Estampas de Buenos Aires

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Poesías y otros territorios de las musas

Carlos Gardel: se cumplen 81 años de su muerte

Por Carlos Szwarcer

24 de junio. A 81 años de la muerte de CARLOS GARDEL

La Revista “CARAS Y CARETAS” en su número 1918, del 6/7/1935, publicó:

CARLOS GARDEL HA MUERTO

“Hay un crespón en las guitarras y un nudo de angustia llorosa en la garganta… En alma popular se trueca en sombra y silencio porque Carlos Gardel ha muerto… ¿ Qué hacen los pájaros cuando se mueren ? ¿ A dónde van sus almas ? “

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Jorge Luis Borges. A treinta años de su muerte.

Por Carlos Szwarcer

JORGE LUIS BORGES
24 de agosto de 1899, Buenos Aires / 14 de junio de 1986, Ginebra, Suiza

MAESTRO… ABSULUTAMENTE IRREPETIBLE…

Desde hace treinta años Jorge Luis Borges es parte de la “Historia de la Eternidad”. Los siete guerreros de su lápida del cementerio de Plainpalais,  custodian la efímera frescura de rosas y crisantemos colocados hoy en su honor.

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Fotografía: Sylvia Plachy

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Arcanos de la noche (Alejandro Michelena)

Arcanos de la noche

Estos endecasílabos recrean poéticamente mi experiencia diaria, al seguir los pasos del sabio mexicano Alfonso Reyes y dormir en mi biblioteca,  por cierto que de menores dimensiones que la de él.

Imagen: Combinación de dos foto, una de Reyes y otra de su célebre y gran biblioteca-dormitorio.

Viejo rincón, objetos que me escoltan
en altas –recurrentes- madrugadas.
Silenciosos testigos del insomnio
y del inevitable soliloquio.


Conocido paisaje de mis libros
exhibiendo sus formas tan variadas
-escondiendo su espíritu diverso-
como el mundo, en su eterna diferencia.


Alejandro Michelena

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* En el “día del escritor” publicamos este poema del escritor uruguayo Alejandro Michelena, a quien por suerte lo tenemos seguido por Buenos Aires. El literato y diplomático mexicano Alfonso Reyes (1889-1959), aludido por Michelena, también estrechó importantes vínculos con  nuestra ciudad desarrollando múltiples actividades culturales y diplomáticas.
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Ciclo Biorrelatos (Temporada Celcit 2016)

Por Carlos Szwarcer

Ciclo Biorrelatos (2016)

Idea, texto e interpretación: Ana Padovani

Duración: 70 minutos

Ana Padovani

He acuñado el término “Biorrelato” para designar una forma particular de narrar la vida de un artista y aquellos aspectos de su producción que funcionan como destellos en el transcurrir de su historia.

Parto de la hipótesis de que todo ser humano es de algún modo un archivo, una reserva de experiencias, saberes, emociones, textos, imágenes, comportamientos. Este ciclo intenta poner en tensión ficción y realidad, lo público y lo privado, y recuperar la historia de vida como una experiencia única.

A lo largo del ciclo, se abordarán los siguientes biorrelatos:


8 al 22 de mayo


Alfonsina Storni, intensidad y poesía
Un recorrido por la vida de Alfonsina Storni, una mujer que pasó por alto ?los prejuicios de su época y for?jó su destino apasionadamente. Se expresó a través de la poesía, ejerció la docencia y encarnó un periodismo combativo que bregó por una mujer distinta: una mujer libre.

29 de mayo al 12 de junio


Niní Marshall, vida y milagros
Un recorrido por la historia de vida y personajes de Niní donde se narran sus ilusiones, sus amores, sus vicisitudes, el exilio y el triunfo de esta mujer, que en una época impensable logró, gracias a su talento y su espíritu batallador, imponer la calidad de su trabajo y convertirse en el mito que llega hasta nuestros días. Ana Padovani interpreta a sus más recordados personajes: Cándida, Catita, La Niña Jovita, Belarmina, Doña Pola y Mónica.

Horacio Quiroga, selva, ficción y tragedia
Las Ocampo, dos hermanas, dos destinos

Ana Padovani

Ana Padovani es docente, profesora de música, psicóloga y actriz. Pionera de la narración oral en la Argentina representó al país en los festivales de Brasil, España, Uruguay, Ecuador, Italia y Cuba. Visitó Nueva York y Londres donde participó de coloquios y espectáculos bilingües.

Publicó los Cds: “El ave maravillosa”, “Clásicos de terror y suspenso”, “Cuentos para contar” y los libros “Contar cuentos, desde la práctica hacia la teoría” (octava edición) y “Escenarios de la narración oral” (Editorial Paidós).

Recibió, entre otros, los premios: “Pregonero a Narrador”: Fundación El Libro (1995); “ACE”: Asociación Cronistas del Espectáculo por La Voz del Terror (2001/2002); nominación a dicho premio por Querida Niní (2003); “Trayectoria artística”: La Habana, Cuba (2008) y  “Trayectoria artística”, Círculo de Cuentacuentos, Buenos Aires (2012).

Su libro “Contar cuentos” recibió la Mención de Honor como Mejor Libro de Educación: Fundación El Libro (1999) y “Escenarios de la Narración Oral” fue nominado al Premio Teatro del Mundo (UBA), rubro Ensayística (2014).

Ideó y desarrolla el proyecto “Los chicos cuentan a los chicos” en el Espacio de Narración de Cuentos que coordina en la Feria del Libro de Buenos Aires.

CELCIT. Temporada 2016
Informes http://www.celcit.org.ar/espectaculos/137/ciclo-biorrelatos/
Moreno 431, (1091) Buenos Aires. Argentina. (5411) 4342-1026 | correo@celcit.org.ar

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Dos Conciertos en Facultad de Derecho UBA (28/05/2016)

Por Carlos Szwarcer

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Ciclo de Grandes Conciertos en Facultad de Derecho UBA (Ciudad de Buenos Aires). Sábado 28 de mayo.



A las 16 hs. en el Auditorio, se presentará la Camerata de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Interpretarán: “Variaciones concertantes sobre dos Palomitas” de Carlos Carmona, con la participación como solista en guitarra de Martín Cadaviz, “Escolazo” de Astor Piazzolla, para fagot y cuerdas, orquestación: Luigi Zampieri. Solista en Fagot: Mónica Fucci; “Concierto n° 2 en Si menor para contrabajo y orquesta” de Giovanni Bottesini, “Concierto n° 4 en Re Mayor” de Wolfgang Mozart, con la participación como solista en violín de Marcelo Rebuffi.


A las 18 hs. en el Salón de Actos se presentará la Orquesta Estudiantil de Buenos Aires bajo la dirección de Guillermo Jorge Zalcman. Interpretarán: “Obertura sobre un tema de marcha español op.6” de Mili Balakirev, “Concierto op.75 para saxófono contralto, cuerdas y percusión (Estreno en Argentina)” de Guillermo Jorge Zalcman, con la participación como solista de Wichariy Konum Cruz y “Sinfonía Nº 1 en Mi menor op.1 (Estreno en Argentina)” de Nikolai Rimsky Korsakov.


Av Figueroa Alcorta 2263 CABA
Entrada Libre y Gratuita.

Se invita a colaborar con alimentos no perecederos que serán donados al hogar M.A.M.A. (Mis Alumnos Más Amigos)

Fuente: http://www.derecho.uba.ar/

Coordinación Juan Carlos Figueiras

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La Botica del Ángel y Eduardo Bergara Leumann.

Por Carlos Szwarcer


“La Botica del Ángel” es un collage escenográfico creado por Eduardo Bergara Leumann en el museo que fue su casa, donde sorprenden obras de arte de muchos artistas plásticos: Raúl Soldi, Antonio Berni, Luis Felipe Noé, Marta Minujin, Guillermo Roux, Juan Carlos Castagnino, Carlos Gorriarena, Josefina Robirosa, Héctor Borla, Juan Carlos Benitez, Eduardo Pla, Raúl Lozza; manuscritos de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Manuel Mujica Lainez. Recuerdos de actores y cantantes, algunos de los cuales debutaron en La Botica como Susana Rinaldi, Marikena Monti, Nacha Guevara, Leonardo Favio, entre otros.

Frente de La Botica del Ángel

En el recorrido por el lugar se encuentran homenajes a compositores de tango y folklore como Astor Piazzolla, Mariano Mores, Homero Expósito, Mercedes Sosa, Ariel Ramírez, María Elena Walsh, entre otros, y también se pueden apreciar las instalaciones armadas con fotografías y objetos históricos de un Buenos Aires que se fue perdiendo.

Eduardo Bergara Leumann legó el Museo a la Universidad del Salvador. En cuanto a la herencia del artista, cabe mencionar que fue motivo de algunas fricciones.  Falleció el día de su cumpleaños, a los 76 años, el 5 de septiembre del 2008,  en su casa, la famosa Botica del Angel, ubicada en Luis Saenz Peña 541, ciudad de Buenos Aires. El multifacético actor, escenógrafo, dibujante, padecía una cardiopatía congénita.

Historia de “La Botica :

Bergara Leumann comenzó trabajando como vestuarista en Canal 13 y después amplió sus rumbos hacia otras disciplinas. Durante más de cincuenta años, que se desenvolvió en el cine, en el teatro y en la televisión, se supo codear con la aristocracia cultural y con la bohemia tanguera a través de su exitoso programa de televisión “La botica del tango”. Como actor participó en películas como El extraño del pelo largo (1970), Che, OVNI (1968), Cómo seducir a una mujer (1967), Primero yo (1964), Delito (1962), El negoción (1959), entre otras.

Eduardo Bergara Leumann

El 8 de diciembre de 1966 se crea la primera Botica del Ángel. Eduardo Bergara Leumann cuenta: “quise armar una sastrería teatral modelo, porque soñaba con vestir, dar color, armonía, engarzar, mejorar y adornar lo de adentro de cada personaje con un buen traje. Fue en la calle Lima 670; allí estaba aquella primera Botica del Ángel, que la Avenida 9 de Julio se llevó en nombre del progreso. Pero como eran buenos los cimientos, fue posible que volaran los ángeles y volara el talento de quienes pasaron por ella y encontraron su camino de estrellas;  y yo aterricé en esta Iglesia angelical con todos mis recuerdos.

¿Por qué Botica? Porque había de todo como en botica. Del ángel, por María Casares. “Eduardo, dos en uno, eres un Ángel”, me decía y yo me lo creí. Ángel y duende se necesitan para ser del mundo mágico del espectáculo. La Botica convocó a pintores, escritores, músicos y actores para su difusión popular. En ella colaboraron Vicky Linares, Eduardo Cassará y debutaron y actuaron entre otros, Nacha Guevara, Susana Rinaldi, Marikena Monti, Haydeé Padilla. Yo nunca me creí maestro, pero tuve discípulos sin darme cuenta ni proponérmelo.

En la Botica jamás pregunté de qué línea política era cada uno de los que debutaban, ni tuve que pedir permiso para hacer lo que creía que debía hacerse o decirse. ¡Me salvé de la autocensura! No dudo que la mayor felicidad es ganarse la vida haciendo lo que a uno le gusta. Soy un trabajador privilegiado.

Más tarde volé a la calle Luis Sáenz Peña 541, compré una mezcla rara de elefante blanco y extemplo y lo convertí en un collage de un Buenos Aires que se perdía. Por la Botica de Luis Sáenz Peña pasaron Luisa Vehil, Mecha Ortiz, Tania, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Mariano Mores, Ariel Ramírez, debutaron Opus 4, Valeria Lynch, Víctor Heredia y el siempre presente Leonardo Favio.

Origen del Museo:

Hasta que cerré sus puertas y me fui con el ángel a otra parte, Europa, EE.UU. Veinte años después volví a la Botica; al ver mis recuerdos de 47 años de trabajo decidí que sería oportuno convertirlo en un museo vivo y divertido. Siempre supe que sólo uno se lleva lo que deja a los demás y solo muere lo que no se recuerda. Así el 5 de mayo de 1997 recuperé la Botica con mis ángeles. Para que en ella siga el tango, el folklore y de todo, como en Botica. Porque todo Ángel que practica va a parar a la Botica, y no hay ángel que por bien no venga”.

Uno de los sectores de LA BOTICA DEL ÁNGEL. Escenario de los ángeles, homenaje a la Asociación Argentina de actores

El Museo Botica del Ángel fue declarado de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Legislatura Porteña, de Interés Turístico por la Secretaría de Turismo de la Nación y declarado Testimonio Vivo de la Memoria Ciudadana por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Secretaría de Cultura, la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y la Dirección General de Museos. Declarada Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Exposición de artistas plásticos argentinos solo en los sectores “La Nave” y “Pasillo Di Tella”.

Martes a viernes, de 10:00 a 17:00 hs

Entrada libre y gratuita.

Visitas guiadas, a partir de marzo.

Duración: dos horas.

Reservas al: 0800 333 8725

Por informes para el bono contribución, descuentos a jubilados y estudiantes y visitas especiales para grupos, comunicarse al: 4384 9396, de 10:00 a 17:00 hs


Informes y reservas: Luis Saenz Peña 543, CABA (entre Venezuela y México).

0800-333-8725, de 09:00 a 18:00 (información para realizar visitas guiadas o presenciar espectáculos).

Correo electrónico: botica@usal.edu.arl

Fuente:

Pagina web: http://boticadelangel.usal.edu.ar

Diario La Nación (5-09-2008)

http://www.cinenacional.com/

http://www.pagina12.com.ar/  (6 de marzo de 2005)

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Múltiple Buenos Aires - retrato poético (Alejandro Michelena)

Imagen: Una toma de Avenida de Mayo al atardecer que sintetiza un paisaje esencial de Buenos Aires, donde no faltan el Palacio Barolo, el edificio La Inmobiliaria y la cúpula del Congreso más lejana. Todo a través del encuadre certero y la sensible fotopintura de Nilda Torija

Esbozado en viaje hacia Colonia del Sacramento, en medio de la noche del Río de la Plata


Te dejo Buenos Aires

agónica de nieblas.

En tus calles pobladas

la cerrazón avanza,

la pálida garúa

persiste

interminable.

El Palacio Barolo

con su faro impreciso

–¿qué tachero poeta

en plena madrugada

se detendrá a mirarlo?–,

y en el Café Tortoni

fantasmales tertulias

mantienen un eterno

coloquio sin palabras.

Bajo tierra,

en las sombras

el subte que va a Primera Junta

se desliza vital y trepidante,

y sale

y entra gente

por esas escaleras que se asoman

al revés de la trama

de lo urbano

(como en aquel poema

de Baldomero,

o en el del viejo Ezra

referido a otro metro

el de París).

Húmeda Buenos Aires,

de incesantes sonidos

de conflictos sin tregua

de basura creciente.

Soledades te pueblan,

tus fachadas esconden

tragedias, alegrías,

blasfemias, santidades,

anonimatos entre la multitud

(irremediables).

En medio de tu caos

de tu hostil apariencia,

albergas sin embargo

remansos de belleza:

el Pasaje Bollini

su empedrado de sueños

(los malevos que fueron,

los de Borges que siguen);

el perfecto erotismo de esa fuente

allá en la costanera

nacida de las manos prodigiosas

de Lola Mora;

la elegante cortada Rivarola

un rincón de Paris

(también porteño);

el Parque Lezama melancólico

con fantasmas de Sábato;

cafés intemporales

nimbados de armonía

estéticos y cálidos,

solemnes confiterías

elegantes

decadentes

que laten en la dimensión

de lo eterno.

Vigías imperturbables

de la trama más secreta

de esa multiplicidad que llamamos

Buenos Aires.

Ciudad lunar

oscura

misteriosa

insondable.

Seguir tu laberinto

iniciarse en tu aleph,

incluye también

—inevitablemente—

atreverse

al descenso a los infiernos.

(Alejandro Michelena)

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Nota: Este poema ahora forma parte del libro OTROS RITUALES, que acaba de aparecer con el sello de Civiles Iletrados.

Ver más sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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José Ortega y Gasset. El pensador español que quería ser argentino

Por Carlos Szwarcer

El pensador español que quería ser argentino

Ortega conoció a la Argentina en época de crisis. Su mandato “¡argentinos, a las cosas!” surgió de una relación íntima con el país, incluidas sus mujeres, y de una añoranza de “vida criolla”. Ese mandato suponía un diagnóstico que aún tiene vigencia: el fondo de descontento y tristeza de los argentinos, su sensación de ambiciones frustradas por anticipado, la búsqueda de modelos antes que de soluciones propias, les impedía usar a fondo su excepcional capacidad.

En 1939 José Ortega y Gasset nos decía desde una conferencia en La Plata: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”. Ortega le hablaba a un pueblo joven haciéndose nación en tiempos de crisis internacional, después de una depresión financiera, saliendo de la guerra civil española y entrando a la segunda guerra mundial. En este contexto convulsionado y a pesar de que como extranjero vivía un exilio ambulante, llegó a Buenos Aires sintiendo que esta ciudad porteña a la que había visitado en tres viajes, el de 1916, 1928 y 1939-42, le refrescaba y regalaba primaveras, podando sus decrepitudes de europeo. La ciudad le instauraba en una nueva vida a pesar de que el aire de Buenos Aires olía mal a causa de la nafta y de que tenía muchos aspectos broncos y ásperos en su entretejido social de vida adolescente.

Un aspecto que resaltó Ortega del argentino y del sudamericano en general era el fondo de descontento y tristeza, de “extraña insatisfacción” que acarreaba desde su emancipación. Su existir era un puro afán que se consumía en sí mismo sin llegar a su logro. El argentino sobre todo, no paraba de hacer cosas y a la par dejaba la impresión de vivir una vida con pobre programa. Sin embargo como visitante, siempre que llegaba por el puerto del Río de la Plata soñaba con haber vivido una posible vida criolla, empapándose de ese sabor que escondía la vida americana que en su persona dejo resonancias profundas. Su encuentro amoroso con Victoria Ocampo en 1916, su sólida amistad en los años 20 con Elena Sansinena de Elizalde, presidenta de Amigos del Arte, y otras relaciones con mujeres porteñas, tuvieron mucho que ver con esta añoranza de una posible vida criolla no vivida. Decía en 1929 que la sentía como un muñón y que a la hora de escribir sus memorias los argentinos y argentinas estarían muy cerca de su vida afectiva y efectiva otorgándole gran importancia a esa parte de su existencia criolla imaginaria, “desnucadas antes de nacer”. Por este mismo vínculo sentimental, al aplicar su bisturí crítico al modo de vivir de los argentinos, aseguraba que sus palabras taxativas no eran mera frivolidad de discurso oficial, que su mensaje era una enorme deuda que tenía con un país que era parte sustancial de sí mismo. A los argentinos les debía emociones hondas, pensamientos, experiencias que llegaron a formar parte de su filosofía universal.

Para devolverle a la sociedad argentina el beneficio de esta intromisión intelectual y personal, Ortega arrimó resueltamente el hombro allí donde él veía que hacía falta, precisamente en su hacerse como nación. Sin desconocer la gran vitalidad histórica de su gente, sin negar sus resortes magníficos y potencialidad para ser una gran nación, en medio de una gran perfomance económica encontraba a los argentinos desmoralizados. La Pampa tan generosa seguía prometiendo. En 1929, en plena crisis europea, este enorme horizonte hacía ademanes de abundancia y concesión. Describía las ruedas de los molinos mecánicos que se alzan en la pampa como auténticas ruedas de la fortuna. Pero cuando las promesas no se cumplían la derrota era atroz. Se asistía entonces a una fractura del sueño promisorio en el que, al no realizarse, los argentinos quedaban atónitos, como perdidos en un vacío. Sentían melancólicamente el hueco de su propia vida evaporándose con sus fortunas y prestigios nacionales o particulares.

Advertía Ortega en el 29 que se hablaba mucho de la Argentina; demasiado en proporción a lo que realmente era el país. Esta sociedad sudamericana hacía mucho ruido en el mundo y se hablaba casi siempre mal del argentino como símbolo de humanidad deficiente. Ortega no compartía esta visión negativa, lo cual no le impedía hurgar en los síntomas graves de sus recurrentes crisis políticas y sociales. Encontraba que la mera fuerza mecánica de su éxito económico no bastaba para explicar su existencia. Encontró en épocas de Yrigoyen un Estado sólido, rígido, con grave empaque, separado por completo de la espontaneidad social, vuelto frente al individuo con rebosante autoritarismo. Le hacía recordar al modelo estatal de Berlín. Tenía perfil jurídico pero ejercía el rol del gendarme de instituciones públicas y privadas. No le dio tanta importancia Ortega a las irregularidades administrativas, prefería destacar el alto módulo que tenía el Estado de sí mismo, lo que producía la utopía de un proyecto nacional incumplido proyectándose en una existencia “chabacana”.

Sospechaba Ortega que la causa mayor de su progreso dependía de la fertilidad de sus tierras y del factor económico ganadero. Esta eterna prosperidad agroganadera, anulaba otras germinaciones sociales produciendo broncas irracionales en un Estado convertido en máquina formidable. Las masas en tiempos de Yrigoyen estaban encantadas de ver a su Estado funcionando arrolladoramente, triturando toda voluntad indócil que se le enfrentara. Temía Ortega en tiempos de bolchevismo y fascismo europeo que este modelo de Estado autoritario argentino aplastara la espontaneidad social y creativa del ciudadano o de grupos particulares. Desconfiaba de la valoración “hipertrófica” del Estado que transitoriamente padecían las naciones europeas.

Sin embargo el gran peligro del sueño argentino pasaba por la creación de una ilusión óptica facilista que pintaba avenidas seductoras de inconmensurable prosperidad mientras el ciudadano medio parecía vivir encorsetado en una coraza, sin una realidad social congruente y sin continuidad en el sueño americano. Frente a las cosas, los argentinos fabricaban modelos excesivos que no servían para entenderse entre sí mismos. Vivían a la defensiva, inseguros, hablando por delante de las cosas, ocupados en defender su persona sin que nadie la atacara. Este vivir en estado de sitio cuando nadie asediaba, le resultaba a Ortega un instinto extraño. El argentino, afirmaba Ortega en su ensayo El hombre a la defensiva, ocupaba la mayor parte de su vida “en impedirse a sí mismo vivir con autenticidad”. Esa preocupación defensiva frenaba y paralizaba su ser espontáneo y dejaba sólo en pie su persona convencional inauténtica. A pesar de que al argentino le caracterizaba la audacia, la viveza criolla, este argentino no sentía su conciencia tranquila manifestándose detrás de una careta simuladora, siempre en peligro de verse desplazado por el apetito de los demás.

Este carácter defensivo Ortega lo atribuía en parte al efecto de la inmigración, a la que no pinta con el romanticismo usual del mito del crisol de razas. Para Ortega el fenómeno consistía de miles y miles de hombres nuevos llegando a la costa atlántica con un feroz apetito individual, carentes de toda interior disciplina, gente desencajada de sus sociedades nativas, un inmigrante abstracto, italiano, español o sirio que había reducido su personalidad a la exclusiva mira de hacer fortuna, dejando libre la audacia. Esta exageración del apetito económico a cualquier precio no sólo generaba abusos y corrupción, era también rasgo inevitable que sometía al ciudadano a la presión de otros apetitos en torno. Encuentra Ortega al argentino, antes de la gran depresión internacional, excesivamente preocupado porque no sabía vivir de sí mismo al fallar los apoyos y alianzas comerciales del exterior. Sacrificaba en pro de lo económico otros aspectos de la vida íntima del argentino, movilizándose en una sociedad con profesionales en alerta para no perder puestos de trabajo, sobre todo en entidades públicas de carácter rentista, poco eficientes y de espaldas al bien común. Le interesaba a este burócrata su puesto público para hacer fortuna y ascender en la jerarquía social, siendo los oficios “camisas de serpiente” que mudan, salvo que en Argentina no suelen ni siquiera ser de la serpiente que las viste.

Otro aspecto que indicó Ortega era la incapacidad del Estado de realizar una cohesión social y nivelación de clases equitativa. Hasta 1939 encontraba al hombre factoría en la periferia de la nacionalidad. La Argentina con su ritmo acelerado no le permitía a sus clases integrase socialmente. El ritmo de improvisación y aceleramiento argentino no conducía a una lenta asimilación de sus componentes sociales ya que su propia pujanza no conducía a políticas más estables como se daba en Chile y Uruguay.

A pesar de sus profundas críticas sobre los elementos que paralizan al argentino, entre los cuales incluyó su excesivo narcisismo, Ortega afirmaba que este pueblo era el más vigoroso que existía en Sudamérica, aun cuando le faltaba liderazgo y minorías enérgicas que suscitaran una moral nueva. El día en que estas minorías enseñaran al hombre argentino a aceptar hondamente su destino, a existir formalmente y no gesticulando o representando un rol imaginario de imagen ideal, Ortega aseguraba que “la Argentina ascenderá de manera automática en la jerarquía de las más altas calidades históricas, porque el hombre del Plata es uno de los mejores dotados que acaso hay”.

Fuente:

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2005/10/08

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Falleció MARIANO MORES, a los 98 años

Por Carlos Szwarcer

Falleció el Maestro MARIANO MORES

El prestigioso artista, cuyo nombre era Mariano Alberto Martínez, había nacido el 18 de febrero de 1918 en el barrio de San Telmo, Ciudad de Buenos Aires. Compuso recordados temas como “Cafetín de Buenos Aires”, “Cuartito azul” o “Taquito Militar”. Además, “Uno”, con letra de Enrique Santos Discépolo; “Gricel”, con José María Contursi; “Copas, amigos y besos”, con Enrique Cadícamo, y “Una lágrima tuya”, junto a Homero Manzi, entre otros. Es velado -desde las 15 hs- en el Teatro Colón.

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Historietas en la Biblioteca Nacional: entre la pedagogía y la política

Por Carlos Szwarcer

Historietas en la Biblioteca Nacional: entre la pedagogía y la política

La Biblioteca Nacional inauguró la muestra “Rubén Sosa. De vuelta en casa”. La exposición reúne una selección de las 500 obras inéditas en el país que, recientemente, fueron donadas al Archivo de Historieta y Humor Gráfico por la esposa y las hijas del dibujante argentino, fallecido en 2007. Puede visitarse hasta el 30 de abril de 2016 en la Plaza del Lector Rayuela y en la Sala Leopoldo Lugones, de la Biblioteca Nacional.

“Rubén Sosa. De vuelta en casa” incluye reproducciones del primer capítulo de la historieta “Un hombre normal”, expuestas en la Plaza del Lector Rayuela, más un conjunto de dibujos (tintas, rayados, acuarelas) que Sosa realizó y publicó en medios europeos, exhibido en la Sala Leopoldo Lugones.

En la misma ceremonia, se presentó Historietas x la identidad, el libro que la BN editó con Abuelas de Plaza de Mayo y que recoge treinta y cinco “historias concretas”. No se trata de un libro cualquiera: cada uno de sus capítulos atesora una anécdota. Cada anécdota, narra una ausencia. Cada ausencia, promueve una búsqueda.

“Corporizar estas ausencias en una computadora o en un papel es un modo de resistir a los desaparecedroes, de rescatar a las víctimas del agujero negro que implica en cada subjetividad, una identidad ocultada, cambiada o incompleta. Así, el arte deviene en tabla simbólica de restitución”, se lee en el prólogo.

Detras de toda viñeta… hay una gran mujer

En 2000, Judith Gociol publicó La historieta argentina. Una historia. Escrito junto con Diego Rosemberg, el libro conjetura una trayectoria del humor gráfico que abre la mirada hacia el devenir cultural en nuestro país.

Años más tarde, con José María Gutiérrez, ajustó el foco sobre las realizaciones del género publicadas entre 1907 y 1929, en el libro La historieta salvaje.

Buceadora incansable en la cultura popular, Judith Gociol forma parte del equipo fundador del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional, que se inauguró en 2012 y que contiene trabajos de Alberto Bróccoli, de Alberto Cognigni, de Eugenio Zoppi, de Eduardo Maicas, entre muchos otros, así como la obra completa de Trillo-Grillo.

“Nos dimos cuenta de que había una cantidad de material en manos de artistas mayores o de familias de artistas que ya habían muerto que sabían que eso era valioso. No lo querían tirar, pero no sabían qué destino darle”, recuerda Judith.

“Entonces propusimos complementar el archivo de la Biblioteca en el que tenemos libros y revistas, con fotos, bocetos, originales y objetos personales que no tenían un lugar específico donde guardarlos hasta ese momento. Luego sumamos materiales de artistas vivos. De modo que el archivo surgió de esa necesidad. Pero también de la idea de que el humor gráfico y la historieta, en tanto expresiones de la cultura popular, ya son parte de la cultura. Por lo tanto, está bien que estén en la Biblioteca cuya función es la preservación y el resguardo”.

Un sueño cumplido

“Contar con la obra de Sosa —señala la investigadora—, implica haber rescatado a un artista casi desconocido en su país pero que, sin embargo, dialogó todo el tiempo con la historia nacional. Para nosotros fue muy importante, además, por cómo se dio. Contacté a la viuda de Sosa, Flora Beker, a través del guionista Diego Agrimbau. Le conté qué hacíamos en el archivo y que había una página web donde se podían visualizar todos los materiales. Una de las cosas en las que hice hincapié fue que queríamos dar visibilidad a artistas argentinos que vivieron afuera. Porque hay una cantidad enorme de producción de humor gráfico que no se conoce ya que, directamente, no circuló por Argentina”.

La respuesta de Flora no se hizo esperar: “Me llamó tiempo después, para decirme que ella y sus hijas habían decidido donar 500 trabajos originales. Habían explorado la página web de nuestro archivo y encontraron que Eugenio Zoppi también donó parte de su acervo. El azar quiso que Zoppi haya sido el maestro de Rubén Sosa. ¡Fue ahí cuando sentí una gran satisfacción! Porque entendí que se estaba cumpliendo nuestro sueño de que, algún día, el archivo se sostuviera solo”.

El círculo empezaba a cerrarse en una doble dirección: la preservación y la divulgación. Como había ocurrido con otras donaciones privadas, cuando Flora Beker envió a la Biblioteca Nacional las tres valijitas plásticas con las láminas de Rubén Sosa, revitalizó el archivo, lo volvió dinámico, lo enriqueció. Al mismo tiempo, le confió a esa institución, el resguardo de la obra.

“En este caso particular, se sumaba el hecho de que, al ser un autor que quedó relegado por vivir lejos y no publicar aquí, esto es casi una repatriación. Recuperamos materialmente los trabajos y, a través de ellos, el talento, la versatilidad, la maestría del creador. Por eso el título de la muestra”.

La historia en viñetas: política y urgencia

En el prólogo del catálogo de “Rubén Sosa. De vuelta en casa”, Alberto Manguel escribió: “Rubén Sosa, quien colaboró con Oesterheld durante los años cincuenta, fue un artista de extraordinario talento, reconocido internacionalmente. La Biblioteca Nacional ha decidido honrar la obra de Sosa conmemorando al mismo tiempo el 40 aniversario del golpe militar de 1976”.

En la misma perspectiva, Judith Gociol desenvuelve los puntos de contacto entre la muestra de Sosa y el libro de Abuelas: “Ambos conciben la historieta como una herramienta política y, desde allí, un intento de intervención en la realidad. Rubén Sosa lo hizo en el momento en que sucedía, ya que El hombre normal fue escrita en plena dictadura y publicada en Europa, donde funcionó como denuncia”.

“En cambio, Historietas x la identidad delata la gran deuda pendiente de los derechos humanos: encontrar a los chicos que fueron secuestrados durante la última dictadura militar. En ese sentido, el libro tiene esa urgencia”.

El Archivo de Historieta y Humor Gráficos Argentinos se puede consultar en www.bn.gov.ar.


Información del evento

Hasta el 30 de abril de 2016

Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes | Sábado | Domingo | Feriados

Biblioteca Nacional

Agüero 2502 P. 1, Ciudad de Buenos Aires

Costo: Gratis

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