Estampas de Buenos Aires

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Desde afuera...

Mohammad Ali. Las dos visitas a la Argentina.

Por Carlos Szwarcer

Cassius Clay visitó la Argentina en dos oportunidades. En los primeros días de noviembre  de 1971 se registró el Alvear Palace Hotel de Buenos Aires como  Muhammad Ali, había cambiado su nombre anglosajón en honor a su maestro Elijah Muhammad.

Llegó auspiciado por la Unión Obrera Metalúrgica y Canal 9 en una gira promocional relámpago, su estadía duró 42 horas. Participó en el programa televisivo “Los 12 del Signo” conducido por el astrólogo Horangel. En la galería Velázquez de la calle Maipú, compró pinturas con motivos españoles para adornar el patio de su casa. Visitó el Centro Islámico de la calle San Juan, donde fue obsequiado con un artístico Corán y un pergamino. “Estoy entre mis hermanos”, comentó, “y lamento no poder quedarme a rezar, pero se me hace tarde”.


Mohammad Alí y Miguel Ángel Páez en la cancha de Atlanta


El motivo central de su viaje fue una pelea de exhibición en la cancha de Atlanta frente al argentino Miguel Ángel Páez, un rival digno pero que no estaba a la altura. La pelea fue intrascendente. Ali se movió, tiró algunos jabs pero no aceleró en ningún momento. Después de ese combate, hizo cinco rounds más ante el sparring estadounidense James Sumerville. Aunque el combate se desarrolló normalmente, fuera del ring, según la Revista el Gráfico del 9 de noviembre: “sucedieron cosas desagradables que hicieron temer lo peor”. En un estadio que lejos de estar colmado, con muchos huecos en sus tribunas, grupos incontrolados rompieron los alambrados de la cancha, invadieron el lugar reservado al ring-side y cometieron desmanes. Cuando finalizó la exhibición subieron al cuadrilátero e impidieron por largo rato que los boxeadores se retiraran. Hubo destrozo de sillas y varios heridos. A duras penas Ali, pudo regresar al vestuario. Eran épocas difíciles, los militares en el poder,  el peronismo proscripto y tensiones internas.


De izq a der. Lorenzo Miguel, Carlos Spadone, Mohammad Alí

y  José Rucci, compartiendo un asado en la Provincia de Buenos Aires.


Luego de la pelea, invitado por el industrial Lorenzo Spadone, Ali se trasladó hasta los fondos de una fábrica en Lanús para comer un asado. Allí lo esperaban José Rucci, secretario general de la CGT; Lorenzo Miguel, secretario general de la UOM; Carlos Spadone, director de la revista Las Bases, órgano oficial del Movimiento Nacional Justicialista, entre otros.

Realmente la visita  de  Ali no tuvo la  repercusión que  merecía  un    excampeón respetado y famoso, si bien aún faltaba tiempo para que se volviera leyenda. Con 29 años le quedaban por pelear algunos de sus combates más memorables.

Segunda visita

El 19 de mayo de 1979 - en plena dictadura - Mohammed Ali llegó a la Argentina invitado por Canal 13 y la revista El Gráfico, en el aniversario del número 60; lo recibieron Tito Lectoure, Mónica Cahen d´Anvers, Analía Gadé y Ernesto Cherquis Bialo, entre otros. Arribó al aeropuerto de Ezeiza con  su segunda esposa, Verónica Porsche - madre de la campeona Laila Alí-, firmó personalmente un centenar de fotos a los periodistas acreditados en la conferencia de prensa. Se alojó en el hotel Sheraton.

Tapa de la Revista El Gráfico, mayo de 1979, con Mohammed Alí en el Luna Park

levantando la copa Mundial de fútbol ganada en 1978 por Argentina,

junto a los boxeadores argentinos Víctor Galindez (Izq)

y Nicolino Locche (der)

El famoso boxeador se presentó en el mítico Luna Park. Ese mismo año anunció su retirada del boxeo, aunque el arrepentimiento lo haría volver a pelear en el año 1980. Pero aquella noche, en el Luna Park, Mohammad saludó desde el ring junto a varios boxeadores argentinos, entre ellos Víctor Emilio Galíndez y Nicolino Locche,  Horacio Accavallo, Miguel Castellini, Hugo Corro, Miguel Ángel Cuello y el promotor Tito Lectoure. Elevó la copa ganada por el seleccionado de fútbol en el Mundial 1978, y presenció el combate en el que el chubutense Juan Domingo Malvárez defendió con éxito su título Argentino y Sudamericano pluma, ante el salteño Hipólito Núñez.

En 1980 Mohammed Alí disputaría el título mundial ante Larry Holmes, con el que perdió antes del límite, volviendo a caer un año después con Trevor Berbick, pero esta vez por puntos. Tras estos combates, pondría fin a su carrera en el boxeo profesional de forma definitiva, con una marca de 61 combates disputados con 56 victorias. A pesar de estas derrotas,  por su inigualable estilo se convirtió en leyenda. Considerado por una gran mayoría como el mejor boxeador de todos los tiempos, durante muchos años tuvo que convivir con la enfermedad de Parkinson. Falleció el 3 de junio de 2016 en Phoenix, Arizona, a los 74 años, por problemas respiratorios.


Fuentes:

http://espndeportes.espn.go.com/boxeo/nota/_/id/2694416/el-dia-que-muhammad-ali-comio-un-asado-en-buenos-aires
http://www.girabsas.com/nota/23245/
http://revistauncanio.com.ar/picado/pesos-pesados-3/
http://www.lanacion.com.ar/1217825-ali-un-recorrido-por-la-vida-de-un-personaje-inigualable
http://www.radionacional.com.ar/a-los-74-anos-fallecio-cassius-clay-muhammad-ali/
http://www.perio.unlp.edu.ar/ciclopmasd/?q=node/238
http://www.elgrafico.com.ar/2016/06/04/C-10336-adios-a-una-leyenda-murio-muhammad-ali.php

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José Ortega y Gasset. El pensador español que quería ser argentino

Por Carlos Szwarcer

El pensador español que quería ser argentino

Ortega conoció a la Argentina en época de crisis. Su mandato “¡argentinos, a las cosas!” surgió de una relación íntima con el país, incluidas sus mujeres, y de una añoranza de “vida criolla”. Ese mandato suponía un diagnóstico que aún tiene vigencia: el fondo de descontento y tristeza de los argentinos, su sensación de ambiciones frustradas por anticipado, la búsqueda de modelos antes que de soluciones propias, les impedía usar a fondo su excepcional capacidad.

En 1939 José Ortega y Gasset nos decía desde una conferencia en La Plata: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”. Ortega le hablaba a un pueblo joven haciéndose nación en tiempos de crisis internacional, después de una depresión financiera, saliendo de la guerra civil española y entrando a la segunda guerra mundial. En este contexto convulsionado y a pesar de que como extranjero vivía un exilio ambulante, llegó a Buenos Aires sintiendo que esta ciudad porteña a la que había visitado en tres viajes, el de 1916, 1928 y 1939-42, le refrescaba y regalaba primaveras, podando sus decrepitudes de europeo. La ciudad le instauraba en una nueva vida a pesar de que el aire de Buenos Aires olía mal a causa de la nafta y de que tenía muchos aspectos broncos y ásperos en su entretejido social de vida adolescente.

Un aspecto que resaltó Ortega del argentino y del sudamericano en general era el fondo de descontento y tristeza, de “extraña insatisfacción” que acarreaba desde su emancipación. Su existir era un puro afán que se consumía en sí mismo sin llegar a su logro. El argentino sobre todo, no paraba de hacer cosas y a la par dejaba la impresión de vivir una vida con pobre programa. Sin embargo como visitante, siempre que llegaba por el puerto del Río de la Plata soñaba con haber vivido una posible vida criolla, empapándose de ese sabor que escondía la vida americana que en su persona dejo resonancias profundas. Su encuentro amoroso con Victoria Ocampo en 1916, su sólida amistad en los años 20 con Elena Sansinena de Elizalde, presidenta de Amigos del Arte, y otras relaciones con mujeres porteñas, tuvieron mucho que ver con esta añoranza de una posible vida criolla no vivida. Decía en 1929 que la sentía como un muñón y que a la hora de escribir sus memorias los argentinos y argentinas estarían muy cerca de su vida afectiva y efectiva otorgándole gran importancia a esa parte de su existencia criolla imaginaria, “desnucadas antes de nacer”. Por este mismo vínculo sentimental, al aplicar su bisturí crítico al modo de vivir de los argentinos, aseguraba que sus palabras taxativas no eran mera frivolidad de discurso oficial, que su mensaje era una enorme deuda que tenía con un país que era parte sustancial de sí mismo. A los argentinos les debía emociones hondas, pensamientos, experiencias que llegaron a formar parte de su filosofía universal.

Para devolverle a la sociedad argentina el beneficio de esta intromisión intelectual y personal, Ortega arrimó resueltamente el hombro allí donde él veía que hacía falta, precisamente en su hacerse como nación. Sin desconocer la gran vitalidad histórica de su gente, sin negar sus resortes magníficos y potencialidad para ser una gran nación, en medio de una gran perfomance económica encontraba a los argentinos desmoralizados. La Pampa tan generosa seguía prometiendo. En 1929, en plena crisis europea, este enorme horizonte hacía ademanes de abundancia y concesión. Describía las ruedas de los molinos mecánicos que se alzan en la pampa como auténticas ruedas de la fortuna. Pero cuando las promesas no se cumplían la derrota era atroz. Se asistía entonces a una fractura del sueño promisorio en el que, al no realizarse, los argentinos quedaban atónitos, como perdidos en un vacío. Sentían melancólicamente el hueco de su propia vida evaporándose con sus fortunas y prestigios nacionales o particulares.

Advertía Ortega en el 29 que se hablaba mucho de la Argentina; demasiado en proporción a lo que realmente era el país. Esta sociedad sudamericana hacía mucho ruido en el mundo y se hablaba casi siempre mal del argentino como símbolo de humanidad deficiente. Ortega no compartía esta visión negativa, lo cual no le impedía hurgar en los síntomas graves de sus recurrentes crisis políticas y sociales. Encontraba que la mera fuerza mecánica de su éxito económico no bastaba para explicar su existencia. Encontró en épocas de Yrigoyen un Estado sólido, rígido, con grave empaque, separado por completo de la espontaneidad social, vuelto frente al individuo con rebosante autoritarismo. Le hacía recordar al modelo estatal de Berlín. Tenía perfil jurídico pero ejercía el rol del gendarme de instituciones públicas y privadas. No le dio tanta importancia Ortega a las irregularidades administrativas, prefería destacar el alto módulo que tenía el Estado de sí mismo, lo que producía la utopía de un proyecto nacional incumplido proyectándose en una existencia “chabacana”.

Sospechaba Ortega que la causa mayor de su progreso dependía de la fertilidad de sus tierras y del factor económico ganadero. Esta eterna prosperidad agroganadera, anulaba otras germinaciones sociales produciendo broncas irracionales en un Estado convertido en máquina formidable. Las masas en tiempos de Yrigoyen estaban encantadas de ver a su Estado funcionando arrolladoramente, triturando toda voluntad indócil que se le enfrentara. Temía Ortega en tiempos de bolchevismo y fascismo europeo que este modelo de Estado autoritario argentino aplastara la espontaneidad social y creativa del ciudadano o de grupos particulares. Desconfiaba de la valoración “hipertrófica” del Estado que transitoriamente padecían las naciones europeas.

Sin embargo el gran peligro del sueño argentino pasaba por la creación de una ilusión óptica facilista que pintaba avenidas seductoras de inconmensurable prosperidad mientras el ciudadano medio parecía vivir encorsetado en una coraza, sin una realidad social congruente y sin continuidad en el sueño americano. Frente a las cosas, los argentinos fabricaban modelos excesivos que no servían para entenderse entre sí mismos. Vivían a la defensiva, inseguros, hablando por delante de las cosas, ocupados en defender su persona sin que nadie la atacara. Este vivir en estado de sitio cuando nadie asediaba, le resultaba a Ortega un instinto extraño. El argentino, afirmaba Ortega en su ensayo El hombre a la defensiva, ocupaba la mayor parte de su vida “en impedirse a sí mismo vivir con autenticidad”. Esa preocupación defensiva frenaba y paralizaba su ser espontáneo y dejaba sólo en pie su persona convencional inauténtica. A pesar de que al argentino le caracterizaba la audacia, la viveza criolla, este argentino no sentía su conciencia tranquila manifestándose detrás de una careta simuladora, siempre en peligro de verse desplazado por el apetito de los demás.

Este carácter defensivo Ortega lo atribuía en parte al efecto de la inmigración, a la que no pinta con el romanticismo usual del mito del crisol de razas. Para Ortega el fenómeno consistía de miles y miles de hombres nuevos llegando a la costa atlántica con un feroz apetito individual, carentes de toda interior disciplina, gente desencajada de sus sociedades nativas, un inmigrante abstracto, italiano, español o sirio que había reducido su personalidad a la exclusiva mira de hacer fortuna, dejando libre la audacia. Esta exageración del apetito económico a cualquier precio no sólo generaba abusos y corrupción, era también rasgo inevitable que sometía al ciudadano a la presión de otros apetitos en torno. Encuentra Ortega al argentino, antes de la gran depresión internacional, excesivamente preocupado porque no sabía vivir de sí mismo al fallar los apoyos y alianzas comerciales del exterior. Sacrificaba en pro de lo económico otros aspectos de la vida íntima del argentino, movilizándose en una sociedad con profesionales en alerta para no perder puestos de trabajo, sobre todo en entidades públicas de carácter rentista, poco eficientes y de espaldas al bien común. Le interesaba a este burócrata su puesto público para hacer fortuna y ascender en la jerarquía social, siendo los oficios “camisas de serpiente” que mudan, salvo que en Argentina no suelen ni siquiera ser de la serpiente que las viste.

Otro aspecto que indicó Ortega era la incapacidad del Estado de realizar una cohesión social y nivelación de clases equitativa. Hasta 1939 encontraba al hombre factoría en la periferia de la nacionalidad. La Argentina con su ritmo acelerado no le permitía a sus clases integrase socialmente. El ritmo de improvisación y aceleramiento argentino no conducía a una lenta asimilación de sus componentes sociales ya que su propia pujanza no conducía a políticas más estables como se daba en Chile y Uruguay.

A pesar de sus profundas críticas sobre los elementos que paralizan al argentino, entre los cuales incluyó su excesivo narcisismo, Ortega afirmaba que este pueblo era el más vigoroso que existía en Sudamérica, aun cuando le faltaba liderazgo y minorías enérgicas que suscitaran una moral nueva. El día en que estas minorías enseñaran al hombre argentino a aceptar hondamente su destino, a existir formalmente y no gesticulando o representando un rol imaginario de imagen ideal, Ortega aseguraba que “la Argentina ascenderá de manera automática en la jerarquía de las más altas calidades históricas, porque el hombre del Plata es uno de los mejores dotados que acaso hay”.

Fuente:

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2005/10/08

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Jabón del Avellano de la Bruja y otros mágicos medicamentos del Dr. Munyon (1903)

Por Carlos Szwarcer

La propaganda de un jabón “mágico” en las revistas de Buenos Aires de comienzos del siglo XX aseguraba limpieza, buen aroma, pero también la belleza y felicidad por 0,75 centavos. Y un medicamento para la dispepsia - como veremos - era promocionado como eficaz para los más variados males del cuerpo humano.

James Munroe Munyon había nacido en Thompson, Connecticut, el 3 de agosto de 1848, y murió en Palm Beach, Florida, el 10 de marzo de 1918. Después de trabajar como editor, vendedor de libros, músico, compositor, maestro, abogado y predicador, abrió a principios de la década de 1890 la “Homoeopathic Home Remedy Company” y se dedicó a la fabricación y patente de medicamentos. A pesar de que a menudo fue acusado de fraude por las autoridades, porque sus remedios y elixires contenían principalmente azúcar y alcohol, continuó con sus negocios por  varios países de Europa, Estados Unidos y América Latina, entre ellos, la Argentina. Se hizo muy famoso acumulando una fortuna de varios millones de dólares hasta a su muerte, como otros tantos mentirosos y especuladores.

Caras y Caretas. Octubre. 1903

Aquí el texto del increíble anuncio del “Jabón del Avellano de la Bruja”, y del remedio para “la dispepsia”  (y afines) del doctor Munyon”, publicado en Buenos Aires en 1903 :

Hace a la Mujer Seductora

A los Bebés los pone Felices y Primorosos

El Jabón del Avellano de la Bruja, del doctor Munyon, ha llegado precisamente en el momento más oportuno, junto con las brisas y las flores de la poética primavera, antes de principiar la época de baños. Las damas lo necesitan para su tocador; las Madres de familia lo anhelan para sus pequeñitos; todos lo aprecian por sus virtudes curativas y embellecedoras de la tez; alivia desde luego y sana — impregnando de fragancia, — las irritaciones y las ronchas del cutis, evita la caspa, limpia y asedosa el cabello, suaviza la piel, hermosea la complexión. Se asegura que cura en una noche las rajaduras de los labios y las manos.

Y á pesar de todas las incompetibles cualidades del Jabón del doctor Munyon, sólo cuesta el módico precio de $ 0.75, porque trata de que el público argentino se convenza de la supremacía de este delicioso Jabón” medicinal.

Remedio para la dispepsia

Para tener un cutis lozano y bello procúrese conservar la digestión en excelentes condiciones, mediante el uso del remedio del doctor Munyon para la Dispepsia. (Precio $ 1) Regulariza, reconstituye y rejuvenece los estómagos cansados. El Jabón del Avellano de la Bruja vivifica el cutis y lo conserva saludable. La medicina pura la Dispepsia cura los desarreglos internos. El remedio para la Dispepsia pone en condiciones de tomar lo que gusta, todo lo que agrada y cuanto uno quiere. Corrige los vahídos, cura el insomnio, el estreñimiento, etc. Da sangre vigorosa, anima y hermosea el organismo. Si no se siente bien y desea curarse con medicinas eficaces, agradables é inofensivas, pruebe usted los remedios mejorados homeopáticos del doctor Munyon. Casi todos $ 1 cada uno.

Pídase la GUÍA DE LA SALUD, del Dr. MUNYON. — GRATIS. De venta en las Droguerías “La Estrella”, Defensa 215. “El Indio”, Rivadavia 1511 y en las primeras del mundo.

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El extraordinario Jabón que se podía comer.

En “L’INTRUISME PROFESSIONAL A PRINCIPIS DEL SEGLE XX. EL DR. JAMES M. MUNYON” ( Torres Gallardo, Begonya, Sabaté Casellas, Ferran),  dan a conocer una publicidad del “Jabón del Avellano de la Bruja, del doctor Munyon”, difundida en las revistas españolas de la misma época, en la que las sanas virtudes del “cosmético milagroso” se presentaban del siguiente modo: “Piense usted en el jabón Munyon que podría comerse sin causar daño”.

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Buenos Aires. Mi condena (Silvia Gers)

Por Carlos Szwarcer

Silvia Gers es una compositora, cantante y guitarrista argentina que, como otros artistas, le ha cantado a Buenos Aires. En su “Buenos Aires Mi condena”, refleja temas medulares de esta ciudad y sus habitantes: la inmigración, los ancestros (en este caso españoles), y un sentimiento ambivalente de amor - odio por la urbe. Y en la lejanía, aparece el recuerdo de un barrio, el fútbol, el tango, y una profunda sensibilidad que llega hasta el perdón por el “mal de amores” vivido en esta ciudad que hace suya.

Silvia Gers

Buenos Aires. Mi condena

Letra y música: Silvia Gers

Hoy me envuelve un terruño que no es mio

que me acoge amablemente sin destinos.

Y me baño en el mar de mis ancestros,

entre riscos de un Teide tan ajeno.


Voy buscando algun San Telmo, algún café,

River, Boca, La Academia, ¡no sé que!

Goyeneche se me cuelga de la piel

y me pasa esa curda del revés.


Buenos Aires, te mata y te condena…

y uno vive enamorándose de ella,

con su olor a desafío, su cultura de inmigrantes,

con el sabor amargo de la humedad errante,

y el tenor enardecido de los vinos mas añejos.

Así la vivo, así la quiero.


A la distancia te perdono el mal de amores,

esas broncas, ese bondi que no llega.

Un tanguito se me pierde entre la voz.

Buenos Aires.

A la distancia te perdono el mal de amores.

¡Cómo decirte que lo intento y no te olvido !

Es tu rostro que se cuela entre mi piel


Buenos Aires.

Buenos Aires.

Mi Buenos Aires.

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Para escuchar el tema: https://www.facebook.com/jcalterego/videos/1213555702430/
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Buenos Aires vista por un artista italiano en el siglo XVIII

Por Carlos Szwarcer

Fernando Brambila nació en la Lombardía, Italia (1763). De este pintor que se especializó en perspectiva, y que viajó a varios países, entre ellos Argentina, observemos una de sus obras en la que dejó su mirada sobre la Buenos Aires de fines del siglo XVIII.

Vista de la ciudad de Buenos Aires. Aguada atribuida al italiano Fernando Brambila, 1794.

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Una breve carta de amor a Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

Con el permanente interés por saber cómo “siente” Buenos Aires alguien que no vive en esta ciudad, descubrimos a la mexicana Brenda Lozano mencionando en un tuit: “Escribí una breve carta de amor a Buenos Aires…”, y un link que nos llevó a su artículo “Buenos Aires en otro orden”,  publicado en http://www.letraslibres.com

Brenda Lozano nació en la ciudad de México en 1981. Narradora y ensayista, colabora en Letras Libres y Día Siete, entre otras publicaciones. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Ha sido antologada en diversas ocasiones

Brenda Lozano

“Buenos Aires en otro orden”

Por Brenda Lozano

Buenos Aires tenía un orden, un orden de música y libros. Algunos amigos argentinos, tantas canciones, algunos libros, varias veces cantar esas canciones, platicar de esos libros, todas esas líneas que terminaron formando una flecha apuntando al sur: pasé tres meses en Buenos Aires. Era la primera vez que iba a la Ciudad de la Furia, Ciudad Evita, Ciudad Fernet, Ciudad Psicoanálisis. La ciudad de Charly García, Soda Stereo, Illya Kuryaki, Babasónicos, la de los libros de Di Benedetto, Saer, Fogwill y Roberto Arlt. A los dieciséis años leí a Borges, me enamoré y cantaba “me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas” como si supiera lo que quería decir, como si entendiera también lo que quería decir Borges y como si él fuera a entenderlo todo con una tímida dedicatoria en el ejemplar de El Aleph que le regalé ese verano.

Y es que Buenos Aires tiene un orden sentimental a la distancia. A pesar de estar allí, uno pasea con la idea que se ha formado a la distancia. El orden de Borges y Bioy: las dos figuras de cera en la cafetería La Biela. El de las míticas cafeterías y deliciosas parrillas. El de Palermo, Recoleta, el de la avenida Corrientes. La librería El Ateneo. El orden del pasado. Pero pronto el nombre de la ciudad, esa sonrisa como de fotografía, cambia su gesto. Da la bienvenida a otros barrios, otras calles, otras cafeterías sin sillas célebres. Un bar perdido, un restaurante sin clientes, un grupo sin futuro en el escenario, una fiesta decrépitamente divertida. Lo que no llega, lo que no viaja, lo que no se publica. Su neurosis, sus problemas. Todo su encanto. Sin olvidar esa distancia que separa a México de Argentina, se hacen evidentes las palabras, las expresiones, las diferencias entre un lugar y otro. Por la noche, con el cepillo de dientes en la boca, al ver cómo el agua se va al otro lado, ver ese pequeño remolino en otra dirección, esa miniatura de la distancia es también parte de su encanto.

Buenos Aires en el orden conocido. El pesado pasado. Pero aún más interesante, brillante y vivo el otro orden. El de hoy, el que está en su vida diaria.

Están las editoriales independientes. Mardulce (el brillante Damián Tabarovsky detrás de la cortina del mago de Oz), Eterna Cadencia (librería-sitcom con libreros que son buenos lectores y un joven sello editorial a cargo de Leonora Djament), Entropía (con sus siempre frescas propuestas, llevada por Valeria Castro), Vox (con muy buenos títulos de poesía), El Cuenco de Plata (un elegante felino con títulos de Simone Weil, Felisberto Hernández, Sara Gallardo, Filloy), Caja Negra, Bajo la Luna, Clase Turista, La Bestia Equilátera, Katz, Mansalva.

En ese otro orden, hay libros, escritores jóvenes, o no tan jóvenes, pero nuevos al fin para quien, como yo, no consigue esos libros fácilmente. Buenos libros, en cualquier caso. Sería oportuno pedirle al hada de las librerías que apareciera una sucursal de Eterna Cadencia para que todos esos libros circularan. Y de vuelta, una librería mexicana independiente en Buenos Aires. Esa fantasía de todo lector: que se abra el canal de distribución de libros escritos en español, que circulen a lo largo y ancho del idioma.

Ya me puse sentimental.

Con ganas de compartir libros, sugerir jóvenes escritores: Mauro Libertella (Mi libro enterrado, Mansalva), Romina Paula (Agosto, Entropía) y Selva Almada (El viento que arrasa, Mardulce). Dos narradores sorprendentes: Pablo Katchadjian y Iosi Havilio.

Iosi Havilio (1974) no es ningún descubrimiento para los argentinos, pues su maravillosa primera novela Opendoor (2006), potente como el temperamento de su narradora, fue bien recibida. Siguieron Estocolmo (2010) y Paraísos (2012). Ninguna de las tres son fáciles de conseguir en México, las tres son igualmente buenas, pues como en el caso de Ibargüengoitia, en los libros de Havilio, más allá de la anécdota está su voz, que puede narrar lo que quiera.

Pablo Katchadjian (1977) escribió El Aleph engordado, su primera novela, añadiéndole páginas al cuento de Borges. Su poemario, El Martín Fierro ordenado alfabéticamente, es precisamente eso. ¿Romper, cortar, metamorfosear a los ídolos? ¿Adelgazar Cien años de soledad? Algunas preguntas que apelan al arte que se hace hoy. Ordenar alfabéticamente es un orden ilusorio, como pasa con las entradas en el diccionario (palabras vecinas que fácilmente se convierten en melodrama). Ese aparente orden, ese caos con el que empieza todo también para los griegos, es la base de la estupenda novela breve Qué hacer (Bajo la Luna, 2010), en la que dos inseparables profesores universitarios, que aparecen y desaparecen en escenarios uno más enloquecido que otro, parecen recordar lo espontáneo, lo melódico. El juego.

En ese otro orden vienen los queridos estridentistas a cerrar ese pasado que bien habla hoy: “Nada de retrospección. Nada de futurismo. Todo el mundo, allí, quieto, iluminado maravillosamente en el vértice estupendo del minuto presente; [...] vertical sobre el instante meridiano, siempre el mismo, y renovado siempre.” Ese otro orden. Buenos Aires, el de ahora, el de hoy.

Nota: El tuit y el artículo fueron publicados en el mes de septiembre de 2013.

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Albert Einstein y Buenos Aires en 1925.

Por Carlos Szwarcer

El reconocido científico alemán  Albert Einstein, llegó a Buenos Aires el día 25 de marzo de 1925 en el veloz y lujoso navío Cap Polonio, acompañado de su esposa Elsa. Fue invitado para brindar doce conferencias en las cuales el tema principal sería la Teoría de la Relatividad, su gran aporte a la humanidad.

El genio definió de este modo al Buenos Aires de 1925, y a su gente, muy poco después de su llegada:

Ciudad cómoda, pero aburrida. Gente cariñosa, ojos de gacela, con gracia, pero estereotipados. Lujo, superficialidad”.

Albert Einstein en una foto de 1925, año de su visita a la ciudad de Buenos Aires

Albert Einstein en una foto de 1925, año de su visita a la ciudad de Buenos Aires

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GUÍA DE MONTEVIDEO: SUS PERFILES, SUS RINCONES Y SUS MISTERIOS - libro de Alejandro Michelena -

Acaba de aparecer el nuevo libro de Alejandro Michelena. “Guía de Montevideo: sus perfiles, sus rincones y sus misterios”, publicado por Editorial Arca.

Sobre este libro dedicado a Montevideo (”ciudad hermana” de Buenos Aires desde 1975), su autor nos dice lo siguiente:

“Comparto el arranque del mismo, donde se ubica este nuevo abordaje a Montevideo desde la crónica:

Desde el año 1990 he propuesto al lector varios abordajes a través de la crónica a la complejidad de historias y memorias, de paisajes urbanos, de actualidad y pasado, que conforma el rico entramado de Montevideo. Los encares variaron, y también las perspectivas, pero se mantuvo siempre inalterable el objetivo de bosquejar al menos un retrato veraz –sincrónico y diacrónico al mismo tiempo- de la ciudad. Paso a paso la imagen iba tomando forma, dimensión y profundidad. Pero el modo discontinuo que naturalmente trae la aparición pausada de cada libro, me dejó en cierto modo la sensación de tarea inacabada e inalcanzable.

Fue a instancias de este sentimiento que nace y germina la idea de unificar las perspectivas dispersas a través de veinte años en un solo libro. Que no es la suma de los anteriores, sino una obra que retoma el tema de Montevideo en todas sus dimensiones pero desde una perspectiva más decantada.

Resulta oportuno entonces, transitando la segunda década del Siglo XXI, ofrecer al lector la propuesta de un libro como éste. En un momento en que va creciendo el interés –en los montevideanos y en los visitantes- por conocer la ciudad más a fondo; de recorrerla con conocimiento de su historia y sus itinerarios como forma de disfrutarla más y mejor. En tal sentido, este libro puede ser un aporte que va más allá de lo capilar y lo descriptivo”.

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Buenos Aires es la mejor ciudad latinoamericana para vivir

La lista mundial de 140 urbes es liderada por quinto año consecutivo por la ciudad australiana de Melbourne, mientras que en la región las mejores ubicadas son Buenos Aires, que ocupa el puesto 62, seguida por Santiago (Chile) en el 64 y San Juan (Puerto Rico) en el 67.

Buenos Aires es la mejor ciudad latinoamericana para vivir, según un informe publicado hoy por el grupo británico “The Economist”, que consideró variables como cultura, educación, medio ambiente e infraestructura.

En el estudio “Ránking de ciudades más vivibles del mundo”, un total de 15 localidades latinoamericanas se ubicaron entre las 140 de la lista difundida hoy.

Montevideo (Uruguay), San José (Costa Rica), Lima (Perú), Río de Janeiro (Brasil), Asunción (Paraguay), Sao Paulo (Brasil), Ciudad de Panamá (Panamá), México DF (México), Quito (Ecuador), Bogotá (Colombia), Ciudad de Guatemala (Guatemala) y Caracas (Venezuela) completan el listado.

Melbourne lideró el ránking por quinto año consecutivo por delante de otros destinos tan apreciados como Viena (Austria), Vancouver (Canadá), Toronto (Canadá), Adelaida (Canadá) y Calgary (Canadá).

Por el contrario, para “The Economist” Kiev (Ucrania), Damasco (Siria), Dhaka (Bangladesh), Puerto Moresby (Papúa Nueva Guinea), Lagos (Nigeria) y Trípoli (Libia) son las “ciudades menos vivibles” del mundo.

Fuente:18/08/2015  http://www.telam.com.ar/notas/201508/116731-ranking-ciudades-para-vivir.html

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EXPOSICIÓN “GARIBALDI, UN HÉROE DE DOS MUNDOS”

EXPOSICIÓN “GARIBALDI, UN HÉROE DE DOS MUNDOS”
Se exhibirán originales inéditos de periódicos de Francia, Inglaterra y Argentina con grabados litográficos de los años 1860 a 1880 con artículos e imágenes del héroe italiano en los cuales se relata su paso por Europa y América. Se acompañarán textos informativos de la vida de Garibaldi y filmaciones que se proyectarán durante la exposición.
Informaciones
Fecha: desde el jueves, 30 de abril de 2015 al viernes, 15 de mayo de 2015

Horario: 19.00

Lugar: Istituto Italiano di Cultura - Sala Roma. Marcelo T de Alvear 1119 (CABA)

Organizado por: Istituto Italiano di Cultura - Sala Roma
En colaboración con: Museo del Dibujo y la Ilustración y Asociación Dante Alighieri di Buenos Aires
Entrada gratuita

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

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