Estampas de Buenos Aires

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Turcos

“Los retoños sefaradíes de Buenos Aires”

(Sobre la Jornada “Buenos Aires Sefaradí”, desarollada el día 4 de agosto de 2008 en la Manzana de Las Luces)

 

Por Carlos Szwarcer

 

Cada día sale el sol. La rutina de la gran ciudad nos lleva a pensar que aún con el paso apresurado del tiempo nada cambia demasiado. Y no es así. ¿Cuánto ha pasado desde nuestra niñez? Un soplo. Y mejor ni preguntarse cuánto han cambiado las cosas desde entonces. Resistirme a creer que los orígenes se desvanecen deja un ritmo de tambores desacompasados golpeando en mi corazón.

 

En la tarea de tomar testimonios muchas veces pensé, con desazón, que las voces del presente sólo eran anacrónicos y desesperados ramalazos del ayer tironeados desde el presente. ¿Qué podía esperar si los que brindaban sus historias con apasionamiento descreían sobre el futuro del legado de sus ancestros? ¿El anhelo por retener la tradición -bellas y coloridas mariposas-, no sería, acaso, una trasnochada quimera?

 

Pero poco me importó lo que vaticinaran las investigaciones sobre el futuro de las tradiciones en un mundo globalizado, ni lo que la razón me dictara. Fue más fuerte la intención de que “algo” de aquellos remotos días perduraran y de que las costumbres de nuestros abuelos no se convirtieran en polillas fosilizadas lo que, al fin, me guió con cierto instinto atávico. Vaya a saber qué me habrá hecho tan empecinado. ¡Por suerte!

 

En los claustros había escuchado: “…de nada sirve el ´saber´ si lo guardamos para nosotros. Sólo tiene valor y sentido nuestro esfuerzo cuando comunicamos lo sabido”. Estas palabras, más o menos, me signaron. Y de aquellas horas desesperadas por ordenar y articular centenares de metros de cintas de casetes con “retazos de vidas” capturados por prehistóricos grabadores, quedaron, aunque más no sea, algunas reflexiones hilvanadas, textos pergeñados en días tormentosos, en noches de insomnio, intentando recrear palabras, dichos, refranes, sabores, olores, imágenes de cinco siglos, de ayer no más.

 

Esta obsesión por preservar y divulgar me ubicó en espacios más amplios que el de las serenas y cristalinas aguas de la identidad. Si bien, de algún modo, la variedad ya había estado presente en el universo de mi primer vecindario, extendí las alas y crucé los suburbios, más allá del linaje de la casa paterna, allí donde se acentuaban los matices y las diferencias. Estalló la diversidad que enriqueció mi cosmovisión.

 

¿Quién no tiene dudas? La incertidumbre aplasta o moviliza. El conocimiento de otras realidades lejos de menguar mi pertenencia al pasado familiar, la afianzó. Aunque las palabras de los sabios me señalaban que “una generación pasa y otra… y todo es vanidad de vanidades…”, seguí adelante descubriendo que también en los laberintos de la vida están la búsqueda y los momentos de felicidad. Aprendí que desentrañar el pasado esclarece el presente y que los mejores lugares para encontrarse con uno mismo pueden estar allí donde brilla lo heterogéneo. Así pues anduve batallando por tan diversos parajes del espíritu, por senderos transitables a fuerza de un puñado de convicciones que me sostuvieron.

 

En estos últimos años, convocado por el Ministerio de Cultura, encontré espacios adecuados para participar en temas relacionados con el patrimonio cultural tangible e intangible que conforman el rompecabezas de la idiosincrasia porteña. Dar a conocer hitos históricos barriales, instar al reconocimiento y la protección de varios sitios paradigmáticos fueron parte de las acciones promovidas.

 

Exponer el portentoso patrimonio cultural de Buenos Aires marcado por la pluralidad se potenció en estos últimos años por la gestión de funcionarios del área cultural que hicieron hincapié en las inmigraciones. Se organizaron, a tal efecto, actividades y jornadas: Buenos Aires Gallega; Gitana; Idish; Negra; Boliviana… Y llegó el turno de los sefaradíes.

 

La Jornada “Buenos Aires Sefaradí”, que se desarrolló en la Manzana de Las Luces, en la antigua Sala de Representantes de la Ciudad de Buenos Aires, transcurrió en doce horas que vigorizaron el espíritu. La metodología científica de los especialistas convivió en una atmósfera mágica, casi ritual, con la vital expresión de la cultura popular “in situ”. La sapiencia y la experiencia de vida de nuestros mayores junto a la participación de la juventud. Fue todo enriquecedor, aún las molestas dificultades técnicas que sirven para recordarnos que somos seres humanos presos, a veces, de la avanzada tecnología.

 

Me asombró, como la primera vez, “Sefarad”, la historia sefaradí, la expulsión, la búsqueda de nuevos hogares, el Mediterráneo sembrado de djidios (judíos sefaradíes), la llegada a la Buenos Aires cosmopolita. La presencia en los barrios, el despliegue de las tradiciones, el humor, la gastronomía, así como la pesadumbre y el horror del Holocausto transmitido en el testimonio de un sobreviviente que rehizo su vida construyendo su familia en esta ciudad en la que encontró “su lugar en el mundo.”

 

La mejor consecuencia de mi humilde actividad como coordinador general de este encuentro quizás haya sido que la variedad de las temáticas y la participación de distintas generaciones sedujeron a un público heterogéneo que siguió con interés la propuesta. Refranes admirablemente resguardados, compilados y expresados con sabiduría y sentimiento y la presencia poco común de jóvenes, mostraron que a pesar de tantas dificultades hay historia y sangre nueva de docentes y alumnos trabajando por conocer los orígenes, tomar testimonios, preservar la identidad. ¡Excelente! Eso soñé…

 

La vasta cultura judeo-sefaradí que se exhibió tuvo también un final soñado: luego de la amplia gama del abanico de costumbres, un cierre con la música y las canciones típicas que coronaron un día inolvidable.

 

En esta Jornada, organizada en el ámbito del Ministerio de Cultura por la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico y la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, lució la singularidad sefaradí en un espacio común de nuestra sociedad como parte de la esencia multicolor de esta ciudad.

 

 

Buenos Aires. Agosto de 2008.

Carlos Szwarcer © 2008.

 

Fuentes: 

http://www.cronoscultural-arg.galeon.com/aficiones2005544.html

http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/szwarcer/los_retonos_sefaradies_de_buenos_aires.htm

http://notasynoticiasoq.blogspot.com/2008/08/los-retoos-sefardes-de-buenos-aires.html

http://www.argentina.co.il/index.php?command=a%3A1%3A%7Bs%3A7%3A%22page_id%22%3Bs%3A3%3A%22296%22%3B%7D

http://inmigracionyliteratura.blog.arnet.com.ar/tag/sefarad%C3%ADes 

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Jornada “Buenos Aires Sefaradí” - Panelistas / Fotos-

Jornada organizada por la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico y la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
4 de agosto de 2008.
 
Archivo Fotográfico CS. Derechos reservados. 2008

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Mesa de apertura:
De izq a Der: Por el Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: la Prof. Josefina Delgado, Subsecretaria de Patrimonio Cultural; la Lic. Liliana Barela, Directora General de Patrimonio e Instituto Histórico; la Lic. Leticia Maronese, Secretaria General de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural; por la Subsecretaría de Derechos Humanos del GCBA, la Directora General de las Minorías y sus Garantías, la Lic. Beatriz De Vitas; y el historiador Carlos Szwarcer, Coordinador General de la Jornada.
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Mesa de Historia:
Mario Eduardo Cohen: Los que abrieron las puertas. Los sefardíes en la etapa colonial americana. Diana Epstein: Los judíos marroquíes en Buenos Aires. Leticia Maronese (coordinadora de mesa). José Menascé: Los sefaradíes en los barrios de Buenos Aires.
 
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Mesa de Literatura:
Jacques Farji: Refranero sefaradí. Celia Sidelnick (coordinadora de mesa). Horacio Spinetto: Lo sefaradí en la literatura, “desde afuera”. Ricardo Feierstein: Escritores sefaradíes porteños.
 
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Mesa de Historia Oral:
Laura Benadiba: La historia oral y la preservación del patrimonio cultural sefaradí en Buenos Aires. Adriana Echezuri (coordinadora de mesa). Mario Feferbaum presentó el video “Del Holocausto a Buenos Aires. Un lugar en el mundo.” (entrevista de Carlos Szwarcer a David Galante, sobreviviente sefaradí del Holocausto-Shoá).
 
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Daniela Lin, Abigail Felstein, Yessica Wecjman, Giselle Arena. Grupo de alumnas de la escuela ORT, sede Almagro, que aportaron sus enfoques y experiencias luego de la exhibición de un video de testimonios sefaraíes.
 
 
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Mesa de Gastronomía-Humor-Tradiciones: Graciela Tevah de Ryba: monólogo en djudezmo. María Esther Silberman de Cywiner: Acerca de qué es la tradición en la cultura sefaradí. Esther Cohen y Rubén Tevah: teatro leído en djudezmo. Marta Haber: Gastronomía Sefaradí.
 
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Mesa de Lengua - Costumbres:
María Cherro de Azar: Los Judíos de Siria en Buenos Aires. Laura Benadiba (coordinadora de mesa) José Menascé: El judeoespañol, lengua de sefardíes. Carlos Szwarcer: Estampas sefaradíes de Villa Crespo: vivencias y testimonios.
 
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Mesa de Música: Mario Kirlis: La música turca y árabe en los sefaradíes de Buenos Aires. María Virginia Ameztoy (coordinadora de mesa). Eleonora Noga Alberti: Romanzas y kantikas sefardíes. Un viaje del Mar Mediterráneo al Río de la Plata.
 
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Mesa de Música: Eleonora Noga Alberti con Mario Kirlis y su orquesta. Interpretaron temas orientales y típicas canciones sefaradíes. Un cierre de Jornada a todo ritmo y alegría.

 

 

 

 

Foto del Recinto de “La Manzana de Las Luces” durante la Jornada “Buenos Aires Sefaradí” -4 de agosto de 2008. (Imagen gentileza IHCBA: Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Fuente: http://www.cronoscultural-arg.galeon.com

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DEL PATIO AL UNIVERSO

por Carlos Szwarcer

 

 

El sopor de algunas tardes me hacía devanar los sesos pensando en qué podía gastar mi tiempo ocioso. Solía encontrar ocupaciones bastante útiles al vecindario. Por ejemplo, cortaba un pedazo de elástico, al que blandía como instrumento letal, que me convertía en un justiciero cazador de molestas moscas. Silente me acercaba a ellas destrozándolas con morboso placer infantil contra las paredes, las macetas, el mármol de la mesada y el piletón de Doña Dora.

 

Cruzaba ese patio y luego el zaguán que me llevaba directo a la calle, donde comenzaba el ritual de los juegos con mis amigos de aventuras: Jaime, José, Enrique, Simón, el flaco Toriani, Beto, “el Rulo”, Dumi, Salo, “Pichón” y tantos otros. Parecíamos un grupo de energúmenos poseídos detrás de una rotosa pelota, jugando a nuestro deporte favorito: el fútbol. Las figuritas, las bolitas, el balero, las escondidas, los primeros equilibrios con la bicicleta y numerosos entretenimientos formaron parte de una época en la que la diversión era más simple y las voces del barrio también eran distintas, universales. Tiempos en que casi todos nuestros padres eran argentinos, pero la mayoría de nuestros abuelos habían llegado de todos los lugares. Por eso, cuando nos llamaban los vecinos, escuchábamos: nene, pibe, íngale, ragazzo, chaval, manzebiko… (1)

 

Algunos días, a la hora del crepúsculo, me sorprendían preguntas profundas, entonces dejaba mi rol de niño juguetón, travieso, asesino de incautos insectos. Eran los años de “la guerra fría”, en los que se hablaba de “espías”, de “Vietnam”, de un Muro levantado en Berlín y de “la carrera del espacio”. Dibujaba naves espaciales de todo tipo en mi cuaderno borrador de hojas cuadriculadas, y en aquellos atardeceres rutilantes miraba absorto el cielo y el centelleo de las estrellas; filosofaba con Don León, mi vecino esmirlí (2), en el “gran patio” común del inquilinato (3), discurríamos sobre la belleza de la esfera celeste, especulábamos con la posible existencia de “marcianos” que, tal vez, habitaran en un Universo tan vasto.

 

Un chico inquieto jugando a veces, inconscientemente, con la vida de pequeños seres de la naturaleza, abierto al asombro o escrutando las alturas, era el preludio de mi desvelo por lo desconocido, la inclinación hacia la indagación, las preguntas sobre la vida y la muerte, el interés por comprender el complejo y contradictorio presente, tan perpetuo como efímero, mi obsesión por el pasado, y la incertidumbre sobre un futuro que, por aquellos días, me parecía tan enorme y lejano.

 

 

Notas:

 

1) Niño, joven: en castellano, idish (habla de los judíos ashkenazíes, italiano, djudesmo (judeo-español).

2) Natural de Esmirna (Izmir, Turquía). Ciudad con una importante presencia de sefaradíes (judeo-españoles).

3) Tipo de vivienda en la que generalmente vivieron muchos inmigrantes. Predio amplio y antiguo, cuyas habitaciones se alquilaban a varias familias. Conventillo. Casa de vecindad.

 

* Un recuerdo de la infancia del autor transcurrida en la calle Padilla, en el barrio de Villa Crespo. Ciudad de Buenos Aires. Argentina.

 

Carlos Szwarcer

Publicado en “Los Muestros” Nº 65. Diciembre de 2006. Bruselas (Bélgica).

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