril, en el recuperado Teatro Picadero, la presentación oficial del libro que acaba de publicar bajo el título “Los productores. Historias de empresarios teatrales argentinos de todos los tiempos”.

En la presentación y conferencia de prensa estuvieron presentes autoridades, socios de AADET y periodistas de varios medios. Tomaron la palabra el presidente de la Asociación, Carlos Rottemberg y los autores de la obra: Gabriela Kogan, Carlos Ulanovsky, Marcela López y Susana Pelayes.

El libro - que demandó cuatro años desde que comenzó el proyecto - recorre la historia del teatro y la música en Argentina a través de la mirada de los productores que hacieron y hacen posible los sueños de los talentosos artistas que reúne nuestro país.

“Casi cien años pasaron desde el impulso inicial que reunió en 1917 a los productores artísticos de la escena privada porteña, hasta hoy. En aquel entonces los congregó la profesionalización del campo teatral, que requería compartir saberes y plantarse como sector ante los desafíos de la actividad. Hoy nos nuclea la necesidad de ser un colectivo actualizado y con repuestas a los fuertes cambios culturales y tecnológicos que impactan en nuestra tarea que es “hacer teatro”…. Y quizá sea ese capital disperso de experiencias y oficio, de imágenes, nombres, recuerdos e historia, la motivación central de este libro que los recoge para asegurar su transmisión.

Aquellos empresarios teatrales de principios del siglo xx y nosotros, los del xxi, tenemos en común el haber aportado al desarrollo de una actividad que identifica a Buenos Aires y se expandió por el país. Nos imaginamos el libro como un puente para acercarnos al público o, mejor, a lo s públicos, que disfrutan de ese acto único e irrepetible que es el espectáculo, y compartir con ellos, literalmente, el detrás de la escena, el trabajo que no se ve pero que posibilita su magia.

AADET…revalida con este libro su compromiso con el quehacer. Por más teatro, más música, más trabajo, más cultura. ¡Arriba el telón!”

Carlos Rottemberg

Presidente de AADET


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Preservación del Patrimonio Cultural, Teatro

“El gordo y el flaco (Laurel y Hardy) actuaron en Buenos Aires”

Los famosos Oliver Hardy y Stan Laurel (el gordo y el flaco) antes de convertirse en dúo cómico (1926) actuaron en Buenos Aires.

En 1914, “el gordo” actuó en “El Pabellón de las Rosas” y en “El Parque Japonés”. Stan Laurel llegó en 1915 para presentar su labor payasesca en el “Teatro Casino” de la calle Maipú al 300. Ambos artistas fueron contratados por el empresario Charles Seguín para algunos de los sitios de esparcimiento que administraba en la ciudad de Buenos Aires.

Dos fotos de Laurel y Hardy que corresponden a la época en que pasaron por Buenos Aires.

Stan Laurel. Circa 1915

Oliver Hardy (1914)

Fotos: Oliver Hardy (http://www.cinema.ucla.edu/)

Stan Laurel (http://www.lettersfromstan.com/)

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Artículos Periodísticos, Teatro

Teatro Ópera. Su historia

Teatro Ópera

Ubicación: Av. Corrientes 860. Año proyecto: 1935.

Año Inauguración: 1936.

Con el ensanche de la calle Corrientes y la demolición del antiguo “Teatro de la Ópera” proyectado por Julio Dormal, en el mismo predio se levantó el actual Cine Teatro Ópera. El 7 de agosto de 1936, el Gran Teatro Opera abrió sus puertas. En esa oportunidad, y con la asistencia del presidente de la República, general Agustín P. Justo, se ofreció un programa tan vasto como ecléctico y el público pudo apreciar las comodidades y progresos técnicos que poseía la nueva sala. Tras las interpretaciones de la Gran Orquesta Sinfónica de Radio El Mundo, se exhibieron las producciones cinematográficas “Los tres ositos”, de Walt Disney y “El sueño del Missisipi”, versión de la comedia musical “Show Boat” de Jerome Kern, con Irene Dunne y Paul Robeson. Una semana después, el Opera estrenaba la inolvidable “Tiempos Modernos”, con Charles Chaplin. Eran los tiempos de Oro de la cinematografía y de la construcción de grandes salas y Buenos Aires no era ajena a este proceso. Debería decirse, en realidad, que el Opera reabrió sus puertas ya que el solar donde se emplaza había estado destinado al gran espectáculo desde 1872, año en que se inauguró el Teatro de la Opera, obra de Ernesto Landolfi. Modificado y enriquecido en su decoración por Julio Dormal, este recinto durante años había competido, en cuanto a la calidad de sus espectáculos se refiere, con los teatros Colón y Coliseo.

Con la inauguración en 1908 del nuevo Teatro Colón, el Ópera comenzó la decadencia como escenario lírico y se dedicó a géneros más frívolos. En 1921 fueron famosos los bailes de carnaval animados por Francisco Canaro y una Jazz-band. En 1922 Madame Rasimi presentó el conjunto “Ba-Ta-Clan” que constituyó algo como un sacrilegio en el teatro de Roberto Cano. Allí actuó Linda Thelma a quien llamaron “la reina de la canción criolla”. Vestía traje de hombre en sus representaciones. Madame Rasimi la llevó a París para que cantara tangos en el “Moulin Rouge”. Allí triunfó decididamente y sus éxitos se continuaron en Buenos Aires. Conoció una vida de triunfos, halagos y comodidades pero murió pobre en una sala del Hospital Rawson, en 1939.

El género popular se adueñó del viejo bastión de los dioses. Fue entonces cuando María Esther Podestá de Pomar, con voz dulzona cantó, en la noche del 12 de mayo de 1920, el tango; Milonguita. Esto tiene una explicación. No hacía mucho que se había puesto en práctica que los tangos se dieran a conocer en la noche del estreno de los sainetes. En este caso se trató del llamado Delikatessen House; de Samuel Linning y Alberto Weisbach, uruguayos radicados en Buenos Aires. El sainete no gustó. En cambio el tango Milonguita; marcó un afianzamiento de la canción porteña.

Por el Teatro Ópera pasaron figuras del drama y la revista como Sarah Bernhardt, Hermete Zacconi y la Mistinguette, con su voz desgarrada y sus bellísimas piernas, cantando Mon homme. También actuaron Discépolo, Tania y Florencio Parravicini que fue el último actor que pisó su escenario. En un momento en que ya su uso se había apartado del género lírico, el ensanche de la calle Corrientes obligó a su demolición, -cuya entrada estaba justo sobre lo que hoy es el cordón de la vereda- y el predio fue adquirido por el empresario Clemente Lococo; empresario del Teatro Astral- en el mes de agosto de 1935, y entonces cayó el edificio de la Ópera levantado por Julio Dormal. Este empresario teatral y cinematográfico encargó al arquitecto Alberto Bourdon el diseño del nuevo edificio. Por pedido expreso del comitente debía proyectarse una sala que, además de ser de la mayor capacidad dentro de las dedicadas al tema cinematográfico, debía reunir cualidades óptimas para la actividad teatral y musical; predominando un sentido moderno aliado al deseo de dar al público todas las comodidades posibles. La arquitectura del Gran Teatro Ópera es sobria y original.

Mientras se construía llamó la atención la colocación de una viga de 65 mil kilogramos que anunciaba la monumentalidad del edificio. La sala tiene una capacidad para 2500 personas. El escenario es apto para espectáculos diversos, dotado con foso movible para orquesta. En el subsuelo, además de los camarines y salas de ensayo, se encontraba el microcine Petit Opera; para funciones privadas o para estudios internos de proyección de películas, además de realizarse reuniones culturales y donde se exhibían hermosas pinturas murales obras de Clemente Lococo;hijo-, que es un pintor destacado.

La pinacoteca del Ópera cuenta con varias telas pintadas por este artista, que constituyen un testimonio de algunos espectáculos que han desfilado por ese escenario. La pantalla para proyecciones cinematográficas, era magna;, en los comienzos medía 50 metros cuadrados, pero cuando comenzó el Cinema-Scope se le dieron 112 metros cuadrados de superficie de proyección, es decir, casi el triple. La pantalla era de material plástico y sus costuras invisibles estaban soldadas electrónicamente. El sonido, estereofónico. Por consiguiente todo el equipo y el sistema de proyección era modernísimo. El edificio estaba dotado de calefacción y de refrigeración y como comodidades para el público figuraban la instalación de teléfonos públicos (una novedad para el momento);agua helada y filtrada en surtidores provistos de vasos higiénicos, y una nursery en el subsuelo donde los asistentes podían dejar sus hijos durante la función.

En el foyer del primer piso se dispuso un bar y se destinó el lugar para pinacoteca donde se mostraban obras tanto de la colección de la empresa como de artistas invitados. Un dato a tener en cuenta es que en 1937 Clemente Lococo había formado la productora E.F.A. y de ese sello se estrenó en el Cine Teatro Ópera:;Mi suegra es una fiera; que dirigió Luis Bayón Herrera. Las primeras exhibiciones cinematográficas en la Argentina se dieron en recintos sin pretensiones arquitectónicas.

Pero en la década del ´20, con progresos en técnicas de proyección y gradual aceptación del espectáculo, comenzó la construcción de salas que seguían los modelos arquitectónicos de los teatros de los cines de Estados Unidos o Europa. Se puso cuidado en el diseño de la fachada con marquesina publicitaria, en la ornamentación del foyer y se dividió el interior de la sala con dos o tres bandejas de localidades. Sin ser el único estilo, las variaciones formales del Art Decó;de moda por entonces- influyeron notablemente en las propuestas (tales los cines Monumental o Broadway).

El Opera es tal vez el último gran ejemplo que acusa ese criterio decorativista adecuado para dar idea de suntuosidad y magnificencia. Un año después, en la misma avenida Corrientes pero en la acera opuesta, el Gran Rex sentará los principios de la nueva arquitectura para cines con predominio de los muros despojados, las superficies vidriadas, los mármoles de un único color y los bronces lisos. En cambio, el Opera se destaca por sus disposiciones ornamentales conformando dibujos geométricos en los revestimientos de mármol de varios colores en pisos y muros y en las barandas de bronce. Y también en el volumen escalonado que constituye su frente y en la gran marquesina de acceso.

El interior de la sala asume características únicas dentro de la ciudad al conformar una escenografía que traslada el espectáculo del escenario a un sitio a cielo abierto. Las paredes laterales presentan una arquitectura callejera con ventanas, balcones y miradores que se enfatizan con toques de luz difusa; en el techo las decoraciones habituales por entonces fueron suplantadas por otra simulación: la de un firmamento estrellado donde parpadean luces y se vislumbra el paso de las nubes. El espectáculo no está así sólo en la pantalla. Parte de esa decoración es del español José María Sert, artista catalán que decoró la Catedral de Vich hasta el Centro Rockefeller. A lo largo de más de cincuenta años de vida desfilaron por este edificio las figuras más importantes de diversos géneros teatrales, desde Josephine Baker a Edith Piaf y Marlene Dietrich, desde Ella Fitzgerald a Louis Amstrong. Estuvieron los conjuntos más renombrados y allí bailaron Tamara Toumanova y Dore Hayer y se presentaron los integrantes del ballets Etoiles de Paris, Ballet Theatre de Nueva York o del Teatro Bolshoi de Moscú, actuaron Ava Gadner, el Folies Berge; y el Lido de París. Se estrenaron en el país las producciones cinematográficas más famosas y se encontró presente el cine nacional en una instancia en que este dominaba el mercado de habla hispana y constituía parte principal de las actividades recreativas del gran público argentino. En 1999 el Ópera fue adquirido por la firma CIE;R & P S.A. para ser transformado en el primer escenario local apto para albergar a las grandes producciones de Broadway.

El proyecto del estudio Gloria Roberts; Ricardo Gilardi modificó solo lo indispensable y desarrolló una prolija modernización con el criterio de puesta en valor del teatro. El frustrado intento de comprar el terreno lindante con la medianera posterior impidió la necesaria ampliación de la caja escénica, la sala, de 2500 localidades fue reducida a 1852; el avance del nuevo proscenio fue aprovechado para acentuar las pendientes y el pullman, además de disponer los asientos de modo de asegurar una perfecta visión desde cualquier ubicación. El musical La Bella y La Bestia;, la obra de Disney, reinauguró el teatro. Como las grandes salas de Broadway, el recuperado Opera muestra su impecable arquitectura art Decó en todo su esplendor. Desde la monumental fachada con su marquesina de cuatro círculos hasta el foyer de triple altura y las escaleras de mármoles belgas y africanos, cada elemento fue destacado con nueva iluminación. Los vitrales y espejos vuelven a lucir y se recuperó la sala del Petit Opera en el subsuelo. La idea de instalar en Buenos Aires una cartelera de producciones de nivel internacional enriquecerá sin dudas un fenómeno tradicional en la ciudad, que desde siempre ofrece su rico panorama cultural. Y no es casual que la sala elegida haya sido el Opera, un hito que conforma con el Gran Rex un conjunto urbano único en el marco de la mítica calle Corrientes.

 

Fuente: http://www.acceder.buenosaires.gov.ar/879831

 

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Teatro Ópera. Una ley lo protege.

 

 Teatro Opera: una ley protege al edificio y su histórico nombre

La norma impide alterar la fachada, el hall y la sala principal, entre otros espacios.

La Legislatura porteña ayer aprobó en segunda lectura una ley que cataloga con nivel de protección estructural al Teatro Ópera, lo declara monumento y preserva su nombre histórico. La norma alcanza no sólo a la fachada, sino al hall y a la sala principal del teatro, entre otros espacios.

El proyecto (…) ayer recibió su sanción definitiva. El teatro ahora cuenta con protección estructural, que resguarda al edificio, su hall, la sala principal, la sala denominada “Petit Ópera”, los sanitarios públicos y todos los revestimientos y ornamentaciones interiores, luminarias, herrerías y carpinterías originales. A partir de esta ley, no podrán modificarlos ni demolerlos. Sin embargo, este nivel de protección no resguarda el rubro de la actividad del edificio.

Además, la ley declara al teatro monumento y preserva su denominación histórica. En 2010 se generó una gran polémica cuando retiraron el tradicional letrero de “Ópera” y lo rebautizaron como “Teatro Citi”. Hasta que, debido a las críticas, le repusieron el nombre y quedó como “Opera Citi”.

(…) El teatro, ubicado en avenida Corrientes 860, fue proyectado por el arquitecto belga Albert Bourdon e inaugurado el 7 de agosto de 1936. Lo construyeron en tan solo nueve meses, en el mismo lugar que, desde 1872, había ocupado el “Teatro de la Ópera”. Cuenta con 2.500 localidades y entre sus valores arquitectónicos se encuentra el hall principal, revestido con mármoles de colores. También el techo de la sala principal, que simula una gran vía láctea

  

Fuente: http://www.clarin.com.  27 de abril de 2012. Fragmento del texto de Nora Sánchez

 

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El día que Florencio Parravicini se suicidó

Un día como hoy (25 de marzo), pero de 1941, se suicidó el actor teatral y cinematográfico Florencio Parravicini, también piloto civil y destacado en el tiro y el automovilismo. Tuvo papeles protagónicos en obras como “Melgarejo” y “Alma de bohemio” y practicó un audaz humorismo teatral. Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1876.

 

Más información en: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2009/03/25/el-incomparable-florencio-parravicini/

 

 

 

 

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Efemérides, Teatro

Un libro sobre el centenario del Teatro Maipo

Un libro sobre el centenario del Maipo recorre la historia de la “catedral de la revista porteña”

Buenos Aires, 27 de febrero (Télam).- El historiador Carlos Szwarcer es el autor de “Teatro Maipo, 100 años de historia entre bambalinas”, que a través de anécdotas y personajes revela acontecimientos desconocidos y curiosidades de la llamada  ”catedral de la revista porteña”.

Carlos Szwarcer

El volumen de 300 páginas editado por Corregidor arranca en tiempos de la Colonia y se detiene primero en Charles Seguin, un empresario con vínculos prostibularios que reinó en la noche de Buenos Aires y fundó en 1908 el teatro Scala, llamado luego Esmeralda y finalmente Maipo.


Por allí aparecen los nombres de Gloria Guzmán, Iris Marga, Cela Gámez, Tita Merello, Luis César Amadori, Sofía Bozán, Alfredo Barbieri y Alicia Barrié, hasta los más cercanos Nélida Lobato, Juan Verdaguer, Gogó y Tono Andreu, las hermanas Pons, Enrique Pinti y Nacha Guevara.


El Maipo de Szwarcer es una sucesión de anécdotas sobre temporadas, vínculos comerciales, éxitos y fracasos, competencias con otras salas, cambio de propietarios, personalidades impares, hechos de alcoba y hasta presencias fantasmagóricas de las que ningún teatro puede prescindir.


“En 1994 el Maipo tuvo una de sus tantas reaperturas -comentó Szwarcer en diálogo con Télam- cuando fue tomado en `leasing` por Lino Patalano y Julio Bocca y me convocaron como historiador para traer a luz parte de la trayectoria del teatro que no se conocía.”


Agregó que “a duras penas apenas se conocían las fechas de construcción y quién lo había hecho, y entonces me contrataron en función de un documental que se iba a preparar para el espectáculo de reapertura, donde iban a estar grandes artistas”.


“A partir de ese momento me contacto con figuras importantes y, aparte de Norma Aleandro y Alfredo Alcón, la primera fue María Esther Gamas, ya muy viejita pero muy memoriosa, que me contó sobre (Florencio) Parravicini y otros grandes”, recordó.


Ese fue el origen del libro, que contiene numerosos relatos orales de artistas e hijos de artistas, empleados del teatro, vestuaristas, el sombrerero, cuyo embrión fue el artículo “La historia del teatro Maipo” en la revista Todo es Historia, en 2003.


“Fue un trabajo que me entusiasmó, el mismo teatro me maravilló de entrada: cuando entré en 1994 estaba todo dado vuelta y en su penumbra tuve una sensación extraña, como algo místico, distinto a la sala que yo guardaba en la memoria”, añadió.


Sobre el tema de los “fantasmas” que habitan el lugar, el autor se dijo escéptico pero atento al testimonio de los testigos que hablan de presencias bondadosas aunque inquietantes: “Los fantasmas pueden ser varios, entre ellos alguien de apellido Cáceres, un maquinista que se dedicaba a levantar los telones y se colgó de una viga en la terraza durante una función de `La mujer del año`, con Susana Giménez, aparentemente por una enfermedad incurable”.


Szwarcer agregó que la diva no se enteró del incidente “y la función siguió, ya que lo sacaron por una ventana; y en 1943 un actor de nombre Radrizzani murió durante un incendio, al querer rescatar su ropa, y suelen decir que Cáceres y Radrizzani son presencias que aparecen inesperadamente”.


“Yo no los vi -confesó- pero cuento los testimonios como el de Norma Aleandro, quien luego de decirme que no sabía nada del tema terminó hablando más de una hora sobre presencias extrañas que hicieron correr a varios durante los ensayos de `Master Class`, en 1996.”


Afirmó también que el Maipo “es como una caja de resonancia del teatro argentino, porque por él han pasado las grandes figuras y además es un testigo de la historia argentina ya que fue inaugurado en mayo de 1908, días antes del actual Teatro Colón”.


Sobre el pionero Charles Seguin, Szwarcer señaló que “era un personaje muy importante de aquella época y de hecho fue el constructor del teatro, además de poseer varios lugares de esparcimiento”.
En cambio puso en duda su vínculo con los bajos fondos, ya que “esto ha sido tomado a través de Julio De Caro y otros viejos tangueros, que estaban relacionados con algunos lugares de la aristocracia (el Armenonville, el Palais de Glace) y cuentan que el vinculado con el mundillo prostibulario era un tal Lombard, socio de Seguin en algunos negocios”.

Fuente: http://www.telam.com.ar/nota/16876/

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Teatro Coliseo (1912)

Antigua fachada del Teatro Coliseo, construido en 1905. En sus comienzos, fue un “Circo-Teatro”. Actuó el famoso payaso Frank Brown. Ubicado en la calle Marcelo T. de Alvear  1125 de la ciudad de Buenos Aires. La imagen fue tomada desde la Plaza Libertad y corresponde al año 1912.

 

 

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Un libro maravillosamente porteño y entrañable

Horacio Spinetto en la presentación del libro de Carlos Szwarcer en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.

Algunos fragmentos de la exposición de Horacio Spinetto en la mesa de presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, de Carlos Szwarcer,  el 1º de noviembre de 2011 en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.  

 

 

“Una obra magnífica, esta que hoy presentamos: Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas. Carlos Szwarcer es un investigador a quien conocí trabajando sobre el mítico y legendario Café Izmir, aquel que Leopoldo Marechal menciona permanentemente en el Adán Buenos Aires, y con el paso del tiempo y del conocimiento, me fui dando cuenta que es uno de esos personajes que ama lo que hace, lo hace con pasión, y tiene esa virtud que no siempre se logra en este tipo de trabajos donde da una enorme cantidad de información, muy sustanciosa, muy rica, pero en ningún momento lo que él investiga, lo que escribe, resulta denso o cansador.  Es decir que es un doble mérito: darnos una enorme información y que sea fluida, entretenida y seria.

 

Este libro, concretamente, es un regocijo para todos los porteños. Aquellos que han seguido con entusiasmo el teatro de revistas y aquellos que a lo mejor no pero tienen la oportunidad a través de este libro de conocer cantidad de situaciones muy interesantes y que forman parte de la historia más entrañable de la ciudad de Buenos Aires.

 

(…)

 

A través de la historia del Teatro Maipo  que nos cuenta Carlos Szwarcer aparecen los nombres de Pepe Arias, Sofía Bozán, Gogó Andreu, Luis César Amadori, Elena Lucena, Dringue y Castrito, aparece esa rutilante Nélida Roca,  Vicente Rubino, Ethel Rojo, que apareció primeramente muy jovencita, Zulma Faiad, Pochi Grey, el gordo Porcel, Nélida Lobato, con su famoso despliplume, Ethel  y Gogó Rojo, Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle, Susana Giménez en la Mujer del Año, e infinidad de personales que nos han ayudado de alguna manera a vivir mejor, para que nuestra vida sea más atractiva, más llena de fantasía y de felicidad

 

(…)

 

A todos ustedes que están acá no tengo más que palabras de agradecimiento y para Carlos -muy particularmente - en no dejar que esto se pierda y que lo haya escrito en un libro maravillosamente porteño y entrañable. Gracias a todos ustedes”.

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