Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Archivo de Noviembre, 2011

El libro del Teatro Maipo: Un libro para el disfrute

 

 

 

Comentario de Alejandro Michelena sobre “Teatro Maipo. 100 años de historia entre Bambalinas”.

Carlos Szwarcer. Ed. Corregidor. Buenos Aires. 2010.

 


Mayo de 2011. Radio Uruguay. Montevideo).

 

  

Una investigación muy profunda que abarca una etapa fundamental del espectáculo, del arte, de la revista. Un libro que tiene rigor histórico, anécdotas, entrevistas a grandes figuras. Quedan claras las etapas del teatro, la censura, la moralina,  las críticas. Hay un recorrido en el libro por lo que está detrás, entre bambalinas.
El  libro de Carlos Szwarcer logra un equilbrio entre la investigación y los testimonios, con un buen estilo para delinear a los personajes, para recrear las anécdotas. Se puede leer con mucho disfrute.  Muy útil para el público y los estudiosos del teatro. 
Este libro tendría que estar en las librerías montevideanas…”
  

  

 

 

 

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Historia de la Refres-cola

Saúl Patrich. (Foto: Nora Lezano)

 

Si esta historia fuera una película, seguramente comenzaría en un laboratorio. Apenas iluminado por la luz mortecina de una bombita de 25 watts, la primera toma mostraría a un científico enfundado en su guardapolvo blanco en el preciso instante en que descubre, por accidente, una valiosísima fórmula secreta. Casi como si hubiera dado con la piedra filosofal del siglo XX, aunque en este caso, en vez de transmutar el plomo en oro, lograra convertir el agua en (algo similar a la) Coca-Cola. Sin embargo, la historia es real y su protagonista se llama Saúl Patrich, el creador de la bebida argentina más popular de los años ‘60: la Refres-Cola.

 

Eureka: un hallazgo accidental

En 1948, Patrich era un técnico químico especializado en bromatología que, pese a sus escasos 22 años, ya había trabajado para diversas firmas elaboradoras de bebidas como asesor y degustador profesional. Esta experiencia le había permitido desarrollar un “paladar absoluto” y con sólo probar un sorbo era capaz de detectar sus componentes. Tal vez por eso los dueños de Fernet Leocatta, para quienes trabajaba, acudieron a él como su última salvación: su Fernet era un fracaso, pero un distribuidor se había comprometido a comprarles toda la producción si cambiaban de rubro y lograban una imitación de un conocido amargo serrano. “¿Usted puede hacerlo?”, le preguntaron a Patrich, y de inmediato le extendieron un vaso con el producto a emular. El joven técnico hizo un buche y dejó que el líquido recorriera su boca para estimular las papilas gustativas, sopesó sus componentes, realizó unos cálculos mentales, tragó y respondió: “Dénme una semana”.

Luego visitó una herboristería y compró todo tipo de hierbas, las llevó a su laboratorio, las trituró, las maceró en alcohol y elaboró ocho muestras distintas. De una de ellas derivaría el amargo serrano que le habían solicitado y las siete restantes serían descartadas. Pero sucedió algo inesperado: “En la prueba número 6 encontré una pista —recuerda como si narrara una investigación detectivesca—. Al principio no sabía adónde me iba a llevar, aunque intuí que podía ser algo grande; así que me dediqué día y noche a experimentar con esa muestra para ver si podía dar con la clave de ese gusto tan extraño”. Y si bien a él mismo le costaría creerlo, esa pesquisa resultó clave para acercarse al sabor de aquella gaseosa de color negro y nombre raro originaria de los Estados Unidos.

Seis años antes, el lunes 3 de agosto de 1942, Coca-Cola había llegado al país y su primer aviso publicitario se difundía en los principales diarios a página completa. “Usted no olvidará jamás la inefable sensación de frescura y exquisito sabor de Coca-Cola”, decía el spot, pero a la vez advertía: “Eso sí, pídala siempre ¡bien helada!”. Hasta ese momento, el mercado de las gaseosas estaba dominado por Bilz, Pomona y Crush, los chicos tomaban chocolatada Vascolet y deportistas como Juan Manuel Fangio y el futbolista Vicente de la Mata recomendaban Kero, una bebida nutritiva “ rica en dextrosa (sic)”.

Para imponerse en el gusto popular, Coca-Cola desplegó una enorme campaña publicitaria que aún continuaba seis años después de su arribo a estas tierras, y de ese modo llegó a manos de quien desentrañaría su preciado secreto: “Una tarde encontré un camión gigante de Coca-Cola en la esquina de casa, en Beiró y Bermúdez”, rememora Patrich, y agrega con una sonrisa: “Había dos chicas lindísimas: una rubia y una morocha repartiendo botellitas. Como no me podía decidir, le pedí una a cada una”. Apenas entró a su hogar, el químico destapó uno de los envases y probó su contenido. “No está mal”, pensó. Era un gusto nuevo, absolutamente original. Guardó la segunda botella y sólo la retiró días más tarde, para llevarla a su precario laboratorio en la fábrica Leocatta y cotejar su contenido con los resultados de su experimento número 6. Allí trabajó día y noche, haciendo innumerables pruebas hasta dar con la fórmula. “Era medianoche —señala don Saúl—, pesé cada hierba por separado en la balanza de precisión y anoté cuidadosamente las cantidades. Luego hice un jarabe con 50 gramos de azúcar, y le agregué acidez tartárica. Mezclé todo, lo diluí con agua y lo probé, lo comparé con la Coca-Cola y grité: ‘¡Lo tengo!’”.

 

Afiches y etiquetas de RefresCola y otros sabores que la empresa fabricaba: tónica, naranja y manzana.

 

La batalla por el nombre

Al poco tiempo, Patrich dejó su puesto en la firma Leocatta y abrió su propia fábrica… en los dos metros cuadrados que abarcaba el patio trasero de su casa. Allí ajustó su fórmula y preparó varias jarras que dio a probar entre familiares y vecinos.

—Es muy bueno. ¿Cómo se llama? —le preguntaban.

—Refres-Cola —respondía, con el pecho henchido de orgullo.

No obstante, pronto se toparía con un problema. “Yo quería registrar el nombre ‘Refres’ porque consideraba que ‘Cola’ era de uso genérico, pero Coca-Cola se oponía”, afirma. Claro que eso no lo amedrentó, todo lo contrario; y se puso a investigar a su contrincante. “Las bebidas cola son ácidas, y la acidez puede ser cítrica o tartárica, aunque en el caso de la Coca-Cola no detectaba ninguna de las dos”, explica el técnico, a quien le llevó tres años resolver el misterio: “Un día se me ocurrió consultar el código bromatológico de Estados Unidos y vi que ahí estaba permitido el ácido fosfórico. Entonces hice nuevas pruebas y descubrí que ésa era la sustancia responsable de la acidez de la Coca-Cola”.

Con ese dato, descubierto en los fondos de una modesta casa de Devoto, le inició juicio a una de las compañías más grandes del mundo: “Mi argumento era que la marca estaba mal concedida, porque ellos utilizaban ácido fosfórico, que en ese entonces no estaba habilitado por el código bromatológico de nuestro país”. Y debió ser un argumento de peso porque los abogados de Coca-Cola le propusieron llegar a un acuerdo para evitar el juicio. Así, la palabra “Cola” pasó a ser de uso genérico y pudo ser utilizada por otras bebidas.

 

 

Los duros inicios

Patrich había ganado la batalla por el nombre, pero ahora tenía que convertirlo en una marca reconocida. Para empezar, la Refres-Cola no era una gaseosa sino un jarabe concentrado listo para ser diluido con soda. De hecho, su etiqueta mostraba una familia tipo con el padre en el acto de accionar un sifón. Sus ventajas consistían en que podía ser utilizada mucho después de abierto el envase, sin perder sus cualidades, y que cada persona podía regular la intensidad del sabor a su gusto, como una gaseosa bajo el concepto “hágalo usted mismo”. Aunque su principal atributo era económico, como proclamaba uno de sus slogans: “Con una botella sola / 40 vasos de Refres-Cola”. Es decir que rendía casi 10 litros por botella. “Y aparte era más saludable —añade don Saúl— porque no contenía ácido fosfórico ni cafeína, que son las sustancias más cuestionadas de la Coca-Cola.” Pese a todo esto, no le fue sencillo imponer una bebida elaborada en el patio de su casa, con una cuba de madera de 200 litros sin bombeador ni filtro, y cuyas botellas eran llenadas, etiquetadas y encorchadas a mano, una por una, por el propio Patrich y sus hermanos.

El primer almacén que exhibió la Refres-Cola estaba en Canning y Warnes. El químico hacía el reparto a bordo del colectivo 124. “Cuando llegaba al comercio dejaba los cajones afuera, me asomaba y gritaba: ‘¡Un cajón de Refres-Cola!’. El dueño me pedía que lo bajara como si tuviera el transporte estacionado en la puerta. Entonces yo salía, esperaba un poco, y volvía a entrar con el cajón”, recuerda risueño. Luego alquiló una camioneta con chofer una vez por semana. La Refres-Cola empezó a ganar clientes y su dueño, dolores de espalda, por cargar los 12 kilos que pesaba cada cajón. Ese moderado éxito lo obligó a trasladar la “fábrica”: tras compartir una planta con otra firma en Haedo, tuvo su primera sede propia en un modesto galpón de Navarro al 4547, equipado con una llenadora de seis picos, una encorchadora manual, una bomba y un filtrador. Las ventas crecieron bastante, pero después se estancaron. Sin embargo, a Patrich le aguardaba un inesperado golpe de suerte.

El enigmático señor Pollak

Una tarde de 1955, el técnico recibió la visita de un desconocido que se presentó como León Pollak, quien le ofreció comprar toda su producción para ser su representante exclusivo.

—¿Pero usted sabe cuál es nuestra producción? —le preguntó Patrich.

—No, pero eso es un detalle menor —contestó Pollak en tono despectivo.

El dueño rechazó la oferta. No obstante, días más tarde, recibió un llamado de Raúl Pereyra, director de la agencia de publicidad Naype: Pollak le había encargado una gigantesca campaña publicitaria para difundir la Refres-Cola y él había preparado afiches para vía pública y tenía reservados espacios en diarios, revistas y radios. Pero Pollak había desaparecido y la agencia quería saber cómo recuperar el dinero invertido. “Lo lamento —se excusó Patrich—. Yo tengo una pequeña fábrica y no puedo afrontar semejante gasto.” Entonces Pereyra le propuso un pacto de caballeros: él asumiría la inversión y si la campaña daba resultado, se cobraría los costos de las ganancias. En cambio, si fracasaba, el químico no tendría que pagar nada.

El slogan ideado por la agencia destacaba la principal virtud de la bebida, era efectivo y hasta admitía cierta belleza poética: “Haga cola con Refres-Cola… y verá que resulta más”. A las semanas, esa frase empapelaba las paredes de Buenos Aires, se leía en los laterales de los tranvías, en las páginas de los diarios y se escuchaba en forma de jingle por las principales radios. La repercusión fue descomunal y la capacidad productiva de la modesta sede de la calle Navarro se vio rápidamente desbordada. “Recibimos tantos pedidos que los camioneros se llevaban las botellas sin etiquetar y pegaban las etiquetas en el camino”, rememora don Saúl.

Auge y caída

Dos años después de esa campaña, el 12 de octubre de 1957, quedó inaugurada la nueva fábrica de Refres-Cola: una planta modelo totalmente automatizada que ocupaba una manzana completa de Ciudadela; y con ella comenzó la edad dorada de la bebida, que se extendió desde fines de los ‘50 hasta principios de los ‘70. De Rivadavia 12120 partían 20 camiones por día a las órdenes de las 28 distribuidoras que hacían llegar la Refres-Cola a todo el país. Los salones de fiestas encargaban damajuanas para preparar sus propias jarras de gaseosa y hasta hubo un pedido de Aerolíneas Argentinas, que en uno de sus vuelos convidó a sus pasajeros con la cola nacional. “Pero se ve que no prosperó porque no volvieron a pedirla”, dice Patrich.

Durante los ‘60, Refres-Cola fue un habitual auspiciante de programas de radio y televisión. Su repercusión fue tal que los memoriosos aún recuerdan el rumor que afirmaba que la bebida había sido un invento de Juan Domingo Perón para amargarle la vida a los capitales foráneos, versión que el técnico desmiente a carcajadas.

 

 

La época de oro de la gaseosa: publicidad en las calles.

 

Publicidad directa

 

Para posicionar su producto y competir con Coca-Cola, Saúl Patrich tuvo que recurrir al ingenio; y

a tal fin le pidió ayuda al actor Max Berliner, con quien el técnico químico y su mujer tomaban clases de teatro en ídish en la escuela Scholem Aleijem.

De esa relación, una amistad que se mantiene hasta la actualidad, surgió la idea de montar una suerte de escena de teatro callejero en la que Berliner entraba a bares, restaurantes, cafés y almacenes a solicitar la primera cola nacional y detrás de él, separados por pocos minutos, ingresaba Patrich en su rol de vendedor.

 

—Por favor, una botella de Refres-Cola —pedía el actor.

—No, no tengo. Sólo me queda Coca-Cola —recibía siempre como respuesta.

—¿Cómo que no le queda? Yo quiero Refres-Cola —insistía el supuesto interesado.

 

Berliner recuerda: “Empezamos en la esquina de Corrientes y Canning (hoy Scalabrini Ortiz), primero por una vereda, hasta Juan B. Justo, y regresamos por la otra, hasta el mismo punto de partida”. Y agrega entre risas: “Como actor, Saúl era un poco duro, aunque evidentemente su parte no la hizo tan mal porque obtuvo un montón de pedidos”.

 

“El resultado final de esa gira fue 18 cajas vendidas, todo un record. Era el efecto de la publicidad directa”, rememora Patrich.

 

Los vaivenes de la industria a mediados de los ‘70 y la lenta aunque inexorable decadencia del almacén y el sifón, sus dos principales aliados, signaron el declive de la Refres-Cola, cuya producción continuó hasta fines de los ‘80, cuando los costos de distribución hicieron el negocio inviable. A principios de los ‘90, como un amargo signo de aquellos tiempos, don Saúl vendió la marca de la primera bebida cola argentina a una multinacional, que sólo la utilizó para una efímera campaña publicitaria. Hoy, a casi 60 años de su descubrimiento, Patrich se enorgullece: “Creé un producto nuevo y logré que entrara a todos los hogares. Esa es mi mayor satisfacción”, sostiene. Sin embargo, si bien no lo proclama, también es el responsable de un capítulo significativo en la memoria emotiva del país.

Quizás en algún bar desmemoriado todavía sea posible pedir una Refres-Cola, echar una medida en el vaso, agregar soda y brindar por eso.

 

 

Fuente: Página 12.  (Sergio Núñez y Ariel Idez . Buenos Aires 7 de enero de 2007)

 

 

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Artículos Periodísticos

En la Aduana Taylor (Proyecto Siqueiros)



 

Dominique Seguin, Carlos Szwarcer y Cecilia Fusaro en el Museo del Bicentenario, junto a Eduardo Guitima, del equipo de restauradores del Mural de Siqueiros, quien  explica  los detalles de la restauración del llamado “Ejercico Plástico” a profesores y parte de los alumnos del Colegio Babar que iniciaron el “Proyecto Siqueiros” hace tres años en la ex quinta de Natalio Botana en Don Torcuato.

 

 

Vista desde la puerta de ingreso 

 

 

 

  http://vimeo.com/7961260
(Video del resumen del primer año del proyecto !!!)

 

 

El viernes 4 de noviembre realizamos una visita al Museo del Bicentenario con los estudiantes de 1ro, 2do y 5to ES del Colegio Babar. El museo se encuentra emplazado a espaldas de la Casa Rosada, en las galerías históricas que fueron parte de la Aduana Taylor, construida en 1855, y del Fuerte de Buenos Aires, que data del Siglo XVIII. La arquitectura original ha sido puesta en valor, adecuándosela, con una avanzada tecnología y un diseño museográfico contemporáneo. Este museo abarca una serie expositiva que incluye aspectos de la Historia Nacional vinculados a la Casa Rosada, el Fuerte, la Aduana Taylor y la Plaza de Mayo, así como un área artística que exhibe hitos de nuestro patrimonio y cuya pieza central es el mural “Ejercicio Plástico”, de David Alfaro Siqueiros, recuperado para su exhibición pública.

Justamente el  grupo fue guiado en el recorrido del Ejercicio Plástico por el jefe de restauradores de la obra, este privilegio se debió a que 5to año llevó adelante, durante el año 2009 y 2010, el denominado “Proyecto Siqueiros”.El mismo tenía como objetivo preservar y revalorizar el patrimonio cultural de Don Torcuato (Tigre), para lo cual trabajaron en la recuperación de la historia a través de la tradición oral, la observación directa y la investigación de distintas fuentes del mural de Siqueiros, de sumo interés para la zona por su valor como Patrimonio Cultural. Las autoridades municipales convocaron al colegio a formar parte de “La Comisión de Estudios Mural de Siqueiros”.

El proyecto se amplió y dio origen a la construcción de una réplica de la fuente que se encontraba en la quinta Los Granados, cuyos restos fueron recuperados por los estudiantes del Colegio Babar al recorrer los terrenos de la misma.

Esta réplica será emplazada el año próximo en un espacio verde del municipio.

 

Más información: http://colegiobabar.blogspot.com/2011/11/babar-en-la-aduana-taylor-proyecto.html

 

 

 

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Libro del Maipo: excelente herramienta para la difusión de nuestra historia

Hernán Lombardi. Ministro de Cultura de CABA

Con motivo de la presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”, que tiene lugar en este día en el Salón Dorado  de la Casa de la Cultura,  sede de este Ministerio, me resulta particularmente grato expresar mi reconocimiento al Sr. Carlos Szwarcer, autor del mismo, por el valioso aporte a nuestro patrimonio cultural, ya que constituye una excelente herramienta para la difusión de parte de nuestra historia representada por este mágico y emblemático teatro.”

(…)

Mi respetuoso saludo a los representantes de la Editorial Corregidor y a todo el público presente, en especial a las grandes figuras del espectáculo que, por cierto, durante muchas temporadas actuaron en la Catedral de la Revista y que hoy con su presencia prestigian este evento.”

 

Mensaje del Ministro de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Ing. Hernán Lombardi.

                              

                                

                  Buenos Aires, 1 de noviembre de 2011.

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Maipo. Glorias de la revista porteña

Pablo Gorlero LA NACION

 

Martes 16 de noviembre de 2011  

 

Días pasados, el investigador y escritor Carlos Szwarcer presentó su libro Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas . En este ameno libro, el autor no sólo cuenta la historia del género, sino que, además, hace un repaso por la historia de la revista porteña y de aquellos grandes artistas que transitaron ese género, además de cábalas, anécdotas y demás apostillas que vuelven atractivo este trabajo. Szwarcer lo presentó en la Casa de la Cultura de la ciudad de Buenos Aires y en ese emocionante acto estuvieron presentes varias glorias de la revista porteña que alguna vez pasaron por el escenario del Maipo. Así, ese encuentro terminó con emocionantes discursos improvisados, aplausos, ovaciones varias y hasta números artísticos. Dorita Burgos le dio el toque tanguero a la noche, mientras que Susana Rubio puso el toque picaresco, ambas con otro prócer del teatro musical al piano, el maestro Juan Alberto Pugliano. En la sala, estuvieron presentes una emocionadísima y simpática Elena Lucena, quien demostró que conserva intacto su sentido del humor; Ana María Cachito, María Rosa Fugazot, Gogó Rojo, Tito Mendoza y Amparito Castro, entre muchas otras glorias del género. También dedicaron un largo aplauso a la memoria de Alberto Anchart.

 

 

 

 

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El libro del Maipo: Espiando la historia de un mundo de lentejuelas

 

Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas. Carlos Szwarcer ha investigado durante muchísimo tiempo (…) Para llegar a la historia del Maipo atraviesa la historia del teatro argentino…. Charles Seguin, fue el dueño del teatro desde que se llamó Scala, porque los dueños han sido tan importantes como los artistas, los coreógrafos, los escenógrafos. Todo esto se cuenta con mucho detalle,  fotos (…) El mundo del Maipo… Estamos hablando de los años 20`, y continúa la historia hasta el presente. Creo que todos hemos querido ir o hemos ido al Maipo. Este libro nos traslada a ese mundo de lentejuelas y entre bambalinas podemos espiar la historia de un teatro que hace a la vida el espectáculo argentino de una manera sustancial.”

 

“Canela”. Colectivo Imaginario. TN. (Buenos Aires, 29 de octubre de 2011)

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Salón Dorado. Libro del teatro Maipo. Fotos 01

Presentación del libro “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas” el 1ro. de noviembre de 2011 en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura.

Vista del Salón Dorado durante la presentación del libro 

 

Mesa de Presentación: Horacio Spinetto (izq.) Carlos Szwarcer (centro) Pablo Gorlero (der.)

Elena Lucena, su hija Eve (izq), Ana María Cachito (der.)

Carlos Szwarcer, autor del libro, entregando un presente a Elena Lucena. La actriz de 97 años fue una de los artistas que oportunamente le brindó al escritor su testimonio de vida y sus anécdotas en la “Catedral de la Revista”.

 A la hora del brindis, de izquierda a derecha: Susana Rubio, Carlos Szwarcer, Gogó Rojo y Amparito Castro.

 

Fotos: Mimí Devoto

 

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Libro del Maipo en el Salón Dorado

 Gacetilla de Prensa

 

El Ministerio de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires anuncia: Presentación del libro

“Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”,

de Carlos Szwarcer. Ediciones Corregidor.


 

Martes 1º de noviembre, a las 19 hs, en el “Salón Dorado” de la Casa de la Cultura. Av. de Mayo 575. 1º piso. Ciudad de Buenos Aires.
Mesa de presentación: Pablo Gorlero, Horacio Spinetto y el autor.

El evento contará con la presencia de grandes figuras que actuaron en la “Catedral de la Revista” y una evocación musical del histórico escenario.

Entrada libre y gratuita

 

 

 

 

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