Estampas de Buenos Aires

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Preservación del Patrimonio Cultural

Salón Dorado de la Casa de la Cultura

Por Carlos Szwarcer


El suntuoso salón de actos de la Casa de la Cultura, conocido como Salón Dorado,  se encuentra  en el primer piso del edificio “La Prensa”, antigua sede del Diario del mismo nombre. En él funcionaba el Instituto Popular de Conferencias, que organizaba reuniones semanales. Las grandes figuras de las letras y las artes, tanto argentinas como extranjeras, pasaron por el salón, donde también se ofrecían conciertos.

Además de un ejército de artesanos, dos grandes maestros del arte de los argentinos trabajaron en las pinturas decorativas del edificio: Nazareno Orlandi (1861-1952) y Reinaldo Giudice (1853-1921). Nacido en Ascoli Picceno, Orlandi llegó a nuestro país en 1889 invitado por su compatriota el arquitecto Francisco Tamburini, para incorporarse al equipo de trabajo de la Casa de Gobierno. Se había formado en Florencia, especializándose en las grandes decoraciones. Entre sus obras recordamos las pinturas de las iglesias El Salvador, San Pedro y santo Domingo, la antigua Biblioteca Nacional, el Consejo Deliberante y el Cine Gran Splendid, hoy librería El Ateneo de la Avenida Santa Fe. En el edificio de La Prensa realizó las magníficas pinturas de los techos del salón Dorado.

Reinaldo Giudice llegó a América cuando tenía ocho. En Buenos Aires, obtuvo una beca para estudiar en Italia, eligiendo el taller de Cesare Maccari en Roma. De vuelta a nuestro país realizó una importante labor docente, fue fundador del Ateneo y uno de los creadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.

Giúdice fue autor de paisajes, retratos y grandes composiciones de carácter histórico como “La presentación de San Martín en el Congreso de 1818”. Sus magníficas grisallas (pinturas monocromas) decoran el techo de las dependencias del primer piso, originalmente áreas privadas del Dr. Paz y actualmente despacho del Secretario del Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires.


Salón Dorado - Casa de la Cultura

Dirección: Av. de Mayo 575 (Ciudad de Buenos Aires)

Teléfono: 4323-9669

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Fuente: http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura/salondorado

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Ver: sobre Antigua sede del diario “La Prensa”

http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura

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Historietas en la Biblioteca Nacional: entre la pedagogía y la política

Por Carlos Szwarcer

Historietas en la Biblioteca Nacional: entre la pedagogía y la política

La Biblioteca Nacional inauguró la muestra “Rubén Sosa. De vuelta en casa”. La exposición reúne una selección de las 500 obras inéditas en el país que, recientemente, fueron donadas al Archivo de Historieta y Humor Gráfico por la esposa y las hijas del dibujante argentino, fallecido en 2007. Puede visitarse hasta el 30 de abril de 2016 en la Plaza del Lector Rayuela y en la Sala Leopoldo Lugones, de la Biblioteca Nacional.

“Rubén Sosa. De vuelta en casa” incluye reproducciones del primer capítulo de la historieta “Un hombre normal”, expuestas en la Plaza del Lector Rayuela, más un conjunto de dibujos (tintas, rayados, acuarelas) que Sosa realizó y publicó en medios europeos, exhibido en la Sala Leopoldo Lugones.

En la misma ceremonia, se presentó Historietas x la identidad, el libro que la BN editó con Abuelas de Plaza de Mayo y que recoge treinta y cinco “historias concretas”. No se trata de un libro cualquiera: cada uno de sus capítulos atesora una anécdota. Cada anécdota, narra una ausencia. Cada ausencia, promueve una búsqueda.

“Corporizar estas ausencias en una computadora o en un papel es un modo de resistir a los desaparecedroes, de rescatar a las víctimas del agujero negro que implica en cada subjetividad, una identidad ocultada, cambiada o incompleta. Así, el arte deviene en tabla simbólica de restitución”, se lee en el prólogo.

Detras de toda viñeta… hay una gran mujer

En 2000, Judith Gociol publicó La historieta argentina. Una historia. Escrito junto con Diego Rosemberg, el libro conjetura una trayectoria del humor gráfico que abre la mirada hacia el devenir cultural en nuestro país.

Años más tarde, con José María Gutiérrez, ajustó el foco sobre las realizaciones del género publicadas entre 1907 y 1929, en el libro La historieta salvaje.

Buceadora incansable en la cultura popular, Judith Gociol forma parte del equipo fundador del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional, que se inauguró en 2012 y que contiene trabajos de Alberto Bróccoli, de Alberto Cognigni, de Eugenio Zoppi, de Eduardo Maicas, entre muchos otros, así como la obra completa de Trillo-Grillo.

“Nos dimos cuenta de que había una cantidad de material en manos de artistas mayores o de familias de artistas que ya habían muerto que sabían que eso era valioso. No lo querían tirar, pero no sabían qué destino darle”, recuerda Judith.

“Entonces propusimos complementar el archivo de la Biblioteca en el que tenemos libros y revistas, con fotos, bocetos, originales y objetos personales que no tenían un lugar específico donde guardarlos hasta ese momento. Luego sumamos materiales de artistas vivos. De modo que el archivo surgió de esa necesidad. Pero también de la idea de que el humor gráfico y la historieta, en tanto expresiones de la cultura popular, ya son parte de la cultura. Por lo tanto, está bien que estén en la Biblioteca cuya función es la preservación y el resguardo”.

Un sueño cumplido

“Contar con la obra de Sosa —señala la investigadora—, implica haber rescatado a un artista casi desconocido en su país pero que, sin embargo, dialogó todo el tiempo con la historia nacional. Para nosotros fue muy importante, además, por cómo se dio. Contacté a la viuda de Sosa, Flora Beker, a través del guionista Diego Agrimbau. Le conté qué hacíamos en el archivo y que había una página web donde se podían visualizar todos los materiales. Una de las cosas en las que hice hincapié fue que queríamos dar visibilidad a artistas argentinos que vivieron afuera. Porque hay una cantidad enorme de producción de humor gráfico que no se conoce ya que, directamente, no circuló por Argentina”.

La respuesta de Flora no se hizo esperar: “Me llamó tiempo después, para decirme que ella y sus hijas habían decidido donar 500 trabajos originales. Habían explorado la página web de nuestro archivo y encontraron que Eugenio Zoppi también donó parte de su acervo. El azar quiso que Zoppi haya sido el maestro de Rubén Sosa. ¡Fue ahí cuando sentí una gran satisfacción! Porque entendí que se estaba cumpliendo nuestro sueño de que, algún día, el archivo se sostuviera solo”.

El círculo empezaba a cerrarse en una doble dirección: la preservación y la divulgación. Como había ocurrido con otras donaciones privadas, cuando Flora Beker envió a la Biblioteca Nacional las tres valijitas plásticas con las láminas de Rubén Sosa, revitalizó el archivo, lo volvió dinámico, lo enriqueció. Al mismo tiempo, le confió a esa institución, el resguardo de la obra.

“En este caso particular, se sumaba el hecho de que, al ser un autor que quedó relegado por vivir lejos y no publicar aquí, esto es casi una repatriación. Recuperamos materialmente los trabajos y, a través de ellos, el talento, la versatilidad, la maestría del creador. Por eso el título de la muestra”.

La historia en viñetas: política y urgencia

En el prólogo del catálogo de “Rubén Sosa. De vuelta en casa”, Alberto Manguel escribió: “Rubén Sosa, quien colaboró con Oesterheld durante los años cincuenta, fue un artista de extraordinario talento, reconocido internacionalmente. La Biblioteca Nacional ha decidido honrar la obra de Sosa conmemorando al mismo tiempo el 40 aniversario del golpe militar de 1976”.

En la misma perspectiva, Judith Gociol desenvuelve los puntos de contacto entre la muestra de Sosa y el libro de Abuelas: “Ambos conciben la historieta como una herramienta política y, desde allí, un intento de intervención en la realidad. Rubén Sosa lo hizo en el momento en que sucedía, ya que El hombre normal fue escrita en plena dictadura y publicada en Europa, donde funcionó como denuncia”.

“En cambio, Historietas x la identidad delata la gran deuda pendiente de los derechos humanos: encontrar a los chicos que fueron secuestrados durante la última dictadura militar. En ese sentido, el libro tiene esa urgencia”.

El Archivo de Historieta y Humor Gráficos Argentinos se puede consultar en www.bn.gov.ar.


Información del evento

Hasta el 30 de abril de 2016

Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes | Sábado | Domingo | Feriados

Biblioteca Nacional

Agüero 2502 P. 1, Ciudad de Buenos Aires

Costo: Gratis

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Palacio Bosch

Por Carlos Szwarcer

El Palacio Bosch, edificio ubicado en la ciudad de Buenos Aires, es la actual Residencia Oficial del Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica.

En la zona del Jardín Zoológico, próxima al parque de Palermo, Ernesto Bosch y su esposa, Elisa de Alvear mandaron construir su casa. Bosch venía de concluir su desempeño como Representante del Gobierno Argentino en Francia, y acababa de ser llamado a Buenos Aires por el presidente electo Roque Sáenz Peña para ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Como muchos argentinos, el matrimonio y su familia habían pasado una larga temporada en Paris, alternando sus funciones oficiales con la vida mundana y elegante de la bélle époque.

Los Bosch no dejarían París sin encargar el proyecto de su residencia porteña al prestigioso arquitecto René Sergent, quien debió diseñar el palacio para el jefe de la diplomacia argentina, volcando todo su oficio, practicado a través de una amplia experiencia entre la nobleza europea.

La materialización del edificio no fue sencilla ni barata. Hicieron falta decenas de detallados planos, materiales y decoraciones enviados desde el otro lado del Atlántico. Y la fiel interpretación de los arquitectos Eduardo Lanús y Pablo Hary, encargados de la construcción. Todo bajo la constante incertidumbre y altos costos que supuso el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, con naves amenazadas por torpedos al cruzar el Atlántico. Sin embargo, el 6 de septiembre de 1918 se abrieron a la vida social los salones de la residencia convocando al Buenos Aires más elegante. En 1924, se alojó el príncipe Humberto de Savoia, heredero de la corona de Italia, en visita oficial a la Argentina.

De Versalles a Palermo

El palacio Bosch es uno de los mejores proyectos de René Sergent. Excelente recreación del grand hotel particulier del siglo XVIII, tiene como fuente de inspiración más probable el Chateau de Bénouville, en Normandía, construído por Claude Nicolas Ledoux, cuya obra Sergent apreciaba especialmente.

Como los otras dos grandes residencias diseñadas por Sergent para dos hermanos de Elisa Alvear de Bosch, el Palacio Errázuriz y la villa Sans Souci, este palacio se inscribe entre los mejores ejemplos de la corriente que recreó el clasicismo del siglo XVIII francés a principios del siglo XX. Colaboraron con Sergent importantes figuras en el campo del paisajismo y la decoración, Achille Duchéne fue el encargado de trazar los jardines de la residencia y el prestigioso André Carlhian tuvo a cargo la decoración interior.

Luz y geometría

El volumen exterior simple y potente demuestra el refinamiento del diseño en las elegantes fachadas delineadas en función del espacio exterior que enfrentan. Así, la principal es el grandioso marco de la cour d´ honneur y enfrenta con imponencia el parque del otro lado de la Avenida. La lateral, sobre la calle Darregueyra, forma parte de un cuadro que integra el templete clásico del paseo público -expresamente construido a tal efecto- y que evoca una de las vistas del Petit Trianon de Versailles. El frente posterior, en cambio, se corresponde con el diseño del jardín, su complemento inescindible, y que los autores consideraban como un “salón al aire libre”.

En el interior, los secretos de la armonía del edificio se encuentran en la red de ejes que organizan sus espacios. Sutilmente interconectados, estos ejes permiten guiar la procesión del visitante a través de los salones y establecer la jerarquía de las perspectivas. Innumerables y sutiles juegos de simetrías, reflejos y continuidades hacen del conjunto una obra de singular jerarquía arquitectónica donde la arquitectura con mayúscula y el gran juego del clasicismo están basados en el dominio de la geometría y de la luz.

Washington en Buenos Aires

Cinco años más tarde, poco antes del famoso crash financiero de 1929 y de la revolución de septiembre de 1930, la propiedad cambiaría definitivamente de dueño iniciándose también otra etapa para la residencia.

Poco después de la visita a Buenos Aires del presidente electo Herbert Hoover, el embajador norteamericano Robert Woods Bliss logró vencer las resistencias de Ernesto Bosch y su mujer, y adquirió el edificio siguiendo la estrategia definida por el Departamento de Estado, que buscaba potenciar la presencia norteamericana en el exterior a través de enclaves diplomáticos que reflejaran su espíritu y su imagen.

Ninguna otra residencia porteña recreaba mejor un rincón de Washington que el neoclásico Palacio Bosch. En siete décadas, el edificio fue importante testigo de encuentros, desavenencias o coincidencias, fue, en suma, un importante escenario de la historia diplomática entre los dos países. Albergó a varios presidentes norteamericanos, como Franklin Delano Roosevelt, en 1936, Dwight Eisenhower, en 1960, o George Bush, en 1994, en visita oficial a la Argentina. Allí vivieron varios embajadores de nota, como el sutil Norman Armour, durante los cruciales tiempos de guerra; el controvertido Spruille Braden, durante el ascenso de Perón al poder, y el perspicaz James Bruce, quien publicara esclarecidas páginas sobre la Argentina.

Los arquitectos Lanús y Hary, sus constructores, fueron fundadores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y tomaron al Palacio Bosch como ejemplo para ilustrar sus recordadas clases teóricas que tenían como lema la siguiente frase: “Necesita el país tener muy buenas casas, antes que tener grandes monumentos”.

Fuente: Fabio Grementieri

http://detallesdebuenosaires.blogspot.com.ar/

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Escudo del Fuerte de la Ciudad de Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

La conctrucción del fuerte de la ciudad de Buenos Aires se inició en 1595 y después de varias refacciones se finalizó recién a comienzos del siglo XVIII, siendo demolido en 1882 Se encontraba emplazado sobre la barranca del Río de la Plata, que en ese entonces llegaba a menos de cien metros de la Plaza de Mayo. Ocupaba el mismo sitio que hoy ocupa la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo de la República Argentina. Llegó a tener una muralla de piedra, con un foso que lo rodeaba, un puente levadizo sobre la plaza, con baluartes en sus ángulos con cañones y edificios interiores.

El Escudo en mármol tallado del fuerte, exhibido en el Museo del Bicentenario, es el Escudo Real de España . Perteneció al antiguo Fuerte de Buenos Aires en cuyo portal de entrada se encontraba emplazado desde la época de su construcción hasta la declaración de la independencia en 1816.

Presenta los blasones de Castilla León y Granada, así como el de la Casa Real de Borbón. Exhibe la Corona Real y la Orden del Tolsoi de oro (orden de caballería fundada en 1429 por el duque de Borgoña y conde de Flandes, Felipe III de Borgoña).

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Ladrillos del Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires (1725)

Por Carlos Szwarcer


La primera construcción del Cabildo de Buenos Aires finalizó hacia 1610, aunque se le realizaron a lo largo del tiempo varias remodelaciones.

Aquí observamos ladrillos pertenecientes al Cabildo de la Ciudad (año 1725)

Ladrillos del Cabildo de la Ciudad de Buenos Aires. (1725)

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Biblioteca Esteban Echeverría

Por Carlos Szwarcer

Biblioteca Esteban Echeverría

Abierta para la consulta de los vecinos, investigadores y estudiantes, esta Biblioteca atesora más de 36.000 ejemplares. Su orientación es jurídico-legislativa, aunque también posee una importante bibliografía sobre la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Más de 2 mil ejemplares antiguos conforman el Tesoro, que se encuentra en permanente proceso de digitalización.

Archivos Especiales

Biblioteca Digital: contiene en formato PDF Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Memorias Municipales, Censos de la Ciudad, periódicos del siglo XIX, Obras de Domingo F. Sarmiento, Estadísticas Municipales, entre otros.

Archivo Documental del Peronismo, que recopila la actuación de la Secretaría de Trabajo y Previsión y de la Fundación de Ayuda Social Eva Perón, ambas con sede en este edificio.

Archivo de Tango, con más de 370 partituras y textos referidos a la música ciudadana.

Archivo Palacio Legislativo: reúne documentación acerca de la construcción del Edificio de la Legislatura Porteña, como fotografías, planos y expedientes.

Horario de atención: Lunes a Viernes de 10 a 20 hs.

Durección: PERÚ 160 Piso Principal. (Ciudad de Buenos Aires)

Teléfono:  011 4338 3170

Emai: biblioteca@legislatura.gov.ar

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Fuente: http://www.legislatura.gov.ar/biblioteca.php

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Hallan restos que serían del primer asentamiento indígena en la ciudad

Por Carlos Szwarcer


Vasijas, flechas y vestigios de viviendas fueron encontrados por investigadores argentinos y vascos en el sur de la ciudad, detrás del autódromo.

En un antiguo bañado del Riachuelo, donde confluyen el autódromo de la ciudad y el parque Ribera Sur, se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. Allí, arqueólogos urbanos comenzaron a desenterrar la historia no conocida de esta metrópoli: restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico.

En busca de restos de la primera fundación de Buenos Aires, la del adelantado Pedro de Mendoza, en 1536, expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA hallaron restos que indicarían la presencia de una población estable en esa zona del sur de la ciudad, que en aquel momento quedaba a orillas del río, que siglos más tarde fue rectificado.

“Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que hallamos negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas”, indica Agustín Azkarate Garai-Olaun, director del Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV, y muestra a unos 40 cm de profundidad las marcas que habrían dejado esos sostenes.


Restos de animales y vasijas decoradas fueron hallados a unos 40 cm en un antiguo bañado del Riachuelo.

El arqueólogo e investigador argentino Ulises Camino también forma parte del equipo. Incluso, a partir de su tesis doctoral sobre el barrio de Flores se eligieron los lugares de excavación. “Encontramos restos de lo que serían vasijas, cerámicas decoradas y restos líticos que habrían sido utilizados como armas. Estas piedras eran de la zona de Tandilia y requerían un gran esfuerzo de traslado. Claramente, es posible pensar que estas armas se fabricaban antes de la introducción del hierro”, señala.

Las primeras excavaciones de este proyecto finalizaron el viernes pasado. Es necesario ahora que todos los restos encontrados sean analizados para determinar en qué momento de la historia fueron utilizados.

Iban Sánchez, de la UPV, explica que podría tratarse de una población querandí. Así los habían llamado los españoles, según la única crónica que existe del viaje de Pedro de Mendoza, escrita por Ulrico Schmidl, un alemán que formó parte de aquella expedición. “Así es como ellos llamaron a uno de los grupos que observaron en su travesía. Querandí significa «los que comían grasa». Lo que no sabemos es cómo se llamaban a sí mismos”, asegura.

El proyecto vasco-argentino, del que también forma parte Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU), comenzó a gestarse en 2014. A partir del trabajo de Camino se buscó entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

“El desarrollo de las primeras investigaciones relacionadas con la arqueología fue llevado adelante por parte de aficionados y sociedades de eruditos. En este contexto temprano de la disciplina, Rusconi anunció un descubrimiento en 1926 de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital”, explica uno de los afiches del proyecto Búsqueda del Sitio de la Fundación de la Primera Buenos Aires.

Animales chicos

“Sobre la base de esos dos puntos, comenzaron las excavaciones explica Camino-, y a lo largo de 2014 se acotaron a estos dos lugares. Ahora tenemos que precisar a qué pertenecen los restos. Estos huesos, por ejemplo, podrían ser de animales chicos: un guanaco o un ciervo de los pantanos; mientras que los más pequeños podrían ser de nutrias o vizcachas.”

Cabe recordar que el hallazgo arqueológico más antiguo en el área metropolitana data del siglo XVII, en San Telmo (ver aparte). “No hay restos con mayor antigüedad que los que se hallaron bajo la plaza San Martín. Creemos que estos que hemos encontrado podrían ser cronológicamente anteriores, aunque hay que aguardar los estudios”, agrega Camino.

“Estamos muy entusiasmados porque además es una deuda pendiente que hay con los primeros habitantes de estas tierras. Había población antes de que llegaran los españoles. Es una gran oportunidad para que la ciudad de Buenos Aires salde esa deuda a nivel simbólico, una historia que ha sido invisibilizada. Y la metrópoli se habría iniciado aquí, en el Sur”, apunta Azkarate Garai-Olaun.

Según los expertos, podría demandar un año determinar fehacientemente el origen de los restos encontrados. Durante ese período, también se planificará el futuro de la excavación, que probablemente tenga una superficie mayor. “Uno de los grandes objetivos de la arqueología en la actualidad es que, además, se socialice. Estamos en un parque público al que asiste mucha gente, especialmente niños. La idea es que puedan ver trabajando a los profesionales y que haya una explicación de los orígenes de la ciudad en la que viven”, indica el experto vasco que dirige el proyecto.

Los investigadores se permiten soñar hasta con un centro de interpretación en este reducto del sur de la ciudad, en donde los porteños puedan empezar a conocer sus orígenes.

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Fuente: Laura Rocha. LA NACION. MIÉRCOLES 10 DE FEBRERO DE 2016

Foto:LA NACION/Soledad Aznarez

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Hasta después de muerta. A 100 años de su estreno

Por Carlos Szwarcer

El Museo del Cine presenta un clásico del período mudo del cine argentino “Hasta después de muerta”, protagonizada por el inolvidable Florencio Parravicini, con motivo de la celebrando del año del centenario de su estreno (13 de Agosto de 1916).

Sábados y domingos de febrero a las 16 y 18h. Entrada libre y gratuita.

Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken

Dirección: Caffarena 49. Ciudad de Buenos Aires

Actividad Gratuita



La película fue rescata gracias a la labor de colaboración entre el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y como resultado del largo trabajo que vienen realizando desde hace años los especialistas argentinos en preservación cinematográfica. El resultado fue editado bajo el pack “Mosaico Criollo”, para dicho trabajo se realizó un esfuerzo mancomunado entre el Museo del Cine, el Archivo General de La Nación, la Fundación Cinemateca Argentina, Aprocinaín, con el apoyo de Cinecolor argentina, dynamopost y la Universidad del Cine que rescató diversas películas del período mudo argentino, entre ellas, “Hasta después de muerta”.

La película se estrenó el 13 de Agosto de 1916 en el cine Callao, el Museo del Cine resguardó su existencia hasta el presente.

Dirección: Eduardo Martínez de la Pera, Ernesto Gunche y Florencio Parravicini

Con: Florencio Parravicini, Orfilia Rico, Silvia Parodi, María Fernanda Ladrón de Guevara, Enrique Serrano

El recuerdo de una muerta se impone desde el título y el film consiste en un prolongado flashback. Se inicia en la Chacarita, con una panorámica que recorre las tumbas y se detiene en la de Elvira Meró. Frente a ella, un niño y su padre reviven su historia. Huérfana y sin dinero, Elvira (Silvia Parodi) se emplea como cajera en un comercio, donde es acosada por el gerente (Enrique Serrano). En la pensión de doña Abundia de Palomeque (Orfilia Rico) encuentra amparo. Sus pensionistas Sofanor Garramuño y Luis Rodríguez (Parravicini, y Argentino Gómez, muy excedidos en años), son estudiantes crónicos de medicina,quienes pronto simpatizan con Elvira. Entre Luis y la chica surge una relación. (Andrés Insaurralde)

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Fuente: http://agendacultural.buenosaires.gob.ar

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Historia del edificio Kavanagh. A 80 años de su inauguración.

Por Carlos Szwarcer

A comienzos de la década de 1930 Corina Kavanagh era una joven estanciera de origen irlandés, excéntrica e interesada en todo lo que fuera vanguardia, al punto que hacia 1933 tuvo la idea de vender dos de sus estancias para construir un edificio de rentas destinado a vivienda. Hay quienes dicen que la idea fue en realidad de sus abogados, Diego Garret Kavanagh y Pablo Cárdenas. Sin embargo, lo cierto es que Corina vendió sus tierras y compró un terreno sobre la barranca que da a la Plaza San Martín, un triángulo que forman la unión de las calles Florida y San Martín. Este terreno pertenecía a Carlos Alfredo Tornquist, quien alguna vez planificara la extensión del Plaza Hotel a toda la manzana. Sin embargo, finalmente no fue así y Tornquist lo vendió a la señora Kavanagh. La zona donde se levantaría el futuro edificio era una de las más cotizadas de la ciudad e incluso había sido proyectada por la Comisión de Estética Edilicia como la “gran puerta de entrada a la ciudad”, ya que en el bajo se encontraban las Estaciones “Retiro” de los Ferrocarriles Central Argentino, Pacífico y Central Córdoba (hoy Mitre, San Martín y Belgrano).

La intención de Corina Kavanagh era que su edificio le devolviera buena parte del dinero invertido. Su idea era destinar el alquiler de sus departamentos a las jóvenes familias ricas de Buenos Aires, los únicos que habían podido sobrevivir a la crisis económica. Por eso, se preocupó de que tuviera todo lo mejor de la época en cuanto a confort y adelantos. Para el proyecto fue convocado el estudio conformado por el arquitecto uruguayo Gregorio Sánchez (1881-1941), el ingeniero Ernesto Lagos (1890-1977) y Luis María de la Torre (1890-1975).

El 24 de junio de 1933 fue subastada la demolición de las construcciones que existían en el terreno donde se levantaría el futuro edificio y a fines del mes de agosto éste quedó totalmente liberado de escombros. Finalmente, se comenzó con la estructura en enero de 1934, quedando las obras a cargo de la Empresa Constructora Rodolfo Cervini S.A. En un primer momento el Edificio Kavanagh iba a tener una altura similar a la de su vecino Plaza Hotel, pero finalmente, se decidió construir un rascacielos, que fuera el edificio más alto de Buenos Aires. No fue difícil conseguir el permiso de la Municipalidad para aumentar la altura original, ya que el rascacielos remarcaría la idea de “puerta de la ciudad” que se pretendía para su entorno. Como compensación se pidió que se abriera una calle transversal semipública de 10 metros de ancho entre el Plaza Hotel y el futuro edificio. La noticia fue recibida con asombro y júbilo por la opinión pública porteña.

En La Nación del 3 de febrero de 1934 se publicó que “Buenos Aires quiere librarse de la chatura que le oprime y que sus urbanistas y críticos le enrostran con frecuencia y tiende a elevarse por sobre el ordenado amontonamiento.”

Según la leyenda, Corina Kavanagh, enemistada con la Iglesia Católica, decidió construir el rascacielos para taparle la visión de la Iglesia del Santísimo Sacramento (sobre la calle San Martín) a su amiga Mercedes Castellanos de Anchorena, quién donara el dinero para la construcción de la misma y por ese entonces viviera en la mansión que hoy es el Ministerio de Relaciones Exteriores. No obstante, parecería ser que esta historia es solo un mito, ya que hay quienes dicen que Corina nunca estuvo peleada con la Iglesia. Además, Mercedes de Anchorena murió hacia 1920, mucho tiempo antes de la construcción del edificio.

El hormigonado del “Edificio Kavanagh” se terminó el 28 de octubre de 1934. En ese entonces, se convirtió en la estructura de hormigón armado más alta del mundo, superando al Prédio Martinelli de San Pablo. La construcción fue celebrada por todos los porteños, al punto que aprovechando el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Buenos Aires en octubre de aquel año, fue instalada una cruz gigante sobre la fachada, en la parte más alta del edificio. La obra duró tan solo 20 meses ya que finalizó el 30 de septiembre de 1935, costando un total de $3.617.496. El edificio fue finalmente inaugurado oficialmente el 15 de enero de 1936. Con unos 110 metros de altura hasta la azotea y 120,35 hasta la cima del mástil, se convirtió en el edificio más alto de Argentina y de Latinoamérica. Sus 30 pisos también fueron un récord para la historia de la construcción del país, ya que era la primera vez que un edificio llegaba a esa cantidad de niveles altos. Su altura superó al Palacio Barolo, al Edificio SAFICO e incluso a los 106 metros de las torres de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, terminada en 1930.

El Kavanagh debió limitar sus plantas al complejo perímetro triangular del terreno. Fue construido en base a cinco volúmenes yuxtapuestos. Francisco Liernur opina que desde el punto de vista estilístico repite un tratamiento difundido en Estados Unidos e incluso ya practicado por sus autores en el edificio de Córdoba y Libertad, donde se anticipa la escalonada silueta del rascacielos de la Plaza San Martín.  “Se trata de un perfecto híbrido, de una respuesta de compromiso a distintos requerimientos, resuelta con gran inteligencia compositiva. Compromiso entre programa y normas edilicias, entre contexto inmediato y significación urbana, entre enraizamiento y objetualidad, entre tipología moderna y resolución tradicional en planta, entre dinamismo y frontalidad, entre vanguardismo tecnológico y resolución artesanal.”

Los números del Kavanagh fueron sorprendentes para su época. Durante su construcción debieron prepararse 1.500 planos y planillas para una superficie edificada de 25.800 m2.  En las estructuras de hormigón fueron utilizadas 1.600 km. de barras de hierro en tanto que el total de las cañerías de agua, vapor, desagües y conductores eléctricos alcanzó los 90 km. La instalación eléctrica fue equivalente a la que se necesitaría para abastecer a una ciudad de 80.000 habitantes, a la vez que el equipo refrigerante del acondicionador de aire (único en el mundo) podía generar hielo para un conglomerado urbano de 75.000 personas. En las obras llegaron a trabajar 613 obreros diarios… para conducir el total de 23.260 tn. de materiales empleados fue necesario hacer 5.000 viajes de camión.

Al momento de su construcción el Kavanagh fue considerado como el edificio de renta más completo de Sudamérica, además de ser el primero del mundo en tener un equipo de aire acondicionado central.  Como se deseaba contar con los servicios más modernos, todos los departamentos tuvieron cocinas eléctricas… en los “offices” y “halls” de servicio fueron instalados muebles metálicos. Los placards de los dormitorios, a su vez, fueron equipados con estantes de cedro.

El esquema del edificio se compone de sótano, planta baja, 30 pisos con un total de 102 viviendas repartidas en seis alas y un mirador en la terraza, lo que sería el piso 31°. La planta baja fue dedicada a los grandes ambientes de recepción, con entrada cubierta para autos, salas de espera, de informaciones, de teléfonos, toilettes, vestíbulos y galerías. Sobre el frente de la calle Florida se ubicó la entrada principal (N° 1065) así como también varios locales para negocios, en tanto que sobre San Martín fueron instalados pequeños consultorios para profesionales con entradas directas desde la calle. En el hall central se ubicaron los 12 ascensores rápidos… El ingreso fue enmarcado por una puerta giratoria y una escalinata de mármol. Los palieres que se abren hacia las alas del edificio, a su vez, fueron diseñadas con boiserie de roble y sillones de cuero a sus lados. Hay quienes dicen que todo el mobiliario y las obras de arte eran propiedad de Corina Kavanagh.

El piso 31°, tiene una terraza mirador de 80 m2 de superficie con un observatorio astronómico…El piso más lujoso es el 14°, compuesto por un solo departamento que tiene tres terrazas y ocupa casi 700 m2.Por esa vivienda pasaron Maurice Chevalier, Charles Aznavour, Edith Piaf, Sammy Davis Jr. y Camilo Sesto, entre otros. Allí también, en el jardín, solía tomar sol Nélida Lobato. … Muchos famosos fueron residentes de edificio, y Corina Kavanagh ocupó e sexto piso hasta el día de su muerte, ocurrida en 1984.

En 1948, fue aprobada la Ley N° 13.512 de Propiedad Horizontal. Hasta ese momento los edificios destinados para vivienda no podían ser vendidos por unidades, dado que la legislación existente impedía fraccionar los inmuebles en propiedad horizontal. Esta ley tardó mucho tiempo en ser aprobada en Argentina, sobre todo si comparamos con otros países de Sudamérica, tal el caso de Brasil (1928), Chile (1937) y Uruguay (1946). Una vez aprobada, los edificios en Argentina presentaron sectores de propiedad exclusiva (departamentos) y áreas de propiedad común (accesos, servicios, etc.). Corina Kavanagh perdió gran parte de su fortuna a causa de la Ley de Propiedad Horizontal, ya que debió vender todos sus departamentos. Sólo mantuvo para sí dos del ala C, en el 6° y 7° piso.

Durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955) el Kavanagh fue atacado por ser considerado como un baluarte de la aristocracia. Hay quienes dicen que Evita quiso comprarlo o en peor situación para los propietarios, expropiarlo, para destinarlo a los trabajadores. Algunos vecinos cuentan que cuando la quema de las iglesias en 1955, hubo algunos fanáticos que quisieron incendiar el edificio, cosa que no llegó a concretarse porque allí vivía el Secretario de Comercio de Perón.

El Edificio Kavanagh completó la tetralogía de los rascacielos modernistas en Buenos Aires, junto con los edificios COMEGA, SAFICO y el Ministerio de Obras Públicas. En la actualidad, es uno de los símbolos más importantes de la ciudad. Además, es un hito en la arquitectura de nuestro país. Los laureles que obtuvo son múltiples: Premio Municipal de Casa Colectiva y Fachada (1936), Mención Honorable del “American Institute of Architects” (1939), Hito de la Ingeniería Civil Internacional (1994) y Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad en la lista de la UNESCO (1999). En el caso del tercer premio mencionado, cabe destacar que lo otorga la “Asociación de Ingeniería Civil de Estados Unidos” y que solo fue entregado a 17 obras, entre ellas la Torre Eiffel y el Canal de Panamá. Finalmente, no podemos dejar de mencionar que en abril de 1999, la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos lo declaró Monumento Histórico Nacional.

No cabe ninguna duda de que el Kavanagh marcó un punto de inflexión en la historia de los rascacielos de Buenos Aires. Es que por más que ya no sea el más alto, siempre será “el” rascacielos porteño por excelencia. En este sentido, el arquitecto César Pelli, quien llama al Kavanagh “porteño entrañable”, explica que “un rascacielos va más allá [de la altura] y responde también al rol simbólico-espiritual de destacarse sobre el cielo. Reconoce que la gran altura trae aparejada la responsabilidad de darle forma a la silueta de la ciudad. No podemos imaginarnos a París sin la torre Eiffel o a Nueva York sin el Empire State. El edificio Kavanagh es un buen rascacielos. Llega al cielo en varios pasos reverentes y su tope es delicado y reconocible.

A fines de la década del 1930, el Kavanagh comenzaría a dejar de ser el edificio más alto de Latinoamérica, así como también el más alto del mundo construido en hormigón armado. Una vez más sería la ciudad brasileña de San Pablo la que tomaría la posta. Hacia 1939 el BANESPA (Banco del Estado de San Pablo) se encontraba en un momento de expansión y por lo tanto necesitaba construir una sede más grande. Así fue que en ocho años levantó una mole de 35 pisos y 161 metros de altura que superó ampliamente al Kavanagh. El Edificio del BANESPA estaba inspirado en el Empire State Building de Nueva York,


Fuente: “RASCACIELOS PORTEÑOS. 1ra ed. Buenos Aires. Gobierno  de la Ciudad de Buenos Aires, 2005.

© Copyright 2005 by Leonel Contreras

* Aquí presentamos- del libro mencionado- un resumen del Capítulo VII: “EL GIGANTE DE LA BARRANCA. -Historia y leyenda del Edificio Kavanagh-”

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Buenos Aires – París – Buenos Aires (Roberto Plate)

Por Carlos Szwarcer

El Museo Nacional de Bellas Artes, entre el 12 de enero y el 27 de marzo, realiza una exposición antológica del artista argentino Roberto Plate, en la que se presenta su obra pictórica, su labor como escenógrafo y se recrean varias de sus instalaciones históricas.

Buenos Aires – París – Buenos Aires se propone como un homenaje a la trayectoria de un artista insoslayable de nuestra historia, ligado a los vaivenes de la vida social y política del país desde los años sesenta.

La exposición permite acceder al original universo poético de Plate y apreciar la compleja articulación de todas sus líneas de trabajo, que van de la pintura a la escenografía, de la performance a la instalación, construyendo un interrogante radical a nuestra época desde diversos registros.

La muestra cuenta con la curaduría de Raúl Santana y el apoyo de la Embajada de Francia en Argentina, y reúne algunas de las obras más importantes del artista en su faceta como pintor y de su incursión en diferentes técnicas y géneros que abarcan el arte conceptual, las instalaciones, el happening y el teatro.

En el núcleo histórico de la exposición se exhiben aquellas obras emblemáticas que Plate realizara en la década del sesenta. Se trata de las instalaciones que imitan la realidad en un intento de que el público no lo advierta, como Los ascensores (1967, Museo de Arte Moderno) y Baños Públicos (1968, Instituto Di Tella), obra que, debido a los grafitis contra la dictadura militar del General Juan Carlos Onganía pintados por el público, provocó la clausura de la muestra constituyendo uno de los hitos y de las mayores censuras en la historia del arte argentino. Este hecho marcó la carrera y la vida de Plate y motivó su partida hacia París, ciudad donde aún reside.

También forma parte de la muestra una de sus obras de mayor impacto visual, la nueva versión de la instalación Reflejos, presentada originalmente en París en la década del noventa.

Asimismo, la exhibición cuenta con un video documental que recopila entrevistas, registros de muestras anteriores, instalaciones, escenografías, trabajo en el taller y cortos que dan cuenta de la gran trayectoria que Roberto Plate ha desarrollado en Europa y Argentina.

“Es un orgullo presentar esta exposición antológica de Roberto Plate en el comienzo de mi gestión como Director del Museo Nacional de Bellas Artes”, sostiene Andrés Duprat. “La muestra se propone como un homenaje a la trayectoria de un artista insoslayable de nuestra historia, que padeció censuras, exilios y exclusiones del sistema de circulación de las artes. Podemos considerar su corpus de obra como un proceso de búsqueda e indagación constante sobre el sentido de un mundo en mutación. El artista le toma el pulso a cada época, la condensa, la conjura, le mira el revés de la trama; irreverente ante la historia, vive intensamente en la más pura contemporaneidad”.

“La obra de Roberto Plate parece responder con sus aristas múltiples, a aquella reflexión aristotélica que dice: toda materia desea ser forma, pero no se puede llegar a la forma sin interpretar el deseo de la materia, que es lo que nuestro artista ha sabido encontrar en cada una de sus más variadas expresiones”, sostiene por su parte Raúl Santana en su texto curatorial.

Roberto Plate nació en 1940 en Buenos Aires. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Múnich a principios de los sesenta y vive en París desde 1970. Sus obras se han exhibido en el Instituto Di Tella, la Fundación Klemm, Fundación Proa, Galería Praxis, Galería Wussmann, Centro Cultural Recoleta, École de Beaux-Arts y Galerie Skyline de París, y sus escenografías fueron puestas en escena de algunos de los teatros líricos más importantes del mundo.

Roberto Plate. Buenos Aires - París - Buenos Aires. Antológica puede visitarse hasta el 27 de marzo, de martes a viernes de 12:30 a 20 hs., y sábados y domingos de 9:30 a 20 hs. Las visitas guiadas a la exposición se realizan a partir del 21 de enero, de jueves a domingos a las 18 hs.

Fuente:

http://www.cultura.gob.ar/agenda/muestra-antologica-de-roberto-plate/

LUGAR: MNBA - Museo Nacional de Bellas Artes.  Av. del Libertador 1473. Recoleta. Ciudad de Buenos Aires. Argentina. Tel: +54 (011) 5288-9945

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