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Estampas de Buenos Aires

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Historia de la “Usina del Arte” (Buenos Aires)

LA USINA, 1916

El predio de la Usina del Arte fue proyectado por el arquitecto italiano Giovanni Chiogna para albergar la Compañía Italo Argentina de Electricidad, ocupando una superficie de 7.500 m2 y con un estilo florentino. Su construcción comenzó a mediados de 1914 y concluyó en los primeros días de enero de 1916, cuando entró en funcionamiento. Tuvo sucesivas ampliaciones en los años 1919 y 1921 para aumentar la capacidad de suministro de energía eléctrica demandada por los establecimientos fabriles y a la electrificación de las redes tranviarias en una ciudad que crecía aceleradamente.

La Usina tenía una dotación de 12 calderas productoras de vapor a través de la combustión de petróleo, vapor que impulsaba a las turbinas de generación de energía que alcanzaban a cinco unidades. Las calderas ocupaban el recinto de la nave mayor y los turbo-generadores la nave contigua de menor tamaño. El agua de refrigeración se captaba desde la Dársena Sud por medio de tomas bajo nivel con filtros. A través de un canal de descarga el agua volvía al río. Un sistema de bombas accionadas por turbinas a vapor impulsaba el movimiento de circulación del líquido. La provisión de combustibles estaba asegurada desde la misma Dársena por una cañería que conectaba la usina con las lanchas que lo transportaban. Durante períodos de escasez se quemaron otros combustibles como carbón, maíz, luego fuel-oil y finalmente gas. Las chimeneas que coronaban el edificio humeaban constantemente, a pesar que parte de los locales auxiliares del edificio estaban destinados al personal técnico y de administración, y a las viviendas de altos jefes y funcionarios de la empresa.

PATIO DE ACCESO Es el punto de acceso principal del complejo, contiene la boletería y desde este espacio se pueden apreciar la torre principal con su reloj, el tanque cisterna original, las fachadas completamente restauradas, su adoquinado y las vías originales.

SALA SINFÓNICA Cuenta con una capacidad para 1200 butacas

Finalmente, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires adquirió el predio con el objetivo de salvaguardar un bien de gran valor patrimonial, cultural y arquitectónico para los porteños, revitalizar la vinculación estratégica de Puerto Madero con la ribera boquense y dotar al sur de la ciudad de un polo cultural de perfil internacional.

http://usinadelarte.org/historia/

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Si hablamos de pizza…

Ricardo Ravadero fue un pujante genovés que se dedicó a la venta callejera de pizzas

Pizzería Banchero. Eran tiempos en que por cinco centavos se compraba una porción

de muzzarela y otra de fainá.

Fuente: Pizzerías de Valor Patrimonial de Buenos Aires. Esteban Moore, Horacio Spinetto. Dirección General de Patrimonio. Ministerio de Cultura CABA. Buenos Aires. 2007.

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

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Italianos, descendientes y doble ciudadanía *

Por Mario Santillo

 

Argentina es eminentemente un país de inmigración lo demuestra fehacientemente los datos de entrada al país de la Dirección Nacional de Migraciones, en casi ciento cincuenta años han llegado más de 5.000.000 de personas de Europa, de las cuales 1.400.000 provenían de Italia, el porcentaje de la población italiana con respecto a la población total tuvo su pico más alto en 1895 con el 12,5% y en 1914 con el 11,9%, en los años 80 el porcentaje se redujo al 1,7% de la población total en Argentina, a raíz de esto se han tejido muchos mitos en torno a la inmigración, uno de ellos es creer que la mitad de la población es de origen italiana.

 

En la II Conferencia de la emigración italiana promovida por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia se hablaba de 6.000.000 de oriundos italianos en Argentina, según datos del AIRE (registro de los residentes italianos en el exterior) al 17 de abril de 2007 en .Argentina había 503.223 italianos, los inscriptos por ciudadanía 19.217, y los inscriptos menos de 10 años 361.306.

 

De todos modos tendríamos que plantearnos, ¿por qué no prevaleció la lengua italiana?, ¿cuál ha sido la real influencia de la cultura italiana en la sociedad Argentina o la italianidad presente en los migrantes y sus descendientes?, ¿porqué Argentina nunca ha sido prioritaria para Italia en sus políticas, a pesar de su fuerte presencia en el exterior de sus nacionales?

 

Inciso Di Camerana (Cabeza, 2002) lo gráfica elocuentemente: “durante mucho tiempo las relaciones entre Italia y Argentina han sido relaciones privadas, administradas por los particulares, activadas en el ámbito oficial con anuncios prometedores que no pasaban a las prácticas.

 

 

(…)

 

Llegamos a la conclusión que los descendientes de italianos en Argentina, salvo algunas excepciones, no presentan signos marcado de identidad con la cultura italiana- si por esto se entiende el conocimiento de la lengua, la participación en las asociaciones o el estrecho contacto con los parientes italianos. La omnipresencia de la cultura italiana en el tejido social del País explicaría la ausencia de estas señales (Favero, 1992).

 

 

 

* Fragmento de Italianos, descendientes y doble ciudadanía Pág. 31 a 34. En “Buenos Aires Italiana”. Temas de Patrimonio Cultural. T 25. CPPHC. (Buenos Aires. Septiembre de 2009.)

 

 

  “Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer.

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El Rey del Pochoclo. Historias y penas

Bajo la Lupa de Aquiles

Puerto de Olivos. Buenos Aires. Exclusivo para Estampas de Buenos Aires

Por Aquiles Pastenacus

 

 

Luego de mi trágico recorrido por las calles de la “Reina del Plata”, informado con abundantes detalles para “Estampas de Buenos Aires” (“Viernes Negro”.  4 de mayo), pude  salir del letargo postraumático y, este fin de semana, recobré mi confianza en la profesión. Decidí visitar el Puerto de Olivos en un  día magnífico de sol. Ya se sabe que nada es perfecto: repentinamente, un viento cruzado me dejó las mejillas, y otros sectores, de color azul, haciéndome notar que era otoño y que había salido para verano. Tuve la necesidad de entrar en calor cuando a unos metros vi un carrito de venta de pochoclo, higos y  manzanitas, que trajo a mi mete que alguna vez fui niño y - en parecidas circunstancias - le tiraba de la pollera a mi mamá o del saco cruzado de mi papá para que me comprasen alguna golosina. Siempre, o casi siempre –coscorrones  mediante, sin ningún efecto -  me salía con el gusto. Fui muy perseverante desde chico…

 

Pero, ya no tenía cinco años, lamenté recordarlo, así que puse la mano en el bolsillo, saqué un billete de $ 10 y pedí un palito de higo acaramelado con pochoclo. El pochoclero, con aire de italiano que llegó hace medio siglo, pero no perdió el acento, me dijo “gracias”, en un castellano que por suerte  entendí  inmediatamente, aunque no soy bueno para los idiomas…

 

 

Mientras recibía los $ 2.- de vuelto del quiosquero, observé que se había formado una cola de tres personas para adquirir los exquisitos dulces. De puro curioso, no me retiré. Entonces… mientras se transformaba en mi boca el riquísimo caramelo en un verdadero elixir, un muchacho le gritó al puestero: - Antonio, cuánto tiempo che… ¡!!  Te acordás de mí….??? No puedo dejar de buscarte cada vez que paso cerca…. Dame una manzana, un higo y una bolsa de pochoclo. Antonio rió con felicidad. Una vieja clienta le comentó que ella también quería llevarles pochoclo a su hijo (de treinta añitos) y a su nieto. Que su vástago siempre le dice que no hay mejor pochoclo que el de Antonio. Y así, sorprendido por las muestras de afecto, fui demorando mi partida  escuchando los distintos comentarios de los vecinos sobre el vendedor.   

 

Me dije: este hombre representa para los vecinos del lugar el recuerdo vivo. Así que, cayéndoseme un imperceptible hilo de baba, preparé mi grabador…  Pero cada vez que me iba a acercar aparecía otro cliente, y otro: una vuelta más de tuerca al pasado… Me quedé esperando el momento oportuno para aproximarme.

 

Antonio era todo un personaje, de impecable delantal blanco, gorrito, y motoneta gris, naranja y fucsia; en su carrito tenía pegado varias certificados de habilitación, notas de reconocimiento de diputados y del Concejo Deliberante. Por fin, se produjo un breve relax y me abalancé abruptamente sobre su humanidad para conocer mejor su historia, antes de que llegara otro molesto cliente.

Antonio Tullio Capelli. El Rey del Pochoclo

Antonio Tullio Capelli había nacido en Italia en 1933. A poco de finalizar la Segunda Guerra llegó a Buenos Aires con su familia. Adolescente, de unos 15 años, trabajó en una marmolería del Barrio de Chacarita. No le era muy grato el contacto cercano con el Cementerio, pero el salario le permitía sobrevivir.  Tres años después llegó a Olivos. Asegura que se encuentra en la zona vendiendo pochoclo desde hace 60 años (¡!!) Las banderas de su carrito dicen en letras coloradas: “El Rey del Pochoclo. Antonito”. Y parece que es verdad, afirman que tiene el mejor pochoclo de la zona norte. Este laburante, que se ha convertido en un pintoresco habitante del puerto, al contarnos su historia  pasa de la sonrisa al llanto.

 

Muestra orgulloso la nota del Ejecutivo Provincial habilitándolo a trabajar allí, en reconocimiento a los años que lleva en el lugar, una esquela  de agradecimiento de una Diputada Nacional, por su buena disposición a cada pedido de colaboración. Antonio afirma  que su forma de ejercer la solidaridad ha sido siempre regalar bolsas de pochoclo,  que es lo que tiene, que es lo que sabe hacer. Señala un recuerdo clavado en el carrito, es de la provincia de Corrientes - donde tiene una hija de 17 años-, el de la escuela 351 que lo distingue con la palabra “amigo”por los cientos de bolsas de pochoclo que envía para cada  Día del Niño.

 

Pero no todo era sonrisa para el italiano. Repentinamente, cambió el semblante, mencionó su preocupación porque alguien lo desaloje, que lo corran del lugar donde ha trabajado toda su vida. Se le escapó una pena devenida en puchero… una lágrima con sabor a angustia. A mí me empezó a temblar la mano con la que sostenía el grabador, los pies me pesaban, siempre me pasa cuando me emociono…. Terminé de tragar con dificultad el último higo acaramelado y le alcancé a preguntar: ¿de quienes habla….?

 

Don Antonio, el Rey del Pochoclo, marcó con el índice hacia algún lugar distante, o no tanto… y, evidentemente, prefirió el silencio. Se recompuso, y con una nueva sonrisa, un poco forzada para despedirse, me dijo: gracias… y siguió atendiendo a su florida clientela…

 

 

 

 

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/

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Jornadas Buenos Aires Italiana- Algunas reflexiones sobre la identidad porteña-

Por Carlos Szwarcer

 

 

Durante los días 8, 9 y 10 de Octubre, en la sede de la Manzana de las Luces, ubicada en Perú 272, se desarrollan las Jornadas “Buenos Aires Italiana”, organizadas por la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico y la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural del Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con la propuesta de “profundizar la mirada sobre los procesos de migración en tanto fenómenos universales e históricos” se generaron, a partir de la apertura misma del evento, profundas reflexiones sobre la idiosincrasia porteña.

 

La Directora General de Patrimonio, Lic. Liliana Barela, y la Secretaria de la Comisión de Preservación, Lic. Leticia Maronese, nos recibieron durante el receso del mediodía de la primera jornada.

 

Debajo de una de las arcadas centenarias que rodean el recinto de la antigua Sala de Representantes, Liliana Barela se expresó sobre el movimiento cultural en la ciudad: “Buenos Aires se ha vuelto una plaza muy exigente en el sentido de que hay tanto para ver y la gente no tiene mucho tiempo. Aseguramos, además, que estas Jornadas se van a editar. Va a quedar, como va a pasar con la sefaradí, como pasó con la gallega, idish, y demás, el testimonio escrito”.

 

 

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   Alicia Bernasconi y Liliana Barela 

 

 

P- Es todo un desafío mostrar la diversidad cultural a través de cada inmigración. ¿Cuál es el proyecto a mediano y largo plazo?

 

R- La idea es que en el 2010, para el bicentenario, podamos hacer la Buenos Aires de la diversidad de las comunidades en este clima de respeto y de conocimiento por el otro que es la mejor manera que tenemos de vivir esta ciudad. Me parece que es una ciudad con puntos y enclaves pero no con guetos. Disfrutemos de eso.

 

P- La convivencia es una característica para remarcar. ¿Qué experiencia recordás al respecto?

 

R- Siempre comento lo hermoso que me resultó el día que fui a ver la ceremonia de San Expedito, que se da en el barrio de Once y al lado había ortodoxos judíos celebrando una festividad al mismo tiempo. Yo decía esta es la ciudad que amamos, de la diversidad que nos hace libres y diferentes.

 

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  Leticia Maronese 

 

 

Leticia Maronese, refiriéndose a la impronta de la inmigración italiana, describió: “Los que han hablado han comentado la gran importancia de lo italiano pero su característica de ´inasible´, es como que está en todos lados y no está muy específicamente… No como los rasgos culturales de otras migraciones que se los pueden encontrar en forma específica y muy visualizable. La italiana está tan incorporada que, a veces, no se puede deslindar. No se puede discernir, por ejemplo, la comida, se confunde. Se habla de la ´milanesa napolitana´ que no existe en Nápoles, es argentina… argentina.

 

Me llamaron la atención- agregó con sorpresa - los estudios realizados en CEMLA (Centro de Estudios de Migratorios Latinoamericanos): mucha gente que en el 2002 fue allí a averiguar sobre sus parientes inmigrantes se pensaba que era para obtener la ciudadanía, la búsqueda del pasaporte. Y no. La mitad de las personas iba para saber sus orígenes, sus ancestros. Y me parece que tiene que ver con esto que es muy fuerte: buscar la identidad”.

 

Pero para la Secretaria de la Comisión esta problemática, además, es parte de algunas preguntas propias, sobre temas familiares potenciados a partir de estos encuentros que movilizan: “Mi papá, Maronese, era del Véneto. Yo no me canso de arrepentirme de no haberle preguntado cosas a mi papá que murió hace 20 años. Si pudiera preguntarle hoy, le preguntaría porqué no se nacionalizó. Pertenezco a una generación que la política tuvo mucha importancia y me molestaba muchísimo que mis padres no votaran. Me quedó eso por preguntarles…”

 

P- En algún punto entran a jugar los conceptos de inmigración, nacionalidad, estado. ¿Qué contradicciones se pueden observar?

 

R- Yo creo que hay una falla, no de ´nacionalismo´ sino en la construcción de una nación. Que nos fue más fácil construir un estado. Incluso el estado hace agua por los cuatro costados y, a veces, me pregunto porqué los argentinos –y ésa sí es característica nuestra- no respetan las leyes. El estado no existe. Una vez leí a un constitucionalista catamarqueño que decía que eso era el producto del gran componente inmigratorio de la Argentina y que los colectivos sociales habían respondido más a su colectividad que al estado. Y a lo mejor esto tiene influencia. Esto es muy real, es para estudiarlo… Cuántas preguntas a los abuelos. Y mis dos hijos que son porteños, que se llaman Waisman, tienen una abuela italiana, una abuela gallega, un abuelo judeo-alemán y la abuela judía rusa.

 

En este sentido cuando indagamos cómo se articula el concepto de nación con el de la convivencia de diferentes identidades, y las diferencias con EEUU y Europa Liliana Barela afirmó: “Bueno, esas son construcciones nacionales diferentes a la que tuvimos nosotros. En los Estados Unidos tienen minorías que ya son mayorías en su propio territorio. Lo mismo pasa con los franceses, que quién discute la nacionalidad francesa, pero si siguen sin tener hijos van a ser todos marroquíes… ¿O sea de qué vamos a estar hablando en 20 ó 30 años?”

 

Maronese agregó: “Yo creo que los argentinos no eran afectos a sacar la ciudadanía pero no sé, tendría que investigarlo. La falta de apego a las leyes, a las normas, un estado que se ha desflecado, que no existe, que se ha desfondado. Yo creo que hay un debilitamiento del estado-nación que es general, que a los argentinos algo nos pasa con eso. A lo mejor tiene que ver con estas solidaridades a la propia colectividad y no a algo superior. Es un tema que me desvela y que me gustaría estudiarlo. La verdad que tengo un montón de preguntas. Estamos en una época de tanta crisis que uno tiene más preguntas que certezas”.

 

P- Qué interesante para los que estamos en Historia Oral como para abordar estas temáticas…

 

R: Muy interesante -respondió Barela-, estamos trabajando para el 25 de mayo del 2010, para el bicentenario. Estamos haciendo registros de cómo se celebraba el 25 de mayo en diferentes momentos de la historia.

 

Había concluido la primera mesa y nos acercamos a la expositora Alicia Bernasconi, secretaria general del CEMLA, quien para responder sobre la inmigración italiana, la nacionalidad y las preguntas que surgieron en el recinto sobre el voto o la ciudadanía, señaló: “Un amigo mío, el historiador José Moya, decía que los argentinos se preocupan demasiado por el tema de la identidad y que no tienen identidad y él dice: ´nosotros los vemos de lejos y decimos allá viene un argentino´. La identidad argentina tiene esa peculiaridad de cierto cosmopolitismo, que a mi juicio es lo más beneficioso que le ha pasado si uno mira el resultado de lo que ha sido esta sociedad como integración de flujos provenientes de distintos lados. No completa, porque hoy estamos rechazando, hoy no hay esa actitud integradora con respecto a los migrantes latinoamericanos que recibimos. Tampoco completa porque en su momento los europeos fueron muy discriminadores con el criollo también”.

 

P- Más allá de estos rasgos de complejidad propios de la diversidad, ¿cómo percibe el presente?

 

R- En el núcleo urbano, ya no es una opinión académica –aclara-, a mí me gusta esta sociedad argentina donde todo el mundo se mezcla, donde mis hijos pueden contar entre sus antepasados españoles, italianos, polacos, y ucranianos, entonces a mí me gusta esa sociedad, esta es una opinión de alguien que vive y que quiere vivir en un mundo así.

 

 

Buenos Aires, 8 de octubre de 2008.

 

Carlos Szwarcer © 2008.

 

Fuente: http://www.cronoscultural-arg.galeon.com/aficiones2032510.html

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Jornadas “Buenos Aires Italiana”

 
 
 

 

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8, 9 Y 10 DE OCTUBRE DE 2008

MANZANA DE LAS LUCES (PERÚ 272, CIUDAD DE BUENOS AIRES)

 

Organizadores:

 

* Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

* Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

 

Estas jornadas propusieron profundizar la mirada sobre los procesos de migración en tanto fenómenos universales e históricos.

 

En todos los tiempos y lugares se han producido movimientos de personas y grupos en torno de ciertas necesidades. Dichos procesos han tenido y aún tienen un rol central en la construcción de sociedades, culturas y ciudadanías. En la actualidad, con los procesos de globalización agudizada, los flujos de personas, grupos y bienes se han intensificado, reorientando los movimientos –ya no solo de ámbitos rurales a urbanos, sino sobre todo de ciudades a ciudades-, fortaleciendo situaciones, en ocasiones conflictivas, de diversidad e interculturalidad.

 

La migración italiana a Buenos Aires puede rastrearse en diferentes etapas de conformación de la ciudad-capital: entre fines de siglo XIX, principios del XX y sobre mediados del mismo siglo e inclusive desde la época colonial. De los grupos migratorios que han llegado a la Argentina, específicamente a esta ciudad, ha sido de los que mayores rastros han dejado en la construcción de la sociedad y cultura local.

 

El movimiento inverso, desde Buenos Aires hacia Italia, también ha tendido lazos en la península y aún hoy tienen importancia vía el mecanismo migratorio o de “doble ciudadanía” de descendientes de aquella inmigración del siglo pasado y que hoy encuentran validez en posibles “nuevas ciudadanías” que permiten traspasar fronteras y encontrar nuevas pertenencias e identidades al convertirse la ciudadanía italiana es un recurso de gestión de ciudadanía europea.

 

Fue el objetivo de estas jornadas propiciar un espacio de debate y reflexión sobre los aportes de la inmigración italiana a la cultura, la diversidad y el patrimonio cultural de la ciudad de Buenos Aires, así como a las problemáticas actuales de la incidencia de lo italiano desde esta ciudad hacia la Europa actual.

 

 

Fuente: http://www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/cpphc/programacion.php

 

 

 

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DEL PATIO AL UNIVERSO

por Carlos Szwarcer

 

 

El sopor de algunas tardes me hacía devanar los sesos pensando en qué podía gastar mi tiempo ocioso. Solía encontrar ocupaciones bastante útiles al vecindario. Por ejemplo, cortaba un pedazo de elástico, al que blandía como instrumento letal, que me convertía en un justiciero cazador de molestas moscas. Silente me acercaba a ellas destrozándolas con morboso placer infantil contra las paredes, las macetas, el mármol de la mesada y el piletón de Doña Dora.

 

Cruzaba ese patio y luego el zaguán que me llevaba directo a la calle, donde comenzaba el ritual de los juegos con mis amigos de aventuras: Jaime, José, Enrique, Simón, el flaco Toriani, Beto, “el Rulo”, Dumi, Salo, “Pichón” y tantos otros. Parecíamos un grupo de energúmenos poseídos detrás de una rotosa pelota, jugando a nuestro deporte favorito: el fútbol. Las figuritas, las bolitas, el balero, las escondidas, los primeros equilibrios con la bicicleta y numerosos entretenimientos formaron parte de una época en la que la diversión era más simple y las voces del barrio también eran distintas, universales. Tiempos en que casi todos nuestros padres eran argentinos, pero la mayoría de nuestros abuelos habían llegado de todos los lugares. Por eso, cuando nos llamaban los vecinos, escuchábamos: nene, pibe, íngale, ragazzo, chaval, manzebiko… (1)

 

Algunos días, a la hora del crepúsculo, me sorprendían preguntas profundas, entonces dejaba mi rol de niño juguetón, travieso, asesino de incautos insectos. Eran los años de “la guerra fría”, en los que se hablaba de “espías”, de “Vietnam”, de un Muro levantado en Berlín y de “la carrera del espacio”. Dibujaba naves espaciales de todo tipo en mi cuaderno borrador de hojas cuadriculadas, y en aquellos atardeceres rutilantes miraba absorto el cielo y el centelleo de las estrellas; filosofaba con Don León, mi vecino esmirlí (2), en el “gran patio” común del inquilinato (3), discurríamos sobre la belleza de la esfera celeste, especulábamos con la posible existencia de “marcianos” que, tal vez, habitaran en un Universo tan vasto.

 

Un chico inquieto jugando a veces, inconscientemente, con la vida de pequeños seres de la naturaleza, abierto al asombro o escrutando las alturas, era el preludio de mi desvelo por lo desconocido, la inclinación hacia la indagación, las preguntas sobre la vida y la muerte, el interés por comprender el complejo y contradictorio presente, tan perpetuo como efímero, mi obsesión por el pasado, y la incertidumbre sobre un futuro que, por aquellos días, me parecía tan enorme y lejano.

 

 

Notas:

 

1) Niño, joven: en castellano, idish (habla de los judíos ashkenazíes, italiano, djudesmo (judeo-español).

2) Natural de Esmirna (Izmir, Turquía). Ciudad con una importante presencia de sefaradíes (judeo-españoles).

3) Tipo de vivienda en la que generalmente vivieron muchos inmigrantes. Predio amplio y antiguo, cuyas habitaciones se alquilaban a varias familias. Conventillo. Casa de vecindad.

 

* Un recuerdo de la infancia del autor transcurrida en la calle Padilla, en el barrio de Villa Crespo. Ciudad de Buenos Aires. Argentina.

 

Carlos Szwarcer

Publicado en “Los Muestros” Nº 65. Diciembre de 2006. Bruselas (Bélgica).

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