Crónicas-Ensayos

La comunidad judeo marroquí: pioneros de la diáspora sefaradí

 Por Diana Epstein 

Los primeros judíos sefaradíes que inmigraron a la Argentina, provenían de Marruecos. Este grupo, que comenzó a instalarse en el país durante el último tercio del siglo XIX, fue arribando en pequeños flujos hasta 1930. Posteriormente, durante la década de 1960, arribó  también una pequeña corriente vinculada, en este caso, con problemas políticos.

Al margen de estos dos grupos inmigratorios llegó un colectivo de maestros enviados al país con una clara “misión”: enseñar a los hijos de inmigrantes judíos instalados en colonias del interior del país. Estos maestros llegaron entre 1892 y 1918, de manera que temporalmente se  superpusieron con el primer grupo migratorio. De dimensiones reducidas, el arribo de docentes marroquíes estuvo vinculado con una gestión realizada por la Jewish Colonization Association  ante la Alliance Israelite Universelle para que cumplieran con la “misión” de enseñar castellano a los hijos de los primeros colonos, provenientes de Europa Central y oriental, en las escuelas creadas en las colonias ubicadas en el interior del país (1).

Este trabajo tiene por objetivo analizar, brevemente,  las características del primer flujo migratorio, destacando sus peculiaridades y el grado de interacción que lograron con la sociedad local.

En comparación con el resto de los grupos sefaradíes, la inmigración marroquí fue la más reducida. Se calcula que hasta 1930, llegaron sólo varios centenares de familias. La causa de esta diáspora estuvo vinculada con la profunda crisis económica y social que padeció Marruecos a mediados del siglo XIX. De manera que fue la búsqueda de mejores oportunidades económicas lo que los atrajo al país (2).

Llegaron desde el norte de Marruecos, especialmente de Tetuán y Tánger, por ello su lengua materna era el castellano. Joseph Bengio señala que este hecho favoreció su rápida integración al país, reforzada por su nivel cultural (3), ya que muchos de ellos habían sido alumnos de las escuelas de la Alliance Israelite Universelle (4). Así, “toda la corriente inmigratoria a la Argentina pasó por el sistema educativo de la Alianza” (5). No obstante en África del Norte se desarrollo una modalidad particular del judeo español denominada Jaquetia que siguieron utilizando entre ellos, como una forma familiar de comunicación.

Los pioneros mantuvieron contacto a través de cartas o viajes con sus familiares en Marruecos y sostuvieron con ellos sólidas relaciones sociales primarias. En el marco de la creación de estas redes sociales, los impulsaban a emigrar de su país. Así,  estimularon la llegada de nuevos inmigrantes norteafricanos a la Argentina.

En relación con las pautas matrimoniales seguidas por este grupo, un análisis de las Actas Matrimoniales consultadas en el Archivo del Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires, demuestra un comportamiento altamente endogámico entre sus integrantes. El estudió se realizó sólo para la Ciudad de Buenos Aires (6)]. Según relatan los entrevistados, este comportamiento endogámico se extendió hasta mediados del siglo XX.

En el marco de su distribución espacial, algunos optaron por quedarse en la ciudad de Buenos Aires, especialmente en el sur, en los alrededores del barrio de San Telmo, Concepción y Monserrat, otros se dispersaron y se dirigieron hacia los centros urbanos del interior del país.

En cuanto a su ocupación laboral, en sus comienzos la buhonería constituyó una ocupación visible, posteriormente, muchos de ellos pudieron abrir tiendas al por menor, comercios mayoristas y finalmente algunas industrias (7). Un gran porcentaje de la segunda generación se dedicó a las profesiones liberales. En este contexto  lograron insertarse favorablemente en el aspecto económico. Esta situación facilitó su rápida integración dentro de la sociedad local, favorecidos por su idioma y por sus apellidos que en la Argentina, los invisibilizaba como judíos.

Así, desde el punto de vista económico social, un grupo fue incorporándose a la clase media o clase media alta. De estas familias surgirá una elite que impulsara la construcción de sus asociaciones.

De manera que muy pronto se asociaron con el propósito de ayudarse recíprocamente y para generar estructuras de contención y asistencia. En 1920 ya habían fundado todas sus instituciones comunitarias: el club Alianza, su propio Cementerio, que fue el primer Cementerio judío del país ubicado en la zona de Avellaneda y el Templo ubicado en la calle Piedras, organismos que, en un principio, funcionaron independientemente.

En el aspecto cultural, la comunidad marroquí se destacó por haber fundado en Argentina el primer periódico en castellano dirigido por judíos sefaraditas. En 1917 Samuel de A. Levy y Jacob Levy, hermanos de origen marroquí editaron “Israel”, que se publicó hasta la década de 1970.

En 1860, cuando comenzó a llegar a la Argentina esta población judía del norte de África, el grupo había intentado recrear un ambiente que compensara sus necesidades religiosas esenciales. Los más practicantes, debieron adaptarse a situaciones desconocidas y se propusieron crear instituciones similares a las de sus ciudades de origen, que les permitiesen cumplir con sus prácticas religiosas.

Pero, a pesar de que los pioneros fueron muy observantes e intentaron preservar sus tradiciones, tanto religiosas como sociales y económicas,  este grupo, hispano parlante, proveniente de un país árabe, experimentó una rápida integración al medio y ya sus primeros descendientes argentinos fueron más flexibles en el aspecto religioso. Muchos de ellos abrían sus negocios los sábados, descuidaban algunas fiestas religiosas y no cumplían estrictamente con las prescripciones dietéticas (8). Esta moderada observancia los va a ir diferenciando del resto de las comunidades sefaradíes, sobre todo de las sirias, de habla árabe, que se iban asentando en el país (9).

En el ámbito educativo, la comunidad marroquí no logró instalar una escuela confesional duradera, ni tampoco una escuela integral. A pesar de los intentos para erigir establecimientos educativos, estos se frustraron y sus hijos, en general, sólo concurrieron a la escuela pública.

En síntesis, en este breve trabajo se intentó destacar un conjunto de características que facilitaron la integración de este grupo étnico a la sociedad local. Entre ellas se señaló el uso del castellano, la rápida disminución de sus prácticas religiosas,  su inserción favorable en el aspecto económico, la ausencia de una escuela confesional y la concurrencia de los niños a la escuela pública, que profundizaría una mayor identificación con la argentinidad. A pesar de estas circunstancias, la creación de sus asociaciones comunitarias logró la cohesión de esta comunidad y les brindó, durante años, sentido de identidad y pertenencia. Pero esta afinidad fue lentamente cambiando y en la actualidad la comunidad sufre una fuerte dispersión. Pero esa es otra historia.

 

 Notas 

1) DIANA EPSTEIN, Maestros Marroquíes. Estrategia educativa e integración, 1892-1929 en Anuario IEHS 12, Universidad Nacional del Centro de la Pcia. De Buenos Aires, Tandil, 1997.

2) Sobre la comunidad judeo marroquí en Argentina y sus instituciones ver MARGALIT  BEJARANO  Los Sefaradíes en la Argentina: Particularismo étnico frente a tendencias de unificación en “Revista Rumbos”, 17-18. También VICTOR A. MIRELMAN, En Búsqueda de una identidad, Ed. Mila, Buenos Aires, 1988,  Presencia Sefaradí en la Argentina, Centro Educativo Sefaradí, Buenos Aires, 1992; JOSEPH  BENGIO, Les juifs marocains en Argentine en “Mosaiques de Notre Memoire.Les Judeo Espagnols du Maroc, comp.Sarah Leibovici, Centre d`´etudes Don Isaac Abravanel UISF, París,1982.

DIANA EPSTEIN, Aspectos Generales de la inmigración judeo-marroqui a la Argentina, 1875-1930 en Temas de Africa y Asia 2, Seccion de Estudios de Asia y Africa, Facultad de Filosofia y Letras, UBA, 1993.

3) JOSEPH BENGIO, Juifs marocains et autres communautés sefarades en Argentine en “Yol, Revue de Etudes Modernes et Contemporaines Hébraïques e Juives” V. fasc.2, París, 1980. Señala que el nivel de educación los diferenciaba de muchos inmigrantes campesinos, españoles e italianos, que habían llegado al país, en general analfabetos.

4) Institución benéfica fundada en París en 1860, cuyo objetivo era lograr el progreso de la población judía por medio de la educación, en sus lugares de origen. Para ello promovió la creación de una red de escuelas que divulgaron la instrucción europea. La primera escuela de la Alliance fue fundada en Tetuán.

5) Fuente: Un Orgullo de cien años, publicación de ACILBA, dedicado al centenario de la comunidad judeo marroquí en Argentina, p.6

6) Véase DIANA  EPSTEIN, Los judeo marroquíes en Buenos Aires: pautas matrimoniales. 1875-1910 en “Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe,” E.I.A.L., Vol .6-Nº1, Escuela de Historia, Universidad de Tel Aviv, 1995.

7) JORGE BESTENE describe una evolución similar para el grupo de sirio-libaneses. Formas de Asociacionismo entre los sirios libaneses en Buenos Aires, 1900-1950 en F.Devoto y E..J.Miguez (comp), “Asociacionismo, Trabajo e Identidad étnica”, Buenos Aires, 1992. Véase también JORGE BESTENE, La emigración sirio-libanesa en la Argentina. Una aproximación en “Estuios Migratorios Latinoamericanos, año 3, agosto 1988, Nº9

 )VICTOR MIRELMAN, en Búsqueda de una identidad. Los inmigrantes judíos en Buenos Aires. 1890-1930,Ed. Milá, Buenos Aires, 1988.

9) SUSANA RODGERS, Los Judios de Alepo en Argentina: Identidad y organización comunitaria (1900-2000), Asociación Israelita Sefardi Argentina, Ediciones Nuevos Tiempos, 2005.

 

 

Fuente: Diana Epstein para  Estampas de Buenos Aires”  

 

Datos sobre la autora: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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Carlos Correas: Entre el escándalo, la polémica y el olvido

Por Alejandro Michelena

 

Carlos Correas

 

   A varios años de su terrible muerte, ocurrida el 17 de diciembre de 2000, llegó últimamente para Carlos Correas el tiempo del rescate del olvido. Sus libros, innencontrables hasta no hace mucho salvo en mesas de liquidación, se han empezando a reeditar. Y la crítica más atenta comienza a prestar atención a un autor hasta hace poco apenas evocado como un marginal de la cultura.

 

   En vida pagó caro su condición de precursor. Como escritor fue el primero que en Buenos Aires –mucho antes que Nelson Perlongher con su poesía y que otros en narrativa– se atrevió a reflejar la subcultura homosexual. Lo hizo de manera explícita, bizarra por momentos. El ambiente que recreaba estaba muy lejos de la actual reivindicación gay: sus escenarios eran las últimas filas de cines cercanos a Constitución dedicados a las películas “franja verde” (como entonces se llamaba a las que mostraban escenas de sexo explícito), y ciertos baños públicos céntricos propicios a los encuentros furtivos. En sus historias reinaban los afeminados algo caricaturescos,  había taxiboys que deseaban parecerse a Marlon Brando, y no faltaban los buenos muchachos de La Boca o Lanús que si bien “se cogían a los maricas” estaban tranquilos porque –al oficiar siempre como activos– nadie los iba a confundir…

 

   En 1959, cuando Correas tenía veintiocho años, la revista universitaria Centro  –dirigida por el crítico Jorge Lafforgue– da a conocer su primer cuento. El texto había pasado el tamiz de un riguroso comité de selección, que no lo consideró inconveniente. La publicación causó un gran escándalo: intervino la justicia, la edición fue requisada, Lafforgue y Correas fueron condenados en principio a seis meses de prisión por “difusión de material obsceno” (después se cambió la pena por igual período en libertad condicional). Tal fue su debut en las lides literarias.

 

   Este episodio, que dejó pendiente la amenaza de una segunda condena que lo llevaría sin remedio a prisión, tal vez explique el posterior silencio de Correas como narrador. No hay que olvidar que eran tiempos de sucesivos golpes militares y campañas morales inspiradas por la Iglesia. Siguió escribiendo por supuesto, aunque por varios años evitó publicar. Su energía se iba a volcar hacia otro centro de su inquietud intelectual: el pensamiento, a través de la docencia y el ensayo.

 

Existencialistas en Buenos Aires

 

   Eran tres inseparables. Los rebeldes de aquella Facultad de Filosofía y Letras de comienzos de los años cincuenta. Siempre se los veía juntos a Oscar Masotta, Juan José Sebreli y Carlos Correas. En los salones universitarios, en la tertulia del bar El Coto, en los paseos por los alrededores de la Estación Retiro en busca de aventuras eróticas.

 

   A través de ensayos aparecidos en la revista Contorno, colaboraron a profundizar la lectura de Jean-Paul Sartre. En sus reflexiones, combinaron el fervor por el existencialismo con una dura crítica al núcleo dominante de la cultura. Muchos analistas les auguraron un futuro intelectual brillante.

 

   En los casos de Masotta y Sebreli hubo puntos de coincidencia. Ambos lograron notoriedad y dejaron muy atrás el “malditismo”. El camino de Carlos Correas fue diferente: se mantuvo fiel a sus fervores juveniles y asumió plenamente su condición de outsider.

 

El retorno del escritor

 

   Luego de un largo silencio literario Correas publicará en 1984 un libro de más de trescientas páginas: Los reportajes de Félix Chaneton. Reúne en él tres narraciones: Pequeñas memorias, En la vida de un pueblo  y Ultimo recurso . Lo autobiográfico es ingrediente fundamental en esta obra, que tiene influencias de Jean Genet y de Roberto Arlt; su personaje vive la bisexualidad de manera vergonzante y culposa en el primer relato, en el segundo soporta con hastío la relación matrimonial en una ciudad pequeña, y en el tercero se ve envuelto en intrigas con personajes en extremo bizarros.

 

   Los reportajes…, que constituye un retrato implacable de su generación y una recorrida iniciática por los laberintos turbios de la gran ciudad, no tuvo mayor repercusión. Sólo un núcleo reducido, formado por alumnos de Correas –que como profesor podía ser tan riguroso como divertido–, lo tiene en cuenta. Pero esa fama casi secreta sirvió para estimular el mito en torno a la obra y al personaje.

 

   Publica un volumen de crítica: Arlt Literato, agudísimo análisis de un narrador fundamental en la narrativa porteña. También escribió sobre Kafka, sometiéndolo a una lectura no convencional. Paralelamente a su labor literaria iba a persistir en Correas el afán reflexivo y polémico, que logró su mejor momento en Ensayos de Tolerancia.

 

   Su libro más insólito fue Operación Masotta, que causó escándalo y rasgarse de vestiduras en los círculos intelectuales. En este ensayo, planteado como homenaje a Masotta, realiza un notable ejercicio de crítica de las ideas “a la moda” en Buenos Aires desde los años setenta influenciadas por el psicoanálisis lacaniano, y analiza la figura pública de su ex amigo –notorio seguidor de Lacan– impiadosamente. Encierra también un certero ajuste de cuentas con su generación, sus pompas y sus obras.

 

Soledad y final

 

   Un día se lo dejó de ver por los lugares habituales, como algunas librerías de la calle Corrientes y cafés como La Paz o La Academia. Y poco después impactó la noticia: Carlos Correas se había arrojado desde el noveno piso del edificio donde habitaba, a pasos de la plaza Lorea. De ese modo terrible culminaron los días de un pensador corrosivo e intransigente, un escritor interesante que había desarrollando una obra original a contrapelo de los vaivenes intelectuales.

 

   Luego de años de casi absoluto silencio en torno a su figura, circulan en Buenos Aires algunos de sus libros en cuidadas ediciones. Por ejemplo: Un trabajo en San Roque, volumen que incluye cuentos inéditos, así como dos ya publicados, El revólver y La narración de la historia. 

 

 

Fuente: Alejandro Michelena para “Estampas de Buenos Aires”

Datos sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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Villa Crespo 1960 -anécdota-

Con motivo de la publicación deUn Recuerdo de Carnaval”  ( http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2009/02/21/recuerdos-de-carnaval/ ) un querido amigo de la infancia, Jaime Morozowski  (vive hace cuatro décadas en EEUU), me envió un e-mail. Con su autorización quiero compartir con ustedes este breve relato de nuestra infancia en Villa Crespo.

Febrero de 2009.

Hola, Carlos. Muy interesante y entretenida la nota sobre Carnaval.
Recuerdo ir caminando por Corrientes y Malabia una tarde de Carnaval con un grupo donde, tal vez, estabas vos, Beto, Dumy. Teníamos todos “pomos” (1) ya vacíos. De repente aparece un “cana” (2) con una chica, y me acusa a mí y a uno de los que estaban allí de haberla mojado, cosa que no fué cierto. Pero como “los pomos” estaban todavía algo mojados, el policía nos llevó a los dos a la comisaría 27, de la calle Camargo, y tuvimos que esperar hasta que mi mamá nos vino a buscar. Entre paréntesis, recuerdo que cuando le dijimos al sargento nuestros nombres y apellidos, uno de los policías comentó:  “deben vivir por aquí”,
evidente referencia a nuestra posible religión y el barrio donde vivíamos.
Un abrazo.
Jaime

Notas:
1) Arg. y Ur. Juguete, por lo común cilíndrico y flexible, con el que se arroja agua durante el carnaval. (Diccionario de la Real Academia Española)

2) Policía, en lunfardo (”Vocabulario compuesto por voces de diverso origen que el hablante de Buenos Aires emplea en oposición al habla general”: José Gobello).

Marzo de 2008. Izq: Carlos Szwarcer. Der: Jaime Morozowski. Visita de Jaime a Buenos Aires. Encuentro de dos amigos de la infancia después de 40 años.

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La Murga. “Soñadores de Villa Pueyrredón”

Por Carlos Szwarcer

 

Aristóteles decía que “no se puede desatar un nudo sin saber como está hecho”. Además, no está mal orientarse sabiendo que a mayor conocimiento… mayor libertad.

 

Parte de la Murga "Soñadores de Villa Pueyrredón". Av. de Mayo. Buenos Aires. Febrero de 2007.

 

En febrero de 2007 inicié un trabajo de investigación sobre el carnaval porteño y las murgas. A través de una amiga, me contacté con “Soñadores de Villa Pueyrredón”.  La experiencia fue fascinante desde todo punto de vista. Desde mi infancia tuve una mirada “distante” de esta manifestación popular, es decir, la de mero espectador. De algún  modo era para mí un mundo desconocido, como tantos otros que hay por descubrir en Buenos Aires.

Dejé de lado las ideas previas y me dediqué a grabar entrevistas, rastreando los orígenes de esta agrupación. Viví “desde adentro” los ensayos, las marchas por los reclamos de restitución de los feriados perdidos, “la previa”, la noche gloriosa de la participación en Av. de Mayo.

Durante esas jornadas quise encontrar la lógica interna de ese movimiento, sin dejarme ganar, al menos totalmente, por el entusiasmo que me rodeaba. Intenté mantener la mayor objetividad posible. Inevitablemente, la fuerza y el sentimiento de sus participantes seducen como un torbellino y, sin quererlo, me encontré, de pronto, sumergido en la mística, las vivencias intensas y en el estado de trance al que lleva el encontrarse ubicado en el epicentro mismo del son de los tambores, del ritmo frenético, de las alegres e irreverentes canciones, de la absoluta originalidad en cada uno de los “murgueros”.

La falta de tiempo para estructurar el volumen del material reunido conspiró demorando la publicación. Dispuesto a dar a luz esos intensos días de verano de hace dos años, iniciaré con esta breve presentación y algunas fotos una serie de entregas que divulgarán el resultado de aquella investigación. Con ella quiero rendir homenaje al barrio de Villa Pueyrredón, a su murga, y con él va mi admiración a todos las murgueros de los barrios de Buenos Aires, de toda la Argentina, del Uruguay, y de cada lugar donde se manifiesta esta expresión barrial y callejera. Mi profundo respeto.

 
Glosa de entrada de la murga “Soñadores de Villa Pueyrredón” (de las presentaciones de febrero de 2007)

“Llegó la murga señores con su loca fantasía,
para brindar la alegría que este país ha perdido.
El público enloquecido bien fuerte aplaudirá,
y seguro gozará esta actuación clamorosa, 
tan colosal y graciosa como es este carnaval.

Las penas se olvidarán, se alejarán todos los males,
será una noche agradable llena de humor y picardía
en estos gloriosos días de corsos multicolores,
llegaron los soñadores del barrio de Pueyrredón
a  entregar su corazón en cada salto murguero
a todos decirles quiero disfruten de esta actuación,
y será nuestra intención alegrarles bien la vida
en esta noche querida se presenta este murgón.”

 

Imágenes archivo CS. Derechos Reservados
Carlos Szwarcer © 2009.
Buenos Aires, Febrero de 2009.

Fuente: http://www.cronoscultural-arg.galeon.com/album2108234.html

Galería fotos de “Sonadores…”:  

 www.cronoscultural-arg.galeon.com/aficiones1672634.html

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El Reloj del Mundo

El tiempo, no en un sentido físico o meteorológico, si no en su dimensión  filosófica, es algo inefable y complejo de explicar. Como la subjetividad es primordial para encarar estos asuntos, nadie podrá contradecirme… Pensaba que en Buenos Aires parece transcurrir el tiempo de un modo vertiginoso y fugaz. Sin embargo, me siento en un banco del Parque Rivadavia. Respiro profundo; todo se aquieta o por lo menos me parece. En la plaza tengo mi banco propio. Hay tantos… Pero un día espléndido de sol, buscando un sitio agradable, lo ví, y me gustó, parecía que me estaba esperando. En un ataque de apropiación me senté bien en el medio, desparramado, cuestión de que se dieran cuenta de que no quería compartirlo, y me dije: - ¡Qué fea mi actitud! Un tanto egoísta. Pero “a lo hecho, pecho”. Así somos algunos, queremos bajarnos del acelere, ponernos en contacto con la naturaleza y, sobre todo, no hablar con nadie, aunque más no sea por un rato.

 

   Es día de semana. Hamacas apenas concurridas. La calesita solitaria. Ese indescriptible olor a “verde”. Unas pocas parejas sentadas sobre un césped prolijamente cortado. Algunas mujeres con sus hijos y las infaltables palomas. Me siento casi, casi, en el Edén… Nadie parece observarme. Siento  satisfacción. Mientras recuerdo las palabras de una amiga: “pensá siempre en positivo”. Pero me toman por asalto, no lo puedo creer, se abalanzan sobre mí los fantasmas de siempre, pesados, rutinarios, escandalosamente críticos. Y ese mundo bucólico, tan hermoso y ficticiamente sereno se acaba de repente.  Mientras el sol, filtrándose entre las ramas de mi árbol preferido, me mantiene quieto, la cabeza empieza a darme mil vueltas…

 

   Me olvidé de pensar en positivo. Vuelvo a las malezas cotidianas tan rápidamente, sin necesidad. ¿Qué hago acá? Todo muy lindo pero tengo tantas cosas que hacer. Otra vez el tiempo acosándome. Recuerdo otro parque, el Centenario, no muy lejos en el espacio pero muchos años atrás: daba vueltas y vueltas en la calesita con el único y dichoso interés de sentir el viento sobre mi cara en cada giro, soñando con sacar la ansiada sortija. Era algo más que ganar una vuelta gratis, el placer de poner a prueba alguna destreza.

 

  No me puedo detener en esa dulce borrasca del pasado. Me levanto y vuelvo a mis menesteres del presente. Llego a casa. Navego por Internet buscando vaya a saber qué y encuentro un sitio que dice “World Clock”. ¡Qué casualidad! ¿O qué causalidad? Sea como fuere, el tal reloj me muestra en tiempo real la población del mundo, los nacimientos, la producción de autos, de computadoras, los muertos por segundo, los abortos, la deforestación, las enfermedades y otras calamidades. La vida y la muerte al instante. Y un link me llevaba a otros relojes. Al futuro. Y yo en Buenos Aires, en un punto minúsculo del planeta, sentado en mi banqueta, con la boca entreabierta  frente a la PC. Una experiencia extraña: números y más números pasan frente a mí; el resplandor del monitor me hace pestañar y mi cerebro comienza a transformar las frías cifras en algo tan distinto como imágenes del fluir de la vida. Y las preguntas sobre demasiadas cosas me provocan un cortocircuito “racional”. ¿Qué digo? Emocional. Ha sido demasiado en tan “poco tiempo”. Demasiado. No les sigo contando. Vean qué efecto les produce a ustedes y después me cuentan.

 

 

Para ver “El Reloj del Mundo” cliquear aquí

 

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