ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 

“Mira las largas uñas de la mujer”

Amigos : les presento uno de mis cuentos “fuertes”. Agradezco de antemano vuestros comentarios al respecto. Estoy armando un libro y es muy importante cotejar todas las opiniones. Muchas gracias!

                                                     “Mira las largas uñas de la mujer”

MIRA LAS LARGAS UÑAS DE LA MUJER.

El salón de audiencias le resulta extremadamente solemne.
Ve avanzar al ujier sigilosamente, como si caminara en el aire.

El empleado del Tribunal se acerca a brindarle un informe, Percibe un fuerte olor a tabaco negro.
“-Ya sabe usted la causa de su convocatoria. Cuándo lo llamen a presencia del Alto Tribunal, no podrá preguntar nada. Deberá limitarse a escuchar. El Tribunal se reunirá en unos instantes. Pero antes lo dejaremos a solas con la máxima entidad. Ella ha acordado con sus pares esta especial consideración.
Al penetrar en la antesala, tiene una última duda. Se siente un tanto ridículo de rendir cuentas de sus actos. De todos modos, sabe que nada puede hacer; a lo sumo, la esperanza de que la intervención de ella pudiere aliviar la condena que parece inevitable.
La sala le resulta extremadamente luminosa. Paredes y mobiliario de un blanco inmaculado. Grandes ventanales comunican con el exterior, que luce un celeste intenso con ciertos tonos rosa en las guardas superiores.
Frente a ella, siente un revulsivo estremecimiento. Ve la habitación contigua pintada en un azul de riquezas cromáticas, y pronto se da cuenta que participa de la atmósfera de recogimiento que invade el ambiente.
Ciertamente - y sin saber por qué- había supuesto que ella se presentaría de manera diferente, pero para su sorpresa, tiene la impresión de estar frente al paradigma de la belleza femenina: alta, elegante, de armoniosas formas, con gestos de una exquisita sensualidad. Siente que esconde en el fondo de sus ojos verdes, una sugestiva mirada; la extraña sensación de sentirse observado desde el fondo de los tiempos.
“-He venido a escucharte – su voz vibra armoniosamente, con ese timbre particularmente puro que emana de un diapasón de platino-. Conmigo podés hablar con absoluta libertad. El Tribunal ha ratificado los cargos que oportunamente me viera obligado a presentar.
Se deja caer en el sillón. Intenta mostrarse amable y seductor.
“-Ciertamente no te culpo por eso… Sé que nunca nos hemos llevado bien; que muchas veces trataste de entablar un diálogo conmigo pero que todo resultó inútil, ya lo sé. Quizás te sorprendas pero debo confesarte que muchas veces me pregunté porque me negaba el diálogo cada vez que aparecía el conflicto. Ahora pienso que prefería auto-engañarme, tratando de encontrar un justificativo para mis acciones, claro. De haberte escuchado, se podrían haber evitado muchas cosas; ahora es tarde, ya lo sé; demasiado tarde.
“-Depende…nunca es tarde para el arrepentimiento. Habría que analizar porque siempre te negaste a conversar de esas cuestiones horrendas. Pero… ya ves, pese a tantos años de convivencia, de alguna forma te ingeniaste para levantar un muro entre nosotros. ¡Ah! Por algo el maestro superior sostiene que la convivencia diaria no garantiza la honestidad y la transparencia de los pensamientos. Uno puede llevar una larga vida compartiendo cosas con el otro, y sin embargo, uno de los dos –o ambos a la vez- establecerán esa barrera invisible que oculta la angustia de los verdaderos sentimientos. Pero no te preocupes…, no existe rencor de mi parte, y creo que la mejor forma de demostrártelo, es que yo mismo les pedí a los otros miembros del Tribunal, que me concediesen esta charla previa entre nosotros - ve que ella consulta una pantalla sobre uno de los extremos del escritorio de marfil -. Lo que no puedo garantir es el resultado final derivado del gran Juicio. El hecho de ser la máxima autoridad moral del Tribunal, no me otorga privilegios; sin embargo, me han concedido la gracia de establecer esta primera y única audiencia, teniendo en cuenta la especial relación entre nosotros. Confían totalmente en que yo privilegio siempre la Justicia por sobre la suma de todos los sentimientos. En fin, que me han permitido escuchar el descargo respecto a las acusaciones que pesan sobre tu persona; pero debo advertirte, que más allá de mi indulgencia- ¡han sido tantas las cosas que me has hecho padecer…! -, la decisión soberana será exclusiva competencia de mis colegas. Obviamente, por nuestra vida en común, ellos mismos me han excusado de formar parte del veredicto final.

El hombre baja la cabeza y mira el piso inmaculadamente blanco en el cual se siente flotar.
“-Así que de todos modos… nadie escapa al Juicio… Yo pensé que esta historia de premios y castigos…- me refiero a ese asunto del paraíso o el infierno- sólo formaba parte de un mito religioso.
El hombre advierte que la más alta autoridad del Tribunal Moral lo observa con una leve sonrisa; una especie de licencia indulgente.
“- Me causa desazón ese tipo de pensamiento que supone que el mundo metafísico, aquello que concierne a Dios, forma parte de un credo imaginario o simplemente mágico, cuando la realidad indica que si de misterios se trata, nada más insondable que el de la vida misma. Pero…al ser un hecho extraordinariamente común y cotidiano, nadie parece prestarle atención.
“-Sí, comprendo…, lo entiendo perfectamente; sólo que me cuesta aceptar el hecho de que voy a ser juzgado por circunstancias cuya responsabilidad no me compete. Yo he sido un funcionario probo, un esclavo de la letra escrita y de las órdenes que me son impartidas por mis superiores.
La entidad suprema abanica sus ojos verdes. Por cierto, detesta la acción de ese hombre pero por alguna extraña circunstancia, sus fibras más íntimas, están condicionadas por la misericordia.
“-Sí… sé en qué pensás, pero puedo asegurarte que nadie escapa a la rendición de cuentas, y menos aún, a ser juzgado por las mismas. Algunos pagan sus crímenes en vida; otros, creen burlar el castigo hasta que la propia muerte-de la mano de una agonía larga y dolorosa- terminará de reparar los males cometidos.
El hombre baja la vista, visiblemente turbado.
“- Si yo hubiera sabido que me esperaba esto…
“-No sos el único. Todos aquellos que han manejado sus pecados con soberbia y arrogancia, siempre actúan pensando que jamás llegará este momento. Pero ya ves… todo llega.
El hombre no contesta; como hipnotizado, contempla la blancura inmaculada del piso.
“-¿Qué alegarás entonces a modo de descargo? – acota ella.
“- Sinceramente no sé que decir; ha sido todo tan repentino… Hubo momentos en que por mis acciones, creí merecer el cielo…
“-¿El cielo? ¿Realmente lo pensaste así…?
“-Con absoluta sinceridad. No he recibido más que felicitaciones de parte de Ellos. Además, yo no era quien fijaba las estrategias, y menos aún, claro, el que impartía órdenes para su cumplimiento. He sido íntegramente fiel a mis funciones: como te dije, un esclavo del orden y las leyes. Ellos me prepararon para que siempre estuviera dispuesto a servirlo… al orden me refiero, por supuesto. Se me ha repetido hasta el hartazgo, que sin orden, no hay disciplina, y que sin disciplina, sobreviene el caos y la anarquía. ¿Qué pecado he cometido yo, cuándo lo que hice no fue más que cumplir con mi deber?
Se pone de pie. El ventanal vidriado azul comunica a un patio de baldosas y paredes grises. El corazón parece detenerse cuándo observa el patíbulo a la izquierda del enorme rectángulo. Ve el estrado negro, la escalera que conduce a la base de madera, la soga que se mece movida por una suave brisa, y la palanca que accionará el verdugo para que la trampa ceda hacia el pequeño abismo dónde colgará su cuerpo. Muerte en la horca.
De pronto, siente que el corazón es un gigantesco hormiguero activado por el miedo. Piensa. Órdenes. Órdenes. ¿Qué culpa tiene el verdugo? Él es sólo también un esclavo del sistema. Las órdenes deben ser cumplidas, incluso las más detestables. Sólo así puede funcionar el Estado. La ley debe ser acatada aún si esa misma ley obliga a ejecutar órdenes repugnantes para el espíritu. El objetivo supremo es defender el sistema. Y el sistema se asienta sobre tres pilares fundamentales: Dios, patria, familia. Si alguien atenta contra esos sagrados intereses, ¿qué puede haber de malo en que la sociedad ponga en marcha sus propios anticuerpos para destruir a sus enemigos? Después de todo, si algo está mal, habría que juzgar a los hacedores de las leyes, no a sus fieles servidores.

Piensa. No deja de pensar.
Encara a la entidad.
“- Tengo la impresión que no sirve de mucho esta conversación- señala con el índice hacia el patíbulo-. El jurado parece que ha decidido mi suerte sin concederme el derecho a réplica. Pero yo no me arrepiento de nada- mira hacia la ventana; un hombre está controlando la rigidez del nudo que pronto se ajustará sobre su cuello- . Si creen que voy a suplicar están equivocados.
La inasible figura no le contesta. De pronto parece ida y distante frente a él.
Aparecen dos uniformados y un capellán. Uno de los uniformados tiene una estola de algodón negro entre sus manos.
Reconoce a los hombres.
“-¿Qué hacen ustedes aquí?- pregunta como si la voz se le hubiere atragantado con un silbato-. Ustedes me conocen bien. Saben que yo soy sólo un engranaje. Ustedes y yo no podemos negarnos ante la exigencia de cumplir lo que se nos ordena.
Por toda respuesta, las miradas de los tres parecen alentar un viento helado.
Su mirada no puede apartarse del patíbulo. El verdugo sigue controlando los nudos y la rigidez de la enroscada soga como parte hereditaria de una maldita y milenaria rutina
El cielo se ha vuelto repentinamente gris, a tono con el entorno del lugar de ceremonia.
Los uniformados y el capellán se mantienen expectantes, en silencio. Aún persiste la mirada distante de los tres.
Pronto comprende que no quieren avanzar hasta él para ahorrarle la humillación final, como esperando un pequeño gesto de grandeza de su parte.
Gira sobre sus talones. Ella se ha marchado. No se sorprende. Sabe que ha venido por su arrepentimiento y que se ha ido con las manos vacías. Una actitud de ofensa que no ha podido reparar. De todos modos, se siente decepcionado. El perdón es parte de la doctrina religiosa que Ellos le dicen defender.
Mira una vez más hacia el patio. La trampa ya está lista.
A modo de infinitesimales miasmas, la adrenalina  se ramifica en su cuerpo en forma de cadenas que agitan las paredes de sus músculos. Pero algunas cadenas, empujan el miedo hasta el mismo foco ígneo que estalla en el centro de su cerebro. La sensación de angustia se acentúa; ahora el hormigueo ha tomado su corazón y se expande velozmente por todas sus arterias.
Reclama la presencia del Tribunal. Le han prometido un juicio. Intenta que la protesta contenga la impostación del grito. Pero algo lo traiciona y la voz se deshace lánguidamente en su garganta. El capellán da un paso al frente.
“-Hijo mío: la justicia de Dios no es la justicia de los hombres. Dios aborrece los pecados en todas sus formas, y tú eres pecador”.
Repentinamente, los hechos parecen despojarse de sus vestiduras; el Tribunal sólo se ha reunido para cumplir con la formalidad de la sentencia que ya ha sido decidida. Eso explica la presencia de los uniformados y el capellán. La muerte ha venido a su encuentro sin anestesia.
Lo sacude un espasmo. Todo su cuerpo: - piel, vísceras, músculos y arterias- lo siente ahora asaltado por miles de alfileres que se incrustan en su carne. El kilogramo y medio de materia encerrado en su caja craneal ha comenzado a flaquear ante los embates de un terror que ya muestra las cuñas de una angustia incontrolable. Pero aún la soberbia y la arrogancia hacen un último esfuerzo.
Da un paso al frente. El sacerdote hace la señal de la cruz. Uno de los uniformados le pone las esposas.
Comienza a caminar a tientas por los blancos e inmaculados corredores.
Movilizadas por un terror que se agiganta, las neuronas han abierto un abismo insondable en su cerebro.
De pronto se encuentra sobre la tarima. Mira la capucha negra que cubre el rostro del verdugo.
Sobre el patio, una pequeña multitud de hombres y mujeres con vestimenta gris, lo contempla con los rostros crispados. Siente la oleada de odio hacia su persona, como una brea ardiendo sobre su cuerpo.
El verdugo se adelanta unos pasos y sin pronunciar una sola palabra, le coloca la soga alrededor del cuello. Rechaza la aspereza del sisal. Presiente la inminencia de la muerte. Una vez más, deja que sus ojos rapten por el piso y las paredes grises. Nadie de sus compañeros está presente; sólo los rostros de los hombres y mujeres como representación vengativa de tantas muertes violentas que parecen colgarse a sus espaldas. Todos parecen conformar un pelotón de resentidos y rencorosos.

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-¡Eminencia…! ¡Despierte! La sala de cirugía está lista. Como usted pidió, la mujer ya está sola en la sala…
Estira los brazos al mismo tiempo que tuerce el arco de su pie derecho. Mira el reloj sobre la mesa de luz. Ha transcurrido algo más de una hora desde el momento que se recostara tratando de reponer energías. Instintivamente se pasa la mano derecha por el cuello como resabio gestual de la horrible pesadilla.
Lentamente desliza su camisa debajo del pantalón, corre el cierre de la bragueta y se ajusta el ancho cinto. Durante unos segundos, mira la prenda acomodada sobre el respaldo de la silla. Las insignias doradas de Mayor brillan en la penumbra de la habitación. Se calza la chaqueta y se dirige al baño. Deja que el agua fluya repetidamente a borbotones sobre su cara. Necesita quitarse la resaca del pesado sueño. Quiere lucir impecable cuándo esté frente a ella.
Antes de abandonar la habitación, descorre las cortinas del pequeño ventanal. Ve el patio gris y las paredes grises y se dice que todo está en orden.
En esos momentos, sobre el dintel de la puerta, aparece su ayudante.
- Buenas tardes, mi Mayor – su ayudante le muestra un sobre-.Un mensaje del general, mi Mayor.
Después de rasgar el sobre, retira una esquela de color celeste y blanca. Mientras lee sin alzar la vista, pregunta:
-¿Han cumplido con todo?
- Afirmativo, señor. Hasta el mínimo detalle.
- ¿Cómo está ella?
- Perfectamente, mi Mayor. La ha atendido el teniente médico y ya está repuesta.
-Bien, puede marcharse. ¡Ah! Y, por favor, ya sabés…
-Sí, mi Mayor, que nadie lo moleste.
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Antes de dirigirse a la sala donde está la mujer, ingresa nuevamente al baño. Se mira el rostro en el cual sobresalen los ojos aún enrojecidos por la detestable pesadilla. Ve reflejado en el espejo el anagrama dorado con su nombre y rango: Mayor John Udkipe Paradela. Ejército Argentino. Junta Grande (sabe que el segundo apellido lo usa sólo para fastidiar a su padre gringo).
Maldice los surcos ligeramente oscuros debajo de sus ojos. Extrae un pote de un pequeño maletín y con el anular de su mano derecha, desliza el ungüento tratando de reparar las visibles ojeras.
Se calza la gorra, le sonríe al espejo, y, después de levantar el índice en señal de aprobación, se aferra al bastón que compensa el equilibrio del pie ortopédico de su pierna izquierda.
El corredor del improvisado hospital- piso de mármol blanco, paredes blancas- se extiende a lo largo de unos cincuenta metros. Sin los gritos habituales, el silencio penetrante se hace sentir en los miasmas de la enrarecida atmósfera.
Camina erguido- el desequilibrio de su andar es casi imperceptible- dejando atrás las vacías salas con sus pesadas puertas de acero.
Antes de presionar el picaporte, cede a la tentación de leer- como otras veces - el rótulo escrito prolijamente sobre la puerta: Operaciones especiales.
El recinto es de un blanco abrumante: pisos, paredes, un par de camillas, una mesa larga y rectangular, e incluso una serie de cajas con elementos de trabajo; la mujer- a tono con el entorno- viste casaca, pantalón y zapatillas del mismo color blanco.

Mira a la mujer.
Sabe que ella no puede hablar.
Lee sus pensamientos a través de su mirada.
Recorre con la vista la sala.
No se ve una sola mancha de sangre; ni siquiera una pátina de polvo. Pulcritud de laboratorio. Como él exige siempre. Para eso ha escogido los mejores hombres como ayudantes. Casi con unción religiosa, sólo da por terminada cada operación especial, cuando la sala es aseada hasta quedar impoluta como ahora.
Por algo le dicen la Eminencia. Cirugía de precisión; prolija y precisa.
Mira a la mujer.
Sabe que ella no puede hablar.
Ve las gotas de sudor que se ramifican en el rostro y descienden en minúsculos cordones hasta la base del cuello.
Comprende el miedo de la mujer; los dos intentos efectuados por la mañana para evitar cirugía mayor no habían dado el resultado que esperaba. Ahora no queda más remedio que extirpar sin anestesia. Doloroso pero necesario.
La esquela del general activa su memoria. Confío en usted, Mayor; la operación no puede fallar. El honor de la fuerza lo exige. El mensaje lo ha ofendido. ¿Cuándo ha dejado él de cumplir las órdenes?
Se calza los guantes blancos de moléculas activas.

Mira a la mujer.
Sabe que ella no puede hablar.
La ha hecho preparar convenientemente porque detesta los gritos de dolor.
Apoya el bastón sobre la mesa y abre una de las cajas blancas que contienen algunos de los elementos de cirugía: el escalpelo, el bisturí, las tenazas, diversas jeringas y agujas, como así también todos los hilos para eventuales costuras de la carne.
El rostro de la mujer suda cada vez más. Las venas se muestran ostensiblemente hinchadas, con una gama de colores azules y violáceos que se mueven como pequeñas culebras. Sabe que ella quiere hablar pero no puede. Sobre el triángulo de la muerte de su rostro, asoman las mejillas rojizas; repara en la ostensible presión de sus cuerdas vocales. Imagina que el miedo ha comenzado a formar pequeños grumos de músculos y piel.
Mira a la mujer.
Sabe que ella no puede hablar.
Una hora atrás, su ayudante le ha puesto una gruesa cinta adhesiva que le cubre la boca, desde el nacimiento de la barbilla hasta los orificios nasales.
El General recibirá una lección. Será un trabajo perfecto, el mejor que haya hecho hasta el presente. Finísima cirugía. De alta precisión. Por algo le dicen la Eminencia.
Sus largas y delgadas manos toman la pinza de punta roma.
Una sensación de indescriptible placer comienza a instalarse en su cerebro y se extiende en intervalos a través de las paredes de su caja torácica. Pronto, todo el cuerpo parece vibrar en forma de éxtasis supremo.
Mira las manos de la mujer, sujetas en los aros de acero, atornillados sobre la blanca mesa.
“-Hoy por la mañana me hiciste una extraña pregunta sobre la conciencia- dice, mirando a los ojos intensamente verdes de la mujer. Ríe. La risa suena grave, como el fragor lejano de una grieta socavando el hielo.
No puede dejar de mirarla.
Sabe que la cinta mantendrá sellada su boca.
Sabe también que ella ya ha sido expuesta sin su directa intervención: violaciones, el submarino lleno de materia fecal y la bolsa de celofán; pero que todo ha sido inútil. No entiende como pueden existir personas que se prestan a ese tipo de trabajos tan sucios y detestables.
Mira las largas uñas de la mujer.

 

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Francisco y sus exquisitas poesías

Queridos amigos.

Sentí como una obligación moral hacerles conocer algunos de los maravillosos y profundos poemas escritos por mi hijo, básicamente en la época de su peor crisis, cuando debió atravesar el doloroso episodio de las alucinaciones y los contantes “brptes·, muchos de estos-ya lo dije- que pudieron haber sido evitados de haber contado con el asesoramiento correspondiente de parte de los profesionales pertinentes.

Pues bien, le hemos editado un pequeño libro y he aquí el primer poema que ha querido presentar.

 

                                                         “Esclavo”

 

Compostura en compostura de la mente.

Asus lados, feno en fuego del amor,

como esclavo en la mente de un por qué.

Conjunto de su clavel, amigo de Juan;

con fuerza de oído;

beso de luz comprometedora;

amor de hambres y conceptos.

Amor constante retardando

los caminos en Dios.

 

Francisco Solano López

(Francisco agradece los comentarios que puedan suscitar su poema):

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Un milagro llamado Esteban Dávila IV

Ocasional lector: si ha leído las tres entradas precedentes, le pregunto: ¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar? Desoye la advertencia del médico y continúa adelante basado en los hechos objetivos que probaban que Francisco realmente se sentía mejor con el Haloperidol? Ó-como en mi caso- ante la magnitud de la advertencia, ¿da marcha atrás presa de desesperación pero pensando al menos, yo no voy a poner en riesgo la vida de mi hijo?

La brúsqueda quita del haloperidol, le creó a Francisco un principio de psicosis que por suerte no prosperó. De todos modos, al cabo de dos semanas, su conducta volvió a la rutina de los últimos años: asilamiento, parquedad, débil o casi nula demostración afectiva, aumento de la ansiedad etc.

Pero el destino me tenía(nos tenía) reservada una gratificante sorpresa. Ya en las postrimerías del año 2004, atento a una recomendación de un padre con un problema similar, éste me recomienda el Sanatorio Adventista del Plata, sito en Libertador Genral San Martín, en la provincia de Entre Ríos. La idea-ante la increíble cantidad de posturas académicas respecto a su mal- era llevarlo y quedarnos unos días con la idea de que Francisco recibiera un chequeo general y el correspondiente diagnóstico. Lamentablemente, al carecer de Obra Social y cotejar los altos costes del tratamiento(aquí yo partía de un equívoco por cuánto no era necesaria la internación para recibir el diagnóstico pertinente. Pues bien, pasó el tiempo y yo había llegado a la creencia de que nunca podría cumplir ese deseo de llevar a mi hijo al lugar de marras. Pero en el mes de enero y luego de una consulta familiar, mis hijos deciden colaborar con los gastos del viaje y los derivados de la atención médica. Solicito turno y me derivan para una cita con el doctor Esteban Dávila, jefe del Servicio de Salud Mental. Precavido, me tomo el trabajo de hacerle llegar un mail en el cual le cuento al doctor Dávila, parte de las visicitudes que había vivido mi hijo, recalacando de manera especial el tema que tiene al halopidol como protagonista casi excluyente. Como respuesta, me informa el médico que tendrá mucho gusto en recibirme y analizar in situ el tema de Francisco.

A esta altura, me voy a permitir una acotación que considero importante. Yo no practico la militancia religiosa. Soy católico por bautismo pero no lo soy por adopción. Pero sí creo en Dios. Por otra parte-pese a mi postura crítica respecto a las religiones- reconozco que en un sentido profundamente humano, la militancia activa ha ayudado a muchas personas a tener una mejor vida desde el punto de vista espiritual.

Pues bien, el lugar es maravilloso, y en el entorno, se respira una atmósfera de paz muy significativa. Este hecho y encontrarme con una maravillosa recepción-sin distinción, todos los empleados, desde los que practican la limpieza, pasando por el personal administrativo, el auxiliar médico y todos los  profesionales, brindan una atención sumamente respetuosa y plena de afecto genuino- generó en mí una esperanzadora actitud de sentir que al fin encontraba un lugar diferente, en trato humano y en calidad médica. “Bueno…parece que la fama está bien ganada”, me dije en un momento.

Colorario(ya volveremos a lo largo de este blog, a señalar aspectos de la evolución de Francisco): el doctor Esteban se mostró muy interesado en Francisco, contando con la invaluable colaboración de la Doctora Evangelina Melgar. Y he aquí el tema que quiero destacar: primero, me dió tranquilidad respecto al mal de Francisco, luego charló con él y a continuación lo hizo conmigo. Se mostró sorpendido por el tema del halopidol y decidió jugarse, atento a mis exhautivos comentarios, diciéndome que haríamos una prueba con la medicación para evaluar en la próxima visita los resultado pertinentes. Persona de bien como es, no quiso abrir juicio sobre la conducta errática de sus colegas(léase ética profesional) y nos citó para dentro de un mes, acotándome que cualquier cosa no dudara en llamarlo o hacerle llegar alguna inquietu via mail.

¡Aleluya!(qué mejor momento para hacer loas a Dios), cuando volvimos al mes, Francisco ya era otra persona. No saben que satisfacción, qué gestos de alegría pude entrever en e´l y la doctora Melgar, a poco de ver y comenzar a charla con mi hijo.

Con genuina alegría de todos, fuimos citados para una nueva cita que Dios mediante, se hará efectiva el día 23 de marzo. Eso es todo por ahora.

No quiero cerrar este comentario, sin acotar que el doctor Dávila me devolvió muchas cosas perdidas, pero fundamentalmente, me devolvió la confianza en la medicina y en los profesionales que como él, la honran de verdad.

¡Muchas gracias, Dr. Esteba Dávila! Muchas gracias, amigo mío. Y muchas gracias también, Dra Evangelina Melgar.

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Un milagro llamado Esteban Dávila III

De vuelta, amigos.

Ya dejé establecido que mi excesiva confianza en la ciencia médica, no me pertimitió elaborar el consecuente cuadro de situación. Debí darme cuenta que resultaba evidente que el halipol era la “droga” clave y esencial para la mejor terapia de Francisco. Así llegamos a la idea de producir un cambio radical experimentando con la clonapina, con los recaudos de rigor(ya saben: periódicos exámenes de sangre ante la eventualidad de una reacción negativa). Pues bien, pusimos todo nuestro empeño en la ilusión nueva de que ésta treería ese milagro que uno espera todos los días.

A mediados de 2004, Francisco comenzó el nuevo tratamiento, con la clozapina como elemento primordial. Aún seguía con Noziman, una gragea o dos y también con 4 mn de clonazepan(aqué me permito una acotación importante: algunos profesionales señalaron que al tomar clozapina, NO TENÍA SENTIDO ADMINISTRARLE CLONAZEPAN. Pero el problema era el de siempre: si uno tenía que tomar en cuenta las diferentes opiniones, teníamos la amenaza de un caos y no sabríamos dónde estábamos parados. Por consiguiente, había que darle al psiquiatra de turno el voto de confianza y a su vez, confiar en la providencia).

Debo señalar que los cambios no fueron importantes. Desde el momento que Francisco comenzó con la Clozapina, se reiteraron una serie de episodios agresivos(léase el tema de los famosos brotes psicóticos) . Tres se dieron en Mar del Plata en un período de unos 6 meses y tres o cuatro cuando nos mudamos a Buenos Aires. Hoy sé-por dolorosa experiencia, que parte de estos “brotes” pudieron haberse evitado si la familia en general, y yo en particular por estar a cargo casi excluyente de él, hubiera sido informada del ABC de la sintomatología del mal, una notable falencia del sistema. Nunca fuimos informados de cómo teníamos que proceder ante ciertas actitudes o compartamientos de Francisco. A mo de ejemplo, vaya esta “anécdota”: A poco de declarada su “enfermedad” la psicóloga que lo atendía en el Hospital Parrossien( me reservo su nombre por razones obvias), al preguntarle yo cómo tenía que actuar en caso de agresión física de su parte, me contestó con total naturalidad(casi con desparpajo) que yo no debía permitirle que me agrediera. “Si le pega, usted tiene que devolver la agresión”, me dijo. Sorprendido, la miré sin poder articular palabra. Entonces ella agregó: “suelen ser perversos. Se abusan de su situación. Si usted se deja pegar y no reacciona, lo seguirá haciendo y cada vez peor”

Sinceramente, agradezco a Dios que me haya preservado de tomar actitudes de reacción. Por una cuestión instintiva, mi reacción era preservar mi humanidad del ataque y luego, cuando reaccionaba de la sorpresa, sólo aitnaba a tratar de anularle la agresión tomándole del cuello con mis dos brazos con toda la fuerza de que era capaz hasta que a los posos minutos, cedía la carga agresiva y él se marchaba para encerrarse en su habitación. En algunas ocasiones, volvía ya calmado, y me pedía perdón por lo que había pasado. No quiero imaginar que hubiera pasado si yo le hubiera devuelto la furia del ataque, tratando de pegarle. Estas cuestiones tan disímiles en la manera que los profesionales tenían posición tomada, me indicaban una y otra vez, que no podía seguir confiando ciegamente en los médicos y que tendría que empezar a actuar dejando que mi intuición me marcara las pautas de conducta.

Para colmo de males, ni siquiera tenía la certeza si al decidir y autorizar la clozapina estaba haciendo lo mejor para él, lo más conveniente desde el punto de vista medicinal. ¿Y por qué digo esto?

Aquí van dos ejemplos: Un buen día, me recomiendan otro profesional, del cual me hablan maravillas(aún estábamos en Mar del Plata). Cuando lo fui a ver(sin Francisco), al preguntarme que es lo que tomaba como tratamiento, le saco la cartilla de la administración de los medicamentos y cuando lee Clozapina, para decirlo en un término común, casi pone el grito en el cielo. “¿Clozapina? No, mi amigo. Clozapina es quemar las naves. Yo fuí uno de los primeros en experimentar con esta droga en Argentina hace 18 años. Pero sabe a quién se le da este medicamento? A los enfermos crónicos, a los viejos, a los que no tienen retorno. Su hijo es joven. Es una locura. Le está quemando las neuronas…” y bla,bla,bla.

Imagínense amigos cómo me sentía yo como padre en esos momentos. Pero la putaqueloparioyosoy unhijodeputa, me decía una y otra vez. ¡No sabía dónde estaba parado! Y otra vez a las puteadas contra un sistema perverso que por falta de coherencia, parece condenar a los pacientes a la triste condición de conejillos de indias. Literalmente, sentía que estaba arruinando la vida de mi hijo pero…sin tener parámetros de consulta serios, sin saber a dónde recurrir. Sin embargo, el episodio no era nuevo para mí. Dos de los forenses que lo aténdían, el día que lo sacamos de la larga internación y que tuve que ir al Tribunal para firmar la correspondiente alta-personas jóvenes ambas- también me dijeron al unísono-y casi con horror- de que era una locura administrarle clozapina. No recuerdo sus palabras exactas pero hicieron mención eso sí,  que se trataba de un mierda; “…es preferible que le des un puré de Nozinam pero clozapina…” Por eso que cuando este profesional al que hacía referencia me dijo aquello de “quemar las naves”, me hizo dudar seriamente sobre lo que estaba haciendo. ¿Segunda moraleja? Me recomendó que le fuera quitando la clozapina lentamente y que la hiciera reemplazar por un medicamento que en este momento no recuerdo. Una locura, una verdadera locura. Al cabo de un mes, mi pobre hijo fue víctima de otro ataque psicótico, víctima de una actitud irresponsable de este médico.

El caso es que la desilusión aumentaba día a día. No podía entender cómo, si resultaba cierto que en muchos pacientes, esta droga era casi milagrosa, porqué causa en Francisco no lograba avances significativos? (Tal vez debería acotar que él recibía Fraba, una variante genérica porque la original es Lapenaz y por el alto coste, nosotros no la podíamos adquirir. En fin…)

Nos acercamos al momento de la intervención del doctor Esteban Dávial; ustedes perdonen que casi estoy armando una novela con el tema pero…me traiciona en parte mi condición de escritor. Ja, un poco de humor.

Las cosas siguieron a los tumbos hasta que el año pasado, fuí a ver otro psiquiatra, profesional de una clínica privada donde Francisco había estado internado. Este hombre-a quien la Providencia puso en mi camino- después de un largo análisis de la historia médica de mi hijo, me preguntó si alguna vez había tomado halopidol. ¡Sorpresa! Le conté toda la historia con lujo de detalles. Entonces, me propuso comenzar a darle una dosis de 10 mn divididas en dos grageas durante el día; esto, sin tocar la clozapina ni ninguno de los otros medicamentos(¡Me acordé de la droga que me había recomendado el médico de Mar dle Plata en reemplazo de la clozapina: ¡resperidona!, que Francisco ya había tomado con resultado nulos, y se lo dije).

Volvmos al tema. A los quince días de ingerir halopidol, otra vez el milagro! Francisco tiene un cambio notable, pero notable y parece despertar de un largo sueño, qué digo, de una espantosa pesadilla.  dE PRONTO, COMIENZA A HABLAR DE MANERA NORMAL, RECUPERA EL HUMOR, SALE DE SU HABITACIÓN Y TIENE DESEOS DE HACER COSAS. sI NECESITABA UNA PRUEBA DEFINITIVA DE QUÉ LO SUYO PASABA POR ESTE MEDICAMENTO, LAS PRUEBAS ERAN IRREFUTABLES. No se imaginan, queridos amigos, la alegría mía y de la familia en general!

Pero ahora viene otro episodio que pone al desnudo las enormes falencias del sistma de salud mental. Y les aseguro que no voy a exagerar para nada. Cuando, al cabo de un mes, vuelvo a visitar al profesional para pedirle una nueva receta que me permitiera comprar holepidol. éste se había marchado para radicarse en España. Me quise morir. ¿Qué hago ahora?, me pregunté. Pues bien, recurro a un colega, le explico el tema y le pido por favor si él me podría extender la receta pertinente. Sispenso. Me miró con cara de póquer y me dijo muy suelto de cuerpo, que él no podía avalar semejante despropósito. Que no se podían mezclar ambos medicamentos(se refería a la clozapina) porque eran antagónicos y podían generar una reacción imprevisible en el paciente con riesgo de su propia vida. ASÍ COMO LO LEEN!!!!.

(continuará)

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“El karma, Bach y la la Matriz” un poema inspirado por Francisco

Dedicado:

 

Con especial afecto, a Sebastián Alvarez, por su invalorable generosidad, en esta etapa dolorosa de mi vida.

 

A mi entrañable hijo, Francisco Solano López, verdadero autor de este poema.

 

A todos quienes padecen esquizofrenia.

 

 

                                                        “EL KARMA, BACH Y LA MATRIZ

 

 

 

Algunos sostienen que el karma

Es parte de la acción metafísica

Que reparte premios o castigos

Según nuestras acciones de vida.

¿Pero quien lo determina?

¿En qué libro de la existencia está escrito?

Me digo: el caos genera caos y la Naturaleza

Sólo elabora planes

Vinculados a la vida y la muerte

Sin consideraciones morales.

 

Entonces,¿quién “maneja” los karmas?

¿Acaso la Matriz de realidad virtual

A modo de ente cibernético que alza pancartas

Del bien y del mal , avasallando omnipotente

Nuestra sufrida humanidad?

¿Un Dios único exclusivo y excluyente

No abonado a ningún sindicato de fieles?

¿Un Dios pragmático y asequible

A católicos,

cristianos de toda laya,

musulmanes,

brahmanistas,

confucionistas,

sintoístas

judíos :-ortodoxos de la Torá;sionistas pro imperiales;liberales de las sagradas escrituras;

animistas

y todo el resto de las creencias seculares y profanas?

 

¿Estará escrito en las runas?

¿Es parte acaso de los textos védicos?

¿Menciona la Kábbala el karma

Como parte de un orden arcano

De caracteristicas legislativas metafísicas?

 

Yo he cometido adulterio

-y en cantidades “industriales”-;

Yo he sido inmoral

Con algunas conductas puntales

(la rima es casual pero vale).

 

Yo he sido y soy aún

-aunque algo atenuado por la cercanía de la muerte-

Egoísta y egotista.

Por lo tanto, me digo: no me quejo de mi karma.

Acepto pagar culpas  como parte activa

De causa y efecto

(o es efecto y causa?)

Y está bien que así sea.

(después de todo,  la justicia que tenga al hombre

Como hacedor, se desvirtúa por imperio

De nuestra propia subjetividad).

 

Pero Dios…sabes que muchos te tienen

Por un Dios de Mansedumbre y de Justicia

(yo prefiero hablar de ira y de venganza).

Por eso te pregunto(a ti, sí, claro):

 

Me pregunto(otra vez):

¿Por qué, amparado en la potestad

De tu propia justicia

(supuestamente divina; supuestamente justa)

No laceraste el tronco de mi propio árbol?

¿Por qué no quistaste parte de mi savia

Socavando el conducto de humedales

Y el humus de mi hábitat?

 

¿Quién debe pagar sino quien hace el mal?

 

Pero no fuiste al tronco.

Caíste con una ira despreciable

Sobre una de mis ramas.

Y la desgajaste.

La quebraste.

La dejaste sin hojas

Para que los vientos se ensañaran con ella…

(hablemos claro, Dios: con unción religiosa

No tuviste reparos morales

En escoger como sujeto de tu ira

Al más frágil e inocente de mis hijos).

 

Y llenaste de tinieblas su intelecto

Apagando cada una de las luces

Que iluminaban la recámara de su espíritu.

Furtivo ladrón, tomaste sus neuronas

Como velas de cuya luz se apodera el viento.

Desquiciaste su cabeza(léase cerebro)

Y enfermo de venganza

Liberaste el sello originario

Dejando que la suma de todas las angustias

Y los miedos

Penetraran en ese recinto inviolable.

(Esquizofrenia es el rótulo médico).

 

Sí, me haces pagar(desde hace 9 largos años)

Sí, me haces sufrir(desde hace largos 9 años).

Sí, padezco muchas noches de insomnio

(también desde hace 9 largos años)

E insomnios sin noche, Dios.

 

Pero…a diferencia de mi hijo

Yo no dejo de pasarle factura a la vida.

Por ello, mis oídos no dejan de gozar

Las Fugas y Toccatas de Bach(Johan Sebastián,claro).

O de las sonatas de para piano de Beethoven

(la Patética y la Claro de Luna, sobre todo),

Los adagio de Albinoni y de Corelli,

Cuerdas y maderas preludiando el erotismo

Del esperma).

Los Concerti Grossi de Vivaldi

Pero también La metaformosis de Kafka

(paradigma

De los estragos de su propia enfermedad).

 

Como venganza a este castigo injusto

(flanco egoísta del instinto de conservación)

Me he refugiado en el Arte que tanto

Te cuestiona.

Cierto día me detuve por horas

Frente a “Las Meninas”

(por cierto, teología de la pintura) gozando

También

De la suprema impostura de Velázquez

Al retocar su pintura con la Cruz de Santiago

(el apóstol, claro, de tu propio hijo traicionado).

 

He recorrido, deslumbrado, Florencia

(el único museo viviente convertido en ciudad)

Como parte incomparable del mediterráneo itálico;

He visto anonadado de emoción, La Pietá

Pero me ha llegado la vergüenza ajena que escondes

Detrás de los muros

De la desmesura del Gran Templo Vaticano.

 

……………………………………………………………………………………….

 

En fin, sin dejar de ser padre

No dejé de ser hombre.

Supe, por supuesto, de amores vanos

A manera de vanos ejercicios eróticos.

(Profanos amores).

Pero supe también de afectos sublimes

Y orgasmos del alma.

 

Cosmopolita,

Gozé del arte en sus más altas escalas intelectuales

Sin dejar de lado sus genuinas expresiones populares.

No me privé del Serrat mediterráneo

Ni de los ingleses de The wall, o el desparpajo de Sabina.

Y fui melómano también

Con los tangos de los Homero(*)

En la voz inefable de Roberto Goyeneche.

 

Traté, en fin,

De no pasar por la vida

Haciendo que la vida pasara por mí.

Y a la hora de llorar

Supe de las lágrimas estoicas

Que lloran en silencio detrás de nuestros ojos.

……………………………………………………………………………………….

                                               

                                         REFLEXIÓN FINAL:

 

“Reitero: ignoro si el karma actúa por su cuenta

O se trata de un ente metafísico

Al servicio de algún guardián ontológico

Encargado

De administrar premios y castigos.

(La industria de la fe-imagino-

Requerirá de una CIA cósmica infinita

Para controlar los corredores

Del vasto y complejo Universo).

Sí así fuere, la realidad virtual

Pecaría de los mismos vicios

Derivados del libre albedrío,

El pecado capital,

la gran Cruz que arrastra Dios

a consecuencia de sobre-estimar al hombre”

 

Entonces

¿de qué se trata esta ley de causa y efecto

O efecto y causa?

Porque no soy yo el que paga.

Es la inocencia de mi hijo quien paga por mis culpas.

Es él quien carga en su mochila

Las neuronas lesionadas,

Los neurotransmisores sin chispa suficiente

Para hacer que las sinapsis se abran.

Es a él a quien le roba el maldito karma

Su derecho inalienable a ser feliz.

Es Caravaggio sin los secretos de la luz;

Miguel Ángel frente al mármol sin cincel;

Un castrati

Desplazado por la voz de una soprano.

Don Quijote sin Dulcinea;

Einstein sin su fórmula;

Salk sin su vacuna.

Beethoven sin sordera.

Las palabras sin un texto que la expresen

O el amor sin las voces que lo nombren.

………………………………………………………………………………………..

 

Mientras tanto, los grandes laboratorios

-los mismos que avalan la simbología de las cruces

Como socorristas y prestadoras de salud-

Facturan en miles de millones de dólares

La locura colectiva inducida e institucionalizada.

(A propósito: no es casual el ideograma de una cruz

Como símbolo de cura).

……………………………………………………………………………………….

 

Al invocarte, karma,

mi hijo me mira turbado desde el fondo

de su Esquizo frenia.

 

Es inútil.

Ningún Manual de Vida

Puede explicar lo inexplicable.

¿Será por eso que siempre me pregunto

Por qué Dios nos hizo para todas las preguntas

Pero no nos hizo para todas las respuestas?

 

 

JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ

 

             Época oscura

                 (2008)

 

Mi blog en Monografías.com.

Muestras de mi obra literaria

Un milagro llamado Esteban (II)

Escribiendo esta entrada, me pregunto, a casi 7 años de aquel triste episodio, porqué no evalué entonces, la importancia que tenía el halopidol para Francisco. Más de una vez había escuchado de boca de los propios médicos( e incluso de algunos pacientes) que no existía un medicamento aplicable a todos los casos(por otra parte, debemos tener en cuenta las diversas manifestaciones o sintomatologías de la esquizofrenia). De todos modos, la llamada medicina biologista o biologesista, aquella que atribuye el mal a connotaciones de raíz biológica; la que descree de los condimentos psicologistas(he llegado a escuchar de boca de un profesional de esta corriente, a propósito de contratar un psicólogo para que le hiciera terapia a Francisco, la siguiente frase: no pierda tiempo, López Gómez. No sirve para nada). Este tipo de cosas aunado a la postura mayoritaria que considera a la esquizofrenia como un mal crónico y que avanza en el proceso de deterioro del individuo, no era el mejor antídoto para mantener vivas mis esperanzas de que algún día podría recuperarse; de hecho, no pensaba en una cura definitiva. Pero creía y aspiraba a que Francisco al menos pudiera llegar un día a hacer una vida medianamente normal, con pareja incluída como sabía de algunos casos puntuales.

Pero volvamos a la historia que nos llevará al Dr. Esteban Dávila y su decisiva influencia en una recuperación cierta que hoy esta viviendo mi hijo.

Después de la experiencia relatada, el nuevo profesional, sobre todo durante los 74 días de su internación, probó con varios medicamentos con resultados nulos. Aprovecho para acotar que la atención en algunos centros estatales, realmente es calamitosa(en alguna otra entrada, me referiré específacamente a este tema). En un momento determinado, y ante la desesperación de nuestra parte-hablo de mi esposa, de mis otros hijos y de quien esto suscribre- se evaluó la posibilidad de pedir que le empezaran a administrar clozapina, una droga de última generación. Debo aclarara para los neófitos, que este medicamento tiene un peligro muy particular: el enfermo debe recibir control de sangre en forma sostenida y permanente, habida cuenta del peligro de contraer granulosis o más comúmente lo que se conoce como leucemia. Las estadísticas hablan de un 1% . Uno sobre cien parece poco pero cuando se trata de la saludo de un hijo, resulta aterrador. Lo charlamos con el médico y luego con uno y otro más. Todos coincidieron que el grado de mejora resulta notable y que en muchos casos, con los cuidados de rigor, el paciente suele hacer la famosa vida normal: la enfermedad no deja de ser crónica pero la mejora en la calidad de vida es sustancial  y patatín y patatán. ¿Moraleja? Entre mi esposa y yo tomamos la decisión de llevar a cabo la iniciativa, poniendo en Dios la oración respectiva. Pero…siempre hay un pero y en el caso de esta enfermedad de mierda los peros son muchos, el primer problema surgió con respecto a la cantidad de genéricos en boga. El original se denomina Lapenaz y se trata de una droga prohibitiva para gente de escasos recursos(hoy vale pesos cuatrocientos-$400- la caja y Francisco necesitaba una caja y media mensual; esto sin contar que aún debía ser consumiendo Nozinam, clonacepan y eventualmente algun otro fármaco que no recuerdo. En el hospital le facilitaron FABRA, atento a un convenio que el Estado provincial tenía con ese laboratorio. Aquí permítanme una acotación muy importante. En este vía crucis- y como en todos los órdenes de la vida- no hay grises. Están los buenos y los malos y tambien,claro, los neutros, los ni fu ni fa. En aquello momentos de desesperación, yo era un desocupado laboral: Mis hijos contribuían con una ayuda pecuniaria que de no haber existido, hubiera tornado muy difícil la atencion de Francisco. El caso es que a raíz de las agresiones físicas y habiendo intervenido en una de ellas, la polícia local, se dió intervención al Tribunal de Familia de Mar del Plata. Esto fue una gran ayuda para el desarrollo posterior. Tuvimos la inmensa felicidad de que la jueza a cargo de nuestro hijo, Dra Iglesias, una funcionaria que hace honor a su cargo, tomó intervención directa y por pedido especial de la misma, logramos un amparo judicial que obligaba al gobierno de la Provincia- a su Ministerio de Salud- a suministrarle gratuitamente todos los medicamentos que su atención requiriese. Esto-y sólo esto- nos permitió seguir adelante en el proyecto de suministrarle a nuestro hijo la famosa clozapina. Vaya pues desde estas páginas, mi personal agradecimiento y el de mi familia, a esa mujer funcionaria que tanto se preocupó por Francisco.

(disculpen: la emoción me impide seguir escribiendo).

(Continuará)

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Un milagro llamado Esteban Dávila I

Hola!

Antes de referirme al episodio que da nombre a esta entrada, me parece oportuno referir un acontecimiento que está concatenado con la esperanzadora irrupción de Esteban Dávila, médico psiquiatra del prestigioso Sanatorio Adventista del Plata,sito en Libertador General San Martín, de la Provincia de Entre Ríos.

Por una cuestión de ética, mantendré en el anonimato el nombre del profesional médico, cuya conducta irresponsable, generó en mi hijo la peor crisis de su “enfermedad”.

Año 2002. Residíamos en la ciudad de Mar del Plata. Yo había tomado la decisión de instalarnos en ésta, habida cuenta de haber vivido durante ocho años, creyendo que el reencuentro de Francisco con sus amigos de la infancia podría generar una impronta psicológica favorable para su salud mental(en otro momento hablaré de los pormenores de esta decisión de vida).

Vayamos al grano. Durante los dos años de marras, Francisco había pasado por tres psiquiatras y salvo la experiencia positiva con el Dr. David Huanambal(este profesional peruano se marchó luego a España), mi hijo no lograba avances en su terapia, pese a los cambios en la ingesta de medicamentos(ya dije en algún momento que cada médico suele tener su propio “librito”, que aplica sin tener en cuenta a sus propios colegas(el doctor Dávila ha sido la excepción a la regla).

Pues bien, un buen día, el propio Director de una Institución pública de salud, decidió tomar a su cargo la atención de Francisco. De un “plumazo”, borró la medicación que recibía mi hijo y le recetó Halopidol o Haloperidol, 3 grageas de 5 mn, repartidas en desayuno, almuerzo y cena.

Notable: al cabo de dos semanas, mi hijo parecía otra persona(Dentro de la sintomatología de su mal, se producía una “escisión” entre su pensamiento y la oralidad; es decir, no podía trasladar a la oración coherente lo que pensaba, y esta terrible traba, generaba en él una angustia muy pronunciada. Las veces que le escuché decir: “…yo no sé hablar ” ). El caso es que al comenzar con el halopidol, yo me di cuenta que estaba experimentando un cambio notable. Al concurrir a ver su médico para el chequeo de rutina correspondiente. éste me dijo que empezara a bajarle las dosis. ¿”De qué forma fulano” “De a poco: un cuartito por pastilla” “Después traémelo para ver como anda”

Así hice. Primero le quité un cuarto de la ingesta nocturna. A los diez días, le quité otro cuarto en la gragea del almuerzo y aproximadamente diez días después, el cuarto de la pastilla del desayuno. En total, 1,25 mn que se le restaba de la ingesta original. Pues bien, lo cierto es que mi hijo continuaba firme en su notable mejoría; todos los días nos sentábamos a la mesa del comedor o la cocina, mateábamos y él-subrayo esto, El- me hablaba con una notable fluidez de episodios relacionados con su niñez y su adolescencia, gravitando en las charlas, aquellos hechos que habían dejado profundas huellas psicológicas(no quiero tocar estas charlas porque entiendo que existen hechos demasiado íntimos que no me corresponde “ventilar” públicamente por respeto a su persona). De todos modos, yo me daba cuenta que estaba realizando una extraordinaria catarsis, liberando pesadas experiencias como parte de una angustia llevada a cuestas de manera muy dolorosa. Sin darme cuenta por entonces, yo estaba haciendo el papel de psicológo(me parece importante acotar que a la sazón. vivía solo con Francisco porque mi esposa, a raíz de una agresión física anterior al episodio que estoy contando, presa del pánico, debió dejar temporalmente de vivir con nosotros).

Avancemos: en el chequeo de referencia, me dice el psiquiatra que dada la notable mejora, le quitaba el akinetón que complementaba el halopidol y que a partir de la fecha, sólo debía administrarle una pastilla de 5 mn antes de ir a dormir. Obviamente, pueden imaginar ustedes que uno se entrega al profesional médico con las manos atadas; supone que la ciencia médica tiene los elementos adecuados y que los profesionales SABEN fehacientemente lo que corresponde hacer en cada caso. Como él se mostraba “enemigo” declarado del “pastillaje” a decir de sus propias palabras y cómo yo compartía esta idea, celebré la baja sustancial en la medicación y me marché de la visita, visiblemente contento. Pensaba-en medio de una ignorancia supina- que mi hijo se encontraba en proceso de cura total, lejos de imaginar las derivaciones de este ingrato episodio.

Dos semanas más tarde, Francisco es víctima de un brote psicótico de una violencia inusitada. Ciertamente, no fue sorpresivo; ya venía denotando un cambio en su conducta que yo atribuía a la necesidad de adaptación a los cambios en la cantidad de medicación suministrada. ¿Conclusión? Como resultado del brote, Francisco padeció la internación más larga y dolorosa de su vida de paciente: 74 días en el HIGA de Mar del Plata.

Me averguenza decir que como padre, NO ESTUVE A LA ALTURA DE LAS CIRCUNSTANCIAS. Tengo suficiente inteligencia para darme cuenta que la raíz del cuadro psicótico estaba en la quita de medicación de una manera casi brutal y ante este hecho, debí reaccionar denunciando la actitud irresponsable del profesional que lo atendía. Mi reacción fue el enojo, buscar otro profesional y ahí acabó todo. Esta actitud cobarde de mi parte, me ha creado un sinnúmero de angustias que llevo como pesada mochila. Esto, y la ignorancia con la cual solemos manejarnos los padres de chicos afectado por problemas similares, es lo que me ha movido a contar en este blog los pormenores de mi propia experiencia, con la idea de que los errores cometidos consciente o inconscientemente, sirvan a otros padres de guía.

En la próxima entrega, cerraré el episodio y daré detalles de cómo de cómo nos relacionamos con el doctor Esteban Dávila y su ayudante, la también psiquiatra, Dra Evangelina Melgar. Creo-en realidad, estoy convencido- que el ingreso del Dr. Dávila en la vida de Franncisco, marca un antes y un después en su doloroso via crucis.

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Un poco de sexo visceral

“Un poco de sexo visceral”

 

Anoche había decidido quedarme con la intención de observar el comportamiento de la señora  Costacurta. En el ala izquierda del tercer piso, junto a una suite reservada a personajes VIP de los grandes laboratorios, se halla una sala de control informático provista de 12 monitores de última generación (esta tecnología de punta nos permitía trabajar en tiempo real con las mejores clínicas mentales del mundo y a su vez, consultar con los laboratorios de especialidades neurosiquiátricas, las últimas novedades al respecto)

El dueño de la clínica- amigo de la infancia y de estudios- y yo, éramos los únicos que teníamos acceso directo a este pabellón de privilegio en el cuál solían pernoctar los titulares locales de las grandes marcas medicinales internacionales, y algunos de la más importantes locales también.

En mi caso particular me había quedado un par de veces con el objetivo excluyente de utilizar el imponente yacuzzi a modo de terapia de relajación. Obviamente- y no quiero pecar de hipócrita-, el dormitorio con la cama de somier doble no resultaba menos atractivo. En síntesis, un spa privadísimo de unos 250 metros cuadrados, decorado en una gama de azul, con originales de Fader y Cándido López (sí, el pintor de la guerra de la triple alianza, el genocidio contra el pueblo paraguayo perpetrado por la infame diplomacia inglesa y su socio menor, representada por el fantoche Imperio de Pedro segundo) que hacían sentirlo a uno como un jeque árabe de segunda, pero jeque al fin.

Cuándo el cerebro entraba en un cono de sombras -producto de los excesos de desgaste de nuestra maldita profesión -, solía recluirme en la barra de un bien provisto bar, empotrado a escasos metros de la generosa cama. En fin, una barra cargada de licorería de primerísimo nivel( nada de caña quemada Legui o grappa Valleviejo; aquí teníamos las maltas más prestigiosas de Escocia, los brandys  franceses y españoles de abolengo, alguna licorería turca- línea de anises para las damas acompañantes de ocasión- e incluso las particulares gemas de la península itálica).

Completaban el decorado 5 estrellas, una teve de plasma de 42 pulgadas con un equipo de home theater y un complejo musical con parlantes encastrados sobre el piso flotante debajo de la cama.

 

Frente a la habitación 237 consulto mi reloj de pulsera : 23, 37. La señora Costacurta se halla de espaldas al monitor, contemplando la rugosa oscuridad de los árboles que componen el paisaje peculiar del enorme parque del entorno. Entre las copas de los imponentes eucaliptos una luna de ligero tono rojizo anaranjado luce impertérrita, ajena a los avatares humanos.

Primera sorpresa : desde esta especie de ciudadela cibernética,  puedo observar que la señora Costacurta luce un vestido plisado de inocultable calidad, adornado con una estola blanca que ha dejado caer como al descuido sobre sus hombros. Pienso en el nabo que había arriesgado el diagnóstico de catatónica.

Segunda sorpresa: los brazos de la paciente se mueven en suave cadencia acompañados de pequeños movimientos de los pies, alzando los talones como impulsada por un son  musical.

Activo el audio mientras el zoom acerca la imagen de unas luces que titilan en medio de la semipenumbra de la habitación 237. Se trata de un mini componente con CD incorporado que la señora Costacurta ha traído consigo desde el  día de su internación. Por el canal del audio abierto, son perceptibles las notas musicales de La Traviata. Para un melómano como yo, no es difícil distinguir la particular voz de la Shuterland en el papel de Violetta.

Casi mecánicamente pulso el número tres de la consola.

_ ¿María…?

_Sí, doctor Altuna Vélez. No lo hacía en el edificio…

_¿Usted está a cargo del  turno en reemplazo de x de acuerdo a las instruççiones pertinentes?

_Sí, Doctor, cumpliéndolas al pie de la letra. En este momento la estoy controlando a través  del circuito interno de visores.

_¿Sabe usted que la paciente está escuchando música por su cuenta?

-          Sí, doctor, lo sé. Lo hace desde varios días.

-          ¿Y por qué no fui notificado de esto?

-          -No creí que debiera hacerlo; yo reporto con la doctora Ocampo…

Recordé que nunca había dado una orden  al respecto.

-Está bien, disculpeme. ¿Puede adelantarme un informe sucinto de este acontecimiento?

-¿Cuándo lo quiere doctor?

-Ahora mismo María!

 

-Bien doctor. Pocos días después de dejar de suministrarle Nozinam y Stallazine por la noche como usted lo ordenara, ocurrió un hecho extraordinario.

-¿Extraordinario…?

-Sí doctor, como lo escucha. No se sí usted sabe de mi afición a la ópera…?

-Creo que ningún empleado ni paciente de la clínica lo ignoran…

-Me imagino…Bueno, el caso es que mientras escuchaba La Traviata, siendo exactamente las tres y cinco de la madrugada- lo recuerdo muy bien doctor porque en ese momento estaba mirando el reloj del Office- escucho que de una de las habitaciones, una voz de mujer tarareaba el aria de Violetta. Intrigada, me asomo al pasillo y para mi asombro, descubro que la voz venía de la habitación de la señora Costacurta que como usted sabe, se encuentra en línea diagonal con el despacho.

_¿Y…?

-No quise que me viera. Volví al Office y me puse a observarla detenidamente. Lo significativo fue que después de La Traviata seguía un compacto del Don Giovanni.

-Sí…

-Y que nada; ella volvió a la cama y a poco se quedó dormida.

-Sigo sin entender que es lo que me quiere decir…

- Que a la noche siguiente y durante las noches consecutivas, la señora Costacurta sólo dejaba de hacer esos extraños movimientos con la mano, cada vez que yo escuchaba La Traviata. No sabe doctor…parecía una obsesa…Se movía al compás de la música y canturreaba las intervenciones de los solistas; sin duda, conoce el texto de memoria…

-Extraordinario, sí, sin duda. ¿Y qué otra cosa pasó? Me refiero al origen de todo esto…

-Una noche…hace de esto una semana aproximadamente, yo me encontraba ensimismada revisando unas carpetas en silencio; no sé porque no había puesto ninguno de los compactos operísticos como es mi costumbre. El caso es que de pronto la veo a ella, a la Costacurta, asomada a la puerta del Office.

-Se le apareció…

- De repente, doctor. Parecía un fantasma; el cabello blanco, el rostro blanco como una secante… Me miró de manera extraviada y se quedó rígida durante unos segundos en los cuáles yo no supe que hacer, hasta que de pronto tuve una intuición. Señora Costacurta, dije tratando de ser lo más natural posible. Ya sé, extraña La Traviata… No sabe… la cara se le iluminó de una forma que no olvidaré jamás. Nunca vi semejante expresión. Asintió con la cabeza y…

-Imagino que no pronunció palabra…

-No, doctor; no lo hizo en esos momentos.Pero sabe usted que a veces hay miradas que son todo un discurso. Tomé el disco y la acompañé hasta su habitación.Tenía un equipo de audio que a mi entender jamás había utilizado y recuerdo que le dije quiere que yo lo ponga señora Costacurta? Cómo seguía hablándome con su mirada, así lo hice. A los primeros compases cambió de expresión y yo me di cuenta que quería quedarse sola. ¡Ah! , me acuerdo también que le pregunté desde la puerta si quería que le trajera otras óperas pero hizo nones con la cabeza y me marché. Usted debe saber que desde que ingresó a la clínica, jamás pronunció palabra alguna…Sin embargo, cuándo ya estaba camino hacia el Office, se asomó al pasillo y me dijo claramente : Verdi y Giuseppe

-Claro…el nombre del compositor…

-No no; no dijo Giuseppe Verdi; dijo Verdi y Giuseppe, que es algo muy diferente. Separó los nombres como dando a entender que Verdi representaba una cosa y Giuseppe otra.

¿Y no logró establecer ningún diálogo con ella?

- Para nada… Más allá de ese Verdi y Giuseppe no escuché que saliera otra palabra de su boca. En fin…desde entonces, todas las noches, entre las diez y las doce, escucha y tararea la obra de Verdi. Eso es todo.

 

_Tal vez ese Giuseppe esté relacionado con su vida personal…

_Posiblemente. Lo extraño es que cada vez que pone la música, desde el audio de mi monitor siempre escucho que repite cada tanto esos nombres…como puedo decirle…? Pareciera existir cierta complicidad entre una voz apasionada y el movimiento de su cuerpo siguiendo el compás de la música. Verdaderamente extraño doctor…

Recordé que la historia clínica de la paciente era una página en blanco; que un día alguien había venido a internarla, con la particularidad de que en la ficha de admisión, los datos personales  de la mujer que la había traído resultaron falsos en cuánto a nombre, número de DNI y dirección; no así los de la señora Costacurta, que pudieron ser corroborados fehacientemente. En la jerga clínica ya la habíamos bautizado como la dama misteriosa.

Le pregunté a María a que podía deberse semejante cambio en una paciente que durante meses- desde el momento de su ingreso a la Clínica- se había mantenido en un mutismo absoluto no exento de manifiesta hostilidad hacia todos los profesionales. Y además, que como única demostración, se dedicaba a restregarse las manos de una manera por demás extraña, golpeando cada tanto la palma de su mano izquierda, en una imagen que sugería que estaba clavando vaya uno a saber qué.

-Como le dije…esos extraños juegos de manos desaparecen durante la audición musical; pero durante la mañana, cada vez que el médico de guardia y los residentes hacen su habitual recorrida, vuelven a instalarse en ella de manera compulsiva.

-¿La doctora Ocampo la visita?

Silencio de radio. Volví a repetir la pregunta.

-Sí… ella fue la que me dijo que debía reportarle todo; que ella lo haría luego con usted Doctor…

-Gracias María.

Corté el audio. Conocía esa voz melosa. Ya había tomado la decisión de cortar por un tiempo al menos las fellatios con María, verdadera especialista en ese tipo de juegos eróticos.

A través del canal de audio, se escucha con nitidez el aria de Alfredo.

En esos momentos, resonó por el pasillo un taconeo firme.

Al darme vuelta…la doctora Ocampo vestida para el infarto : pollera plisada azul, diez centímetros por arriba de las rodillas; botas de caña alta de piel de cocodrilo, blusa negra de escote generoso con un saco de terciopelo azul. El cabello, rubio genuino, oscilaba blondamente en medio de su andar felino.

-¿Qué haces por aquí a estas horas?

-Eso mismo estaba por preguntarte yo….

Le señalé en el monitor el objeto de mis observaciones.

-La señora Costacurta. Tu obsesión de los últimos meses.¡Parece un milagro!

Le contesté con una interjección. Preferí ocultarle la charla con María. No tenía deseos de enroscarme con una polémica; la Ocampo era una psiquiatra biologesista  atada a la clásica terapia del puré de grageas, una variante que me tenía como enemigo declarado desde mi ingreso como jefe de Psiquiatría. De alguna manera me traicionó el genio cuando le pregunté si venía para hablarme de la paciente.

-¡No, para nada! He venido  para hablar con vos…de vos.

De haber estado frente a un espejo, seguramente hubiera visto mi expresión estúpida.

-Sabía que te iba a encontrar aquí y decidí tomar la iniciativa.

-¿Iniciativa…?

La sonrisa le abrió la boca como un mero.

-Para decirlo abiertamente, mi intuición me dice que desde que llegaste, me has estado mirando con un interés que excede lo profesional. ¿O me equivoco….?

¡No me mires con esa cara! ¡Vamos doctor….! A mí no me engañás. Se te nota en la mirada. ¿Qué te parece esta frase de Channon? “La mirada es el reflejo de las ansiedades ocultas que el cerebro fija en el espíritu?”

La Ocampo largó la frase enfundada en una oralidad sensual provocativa, mientras giraba levantando los pliegues inferiores de su escueta pollera. Observé entonces  sin ver, las puntillas de una imaginada lencería negra. Como fósil de la vieja y perimida moral sexual, no supe que decir; algo escandalizaba mi pensamiento pero sin dejar de percibir que el animal libidinoso que habitaba en mí, comenzaba a inquietarse. Claro que por aquello de quien pega primero… ella quiso aprovechar el golpe demoledor.

-Sé que la iniciativa amorosa de la mujer aún se ve de manera prejuiciosa en ciertos sectores machistas que nos condicionaron durante siglos. Espero que no pertenezcas a esa clase; de todos modos no me importa; decidí asumir el riesgo y no siento vergüenza de decirte que sos un tipo extremadamente interesante; de hecho, creo que me estás volando la cabeza. Vamos doctor…no me dejes pagando con tu silencio; soy atrevida pero en el fondo, sigo siendo una mujer con todo lo que ello implica…

Con estudiada despreocupación, la Ocampo hacía oscilar la cartera de largas correas sobre el piso de mármol ligeramente verdoso. En un par de ocasiones capté la furtiva mirada hacia la suite de la que nos separaban escasos metros.

A esta altura, el animal libidinoso se revolvía nervioso en algún lugar recóndito de mi cerebro. Era hora que empezara a hablar.

-¿Y se puede saber que es lo que viste en mí?

A último momento había decidido cambiar el vocablo atrae por el verbo Ver.

-Una increíble atracción física. Te digo…inducida en parte por tus constantes miradas libidinosas. Te diré…y creo que esto también va a sorprenderte : todos mis amores han tenido el mismo origen visceral. Para mí, el sexo absorbe la suma de todas mis angustias. En algún nicho de mi cerebro se oculta un ancestral terror frente a la muerte que yo trato de engañar con los orgasmos.

Ahí tenía una pequeña cuña para tratar de lucirme.

-Eros y Thánatos…La vida misma, el eje medular de la existencia. Perfecto sincronismo de espíritu y materia.

Su mirada me hizo pensar que había descendido un escalón.

-Bueno… con respecto a mí misma, trato de no embarcarme en interpretaciones filosóficas. Ves…me encanta tu sonrisa. Puf…no sé que quería decirte…¡Ah…! Sí, sí; ahora me acuerdo: después de haber leído Así Hablaba Zaratrusta…pero digo yo, mi querido doctor- arqueó el rostro en dirección a la puerta de entrada a la suite- ¿No piensa invitarme para sentarnos al menos…? No voy a hacerle nada que usted no quiera…

 Eché un último vistazo a la señora Costacurta. Violetta recitaba su doliente aria. Antes de franquear la puerta, me pareció prudente avisarle a María que me marchaba.

Seguí a la Ocampo detrás de sus ostensibles movimientos de caderas; cada paso, exhibía la firmeza de sus muslos.

Cerré la puerta con el taco de mi zapato. Mentalmente, había comenzado a desarrollar el coito que vislumbraba como un acontecimiento inevitable. De buenas ganas, me hubiera apoyado entres sus cantos traseros aferrando mis manos con sus senos, pero el animal erguido aún imponía ciertos pruritos.

-¿La barra o la mesa?

-La mesa-acotó, mientras yo tenía la impresión de que mi miembro estaba aferrado a las húmedas paredes de su boca gelatinosa.

Sólo para mantener el diálogo, se me ocurrió traer a colación a Nietsche.

-¡Ah! No es el momento.

Me acerqué al reproductor de CD.

-¿Clásico? ¿Melódico? Tango o folklore…?

-No, no; clásico; barroco preferiblemente…

-¿Bach? ¿Vivaldi? Haendel? Purcell? Corelli? Albinoni?

-Vivaldi, Vivaldi sin duda. Los anglosajones me resultan un tanto densos. Se me ocurre que en Vivaldi está presente Dios pero sin renunciar al espíritu del vino.

-Vaya con la definición doctora! La comparto plenamente eh…Además…pocos saben que Vivaldi es el músico que más ha influenciado en Juan S. Bach.

-Bueno…tanto como eso no sabía.

Me hallaba ante la presencia de una mujer inteligente, ilustrada y profunda. Cierto es que para mi gusto personal, su descaro me resultaba por momentos ofensivo e insolente; pero sabía que lo soportaría a condición que la psiquiatra no cayera en el lenguaje procaz que solía exhibir sin ningún tapujo. Desde que la conociera, siempre me había molestado su hábito a evacuar palabrotas antes que fueran elaboradas por el pensamiento; aquí no era cogito ergo sun, si no, digo, y luego pienso. En alguna ocasión me había dicho a mí mismo, que la incontinencia verbal tan escatológica de la Ocampo, podría esconder alguna patología de origen neurótico. Buena oportunidad para bucear un poco. Después de la furiosa embestida de mi colega, trataba de rehacer mis defensas vulneradas. De todos modos, ella persistía en su asalto : mientras preparaba sendos vasos de escocés detrás de la barra, observé como cruzaba sus piernas un par de veces con extremada lentitud; en la última, dejaba para regalo de mi vista una bombacha negra con pequeños puntos rojos.

-Hiciste alusión a Así hablaba Zaratrusta…una obra poco recurrente para el espíritu femenino.

-Lo asumo, sí; sin embargo, fijate que Nietsche me abrió la cabeza. Creo que me salvó de una potencial psicosis.

-¿Tanto…?

-Sí…tanto aunque te cueste creerlo- apuró un largo trago, percibí las alteraciones de una ansiedad creciente-. Tuve una niñez de mierda. Me pudrió por dentro lentamente.

La última palabra quedó flotando en el vacío durante incontables segundos. Me ganó la sensación de que un perturbador silencio se aplastaba de pronto contra el piso. El pensamiento pugnaba por abrir mis cuerdas vocales pero una brusca y pastosa sequedad en la garganta, me impedía abortar las palabras. Los malditos momentos en que uno no sabe que decir.

La Ocampo empinó una vez más el grueso vaso tallado. Un cordón viscoso y ligeramente ámbar se deslizó por una de las comisuras de sus labios.

-Me fui al carajo. Soy una boluda -perdón pero no puedo hablar de otra manera-; me pongo patética cuándo toco este tema. Te voy a confesar algo que sólo los íntimos saben : estuve algo más de un año psicoanalizándome. Bueno…intentando al menos; en realidad, nunca pude soltar una palabra respecto a las cosas del pasado que tanto me jodieron… Creo que fue peor el remedio que la enfermedad. Te digo : el tipo terminó casi chiflado. Un día se agarró un mambo de aquellos. Para qué carajo venís a verme; sólo me tirás boludeces, cáscaras del pensamiento que ocultan lo que en verdad te jode. Probá con la Iglesia. Para gente como vos, Jesucristo es el analista perfecto; todo lo comprende, todo lo perdona.. En lo que a mí respecta, me rindo. ¡Ah! También me aconsejó que abandonara mis estudios; que había elegido la carrera equivocada.

- Duro el psico…

-Durísimo.

-¿La carrera dijiste…?

-Sí…estaba cursando el quinto de psicología.

No puedo dejar de observar su generoso escote  : 95 centímetros de busto harto sugerente. Había que asumir que la veterana disimulaba con creces sus 55 años.

La mirada femenina me parece un chisporroteo de cables en cortocircuito.

-Hay algo que no entiendo aún.

-¿Qué? ¿Qué es lo que no entendés?

¿Qué tiene que ver Nietsche con todo esto?

Otra vez me hipnotizo ante un nuevo cruce de piernas; ella ríe ostensiblemente. Se nota que el alcohol comienza a trasegar su cerebro. Tal vez debiera decirle que pare un poco con los tragos.

-Federico me salvó de la enajenación…

-¡Caramba!

-Como lo escuchás.

 

(continúa…)

 

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Algunas disquisiciones a propósito de la Esquizofrenia

                                         Apuntes.

 

 

Se sienta frente a la computadora y lee el título que encabeza el programa de Word:”APUNTES PARA ESQUIZOFRENIA. De cómo la psicología surge como ciencia nutriéndose de la filosofía. Diálogos y opiniones”

 

A)Pensamiento Socrático: “la virtud es el resultado del conocimiento ya que el mal deriva en la ignorancia”

 

R: La historia ha demostrado lo contrario. El conocimiento per se, no garantiza una mejor actitud moral. Si así fuere, los crímenes de lesa humanidad, las guerras de conquista y los procesos evolutivos sociales que desembocan en el capitalismo como sistema de dominación excluyente (dicen que los soviéticos perdieron la contienda ideológica a consecuencia de una ultra secreta guerra psíquica) no son obra precisamente de ignorantes sino todo lo contrario. Ni siquiera el arte como sublimación del espíritu es garante de esta premisa.

De alguna manera, las manifestaciones artísticas no son más que catarsis colectivas enraizadas en el individualismo, a caballo de  neurosis no asumidas sometidas al ego, intrínsicamente egoísta y egotista. Tenemos pues que el fermento de la psicología tiene sus orígenes en el pensamiento filosófico de Occidente (aclaremos: antes de ser tomada groseramente por el capitalismo salvaje, ni los chinos ni los hindúes solían psicoanalizarse).

 

 

            

 

B) A PROPÓSITO DE “COGITO ERGO SUN”

 

 

El pensamiento cartesiano (Descartes y seguidores) rompe con la escolástica medieval que durante siglos favoreció los intereses del oscurantismo dogmático y clerical. Sin embargo, retomando la idea de Platón respecto a la oposición entre materia y espíritu (en mi modesta opinión, se trata de un craso error: el espíritu no existe per sé; es parte indisoluble de la materia) la aggiornó bajo los términos de sustancia extensa-sustancia pensante. Esto demuestra que la intelectualidad se recrea a través del desarrollo de conceptos básicos; como un nuevo dogma de las ideas, se afirma que esa sustancia pensante tiene el poder de dirigir y modificar el curso mecánico de los fenómenos. Una verdadera falacia. No existe voluntad absoluta capaz de realizar esto sencillamente porque el hombre no es una isla y cada proceso de vida estará siempre ligado a causas externas e interiores que él no puede controlar.

 

 

 

C) SPINOZA, VISIONARIO.

 

 

He aquí la simiente de la revolución que se avecinaba cuando por primera vez se considera lo mental y lo físico como dos corrientes de sucesos que actúan en forma independiente una de la otra, pero dejando en claro que, un cambio en una induce un cambio en la otra. Se abre así, el primer canal que habrá de conducir de manera inexorable a la ciencia psicológica (falta sólo la interrelación futura con la medicina para que esto se concrete). El caso es que por primera vez, esta postura se anticipa a la teoría del inconsciente, ligada a los procesos de la relación  entre lo que subyace oculto con los mecanismos conscientes.

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Un episodio de mi infancia

Amigas y amigos de las bitácoras de Monografías.com: aquí va un poco de historia personal con alguna ficción literaria(les presento a Gregorio Alonso Lama, uno de mis “personajes” emblemáticos, co- protagonista de mi novela “EVITA, MADONNA Y LAS TORRES GEMELAS”)
1949
“La aldea ha quedado atrás. Al darse vuelta, apenas distingue la cruz de hierro de la iglesia románica situada en las afueras, detrás del río que deberá cruzar después de llegar a Punxin para entregar una de las viandas a su tío Eugenio, aprendiz de zapatero remendón.
Primera vez que asume la doble responsabilidad de llevar las viandas de almuerzo a dos de sus tíos que vivían con él y la abuela, convertida ésta en jefa de la familia después de la muerte del Abuelo Evaristo.
Aún le resuenan las voces de sus tías cuando, de manera intempestiva, se aparecieran ayer por la casa de piedra, para ejercer su derecho a protestar frente a lo que consideraban una locura.
En medio de la discusión, él se había puesto frente al ventanal de la sala contemplando los grandes pinos de la ladera que se mecían movidos por el viento. Las hermanas de su padre- ausente- casi gritaban frente a Benita Gómez, convertida por la acción de un pañuelo negro, un batón negro, medias negras y zapatos negros, en paradigma del luto y del duelo marital.
“Vosotros no tenéis derecho a reclamo alguno. Vuestro hermano hace 7 años que se marchó a la Argentina. Sabéis que mi hija calentose la cabeza con otro home y cuando o neno aún estaba en la cuna, se fue con ese maldito. Hace años que yo soy el padre y la madre que no tiene. Nadie va a decirme como debo educarlo”.
Las tías tironearon verbalmente aduciendo que el no tenía aún siete años, y que era una locura mandarlo sólo a través de varias leguas de inhóspitos caminos montañosos. La mujer de luto contraatacó puntualizando que el rapaciño había madurado antes de tiempo por culpa del dolor y la soledad; que eso le enseñó a manejarse en forma independiente, y que aquello de los caminos inhóspitos era una patraña, debido a que el niño solía andar por esos caminos de Dios sin más compañía que su propio pensamiento.
Resultó inútil. La disputa terminó abruptamente con un seco y unísono va a merda!, lanzado por las tías con inocultable ira frente al rostro de Benita.
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Creo que es el momento de presentarme: mi nombre es Gregorio Alonso Lama. ¿Quién soy? Nada más y nada menos que un personaje de novela, emblemático por cierto. Yo le debo mi vida (sé que resulta un tanto pretencioso que un personaje de ficción se apropie del término vida; sin embargo, realidad y ficción se mezclan de tal manera que uno no sabe dónde comienza una y termina la otra); le debo mi vida decía, a José Manuel López Gómez, español, gallego, emigrante y escritor. Por alguna razón misteriosa, he asumido la responsabilidad de contar este episodio de su vida, gozando de esa inapreciable patente de corso que otorga el dolor ajeno. Ese dolor particular- exclusivo y excluyente-, que los humanos suelen llevar por la vida en puntas de pie, tratando de no perturbar esa parte escaldada de la memoria. Habrán notado que siendo una historia que le toca tan de cerca, López Gómez no utiliza la primera persona para darle un matiz más directo al relato. “Tengo que contarles algo…” debió empezar diciendo. Y resulta irónico que si bien cierto es que ha comenzado a contar un episodio triste de su niñez, no está diciendo lo que realmente quiere decir.
Yo seré más directo. Pero no piensen que daré cuenta de un dolor terminal, ese tipo de dolores signados por la muerte (sin embargo, existen dolores que suelen ser más dolorosos que la muerte misma).
Falta una fecha precisa: 6 de enero de 1949, Reyes en la liturgia cristiana. La noche de la víspera, López Gómez niño ha depositado sus zuecos (*) sobre la base del gran ventanal que da vista a la estrecha calle de la aldea, fijando el paisaje majestuoso de una ladera cubierta de pinos. Con una letra deforme ha escrito una carta a los Reyes. “Señores Reyes: quiero un auto de madera o una locomotora negra”, reza la esquela. Pero al levantarse ese día por la mañana, mientras las sombras de la noche estiraban su pereza sobre el horizonte, se ha encontrado con unos trozos de carbón sobre los flancos de su calzado. Ve un papel cuidadosamente plegado. Al abrirlo lee: “Esto es porque os habéis portado mal.” Todo el camino:-tres leguas de ida y tres leguas de vuelta-ha ido mascullando, rumiando psíquicamente respecto a qué cosas terribles habría hecho para que los Reyes magos lo castigaran de tal manera. ¿Acaso porque solía escaparse al monte para trepar a los árboles en busca de los huevos de los pájaros? ¿O quizás tendría relación con el día aquel que la abuela se había enojado muchísimo porque el río le había arrebatado en un descuido la ropa y debió regresar a casa sólo con el calzoncillo puesto? ¿O tal vez porque en vísperas de la navidad reciente-y pese a la expresa prohibición de su abuela- otra vez había salido por el pueblo a pedir una hogaza de pan de mijo? Imposible saberlo. Mientras la abuela preparaba las viandas en la cocina a leña sin decir palabra, él ya había vuelto del baño después de desahogar entre lágrimas su enorme frustración. Y tampoco soltó una queja. A partir de ese momento, ya estaba preparado para asumir en silencio, calladamente, todas las decepciones que el futuro tenía en sus alforjas.
 

 

 

 

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