Estampas de Buenos Aires

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Festival de Tango. Parejas ganadoras para competir en Tango BA 2016

Por Carlos Szwarcer

Recientemente finalizó -en La Usina del Arte- la competencia que desde el 4 de mayo recorrió una milonga diferente del circuito porteño buscando a las parejas que representarán a Buenos Aires en el Festival de Tango de agosto. Todos los días hubo competencias en milongas de los barrios de San Cristóbal, Flores, Palermo, La Paternal, Boedo, Chacarita y Constitución.

Silvana Prieto-Matías Batista triunfaron en la categoría “Tango de Pista” Adulto, mientras que Sandra Curiel-Horacio Azpiroz ganaron en “Tango de Pista” Senior. Además de la gloria del triunfo, ambas parejas obtuvieron un premio de 30 mil pesos y el pase directo a la final del Mundial de la categoría.

Por su parte, Yasmina Mamana-Ariel Taritolay fueron consagrados campeones en “Milonga”, y Dana Zampieri-Lucas Gauto triunfaron en “Vals” y “Milongueros del mundo” (por este último logro, obtuvieron además el pasaje a semifinal en el Mundial).

Los ganadores serán los representantes de Buenos Aires en Tango BA Festival y Mundial, uno de los eventos más importantes y convocantes del calendario cultural de la Ciudad, que se celebrará del 18 al 31 de agosto
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El Trabajo y los días. Escenas de la vida cotidiana. Exposición en Legislatura porteña

Por Carlos Szwarcer

Exposición: El Trabajo y los días

El Museo y Sala de Exposiciones Manuel Belgrano de la Legislatura porteña presenta la muestra “EL TRABAJO Y LOS DÍAS, escenas de la vida cotidiana” del artista Fernando Katz. La inauguración se realizará el viernes 20 de mayo a las 19.00, en Perú 160, subsuelo del Palacio Legislativo. La muestra podrá visitarse hasta el 3 de junio de lunes a viernes de 13 a 19 horas. Entrada libre y gratuita.

EL TRABAJO Y LOS DÍAS
escenas de la vida cotidiana

Fernando Katz

“Óleos, dibujos y esculturas de la vida urbana cotidiana.
En el arte del siglo XIX podemos ver rupturas como el cambio de modelos y temas, por ejemplo la gente del pueblo fue retratada como héroes.

Hoy Fernando Katz vuelve a mirar a la gente que trabaja; a ver a los transeúntes de las veredas y a quienes vemos desde la ventana y no conocemos.

El Realismo persigue  dar una representación verdadera, objetiva e imparcial del mundo real; basado en una meticulosa observación de la vida contemporánea.

En la muestra que nos brinda este artista podemos verlo y sentirlo encuadrado por la mirada del siglo XX.

Curaduría: Claudia Camps.” ( http://www.legislatura.gov.ar/noti_ver.php?ver=5461)

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La Botica del Ángel y Eduardo Bergara Leumann.

Por Carlos Szwarcer


“La Botica del Ángel” es un collage escenográfico creado por Eduardo Bergara Leumann en el museo que fue su casa, donde sorprenden obras de arte de muchos artistas plásticos: Raúl Soldi, Antonio Berni, Luis Felipe Noé, Marta Minujin, Guillermo Roux, Juan Carlos Castagnino, Carlos Gorriarena, Josefina Robirosa, Héctor Borla, Juan Carlos Benitez, Eduardo Pla, Raúl Lozza; manuscritos de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Manuel Mujica Lainez. Recuerdos de actores y cantantes, algunos de los cuales debutaron en La Botica como Susana Rinaldi, Marikena Monti, Nacha Guevara, Leonardo Favio, entre otros.

Frente de La Botica del Ángel

En el recorrido por el lugar se encuentran homenajes a compositores de tango y folklore como Astor Piazzolla, Mariano Mores, Homero Expósito, Mercedes Sosa, Ariel Ramírez, María Elena Walsh, entre otros, y también se pueden apreciar las instalaciones armadas con fotografías y objetos históricos de un Buenos Aires que se fue perdiendo.

Eduardo Bergara Leumann legó el Museo a la Universidad del Salvador. En cuanto a la herencia del artista, cabe mencionar que fue motivo de algunas fricciones.  Falleció el día de su cumpleaños, a los 76 años, el 5 de septiembre del 2008,  en su casa, la famosa Botica del Angel, ubicada en Luis Saenz Peña 541, ciudad de Buenos Aires. El multifacético actor, escenógrafo, dibujante, padecía una cardiopatía congénita.

Historia de “La Botica :

Bergara Leumann comenzó trabajando como vestuarista en Canal 13 y después amplió sus rumbos hacia otras disciplinas. Durante más de cincuenta años, que se desenvolvió en el cine, en el teatro y en la televisión, se supo codear con la aristocracia cultural y con la bohemia tanguera a través de su exitoso programa de televisión “La botica del tango”. Como actor participó en películas como El extraño del pelo largo (1970), Che, OVNI (1968), Cómo seducir a una mujer (1967), Primero yo (1964), Delito (1962), El negoción (1959), entre otras.

Eduardo Bergara Leumann

El 8 de diciembre de 1966 se crea la primera Botica del Ángel. Eduardo Bergara Leumann cuenta: “quise armar una sastrería teatral modelo, porque soñaba con vestir, dar color, armonía, engarzar, mejorar y adornar lo de adentro de cada personaje con un buen traje. Fue en la calle Lima 670; allí estaba aquella primera Botica del Ángel, que la Avenida 9 de Julio se llevó en nombre del progreso. Pero como eran buenos los cimientos, fue posible que volaran los ángeles y volara el talento de quienes pasaron por ella y encontraron su camino de estrellas;  y yo aterricé en esta Iglesia angelical con todos mis recuerdos.

¿Por qué Botica? Porque había de todo como en botica. Del ángel, por María Casares. “Eduardo, dos en uno, eres un Ángel”, me decía y yo me lo creí. Ángel y duende se necesitan para ser del mundo mágico del espectáculo. La Botica convocó a pintores, escritores, músicos y actores para su difusión popular. En ella colaboraron Vicky Linares, Eduardo Cassará y debutaron y actuaron entre otros, Nacha Guevara, Susana Rinaldi, Marikena Monti, Haydeé Padilla. Yo nunca me creí maestro, pero tuve discípulos sin darme cuenta ni proponérmelo.

En la Botica jamás pregunté de qué línea política era cada uno de los que debutaban, ni tuve que pedir permiso para hacer lo que creía que debía hacerse o decirse. ¡Me salvé de la autocensura! No dudo que la mayor felicidad es ganarse la vida haciendo lo que a uno le gusta. Soy un trabajador privilegiado.

Más tarde volé a la calle Luis Sáenz Peña 541, compré una mezcla rara de elefante blanco y extemplo y lo convertí en un collage de un Buenos Aires que se perdía. Por la Botica de Luis Sáenz Peña pasaron Luisa Vehil, Mecha Ortiz, Tania, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Mariano Mores, Ariel Ramírez, debutaron Opus 4, Valeria Lynch, Víctor Heredia y el siempre presente Leonardo Favio.

Origen del Museo:

Hasta que cerré sus puertas y me fui con el ángel a otra parte, Europa, EE.UU. Veinte años después volví a la Botica; al ver mis recuerdos de 47 años de trabajo decidí que sería oportuno convertirlo en un museo vivo y divertido. Siempre supe que sólo uno se lleva lo que deja a los demás y solo muere lo que no se recuerda. Así el 5 de mayo de 1997 recuperé la Botica con mis ángeles. Para que en ella siga el tango, el folklore y de todo, como en Botica. Porque todo Ángel que practica va a parar a la Botica, y no hay ángel que por bien no venga”.

Uno de los sectores de LA BOTICA DEL ÁNGEL. Escenario de los ángeles, homenaje a la Asociación Argentina de actores

El Museo Botica del Ángel fue declarado de Interés Cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Legislatura Porteña, de Interés Turístico por la Secretaría de Turismo de la Nación y declarado Testimonio Vivo de la Memoria Ciudadana por el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Secretaría de Cultura, la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y la Dirección General de Museos. Declarada Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Exposición de artistas plásticos argentinos solo en los sectores “La Nave” y “Pasillo Di Tella”.

Martes a viernes, de 10:00 a 17:00 hs

Entrada libre y gratuita.

Visitas guiadas, a partir de marzo.

Duración: dos horas.

Reservas al: 0800 333 8725

Por informes para el bono contribución, descuentos a jubilados y estudiantes y visitas especiales para grupos, comunicarse al: 4384 9396, de 10:00 a 17:00 hs


Informes y reservas: Luis Saenz Peña 543, CABA (entre Venezuela y México).

0800-333-8725, de 09:00 a 18:00 (información para realizar visitas guiadas o presenciar espectáculos).

Correo electrónico: botica@usal.edu.arl

Fuente:

Pagina web: http://boticadelangel.usal.edu.ar

Diario La Nación (5-09-2008)

http://www.cinenacional.com/

http://www.pagina12.com.ar/  (6 de marzo de 2005)

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Buenos Aires Celebra al País Vasco

Por Carlos Szwarcer

Este domingo 8 de mayo, la colectividad vasca tendrá su gran fiesta. Habrá música, gastronomía y más de 50 stands donde se ofrecerán productos como joyería, motivos tradicionales en tela, bijouterie, losa y alpargatas junto con información sobre turismo y otras actividades.

Este evento contará con dos escenarios, el principal, que se ubicará sobre calle Bolívar y otro ubicado entre las calles Perú y Chacabuco. Allí tendrán lugar los bailes tradicionales ejecutados por 16 grupos de danza, algunos locales como Euskaltzaleak, EuskalEchea, Eusketxe y LaurakBat, y otros llegados desde Arrecifes, Cañuelas, Chacabuco, Chascomús, Chivilcoy, José C. Paz, La Plata, Lomas de Zamora, Mar del Plata, Pergamino y Rosario.

También habrá espectáculos musicales a cargo de diversos grupos como el Coro LagunOnak y el grupo Ixilikque interpretará los sonidos de los instrumentos tradicionales como la alboka, el txistu y la trikitixa.

Además de las actividades en el escenario, el público podrá ver de cerca toda la propuesta cultural del País Vasco a través de los más de 50 gacebos donde se ofrecerán productos como joyería, motivos tradicionales en tela, bijouterie, losa y alpargatas junto con información sobre turismo y otras actividades.

Entrada libre y gratuita

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“Silencio Hospital”. Historia del famoso cartel

Por Carlos Szwarcer

Juan Craichik, ideólogo del proyecto que difundió la legendaria imagen conocida como “Silencio hospitalario”,  fue el Jefe de visitadores médicos de la empresa “Taranto”, que fabricaba instrumental médico y productos medicinales. La oportuna idea de ubicar en los hospitales la fotografía de una enfermera con un gesto típico de silencio, se le ocurrió cuando visitaba un hospital de Rosario, en 1953, y en la sala de espera - atestada de gente - una enfermera, de tanto en tanto, se veía obligada a pedir silencio. Craichik logró interesar a los directivos de su empresa que inmediatamente convocaron a varias modelos profesionales.

Juan Craichik.

Así fue que se eligió para figura del cartel a la argentina Muriel Mercedes Wabney: tenía un rostro distinto, suave, armonioso y de mirada dulce. Esa famosa fotografia fue utilizada como un obsequio para hospitales, maternidades y salas de espera.

Muriel Mercedes Wabney

La bella Muriel, que había iniciado su carrera como modelo en 1947,  tenía contrato de exclusividad para presentar las colecciones de la muy conocida “Tienda Harrod’s”, fue  también modelo exclusiva de la empresa “Ducilo” y, años más tarde, trabajó para el modisto Jean Cartier. Pero la labor que logró mayor popuaridad - y que trascendió el tiempo- fue su imagen del “silencio hospitalario”.

Fuente:

http://eltoqueguardiola.blogspot.com.ar

http://blogopinar.blogspot.com.ar

Diarios Clarín y La Nación.

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Dengue y Tango

Por Carlos Szwarcer


Entre las varias epidemias de DENGUE se recuerdan las de 1905 (en Chaco), en 1911 (Corrientes) y en 1916 (Entre Ríos). Con el tango, no faltaron poetas inspirados que tomaron nota y dejaron tres piezas que ilustran los pesares que causó el mosquito: El Dengue (de Gerardo Metallo, 1916), ¡El dengue! (tango milonga de Miguel F. Alfieri, 1917) y El dengue (de Arnoldo Yódice y Vicente Demarco, 1921).

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Múltiple Buenos Aires - retrato poético (Alejandro Michelena)

Imagen: Una toma de Avenida de Mayo al atardecer que sintetiza un paisaje esencial de Buenos Aires, donde no faltan el Palacio Barolo, el edificio La Inmobiliaria y la cúpula del Congreso más lejana. Todo a través del encuadre certero y la sensible fotopintura de Nilda Torija

Esbozado en viaje hacia Colonia del Sacramento, en medio de la noche del Río de la Plata


Te dejo Buenos Aires

agónica de nieblas.

En tus calles pobladas

la cerrazón avanza,

la pálida garúa

persiste

interminable.

El Palacio Barolo

con su faro impreciso

–¿qué tachero poeta

en plena madrugada

se detendrá a mirarlo?–,

y en el Café Tortoni

fantasmales tertulias

mantienen un eterno

coloquio sin palabras.

Bajo tierra,

en las sombras

el subte que va a Primera Junta

se desliza vital y trepidante,

y sale

y entra gente

por esas escaleras que se asoman

al revés de la trama

de lo urbano

(como en aquel poema

de Baldomero,

o en el del viejo Ezra

referido a otro metro

el de París).

Húmeda Buenos Aires,

de incesantes sonidos

de conflictos sin tregua

de basura creciente.

Soledades te pueblan,

tus fachadas esconden

tragedias, alegrías,

blasfemias, santidades,

anonimatos entre la multitud

(irremediables).

En medio de tu caos

de tu hostil apariencia,

albergas sin embargo

remansos de belleza:

el Pasaje Bollini

su empedrado de sueños

(los malevos que fueron,

los de Borges que siguen);

el perfecto erotismo de esa fuente

allá en la costanera

nacida de las manos prodigiosas

de Lola Mora;

la elegante cortada Rivarola

un rincón de Paris

(también porteño);

el Parque Lezama melancólico

con fantasmas de Sábato;

cafés intemporales

nimbados de armonía

estéticos y cálidos,

solemnes confiterías

elegantes

decadentes

que laten en la dimensión

de lo eterno.

Vigías imperturbables

de la trama más secreta

de esa multiplicidad que llamamos

Buenos Aires.

Ciudad lunar

oscura

misteriosa

insondable.

Seguir tu laberinto

iniciarse en tu aleph,

incluye también

—inevitablemente—

atreverse

al descenso a los infiernos.

(Alejandro Michelena)

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Nota: Este poema ahora forma parte del libro OTROS RITUALES, que acaba de aparecer con el sello de Civiles Iletrados.

Ver más sobre el autor: http://blogs.monografias.com/estampas-de-buenos-aires/category/colaboradores/

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José Ortega y Gasset. El pensador español que quería ser argentino

Por Carlos Szwarcer

El pensador español que quería ser argentino

Ortega conoció a la Argentina en época de crisis. Su mandato “¡argentinos, a las cosas!” surgió de una relación íntima con el país, incluidas sus mujeres, y de una añoranza de “vida criolla”. Ese mandato suponía un diagnóstico que aún tiene vigencia: el fondo de descontento y tristeza de los argentinos, su sensación de ambiciones frustradas por anticipado, la búsqueda de modelos antes que de soluciones propias, les impedía usar a fondo su excepcional capacidad.

En 1939 José Ortega y Gasset nos decía desde una conferencia en La Plata: “¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”. Ortega le hablaba a un pueblo joven haciéndose nación en tiempos de crisis internacional, después de una depresión financiera, saliendo de la guerra civil española y entrando a la segunda guerra mundial. En este contexto convulsionado y a pesar de que como extranjero vivía un exilio ambulante, llegó a Buenos Aires sintiendo que esta ciudad porteña a la que había visitado en tres viajes, el de 1916, 1928 y 1939-42, le refrescaba y regalaba primaveras, podando sus decrepitudes de europeo. La ciudad le instauraba en una nueva vida a pesar de que el aire de Buenos Aires olía mal a causa de la nafta y de que tenía muchos aspectos broncos y ásperos en su entretejido social de vida adolescente.

Un aspecto que resaltó Ortega del argentino y del sudamericano en general era el fondo de descontento y tristeza, de “extraña insatisfacción” que acarreaba desde su emancipación. Su existir era un puro afán que se consumía en sí mismo sin llegar a su logro. El argentino sobre todo, no paraba de hacer cosas y a la par dejaba la impresión de vivir una vida con pobre programa. Sin embargo como visitante, siempre que llegaba por el puerto del Río de la Plata soñaba con haber vivido una posible vida criolla, empapándose de ese sabor que escondía la vida americana que en su persona dejo resonancias profundas. Su encuentro amoroso con Victoria Ocampo en 1916, su sólida amistad en los años 20 con Elena Sansinena de Elizalde, presidenta de Amigos del Arte, y otras relaciones con mujeres porteñas, tuvieron mucho que ver con esta añoranza de una posible vida criolla no vivida. Decía en 1929 que la sentía como un muñón y que a la hora de escribir sus memorias los argentinos y argentinas estarían muy cerca de su vida afectiva y efectiva otorgándole gran importancia a esa parte de su existencia criolla imaginaria, “desnucadas antes de nacer”. Por este mismo vínculo sentimental, al aplicar su bisturí crítico al modo de vivir de los argentinos, aseguraba que sus palabras taxativas no eran mera frivolidad de discurso oficial, que su mensaje era una enorme deuda que tenía con un país que era parte sustancial de sí mismo. A los argentinos les debía emociones hondas, pensamientos, experiencias que llegaron a formar parte de su filosofía universal.

Para devolverle a la sociedad argentina el beneficio de esta intromisión intelectual y personal, Ortega arrimó resueltamente el hombro allí donde él veía que hacía falta, precisamente en su hacerse como nación. Sin desconocer la gran vitalidad histórica de su gente, sin negar sus resortes magníficos y potencialidad para ser una gran nación, en medio de una gran perfomance económica encontraba a los argentinos desmoralizados. La Pampa tan generosa seguía prometiendo. En 1929, en plena crisis europea, este enorme horizonte hacía ademanes de abundancia y concesión. Describía las ruedas de los molinos mecánicos que se alzan en la pampa como auténticas ruedas de la fortuna. Pero cuando las promesas no se cumplían la derrota era atroz. Se asistía entonces a una fractura del sueño promisorio en el que, al no realizarse, los argentinos quedaban atónitos, como perdidos en un vacío. Sentían melancólicamente el hueco de su propia vida evaporándose con sus fortunas y prestigios nacionales o particulares.

Advertía Ortega en el 29 que se hablaba mucho de la Argentina; demasiado en proporción a lo que realmente era el país. Esta sociedad sudamericana hacía mucho ruido en el mundo y se hablaba casi siempre mal del argentino como símbolo de humanidad deficiente. Ortega no compartía esta visión negativa, lo cual no le impedía hurgar en los síntomas graves de sus recurrentes crisis políticas y sociales. Encontraba que la mera fuerza mecánica de su éxito económico no bastaba para explicar su existencia. Encontró en épocas de Yrigoyen un Estado sólido, rígido, con grave empaque, separado por completo de la espontaneidad social, vuelto frente al individuo con rebosante autoritarismo. Le hacía recordar al modelo estatal de Berlín. Tenía perfil jurídico pero ejercía el rol del gendarme de instituciones públicas y privadas. No le dio tanta importancia Ortega a las irregularidades administrativas, prefería destacar el alto módulo que tenía el Estado de sí mismo, lo que producía la utopía de un proyecto nacional incumplido proyectándose en una existencia “chabacana”.

Sospechaba Ortega que la causa mayor de su progreso dependía de la fertilidad de sus tierras y del factor económico ganadero. Esta eterna prosperidad agroganadera, anulaba otras germinaciones sociales produciendo broncas irracionales en un Estado convertido en máquina formidable. Las masas en tiempos de Yrigoyen estaban encantadas de ver a su Estado funcionando arrolladoramente, triturando toda voluntad indócil que se le enfrentara. Temía Ortega en tiempos de bolchevismo y fascismo europeo que este modelo de Estado autoritario argentino aplastara la espontaneidad social y creativa del ciudadano o de grupos particulares. Desconfiaba de la valoración “hipertrófica” del Estado que transitoriamente padecían las naciones europeas.

Sin embargo el gran peligro del sueño argentino pasaba por la creación de una ilusión óptica facilista que pintaba avenidas seductoras de inconmensurable prosperidad mientras el ciudadano medio parecía vivir encorsetado en una coraza, sin una realidad social congruente y sin continuidad en el sueño americano. Frente a las cosas, los argentinos fabricaban modelos excesivos que no servían para entenderse entre sí mismos. Vivían a la defensiva, inseguros, hablando por delante de las cosas, ocupados en defender su persona sin que nadie la atacara. Este vivir en estado de sitio cuando nadie asediaba, le resultaba a Ortega un instinto extraño. El argentino, afirmaba Ortega en su ensayo El hombre a la defensiva, ocupaba la mayor parte de su vida “en impedirse a sí mismo vivir con autenticidad”. Esa preocupación defensiva frenaba y paralizaba su ser espontáneo y dejaba sólo en pie su persona convencional inauténtica. A pesar de que al argentino le caracterizaba la audacia, la viveza criolla, este argentino no sentía su conciencia tranquila manifestándose detrás de una careta simuladora, siempre en peligro de verse desplazado por el apetito de los demás.

Este carácter defensivo Ortega lo atribuía en parte al efecto de la inmigración, a la que no pinta con el romanticismo usual del mito del crisol de razas. Para Ortega el fenómeno consistía de miles y miles de hombres nuevos llegando a la costa atlántica con un feroz apetito individual, carentes de toda interior disciplina, gente desencajada de sus sociedades nativas, un inmigrante abstracto, italiano, español o sirio que había reducido su personalidad a la exclusiva mira de hacer fortuna, dejando libre la audacia. Esta exageración del apetito económico a cualquier precio no sólo generaba abusos y corrupción, era también rasgo inevitable que sometía al ciudadano a la presión de otros apetitos en torno. Encuentra Ortega al argentino, antes de la gran depresión internacional, excesivamente preocupado porque no sabía vivir de sí mismo al fallar los apoyos y alianzas comerciales del exterior. Sacrificaba en pro de lo económico otros aspectos de la vida íntima del argentino, movilizándose en una sociedad con profesionales en alerta para no perder puestos de trabajo, sobre todo en entidades públicas de carácter rentista, poco eficientes y de espaldas al bien común. Le interesaba a este burócrata su puesto público para hacer fortuna y ascender en la jerarquía social, siendo los oficios “camisas de serpiente” que mudan, salvo que en Argentina no suelen ni siquiera ser de la serpiente que las viste.

Otro aspecto que indicó Ortega era la incapacidad del Estado de realizar una cohesión social y nivelación de clases equitativa. Hasta 1939 encontraba al hombre factoría en la periferia de la nacionalidad. La Argentina con su ritmo acelerado no le permitía a sus clases integrase socialmente. El ritmo de improvisación y aceleramiento argentino no conducía a una lenta asimilación de sus componentes sociales ya que su propia pujanza no conducía a políticas más estables como se daba en Chile y Uruguay.

A pesar de sus profundas críticas sobre los elementos que paralizan al argentino, entre los cuales incluyó su excesivo narcisismo, Ortega afirmaba que este pueblo era el más vigoroso que existía en Sudamérica, aun cuando le faltaba liderazgo y minorías enérgicas que suscitaran una moral nueva. El día en que estas minorías enseñaran al hombre argentino a aceptar hondamente su destino, a existir formalmente y no gesticulando o representando un rol imaginario de imagen ideal, Ortega aseguraba que “la Argentina ascenderá de manera automática en la jerarquía de las más altas calidades históricas, porque el hombre del Plata es uno de los mejores dotados que acaso hay”.

Fuente:

http://edant.clarin.com/suplementos/cultura/2005/10/08

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Salón Dorado de la Casa de la Cultura

Por Carlos Szwarcer


El suntuoso salón de actos de la Casa de la Cultura, conocido como Salón Dorado,  se encuentra  en el primer piso del edificio “La Prensa”, antigua sede del Diario del mismo nombre. En él funcionaba el Instituto Popular de Conferencias, que organizaba reuniones semanales. Las grandes figuras de las letras y las artes, tanto argentinas como extranjeras, pasaron por el salón, donde también se ofrecían conciertos.

Además de un ejército de artesanos, dos grandes maestros del arte de los argentinos trabajaron en las pinturas decorativas del edificio: Nazareno Orlandi (1861-1952) y Reinaldo Giudice (1853-1921). Nacido en Ascoli Picceno, Orlandi llegó a nuestro país en 1889 invitado por su compatriota el arquitecto Francisco Tamburini, para incorporarse al equipo de trabajo de la Casa de Gobierno. Se había formado en Florencia, especializándose en las grandes decoraciones. Entre sus obras recordamos las pinturas de las iglesias El Salvador, San Pedro y santo Domingo, la antigua Biblioteca Nacional, el Consejo Deliberante y el Cine Gran Splendid, hoy librería El Ateneo de la Avenida Santa Fe. En el edificio de La Prensa realizó las magníficas pinturas de los techos del salón Dorado.

Reinaldo Giudice llegó a América cuando tenía ocho. En Buenos Aires, obtuvo una beca para estudiar en Italia, eligiendo el taller de Cesare Maccari en Roma. De vuelta a nuestro país realizó una importante labor docente, fue fundador del Ateneo y uno de los creadores de la Sociedad Estímulo de Bellas Artes.

Giúdice fue autor de paisajes, retratos y grandes composiciones de carácter histórico como “La presentación de San Martín en el Congreso de 1818”. Sus magníficas grisallas (pinturas monocromas) decoran el techo de las dependencias del primer piso, originalmente áreas privadas del Dr. Paz y actualmente despacho del Secretario del Medio Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires.


Salón Dorado - Casa de la Cultura

Dirección: Av. de Mayo 575 (Ciudad de Buenos Aires)

Teléfono: 4323-9669

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Fuente: http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura/salondorado

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Ver: sobre Antigua sede del diario “La Prensa”

http://www.buenosaires.gob.ar/cultura/casadelacultura

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Falleció MARIANO MORES, a los 98 años

Por Carlos Szwarcer

Falleció el Maestro MARIANO MORES

El prestigioso artista, cuyo nombre era Mariano Alberto Martínez, había nacido el 18 de febrero de 1918 en el barrio de San Telmo, Ciudad de Buenos Aires. Compuso recordados temas como “Cafetín de Buenos Aires”, “Cuartito azul” o “Taquito Militar”. Además, “Uno”, con letra de Enrique Santos Discépolo; “Gricel”, con José María Contursi; “Copas, amigos y besos”, con Enrique Cadícamo, y “Una lágrima tuya”, junto a Homero Manzi, entre otros. Es velado -desde las 15 hs- en el Teatro Colón.

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