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ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 

“Tau Ceti, Epsilón Eridani y el libre albedrío”

               “TAU CETI , EPSILÓN ERIDANI Y EL LIBRE ALBEDRÍO”

                                                                    I

Mientras sueño, o sueño que sueño, ellos se instalan en un espacio metafísico de mi pensamiento. 

Trato de desechar la visión, como lo hacemos

con las imágenes que violan nuestra mente.

(A veces quedan solo en un esbozo trémulo porque en 1/8 de segundo, cualquier imagen apenas titila en los infinitos corredores mentales).

Desde el súper woofer (¿qué querrá decir esto?) de la compu,

el tirano y mujeriego Verdi, obliga a la Sutherland a ceñirse

estrictamente al papel de Violeta: in core scolpiti ho quegli accenti!

Trato, digo, pero no puedo, cuando, casi calladamente,

las palabras, amor, mujer y sexo, trepan

a mis oídos en ese orden, como partes tullidas de una frase.

El control remoto lleva a Verdi y a la Shuterland a otros corredores

metafísicos. Pero antes, Violeta se hace dolor en el amor

Piú non esiste; or amo Alfredo, e dio lo cancelló col pentimento mío,

 

Mientras tanto, desde una habitación contigua,

un locutor anuncia:

Hamas está respondiendo a un ataque artero de Israel

(por una sutileza como ésta, uno podía ser

tildado de antisemita).

 

Avanzo dos pasos.

La imagen de los hombres

se bajan de la mente hasta desaparecer.

Retrocedo.

Ni bien se apoya en el suelo el taco del segundo paso,

comprendo que he ingresado en otro corredor metafísico

porque el joven y el viejo ya no están allí.

(¿Mencioné acaso de que eran un joven y un viejo?)   

 

II.       Viaje por uno de los corredores metafísicos de la muerte.

 

Veo al Borges joven- cuándo aún era Jorge Eduardo en su documento-

recibiendo precisas instrucciones del Foregein Office,

mientras es nombrado Sir( en secreto) por Jorge VI.

 

Veo a Einstein en el aula magna de Princeton

dando una obligada conferencia,

sobre la fórmula de la muerte

de todas las muertes

ante la plana mayor del Pentágono.

 

Veo a un violador con el sello de la perversión sexual

en su ADN

practicando sodomía con un niño.

 

Veo las bombas racimos cayendo sobre Bagdad.

Profanando la pobreza de los pequeños pueblos afganos.

Cayendo sobre los arrabales de Kabul

Y  también desplazando su violencia

sobre el corazón urbano de la franja de Gaza.

Bombas asépticas e inteligentes (una forma de blanquear

los famosos daños colaterales, pienso).

No veo el dolor, pero escucho los gritos de la angustia

atravesando mi cuerpo astral.

 

                                   

Veo a Süsmayr (Franz Xaver) con la cara demudada

deteniendo a los otros transeúntes de la muerte

agitando en sus manos

la partitura del Réquiem de Mozart

“¡Yo terminé Lacrimosa, y mías son las partituras de Domine Jesu,

Hostias, Quan Olin, Sanctus, Agnus Dei y Comunión: lux aeterna

pero el masón frívolo y libertino se ha llevado toda la gloria

de la grandiosa misa de difuntos!”

 

Veo el Buenos Aires execrable, las villas de los arrabales indigentes

donde los carteles pobres de la droga comercian el Paco(*)

Veo a millares de adolescentes

corriendo hacia sus propias muertes

condenados por uno de los Estados periféricos

de la gran civilización occidental y cristiana.

Los veo

mientras los pobres mutan a indigentes

por la módica suma de 50 dólares mensuales.

 

III

 

Veo mi persona(es decir, la parte de mí mismo

saliendo de mi cuerpo)

Preguntando quien soy, quienes somos de verdad.

Golpeando a las puertas de las chapas médicas

indagando a los doctores que curan el alma

-psiquiátras y psicólogos-

 porque la ciencia de las ciencias

carece de diagnósticos y recetas precisas

para curar los males mentales.

 

Veo a Francisco Solano-mi hijo esquizofrénico-

saltando los corredores ancestrales de todos los sueños

exigiéndome una explicación

desde el fondo de su mirada inteligente pero extraviada.

 

Veo a Dios, o al hálito de Dios

sosteniendo entre sus manos la cadena del libre albedrío

a modo de testimonio dogmático y excluyente.

El maldito libro blanco de la creación

responsable de todas las calamidades de la raza.

(Hubiera querido preguntarle a Dios

Por qué razón nos ha hecho para todas las preguntas

pero no para todas las respuestas).

 

Veo el espacio cósmico y a un planeta azul

navegando en un mar inmenso de negrura.

Veo el sol quemando cuatro millones de toneladas

de energía por segundo

mientras continúo el viaje astral de mi espíritu

en pos de los confines del sistema solar.

 

El planeta azul ya es un punto apenas visible.

 

Veo las gigantescas manchas en espiral de Júpiter

(miles de veces más grandes que la tierra)

agitando su tormenta inconcebible sobre las puertas del planeta.

 

Veo y siento el escozor del infinito que comienza a estallar

ante mis ojos, y al volver  la vista

el grandioso hábitat de la soberbia de los hombres

ni siquiera es un punto en el espacio.

 

IV

Veo a Saturno y como una exhalación dejo atrás el alfa,

los restos jóvenes

de materia de la supuesta explosión primigenia.

(a propósito, nunca me “cerró” ese paradigma de la soberbia humana

bautizado big-bang: planetas, estrellas, galaxias, cúmulos estelares, en fin, el infinito de todos los infinitos, contenidos en una proteica materia

del tamaño de un guisante).

 

A modo de mojones virtuales del espacio,

las cefeidas marcan la impronta de “los arduos corredores”

más allá de nuestro sistema solar.

Una nueva cuenta es el punto de partida de un viaje que se mide en parsec (ó la distancia astronómica equivalente a 3,26 años luz).

El salto hacia Tau Ceti y Epsilon Eridani (ya sabemos:

las estrellas más cercanas de nuestra vía láctea)

“apenas” a cinco años luz del planeta azul,

en esta instancia, “convertido” ya,

en partícula de arena de cualquier playa.

 

Entonces, algo desvía el curso de mi espíritu

y lo sigo a través de otro de los infinitos corredores metafísicos,

Veo los Aleph borgesianos.

Veo el libro aún vedado de los terribles

secretos que guarda la física cuántica.

Veo las bolsas de carbón,

el espacio de la materia negra, la densidad inaudita

como parte de los arcanos vedados,

Veo el Cignus x1, el documento irrefutable

de la existencia física de un agujero negro,

(100 veces la masa de nuestro Sol

¡Pero de un millonésimo de su diámetro!

Esto no es ficción; ha sido científicamente probado)

 

Digo,

un agujero negro del tamaño de un balón

succionando, tragando vorazmente cantidades inconmensurables de materia; incluso devora la luz misma, como parte

de un universo ontológico,  indescifrable y perverso;

tal vez un lúdico ejercicio de Dios para no aburrirse en las edades infinitas.

 

V

El espíritu se desplaza, lo sigo.

Algo me dice que avanza por un corredor metafísico

de otro Universo paralelo sin parcelas de tiempo ni de espacio.

 

Veo, siento que nos sentimos arrastrados

por heterogéneas y compactas  masas de espíritus  concebidos

para matar:

Veo la primera piedra que partiera un cráneo humano;

veo flechas, lanzas y espadas de unos hombres,

manchadas con la sangre de otros hombres.

 

Veo a Europa en medio de un incendio gigantesco.

Veo a un grupo de hombres arrastrando en medio de la noche un cilindro oscuro con la leyenda “Enola Baby”, mientras millares de niños duermen su inocencia en la campiña aromática de Hiroshima, ajenos

a una ambigua angustia que inocula

el corazón de sus padres.

 

Veo a Nueva York, a Londres, a París, a la Roma

 presuntuosa de su pasado imperial.

Veo a Sidney y su ancestro de convictos.

Veo la Basílica que fuera el corazón del Occidente cristiano

como cetro de la traición de los evangelios.

Veo a Buenos Aires y a Brasilia; a Oslo y Berna; a Pekín y Addis Abeba.

A todos los centros urbanos que alguna vez cobijaron los sueños de los hombres.

(Pero también las codicias y el egoísmo colectivo como “raiz de todos los males”).

 

Veo ruinas, muerte y desolación

en medio de un silencio atronador de voces.

No veo un solo hombre, ni a una sola mujer.

Tampoco husmea en mi corazón

la inocencia de unos niños, ni tampoco la perversidad manifiesta de otros.

Veo la desolación de los espíritus-imposible precisar el número-

desconcertados en su angustia cósmica y colectiva,

conscientes de que la muerte-por orden directa de Dios-

se abatirá de manera colectiva sobre la especie humana.  

 

 

VI

Siento de pronto que mi espíritu quiere volver a mí.

Tal vez-pienso- para evitar el enojo anticipado de la muerte.

Percibo que me habla de un cansancio existencial

en medio de un karma milenario que no le da tregua.

 

Una frase se hace molde de letras en mi mente:

 

“Lo imposible y aún más”.

 

Una voz que no es humana sacude

esa parte de la razón que no es más que una entelequia:

El sol contiene un volumen, un millón de veces mayor que nuestro planeta.

Algunas estrellas son un millón de veces más grandes que nuestro sol.

Cada galaxia contiene más de doscientos mil millones de estrellas

Separadas entre sí por distancias inconmensurables.

Existen más de cien mil millones de galaxias y el Universo

No detiene su constante creadora y…”

 

Momentos en que el sueño se desborda

y surge un corredor inflamado de oropeles

donde cada color son todos los colores.

El espacio estelar ha desaparecido, libre de la ebriedad

de todas las constelaciones.

Por la calzada yerma de gritos

avanza una columna humana agitando pancartas.

Un hombre esta parado a mi lado.

¿Una manifestación? ¿Quiénes son los que protestan?

Lanzo las preguntas mientras me esfuerzo por leer las leyendas de los cartelones.

“Son los poetas del mundo, espíritus sufrientes hecho palabra”

“¿Los poetas?

“Sí, todos los poetas del mundo. Los vivos y los muertos”

Entre la pequeña multitud, distingo a Horacio y a Virgilio, a Homero y su bastón;

A Pitágoras. Le digo al extraño que el griego es un matemático.

“¿Y tú crees que la matemática no es poesía? Ved, ése que marcha a su lado es Cantor,

el que perdió la razón a raíz de sus altas abstracciones matemáticas”

Los rostros de los manifestantes se encienden en mi memoria:

Dante acompañado de una bella dama. Cervantes, el gran Lope, Tirso, Calderón;

También veo la mujer de la frase perfecta: Dios no se muda. Todo pasa.

Baudelaire, Rimbaud. Víctor Hugo, Byron,

el hombre que honraba el vino; el Borges joven de su época profana;

Witman; Vallejo, Octavio Paz, Neruda, Nicolás Guillén, Ernesto Cardenal ;

el poeta de Granada con sus ocho rosas de fuego en el pecho…

 

VII

La lista es interminable.

Miro una vez más al extraño que me acompaña y no puedo evitar estremecerme.

Recién entonces me doy cuenta que levita en medio de un aura de plata.

Siento que las palabras se atoran en mi péndulo bucal. Debo esforzarme para hablar.

“No entiendo lo que dicen las pancartas” acoto, avergonzado.

“¿Cómo crees que Dios se comunica con el hombre? La palabra es un órgano metafísico. Pero no cualquier palabra ni tampoco la forma de expresarla.

“Por eso Dios le dio a los poetas, el don de las metáforas.

“El lenguaje metafórico es un código secreto, vedado a los hombres de negocios. Vedado a los guerreros,

en fin, vedado también a los vulgares y los necios.

“Pero yo amo la poesía. Sin embargo…

“No entiendes los mensajes escritos. Es que hoy se han esmerado.

 “Dios ha prometido recibirlos y escucharlos. Yo mismo he intercedido.

“¿Y cuál es el motivo?

“Vienen a pedir una segunda oportunidad para la humanidad. Saben que tal como están las cosas el camino de la desaparición como especie es irreversible para la raza.

“Alegan de que Dios no debió dejarlos librados a su suerte;

que el mal fagocita las aristas perversas en detrimento del bien y que por esta razón, Dios debería cambiar los códigos genéticos del libre albedrío.

“Pero eso es imposible…

“Dios necesita del libre albedrío. Es un ida y vuelta. Dios lo ha hecho al hombre pero necesita de éste para completarse como Ser. Pides casi un imposible.

“No para Dios, hijo. Nada es imposible para él. Lo que nunca comprendió el hombre, es que por respeto a él, le dio la potestad de la elección de vida para que él mismo, sin interferencias de ninguna índole, complete la noción del libre albedrío. Para ello le ha dado un arma formidable: la conciencia.

Nadie puede hacerse el distraído si del bien o del mal se trata.”

De pronto, resuena un formidable trueno. Miro hacia las alturas con la sensación de que una gigantesca sierra de cobre, partiese a dentelladas las incontables pátinas de cobre de todos los cielos.

 

 

 

 

Me siento sobre el borde de la cama;

No sé si sueño o soy parte de esa Matriz

que ha invertido la realidad en nuestros hemisferios cerebrales;

una Matriz en la cual el mismísimo Dios es un empleado jerárquico

de la existencia.

 

A través del mirador virtual, la oscura noche es una vorágine de estrellas.

Mi espíritu-infatigable al fin- bucea inútilmente  en el misterio

que jamás nos será develado.

Miro el cielo.

Tau Ceti y Epsilón Eridani, brillan tan cerca y tan lejos de nosotros.

 

Sorpresivamente, mi espíritu me arrastra hasta los confines del espacio.

Sobre el borde del precipicio de la materia oscura virgen

-como parte infinitesimal de un misterioso orden-,

viajando a novecientos mil kilómetros por hora,

veo, percibo y siento el Universo que no deja de expandirse.

 

Desde las aristas lejanas de nuestro sistema solar

-apenas un ignoto rincón de la vía láctea-  

me llegan los ancestrales gritos.

(El vasto y áulico grito parido por todos los orgasmos de la raza).

 

Un horno nuclear gigantesco  asoma por la innombrable vagina

que sigue pariendo mundos.

(Y los seguirá pariendo, cuando, sobre la faz de la tierra

no quede ni una pátina de sombra de la raza humana).

Ajena a nuestros sueños,

Indiferente a nuestros crímenes

El Universo se expande, atronador.

Pronto será una estrella, un nuevo sol

que tornará al infinito en un repetido paisaje inalcanzable.

 

Pienso en mi hábitat, el planeta azul del que me separan

¡Quince mil millones de años luz!

Pienso en Theilard, el jesuita excomulgado

después de haber profetizado el Alfa y el Omega.

Luego-y sin saber por qué-pienso también en todos

Y en cada uno de los granos de arena

de todas las playas y desiertos del mundo.

El oráculo-al fin- ha venido a mí,

Pero siento una infinita congoja por el hombre.

Época oscura

    2008

 

(*)Paco: la droga de los pobres en Argentina. Se “fabrica” con los restos y desechos de la cocaína; incluso, admite polvo de ladrillo y vidrio molido (sí, han leído bien)

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Un poco de ficción literaria

Amigas y amigos de las bitácoras de Monografías.com: aquí va un poco de historia personal con alguna ficción literaria(les presento a Gregorio Alonso Lama, uno de mis “personajes” emblemáticos, co- protagonista de mi novela “EVITA, MADONNA Y LAS TORRES GEMELAS”)

1949

“La aldea ha quedado atrás. Al darse vuelta, apenas distingue la cruz de hierro de la iglesia románica situada en las afueras, detrás del río que deberá cruzar después de llegar a Punxin para entregar una de las viandas a su tío Eugenio, aprendiz de zapatero remendón.
Primera vez que asume la doble responsabilidad de llevar las viandas de almuerzo a dos de sus tíos que vivían con él y la abuela, convertida ésta en jefa de la familia después de la muerte del Abuelo Evaristo.
Aún le resuenan las voces de sus tías cuando, de manera intempestiva, se aparecieran ayer por la casa de piedra, para ejercer su derecho a protestar frente a lo que consideraban una locura.
En medio de la discusión, él se había puesto frente al ventanal de la sala contemplando los grandes pinos de la ladera que se mecían movidos por el viento. Las hermanas de su padre- ausente- casi gritaban frente a Benita Gómez, convertida por la acción de un pañuelo negro, un batón negro, medias negras y zapatos negros, en paradigma del luto y del duelo marital.
“Vosotros no tenéis derecho a reclamo alguno. Vuestro hermano hace 7 años que se marchó a la Argentina. Sabéis que mi hija calentose la cabeza con otro home y cuando o neno aún estaba en la cuna, se fue con ese maldito. Hace años que yo soy el padre y la madre que no tiene. Nadie va a decirme como debo educarlo”.
Las tías tironearon verbalmente aduciendo que el no tenía aún siete años, y que era una locura mandarlo sólo a través de varias leguas de inhóspitos caminos montañosos. La mujer de luto contraatacó puntualizando que el rapaciño había madurado antes de tiempo por culpa del dolor y la soledad; que eso le enseñó a manejarse en forma independiente, y que aquello de los caminos inhóspitos era una patraña, debido a que el niño solía andar por esos caminos de Dios sin más compañía que su propio pensamiento.
Resultó inútil. La disputa terminó abruptamente con un seco y unísono va a merda!, lanzado por las tías con inocultable ira frente al rostro de Benita.
………………………………………………………………………
Creo que es el momento de presentarme: mi nombre es Gregorio Alonso Lama. ¿Quién soy? Nada más y nada menos que un personaje de novela, emblemático por cierto. Yo le debo mi vida (sé que resulta un tanto pretencioso que un personaje de ficción se apropie del término vida; sin embargo, realidad y ficción se mezclan de tal manera que uno no sabe dónde comienza una y termina la otra); le debo mi vida decía, a José Manuel López Gómez, español, gallego, emigrante y escritor. Por alguna razón misteriosa, he asumido la responsabilidad de contar este episodio de su vida, gozando de esa inapreciable patente de corso que otorga el dolor ajeno. Ese dolor particular- exclusivo y excluyente-, que los humanos suelen llevar por la vida en puntas de pie, tratando de no perturbar esa parte escaldada de la memoria. Habrán notado que siendo una historia que le toca tan de cerca, López Gómez no utiliza la primera persona para darle un matiz más directo al relato. “Tengo que contarles algo…” debió empezar diciendo. Y resulta irónico que si bien cierto es que ha comenzado a contar un episodio triste de su niñez, no está diciendo lo que realmente quiere decir.
Yo seré más directo. Pero no piensen que daré cuenta de un dolor terminal, ese tipo de dolores signados por la muerte (sin embargo, existen dolores que suelen ser más dolorosos que la muerte misma).
Falta una fecha precisa: 6 de enero de 1949, Reyes en la liturgia cristiana. La noche de la víspera, López Gómez niño ha depositado sus zuecos (*) sobre la base del gran ventanal que da vista a la estrecha calle de la aldea, fijando el paisaje majestuoso de una ladera cubierta de pinos. Con una letra deforme ha escrito una carta a los Reyes. “Señores Reyes: quiero un auto de madera o una locomotora negra”, reza la esquela. Pero al levantarse ese día por la mañana, mientras las sombras de la noche estiraban su pereza sobre el horizonte, se ha encontrado con unos trozos de carbón sobre los flancos de su calzado. Ve un papel cuidadosamente plegado. Al abrirlo lee: “Esto es porque os habéis portado mal.” Todo el camino:-tres leguas de ida y tres leguas de vuelta-ha ido mascullando, rumiando psíquicamente respecto a qué cosas terribles habría hecho para que los Reyes magos lo castigaran de tal manera. ¿Acaso porque solía escaparse al monte para trepar a los árboles en busca de los huevos de los pájaros? ¿O quizás tendría relación con el día aquel que la abuela se había enojado muchísimo porque el río le había arrebatado en un descuido la ropa y debió regresar a casa sólo con el calzoncillo puesto? ¿O tal vez porque en vísperas de la navidad reciente-y pese a la expresa prohibición de su abuela- otra vez había salido por el pueblo a pedir una hogaza de pan de mijo? Imposible saberlo. Mientras la abuela preparaba las viandas en la cocina a leña sin decir palabra, él ya había vuelto del baño después de desahogar entre lágrimas su enorme frustración. Y tampoco soltó una queja. A partir de ese momento, ya estaba preparado para asumir en silencio, calladamente, todas las decepciones que el futuro tenía en sus alforjas.

JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ
(Y Gregorio Alonso Lama, personaje principal de mi novela “EVITA, MADONNA Y LAS TORRES GEMELAS”)

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Un milagro llamado Esteban Dávila VI

Queridos amigos:

He estado un largo tiempo fuera del blog porque sinceramente me siento un poco(ciertamente bastante) desilusionado; entiendo que tal vez el tema no tiene la atracción de otros; ejemplo: amor, arte, política, etc. Sin embargo, confieso que no esperaba semejante indiferencia(a decir verdad, al principio recibí algunos comentarios de un lector pero mi inexperencia en el manejo de esta herramienta, hizo que la respuesta tardía-y en dos ocasiones- auyentara al lector). Si existe un milagroso y solitario lector que se ha aventurado con mi blog, verá que resulta increíble que en casi 5 meses, ¡no existe comentario alguno!

En fin, lo cierto es que había pensado dejar el blog en el olvido pero el tema, el hecho de que el mismo involucra la vida de mi querido hijo, renovó mis anquilosados pensamientos y aquí estoy nuevamente(y Dios dirá hasta cuando…)

Siento una gran alegría en comentar que Francisco está mejorando en forma notable y comulgo con su médico-el amigo Dávila- en que el milagro parece tener un nombre: Haloperidol. Esta antigua droga-circa de 1935- ha logrado restablecer en mi hijo los circuitos de comunicación neuronal que tanto daño le causaron; de hecho, la anomalía en sus neurotransmisores le impedían dialogar con cualquier persona aún en la forma más simple. Por eso insisto que padres o tutores de chicos con problemas similares, no deben aceptar así porque sí que los médicos no innoven en el tema del suministro médico. Por favor, charlen con el profesional y traten de convenzerlo de realizar todas las pruebas posibles. Piensen que mi hijo estuvo ¡8años! sufriendo porque las pastillas que ingería no cumplían con la finalidad médica correspondiente.

En fin, esto es todo. Mientras tanto, cada dos meses viajamos con Francisco a la ciudad de Libertador General San Martín, en la provincia de Entre Ríos- donde se encuentra ese magnífico sanatorio de los Adventistas. para ver al Doctor Esteban Dávila y a su ayudante, la querida doctora Melgarejo.

Espero no abandonar este espacio,y si alguno lee la presente, no deje de dejarme un comentario para renovar fuerzas.

Un fuerte abrazo!

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“El helado filo del bisturí”

Una incursión dolorosa al costado pútrido de Adán.

El helado filo del bisturí

Demasiado en juego.

Las funciones vitales dependen de su maestría de cirujano.

Otro equipo está listo para el transplante.

El helado filo del bisturí se abre paso entre la sorprendida carne. Sabe que su mano de sexagenario ya no tiene la firmeza de las primeras incisiones.

Sexagenario. El pensamiento dibuja las palabras delante de su mente como un holograma gramatical. “Un sexagenario fue atacado por un ladrón…”

No puede sustraerse al recuerdo de la crónica policial en la que el periodista decide que el sexagenario cede virtualmente su condición de hombre para convertirse sutilmente en la de anciano.

Demasiado en juego.

Sabe que no deberá cometer el mínimo error; que la incisión debe ser precisa, meticulosa y -si es posible- geométricamente perfecta.

El acero reverbera en el cristal de sus lentes.

La piel del niño se abre con un siseo casi imperceptible.

Observa a su asistente tratando de descubrir el discurso oculto en sus ojos.

Siente la mirada femenina con la sensación de que trepa por unos instantes a la suya.

Comienza a sudar. Se ha dado cuenta que ella ha sido tomada por la acción de la feniletilamina.

La imagina rezumando sexo por los poros.

Teme que el metejón estúpido le juegue una mala pasada.

Demasiado en juego.

Las funciones vitales dependen de su maestría de cirujano.

El coto del cuerpo humano no tiene secretos para él.

La piel del niño gime de manera apenas audible.

Observa a la anestesista. La mejor sin duda; sabe que no necesita mirar el instrumento de control.

El niño tolera con holgura la dosis suministrada.

Ella le hace un gesto con la mano.

Tal vez un día la arrincone. Sería capaz de penetrarla sólo para escuchar los potenciales quejidos que saldrían de su boca.

Vuelve a la operación. No puede equivocarse.

Sabe que en una sala contigua de la casona, los padres del niño comparten la ansiedad y los miedos.

Cree percibir en su mano un temblor imperceptible.

Demasiado en juego.

Como buen cirujano, observa con morboso placer la violación de la carne: epidermis, fuste del pelo, glándula sebácea, dermis; folículo pilífero, glándula sudorípara, estrato subcutáneo, tejido adiposo, arteria y vena; pero el cerebro sólo registra la proa del cuchillo que se abre paso en medio de un cordón de sangre, preparando el tórax para el corte profundo y escindido. Sabe que por ahora, apenas es una incisión demarcatoria en un universo celular prodigioso y temible.

Sexagenario. El pensamiento remite nuevamente al rechazo visceral de esa palabra. El holograma mental busca otros paisajes. Los senos turgentes y la piel firme de su instrumentista lucen su erotismo virtual sobre el cuerpo herido del niño.

Demasiado en juego.

Las funciones vitales dependen de su maestría de cirujano.

No ha sido fácil, claro que no.

Tres años de sufrimiento, tratando de ahogar la calentura que lo asfixiaba cada vez que la veía llegar con sus minis infartantes y los escotes generosos.

Tres años resistiendo la acción depredadora de la feniletilamina.

Un promedio de setecientas intervenciones quirúrgicas anuales -a una por día, de lunes a viernes, operando incluso en días feriados – soportando ese Chanel número 5 que tiene la virtud de raptar por las fosas nasales como un inasible sembrador de minas explosivas; tratando que la voz cascada no penetrase por los poros de su cerebro. Resistiendo. Siempre resistiendo.

De pronto la postura 37 del Kamasutra, se instala en un arcano rincón de su mente. Se putea a sí mismo. No puede distraerse.

La sangre del niño salta en pequeños borbotones.

Sabe que debe conservar la concentración absoluta.

Demasiado en juego.

Es inútil porque el recuerdo ha enfervorizando su sangre; hasta el pensamiento ha perdido su habitual cordura y rigidez.

Todavía puede afrontar dos relaciones por semana; algunas con eficacia; otras con dignidad. Es consciente que maneja como un consumado Casanova a su joven amante, 30 años menor. De alguna manera ella había lanzado la primera piedra, el explosivo plástico que demoliera virtualmente su casi inexpugnable muralla moral, antes de tomar la decisión de abandonar su casa.

El primero y único engaño después de casi tres décadas de matrimonio bendecido por la iglesia (la católica apostólica, claro), abriendo el primer boquete espiritual en una estructura que siempre había creído sólida.

Demasiado en juego.

Las funciones vitales dependen de su maestría de cirujano.

Una familia que se repartía entre devotos de principios, hipócritas que usaban estos como carta de presentación social. y también aquellos a los que no les importaba más convencionalismo que el de servir a un egoísmo feroz. Familia cuya piedra fundacional la erigiera el ancestral guerrero de la independencia, y cuyos ladrillos posteriores, fueran consolidados por profesiones tan disímiles como la política, la literaria, o la vinculada a la medicina. Obviamente, no faltaban los religiosos de diferentes jerarquías eclesiásticas, y, por supuesto, la casta de militares que seguían honrando a la nación “…pese a esos mal paridos que no hacían más que agraviar gratuitamente a los servidores de la patria”. Por alguna razón que ignora, la frase de su primo-ex Coronel del Proceso de Reorganización Nacional-, ronda asiduamente su pensamiento, siempre listo, como un boy scout gramatical.

Alguien le pasa una toalla por la frente mientras la mano sigue la línea trazada sobre el pequeño tórax.

La sangre corre a lo largo y ancho del espacio ventral del niño.

Demasiado en juego.

Casi sin darse cuenta, la hoja ha descendido a las profundidades de la carne, en medio del río celular de las arterias.

Sus ayudantes separan los elevadores de las costillas y los músculos intercostales, para que el corte no dañe la porción central fibrosa atravesada por el esófago, la cava inferior y la aorta.

Por debajo de la estructura ósea, debe deslizar el acero a través del trapecio, el dorsal ancho y los romboides, desde las vértebras hasta las costillas. Un tortuoso camino antes de llegar a los músculos que se sitúan en relación con la propia columna vertebral.

El reloj le indica que hace dos horas que está operando.

Demasiado en juego.

Las funciones vitales dependen de su maestría de cirujano.

Falta poco. El equipo de transplantes está en máxima alerta esperando su señal. Consulta el visor. La presión, irregular, amenaza convertirse en crítica; el corazón del niño enfermo se abre y cierra en forma arrítmica, en medio de un sordo resoplido. A una seña suya, el equipo paraliza sus funciones. La preocupación mayor es la de evitar que el órgano vital entre en colapso. Ve la contracción isométrica antes que la presión expulse la sangre en la aorta. Sabe que la sístole se está debilitando segundo a segundo. Su agudísimo oído capta una ligera exhalación, como el de la implosión de una frágil copa de cristal. Cree sentir y percibir la confusión de millones de células pulmonares.

No es hora de pensar en el prodigioso culo de la instrumentista ni en las interminables fellatios a las cuales lo sometía la libidinosa compulsión de la mujer. ¿Quién habrá sido el estúpido que dijo que ése era amor a la francesa?

Por primera vez siente como propia, la ansiedad del grupo. Mira atentamente. Ahora es la diástole que relaja las funciones dilatando el corazón. Los ventrículos reciben la sangre de las aurículas con creciente esfuerzo, transitando casi agónicamente un nuevo ciclo.

Demasiado en juego.

La mano se abre en señal de reanudar las tareas.

El corazón del niño donante se halla en la caja azul, custodiado por los paramédicos que esperan una señal suya.

Por fin, el bisturí ha completado su delicado recorrido. Sabe que recién ahora viene la parte más delicada de la intervención, el transplante propiamente dicho. De todos modos, ha dado un gran paso.

Ella desliza sobre él una mirada lasciva y musita un todo bien que lo siente más cerca del erotismo que del miedo y la angustia que parece dominar al resto de los operadores.

El corazón enfermo es arrojado impiadosamente en un recipiente de residuos humanos. Imagina escuchar el silente sonido de los últimos restos de aire que escapan de los enfermos pulmones. Nunca ha podido sustraerse a la idea metafísica que no sólo muere un corazón enfermo; que mueren además, miles de millones de individuos celulares refugiados en las arterias y las profundidades cavernosas, muertos todos ellos, antes de explotar, literalmente fagocitados por la muerte.

Retrocede unos pasos y se desprende el barbijo. Ahora puede tomarse un resuello, un breve descanso mientras sus ayudantes acomodan en el tórax abierto el nuevo y rozagante corazón.

Resiste su deseo de arrojarse boca arriba sobre el mullido sillón. Ve el índice de ella entre los cuerpos masculinos. Tal como se lo prometiera antes de la operación, la botella de Ballantines y el vaso de grueso cristal tallado, aguardan el trago reparador.

Momento de un pequeño repaso mental.

Sabe que es el mejor especialista en cirugía del tórax. El complejo cardiorrespiratorio no tiene secretos para él. Casi 40 años de padecimientos, en una lucha áspera y descarnada.

Un combate sin concesiones dónde muchas veces se ha visto obligado a ceder su presa a la maldita muerte. Cuarenta años de romanticismo estúpido como cirujano exclusivo de hospital, mientras sus compañeros de promoción – clase media alta y clase alta, todos ellos -se mofaban de él continuamente.

Demasiado en juego.

Claro que todo tenía y tiene un límite. Le habían prometido el Ministerio Público. Cargo hartamente merecido. Una forma de terminar dignamente su carrera asegurándose una jubilación sin contratiempos. Pero algo falló. El centenario Partido político al que las encuestas señalaban como holgado ganador en las elecciones, debió ceder la mayoría ante un movimiento nuevo que gozó de un apoyo mediático imposible de contrarrestar(Al menos le sirvió para tomar nota de que el verdadero poder, se había desplazado desde la política hacia lo económico y que en este rubro, los medios se habían convertido en los rectores y custodios de la vida pública).

Era tanta la confianza en el triunfo, que los dirigentes del partido acordaron adelantarle dinero con el objetivo de mejorar su imagen: casa nueva, auto nuevo, e incluso la renovación total de su ridícula y gastada indumentaria. ¿Resultado final? : la derrota lo obligó a devolver la casa y el auto, humillación que su mujer no pudo tolerar ; la pobre infeliz entró en una depresión tan profunda, que llevaba tres meses internada en el anexo de Salud Mental del Hospital-esquizofrenia era el diagnóstico-, bajo intensivo tratamiento psiquiátrico.

Demasiado en juego.

El padre del niño transplantado es el Ceo de una multinacional muy importante. Sueldo anual de 6 dígitos (y en dólares). Un día se apareció por el hospital. “Me han dicho que es el mejor cirujano”, le dijo balbuceando. Lo vio bajar del automóvil Mercedes Compressor, último modelo. El empresario le invitó a beber un café. “Por favor, es muy importante.” Le habló del problema de su hijo. Una grave anomalía congénita cardiorrespiratoria. Lo había registrado en lista de espera en el Incucai(*).Le confesó que había tratado de sobornar a los funcionarios pero que resultó peor el remedio que la enfermedad; ni siquiera le habían permitido insinuar que estaba dispuesto a poner el dinero que hiciere falta para salvar a su primogénito.

En aquellos momentos, sintió la mirada desesperada del empresario, como el tacto pegajoso de un ente invisible e inasible. El recuerdo del remate es minucioso. “Usted es un hombre del Partido; tiene influencias. Úselas, por favor, no tiene idea de lo que se sufre pensando que un hijo se nos muere irremediablemente. Salvo que… yo sé que a usted la plata no le interesa, pero estoy dispuesto a poner 500.000 dólares para mover lo que haga falta. Si usted quiere ofrecerla en donación para campañas políticas del Pardito es cosa suya, pero, por favor, no abandone a mi hijo. Usted es su única esperanza”.

Demasiado en juego.

Entonces, el medio palo de verdes resbaló por su cara de póquer como correspondía a un hombre de bien. “No hablemos de dinero. Veré que puedo hacer”.

Por primera vez en muchos años, ese día, tuvo la sensación de que el viaje desde el hospital hasta su casa se había triplicado en kilómetros. La cifra ofrecida por el hombre representaba casi 500 veces sus ingresos mensuales, el canon hospitalario que un idealismo al que su propia familia consideraba estúpido, casi extravagante, le impidiera negociar en forma privada a lo largo de su carrera.

Por unos segundos cerró los ojos. Otra vez la invasión de la mofa de sus amigos y los decibeles de las carcajadas que parecían filtrarse a través del parabrisas de su viejo Renó 12, mientras se filtraban también por los intersticios de los cristales y la carrocería, las repetidas palabras que su mente solía enhebrar

peroqueganasteboludoaversitecreístequeteibanadarunamedalladeoroportudedicacionnotedascuentaquevivimosenunpaíscapitalistaaversiteaviváviejotenesquecantarlosversosdediscépoloviejoaquellodequeelquenolloranomamayelquenoafanaesungil.

Sexagenario. Una vez más el detestable término contrayéndose en su mente casi como un ritual; la escalera que desemboca en el sótano.

Hasta ella ejerció presión psicológica, el mismo día que le confesara la propuesta del Ceo.” Quiero que salgamos esta noche”, le dijo, sin poder simular el temblor que agitó la comisura de sus labios.

El recuerdo comienza a mostrarse luminoso, como una pintura de Velázquez. Echada de espaldas sobre el centro de la cama, en medio de la luz azul en degrade que subía y bajaba por las paredes del hotel alejamiento, la hembra humana hacía uso y abuso del poder ancestral de su maldito sexo. Repetidas fellatios habían barrido sus mínimos vestigios de simio superior, de criatura erguida acostumbrada a ejercitar el sagrado juego del amor, por encima del bestialismo oscuro de la carne.

Como un animal viscoso, soplaba y resoplaba; jadeaba y reclamaba. De pronto, el brazo femenino que se instala a modo de cuña entre los cuerpos de ambos; luego, la voz ligeramente varonil de ella lanzando con descaro la propuesta inmoral pero irresistiblemente atractiva:Estuve pensando en la propuesta de ese hombre. No podés rechazarla José María. No estás robando a nadie; el hombre te ofrece ese dinero porque lo tiene. Así de sencillo. Con respecto al órgano, sabés muy bien como se manejan esas cosas en los hospitales. Ponés unos pesos y vas a tener cola con los ofrecimientos”

Algo debe haber visto ella en él, porque de inmediato retomó el perfil del reclamo. “No quiero que tomes a mal esto pero… ¿cuántos años de vida creés que tenés de aquí para adelante? Vos mismo me dijiste una vez que después de los 60 se vivía gratis. Ya sabés como pienso yo, José María. Después de la muerte, ni alma ni espíritu ni ninguna de esas estupideces a las que tratan de someternos los vendedores del cielo y del infierno. Se acabó José María. El final es patético; no existe compasión para la muerte. Todo lo que quieras cargarle a la maldita muerte, será poco. Para mí, toda la vida no es más que el ejercicio sutil de un refinado sadismo practicado por la muerte: te martiriza con las enfermedades, se alía con el espíritu para meter sus cuñas permanentes de angustia, y luego te arranca brutalmente de la vida sin importarle nada de tus sueños. Se acabó. De pronto, el estúpido y soberbio homo sapiens, convertido en pocas horas, en un horrendo montón de carne informe; una argamasa de huesos cuyo destino final- y escuchame bien, José María-, cuyo destino final será siempre el de mesa comestible de miles de gusanos. ¿Qué carajo valdrán tus principios morales; eso que con tanto orgullo llamás mí espiritualidad, el día que tu ser sea tomado por el silencio y la oscuridad de la maldita eternidad? ¿En qué lugar de la puta tumba vas a poner el marquito de persona de bien? Ya te dije una vez, que el bien y el mal, según nuestro abstracto pensamiento, están ligados a esa espiral genética que nos marca desde la cuna. De todos modos, el verdadero bien y el verdadero mal nada tienen que ver con esos humanos estereotipos. Nosotros somos simples conejillos de indias en un laboratorio en el cual, Dios y Satanás, pujan por controlar el corazón del hombre. ¿Y querés que te diga una cosa? En esto, el diablo la tiene clara, José María”.

Demoledor. Imposible no sentir los cimbronazos de aquellas palabras escalofriantes, cada una de las cuales era como un cartucho de dinamita que conformaba un temible paquete explosivo.

La mujer no tardó en acercar la mecha.

Estoy dispuesta a darte lo que siempre me pedís, a condición de que aceptes el ofrecimiento del empresario. Es por tu bien, José María…”

Inútil resistir. Nada pudieron la formación dogmática de la escuela católica, ni tampoco la disciplina, el ascetismo insobornable del hermano consultado, el mismo que había perdido sus dos piernas durante la guerra contra SMB por las islas Malvinas.

Tampoco habían podido hacer mucho “El hombre mediocre” ó “Hacia una moral sin dogmas”, libros rectores de su época universitaria. La fortaleza y el ideario incólume de José Ingenieros, comenzaban a hacer agua por primera vez en su vida.

Ella puso la última reflexión, segura hacia que lado se inclinaría el fiel de la balanza: “Nunca se lo di a nadie; vas a ser el primero. Por favor… dejá de lado esas zonceras de los principios, Josemari; toda basura, mi amor. Mirá como vivís…”

Con el whisky haciendo pequeñas olas en su boca, recuerda que pensó cómo, en aquellos momentos de soberana calentura, ella podía mantener la mente libre, independiente de las sanguijuelas de la sangre que devoraban su propio cerebro, convirtiendo cada retazo de su piel en un géiser ardiente y seco. Pero no lo dijo. Sólo lo pensó. En cuánto a él, las vísceras se habían impuesto a los viejos prejuicios, acallando al mismísimo Cristo.

Claro que aceptó; en parte por su enfermiza adicción a la sodomía, y en parte también porque el remate -: quinientos mil dólares libres de gastos-, terminó por infiltrarse en todos los intersticios de su ciudadela moral. Estaba cansado del viejo Renó 12; de la vieja casa de Ciudadela sur; del viejo presupuesto recortado, de las viejas falencias y sobre todo, de las también viejas burlas de la familia.

Después de todo, ¿qué había hecho de malo? En nombre de los sacrosantos valores de la moral y el sagrado juramento hipocrático, el Estado se encargó de administrar y preservar un sistema de vida muy acotado en lo material. En la década del 50, hubiera sido un cirujano pobre; hoy podía ser considerado clase media baja. Doce horas de trabajo enfermizo y rutinario, todos los días durante casi 40 años; invariablemente, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Las visitas inter-familiares se habían reducido a las fiestas de cumpleaños o a las odiadas fiestas de Navidad y Año Nuevo, en las cuales - también invariablemente -, algún pariente hijo de puta siempre se encargaba de recordarle que todavía no había podido vacacionar en Punta, lugar dónde sí concurría todos los años el resto de la familia grande y la mayoría de sus amigos y colegas, como solía apuntarle de costumbre, cualquier otro integrante del clan.

Sexagenario. Y dale con la maldita palabreja.

La recta final. Demasiado en juego, sí, pero no el juego de vida del inocente niño al que pronto tendría que acercarse para ultimar los detalles finales de la operación. En realidad, sabe que ahora se trata de su propio juego, el de quemar los últimos cartuchos sin las malditas previsiones de siempre. Cuatrocientos setenta y cinco mil dólares. Veinticinco mil dólares ya no eran suyos. Y aunque no hubiere contrato ni pagaré, ese pago tenía la garantía de su propia vida, ni más ni menos.

Claro que no era nada fácil acomodarse a esa nueva escala de valores. Domínguez se lo dijo antes de contratarlo. “Vea, doc. Yo no sufro de prejuicios; los prejuicios pertenecen a los pobres y a los ignorantes. Sé con quién hay que hablar y dónde tengo que ir para conseguir lo que usted necesita. Allí hay de todo. Claro que hay que repartir algunas regalías, usted me entiende… De todos modos, nada fuera de lo que nosotros acordamos. Con lo que usted me da, yo me hago cargo de todo. ¿Y sabe una cosa Doc…?; una vez que me pague, nunca más sabrá de mí. Esto es sagrado y esto se cumple”.

Demasiado en juego.

Ella había logrado descorrer el velo. Después de todo, resultó más sencillo de lo imaginado el terminar por admitir que pronto llegaría el momento en que la lápida de piedra se interpondría entre su humanidad y el cochino mundo. Ana María sí que la tenía clara. Esa era la única y maldita verdad de la vida. ¿Cómo había sido tan estúpido durante tanto tiempo? ¿Cómo es que, a pesar de ser una especie de continuo partenaire de la muerte, había tardado tanto tiempo en tomar conciencia de su poder, o en comprender que toda la puerca humanidad dependía del poder corrosivo de la misma?

Mentira el amor eterno; mentira el amor filial; mentira los te amo y los te quiero; mentira el altruismo y las buenas acciones, toda una mentira infame porque la muerte y el olvido se quedarían con cada uno de esos sueños estúpidos e inocentes. Verdades duras pero verdades al fin de su amante instrumentista, la misma que había abandonado la carrera de Filosofía y Letras, después de comprender que el pensamiento humano se venía repitiendo a lo largo de los últimos siglos, y en beneficio de una casta dominante.

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Oye pasos. Es ella que viene en su busca.

Al sólo contacto de su mano, tiene la impresión de que su ego hace cabriolas en su interior. Erich Frönn, con El arte de amar, asalta súbitamente a su memoria. No, aquel hombre no sabía nada con respecto al amor. ¿Cómo se podía amar con el cerebro? ¿Acaso el amor era un acto de deber, una obligación moral ineludible? Tonterías. El amor no era un acto volitivo. Y si era volitivo, no era amor; apenas un remedo parido por las aristas del afecto o la admiración. Sí, el amor era sádico, cruel y egoísta, la muestra cabal de la conducta humana, la verdad incontrovertible de las vísceras, de la cual el orgasmo, era sólo la parte visible de un universo aterrador y desquiciado.

Casi como un autómata se deja llevar por ella.

Se acerca a la mesa de operaciones. El nuevo corazón del niño ya funciona por sí mismo. De todos modos, faltan las costuras finales que sólo sus manos expertas pueden encarar.

El padre del niño transplantado ya le ha pagado por adelantado. Domínguez lo está esperando en el Bar de la esquina. Al término de la operación le llevará la plata que ha puesto en un sobre; condición sine qua non para operar.

Demasiado en juego. Nada de exponerse gratuitamente en una actitud sin retorno.

Por suerte, los hechos se han desarrollado de manera menos traumática que la imaginada en el preciso momento de asumir la extrema decisión.

Hora de incinerar los ideales. Un giro de 180 grados. Lástima el maldito cosquilleo; la punción pegajosa y molesta que corre intermitente entre el corazón y el nacimiento de la garganta. Lástima la imagen repetida, el holograma mental que se contrae una y otra vez en su cerebro, imaginando el momento en que el padre del niño al que acaba de extirparle el corazón, se habría hecho presente en la comisaría, para denunciar la desaparición de su hijo.

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José Manuel López Gómez

Visita y deja un comentario en mi blog:

(Del libro de cuentos inédito: “Chateando: una cita de amor a ciegas y otros cuentos”)

(*)Refiere al Instituto Nacional de Transplantes de Argentina

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“Algo más sobre la señora Costacurta”

“Algo más sobre la señora Costacurta”

Anoche decidí quedarme con la intención de observar el comportamiento de la señora Costacurta. En el ala izquierda del tercer piso, junto a una suite reservada a personajes VIP de los grandes laboratorios, se halla una sala de control informático provista de 12 monitores de última generación (esta tecnología de punta nos permitía trabajar en tiempo real con las mejores clínicas mentales del mundo y a su vez, consultar con los laboratorios de especialidades neuro-farmacológicas, las últimas novedades al respecto)
En comunión con el dueño de la clínica- amigo de la infancia y compañero de estudios- ambos éramos los únicos que teníamos acceso directo a este pabellón de privilegio en el cuál solían pernoctar los titulares de las grandes marcas medicinales internacionales y algunas locales.
Yo me había quedado un par de veces, con el objetivo excluyente de utilizar el imponente yacuzzi a modo de terapia antiestrés. Obviamente- y no quiero pecar de hipócrita-, el dormitorio con el sommier  no resultaba menos atractivo. En síntesis, un espa privadísimo, de unos 250 metros cuadrados, decorado en una gama de azul que realzaba  los originales de Fader y Cándido López (sí, el pintor de la guerra de la triple alianza, el genocidio contra el pueblo paraguayo perpetrado por la infame diplomacia inglesa y su socio menor de estas tierras) que hacían sentirlo a uno como un jeque árabe de segunda, pero jeque al fin.
Cuándo el cerebro entraba en un cono de sombras -producto de los excesos de desgaste de nuestra maldita profesión -, solía recluirme en la barra de un bien provisto bar, empotrado a escasos metros de la generosa cama. En fin, una barra cargada de licorería de primerísimo nivel( nada de caña quemada Legui o grappa Valleviejo; aquí teníamos las maltas más prestigiosas de Escocia, los brandys franceses y españoles de abolengo, alguna licorería turca- línea de anises para las damas acompañantes de ocasión- e incluso las particulares gemas etílicas de la península itálica).
Completaban el decorado 5 estrellas, una teve de plasma de 42 pulgadas con un equipo de home theater y un complejo musical con parlantes encastrados sobre el piso flotante debajo de la cama.
……………………………………………………………………………………………….
Me dirijo hacia la habitación 237. Mi reloj de pulsera señala las 23, 37. La señora Costacurta se halla de espaldas al monitor, contemplando la rugosa oscuridad de los árboles que componen el paisaje peculiar del enorme parque del entorno. Entre las copas de los imponentes eucaliptos una luna de ligero tono rojizo anaranjado luce impertérrita, ajena a los avatares humanos.
Primera sorpresa : desde esta especie de ciudadela cibernética puedo observar que la señora Costacurta luce un vestido plisado de inocultable calidad, adornado con una estola blanca que ha dejado caer como al descuido sobre sus hombros. Si esta es esquizo- catatónica yo soy Napoleón Bonaparte.
Segunda sorpresa: los brazos de la paciente se mueven en suave cadencia acompañados de pequeños movimientos de los pies, alzando los talones impulsados por un son musical.
Activo el audio mientras el zoom acerca la imagen de luces titilando en medio de la semipenumbra de la habitación 237. Se trata de un mini componente con CD incorporado, que la señora Costacurta ha traído consigo desde el día de su internación. Por el canal del audio abierto, son perceptibles las notas musicales de La Traviata. Para un melómano como yo, no es difícil distinguir la particularísima voz de la Shuterland en el papel de Violetta.
Casi mecánicamente pulso el número tres de la consola.
- ¿María…?
-Sí, doctor Altuna Vélez. No lo hacía en el edificio…
-¿De acuerdo a las instrucciones pertinentes, usted está a cargo del turno en reemplazo de la señora Flores? Sabe que el eje de su labor está centrado en la señora Costacurta…
-Sí, Doctor, cumpliéndolo al pie de la letra. En este momento la estoy controlando a través del circuito interno de visores.
-¿Y sabe usted que la paciente está escuchando música por su cuenta?
Junto con la pregunta no puedo dejar de pensar que clase de polotudo diagnosticó esquizofrenia catatónica.
-Sí, doctor, lo sé. Lo hace desde varios días.
-¿Y por qué no fui notificado de esto?
-No creí que debiera hacerlo; yo reporto con la doctora Ocampo…
Recordé que nunca había dado una orden al respecto.
-Está bien, disculpeme. ¿Puede adelantarme un informe sucinto de este acontecimiento?
-¿Cuándo lo quiere doctor?
-Ahora mismo María!
-Bien doctor. Pocos días después de dejar de suministrarle Nozinam y Stallazine por la noche como usted lo ordenara, ocurrió un hecho extraordinario.
-¿Extraordinario…?
-Sí doctor, como lo escucha. No se sí usted sabe de mi afición a la ópera
-Creo que ningún empleado ni paciente de la clínica lo ignoran…
-Me imagino…Bueno, el caso es que mientras escuchaba La Traviata, siendo exactamente las tres y cinco de la madrugada- lo recuerdo muy bien doctor porque en ese momento estaba mirando el reloj del Office- escucho que de una de las habitaciones, una voz de mujer tarareaba el aria de Violetta. Intrigada, me asomo al pasillo y para mi asombro, descubro que la voz venía de la habitación de la señora Costacurta que, como usted sabe, se encuentra en línea diagonal con el despacho.
-¿Y…?
-No quise que me viera. Volví al Office y me puse a observarla detenidamente. Lo significativo fue que después de La Traviata seguía un compacto del Don Giovanni.
-Sí…
-Y que nada; ella volvió a la cama y a poco se quedó dormida.
-Sigo sin entender que es lo que me quiere decir…
–Que a la noche siguiente y durante tres noches consecutivas, la señora Costacurta sólo dejaba de hacer esos extraños movimientos con la mano, cada vez que yo escuchaba La Traviata. No sabe doctor…parecía una obsesa…Se movía al compás de la música y canturreaba las intervenciones de los solistas; sin duda, conoce el texto de memoria…
-Extraordinario, sí, sin duda. ¿Y qué otra cosa pasó? Me refiero al origen de todo esto…
-Una noche…hace de esto algo más de una semana, yo me encontraba ensimismada revisando unas carpetas en silencio; no sé porque no había puesto ninguno de los compactos operísticos como es mi costumbre. El caso es que de pronto la veo a ella, a la Costacurta, asomada a la puerta del Office.
-Se le apareció…
–De repente, doctor. Parecía un fantasma; el cabello blanco, el rostro blanco como una secante… Me miró de manera extraviada y se quedó rígida durante unos segundos en los cuáles yo no supe que hacer, hasta que de pronto tuve una intuición. Señora Costacurta, dije tratando de ser lo más natural posible. Ya sé, extraña La Traviata… No sabe… la cara se le iluminó de una forma que no olvidaré jamás. Nunca vi semejante expresión. Asintió con la cabeza y…
-Imagino que no pronunció palabra…
-No, doctor; no lo hizo en esos momentos. Pero sabe usted que a veces hay miradas que son todo un discurso. Tomé el disco y la acompañé hasta su habitación. Tenía un equipo de audio que a mi entender jamás había utilizado y recuerdo que le dije ¿quiere que yo lo ponga señora Costacurta? Cómo seguía hablándome con su mirada, así lo hice. A los primeros compases cambió de expresión y yo me pareció que quería quedarse sola. ¡Ah! , me acuerdo también que le pregunté desde la puerta si quería que le trajera otras óperas pero hizo nones con la cabeza y me marché. Usted debe saber que desde que ingresó a la clínica, jamás pronunció palabra alguna…Sin embargo, cuándo ya estaba camino hacia el Office, se asomó al pasillo y me dijo claramente : Verdi y Giuseppe
-Claro…el nombre del compositor…
-No no; no dijo Giuseppe Verdi; dijo Verdi y Giuseppe, que es algo muy diferente. Separó los nombres como dando a entender que Verdi representaba una cosa y Giuseppe otra.
¿Y no logró establecer ningún diálogo con ella?
–Para nada… Más allá de ese Verdi y Giuseppe no escuché que saliera otra palabra de su boca. En fin…desde entonces, todas las noches, entre las diez y las doce, escucha y tararea la obra de Verdi. Eso es todo.
-Tal vez ese Giuseppe esté relacionado con su vida personal…
-Posiblemente. Lo extraño es que cada vez que pone la música, desde el audio de mi monitor siempre escucho que repite cada tanto esos nombres… ¿como puedo decirle…? Pareciera existir cierta complicidad entre una voz apasionada y el movimiento de su cuerpo siguiendo el compás de la música. Verdaderamente extraño doctor…
Recordé que la historia clínica de la paciente era una página en blanco; que un día alguien había venido a internarla, con la particularidad que en la ficha de admisión los datos personales de la mujer que la había traído, resultaron falsos en cuánto a nombre, número de DNI y dirección; no así los de la señora Costacurta, que pudieron ser corroborados fehacientemente. En la jerga clínica ya la habíamos bautizado como la dama misteriosa.
Le pregunté a María a que podía deberse semejante cambio en una paciente que durante meses- desde el momento de su ingreso a la Clínica- se había mantenido en un mutismo absoluto no exento de manifiesta hostilidad hacia todos los profesionales. Y además, que como única demostración, se dedicaba a restregarse las manos de una manera por demás extraña, golpeando cada tanto la palma de su mano izquierda, en una imagen que sugería que estaba clavando vaya uno a saber qué.
-Como le dije…esos extraños juegos de manos desaparecen durante la audición musical; pero en el transcurso de cada mañana, cada vez que el médico de guardia y los residentes hacen su habitual recorrida, vuelven a instalarse en ella de manera compulsiva.
-¿La doctora Ocampo la visita?
Silencio de radio. Volví a repetir la pregunta.
-Sí… ella fue la que me dijo que debía reportarle todo; que ella lo haría luego con usted Doctor…
-Gracias María.
Corté el audio. Conocía esa voz melosa. Ya había tomado la decisión de cortar por un tiempo al menos las fellatios con María, verdadera especialista en ese tipo de juegos eróticos.
A través del canal de audio, se escucha con nitidez el aria de Alfredo.
En esos momentos, resuena por el pasillo un taconeo firme.
Al darme vuelta…la doctora Ocampo vestida para el infarto: pollera plisada azul, diez centímetros por arriba de las rodillas; botas de caña alta de piel de cocodrilo, blusa negra de escote generoso con un saco de terciopelo azul. El cabello, rubio genuino, oscilaba blondamente en medio de su andar felino.
-¿Qué haces por aquí a estas horas?
-Eso mismo estaba por preguntarte yo….
Le señalé en el monitor el objeto de mis observaciones.
-La señora Costacurta. Tu obsesión de los últimos meses. ¡Parece un milagro!
Le contesté con una interjección. Preferí ocultarle la charla con María. No tenía deseos de enroscarme en una polémica; la Ocampo era una psiquiatra biologista atada a la clásica terapia del puré de grageas, una variante que me tenía como enemigo declarado desde mi ingreso como jefe de Psiquiatría. De alguna manera me traicionó el genio cuando le pregunté si venía para hablarme de la paciente.
-¡No, para nada! He venido para hablar con vos…de vos.
De haber estado frente a un espejo, seguramente hubiera visto mi expresión estúpida.
-Sabía que te iba a encontrar aquí y decidí tomar la iniciativa.
-¿Iniciativa…?
La sonrisa le abrió la boca como un mero.
-Para decirlo abiertamente, mi intuición me dice que desde que llegaste, me has estado mirando con un interés que excede lo profesional. ¿O me equivoco….?
¡No me mires con esa cara! ¡Vamos doctor….! A mí no me engañás. Se te nota en la mirada. ¿Qué te parece esta frase de Channon?
“La mirada es el reflejo de las ansiedades ocultas que el cerebro fija en el espíritu?”
La Ocampo largó la frase enfundada en una oralidad sensual provocativa, mientras giraba levantando los pliegues inferiores de su escueta pollera. Observé entonces sin ver, las puntillas de una imaginada lencería negra. Como fósil de la vieja y perimida moral sexual, no supe que decir; algo escandalizaba mi pensamiento pero sin dejar de percibir que el animal libidinoso que habitaba en mí, comenzaba a inquietarse. Claro que por aquello de quien pega primero… ella quiso aprovechar el golpe demoledor.
-Sé que la iniciativa amorosa de la mujer aún se ve de manera prejuiciosa en ciertos sectores machistas que nos condicionaron durante siglos. Espero que no pertenezcas a esa clase; de todos modos no me importa; decidí asumir el riesgo y no siento vergüenza de decirte que sos un tipo extremadamente interesante; de hecho, creo que me estás volando la cabeza. Vamos doctor…no me dejes pagando con tu silencio; soy atrevida pero en el fondo, sigo siendo una mujer con todo lo que ello implica…
Con estudiada despreocupación, la Ocampo hacía oscilar la cartera de largas correas sobre el piso de mármol ligeramente verdoso. En un par de ocasiones capté la furtiva mirada hacia la suite de la que nos separaban escasos metros.
A esta altura, el animal libidinoso se revolvía nervioso en algún lugar recóndito de mi cerebro. Era hora que empezara a hablar.
-¿Y se puede saber que es lo que viste en mí?
A último momento había decidido cambiar el vocablo atrae, por el más verbal Ver.
-Una increíble atracción física, de alguna manera atada a tu brillante intelecto. Sabrás que el amor se genera primero por admiración, más en nuestro caso. Pero en este caso particular me sentí provocada…
-No entiendo…
Te digo…inducida en parte por tus constantes miradas libidinosas. Te diré…y creo que esto también va a sorprenderte: todos mis amores han tenido el mismo origen visceral. Para mí, el sexo absorbe la suma de todas mis angustias. En algún nicho de mi cerebro se oculta un ancestral terror frente a la muerte al que yo trato de engañar con los orgasmos.
Ahí tenía una pequeña cuña para tratar de lucirme.
-Eros y Thánatos…La vida misma, el eje medular de la existencia. Perfecto sincronismo de espíritu y materia.
Su mirada me hizo pensar que se había dignado descender un escalón.
-Bueno… con respecto a mí misma, trato de no embarcarme en interpretaciones filosóficas. Ves…me encanta tu sonrisa. Puf…no sé que quería decirte… ¡Ah…! Sí, sí; ahora me acuerdo: después de haber leído Así Hablaba Zaratustra…pero digo yo, mi querido doctor- arqueó el rostro en dirección a la puerta de entrada a la suite- ¿No piensa invitarme para sentarnos al menos…? No voy a hacerle nada que usted no quiera…
Eché un último vistazo a la señora Costacurta. Violetta recitaba su doliente aria. Antes de franquear la puerta, me pareció prudente avisarle a María que me marchaba.
Seguí a la Ocampo detrás de sus ostensibles movimientos de caderas; cada paso, exhibía la firmeza de sus muslos.
Cerré la puerta con el taco de mi zapato. Mentalmente, había comenzado a desarrollar el coito que vislumbraba como un acontecimiento inevitable. De buenas ganas, me hubiera apoyado entres sus cantos traseros aferrando mis manos con sus senos, pero el animal erguido aún imponía ciertos pruritos.
-¿La barra o la mesa?
-La mesa-acotó, mientras yo tenía la impresión de que mi miembro estaba aferrado a las húmedas paredes de su boca gelatinosa.
Sólo para mantener el diálogo, se me ocurrió traer a colación a Nietsche.
-¡Ah! No es el momento.
Me acerqué al reproductor de CD.
-¿Clásico? ¿Melódico? ¿Tango o folklore…?
-No, no; clásico; barroco preferiblemente…
-¿Bach? ¿Vivaldi? ¿Häendel? Purcell? Corelli? Albinoni?
-Vivaldi, Vivaldi sin duda. Los anglosajones me resultan un tanto densos. Se me ocurre que en Vivaldi está presente Dios pero sin renunciar al espíritu del vino.
-¡Vaya con la definición doctora! Lo comparto plenamente eh…Además…pocos saben que Vivaldi es el músico que más ha influenciado en Juan S. Bach.
-Bueno…tanto como eso no sabía.
Me hallaba ante la presencia de una mujer inteligente, ilustrada y profunda. Cierto es que para mi gusto personal, su descaro me resultaba por momentos ofensivo e insolente; pero sabía que lo soportaría a condición que la psiquiatra no cayera en el lenguaje procaz que solía exhibir sin ningún tapujo. Desde que la conociera, siempre me había molestado su hábito a evacuar palabrotas antes que fueran elaboradas por el pensamiento; aquí no era cogito ergo sun, si no, digo, y luego pienso. En alguna ocasión me había dicho a mí mismo, que la incontinencia verbal tan escatológica de la Ocampo, podría esconder alguna patología de origen neurótico. Buena oportunidad para bucear un poco. Después de la furiosa embestida de mi colega, trataba de rehacer mis defensas vulneradas. De todos modos, ella persistía en su asalto: mientras preparaba sendos vasos de escocés detrás de la barra, observé como cruzaba sus piernas un par de veces con extremada lentitud; en la última, dejaba para regalo de mí vista una bombacha negra con pequeños puntos rojos.
-Hiciste alusión a Así hablaba Zaratustra…una obra poco recurrente para el espíritu femenino.
-Lo asumo, sí; sin embargo, fijate que Nietsche me abrió la cabeza. Creo que me salvó de una potencial psicosis.
-¿Tanto…?
-Sí…tanto aunque te cueste creerlo- apuró un largo trago, percibí las alteraciones de una ansiedad creciente-. Tuve una niñez de mierda. Me pudrió por dentro lentamente.
La última palabra quedó flotando en el vacío durante incontables segundos. Me ganó la sensación de que un perturbador silencio se aplastaba de pronto contra el piso. El pensamiento pugnaba por abrir mis cuerdas vocales pero una brusca y pastosa sequedad en la garganta, me impedía abortar las palabras. Los malditos momentos en que uno no sabe que decir.
La Ocampo empinó una vez más el grueso vaso tallado. Un cordón viscoso y ligeramente ámbar se deslizó por una de las comisuras de sus labios.
-Me fui al carajo. Soy una boluda -perdón pero no puedo hablar de otra manera-; me pongo patética cuándo toco este tema. Te voy a confesar algo que sólo los íntimos saben: estuve algo más de un año psicoanalizándome. Bueno… intentándolo al menos; en realidad, nunca pude soltar una palabra respecto a las cosas del pasado que tanto me jodieron… Creo que fue peor el remedio que la enfermedad. Te digo: el tipo terminó casi chiflado. Un día se agarró un mambo de aquellos.
Para qué carajo venís a verme; sólo me tirás boludeces, cáscaras del pensamiento que ocultan lo que en verdad te jode. Probá con la Iglesia. Para gente como vos, Jesucristo es el analista perfecto; todo lo comprende, todo lo perdona. En lo que a mí respecta, me rindo.
¡Ah! También me aconsejó que abandonara mis estudios; que había elegido la carrera equivocada.
-Duro el psico…
-Durísimo.
-¿La carrera dijiste…?
-Sí…estaba cursando el tercero de psicología.
No puedo dejar de observar su generoso escote: 95 centímetros de busto harto sugerente. Había que asumir que la veterana disimulaba con creces sus 55 años.
La mirada femenina me parece un chisporroteo de cables en cortocircuito.
-Hay algo que no entiendo aún.
-¿Qué? ¿Qué es lo que no entendés?
¿Qué tiene que ver Nietsche con todo esto?
Otra vez me hipnotizo ante un nuevo cruce de piernas; ella ríe ostensiblemente. Se nota que el alcohol comienza a trasegar su cerebro. Tal vez debiera decirle que pare un poco con los tragos.
-Federico me salvó de la enajenación…
-¡Caramba!
-Como lo escuchás. Lo textos de ese loco hermoso, me enseñaron a crear mi propia moral. Y eso te libera de un montón de prejuicios, sobre todo los emparentados con la prejuiciosa y represora postura judeo-cristiana, respecto al fenómeno sexual. A propósito…
-Sí…
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Abandona la clínica en medio de una andanada de insultos contra sí mismo. Sabe que la excusa esgrimida para escapar de una mujer de mundo como la Ocampo- el vocablo escape le resulta rigurosamente literal- conformaba una actitud pueril con algo de patético. Intuía que ella habría quedado rumiando en medio de la calentura. En fin, lo sentía un arruge vergonzoso de su parte; arruge repetido en otras instancias similares. Mucha cháchara erótica, palabras y frases inflamadas de feniletilamina pero a la hora de los papeles, el cisne de la verborrea se había convertido en un mísero pato gallareta. No necesita recurrir a Freud para comprender los insondables vericuetos de la líbido sexual. Aunque considera a su colega demasiado rígido y esquemático, sabe también que la impronta relacionada con el sexo suele marcar a fuego ciertas conductas patológicas.
Mientras conduce, trata de auto engañarse con la peregrina idea de que tal vez ella habría imaginado una estrategia sutil de su parte, un lúdico ejercicio amoroso de alto nivel, cuya impronta perversa giraba sobre el eje de dejarla pagando, a fin de que aumentara la calentura femenina. Este hijo de puta no se bancó mi postura abiertamente liberal y reaccionó con una típica actitud machista. La frase virtual-en la imaginada oralidad de la mujer- pone paños fríos en su vejado espíritu.
Recordando pasadas frustraciones, piensa que pudo haber fallado en esta ocasión. ¿La sorpresiva irrupción de la psiquiatra cuando el cerebro permanecía activado de manera excluyente con la ambigua y desconcertante actitud de la señora Costacurta? ¿Acaso el descaro verbal y escatológico de la Ocampo? ¿O habría que buscar el disparador de su huida, en su visceral rechazo a toda iniciativa femenina en estricta relación al coito? Tal vez algo especial o un poco del todo. De cualquier manera, el objetivo de encontrar una mujer que se destacara netamente por rasgos marcados de femineidad, cada vez le resultaba más difícil. Y el objetivo era excluyente dentro de sus planes de liberarse del amor rutinario, desgastado y con dosis de enfermizo que lo esperaba en su hogar. La persona que en algún momento le había movido las entrañas, se ha convertido en un cuerpo sin alma, en una máquina que sólo exige penetraciones viscerales y ejercicios lúdicos sexuales desprovistos de cualquier atisbo espiritual.
Abre y cierra la cerradura de la puerta con la mayor delicadeza posible. Se quita los zapatos antes de entrar en la habitación. Los números rojos del despertador le indican las dos y cuarto de la madrugada. El cuerpo se extiende en actitud de laxitud sobre el costado izquierdo del sommier doble. Ve el frasquito de Valium sobre la mesa de luz. Buena señal. Sabe que cada vez se le hace más difícil corresponder a las demandas de sexo insaciables de su pareja. Mientras deja que su cuerpo se deslice sobre el colchón como untado en vaselina, se dice que mañana tomará la determinación de cortar pasare lo que pasare. Esta vez hará caso omiso a los llantos histéricos, a los berrinches e incluso a las amenazas de blanquear esa relación clandestina y comprometida. Si no era la Ocampo -se promete volver por la revancha-, alguna otra mujer reemplazará el ocaso de ese amor equivocado. Durante unos minutos permanece boca arriba, con la punta de la colcha tapando su nariz. Pero por alguna razón que no puede explicarse, los fluídos, los miasmas de la piel del cuerpo que yace a su lado, han empezado a trepanar de manera silenciosa por sus fosas nasales. Incluso con el alma dormida, el maldito cuerpo fagocita la lujuria de la cuál no puede sustraerse.
Cambio de postura girando el tronco en dirección a la izquierda.
-Has vuelto al fin. No sabés cuánto te esperé, mi amor.
La melosa voz de Ignacio, le suena melosa como siempre.

 


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José Manuel López Gómez
(de una nueva novela, en preparación…
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“INTERNET: el nuevo nombre de la Bestia”

Amigos: aquí les dejo mi opinión sobre la llamda red de redes.

                “INTERNET: el medio que el Imperio usará para controlar y manipular la humanidad”.

 

Evaluando la euforia generada por Internet, una de las ideas recurrentes es la de imaginar que nos han instalado un caballo de Troya entre nosotros; pero…a diferencia de la astucia de los griegos para presentarlo como un presente, ellos( Ellos… son el oculto poder que tiene un plan preciso de dominación mundial) ni siquiera tuvieron en cuenta esa delicadeza; tal es la arrogancia y la omnipotencia con la cual se ha manejado el Imperio en todo esto.

Cuando Orwel (George, claro) recreó el futuro en “1984”, sólo se anticipó un par de décadas al mundo de pesadilla que convertirá a Internet en eje y esencia del mismo. Luego fue Tofler, Alvin. Pero como todos sabemos, ambos hablaron casi de lo mismo con una óptica diametralmente opuesta. Hay quien sugiere que el optimismo de Tofler respecto a la incidencia benefactora de las ciencias y las tecnologías en el mundo por venir, lo comprometen-consciente o inconsciente- con las oscuras manifestaciones económicas generadas por la globalización. Personalmente, no creo en esto. Sí, creo que el sociólogo-movido por un pensamiento y un sentimiento genuino de fe, credulidad y confianza ilimitada en el espíritu humano-, ha imaginado un mundo futuro con una proyección grandiosa de beneficios en lo económico, lo cultural y lo social, devenidos del uso intensivo de la electrónica, la informática, y el paradigma de la nueva ciencia: la tecnología nano-escalar. En síntesis, el maná que habría de traer la tan deseada panacea universal. Pero-optimismo aparte- Tofler actuó con mucha inocencia en lo que atañe a las implicancias sociales y políticas de Internet, al no evaluar en toda su verdadera dimensión, el monstruo que la propia sociedad estaba gestando alegremente. Cosa que sí hicieron Clarke(Arthur C) y Asimov-sólo por citar dos de los popes de la Ciencia Ficción- quienes intuyeron de manera perturbadora, que esta especie de cerebro electrónico en constante y desmesurado crecimiento, terminaría digitando y controlando vida y obra de la humanidad.

 

A propósito de lo apuntado, me sorprende cierta ingenuidad cada vez que uno expone la idea de un plan de  dominación política a escala planetaria, lanzado con precisión de laboratorio a comienzos de la década del 90. Un plan pergeñado por encima de la decisión soberana de los Estados y cuya finalidad suprema, es la de lograr la manipulación y el control social absoluto del mundo entero. Algunos se han sonreído y me han dejado el sarcasmo a modo de respuesta. Otros- de estilo más directo- se me han reído en la cara a carcajada limpia. Pero hombre, ¿tú también crees en esas conspiraciones tipo Iluninatti y no sé cuántas fantasías más?

 

Cuando escuchamos voces de este tenor, es porque el Imperio está trabajando bien: su esfuerzo se centra en hacernos pensar lo que ellos quieren que pensemos. No olvidemos que además de ser esclavos de nuestros propios conceptos, actuamos en consonancia con los mismos.

 

Meditemos unos momentos; retrocedamos unos pasos en el tiempo. 

La historia está llena de cicatrices sociales; profundos cambios y derroteros sorpresivos que cambiaron radicalmente el curso de la humanidad para bien o para mal.

Sin embargo, veamos cómo dos hechos concretos que hacen a una parte de nuestros sellos genéticos, no modificaron sus improntas hacia cotas de superación. Por el contrario, animados por circunstancias favorables y nuevos actores secundarios que los fagocitaban en comparsa, estos dos hechos se potenciaron para desgracia del género humano. Y me estoy refiriendo a la codicia y a la obstinada proyección de la violencia, dos improntas de nuestra conducta predadora.

 

 

Hoy se sabe-porque las ciencias de la genética así lo han demostrado- que estos síntomas, estos patrones de comportamiento, vinieron al mundo con nosotros. Evolución sin responsable, o determinismo creador, en ambos casos, la semilla de la conducta fue escrita en nuestros primeros ladrillos de ADN como marca distintiva de la raza. No son el producto de ecuaciones pedagógicas o la potencial incidencia del medio ambiente con toda su carátula cultural. 

Ahora bien, ¿a qué viene todo esto? ¿Qué tiene que ver Internet con estas disquisiciones?

En primer lugar, que la red de redes está muy lejos de ser el elemento tecnológico más democrático creado por el hombre. En segundo, no olvidemos que la Red nació como apéndice técnico al servicio de academias militares controladas por el Pentágono. Y por último-y como parte de ese sello genético al que hiciera referencia- que la actitud predadora del hombre se va a servir de cuánto elemento tenga a mano para la prosecución de sus fines; y en este caso, Internet es un medio ideal para ejercitar estas prácticas perversas.

 

 

Sé que a muchos les sorprende pensar que Internet sea una de las armas secretas dentro de la escenografía de dominación mundial en ciernes. Pero así es.  Por otra parte, lo de “secreta” parece absurdo, en un medio al que tiene acceso irrestricto casi toda la población en general. Pero hablamos de herramienta críptica porque los fines verdaderos de su inserción en la sociedad no han sido divulgados por quienes tomaron el control político de la red (puede resultar absurdo pero yo estoy convencido que ni siquiera los titulares de los grandes servidores del sistema:-llámense Microsoft, Google, Yahoo, etc-saben de qué manera el gobierno entre las sombras, le ha asignado a Internet uno de los papeles más relevantes en el Imperio por venir). 

 

Y para quienes puedan sorprenderse de que un elemento cibernético haya sido delineado como una temible arma de conquista, deberían replantear su antigua concepción del poder. El imperio ya no necesita del uso de su antigua secuela de guerras abiertas o incubiertas, torturas y represiones sociales de variado cuño para imponer condiciones políticas de control territorial. Si lo sigue haciendo, es sólo para favorecer los intereses muy poderosos de un complejo militar industrial que amerita los focos de conflicto bélico para mantener y acrecentar su poder económico(dicho sea de paso, poder éste que ya es un apéndice más dentro de los protocolos de dominación que están escritos y se vienen cumpliendo de manera inexorable).

 

El conocimiento y el acceso a las tecnologías de punta, le han dado a los grandes predadores humanos, un poder casi omnímodo.  Por eso el dominio tiene otras connotaciones; en primer lugar, ya no es necesario el control físico del territorio enemigo. Ahora, el poder que se esconde entre las sombras, es mucho más sutil. Muy pronto se habrá de prescindir del uso activo de  ejércitos o tropas pretorianas como forma de controlar el orden público y aniquilar a los díscolos de siempre: ahora el Imperio tiene dos brazos formidables que siempre existieron pero a las cuales en la actualidad le está sacando el máximo provecho: poder mediático casi ilimitado, y el contralor y uso de las herramientas económicas de conducción política, en beneficio de las 200 familias y de sus socios menores que controlan el planeta. 

 

Ese costado pútrido de Adán, apenas cuenta a la hora de evaluar los trascendentales cambios ligados a la dinámica de la propia creatividad humana: la rueda, el dominio de los metales, el uso de los cubiertos, la invención de la brújula y el sextante, pero sobre todo de la imprenta.

El poder dominante de turno  siempre logró codearse con el genio inventor que le proporcionaba los medios excluyentes de control social. Claro que la ecuación de las leyes políticas se han modificado sustancialmente: antes, el poder político se valía del económico para obtener sus fines. Hoy es exactamente al revés: el poder económico se vale y se sirve del poder político. De hecho, el poder político tradicional se ha convertido en una entelequia. Es como un tigre de papel, apenas una pantalla para mantener las apariencias. La perturbadora realidad parte del hecho de que Internet es una especie de solapado comando de elite en este nuevo  ejército de conquista, simbiosis perfecta entre codicia e inteligencia (tanto las “diabluras” del pasado cuanto las perversidades del presente, invariablemente, elementos de control y rapiña del poder político dominante).

Otro hecho incontrastable es que “la Internet”-este supuesto servicio democrático puesto en marcha circa de 1969 como instrumento académico castrense-, se ha instalado entre nosotros con el avieso e inconfesado propósito de condicionar ideas, sueños, planes, sentimientos, e incluso el mismísimo amor. Hasta los hijos serán digitalizados para ahondar la brecha social: rubios de ojos celestes para la elite dominante; una franja media que conformará a la antigua y tradicional clase media –siempre panqueque ideológico de turno- y por último, los negros, los sudacas, los escaso indígenas que queden, y los obreros del mundo, que serán reducidos a la esclavitud con la única finalidad de mantener la maquinaria aceitada del sistema.

 

Claro, en este punto, uno se pregunta(o lo harán ustedes): ¿Por qué llegar a estas instancias extremas si con el desarrollo armónico de los recursos sustentables, existe una torta social que alcanza para todos? Repuesta fea: porque somos una raza jodida, porque la maldita evolución-ese sello que marcó a fuego entre nosotros la impronta de la codicia- sigue desquiciando el alma humana y todo se reduce a entender de una vez por todas que el hombre es un enemigo para el hombre. ¿Homo, homini, lupus est? Ojalá fuera así. El jefe de la manada, teniendo frente a sí la yugular expuesta del retador más joven, jamás le clavará sus colmillos. Sabe que el retador, es un lobo al fin. 

 

 

Atento a proyecciones a futuro, poco importa que un 20% de la humanidad tenga acceso directo a la Red. Esa concesión, esa regalía que está dispuesta a reconocer el nuevo Imperio en ciernes, no lo hará por un acto de caridad. Lo hará porque sabe- cuestiones de alta estrategia política así lo indican- que una parte mínima del sistema no debe permanecer  bajo los efectos narcotizantes del dominio total y absoluto. Claro que ese 20% privilegiado no podrá disfrutar tampoco de libertad irrestricta. El nuevo poder tendrá sus servidores pretorianos en constante vigilia de control.

 

Esos capataces cibernéticos, con las excepcionales herramientas tecnológicas a su alcance, se convertirán en los nuevos esbirros del Imperio, controlándolo todo, incluso el momento del coito o el de expeler los excrementos. Ese exclusivo coto de dominio (pronto se convertirá en excluyente) bajo la dirección de un gobierno mundial entre las sombras, se dedicará a manipular y explotar los recursos de sus socios menores y del resto marginal sin acceso a los recursos informáticos; de hecho, serán los ciudadanos condicionados del tercer milenio.

 

Este nuevo mundo virtual que se expande entre nosotros como un invisible ejército de ocupación, pone al desnudo la falacia de ese mito ya señalado: la supuesta y gigantesca democracia participativa con la cual rotulan a Internet los dominadores (de manera aviesa e interesada, claro).

 

                                                                       No seamos ingenuos.

 

Nosotros-léase los ciudadanos que nos creemos independientes; reléase: los que no formamos parte aún del manejo discrecional que ejerce el poder sobre las masas- podemos y podremos navegar a nuestro antojo, consultar cuánta página Web se nos ocurra; inventariar programas, hacer asociaciones libres de chateadores universales de la libertad individual(¿suena bien, no?); ser socios privilegiados de Facebook, o masturbarnos con los miles de millones de páginas pornográficas y videos (verdadero big-bang de imágenes-testimonio de la decadencia humana); pero también levantar los más encendidos discursos en nombre de esa libertad con la cual el liberalismo se ha llenado la boca durante los últimos siglos.

 

Así es amigos, todo esto podremos hacerlo, mientras- claro está-, cada acto de opinión no comprometa al esthablisment que condiciona los actos sociales y políticos en el mundo. ¿Queréis un ejemplo?  La denuncia vía Internet realizada por un ex espía del M15 británico- denuncia que comprometía a conspicuos miembros del nombrado gobierno de las “sombras”- fue rápidamente silenciada sin que ningún comité de usuarios levantara una protesta en la Red a manera de virtual barricada. Pregunto y los invito a que también se lo pregunten ustedes: ¿Es este organismo un símbolo de la libertad humana? ¿Es Internet una institución democrática como ninguna en el mundo? ¿No estaremos dejándonos engañar en nuestras propias narices, sólo porque la Red representa un indudable espacio poli clasista, multirracial y cultural sin límites? Ya sabemos que entre los blancos y los negros, conviene transitar los grises a modo de equilibrio.

 

Por ahora, Internet destila un narcótico invisible e inasible entre nosotros. Entre tanto terreno pestilente, alguna flor crece en sus orillas. Y esa parte positiva de la Red aún es capaz de darnos satisfacciones en el campo de las expresiones libres de sectarismos políticos o religiosos –que las hay, y Sensibilizarte es un buen ejemplo de ello- y que aún se hallan fuera del control dictatorial. Pero ni siquiera en este aspecto, el devenir cibernético promete un camino libre de escaldaduras… Agrupaciones de artistas e intelectuales de diverso signo; organizaciones no gubernamentales; francotiradores independientes, todos, en fin, mancomunadamente, parecen preguntarse: ¿Es éste el futuro que queremos?

Y yo a su vez me pregunto-como tantos románticos incurables- : ¿es que acaso podemos condicionar la propia razón de ser de los acontecimientos desatados? ¿O deberíamos rendirnos-lisa y llanamente- ante las afirmaciones de ese gurú de la historia, devenido escriba del Imperio samurai, que ha preconizado sin rubores el fin de la historia?

¿O acaso-permeables al fin- deberíamos dejarnos seducir por esos intelectualoides al servicio del poder mediático, periodistas de opinión que no pueden expresar su propia opinión, que fijan en el día a día, el pensamiento de sus empleadores como parte consciente e inconsciente de ese supra gobierno mundial?

 

Avergüenza saber que la mayor parte de los periodistas notorios, algunos escritores de renombre, filósofos y otras yerbas, se encuentren en medio de una supina ignorancia, desconociendo (o haciéndose los distraídos) que en la década del 90, el poder real puso en marcha un programa de dominación mundial cuyo plazo de ejecución se encuentra en los últimos peldaños. Pero no son los únicos: Presidentes, primeros ministros, parlamentarios del mundo occidental, saben -por acción o por omisión-, que no son más que gerentes y capataces a sueldo del Imperio.

Imperio para el cual- mimetizada como una herramienta más en el eufemismo de la globalización- Internet se habrá de convertir en la brutal aplanadora de ideas, el gigantesco y controlado mecano social; el chiche nuevo, el juguete de masas con el cual –a modo de naipe ganador-los dueños de este inmenso poder que se avecina, nos permitirán un último orgasmo social, en medio de un formidable grito de protesta que tendrá dolorosas y sangrientas consecuencias.

 

¿Exagerado? No lo crean. Liberemos un tanto los goznes gastados de nuestra imaginación. Pensemos en el viejo Imperio, herido de muerte (hablo del anglosajón, claro); el viejo Imperio que sabe que su tiempo de dominación real se estrangula y está a punto de expirar. Las familias codiciosas y la inteligencia científica le han extendido un pasaporte de defunción con fecha precisa. Pero aún respira. Aún puede invadir Iraq, darle cierta autonomía a los jefes de sus millones de espías repartidos por el mundo, y todavía tiene cierto poder real militar y económico, al punto de que China no tenga temor en usar sus propios recursos financieros para salir al mercado a la caza de los comodities del hombre blanco.

Incluso, aún queda la Reserva Federal y  el increíble hombre de la bolsa de los mercados entronizado en sus ocasionales directores.. Queda también Tavistock, y el manto verde de la divisa rectora del último siglo,  que, a modo de virtual tapiz,  todavía inunda parte del mundo como canto de cisne del poder del papel moneda. Y también, como parte de ese otro poder que aún no debe desestimarse, los fundamentalistas musulmanes que lanzan sus hombres bomba(o mujeres), mientras continúan comprando bonos de la Reserva Federal fuera de los horarios de mercado.

 

Sí, el viejo Imperio está enfermo, pero todavía es capaz de asestar un golpe furibundo, antes que la enfermedad se haga metástasis en su cuerpo.

 

El problema concreto es que Occidente- como entidad política y cultural- está sometido a una crisis terminal.

Y entonces, el Santo Dios del consumo cuyo icono excluyente pronto será Internet; ese satiricón gigantesco que ha convertido en poco menos que intocables -¡y con categoría de artistas!-a los hacedores de la moda; ese consumo que es ejercido por unos pocos y envidiado por una multitud cada vez más multitud resentida y rencorosa, habrá de convertirse en el primero de los siete sellos de la maldición bíblica.

Mechemos todo esto con la maldita droga, devenida ya en metástasis del cuerpo social de la raza; pensemos en una China que pronto será epicentro de la tecnología de punta(la gigantesca China de las milenarias hambrunas que buscará- ¡Ah!, paciencia oriental…-su reparación y apetecida venganza histórica),y por último, continuemos mezclando todo con una buena dosis de fundamentalismo religioso-ese fundamentalismo real que tanto moviliza a extremistas del Islam cuánto a popes del cristianismo y confesos imperialistas del sionismo(no el de Bin Ladem, invento de la diplomacia anglo-norteamericana).

 

Tanto habremos caído moralmente, que ahora levantan las banderas de un Juesucristo ligth ¡que nos habla de la prosperidad de los bolsillos a través de esas Iglesias que se han apoderado de los supermercados y los viejos cines! Y pronto será peor: un día despertaremos conmocionados por los noticieros que anunciarán exultantes la vuelta de Cristo a la tierra. Y en medio de milagros extraordinarios que las nuevas tecnologías elaborarán para los tontos, este Jesucristo capitalista- dicen que ya ha sido bautizado Maytreya- llegará para unir definitivamente a todas las religiones y para imponer la paz definitiva en el mundo. Ja!

 

Y atención: Internet jugará un papel clave en todo esto!

Patético.

En fin, poco falta para que el mismísimo Nostradamus se revuelva en su tumba.

 

Con todas estas amenazas terminales*¿cómo no evaluar la irrupción de Internet, en función de un medio temible y poderoso, al servicio de una altísima estrategia política?

 

¿O ustedes creen que la televisión basura o la banalización de la cultura en general, son meras casualidades de una etapa decadente? NO, mis amigos. Este consumismo excesivo de frivolidad, esta borrachera de chabacanería e idiotez colectiva desatada en forma mediática- Internet como punta de lanza, más la televisión satelital, la llamada prensa escrita seria y la radio en general- conforman parte de un plan minuciosamente preparado, cuyo objetivo supremo es la toma de la voluntad humana.

 

Por último, he aquí el ideal supremo del gobierno de las sombras: el númen pensante de la clase dirigente ajena a los planes perversos de los grandes codiciosos, los escasos medios independientes, los marginales de los undergrounds; la clase dirigente no gubernamental, los idealistas de toda laya, la intelectualidad en pleno, confinada, limitada a las propias paredes de sus hábitats, haciéndoles creer a TODOS de que usan indiscriminadamente ese dios cibernético llamado Internet.

 Sin calles alteradas, sin manifestaciones costosas y peligrosas; sin gritos que atormenten a los gobernantes-hoy convertidos en sátrapas del nuevo Imperio por venir-. Nada. Internet estará tan perfectamente estructurada para entonces, que toda ofensa, todo rencor social, tendrá su canal de agitación incluso a través de miles de páginas Webs pretendidamente independientes o “revolucionarias”.  ¿Qué pasará con los obreros?  ¿Con los que alguna vez fueron poderosos sindicatos que supieron representarlos y hasta se atrevieron más de una vez a mostrarle los dientes a sus patrones? Nada. No pasará nada. Internet será parte activa de toda nuestra vida de manera abrumadora.

Detrás de los guetos sucios y hacinados, la mano de obra sucia y barata del sistema, será controlada por el ojo avizor de este capataz impiadoso, odiado y temible. Y si algunos joden mucho, los confinarán al hambre. Pero si siguen jodiendo, terminarán por echarle los perros encima. Carajo! Y si continúan díscolos, una noche llegarán en silencio a sus casas las patrullas del orden; alguien arrojará una granada fragmentadora de decibeles, y en medio de un silencio verdaderamente aterrador, penetrarán en cada casa en busca de sus presas revoltosas, sin que ningún vecino se entere de lo que pasa.

Los demás, felices. Las fábricas habrán desaparecido, y el trabajo tendrá inicio y jubilación en el hexágono material  de 50 metros cuadrados convertido en factoría y vivienda.

Esos “nuevos” obreros, sabrán que pertenecen a la escala social más baja, la de los asalariados. Pero sabrán también de que gracias a esto, tienen techo, comida y seguridad. Lo cuál  no será poca cosa, en un mundo donde abundarán guetos en los cuales millones de personas serán confinadas para morir de inanición lentamente; por lo tanto, los nuevos obreros del sistema, podrán considerarse privilegiados. Y lo serán más aún, desde el momento que no tendrán que salir a la calle en la que compiten ferozmente los chupados, los tullidos, los homosexuales de toda laya, y los mercenarios nocturnos que andarán a la caza-vivos o muertos- de todos los “raritos” del sistema.

¡Loado sea este nuevo Dios! Tanto, que Internet se habrá convertido en el proveedor por excelencia: consumo de alimentos, medicina social y  entretenimiento, en fin, el apéndice administrativo  de Estado más  eficiente.

Resumiendo: los más entusiastas del futuro por venir, se muestran exultantes, imaginando que para bien de la humanidad decente- la red de redes,  terminará interviniendo en nuestras vidas desde la cuna hasta el ataúd.

Loado sea Dios!

Amén.

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 José Manuel López Gómez

Escritor argentino nacido en España

www.sanesociety.org/es/JoseManuel

Mail personal: lopezgomez7@hotmail.com

El autor agradece envío de opiniones.

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Un milagro llamado Esteban Dávila V

Queridos amigos:

Algunas cuestiones domésticas me mantuvieron fuera del blog más tiempo del deseado por mí.

Quiero hacer dos acotaciones. La primera, relacionada con el médico psiquiatra que atiende a Francisco, mi amigo Doctor Esteban Dávila. Creo que en algún párrafo de mis anteriores entradas, mencioné que no soy una persona de militancia activa religiosa, pero que de todos modos, respeto muchísimo a quienes sí lo hacen; que en líneas generales, todos aquellos que hacen ejercicio permanente de militancia, suelen vivir en paz y en armonía; que por propio conocimiento, sé de muchas personas que tenían una vida dramática, inmersos en continuos problemas e incapaces de tener un minuto de paz, paz que no podían darse ni tampoco darle a los demás. Y que sin embargo, una vez que aceptaron a Jesucristo en sus corazones, sus vidas tuvieron un vuelco fenomenal. Que amén de la paz interior, conocieron la dicha, descubrieron la alegría de vivir y algo mucho más importante, por primera vez en sus vidas descubrieron que la felicidad consiste más, mucho más en dar que en exigir para uno.  Por lo tanto, celebro que el camino del Evangelio haya sido la tabla de salvación para mucha gente.

Sé que a lo largo de la vigencia de este blog, volveremos seguramente a hablar de mi amigo el doctor. Pero quiero acotar que desde que se estableció la primera entrevista, la vida de Francisco tuvo un vuelco sensacional desde el punto de vista favorable, positivo. Y que mucho de esto tiene directa relación en cómo encaró el tema de Francisco el doctor Dávila y su maravillosa compañera, la doctora Melgar. Que más allá de que la bendita droga llamada haloperidol haya sido para Francisco la farmacopea clave, estoy seguro que también ha primado en todo esto, la calidad de personas de Esteban y Evangelina por aquello que hoy ha sido dejado de lado por la ciencia médica: si el paciente no “compra” al médico, es inútil todo lo demás; no habrá panacea posible desde el punto de vista de la medicación.

Y lo que quiero decir en segundo lugar, es alertar a TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE PADEZCAN UN CASO SIMILAR AL QUE YO VIVO CON FRANCISCO. NO SE QUEDEN ÚNICAMENTE CON LA OPINIÓN DE UN SÓLO MÉDICO SI EL TRATAMIENTO NO PRODUCE UN EFECTO POSITIVO. BUSQUEN, INDAGUEN, OBSERVEN DE QUÉ MANERA LA MEDICACIÓN ACTÚA SOBRE LA PERSONA QUE PADECE EL MAL. SEAN LOS “MÉDICOS CASEROS” DEL PACIENTE. TENGAN EN CUENTA QUE EL PROFESIONAL POR MÁS CAPACITADO QUE ESTÉ, NO PUEDE SABER COSAS QUE USTEDES SÍ SABEN PORQUE CONVIVEN CON LA PERSONA “ENFERMA”. POR ESO ES MUY IMPORTANTE QUE CHARLEN CON LOS MÉDICOS Y LE DEN TODOS LOS DETALLES RELACIONADOS CON LA FORMA EN QUE REACCIONA A LA MEDICACIÓN. EL EJEMPLO DE FRANCISCO PUEDE GENERAR UN VERDADERO ANAL EN LA MEDICINA: ¡TUVIERON QUE PASAR 9 AÑOS DE AMARGURAS Y SINSABORES COMPARTIDOS ENTRE ÉL Y LA FAMILIA PARA DESCUBRIR DE PRONTO QUE UN REMEDIO, UNO ESPECÍFICO, ERA EL QUE NECESITABA PARA SENTIRSE MEJOR Y ASPIRAR HA HACER UNA VIDA NORMAL!  ¿sE DAN CUENTA DE LO QUE ESTO SIGNIFICA?

POR ESO MI DESEO ES QUE EL CASO DE FRANCISCO PUEDA AYUDAR A OTRAS PERSONAS A NO TENER QUE PASAR POR SEMEJANTE SUFRIMIENTO, QUE PUDO HABERSE EVITADO!

¡DIOS LOS BENDIGA A TODOS!

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“La Navidad de Bush y la madre Teresa”

“LA NAVIDAD DE BUSH Y LA MADRE TERESA”

                                                               

 

 

 

Habría que festejar la Navidad

Más allá del marketing asfixiante

de la Coca Cola

O de las grandes tiendas que contratan

Santa Clauses como empleados

De la ilusión por unos días.

 

Festejemos la Navidad

en la universalidad del hombre:

vietnamita, escandinavo, etíope, neoyorquino del Bronx,

y también los habitantes de todas las villas de emergencia

del planeta-eufemismo elegante del sistema para ocultar bajo

La alfombra social a la marginalidad y la miseria-.

Enviemos miles de mails

a los sobrevivientes.

A los infectos moribundos

del corazón negro de África

donde el Imperio ha lanzado el virus del Sida

como piloto de prueba de las teorías malthusianas.

 

Incorporemos al festejo a los mongoles

Ancestros del Gran Khan –el Napoleón de las estepas-

cuando el guerrero feroz y refinado

los había convertido en el paradigma

predador de hombres y de tierras.

 

Levantemos las copas con los parias de Calcuta

aunque sepamos que ni por ellos -ni por otros-

jamás adherirán a ninguna revolución social.

Invitemos a Bush a la gran mesa

-qué clase de cristianos somos si no ponemos la otra mejilla.

aún a riesgo de recibir sonoras puteadas

de los unos y los otros.

 

Propongamos un brindis americano,

concediéndoles un lugar de privilegio

en la gran mesa

a todas las etnias originarias

al sur del Río Grande

-desde el rumoroso Orinoco

hasta ese mar dulce que es el Amazonas.

Desde la pobreza silenciosa y callada de la Puna

hasta la tierra helada de los Onas-.

 

Pero no hablemos de religión

ni de fundamentalismos, sentados a la mesa

(Como cruel ironía de la propia acepción de la palabra

Los caminos hacia Dios han recreado el único infierno comprobado

Y se han cargado más muertos que todas las pestes

Y todas las calamidades naturales juntas).

 

Por los siglos de los siglos. Amén.

 

Festejemos la Navidad

conscientes de que la espiritualidad que la moviliza

transciende incluso al hombre de los evangelios.

y trasciende mucho más, claro, a quienes se han apoderado

de la simbología de la Cruz(icono de los iconos)

exhibiéndola como se exhibe un gran trofeo deportivo.

 

Convoquemos a la mesa de la Raza

al Beethoven de la novena sinfonía.

Al Réquiem de Mozart.

A las cuatro estaciones de Vivaldi.

Convoquemos a Velázquez

para que nos cuente como aplicaba la física cuántica

en la luminosidad de sus pinturas.

Y también a Casals (Pablo, claro) y al samaritano de Lambarené

para que nos interpreten a dúo a Bach.

 

A la rubia Mireya del tango.

Y también la Marilyn Monroe con sus pequeños sueños fatuos

antes que la CIA y Jonh (Kennedy, claro)

La empujaran al suicidio.

 

Invitemos

a todas las hermosas prostitutas de la tierra.

A Soros.

Al hombre de la Reserva Federal.

A los que asesinan niños y jóvenes con la droga.

A los grandes codiciosos.

A los hombres de las sombras (el verdadero Imperio)

Que hacen de los reyes, presidentes y primeros ministros

los privilegiados empleados del privilegio.

 

Convoquemos a los señores de la guerra

y a los hacedores de grageas antipsicóticas

(¡Caramba! Después de todo, su obra es un acto de filantropía

para evitar que la locura colectiva se desborde…)

Y no nos olvidemos de los asesinos seriales

ni de todos los tomados por la locura

(¿Qué sería del espíritu navideño

si no entendiéramos que una diminuta partícula

nos condiciona desde la cuna hasta el ataúd?).

 

 

¡Brindemos, humanidad perversa!

Por un día-por un solo día al año-

seamos capaces de quitarnos todas las vestiduras

de nuestras execrables lacras

y ofrezcamos nuestra desnudez al amor.

(Claro que hablo del Amor con mayúsculas

No del egoísta y egotista amor de los genitales tomados).

 

 

Entonces…

 

Tal vez-movilizados por un gigantesco ruego colectivo-

podríamos lograr que la muerte libere durante unos minutos

a la madre Teresa (la de Calcuta, claro).

Y sin pedir explicaciones antropológicas;

sin el menor pase de factura al responsable

de tantos latrocinios -pese al meneado asunto del

libre albedrío

que no es más que la mayor hipocresía de la especie-

compartiríamos la oración sublime de esa mujer sublime.

 

Hincados de rodillas, desnudos de toda desnudez.

Amparados en el Alfa y el Omega a modo de oráculo

existencial,

quizás Dios se apiadaría  verdaderamente de nosotros.

Amén.

 

______________________________________________________________________________________

 

Época oscura.

2008

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Tratados peor que cerdos II

…y al módico precio de…(francamente, no sé que idea cerraría esta frase; como la olvidé, la dejaré en suspenso).

Un pariente, después de leer la nota(parte I se entiende), me preguntó cual era el objeto de sacar a relucir tantas cosas que habían pasado con mi hijo. Confieso que me hubiera gustado otro tipo de comentario. Cómo imagino que de una u otra forma, muchos se preguntarán lo mismo. Pues bien, todo esto- y creo haberlo dicho en alguna otra entrada- lleva el propósito de mostrar desde mi experiencia como padre de un chico que padece esquizofrenia, los avatares, las frustraciones, el olvido crónico desde el Estado con respecto a los programas de terapia y contención social a pacientes de enfermedades mentales; en fin, mostrar los espurios intereses de los grandes laboratorios, alertar sobre ciertos profesionales que participan consciente o inconscientemente de esta anomalía, pero rescatar también la actitud de profesionales médicos que honran la medicina y suelen remar contra la corriente(como ejemplos sobresalientes, menciono a los doctores David Huanambal y Esteban Dávila).

Sigamos con la historia. No sé si comenté que al momento del ingreso de mi hijo, el dapartamento de Salud Mental del HIGA, tenía 32 internados(una cifra parecida en el pabellón de mujeres). Atento a mi ilustración medida, tenía muy en claro que el Estado capitalista consideraba a la Salud como un gasto y no como una inversión (la excepción podía darse en Francia y Alemania, paises en los cuales funcionaba el Estado de bienestar, como una política sanitaria comprometida algo más con los valores humanos); por otra parte, esta actitud resultaba más visible en los llamados países emergentes -ni hablemos de los pertenecientes al mundo en subdesarrollo o tercer mundo-   como el nuestro. Y si bien reconozco que el actual gobierno de los Kirchner mejoró sustancialmente los planes de salud, la corrupción institucionalizada(daré un sólo ejemplo: las partidas de medicamentos que se entregan en hospitales a través de los respectivos ministerios de salud, suelen ser negociadas por los sectores de directivos de segunda línea y en algunos casos, hasta con la propia complicidad del Director general del hospital pertinente). Pero esta observación se refiere a la medicina general; en el caso de la salud mental, el problema resulta más notorio. Espejo de esta afirmación, es el hecho de que el día de la internación de Francisco, constaté que los más de 30 internados, contaban con ¡dos sillas y una sóla mesa! Pero hay más aún: la mesa destinada a las comidas(desayuno, almuerzo, merienda y cena) era “coja”-un poco de humor para comprender estas miserias humanas-, tenía una pata menos y el estado general era deplorable. Recuerdo que las puteadas mentales de toda índole, comenzaron a poblar mi mente. Uno podía entender  que estábamos lejos de los planes de salud que imperaban en Cuba o los países nórdicos; pero lo que había encontrado estaba más en consonancia con la indignidad, con el abandono e incluso tenía ciertos visos de deshumanización. Para atender por turno, a esta colonia de “parias” sociales, había un administrativo, una persona para la limpieza y tareas generales, dos administrativos y dos enfermeros/as. Cinco psiquiatras y cinco psicólogos completaban el lote permamente de profesionales. A una de las enfermeras( persona que mostraba vocación de servicio) le pregunté  respecto a ese estado de cosas y me contestó que desde que ella ingresara- ocho años atrás- ese estado de cosas era una constante(léase abandono y desidia).

Recuerdo también que esa noche me costó conciliar el sueño. Constatemente me decía que algo habría que hacer; no podía conformarme con el siempre fue así de la enfermera. Al día siguiente armé una nota (ver carta en nota aparte) que superaba a la tradicional carta de lectores, y la llevé personalmente a la redacción del diario “La Capital”. Atendido con suma diligencia, solicité formalmente su publicación por razones humanitarias.

Los dejo con la carta de referencia y luego seguiré con el relato.

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“Tratados peor que cerdos”

 en consonancia con la sintomatología de la enfermedad, “algo” me obliga a manejarme sin un orden cronológico y sin continuidad con respecto a las crónicas.

Mi hijo- cuando suele estar en plena posesión de sus facultades mentales-, suele ser maravilloso asisitir “funcionamiento” pleno de su mente y su espíritu, como elementos priviligiados de un proceso diferente al que aún no comprendemos cabalmente(en cierta ocasión, a poco de declarse su mal, me dijo en forma muy seria, casi solemne: “no podés entenderme papá; estamos en otro nivel”. Entonces, no le di importancia pero con el paso de los años y luego de evaluar tanta desaprensión y tanto desconocimiento sobre los móviles de este proceso, creo que mi hijo estaba(o está) en posesión de una forma diferente de ver al mundo y los avatares humanos.

 

Pero vayamos al episodio que da nombre a esta entrada. Si la menoria no me falla, calculo mayo del 2002(recuerden que nos habíamos radicado en Mar del Plata-era la cuarta incursión en la ciudad- atento a una corazonada, a una cuestión instintiva que me decía que tal vaz el reeencuentro de Francisco con sus antiguos amigos de infancia, podría logar milagros en su compartimiento. El tiempo demostró el error de mi conjetura y los terribles errores cometidos por mi en particular y otros por la familia y los propios errores de los amigos, sumidos en la absoluta ignorancia en cuánto a cómo debían tratar a una persona con estas características. Punto y aparte.

Este episodio está en directa relación con la abrupta baja en el suministro de haloperidol(recordarán ustedes que de 15 mn se lo reduce el médico a una sola ingesta noctura de 5 mn). Pues bien, como no podía ser de otra manera, el brote psicótico se desató y de que manera.

CONFESIÓN: Me considero una buena persona; los amigos y parientes lo afirman una y otra vez y hasta tengo algunos amigos que con cierto fanatismo suelen decir el gallego es más bueno que Lassie.

Pese a esta escenografía, aún no puedo explicarme porque-en medio de una agresión física de Francisco-hecho que los pacientes con estas características no pueden manejar y no tienen conciencia real o moral de sus acciones, algo que ha modo de  atenuante YO IGNORABA- perdí el control mental de la situación y mientras mi hijo , ante la presencia de familiares, amigos e incluso vecinos- sintiéndose acorralado(hoy lo comprendo) y terriblemente presionado por las voces condenatorias, incluso las de su propio padre que en una actitud deleznable arengaba a los propios hijos para que trataran de pararlo a través de trompadas. Increíble. Y NO ES PORQUE NO QUIERA A MI HIJO. LOS QUE ME CONOCEN BIEN, SABEN DE MI AMOR SUBLIME HACIA ÉL. Pero aún hoy, no sé que pudo haber pasado. Sé que luego-cuando logramos que se calmara-yo me sentí horriblemente mal y le pedí perdón por mi actitud. Pero también sé que eso no ayudaba o ayudaba muy poco: el mal estaba hecho y sentía que eran cosas irreversibles que tarde o temprano lastimarían la psiquis de mi hijo. No tengo falsa verguenza en confesar que lloré por esta acción. Y que pese a los siete años transcurridos, aún cargo con esta pesada mochila a modo de cargo de conciencia.

Pero vayamos al hecho que da titulo a la nota. Era la primera internación de mi hijo. Cuando llegué, el cuadro que presencié resultó desolador, abrumador, espantoso, tristísemente triste. En un pabellón de unos 70 metros cubiertos, “convivían” 32 internados.  No existía diferenciación de situaciones. Ya creo haberles dicho que la esquizofrenia es un mal que se encuentra en fase de estudio e investagión y que muchas de las alternativas de terapia, se deben al buen criterio(léase intuición) de los profesionales médicos. Además, creo que dije en algún momento, que este mal tiene una serie de diferentes sintomatologías difíciles de clasificar o encasillar: ¿Qué quiero decir con esto? Que existen muchas variantes de esta “enfermedad”. Pues bien, en ese espacio precario y limitado físicamente, se hallaban internados 32 personas sufrientes, atendidas por 4 psiquiatras, 6 enfermeros y dos terapistas, distribuidos-claro está- en tres turnos de 8 horas cada uno.

Cuando uno de los enfermeros le franqueó el paso a Francisco abriendo la puerta de hierro a barrotes, la referencia a una cárcel fue inevitable. No quieran ustedes imaginar el cuadro con el que me encontré al penetrar con mi hijo en la sala de ingreso, convertida en espacio de recreación, en “salón comedor” y sala de recepción de visitas. Todo en un sólo hogar y al módico precio de…

(prometo continuar a la mayor brevedad)

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