Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Crónicas-Ensayos

Hallan restos que serían del primer asentamiento indígena en la ciudad

Por Carlos Szwarcer


Vasijas, flechas y vestigios de viviendas fueron encontrados por investigadores argentinos y vascos en el sur de la ciudad, detrás del autódromo.

En un antiguo bañado del Riachuelo, donde confluyen el autódromo de la ciudad y el parque Ribera Sur, se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. Allí, arqueólogos urbanos comenzaron a desenterrar la historia no conocida de esta metrópoli: restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico.

En busca de restos de la primera fundación de Buenos Aires, la del adelantado Pedro de Mendoza, en 1536, expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA hallaron restos que indicarían la presencia de una población estable en esa zona del sur de la ciudad, que en aquel momento quedaba a orillas del río, que siglos más tarde fue rectificado.

“Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que hallamos negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas”, indica Agustín Azkarate Garai-Olaun, director del Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV, y muestra a unos 40 cm de profundidad las marcas que habrían dejado esos sostenes.


Restos de animales y vasijas decoradas fueron hallados a unos 40 cm en un antiguo bañado del Riachuelo.

El arqueólogo e investigador argentino Ulises Camino también forma parte del equipo. Incluso, a partir de su tesis doctoral sobre el barrio de Flores se eligieron los lugares de excavación. “Encontramos restos de lo que serían vasijas, cerámicas decoradas y restos líticos que habrían sido utilizados como armas. Estas piedras eran de la zona de Tandilia y requerían un gran esfuerzo de traslado. Claramente, es posible pensar que estas armas se fabricaban antes de la introducción del hierro”, señala.

Las primeras excavaciones de este proyecto finalizaron el viernes pasado. Es necesario ahora que todos los restos encontrados sean analizados para determinar en qué momento de la historia fueron utilizados.

Iban Sánchez, de la UPV, explica que podría tratarse de una población querandí. Así los habían llamado los españoles, según la única crónica que existe del viaje de Pedro de Mendoza, escrita por Ulrico Schmidl, un alemán que formó parte de aquella expedición. “Así es como ellos llamaron a uno de los grupos que observaron en su travesía. Querandí significa «los que comían grasa». Lo que no sabemos es cómo se llamaban a sí mismos”, asegura.

El proyecto vasco-argentino, del que también forma parte Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU), comenzó a gestarse en 2014. A partir del trabajo de Camino se buscó entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

“El desarrollo de las primeras investigaciones relacionadas con la arqueología fue llevado adelante por parte de aficionados y sociedades de eruditos. En este contexto temprano de la disciplina, Rusconi anunció un descubrimiento en 1926 de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital”, explica uno de los afiches del proyecto Búsqueda del Sitio de la Fundación de la Primera Buenos Aires.

Animales chicos

“Sobre la base de esos dos puntos, comenzaron las excavaciones explica Camino-, y a lo largo de 2014 se acotaron a estos dos lugares. Ahora tenemos que precisar a qué pertenecen los restos. Estos huesos, por ejemplo, podrían ser de animales chicos: un guanaco o un ciervo de los pantanos; mientras que los más pequeños podrían ser de nutrias o vizcachas.”

Cabe recordar que el hallazgo arqueológico más antiguo en el área metropolitana data del siglo XVII, en San Telmo (ver aparte). “No hay restos con mayor antigüedad que los que se hallaron bajo la plaza San Martín. Creemos que estos que hemos encontrado podrían ser cronológicamente anteriores, aunque hay que aguardar los estudios”, agrega Camino.

“Estamos muy entusiasmados porque además es una deuda pendiente que hay con los primeros habitantes de estas tierras. Había población antes de que llegaran los españoles. Es una gran oportunidad para que la ciudad de Buenos Aires salde esa deuda a nivel simbólico, una historia que ha sido invisibilizada. Y la metrópoli se habría iniciado aquí, en el Sur”, apunta Azkarate Garai-Olaun.

Según los expertos, podría demandar un año determinar fehacientemente el origen de los restos encontrados. Durante ese período, también se planificará el futuro de la excavación, que probablemente tenga una superficie mayor. “Uno de los grandes objetivos de la arqueología en la actualidad es que, además, se socialice. Estamos en un parque público al que asiste mucha gente, especialmente niños. La idea es que puedan ver trabajando a los profesionales y que haya una explicación de los orígenes de la ciudad en la que viven”, indica el experto vasco que dirige el proyecto.

Los investigadores se permiten soñar hasta con un centro de interpretación en este reducto del sur de la ciudad, en donde los porteños puedan empezar a conocer sus orígenes.

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Fuente: Laura Rocha. LA NACION. MIÉRCOLES 10 DE FEBRERO DE 2016

Foto:LA NACION/Soledad Aznarez

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Historia del edificio Kavanagh. A 80 años de su inauguración.

Por Carlos Szwarcer

A comienzos de la década de 1930 Corina Kavanagh era una joven estanciera de origen irlandés, excéntrica e interesada en todo lo que fuera vanguardia, al punto que hacia 1933 tuvo la idea de vender dos de sus estancias para construir un edificio de rentas destinado a vivienda. Hay quienes dicen que la idea fue en realidad de sus abogados, Diego Garret Kavanagh y Pablo Cárdenas. Sin embargo, lo cierto es que Corina vendió sus tierras y compró un terreno sobre la barranca que da a la Plaza San Martín, un triángulo que forman la unión de las calles Florida y San Martín. Este terreno pertenecía a Carlos Alfredo Tornquist, quien alguna vez planificara la extensión del Plaza Hotel a toda la manzana. Sin embargo, finalmente no fue así y Tornquist lo vendió a la señora Kavanagh. La zona donde se levantaría el futuro edificio era una de las más cotizadas de la ciudad e incluso había sido proyectada por la Comisión de Estética Edilicia como la “gran puerta de entrada a la ciudad”, ya que en el bajo se encontraban las Estaciones “Retiro” de los Ferrocarriles Central Argentino, Pacífico y Central Córdoba (hoy Mitre, San Martín y Belgrano).

La intención de Corina Kavanagh era que su edificio le devolviera buena parte del dinero invertido. Su idea era destinar el alquiler de sus departamentos a las jóvenes familias ricas de Buenos Aires, los únicos que habían podido sobrevivir a la crisis económica. Por eso, se preocupó de que tuviera todo lo mejor de la época en cuanto a confort y adelantos. Para el proyecto fue convocado el estudio conformado por el arquitecto uruguayo Gregorio Sánchez (1881-1941), el ingeniero Ernesto Lagos (1890-1977) y Luis María de la Torre (1890-1975).

El 24 de junio de 1933 fue subastada la demolición de las construcciones que existían en el terreno donde se levantaría el futuro edificio y a fines del mes de agosto éste quedó totalmente liberado de escombros. Finalmente, se comenzó con la estructura en enero de 1934, quedando las obras a cargo de la Empresa Constructora Rodolfo Cervini S.A. En un primer momento el Edificio Kavanagh iba a tener una altura similar a la de su vecino Plaza Hotel, pero finalmente, se decidió construir un rascacielos, que fuera el edificio más alto de Buenos Aires. No fue difícil conseguir el permiso de la Municipalidad para aumentar la altura original, ya que el rascacielos remarcaría la idea de “puerta de la ciudad” que se pretendía para su entorno. Como compensación se pidió que se abriera una calle transversal semipública de 10 metros de ancho entre el Plaza Hotel y el futuro edificio. La noticia fue recibida con asombro y júbilo por la opinión pública porteña.

En La Nación del 3 de febrero de 1934 se publicó que “Buenos Aires quiere librarse de la chatura que le oprime y que sus urbanistas y críticos le enrostran con frecuencia y tiende a elevarse por sobre el ordenado amontonamiento.”

Según la leyenda, Corina Kavanagh, enemistada con la Iglesia Católica, decidió construir el rascacielos para taparle la visión de la Iglesia del Santísimo Sacramento (sobre la calle San Martín) a su amiga Mercedes Castellanos de Anchorena, quién donara el dinero para la construcción de la misma y por ese entonces viviera en la mansión que hoy es el Ministerio de Relaciones Exteriores. No obstante, parecería ser que esta historia es solo un mito, ya que hay quienes dicen que Corina nunca estuvo peleada con la Iglesia. Además, Mercedes de Anchorena murió hacia 1920, mucho tiempo antes de la construcción del edificio.

El hormigonado del “Edificio Kavanagh” se terminó el 28 de octubre de 1934. En ese entonces, se convirtió en la estructura de hormigón armado más alta del mundo, superando al Prédio Martinelli de San Pablo. La construcción fue celebrada por todos los porteños, al punto que aprovechando el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Buenos Aires en octubre de aquel año, fue instalada una cruz gigante sobre la fachada, en la parte más alta del edificio. La obra duró tan solo 20 meses ya que finalizó el 30 de septiembre de 1935, costando un total de $3.617.496. El edificio fue finalmente inaugurado oficialmente el 15 de enero de 1936. Con unos 110 metros de altura hasta la azotea y 120,35 hasta la cima del mástil, se convirtió en el edificio más alto de Argentina y de Latinoamérica. Sus 30 pisos también fueron un récord para la historia de la construcción del país, ya que era la primera vez que un edificio llegaba a esa cantidad de niveles altos. Su altura superó al Palacio Barolo, al Edificio SAFICO e incluso a los 106 metros de las torres de la Basílica de Nuestra Señora de Luján, terminada en 1930.

El Kavanagh debió limitar sus plantas al complejo perímetro triangular del terreno. Fue construido en base a cinco volúmenes yuxtapuestos. Francisco Liernur opina que desde el punto de vista estilístico repite un tratamiento difundido en Estados Unidos e incluso ya practicado por sus autores en el edificio de Córdoba y Libertad, donde se anticipa la escalonada silueta del rascacielos de la Plaza San Martín.  “Se trata de un perfecto híbrido, de una respuesta de compromiso a distintos requerimientos, resuelta con gran inteligencia compositiva. Compromiso entre programa y normas edilicias, entre contexto inmediato y significación urbana, entre enraizamiento y objetualidad, entre tipología moderna y resolución tradicional en planta, entre dinamismo y frontalidad, entre vanguardismo tecnológico y resolución artesanal.”

Los números del Kavanagh fueron sorprendentes para su época. Durante su construcción debieron prepararse 1.500 planos y planillas para una superficie edificada de 25.800 m2.  En las estructuras de hormigón fueron utilizadas 1.600 km. de barras de hierro en tanto que el total de las cañerías de agua, vapor, desagües y conductores eléctricos alcanzó los 90 km. La instalación eléctrica fue equivalente a la que se necesitaría para abastecer a una ciudad de 80.000 habitantes, a la vez que el equipo refrigerante del acondicionador de aire (único en el mundo) podía generar hielo para un conglomerado urbano de 75.000 personas. En las obras llegaron a trabajar 613 obreros diarios… para conducir el total de 23.260 tn. de materiales empleados fue necesario hacer 5.000 viajes de camión.

Al momento de su construcción el Kavanagh fue considerado como el edificio de renta más completo de Sudamérica, además de ser el primero del mundo en tener un equipo de aire acondicionado central.  Como se deseaba contar con los servicios más modernos, todos los departamentos tuvieron cocinas eléctricas… en los “offices” y “halls” de servicio fueron instalados muebles metálicos. Los placards de los dormitorios, a su vez, fueron equipados con estantes de cedro.

El esquema del edificio se compone de sótano, planta baja, 30 pisos con un total de 102 viviendas repartidas en seis alas y un mirador en la terraza, lo que sería el piso 31°. La planta baja fue dedicada a los grandes ambientes de recepción, con entrada cubierta para autos, salas de espera, de informaciones, de teléfonos, toilettes, vestíbulos y galerías. Sobre el frente de la calle Florida se ubicó la entrada principal (N° 1065) así como también varios locales para negocios, en tanto que sobre San Martín fueron instalados pequeños consultorios para profesionales con entradas directas desde la calle. En el hall central se ubicaron los 12 ascensores rápidos… El ingreso fue enmarcado por una puerta giratoria y una escalinata de mármol. Los palieres que se abren hacia las alas del edificio, a su vez, fueron diseñadas con boiserie de roble y sillones de cuero a sus lados. Hay quienes dicen que todo el mobiliario y las obras de arte eran propiedad de Corina Kavanagh.

El piso 31°, tiene una terraza mirador de 80 m2 de superficie con un observatorio astronómico…El piso más lujoso es el 14°, compuesto por un solo departamento que tiene tres terrazas y ocupa casi 700 m2.Por esa vivienda pasaron Maurice Chevalier, Charles Aznavour, Edith Piaf, Sammy Davis Jr. y Camilo Sesto, entre otros. Allí también, en el jardín, solía tomar sol Nélida Lobato. … Muchos famosos fueron residentes de edificio, y Corina Kavanagh ocupó e sexto piso hasta el día de su muerte, ocurrida en 1984.

En 1948, fue aprobada la Ley N° 13.512 de Propiedad Horizontal. Hasta ese momento los edificios destinados para vivienda no podían ser vendidos por unidades, dado que la legislación existente impedía fraccionar los inmuebles en propiedad horizontal. Esta ley tardó mucho tiempo en ser aprobada en Argentina, sobre todo si comparamos con otros países de Sudamérica, tal el caso de Brasil (1928), Chile (1937) y Uruguay (1946). Una vez aprobada, los edificios en Argentina presentaron sectores de propiedad exclusiva (departamentos) y áreas de propiedad común (accesos, servicios, etc.). Corina Kavanagh perdió gran parte de su fortuna a causa de la Ley de Propiedad Horizontal, ya que debió vender todos sus departamentos. Sólo mantuvo para sí dos del ala C, en el 6° y 7° piso.

Durante los primeros gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1955) el Kavanagh fue atacado por ser considerado como un baluarte de la aristocracia. Hay quienes dicen que Evita quiso comprarlo o en peor situación para los propietarios, expropiarlo, para destinarlo a los trabajadores. Algunos vecinos cuentan que cuando la quema de las iglesias en 1955, hubo algunos fanáticos que quisieron incendiar el edificio, cosa que no llegó a concretarse porque allí vivía el Secretario de Comercio de Perón.

El Edificio Kavanagh completó la tetralogía de los rascacielos modernistas en Buenos Aires, junto con los edificios COMEGA, SAFICO y el Ministerio de Obras Públicas. En la actualidad, es uno de los símbolos más importantes de la ciudad. Además, es un hito en la arquitectura de nuestro país. Los laureles que obtuvo son múltiples: Premio Municipal de Casa Colectiva y Fachada (1936), Mención Honorable del “American Institute of Architects” (1939), Hito de la Ingeniería Civil Internacional (1994) y Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad en la lista de la UNESCO (1999). En el caso del tercer premio mencionado, cabe destacar que lo otorga la “Asociación de Ingeniería Civil de Estados Unidos” y que solo fue entregado a 17 obras, entre ellas la Torre Eiffel y el Canal de Panamá. Finalmente, no podemos dejar de mencionar que en abril de 1999, la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos lo declaró Monumento Histórico Nacional.

No cabe ninguna duda de que el Kavanagh marcó un punto de inflexión en la historia de los rascacielos de Buenos Aires. Es que por más que ya no sea el más alto, siempre será “el” rascacielos porteño por excelencia. En este sentido, el arquitecto César Pelli, quien llama al Kavanagh “porteño entrañable”, explica que “un rascacielos va más allá [de la altura] y responde también al rol simbólico-espiritual de destacarse sobre el cielo. Reconoce que la gran altura trae aparejada la responsabilidad de darle forma a la silueta de la ciudad. No podemos imaginarnos a París sin la torre Eiffel o a Nueva York sin el Empire State. El edificio Kavanagh es un buen rascacielos. Llega al cielo en varios pasos reverentes y su tope es delicado y reconocible.

A fines de la década del 1930, el Kavanagh comenzaría a dejar de ser el edificio más alto de Latinoamérica, así como también el más alto del mundo construido en hormigón armado. Una vez más sería la ciudad brasileña de San Pablo la que tomaría la posta. Hacia 1939 el BANESPA (Banco del Estado de San Pablo) se encontraba en un momento de expansión y por lo tanto necesitaba construir una sede más grande. Así fue que en ocho años levantó una mole de 35 pisos y 161 metros de altura que superó ampliamente al Kavanagh. El Edificio del BANESPA estaba inspirado en el Empire State Building de Nueva York,


Fuente: “RASCACIELOS PORTEÑOS. 1ra ed. Buenos Aires. Gobierno  de la Ciudad de Buenos Aires, 2005.

© Copyright 2005 by Leonel Contreras

* Aquí presentamos- del libro mencionado- un resumen del Capítulo VII: “EL GIGANTE DE LA BARRANCA. -Historia y leyenda del Edificio Kavanagh-”

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Aníbal Troilo (Pichuco) y Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

Aníbal Troilo, “Pichuco”, bandoneonista, director y compositor, uno de los máximos exponentes del Tango, nació en el barrio del Abasto, en la ciudad de Buenos Aires. En un reportaje dijo de su ciudad natal:

“De Buenos Aires tendría que decir muchas cosas… Que es mi vida, que es el tango, que es Gardel, que es la noche… Que es la mujer, el amigo… Tendría que decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas… Pero anote esto: agradezco haber nacido en Buenos Aires.” (Aníbal Troilo - “Pichuco”)

Aníbal Troilo, por Walter Toscano.

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http://www.troilo.com.ar/anecdotas.htm

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Casa natal del general Manuel Belgrano

Por Carlos Szwarcer

El general Manuel Belgrano, uno de los más grandes próceres argentinos, nacíó el 20 de junio de 1770 en el solar de Av. Belgrano 430, entre Defensa y Bolívar (ciudad de Buenos Aires), a metros de la Iglesia de Santo Domingo.  Al final de su vida, fue trasladado enfermo y falleció a esa misma casa de nacimiento.

La imagen corresponde al año 1909. La histórica propiedad fue vendida y posteriormente demolida. Con el tiempo, en ese lugar se construyó el “edificio Calmer”.

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Feliz Año Nuevo (tarjeta postal de 1906)

Por Carlos Szwarcer

Tarjeta Postal editada por G. B. Pedrocchi de Buenos Aires e impresa en Alemania para celebrar el principio de año. Despachada en Asunción y dirigida a Villa Encarnación, ambas direcciones en la República del Paraguay, el 1º de enero de 1906.

Estas postales son mucho más escasas que las que no tienen impreso el día porque la edición de este tipo de Tarjeta Postal implicaba un cierto riesgo comercial, ya que si no se vendía para la fecha impresa no servía para otra hasta el próximo año (que en este caso ha sido escrito a mano por el remitente).

De la Colección de Héctor Luis Pezzimenti. Museo Itinerante de la Tarjeta Postal y Fotografía a cargo del CEITPA.

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Fuente: http://tarjetaspostalesargentinas-ceitpa.blogspot.com.ar/

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El Centro Naval porteño. Majestuoso edificio de la belle époque

Por Carlos Szwarcer

La sede central del Centro Naval se encuentra en Florida 801, Capital Federal. El edificio centenario, proyectado por el  estudio Mallet-Dunant, fue realizado por el arquitecto Gastón Mallet e inaugurado el 14 de mayo de 1914, Indudablemente es una muestra importante de la arquitectura francesa de la belle époque identificada con las líneas arquitectónicas de la École des Beaux Arts de París.

Centro Naval. Florida 801. Ciudad de Buenos Aires.

Se resolvió admirablemente el serio problema que ofrecía el solar de una esquina rectangular, y el funcionalismo del edificio, así como sus proporciones y detalles lo convierten en una de las piezas de ese Buenos Aires de la década del Centenario, admiración de turistas extranjeros y argentinos que pasean por la hoy peatonal Florida.

La hermosa puerta central estuvo a cargo de Luis Tiberti. Con su entrada de hierro y bronce fundida en el Arsenal Naval Buenos Aires, con viejos cañones de las guerras de la Independencia, su hall o vestíbulo y la escalera central, más la farola que la ilumina, constituyen uno de los conjuntos más puros de la llamada belle époque porteña.

Puerta central del Centro Naval

El diario “La Prensa” obsequió las lámparas con los soportes artísticos para ser colocadas en el exterior del edificio a los costados de la puerta principal. La majestuosidad de la construcción de siete pisos con la decoración externa original del escultor Luis Trinchero, inspirados en los de los salones de la Guerra y la Paz del Palacio de Versalles, lo convierte en un punto de orgullo ciudadano.

La decoración de los salones y recintos (pinturas al fresco y dorados a la hoja), se mantienen como rara prueba artesanal local, así como sus dos ascensores principales, obra de ebanistería irreemplazable.

En esta tradicional asociación civil (fundada en 1882 por un grupo de jóvenes oficiales de Marina) se realizan conferencias, exposiciones y se edita un Boletín  que tiene la misión de difundir los trabajos de los miembros de la institución y de otros pensadores referidos a los intereses marítimos y a todo aquello que pueda servir al progreso de la Armada y la nación y expandir  estos conocimientos en el seno de la sociedad.

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Fuentes:

http://www.centronaval.org.ar/

http://www.lanueva.com

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Vitral de San Martín de Tours. Su elección como Patrono de la ciudad de Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer


En la iglesia de San Martín de Tours, ubicada sobre la calle homónima, número 2949, a pasos de la Av. Figueroa Alcorta, hay unos hermosos vitrales. Entre ellos uno representa el sorteo que, según la tradición, consagró al Obispo de Tours como Patrono de la ciudad recién fundada.  Recordemos que esa tradición señala que el 20 de octubre de 1580, queriendo dotar de un Patrono a la Ciudad de la Trinidad, Juan de Garay dispuso que se realizara un sorteo entre varios santos, cuyos nombres, en varias papeletas, se mezclaron en un sombrero. Al sacar uno al azar, apareció el nombre de San Martín de Tours, que no fue del agrado de los presentes por tratarse de un santo francés. Colocaron, nuevamente, su nombre en el sombrero y se procedió a una segunda lotería. Otra vez salió el nombre del santo francés, y una vez más, ante el disgusto generalizado, volvió su nombre al montón. Pero la papeleta con el nombre del Santo de Tours volvió a salir en la tercera ocasión, de modo que Garay y sus  acompañantes interpretaron esto como una señal de la Providencia, y San Martín de Tours fue consagrado, finalmente, como Patrono de la nueva ciudad.

Vitral en la Iglesia San Martín de Tours. Se observa el momento de su elección como Santo Patrono de la ciudad

En el vitral se ve el momento de un sorteo (un niño, como es habitual en este tipo de situaciones, saca la papeleta), y en el frente de la mesa se ve el escudo que, ese mismo día, Garay dio a Buenos Aires. En el piso, dos papeles con el nombre de “Martín” representan los dos sorteos anteriores.

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Fuente: http://heraldicaargentina.blogspot.com.ar/

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La Galería Güemes cumple 100 años.

Por Carlos Szwarcer


Al igual que otras Galerías de fin del siglo XIX y principios del XX, la Galería Güemes fue concebida al estilo de los grandes espacios europeos, que eran lugares de encuentro, de esparcimiento y donde, además de las compras, sucedían acontecimientos sociales; eran los predecesores de los actuales shoppings.

El edificio Galería Güemes es considerado uno de los primeros rascacielos de Buenos Aires con sus 87 metros de altura. Al visitante de aquellos años lo sorprendía la variedad de usos y funciones que albergaba en su interior. En el subsuelo un teatro y un importante salón de eventos y restaurante. En la planta baja la Galería con locales comerciales y variada gastronomía. Desde el primer piso oficinas, y a partir del 6º nivel se encontraban los departamentos totalmente amueblados que se alquilaban temporalmente. Al llegar al piso 14º se encontraba uno frente a la confitería que tenía vistas a la ciudad y donde sonaban los acordes de una orquesta que tocaba desde un balcón interno del salón. Cuatro niveles más arriba el mirador, punto más alto de la ciudad durante varios años con una vista única de 360 grados en pleno centro de la ciudad.

Vista parcial de a Galería Güemes en la actualidad.

Todo ello acompañado por alardes técnicos como ascensores capaces de recorrer 140 metros en 60 segundos, sistemas contra incendios que bombeaban hasta 24 mil litros por hora y que eran activados a través de alarmas eléctricas ubicadas en la planta baja y los subsuelos. Los distintos sectores contaban con refrigeración, calefacción y ventilación forzada, y hasta fue comidilla por indiscreto el tablero luminoso que informaba acerca de la ocupación de las oficinas.

Un sistema de tubos neumáticos servía de correo interno del edificio.

No menos impacto causó la combinación de iluminación natural y artificial de la bóveda y la broncería del pasaje, o los detalles de broncería de los escaparates y de las puertas de los ascensores.

El teatro contaba con butacas montadas sobre una losa de hormigón armado que, a su vez tenía apoyo pivotante capaz de cambiar la pendiente de la sala.

El conjunto causaba una impresión verdaderamente futurista teniendo en cuenta que corría el año 1915.

Los promotores de la obra fueron los salteños Emilio San Miguel y David Ovejero, dueños de gran fortuna y propietarios de la casona de 1830 que había en el terreno sobre Florida. Al principio se pensó en realizar la obra tan sólo sobre esta calle, pero luego se sumó al proyecto el Banco Supervielle, propietario del lote que miraba a San Martín. Se optó entonces por un edificio-pasaje que conectara ambas calles mediante una Galería de 116 metros.

El emprendimiento fue encomendado al arquitecto italiano Francisco Terencio Gianotti. La Galería Güemes fue considerada una de las obras cumbres de Art Noveau.

La construcción comenzó en 1913, y debió afrontar no pocos problemas, pues sus propietarios quedaron en bancarrota por el costo de la obra que subió de 10 a 15 millones de pesos fuertes, situación agravada cuando un submarino alemán hundió el barco que traía los mármoles italianos para la fachada sobre Florida y otros costosos elementos para su terminación.

Inauguración de la Galería Güemes, Diario La Nación (15 de diciembre de 1915).

El nombre del edificio, rinde homenaje al máxime héroe de la provincia de Salta, General Martín Miguel de Güemes. El 15 de Diciembre de 1915, la inauguración fue organizada por el Círculo de la Prensa y a ella asistieron el Presidente de la Nación Dr. Victorino de la Plaza (de origen Salteño), otras autoridades y descendientes del General Güemes.

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Fuentes:

http://www.galeriaguemes.com.ar/imagenes

http://www.scielo.org.ar/

http://www.acciontv.com.ar/

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Librería El Ateneo - Ex Cine Teatro Grand Splendid

Por Carlos Szwarcer

Se cumplen 15 años desde que el Cine Teatro Gran Spendid se convirtió en una megailibrería (El Ateneo), preservándose aspectos originales de su arquitectura.

El Ateneo Gran Splendid (ciudad de Buenos Aires) es considerada una de las joyas entre las librerías del mundo. Hace poco tiempo, según un ranking mundial difundido por el diario The Guardian, estaba en el segundo puesto, detrás de la curiosa Boekhandel Selexyz Dominicanen, en Maastrich (Holanda), que ocupa una antigua iglesia de 800 años.

La elegante zona de la ciudad donde el 14 de mayo de 1919 se inauguró el Grand Splendid era conocida como el “Saint Germain porteño”. En su origen, el “Splendid Theatre”, comenzó a funcionar como sala teatral, con palcos alfombrados, butacas tapizadas en una crin de seda verde,  y una cúpula decorada por el artista italiano Nazareno Orlandi. Introdujo la novedad de los abonos, al estilo de las salas norteamericanas, con los que se podía acceder a eventos como los “Viernes de Moda” y los “Domingos Selectos”, verdaderas veladas sociales y artísticas.
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En 1926 su sala comenzó a funcionar como cine, y el 12 de junio de 1929 se estrenó a primera película sonora en Buenos Aires: La divina dama. En 1923, en un estudio instalado en uno de sus pisos altos, inició sus transmisiones Radio Splendid. También funcionó en el edificio, entre 1921 y 1930, la Compañía Max Glüksmann -empresario austríaco propietario del cine- que grabó canciones de destacadas figuras como Carlos Gardel e Ignacio Corsini.

Antigua fotografía de Teatro Gran Splendid

En 1924 esta compañía organizó famosos concursos de tango, de los que surgieron melodías como “Organito de la tarde”, de Cátulo Castillo.

El Gran Spendid remodelado y convertido en una de las sucursales de Librería EL Ateneo

En 1964 la sala fue adquirida y remodelada por el empresario Clemente Lococo, y en 1973 volvió a funcionar como cine. En diciembre del 2000 el Grand Splendid fue reciclado y transformado en una megalibrería, respetando sus características estéticas y arquitectónicas originales.


DIRECCIÓN AV. SANTA FE 1860, RECOLETA

AÑO/S 1919 (INAUGURACIÓN “GRAND SPLENDID”)

2000 (APERTURA DE”EL ATENEO”)

AUTOR/ES ARQUITECTOS PERÓ Y TORRES ARMENGOL

Fuentes:

Guía del patrimonio cultural de Buenos Aires 1 : edificios, sitios y paisajes. - 1a ed. Buenos

Aires : Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, 2008.

http://www.lanacion.com.ar/1520067-el-ateneo-celebra-hoy-su-centenario

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La primera carrera de autos en Buenos Aires

Por Carlos Szwarcer

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El sábado 16 de noviembre de 1901 se llevó a cabo la primera competencia automovilística del país. Fue en el Hipódromo Argentino situado en el pueblo de Belgrano (en las actuales Libertador y Monroe), a pocos kilómetros del centro de la ciudad de Buenos Aires. Se trataba de una actividad de beneficencia organizada por la Sociedad Damas de Caridad. Parte de lo recaudado iría a parar a las necesitadas arcas del Instituto Siglo XIX, que sostenía un asilo de ancianos.

Los competidores fueron siete: cinco Locomobile, un Rochester y un auto construido en la Argentina por el español Celestino Salgado, mecánico y piloto de su prototipo. ¿Cómo eran aquellos autos? Muy parecidos a las breaks de tracción animal, salvo que sin los caballos. Ni siquiera tenían volante, sino un timón con el que torcían el rumbo de las ruedas.

Los pilotos de los Locomobiles fueron Aarón Anchorena, Juan Abella, Alcorta, Gismondi y un futuro presidente, Marcelo Torcuato de Alvear. Juan Cassoulet (a quien vemos en la foto) condujo el Rochester. Para ser identificados, los corredores llevaban un brazalete con un número en el brazo derecho, el que se veía desde la tribuna. No usaban casco, pero sí llevaban puestos bombines, esos sombreros chaplinescos.

Juan Cassoulet - el ganador de la competencia . arriba del Rochester.

Desde el arranque, Cassoulet y Alvear se distanciaron del resto. El futuro presidente logró establecer una diferencia, pero se le salió una cadena del engranaje. La cigarrera de premio fue para Cassoulet, quien alcanzó los 73 kilómetros por hora promedio para cubrir los mil cien metros y ganar la competencia, ante el aplauso de la tribuna –mucho público femenino– que celebraba el acontecimiento. El victorioso automóvil comenzó a incendiarse en cuanto su piloto lo detuvo. Cassoulet apagó la llave de paso del combustible, retiró los inflamables almohadones de los asientos y procedió a apagar el fuego. “Me ensucié un poco la ropa, pero salvé la galera”, diría después el competidor. La cigarrera se exhibe en el Museo Juan Manuel Fangio, en Balcarce. Fue donada por Federico Kirbus, uno de los principales investigadores de esta historia.

Alvear sintió el rigor de la única curva donde había roto la cadena y llegó tercero y furioso, detrás de Juan Abella y delante de Gismondi. Todos felicitaron al vencedor. Pero los verdaderos ganadores fueron los abuelos de asilo.

Fuente

http://blogs.lanacion.com.ar/historia-argentina/tag/primera-carrera/

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