Estampas de Buenos Aires

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Bajo la lupa de Aquiles

El censo y la Ginecocracia

Cuadro P13-P. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Población en viviendas particulares por percepción de jubilación o pensión, según sexo y grupo de edad. Año 2010

 
 
 
         

Sexo y grupo de edad

Población en viviendas particulares

Percibe jubilación o pensión

 

No

 
       

Total

2.830.816

533.910

2.296.906

       

0-4

164.856

1.385

163.471

5-9

155.135

1.983

153.152

10-14

148.648

2.199

146.449

15-19

165.432

2.900

162.532

20-24

223.881

3.122

220.759

25-29

242.588

3.976

238.612

30-34

244.349

3.471

240.878

35-39

211.695

3.936

207.759

40-44

177.097

4.004

173.093

45-49

168.100

6.488

161.612

50-54

167.861

8.573

159.288

55-59

156.542

14.628

141.914

60-64

151.864

62.916

88.948

65-69

124.732

100.709

24.023

70-74

103.717

96.445

7.272

75-79

90.077

86.651

3.426

80 y más

134.242

130.524

3.718

       

Varones

1.304.115

176.587

1.127.528

0-4

84.013

698

83.315

5-9

78.761

995

77.766

10-14

75.763

1.133

74.630

15-19

82.158

1.333

80.825

20-24

109.521

1.574

107.947

25-29

118.182

1.931

116.251

30-34

117.216

1.475

115.741

35-39

101.823

1.588

100.235

40-44

82.930

1.552

81.378

45-49

78.894

2.663

76.231

50-54

74.970

2.798

72.172

55-59

69.170

4.403

64.767

60-64

64.133

8.220

55.913

65-69

52.333

37.327

15.006

70-74

40.432

37.127

3.305

75-79

32.957

31.743

1.214

80 y más

40.859

40.027

832

       

Mujeres

1.526.701

357.323

1.169.378

0-4

80.843

687

80.156

5-9

76.374

988

75.386

10-14

72.885

1.066

71.819

15-19

83.274

1.567

81.707

20-24

114.360

1.548

112.812

25-29

124.406

2.045

122.361

30-34

127.133

1.996

125.137

35-39

109.872

2.348

107.524

40-44

94.167

2.452

91.715

45-49

89.206

3.825

85.381

50-54

92.891

5.775

87.116

55-59

87.372

10.225

77.147

60-64

87.731

54.696

33.035

65-69

72.399

63.382

9.017

70-74

63.285

59.318

3.967

75-79

57.120

54.908

2.212

80 y más

93.383

90.497

2.886

 

     

Nota: se incluye a las personas viviendo en situación de calle.

       

Los datos que aquí se publican surgen del cuestionario ampliado, que se aplicó a una parte de la población. Los valores obtenidos son estimaciones de una muestra y por tanto contemplan el llamado “error muestral”.
Para que los usuarios puedan evaluar la precisión de cada una de estas estimaciones se presenta en el Anexo Metodológico una Tabla de Errores Muestrales, junto a ejemplos de cómo debe ser utilizada.

       

Fuente: INDEC. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2010.

       

 

Independientemente de las profundas reflexiones que puedan merecer los números arrojados por este censo sobre viviendas, jubilaciones, pensiones, etc, a mí me dejó petrificado certificar que a partir de los 70 años de edad, aproximadamente, las mujeres  duplican la cantidad de hombres. 

Un amigo, un tanto machista, después de ver esta información me dijo: “somos más longevos y hay más mujeres que hombres, lo que es delicioso, verdad? Pero, me advirtió:  ¡ojo viejo…!, que así, en veinte años más, Buenos Aires llegará a tener una absoluta Ginecocracia”

 

Me dejó pensando…

 

Aquiles Pastenacus

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

Bajo la lupa de Aquiles, Barrios, Crónicas-Ensayos

El Rey del Pochoclo. Historias y penas

Bajo la Lupa de Aquiles

Puerto de Olivos. Buenos Aires. Exclusivo para Estampas de Buenos Aires

Por Aquiles Pastenacus

 

 

Luego de mi trágico recorrido por las calles de la “Reina del Plata”, informado con abundantes detalles para “Estampas de Buenos Aires” (“Viernes Negro”.  4 de mayo), pude  salir del letargo postraumático y, este fin de semana, recobré mi confianza en la profesión. Decidí visitar el Puerto de Olivos en un  día magnífico de sol. Ya se sabe que nada es perfecto: repentinamente, un viento cruzado me dejó las mejillas, y otros sectores, de color azul, haciéndome notar que era otoño y que había salido para verano. Tuve la necesidad de entrar en calor cuando a unos metros vi un carrito de venta de pochoclo, higos y  manzanitas, que trajo a mi mete que alguna vez fui niño y - en parecidas circunstancias - le tiraba de la pollera a mi mamá o del saco cruzado de mi papá para que me comprasen alguna golosina. Siempre, o casi siempre –coscorrones  mediante, sin ningún efecto -  me salía con el gusto. Fui muy perseverante desde chico…

 

Pero, ya no tenía cinco años, lamenté recordarlo, así que puse la mano en el bolsillo, saqué un billete de $ 10 y pedí un palito de higo acaramelado con pochoclo. El pochoclero, con aire de italiano que llegó hace medio siglo, pero no perdió el acento, me dijo “gracias”, en un castellano que por suerte  entendí  inmediatamente, aunque no soy bueno para los idiomas…

 

 

Mientras recibía los $ 2.- de vuelto del quiosquero, observé que se había formado una cola de tres personas para adquirir los exquisitos dulces. De puro curioso, no me retiré. Entonces… mientras se transformaba en mi boca el riquísimo caramelo en un verdadero elixir, un muchacho le gritó al puestero: - Antonio, cuánto tiempo che… ¡!!  Te acordás de mí….??? No puedo dejar de buscarte cada vez que paso cerca…. Dame una manzana, un higo y una bolsa de pochoclo. Antonio rió con felicidad. Una vieja clienta le comentó que ella también quería llevarles pochoclo a su hijo (de treinta añitos) y a su nieto. Que su vástago siempre le dice que no hay mejor pochoclo que el de Antonio. Y así, sorprendido por las muestras de afecto, fui demorando mi partida  escuchando los distintos comentarios de los vecinos sobre el vendedor.   

 

Me dije: este hombre representa para los vecinos del lugar el recuerdo vivo. Así que, cayéndoseme un imperceptible hilo de baba, preparé mi grabador…  Pero cada vez que me iba a acercar aparecía otro cliente, y otro: una vuelta más de tuerca al pasado… Me quedé esperando el momento oportuno para aproximarme.

 

Antonio era todo un personaje, de impecable delantal blanco, gorrito, y motoneta gris, naranja y fucsia; en su carrito tenía pegado varias certificados de habilitación, notas de reconocimiento de diputados y del Concejo Deliberante. Por fin, se produjo un breve relax y me abalancé abruptamente sobre su humanidad para conocer mejor su historia, antes de que llegara otro molesto cliente.

Antonio Tullio Capelli. El Rey del Pochoclo

Antonio Tullio Capelli había nacido en Italia en 1933. A poco de finalizar la Segunda Guerra llegó a Buenos Aires con su familia. Adolescente, de unos 15 años, trabajó en una marmolería del Barrio de Chacarita. No le era muy grato el contacto cercano con el Cementerio, pero el salario le permitía sobrevivir.  Tres años después llegó a Olivos. Asegura que se encuentra en la zona vendiendo pochoclo desde hace 60 años (¡!!) Las banderas de su carrito dicen en letras coloradas: “El Rey del Pochoclo. Antonito”. Y parece que es verdad, afirman que tiene el mejor pochoclo de la zona norte. Este laburante, que se ha convertido en un pintoresco habitante del puerto, al contarnos su historia  pasa de la sonrisa al llanto.

 

Muestra orgulloso la nota del Ejecutivo Provincial habilitándolo a trabajar allí, en reconocimiento a los años que lleva en el lugar, una esquela  de agradecimiento de una Diputada Nacional, por su buena disposición a cada pedido de colaboración. Antonio afirma  que su forma de ejercer la solidaridad ha sido siempre regalar bolsas de pochoclo,  que es lo que tiene, que es lo que sabe hacer. Señala un recuerdo clavado en el carrito, es de la provincia de Corrientes - donde tiene una hija de 17 años-, el de la escuela 351 que lo distingue con la palabra “amigo”por los cientos de bolsas de pochoclo que envía para cada  Día del Niño.

 

Pero no todo era sonrisa para el italiano. Repentinamente, cambió el semblante, mencionó su preocupación porque alguien lo desaloje, que lo corran del lugar donde ha trabajado toda su vida. Se le escapó una pena devenida en puchero… una lágrima con sabor a angustia. A mí me empezó a temblar la mano con la que sostenía el grabador, los pies me pesaban, siempre me pasa cuando me emociono…. Terminé de tragar con dificultad el último higo acaramelado y le alcancé a preguntar: ¿de quienes habla….?

 

Don Antonio, el Rey del Pochoclo, marcó con el índice hacia algún lugar distante, o no tanto… y, evidentemente, prefirió el silencio. Se recompuso, y con una nueva sonrisa, un poco forzada para despedirse, me dijo: gracias… y siguió atendiendo a su florida clientela…

 

 

 

 

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Bajo la lupa de Aquiles. Viernes negro

por Carlos Szwarcer 

 

Cualquier cosa puede pasar en Buenos Aires. Ya sabemos que -lo hemos dicho muchas veces- diez minutos de recorrida por sus calles céntricas nos conectan con el Paraíso o el Infierno.  Coexiste lo más bello con la peor inmundicia. Hay que decirlo: transitar sus veredas nos provoca, a menudo, un baño de adrenalina. Aunque a esta altura de los tiempos no hay nada que nos sorprenda. Igual: “ver para creer”. 

Camioneros de la Provincia de Entre Ríos marchando en la Av. 9 de Julio

Increíblemente, cruzar la  Avda. 9 de Julio el pasado viernes, según comenta nuestro reportero, Aquiles Pastenacus, fue más sencillo que otros días. ¡Extraordinario, un hecho positivo! Claro, pero no tanto. Estaban varias calles cortadas. Entonces, si bien el cruce de la avenida no resultó tan agitado como siempre, pasar entre las pancartas  y los manifestantes que iban al acto convocado por Moyano…  no fue tan sencillo. En Plaza Libertad, mientras hasta los perros hacían paro, nuestro corresponsal, después de resbalarse en la esquina de Cerrito y Paraguay con unos restos de pancho con mostaza dejado al descuido en la vereda, pudo rehacerse y cruzar más o menos erguido.

Pensativo, en tanto reflexionaba sobre el contenido de la nota que enviaría a “Estampas…”, llegó a un bar, bajó al baño, y en ese subsuelo creyó encontrarse en el mismísimo Purgatorio. No describiremos el estado del receptáculo del que se pretende sea un lugar para satisfacer ciertas “necesidades”.   Allí continuaron sus peripecias, debidamente detalladas en su informe y que, por buen gusto, evitaremos mencionar.

Los perros de la Plaza Libertad.

 

Nuestro eficaz periodista subió las empinadas escaleras, medio agitado se dirigió al encargado, que se encontraba detrás de la caja registradora, y en un gesto de responsable actitud ciudadana – con epítetos que no reproduciremos -  le dio a conocer su punto de vista sobre la dignidad humana y la limpieza mínima que debe existir en los locales.

La basura en la esquina de Viamonte y Carlos Pellegrini

 

Pero, por si no fuera suficiente, nuestro curioso enviado, no conforme con detectar “anomalías”, que paulatinamente comienzan a ser muy “normales”, vio a un vecino  que,  prácticamente, hacía equilibrios al intentar subirse a un taxi, situación motivada por un montículo de basura que en la esquina de Carlos Pellegrini y Viamonte parecía esperar un cartel luminoso que sentenciase  “Viva la Roña”.Tal fue la imagen que le apareció en su cabeza, abruptamente, a nuestro ya vapuleado cronista, según él mismo lo consignó.

 Respiró profundo, caminó una cuadra más, cruzó Córdoba, y 20 metros más adelante una familia. Una madre con sus tres hijos y un chiguagua había improvisado una vivienda sobre unos cartones . Se encontraban todos sus integrantes en completo estado de suciedad. Aunque los niños parecían estar contentos, éste no aparentaba ser el lugar lógico ni adecuado para vivir dignamente.

Una familia instalada en Carlos Pellegrini y Cúrdoba

  Minutos después, Aquiles Pastenacus nos envió por mail  la crónica de ese viernes adverso. Las seis páginas (acompañadas de fotos) son una declaración de amor y odio por su ciudad natal. A la hora de resumirlas decidimos evitar los agravios, las palabras disonantes o las fotos impúdicas,  como la del baño aludido, por ejemplo. Es poco el texto de su informe que puede reproducirse textualmente, por razones obvias. Apelando al sentido común, decidimos dar a conocer los hechos con la sencillez que aquí se han presentado.

 Aquiles nos solicitó un médico, que dicho sea de paso no pudo lograr sacarle de la cabeza que su estado depresivo era transitorio, en la medida que aceptese que uno, a veces, odia lo que ama.  Dice el facultativo que cuando dejó la casa de nuestro periodista, apenas éste cerró la puerta, se lo escuchó cantar con tono acongojado lo que intentaba ser una declaración de esperanza : “MI buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver, no habrán más penas ni olvido…”

 

  

NR: Desde aquí le enviamos un saludo a Aquiles,  deseándole una pronta mejoría . ¿Y el obelisco? Tapado por una publicidad…

 

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