Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Archivo de Enero, 2013

Yábor: raíces y vigencia de un trovador rioplatense

Por Carlos Szwarcer

En un reciente viaje a Colonia del Sacramento, Rep. Oriental del Uruguay, entrevistamos a Yábor. El talentoso cantautor que desde hace algunos años se encuentra radicado en esa ciudad -Patrimonio Mundial de la Humanidad-, fue un ameno anfitrión que estuvo dispuesto a compartir anécdotas y profundas vivencias. Los caminos y recodos de su extensa historia personal y artística vibraron en un tono sugestivo. Músico exquisito de memorable paso por la Argentina, donde es considerado uno de los pioneros del rock nacional, nos habló de sus orígenes, influencias, éxitos y sinsabores.

Yábor y Carlos Szwarcer

Yábor y Carlos Szwarcer

Recordado y vigente, señaló las dificultades de los artistas para lograr una buena difusión de su obra. A partir de su infancia montevideana, Yábor hurgó en las raíces de su arte y en el contacto con múltiples experiencias que lo nutrieron de influencias innumerables. Además de su orgullo oriental y artiguista, reflexionó sobre su relación y sentimientos por Argentina, en particular por Buenos Aires, donde vivió tres intensas décadas.

“Según mi madre, -comienza pensativo y nostálgico- Doña María del Carmen, tuve una tatarabuela negra. Como buen hijo de Artigas me mimeticé con mis hermanos del candombe. Cuando estoy con ellos se olvidan que soy blanco; en mi casa siempre entraron vecinos de raza negra. De niños jugábamos a la pelota en la calle, en el baldío, trepábamos y construíamos casitas en los árboles, éramos compañeros en el cole, más un montón de cosas que uno no entiende porque las hace, pero las hace … Recuerdo, entre risas y jolgorios nos escupíamos con azúcar, nos apedreábamos el rancho cuando nos peleábamos, más tantos sentimientos que atravesaron la piel cuando nos juntábamos a compartir los toques de tambor con mi guitarra y acordeón…”
La imagen de la madre, evidentemente, ha tenido gran fuerza en la vida del cantante: “Mi madre era clarividente y curaba por imposición de manos; aunque lo hacía sin fines de lucro, recibía diezmo y regalos de gratitud. Era católica. Recuerdo…, a veces cantaba y leía párrafos de la Biblia en la misa; me enorgullecía cuando le recomendaban devotos para ser bendecidos con sus ´pases espirituales´, la visitaban en nuestra casa donde tenía un pequeño altar, venían desde la misma parroquia del barrio Pueblo Nuevo, distrito de La Unión, Montevideo, donde fue venerada y es recordada por su alma caritativa y ejemplo de buena persona.
Solía contarme como se le fue despertando ese don; desde los treinta y pico empezó a ver divinidades y bellas imágenes y también símbolos que la atemorizaban por su falta de experiencia. Dicen que el poder de la sanación es hereditario; yo lo practico cada tanto con mis parientes y allegados.

- ¿Cómo descubriste en vos ese poder, ese don?

Según parece, aun sin ser religioso, ni tener fe alguna, esta virtud es algo natural que poseemos “casi todos los humanos”, que se puede desarrollar con tiempo y dedicación. Ya en sus últimos años en este plano, un buen día a la hora de la siesta con su mano en mi frente y en un rezo inolvidable decretó en mí ese “poder de sanación”. Nacida en la sierras de Minas, Dpto. de Lavalleja, casada con mi padre: Constante Walter, del Rosario, Dpto de Colonia; ambos se conocieron en Montevideo como trabajadores fabriles. Mi padre, también de gran humildad; de profesión matricero industrial, con un espíritu servicial con los vecinos del barrio.

- ¿Tuviste desde chico algún tipo de manifestaciones paranormales?

Si, desde muy chico diversas experiencias de ese tipo, que aún hoy me sorprenden y erizan la piel. Al entrar en la adolescencia comencé a buscar pruebas sobre la existencia de Dios en otras religiones. Con respeto y admiración me sorprendí con la magia y colorido de las ceremonias de los ritos del Umbanda de Río de Janeiro, el Batuque de Río Grande y el Candomblé de Bahía (Brasil) trasladados a Montevideo… luego leí sobre el Budismo y el Corán; sin entrar en detalles, me interiorice sobre religiones que aún suelen golpear a mi puerta trayendo su mensaje…
Pero, como te decía, aquella tarde mi madre me puso una mano en la cabeza y me dijo: “quiero pasarte este don…” ; y yo me entregué; me derretí cuando lo hizo; ella ya estaba muy viejita. Lo espiritual, las cosas que he visto y se me han manifestado, me convencieron que hay algo más allá de esta dimensión en que nacemos.

- ¿Qué tipo de literatura leías?

Hoy por hoy, no soy religioso, comencé leyendo al Padre Quevedo entre otros mentalistas de los años 60. Desde hace unos buenos años me gusta la metafísica y trato de entender la física cuántica. Investigo, presiento que la espiritualidad acompaña las artes; es la que une las diferentes disciplinas y géneros musicales. En los´70, me dediqué de lleno al estudio de la religión africana; esto me llevó años, con entradas, salidas, dudas, etc. Después vino la superstición, la sugestión, cosas que llevaron un tiempo para limpiarse y tomar distancia.
En principio, me atraía interpretar los diferentes “toques” o “puntos” ejecutados por los tamboreros religiosos, llamados Oganes; músicos muy importantes en los ceremoniales de los templos. Así fui inducido muy en serio a comprender las raíces del África ancestral. Porque, si desconocemos su religión, cómo podemos interpretar música afro con esencia y color. Ahondando me involucré y visité cuantas manifestaciones indo, afro americanas se me presentaban. Con el tiempo, tanto en la religiosidad como en la política terminé siendo solo simpatizante, relacionándome de forma independiente. Con estos ingredientes, busqué sólo lo que unifique y no lo que separe.

- ¿Una manera de lograr cierta síntesis y una característica propia ?

Por lo general, quienes hacemos música tratamos de sumar y de evitar los intereses sectarios que dividen a la humanidad. Para mí, este transito por al vida artística es una bendición!.
Considero que nada es casualidad, todo es causal, creo fui elegido para transmitir un mensaje musical canalizando las energías de mi musa inspiradora, a mi manera.

- Las influencias te fueron llegando por varios caminos…

Tuve muchas influencias. Nací en uno de los barrios del Tambor; donde salían con sus resuellos candomberos cuando ganaba el cuadro y cuando perdía también; incluso a la hora de la siesta molestábamos con nuestros ensayos en el vecindario. Siendo pibe, algunos mayores me decían “ahí no vayas porque se juntan los ´chorros´”; o, “si te entreveras con esos vagos quemarás las naves”. Fui rebelde, hice caso omiso a los consejos, iba igual, creo, eso me dio el contacto con lo cotidiano, la calle, que le dicen.

- Pero, finalmente, trascendiste, en mucho, tu barrio, “tu aldea”… Abrevaste de tu terruño y de todo lo que te llegaba de afuera….

Yo tengo un arte ecléctico; soy fiel a lo que me gusta. De muy chiquitín cantaba frente al espejo escuchando Gardel hacía playback…(ríe con placer), me mataba escuchando o viendo por TV a Julio Sosa, Matt Monroe, Nil Sedaka, el Club del Clan, música Beat, el tropicalismo brasilero y la rítmica afroamericana … sumados a mis estudios clásicos de acordeón piano y guitarra.
Tuve muchísimas influencias que luego trataba de disimular o maquillar con mi auténtico sentir y forma de hacer; porque uno dentro de lo posible trata de ser uno.

- Tenés el plus de una importante formación musical…

Me recibí de profesor de música a los 14 años, en el Conservatorio Schubert de Montevideo… desde entonces integré conjuntos folclóricos, escolas do samba, hasta actué vestido de gaucho. Fue cuando ingrese con mi voz y guitarra en los “Troperos del Alba”, conjunto con siete años de trayectoria que ya tenía cierta fama local… siendo profesor de acordeón, con ellos comprendí el folklore recorriendo el Uruguay. Junto a este conjunto cumplí mis 18 años en una larga gira por Chile. En otros grupos como “Las Voces del Arequita”, vivencié lo que le gusta a la gente de campo, no lo que “uno supone”, o lo que “aparece por la televisión o la radio”, Cantábamos con punteos y arreglos vocales en cuarteto.
Un día, en pleno campo del Dpto de Florida, un paisano nos pedía “El Orejano” (“Yo sé que en el pago me tienen idea…”) ; es un valseado campero con un poema totalmente anarco. Ese buen señor con sus bombachas, botas de potro, faja, rastra y golilla ponía dinero en el platito y seguía pidiendo “Orejano!!!”… se lo cantamos no sé cuantas veces en la noche. Después, averiguamos que lo habían echado de la estancia por escuchar ese tema. Ahí fui comprendiendo otra realidad ignorada en las capitales. Tocamos en los diferentes escenarios del folklore de los ´60; también actuamos para los gauchos de verdad, quienes venían de las faenas y rodeos, a tomar algo en el estaño del parador; así fui descubriendo esa realidad.
Una velada, cambié mi guitarra por el acordeón, ¡“y se pudrió todo”!… bien acompañado por las tres guitarras, se levantó un polvaderal, mientras bailaban hombres con hombres, porque en ese sitio, en medio del campo, no había una sola mujer. En realidad no les deslumbraron nuestros arreglos vocales o delicados punteos guitarrísticos; nos pedían rancheras, chamarritas, polcas y milongas con acordeón.

- Tenían que acomodar el repertorio…

Sí, otra vez, caímos en una Penca (con sus carreras cuadreras y de sortija); a nuestro arribo en un ´cachilo´ Ford “A”, nos rodeó una montón de gente. Hasta entonces, yo nunca había actuado con el platito al pie del escenario, no lo consideraba digno para un profesor de música. Pero mis colegas me advirtieron: “Si te dan dinero acéptalo porque si no se arma”. Nos fue bien; pero, las ovaciones se las llevaron los payadores, eso era lo que la gente de esas fiestas rurales realmente preferían, marcándome éste episodio una nueva lección.

¿En el Conservatorio te dejaron dar rienda suelta a tus inquietudes musicales?

Es que, desde los seis a los catorce años, mi profesor –Juan José Hernández – fue quien más allá de lo clásico me permitió tocar lo que quisiera y me inculcó que lo popular se debe interpretar con la misma seriedad que lo denominado clásico. Y no soy payador pero admiro mucho el arte. En mis primeras andadas como solista, estuve cercano a Don Carlos Molina, que pertenecía a la asociación de “gauchos socialistas”; fue quien apadrinó mis comienzos. Le gustaba como tocaba la guitarra y mis composiciones. Me decía “a vos que no te importe nada de nada, seguí así que vas bien…”. Yo me buscaba a mi mismo, buscando la aprobación de gente con trayectoria. Toqué en “El Mulitero”, que Molina regenteaba junto con el célebre cantautor Tabaré Etcheverry en Montevideo. Yo hacía lo mío con orgullo. Fueron épocas difíciles, cuando irrumpían los señores “vestidos de verde con sus matracas” a pedir documentos… Recuerdo al emblemático payador que se lo llevaban detenido dos por tres, porque respondía con su arte repentista a “los pies” que la gente les tiraba para improvisar sobre la situación del país. ¡Eso sí que fue todo un aprendizaje que también me marco e influenció!.

- La búsqueda de un estilo, de algo que te defina tiene sus bemoles …

Molina me dedico una payada que hablaba de mi guitarra y de mi joven estilo, Tabaré me presentó como alguien que “debía ser escuchado porque iba a dar que hablar”… y yo procurando trascender ante semejante desafío… Mientras, actuaba en importantes programas por TV12, “Discodromo Show” y por TV 4 “Gente Joven”. Considero que allí arrancó mi camino como “trovador”.
Con mis 19 años escarbaba y buceaba más y más en las raíces; cuando irrumpieron copando los medios masivos Los Beatles; el impacto en la juventud fue tremendo. De pronto me sentí algo turbado y confundido. ¿Cómo asimilar semejante avasallamiento cultural?… Lo recuerdo, frente a tan imponente despliegue…. como nos vacunaron con su juvenil producto, su impecable creatividad musical, tan bella e innovadora; poco importaba que fuera en otro idioma.
Así fue como algunos comenzamos a querer fusionar ritmos. Mientras, transcurrían las primeras peleas con mi viejo; llegaron resquemores y rezongos por mis llegadas a la madrugada; comenzaron a dividirse las aguas generacionales; el pelo largo y todo lo que podía llevar la contra al tango y los conservadores del folklore. Por entonces, a fines de los ´60 conformé LOS PROFETAS, mi primer bandita electrónica cantando castellano y balbuceando en inglés, denotando mi nueva preferencia por el POP internacional.
Un buen día actuando como solista en el Canal 5 estatal (SODRE) conocí al cantautor Gastón Ciarlo “Dino”, quien me escucho, le gustó y me invito a verlo en un concierto en Teatro El Galpón. donde “me amigué” con sus músicos del Montevideo Blues; ya en el under ciudadano continué tocando en los recitales junto Eduardo Mateo, Diane Denoir, Pippo Spera, Rubén Rada, Chichito Cabral, el Yamandu y Jose´Luis Pérez, el Pájaro Canzani, El Sindikato, Días de Blues, Psiglo, Col Coffe, The Moonligts, entre otras celebridades del pop rock nacional.
Con Mateo abríamos los recitales, actuando por separado pero compartiendo los mismos percusionistas (Cachito y Jair); otra vez nos aparecimos cuando vino “Papos Blues” al cine Novelty.
En el ´72, fuimos nominados como lo mejor del año por el semanario “La Nueva Gente del diario El Día”; era como leer la actual revista Rolling Stone en Argentina .
En los medios y algunos seguidores ya me preguntaban cuando iba a grabar un disco, o sea me dieron una buena mano… por entonces, recuerdo yo era medio tosco y tímido.

¿Por ese entonces grabaste en Buenos Aires?

En Noviembre del 73, de la mano del legendario conjunto de Rock Arco Iris fui invitado para grabar allí en los estudios de Casa Netto. Me produjo su baterista Horacio “Druppi” Gianello junto al carismático Gustavo Santaolalla. Recuerdo, en dicho estudio grababa su primer disco mi amigo León Gieco, quien se sumó espontáneamente para meter coros en un par de temas.
A los 21 era un muchachón ingenuo, de barba, seriote, como tantos de mi generación, simpatizante de la izquierda, demasiado idealista, aunque poco politizado. Mi militancia era con el arte y por la vida. En mis textos, decía algunas cosas sociales pero era más bien “universalista”. Le cantaba a la naturaleza, el amor, las vivencias cotidianas. Estaba bastante consciente del manejo de masas, no era el militante que cierra los ojos… con una suerte de sentido común presentía el peligro; veía el público y me daba cuenta como venía la mano, percibía los movimientos de gente que no eran “del palo artístico” y se nos arrimaban a saludar….

-¿Tuviste algunos momentos complicados, difíciles… ?

Al mediar los 21 y los 22 años, fui gremialista metalúrgico; luego de una segunda ocupación me demoraron en un calabozo; supe lo que es el miedo desde el vamos. Durante el proceso, como tantas familias uruguayas recibimos el allanamiento casa por casa. Este episodio me fogueó como hombre solidario y ahí tenés otra influencia fuerte que moldeó mi personalidad.

¿Cómo mantuviste tu independencia artística?

Ahí comencé a agudizar los sentidos a respetar más el arte poético; nunca entré en el panfleto, y si alguna vez hice algo parecido, después me dio vergüenza porque no me sentía cómodo.
Tocaba en universidades y facultades, entre otros ámbitos culturales; ese fue mi público seguidor (donde también solían irrumpir “los que te dije de verde”). Una vez tocando con mi amigo el bajista Beto Satragne, en la Universidad de La República, alguien gritó “alto la música!!!” y hubo que parar para que realicen un procedimiento. Lo mismo ocurrió en La Trastienda de Palermo en Buenos Aires, actuando con mi banda y Ruben Rada como invitado (año 79), en otro lugar de San Telmo, junto a Rodolfo Mederos…. Durante el Proceso, como le ocurriera a otros cultores de música con identidad, me sobrepuse a varios sustos, malos momentos que me parecieron interminables, pero a Dios gracias pude seguir circulando con lo mío, fueron pruebas que me templaron. Felizmente no padecí apremios físicos, pero “los julepes” me los comí igual; cuando lo pienso aun me broto… jeje!!!. Mi posición frente al arte es que todos tengamos las mismas posibilidades de trabajar y estudiar, con acceso a la salud pública… ¡¿qué más ?!
Escuchando maestros como J.M. Serrat, valorando a los que son más volados en su decir; me dije: “que lindo es estar con los pies en tierra y la cabeza en el cielo”. ¡El equilibrio! Lo importante es crear una buena obra que llegue a los corazones del pueblo. El público seguidor va a ver un espectáculo para sentirse bien.
Pasamos una época en la que estábamos tristones, reinaba la melancolía en el ambiente con añoranzas de justicia social, por consiguiente yo no iba con “bajones”; preferí que la gente reciba alegría. Muchas veces cantamos para un sector que vive ajeno a lo que está pasando. Admiraba a Zitarrosa, con quien intercambié cuestiones filosóficas en algunas oportunidades, Confidencialmente le pedí su opinión. Coincidimos que siendo solidario hay emergencias a las que tenés que asistir con tu canto fraterno, aunque te juegues el pellejo.
En ese periodo recorrí la República Argentina con mi espectáculo musical para niños y mis presentaciones como Yábor, acompañado por mis recordadas bandas candomberas. Continué con visitas aisladas para trabajar en Uruguay, si pasaba la censura del ESMACO, quienes revisaban las letras a interpretarse; siempre me preguntaban cuantos días me pensaba quedar y donde iba a parar… Una vez no me permitieron subir al escenario, fue en un festival del Estadio Centenario; recuerdo que el conductor Nacho Suárez me invito a que por el micrófono le explique tal situación al abochornado público presente… donde fui despedido por un hermosa cuerda de tambores y el caluroso saludo de mi gente.

- De algún modo te jugaste por lo que consideraste causas justas…

En los primeros actos de las Madres de Plaza de Mayo solía estar presente; consideré que el artista debe arrimarse y apoyar una idea tan pura y transparente….
Fui sincericida por demás, opinando a destiempo o innecesariamente. Cuando uno es joven siente que tiene mucho paño. ¿Si no te jugás ahí…cuándo te vas a jugar ?.
Felizmente surgen en Buenos Aires las revista Pelo, Expreso Imaginario, Rock Super Star y periodistas como Juan Alberto Badia, Roque de Pedro, Marcelo Pérez Cotten, entre otros importantes medios que apoyaron y difundieron a los que impulsábamos nuevos géneros musicales.
En el ´76, logre ingresar en la compañía EMI Odeón y Capitol Argentina, donde grabé seis discos vinilo LD. Hay artistas que saben bancar con naturalidad esa etapa multinacional y duran un buen tiempo. Reconozco que me dejaron hacer lo que yo quería, por lo cual estoy artísticamente agradecido. Hoy presiento que me alejé por tarado; enfrentado con mis contradicciones y no tuve suficiente cintura; era un bebe de pecho, con semejantes tigres es muy difícil manejarse. Me despedí en 1984, sintiéndome querido y apreciado por los amigos de dicha compañía.

- ¿Cuándo fue el momento de mayor trascendencia y cuándo empezaste a desaparecer de los medios?

Creo que el momento que más soné fue durante la guerra de Malvinas con “Memoria Azul” y “No dejes de Cantar”. Hoy sigo reconocido dentro del movimiento del rock nacional argentino.
Fui involuntariamente responsable de proseguir “missing en acción”, jajaj!!!. Igual le metí para adelante, siempre fui muy tenaz. Mi trabajo de hormiga continuó en forma permanente, aunque silencioso, sin prisa y sin pausa. Por ahí tocaba en el under, donde asistían 1000 personas, llenaba un teatro en la Capital otro en el Interior… cuyos ecos supongo quedaron en la huella.
Durante el proceso creo tuve algunas prohibiciones; allanaron mi domicilio; motivo por el cual aceleré mi programado viaje a España donde permanecí trabajando casi un año, regresando en el 83. Después vino el Radicalismo. Me parecía milagroso, llegó la Democracia, fue un periodo maravilloso, pude trabajar haciendo lo mío en libertad!. Empecé a tocar en las Facultades y los florecientes espacios culturales. Por entonces tuve el beneficio de ser nominado entre los 30 artistas con posibilidades de actuar en todo el territorio nacional. Luego vino el “Menemismo”, período en el que hubo escaso apoyo a la cultura; lamentablemente trabajé mucho menos, aunque “no me tenía que ir”… Sumándole la crisis del 2001, cuando me sentí muy agobiado, un buen día, en las postrimerías del 2003, luego de 30 años de permanencia en Buenos Aires cruce a Uruguay radicándome en Colonia del Sacramento.

- En Colonia sus un verdadero referente en varios espacios culturales…

Es un hermoso lugar del Plata donde desarrollo actividades como organizador de “La Gran Fiesta de San Baltasar” (la fiesta de los soldados del Procer J.G. Artigas); además de grabar un nuevo CD y filmar un Video Clip, fui incluido en el primer catálogo de Música Nacional, seleccionado entre los 130 artistas referentes del Uruguay
Les invito a visitar: http://www.clusterdemusica.com.uy/yabor/.
Desde hace cuatro años presido AUDEM (Asoc. Urug. de Músicos con Mesa en Colonia) y dicto clases de música.

- Tus tres décadas en Buenos Aires te hicieron conocer la ciudad, en sus cadencias, celeridades, ciclos y, desde ya, las oportunidades y adversidades de una gran urbe.

Pasé varios períodos, cuando me agarró “el rodrigado”, ahí fue terrible, yo vivía en una pensión. Estaba trabajando en una marroquinería fina en el Once, tenía que trabajar 16 hs para poder sobrevivir. Cuando podía tocaba en algún “sucucho”. No pude pagar la pensión. Terminé durmiendo debajo de la mesa del taller. Creo, eso también me fortaleció. Como no habia laburo, mi representante me buscó trabajo en una empresa de colocar carteles luminosos. Terminé en las alturas, yo sufría vértigo, un día quedé abrazado a la torre, me agarró pánico. Recuerdo teníamos que poner un cartel en un edificio alto frente al obelisco y renuncié. También trabajé de cafetero en la calle y a la noche como asistente de dirección en el Teatro Payró, junto a Jaime Kogan, Nano Pavloski, Ricardo Monti; donde armaba la escenografía y hacía las luces. Ahí empecé a vincularme con el ambiente teatral. Estuve con Alejandra Boero y su grupo de teatro independiente. Conocí a Enrique Pinti quien nos ideó una obra para chicos junto a la actriz y flautista Inés Cytrinowski. Musicalicé obras de Roberto Vega, Juan Raúl Rithner, Daniel Zabala, entre otros autores de teatro para niños.
Me especialicé en el género para niños. Actué y cante en obras musicales, algunas fueron premiadas por Argentores y en el Festival Infantil de Necochea. Aprendí esta especialidad que requiere mucho estudio y dedicación. Ya en Uruguay, estrené una obra de mi autoría EL CANDOMBE DE VACACIONES, que fue decretado de Interés Cultural por el Ministerio de Educación y Cultura.
Durante los ´90 actué en varias fiestas de la OUA (Unidad Africana), organizadas por la Embajada de Nigeria; ahí colaboré con la organización y me presenté con mi banda de los ´90 “Mama Afrika” con quienes luego grabé mi disco “AFRIKANIAS” y realice giras.

Durante 48 años de trayectoria conformé diferentes espectáculos que se ilustran en mi sitio http://www.candombodro.com ; siempre viví de y para la música.

¿Cuál es tu relación y sentimientos hacia Buenos Aires?

Lo primero que te quiero decir es que quiero mucho a los porteños. Reconozco que me dieron varias oportunidades y me cuidaron como persona y como artista.
Una cosa es una metrópolis y otra cosa es una ciudad. Yo fui del bosque (Montevideo) a la selva (Buenos Aires). Comprobé que después de vivir en Baires sobrevivís en cualquier urbe del mundo. Cuando fui a España me sobraba tiempo, imaginate hoy en Colonia… ja,ja!!! Argentina es un país muy grande y con posibilidades de desarrollo. Con los años transité a lo largo y a lo ancho su vasto territorio. Cuando viajas de una provincia a otra conoces las modalidades y el auténtico sentir de los argentinos, las distintas geografías y filosofías de su gente, fue algo muy hermoso!.
Es sabido que en el interior te recuerdan por más tiempo, en la Capital tenés que aparecer más seguido e impactar con buena prensa. Cuando dejé la empresa de grabaciones multinacional y empecé a grabar en forma independiente, ya no tuve la difusión ni el alcance suficiente y se hizo más difícil trascender en el tapete artístico. Pero, sigo atento a la oportunidad de regresar al ruedo con nuevas propuestas a mi segunda patria por adopción, mi amada República Argentina.

* Entrevista realizada en la casa de Yábor, en Colonia, entre empanadas y vinos, en la noche del 29 y la madrugada del 30 de junio de 2012.

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El tango montevideano

Por Alejandro Michelena

Fue un 2 de diciembre de 1866, en un modesto rancho del barrio de Goes. Así se planteaba en un folleto editado hace muchas décadas por Ovidio Cano, colaborador del desaparecido diario El Día,  rescatado por los historiadores Washington Reyes Abadie y Anibal Barrios Pintos en su libro dedicado a esa antigua zona montevideana (en serie publicada por la Intendencia Municipal).

“Tal afirmación –consigna Cano en ese texto– pertenecía a Leonardo Durante, un argentino que vivió muchos años en la calle Libres 1620 casi General Flores, en el corazón de Goes”. Y agrega: “fue en un rancho situado en el número 1477 de la calle Isidoro de María, frente a la plaza llamada en ese tiempo De las Carretas”.

Siempre según Ovidio Cano: “Leonardo Durante afirmaba que desde la noche del 2 de diciembre de 1866, se bailó en ese rancho una deformación de la clásica habanera con parejas abrazadas”. Y luego comenta que la gente se acostumbró a decir: Vamos a bailar tango al rancho de la plaza.

El mito y sus raíces

Si bien son muchísimos los testimonios sobre los primeros pasos del tango, tanto en Buenos Aires como en Montevideo, la originalidad del que rescató Cano y recordaron Barrios Pintos y Reyes Abadie, radica en la fecha y lugar precisos.

Más allá de este dato y de la anécdota puntual –el surgimiento de estilos musicales no suele tener nunca una génesis tan acotada– musicólogos, antropólogos culturales, “tangólogos” en serio, han coincidido en las últimas décadas en filiar el origen del ritmo del dos por cuatro, de manera igualitaria a los arrabales de ambas márgenes urbanas del río marrón. Concretamente: a los prostíbulos y boliches orilleros, donde se mezclaban el paisano recién llegado del interior con el tano y el gallego que habían arribado al puerto poco antes, abrazándose a polacas, francesas y rusas que ejercían en el suburbio de las ciudades platenses el oficio más viejo del mundo.

Investigaciones significativas de los años recientes estiman que si bien el tango se propagó de manera inusitada en Buenos Aires, fue en Montevideo donde tiene su lejana génesis, fecundado por el sensual tan-gó de los afro-uruguayos. Y hoy por hoy las raíces africanas del tango no son negadas por ningún estudioso serio del tema. Y tampoco que en esa influencia fuera decisiva la música de los negros montevideanos que por 1830 iban a bailar tan-gó extramuros, por detrás del Cubo del Sur. Si no fuera por la negritud que lo vitaliza, al tango le faltaría el ingrediente rítmico, el magnetismo que lo torna mágico y vibrante, y le sobraría demasiada melancolía.

Un ritmo de dos orillas

Cuando se escribe o habla del tango por el ancho mundo, se lo asocia casi siempre en exclusividad a Buenos Aires. Esto es explicable, en la medida que en la grande y compleja urbe porteña de los años veinte –que tan bien recrearan literariamente Roberto Arlt y Leopoldo Marechal– democratizada por el irigoyenismo, el nuevo ritmo encontraría su escenario más fecundo en los cabaret y los cafés con palco, y su cantor por excelencia en Carlos Gardel. Por su parte, su mítico imaginario cosmopolita amalgamaba la Pebeta de mi barrio con las Ivonne, René y Grisetta de un brumoso quartier parisién; de Montmartre a Corrientes angosta, del Barrio Latino a la Curva de Rocha. El lenguaje, los personajes, la dramaturgia del tango, no serían lo que son de no haberse decantado en esa proteica ciudad del estuario del Plata.

Pero Montevideo ha aportado lo suyo, y mucho, al tango, como lo ha probado –con datos más que suficientes– el recordado escritor Juan Carlos Legido en su libro La orilla oriental del tango (publicado por Ediciones de la Plaza). Basta evocar a Gerardo Mattos Rodríguez y La Cumparsita, el bien llamado “himno de los tangos”, que fuera estrenado por el maestro Firpo y su orquesta en la confitería La Giralda de la Plaza Independencia (donde hoy está el Palacio Salvo). También a Roberto Fugazot y su Barrio Reo, dedicado al montevideano barrio Reus al Norte, y que fuera cantado en el viejo café Vaccaro de General Flores y Domingo Aramburu por Carlitos Roldán. Y al entrañable Pintín Castellanos y La puñalada, que tuvo su bautismo ante el fervoroso público tanguero del Tupí Nambá nuevo, en 18 de Julio. Y los compuestos por Víctor Soliño, Tito Cabana, Juan Carlos Patrón y  Alberto Mastra, que forman parte del mejor repertorio del tango canción.

Y no hay que olvidar las orquestas uruguayas: La de Laurenz y Casella, que marcó toda una época. La de Romeo Gavioli, realizando una verdadera “fusión” de tango y candombe. La tan popular y radiofónica de Oldimar Cáceres. La orquesta de Puglia-Pedroza, que dejó un recuerdo de éxitos constantes. La del maestro Donato Raciatti llenando de música típica el Montevideo de varias décadas. La más cercana en el tiempo dirigida por el maestro César Zagnoli. Y recintos hoy míticos, como el gran café Ateneo, con sus palcos donde diariamente se oían las mejores orquestas del Río de la Plata, verdadera catedral montevideana del ritmo del 2 x 4.

En definitiva, como bien lo expresa ese tango más moderno de otro uruguayo, el Ciruja Montero: las dos orillas, las dos ciudades, están hermanadas por iguales aires musicales y por historias comunes, costumbres y formas de vida. Y qué más da –parafraseando la notable milonga de Borges- que haya nacido en algún antro de la calle Yerbal o de la calle Junín… El tango es, en definitiva, tan hijo de Buenos Aires como de Montevideo. Y ambas ciudades fueron madres fecundas y amorosas para el ritmo que las identifica.

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