ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 

Muestras de mi obra literaria

Advenimiento

Amigos de Monografías: Respecto al porvenir, soy muy pesimista. La Naturaleza (o Dios si éste es un “guante” para su espíritu) ha cargado demasiado las tintas de nuestros códigos genéticos :el ADN colectivo marca una feroz impronta de nuestra propensión al crimen. ADVENIMIENTO no es un cuento más en mi producción literaria. La ficción de su relato está destinada a convertirse en profecía autocumplida. Tal vez en menos de una década, un día despertaremos con la gran noticia: JESUCRISTO HA REGRESADO!! Y la noticia, el acontecimiento más deseado y temido a lo largo de 2000 años, conmoverá como nunca antes, al 99,99% humanidad(católicos, evangélicos, cristianos ortodoxos, judíos, musulmanes, budistas y cuántos practicantes religiosos pululen por el mundo), correrá o se desmayará sobre las Plazas de todas las ciudades del mundo, en las cuáles aparecerá levitando y hablando nuestro Señor Jesucristo. Lo que no sabrá ese 99,99% de ciudadanos de todos los credos y condiciones sociales, es que en la actualidad, los científicos que dominan los secretos perturbadores derivados de la nanotecnología, ya se encuentran en condiciones de “fabricar” íntegramente un hombre artificial. Y ese hombre-devenido en Jesucristo- se convertirá en el arma de control y dominación mundial, sueño de todos los Imperios. Amén

ADVENIMIENTO: The World- wide TV with the new Christ!

“Lo que toca a aquel día y hora, nadie lo sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre solo” (Mateo. 24. 36).

Desde hace un par de horas, los privilegiados teleespectadores participan de las noticias a través del servicio holográfico internacional. Atento al desarrollo informativo de los últimos meses, a todos los teleespectadores del mundo, les resulta imposible ejercer control alguno sobre el cuestionado canal de origen chino, eje y esencia del poder mediático en vigencia. Una y otra vez, no pueden evitar las interferencias de programación ejercida por la televisión estatal de la potencia hegemónica; tampoco logran evitar las imágenes moleculares continuas de una nueva señal cibernética: -The world-wide TV with the new Christ!, a propósito de la irrupción del nuevo Cristo redivivo, que ha llegado para la salvación definitiva del alma humana, según se encargan de emitir y propalar, frase un tanto sorprendente viniendo del país de Confucio.

En el último año, políticos y empresarios de todo el orbe, habían terminado por acostumbrarse a que la simpática pareja de chinos-impactaba la cabellera rubia y los ojos de un intenso celeste que lucía la locutora de Shanghai TV: You notify in English- se instalara en el Room de sus pisos y mansiones, aún en contra de la voluntad individual o colectiva. Ante semejante manifestación de tecnología de punta–los chinos habían asumido la vanguardia en el uso de elementos nano-escalares-, resultaba poco menos que imposible distinguir entre las imágenes virtuales y la propia realidad(de todos modos, entre los estratos medios y altos de la población, circulaba el rumor de que los británicos estaban trabajando activamente en el mismo campo; en cierta ocasión, la pareja de chinos lo comentó con cierta dosis de ironía, al afirmar que “…los devotos de San Jorge, abandonados a su suerte luego de la caída en desgracia de sus primos del norte, no parecen resignados a un papel secundario. Toda la dirigencia de la otrora opulenta isla-como sabemos, convertida desde largos años en un yermo de pobreza- ha debido constreñir sus movimientos, dentro de un Palacio de Buckinghan que parece una postal de sepia”

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Muestras de mi obra literaria

“Psicosis”

 

Queridas amigas y amigos:

Aquí les dejo uno de mis cuentos de terror físico. Como siempre, aprecio vuestros comentarios.

PSICOSIS”

“Dentro de mí, hay otro hombre que está contra mí”
Browne.
 

Ignoro porque volví a escribir después de tanto tiempo. ¿La tarde lluviosa? ¿Los últimos acontecimientos que hicieron mella en mi espíritu? ¿Acaso está concatenado con una serie de angustias que me acechan? Todo es posible - claro que esto es difícil de explicar-; existe un abismo entre un pasado promisorio y este presente de magra producción literaria. ¿El dilema? La falta de nexo, de un atisbo de comunión entre ambos.
A veces me pregunto por qué, seis meses atrás, yo, Alejandro Boero, estaba en camino de consagrarme como un grande escritor.
Sé que mi literatura carece de la hondura de Borges o la originalidad de aquel belga devenido en porteño cuestionado.
De todos modos, por entonces, la crítica mayor me envanecía con frases tipo “… a los 33 años, Alejandro Boero se perfila como un excepcional narrador dentro del panorama literario nacional”
De pronto, sin previo aviso, despertar una mañana con la sensación que el Alejandro Boero escritor, ha dejado de existir dentro de uno. ¿Cómo explico este hecho?
Se dice que asistir a la destrucción moral de un hombre forma parte de una impronta cruel y denigrante; observar como, día a día, un enemigo solapado e invisible va quebrando en forma corrosiva los tejidos que conforman nuestra psiquis, se convierte en un hecho muy difícil de ser explicado con palabras.
Durante un tiempo supuse que esta ambigüedad de los pensamientos, acabaría de un momento a otro. Sin embargo, pronto comprendí que en aquella oblación del alma y el espíritu, se incubaba a corto plazo una crisis silenciosa y enfermiza.
He llegado a la conclusión de que un hecho preciso y contundente de mi vida permanece neutro; algo que forma parte de mí como un eslabón perdido, arcano e inasible.
Algunas noches suelo dormir sobresaltado, conmocionado por pesadillas repetidas. Desde las sombras de mi sueño, oigo una voz desconocida y familiar -extraña paradoja-; entonces, al despertar, me digo que en ese extraño llamado, tal vez se halle la esencia de mi perdida esencia.
Claro que nunca aflora la luz para mis dudas insondables, tornando mi existencia en una impronta asfixiante y detestable.
¿Qué ha pasado en mi vida? ¿Qué acontecimiento profundo ha generado este estropicio neuronal que me impide descubrir la raíz de mi sufrimiento? ¿Qué significa este temor que crece en mí? ¿Esta angustia soberana que se filtra por mi piel?
Es inútil. Inútil. La respuesta se me niega una y otra vez.
¿Qué hago desde entonces? Soy vendedor de seguros; seguros de vida.
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11 de abril.

Sería un hipócrita si en cierto sentido no reconociera mi fracaso.
Resulta intolerable aceptar el hecho de que estos últimos acontecimientos de mi vida me estén despedazando lentamente (y sin poder evitarlo), sintiéndome como un impotente niño bobo que todo lo ve sin comprender. Perseguido una y mil veces por este críptico pasado que golpea mi subconsciente, empecinado en ocultarme la verdad.
No obstante, algo me alarma aún más: desde hace aproximadamente una semana, siento que por momentos pierdo el juicio; es como sentir que el presente se ha convertido en un aterrador agujero negro que todo lo devora.

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A puntes desde un Hospital Neuropsiquiátrico.

Cuándo decidí relatar esta extraña historia, pensé que sería útil adjuntar las impresiones precedentes. Tal vez ustedes piensen que hago trampa; que en realidad, sólo pretendo elaborar un escrito a efectos de atenuar esta neurosis que me ha apartado de manera temporal de la sociedad.
Pero puedo jurar que no existe tal trampa; que escribo porque creo sinceramente en que ésta es la única alternativa para reencontrarme conmigo mismo. La catarsis-dicen-suele ser nuestro psiquiatra de cabecera.
Pues bien, intuyo que los parámetros con la coherencia mental, se produjo el día que debí enfrentarme al sobrecogedor episodio de la maldita casilla de la vieja.
Me dirigía a concretar una entrevista comercial, cuándo, antes de cruzar a la acera opuesta, percibí débiles y acompasados quejidos que partían de una miserable casucha de madera, a escasos metros de dónde me encontraba.
Me acerqué al ligustro crecido en ramas y un árido silencio ganó el entorno. Confundido, recuerdo que hice nones con la cabeza y reanudé la marcha en pos de mi cita.
Concretada la operación comercial - ya de paso hacia la parada del colectivo- volví a transitar por las inmediaciones de la sórdida vivienda.
En aquellos momentos, traté de restarle importancia al episodio, pero el intento resultó inútil.
Algo- maldito sea, aún no sé qué- me impulsaba a quedarme inmóvil frente a la casilla, como si el tenebroso universo de mis dudas estuviera atado, cosido a un episodio que intuía a punto de desencadenarse.
Así pasaron varios minutos, en medio de ruidos apenas perceptibles.
Entonces me dije que aquello era absurdo; que no tenía sentido permanecer como un estúpido en medio de la vereda, mientras las dudas me torturaban a lo Rimbaud. Pero en el momento en que daba el primer paso para alejarme, volví a escuchar los quejidos, ahora con acentuada gravedad.
La sinonimia onomatopéyica deslizaba en el aire un ruido de goznes gastados y resecos.
Tuve ganas de golpear la puerta pero no me atreví; así pasaron cinco o diez minutos, en una actitud idiota, y disgustado con mi propia impotencia.
Con una expresión que imaginaba estúpida, miraba sin ver a los anónimos seres que circulaban por mi entorno, de manera casi hosca e indiferente. Todos circulaban deprisa.
Me pregunté por qué se apurarían tanto aquellas personas. Lo ignoraba. Lo cierto fue que de pronto no pude evitar contenerme y comencé a golpear la puerta.
En esos momentos, sorprendido, escuché que los quejidos se mezclaban con una tos ronca y entrecortada. Tos de enferma, pensé, sin dejar de golpear, cada vez con mayor violencia.
Esperé unos minutos más. Nada. Sólo quejidos y toses.
En aquellos instantes, mientras pedía cuentas a Dios entre dientes, tuve un horrible presentimiento.
Una mujer caminaba en dirección a mí.
- Perdón señora. ¿Sabe usted quien vive aquí?
- -No sé; no sé….
- Creo que allí dentro hay una persona que se queja. ¿No oye usted?
- No oigo nada.
- -Pero….
- -No sé nada; no sé nada. Yo voy al trueque (*)-. Y la mujer siguió su camino.
- Luego fue un hombre.
- Disculpe, señor… ¿No oye usted unos quejidos?
- ¿De qué quejidos me habla? Yo no escucho nada- el hombre reanudó la marcha-. Llego tarde al trabajo. Un minuto tarde y me echan.
No me amilané, consciente de haber escuchado los quejidos, seguro que los decibeles de los pulmones se hacían más perceptibles a mi oído.
Casi sin darme cuenta, un hombre vestido de operario fabril cruzaba la calle y avanzaba en dirección a mí.
- Señor: discúlpeme; usted….
- El pan, debo conseguir el pan; siempre el pan, carajo… - y el hombre se esfumó girando en la esquina opuesta.
De pronto, otro hombre que cruzaba la calle corriendo.
-Oiga señor: ¿no oye usted unos quejidos?
-¿De qué quejidos me habla amigo? Nos han vendido todo-hasta las ilusiones- y usted habla de unos estúpidos quejidos…
Desilusionado, volteé la cabeza y me encontré frente a un grupo de niños que me miraban fijamente.
Tuve la intención de interrogarlos pero ni siquiera alcancé a dar un paso, cuándo percibí que sus miradas tenían la dureza de la soledad y la falta de afecto.
Traté de reflexionar. Me di cuenta que la inquietud había crecido desmesuradamente a lo largo y ancho de mis paredes cerebrales.
Por momentos, tenía la impresión de que un miedo burlón e indiferente atropellaba mi humanidad a codazos.
Unos minutos después, me percaté de que los quejidos habían cesado(o al menos yo no los oía) como si el supuesto habitante de la casilla hubiera dejado de respirar repentinamente.
Falto de reservas anímicas, opté por regresar a mi casa.

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A las tres de la mañana, apretado de insomnio, salté de la cama.
Con el cansancio hurgando en mis huesos, recorrí varias veces los ambientes, con la sensación que mi cabeza se bamboleaba como una esfera sin control.

El episodio de la casilla se había convertido en el factor aglutinante de todos mis desvelos.
Por supuesto que regresé.
Diciembre madrugaba al sol y a las seis de la mañana, ya aguardaba inquieto el colectivo.
Al llegar al lugar, desande los últimos metros con una pastosa sensación en mi boca.
Con toda energía me abalancé sobre la puerta de la destartalada finca.
La madera, en incipiente estado de putrefacción, perdió su escasa rigidez al primer embate.
Al penetrar en el interior, tuve la sensación de que alguien raspaba con un cuchillo mi columna vertebral: sobre un catre mugriento y desvencijado, observé a una anciana que parecía agonizar. A manera de sábana, un trapo ensangrentado le cubría la mitad de su esquelético cuerpo.
Recuerdo que- instintivamente- me llevé las manos a los ojos; luego, haciendo esfuerzos por no perder la calma, volví la mirada sobre ella y no pude evitar que un aquelarre de esperpentos mellase mi confundido razonamiento.
Mientras la miraba una y otra vez, un hedor insoportable comenzó a irritar mis fosas nasales.
Medí su rostro: una extremada cáscara de melón aflautado a lo Modigliani, le conferían un aspecto tétrico y fantasmal. Más aún, cuándo en una de las comisuras de sus labios, algunas moscas se ensañaban con una pequeña lonja de carne pútrida y viscosa.
Largos y cargados chorros de humedad resbalaban perezosamente por una pared sucia y agrietada.
Cuando pude recomponer en parte mi integridad espiritual, me acerqué a la vieja tratando de comprobar si aún se quejaba.
Claro que lo hacía; sólo que desde el fondo de sus pulmones fluía un ronquido grave y sordo, como si una maldita mano deslizare una lija por aquella piel reseca y arrugada.
Cada uno de mis interrogantes interiores, carecía de respuestas concretas.
Apenas un hecho atisbaba con cierta claridad: creía en el sino de los acontecimientos, y estaba seguro de que éstos se habían confabulado con la providencia para enfrentarme con la pobre mujer agonizante.
Por lo pronto, no me pareció prudente someterla a un interrogatorio.
Preferí hurgar, revisar exhaustivamente la casilla. Necesitaba hallar un indicio, o al menos, el más insignificante detalle esclarecedor.
Miré en la cocina; en un aparador y en un viejo armario saturado de arañas y cucarachas. Nada. En el apuro, ollas, tazas, cajones y ropa maloliente y sucia, caían al piso aparatosamente. Nada. Busqué en un pequeño cuarto. Nada. En los rincones más absurdos. Nada tampoco.
Recuerdo que en aquellos momentos tenía que taparme la nariz con un pañuelo porque el olor nauseabundo resultaba intolerable.
Quedaba sólo el baño para revisar.
Al avanzar unos pasos hacia éste, me detuve bruscamente. Desde su interior, surgía un denso y extraño zumbido.
Al abrir la puerta de un puntapié, me pareció estar frente a uno de los lienzos más tenebrosos de Goya; peor aún: la representación en vivo de una alucinante pintura de Brueghel.
Sacudido por un intenso temblor, caí de rodillas en el preciso momento que un enjambre de moscones verdes, salía disparado en distintas direcciones.
El hedor a carne humana en avanzado estado de putrefacción, resultaba intenso, verdaderamente insoportable.
Sentado sobre el retrete y con la cabeza en medio de su pelvis, se hallaba el cadáver de un anciano en letal descomposición. Demasiado para mí.
Tambaleando, volví sobre mis pasos en aras de ganar la salida, pero, casi maquinalmente, al llegar nuevamente al catre dónde yacía la vieja, me quedé otra vez absorto y rígido.
¿Qué hacer? ¿Qué hacer?, me pregunté una y otra vez.
Casi llorando, volví a mirarla en busca de un indicio.
Comencé a indagar aquel esperpento, en busca de una palabra esclarecedora.
Le miré fijamente a los ojos; dije cosas estúpidas como quédese tranquila señora, yo le voy a ayudar, pero todo resultó inútil.
La vieja parecía tener sus ojos en mí, en medio del silencio bruto de una muerte anunciada.
Y nuevamente mi vista que se posa sobre su ropa ensangrentada.
En esos momentos, pensé- en realidad sentí- que su alienada mirada concentrada en un punto fijo, casi sin parpadear; el sonido cada vez más débil que emanaba de sus pulmones en agonía, y en fin, los restos de carne y piel pegados a su osamenta, eran más que signos demoledores con los cuáles la maldita muerte preparaba su escenografía final.
En busca de algún indicio a tanto horror, divisé casi oculto entre los pliegues de una raída sábana, la hoja de un cuchillo con restos de sangre coagulada y ligeramente marrón.
Entonces sí pude ver el indicio que buscaba: apretujado en su mano derecha y huesuda, asomaba un papel en forma de pergamino. Debí esforzarme para quitárselo.
El manuscrito estaba redactado en forma precaria, con rasgos ortográficos escuálidos y lisiados.
Sin embargo - aún no sé por qué -sus caracteres me resultaban familiares.
Parecía un testamento: “…como último y único deseo una vez muerta y estando en pleno uso de mis facultades mentales, lego a favor de mi Alejandro Boero…”
Qué extraño, me dije. Qué extraño, repito ahora.
¿Qué relación tendrá todo esto con mi búsqueda interior? ¿Acaso todo esto podría estar relacionado con el eslabón que yo buscaba? Aparentemente, no. Sin embargo, en el papel está mi nombre.
Aquí lo tengo aún; sí, me nombra cuándo dice…: lego todas mis pertenencias a favor de mi Alejandro Boero.
¡Maldito sea! Claro que yo soy Alejandro Boero. ¿Pero qué aporta esto? Nada, absolutamente nada.
Todo sigue como entonces. Todo sigue siendo vago y confuso en mi vida, igual que aquel horrible día en el que cumplía ocho años, cuándo ella - la puerca de mi madre - se marchó de casa con otro hombre.

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JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ
(1983)
(*) Modalidad económica casera gestada a raíz de la enorme crisis social que afecta al país de los argentinos (N.del A

Muestras de mi obra literaria

“El karma, Bach y la la Matriz” un poema inspirado por Francisco

Dedicado:

 

Con especial afecto, a Sebastián Alvarez, por su invalorable generosidad, en esta etapa dolorosa de mi vida.

 

A mi entrañable hijo, Francisco Solano López, verdadero autor de este poema.

 

A todos quienes padecen esquizofrenia.

 

 

                                                        “EL KARMA, BACH Y LA MATRIZ

 

 

 

Algunos sostienen que el karma

Es parte de la acción metafísica

Que reparte premios o castigos

Según nuestras acciones de vida.

¿Pero quien lo determina?

¿En qué libro de la existencia está escrito?

Me digo: el caos genera caos y la Naturaleza

Sólo elabora planes

Vinculados a la vida y la muerte

Sin consideraciones morales.

 

Entonces,¿quién “maneja” los karmas?

¿Acaso la Matriz de realidad virtual

A modo de ente cibernético que alza pancartas

Del bien y del mal , avasallando omnipotente

Nuestra sufrida humanidad?

¿Un Dios único exclusivo y excluyente

No abonado a ningún sindicato de fieles?

¿Un Dios pragmático y asequible

A católicos,

cristianos de toda laya,

musulmanes,

brahmanistas,

confucionistas,

sintoístas

judíos :-ortodoxos de la Torá;sionistas pro imperiales;liberales de las sagradas escrituras;

animistas

y todo el resto de las creencias seculares y profanas?

 

¿Estará escrito en las runas?

¿Es parte acaso de los textos védicos?

¿Menciona la Kábbala el karma

Como parte de un orden arcano

De caracteristicas legislativas metafísicas?

 

Yo he cometido adulterio

-y en cantidades “industriales”-;

Yo he sido inmoral

Con algunas conductas puntales

(la rima es casual pero vale).

 

Yo he sido y soy aún

-aunque algo atenuado por la cercanía de la muerte-

Egoísta y egotista.

Por lo tanto, me digo: no me quejo de mi karma.

Acepto pagar culpas  como parte activa

De causa y efecto

(o es efecto y causa?)

Y está bien que así sea.

(después de todo,  la justicia que tenga al hombre

Como hacedor, se desvirtúa por imperio

De nuestra propia subjetividad).

 

Pero Dios…sabes que muchos te tienen

Por un Dios de Mansedumbre y de Justicia

(yo prefiero hablar de ira y de venganza).

Por eso te pregunto(a ti, sí, claro):

 

Me pregunto(otra vez):

¿Por qué, amparado en la potestad

De tu propia justicia

(supuestamente divina; supuestamente justa)

No laceraste el tronco de mi propio árbol?

¿Por qué no quistaste parte de mi savia

Socavando el conducto de humedales

Y el humus de mi hábitat?

 

¿Quién debe pagar sino quien hace el mal?

 

Pero no fuiste al tronco.

Caíste con una ira despreciable

Sobre una de mis ramas.

Y la desgajaste.

La quebraste.

La dejaste sin hojas

Para que los vientos se ensañaran con ella…

(hablemos claro, Dios: con unción religiosa

No tuviste reparos morales

En escoger como sujeto de tu ira

Al más frágil e inocente de mis hijos).

 

Y llenaste de tinieblas su intelecto

Apagando cada una de las luces

Que iluminaban la recámara de su espíritu.

Furtivo ladrón, tomaste sus neuronas

Como velas de cuya luz se apodera el viento.

Desquiciaste su cabeza(léase cerebro)

Y enfermo de venganza

Liberaste el sello originario

Dejando que la suma de todas las angustias

Y los miedos

Penetraran en ese recinto inviolable.

(Esquizofrenia es el rótulo médico).

 

Sí, me haces pagar(desde hace 9 largos años)

Sí, me haces sufrir(desde hace largos 9 años).

Sí, padezco muchas noches de insomnio

(también desde hace 9 largos años)

E insomnios sin noche, Dios.

 

Pero…a diferencia de mi hijo

Yo no dejo de pasarle factura a la vida.

Por ello, mis oídos no dejan de gozar

Las Fugas y Toccatas de Bach(Johan Sebastián,claro).

O de las sonatas de para piano de Beethoven

(la Patética y la Claro de Luna, sobre todo),

Los adagio de Albinoni y de Corelli,

Cuerdas y maderas preludiando el erotismo

Del esperma).

Los Concerti Grossi de Vivaldi

Pero también La metaformosis de Kafka

(paradigma

De los estragos de su propia enfermedad).

 

Como venganza a este castigo injusto

(flanco egoísta del instinto de conservación)

Me he refugiado en el Arte que tanto

Te cuestiona.

Cierto día me detuve por horas

Frente a “Las Meninas”

(por cierto, teología de la pintura) gozando

También

De la suprema impostura de Velázquez

Al retocar su pintura con la Cruz de Santiago

(el apóstol, claro, de tu propio hijo traicionado).

 

He recorrido, deslumbrado, Florencia

(el único museo viviente convertido en ciudad)

Como parte incomparable del mediterráneo itálico;

He visto anonadado de emoción, La Pietá

Pero me ha llegado la vergüenza ajena que escondes

Detrás de los muros

De la desmesura del Gran Templo Vaticano.

 

……………………………………………………………………………………….

 

En fin, sin dejar de ser padre

No dejé de ser hombre.

Supe, por supuesto, de amores vanos

A manera de vanos ejercicios eróticos.

(Profanos amores).

Pero supe también de afectos sublimes

Y orgasmos del alma.

 

Cosmopolita,

Gozé del arte en sus más altas escalas intelectuales

Sin dejar de lado sus genuinas expresiones populares.

No me privé del Serrat mediterráneo

Ni de los ingleses de The wall, o el desparpajo de Sabina.

Y fui melómano también

Con los tangos de los Homero(*)

En la voz inefable de Roberto Goyeneche.

 

Traté, en fin,

De no pasar por la vida

Haciendo que la vida pasara por mí.

Y a la hora de llorar

Supe de las lágrimas estoicas

Que lloran en silencio detrás de nuestros ojos.

……………………………………………………………………………………….

                                               

                                         REFLEXIÓN FINAL:

 

“Reitero: ignoro si el karma actúa por su cuenta

O se trata de un ente metafísico

Al servicio de algún guardián ontológico

Encargado

De administrar premios y castigos.

(La industria de la fe-imagino-

Requerirá de una CIA cósmica infinita

Para controlar los corredores

Del vasto y complejo Universo).

Sí así fuere, la realidad virtual

Pecaría de los mismos vicios

Derivados del libre albedrío,

El pecado capital,

la gran Cruz que arrastra Dios

a consecuencia de sobre-estimar al hombre”

 

Entonces

¿de qué se trata esta ley de causa y efecto

O efecto y causa?

Porque no soy yo el que paga.

Es la inocencia de mi hijo quien paga por mis culpas.

Es él quien carga en su mochila

Las neuronas lesionadas,

Los neurotransmisores sin chispa suficiente

Para hacer que las sinapsis se abran.

Es a él a quien le roba el maldito karma

Su derecho inalienable a ser feliz.

Es Caravaggio sin los secretos de la luz;

Miguel Ángel frente al mármol sin cincel;

Un castrati

Desplazado por la voz de una soprano.

Don Quijote sin Dulcinea;

Einstein sin su fórmula;

Salk sin su vacuna.

Beethoven sin sordera.

Las palabras sin un texto que la expresen

O el amor sin las voces que lo nombren.

………………………………………………………………………………………..

 

Mientras tanto, los grandes laboratorios

-los mismos que avalan la simbología de las cruces

Como socorristas y prestadoras de salud-

Facturan en miles de millones de dólares

La locura colectiva inducida e institucionalizada.

(A propósito: no es casual el ideograma de una cruz

Como símbolo de cura).

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Al invocarte, karma,

mi hijo me mira turbado desde el fondo

de su Esquizo frenia.

 

Es inútil.

Ningún Manual de Vida

Puede explicar lo inexplicable.

¿Será por eso que siempre me pregunto

Por qué Dios nos hizo para todas las preguntas

Pero no nos hizo para todas las respuestas?

 

 

JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ

 

             Época oscura

                 (2008)

 

Mi blog en Monografías.com.

Muestras de mi obra literaria

Nota de presentación

Este tipo soy yo

Este tipo soy yo

¡Hola amigos!

Por aquello de nobleza obliga, agradezco profundamente a toda la buena gente de Monografías.com-y de manera especial a su director, Sebastián Alvarez- la oportunidad de participar como blogger (no me gusta utilizar términos en inglés porque soy antibritánico en todo; alguna vez debiera hacerse el inventario de los males que los anglosajones han ocasionado al mundo) . No quiero pecar de solemne pero el prestigio del portal hace que uno sienta que se trata de un verdadero honor. Espero corresponder al mismo.

Trataré de ser conciso a modo de carta de presentación personal y qué significa haber elegido el título que nos identificará de aquí en adelante.

Soy un escritor argentino nacido en España. Si bien conservo el acervo cultural de mi cuna y en algunas de mis obras empleo el español internacional, la mayor parte de las mismas se ajusta al lenguaje utilizado en Argentina, mi patria de adopción. En mi condición de inmigrante, llegué a Buenos Aires en junio de 1950, hecho que denuncia mi veteranía.

Lo primero que me prometí al asumir este desafío-y esto es literal porque mi ingreso en este mundo cibernético es como empezar a construir los palotes del primer grado-es que escribiría de la manera más natural posible. Que si quería ser honesto conmigo mismo, debería privilegiar el fondo por sobre la forma. 

Incursionar en la esquizofrenia, hablar de aquello que tiene como protagonista excluyente a una “enfermedad”(las comillas no son gratuitas porque ni siquiera la ciencia médica sabe de manera fehaciente qué es la esquizofrenia) cruel y dolorosa, como lo es la alteración mental de una persona,  no es precisamente un tema de entrecasa. Y menos lo es en mi caso, en mi condición de padre ; hace 9 años que mi hijo menor la padece. Su particular sufrimiento, el mío, y por ende el de la familia en general; las increíbles falencias derivadas de su errático tratamiento(ya les daré los pormenores, elvia crucis de la disparidad de terapias que han convertido a este mal en un lamentable laboratorio de experimentación, en la cual los pacientes son tratados como conejillos de indias) me obligaron moralmente a exponer ante todos ustedes mi experiencia personal. Y lo hago, movilizado por la idea de que la historia de mi hijo, ayude a pacientes similares -pero fundamentalmente a sus familias-a superar las perturbaciones y las angustias padecidas ,como consecuencia de las notorias contradicciones surgidas del seno de quienes han contraído el irrenunciable compromiso del arte de curar.

Obviamente-y que esto quede bien en claro desde el vamos- yo no soy experto en el tema ni mucho menos; circunstancia, no obstante, que no me inhabilita para aportar mi propia opinión sobre el tema. Pero en esencia, mi pequeño grano de arena conlleva dos aristas exclusivas y excluyentes: exponer la crudeza de los hechos, y propender a conformar un foro de discusión en el cual serán bienvenidos todos aquellos que puedan aportar algo sobre el tema, desde quienes la padecen, los propios familiares y por supuesto, el valioso aporte-seguramente polémico en muchos casos-de los profesionales médicos, psiquiatras, psicólogos y/ o terapistas, actores activos de esta impronta.

Claro que siento la necesidad de expresar que la peor falla del sistema-al menos la que a nosotros, léase familia, nos tocó vivir, está en relación con la falta de información a manera de ABC. Estas son las características notorias. Así deberían actuar ustedes durante el proceso a o el proceso b. Nunca se nos explicó esto. Por eso, lo aprendido-poco o mucho- lo “aprendimos” a los golpes. Penosas agresiones que dañaron el cuerpo familiar pero más-infinitamente más- violentaron el cuerpo astral de mi hijo, esa porción de daños colaterales que afligen el espíritu,  y tal vez generen el resentimiento y la retracción de la propia alma.

Durante estos 9 años, algunos amigos- y por qué no decirlo, también algunos parientes- en una actitud bienintencionada, me sugirieron la internación de mi hijo, so pretexto de que tenía que participar con los suyos, acotando claro está, de que la vida continúa y ya saben ustedes aquello de patatín y patatán. Bien amigos, francamente no sé que hubiera hecho si las circunstancias hubieran tenido un sesgo diferente. Pero luego de asistir a cuatro internaciones que debió padecer mi hijo; luego de ser testigo directo de la desidia y el abandono social de la que son víctimas todos los enfermos de salud mental sin exclusiones; en fin, luego de haber vivido en carne propia las dolorosísimas experiencias durante esos procesos, me dije que jamás, pero jamás, dejaría a mi hijo en una institución de esas características como lamentablemente suelen hacerlo algunos padres( dixit egoísmo y otras lindezas de la especie). Desde entonces, vivo con él y para él. Pero ojo: no vayan a creer que la voy de héroe ni mucho menos. No soy un impoluto padre. Estoy lleno de defectos y pronto los conocerán( por otra parte, lo hice porque conté a su vez, con el inestimable apoyo de mis otros hijos y mi esposa).

De todos modos, no estoy arrepentido de mi elección. Al contrario, agradezco que la vida me haya dado la oportunidad de Dar, de dar un poco de uno mismo;que vamos hombre; que yo también me he mandado mis buenas cagadas- quiero ser muy franco-; por eso, esta elección, es un sobrepago a muchos errores de mi vida, en los cuales estuvieron involucrados como víctimas, mis propios hijos.

¡Y no hay más lata por ahora, amigos!

Gracias por estar.

Ps) Para aquellos que sean amantes de la literatura, les invito a conocer mi Web en: www.sanesociety.org/es/JoseManuel

 

Ps2)Para finalizar, no prometo coherencia en el desarrollo. Tampoco quiero que esto llegue a ser como una historia novelada. Hablaré del pasado, y sin solución de continuidad, seguramente aportaré algunos datos del presente.

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