Estampas de Buenos Aires

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Comentarios de Libros y Publicaciones

El futuro que imaginó Buenos Aires

RASCACIELOS Y AVIONES. “En 100 años, Bs. As. tendrá el aspecto que el artista imaginó”, afirmaba El Hogar en 1929.

 

¿Qué idea del futuro tenían los porteños a comienzos del siglo XX? A partir del análisis de las revistas que se leían en la ciudad entre 1900 y 1920 –“la Internet de entonces”–, Margarita Gutman escribió “Buenos Aires, el poder de la anticipación”, un libro monumental que reflexiona sobre esas ansiedades, expectativas y representaciones del porvenir. En esta entrevista adelanta las conclusiones de su investigación.

 POR FEDERICO KUKSO

En 1940, mientras el mundo se caía a pedazos, el mayor ensayista argentino de todos los tiempos resolvía el gran acertijo nacional: cómo un proyecto colectivo de país terminó subyugado y centralizado en una ciudad descomunal, una ciudad-monstruo. Pero en lugar de salir a contarlo, Ezequiel Martínez Estrada volvió a codificar el enigma y dispersó las claves en La cabeza de Goliat: Microscopía de Buenos Aires, uno de los libros del siglo XX y una de aquellas obras que hay que leer sí o sí – como Martín Fierro y Facundo– para entender de qué se habla cuando se habla de “argentinidad”.

Ahí está lo que hay que saber sobre la capital argentina y sus efectos psíquicos. Sus personajes – el cuidador de coches, el tilingo, el chofer, los canillitas –, el truco, las palomas, los estadios, los autos, subterráneos y colectivos, el éxtasis de la velocidad, el desarraigo y la frustración, los olores, las paredes que hablan, y el símbolo de la ciudad, aquella abstracción vuelta ícono: el Obelisco. “Más que ciudad, Buenos Aires es un fenómeno psicológico”, sentenciaba el escritor santafesino para explicar lo que veía, tocaba, escuchaba, oía y degustaba con sus afilados sentidos.

En esta radiografía psicourbana, sin embargo, falta un elemento clave para comprender a fondo la sensibilidad porteña: el futuro. ¿Cómo imaginaban aquellos ciudadanos de principios del siglo XX la Buenos Aires del año 2011? ¿Soñaban con una ciudad-colador, con arterias viales de flujo incesante, con individuos zombies incapaces de despegar sus ojos de una pequeña cajita que sacan y meten de sus bolsillos?

¿Presagiaban el sopor del piquete, los ataques de pánico en subtes y colectivos en hora pico, las estatuas graffitiadas, la creatividad del esténcil, las anónimas esculturas de basura que se ven desfilar velozmente a través de las ventanas de un tren destartalado?

“Las anticipaciones del futuro producidas por una sociedad hablan más de esa sociedad que del mismo futuro que anticipan”, asegura Margarita Gutman la arquitecta que con su monumental libro-investigación Buenos Aires, el poder de la anticipación. Imágenes itinerantes del futuro metropolitano en el primer Centenario(Ediciones Infinito) aporta la pieza faltante para completar el rompecabezas iniciado por Martínez Estrada hace ya varias décadas.

-En las 764 páginas de su libro usted realiza una especie de encefalograma de los habitantes de Buenos Aires de principios del siglo XX para develar sus aspiraciones, sus fantasías y deseos futuristas. ¿Por qué decidió enfocar su búsqueda en revistas como Caras y Caretas, PBT, Fray Mocho, El Hogar, La Vida Moderna? ¿De dónde sacó la paciencia para revisar 8.367 ejemplares de revistas de entre 1882 y 1928?
-Quería ahondar en lo que los habitantes de aquella Buenos Aires de comienzos del siglo XX imaginaban que sucedería. Me interesaba llegar a la imaginación popular pero me fue imposible por obvias razones: su voz no está documentada. Fue entonces, en 1993, que me topé con el mundo de las revistas que para fines del siglo XIX y principios del XX constituían la vanguardia de la comunicación metropolitana de la época. Desde 1898 con Caras y Caretas y después con PBT y El Hogar, estas revistas constituyeron lo que hoy es para nosotros Internet. Permitían que la gente se empapara de noticias pero también que supiera cómo manejarse en la ciudad. No hay que olvidar que para entonces la mitad de la población estaba compuesta por inmigrantes. Estas revistas eran muy baratas y muy vendidas. Para mi sorpresa, encontré en ellas una especie de reiteración, una obsesión e insistencia sobre el futuro a través de artículos, caricaturas, chistes.

-¿Hay una razón en la elección de presentación humorística?
-Sí. El futuro presentado bajo el paraguas del humor y la caricatura permiten dar con más facilidad un salto hacia lo desconocido, abre las compuertas de la imaginación, estimula la experimentación. Son dos maneras de conducir las ansiedades, expectativas, deseos o temores acerca de los tiempos por venir.

-El sociólogo alemán Georg Simmel, uno de los grandes pensadores urbanos, presagió en su trabajo “La metrópolis y la vida mental” (1903) que el protagonista del siglo XX iba a ser el “urbanita”, el individuo que no puede pensarse sin la ciudad, aquel gran dispositivo de circulación. Usted afirma que una ciudad no puede concebirse sin conocer su pasado, presente e incluso sus imágenes de futuro. ¿Por qué?
-La ciudad no se puede entender si no se advierten sus procesos de transformación. No se puede comprender con una foto fija. Así como es necesario estudiar la historia de una ciudad es preciso estudiar también los planes, proyectos, lo que fue y lo que no fue, lo que sus habitantes desean y desprecian de ella. Para entender la ciudad en un momento dado y para entendernos a nosotros como procesos vivientes hay que recurrir a cierta memoria del pasado y también a sus aspiraciones.

-Recuerdos del futuro.
-Exacto. No podemos actuar sobre una ciudad si no tenemos idea de lo que pasó y una idea de a dónde queremos llegar, un horizonte de expectativa. Cualquier persona necesita en su vida cotidiana desplegar cierta imaginación de futuro. Para cruzar la calle, para votar debemos tener cierta capacidad de proyección.

-¿Y cómo era el futuro para aquella Buenos Aires de principios del siglo pasado?
-Una mezcla, un viaje entre París y Nueva York. París era la imagen que tenían en mente los arquitectos y urbanistas de por entonces. Sin embargo, la imaginación plebeya, por así decirlo, soñaba con Nueva York: la ciudad vertical, fragmentada, con transportes en varios niveles. Imaginaban un mundo interconectado, un mundo de flujos, muy parecido al que vivimos hoy. Cuando pensaban la ciudad del futuro pensaban mucho en el aire. Creían que todo se iba a resolver ahí, en las alturas. En las revistas, en los artículos y en las ilustraciones se ve y anticipa un mundo compactado en el que se podía llegar rápido a cualquier lugar. Los aviones – aún imaginados individuales – y los rascacielos eran los símbolos predilectos, íconos del futuro urbano.

-No es extraño: otro grande, el sociólogo y urbanista estadounidense Lewis Mumford señaló en “La ciudad en la historia” (1961) que lo que caracteriza a las megalópolis es, básicamente, su red de transportes tanto en sentido horizontal (ferrocarriles, subtes, calles) como vertical (ascensores y grandes edificios).
-Es verdad. Pero lo importante también es lo que no aparece en estas anticipaciones. En estas publicaciones y representaciones del futuro están ausentes las cloacas, el tendido de agua y gas. La gran estrella es la energía, la electricidad que transforma como una marea la vida de la gente.

-Era un futuro prometedor, confortante, casi naïf como el que impregna las novelas de anticipación de H.G. Wells y Jules Verne. ¿Cómo se construyó esa idea esperanzadora? Porque no surgió de la nada.
-No. De hecho, la idea de futuro es una idea moderna. Antes del siglo XVIII, esta excitación por el futuro no existía. Desarrollada a partir de mediados del 1700, la idea de progreso se basó en la profunda convicción de que el presente era mejor que el pasado y que lo que estaba por venir iba a ser mejor que el presente. En su devenir histórico, la ciencia se asoció a lo milagroso gracias a su capacidad de predicción. Y a fines del siglo XIX, se convirtió en un sustituto popular de la religión. Ofrecía una visión del mundo a la vez ordenada e inspiradora. La idea de futuro estaba impregnada de optimismo y se extendía sobre todos los aspectos de la vida personal y colectiva. Sólo había que esperar que el tiempo pasara para que todo fuera, sin duda, mejor. Otro aspecto que se aprecia en las revistas es que estas anticipaciones del futuro se multiplican en 1910, en los festejos del Centenario. Pero después decaen en el periodo de entreguerras. La idea de futuro a partir de entonces se complejizó.

-Algo pasó: guerras, bomba atómica, experimentos nazi, cambio climático. Incluso la ciencia ficción entró en crisis. Nadie imagina cómo será la Buenos Aires del 2583 o cómo lucirá Argentina en el año 3341. No podemos imaginar esos escenarios.
-Es verdad. Yo ni me puedo imaginar lo que voy a estar haciendo el año que viene. A lo largo del siglo XX, el horizonte de esperanza se transformó en horizonte de amenaza. Lo que quedó demostrado a lo largo del siglo XX es que ese optimismo tecnocientífico ciego y acrítico no nos llevó exclusivamente a la felicidad sino que también nos condujo al holocausto, a las guerras, a los conflictos que nadie pudo imaginar. Hoy el pensamiento sobre el futuro es mucho más escaso. Está impregnado de escepticismo. Una de las consecuencias de la crisis política y económica argentina de 2001 fue la pérdida del futuro. Hoy somos incapaces de imitar a aquel periodista francés llamado Aquiles Sioen que en 1879 publicó Buenos aires en el año 2080: historia verosímil, uno de los relatos de anticipación precursores de la ciencia ficción en la Argentina.

-“La vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”, escribió alguna vez el filósofo español José Ortega y Gasset. El futuro es nuestro paraíso perdido, para decirlo en clave miltoniana.
-La imaginación del futuro es tan disputada como el presente. Los pueblos que no tienen proyecto de futuro terminan siguiendo los proyectos futuros de algún otro. Toda sociedad necesita una idea de futuro. Es esencial en la construcción de la identidad de una nación. Por eso iniciativas como Tecnópolis, la megamuestra de ciencia, tecnología y arte argentinos que puede visitarse en Villa Martelli hasta fines de noviembre, son fundamentales. La reinstalación del pensamiento sobre el futuro es absolutamente crucial. Es algo que las sociedades y las personas necesitan. Cuando se hablaba del fin de la historia se hablaba también del fin del futuro. ¿Qué nos queda si no? El zapping. El puro presente sin pasado ni futuro. Si queremos instalar una sociedad y una nación sanas es necesario trabajar en una construcción colectiva de un horizonte de expectativas, tener un proyecto de futuro. El ejercitar la imaginación es importante. Pero también lo es que se impulse en los sectores con menos recursos. Es una apuesta a la creación de inquietudes. La imaginación del futuro es el instrumento social necesario para tomar las decisiones en el presente, ejercer el derecho a aspirar y cimentar las identidades sociales.

-Su investigación es una exploración retrofuturista. Es imposible evitar el contraste entre lo que se imaginó que iba a pasar con lo que finalmente ocurrió.
-Puede ser. Sin embargo, mi objetivo no era ver qué fantasías se cumplieron y cuáles no. Eso no era tan importante. Me interesaba tomarle el pulso a aquella imaginación plebeya muy ligada a la tecnología. A la asociación entre desarrollo tecnológico y la idea de confort en la vida cotidiana. No digo que haya una correlación directa, de causa y efecto entre lo que se imaginaba en estas revistas y lo que en realidad sucedió. Aunque sí ayudaron a la construcción de un horizonte de expectativas. Hay algunos aspectos profetizados que se terminaron cumpliendo.

-¿Por ejemplo?
-La desaparición de la calle como lugar de encuentro multicultural, como ese ámbito de la vida pública y de los encuentros casuales. La gente que vive en los nuevos complejos urbanos, las nuevas torres, los nuevos guetos, mucho no camina, no frecuenta la plaza. La calle fue reemplazada para algunos por el shopping donde uno nunca sabe dónde está. Además, uno termina de conocer su ciudad cuando se va y visita otra.

-Aun así, las ciudades se convirtieron en productos, en marcas de consumo. Como el logo de Nike y el de McDonald’s está el I NY. Más allá de ciertos monumentos, las megalópolis terminan pareciéndose. Mire lo que pasa con el Barrio Chino. Casi no hay ciudad que no tenga uno.
-Igualmente, hay contrastes. Las ciudades se diferencian en sus colores, en su diversidad, en los tamaños y en las formas en las que sus ciudadanos se manejan en la calle.

-Es como decía Richard Sennett en “Carne y piedra: el cuerpo y la ciudad en la civilización occidental”. Hay una relación entre los modelos de cuerpo humano y los diseños urbanos. Igual, más allá de esto, usted incita a pensar la ciudad. ¿Verdad?
-Sí. Es necesario que los habitantes pensemos la ciudad. No importa si seguimos el paradigma mecanicista o el paradigma organicista y concebimos a las ciudades como organismos compuestos por “arterias” de tránsito, “bocas” del subte. Conocer una ciudad es apropiarse de ella. Si las personas participaran en decisiones de una u otra manera y si se desarrollaran instancias de colaboraciones de ideas redundaría en un mejor funcionamiento urbano. Por eso es imperioso extender y alentar el pensamiento sobre el futuro. Como decía el sociólogo inglés Raymond Williams en 1983, es urgente poner el futuro de algún modo sobre la mesa de discusión. Comenzar a pensar el futuro es el primer paso para construirlo.

 

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Margarita-Gutman-Buenos-Aires-poder-anticipacion_0_557344417.html

 

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Manuel Puig: lo cursi transmutado en arte

 


Manuel Puig. Ilustración de María Inés Mete

Por Alejandro Michelena

A más de veinte años de su muerte –ocurrida el 22 de julio de 1990 en Cuernavaca, México– no se pone en duda el lugar destacado que ocupa Manuel Puig en el contexto de la literatura latinoamericana. Ese espacio no fue, ni es, el canónico, el de la unanimidad crítica, sino el del margen, el de lo no prestigioso. Sus novelas bordean el límite de lo cursi, y tratan en muchos casos temáticas poco apreciadas por la mayoría de los escritores de su generación, que privilegiaban lo social y lo comprometido.

Hoy no está en cuestión la valía artística de Puig. Se le considera uno de los grandes autores argentinos. Nada menos que aquel que supo recrear con maestría el costado cotidiano de la sensibilidad popular y sobre todo femenina. El que llevó adelante, a través de su obra, un destaque y una crítica lúcida del habla de la gente común, y desde ese punto planteó su mirada –reflexiva, aunque no lo hayan visto así críticos prestigiosos– nada complaciente sobre la sociedad argentina y el mundo.

De la pasión cinéfila a la invención de historias

Sus fervores iniciales, su ambición creativa juvenil, estuvieron centrados en el cine. Esa pasión, cultivada en tantas salas oscuras junto a su madre, tanto en su pueblo natal de General Villegas como más tarde en la propia capital porteña, lo condujo a gestionar una beca de la Sociedad Dante Aliguieri, que lo llevó a Italia a los veinticuatro años. En 1956 estaba instalado en Roma, estudiando en el Centro Sperimentale di Cinematografía, y asistiendo a rodajes de Vittorio de Sicca y René Clément, pero a los dos años abandona sus ambiciones de transformarse en realizador. Su sensibilidad y sus fervores tenían más que ver con la producción hollywoodense de la época de oro y con los filmes de narración clásica.

Iba a deambular después por España, para recalar en Londres, donde intentó el oficio de guionista cinematográfico sin mayor éxito. En los primeros años sesenta regresa a Buenos Aires, sintiéndose fracasado, pero trayendo en sus valijas el primer proyecto de novela, La traición de Rita Hayworth. Esta obra, en gran medida autobiográfica, tiene como punto de partida la experiencia del cine de matiné que Puig viviera tan intensamente en la infancia y adolescencia, reflejando en su trama y sus personajes el impacto del mundo fantasmal del celuloide en la educación sentimental de varias generaciones de latinoamericanos.

En realidad no va a culminar su novela en la cercanía del Río de la Plata sino en Nueva York, donde trabaja intensamente el texto, y en 1965 se instala en París e intenta publicarla. La suerte lo acompañará, pues La traición… resultará finalista de uno de los principales concursos de narrativa en habla hispana del momento: el Biblioteca Breve, convocado por la editorial catalana Seix Barral. A partir de esto, el libro se publicará en Francia con enorme éxito. En Buenos Aires la edita Jorge Álvarez, con una módica repercusión y críticas que fueron calificadas como “tibias” por el autor.

Su segunda novela, Boquitas pintadas, aparece con el sello de Editorial Sudamericana en 1969, y rápidamente se transforma en un bestseller indiscutible. También es aplaudida por la crítica, lo que ubica a Manuel Puig en el Olimpo mayor de los narradores de entonces en el continente. Más allá del escándalo parroquial que causó el libro en su pueblo natal, donde fueron muchos los que se rasgaron las vestiduras ante ese retrato impiadoso e implacable de la cerrazón provinciana de General Villegas en los años cincuenta, públicos masivos comenzaron a agotar edición tras edición. Este gran éxito se afianzará todavía más cuando poco después el director Leopoldo Torre-Nilsson la lleve al cine, con libreto del propio Puig, protagonizada por Marta González y Alfredo Alcon encarnando respectivamente a Nené, la novia envidiada, y a Juan Carlos, el módico playboy provinciano.

“Obscenidades inadmisibles”

Con esta frase los censores del gobierno peronista de Héctor Cámpora –en la recién recuperada democracia argentina del año 1973– justificaban la confiscación de la tercera novela de Manuel Puig, The Buenos Aires Affair. También vieron, en ese texto radical e irreverente, un talante “antiperonista” que les pareció intolerable… Curiosamente, los censores de la dictadura militar de Onganía habían calificado a La traición de Rita Hayworth de sospechosa de “peronismo”…

Al año siguiente, ante amenazas de muerte por parte de la Triple a (organización paramilitar de la derecha peronista), Puig decidió instalarse en México df. De ahí en más, y por varios años, vivirá alternativamente entre Nueva York, Caracas y la capital mexicana.

En 1976 se publica en España El beso de la mujer araña, prohibida naturalmente por la dictadura de Videla en Argentina, al tiempo que sus libros anteriores multiplicaban por el mundo ediciones y traducciones.

Cae la noche tropical

El título de la última novela de Manuel Puig puede sintetizar la etapa de su radicación en Río de Janeiro, a partir de 1980. Había aparecido un año antes su novela Pubis angelical, a la que seguirán –en los años posteriores– Maldición eterna a quien lea estas páginas, Sangre de amor correspondido y Cae la noche tropical. Pero además, en ésa que iba a ser su última década de vida, adapta El beso… al teatro, generándose un éxito escénico constante en todas partes, que culminará en la versión fílmica con la dirección de Héctor Barbenco y las actuaciones de Raúl Juliá y William Hurt, que contó con su aprobación.

En 1989 Manuel Puig recupera su viejo amor por México, radicándose en Cuernavaca con su madre. Y a los pocos meses, en mitad del año siguiente, se va de este mundo a causa de un paro cardíaco después de una operación de la vesícula. De esa forma se cierra un ciclo narrativo donde los diálogos coloquiales, el cine y la cultura de masas, el habla popular o de las clases medias, se vieron reflejados fielmente en el marco de estructuras narrativas audaces y de vocación renovadora.

 

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/09/04/sem-alejandro.html

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Feria del Libro: presentación de “Cafés Notables de Buenos Aires”

Los cafés porteños son unos de los lugares más genuinos de la ciudad de Buenos Aires. Testigos privilegiados de historias cotidianas y de gestas históricas, los cafés son el pulso de nuestra ciudad. En la Feria del Libro se presentarán los tomos I y II de Cafés Notables de Buenos Aires.  

Participan: Liliana Barela y Horacio Spinetto

El domingo 29 de abril a las 21.30 hs. Sala Victoria Ocampo.

 

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Buenos Aires Fútbol

Buenos Aires Fútbol

Clubes, canchas y estadios en la Capital Federal desde 1867 hasta el presente

“Buenos  Aires Fútbol”, de Leonel Contreras hace un recorrido por los rincones porteños que alguna vez fueron canchas de clubes actuales y desaparecidos. Desde el mítico Gasómetro hasta el “Flores Polo Ground”, donde se disputó el primer campeonato de fútbol en Argentina.

 

 

El fútbol tuvo su origen en nuestro país hacia 1860. Llegó de Gran Bretaña con los marineros ingleses que arribaran frecuentemente a los puertos de Buenos Aires y Rosario. Posteriormente se convirtió en el deporte más popular y es por eso que actualmente nuestra ciudad alberga a decenas de clubes y a cientos de lugares que tuvieron que ver con la historia grande del fútbol argentino y mundial. Este hecho destaca a Buenos Aires por sobre todas las otras ciudades del orbe: es casi con seguridad la metrópoli que posee la mayor cantidad de estadios de fútbol en todo el mundo (solo dentro de los límites de la Capital Federal hay dieciocho). Algunos pasan desapercibidos; otros en cambio, son visitados asiduamente por los turistas extranjeros, tal el caso del Monumental o la Bombonera. Sin embargo, la historia comenzó mucho antes, existiendo en la ciudad una cantidad inagotable de lugares, escenarios y canchas dónde ocurrieron hechos que marcaron la historia del fútbol mundial. Entre ellos aparecen el BA Cricket Club, donde se jugó el primer partido documentado en Sudamérica; el Flores Polo Ground, donde se comenzó a disputar el primer torneo de liga de Latinoamérica; la Sociedad Sportiva Argentina (actual Campo Argentino de Polo); el estadio de Sportivo Barracasen Iriarte y Luzuriaga; el de River en Av. Alvear y Tagle y el mítico Gasómetro de Av. La Plata. Estos lugares, que hoy ya no están, se suman a los grandes estadios de la actualidad para conformar un acervo cultural que sin duda debemos preservar. Eso es lo que intentamos lograr con este libro, invitando amablemente al lector a recorrer una Buenos Aires diferente, esa que consideramos la “capital del deporte más lindo del mundo” y a la que hemos dado en llamar: BUENOS AIRES FÚTBOL.

 

Es esta una edición aumentada del libro “Buenos Aires Fútbol” (Ed. Dunken, 2008) declarado de Interés Deportivo por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en Septiembre de 2009.

Autor: Leonel Contreras
Formato: 29,80 ancho x 22,40 alto cm x 1 cm
Páginas: 148
Peso:700 gr.
ISBN: 978-987-1555-21-5

 

Fuente: http://www.olmoediciones.com/wordpress/?p=560

 

 

 

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Un libro maravillosamente porteño y entrañable

Horacio Spinetto en la presentación del libro de Carlos Szwarcer en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.

Algunos fragmentos de la exposición de Horacio Spinetto en la mesa de presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, de Carlos Szwarcer,  el 1º de noviembre de 2011 en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.  

 

 

“Una obra magnífica, esta que hoy presentamos: Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas. Carlos Szwarcer es un investigador a quien conocí trabajando sobre el mítico y legendario Café Izmir, aquel que Leopoldo Marechal menciona permanentemente en el Adán Buenos Aires, y con el paso del tiempo y del conocimiento, me fui dando cuenta que es uno de esos personajes que ama lo que hace, lo hace con pasión, y tiene esa virtud que no siempre se logra en este tipo de trabajos donde da una enorme cantidad de información, muy sustanciosa, muy rica, pero en ningún momento lo que él investiga, lo que escribe, resulta denso o cansador.  Es decir que es un doble mérito: darnos una enorme información y que sea fluida, entretenida y seria.

 

Este libro, concretamente, es un regocijo para todos los porteños. Aquellos que han seguido con entusiasmo el teatro de revistas y aquellos que a lo mejor no pero tienen la oportunidad a través de este libro de conocer cantidad de situaciones muy interesantes y que forman parte de la historia más entrañable de la ciudad de Buenos Aires.

 

(…)

 

A través de la historia del Teatro Maipo  que nos cuenta Carlos Szwarcer aparecen los nombres de Pepe Arias, Sofía Bozán, Gogó Andreu, Luis César Amadori, Elena Lucena, Dringue y Castrito, aparece esa rutilante Nélida Roca,  Vicente Rubino, Ethel Rojo, que apareció primeramente muy jovencita, Zulma Faiad, Pochi Grey, el gordo Porcel, Nélida Lobato, con su famoso despliplume, Ethel  y Gogó Rojo, Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle, Susana Giménez en la Mujer del Año, e infinidad de personales que nos han ayudado de alguna manera a vivir mejor, para que nuestra vida sea más atractiva, más llena de fantasía y de felicidad

 

(…)

 

A todos ustedes que están acá no tengo más que palabras de agradecimiento y para Carlos -muy particularmente - en no dejar que esto se pierda y que lo haya escrito en un libro maravillosamente porteño y entrañable. Gracias a todos ustedes”.

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Celebro la llegada de este libro (Pablo Gorlero)

Fragmentos de los comentarios realizados por Pablo Gorlero en la mesa de presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, de Carlos Szwarcer, en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura, el 1º de noviembre de 2011.

 

Pablo Gorlero en la presentación del libro del Maipo, en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura

 

“Lo que hizo Carlos fue tomar al Teatro Maipo como si fuera un personaje, eso hace atractivo a su libro. Uno toma el libro y encuentra el espíritu de un personaje que es el Teatro Maipo”.

 

(…)

 

 “Y una de las cosas más importantes que ha hecho Carlos es a través de un teatro tratar un poco  la historia del teatro nacional.  Uno comienza a leer el libro y empieza a leer la historia del viejo varieté, se encuentran los pormenores de nuestro café cantante, de nuestro music hall o del teatro de variedades… Pone mucho el acento en cómo se puede ojear la política a través del teatro y sobre todo del mejor teatro de revista, el de la revista porteña”.

 

(… )

 

“Yo doy historia del teatro en varias escuelas  y me daba mucha bronca que no sabían quiénes eran Alicia Márquez, Nélida Roca, Dringue Farías y tenía que explicarles… Bueno, acá tengo qué mostrarles a los más chicos, a los más jóvenes… Carlos ahondó en cada una de estas figuras, tenemos biografías que son hasta divertidas, muy llenas de anécdotas”.

 

(…)

 

“A través del libro podemos ver la decadencia y desaparición, tal vez,  de esta revista porteña brillante que teníamos en aquel entonces…  que no tenía nada que envidiarle a París… Vemos el paso de la comedia musical por este teatro, vemos un capítulo muy importante dedicado a `Madame Trece`, una de las mayores comedias musicales que se vieron en Argentina y que pasó por el Maipo…  Y aquel éxito fenomenal que hizo Susana Giménez que fue `La Mujer del Año`. Lo atractivo que tiene es saber cómo se fue gestando  y uno se entera que no era para Susana,  que era para otra persona, y después termina para ella”.

 

(…)

 

“Yo celebro la llegada a nuestra cultura de este libro que describe no sólo la historia  de ese edificio sino la historia de nuestro teatro, la historia de nuestros artistas y la historia de Buenos Aires que pasa a través de sus páginas”.

 

 

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Salón Dorado. Libro del teatro Maipo. Fotos 02

 Presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas” el 1ro. de noviembre de 2011 en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.

Ricardo Carrasquet, del Canal de la Ciudad,  entrevistando
a Carlos Szwarcer

 

Se proyecta un video con imágenes del libro.
En pantalla la imagen de Luis César Amadori.



Mesa de Presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”. Horacio Spinetto (Izq), Carlos Szwarcer (centro) y Pablo Gorlero (der)

 

Fotos: Mimí Devoto y Laura Moschella

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El libro del Teatro Maipo: Un libro para el disfrute

 

 

 

Comentario de Alejandro Michelena sobre “Teatro Maipo. 100 años de historia entre Bambalinas”.

Carlos Szwarcer. Ed. Corregidor. Buenos Aires. 2010.

 


Mayo de 2011. Radio Uruguay. Montevideo).

 

  

Una investigación muy profunda que abarca una etapa fundamental del espectáculo, del arte, de la revista. Un libro que tiene rigor histórico, anécdotas, entrevistas a grandes figuras. Quedan claras las etapas del teatro, la censura, la moralina,  las críticas. Hay un recorrido en el libro por lo que está detrás, entre bambalinas.
El  libro de Carlos Szwarcer logra un equilbrio entre la investigación y los testimonios, con un buen estilo para delinear a los personajes, para recrear las anécdotas. Se puede leer con mucho disfrute.  Muy útil para el público y los estudiosos del teatro. 
Este libro tendría que estar en las librerías montevideanas…”
  

  

 

 

 

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Libro del Maipo: excelente herramienta para la difusión de nuestra historia

Hernán Lombardi. Ministro de Cultura de CABA

Con motivo de la presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, que tiene lugar en este día en el Salón Dorado  de la Casa de la Cultura,  sede de este Ministerio, me resulta particularmente grato expresar mi reconocimiento al Sr. Carlos Szwarcer, autor del mismo, por el valioso aporte a nuestro patrimonio cultural, ya que constituye una excelente herramienta para la difusión de parte de nuestra historia representada por este mágico y emblemático teatro.”

(…)

Mi respetuoso saludo a los representantes de la Editorial Corregidor y a todo el público presente, en especial a las grandes figuras del espectáculo que, por cierto, durante muchas temporadas actuaron en la Catedral de la Revista y que hoy con su presencia prestigian este evento.”

 

Mensaje del Ministro de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ing. Hernán Lombardi.

                              

                                

                  Buenos Aires, 1 de noviembre de 2011.

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Maipo. Glorias de la revista porteña

Pablo Gorlero LA NACION

 

Martes 16 de noviembre de 2011  

 

Días pasados, el investigador y escritor Carlos Szwarcer presentó su libro Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas . En este ameno libro, el autor no sólo cuenta la historia del género, sino que, además, hace un repaso por la historia de la revista porteña y de aquellos grandes artistas que transitaron ese género, además de cábalas, anécdotas y demás apostillas que vuelven atractivo este trabajo. Szwarcer lo presentó en la Casa de la Cultura de la ciudad de Buenos Aires y en ese emocionante acto estuvieron presentes varias glorias de la revista porteña que alguna vez pasaron por el escenario del Maipo. Así, ese encuentro terminó con emocionantes discursos improvisados, aplausos, ovaciones varias y hasta números artísticos. Dorita Burgos le dio el toque tanguero a la noche, mientras que Susana Rubio puso el toque picaresco, ambas con otro prócer del teatro musical al piano, el maestro Juan Alberto Pugliano. En la sala, estuvieron presentes una emocionadísima y simpática Elena Lucena, quien demostró que conserva intacto su sentido del humor; Ana María Cachito, María Rosa Fugazot, Gogó Rojo, Tito Mendoza y Amparito Castro, entre muchas otras glorias del género. También dedicaron un largo aplauso a la memoria de Alberto Anchart.

 

 

 

 

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