Estampas de Buenos Aires

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“El Café Tortoni y el Bar Izmir. Un vínculo sefaradí” (reseña)

Por Carlos Szwarcer

He tenido el placer de ser convocado para participar en el Ciclo Raíces de Sefarad, organizado por eSefarad (Liliana y Marcelo Benveniste) y la Comunidad NCI-Emanu El. El tema elegido fue “El Café Tortoni y el Bar Izmir. Un vínculo sefaradí”. El evento fue auspiciado por La Comisión de Bares Notables de la Ciudad de Buenos Aires y se presentó el martes 30 de octubre de 2012 en Arcos 2319. Buenos Aires.

Publicado en "El Amaneser". Estambul.(Turquía) Diciembre de 2012

Se desarrolló el nexo sefaradí en la historia de dos cafés: el Tortoni, el más antiguo-en pie- de Buenos Aires y el Izmir, lugar legendario de encuentro de habitués mayoritariamente sefaradíes, y de otras etnias (armenios, griegos, árabes, etc.) con las que convivieron dentro del antiguo Imperio Otomano. Aquella atmósfera fue recreada en el Café y Bar Izmir, donde se revivían aspectos culturales comunes: costumbres, idioma (turco), música, danza, gastronomía, entre otros.

En los cafés Tortoni e Izmir,  tan distintos en sus estilos pero,  a la vez, tan porteños, encontramos la historia de  dos hermanos sefaradíes oriundos de la ciudad de Izmir  (Turquía), Alejandro Alboger y Yaco Alboher. El primero, arribado a Buenos Aires en 1920, comenzó a trabajar de lustrabotas en el Café Tortoni. Escaló posiciones,  fue mozo y, finalmente,  metre (1920 a 1939). Por distintas  vicisitudes se hizo cargo del Café Izmir (1939-1965), ubicado en el Barrio de Villa Crespo, donde se concentraba gran parte de la inmigración judía.

Alejandro  ayudó económicamente a su familia para que partiera de Turquía  hacia Buenos Aires, y recomendó a su hermano menor para  trabajar en el Café Tortoni. Yaco ingresó al famoso café de Avda. de Mayo  en 1931.

Los dos hermanos izmirlíes  siguieron por muy distintos caminos. En tanto Yaco se quedó en el Tortoni, finalizando sus días como mozo y accionista del famoso e histórico café,  Alejandro se mantuvo  25 años como dueño del legendario y exótico Izmir, recinto mágico, ubicado en la calle Gurruchaga 432, al que le dio su impronta y estilo.

Hoy, el Tortoni sigue gallardo como uno de los lugares turísticos más importantes de Buenos aires. Lamentablemente, el Café Izmir ya no existe. No Obstante,  este Olimpo rectangular, fue reconocido como Café Notable de la ciudad de Buenos Aires (a fines del siglo pasado). Baluarte y punto de reunión sefaradí, por ser ámbito de relación de varias etnias, fue denominado “Ejemplo de Diversidad Cultural y de Convivencia Pacífica,  “….parte de la Esencia de Buenos Aires”, “emblema porteño” o “secretaría informal de la comunidad”, seguramente porque allí  se buscaban a los hombres que completaban  el miniam o quorum mínimo para comenzar los rituales en el Templo Sefaradí que se encontraba a la vuelta, sobre la calle Camargo.

El tiempo pasó inexorablemente. Al fallecer Alejandro Alboger (1965), el Café Izmir cambió de estilo y las transformaciones económicas y sociales lo convirtieron en un bar convencional. Pero el lugar pervive  en la memoria colectiva de la ciudad, como un sitio emblemático para la colectividad sefaradí y  como hito histórico de la Buenos Aires cosmopolita. Finalmente, el viejo café de “los turcos” cerró sus puertas en el año 2000 y fue demolido en abril de 2004 para dejar lugar a la construcción de un edificio de propiedad horizontal.

¿ Podría habérselo salvado, resguardado ? Es difícil saberlo. Muy pocos lo intentaron. Pero conviene reflexionar sobre esta cuestión que concierne a cada  ciudadano: defender los hitos históricos que son parte de la conciencia colectiva de una sociedad,  aquellos que nos dan  parte de nuestra identidad. Recuerdo las palabras de Fréderic  Mistral: Los árboles que crecen más altos son los de raíces más profundas”.

En todo caso, la pérdida del Café Izmir, este símbolo de la cultura porteña, como  otros, nos muestra la necesidad de una legislación acorde a la defensa de estos espacios.  Encontramos, a veces, una lamentable apatía instalada en buena parte de la ciudadanía que observa con los brazos cruzados la destrucción de sus sitios emblemáticos.

La mayor de las obligaciones para la preservación de estos sitios recaen en nuestras instituciones, en nuestros representantes: gobierno nacional, municipalidades, y  en las colectividades… Todos debemos ocuparnos en debatir el futuro que deseamos a partir del pasado que nos sustenta. Es poco lo que se salva, pese a la voluntad de pocos funcionarios que intentan estar a la altura de la responsabilidad que les confiere su cargo, a veces limitados por una burocracia elefantiásica o por la falta de fondos económicos. Debemos, todos, ser custodios de la memoria que nos identifica con una manera de ser…

En cierto modo, es el aporte del bagaje cultural familiar, a la idiosincrasia de nuestra aldea, de nuestra ciudad, de nuestro país, lo que nos hace quienes somos; recordar de donde venimos y conservar aquello que recibimos de nuestros mayores, las tradiciones, las costumbres, los lugares que nos identifican, es un mandato que tiene que estar presente en este complejo proceso en el que globalización e identidad son dos caras de una misma moneda. Con la desaparición de edificios representativos como el Café Izmir - que caracterizaba la diversidad cultural, la convivencia pacífica y la identidad de Buenos Aires -, no cabe duda de que toda la sociedad ha sido vulnerada, sufriendo una mutilación de su memoria física y corriendo el peligro de que se desvanezca una parte de su historia.

* Reseña publicada en el Periódico “El Amaneser”. (Estambul. Turquía). Sección: Recuerdos. Pág.24. El texto aquí presentado fue publicado en “ladino”.

Versión en ladino: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2013/03/02/el-kafe-tortoni-i-el-bar-izmir-un-vinkulo-sefaradi-en-ladino/

“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com

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