Estampas de Buenos Aires

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Narrativa-Cuentos-Relatos

Hasta después de muerta. A 100 años de su estreno

Por Carlos Szwarcer

El Museo del Cine presenta un clásico del período mudo del cine argentino “Hasta después de muerta”, protagonizada por el inolvidable Florencio Parravicini, con motivo de la celebrando del año del centenario de su estreno (13 de Agosto de 1916).

Sábados y domingos de febrero a las 16 y 18h. Entrada libre y gratuita.

Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken

Dirección: Caffarena 49. Ciudad de Buenos Aires

Actividad Gratuita



La película fue rescata gracias a la labor de colaboración entre el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken y el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y como resultado del largo trabajo que vienen realizando desde hace años los especialistas argentinos en preservación cinematográfica. El resultado fue editado bajo el pack “Mosaico Criollo”, para dicho trabajo se realizó un esfuerzo mancomunado entre el Museo del Cine, el Archivo General de La Nación, la Fundación Cinemateca Argentina, Aprocinaín, con el apoyo de Cinecolor argentina, dynamopost y la Universidad del Cine que rescató diversas películas del período mudo argentino, entre ellas, “Hasta después de muerta”.

La película se estrenó el 13 de Agosto de 1916 en el cine Callao, el Museo del Cine resguardó su existencia hasta el presente.

Dirección: Eduardo Martínez de la Pera, Ernesto Gunche y Florencio Parravicini

Con: Florencio Parravicini, Orfilia Rico, Silvia Parodi, María Fernanda Ladrón de Guevara, Enrique Serrano

El recuerdo de una muerta se impone desde el título y el film consiste en un prolongado flashback. Se inicia en la Chacarita, con una panorámica que recorre las tumbas y se detiene en la de Elvira Meró. Frente a ella, un niño y su padre reviven su historia. Huérfana y sin dinero, Elvira (Silvia Parodi) se emplea como cajera en un comercio, donde es acosada por el gerente (Enrique Serrano). En la pensión de doña Abundia de Palomeque (Orfilia Rico) encuentra amparo. Sus pensionistas Sofanor Garramuño y Luis Rodríguez (Parravicini, y Argentino Gómez, muy excedidos en años), son estudiantes crónicos de medicina,quienes pronto simpatizan con Elvira. Entre Luis y la chica surge una relación. (Andrés Insaurralde)

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Fuente: http://agendacultural.buenosaires.gob.ar

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Veredas de Buenos Aires (Julio Cortázar)

Por Carlos Szwarcer

“Veredas de Buenos Aires”

Poema

Letra: Julio Cortázar

De pibes la llamamos vereda

y a ella le gustó que la quisiéramos,

en su lomo sufrido dibujamos tantas rayuelas.

Después, ya más compadres, taconeando,

dimos vuelta manzana con la barra

silbando fuerte para que la rubia del almacén

saliera a la ventana.

A mi me tocó un día irme lejos,

pero no me olvidé de las veredas,

aquí o allá las siento

como la fiel caricia de mi tierra.

Fuente: http://www.todotango.com/

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Cafetín de Buenos Aires (1948)

Por Carlos Szwarcer


El tango “Cafetín de Buenos Aires” fue compuesto en 1948 (música: Mariano Mores y Letra de  Enrique Santos Discépolo) para la película “Corrientes, calle de ensueños”. Fue cantado por el propio Mores, acompañándose él mismo al piano, en la escena prevista pare el film.

Sin embargo, para los días del estreno, en septiembre de 1949, el tango incluido ya era famoso: había sido grabado por Troilo con la voz de Edmundo Rivero, por Tania con la orquesta dirigida por Héctor Stamponi, por Astor Piazzolla con Fontán Luna, y por la orquesta de Osvaldo Fresedo con la voz de Osvaldo Cordó.

Cafetín de Buenos Aires


De chiquilín te miraba de afuera

como a esas cosas que nunca se alcanzan…

La ñata contra el vidrio,

en un azul de frío,

que sólo fue después viviendo

igual al mío…

Como una escuela de todas las cosas,

ya de muchacho me diste entre asombros:

el cigarrillo,

la fe en mis sueños

y una esperanza de amor.


Cómo olvidarte en esta queja,

cafetín de Buenos Aires,

si sos lo único en la vida

que se pareció a mi vieja…

En tu mezcla milagrosa

de sabihondos y suicidas,

yo aprendí filosofía… dados… timba…

y la poesía cruel

de no pensar más en mí.


Me diste en oro un puñado de amigos,

que son los mismos que alientan mis horas:

(José, el de la quimera…

Marcial, que aún cree y espera…

y el flaco Abel que se nos fue

pero aún me guía….).

Sobre tus mesas que nunca preguntan

lloré una tarde el primer desengaño,

nací a las penas,

bebí mis años

y me entregué sin luchar.

Pintura de José Marchi


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Aguafuertes Porteñas - Fotografías Literarias. Exposición de fotografía y literatura en homenaje a Roberto Arlt.

P¡or Carlos Szwarcer


El magnífico escritor Roberto Arlt, autodidacta y observador agudo de la realidad, nos maravilla con el conjunto de artículos literarios escritos en “Aguafuertes Porteñas”. Con un tono poético, aunque con un lenguaje directo y rudo, retrata con sus palabras las diferentes facetas de la identidad porteña, las escenas típicas del suburbio y los personajes que transitan sus calles. Miles de imágenes aparecen en sus escritos. Imágenes de ayer, rasgos que aún se conservan en el “ser porteño” que habita hoy. Arlt nos invita a mirar Buenos Aires y su gente, a recorrer la historia de la que venimos, a poder ver que hay más allá de las ventanas, de sus paredes, de sus calles, a develar sus personajes en este viaje fotográfico por las aguafuertes.

Las obras fueron realizadas por los Docentes de los DE 14º 15º16º17º y 18º, convocados por CAMYP (Unión Argentina de Maestros y Profesores)

La exhibición podrá visitarse en el Cine El Plata

Organizan: Cine El Plata, CAMYP y Comuna 9.

Cine El Plata:  Av.juan Bautista Alberdi 5751 (ciudad de Buenos Aires)

Desde el 16 12 2015 al 07 03 2016

Lunes/Martes/Miércoles/Jueves/Viernes

de 13:00hs a 20:00hs

Sábados, domingos y feriados de 10:00hs a 22:00hs

Incluso feriados

Entrada Libre y Gratuita

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Leopoldo Marechal. Un barrio. Villa Crespo.

Por Carlos Szwarcer

Leopoldo Marechal, escritor argentino (1900/1970), nos dice en “La Batalla de José Luna”:

“Entre las mil ciudades que abajo en la tierra perfuman el éter con el humo de sus chimeneas existe una. Se llama Buenos Aires. ¿Es mejor o peor que otras? Ni mejor ni peor. Sin embargo los hombres han construido allí un barrio inefable que responde al nombre de Villa Crespo.”

René Boretto Ovalle

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Una breve carta de amor a Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

Con el permanente interés por saber cómo “siente” Buenos Aires alguien que no vive en esta ciudad, descubrimos a la mexicana Brenda Lozano mencionando en un tuit: “Escribí una breve carta de amor a Buenos Aires…”, y un link que nos llevó a su artículo “Buenos Aires en otro orden”,  publicado en http://www.letraslibres.com

Brenda Lozano nació en la ciudad de México en 1981. Narradora y ensayista, colabora en Letras Libres y Día Siete, entre otras publicaciones. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Ha sido antologada en diversas ocasiones

Brenda Lozano

“Buenos Aires en otro orden”

Por Brenda Lozano

Buenos Aires tenía un orden, un orden de música y libros. Algunos amigos argentinos, tantas canciones, algunos libros, varias veces cantar esas canciones, platicar de esos libros, todas esas líneas que terminaron formando una flecha apuntando al sur: pasé tres meses en Buenos Aires. Era la primera vez que iba a la Ciudad de la Furia, Ciudad Evita, Ciudad Fernet, Ciudad Psicoanálisis. La ciudad de Charly García, Soda Stereo, Illya Kuryaki, Babasónicos, la de los libros de Di Benedetto, Saer, Fogwill y Roberto Arlt. A los dieciséis años leí a Borges, me enamoré y cantaba “me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas” como si supiera lo que quería decir, como si entendiera también lo que quería decir Borges y como si él fuera a entenderlo todo con una tímida dedicatoria en el ejemplar de El Aleph que le regalé ese verano.

Y es que Buenos Aires tiene un orden sentimental a la distancia. A pesar de estar allí, uno pasea con la idea que se ha formado a la distancia. El orden de Borges y Bioy: las dos figuras de cera en la cafetería La Biela. El de las míticas cafeterías y deliciosas parrillas. El de Palermo, Recoleta, el de la avenida Corrientes. La librería El Ateneo. El orden del pasado. Pero pronto el nombre de la ciudad, esa sonrisa como de fotografía, cambia su gesto. Da la bienvenida a otros barrios, otras calles, otras cafeterías sin sillas célebres. Un bar perdido, un restaurante sin clientes, un grupo sin futuro en el escenario, una fiesta decrépitamente divertida. Lo que no llega, lo que no viaja, lo que no se publica. Su neurosis, sus problemas. Todo su encanto. Sin olvidar esa distancia que separa a México de Argentina, se hacen evidentes las palabras, las expresiones, las diferencias entre un lugar y otro. Por la noche, con el cepillo de dientes en la boca, al ver cómo el agua se va al otro lado, ver ese pequeño remolino en otra dirección, esa miniatura de la distancia es también parte de su encanto.

Buenos Aires en el orden conocido. El pesado pasado. Pero aún más interesante, brillante y vivo el otro orden. El de hoy, el que está en su vida diaria.

Están las editoriales independientes. Mardulce (el brillante Damián Tabarovsky detrás de la cortina del mago de Oz), Eterna Cadencia (librería-sitcom con libreros que son buenos lectores y un joven sello editorial a cargo de Leonora Djament), Entropía (con sus siempre frescas propuestas, llevada por Valeria Castro), Vox (con muy buenos títulos de poesía), El Cuenco de Plata (un elegante felino con títulos de Simone Weil, Felisberto Hernández, Sara Gallardo, Filloy), Caja Negra, Bajo la Luna, Clase Turista, La Bestia Equilátera, Katz, Mansalva.

En ese otro orden, hay libros, escritores jóvenes, o no tan jóvenes, pero nuevos al fin para quien, como yo, no consigue esos libros fácilmente. Buenos libros, en cualquier caso. Sería oportuno pedirle al hada de las librerías que apareciera una sucursal de Eterna Cadencia para que todos esos libros circularan. Y de vuelta, una librería mexicana independiente en Buenos Aires. Esa fantasía de todo lector: que se abra el canal de distribución de libros escritos en español, que circulen a lo largo y ancho del idioma.

Ya me puse sentimental.

Con ganas de compartir libros, sugerir jóvenes escritores: Mauro Libertella (Mi libro enterrado, Mansalva), Romina Paula (Agosto, Entropía) y Selva Almada (El viento que arrasa, Mardulce). Dos narradores sorprendentes: Pablo Katchadjian y Iosi Havilio.

Iosi Havilio (1974) no es ningún descubrimiento para los argentinos, pues su maravillosa primera novela Opendoor (2006), potente como el temperamento de su narradora, fue bien recibida. Siguieron Estocolmo (2010) y Paraísos (2012). Ninguna de las tres son fáciles de conseguir en México, las tres son igualmente buenas, pues como en el caso de Ibargüengoitia, en los libros de Havilio, más allá de la anécdota está su voz, que puede narrar lo que quiera.

Pablo Katchadjian (1977) escribió El Aleph engordado, su primera novela, añadiéndole páginas al cuento de Borges. Su poemario, El Martín Fierro ordenado alfabéticamente, es precisamente eso. ¿Romper, cortar, metamorfosear a los ídolos? ¿Adelgazar Cien años de soledad? Algunas preguntas que apelan al arte que se hace hoy. Ordenar alfabéticamente es un orden ilusorio, como pasa con las entradas en el diccionario (palabras vecinas que fácilmente se convierten en melodrama). Ese aparente orden, ese caos con el que empieza todo también para los griegos, es la base de la estupenda novela breve Qué hacer (Bajo la Luna, 2010), en la que dos inseparables profesores universitarios, que aparecen y desaparecen en escenarios uno más enloquecido que otro, parecen recordar lo espontáneo, lo melódico. El juego.

En ese otro orden vienen los queridos estridentistas a cerrar ese pasado que bien habla hoy: “Nada de retrospección. Nada de futurismo. Todo el mundo, allí, quieto, iluminado maravillosamente en el vértice estupendo del minuto presente; [...] vertical sobre el instante meridiano, siempre el mismo, y renovado siempre.” Ese otro orden. Buenos Aires, el de ahora, el de hoy.

Nota: El tuit y el artículo fueron publicados en el mes de septiembre de 2013.

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Un misterio llamado Baldomero (Alejandro Michelena)

Alejandro Michelena: Colaborador de este espacio, es conocido en el ambiente literario por sus crónicas de bares y cafeterías del Río de la Plata. Durante más de 25 años se desempeñó como periodista cultural en distintos medios a la par que desarrolló su pluma entre poesías, ensayos y novelas. Recientemente publicó Un misterio llamado Baldomero, una propuesta en la que el lector encontrará una mezcla de misterio con toques policíacos y romance. Michelena narra que desde el comienzo de la trama el personaje principal, Baldomero Sanabria, está muerto, y pese a eso deja un halo de misterio sobre su existencia que se transmite por herencia a otros protagonistas. Así es el caso de Manolo el hombre que recorrerá ciudades como París, Nueva York y Buenos Aires reconstruyendo la vida de aquel fantasma. La novela la editó Arca (Uruguay)

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La muerte como enigma y dilema existencial

La muerte como disparador temático es la clave de “Un misterio llamado Baldomero”, la novela del escritor Alejandro Michelena que indaga en los complejos territorios de un misterio insondable.

Autor de numerosas crónicas y trabajos de investigación sobre diversas facetas de la cultura montevideana, Michelena incursiona en esta oportunidad en el género narrativo, con un acento que no soslaya abundantes referencias a personajes y situaciones.

En este caso, el protagonista del relato es alguien que ya no está en el mundo de los vivos, cuyo fallecimiento genera toda suerte de especulaciones e inquietantes conjeturas.

Aparentemente, en torno a este enigmático personaje hay un misterio indescifrable, que provoca una intensa búsqueda, más muertes y abundantes momentos de alta tensión.

Ambientada sucesivamente en Nueva York, Buenos Aires y París, esta novela es un intenso ejercicio de suspenso, que indaga sobre la obsesión, los saberes ocultos y hasta los dilemas existenciales.

En ese contexto, Alejandro Michelena sabe administrar sabiamente las tensiones y los conflictos emergentes, a lo cual adosa una reveladora descripción de ambientes y una densidad dramática que enfatiza las diversas facetas de la condición humana.

(Editorial Arca)


HUGO ACEVEDO

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Exposición de Pablo Gorlero en la Presentación del libro “Teatro Maipo…”, de Carlos Szwarcer (Salón Dorado).

Presentación del Libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, de Carlos Szwarcer. Realizada en Salón Dorado de la Casa de la Cultura, el 1ro de noviembre de 2011. Mesa de presentación: junto al autor se encuentran Horacio Spinetto y Pablo Gorlero.

Aquí el video con la exposición de Pablo Gorlero

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A 50 AÑOS DE LA MUERTE DE JULIO SOSA. UN RECUERDO TANGUERO DE MI INFANCIA

Por Carlos Szwarcer

Mis padres me preguntaban ¿qué hacés escuchando a esos melenudos? Ávido de nuevas expresiones artísticas, era un pibe Inquieto y rebelde. La bandeja de mi prehistórico tocadiscos “winco” en ese 1964 no hacía más que girar con“A Hard Day’s Night” (Anochecer de un día agitado), aunque en los programas radiales - sintonizados arbitrariamente por mi madre - casi no se escuchaba otra cosa que tangos, tangos y más tangos… “Los Beatles” irrumpieron impactándome hasta la médula, como a casi todos mis amigos del barrio.

Los acontecimientos de la niñez nunca pasan en vano. En esos años sesenta empezaron a mezclarse caótica y saludablemente en mi cabeza el tango con “la nueva ola”. Los cuatro de Liverpool y las incipientes bandas de rock and roll que comenzaban a popularizarse hicieron sospechar a mis padres que su hijo se estaba convirtiendo en un apasionado militante de música foránea y revolucionaria, o algo así, en fin…, y que “iba por mal camino”. De todas formas, el lavado de cerebro al ritmo del 2 x 4  ya había logrado su objetivo mediante mandato “paterno”, “materno” y por la difusión del tango durante años en la radio, la televisión y el cine.

Intentaba enfrentarme o discutir con mis padres con un traicionero “a mí… el tango no me gusta“. Pero la gran realidad era que en mi espíritu ya habían entrado -sin pedir permiso- el bandoneón de Aníbal Troilo, las letras de Discépolo…, y aquellas voces inigualables de Carlos Gardel y Julio Sosa que dejaron una surco profundo en mi corazón juvenil. Sus voces me atraían misteriosamente, me motivaban a escuchar con atención, era para mí imposible abstraerme - aunque intentara resistirme - del contenido de las letras maravillosas de esas canciones a través del sentimiento puesto por esos intérpretes.

Hacía décadas que Gardel se encontraba instalado en el alma de porteño…y, secretamente, en mi infancia fui uno de sus fans. No podía ser de otra modo:  “el Morocho del Abasto” me llegó con la fuerza del vendaval del mito y por el fanatismo gardeliano de mi madre que era una niña de seis años cuando su ídolo murió trágicamente y, casi enfermizamente, me llevaba al cementerio de la Chacarita no menos de dos o tres veces al año para rendirle culto al “Zorzal Criollo”.

Sin duda, también me caló profundo Julio Sosa, su voz varonil y potente personalidad en memorables interpretaciones: Cambalache, La Cumparsita, María, Nada, En esta tarde Gris. La última copa. Uno, Sur y tantas otras. El “Varón del Tango”, que había nacido en Las Piedras, Uruguay, un 2 de febrero de 1926 con el nombre de Julio María Sosa Venturini, había llegado a Buenos Aires en 1949, a los 23 años, con unas pocas monedas pero un gran bagaje de talento y sueños. En 15 años se ganó un lugar privilegiado en el mundo tanguero y una popularidad extraordinaria hasta que ocurrió ese inesperado accidente el 25 de noviembre de 1964 cuando a gran velocidad su auto deportivo DKW Fissores se estrelló en la esquina de Avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla contra el pilar de hormigón armado del semáforo. Al día siguiente falleció en Sanatorio Anchorena. La triste noticia provocó una inmensa conmoción.

La gran cantidad de admiradores que quisieron estar presentes en el último adiós ocasionó que se lo velara en el “Luna Park”, y de allí partió el cortejo fúnebre, a pie, por Avenida Corrientes, a las 16 hs del día 27.

Recuerdo perfectamente ese día lluvioso. Tenía 11 años, y le dije a mi madre: “…vuelvo en un rato”….Caminé impaciente por Padilla, doblé en Acevedo hasta la Avenida Corrientes, a tres cuadras de mi casa. Me encontré con un mundo de gente esperando que pasara el ídolo… Nunca olvidé esa eternidad en aquella esquina de Villa Crespo en la que me quedé parado inútilmente entre la muchedumbre lánguida y apesadumbrada. Dos horas después decidí desandar le camino y volver a mi casa para que mis padres no se preocuparan por mi ausencia.

Triste, frustrado, no había podido ver pasar por mi barrio su cajón sembrado de flores bajo la garúa. Luego supe que el recorrido se había demorado por las muestras de cariño a lo largo del doloroso peregrinaje y que, finalmente, llegó al cementarlo de la Chacarita a las 22,10 hs. Ya cerrado, tuvieron que ingresarlo al Panteón de Sadaic en la mañana del día siguiente. Veinitres años después sus restos fueron repatriados y depositados en el panteón familiar en su ciudad natal, en la vecina orilla.

Detrás del velo de esos tiempos el recuerdo me devuelve su estampa y su voz que continúan emocionándome. Fue para mí uno de los más grandes cantantes de tango de toda la historia. Por entonces, su recitado en “La Cumparsita”, aún sin comprenderlo del todo, me llegaba hasta los huesos:“porque el tango es macho… porque el tango es fuerte! Tiene olor a vida, tiene gusto… a muerte”. Y no sé porqué me quedaba extasiado y meditabundo con su extraordinaria interpretación de “Uno”: en esos versos magistrales de Enrique Santos Discépolo, Julio Sosa con su voz épica y quejumbrosa ya me presagiaba que “… uno va arrastrándose entre espinas, y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender que uno se ha quedao sin corazón”.



Carlos Szwarcer © Noviembre 2014

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El Grito del Defunto (El Grito del Difunto). Publicado en el periódico “El Amaneser” (Estambul,Turquía).

Por Carlos  Szwarcer

“El grito del Defunto ” (El grito del Difunto)
* Cuento breve basado en hechos reales, publicado en el periódico “El Amaneser” el 1 de octubre de 2014. Pág 6. (Estambul,Turquía).


Originalmente fue publicado en “Los Muestros”, Nº 62. Marzo de 2006, en castellano, Bruselas. Bélgica con el título “El Grito del Difunto”. Su Versión traducida al djudesmo (judeo-español) fue ajustada para su publicación en “El Amaneser”.


Ver original en castellano en: http://cronoscultural.blogspot.com.ar/2010/11/el-grito-del-difunto.html

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