Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Bolivianos

Buenos Aires boliviana. Datos e identidad

Cuantía y distribución

 

El 60 por ciento de la población migrante (extranjera o no nativa) habitaba, en 2001, en la ciudad de Buenos Aires y en los 24 partidos del Gran Buenos Aires4; o sea que, de 1.531.940 migrantes en la Argentina, 917.491 vivían en la primera metrópolis argentina. Esta simple y básica característica cuantitativa demuestra el interés del área para el estudio de las migraciones internacionales. Por su parte, la población boliviana en todo el aglomerado representaba el 52 por ciento del total en el país. Para la población extranjera como para la población boliviana, esa proporción sería superior si consideráramos el Área Metropolitana de Buenos Aires, incluyendo el Gran La Plata por el sudeste y partidos como Escobar y Pilar por el norte.

 

Debe indicarse que en el país había 233.464 bolivianos; la segunda minoría, después de los paraguayos, y había superado a italianos, españoles y chilenos con respecto al censo de 1991. Por supuesto, insistimos, que en ese monto debe considerarse la sub-enumeración censal, relacionada con la condición de indocumentación de gran parte de la población de origen latinoamericano. Esto es, los bolivianos como los peruanos eran muchos más; dada la vigencia de la primera de esas corrientes, su número podría superar el millón, además de los miembros de la segunda y tercera generación, nacidos en la Argentina, cuya pertenencia cultural está ligada al mundo andino.

 

En la capital de la Argentina había 315.659 extranjeros (2001); de acuerdo a su composición por países de nacimiento, los nacidos en Bolivia eran los primeros (16 por ciento), mientras que los nacidos en los cinco países vecinos (Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) representaban el 46 por ciento, más los nacidos en Perú, el 59 por ciento; con el conjunto de los diez primeros países de nacimiento (Bolivia, Paraguay, España, Perú, Uruguay, Italia, Chile, Corea, Polonia y Brasil, en ese orden) eran el 86 por ciento de extranjeros5. En los 24 partidos de Gran Buenos Aires, había 599.935 extranjeros, o sea el 65 por ciento de los 917.491 extranjeros; la primera minoría era la de paraguayos, seguida de la de italianos y luego la de bolivianos. Entonces, en Buenos Aires capital y en los 24 partidos del Gran Buenos Aires, también los bolivianos eran mayoría. Constituían el primer grupo en la ciudad (50.111), como ya se dijo, y la tercera en los 24 partidos (70.391)6; los bolivianos se repartían así: el 42 por ciento en la ciudad y el 58 por ciento en esos 24 partidos. Estos porcentajes hablan por si de la importancia de la población boliviana residente en primera metrópolis argentina, sin entrar en consideraciones acerca de su geografía en todo el territorio argentino.

 

 

Lugares e identidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

 

La inmigración boliviana se asienta en el Sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y es allí donde ha creado paisajes propios. Como expresión de una construcción cultural de los territorios, el paisaje está marcado por las técnicas materiales que el grupo domina por las prácticas y por las creencias, intercambios, signos, símbolos, significados y valores. En ese Sur aparecen varios lugares con diferente funcionalidad y diferente sentido de pertenencia por parte de los migrantes bolivianos.

 

Los “lugares” de residencia boliviana se refieren a las áreas-habitación o áreas-dormitorio “preferidas” por estos migrantes. Allí residen y están entre connacionales (paisanos y parientes).

 

Responden al patrón del que habla Capel (1997:14). Desde hace ya varias décadas, detrás de algunos pioneros se acrecentó el número de familias de ese origen, muchos procedentes de los mismos pueblos en Bolivia como modalidades migratorias punto a punto; las redes cobraron fuerza. Los bolivianos se agrupan en algunos barrios o villas según departamento de origen; se pueden identificar agrupamientos de cochabambinos, paceños, potosinos, cambas, etc. Entre esos lugares de residencia se destacan Villa Lugano, Barrio Samoré, Villa Soldatti, Barrio Charrúa en el área conocida como “Bajo Flores”. Este sector de la ciudad es parte del barrio de Flores, sin embargo, para el imaginario colectivo de estos migrantes pertenece a su espacio de vida comunitaria, donde “todo” o “casi todo” les es propio. Sus límites surgen de la percepción y van más allá de los límites de la administración política. El “Bajo Flores” está delimitado, aproximadamente, por Avenida Directorio entre Mariano Acosta y Del Barco Centenera y hacia el Sur hasta la Av. Perito Moreno. Toma parte de los barrios de Flores, Parque Chacabuco, Villa Soldati, Parque Avellaneda y Nueva Pompeya. Se han identificado barrios y asentamientos precarios en él, en particular, aunque también en el resto del Sur de la Ciudad.

 

En todos estos pequeños “barrios”, dentro de los barrios “porteños” reconocidos por el conjunto de la sociedad citadina, los bolivianos habitan entre la población nativa pero sin mezclarse. En todos ellos, es frecuente que los bolivianos sean propietarios de sus viviendas, por lo general, tienen oficios y antigüedad en el asentamiento. En muchos casos, tienen hijos y nietos argentinos que se sienten y actúan en relación con su origen boliviano nacional e incluso regional.

 

El Barrio General José de San Martín, conocido como Barrio “Charrúa”, es un asentamiento típicamente boliviano, prototipo de un barrio étnico que se formó como villa de emergencia en los años sesenta (Sassone, 2002; Bertone de Daguerre, 2003 y 2005). Otros asentamientos se identifican, por ejemplo, en algunas villas de emergencia donde las viviendas son típicas de migrantes bolivianos pues usan como material de construcción ladrillos y no chapas y, es más, algunas viviendas, aún en su precariedad, ya tienen una o dos hasta cinco plantas superiores, como es el caso de Villa 1-11-14 o “Perito Moreno”, así denominadas por la avenida que la limita. Entre los asentamientos precarios se destacan: Villa 1-11-147; Villa 6; Barrio Calacita; Villa 208 y Villa 15 (las denominaciones las dio el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). En dos de ellos (Villas 15 y 20) se puso en marcha un plan para la transferencia de tierras fiscales a sus ocupantes e incluso la incorporación a planes de vivienda para familias de recursos insuficientes.

 

Las áreas residenciales se relacionan con espacios comerciales de la misma colectividad, en los mismos barrios o barrios comerciales que se han transformado por la presencia de migrantes.

 

Buenos Aires tiene ejemplos al igual que otras grandes ciudades del mundo. El comercio étnico es una nueva modalidad de la economía urbana que se justifica por la mayor visibilidad y por cierta vocación de permanencia de esos colectivos migratorios. Los negocios responden a las necesidades de consumo en barrios donde hay enclaves étnicos, como modalidad de reconversión de las economías urbanas en sociedades post industriales. Los “lugares” bolivianos de comercio se pueden clasificar en cuatro modalidades: centros comerciales, ferias callejeras, comercios minoristas y venta al menudeo (venta ambulante). Se advierte en todos ellos la identidad boliviana pues están organizados bajo pautas similares a las que se practican en Bolivia y porque los productos ofrecidos pertenecen a la demanda de consumo de esta población en todo aquello que los acerque a su cultura de origen. Se pueden reconocer locales con servicios destinados a comunicarse (teléfono o Internet) directamente con Bolivia como el transporte de larga distancia y empresas para el envío de dinero a Bolivia, cuya distribución se indica en el mapa. Los comercios y locales de servicios de bolivianos también presentan carteles de publicidad en los cuales se usan los colores de la bandera boliviana: amarillo, rojo y verde, o tienen denominaciones con nombres tales como Kantuta (la flor nacional de Bolivia), Virgen de Copacabana, Virgen de Urkupiña, entre los más frecuentes.

 

Las denominadas “ferias” son una suerte de shoppings a cielo abierto donde todo es boliviano; la modalidad comercial si bien existe aún en la sociedad argentina en nada se asemeja en el paisaje y contenido. Se hace mención a ferias importantes como la de “Bonorino”, instalada a lo largo de ese eje vial en dirección al interior de la Villa 1-11-14; como referencia de localización cabe consignar que se asienta donde se cruzan la calle Bonorino y la Avenida Castañares en el barrio Flores (conocido como “Bajo Flores”), próximo al cementerio de igual nombre y la del Barrio General San Martín (o “Charrúa”). Todas estas ferias se caracterizan por una frecuencia semanal y no hay superposición con los días de realización, esto es, se alternan para evitar la competencia, incluso con las de distintos puntos del AMBA (“Ocean”, “Urkupiña” y “La Salada” en el partido de Lomas de Zamora) en el límite mismo con la ciudad.

 

Allí el “territorio” boliviano (según el pensamiento de Guy Di Méo) queda dividido por un límite político pero para nada funcional, es un continuun con el Sur de la Ciudad y prueba de ello son las numerosas líneas de autotransporte público que facilitan los intercambios diarios entre los lugares bolivianos del Sur de la ciudad con los de los partidos Lomas de Zamora y Lanús (Provincia de Buenos Aires).

 

Dos tradicionales centros comerciales barriales: Liniers y Nueva Pompeya se han transformado en centros comerciales “bolivianos”. Como lo manifiesta Aramburu Otazu (2002) para el caso de Barcelona, la apertura de “comercios de inmigrantes se produce en un contexto de crisis prolongada del pequeño comercio tradicional de base familiar… Las zonas donde más comercios de inmigrantes se han abierto presentan un alto grado de coincidencia con las zonas más deprimidas comercialmente en décadas anteriores. Es decir, los comercios de inmigrantes están “revitalizando”-para usar un término empleado con profusión en el discurso oficial- la actividad comercial, económica y social en barrios decaídos y degradados”. Agrega que “las zonas donde hay más tiendas de inmigrantes coinciden también con las de mayor residencia de inmigrantes. Este hecho parece apoyar una explicación de tipo culturalista, según la cual las tiendas surgen para responder a las necesidades específicas y culturalmente determinantes de los inmigrantes”. Con relación a la cuestión Sassen (1997:214) ha señalado que el dinamismo económico de las comunidades inmigrantes segregadas las convierte en un polo de desarrollo económico (generando mercados internos a través de una demanda propia que encuentra su propia oferta) en barrios deprimidos, creando así un proceso revitalizador  neighborhood upgrading) que no siempre es reconocido como tal. Esto nos lleva a tomar en consideración los estudios sobre “enclaves étnicos” que han proliferado recientemente.

 

Los “lugares” de ocio y recreación se relacionan con los tiempos libres a lo largo del día, de la semana o del año. Son, en general, espacios públicos verdes, utilizados por la comunidad tanto para el esparcimiento y la contemplación –recreación pasiva–, como para la práctica de actividades deportivas –recreación activa–. Por otra parte, la intensidad de uso varía, ya que pueden ser lugares de uso diario o lugares de uso periódico u ocasional, según el carácter de áreas de juegos, plazas, plazoletas, parques locales o parques regionales que tengan los espacios verdes. En la ciudad, los migrantes bolivianos y, en particular, los varones practican el fútbol, un deporte que los atrapa. Durante años, el Parque Indoamericano, emplazado entre Av. Escalada, Av. Fernández de la Cruz, Lacarra y Av. Castañares, ha sido centro de estas prácticas. Sábados y domingos, multitudes se reúnen en campeonatos de “ligas” e “interligas” de fútbol. Entonces, “la ocupación física o apropiación simbólica de un espacio pueden desempeñar el papel de instrumento de la construcción de una identidad, o pueden constituir su manifestación, sirviendo de reafirmación de las identidades nuevas” (Lisocka-Jaergermann, 1998:14). Ese parque apunta a la doble ocupación física y simbólica.

 

Reflexión final

 

Hacer la historia de una migración no es un tema acabado. Es un esfuerzo al que estamos abocados. Nuestra aportación es una propuesta, es una hipótesis. La idea de este artículo ha sido detenerse para una reflexión acerca del proceso migratorio boliviano: salir de los estudios empíricos y tratar de enlazar espacios, tiempos y actores como un desafío heurístico.

 

Por otra parte, la población boliviana hace a la ciudad y gestiona ciudadanía. La vida citadina de los bolivianos también pasa por muchas otras prácticas, como la inserción de los hijos en las escuelas, por la demanda de los servicios de la salud, por los rituales de la muerte en los cementerios públicos, etc. La complejidad de sus prácticas cotidianas, sociales y espaciales, abre un mundo de nuevas cuestiones por investigar. Y como decíamos al comienzo, hay muchos intereses focalizados en esta migración y bienvenidos sean pues el campo sigue siendo muy fértil.

 

 

 

 

 

Fragmento de “Breve geografía histórica de la migración boliviana en la Argentina”, Sassone, Susana María. En Buenos Aires Boliviana. migración, construcciones, identitarias y memoria” - 1a ed. - Buenos Aires : Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2009. (Pág. 396 a 400)

 

 

 

 

 

 

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Barrios, Bolivianos, Colectividades

Jornadas “Buenos Aires Boliviana”

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Con la organización de la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires y la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, se desarrollaron estas jornadas  el miércoles 2, jueves 3 y viernes 4 de julio de 2008 en La Manzana de las Luces (Perú 272, Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

Las Jornadas -como otras anteriores- se propusieron ahondar en las particularidades de esta área metropolitana diversa, de los procesos socio históricos que la conforman, del aporte de los múltiples colectivos sociales y diversas culturas y, en este caso particular, de la contribución a la apertura de un espacio para el reconocimiento y la visibilidad de la migración boliviana en la ciudad de Buenos Aires.

Los grupos migrantes que se han desplazado desde el vecino país de Bolivia hacia esta ciudad, a pesar de constituirse en una migración muy antigua y con permanencia, han sido objeto de prácticas discriminatorias y estigmatizantes asociadas a la construcción de un “otro” visto, en muchas oportunidades, desde el ciudadano de Buenos Aires como simbólicamente negativo. No obstante, en los últimos años y por efecto de los procesos agudizados de la globalización que paradójicamente sirvieron para revalorizar la diversidad cultural, son estos mismos sujetos y grupos los que inician un proceso colectivo que se expresa a través de diferentes organizaciones y que impulsan acciones de reapropiación de los espacios públicos con la exhibición de sus expresiones culturales que, reinventadas en la ciudad, recrean “viejas tradiciones”, y a través de diferentes medios de comunicación (programas radiales, publicaciones impresas, páginas web, entre otros).

 

Fuente: www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/cpphc/boletines.php?menu_id=14934

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