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ESQUIZO frenia

Un invento de los laboratorios

 

“Tau Ceti, Epsilón Eridani y el libre albedrío”

               “TAU CETI , EPSILÓN ERIDANI Y EL LIBRE ALBEDRÍO”

                                                                    I

Mientras sueño, o sueño que sueño, ellos se instalan en un espacio metafísico de mi pensamiento. 

Trato de desechar la visión, como lo hacemos

con las imágenes que violan nuestra mente.

(A veces quedan solo en un esbozo trémulo porque en 1/8 de segundo, cualquier imagen apenas titila en los infinitos corredores mentales).

Desde el súper woofer (¿qué querrá decir esto?) de la compu,

el tirano y mujeriego Verdi, obliga a la Sutherland a ceñirse

estrictamente al papel de Violeta: in core scolpiti ho quegli accenti!

Trato, digo, pero no puedo, cuando, casi calladamente,

las palabras, amor, mujer y sexo, trepan

a mis oídos en ese orden, como partes tullidas de una frase.

El control remoto lleva a Verdi y a la Shuterland a otros corredores

metafísicos. Pero antes, Violeta se hace dolor en el amor

Piú non esiste; or amo Alfredo, e dio lo cancelló col pentimento mío,

 

Mientras tanto, desde una habitación contigua,

un locutor anuncia:

Hamas está respondiendo a un ataque artero de Israel

(por una sutileza como ésta, uno podía ser

tildado de antisemita).

 

Avanzo dos pasos.

La imagen de los hombres

se bajan de la mente hasta desaparecer.

Retrocedo.

Ni bien se apoya en el suelo el taco del segundo paso,

comprendo que he ingresado en otro corredor metafísico

porque el joven y el viejo ya no están allí.

(¿Mencioné acaso de que eran un joven y un viejo?)   

 

II.       Viaje por uno de los corredores metafísicos de la muerte.

 

Veo al Borges joven- cuándo aún era Jorge Eduardo en su documento-

recibiendo precisas instrucciones del Foregein Office,

mientras es nombrado Sir( en secreto) por Jorge VI.

 

Veo a Einstein en el aula magna de Princeton

dando una obligada conferencia,

sobre la fórmula de la muerte

de todas las muertes

ante la plana mayor del Pentágono.

 

Veo a un violador con el sello de la perversión sexual

en su ADN

practicando sodomía con un niño.

 

Veo las bombas racimos cayendo sobre Bagdad.

Profanando la pobreza de los pequeños pueblos afganos.

Cayendo sobre los arrabales de Kabul

Y  también desplazando su violencia

sobre el corazón urbano de la franja de Gaza.

Bombas asépticas e inteligentes (una forma de blanquear

los famosos daños colaterales, pienso).

No veo el dolor, pero escucho los gritos de la angustia

atravesando mi cuerpo astral.

 

                                   

Veo a Süsmayr (Franz Xaver) con la cara demudada

deteniendo a los otros transeúntes de la muerte

agitando en sus manos

la partitura del Réquiem de Mozart

“¡Yo terminé Lacrimosa, y mías son las partituras de Domine Jesu,

Hostias, Quan Olin, Sanctus, Agnus Dei y Comunión: lux aeterna

pero el masón frívolo y libertino se ha llevado toda la gloria

de la grandiosa misa de difuntos!”

 

Veo el Buenos Aires execrable, las villas de los arrabales indigentes

donde los carteles pobres de la droga comercian el Paco(*)

Veo a millares de adolescentes

corriendo hacia sus propias muertes

condenados por uno de los Estados periféricos

de la gran civilización occidental y cristiana.

Los veo

mientras los pobres mutan a indigentes

por la módica suma de 50 dólares mensuales.

 

III

 

Veo mi persona(es decir, la parte de mí mismo

saliendo de mi cuerpo)

Preguntando quien soy, quienes somos de verdad.

Golpeando a las puertas de las chapas médicas

indagando a los doctores que curan el alma

-psiquiátras y psicólogos-

 porque la ciencia de las ciencias

carece de diagnósticos y recetas precisas

para curar los males mentales.

 

Veo a Francisco Solano-mi hijo esquizofrénico-

saltando los corredores ancestrales de todos los sueños

exigiéndome una explicación

desde el fondo de su mirada inteligente pero extraviada.

 

Veo a Dios, o al hálito de Dios

sosteniendo entre sus manos la cadena del libre albedrío

a modo de testimonio dogmático y excluyente.

El maldito libro blanco de la creación

responsable de todas las calamidades de la raza.

(Hubiera querido preguntarle a Dios

Por qué razón nos ha hecho para todas las preguntas

pero no para todas las respuestas).

 

Veo el espacio cósmico y a un planeta azul

navegando en un mar inmenso de negrura.

Veo el sol quemando cuatro millones de toneladas

de energía por segundo

mientras continúo el viaje astral de mi espíritu

en pos de los confines del sistema solar.

 

El planeta azul ya es un punto apenas visible.

 

Veo las gigantescas manchas en espiral de Júpiter

(miles de veces más grandes que la tierra)

agitando su tormenta inconcebible sobre las puertas del planeta.

 

Veo y siento el escozor del infinito que comienza a estallar

ante mis ojos, y al volver  la vista

el grandioso hábitat de la soberbia de los hombres

ni siquiera es un punto en el espacio.

 

IV

Veo a Saturno y como una exhalación dejo atrás el alfa,

los restos jóvenes

de materia de la supuesta explosión primigenia.

(a propósito, nunca me “cerró” ese paradigma de la soberbia humana

bautizado big-bang: planetas, estrellas, galaxias, cúmulos estelares, en fin, el infinito de todos los infinitos, contenidos en una proteica materia

del tamaño de un guisante).

 

A modo de mojones virtuales del espacio,

las cefeidas marcan la impronta de “los arduos corredores”

más allá de nuestro sistema solar.

Una nueva cuenta es el punto de partida de un viaje que se mide en parsec (ó la distancia astronómica equivalente a 3,26 años luz).

El salto hacia Tau Ceti y Epsilon Eridani (ya sabemos:

las estrellas más cercanas de nuestra vía láctea)

“apenas” a cinco años luz del planeta azul,

en esta instancia, “convertido” ya,

en partícula de arena de cualquier playa.

 

Entonces, algo desvía el curso de mi espíritu

y lo sigo a través de otro de los infinitos corredores metafísicos,

Veo los Aleph borgesianos.

Veo el libro aún vedado de los terribles

secretos que guarda la física cuántica.

Veo las bolsas de carbón,

el espacio de la materia negra, la densidad inaudita

como parte de los arcanos vedados,

Veo el Cignus x1, el documento irrefutable

de la existencia física de un agujero negro,

(100 veces la masa de nuestro Sol

¡Pero de un millonésimo de su diámetro!

Esto no es ficción; ha sido científicamente probado)

 

Digo,

un agujero negro del tamaño de un balón

succionando, tragando vorazmente cantidades inconmensurables de materia; incluso devora la luz misma, como parte

de un universo ontológico,  indescifrable y perverso;

tal vez un lúdico ejercicio de Dios para no aburrirse en las edades infinitas.

 

V

El espíritu se desplaza, lo sigo.

Algo me dice que avanza por un corredor metafísico

de otro Universo paralelo sin parcelas de tiempo ni de espacio.

 

Veo, siento que nos sentimos arrastrados

por heterogéneas y compactas  masas de espíritus  concebidos

para matar:

Veo la primera piedra que partiera un cráneo humano;

veo flechas, lanzas y espadas de unos hombres,

manchadas con la sangre de otros hombres.

 

Veo a Europa en medio de un incendio gigantesco.

Veo a un grupo de hombres arrastrando en medio de la noche un cilindro oscuro con la leyenda “Enola Baby”, mientras millares de niños duermen su inocencia en la campiña aromática de Hiroshima, ajenos

a una ambigua angustia que inocula

el corazón de sus padres.

 

Veo a Nueva York, a Londres, a París, a la Roma

 presuntuosa de su pasado imperial.

Veo a Sidney y su ancestro de convictos.

Veo la Basílica que fuera el corazón del Occidente cristiano

como cetro de la traición de los evangelios.

Veo a Buenos Aires y a Brasilia; a Oslo y Berna; a Pekín y Addis Abeba.

A todos los centros urbanos que alguna vez cobijaron los sueños de los hombres.

(Pero también las codicias y el egoísmo colectivo como “raiz de todos los males”).

 

Veo ruinas, muerte y desolación

en medio de un silencio atronador de voces.

No veo un solo hombre, ni a una sola mujer.

Tampoco husmea en mi corazón

la inocencia de unos niños, ni tampoco la perversidad manifiesta de otros.

Veo la desolación de los espíritus-imposible precisar el número-

desconcertados en su angustia cósmica y colectiva,

conscientes de que la muerte-por orden directa de Dios-

se abatirá de manera colectiva sobre la especie humana.  

 

 

VI

Siento de pronto que mi espíritu quiere volver a mí.

Tal vez-pienso- para evitar el enojo anticipado de la muerte.

Percibo que me habla de un cansancio existencial

en medio de un karma milenario que no le da tregua.

 

Una frase se hace molde de letras en mi mente:

 

“Lo imposible y aún más”.

 

Una voz que no es humana sacude

esa parte de la razón que no es más que una entelequia:

El sol contiene un volumen, un millón de veces mayor que nuestro planeta.

Algunas estrellas son un millón de veces más grandes que nuestro sol.

Cada galaxia contiene más de doscientos mil millones de estrellas

Separadas entre sí por distancias inconmensurables.

Existen más de cien mil millones de galaxias y el Universo

No detiene su constante creadora y…”

 

Momentos en que el sueño se desborda

y surge un corredor inflamado de oropeles

donde cada color son todos los colores.

El espacio estelar ha desaparecido, libre de la ebriedad

de todas las constelaciones.

Por la calzada yerma de gritos

avanza una columna humana agitando pancartas.

Un hombre esta parado a mi lado.

¿Una manifestación? ¿Quiénes son los que protestan?

Lanzo las preguntas mientras me esfuerzo por leer las leyendas de los cartelones.

“Son los poetas del mundo, espíritus sufrientes hecho palabra”

“¿Los poetas?

“Sí, todos los poetas del mundo. Los vivos y los muertos”

Entre la pequeña multitud, distingo a Horacio y a Virgilio, a Homero y su bastón;

A Pitágoras. Le digo al extraño que el griego es un matemático.

“¿Y tú crees que la matemática no es poesía? Ved, ése que marcha a su lado es Cantor,

el que perdió la razón a raíz de sus altas abstracciones matemáticas”

Los rostros de los manifestantes se encienden en mi memoria:

Dante acompañado de una bella dama. Cervantes, el gran Lope, Tirso, Calderón;

También veo la mujer de la frase perfecta: Dios no se muda. Todo pasa.

Baudelaire, Rimbaud. Víctor Hugo, Byron,

el hombre que honraba el vino; el Borges joven de su época profana;

Witman; Vallejo, Octavio Paz, Neruda, Nicolás Guillén, Ernesto Cardenal ;

el poeta de Granada con sus ocho rosas de fuego en el pecho…

 

VII

La lista es interminable.

Miro una vez más al extraño que me acompaña y no puedo evitar estremecerme.

Recién entonces me doy cuenta que levita en medio de un aura de plata.

Siento que las palabras se atoran en mi péndulo bucal. Debo esforzarme para hablar.

“No entiendo lo que dicen las pancartas” acoto, avergonzado.

“¿Cómo crees que Dios se comunica con el hombre? La palabra es un órgano metafísico. Pero no cualquier palabra ni tampoco la forma de expresarla.

“Por eso Dios le dio a los poetas, el don de las metáforas.

“El lenguaje metafórico es un código secreto, vedado a los hombres de negocios. Vedado a los guerreros,

en fin, vedado también a los vulgares y los necios.

“Pero yo amo la poesía. Sin embargo…

“No entiendes los mensajes escritos. Es que hoy se han esmerado.

 “Dios ha prometido recibirlos y escucharlos. Yo mismo he intercedido.

“¿Y cuál es el motivo?

“Vienen a pedir una segunda oportunidad para la humanidad. Saben que tal como están las cosas el camino de la desaparición como especie es irreversible para la raza.

“Alegan de que Dios no debió dejarlos librados a su suerte;

que el mal fagocita las aristas perversas en detrimento del bien y que por esta razón, Dios debería cambiar los códigos genéticos del libre albedrío.

“Pero eso es imposible…

“Dios necesita del libre albedrío. Es un ida y vuelta. Dios lo ha hecho al hombre pero necesita de éste para completarse como Ser. Pides casi un imposible.

“No para Dios, hijo. Nada es imposible para él. Lo que nunca comprendió el hombre, es que por respeto a él, le dio la potestad de la elección de vida para que él mismo, sin interferencias de ninguna índole, complete la noción del libre albedrío. Para ello le ha dado un arma formidable: la conciencia.

Nadie puede hacerse el distraído si del bien o del mal se trata.”

De pronto, resuena un formidable trueno. Miro hacia las alturas con la sensación de que una gigantesca sierra de cobre, partiese a dentelladas las incontables pátinas de cobre de todos los cielos.

 

 

 

 

Me siento sobre el borde de la cama;

No sé si sueño o soy parte de esa Matriz

que ha invertido la realidad en nuestros hemisferios cerebrales;

una Matriz en la cual el mismísimo Dios es un empleado jerárquico

de la existencia.

 

A través del mirador virtual, la oscura noche es una vorágine de estrellas.

Mi espíritu-infatigable al fin- bucea inútilmente  en el misterio

que jamás nos será develado.

Miro el cielo.

Tau Ceti y Epsilón Eridani, brillan tan cerca y tan lejos de nosotros.

 

Sorpresivamente, mi espíritu me arrastra hasta los confines del espacio.

Sobre el borde del precipicio de la materia oscura virgen

-como parte infinitesimal de un misterioso orden-,

viajando a novecientos mil kilómetros por hora,

veo, percibo y siento el Universo que no deja de expandirse.

 

Desde las aristas lejanas de nuestro sistema solar

-apenas un ignoto rincón de la vía láctea-  

me llegan los ancestrales gritos.

(El vasto y áulico grito parido por todos los orgasmos de la raza).

 

Un horno nuclear gigantesco  asoma por la innombrable vagina

que sigue pariendo mundos.

(Y los seguirá pariendo, cuando, sobre la faz de la tierra

no quede ni una pátina de sombra de la raza humana).

Ajena a nuestros sueños,

Indiferente a nuestros crímenes

El Universo se expande, atronador.

Pronto será una estrella, un nuevo sol

que tornará al infinito en un repetido paisaje inalcanzable.

 

Pienso en mi hábitat, el planeta azul del que me separan

¡Quince mil millones de años luz!

Pienso en Theilard, el jesuita excomulgado

después de haber profetizado el Alfa y el Omega.

Luego-y sin saber por qué-pienso también en todos

Y en cada uno de los granos de arena

de todas las playas y desiertos del mundo.

El oráculo-al fin- ha venido a mí,

Pero siento una infinita congoja por el hombre.

Época oscura

    2008

 

(*)Paco: la droga de los pobres en Argentina. Se “fabrica” con los restos y desechos de la cocaína; incluso, admite polvo de ladrillo y vidrio molido (sí, han leído bien)

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