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ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 

Archivo de Agosto, 2009

“La Mujer de los Jueves No Habla”

“LA MUJER DE LOS JUEVES NO HABLA”

No es momento de salir al balcón. A pesar de los 22 grados centígrados regulados por el calefactor láser, presiente el frío externo. Las puertas y las ventanas se agitan contra los respectivos marcos en medio de un gemido metálico que convoca a la melancolía.

El destemplado día no invita a pasear; menos aún, cuando el viento del sudeste amenaza convertirse en borrasca y el viejo medidor de mercurio indica cero grado.

Ve las manchas de óxido extendidas otra vez sobre las aristas superiores de la ventana .Sabe que ya resulta inútil el uso intenso del antiguo hipoclorito de potasio; tiene fijado en sus retinas la forma en que el cristal recupera durante unas horas la transparencia de su tono ligeramente púrpura, para luego -como siempre- cargarse otra vez con nuevos bastones del infame óxido que, como una grotesca mancha, terminarán adheridos a los invisibles poros del cristal.

Habrá que creerle a Ignacio, quien asegura que la responsable de ese estado de cosas, debe buscarse en las malditas lluvias ácidas. Si hasta fijan la humedad sobre la piel como una pátina invisible, señor.

Martha, la inefable Martha, sugiere que hay que dejar que la naturaleza escriba sus propias páginas.

Mira hacia el mar. La mirada se extiende en abanico en dirección a los puntos Sudeste y Noroeste.

Con la vista a vuelo de pájaro sobre el área del puerto, ve los antiguos brazos de cemento semidestruidos y cubiertos por el agua; en la escollera Sur, apenas visible sobre las grandes piedras, el antiguo monumento a Cristo.

Voltea los ojos a su izquierda: la lonja gris ha vuelto a flotar como un gigantesco animal viscoso a lo largo de toda la costa. Tal como lo anunciara ayer su comunicadora virtual, la temible materia en descomposición se ha deslizado en medio de minúsculas explosiones químicas, hacia la zona de la antigua Perla, para raptar luego entre las calles que desembocan en la plaza de la abandonada catedral.

Sabe que el antiguo centro comercial, religioso y administrativo de la otrora orgullosa Perla del Atlántico, se ha convertido desde que el mar creciera, en una zona en ruinas, habitada sólo por marginales. Sabe también que esa mancha lechosa y maloliente suele instalarse durante unos días sobre el predio que se extiende desde la calle Libertad hasta la Avenida Independencia, y por ésta hasta Alberti; por Alberti bajando hacia Lamadrid, y por Lamadrid hacia la costa; todo, en medio de un vaho espeso y putrefacto que se enrosca en la mampostería de los edificios llenando de cicatrices blancas los troncos y las ramas de los desnudos árboles.

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Un repaso a ciertas prácticas perversas vinculadas a la medicina

EL FIN DEL LETARGO - EL PODER FARMACÉUTICO (Episodio Especial, 35 min)

En el presente documental realizamos una breve exposición sobre el magno poder del complejo industrial farmacéutico mundial, enmarcado, sin lugar a dudas, dentro del Nuevo Orden Mundial.

El documental se estructura mediante la siguiente secuencia temática:

1. SOBORNOS (los visitadores y los doctores que se saltan la ley)

2. ENGAÑOS (lo que no nos cuentan las empresas farmacéuticas sobre los antidepresivos)

3. LUCRO (estrategias corruptas aplicadas para potenciar el lucro de los laboratorios farmacéuticos)

4. MUERTE (la muerte como efecto secundario causada por algunos medicamentos y la fabricación de enfermedades)

5. CONTROL (cómo se espía al pueblo con la receta médica o con la implantación de la tecnología RFID en los envases)

6. GLOBALIZACIÓN (globalización de la vacuna contra el cáncer del papiloma humano, beneficios, efectos secundarios y muerte)

7. PROPAGANDA (cómo nos venden la vacuna contra el cáncer del papiloma humano, el poder de los anuncios)

8. PATENTES (el control de las patentes, los medicamentos de marcas y la lucha contra los genéricos)

9. SILENCIO (estado de la situación a nivel informativo)

10. ¿Y AHORA QUÉ? (nuestro futuro, si luchamos por él, declaración de crímenes contra el planeta y la humanidad)

Para más información:

finletargo.wordpress.com/

elproyectomatriz.wordpress.com/

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“Psicosis”

 

Queridas amigas y amigos:

Aquí les dejo uno de mis cuentos de terror físico. Como siempre, aprecio vuestros comentarios.

PSICOSIS”

“Dentro de mí, hay otro hombre que está contra mí”
Browne.
 

Ignoro porque volví a escribir después de tanto tiempo. ¿La tarde lluviosa? ¿Los últimos acontecimientos que hicieron mella en mi espíritu? ¿Acaso está concatenado con una serie de angustias que me acechan? Todo es posible - claro que esto es difícil de explicar-; existe un abismo entre un pasado promisorio y este presente de magra producción literaria. ¿El dilema? La falta de nexo, de un atisbo de comunión entre ambos.
A veces me pregunto por qué, seis meses atrás, yo, Alejandro Boero, estaba en camino de consagrarme como un grande escritor.
Sé que mi literatura carece de la hondura de Borges o la originalidad de aquel belga devenido en porteño cuestionado.
De todos modos, por entonces, la crítica mayor me envanecía con frases tipo “… a los 33 años, Alejandro Boero se perfila como un excepcional narrador dentro del panorama literario nacional”
De pronto, sin previo aviso, despertar una mañana con la sensación que el Alejandro Boero escritor, ha dejado de existir dentro de uno. ¿Cómo explico este hecho?
Se dice que asistir a la destrucción moral de un hombre forma parte de una impronta cruel y denigrante; observar como, día a día, un enemigo solapado e invisible va quebrando en forma corrosiva los tejidos que conforman nuestra psiquis, se convierte en un hecho muy difícil de ser explicado con palabras.
Durante un tiempo supuse que esta ambigüedad de los pensamientos, acabaría de un momento a otro. Sin embargo, pronto comprendí que en aquella oblación del alma y el espíritu, se incubaba a corto plazo una crisis silenciosa y enfermiza.
He llegado a la conclusión de que un hecho preciso y contundente de mi vida permanece neutro; algo que forma parte de mí como un eslabón perdido, arcano e inasible.
Algunas noches suelo dormir sobresaltado, conmocionado por pesadillas repetidas. Desde las sombras de mi sueño, oigo una voz desconocida y familiar -extraña paradoja-; entonces, al despertar, me digo que en ese extraño llamado, tal vez se halle la esencia de mi perdida esencia.
Claro que nunca aflora la luz para mis dudas insondables, tornando mi existencia en una impronta asfixiante y detestable.
¿Qué ha pasado en mi vida? ¿Qué acontecimiento profundo ha generado este estropicio neuronal que me impide descubrir la raíz de mi sufrimiento? ¿Qué significa este temor que crece en mí? ¿Esta angustia soberana que se filtra por mi piel?
Es inútil. Inútil. La respuesta se me niega una y otra vez.
¿Qué hago desde entonces? Soy vendedor de seguros; seguros de vida.
…………………………………………………………………………………………………………….

11 de abril.

Sería un hipócrita si en cierto sentido no reconociera mi fracaso.
Resulta intolerable aceptar el hecho de que estos últimos acontecimientos de mi vida me estén despedazando lentamente (y sin poder evitarlo), sintiéndome como un impotente niño bobo que todo lo ve sin comprender. Perseguido una y mil veces por este críptico pasado que golpea mi subconsciente, empecinado en ocultarme la verdad.
No obstante, algo me alarma aún más: desde hace aproximadamente una semana, siento que por momentos pierdo el juicio; es como sentir que el presente se ha convertido en un aterrador agujero negro que todo lo devora.

……………………………………………………………………………………………………………….

A puntes desde un Hospital Neuropsiquiátrico.

Cuándo decidí relatar esta extraña historia, pensé que sería útil adjuntar las impresiones precedentes. Tal vez ustedes piensen que hago trampa; que en realidad, sólo pretendo elaborar un escrito a efectos de atenuar esta neurosis que me ha apartado de manera temporal de la sociedad.
Pero puedo jurar que no existe tal trampa; que escribo porque creo sinceramente en que ésta es la única alternativa para reencontrarme conmigo mismo. La catarsis-dicen-suele ser nuestro psiquiatra de cabecera.
Pues bien, intuyo que los parámetros con la coherencia mental, se produjo el día que debí enfrentarme al sobrecogedor episodio de la maldita casilla de la vieja.
Me dirigía a concretar una entrevista comercial, cuándo, antes de cruzar a la acera opuesta, percibí débiles y acompasados quejidos que partían de una miserable casucha de madera, a escasos metros de dónde me encontraba.
Me acerqué al ligustro crecido en ramas y un árido silencio ganó el entorno. Confundido, recuerdo que hice nones con la cabeza y reanudé la marcha en pos de mi cita.
Concretada la operación comercial - ya de paso hacia la parada del colectivo- volví a transitar por las inmediaciones de la sórdida vivienda.
En aquellos momentos, traté de restarle importancia al episodio, pero el intento resultó inútil.
Algo- maldito sea, aún no sé qué- me impulsaba a quedarme inmóvil frente a la casilla, como si el tenebroso universo de mis dudas estuviera atado, cosido a un episodio que intuía a punto de desencadenarse.
Así pasaron varios minutos, en medio de ruidos apenas perceptibles.
Entonces me dije que aquello era absurdo; que no tenía sentido permanecer como un estúpido en medio de la vereda, mientras las dudas me torturaban a lo Rimbaud. Pero en el momento en que daba el primer paso para alejarme, volví a escuchar los quejidos, ahora con acentuada gravedad.
La sinonimia onomatopéyica deslizaba en el aire un ruido de goznes gastados y resecos.
Tuve ganas de golpear la puerta pero no me atreví; así pasaron cinco o diez minutos, en una actitud idiota, y disgustado con mi propia impotencia.
Con una expresión que imaginaba estúpida, miraba sin ver a los anónimos seres que circulaban por mi entorno, de manera casi hosca e indiferente. Todos circulaban deprisa.
Me pregunté por qué se apurarían tanto aquellas personas. Lo ignoraba. Lo cierto fue que de pronto no pude evitar contenerme y comencé a golpear la puerta.
En esos momentos, sorprendido, escuché que los quejidos se mezclaban con una tos ronca y entrecortada. Tos de enferma, pensé, sin dejar de golpear, cada vez con mayor violencia.
Esperé unos minutos más. Nada. Sólo quejidos y toses.
En aquellos instantes, mientras pedía cuentas a Dios entre dientes, tuve un horrible presentimiento.
Una mujer caminaba en dirección a mí.
- Perdón señora. ¿Sabe usted quien vive aquí?
- -No sé; no sé….
- Creo que allí dentro hay una persona que se queja. ¿No oye usted?
- No oigo nada.
- -Pero….
- -No sé nada; no sé nada. Yo voy al trueque (*)-. Y la mujer siguió su camino.
- Luego fue un hombre.
- Disculpe, señor… ¿No oye usted unos quejidos?
- ¿De qué quejidos me habla? Yo no escucho nada- el hombre reanudó la marcha-. Llego tarde al trabajo. Un minuto tarde y me echan.
No me amilané, consciente de haber escuchado los quejidos, seguro que los decibeles de los pulmones se hacían más perceptibles a mi oído.
Casi sin darme cuenta, un hombre vestido de operario fabril cruzaba la calle y avanzaba en dirección a mí.
- Señor: discúlpeme; usted….
- El pan, debo conseguir el pan; siempre el pan, carajo… - y el hombre se esfumó girando en la esquina opuesta.
De pronto, otro hombre que cruzaba la calle corriendo.
-Oiga señor: ¿no oye usted unos quejidos?
-¿De qué quejidos me habla amigo? Nos han vendido todo-hasta las ilusiones- y usted habla de unos estúpidos quejidos…
Desilusionado, volteé la cabeza y me encontré frente a un grupo de niños que me miraban fijamente.
Tuve la intención de interrogarlos pero ni siquiera alcancé a dar un paso, cuándo percibí que sus miradas tenían la dureza de la soledad y la falta de afecto.
Traté de reflexionar. Me di cuenta que la inquietud había crecido desmesuradamente a lo largo y ancho de mis paredes cerebrales.
Por momentos, tenía la impresión de que un miedo burlón e indiferente atropellaba mi humanidad a codazos.
Unos minutos después, me percaté de que los quejidos habían cesado(o al menos yo no los oía) como si el supuesto habitante de la casilla hubiera dejado de respirar repentinamente.
Falto de reservas anímicas, opté por regresar a mi casa.

……………………………………………………………………………………………………..

A las tres de la mañana, apretado de insomnio, salté de la cama.
Con el cansancio hurgando en mis huesos, recorrí varias veces los ambientes, con la sensación que mi cabeza se bamboleaba como una esfera sin control.

El episodio de la casilla se había convertido en el factor aglutinante de todos mis desvelos.
Por supuesto que regresé.
Diciembre madrugaba al sol y a las seis de la mañana, ya aguardaba inquieto el colectivo.
Al llegar al lugar, desande los últimos metros con una pastosa sensación en mi boca.
Con toda energía me abalancé sobre la puerta de la destartalada finca.
La madera, en incipiente estado de putrefacción, perdió su escasa rigidez al primer embate.
Al penetrar en el interior, tuve la sensación de que alguien raspaba con un cuchillo mi columna vertebral: sobre un catre mugriento y desvencijado, observé a una anciana que parecía agonizar. A manera de sábana, un trapo ensangrentado le cubría la mitad de su esquelético cuerpo.
Recuerdo que- instintivamente- me llevé las manos a los ojos; luego, haciendo esfuerzos por no perder la calma, volví la mirada sobre ella y no pude evitar que un aquelarre de esperpentos mellase mi confundido razonamiento.
Mientras la miraba una y otra vez, un hedor insoportable comenzó a irritar mis fosas nasales.
Medí su rostro: una extremada cáscara de melón aflautado a lo Modigliani, le conferían un aspecto tétrico y fantasmal. Más aún, cuándo en una de las comisuras de sus labios, algunas moscas se ensañaban con una pequeña lonja de carne pútrida y viscosa.
Largos y cargados chorros de humedad resbalaban perezosamente por una pared sucia y agrietada.
Cuando pude recomponer en parte mi integridad espiritual, me acerqué a la vieja tratando de comprobar si aún se quejaba.
Claro que lo hacía; sólo que desde el fondo de sus pulmones fluía un ronquido grave y sordo, como si una maldita mano deslizare una lija por aquella piel reseca y arrugada.
Cada uno de mis interrogantes interiores, carecía de respuestas concretas.
Apenas un hecho atisbaba con cierta claridad: creía en el sino de los acontecimientos, y estaba seguro de que éstos se habían confabulado con la providencia para enfrentarme con la pobre mujer agonizante.
Por lo pronto, no me pareció prudente someterla a un interrogatorio.
Preferí hurgar, revisar exhaustivamente la casilla. Necesitaba hallar un indicio, o al menos, el más insignificante detalle esclarecedor.
Miré en la cocina; en un aparador y en un viejo armario saturado de arañas y cucarachas. Nada. En el apuro, ollas, tazas, cajones y ropa maloliente y sucia, caían al piso aparatosamente. Nada. Busqué en un pequeño cuarto. Nada. En los rincones más absurdos. Nada tampoco.
Recuerdo que en aquellos momentos tenía que taparme la nariz con un pañuelo porque el olor nauseabundo resultaba intolerable.
Quedaba sólo el baño para revisar.
Al avanzar unos pasos hacia éste, me detuve bruscamente. Desde su interior, surgía un denso y extraño zumbido.
Al abrir la puerta de un puntapié, me pareció estar frente a uno de los lienzos más tenebrosos de Goya; peor aún: la representación en vivo de una alucinante pintura de Brueghel.
Sacudido por un intenso temblor, caí de rodillas en el preciso momento que un enjambre de moscones verdes, salía disparado en distintas direcciones.
El hedor a carne humana en avanzado estado de putrefacción, resultaba intenso, verdaderamente insoportable.
Sentado sobre el retrete y con la cabeza en medio de su pelvis, se hallaba el cadáver de un anciano en letal descomposición. Demasiado para mí.
Tambaleando, volví sobre mis pasos en aras de ganar la salida, pero, casi maquinalmente, al llegar nuevamente al catre dónde yacía la vieja, me quedé otra vez absorto y rígido.
¿Qué hacer? ¿Qué hacer?, me pregunté una y otra vez.
Casi llorando, volví a mirarla en busca de un indicio.
Comencé a indagar aquel esperpento, en busca de una palabra esclarecedora.
Le miré fijamente a los ojos; dije cosas estúpidas como quédese tranquila señora, yo le voy a ayudar, pero todo resultó inútil.
La vieja parecía tener sus ojos en mí, en medio del silencio bruto de una muerte anunciada.
Y nuevamente mi vista que se posa sobre su ropa ensangrentada.
En esos momentos, pensé- en realidad sentí- que su alienada mirada concentrada en un punto fijo, casi sin parpadear; el sonido cada vez más débil que emanaba de sus pulmones en agonía, y en fin, los restos de carne y piel pegados a su osamenta, eran más que signos demoledores con los cuáles la maldita muerte preparaba su escenografía final.
En busca de algún indicio a tanto horror, divisé casi oculto entre los pliegues de una raída sábana, la hoja de un cuchillo con restos de sangre coagulada y ligeramente marrón.
Entonces sí pude ver el indicio que buscaba: apretujado en su mano derecha y huesuda, asomaba un papel en forma de pergamino. Debí esforzarme para quitárselo.
El manuscrito estaba redactado en forma precaria, con rasgos ortográficos escuálidos y lisiados.
Sin embargo - aún no sé por qué -sus caracteres me resultaban familiares.
Parecía un testamento: “…como último y único deseo una vez muerta y estando en pleno uso de mis facultades mentales, lego a favor de mi Alejandro Boero…”
Qué extraño, me dije. Qué extraño, repito ahora.
¿Qué relación tendrá todo esto con mi búsqueda interior? ¿Acaso todo esto podría estar relacionado con el eslabón que yo buscaba? Aparentemente, no. Sin embargo, en el papel está mi nombre.
Aquí lo tengo aún; sí, me nombra cuándo dice…: lego todas mis pertenencias a favor de mi Alejandro Boero.
¡Maldito sea! Claro que yo soy Alejandro Boero. ¿Pero qué aporta esto? Nada, absolutamente nada.
Todo sigue como entonces. Todo sigue siendo vago y confuso en mi vida, igual que aquel horrible día en el que cumplía ocho años, cuándo ella - la puerca de mi madre - se marchó de casa con otro hombre.

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JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ
(1983)
(*) Modalidad económica casera gestada a raíz de la enorme crisis social que afecta al país de los argentinos (N.del A

Muestras de mi obra literaria

“Berlusconi y la niña desnuda”

Amigas y amigos: Intento subir una vez más el poema porque la presentación anterior se veía horrible. Espero que en esta ocasión luzca mejor.

Gracias por estar!

berlusconi y la niña desnuda en la arena

 

 

 

Aquí está,

sobre la arena crujiente de calor.

ignoro si la foto es una denuncia social

o es parte del culto enfermizo

de periodismo amarillo.

IGNORO A QUE ETNIA PERTENECE

pero la foto es testimonio fiel

del sello genético de la crueldad humana.

Esta ahí

como imagen mediática involuntaria

del costado más pútrido de adán.

(testimonio también

DE LA OSCURA HISTORIA

DEL CORAZÓN NEGRO DEL continente

hiper explotado por el blanco.)

 

Está a la vista del ojo morboso y colectivo

que suele solazarse en internet

ME PREGUNTO QUE TRIBU

La VIÓ NACER

Y QUÉ CLASE DE ORGASMO

PUDO HABERLa CONCEBIDO.

(AHÍ TIENE LA IGLESIA -LA CATÓLICA, CLARO-

UN MILAGRO FEHACIENTEMENTE DEMOSTRABLE:

¡LOS INDIGENTES, LOS INFRAHUMANOS DE LA TIERRA,

TAMBIÉN SON CAPACES DE HACER EL AMOR!.)

 

No me interesa saber si es de burundi,

de costa de marfil o senegal.

ESTÁ AHÍ

EN LAS AFUERAS DE SU ALDEA

ajena por completo a los ojos codiciosos

que le observan.

LEJOS DE LA QUINTA AVENIDA,

LEJOS TAMBIÉN DE LOS CHAMPs DE ELISSé,

y más lejos aún

DE LA CALLE CONVERTIDA EN EL PARADIGMA

DE LA CODICIA humana (SÍ, ADIVINARON: ¡WALL STRET!)

ESTÁ AHÍ DE CUCLILLAs

-CLARO QUE LO DE CUCLILLAS ES UN EUFEMISMO

porque lo que alguna vez fuera una niña

con el 0,5% de esperanza de sobrevida

(pero esperanza al fin)

NO SE HA AGACHADO

MOVILIZADa POR UN ACTO VOLITIVO-.

no…

EL CUERPO DESNUDO HA CEDIDO SU VERTICAL

APOYADO SOBRE un sostén geométrico

QUE ALGUNA VEZ FUERON PIERNAS

Y HOY SOLO SON EXTREMIDADES

HORRIBLEMENTE HUESUDAS.

(QUIERO DECIR QUE lo que fuere una lonja de carne

apenas Es UNA LÁMINA de piel.)

El otro yo que me habita

me acota que observe lo que hay detrás de la niña.

en realidad fue un diálogo entre el y yo.

permítanme:

“-¿Te distes cuenta de lo que está detrás de la niña?

“-ni me hables…

“-estos miserables vienen de lejos. dicen que Olfatean a la muerte.

“-Es un don que les ha dado dios…

“-ya debieras saber que dios no existe.

“¿cómo puedes estar tan seguro?

“-por la fe. si dios existiera no habría necesidad de fe.

(opto por no responder. no me llevo bien con mi otro yo.)

mientras tanto, vuelvo a la niña

(o lo que queda de ella, claro):

tiene el vientre desmesurado.

como una enorme pelota de rugby

va desde la garganta hasta tocar la arena caliente.

el cuello parece un fino cuello

sosteniendo en forma milagrosa una cabeza

desproporcionada

(la de la niña, claro), con unos ojos saltones como los teatralizados

alienígenas de Rockwell.

Desde mi ordenador-me resisto al nombre de P.C.

porque el personal computeringenieria sutilmente manipuladora de bill gates

(

al servicio de la cia),

es la herramienta de dominación perfecta

del imperio

(pese a los idiotas, claro,

que creen que la internet es la panacea de la libertad individual)

desde mi ordenador, digo,

la foto de la niña y su verdugo,

parece una compartida pesadilla

de Goya y Brueghel, el viejo

…………………………………………………………………………………………………………..

la desnudez,

la extremada fragilidad de su arquitectura

me duele en el hipotálamo

donde la angustia excede

el canon permitido por la naturaleza.

me duele esta niña que morirá de hambre.

En realidad ya está muerta, hombre”.(la voz es la del co-habitante de mi ser;

ese observador omnisciente

seducido por el diablo

com lado opuesto a la conciencia.)

ese observador, en fin,

que a manera de virtuales instántaneas

hace visibles nuestro cuerpo y nuestra mente.

quisiera volver el tiempo atrás

y atiborrarle a la niña de comida.

(de nada le han servido los deseos de sus progenitores

en este derrotero hueco de palabras

y excedido de hambrunas.)

quisiera al menos espantar,

al implacable guardián que no le ha quitado los ojos de encima

como custodio de la muerte

(parte del detritus que exhibe dios, avergonzado)

pero no puedo hacerlo.

al igual que una estrella que brilla

aún estando muerta

la niña también está muerta

estando viva.

mi observador acaba de decirme

que el buitre acabará por perder la paciencia

y comenzará a despellejarle viva

(a la niña, claro).

lo hará-dice- mientras berlusconi continua de putas

(se entiende, putas de cabeza)

y en el vaticano continúan jugando

al mejor juego que juegan

desde hace siglos.

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josé manuel lópez gómez

(epoca oscura/2009)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios sobre “comentarios”

Estimados amigos: No sé si podrán leer esto como respuesta a vuestros comentarios(pasa que, sumado a mi impericia con estas nuevas tecnologías, tengo un “carro” antiguo como ordenador que una y otra vez se desconecta. Les pido a todos sinceras disculpas. También debo disculparme por la desprolija presentación del poema objeto de esta nota; francamente, no sé qué pasó…Yo lo había preparado bien pero luego resultó un verdadero desastre al exponerlo. Trataré de volverlo a subir en forma más prolija.

Agradezco y me alegro que el poema haya despertado inquietudes. Concuerdo con la opinión de que a mi espacio le falta “ritmo” pero no es que yo sea un “amargo”; es parte de este problema que tengo con el ordenador. Espero componer la parte técnica a corto plazo y estar a la altura de las circunstancias. Yo también quiero y deseo visitar los otros blogs y no puedo hacerlo por las razones apuntadas.

Bien, espero que esto sirva como expresión de deseos de generar entre ustedes una genuina amistad y avanzar en el mutuo conocimiento.

Les dejo a todos un fraternal abrazo!

José Manuel

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