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Un poco de ficción literaria

Amigas y amigos de las bitácoras de Monografías.com: aquí va un poco de historia personal con alguna ficción literaria(les presento a Gregorio Alonso Lama, uno de mis “personajes” emblemáticos, co- protagonista de mi novela “EVITA, MADONNA Y LAS TORRES GEMELAS”)

1949

“La aldea ha quedado atrás. Al darse vuelta, apenas distingue la cruz de hierro de la iglesia románica situada en las afueras, detrás del río que deberá cruzar después de llegar a Punxin para entregar una de las viandas a su tío Eugenio, aprendiz de zapatero remendón.
Primera vez que asume la doble responsabilidad de llevar las viandas de almuerzo a dos de sus tíos que vivían con él y la abuela, convertida ésta en jefa de la familia después de la muerte del Abuelo Evaristo.
Aún le resuenan las voces de sus tías cuando, de manera intempestiva, se aparecieran ayer por la casa de piedra, para ejercer su derecho a protestar frente a lo que consideraban una locura.
En medio de la discusión, él se había puesto frente al ventanal de la sala contemplando los grandes pinos de la ladera que se mecían movidos por el viento. Las hermanas de su padre- ausente- casi gritaban frente a Benita Gómez, convertida por la acción de un pañuelo negro, un batón negro, medias negras y zapatos negros, en paradigma del luto y del duelo marital.
“Vosotros no tenéis derecho a reclamo alguno. Vuestro hermano hace 7 años que se marchó a la Argentina. Sabéis que mi hija calentose la cabeza con otro home y cuando o neno aún estaba en la cuna, se fue con ese maldito. Hace años que yo soy el padre y la madre que no tiene. Nadie va a decirme como debo educarlo”.
Las tías tironearon verbalmente aduciendo que el no tenía aún siete años, y que era una locura mandarlo sólo a través de varias leguas de inhóspitos caminos montañosos. La mujer de luto contraatacó puntualizando que el rapaciño había madurado antes de tiempo por culpa del dolor y la soledad; que eso le enseñó a manejarse en forma independiente, y que aquello de los caminos inhóspitos era una patraña, debido a que el niño solía andar por esos caminos de Dios sin más compañía que su propio pensamiento.
Resultó inútil. La disputa terminó abruptamente con un seco y unísono va a merda!, lanzado por las tías con inocultable ira frente al rostro de Benita.
………………………………………………………………………
Creo que es el momento de presentarme: mi nombre es Gregorio Alonso Lama. ¿Quién soy? Nada más y nada menos que un personaje de novela, emblemático por cierto. Yo le debo mi vida (sé que resulta un tanto pretencioso que un personaje de ficción se apropie del término vida; sin embargo, realidad y ficción se mezclan de tal manera que uno no sabe dónde comienza una y termina la otra); le debo mi vida decía, a José Manuel López Gómez, español, gallego, emigrante y escritor. Por alguna razón misteriosa, he asumido la responsabilidad de contar este episodio de su vida, gozando de esa inapreciable patente de corso que otorga el dolor ajeno. Ese dolor particular- exclusivo y excluyente-, que los humanos suelen llevar por la vida en puntas de pie, tratando de no perturbar esa parte escaldada de la memoria. Habrán notado que siendo una historia que le toca tan de cerca, López Gómez no utiliza la primera persona para darle un matiz más directo al relato. “Tengo que contarles algo…” debió empezar diciendo. Y resulta irónico que si bien cierto es que ha comenzado a contar un episodio triste de su niñez, no está diciendo lo que realmente quiere decir.
Yo seré más directo. Pero no piensen que daré cuenta de un dolor terminal, ese tipo de dolores signados por la muerte (sin embargo, existen dolores que suelen ser más dolorosos que la muerte misma).
Falta una fecha precisa: 6 de enero de 1949, Reyes en la liturgia cristiana. La noche de la víspera, López Gómez niño ha depositado sus zuecos (*) sobre la base del gran ventanal que da vista a la estrecha calle de la aldea, fijando el paisaje majestuoso de una ladera cubierta de pinos. Con una letra deforme ha escrito una carta a los Reyes. “Señores Reyes: quiero un auto de madera o una locomotora negra”, reza la esquela. Pero al levantarse ese día por la mañana, mientras las sombras de la noche estiraban su pereza sobre el horizonte, se ha encontrado con unos trozos de carbón sobre los flancos de su calzado. Ve un papel cuidadosamente plegado. Al abrirlo lee: “Esto es porque os habéis portado mal.” Todo el camino:-tres leguas de ida y tres leguas de vuelta-ha ido mascullando, rumiando psíquicamente respecto a qué cosas terribles habría hecho para que los Reyes magos lo castigaran de tal manera. ¿Acaso porque solía escaparse al monte para trepar a los árboles en busca de los huevos de los pájaros? ¿O quizás tendría relación con el día aquel que la abuela se había enojado muchísimo porque el río le había arrebatado en un descuido la ropa y debió regresar a casa sólo con el calzoncillo puesto? ¿O tal vez porque en vísperas de la navidad reciente-y pese a la expresa prohibición de su abuela- otra vez había salido por el pueblo a pedir una hogaza de pan de mijo? Imposible saberlo. Mientras la abuela preparaba las viandas en la cocina a leña sin decir palabra, él ya había vuelto del baño después de desahogar entre lágrimas su enorme frustración. Y tampoco soltó una queja. A partir de ese momento, ya estaba preparado para asumir en silencio, calladamente, todas las decepciones que el futuro tenía en sus alforjas.

JOSÉ MANUEL LÓPEZ GÓMEZ
(Y Gregorio Alonso Lama, personaje principal de mi novela “EVITA, MADONNA Y LAS TORRES GEMELAS”)

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