Estampas de Buenos Aires

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Dengue y Tango

Por Carlos Szwarcer


Entre las varias epidemias de DENGUE se recuerdan las de 1905 (en Chaco), en 1911 (Corrientes) y en 1916 (Entre Ríos). Con el tango, no faltaron poetas inspirados que tomaron nota y dejaron tres piezas que ilustran los pesares que causó el mosquito: El Dengue (de Gerardo Metallo, 1916), ¡El dengue! (tango milonga de Miguel F. Alfieri, 1917) y El dengue (de Arnoldo Yódice y Vicente Demarco, 1921).

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Múltiple Buenos Aires - retrato poético (Alejandro Michelena)

Imagen: Una toma de Avenida de Mayo al atardecer que sintetiza un paisaje esencial de Buenos Aires, donde no faltan el Palacio Barolo, el edificio La Inmobiliaria y la cúpula del Congreso más lejana. Todo a través del encuadre certero y la sensible fotopintura de Nilda Torija

Esbozado en viaje hacia Colonia del Sacramento, en medio de la noche del Río de la Plata


Te dejo Buenos Aires

agónica de nieblas.

En tus calles pobladas

la cerrazón avanza,

la pálida garúa

persiste

interminable.

El Palacio Barolo

con su faro impreciso

–¿qué tachero poeta

en plena madrugada

se detendrá a mirarlo?–,

y en el Café Tortoni

fantasmales tertulias

mantienen un eterno

coloquio sin palabras.

Bajo tierra,

en las sombras

el subte que va a Primera Junta

se desliza vital y trepidante,

y sale

y entra gente

por esas escaleras que se asoman

al revés de la trama

de lo urbano

(como en aquel poema

de Baldomero,

o en el del viejo Ezra

referido a otro metro

el de París).

Húmeda Buenos Aires,

de incesantes sonidos

de conflictos sin tregua

de basura creciente.

Soledades te pueblan,

tus fachadas esconden

tragedias, alegrías,

blasfemias, santidades,

anonimatos entre la multitud

(irremediables).

En medio de tu caos

de tu hostil apariencia,

albergas sin embargo

remansos de belleza:

el Pasaje Bollini

su empedrado de sueños

(los malevos que fueron,

los de Borges que siguen);

el perfecto erotismo de esa fuente

allá en la costanera

nacida de las manos prodigiosas

de Lola Mora;

la elegante cortada Rivarola

un rincón de Paris

(también porteño);

el Parque Lezama melancólico

con fantasmas de Sábato;

cafés intemporales

nimbados de armonía

estéticos y cálidos,

solemnes confiterías

elegantes

decadentes

que laten en la dimensión

de lo eterno.

Vigías imperturbables

de la trama más secreta

de esa multiplicidad que llamamos

Buenos Aires.

Ciudad lunar

oscura

misteriosa

insondable.

Seguir tu laberinto

iniciarse en tu aleph,

incluye también

—inevitablemente—

atreverse

al descenso a los infiernos.

(Alejandro Michelena)

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Nota: Este poema ahora forma parte del libro OTROS RITUALES, que acaba de aparecer con el sello de Civiles Iletrados.

Ver más sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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José Ortega y Gasset. El pensador español que quería ser argentino

Por Carlos Szwarcer

El pensador español que quería ser argentino

Ortega conoció a la Argentina en época de crisis. Su mandato “¡argentinos, a las cosas!” surgió de una relación íntima con el país, incluidas sus mujeres, y de una añoranza de “vida criolla”. Ese mandato suponía un diagnóstico que aún tiene vigencia: el fondo de descontento y tristeza de los argentinos, su sensación de ambiciones frustradas por anticipado, la búsqueda de modelos antes que de soluciones propias, les impedía usar a fondo su excepcional capacidad.

En 1939 José Ortega y Gasset nos decía desde una conferencia en La Plata: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”. Ortega le hablaba a un pueblo joven haciéndose nación en tiempos de crisis internacional, después de una depresión financiera, saliendo de la guerra civil española y entrando a la segunda guerra mundial. En este contexto convulsionado y a pesar de que como extranjero vivía un exilio ambulante, llegó a Buenos Aires sintiendo que esta ciudad porteña a la que había visitado en tres viajes, el de 1916, 1928 y 1939-42, le refrescaba y regalaba primaveras, podando sus decrepitudes de europeo. La ciudad le instauraba en una nueva vida a pesar de que el aire de Buenos Aires olía mal a causa de la nafta y de que tenía muchos aspectos broncos y ásperos en su entretejido social de vida adolescente.

Un aspecto que resaltó Ortega del argentino y del sudamericano en general era el fondo de descontento y tristeza, de “extraña insatisfacción” que acarreaba desde su emancipación. Su existir era un puro afán que se consumía en sí mismo sin llegar a su logro. El argentino sobre todo, no paraba de hacer cosas y a la par dejaba la impresión de vivir una vida con pobre programa. Sin embargo como visitante, siempre que llegaba por el puerto del Río de la Plata soñaba con haber vivido una posible vida criolla, empapándose de ese sabor que escondía la vida americana que en su persona dejo resonancias profundas. Su encuentro amoroso con Victoria Ocampo en 1916, su sólida amistad en los años 20 con Elena Sansinena de Elizalde, presidenta de Amigos del Arte, y otras relaciones con mujeres porteñas, tuvieron mucho que ver con esta añoranza de una posible vida criolla no vivida. Decía en 1929 que la sentía como un muñón y que a la hora de escribir sus memorias los argentinos y argentinas estarían muy cerca de su vida afectiva y efectiva otorgándole gran importancia a esa parte de su existencia criolla imaginaria, “desnucadas antes de nacer”. Por este mismo vínculo sentimental, al aplicar su bisturí crítico al modo de vivir de los argentinos, aseguraba que sus palabras taxativas no eran mera frivolidad de discurso oficial, que su mensaje era una enorme deuda que tenía con un país que era parte sustancial de sí mismo. A los argentinos les debía emociones hondas, pensamientos, experiencias que llegaron a formar parte de su filosofía universal.

Para devolverle a la sociedad argentina el beneficio de esta intromisión intelectual y personal, Ortega arrimó resueltamente el hombro allí donde él veía que hacía falta, precisamente en su hacerse como nación. Sin desconocer la gran vitalidad histórica de su gente, sin negar sus resortes magníficos y potencialidad para ser una gran nación, en medio de una gran perfomance económica encontraba a los argentinos desmoralizados. La Pampa tan generosa seguía prometiendo. En 1929, en plena crisis europea, este enorme horizonte hacía ademanes de abundancia y concesión. Describía las ruedas de los molinos mecánicos que se alzan en la pampa como auténticas ruedas de la fortuna. Pero cuando las promesas no se cumplían la derrota era atroz. Se asistía entonces a una fractura del sueño promisorio en el que, al no realizarse, los argentinos quedaban atónitos, como perdidos en un vacío. Sentían melancólicamente el hueco de su propia vida evaporándose con sus fortunas y prestigios nacionales o particulares.

Advertía Ortega en el 29 que se hablaba mucho de la Argentina; demasiado en proporción a lo que realmente era el país. Esta sociedad sudamericana hacía mucho ruido en el mundo y se hablaba casi siempre mal del argentino como símbolo de humanidad deficiente. Ortega no compartía esta visión negativa, lo cual no le impedía hurgar en los síntomas graves de sus recurrentes crisis políticas y sociales. Encontraba que la mera fuerza mecánica de su éxito económico no bastaba para explicar su existencia. Encontró en épocas de Yrigoyen un Estado sólido, rígido, con grave empaque, separado por completo de la espontaneidad social, vuelto frente al individuo con rebosante autoritarismo. Le hacía recordar al modelo estatal de Berlín. Tenía perfil jurídico pero ejercía el rol del gendarme de instituciones públicas y privadas. No le dio tanta importancia Ortega a las irregularidades administrativas, prefería destacar el alto módulo que tenía el Estado de sí mismo, lo que producía la utopía de un proyecto nacional incumplido proyectándose en una existencia “chabacana”.

Sospechaba Ortega que la causa mayor de su progreso dependía de la fertilidad de sus tierras y del factor económico ganadero. Esta eterna prosperidad agroganadera, anulaba otras germinaciones sociales produciendo broncas irracionales en un Estado convertido en máquina formidable. Las masas en tiempos de Yrigoyen estaban encantadas de ver a su Estado funcionando arrolladoramente, triturando toda voluntad indócil que se le enfrentara. Temía Ortega en tiempos de bolchevismo y fascismo europeo que este modelo de Estado autoritario argentino aplastara la espontaneidad social y creativa del ciudadano o de grupos particulares. Desconfiaba de la valoración “hipertrófica” del Estado que transitoriamente padecían las naciones europeas.

Sin embargo el gran peligro del sueño argentino pasaba por la creación de una ilusión óptica facilista que pintaba avenidas seductoras de inconmensurable prosperidad mientras el ciudadano medio parecía vivir encorsetado en una coraza, sin una realidad social congruente y sin continuidad en el sueño americano. Frente a las cosas, los argentinos fabricaban modelos excesivos que no servían para entenderse entre sí mismos. Vivían a la defensiva, inseguros, hablando por delante de las cosas, ocupados en defender su persona sin que nadie la atacara. Este vivir en estado de sitio cuando nadie asediaba, le resultaba a Ortega un instinto extraño. El argentino, afirmaba Ortega en su ensayo El hombre a la defensiva, ocupaba la mayor parte de su vida “en impedirse a sí mismo vivir con autenticidad”. Esa preocupación defensiva frenaba y paralizaba su ser espontáneo y dejaba sólo en pie su persona convencional inauténtica. A pesar de que al argentino le caracterizaba la audacia, la viveza criolla, este argentino no sentía su conciencia tranquila manifestándose detrás de una careta simuladora, siempre en peligro de verse desplazado por el apetito de los demás.

Este carácter defensivo Ortega lo atribuía en parte al efecto de la inmigración, a la que no pinta con el romanticismo usual del mito del crisol de razas. Para Ortega el fenómeno consistía de miles y miles de hombres nuevos llegando a la costa atlántica con un feroz apetito individual, carentes de toda interior disciplina, gente desencajada de sus sociedades nativas, un inmigrante abstracto, italiano, español o sirio que había reducido su personalidad a la exclusiva mira de hacer fortuna, dejando libre la audacia. Esta exageración del apetito económico a cualquier precio no sólo generaba abusos y corrupción, era también rasgo inevitable que sometía al ciudadano a la presión de otros apetitos en torno. Encuentra Ortega al argentino, antes de la gran depresión internacional, excesivamente preocupado porque no sabía vivir de sí mismo al fallar los apoyos y alianzas comerciales del exterior. Sacrificaba en pro de lo económico otros aspectos de la vida íntima del argentino, movilizándose en una sociedad con profesionales en alerta para no perder puestos de trabajo, sobre todo en entidades públicas de carácter rentista, poco eficientes y de espaldas al bien común. Le interesaba a este burócrata su puesto público para hacer fortuna y ascender en la jerarquía social, siendo los oficios “camisas de serpiente” que mudan, salvo que en Argentina no suelen ni siquiera ser de la serpiente que las viste.

Otro aspecto que indicó Ortega era la incapacidad del Estado de realizar una cohesión social y nivelación de clases equitativa. Hasta 1939 encontraba al hombre factoría en la periferia de la nacionalidad. La Argentina con su ritmo acelerado no le permitía a sus clases integrase socialmente. El ritmo de improvisación y aceleramiento argentino no conducía a una lenta asimilación de sus componentes sociales ya que su propia pujanza no conducía a políticas más estables como se daba en Chile y Uruguay.

A pesar de sus profundas críticas sobre los elementos que paralizan al argentino, entre los cuales incluyó su excesivo narcisismo, Ortega afirmaba que este pueblo era el más vigoroso que existía en Sudamérica, aun cuando le faltaba liderazgo y minorías enérgicas que suscitaran una moral nueva. El día en que estas minorías enseñaran al hombre argentino a aceptar hondamente su destino, a existir formalmente y no gesticulando o representando un rol imaginario de imagen ideal, Ortega aseguraba que “la Argentina ascenderá de manera automática en la jerarquía de las más altas calidades históricas, porque el hombre del Plata es uno de los mejores dotados que acaso hay”.

Fuente:

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2005/10/08

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Salón Dorado de la Casa de la Cultura

Por Carlos Szwarcer


El suntuoso salón de actos de la Casa de la Cultura, conocido como Salón Dorado,  se encuentra  en el primer piso del edificio “La Prensa”, antigua sede del Diario del mismo nombre. En él funcionaba el Instituto Popular de Conferencias, que organizaba reuniones semanales. Las grandes figuras de las letras y las artes, tanto argentinas como extranjeras, pasaron por el salón, donde también se ofrecían conciertos.

Además de un ejército de artesanos, dos grandes maestros del arte de los argentinos trabajaron en las pinturas decorativas del edificio: Nazareno Orlandi (1861-1952) y Reinaldo Giudice (1853-1921). Nacido en Ascoli Picceno, Orlandi llegó a nuestro país en 1889 invitado por su compatriota el arquitecto Francisco Tamburini, para incorporarse al equipo de trabajo de la Casa de Gobierno. Se había formado en Florencia, especializándose en las grandes decoraciones. Entre sus obras recordamos las pinturas de las iglesias El Salvador, San Pedro y santo Domingo, la antigua Biblioteca Nacional, el Consejo Deliberante y el Cine Gran Splendid, hoy librería El Ateneo de la Avenida Santa Fe. En el edificio de La Prensa realizó las magníficas pinturas de los techos del salón Dorado.

Reinaldo Giudice llegó a América cuando tenía ocho. En Buenos Aires, obtuvo una beca para estudiar en Italia, eligiendo el taller de Cesare Maccari en Roma. De vuelta a nuestro país realizó una importante labor docente, fue fundador del Ateneo y uno de los creadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.

Giúdice fue autor de paisajes, retratos y grandes composiciones de carácter histórico como “La presentación de San Martín en el Congreso de 1818”. Sus magníficas grisallas (pinturas monocromas) decoran el techo de las dependencias del primer piso, originalmente áreas privadas del Dr. Paz y actualmente despacho del Secretario del Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires.


Salón Dorado - Casa de la Cultura

Dirección: Av. de Mayo 575 (Ciudad de Buenos Aires)

Teléfono: 4323-9669

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Fuente: http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura/salondorado

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Ver: sobre Antigua sede del diario “La Prensa”

http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura

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Falleció MARIANO MORES, a los 98 años

Por Carlos Szwarcer

Falleció el Maestro MARIANO MORES

El prestigioso artista, cuyo nombre era Mariano Alberto Martínez, había nacido el 18 de febrero de 1918 en el barrio de San Telmo, Ciudad de Buenos Aires. Compuso recordados temas como “Cafetín de Buenos Aires”, “Cuartito azul” o “Taquito Militar”. Además, “Uno”, con letra de Enrique Santos Discépolo; “Gricel”, con José María Contursi; “Copas, amigos y besos”, con Enrique Cadícamo, y “Una lágrima tuya”, junto a Homero Manzi, entre otros. Es velado -desde las 15 hs- en el Teatro Colón.

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Historietas en la Biblioteca Nacional: entre la pedagogía y la política

Por Carlos Szwarcer

Historietas en la Biblioteca Nacional: entre la pedagogía y la política

La Biblioteca Nacional inauguró la muestra “Rubén Sosa. De vuelta en casa”. La exposición reúne una selección de las 500 obras inéditas en el país que, recientemente, fueron donadas al Archivo de Historieta y Humor Gráfico por la esposa y las hijas del dibujante argentino, fallecido en 2007. Puede visitarse hasta el 30 de abril de 2016 en la Plaza del Lector Rayuela y en la Sala Leopoldo Lugones, de la Biblioteca Nacional.

“Rubén Sosa. De vuelta en casa” incluye reproducciones del primer capítulo de la historieta “Un hombre normal”, expuestas en la Plaza del Lector Rayuela, más un conjunto de dibujos (tintas, rayados, acuarelas) que Sosa realizó y publicó en medios europeos, exhibido en la Sala Leopoldo Lugones.

En la misma ceremonia, se presentó Historietas x la identidad, el libro que la BN editó con Abuelas de Plaza de Mayo y que recoge treinta y cinco “historias concretas”. No se trata de un libro cualquiera: cada uno de sus capítulos atesora una anécdota. Cada anécdota, narra una ausencia. Cada ausencia, promueve una búsqueda.

“Corporizar estas ausencias en una computadora o en un papel es un modo de resistir a los desaparecedroes, de rescatar a las víctimas del agujero negro que implica en cada subjetividad, una identidad ocultada, cambiada o incompleta. Así, el arte deviene en tabla simbólica de restitución”, se lee en el prólogo.

Detras de toda viñeta… hay una gran mujer

En 2000, Judith Gociol publicó La historieta argentina. Una historia. Escrito junto con Diego Rosemberg, el libro conjetura una trayectoria del humor gráfico que abre la mirada hacia el devenir cultural en nuestro país.

Años más tarde, con José María Gutiérrez, ajustó el foco sobre las realizaciones del género publicadas entre 1907 y 1929, en el libro La historieta salvaje.

Buceadora incansable en la cultura popular, Judith Gociol forma parte del equipo fundador del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos de la Biblioteca Nacional, que se inauguró en 2012 y que contiene trabajos de Alberto Bróccoli, de Alberto Cognigni, de Eugenio Zoppi, de Eduardo Maicas, entre muchos otros, así como la obra completa de Trillo-Grillo.

“Nos dimos cuenta de que había una cantidad de material en manos de artistas mayores o de familias de artistas que ya habían muerto que sabían que eso era valioso. No lo querían tirar, pero no sabían qué destino darle”, recuerda Judith.

“Entonces propusimos complementar el archivo de la Biblioteca en el que tenemos libros y revistas, con fotos, bocetos, originales y objetos personales que no tenían un lugar específico donde guardarlos hasta ese momento. Luego sumamos materiales de artistas vivos. De modo que el archivo surgió de esa necesidad. Pero también de la idea de que el humor gráfico y la historieta, en tanto expresiones de la cultura popular, ya son parte de la cultura. Por lo tanto, está bien que estén en la Biblioteca cuya función es la preservación y el resguardo”.

Un sueño cumplido

“Contar con la obra de Sosa —señala la investigadora—, implica haber rescatado a un artista casi desconocido en su país pero que, sin embargo, dialogó todo el tiempo con la historia nacional. Para nosotros fue muy importante, además, por cómo se dio. Contacté a la viuda de Sosa, Flora Beker, a través del guionista Diego Agrimbau. Le conté qué hacíamos en el archivo y que había una página web donde se podían visualizar todos los materiales. Una de las cosas en las que hice hincapié fue que queríamos dar visibilidad a artistas argentinos que vivieron afuera. Porque hay una cantidad enorme de producción de humor gráfico que no se conoce ya que, directamente, no circuló por Argentina”.

La respuesta de Flora no se hizo esperar: “Me llamó tiempo después, para decirme que ella y sus hijas habían decidido donar 500 trabajos originales. Habían explorado la página web de nuestro archivo y encontraron que Eugenio Zoppi también donó parte de su acervo. El azar quiso que Zoppi haya sido el maestro de Rubén Sosa. ¡Fue ahí cuando sentí una gran satisfacción! Porque entendí que se estaba cumpliendo nuestro sueño de que, algún día, el archivo se sostuviera solo”.

El círculo empezaba a cerrarse en una doble dirección: la preservación y la divulgación. Como había ocurrido con otras donaciones privadas, cuando Flora Beker envió a la Biblioteca Nacional las tres valijitas plásticas con las láminas de Rubén Sosa, revitalizó el archivo, lo volvió dinámico, lo enriqueció. Al mismo tiempo, le confió a esa institución, el resguardo de la obra.

“En este caso particular, se sumaba el hecho de que, al ser un autor que quedó relegado por vivir lejos y no publicar aquí, esto es casi una repatriación. Recuperamos materialmente los trabajos y, a través de ellos, el talento, la versatilidad, la maestría del creador. Por eso el título de la muestra”.

La historia en viñetas: política y urgencia

En el prólogo del catálogo de “Rubén Sosa. De vuelta en casa”, Alberto Manguel escribió: “Rubén Sosa, quien colaboró con Oesterheld durante los años cincuenta, fue un artista de extraordinario talento, reconocido internacionalmente. La Biblioteca Nacional ha decidido honrar la obra de Sosa conmemorando al mismo tiempo el 40 aniversario del golpe militar de 1976”.

En la misma perspectiva, Judith Gociol desenvuelve los puntos de contacto entre la muestra de Sosa y el libro de Abuelas: “Ambos conciben la historieta como una herramienta política y, desde allí, un intento de intervención en la realidad. Rubén Sosa lo hizo en el momento en que sucedía, ya que El hombre normal fue escrita en plena dictadura y publicada en Europa, donde funcionó como denuncia”.

“En cambio, Historietas x la identidad delata la gran deuda pendiente de los derechos humanos: encontrar a los chicos que fueron secuestrados durante la última dictadura militar. En ese sentido, el libro tiene esa urgencia”.

El Archivo de Historieta y Humor Gráficos Argentinos se puede consultar en www.bn.gov.ar.


Información del evento

Hasta el 30 de abril de 2016

Lunes | Martes | Miércoles | Jueves | Viernes | Sábado | Domingo | Feriados

Biblioteca Nacional

Agüero 2502 P. 1, Ciudad de Buenos Aires

Costo: Gratis

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Villa Devoto celebra su 127° aniversario

Por Carlos Szwarcer

Hace 127 años un 13 de abril la Municipalidad de Buenos Aires aprobaba los planos presentados por el Banco Inmobiliaria autorizando el inicio de la nueva urbanización de Villa Devoto.

El viernes 15 de abril a las 19:30 horas en el salón de Actos de la Escuela Antonio Devoto, calle Mercedes  4002, Villa Devoto (Ciudad de Buenos Aires), se recordará no sólo el aniversario de la Villa sino también un hecho significativo: en 1916, 100 años atrás, Don Antonio Devoto obtenía, por parte de la Corona Italia, el titulo honorífico de Conde.

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Mujeres sin ley (Ciclo de cine en el Museo de Arte Contemporáneo)

Por Carlos Szwarcer

Mujeres sin Ley es un ciclo que trabaja con diversas representaciones de mujeres que se visibilizan en la sociedad actual ya sea como protagonistas del retrato o como pintoras del mismo a través de films. Del del 7 de Abril al 2 de junio 2016, todos los jueves a las 19h.

Lugar: Museo de Arte Contemporáneo Buenos Aires

Dirección: Avenida San Juan 328 (CABA)

Fecha y horario:  07 04 al 02 06 2016. Jueves de 19:00hs a 21:00hs. Excepto feriados

El departamento audiovisual MACBA presenta Mujeres sin ley, un ciclo con el apoyo Institut Français d’Argentine en colaboración con la Cinemateca Regional del Cono Sur de la Embajada de Francia en Argentina, Grolsch, Local Films,Obra Cine, Films Boutique, Escribiendo Cine, La Autopista del sur e Indie Hoy.

Mujeres sin Ley es un ciclo que trabaja con diversas representaciones de mujeres que se visibilizan en la sociedad actual ya sea como protagonistas del retrato o como pintoras del mismo a través de films de Claire Denis, Jean-Gabriel Périot, Mitra Farahani, João Pedro Rodrigues, Virginia García del Pino, Camila José Donoso, Nicolás Videla y Daniela Muttis.

El presente ciclo alude al film Sans toit ni loi de Agnes Varda en el que una mujer vagabunda es encontrada muerta en pleno invierno, es Mona interpretada esta vez por Sandrine Bonnaire. Y decimos esta vez porque Mona existió, existe y existirá: es una mujer sin ley , blanca, que prefiere vagabundear, deambular, apenas trabajar, no poseer medios económicos, no quedarse, no estabilizarse, drogarse, usar su libertad como le venga en gana porque para eso es suya y para eso está. Y la termina matando el frio, el frio del mundo, del invierno, la violencia.


Programación:

7 de Abril | Una Juventud Alemana (Une Jeunesse Allemande), Jean-Gabriel Périot. (Francia, 2015, 92´)

28 de Abril | Fifi Aulla de Alegría (Fifi az khoshhali zooze mikeshad), Mitra Farahani. (Estados Unidos / Francia, 2013, 96´)

5 de Mayo | Naomi Campbell, Camila José Donoso y Nicolás Videla (Chile, 2013, 83´)

12 de mayo | Narcisa , Daniela Muttis (Argentina, 2014,61´)

19 de Mayo | Basilio Martín Patino. La décima carta, Virginia Garcia del Pino (España, 2014, 65´).

26 de Mayo | Trouble every day , Claire Denis ( Francia,2001,101´)

2 de Junio | Morir como un hombre, (Morrer como un homem) Joao Pedro Rodrigues (Portugal/Francia, 2009,134)


*) Entrada gratuita para la función inaugural del día jueves 7 de Abril.

Información sobre valores de entradas y abonos en:

http://agendacultural.buenosaires.gob.ar/evento/mujeres-sin-ley/12300

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Buenos Aires observada por Federico García Lorca

Por Carlos Szwarcer

Federico García Lorca llega a nuestro país el 13 de octubre de  1933, y permanece hasta el 27 de marzo de 1934. Luego de ganarse al público y muchas amistades en la Argentina regresó triunfal a España. Dos años después, consecuencia de las atrocidades de la Guerra Civil Española, se produjo su trágica muerte.

Federico García Lorca, por Juan José Delfini

El  poeta y dramaturgo español -antes de partir de la Argentina- expresó sobre Buenos Aires  “…  tiene algo vivo y personal; algo lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en medio de sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina. (…) Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver.”

Federico García Lorca junto a la acrtiz Lola Membrives, quien presentó en nuestro país varias obras del dramaturgo español.

Le escribía a su padre: “Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Es como me gustaría que fuera España: cosmopolita, llena de amigos, desprejuiciada, tumultuosa, desbordante de vida y de cultura. Mientras en Madrid silban y patalean cuando no entienden una obra, en Buenos Aires te agradecen la dificultad, les gusta exigirse. Son un público maravilloso. De Londres, de París y de Nueva York me fui casi disfrutando de la partida, pero sufriré mucho al dejar Buenos Aires. Ahora pienso en los días de nostalgia que voy a pasar en Madrid recordando el barro fresco, olor de búcaro andaluz, que tienen las orillas del río, y el deslumbramiento de la tremenda llanura donde se anega la ciudad, en una melancólica música de hierbas y balidos».

Fuente:

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2001/04/15/u-00611.htm

http://www.lanacion.com.ar/1750636-federico-garcia-lorca-vida-y-obra-del-poeta-gitano-laten-en-buenos-aires

Szwarcer, Carlos. “Teatro Maipo. 100 años de historia entre bambalinas”. Ed. Corregidor. Buenos Aires 2010

http://www.elhistoriador.com.ar/

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Palacio Bosch

Por Carlos Szwarcer

El Palacio Bosch, edificio ubicado en la ciudad de Buenos Aires, es la actual Residencia Oficial del Embajador de los Estados Unidos de Norteamérica.

En la zona del Jardín Zoológico, próxima al parque de Palermo, Ernesto Bosch y su esposa, Elisa de Alvear mandaron construir su casa. Bosch venía de concluir su desempeño como Representante del Gobierno Argentino en Francia, y acababa de ser llamado a Buenos Aires por el presidente electo Roque Sáenz Peña para ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Como muchos argentinos, el matrimonio y su familia habían pasado una larga temporada en Paris, alternando sus funciones oficiales con la vida mundana y elegante de la bélle époque.

Los Bosch no dejarían París sin encargar el proyecto de su residencia porteña al prestigioso arquitecto René Sergent, quien debió diseñar el palacio para el jefe de la diplomacia argentina, volcando todo su oficio, practicado a través de una amplia experiencia entre la nobleza europea.

La materialización del edificio no fue sencilla ni barata. Hicieron falta decenas de detallados planos, materiales y decoraciones enviados desde el otro lado del Atlántico. Y la fiel interpretación de los arquitectos Eduardo Lanús y Pablo Hary, encargados de la construcción. Todo bajo la constante incertidumbre y altos costos que supuso el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, con naves amenazadas por torpedos al cruzar el Atlántico. Sin embargo, el 6 de septiembre de 1918 se abrieron a la vida social los salones de la residencia convocando al Buenos Aires más elegante. En 1924, se alojó el príncipe Humberto de Savoia, heredero de la corona de Italia, en visita oficial a la Argentina.

De Versalles a Palermo

El palacio Bosch es uno de los mejores proyectos de René Sergent. Excelente recreación del grand hotel particulier del siglo XVIII, tiene como fuente de inspiración más probable el Chateau de Bénouville, en Normandía, construído por Claude Nicolas Ledoux, cuya obra Sergent apreciaba especialmente.

Como los otras dos grandes residencias diseñadas por Sergent para dos hermanos de Elisa Alvear de Bosch, el Palacio Errázuriz y la villa Sans Souci, este palacio se inscribe entre los mejores ejemplos de la corriente que recreó el clasicismo del siglo XVIII francés a principios del siglo XX. Colaboraron con Sergent importantes figuras en el campo del paisajismo y la decoración, Achille Duchéne fue el encargado de trazar los jardines de la residencia y el prestigioso André Carlhian tuvo a cargo la decoración interior.

Luz y geometría

El volumen exterior simple y potente demuestra el refinamiento del diseño en las elegantes fachadas delineadas en función del espacio exterior que enfrentan. Así, la principal es el grandioso marco de la cour d´ honneur y enfrenta con imponencia el parque del otro lado de la Avenida. La lateral, sobre la calle Darregueyra, forma parte de un cuadro que integra el templete clásico del paseo público -expresamente construido a tal efecto- y que evoca una de las vistas del Petit Trianon de Versailles. El frente posterior, en cambio, se corresponde con el diseño del jardín, su complemento inescindible, y que los autores consideraban como un “salón al aire libre”.

En el interior, los secretos de la armonía del edificio se encuentran en la red de ejes que organizan sus espacios. Sutilmente interconectados, estos ejes permiten guiar la procesión del visitante a través de los salones y establecer la jerarquía de las perspectivas. Innumerables y sutiles juegos de simetrías, reflejos y continuidades hacen del conjunto una obra de singular jerarquía arquitectónica donde la arquitectura con mayúscula y el gran juego del clasicismo están basados en el dominio de la geometría y de la luz.

Washington en Buenos Aires

Cinco años más tarde, poco antes del famoso crash financiero de 1929 y de la revolución de septiembre de 1930, la propiedad cambiaría definitivamente de dueño iniciándose también otra etapa para la residencia.

Poco después de la visita a Buenos Aires del presidente electo Herbert Hoover, el embajador norteamericano Robert Woods Bliss logró vencer las resistencias de Ernesto Bosch y su mujer, y adquirió el edificio siguiendo la estrategia definida por el Departamento de Estado, que buscaba potenciar la presencia norteamericana en el exterior a través de enclaves diplomáticos que reflejaran su espíritu y su imagen.

Ninguna otra residencia porteña recreaba mejor un rincón de Washington que el neoclásico Palacio Bosch. En siete décadas, el edificio fue importante testigo de encuentros, desavenencias o coincidencias, fue, en suma, un importante escenario de la historia diplomática entre los dos países. Albergó a varios presidentes norteamericanos, como Franklin Delano Roosevelt, en 1936, Dwight Eisenhower, en 1960, o George Bush, en 1994, en visita oficial a la Argentina. Allí vivieron varios embajadores de nota, como el sutil Norman Armour, durante los cruciales tiempos de guerra; el controvertido Spruille Braden, durante el ascenso de Perón al poder, y el perspicaz James Bruce, quien publicara esclarecidas páginas sobre la Argentina.

Los arquitectos Lanús y Hary, sus constructores, fueron fundadores de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires y tomaron al Palacio Bosch como ejemplo para ilustrar sus recordadas clases teóricas que tenían como lema la siguiente frase: “Necesita el país tener muy buenas casas, antes que tener grandes monumentos”.

Fuente: Fabio Grementieri

http://detallesdebuenosaires.blogspot.com.ar/

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