Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Archivo de Julio, 2011

El Café de Marcos (4º parte)

A doscientos diez años (junio de 1801) de la inauguración del “Café de Marcos” (Mallcó, Marco, o Marcó) que albergó la presencia de los primeros patriotas: ¿Qué de aquel legendario café, caja de resonancia de la intelectualidad porteña, lugar de anécdotas increíbles, testigo de nuestro país en sus orígenes?

De este lugar de tertulias, trascendentes encuentros, y metódicos excesos de algunos “prohombres”, aquí entregamos la última parte de esta interesante y pormenorizada nota de Jorge Bossio (1).

(Carlos Szwarcer)

 

La 1º, 2º y 3º parte en los siguientes links: 

 

http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2011/06/06/el-cafe-de-marcos-1%c2%ba-parte/
http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2011/06/15/el-cafe-de-marcos-2%c2%ba-parte/
http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2011/07/18/el-cafe-de-marcos-3%c2%ba-parte/

 

Continuación…

La década de 1820

Durante el crítico año de 1820 la esquina de Bolí­var y Alsina volvió a ser testigo de hechos que jalona­ron los difíciles días fundacionales de la Nación. La puja por el poder de la provincia de Buenos Aires y el fracaso delgeneral Soler, provocó que el coronel Pa­gola se rebelara contra la autoridad. Pagola penetró en la ciudad y alzándose con el mando, dominó el fuerte, el Cabildo y ocupó la casa café del Colegio en un es­fuerzo estratégico por controlar la Ranchería y la Pla­za Mayor. El temor cundió por la ciudad; muchas fa­milias huyeron pues se esperaba una lucha encarniza­da; pese todo, la situación fue dominada fácilmente por Borrego con sus fuerzas, lo queno obstó para que durante dos díasy como medida precautoria el mismo Marcó cerrara su negocio.

El Café de Marcó también fue testigo de la lucha entablada cuando la insubordinación deTagle a raíz de la reforma eclesiástica ordenada porel gobernador Martín Rodríguez y su ministro, Bernardino Rivadavia. En esa esquina y en esa misma casa se luchó en­carnizadamente para reponer el orden en el centro de la ciudad.

Mas no siempre debieron seracontecimientos polí­ticos los que resalten la vida azarosa de Marcó. Una década y media después, allá por la Navidad de 1836, la ciudad de Buenos Aires vivía horas de tranquilidad; era propietario del café, para esa época, unhombre jo­vial y animoso, don Francisco Munilla. Para celebrar la fiesta religiosa decidió organizar una serenata. A las 12 de la noche del 24 de diciembre partió del local del Café de Marcó, un piano de los llamados “pierna de calzón” que fue montado sobre una carreta descubier­ta y acompañado por numerosos instrumentos, entre los que se contaban clarinetes, pífanos, violines y gui­tarras interpretadas por casi doscientos jóvenes porte­ños, iniciando el recorrido iluminados por faroles; aque­lla serenata recorrió las calles de la ciudad finalizan­do tiernamente en el balcón de Manuelita Rosas.

 

Conclusión

En Mayo de1810 el café era la caja de resonancia del pensamiento y del ideario de losjóvenes porteños que pujaban por modificar el destino histórico del pa­ís. No era fácil, sin embargo, hallar una explicación sociológica de este fenómeno histórico, dado que el virreinato y, en particular la ciudad de Buenos Aires, no conformaban su estructura económica tal como la conocemos hoy. No se nos ocurre desmesurada esta afirmación; tengamos en cuenta, empero, que tan so­lo existían dos clases sociales: la burguesía comercial vinculada con el puerto y los propietarios de hacien­da, los hacendados, también, aunqueen otro sentido, con el mismo vínculo y ello, con el significativo mo­nopolio del comercio que imponían los españoles.

Hasta el siglo XVIII los “pater familiae” del Río de la Plata cubrían el espectro del comercio y estaban, en cierto modo, conformes con loslineamientos mono­polices de esecomercio. El advenimiento de sus des­cendientes, la necesidad de crecimiento y los ideales de libertad llegados con los informes de Francia e In­glaterra, cambiaron, en cierto modo, el ámbito cultu­ral y la nueva generación comprendió queel mercar no debía tener límites, debía ser universal. Que sede­bía negociar con todos los países y todos los puebloso, al menos, con el mundo evolucionado. El Virreina­to del Río de la Plata no constituía ni una nación ni un estado independiente. Lo que existía eran provincias dependientes que no remedaban ni la nación ni el es­tado. Aquellosjóvenes educados en el cerrado esco­lasticismo bien pronto comprendieron la necesidad de “Libertad” para construir una Nación y una Patria. Comenzaban a derramarse los duendes de un nuevo mundo, de una nueva forma de comprender la vida. El romanticismo comenzó a tener vigencia en la ciudad porteña. Así, entre comerciantes, poetas y pensadores losjóvenes fueron conformando una generación que consolidaría la aventura de la vida a través de la liber­tad y de la justicia.

Comenzaba la lucha por el pensamiento y el libre juego de las ideas para construir un estado y una pa­tria que, sin duda, sería el primer paso para dar uno se­gundo que lo ofrecería el brazo hercúleo que empu­ñara el sable y el fusil, para construir un estado que fortaleciera a la Nación. Y todo esto se pensó en el ágora porteña, en la caja de resonancia del pensamiento de la juventud pensadora, que fue el café.

La hermenéutica de este proceso sirvió para cono­cer bien nuestros aciertos y nuestros defectos y debe pasar, no lo dudamos, por el cedazo denuestras virtu­des y nuestras imperfecciones. No otro puede ser el sendero de la vida, quenos permita allanar nuestras claudicaciones en bien de la grandeza espiritual de la Nación. Este espíritu, como un duende misterioso, ser­penteaba en la caja de resonancia de los ideales de aquellos tiempos que fue el café porteño y que hoy in­tentamos afanosamente reivindicar. Esperamos haber­lo logrado. Así sea.

 

 

 

 

1) Los Cafés de Mayo de 1810”. Bossio, Jorge A. En “Cuadernos del CaféTortoni”. Nº 7. Buenos Aires. Mayo de 2002.

 

 Ilustración: http://www.museobilbao.com/catalogo-online/el-cafe-413

 

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Artículos Periodísticos, Barrios, Cafés - Bares: Su Historia, Efemérides

Buenos Aires: Estadísticas de Salud

Casi el 80% de la población de la Ciudad está afiliada a algún sistema de atención de la salud: el 61% a obras sociales, el 15% a la medicina prepaga, y el resto agrupa a los que tienen mutual y/o sistemas de emergencias médicas. Casi el 18% de los habitantes sólo tiene acceso al sistema público de salud.
 
En el sector público de la Ciudad la demanda de atención médica se canaliza, principalmente, a través de sus hospitales, del Plan Médicos de Cabecera (PMA) y de los 41 Centros de Salud y Acción Comunitaria (CESAC). Dependiendo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 33 hospitales públicos prestan servicios de salud: 13 Hospitales Generales de Agudos, 3 Hospitales Generales de Niños (incluye el hospital de gestión mixta Dr. Garrahan), 14 hospitales especializados y 3 odontológicos. Además, la Ciudad cuenta con el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, centro de investigación, diagnóstico, prevención y control de las enfermedades comunes y transmisibles entre los animales y los seres humanos.
En los hospitales mencionados se atienden alrededor de 9 millones de consultas médicas (en consultorios externos); en los CESAC, 530.000, y a través del Plan Médicos de Cabecera, 200.000.
 

 

fuente:  http://www.buenosaires.gov.ar/areas/hacienda/sis_estadistico/boletin/buenosaires/salud.html

 

 

 

 

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Barrios

Tipos y Costumbres Bonaerenses

“Tipos y Costumbres Bonaerenses”

Aníbal Latino.

Hyspamérica Ediciones Argentina SA. 1984.

 

 

Un libro recomendado para conocer como veía Buenos Airesun inmigrante hace 120 años. Hoy transcribimos la presentación de la obra, y próximamente algunos fragmentos de la misma. (Carlos Szwarcer)

 

Los escritos de los viajeros han sido siempre de gran importan­cia para la comprensión global de los fenómenos nacionales. La visión de un extraño forzosamente difiere de la de quien está inmerso en un contexto determinado, porque la costumbre hace que los detalles se esfumen y se integren en una totalidad familiar que envuelve al miembro de cualquier sociedad en la neblina cómoda de lo cotidiano. El viajero ve lo que el natural no puede o no quiere ver. A esta literatura imprescindible pertenece la obra de Aníbal Latino, Tipos y costumbres bonaerenses.

 

Latino era el seudónimo que usaba José Ceppi, un italiano nacido en Génova en 1853y que, después de actuar en España, primero como militar}: luego como periodista, recaló en las costas porteñas. Esta primera obra suya escrita en el país se publicó en 1886, a dos años escasos de su llegada,}/ en ella describe, con extraordinaria sagacidad, sus primeras impresiones de Buenos Aires que apenas despuntaba de su prolongada condición de gran aldea, de sus habitantes y de sus formas de vida.

 

Acostumbrados como estamos a los informes de los mismos porteños sobre la ciudad y las tipologías que conviven en su seno, este enfoque resulta absolutamente novedoso y clarificador: no sólo constituye un apunte muy inteligente sobre las características urbanas y sociales de aquella joven comunidad, sino que además, ubica a la capital del Plata en un plano universal, comparándola en cada momento con sus congéneres del resto del mundo. Por otra parte, el amplísimo espectro de temas que abarca el ensayo de Ceppi/Latino, lo convierten en uno de los más acabados estudios que se hayan realizado antes del final del siglo XIX sobre la cuestión.

 

De José Ceppi, que llegó a ser secretario de redacción, vicedirector suplente del diario La Nación, luego de haberse radicado definitivamente en la Argentina, se dijo que «su instinto seguro de periodista lo condujo a poseer una información exacta y variadísima, y su aguda inteligencia a tratar con seguridad los más diversos temas. Interesándole por igual los sociólogos, los economistas y los tratadistas políticos, las polémicas estéticas, el dinamismo y todas las complejas expresiones de la vida, que sintetizaba en sus escritos con criterio imparcial, sin ígneos apa­sionamientos de escuelas o banderías, examinándolos siempre en su relación con los fenómenos vitales de la sociedad con criterio imparcial, como un divulgador y crítico equilibrado, sin ataduras que enajenan la libertad de pensamiento, sin la cual no se compren­de al periodismo». Este trabajo basta para dar ejemplo de su enorme talento y capacidad de observación.

 

Tipos y costumbres bonaerenses nunca tuvo la difusión que hubiese correspondido a su importancia, tal vez porque se suponía que a los porteños no les agradaría este relato objetivo, lúcido, chispeante y ligeramente irreverente.

 

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Artículos Periodísticos, Comentarios de Libros y Publicaciones, Desde afuera..., Narrativa-Cuentos-Relatos

El Café de Marcos. (3º parte)

A doscientos diez años (junio de 1801) de la inauguración del “Café de Marcos” (Mallcó, Marco, o Marcó) que albergó la presencia de los primeros patriotas: ¿Qué de aquel legendario café, caja de resonancia de la intelectualidad porteña, lugar de anécdotas increíbles, testigo de nuestro país en sus orígenes?

De este lugar de tertulias, trascendentes encuentros, y metódicos excesos de algunos “prohombres” transcribiremos en cuatro partes una interesante y pormenorizada nota de Jorge Bossio (1).

(Carlos Szwarcer)

 

 

 

(1º parte, leer en: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2011/06/06/el-cafe-de-marcos-1%c2%ba-parte/ )

 

(2º parte, leer en: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/2011/06/15/el-cafe-de-marcos-2%c2%ba-parte/ )

 

Los jóvenes iracundos

 

Como consecuencia de la separación del secretario de la Primera Junta, Mariano Moreno, se gestó un mo­vimiento conducido por los coroneles Frenen, Beruti y Dupuy, con el ánimo no oculto de reponerlo en las funciones de las que había sido destituido. A princi­pios del año 1811 se anunció de palabra al pueblo que se formaría una Sociedad Patriótica, designándose co­mo lugar de concentración el café del Colegio, frente a San Ignacio, es decir el Café de Marcó.

La noticia circuló con rapidez tal que al conocerla el presidente de la Junta, Cornelio Saavedra, ya era co­rrillo en los lugares populares de la actualidad. Los concurrentes a la reunión debían distinguirse por el uso de una escarapela o cintas de colores celeste y blanco; los organizadores contaban con la protección del regi­miento “Estrella”, que luego fue denominado “Amé­rica” comandado por Domingo French y el de Gra­naderos de Fernando VH, cuyo comando ejercía Juan Florencio Terrada.

Saavedra, quizás aconsejado por sus amigos, orde­nó detener a los responsables de aquella reunión y a todos cuantos fueran encontrados portando armas o que exhibieran la escarapela celeste y blanca. La Jun­ta, a su vez, contaba con el apoyo de la gente de las ba­rracas y de las quintas y con los componentes del re­gimiento de Patricios acantonados detrás del colegio carolino. Eran los hombres de los arrabales que co­menzaban a ser los “compadritos” que, perdurando en el tiempo, conformaron personajes ya tradicionales en el “tango”. Estos sectores se oponían a la actividad de los jóvenes morenistas, por ardorosa y revolucionaria.

Saavedra convocó urgentemente a los miembros de la Junta Grande y decidió mantener el resto de la tropa porteña en armas. En el templado día de aquel 21 de marzo de 1811, la fortaleza donde residía el gobierno se encontraba poblada por 80 jóvenes que habían te­nido participación directa en la convocatoria a la reu­nión del Café de Marcó.

Los jóvenes, interrogados por los jueces, luego fue­ron liberados por no encontrarles méritos para penar­los. Sólo se impuso una condición para obtener la in­mediata libertad: la promesa de no realizar ninguna al­gazara al trasponer las puertas del Fuerte. No obstan­te la advertencia y el compromiso, salvadas las puer­tas, los jóvenes se dirigieron en manifestación por la Plaza Mayor, al grito de “¡Al café! ¡AI café!”. Al lle­gar a lo de Marcó se apoderaron de la sala, abrieron las ventanas que daban a la calle y se hicieron servir aguardiente francés, mientras entonaban las estrofas del poema y canción “La América toda se conmueve al fin”, marcha patriótica del poeta Esteban de Luca.

De aquella canción que el poeta De Luca dejó a la posteridad, recordamos uno de los versos de coro, por ser el más conocido y el que mejor representaba el sen­timiento de esa época.

 

La América toda

se conmueve al fin,

y a sus caros hijos

convoca a la lid.

A la lid tremenda

que va a destruir

 a cuantos tiranos

ósanla oprimir.

 

El 15 de noviembre de 1810 se publicó en la Gazeta la “Canción Patricia”, cuyos hexasílabos se can­taban en los actos públicos, incluso después de la ofi­cialización de la “Marcha Patriótica” de Vicente Ló­pez y Planes.

Después de cantar las estrofas más arriba transcrip­tas, casi espontáneamente se formó la junta de ciuda­danos en los salones del café; recordemos que cada día se nombraba un nuevo presidente con sus respectivos secretarios y en cuyas reuniones se debatían asuntos de gobierno relacionados con la marcha del país. Al fren­te del salón había un palco, al que podía acceder cual­quier ciudadano para leer o pronunciar un discurso.

Después del día 21 de marzo de 1811, el corrillo ca­llejero aumentó la importancia de las reuniones en “lo de Marcó”, hasta que un día, los organizadores se en­contraron con la presencia de 300 personas; se encon­traban entre ellos, eclesiásticos, abogados, comerciantes y hasta militares. Tantos jóvenes poblaron aquel salón, otrora tertulia tranquila, que hasta se colmaba el atrio de San Ignacio.

El gobierno, entre tanto, se mostraba expectante, no por la serenidad de sus miembros cuanto por irresolu­ción ante los hechos. Algunos militares, como el capi­tán de Arribeños Juan Bautista que luego fuera caudi­llo en Córdoba, solicitó permiso para disolver la reu­nión a balazos, autorización que denegó Saavedra. Du­rante las cinco o seis primeras noches todo fue euforia, pero luego comprendieron los jóvenes que cada día o cada noche peligraba la Sociedad Patriótica, por lo que resolvieron no realizar más las reuniones en la esquina

del Café de Marcó. Así finalizó este hecho histórico del que fue silencioso testigo el negocio de Marcó.

Cuando los acontecimientos producidos por el se­gundo levantamiento de Martín de Alzaga, esta vez contra las autoridades emanadas de la revolución, en una reunión convocada en el café Monteagudo pro­nunció una arenga vibrante al arrojar sobre el gobier­no la culpabilidad de lo ocurrido en el pueblo de Car­men de Patagones; allí habían sido confinados los com­pañeros de Alzaga, participantes de la insurrección. Pero Élío desde Montevideo envió un bergantín y lo­gró, finalmente, su liberación; cuentan algunos de los sobrevivientes que en la cubierta de la nave española entonaban la siguiente copla:

 

Aunque se rompan los sesos

allá en el café de Marcos/no evitarán que sus barcos

zozobren o sean presos.

 

Los españoles sabían bien que los jóvenes que se reunían en el viejo café constituían el espíritu de li­bertad de la naciente república y que el salón del Ca­fé de Marcó era propicio para las reuniones políticas.

Por eso lo recordaron como protagonistas de la lucha de la que ellos resultaron perdidosos.

 

Continuará…. 

 

 

1)  “Los Cafés de Mayo de 1810”. Bossio, Jorge A. En “Cuadernos del Café Tortoni”. Nº 7. Buenos Aires. Mayo de 2002.

 

 

 

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Barrios, Cafés - Bares: Su Historia, Efemérides, Preservación del Patrimonio Cultural

Mi baldosita floja

Roque Narvaja

Mi baldosita floja

(Roque Narvaja. 1985)

 

 

 

 

 

 

 

 

Hermosa canción sobre la ciudad… 

                          Cliquear aquí para escuchar la canción 

  

Mi Baldosita Floja

  

Hoy

Me he despertado junto a ti

Ciudad sin fin

Ciudad de abril

Hoy

Te has despertado junto a mi

Y soy feliz

y soy feliz

Porque me mojas

Mi baldosita floja

Dame las buenas artes

Que me ayuden a construir

Dame los buenos aires

Que me ayuden a seguir

Creyendo en ti

Creyendo en mi

Mi baldosita floja

Hoy

Te he saludado la nariz

Pinocho gris

Luna y alfil

Hoy

Me he despertado y al dormir

Soñe por ti

Soñe por ti

Que despertabas

Mi baldosita floja

Dame las buenas artes

Que me ayuden a construir

Dame los buenos aires

Que me ayuden a seguir

Creyendo en ti

Creyendo en mi

Mi baldosita floja

Mi baldosita floja.

 

 

Biografía de Roque Narvaja

 

Líder y fundador de La Joven Guardia, grupo exponente de la música beat en la Argentina. De esta época se destacan los temas La reina de la canción y uno de sus más exitosos y recordados: El extraño del pelo largo (1968), que sirvió como título a una película, donde actuaba La Joven Guardia junto a Lito Nebbia.[1] Posteriormente tocó el bajo y grabó un solo de guitarra en el long play Muerte en la catedral de la banda de Lito Nebbia.

En 1972 inicia su carrera solista, con el disco Octubre, mes de cambios.

Luego de grabar los discos Primavera para un valle de lágrimas y Chimango y cuando tenía en preparación un nuevo álbum llamado Amén (que queda inconcluso), en 1977 debe exiliarse en España por las amenazas que recibe del gobierno militar de Argentina. Allí se radica en Madrid y opta por lo melódico, de esta época son dos de sus canciones más reconocidas, Menta y limón y Yo quería ser mayor.

En 1980 me eligieron el mejor compositor de España y la Sociedad de Autores incluyó a Santa Lucía dentro de las mejores 100 canciones de España.

En 1981 se editó Un amante de cartón, el disco de Narvaja que más copias vendió.

Cuando termina la dictadura militar en Argentina, la mayoría de los artistas exiliados regresa. Sin embargo Roque Narvaja decide quedarse en España.

Regresó a la Argentina recién en 1989, a los 38 años de edad. Para radicarse eligió a Junín, ciudad donde vivió hasta 1995. Ese año volvió a España.

En 2001 decidió regresar a la Argentina y en 2004 graba el álbum Palabra por palabra. 

 

 

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