Estampas de Buenos Aires

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Crónicas-Ensayos

“Silencio Hospital”. Historia del famoso cartel

Por Carlos Szwarcer

Juan Craichik, ideólogo del proyecto que difundió la legendaria imagen conocida como “Silencio hospitalario”,  fue el Jefe de visitadores médicos de la empresa “Taranto”, que fabricaba instrumental médico y productos medicinales. La oportuna idea de ubicar en los hospitales la fotografía de una enfermera con un gesto típico de silencio, se le ocurrió cuando visitaba un hospital de Rosario, en 1953, y en la sala de espera - atestada de gente - una enfermera, de tanto en tanto, se veía obligada a pedir silencio. Craichik logró interesar a los directivos de su empresa que inmediatamente convocaron a varias modelos profesionales.

Juan Craichik.

Así fue que se eligió para figura del cartel a la argentina Muriel Mercedes Wabney: tenía un rostro distinto, suave, armonioso y de mirada dulce. Esa famosa fotografia fue utilizada como un obsequio para hospitales, maternidades y salas de espera.

Muriel Mercedes Wabney

La bella Muriel, que había iniciado su carrera como modelo en 1947,  tenía contrato de exclusividad para presentar las colecciones de la muy conocida “Tienda Harrod’s”, fue  también modelo exclusiva de la empresa “Ducilo” y, años más tarde, trabajó para el modisto Jean Cartier. Pero la labor que logró mayor popuaridad - y que trascendió el tiempo- fue su imagen del “silencio hospitalario”.

Fuente:

http://eltoqueguardiola.blogspot.com.ar

http://blogopinar.blogspot.com.ar

Diarios Clarín y La Nación.

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Artículos Periodísticos, Barrios, Crónicas-Ensayos

Salón Dorado de la Casa de la Cultura

Por Carlos Szwarcer


El suntuoso salón de actos de la Casa de la Cultura, conocido como Salón Dorado,  se encuentra  en el primer piso del edificio “La Prensa”, antigua sede del Diario del mismo nombre. En él funcionaba el Instituto Popular de Conferencias, que organizaba reuniones semanales. Las grandes figuras de las letras y las artes, tanto argentinas como extranjeras, pasaron por el salón, donde también se ofrecían conciertos.

Además de un ejército de artesanos, dos grandes maestros del arte de los argentinos trabajaron en las pinturas decorativas del edificio: Nazareno Orlandi (1861-1952) y Reinaldo Giudice (1853-1921). Nacido en Ascoli Picceno, Orlandi llegó a nuestro país en 1889 invitado por su compatriota el arquitecto Francisco Tamburini, para incorporarse al equipo de trabajo de la Casa de Gobierno. Se había formado en Florencia, especializándose en las grandes decoraciones. Entre sus obras recordamos las pinturas de las iglesias El Salvador, San Pedro y santo Domingo, la antigua Biblioteca Nacional, el Consejo Deliberante y el Cine Gran Splendid, hoy librería El Ateneo de la Avenida Santa Fe. En el edificio de La Prensa realizó las magníficas pinturas de los techos del salón Dorado.

Reinaldo Giudice llegó a América cuando tenía ocho. En Buenos Aires, obtuvo una beca para estudiar en Italia, eligiendo el taller de Cesare Maccari en Roma. De vuelta a nuestro país realizó una importante labor docente, fue fundador del Ateneo y uno de los creadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.

Giúdice fue autor de paisajes, retratos y grandes composiciones de carácter histórico como “La presentación de San Martín en el Congreso de 1818”. Sus magníficas grisallas (pinturas monocromas) decoran el techo de las dependencias del primer piso, originalmente áreas privadas del Dr. Paz y actualmente despacho del Secretario del Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires.


Salón Dorado - Casa de la Cultura

Dirección: Av. de Mayo 575 (Ciudad de Buenos Aires)

Teléfono: 4323-9669

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Fuente: http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura/salondorado

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Ver: sobre Antigua sede del diario “La Prensa”

http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura

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Palacio Bosch

Por Carlos Szwarcer

El Palacio Bosch, edificio ubicado en la ciudad de Buenos Aires, es la actual Residencia Oficial del Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica.

En la zona del Jardín Zoológico, próxima al parque de Palermo, Ernesto Bosch y su esposa, Elisa de Alvear mandaron construir su casa. Bosch venía de concluir su desempeño como Representante del Gobierno Argentino en Francia, y acababa de ser llamado a Buenos Aires por el presidente electo Roque Sáenz Peña para ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Como muchos argentinos, el matrimonio y su familia habían pasado una larga temporada en Paris, alternando sus funciones oficiales con la vida mundana y elegante de la bélle époque.

Los Bosch no dejarían París sin encargar el proyecto de su residencia porteña al prestigioso arquitecto René Sergent, quien debió diseñar el palacio para el jefe de la diplomacia argentina, volcando todo su oficio, practicado a través de una amplia experiencia entre la nobleza europea.

La materialización del edificio no fue sencilla ni barata. Hicieron falta decenas de detallados planos, materiales y decoraciones enviados desde el otro lado del Atlántico. Y la fiel interpretación de los arquitectos Eduardo Lanús y Pablo Hary, encargados de la construcción. Todo bajo la constante incertidumbre y altos costos que supuso el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, con naves amenazadas por torpedos al cruzar el Atlántico. Sin embargo, el 6 de septiembre de 1918 se abrieron a la vida social los salones de la residencia convocando al Buenos Aires más elegante. En 1924, se alojó el príncipe Humberto de Savoia, heredero de la corona de Italia, en visita oficial a la Argentina.

De Versalles a Palermo

El palacio Bosch es uno de los mejores proyectos de René Sergent. Excelente recreación del grand hotel particulier del siglo XVIII, tiene como fuente de inspiración más probable el Chateau de Bénouville, en Normandía, construído por Claude Nicolas Ledoux, cuya obra Sergent apreciaba especialmente.

Como los otras dos grandes residencias diseñadas por Sergent para dos hermanos de Elisa Alvear de Bosch, el Palacio Errázuriz y la villa Sans Souci, este palacio se inscribe entre los mejores ejemplos de la corriente que recreó el clasicismo del siglo XVIII francés a principios del siglo XX. Colaboraron con Sergent importantes figuras en el campo del paisajismo y la decoración, Achille Duchéne fue el encargado de trazar los jardines de la residencia y el prestigioso André Carlhian tuvo a cargo la decoración interior.

Luz y geometría

El volumen exterior simple y potente demuestra el refinamiento del diseño en las elegantes fachadas delineadas en función del espacio exterior que enfrentan. Así, la principal es el grandioso marco de la cour d´ honneur y enfrenta con imponencia el parque del otro lado de la Avenida. La lateral, sobre la calle Darregueyra, forma parte de un cuadro que integra el templete clásico del paseo público -expresamente construido a tal efecto- y que evoca una de las vistas del Petit Trianon de Versailles. El frente posterior, en cambio, se corresponde con el diseño del jardín, su complemento inescindible, y que los autores consideraban como un “salón al aire libre”.

En el interior, los secretos de la armonía del edificio se encuentran en la red de ejes que organizan sus espacios. Sutilmente interconectados, estos ejes permiten guiar la procesión del visitante a través de los salones y establecer la jerarquía de las perspectivas. Innumerables y sutiles juegos de simetrías, reflejos y continuidades hacen del conjunto una obra de singular jerarquía arquitectónica donde la arquitectura con mayúscula y el gran juego del clasicismo están basados en el dominio de la geometría y de la luz.

Washington en Buenos Aires

Cinco años más tarde, poco antes del famoso crash financiero de 1929 y de la revolución de septiembre de 1930, la propiedad cambiaría definitivamente de dueño iniciándose también otra etapa para la residencia.

Poco después de la visita a Buenos Aires del presidente electo Herbert Hoover, el embajador norteamericano Robert Woods Bliss logró vencer las resistencias de Ernesto Bosch y su mujer, y adquirió el edificio siguiendo la estrategia definida por el Departamento de Estado, que buscaba potenciar la presencia norteamericana en el exterior a través de enclaves diplomáticos que reflejaran su espíritu y su imagen.

Ninguna otra residencia porteña recreaba mejor un rincón de Washington que el neoclásico Palacio Bosch. En siete décadas, el edificio fue importante testigo de encuentros, desavenencias o coincidencias, fue, en suma, un importante escenario de la historia diplomática entre los dos países. Albergó a varios presidentes norteamericanos, como Franklin Delano Roosevelt, en 1936, Dwight Eisenhower, en 1960, o George Bush, en 1994, en visita oficial a la Argentina. Allí vivieron varios embajadores de nota, como el sutil Norman Armour, durante los cruciales tiempos de guerra; el controvertido Spruille Braden, durante el ascenso de Perón al poder, y el perspicaz James Bruce, quien publicara esclarecidas páginas sobre la Argentina.

Los arquitectos Lanús y Hary, sus constructores, fueron fundadores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y tomaron al Palacio Bosch como ejemplo para ilustrar sus recordadas clases teóricas que tenían como lema la siguiente frase: “Necesita el país tener muy buenas casas, antes que tener grandes monumentos”.

Fuente: Fabio Grementieri

http://detallesdebuenosaires.blogspot.com.ar/

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Escudo del Fuerte de la Ciudad de Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

La conctrucción del fuerte de la ciudad de Buenos Aires se inició en 1595 y después de varias refacciones se finalizó recién a comienzos del siglo XVIII, siendo demolido en 1882 Se encontraba emplazado sobre la barranca del Río de la Plata, que en ese entonces llegaba a menos de cien metros de la Plaza de Mayo. Ocupaba el mismo sitio que hoy ocupa la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo de la República Argentina. Llegó a tener una muralla de piedra, con un foso que lo rodeaba, un puente levadizo sobre la plaza, con baluartes en sus ángulos con cañones y edificios interiores.

El Escudo en mármol tallado del fuerte, exhibido en el Museo del Bicentenario, es el Escudo Real de España . Perteneció al antiguo Fuerte de Buenos Aires en cuyo portal de entrada se encontraba emplazado desde la época de su construcción hasta la declaración de la independencia en 1816.

Presenta los blasones de Castilla León y Granada, así como el de la Casa Real de Borbón. Exhibe la Corona Real y la Orden del Tolsoi de oro (orden de caballería fundada en 1429 por el duque de Borgoña y conde de Flandes, Felipe III de Borgoña).

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Hallan restos que serían del primer asentamiento indígena en la ciudad

Por Carlos Szwarcer


Vasijas, flechas y vestigios de viviendas fueron encontrados por investigadores argentinos y vascos en el sur de la ciudad, detrás del autódromo.

En un antiguo bañado del Riachuelo, donde confluyen el autódromo de la ciudad y el parque Ribera Sur, se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. Allí, arqueólogos urbanos comenzaron a desenterrar la historia no conocida de esta metrópoli: restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico.

En busca de restos de la primera fundación de Buenos Aires, la del adelantado Pedro de Mendoza, en 1536, expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA hallaron restos que indicarían la presencia de una población estable en esa zona del sur de la ciudad, que en aquel momento quedaba a orillas del río, que siglos más tarde fue rectificado.

“Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que hallamos negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas”, indica Agustín Azkarate Garai-Olaun, director del Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV, y muestra a unos 40 cm de profundidad las marcas que habrían dejado esos sostenes.


Restos de animales y vasijas decoradas fueron hallados a unos 40 cm en un antiguo bañado del Riachuelo.

El arqueólogo e investigador argentino Ulises Camino también forma parte del equipo. Incluso, a partir de su tesis doctoral sobre el barrio de Flores se eligieron los lugares de excavación. “Encontramos restos de lo que serían vasijas, cerámicas decoradas y restos líticos que habrían sido utilizados como armas. Estas piedras eran de la zona de Tandilia y requerían un gran esfuerzo de traslado. Claramente, es posible pensar que estas armas se fabricaban antes de la introducción del hierro”, señala.

Las primeras excavaciones de este proyecto finalizaron el viernes pasado. Es necesario ahora que todos los restos encontrados sean analizados para determinar en qué momento de la historia fueron utilizados.

Iban Sánchez, de la UPV, explica que podría tratarse de una población querandí. Así los habían llamado los españoles, según la única crónica que existe del viaje de Pedro de Mendoza, escrita por Ulrico Schmidl, un alemán que formó parte de aquella expedición. “Así es como ellos llamaron a uno de los grupos que observaron en su travesía. Querandí significa «los que comían grasa». Lo que no sabemos es cómo se llamaban a sí mismos”, asegura.

El proyecto vasco-argentino, del que también forma parte Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU), comenzó a gestarse en 2014. A partir del trabajo de Camino se buscó entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

“El desarrollo de las primeras investigaciones relacionadas con la arqueología fue llevado adelante por parte de aficionados y sociedades de eruditos. En este contexto temprano de la disciplina, Rusconi anunció un descubrimiento en 1926 de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital”, explica uno de los afiches del proyecto Búsqueda del Sitio de la Fundación de la Primera Buenos Aires.

Animales chicos

“Sobre la base de esos dos puntos, comenzaron las excavaciones explica Camino-, y a lo largo de 2014 se acotaron a estos dos lugares. Ahora tenemos que precisar a qué pertenecen los restos. Estos huesos, por ejemplo, podrían ser de animales chicos: un guanaco o un ciervo de los pantanos; mientras que los más pequeños podrían ser de nutrias o vizcachas.”

Cabe recordar que el hallazgo arqueológico más antiguo en el área metropolitana data del siglo XVII, en San Telmo (ver aparte). “No hay restos con mayor antigüedad que los que se hallaron bajo la plaza San Martín. Creemos que estos que hemos encontrado podrían ser cronológicamente anteriores, aunque hay que aguardar los estudios”, agrega Camino.

“Estamos muy entusiasmados porque además es una deuda pendiente que hay con los primeros habitantes de estas tierras. Había población antes de que llegaran los españoles. Es una gran oportunidad para que la ciudad de Buenos Aires salde esa deuda a nivel simbólico, una historia que ha sido invisibilizada. Y la metrópoli se habría iniciado aquí, en el Sur”, apunta Azkarate Garai-Olaun.

Según los expertos, podría demandar un año determinar fehacientemente el origen de los restos encontrados. Durante ese período, también se planificará el futuro de la excavación, que probablemente tenga una superficie mayor. “Uno de los grandes objetivos de la arqueología en la actualidad es que, además, se socialice. Estamos en un parque público al que asiste mucha gente, especialmente niños. La idea es que puedan ver trabajando a los profesionales y que haya una explicación de los orígenes de la ciudad en la que viven”, indica el experto vasco que dirige el proyecto.

Los investigadores se permiten soñar hasta con un centro de interpretación en este reducto del sur de la ciudad, en donde los porteños puedan empezar a conocer sus orígenes.

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Fuente: Laura Rocha. LA NACION. MIÉRCOLES 10 DE FEBRERO DE 2016

Foto:LA NACION/Soledad Aznarez

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Historia del edificio Kavanagh. A 80 años de su inauguración.

Por Carlos Szwarcer

A comienzos de la década de 1930 Corina Kavanagh era una joven estanciera de origen irlandés, excéntrica e interesada en todo lo que fuera vanguardia, al punto que hacia 1933 tuvo la idea de vender dos de sus estancias para construir un edificio de rentas destinado a vivienda. Hay quienes dicen que la idea fue en realidad de sus abogados, Diego Garret Kavanagh y Pablo Cárdenas. Sin embargo, lo cierto es que Corina vendió sus tierras y compró un terreno sobre la barranca que da a la Plaza San Martín, un triángulo que forman la unión de las calles Florida y San Martín. Este terreno pertenecía a Carlos Alfredo Tornquist, quien alguna vez planificara la extensión del Plaza Hotel a toda la manzana. Sin embargo, finalmente no fue así y Tornquist lo vendió a la señora Kavanagh. La zona donde se levantaría el futuro edificio era una de las más cotizadas de la ciudad e incluso había sido proyectada por la Comisión de Estética Edilicia como la “gran puerta de entrada a la ciudad”, ya que en el bajo se encontraban las Estaciones “Retiro” de los Ferrocarriles Central Argentino, Pacífico y Central Córdoba (hoy Mitre, San Martín y Belgrano).

La intención de Corina Kavanagh era que su edificio le devolviera buena parte del dinero invertido. Su idea era destinar el alquiler de sus departamentos a las jóvenes familias ricas de Buenos Aires, los únicos que habían podido sobrevivir a la crisis económica. Por eso, se preocupó de que tuviera todo lo mejor de la época en cuanto a confort y adelantos. Para el proyecto fue convocado el estudio conformado por el arquitecto uruguayo Gregorio Sánchez (1881-1941), el ingeniero Ernesto Lagos (1890-1977) y Luis María de la Torre (1890-1975).

El 24 de junio de 1933 fue subastada la demolición de las construcciones que existían en el terreno donde se levantaría el futuro edificio y a fines del mes de agosto éste quedó totalmente liberado de escombros. Finalmente, se comenzó con la estructura en enero de 1934, quedando las obras a cargo de la Empresa Constructora Rodolfo Cervini S.A. En un primer momento el Edificio Kavanagh iba a tener una altura similar a la de su vecino Plaza Hotel, pero finalmente, se decidió construir un rascacielos, que fuera el edificio más alto de Buenos Aires. No fue difícil conseguir el permiso de la Municipalidad para aumentar la altura original, ya que el rascacielos remarcaría la idea de “puerta de la ciudad” que se pretendía para su entorno. Como compensación se pidió que se abriera una calle transversal semipública de 10 metros de ancho entre el Plaza Hotel y el futuro edificio. La noticia fue recibida con asombro y júbilo por la opinión pública porteña.

En La Nación del 3 de febrero de 1934 se publicó que “Buenos Aires quiere librarse de la chatura que le oprime y que sus urbanistas y críticos le enrostran con frecuencia y tiende a elevarse por sobre el ordenado amontonamiento.”

Según la leyenda, Corina Kavanagh, enemistada con la Iglesia Católica, decidió construir el rascacielos para taparle la visión de la Iglesia del Santísimo Sacramento (sobre la calle San Martín) a su amiga Mercedes Castellanos de Anchorena, quién donara el dinero para la construcción de la misma y por ese entonces viviera en la mansión que hoy es el Ministerio de Relaciones Exteriores. No obstante, parecería ser que esta historia es solo un mito, ya que hay quienes dicen que Corina nunca estuvo peleada con la Iglesia. Además, Mercedes de Anchorena murió hacia 1920, mucho tiempo antes de la construcción del edificio.

El hormigonado del “Edificio Kavanagh” se terminó el 28 de octubre de 1934. En ese entonces, se convirtió en la estructura de hormigón armado más alta del mundo, superando al Prédio Martinelli de San Pablo. La construcción fue celebrada por todos los porteños, al punto que aprovechando el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Buenos Aires en octubre de aquel año, fue instalada una cruz gigante sobre la fachada, en la parte más alta del edificio. La obra duró tan solo 20 meses ya que finalizó el 30 de septiembre de 1935, costando un total de $3.617.496. El edificio fue finalmente inaugurado oficialmente el 15 de enero de 1936. Con unos 110 metros de altura hasta la azotea y 120,35 hasta la cima del mástil, se convirtió en el edificio más alto de Argentina y de Latinoamérica. Sus 30 pisos también fueron un récord para la historia de la construcción del país, ya que era la primera vez que un edificio llegaba a esa cantidad de niveles altos. Su altura superó al Palacio Barolo, al Edificio SAFICO e incluso a los 106 metros de las torres de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, terminada en 1930.

El Kavanagh debió limitar sus plantas al complejo perímetro triangular del terreno. Fue construido en base a cinco volúmenes yuxtapuestos. Francisco Liernur opina que desde el punto de vista estilístico repite un tratamiento difundido en Estados Unidos e incluso ya practicado por sus autores en el edificio de Córdoba y Libertad, donde se anticipa la escalonada silueta del rascacielos de la Plaza San Martín.  “Se trata de un perfecto híbrido, de una respuesta de compromiso a distintos requerimientos, resuelta con gran inteligencia compositiva. Compromiso entre programa y normas edilicias, entre contexto inmediato y significación urbana, entre enraizamiento y objetualidad, entre tipología moderna y resolución tradicional en planta, entre dinamismo y frontalidad, entre vanguardismo tecnológico y resolución artesanal.”

Los números del Kavanagh fueron sorprendentes para su época. Durante su construcción debieron prepararse 1.500 planos y planillas para una superficie edificada de 25.800 m2.  En las estructuras de hormigón fueron utilizadas 1.600 km. de barras de hierro en tanto que el total de las cañerías de agua, vapor, desagües y conductores eléctricos alcanzó los 90 km. La instalación eléctrica fue equivalente a la que se necesitaría para abastecer a una ciudad de 80.000 habitantes, a la vez que el equipo refrigerante del acondicionador de aire (único en el mundo) podía generar hielo para un conglomerado urbano de 75.000 personas. En las obras llegaron a trabajar 613 obreros diarios… para conducir el total de 23.260 tn. de materiales empleados fue necesario hacer 5.000 viajes de camión.

Al momento de su construcción el Kavanagh fue considerado como el edificio de renta más completo de Sudamérica, además de ser el primero del mundo en tener un equipo de aire acondicionado central.  Como se deseaba contar con los servicios más modernos, todos los departamentos tuvieron cocinas eléctricas… en los “offices” y “halls” de servicio fueron instalados muebles metálicos. Los placards de los dormitorios, a su vez, fueron equipados con estantes de cedro.

El esquema del edificio se compone de sótano, planta baja, 30 pisos con un total de 102 viviendas repartidas en seis alas y un mirador en la terraza, lo que sería el piso 31°. La planta baja fue dedicada a los grandes ambientes de recepción, con entrada cubierta para autos, salas de espera, de informaciones, de teléfonos, toilettes, vestíbulos y galerías. Sobre el frente de la calle Florida se ubicó la entrada principal (N° 1065) así como también varios locales para negocios, en tanto que sobre San Martín fueron instalados pequeños consultorios para profesionales con entradas directas desde la calle. En el hall central se ubicaron los 12 ascensores rápidos… El ingreso fue enmarcado por una puerta giratoria y una escalinata de mármol. Los palieres que se abren hacia las alas del edificio, a su vez, fueron diseñadas con boiserie de roble y sillones de cuero a sus lados. Hay quienes dicen que todo el mobiliario y las obras de arte eran propiedad de Corina Kavanagh.

El piso 31°, tiene una terraza mirador de 80 m2 de superficie con un observatorio astronómico…El piso más lujoso es el 14°, compuesto por un solo departamento que tiene tres terrazas y ocupa casi 700 m2.Por esa vivienda pasaron Maurice Chevalier, Charles Aznavour, Edith Piaf, Sammy Davis Jr. y Camilo Sesto, entre otros. Allí también, en el jardín, solía tomar sol Nélida Lobato. … Muchos famosos fueron residentes de edificio, y Corina Kavanagh ocupó e sexto piso hasta el día de su muerte, ocurrida en 1984.

En 1948, fue aprobada la Ley N° 13.512 de Propiedad Horizontal. Hasta ese momento los edificios destinados para vivienda no podían ser vendidos por unidades, dado que la legislación existente impedía fraccionar los inmuebles en propiedad horizontal. Esta ley tardó mucho tiempo en ser aprobada en Argentina, sobre todo si comparamos con otros países de Sudamérica, tal el caso de Brasil (1928), Chile (1937) y Uruguay (1946). Una vez aprobada, los edificios en Argentina presentaron sectores de propiedad exclusiva (departamentos) y áreas de propiedad común (accesos, servicios, etc.). Corina Kavanagh perdió gran parte de su fortuna a causa de la Ley de Propiedad Horizontal, ya que debió vender todos sus departamentos. Sólo mantuvo para sí dos del ala C, en el 6° y 7° piso.

Durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955) el Kavanagh fue atacado por ser considerado como un baluarte de la aristocracia. Hay quienes dicen que Evita quiso comprarlo o en peor situación para los propietarios, expropiarlo, para destinarlo a los trabajadores. Algunos vecinos cuentan que cuando la quema de las iglesias en 1955, hubo algunos fanáticos que quisieron incendiar el edificio, cosa que no llegó a concretarse porque allí vivía el Secretario de Comercio de Perón.

El Edificio Kavanagh completó la tetralogía de los rascacielos modernistas en Buenos Aires, junto con los edificios COMEGA, SAFICO y el Ministerio de Obras Públicas. En la actualidad, es uno de los símbolos más importantes de la ciudad. Además, es un hito en la arquitectura de nuestro país. Los laureles que obtuvo son múltiples: Premio Municipal de Casa Colectiva y Fachada (1936), Mención Honorable del “American Institute of Architects” (1939), Hito de la Ingeniería Civil Internacional (1994) y Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad en la lista de la UNESCO (1999). En el caso del tercer premio mencionado, cabe destacar que lo otorga la “Asociación de Ingeniería Civil de Estados Unidos” y que solo fue entregado a 17 obras, entre ellas la Torre Eiffel y el Canal de Panamá. Finalmente, no podemos dejar de mencionar que en abril de 1999, la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos lo declaró Monumento Histórico Nacional.

No cabe ninguna duda de que el Kavanagh marcó un punto de inflexión en la historia de los rascacielos de Buenos Aires. Es que por más que ya no sea el más alto, siempre será “el” rascacielos porteño por excelencia. En este sentido, el arquitecto César Pelli, quien llama al Kavanagh “porteño entrañable”, explica que “un rascacielos va más allá [de la altura] y responde también al rol simbólico-espiritual de destacarse sobre el cielo. Reconoce que la gran altura trae aparejada la responsabilidad de darle forma a la silueta de la ciudad. No podemos imaginarnos a París sin la torre Eiffel o a Nueva York sin el Empire State. El edificio Kavanagh es un buen rascacielos. Llega al cielo en varios pasos reverentes y su tope es delicado y reconocible.

A fines de la década del 1930, el Kavanagh comenzaría a dejar de ser el edificio más alto de Latinoamérica, así como también el más alto del mundo construido en hormigón armado. Una vez más sería la ciudad brasileña de San Pablo la que tomaría la posta. Hacia 1939 el BANESPA (Banco del Estado de San Pablo) se encontraba en un momento de expansión y por lo tanto necesitaba construir una sede más grande. Así fue que en ocho años levantó una mole de 35 pisos y 161 metros de altura que superó ampliamente al Kavanagh. El Edificio del BANESPA estaba inspirado en el Empire State Building de Nueva York,


Fuente: “RASCACIELOS PORTEÑOS. 1ra ed. Buenos Aires. Gobierno  de la Ciudad de Buenos Aires, 2005.

© Copyright 2005 by Leonel Contreras

* Aquí presentamos- del libro mencionado- un resumen del Capítulo VII: “EL GIGANTE DE LA BARRANCA. -Historia y leyenda del Edificio Kavanagh-”

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Aníbal Troilo (Pichuco) y Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

Aníbal Troilo, “Pichuco”, bandoneonista, director y compositor, uno de los máximos exponentes del Tango, nació en el barrio del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires. En un reportaje dijo de su ciudad natal:

“De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas… Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche… Que es la mujer, el amigo… Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas… Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires.” (Aníbal Troilo - “Pichuco”)

Aníbal Troilo, por Walter Toscano.

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http://www.troilo.com.ar/anecdotas.htm

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Casa natal del general Manuel Belgrano

Por Carlos Szwarcer

El general Manuel Belgrano, uno de los más grandes próceres argentinos, nacíó el 20 de junio de 1770 en el solar de Av. Belgrano 430, entre Defensa y Bolívar (ciudad de Buenos Aires), a metros de la Iglesia de Santo Domingo.  Al final de su vida, fue trasladado enfermo y falleció a esa misma casa de nacimiento.

La imagen corresponde al año 1909. La histórica propiedad fue vendida y posteriormente demolida. Con el tiempo, en ese lugar se construyó el “edificio Calmer”.

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Feliz Año Nuevo (tarjeta postal de 1906)

Por Carlos Szwarcer

Tarjeta Postal editada por G. B. Pedrocchi de Buenos Aires e impresa en Alemania para celebrar el principio de año. Despachada en Asunción y dirigida a Villa Encarnación, ambas direcciones en la República del Paraguay, el 1º de enero de 1906.

Estas postales son mucho más escasas que las que no tienen impreso el día porque la edición de este tipo de Tarjeta Postal implicaba un cierto riesgo comercial, ya que si no se vendía para la fecha impresa no servía para otra hasta el próximo año (que en este caso ha sido escrito a mano por el remitente).

De la Colección de Héctor Luis Pezzimenti. Museo Itinerante de la Tarjeta Postal y Fotografía a cargo del CEITPA.

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Fuente: http://tarjetaspostalesargentinas-ceitpa.blogspot.com.ar/

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El Centro Naval porteño. Majestuoso edificio de la belle époque

Por Carlos Szwarcer

La sede central del Centro Naval se encuentra en Florida 801, Capital Federal. El edificio centenario, proyectado por el  estudio Mallet-Dunant, fue realizado por el arquitecto Gastón Mallet e inaugurado el 14 de mayo de 1914, Indudablemente es una muestra importante de la arquitectura francesa de la belle époque identificada con las líneas arquitectónicas de la École des Beaux Arts de París.

Centro Naval. Florida 801. Ciudad de Buenos Aires.

Se resolvió admirablemente el serio problema que ofrecía el solar de una esquina rectangular, y el funcionalismo del edificio, así como sus proporciones y detalles lo convierten en una de las piezas de ese Buenos Aires de la década del Centenario, admiración de turistas extranjeros y argentinos que pasean por la hoy peatonal Florida.

La hermosa puerta central estuvo a cargo de Luis Tiberti. Con su entrada de hierro y bronce fundida en el Arsenal Naval Buenos Aires, con viejos cañones de las guerras de la Independencia, su hall o vestíbulo y la escalera central, más la farola que la ilumina, constituyen uno de los conjuntos más puros de la llamada belle époque porteña.

Puerta central del Centro Naval

El diario “La Prensa” obsequió las lámparas con los soportes artísticos para ser colocadas en el exterior del edificio a los costados de la puerta principal. La majestuosidad de la construcción de siete pisos con la decoración externa original del escultor Luis Trinchero, inspirados en los de los salones de la Guerra y la Paz del Palacio de Versalles, lo convierte en un punto de orgullo ciudadano.

La decoración de los salones y recintos (pinturas al fresco y dorados a la hoja), se mantienen como rara prueba artesanal local, así como sus dos ascensores principales, obra de ebanistería irreemplazable.

En esta tradicional asociación civil (fundada en 1882 por un grupo de jóvenes oficiales de Marina) se realizan conferencias, exposiciones y se edita un Boletín  que tiene la misión de difundir los trabajos de los miembros de la institución y de otros pensadores referidos a los intereses marítimos y a todo aquello que pueda servir al progreso de la Armada y la nación y expandir  estos conocimientos en el seno de la sociedad.

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Fuentes:

http://www.centronaval.org.ar/

http://www.lanueva.com

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Artículos Periodísticos, Barrios, Crónicas-Ensayos, Fotos e imágenes de la Ciudad, Preservación del Patrimonio Cultural
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