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ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 
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Psicología

La señora Costacurta

Estimados amigos:

Les presento el esbozo, un adelanto del primer capítulo de una novela basada en el tema que nos ocupa. No sé si llegará a terminarla, pero seguramente, vuestro aporte-sosteniendo la lectura y ofreciendo vuestro parecer al respecto- tal vez haga las veces de disparador. Como verán, no existe una articulación ortodoxa de los escritos. En parte, y a tono con la “idiosincracia” del tema, es posible que el todo se reduzca a una especie de “puzzle” literario.

Invito a todos aquellos que tengan inquietudes y les interese desarrollar la temática, a incorpararse como colaboradores del blog. Yo dispongo de muy poco tiempo y además, no pertenezco a la generación informática. Por lo tanto, todos los aportes para enriquecer el blog serán bienvenidos. Me encantaría armar un foro de discusión(no importa que al principio podamos ser solo dos; el asunto es ponerlo en práctica). Pueden dejar las inquietudes en el blog o si lo prefieren, escribirme a sabado218bis@yahoo.com.ar

Gracias por estar!

 

“Los grandes designios son siempre cruzados por diversos encuentros y dificultades. La carne y la sangre nos dirán que abandonemos la misión; guardémonos de escucharlas. Dios jamás cambia las cosas que ha resuelto, aunque se produzcan cosas que nos parezcan contrarias”

 

Vicente de Paúl.

 

“El hombre no sabe porque está en el mundo, porque Es y no Es de otra manera.¿Cómo puede ser el hombre responsable, si su vida no depende de su propia elección?

 

Sorën Kierkegaard

 

 

 

 

 

Al salir del ascensor se encontró con Alicia. Alicia Moreau de Ocampo, la decana jefa del departamento de Psiquiatría de la Clínica. Logística cosmética a pleno. El paquete completo de ungûentos sobre cada poro de la cara.

Sintió la mirada libidinosa como una aspiradora. Bajó la vista. Peor. Una escandalosa minifalda negra dejaba al desnudo las firmes columnas carnales de la veterana.

Marta, su cuñada, a cargo de la oficina de admisión, ya le había dado el parte correspondiente, el mismo día de su ingreso en calidad de Director adjunto. “Ojo con esta cuñadito. Es de las que vulgarmente le dicen comehombres. Me parece que te echó el ojo desde el primer día que viniste a hablar con mi marido. Reconozco que no está mal, claro; a decir verdad, disimula muy bien los cincuenta y cinco que tiene, pese a que anda diciendo por ahí que está por cumplir cuarenta y ocho…Se nota que te tiene ganas cuñadito…pero cuidate: las malas lenguas dicen que es de las que hacen el amor sólo con los genitales; el corazón…bien, gracias.”

Apenas respondió con una sonrisa ambigua. Cuando cerró la puerta de su despacho, el perfume de la Ocampo comenzaba a esparcirse entre los miasmas de la sala.

Abrió la carpeta con la historia clínica de la nueva interna : Francisca Costacurta Di Leo. En un sobre aparte, figuraba su DNI de extranjeros, una sucinta referencia a un domicilio en Mar del Plata, y un certificado de un plazo fijo de seis dígitos en dólares( plazo fijo con una nota adicional en la que se dejaba expresa constancia que el mismo estaba en poder de una hermana).

En el parte médico, se hacía referencia a una esquizofrenia en vías de estudio, aunque el colega del HIGA de Mar del Plata, especulaba con la idea que la tana tenía una catatónica, contraída al parecer, al poco tiempo de quedar viuda. El informe venía con una nota adjunta en la cuál se dejaba constancia que una vecina había llamado a la comisaría primera, alertada por una serie de gritos y el ruido de objetos no identificados estrellándose contra el piso ; de allí, derecho al pabellón de mujeres del área de salud mental del HIGA de Mar del Plata.

Observó la tabla de los psicotrópicos que se le administraban:

 

Haloperidol  x5

 

8 horas                   12 horas                  17 horas            21 horas

1                                  1                               1                      2

 

 

Akinetón

 

8 horas                   12 horas                   17 horas           21 horas

 

½                               ½                             ½                      1

 

Stallazine

 

8 horas                    12 horas                  17 horas           21 horas

 

1                                  ½                            ½                      1

 

 

Nozinam x 25Mg

 

8 horas                    12 horas                   17 horas           21 horas

 

1                               ½                              1                       2

 

 

 

Lo de siempre. Un puré para que no joda.

Siguió leyendo el parte. Durante los 74 días de su internación, había sido entrevistada sólo en 6 ocasiones por una psicóloga( su informe adjunto le reveló que era adherente a la línea conductista) y atento al cuadro de mutismo absoluto mostrado por la paciente, una Junta de psiquiatras – luego de corroborar el diagnóstico de uno de sus integrantes- recomendaba iniciar un tratamiento intensivo con Clozapina de 100mg( de entre seis y nueve dosis diarias concluía el informe)

En síntesis, pensó, se trataba de un diagnóstico típicamente biologista, un triunfo más del ala dura de la pasiquiatría; colegas, para quienes el segmento emocional o la enfermedad del alma eran accesorios inocuos y despreciables. Resumiendo: la señora Costacurta ya era un rehén más de los grandes proveedores de psicotrópicos, los mismos que a nivel mundial, facturaban una cifra superior al propio PBI de los argentinos.

-La paciente ya se encuentra en el gabinete doctor Mariano.

A través de la pantalla del visor instalado en su escritorio, la imagen de su asistente lo sacó de sus meditaciones.

Hora de ir acostumbrándose a la tecnología de punta de la clínica.

Carpeta en la mano; ancho pasillo alfombrado; la puerta del gabinete que se cierra silenciosamente como si se encontrara en el Tesoro de una entidad bancaria. Escritorio de caoba, dos sillones de cuero negro, un diván y el enorme ventanal de cristal biselado que muestra como un inasible lienzo un parque pulcro y profusamente arbolado.

Mozart susurra con el Réquiem entre los corpúsculos invisibles de la sala. Son los momentos del Rex tremendae majestatis. No le parece la música adecuada para el momento pero esto era ahora una cuestión menor.

La mujer no se ha percatado de su presencia. Sentada al borde de la cama, de cara al ventanal, se restriega las manos constantemente como si estrujara un objeto maleable. Le parece extraño que con semejante ingesta de remedios pueda mantenerse en pie.

-Buenas tardes señora Costacurta. Mi nombre es Mariano Altuna Vélez, y soy el médico designado para conversar de su problema- le pareció que había que corregir algo del discurso inicial-.En realidad señora Costacurta, estoy aquí para tratar de analizar juntos lo que le pasa.

Silencio. Las voces del coro parecen crecer en decibeles.

 

A lo largo de algo más de una hora y media – en consonancia con su pragmatismo-lo ha intentado todo o casi todo: Freud, Lacam, Jûng, el devaluado Rosenfeld; incluso una incursión por Frönm. Familia, niñez, recuerdos inmediatos. Diga lo que quiera señora, aventuró en un momento. Acciones en medio de silencios cortos o espaciados.

Resultó inútil. La señora Costacurta continuaba con su oralidad imperturbable, estrujando con fuerza las palmas de sus manos; de tanto en tanto, contraía su mano izquierda en forma de puño y con la otra, daba virtuales golpes continuos hacia delante y hacia atrás. Sólo durante unos momentos levantó el mentón y abrió los párpados en forma desmesurada. Entonces, en momentos en que la soprano y el coro recreaban Comunión: lux aeterna, la señora Costacurta le lanzó una mirada de horror, una mirada extraviada que él sintió-literalmente- que trepanaba entre sus ojos.

Psicología

les presento uno de mis cuentos eróticos

“JUGALE AL 18”

 

La habitación 18 haquedado libre”

La voz de la mucama trepa por alguna de las paredes inasibles de la mente del hombre.

Se sonríe. Ella-la mujer de negro- se yergue y acomoda su espalda sobre el asiento. El hombre conduce el vehículo hasta la cochera de la habitación del hotel alojamiento.

“Jugale al 18”, escucha que dice la voz aguardentosa de la mujer.

No le contesta. Se ríe. Sí-piensa-: el 218. Dos en la habitación dieciocho.

Vienen de una larga cena, a modo de primer acto de una etapa que se presenta como un esperanzador reinicio de un amor pasado. A esta altura parece absurdo, pero ninguno de los dos sabe el qué,el cómo o el porque se había desatado el nudo de una relación terminada sin la consiguiente explicación, esa que suele comenzar con una frase ambigua. tipo …tengo que decirte algo que no te gustará de oír. Pero no fue así; en realidad, la mujer de negro le dijo al hombre: no me llames a casa ni al celular. Esperá que yo te llame.

 Pasó un día, luego dos, después tres; a poco una semana, luego dos, tres semanas más; transcurrió un mes, luego dos y tres, pero la mujer de negro seguía sin dar señales telefónicas. Eso sí, cada tanto, solían cruzarse en el trabajo sin que ella realizara las pertinentes explicaciones o él las exigiere por su parte. Parecía una absurda puja para ver quien soportaba más tiempo antes de decir-la mujer-: no te pienso dar explicaciones. Y antes de decir-el hombre-: no pienso pedirte explicaciones.Una indiferencia (que no era tal, claro) aparentemente compartida, que dejaba al desnudo cierta inmadurez no exenta de soberbia y arrogancia. Lo cierto es que, a 29 meses de aquel episodio kafkiano,  el hombre sospechaba que ese otro yo enquistado en nuestro cerebro-el verdadero observador y conductor de nuestra vida; algunos prefieren hablar de conciencia-, trataba de ponerlo a reparo de sí mismo. “Pero vos no podés reanudar una relación que nunca se dio por terminada, sin pedir las consecuentes explicaciones…”

Esta frase, armada por cierto tufillo rencoroso(o por el temor a una nueva frustración, vaya uno a saber), había sido lanzada por el otroen complicidad con la memoria, eso cree el hombre (vaya uno a saber también).

Pero el hombre resistió. Resistió la mala leche de su otro yo; resistió la tristeza y la inmerecida humillación, dos cosas que se les habían pegado como costra en la piel; resistió la suma de los temores-los pasados, los presentes y los del futuro- refugiados éstos en algún oscuro rincón del cerebro-, y prefirió guardar silencio (que es algo parecido a callar). Además, pensó que la mujer de negro merecía cualquier sacrificio. La parte positiva es que su actitud demostraba bien a las claras que había querido bien a la mujer de negro. Aclaro que esto no lo digo yo, lo dice él.

Claro que el otro yo no iba a claudicar en su orgullo herido tan fácilmente. No te entiendo…ella no sabía como patearte, e inventó una excusa que es una verdadera falta de respeto a la inteligencia humana, y vos…como si nada. Bueno, ya pasó, pensó el hombre en el marco de la resignación. Pero el otro tenía el “postre” que lanzó como un brulote en forma de acentuada sorna: lo que puede la calentura…

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El hombre y la mujer permanecen en la cama. Creen sentirse libres pero no lo están. Ambos sabenpero ninguno lo asume conscientemente, de que son parte de un engranaje minimalistamaravilloso –verdadero universo celular y neuronal- en el cual una partícula, muchísima más pequeña que un grano de polvo, contiene los misteriosos códigos genéticos que se transmiten por millones con precisión de laboratorio. Una aventura formidable que no tiene parangón en la naturaleza; cada ladrillo diciéndole al embrión primigenio, que cosa debe hacerpara ser parte de esa catedral humana que hacede nosotros un individuo. Un individualismo falso, claro, una mascarada proyectada por nuestra mente a fin de evitar la enajenación, porque ciertamente, no somos más que la proyección, la punta del iceberg de millones de minúsculas pero poderosas voluntades  Si uno fuere escritor, diría, un imperio de vida al servicio de una central cibernética.

 

La mujer se ha sentado frente al hombre y proyecta sus bien torneados muslos sobre la firmeza del colchón. Contra todas las previsiones (del hombre) no hay besos apasionados y menos besos trituradores que, a manera de excavadoras carnales, fagociten la oquedad bucal en busca de la lengua femenina. Apenas, la mujer- mientras deja que su voz aguardentosa impregne los miasmas del recinto con su particular erotismo- desliza sus largos dedos sobre una de las manos masculinas.

Pese a que ambos habían acordado este encuentro de manera anticipada, como siempre suele suceder, ambos llegaban al mismo con una carga adicional que no se correspondía con la adrenalina generada por la pulsión sexual. La mujer, víctima de un disgusto familiar a raíz de un cuadro descompensado en la salud de la madre; él, luego de un viaje agotador por Quantas desde Sidney, por encima del hielo y los miedos al casquete polar. El cansancio y el stress los tenía más aptos para dormir -y ¡ya!- que para cualquier intento amatorio.

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Hagamos un racconto de la mano de la imaginación(es la única manipulación del tiempo que nos permite la muerte).

 

En medio de la comida y el café de sobremesa, habían dialogado durante unas tres horas (estamos hablando del hombre y la mujer de nuestra historia). Muchas palabras del antiguo repertorio y frases hechas que no harían historias nuevas, y pocas de las esperadas por el hombre: Es imperdonable lo que hice. Te debo una explicación. No quiero rencor ni resentimiento. ¿Podrás perdonarme? Y la más importante de todas: Mira…durante todo este tiempo, me di cuenta de que eras el hombre que estuve buscando a lo largo de mi vida y…

Pero Adán no escuchó ninguna. Evahabía hablado de su familia, de un problema con su madre; algunas referencias vagas al trabajo, alguna pregunta respecto al largo viaje del hombre, concisos toco y me voy con respecto a la situación política -como por ejemplo que por primera vez un negro sería presidente de los Estados Unidos-, y apenas ambigüedades amorosas sobre el nuevo encuentro potenciado desde el vamos con la categoría de amantes (en un momento, durante la cena, mientras los observaba con suma curiosidad, capté las imágenes de un pensamiento del hombre. Universidad de Salamanca, a poco que el cabrón de Franco convirtiese a España en un gigantesco cementerio. Después de varios años de ausencia y abandono, Miguel de Unamuno recupera su cátedra. Ingresa al aula calado por los murmullos y algunos aplausos del alumnado. Mira a su auditorio, se jala la barba y una vez detrás de su escritorio, lanza la famosa frase: Como decíamos ayer…El hombre comprende que la mujer ha sido Unamuno por unos momentos, solo que a través de un hecho explícito que no necesitaba ser corroborado por el peso propio de las palabras).

El hombre percibe que la boca femenina habla pero que el corazón calla. Se podría argüir que la mujer ejerce una oralidad perfecta aunque hueca de sentimientos afectivos. Y sin embargo, resulta ser todo lo contrario, el discurso perfecto de un refinadísimo erotismo. De pronto, la retórica, se constituía en la herramienta sublime de la impronta erótica. La mujer libera términos, párrafos y frases hechas, acotando datos precisos de acontecimientos  Sin ser nombrado, el amor palpita; sin estar presente en la palabra, el deseo jadea en silencio, y sin siquiera emerger el primer contacto físico entre ambos, la imaginación levanta una virtual catedral del deseo- climaxamoroso incluído-, aún en medio de la orfandad de las caricias.

El hombre sabe –una pizca de sabiduría extraída de millones de palabras impresas, otra pizca de incontables vivencias amorosas (algo más viscerales unas; algo más espirituales otras) que el erotismo es una pertenencia exclusivamente humana. Un sentimiento gozoso pero paradójicamente angustiante, nacido al amparo del temor ancestral ante la muerte. Por eso-piensa el hombre (y lo pienso yo también)-, cuando los rudimentarios artistas pintaban en las rocas un pene erecto, no era el sexo el que movilizaba sus mentes, sino la toma de conciencia de su finitud. El pene ponía la simiente de vida; era un poderoso símbolo de energía; tal vez su representación pictórica podría derivar en un milagro…   

 

Ahí los tienen, compartiendo el centro de la cama, en los prolegómenos del único acontecimiento humano que justificaría la maldita creación.

Si ustedes quieren verlos, no tienen más que acercarse a la ventana que da a la calle. Como gozamos de la ventaja insustituible de ampararnos en la metafísica, ellos ni siquiera sabrán que son observados.

 La luz parece haberse despojado de las ropas. Pero ellos no.    

Vengan. Deberemos atravesar el largo corredor del erotismo. Subamos. No hagamos ruido. Si nos ven se termina la magia y yo deberé dejar de escribir. Serán doce estaciones, doce paradas obligatorias. Ni siquiera yo sé con qué vamos a encontrarnos.

 

Un largo corredor se abre ante nosotros. Tengo la impresión de que todos suponemos de que “caminamos” en el aire. Es una extraña tribu la que me sigue. Mujeres jóvenes, mujeres veteranas, pero también mujeres de carnes caídas que alguna vez recibieron el esperma caliente y las promesas de un amor eterno. Las hay con historias de orgasmos sin celda, y otras, cargadas de orgasmos fingidos. Las hay heterosexuales, bisexuales, lesbianas y de las otras. Vírgenes biológicas y también vírgenes espirituales.  

(continuará) 

 

 

 

 

Psicología

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