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Estampas de Buenos Aires

Blog de Carlos Szwarcer en Monografias.com

 

Archivo de Julio, 2009

Onetti: Escritor Rioplatense

Por Alejandro Michelena
 
El centenario del escritor Juan Carlos Onetti ha generado ya, promediado el 2009, incontables ríos de tinta. Colegas y críticos vienen abordando en estos meses su figura y su obra incesantemente, desde todas las perspectivas posibles. A la luz de esto, y procurando entonces no llover sobre mojado, intentaremos acercarnos al gran narrador desde un ángulo distinto.

 

Nos interesa recalcar su condición de escritor rioplatense… No faltará el lector que nos salga al paso afirmando que nuestra pretensión tiene mucho de perogrullesco, pero le pedimos un poco de paciencia y que siga con atención  el planteo de esta hipótesis. 

 

Es bien conocido que el lugar de nacimiento de Onetti fue la ciudad de Montevideo, y que por lo tanto a todos los efectos documentales es uruguayo. Y que siempre reafirmó –en entrevistas a través de los años- esa condición. Por otra parte, también es cierto que vivió muchísimos años en Buenos Aires, donde iba a escribir y a publicar novelas fundamentales, mojones de su obra, como Tierra de nadie, Para esta noche y La vida breve (que ubican su acción en la gran urbe platense). Además escribió y publicó en la Argentina una nouvelle como Los adioses, y muchos de sus cuentos más significativos. Pasados los años, a partir del año 1974 se exiliaría en Madrid, hostigado por la dictadura uruguaya, y aunque retornó el país a la vida democrática diez años más tarde, el escritor nunca quiso volver y residió en España hasta su muerte. 

 

Pero más allá de las peripecias vitales, vamos a considerar ahora qué rasgos nos permiten calificarlo como escritor rioplatense y no meramente uruguayo. Veamos sus temas, por ejemplo: Los adioses transcurren en un lugar de serranías del interior argentino, en Córdoba. Sus notables y decisivas novelas ya nombradas: en medio del entramado urbano de Buenos Aires. Y en La vida breve el personaje, Brausen, imagina una ciudad, Santa María. Esta localidad de provincia, ribereña de un gran río, está inspirada por las que en la realidad bordean, efectivamente, el río Paraná. Pero más todavía: el propio escritor aclaró en un reportaje que el modelo para Santa María se lo dio la ciudad de Paraná, en la provincia de Entre Ríos. Toda la saga de Santa María, que abarca novelas imprescindibles como Juntacadáveres  y El Astillero, y unos cuantos relatos antológicos, tienen el marco –el clima, el aire, el color peculiar- de los parajes ribereños del Paraná. Por cierto: su primera novela –la mítica El Pozo- transcurre en Montevideo, y también una de las últimas: Dejemos hablar al viento. De alguna forma su obra arranca y en cierto modo se cierra en su ciudad de origen, que sin embargo no ocupó  en absoluto un rol relevante en su vasta obra narrativa.

 

Naturalmente: un narrador de la dimensión de Onetti no se puede calibrar desde la ubicación geográfica de sus ficciones. Por eso, y profundizando un poco más, reparemos en algunos de sus referentes y en sus inquietudes literarias. Como buen uruguayo de clase media de su tiempo comenzó a escribir teniendo un sedimento educativo universalista, pero fiel a su camino personal –no intelectualizado, y lejos de lo académico- Onetti creó su propio canon de lecturas. A William Faulkner lo ubicó en el primer lugar en sus preferencias porque fue quien le inspiró –con su saga novelística de Yoknapatawpha- la creación de su propio mundo creativo en torno a Santa María. Y el norteamericano marcaría también los rasgos, barrocos, de su estilo. ¿Pero, qué de sus contemporáneos, los cercanos? 

 

Al todavía joven y casi desconocido Onetti le impactó la lectura de los cuentos de Jorge Luis Borges, a quien siempre tuvo entre sus referentes literarios; tal admiración no fue empañada siquiera por el mal resultado del único encuentro personal que tuvieron, en una confitería de la calle Corrientes, presentados por el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal. Trataba asiduamente en sus años porteños a Ernesto Sábato, y tenían buen diálogo más allá de las diferencias en sus obras, marcadas sin embargo –ambas- filosóficamente por el existencialismo. Y mantenía un vivo interés en los aconteceres literarios de la gran ciudad.

 

En Montevideo, cuyo ambiente cultural y literario había fustigado con lucidez desde el semanario Marcha en 1939, amparado en el seudónimo Periquito el Aguador, mantuvo en los cuarenta y comienzos de los cincuenta un magisterio lejano sobre un puñado de jóvenes –que luego conformarían, junto a otros, la Generación del 45- alimentado por viajes fugaces. Pero en su ciudad de origen no tenía pares, ni siquiera para la controversia. Y siguió sin tenerlos. Cuando retornó al Uruguay ya bordeando los años sesenta era un escritor consagrado, un maestro para muchos y motivo de rechazo para otros (los más volcados hacia una literatura social o política), pero no participó de  polémicas y agitaciones que entendía provincianas, parroquiales, y que no sentía que le incumbieran. Ahí surge justamente el mito onettiano del escritor solitario, algo misógino, escuchando tangos y bebiendo vino, entregado a su obra y al diálogo con jóvenes narradores talentosos pero alejados de las férreas capillas culturales que establecieron los del45. Con Mario Benedetti por ejemplo –el máximo exponente y paradigma de esa generación- lo único que lo unía en lo profundo era la terminación italiana de sus apellidos (más allá de la cordial relación personal que establecieron luego en Madrid, donde ambos pasaron a residir). Algún lector informado podrá alegar: ¿y su vinculación con Idea Vilariño? Más allá de la grandeza de Idea, la mayor poeta uruguaya de la segunda mitad del siglo pasado sin duda, ese romance –de acuerdo al propio testimonio de la poeta- fue uno más para un hombre como Onetti, amador de muchísimas mujeres.

 

En definitiva: sin negar su condición de uruguayo, Juan Carlos Onetti estuvo más vinculado en lo cultural a Buenos Aires, y ubicó en escenarios y climas argentinos la parte nuclear de su narrativa. Por eso es que afirmamos que fue un escritor rioplatense; porque lo sustancial de su obra interactúa con el corpus literario de la otra orilla, y no se explica en lo profundo sino vinculada a ese universo cultural.

 

Lo que planteamos es algo evidente, y sólo podría ofender a algún compatriota del escritor aquejado del síndrome de trasnochado nacionalismo, o a tantos ingenuos aferrados todavía al relato que sobre Onetti realizaron varios exponentes de la Generación del 45 –no por cierto Emir Rodríguez Monegal, ni tampoco Ángel Rama, demasiado lúcidos y universalistas como para eso- mediante el cual se intentó disimular la vinculación profunda del gran narrador y su obra con Buenos Aires y con la Argentina, y se procuró constreñirlo –a  fórceps sofísticos- a las estrechas fronteras nacionales.

 

Fuente: Alejandro Michelena para “Estampas de Buenos Aires”

Datos sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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Artículos Periodísticos, Uruguayos

Aniversarios barriales del mes de julio

San Telmo - La Paternal - Boedo

San Telmo: 9 De Julio

Historia:
Durante los siglos XVII y XVIII Buenos Aires comenzó a expandirse y a poblar este barrio del sur, que comenzaría a ser identificado con el nombre de Alto de San Pedro, a causa de su posición más elevada. Conocido también como “barrio del puerto”, fue testigo en el año 1600 de la aparición del culto a San Pedro González Telmo, designado entonces patrono del viejo convento de Santo Domingo. Este se encontraba en la manzana de Perú, México, Bolívar y Chile actuales. En 1734 los jesuitas decidieron fundar una iglesia en la zona, llegando la autorización real para ello sólo en 1748. En ese año se inició la construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de Belén, en el terreno donado por don Ignacio Bustillo y Zeballos. Junto a ella nacería después una Casa de Ejercicios Espirituales para hombres. El conjunto adoptó el nombre de “La Residencia”, el cual se extendería luego también al barrio y a la plaza del Alto, la que en 1822 sería denominada “del Comercio”. Desde 1861 funcionará en ella el mercado del mismo nombre, hasta que en 1897 la plaza volvió a tomar su fisonomía de tal, recibiendo en 1900 la denominación de Coronel Dorrego que aún ostenta. Con la expulsión de los jesuitas en 1767, las obras de construcción de la iglesia quedaron inconclusas y dos años más tarde la zona quedó bajo la dependencia de la parroquia de la Inmaculada Concepción. En 1785 los padres Bethlemitas se hicieron cargo del templo, trasladando a la casa anexa su hospital. La casa de Ejercicios comenzó ya por entonces a ser usada como cárcel, función con la cual sobrevivirá hasta nuestros días. En 1806 se creó la Parroquia de San Pedro González Telmo, designándose a la iglesia de Nuestra Señora de Belén como sede de la misma hasta tanto se erigiera el templo cabecera, cosa que nunca se realizó. Nuestra Señora de Belén fue concluída en 1876, y la costumbre ha hecho ignorar su verdadera denominación, perpetuando en cambio la de Iglesia de San Telmo. El barrio sufrió una brusca transformación luego de la epidemia de fiebre amarilla de 1871, cuando fue despoblado por sus familias más pudientes; éstas buscaron mejores condiciones climáticas y sanitarias en el norte o en el oeste de la ciudad, perdiendo de esta manera el barrio sur la importancia de antaño. Siguiendo la calle Defensa, eje histórico del barrio, llegamos al Parque Lezama. El lugar era conocido como “quinta de los ingleses”, ya que desde 1812 estuvo en manos del inglés Daniel Mackinlay, y desde 1845 en las del norteamericano Carlos Ridgely Horne, quien la vendió finalmente a don Gregorio Lezama. En 1894 la quinta fue comprada por la Municipalidad, creándose allí el hermoso parque que conocemos.
Fuente: CEDOM

La Paternal: 12 de julio
Historia:
Este barrio se encuentra atravesado por el que en el pasado siglo fuera el “camino a Moreno”, hoy avenida Warnes. Zona de chacras y quintas, formó parte de la ya referida Chacarita de los Colegiales. En 1887 el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (hoy General San Martín) inauguró allí su estación Chacarita, la que en 1904 modificó su nombre por el de Paternal. El cambio de denominación se debió a las gestiones realizadas por la Sociedad de Seguros “La Paternal”, que era propietaria de terrenos en las inmediaciones y en los cuales estaba edificando numerosas casas para obreros, proviniendo precisamente de ello el nombre que aún ostenta el barrio.
Fuente: CEDOM

Boedo: 25 de julio

Historia:
Breve reseña
Este barrio debe su nombre a Mariano Joaquín Boedo, prócer de la independencia argentina y diputado nacional por la provincia de Salta. Fue abogado y jurisconsulto. Participó activamente de las jornadas de 1816 que aquel 9 de julio declararon la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata del rey de España. Como Vicepresidente del Congreso de Tucumán fue uno de los firmantes del Acta de la Independencia. Nuestra Ciudad rescató su recuerdo y lo incorporó al catastro municipal el 6 de marzo de 1882, dando origen a la calle que hoy lleva su nombre, por iniciativa del entonces presidente de la Corporación Municipal Torcuato de Alvear.
Con el correr del tiempo la zona semi-rural que rodeaba la calle Boedo se fue transformando. Era una importante vía de circulación utilizada por vehículos de tracción a sangre y por tropillas de animales arriadas a los antiguos mataderos. Más adelante, y con la llegada de los primeros tranvías, la zona se pobló y se convirtió en barrio.
El barrio fue habitado por inmigrantes que pronto comenzaron a organizarse. Las nuevas corrientes políticas definidas por anarquistas y socialistas se hacían presentes y se expresaban culturalmente con grupos literarios y artísticos, además, diferentes expresiones del tango como un nuevo mensaje social suburbano surgían en la zona.
El Grupo Boedo, parte integrante de la historia del barrio
En Boedo 837/39, un local ubicado en el fondo de la construcción que ha llegado a nuestros días, Antonio Zamora se reunía con jóvenes escritores; Elías Castelnuovo, Álvaro Yunke, Leonidas Barletta, Roberto Arlt, Nicolás Olivari, Roberto Mariani, y otros, que constituyeron el “Grupo Boedo”. Eran jóvenes proletarios representativos de intereses de perfil popular coherente con su formación política y su calidad de vida. Expresaban las necesidades de cambio ante una sociedad cargada de injusticias sociales, desequilibrios e iniquidades, en una realidad que ellos estaban convencidos de poder cambiar.
La contraparte del “Grupo Boedo” era el llamado “Grupo Florida”, que se reunía en un local de la calle Tucumán, a escasos metros de Florida, de ahí su nombre. Escribían en la publicación Martín Fierro, representaban otra realidad y se dirigían a otro público. La ubicación geográfica de estos grupos es significativa si pretendemos establecer un plano de comparación. Oliverio Girondo, Leopoldo Marechal, Gonzáles Lanuza, Jorge Luís Borges, Jacobo Fijman, y Roberto Ledesma son los más representativos de un grupo donde predominó la expresión poética, cargada de influencias caricaturescas, metáforas y rasgos y rasgos irónicos que le otorgaban cabida a un público determinado, incorporando nuevas tendencias europeas.
Un barrio en donde se respira tango
El tango es otra de las expresiones populares que recalaron en Boedo. No es casualidad que sus cafés históricos hayan sido campos propicios para el encuentro de los nuevos músicos tangueros, lugares para dar rienda suelta a su vena poética y musical y a compartir espacios de encuentro. Su carácter de barrio residencial y tranquilo, su efervescencia cultural que originó a un nutrido grupo de escritores reunidos bajo el nombre de Grupo Boedo, el tango y la vida deportiva completan el cuadro de la diversidad y la riqueza cultural de este barrio que nos regala imágenes características de la porteñidad.

Fuente: Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. “Boedo, un barrio con historias”, Buenos Aires: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2006.

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 “Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/ 

Barrios, Efemérides

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