Teatro Ópera. Su historia
Teatro Ópera
Ubicación: Av. Corrientes 860. Año proyecto: 1935.
Año Inauguración: 1936.
Con el ensanche de la calle Corrientes y la demolición del antiguo “Teatro de la Ópera” proyectado por Julio Dormal, en el mismo predio se levantó el actual Cine Teatro Ópera. El 7 de agosto de 1936, el Gran Teatro Opera abrió sus puertas. En esa oportunidad, y con la asistencia del presidente de la República, general Agustín P. Justo, se ofreció un programa tan vasto como ecléctico y el público pudo apreciar las comodidades y progresos técnicos que poseía la nueva sala. Tras las interpretaciones de la Gran Orquesta Sinfónica de Radio El Mundo, se exhibieron las producciones cinematográficas “Los tres ositos”, de Walt Disney y “El sueño del Missisipi”, versión de la comedia musical “Show Boat” de Jerome Kern, con Irene Dunne y Paul Robeson. Una semana después, el Opera estrenaba la inolvidable “Tiempos Modernos”, con Charles Chaplin. Eran los tiempos de Oro de la cinematografía y de la construcción de grandes salas y Buenos Aires no era ajena a este proceso. Debería decirse, en realidad, que el Opera reabrió sus puertas ya que el solar donde se emplaza había estado destinado al gran espectáculo desde 1872, año en que se inauguró el Teatro de la Opera, obra de Ernesto Landolfi. Modificado y enriquecido en su decoración por Julio Dormal, este recinto durante años había competido, en cuanto a la calidad de sus espectáculos se refiere, con los teatros Colón y Coliseo.
Con la inauguración en 1908 del nuevo Teatro Colón, el Ópera comenzó la decadencia como escenario lírico y se dedicó a géneros más frívolos. En 1921 fueron famosos los bailes de carnaval animados por Francisco Canaro y una Jazz-band. En 1922 Madame Rasimi presentó el conjunto “Ba-Ta-Clan” que constituyó algo como un sacrilegio en el teatro de Roberto Cano. Allí actuó Linda Thelma a quien llamaron “la reina de la canción criolla”. Vestía traje de hombre en sus representaciones. Madame Rasimi la llevó a París para que cantara tangos en el “Moulin Rouge”. Allí triunfó decididamente y sus éxitos se continuaron en Buenos Aires. Conoció una vida de triunfos, halagos y comodidades pero murió pobre en una sala del Hospital Rawson, en 1939.
El género popular se adueñó del viejo bastión de los dioses. Fue entonces cuando María Esther Podestá de Pomar, con voz dulzona cantó, en la noche del 12 de mayo de 1920, el tango; Milonguita. Esto tiene una explicación. No hacía mucho que se había puesto en práctica que los tangos se dieran a conocer en la noche del estreno de los sainetes. En este caso se trató del llamado Delikatessen House; de Samuel Linning y Alberto Weisbach, uruguayos radicados en Buenos Aires. El sainete no gustó. En cambio el tango Milonguita; marcó un afianzamiento de la canción porteña.
Por el Teatro Ópera pasaron figuras del drama y la revista como Sarah Bernhardt, Hermete Zacconi y la Mistinguette, con su voz desgarrada y sus bellísimas piernas, cantando Mon homme. También actuaron Discépolo, Tania y Florencio Parravicini que fue el último actor que pisó su escenario. En un momento en que ya su uso se había apartado del género lírico, el ensanche de la calle Corrientes obligó a su demolición, -cuya entrada estaba justo sobre lo que hoy es el cordón de la vereda- y el predio fue adquirido por el empresario Clemente Lococo; empresario del Teatro Astral- en el mes de agosto de 1935, y entonces cayó el edificio de la Ópera levantado por Julio Dormal. Este empresario teatral y cinematográfico encargó al arquitecto Alberto Bourdon el diseño del nuevo edificio. Por pedido expreso del comitente debía proyectarse una sala que, además de ser de la mayor capacidad dentro de las dedicadas al tema cinematográfico, debía reunir cualidades óptimas para la actividad teatral y musical; predominando un sentido moderno aliado al deseo de dar al público todas las comodidades posibles. La arquitectura del Gran Teatro Ópera es sobria y original.
Mientras se construía llamó la atención la colocación de una viga de 65 mil kilogramos que anunciaba la monumentalidad del edificio. La sala tiene una capacidad para 2500 personas. El escenario es apto para espectáculos diversos, dotado con foso movible para orquesta. En el subsuelo, además de los camarines y salas de ensayo, se encontraba el microcine Petit Opera; para funciones privadas o para estudios internos de proyección de películas, además de realizarse reuniones culturales y donde se exhibían hermosas pinturas murales obras de Clemente Lococo;hijo-, que es un pintor destacado.
La pinacoteca del Ópera cuenta con varias telas pintadas por este artista, que constituyen un testimonio de algunos espectáculos que han desfilado por ese escenario. La pantalla para proyecciones cinematográficas, era magna;, en los comienzos medía 50 metros cuadrados, pero cuando comenzó el Cinema-Scope se le dieron 112 metros cuadrados de superficie de proyección, es decir, casi el triple. La pantalla era de material plástico y sus costuras invisibles estaban soldadas electrónicamente. El sonido, estereofónico. Por consiguiente todo el equipo y el sistema de proyección era modernísimo. El edificio estaba dotado de calefacción y de refrigeración y como comodidades para el público figuraban la instalación de teléfonos públicos (una novedad para el momento);agua helada y filtrada en surtidores provistos de vasos higiénicos, y una nursery en el subsuelo donde los asistentes podían dejar sus hijos durante la función.
En el foyer del primer piso se dispuso un bar y se destinó el lugar para pinacoteca donde se mostraban obras tanto de la colección de la empresa como de artistas invitados. Un dato a tener en cuenta es que en 1937 Clemente Lococo había formado la productora E.F.A. y de ese sello se estrenó en el Cine Teatro Ópera:;Mi suegra es una fiera; que dirigió Luis Bayón Herrera. Las primeras exhibiciones cinematográficas en la Argentina se dieron en recintos sin pretensiones arquitectónicas.
Pero en la década del ´20, con progresos en técnicas de proyección y gradual aceptación del espectáculo, comenzó la construcción de salas que seguían los modelos arquitectónicos de los teatros de los cines de Estados Unidos o Europa. Se puso cuidado en el diseño de la fachada con marquesina publicitaria, en la ornamentación del foyer y se dividió el interior de la sala con dos o tres bandejas de localidades. Sin ser el único estilo, las variaciones formales del Art Decó;de moda por entonces- influyeron notablemente en las propuestas (tales los cines Monumental o Broadway).
El Opera es tal vez el último gran ejemplo que acusa ese criterio decorativista adecuado para dar idea de suntuosidad y magnificencia. Un año después, en la misma avenida Corrientes pero en la acera opuesta, el Gran Rex sentará los principios de la nueva arquitectura para cines con predominio de los muros despojados, las superficies vidriadas, los mármoles de un único color y los bronces lisos. En cambio, el Opera se destaca por sus disposiciones ornamentales conformando dibujos geométricos en los revestimientos de mármol de varios colores en pisos y muros y en las barandas de bronce. Y también en el volumen escalonado que constituye su frente y en la gran marquesina de acceso.
El interior de la sala asume características únicas dentro de la ciudad al conformar una escenografía que traslada el espectáculo del escenario a un sitio a cielo abierto. Las paredes laterales presentan una arquitectura callejera con ventanas, balcones y miradores que se enfatizan con toques de luz difusa; en el techo las decoraciones habituales por entonces fueron suplantadas por otra simulación: la de un firmamento estrellado donde parpadean luces y se vislumbra el paso de las nubes. El espectáculo no está así sólo en la pantalla. Parte de esa decoración es del español José María Sert, artista catalán que decoró la Catedral de Vich hasta el Centro Rockefeller. A lo largo de más de cincuenta años de vida desfilaron por este edificio las figuras más importantes de diversos géneros teatrales, desde Josephine Baker a Edith Piaf y Marlene Dietrich, desde Ella Fitzgerald a Louis Amstrong. Estuvieron los conjuntos más renombrados y allí bailaron Tamara Toumanova y Dore Hayer y se presentaron los integrantes del ballets Etoiles de Paris, Ballet Theatre de Nueva York o del Teatro Bolshoi de Moscú, actuaron Ava Gadner, el Folies Berge; y el Lido de París. Se estrenaron en el país las producciones cinematográficas más famosas y se encontró presente el cine nacional en una instancia en que este dominaba el mercado de habla hispana y constituía parte principal de las actividades recreativas del gran público argentino. En 1999 el Ópera fue adquirido por la firma CIE;R & P S.A. para ser transformado en el primer escenario local apto para albergar a las grandes producciones de Broadway.
El proyecto del estudio Gloria Roberts; Ricardo Gilardi modificó solo lo indispensable y desarrolló una prolija modernización con el criterio de puesta en valor del teatro. El frustrado intento de comprar el terreno lindante con la medianera posterior impidió la necesaria ampliación de la caja escénica, la sala, de 2500 localidades fue reducida a 1852; el avance del nuevo proscenio fue aprovechado para acentuar las pendientes y el pullman, además de disponer los asientos de modo de asegurar una perfecta visión desde cualquier ubicación. El musical La Bella y La Bestia;, la obra de Disney, reinauguró el teatro. Como las grandes salas de Broadway, el recuperado Opera muestra su impecable arquitectura art Decó en todo su esplendor. Desde la monumental fachada con su marquesina de cuatro círculos hasta el foyer de triple altura y las escaleras de mármoles belgas y africanos, cada elemento fue destacado con nueva iluminación. Los vitrales y espejos vuelven a lucir y se recuperó la sala del Petit Opera en el subsuelo. La idea de instalar en Buenos Aires una cartelera de producciones de nivel internacional enriquecerá sin dudas un fenómeno tradicional en la ciudad, que desde siempre ofrece su rico panorama cultural. Y no es casual que la sala elegida haya sido el Opera, un hito que conforma con el Gran Rex un conjunto urbano único en el marco de la mítica calle Corrientes.
Fuente: http://www.acceder.buenosaires.gov.ar/879831
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
Teatro Ópera. Una ley lo protege.
Teatro Opera: una ley protege al edificio y su histórico nombre
La norma impide alterar la fachada, el hall y la sala principal, entre otros espacios.
La Legislatura porteña ayer aprobó en segunda lectura una ley que cataloga con nivel de protección estructural al Teatro Ópera, lo declara monumento y preserva su nombre histórico. La norma alcanza no sólo a la fachada, sino al hall y a la sala principal del teatro, entre otros espacios.
El proyecto (…) ayer recibió su sanción definitiva. El teatro ahora cuenta con protección estructural, que resguarda al edificio, su hall, la sala principal, la sala denominada “Petit Ópera”, los sanitarios públicos y todos los revestimientos y ornamentaciones interiores, luminarias, herrerías y carpinterías originales. A partir de esta ley, no podrán modificarlos ni demolerlos. Sin embargo, este nivel de protección no resguarda el rubro de la actividad del edificio.
Además, la ley declara al teatro monumento y preserva su denominación histórica. En 2010 se generó una gran polémica cuando retiraron el tradicional letrero de “Ópera” y lo rebautizaron como “Teatro Citi”. Hasta que, debido a las críticas, le repusieron el nombre y quedó como “Opera Citi”.
(…) El teatro, ubicado en avenida Corrientes 860, fue proyectado por el arquitecto belga Albert Bourdon e inaugurado el 7 de agosto de 1936. Lo construyeron en tan solo nueve meses, en el mismo lugar que, desde 1872, había ocupado el “Teatro de la Ópera”. Cuenta con 2.500 localidades y entre sus valores arquitectónicos se encuentra el hall principal, revestido con mármoles de colores. También el techo de la sala principal, que simula una gran vía láctea
Fuente: http://www.clarin.com. 27 de abril de 2012. Fragmento del texto de Nora Sánchez
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
Las Calles. (Jorge Luis Borges)
Las calles de Buenos Aires
ya son mi entraña.
No las ávidas calles,
incómodas de turba y ajetreo,
sino las calles desganadas del barrio,
casi invisibles de habituales,
enternecidas de penumbra y de ocaso
y aquellas más afuera
ajenas de árboles piadosos
donde austeras casitas apenas se aventuran,
abrumadas por inmortales distancias,
a perderse en la honda visión
de cielo y llanura.
Son para el solitario una promesa
porque millares de almas singulares las pueblan,
únicas ante Dios y en el tiempo
y sin duda preciosas.
Hacia el Oeste, el Norte y el Sur
se han desplegado -y son también la patria- las calles;
ojalá en los versos que trazo
estén esas banderas.
En “Fervor de Buenos Aires”. Jorge Luis Borges (1923)
Imagen: http://www.flickr.com
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
Versos a la tristeza de Buenos Aires
Tristes calles derechas, agrisadas e iguales
por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
me apagaron los tibios sueños primaverales.
Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
en el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
–¡Alfonsina! — No llames, ya no respondo a nada.
Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
viendo en días de otoño tu cielo prisionero,
no me será sorpresa la lápida pesada.
Que entre tus calles rectas, untadas de su río
apagado, brumoso, desolante y sombrío,
cuando vagué por ellas, y estaba yo enterrada.
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
De la Feria al Museo
El jueves 3 de mayo se inauguró la exposición De la Feria al Museo, organizada por el Museo de Arte Popular José Hernández con la participación de los artesanos de la Feria del Patio del Cabildo. Es la tercera oportunidad en que los artesanos de esta feria realizan una exposición en el Museo, marcando en el año 2000 un hito en la creación del Programa de Artesanías Urbanas. La muestra podrá visitarse de miércoles a viernes de 13:00 a 19:00 horas. Sábados, domingos y feriados de 10:00 a 20:00 horas hasta el 3 de junio.
Av. del Libertador 2373 - CP 1425 - Ciudad de Buenos Aires – Argentina
Fuente: http://museohernandez.org.ar
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Los armenios en Buenos Aires
(…) Los visitantes extranjeros que llegaban a Buenos Aires para la celebración del primer centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, se sorprendían ante la imagen de esta gran metrópolis, de espaldas al estuario del Río de la Plata. La prosperidad creciente y los rasgos cosmopolitas hacían de Buenos Aires una ciudad atractiva a los visitantes. Opuesta a esta imagen de esplendor del centro de la ciudad se perfilaba hacia el sur el barrio de Avellaneda, sede de las industrias de tratamiento de productos agrícolas para la exportación. Pescadores italianos se instalaron en La Boca del Riachuelo, barrio cercano al sector donde se concentraba una gran parte de la industria naciente: hornos de ladrillo, establecimientos frigoríficos, curtiembres y lavaderos de lana.
La ciudad de Buenos Aires ofrecía al inmigrante diversas posibilidades de alojamiento. Algunos armenios se instalaron en habitaciones alquiladas en el barrio de Palermo que, luego de la construcción de la Iglesia Apostólica, los clubes y las sociedades regionales, se transformó en el corazón de la vida comunitaria armenia. Otros se establecieron en los barrios de La Boca, Barracas o Constitución, próximos a sus parientes o amigos, o bien cerca de sus trabajos. Gracias a la disponibilidad de terrenos a precios accesibles en el perímetro de la capital, algunos se convirtieron luego en propietarios de pequeñas parcelas o de una casa. “Construir la casa propia” pasó a ser casi una obsesión para las familias armenias.
La mayor parte de los adquirentes armenios se concentraron en barrios alejados del centro neurálgico de la vida comunitaria; pocos pudieron comprar su casa en el barrio de Palermo, donde se instalaron los recién llegados en habitaciones alquiladas, atraídos por los compatriotas que los habían precedido.El hecho de que en esta primera etapa (hasta 1930) la mayoría de las personas comprara parcelas las de terreno a plazos por medio de hipotecas ilustra que no era fácil entonces acceder a la propiedad de la tierra, particularmente en algunas zonas de la Capital Federal. Es el caso de Palermo donde se encuentra la mayor concentración de residentes pero no de propietarios. En cambio, en Liniers, Vélez Sársfield, Nueva Pompeya y Flores Sur había terrenos disponibles a precios accesibles, con facilidades de pago.
Otro grupo numéricamente importante se estableció en los conventillos de la Boca, Barracas o Constitución. Algunos hallaron trabajo en los frigoríficos La Negra y La Blanca o en los armadores de coches de Chevrolet, en Avellaneda. Luego algunos se pusieron por cuenta propia como sastres, zapateros, etc. Adquirieron lotes en la zona conocida como Flores Sur donde también se creó la iglesia (Santa Cruz) y el colegio Arzruní.
En síntesis, entre los armenios como en el de la mayoría de los inmigrantes, el lugar de residencia era frecuentemente definido por la disponibilidad que ofrecía el mercado inmobiliario así como por la localización de las redes de parientes y amigos.
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Los primeros Plateros de Buenos Aires
Artesanía de los metales *
Por su abundancia y por sus prodigiosos trabajos salidos de
las manos de los artífices prehispánicos, el oro y la plata desbordaron en América el plano de la realidad, para entrar en el mundo de la fantasía. Los maestros españoles y portugueses al afincarse en el nuevo continente cambiaron sustancial mente las formas y el sentido de las obras producidas y respecto de las más importantes de sus manifestaciones, la platería, establecieron las bases de lo que luego sería la platería criolla que, según las regiones, adquirieron estilos muy diversos y característicos. En el área rioplatense florecieron múltiples muestras de esta artesanía, tanto destina das a la liturgia, como al ajuar doméstico, y, especialmente, al apero del gaucho, donde alcanzaron su máxima originalidad: portezuela, copas y barbada de los llamados “frenos de candado”, cabezadas y riendas de pura chapa de plata cincelada, cadenitas de plata intercaladas con lonjas de cueros, facones, rastras con monedas, chapas de plata, oro y cadenas, hebillas haciendo juego, cuchillos con vaina, empuñadura y puntera de plata, muchas veces con incrustaciones de oro, y hasta maneas de plata pura, estribos de plata potosina, son algunas de las muestras deesa riqueza pasada pero aún hoy revitalizable en algunas zonas del país.
Dentro de las artesanías de los metales es importante también las del hierro, que han dejado en todo el territorio nacional preciosas rejas, veletas, cerrojos, llaves, bocallaves y elementos para el apero, como frenos, estribos y otros arreos (1).
“Los artesanos de la platería bajaron desde el Perú y se fueron instalando en las poblaciones que conducían a la Gobernación del Tucumán. La fructífera corriente se proyectó hasta recién abiertas las puertas del puerto de Buenos Aires y a todo ellitoral de los grandes ríos” (2).
Para Márquez Miranda y Torre Revello el dato más antiguo sobre la platería en el Río dela Plata corresponde a 1572, año en que llegaron los plateros Francisco Ruiz y Francisco Carrasco, pero sabemos que con Pedro de Mendoza, en 1536, llegó a nuestras playas el platero Juan Velázquez natural de Utrera, y se sabe que, en 1553 envió metales extraídos deI bituruzá, y muchos años antes había sido testigo en la información de los cambios de escudos en los barcos de Alvar Núñez Cabeza de Vaca y como pintor fue nombrado perito para copiar las armas que puso el Adelantado. Inmediatamente después aparece Juan López, que en 1567 ensayó las piedras del Guayrá; más tarde, en la armada deJuan Ortíz de Zarate se registran tres plateros: Francisco Ruiz, Francisco Carrasco y Melchor Alfonso.
“El dato más antiguo con relación a plateros de Buenos Aires (fundada en junio de1580), corresponde a uno de 1615, llamado Melchor Migues, pero ya en 1606 estaba radicado Francisco López “platero”, quizás el primero en la ciudad, nos acota elP. Furlong S. J.
Coincide en el dato, el Dr. Vicente Sierra, quien dice que el honor de ser el primer platero de Buenos Aires parece corresponder a un tal Francisco López y más tarde aparecen Melchor Miguens, Miguel Pérez y los portugueses Bernardo Pereyra y Francisco de Acosta (3).
Termina Torre Revello su magnífica monografía sobre plateros rioplatenses, recordando los méritos de tres de ellos: Juan Antonio Callejas y Sandoval, Manuel Pablo Núñez de Ibarra y José Boqui, maestros destacados de quienes se conservan piezas tales como una custodia que hizo Boqui para el convento de Santo Domingo, en la ciudad de Buenos Aires.
Los plateros de Buenos Aires, reunidos en gremio, eligieron por Patrono a San Eloy y en 1788 elentonces Intendente General de Real Hacienda, Francisco de Paula Sanz, promulgó un bando por el quereglamentaba la organización del “gremio”. Para ingresar a él debía reunir examen de competencia que consistía en realizar un trabajo sin la ayuda de nadie ni consejo de otra persona y luego era “sometido a severo examen general”. Si era aceptada la labor se le extendía la correspondiente carta de aprobación con derecho a establecer tienda u obrador para trabajar para el público.
Hay que señalar lo que dice un afamado platero de Buenos Aires, Juan Antonio Calleja y Sandoval, que eran no pocos los plateros clandestinos y éstos no ponían marca en las obras que hacían y vendían y hasta se valían de materiales de baja ley (4).
(…)
Notas:
3) * J. Catalina Pistone. Estudio Histórico de lasArtesanías en Santa Fe, Colmegna. Santa Fe (1988) p. 45.
4) Guillermo Furlong S. J. Historia social y cultural del Río dela Plata 1536/1810. El trasplante cultural Arte-Tea. Tip. edit. Argentina. Buenos Aires, 1969 p. 589.
* En “Las artesanías y los artesanos del Río de la Plata”. J. Catalina Pistone (http://www.cehsf.ceride.gov.ar)
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
Borges y Buenos Aires
-¿Siempre te importa mucho volver a Buenos Aires?
Sí, me importa mucho volver, y aun en algún viaje último, en que yo sabía que no volvía a algo especialmente grato, que volvía a una rutina no demasiado deliciosa. Pero siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso. Cuando yo he estado fuera del país, por ejemplo en los Estados Unidos, y alguien dijo de visitar América del Sur, le he incitado a conocer Colombia, por ejemplo, o le recomiendo Montevideo. Buenos Aires, no. Es una ciudad demasiado gris, demasiado grande, triste les digo, pero eso lo hago porque me parece que los otros no tienen derecho de que les guste. Además, generalmente lo que les agrada a los extranjeros es lo que nunca le importa a uno. La idea de encantarse con el estanque de Palermo, con el Obelisco o con la calle Florida es bastante triste. El hecho de extasiarse ante el rascacielos de Cavanagh es una cosa de locos. O con lugares del sur de la ciudad, que son totalmente apócrifos. Un porteño siente que los han edificado la semana que viene, digamos.
[...]
una persona me preguntó: “Si usted no hubiera nacido aquí, ¿dónde le hubiera gustado nacer?””En la calle Tucumán y Suipacha, en Buenos Aires”.
Se lo dije porque la pregunta fue hecha con mala intención. Ella quería que yo quedara como un traidor y dijera: “Hubiera querido nacer en Escocia o en Noruega”. O mejor todavia: “En Texas”. Pues no: yo hubiera querido nacer en Buenos Aires; lo siento mucho.
Me he acostumbrado a ser el que soy. Si hubiera nacido en cualquier parte… En Yorkshire un lugar más lindo que éste, no sería yo el que hubiera nacido alli, sino otra persona…
Fragmentos extraídos del libro “Borges,sus días y su tiempo” de María E.Vázquez. ©1984 Javier Vergara Editor
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
Murió Caloi. Extraordinario humorista, creador de Clemente.
El dibujante y humorista gráfico Carlos Loiseau, más conocido como Caloi -creador de entrañables personajes como Clemente y la Mulatona-, falleció esta mañana a los 63 años en el Instituto del Diagnóstico donde permanecía internado como consecuencia de una grave enfermedad.
Creador y conductor del ciclo de televisión “Caloi en su tinta” -programa dedicado a la divulgación de cortometrajes artísticos de animación e historietas-, el jueves pasado había estrenado el largometraje de animación “Anima Buenos Aires”.
Recordado por su legendario personaje “Clemente”, que creó en la década del 70, ingresó al listado de los humoristas gráficos más conocidos del país.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com
Iglesia San Nicolas de Bari (Buenos Aires)
Iglesia San Nicolás de Bari. Demolida en la década del `30, estaba ubicada en Avenida Corrientes y Carlos Pellegrini, en el lugar donde hoy se encuentra el Obelisco.
Fuente: http://www.flickr.com
“Estampas de Buenos Aires”. Blog de Carlos Szwarcer. Monografías.com








