Estampas de Buenos Aires

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Preservación del Patrimonio Cultural

Inauguración del Teatro Scala (”Maipo”) - Un 7 de mayo de 1908.

TEATRO MAIPO: Un 7 de mayo, pero de 1908, se inauguró en Buenos Aires el “Teatro Scala”, luego llamado “Esmeralda” (1915) y en 1922 teatro MAIPO . Foto del teatro (circa 1910)

(Fuente:“Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, de Carlos Szwarcer, Ed. Corregidor)

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Ben Molar: Un creador

Ben Molar (Moisés Smolarchik Brenner), nació en 1915 en Buenos Aires (Argentina) Con sus 97 años, este autor, compositor, productor musical, promotor artístico, representante, es también el creador del Día Nacional del Tango (11 de diciembre)

Carlos Szwarcer con Ben Molar

Por su iniciativa, se colocaron en 40 esquinas de la calle Corrientes placas de bronce con el nombre de reconocidas figuras del tango, como Libertad Lamarque, Mariano Mores, Enrique Cadícamo, Horacio Salgán, Tania, Tita Merello y Raúl Lavié.

Una de sus obras más importantes fue la muestra y el disco que creó y produjo: el histórico “14 con el Tango”. Allí incluyó a 42 personajes del más alto nivel de la literatura, de la música y de la pintura, entre ellos: Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Florencio Escardó, Aníbal Troilo, Juan D’Arienzo, Astor Piazzolla, Raúl Soldi, Raquel Forner y Carlos Cañás.

Es además autor de canciones populares, como “Final”, grabada por famosos cantantes; de canciones de comedias musicales, como “Paren el mundo… quiero bajar”, “Mame”, “Dos Virginias para un Pablo” y “Te casarás Gaspar”; de versiones en español de canciones de Los Beatles, Paul Anka, Elvis Presley, Bill Halley, Chubby Cheker; de “Noche de paz, noche de amor” y “Replican las campanas” y, también, autor de canciones incluidas en películas.

Fuente: http://www.me.gov.ar/efeme/diatango/molar.html

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Aniversarios barriales del mes de mayo

14 de mayo Nueva Pompeya

Historia:
Breve reseña histórica
Como es sabido, no existe consenso entre los historiadores sobre cual habría sido el sitio de la fundación de Buenos Aires, es así como algunos, basados en las notas del padre Guillermo Furlong, la ubicarían en la zona de los Hospitales Penna y Churruca, y el desembarco se habría realizado en las cercanías del actual Puente Alsina.
Destruido ese primer asentamiento, y producida la segunda fundación de Buenos Aires por don Juan de Garay, las tierras de este barrio, bajas y anegadizas, no fueron adjudicadas y quedaron en manos de la corona. Es así como estas tierras fueron pasando de mano en mano hasta que llegaron a Bartolomé Burgos, quien diera el nombre al vado que pasó a llamarse, Paso de Burgos.
Era una zona poco poblada y de quintas, sin embargo, fue adquiriendo importancia por ser uno de los pocos lugares en que era posible atravesar el Riachuelo, era una zona estratégica y una puerta de entrada para los que venían desde el sur. Por otra parte, hasta esa altura del Riachuelo era posible navegar, razón por la cual se facilitaba el contrabando, una de las formas de comercio más activas en la época del Virreynato.
A fines del siglo XIX, la zona comienza a crecer. Favorecida por la instalación de los mataderos, se desarrollaron a su alrededor saladeros, curtiembres e industrias relacionadas derivadas de la actividad de los mataderos. Más adelante, ya a finales del siglo, con la llegada de la inmigración y el crecimiento de los medios de comunicación, el barrio tomó un gran impulso y crecimiento convirtiéndose en una de las zonas más industriales y pobladas de nuestra Ciudad.

Puente Alsina
Este puente es uno de los principales símbolos del barrio y su primera construcción data del año 1855. Enrique Ochoa, un comerciante español, firma un convenio con el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Valentín Alsina, para la construcción de un puente, cercano al Paso de Burgos. Este pasaje estaba destinado al uso público bajo el pago de un peaje.
Los primeros dos puentes, construidos en 1855 y 1856, fueron destruidos por las crecientes del Riachuelo. El tercer intento estuvo a cargo del arquitecto alemán Otto von Lobbe, realizado en madera de lapacho, quebracho y urunday. Se inauguró en 1859 bajo el nombre de Valentín Alsina, en homenaje al gobernador. Este puente subsiste hasta el año 1910, luego fue reemplazado por uno de hierro. Finalmente, el 26 de noviembre de 1938 se inaugura el actual puente bajo el nombre de Puente José Félix Uriburu. Este nombre siempre fue resistido por el pueblo que lo seguía llamando Puente Alsina hasta que en el año 2002 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires restituye su original nombre.

Barrio de tango
Así lo bautizó el poeta Homero Manzi, y el nombre se ajusta perfectamente al perfil del barrio. El tango, nacido en el suburbio orillero, tiene en Pompeya uno de los primeros lugares de crecimiento y expansión. En sus boliches, bares, lugares de entretenimiento, comienzan a sonar los primeros compases de la música que con el tiempo se transformaría en el símbolo por excelencia de la Ciudad de Buenos Aires.
Joulie, Pedro. “Nueva Pompeya. Apuntes sobre su historia”. Buenos Aires, Foro de la Memoria de Pompeya, 2008.

14 de mayo Monte Castro
Historia:
A mediados de 1703 don Pedro Fernández de Castro se constituyó en el nuevo propietario de estas tierras. Fernández de Castro falleció muy poco después, el 18 de julio del mismo año, heredándolo su hija Ana. El lugar comenzó a ser identificado como Chacra de Castro o Montes de Castro, debido este último nombre a la fisonomía arbolada de la chacra. Allí se alojará en 1806 el Virrey Sobremonte, en camino hacia Córdoba al producirse las invasiones inglesas. En 1810 Francisco Ortiz de Ocampo y Antonio González Balcarce impartieron instrucción al primer ejército patrio que en junio sale en campaña hacia el interior del país. La chacra por entonces era propiedad de don Juan Pedro Córdova, pero el lugar quedó identificado ya para siempre con el nombre de sus antiguos dueños.
Fuente: CEDOM

15 de mayo Pque Chacabuco

Historia:
Vecino de Caballito y nacido en lo que fuera el antiguo partido de San José de Flores, este barrio se originó alrededor de la vieja Fábrica Nacional de Pólvora o “polvorín de Flores”, que se encontraba ubicado en la parte sud del actual parque. Merece recordarse la gigantesca explosión que destruyó la fábrica casi totalmente, el 26 de enero de 1898. En 1902 la Municipalidad gestionó ante el gobierno nacional la cesión de esos terrenos, originándose de esa forma el actual Parque Chacabuco, rodeado por entonces de numerosos baldíos y quintas. Con el pasar del tiempo, éstos se irían poblando hasta conformar el barrio que hoy conocemos.

Fuente: CEDOM
Fuente: http://www.buenosaires.gov.ar/areas/barrios/buscador/?menu_id=18092
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Muestra “El dibujo como patrimonio”

La muestra “El dibujo como patrimonio” se inauguró el miércoles 17 de abril en el Espacio Virrey Liniers, Venezuela 469. Entre los expositores se encuentran nombres emblamáticos como Landrú, Fontanarrosa y Sábat, así como también seis arquitectos: Cavilla, Mallo, Rasdolsky, Longinotti, D´Arienzo, Spinetto y Amengual. La exposición se extenderá hasta el 16 de junio y podrá visitarse de martes a domingo, de 14 a 19 hs.

Horacio Spinetto y Carlos Szwarcer

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Agradecimiento a David Galante

El video histórico testimonial “Del Holocausto a Buenos Aires… Un lugar en el mundo”, entrevista que le  realicé a David Galante, sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz, fue originalmente presentado en la Jornada “Buenos Aires Sefaradí” (agosto de 2008), en el ámbito de “La Manzana de las Luces”, y es frecuentemente utilizado como  herramienta educativa, por ejemplo, en el Museo del Holocausto de la ciudad de Buenos Aires.

Tapa del video "Del Holocausto a Buenos Aires...Un lugar en el mundo"

Con ese documental comenzó el Proyecto de Historia Oral del Colegio Babar (2009). El video original -junto a la síntesis del proyecto iniciado en la Institución educativa -  fue seleccionado para ser entregado como material didáctico para los docentes que concurrieron al Seminario “Formador de Formadores 2009. Herramientas para la transmisión del Holocausto”, en Córdoba, Argentina. La actividad fue organizada en forma conjunta por el Museo del Holocausto de Buenos Aires, la Task Force for International Cooperation on Holocaust Education Remembrance and Research (ITF), el Museo del Holocausto de Washington (USHMM) y de Yad Vashem (Museo del Holocausto de Jerusalem)

Un inmenso agradecimiento al Sr. David Galante, por su testimonio para “Del Holocausto a Buenos Aires… Un lugar en el mundo”, y por su presencia en el Colegio Babar, participando con un “nuevo testimonio” basado en las preguntas de los alumnos. El resultado fue motivador y enriquecedor para toda la comunidad educativa. La búsqueda de temáticas relacionadas con los valores universales surgieron, inevitablemente, y fueron variadas y originales las nuevas líneas de investigación.

El material aludido lo difundimos con la Representante legal del Colegio Babar, Dominique Seguin, en Bariloche, en la Universidad Fasta (octubre de 2009). El encuentro, denominado “El Holocausto: La Historia Oral como herramienta educativa”, destinado, especialmente, a los docentes, fue abierto a toda la sociedad y contó, además, con la participaron de los alumnos de la Cátedra de Derecho Internacional de la Universidad anfitriona.

Todo lo mencionado fue posible gracias al testimonio de David Galante, a quien admiro, profundamente, por ser un verdadero ejemplo de vida y quien me honra con su amistad.

Felicitaciones David por el merecido reconocimiento que le realizó recientemente la Legislatura porteña como “Peronalidad Destacada de los Derechos Humanos”.

Carlos Szwarcer

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David Galante Personalidad Destacada de los Derechos Humanos

Tras aprobar un proyecto de ley presentado por el legislador Daniel Lipovetzky, la Legislatura porteña declararó a David Galante Personalidad Destacada de los Derechos Humanos, en reconocimiento a su invalorable aporte a la memoria de la Shoá. El evento se llevó a cabo ayer, miércoles 17, a las 18 hs, en el Salón San Martín de la Legislatura porteña.

David Galante “Personalidad Destacada de los Derechos Humanos”: Mesa de presentación en el Salón San Martín de la Legislatura porteña.

Izq a der: Marcelo Benveniste, David Galante y Carlos Szwarcer, en el acto de reconocimiento

realizado en la Legislatura.

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“Los productores. Historias de empresarios teatrales argentinos de todos los tiempos”.

La Asociación de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET) realizó el martes 9 de abril, en el recuperado Teatro Picadero, la presentación oficial del libro que acaba de publicar bajo el título “Los productores. Historias de empresarios teatrales argentinos de todos los tiempos”.

En la presentación y conferencia de prensa estuvieron presentes autoridades, socios de AADET y periodistas de varios medios. Tomaron la palabra el presidente de la Asociación, Carlos Rottemberg y los autores de la obra: Gabriela Kogan, Carlos Ulanovsky, Marcela López y Susana Pelayes.

El libro - que demandó cuatro años desde que comenzó el proyecto - recorre la historia del teatro y la música en Argentina a través de la mirada de los productores que hacieron y hacen posible los sueños de los talentosos artistas que reúne nuestro país.

“Casi cien años pasaron desde el impulso inicial que reunió en 1917 a los productores artísticos de la escena privada porteña, hasta hoy. En aquel entonces los congregó la profesionalización del campo teatral, que requería compartir saberes y plantarse como sector ante los desafíos de la actividad. Hoy nos nuclea la necesidad de ser un colectivo actualizado y con repuestas a los fuertes cambios culturales y tecnológicos que impactan en nuestra tarea que es “hacer teatro”…. Y quizá sea ese capital disperso de experiencias y oficio, de imágenes, nombres, recuerdos e historia, la motivación central de este libro que los recoge para asegurar su transmisión.

Aquellos empresarios teatrales de principios del siglo xx y nosotros, los del xxi, tenemos en común el haber aportado al desarrollo de una actividad que identifica a Buenos Aires y se expandió por el país. Nos imaginamos el libro como un puente para acercarnos al público o, mejor, a lo s públicos, que disfrutan de ese acto único e irrepetible que es el espectáculo, y compartir con ellos, literalmente, el detrás de la escena, el trabajo que no se ve pero que posibilita su magia.

AADET…revalida con este libro su compromiso con el quehacer. Por más teatro, más música, más trabajo, más cultura. ¡Arriba el telón!”

Carlos Rottemberg

Presidente de AADET


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Preservación del Patrimonio Cultural, Teatro

“El Café Tortoni y el Bar Izmir. Un vínculo sefaradí” (reseña)

Por Carlos Szwarcer

He tenido el placer de ser convocado para participar en el Ciclo Raíces de Sefarad, organizado por eSefarad (Liliana y Marcelo Benveniste) y la Comunidad NCI-Emanu El. El tema elegido fue “El Café Tortoni y el Bar Izmir. Un vínculo sefaradí”. El evento fue auspiciado por La Comisión de Bares Notables de la Ciudad de Buenos Aires y se presentó el martes 30 de octubre de 2012 en Arcos 2319. Buenos Aires.

Publicado en "El Amaneser". Estambul.(Turquía) Diciembre de 2012

Se desarrolló el nexo sefaradí en la historia de dos cafés: el Tortoni, el más antiguo-en pie- de Buenos Aires y el Izmir, lugar legendario de encuentro de habitués mayoritariamente sefaradíes, y de otras etnias (armenios, griegos, árabes, etc.) con las que convivieron dentro del antiguo Imperio Otomano. Aquella atmósfera fue recreada en el Café y Bar Izmir, donde se revivían aspectos culturales comunes: costumbres, idioma (turco), música, danza, gastronomía, entre otros.

En los cafés Tortoni e Izmir,  tan distintos en sus estilos pero,  a la vez, tan porteños, encontramos la historia de  dos hermanos sefaradíes oriundos de la ciudad de Izmir  (Turquía), Alejandro Alboger y Yaco Alboher. El primero, arribado a Buenos Aires en 1920, comenzó a trabajar de lustrabotas en el Café Tortoni. Escaló posiciones,  fue mozo y, finalmente,  metre (1920 a 1939). Por distintas  vicisitudes se hizo cargo del Café Izmir (1939-1965), ubicado en el Barrio de Villa Crespo, donde se concentraba gran parte de la inmigración judía.

Alejandro  ayudó económicamente a su familia para que partiera de Turquía  hacia Buenos Aires, y recomendó a su hermano menor para  trabajar en el Café Tortoni. Yaco ingresó al famoso café de Avda. de Mayo  en 1931.

Los dos hermanos izmirlíes  siguieron por muy distintos caminos. En tanto Yaco se quedó en el Tortoni, finalizando sus días como mozo y accionista del famoso e histórico café,  Alejandro se mantuvo  25 años como dueño del legendario y exótico Izmir, recinto mágico, ubicado en la calle Gurruchaga 432, al que le dio su impronta y estilo.

Hoy, el Tortoni sigue gallardo como uno de los lugares turísticos más importantes de Buenos aires. Lamentablemente, el Café Izmir ya no existe. No Obstante,  este Olimpo rectangular, fue reconocido como Café Notable de la ciudad de Buenos Aires (a fines del siglo pasado). Baluarte y punto de reunión sefaradí, por ser ámbito de relación de varias etnias, fue denominado “Ejemplo de Diversidad Cultural y de Convivencia Pacífica,  “….parte de la Esencia de Buenos Aires”, “emblema porteño” o “secretaría informal de la comunidad”, seguramente porque allí  se buscaban a los hombres que completaban  el miniam o quorum mínimo para comenzar los rituales en el Templo Sefaradí que se encontraba a la vuelta, sobre la calle Camargo.

El tiempo pasó inexorablemente. Al fallecer Alejandro Alboger (1965), el Café Izmir cambió de estilo y las transformaciones económicas y sociales lo convirtieron en un bar convencional. Pero el lugar pervive  en la memoria colectiva de la ciudad, como un sitio emblemático para la colectividad sefaradí y  como hito histórico de la Buenos Aires cosmopolita. Finalmente, el viejo café de “los turcos” cerró sus puertas en el año 2000 y fue demolido en abril de 2004 para dejar lugar a la construcción de un edificio de propiedad horizontal.

¿ Podría habérselo salvado, resguardado ? Es difícil saberlo. Muy pocos lo intentaron. Pero conviene reflexionar sobre esta cuestión que concierne a cada  ciudadano: defender los hitos históricos que son parte de la conciencia colectiva de una sociedad,  aquellos que nos dan  parte de nuestra identidad. Recuerdo las palabras de Fréderic  Mistral: Los árboles que crecen más altos son los de raíces más profundas”.

En todo caso, la pérdida del Café Izmir, este símbolo de la cultura porteña, como  otros, nos muestra la necesidad de una legislación acorde a la defensa de estos espacios.  Encontramos, a veces, una lamentable apatía instalada en buena parte de la ciudadanía que observa con los brazos cruzados la destrucción de sus sitios emblemáticos.

La mayor de las obligaciones para la preservación de estos sitios recaen en nuestras instituciones, en nuestros representantes: gobierno nacional, municipalidades, y  en las colectividades… Todos debemos ocuparnos en debatir el futuro que deseamos a partir del pasado que nos sustenta. Es poco lo que se salva, pese a la voluntad de pocos funcionarios que intentan estar a la altura de la responsabilidad que les confiere su cargo, a veces limitados por una burocracia elefantiásica o por la falta de fondos económicos. Debemos, todos, ser custodios de la memoria que nos identifica con una manera de ser…

En cierto modo, es el aporte del bagaje cultural familiar, a la idiosincrasia de nuestra aldea, de nuestra ciudad, de nuestro país, lo que nos hace quienes somos; recordar de donde venimos y conservar aquello que recibimos de nuestros mayores, las tradiciones, las costumbres, los lugares que nos identifican, es un mandato que tiene que estar presente en este complejo proceso en el que globalización e identidad son dos caras de una misma moneda. Con la desaparición de edificios representativos como el Café Izmir - que caracterizaba la diversidad cultural, la convivencia pacífica y la identidad de Buenos Aires -, no cabe duda de que toda la sociedad ha sido vulnerada, sufriendo una mutilación de su memoria física y corriendo el peligro de que se desvanezca una parte de su historia.

* Reseña publicada en el Periódico “El Amaneser”. (Estambul. Turquía). Sección: Recuerdos. Pág.24. El texto aquí presentado fue publicado en “ladino”.

Versión en ladino: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2013/03/02/el-kafe-tortoni-i-el-bar-izmir-un-vinkulo-sefaradi-en-ladino/

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El Kafé Tortoni i el Bar Izmir. Un vínkulo sefaradí (en ladino)

Por Carlos Szwarcer

La versión en español: en http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2013/03/02/%E2%80%9Cel-cafe-tortoni-y-el-bar-izmir-un-vinculo-sefaradi%E2%80%9D-resena/

Me plazió muncho ke me invitaran al partisipar en el Sieklo “Raíces de Sefarad” organisado por eSefarad (Liliana y Marcelo Benveniste) i la Komunita NCI-Emanu El. El sujeto eskojido fue “El Kafé Tortoni i el Bar Izmir. Un vínkulo sefaradí”. La konferensia fue apoyada por la Komision de Bares Emportantes  de la Sivdad de Buenos Aires i se empresentó el martes 30 de oktuvre de 2012 en la kaye Arcos 2319. Buenos Aires.

"El Amaneser". Estambul.(Turquía) Diciembre de 2012

Se dezvelopó la union sefaradí en la istoria de los dos kafés: el Tortoni, el mas antiko –todavia en pies- de Buenos Aires i el Izmir, lugar tradisional de enkontro abitual de la más parte sefaradíes i de otras rasas komo ermenís, gregos, arabos i más… kon las ke konvivieron adientro del antiko Imperio Otomano. Akel ambiente fue re-kriado en el Kafé i Bar Izmir, ande se arevivian uzos kulturales komunes: kostumbres, lingua (turko), muzika, bayle, kumidas i mas.

En los kafes Tortoni i Izmir, tan distintos en sus kualidad ma, al mizmo tiempo, tan “porteños” (en kasteyano “del puerto”), enkontramos la istoria de dos ermanos sefaradíes nasidos en la sivdad de Izmir (Turkia): Alejandro Alboger y Yaco Alboher. El uno arivado a Buenos Aires en 1920, ampesó a lavorar de alimpiador de kundúryas (sapatos) en el Kafé Tortoni. I fue suviendo de lavoro, fue moso sirviendo las mezas i a la fin, direktor de los servidores del salón (1920 a 1939). Por algunos suksesos se enkargó del Kafé Izmir (1939-1965), ke estava en el kuartier “Villa Crespo”, ande moraban la más parte de la imigrasion djudia.

Alejandro ayudó ekonomikamente a su famiya para ke fuyera de Turkia a Buenos Aires, i avló para ke su ermano chiko fuera a lavorar en el Kafé Tortoni. Entonses Yako entró al afamado kafé de la Avenida de Mayo en el anyo de 1931.

Los dos ermanos izmirlíes sigieron por muy distintos kaminos. Mientras Yako se kedó en el Tortoni, eskapando sus diyas komo moso i asosiado del afamado i istóriko kafé, Alejandro se kedó komo patron del tradisional i eksótiko Izmir, lugar enkantado, fraguado en la kaye Gurruchaga 432, a la ke dio su sinyo i estilo.

Oy en diya, el Tortoni, todavia sige elegante, komo uno de los lugares turistikos mas emportantes de Buenos Aires. Malorozamente, el Kafé Izmir ya no eksiste. Igual, este Ganeden, fue rekonosido komo “Kafé Emportante de la sivdad de Buenos Aires” (a la fin del sieklo pasado). Palasio i lugar de enkontro sefaradí, porke era ambiente de relasion entre distintas rasas, fue nominado “Eksemplo de Diversidad Kultural i Konvivensia Pasifika” “… parte de la alma de Buenos Aires” “emblema porteño” o “ofisina informal de la komunitá”, siguro porke ahi bushkavan a los ombres para adjustar el minyan, kantida minima de ombres, para poder azer los resos en el Templo Sefaradí ke estava al torno, en la kaye Camargo.

El tiempo pazó inevitablemente. Al murir Alejandro Alboger (1965), el Kafé Izmir trokó de estilo i mizmo trokaron las ekonomias i las relasiones sosiales ke lo konvirtieron en un bar komo otros. Ma el lugar sovrevive en la memoria kolektiva de la sivdad, komo un lugar muy emportante para la komunitá sefaradí i komo un fakto istoriko de la Buenos Aires kosmopolita. A la fin, el viejo kafé “de los turkanos” serró sus puertas en el anyo 2000 i fue derokado en avril de 2004 para dejar lugar  a la fragua de un edifisio de apartamentos.

¿Se puedía ser salvado, protejido? Es difisil de saver. Muy pokos lo intentaron. Ma kale ke pensemos sovre esta kestion ke konserne a kada sivdadano: protejer los lugares istorikos ke son parte de la konsiensia kolektiva de una sosiedad, akeyos ke mos dan la mas parte de muestra identidad. Rekodro los biervos de Fréderic Mistral: Los arvolés ke kresen más altos son los de raíses más profundas”.

En todo kavzo, la piedrita del Kafe Izmir, este simbolo de la kultura “porteña”, komo otros, mos amostra el menester ke ay de una ley de akodro a la proteksion de estos lugares. Enkontramos, en vezes, un triste abandono instalado en la gran parte de las djentes ke miran kon los brasos kruzados el derokamiento de sus lugares emportantes.

La mas parte de las ovligasiones para la konservasion de estos lugares estan en muestras Institusiones, en muestros representantes: el governo nasional, los intendentes i las propias kolektividades… Kale ke todos devemos de okuparnos en diskutir el futuro ke keremos a partir del pasado ke mos sostiene. Poko es lo ke se salva, a pezar de la veluntad de pokos funsionarios ke intentan estar al karar de la responsabilidad ke les da su posto, en vezes limitados por una muy grande burokrasia o por ke les mankan las parás. Kale ke todos devemos ser guardianes de la memoria ke mos identifika kon un modo de ser…

En sierto modo, es la karga kultural famiyar, a la naturalesa de muestro pueblo, de muestra sivdad, de muestro pais, lo ke mos aze kienes somos; rekodrar de ande vinimos i mantener lo ke aresivimos de muestros parientes, las tradisiones, las kostumbres, los lugares ke mos identifikan, es un mandato ke tiene ke estar prezente en este komplekso paso en el ke “globalisazion i identidad son dos karas de una mizma moneda.” Kon la desparision  de edifisios representativos komo el Kafé Izmir – ke reprezentava la diversidad kultural, la konvivensia pasifika i la identidad de Buenos Aires - , no keda duda ke toda la sosiedad fue lastimada, sufriendo la matansa de su memoria fisika i kon el peligro de ke se despareka una parte de su istoria.

* Fuente: El Amaneser”. (Estambul. Turquía). Rekuerdos. Pág. 24.

- Autor: Carlos Szwarcer

- Trezladado del espanyol al ladino por Liliana Benveniste

- Versión en español:

http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2013/03/02/%E2%80%9Cel-cafe-tortoni-y-el-bar-izmir-un-vinculo-sefaradi%E2%80%9D-resena/

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El tango montevideano

Por Alejandro Michelena

Fue un 2 de diciembre de 1866, en un modesto rancho del barrio de Goes. Así se planteaba en un folleto editado hace muchas décadas por Ovidio Cano, colaborador del desaparecido diario El Día,  rescatado por los historiadores Washington Reyes Abadie y Anibal Barrios Pintos en su libro dedicado a esa antigua zona montevideana (en serie publicada por la Intendencia Municipal).

“Tal afirmación –consigna Cano en ese texto– pertenecía a Leonardo Durante, un argentino que vivió muchos años en la calle Libres 1620 casi General Flores, en el corazón de Goes”. Y agrega: “fue en un rancho situado en el número 1477 de la calle Isidoro de María, frente a la plaza llamada en ese tiempo De las Carretas”.

Siempre según Ovidio Cano: “Leonardo Durante afirmaba que desde la noche del 2 de diciembre de 1866, se bailó en ese rancho una deformación de la clásica habanera con parejas abrazadas”. Y luego comenta que la gente se acostumbró a decir: Vamos a bailar tango al rancho de la plaza.

El mito y sus raíces

Si bien son muchísimos los testimonios sobre los primeros pasos del tango, tanto en Buenos Aires como en Montevideo, la originalidad del que rescató Cano y recordaron Barrios Pintos y Reyes Abadie, radica en la fecha y lugar precisos.

Más allá de este dato y de la anécdota puntual –el surgimiento de estilos musicales no suele tener nunca una génesis tan acotada– musicólogos, antropólogos culturales, “tangólogos” en serio, han coincidido en las últimas décadas en filiar el origen del ritmo del dos por cuatro, de manera igualitaria a los arrabales de ambas márgenes urbanas del río marrón. Concretamente: a los prostíbulos y boliches orilleros, donde se mezclaban el paisano recién llegado del interior con el tano y el gallego que habían arribado al puerto poco antes, abrazándose a polacas, francesas y rusas que ejercían en el suburbio de las ciudades platenses el oficio más viejo del mundo.

Investigaciones significativas de los años recientes estiman que si bien el tango se propagó de manera inusitada en Buenos Aires, fue en Montevideo donde tiene su lejana génesis, fecundado por el sensual tan-gó de los afro-uruguayos. Y hoy por hoy las raíces africanas del tango no son negadas por ningún estudioso serio del tema. Y tampoco que en esa influencia fuera decisiva la música de los negros montevideanos que por 1830 iban a bailar tan-gó extramuros, por detrás del Cubo del Sur. Si no fuera por la negritud que lo vitaliza, al tango le faltaría el ingrediente rítmico, el magnetismo que lo torna mágico y vibrante, y le sobraría demasiada melancolía.

Un ritmo de dos orillas

Cuando se escribe o habla del tango por el ancho mundo, se lo asocia casi siempre en exclusividad a Buenos Aires. Esto es explicable, en la medida que en la grande y compleja urbe porteña de los años veinte –que tan bien recrearan literariamente Roberto Arlt y Leopoldo Marechal– democratizada por el irigoyenismo, el nuevo ritmo encontraría su escenario más fecundo en los cabaret y los cafés con palco, y su cantor por excelencia en Carlos Gardel. Por su parte, su mítico imaginario cosmopolita amalgamaba la Pebeta de mi barrio con las Ivonne, René y Grisetta de un brumoso quartier parisién; de Montmartre a Corrientes angosta, del Barrio Latino a la Curva de Rocha. El lenguaje, los personajes, la dramaturgia del tango, no serían lo que son de no haberse decantado en esa proteica ciudad del estuario del Plata.

Pero Montevideo ha aportado lo suyo, y mucho, al tango, como lo ha probado –con datos más que suficientes– el recordado escritor Juan Carlos Legido en su libro La orilla oriental del tango (publicado por Ediciones de la Plaza). Basta evocar a Gerardo Mattos Rodríguez y La Cumparsita, el bien llamado “himno de los tangos”, que fuera estrenado por el maestro Firpo y su orquesta en la confitería La Giralda de la Plaza Independencia (donde hoy está el Palacio Salvo). También a Roberto Fugazot y su Barrio Reo, dedicado al montevideano barrio Reus al Norte, y que fuera cantado en el viejo café Vaccaro de General Flores y Domingo Aramburu por Carlitos Roldán. Y al entrañable Pintín Castellanos y La puñalada, que tuvo su bautismo ante el fervoroso público tanguero del Tupí Nambá nuevo, en 18 de Julio. Y los compuestos por Víctor Soliño, Tito Cabana, Juan Carlos Patrón y  Alberto Mastra, que forman parte del mejor repertorio del tango canción.

Y no hay que olvidar las orquestas uruguayas: La de Laurenz y Casella, que marcó toda una época. La de Romeo Gavioli, realizando una verdadera “fusión” de tango y candombe. La tan popular y radiofónica de Oldimar Cáceres. La orquesta de Puglia-Pedroza, que dejó un recuerdo de éxitos constantes. La del maestro Donato Raciatti llenando de música típica el Montevideo de varias décadas. La más cercana en el tiempo dirigida por el maestro César Zagnoli. Y recintos hoy míticos, como el gran café Ateneo, con sus palcos donde diariamente se oían las mejores orquestas del Río de la Plata, verdadera catedral montevideana del ritmo del 2 x 4.

En definitiva, como bien lo expresa ese tango más moderno de otro uruguayo, el Ciruja Montero: las dos orillas, las dos ciudades, están hermanadas por iguales aires musicales y por historias comunes, costumbres y formas de vida. Y qué más da –parafraseando la notable milonga de Borges- que haya nacido en algún antro de la calle Yerbal o de la calle Junín… El tango es, en definitiva, tan hijo de Buenos Aires como de Montevideo. Y ambas ciudades fueron madres fecundas y amorosas para el ritmo que las identifica.

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

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