ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 

“La Mujer de los Jueves No Habla”

“LA MUJER DE LOS JUEVES NO HABLA”

No es momento de salir al balcón. A pesar de los 22 grados centígrados regulados por el calefactor láser, presiente el frío externo. Las puertas y las ventanas se agitan contra los respectivos marcos en medio de un gemido metálico que convoca a la melancolía.

El destemplado día no invita a pasear; menos aún, cuando el viento del sudeste amenaza convertirse en borrasca y el viejo medidor de mercurio indica cero grado.

Ve las manchas de óxido extendidas otra vez sobre las aristas superiores de la ventana .Sabe que ya resulta inútil el uso intenso del antiguo hipoclorito de potasio; tiene fijado en sus retinas la forma en que el cristal recupera durante unas horas la transparencia de su tono ligeramente púrpura, para luego -como siempre- cargarse otra vez con nuevos bastones del infame óxido que, como una grotesca mancha, terminarán adheridos a los invisibles poros del cristal.

Habrá que creerle a Ignacio, quien asegura que la responsable de ese estado de cosas, debe buscarse en las malditas lluvias ácidas. Si hasta fijan la humedad sobre la piel como una pátina invisible, señor.

Martha, la inefable Martha, sugiere que hay que dejar que la naturaleza escriba sus propias páginas.

Mira hacia el mar. La mirada se extiende en abanico en dirección a los puntos Sudeste y Noroeste.

Con la vista a vuelo de pájaro sobre el área del puerto, ve los antiguos brazos de cemento semidestruidos y cubiertos por el agua; en la escollera Sur, apenas visible sobre las grandes piedras, el antiguo monumento a Cristo.

Voltea los ojos a su izquierda: la lonja gris ha vuelto a flotar como un gigantesco animal viscoso a lo largo de toda la costa. Tal como lo anunciara ayer su comunicadora virtual, la temible materia en descomposición se ha deslizado en medio de minúsculas explosiones químicas, hacia la zona de la antigua Perla, para raptar luego entre las calles que desembocan en la plaza de la abandonada catedral.

Sabe que el antiguo centro comercial, religioso y administrativo de la otrora orgullosa Perla del Atlántico, se ha convertido desde que el mar creciera, en una zona en ruinas, habitada sólo por marginales. Sabe también que esa mancha lechosa y maloliente suele instalarse durante unos días sobre el predio que se extiende desde la calle Libertad hasta la Avenida Independencia, y por ésta hasta Alberti; por Alberti bajando hacia Lamadrid, y por Lamadrid hacia la costa; todo, en medio de un vaho espeso y putrefacto que se enrosca en la mampostería de los edificios llenando de cicatrices blancas los troncos y las ramas de los desnudos árboles.

Menos mal que se halla alejado de ese escenario deprimente, en los altos de la ciudad. ¡Qué importa que algunos de sus amigos hayan bautizado con el nombre de La Sojera a su imponente mansión! Cierto que la casona es el producto de las excepcionales exportaciones de soja antes del desastre general; pero todo ha sido transparente por parte de su abuelo. Al menos con los negocios, la conciencia esta en paz.

Por entonces-en medio de la crisis terminal del Imperio anglosajón-, la Argentina comenzaba a agonizar como país. Antes aún que su propio padre-a la sazón Coronel del extinto ejército argentino- desapareciera sin dejar rastros después de la segunda guerra por la recuperación de las islas Malvinas.

Mariano de la Fuente Campos. Todo un nombre ligado a la vieja oligarquía vacuna. Herencia de familia que nunca quiso utilizar en provecho propio. Algo difícil de comprender para sus parientes de Buenos Aires que ya se habían conchabado con el poder de turno.

Pero mejor no pensar en esto ahora.

Recorre con la vista en abanico el amplio salón de la casona. Una valiosa colección de pinturas del manco Cándido López, adorna la estancia. Sabe que no corren peligro de deterioro; el calor seco del calefactor láser impide que se formen grumos en las paredes.

Observa el piso. Los dibujos de mármol le recuerdan los de la deslumbrante nave Central de la Catedral de San Pedro, cuando el tío Adolfito lo llevara de paseo, en siendo Embajador de la Junta Grande ante la Santa Sede. El tío Adolfo Luis Alberto de la Fuente Campos, magnate de los medios; un anglófilo manifiesto que odiaba a Miguel Ángel y a Leonardo Da Vinci por igual. No es difícil recordar la detención en un punto preciso del recorrido, mientras el Adolfito apuntaba con el índice hacia las alturas edilicias. La imponencia de la cúpula de San Pedro se alzaba ante sus ojos y su asombro.

“Así como lo ves, esta maravilla edilicia fue obra de un oscuro arquitecto español contratado por el Papa de entonces. Pero el hombre cayó en desgracia por una cuestión de polleras que los servidores de Dios no podían aceptar. ¿Moraleja? Miguel Ángel firmó los planos y se quedó con toda la gloria. Estos italianos perezosos han inventado el Renacimiento. ¿Y qué es el Renacimiento? ¡La exaltación del ocio! La vagancia al servicio del arte. ¡Ah!, querido nieto… De no haber sido por Inglaterra y los anglosajones en general, el mundo aún estaría en la edad media…”

(Años después, reconoció que durante un tiempo, el pensamiento anglófilo de su abuelo no le molestaba; pero cuándo empezó a conocer un poco más la idiosincrasia del pueblo inglés, se dio cuenta que su antiguo y fabuloso Imperio, había sido erigido, en lo político, a través de la explotación colonial y la perfidia diplomática, y en lo social, cimentado en una hipocresía solapada a la que daban el nombre eufemístico de flema británica.)

En fin, militares, eclesiásticos, diplomáticos y terratenientes, en un abanico de profesiones y de poder que habían esculpido la fachada familiar, moviéndose en un insólito arco político que supo cobijar a notorios chupacirios, enconados defensores de la 1420, cipayos de toda laya al servicio del imperialismo inglés a lo largo de los siglos 19 y 20, y hasta un tipo como su padre, el viejo Coronel enrolado en una guerra antiimperialista contra SMB. Sin embargo, esa increíble mixtura ideológica, había sabido abroquelarse, a la hora de hacer prevalecer los intereses familiares.

De pronto, siente deseos de salir a caminar por Alem, a la altura del campo de golf.

Todo el tiempo ha tratado de no pensar en ella, pero se da cuenta que la feniletilamina continúa manteniendo activo el complejo universo de sus neuronas. Toma el CEL y apunta hacia el centro del salón. Surge al instante el holograma en el cual se destaca una mujer hermosa, vestida con una deslumbrante bata azul.

“-Quiero saber que pasa fuera- dice sin mirar a la imagen.

“-Al instante, señor. Temperatura, 2 grados centígrados. Sensación térmica de 5 grados bajo cero por acción de viento del cuadrante sur sudoeste que sopla a 21 kilómetros a la hora. Los miasmas de la humedad absorben el 80% y el agua del mar está contaminada sobre la costa, en una proporción del 90%. Debido al compuesto radiactivo de la corriente se sugiere no aspirar las emanaciones. A su vez, desde el sudoeste, avanza un frente de tormenta eléctrica, desplazándose en zig-zag.

“-¿Anuncio de alguna ácida en el pronóstico?

“-Nubes con carga de nitrato se mueven velozmente desde el este. El servicio satelital informa que pasarán sobre el límite norte de la ciudad sin descarga líquida.

“-Está bien, está bien- ha quitado del armario las ropas de abrigo y comienza a ponerse las prendas-. ¿Qué tenemos en Buenos Aires?

“-Su ilustrísima, el Hermano Consejero, ha participado de una misa en la Catedral en acción de gracias. Dicha misa está en relación con la homilía que nuestro amado señor Jesucristo brindara a la gigantesca concentración nacional de pobres, reunidos en la antigua Plaza de Mayo durante la noche de la víspera. Al término de la divina homilía, la luz Universal rezó el salmo 136. ¿Quiere usted que se lo repita?

“-No, no; muchas gracias.

“-Una novedad, señor: Disponemos de nuevos ofrecimientos de sexo virtual bajo el lema: “Microsoft atiende sus necesidades…

“-No me interesa.

“- …eróticas”. Pulse usted Sex Black, y la mejor selección de mujeres de todas las etnias negroides africanas, desfilarán ante usted para una mejor elección.

“-¡Dije que no me interesa!

Dónde estaría el maldito control. Elevará una queja a la compañía.

Desde que ha conocido a la misteriosa mujer de los jueves, entiende que sólo pensar en sexo e incluso en sexo virtual, sería parte de una traición imperdonable; más aún, desde el momento en que Martha comenzara a tener cierta importancia desde que llegara a su mansión.

Pulsa el botón

reality information

. Aparece un hombre ligeramente calvo. Vestido enteramente de negro, lleva impresa sobre la parte superior derecha, una cruz en rojo con la inscripción MRI; más abajo, se alcanza a leer: Microsoft reality information.

“-A mi espalda, vemos parte del complejo social U.S.S.O., el gigantesco predio construido por orden del Hermano Consejero, destinado a alojar a los desocupados de Santa Cecilia de Mar del Plata. Ayer por la noche estalló un violento motín promovido por delincuentes subversivos que lograron infiltrarse en este tranquilo escenario. Aparentemente, algunos sectores díscolos de la comunidad - sobre todo aquellos emparentados con bandas de desocupados juveniles -, hicieron causa común con estos indeseables sociales que pretenden restaurar al fracasado país de los argentinos. Estos confesos anticristianos, fueron prontamente reducidos por tropas de elite G.O.S. en colaboración con los habitantes decentes del complejo social. Según fuentes confiables, el Hermano Consejero habría enviado un mensaje especial ratificando la confianza en el mando militar del Complejo Social. Volveremos en unos minutos”.

Desliza el anular por el comando y la imagen se esfuma. Se calza el abrigo y los guantes, y sale a la calle. El viento parece un abanico de alfileres que se clava dolorosamente en la cara. Contra su voluntad, huele las emanaciones pútridas suspendidas en el aire.

Al internarse por Alem rumbo al cementerio de la Loma, se cruza con una patrulla GOS que hace un saludo con un guiño de luces. Respira aliviado; cada vez que se topa con una patrulla militar que no lo reconoce, no puede evitar el fastidioso trámite de que chequeen su tarjeta de A.D.N, con parálisis temporaria incluida.

Extrae de entre sus ropas el R.T.I y se da cuenta una vez más que el informe de meteorología no ha acertado. La sensación térmica ya ronda los 10 grados bajo cero y un intenso y húmedo frío se cuela a través de sus prendas de lana, filtrándose en los huesos.

Pulsa el aparato regulador de temperatura interna.

Como cada jueves de las últimas semanas -a una cuadra del campo de golf-, se detiene frente a uno de los comercios exclusivos de la zona.

En esta ocasión, le llama la atención el tono ligeramente ámbar de la vidriera. Al fijar su vista sobre la tarima de exhibición, ve un par de muñecos caminando entre los diferentes objetos en exhibición.

Siempre se muestra encantado con las novedades que, supuestamente, ella introduce en la vidriera una vez a la semana. Ahora ha sido sorprendido por los pequeños robots de sexta generación importados en la década del 20; en este caso, adminículos tecnológicos representando a un hombre y una mujer ; de unos 70 centímetros de altura y vestidos a la usanza gauchesca, se desplazan moviendo los pies como diminutos seres cibernéticos. Cualquiera los podría confundir con verdaderos enanos.

Vagamente, recuerda que en vida de su abuelo, éste le había hablado en cierta ocasión respecto a que los japoneses habrían logrado reproducir con los humanos, el incomparable arte del bonsái; claro que nunca se había podido probar semejante temeridad científica.

De pronto, observa como el hombrecillo se detiene girando la cabeza hacia la calle. Apenas unos segundos; no obstante, suficientes para sentir, literalmente, la mirada casi desafiante del extraño engendro. Ve también como éste mantiene firme la mirada, antes de introducirse en una finca de juguete: dos plantas de diseño primoroso-de unos dos metros de ancho por cinco de largo-, instalada sobre una de las paredes laterales del local.

Y entonces, aparece ella detrás del cristal: vestida con una falda larga tableada– a tono con la gama ámbar del salón- la bellísima y extraña mujer que los días jueves de cada semana surge detrás de la vidriera como una aparición virginal, lo mira en silencio; como siempre. Treinta, treinta y cinco años; alta, de cabellera rubia y ojos intensamente azules, invariablemente, en cada aparición, se muestra rígida, de pie y con los brazos cruzados; aún así, él lo siente como una rutina única y encantadora.

Jamás se han dicho una palabra.

Como siempre también, siente su mirada penetrante y turbadora. Inmutable, con cierta impronta glacial de viento helado, en esos ojos azulinos de reminiscencias nórdicas, presiente el insondable abismo de todos los sentidos.

Vieja escuela; romántica incurable; eterno femenino; híper timidez; arbitrarios pensamientos que durante las últimas semanas, parecen sacarle filo a su mente, tratando de encontrar una explicación a la conducta de la mujer.

¿Qué pretende acaso? ¿Qué ella de el primer paso? ¿Acaso que abra la puerta y lo invite a pasar? Tonterías. El tótem humano seguirá ahí sin moverse hasta el momento en que gire el cuerpo y comience a caminar hacia la calle. Es el séptimo jueves; la séptima semana que repite una impronta que amenaza asfixiarlo.

El caso es que algo tiene que hacer porque cada vez que embute su cuerpo en el video molecular, las células que secretan los compuestos químicos generados por la pasión, se agitan de manera incontrolable. Ridículo confesarlo pero por momentos, suele temer que una explosión en cadena acabe con toda la gigantesca carga de A.D.N de su cuerpo.

Algo tiene que hacer.

La pierna derecha se alza y da un paso en dirección a la puerta de entrada.

Como un rumiante psíquico, la cinta de las elucubraciones mentales se pone en marcha en algún rincón neuronal de su cerebro. Piensa. ¿Es un acto volitivo independiente o, por el contrario, se trata de una acción mancomunada, generada por un determinado cúmulo celular? ¿Libre albedrío, o maquinaria neurofisiológica predeterminada por la acción de su propio y gigantesco universo interior? No hay respuesta aún; tal vez nunca la haya. Intuye que a un secreto blanqueado, siempre sucederá uno nuevo. Abstracciones, pensamientos patológicos a mitad de camino entre una verdad revelada y otra oculta. Lo sabe; desde el hombre de Neardenthal hasta Aristóteles; desde el filósofo griego hasta el gigantesco cerebro electrónico universal. Todos los caminos conducen a Dios, y Dios pareciera conducirse hacia todos los caminos. Sabe también que las mitocondrias, las lisosomas, los plastidios y el aparato reticular de Golgi, no son solo parte de una simple ecuación electro química con nombre de célula.

Acciona el picaporte. La exquisita fragancia se instala en algún rincón del cerebro. Vivaldi ha impregnado el claroscuro del salón con música sacra. El “Gloria”, supone. No es un melómano. Pero qué importa. Cree que las blancas, negras, corcheas y semicorcheas de esa página barroca, son herramientas dadas por Dios a aquel hombre creador portentoso, a efectos de que éste compusiera música en su honor.

Le parece percibir algo de pagano en el enrarecido aire.

Ella

“- Buenos días. Alguna vez tenía que juntar coraje y entrar.

La mujer de los jueves no habla.

“-Je… llevamos siete semanas viéndonos todos los jueves sin hablar…

Es inútil; ella se recluye en el silencio. Tal vez tenga que ir más a fondo, acentuar el coraje.

“-Desde que la vi me siento reconciliado con la vida. Créame, ya no existen mujeres como usted. Su presencia es imponente. ¿Sabe? Usted habla sin hablar; se instala en uno como un inasible fantasma. Dios mío, me digo a veces, esta mujer me sigue a todas partes colgada a mis espaldas…

La mujer de los jueves no habla, pero el milagro se produce: ve como alarga el brazo derecho esperando ser tomada de la mano.

Inclina su cuerpo hacia delante; los dedos se enroscan en la mano que la siente como una frialdad marmórea, pero, a su vez, con una extraña conjunción sensual; pronto percibe el erotismo agazapado.

La sorpresa sella la boca. Camina aunque en realidad tenga la impresión de deslizarse silenciosamente sobre un invisible colchón de aire.

El salón se expande, luego se contrae; madera de caoba lustrada; alfombra persa con dibujos que remiten a las mil y una noches; los vitrales de iconografía religiosa, con Maytreya, el nuevo Jesucristo naif, sosteniendo el símbolo de Microsoft en su mano derecha.

Abrupto giro hacia la derecha para desembocar delante de una escalera de nogal ligeramente curva.

.El espacioso ventanal que se muestra ante sus ojos, es parte de un balcón terraza. Apenas unos segundos para ver los furiosos relámpagos que parecen estrellarse sobre la destruida escollera del puerto. Enseguida, la mujer de los jueves procede a cerrar la cortina de madera, y la habitación que se da de narices con la penumbra.

Cincuenta y pico de años; primera vez que pierde la iniciativa frente a una mujer. Mejor no hablar. No se atreve a mirarla a los ojos. ¿Podrá ser acaso un robot? Estos japoneses habían hecho cada cosa antes del holocausto… Pero no, no es posible. Escucha la respiración ligeramente entrecortada. Busca los ojos femeninos. El mármol parece contraerse. La tráquea se abre para liberar sus cuerdas vocales; como si leyera sus pensamientos, ella se lleva un dedo a los labios en clara advertencia de silencio.

Mejor no hablar. La ve que pulsa un pequeño botón rojo, parte de un supuesto equipo electrónico que lleva en su mano derecha. Ahora la habitación se ha transformado en un prado verde festoneado de flores azules, rojas y amarillas. Los perfumes florales, los de las gramillas y los húmedos efluvios del arroyo, se confunden con el intenso aroma a madera del cercano bosque. No es un dibujo; parece ser uno de esos paisajes naturales de los que tanto disfrutara de niño con el abuelo; sin duda, uno de los escasos hologramas que comercializara a precio de oro National Geografic. Agotados por supuesto.

Vivaldi languidece escaleras abajo. Junto con la irrupción del holograma, la sexta sinfonía de Beethoven vibra ahora entre el paisaje virtual, en medio de un sonido increíblemente puro.

Cierto que Esteban le ha conseguido algunos hologramas en el mercado negro de Buenos Aires. Pero este resulta abrumadoramente superior.

Algunas imágenes lo remiten al recuerdo de un antiguo viaje a Sierra de la Ventana. Estancia de la familia en Tornquist, cuándo el viejo país de los argentinos hacía agua por todos lados, poco antes que los convoy`s y otro tipo de gringos-víctimas todos del caos y la anarquía universal generalizada- comenzaran a instalarse en la Pampa húmeda.

Mejor no pensar en eso ahora. Con gusto le preguntaría a ella dónde ha obtenido semejante maravilla.

Encandilado por las imágenes, no se ha dado cuenta que la mujer de los jueves se ha marchado de la habitación.

El primer movimiento de La Pastoral es una invitación para el espíritu. Mejor caminar sobre el césped bajo sus pies. Mejor aún, desandar unos pasos hasta uno de los sauces en hilera, y comprobar in situ la textura holográfica de las finas hojas a las que puede-literalmente- tocar y sentir, gracias al revolucionario proceso de filmación molecular.

Por unos momentos, se olvida de ella y de las fantasías eróticas más extravagantes.

Un arroyo cristalino -oye el rumor del agua-, baja ligeramente de un recodo que se pierde en las lejanas cumbres. Sobre el cordón montañoso, una compacta formación nubosa se mueve velozmente. El viento, que inclina árboles y plantas de manera ostensible, ha hecho descender la temperatura dentro de la habitación. Sorprendente. No es posible. Alguien está tratando de imitar a Dios. Una realidad insertada sobre otra. Un mundo real clonado hasta el mínimo detalle podía ser recreado confundiendo la verosimilitud de los sentidos. ¿Sería la extraña mujer, parte del juego?

De pronto, algo rompe la armonía de los sentidos. La puerta del baño en suite se ha abierto. Una nueva fragancia rompe los miasmas del ambiente absorbiendo al resto de los aromas imperantes. El nuevo perfume altera mente y corazón. Irresistible. Combinación de sándalos y flores combinados con las mejores esencias artificiales. París sin duda. Pero París ha muerto. Al menos el París todo glamour, coto incomparable de aventuras principescas de bisabuelos y tíos bisabuelos.

París ya no es el paraíso cosmopolita de turistas insípidos dejándose llevar sobre un navío a través de la morosidad del Sena, o buscando las alturas del horrible adefesio de su torre emblemática; también ha muerto para los sibaritas e incluso para los amantes del arte (y del Louvre, claro), espantados, dicen, porque los grupos raciales y religiosos enfrentados por el control de la ciudad, se arrogan el derecho de administrar la pinacoteca señera.

Sabe que París se ha convertido en un gigantesco burdel, disputado por bandas facinerosas, enfrentadas a su vez, con grupos activos de cristianos y musulmanes.

¿Dónde obtiene la misteriosa mujer ese perfume, entonces? ¿Cómo se ha metido en semejante mansión sin tomar los recaudos mínimos? ¿Y si fuere casada? Sin duda es la mansión de algún pez gordo. ¿Pero como había sido tan estúpido y confiado? Más le valdría que Esteban no se enterase; estaba harto de sus recomendaciones con respecto a la seguridad.

“-Hola… No quiero que hables. Sólo mira y escucha.

Busca a esa otra mujer de la voz, tratando de auscultar en el paisaje holográfico, la realidad viva de la que forma parte.

Repentinamente, a lo largo y ancho de la pared izquierda -en medio de un ruido a papel estrujado -, el holograma muta a clásica imagen cinematográfica. Precisos instantes en los que, sobre la pared en la cuál se apoya el respaldo de la enorme cama, ve la figura de la mujer de la voz, traduciendo automáticamente las letras impresas sobre un antiquísimo DVD de comienzos de siglo: the kamasutra book World. Indian authentic history.

No hace falta la traducción. ¿Pero que es lo que pasa? ¿Dónde se habrá metido la mujer de los jueves que no habla? Tal vez todo es una trampa. Mejor irse.

Oye un clic seco. Voltea la cabeza. La puerta de la habitación está cerrada. No recuerda haberlo hecho. ¿O tal vez fue ella que la cerró sin darse cuenta? No, no es posible; ella lo precedía.

No debiera preocuparse. Es rara, claro. Pero previsible; el holograma que recrea el que fuere el Sur argentino sólo es parte de un juego exquisitamente armonioso. Serenar el espíritu; bajar la adrenalina visceral… ¿Por qué entonces el universo celular que conforma el corazón, se altera? Y con respecto al clic onomatopéyico, ¿cómo estar seguro de que se trata de la cerradura de la puerta? ¿No habrá sido una confusión? ¿Tal vez el viento que zamarrea las ventanas y puertas del ala opuesta de la mansión? ¿Ella que ha ingresado en el baño y a la que se le ha caído algo?

Voltearse de pronto y de una zancada caer sobre la puerta para cerciorarse si está trabada le parece una actitud casi irreverente. ¿Que podría pensar ella? ¿Qué clase de hombre traje aquí? Tonterías. Mejor concentrarse en las próximas imágenes de sexo explícito del milenario Kamasutra, y prestar atención a la voz en off.

“Este destacado yogui asegura que el mal de Occidente tiene raíces de índole sexual. Que detrás del fermento materialista y consumista atado a continuos y nuevos deseos posesivos, el mal existencial se agranda. ¿Por qué? Porque los occidentales no saben hacer el amor. Porque hacer el amor no es entregarse a prácticas sexuales constantes y consecutivas; hacer el amor no es sólo parte de los orgasmos compartidos ni tampoco lo es la pretendida libertad de conciencia para no fijar límite alguno en las relaciones a través de fellatios, sodomías o cómplices juegos sadomasoquistas; nada sirve en Occidente porque el origen hebreo del cristianismo, le ha puesto al sexo el sello del pecado. Dios no ha sido interpretado porque la divinidad le ha dado al hombre el sexo como camino de liberación y purificación del alma; entonces, ¿como ser libre, cuándo se hace el amor con el síntoma inequívoco del pecado?”

¿Pero adónde ha venido a parar? El hombre bonsái de la tecnología japonesa, la mujer muda; la imponente mansión, el holograma sobre la perdida naturaleza, y ahora este alegato en favor del amor…

El largo prólogo filosófico continúa. “…igual suerte conllevan las prácticas homosexuales o lésbicas, asumidas en nombre de otra falsa libertad; lo prueba el hecho irrefutable de que aquellos que se someten a estas variantes sexuales, no gozan de buena salud espiritual; por el contrario, la desdicha, la angustia permanente de sentirse marginados socialmente, y una soledad muchas veces no asumida, están ligados a una permanente escisión del inconsciente, a una carga atávica milenaria fijada de manera indestructible en sus códigos genéticos. Lo que Occidente ignora es que el aparato genital se sirve del sexo para procrear, pero el sexo es mucho más que una semilla a fecundar; el sexo es una inmanente materia del espíritu que permite al hombre participar de la armonía integradora del cosmos. Parte de los asesinatos, latrocinios, robos, guerras, egoísmos y vacíos interiores que conforman el patrimonio activo del hombre occidental, tienen directa relación con una vida sexual que lleva el estigma de la culpa y el pecado. No puede haber sexo sin amor ni amor sin sexo; pero entre ambos, es necesaria la participación activa del alma. Como dice Mahabharata: el alma es una cosa que la espada no puede herir, que el fuego no puede consumir, que el agua no puede macerar, y que el viento no puede secar.”

Repentinamente, la película erótica queda en suspenso; el silencio parece implosionar la sala.

Ella

Ahora la imponente estancia parece un cuadro de Caravaggio.

Se da vuelta. La mujer lo mira en silencio. Lencería negra vaporosa; cabellera rubia cayendo sobre el busto; pañuelo negro de seda transparente que ella desliza entre las manos como parte de un lúdico ejercicio erótico.

A un metro de distancia, tiene la impresión de estar frente a un geiser cargado de perfume. No va a perder la oportunidad de arrancarle una palabra.

“-¿Podría compartir tu historia a través del privilegio de tu voz?

Después del último vocablo, comprende que acaba de decir una frase estúpida y vulgar. En silencio, ella lo toma de la mano y lo conduce hacia la cama.

Satanás profanó a la mujer y se hizo carne en ella para levantar el corazón del hombre contra Dios.

No obstante, ciertos temores mantienen sujetos algunos resortes de su líbido: el misterioso clic trabando la cerradura de la puerta; la supuesta condición de casada de la dueña de casa; una aventura amorosa sin la exculpación sacrosanta de la palabra y todo con una aparente mujer, dado que ni siquiera sabe fehacientemente si es verdaderamente una mujer. Mal momento para recordar que antes del desastre, en plena adolescencia, se aseguraba que los japoneses- que nunca habían olvidado Hiroshima y Nagasaki-, habrían logrado clonar un ejército de geishas provistas de un software minuciosamente preparado con fines bélicos. También se decía, que todo fue organizado militarmente con meticulosidad y paciencia oriental, y que las damas del pecado habrían tenido como propósito excluyente, infiltrarse entre los más notorios dirigentes norteamericanos. Claro que para ese entonces sobrevino el holocausto, y nunca se supo que había sucedido. ¿Y si después de todo, esta supuesta mujer no era mujer?

Como un holograma parido por el temor, Esteban se instala frente a él recriminándole su falta de previsión. No olvides que estamos en guerra, padre, le dice su hijo debajo del uniforme de poliéster tipo Star Wars. Tienes que tomar conciencia que los subversivos cuentan en tu ciudad con la colaboración de personas con poder económico; y que ese tal Jorge Paradela, convertido en Jefe de los subversivos en la zona, es un consumado experto en cibernética. Cuando el traidor ése trabajaba para nosotros, era capaz de poner en marcha todo tipo de chatarra robótica… Y además…

Pero el holograma mental se esfuma repentinamente; ha visto a través de la seda vaporosa, el prodigioso culo femenino. No el trasero; no el lugar dónde la espalda termina. Nada de eufemismos. Un buen culo tenía que ser nombrado por lo que era: la parte anatómica femenina que solía hacer volar la cabeza de los hombres.

Por de pronto, la supuesta mujer juega a la perfección el papel: siempre en silencio y en un gesto de refinada precisión, se ha dejado caer sobre la cama tensando al máximo las cuerdas de la seducción. Dinero, poder, lujuria, el trípode de la perdición del hombre, piensa; las puertas brillantes, la antesala al paraíso de los sentidos, cuya llave maestra le fuera legada a la mujer. De tener que elegir entre alguno de los tres, no tiene dudas que sus propias vísceras optarían por la lujuria y la concupiscencia; el sexo, el maldito sexo que había hecho del hombre la víctima propicia del pecado de la carne. Por eso sabe que ahora no podrá retroceder. Demasiado tarde. Ni siquiera le importa si ella es al fin un artilugio de la robótica o una de esas geishas clonadas por los ceremoniosos japoneses. Su perezosa libido ha despertado de golpe entre sus piernas y sólo piensa en penetrar a ese animal sexual llamado mujer, que tanto desprecia.

Pero el prometido encanto erótico, se esfuma repentinamente.

Sobre el respaldo de la cama, se ha prendido una luz roja que titila sostenida por un agudo chirrido. Es todo tan sorpresivo, que ni siquiera alcanza a captar el momento en que ella -: mujer, robot, clon o lo que fuere -, desaparece de su vista.

Por un acto reflejo, observa la luz roja que parpadea incontrolable.

Sólo entonces toma conciencia de su desnudez. Instintivamente, gira su cuello a diestro y siniestro y luego es el tronco que hace un giro de 360 grados. No hay ser humano a la vista. La otra realidad arroja ramalazos de viento sobre el empañado ventanal. ¿Pero dónde se habrá metido la mujer? ¿Y porque se habría ido? ¿Qué significado podría tener esa luz roja que arroja brillantes destellos sobre sus ojos?

Mejor vestirse rápido y salir urgente de la casona.

………………………………………………………………………………………………..

Ignora cuánto hace que permanece recostado sobre la camilla. De manera confusa, la memoria dibuja hologramas mentales ambiguos en los cuáles aparece la mujer de los jueves, dos o tres hombres de inquietante aspecto persiguiéndole por los distintos ambientes de la casona, y algunos de los seres diminutos que había visto sobre la vidriera del local.

Dopado. La palabra se instala insidiosa en el cerebro. Imagina que alguien le ha suministrado un narcótico que lo ha dormido vaya a saber durante cuánto tiempo. Eso sí, por más que se esfuerza en recordar, no sabe como llegó a ese lugar.

Intenta descorrer el velo. El salón se le antoja grande, húmedo, y con un fuerte olor a sustancias químicas o medicinales.

Poco a poco, los objetos comienzan a recuperar las formas originales en sus retinas. Siente la presión de los aros de las esposas sobre sus muñecas. Ha sido una trampa. Un engaño bien planeado. El cebo ha sido la mujer enigmática que miraba hacia la calle. Se lo tiene merecido por estúpido. Seguramente quienes lo planificaron saben que es un ex empresario rural importante, y querrán sacarle dinero y valores.

Un robo bien preparado. Y bueno…habrá que saber perder. Les dará todo lo que quieran. Después lo llamará a Esteban y todos estos estúpidos verán entonces con quién se enfrentan. Sabe que sólo es cuestión de tiempo; su hijo le ha puesto una custodia personal con seguimiento satelital. Ya deben estar tras sus pasos. Claro que antes tendrá que abandonar la pesadilla en la que se encuentra. Ahora es el momento de poner en práctica las viejas enseñanzas del scoutismo: serenidad, equilibrio y pensamientos lúcidos.

Frente a él, ve un hombre acostado sobre una especie de camilla de operaciones, con las manos y los pies sujetos a un aparejo de acero amarrado al cielorraso. No quiere mirar pero mira. Piensa. ¿Cómo habrá ido a parar ese hombre allí? Para robarle no ha sido. ¿De qué lo habrían operado? ¿Y quiénes? Fija su vista en el desconocido con detenimiento. No observa signos de violencia. Varios tubos de oxígeno; una caja con instrumentos quirúrgicos y un panel de luz intensiva láser, similar a las que suelen usarse en operaciones complejas.

¿Pero entonces han instalado en la casona un quirófano? ¿Pero con qué objetivo?

Siente la presión de la adrenalina. Hay que contar y no pensar. Serenidad, equilibrio y pensamientos lúcidos.

A través del cristal azogado que se encuentra a su izquierda, distingue claramente las aguas fermentadas del océano y la bruma que serpentea a lo largo de la costa. Hacia el puerto, la niebla es un telón de fondo blancuzco que cubre a la nueva y a la vieja escollera. Sobre su derecha -y también a través de otro panel de cristal azogado- la amplia estancia del negocio, con una variada gama de color ámbar. Una figura humana domina la escena. De pie, sobre el mármol blanco de carrara, la mujer de los jueves. Vestida con una falda larga, la bellísima y extraña mujer que los días jueves de cada semana surge detrás de la vidriera como una aparición virginal, mira en silencio hacia la calle, como siempre.

No se sorprende. Casi hubiera apostado a todo o nada que la volvería a ver oficiando de señuelo. Ya sabrá ella también con quien se ha metido.

Serenidad, equilibrio y pensamientos lúcidos.

Pero sí, no hay problema; tengo la caja de seguridad en mi casa. Si me acompañan les daré todo lo que tengo

Lo peor de todo será el largo sermón de Esteban -insufrible casi desde que fuera ascendido a Centurión Mayor del GOS-; las reiteradas referencias a la subversión del E.R.A y al cuidado que debe tener con ese tal Paradela, el presunto líder de una de las bandas subversivas. Pero mejor no pensar en eso ahora.

Una enorme mesa rectangular de madera domina el centro del amplio salón. Sobre la misma, y dispuestas en hilera, ve una serie de cajas similares a pequeños ataúdes: madera pintada de blanco con detalles de fina ebanistería, todas con las leyendas: Beings liliputenses of the Argentinean pampas.

Human real in miniature! He/she makes all the tasks of the home.

Instructions for their use (*)

(*)

Serenidad, equilibrio y pensamientos lúcidos.

Automáticamente, recuerda al pequeño hombrecillo que lo había mirado intensamente antes de penetrar en el local.

Las terminales de las esposas han sido encajadas sobre un caño que corre en forma perpendicular a la amplia nave. Se desplaza hacia su izquierda, sintiendo los nudos de metal sobre la espalda y la columna vertebral. En dos de las pequeñas cajas distingue a los hombrecillos vestidos con un traje de gaucho blanco y pañuelo celeste al cuello. La otra caja se encuentra vacía. ¿Pero dónde conseguirían estos tipos semejantes seres? De acuerdo al rótulo, no cabe la menor duda de que son enviados a algún lugar en el exterior para cumplir tareas de asistentes hogareños. Caprichos de amas de casa acaudaladas. No puede imaginar otra cosa.

De pronto, un movimiento involuntario le hace arquear el cuerpo hacia atrás. Subrepticiamente, el miedo, al que ha logrado dominar durante largos minutos, se ha instalado con un pequeño escozor subiendo por su pierna izquierda hasta el centro cavernoso del corazón.

Serenidad, equilibrio y pensamientos lúcidos.

Bajo ninguna circunstancia puede aceptar la alocada idea de que el cuerpo del hombre que se halla tendido en la camilla, se ha empezado a contraer en forma espasmódica.

(*) Seres liliputienses de las pampas argentinas. ¡Humanos reales en miniatura! Realizan todas las tareas del hogar. Instrucciones para su uso.

_______________________________________________________________________________

. Exactamente eso les dirá en el momento que los ladrones se presenten a reclamar el botín.

No sabe porque su cerebro ha sido buscado por el texto sagrado; pero se da cuenta que hay algo de maldición bíblica mientras observa las formas femeninas lujuriosas. ha vuelto. Sabe que está detrás porque el perfume parece una sonda aromática suspendida justo encima de su cabeza. El video del Kamasutra se ha esfumado; también el holograma con la Pastoral, reemplazado por un fragmento de música sacra. Lo reconoce enseguida: es el Introitos, del Réquiem de Mozart.

no se mueve. Apenas ha deslizado hacia la izquierda sus globos oculares.

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