Equilibrista espiritual

El equilibrio entre la Vida Exterior y la Vida Interior

 

Espiritualidad y ética

La Espiritualidad Ética y la pasión por el desapasionamiento

En este momento de mi vida, cuando tengo ya 51 años cumplidos, y luego de muchos años de estudiar la Sabiduría Universal y de luchar por consolidar un estilo de vida consecuente con todo lo que abarca ese maravilloso y majestuoso universo de conocimientos (la sabiduría oriental, hindú, egipcia, precolombina, la filosofía griega -que a su vez incluye el ascetismo, el estoicismo, la ataraxia, la apatía entre otros- la teosofía, la masonería, el hermetismo, la ética atemporal, la metafísica y la ontología, el espiritualismo ético, etc.), me siento feliz de tener la dicha de compartir una frase de mi autoría que sintetiza en forma lacónica y elocuente, todo ese maravilloso espectro de conocimientos trascendentales. Dicha frase es la siguiente: ¡PASIÓN POR EL DESAPASIONAMIENTO! Y si esta frase tiene un significado impactante y estimulante para ti, y si además aspiras a que tu vida sea consecuente con dicha frase o norma, entonces tienes que ser capaz de liberarte de la gran dependencia que tienes con los deseos, con  las emociones fuertes y con los motivos materiales-personales como medios para sentirte entusiasmado, motivado, feliz,  y para estar convencido de que tu vida tiene una razón de ser. Al mismo tiempo, tienes que decretar tu libertad absoluta en relación con el anterior tipo de elementos superficiales del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de ovejas domesticadas. Tú no eres una oveja domesticada, tú eres un supervivencialista espiritual extremo que trabaja 16 horas al día todos los días del año, cumpliendo con la misión de la Fe Trascendental (1). Y por cada hora de trabajo, recibes una paga: en primer lugar, la posibilidad de experimentar una maravillosa e indescriptible autorrealización de tipo espiritual, y en segundo lugar, el reconocimiento –por parte del Poder Superior- de pequeñas cantidades de méritos que son fundamentales para que puedas aspirar a la Unión Divina. Solamente los artesanos de su propio Yo Superior serán capaces de utilizar esta vida como medio para evolucionar espiritualmente y en consecuencia, para acceder a dicha Unión Divina.

Con la práctica disciplinada, metódica y permanente de dicha premisa o norma (vivir con pasión por el desapasionamiento), llegará el tiempo en el que tu alma se conservará bastante limpia de agentes tóxicos y/o contaminantes, y en el que podrás experimentar con cierta frecuencia, un maravilloso bienestar que no depende de ningún apego, que no está condicionando a la posesión de un determinado bien material o personal, sino que es un bienestar derivado de la libertad absoluta en relación con la materia y el deseo.  Es un bienestar que tiene lugar en tu yo interior y que no puede ser afectado o condicionado por el mundo mezquino de los deleites, los apegos, los deseos y las pasiones. Es un bienestar que tiene la virtud de hacer que tu Yo Superior sea infinitamente mayor que tu yo inferior (tu personalidad egoísta), y de liberarte totalmente del mundo ilusorio de la materia y el deseo.

En ese estadio existencial de plenitud que es la Unión Divina, no existen por definición, los deleites, los apegos, los deseos, las pasiones, los motivos, la vanidad, los condicionamientos. El estadio existencial de plenitud es el desapasionamiento absoluto. Durante nuestra breve estancia en el mundo material, tenemos que desenvolvernos mediante un estilo de vida lo más cercano posible a ese mundo espiritual de desapasionamiento. Tenemos que vivir como si no tuviéramos personalidad egoísta. Si nuestro estilo de vida no guarda cierta coherencia con la esencia de lo que es la Unión Divina, estaremos evidenciando un grado de evolución espiritual muy pobre y por lo tanto, que aún no estamos preparados para acceder a dicho escenario. En consecuencia, nuestras almas una vez separadas del cuerpo físico, continuarán su proceso de maduración en el estadio existencial carencial, en el que experimentarán diferentes grados de precariedad espiritual.

Durante los ejercicios de meditación tenemos que llegar a alcanzar un nivel de misticismo tan alto, que sea capaz de simular lo que es en realidad la Unión Divina.

(1) Misión de la Fe Trascendental: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el bien y como exterminador de deseos, 16 horas al día 365 días al año. Lo anterior implica trascender tu personalidad egoísta a través de una planificación estratégica llamada Espiritualismo Ético.

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, Sin categoría, planificación estratégica espiritual

La Espiritualidad Ética y nociones de escatología

De acuerdo con el diccionario que tengo en mis manos, escatología es el conjunto de creencias y doctrinas relacionadas con el destino último del hombre y del universo. Normalmente es considerada una rama de la teología cristiana, sin embargo puede aplicarse a cualquier religión o doctrina relacionada con la trascendencia del plano material al plano espiritual. Así por ejemplo, cuando pensamos en la salvación o en la vida eterna (religión cristiana) y en la reencarnación (religión y/o sabiduría oriental), estamos entrando en el campo de la escatología.

En la religión cristiana, la salvación se logra básicamente a través de la fe (la aceptación de Jesús como el hijo de Dios que encarnó en hombre para salvar al mundo). Pero de acuerdo con la Sabiduría Universal, la fe por sí sola no es suficiente para tener acceso a la Unión Divina (supervivencia espiritual, vida eterna, salvación), sino que además es imperativo el  conocimiento de los principios de dicha sabiduría y su respectivo aprovechamiento, de tal manera que la persona pueda liberarse del deseo y de la materia a través de una voluntad clarificada y comprometida con el perfeccionamiento del Yo Superior.

Dicho conocimiento podemos llamarlo “gnosis” o Fe Trascendetal. La Fe Trascendental es la fe al servicio de la voluntad espiritual (Atma) y de la inteligencia inegoísta (Manas). Por el contrario, la fe mundana u ordinaria, es la fe al servicio de la personalidad egoísta y de la mente calculadora.

Desde el punto de vista de la sabiduría universal y su conocimiento ancestral acerca de la naturaleza septenaria del ser humano y de la naturaleza transitoria de las cosas,  una sola vida no es suficiente para lograr la evolución espiritual requerida para aspirar a la Unión Divina, ya que la dependencia con las pasiones, con los deseos, con las emociones fuertes y con los motivos materiales-personales es extremadamente poderosa, y representa una fuerza incontenible que se apodera de nuestra personalidad desde la niñez. Por esta razón, en la sabiduría universal se considera que la reencarnación es una de las posibles formas que existen para prolongar el tiempo y el espacio requeridos para dicha evolución espiritual.

Sin embargo, existen otras opciones escatológicas que pueden deducirse de los  grandes principios de la sabiduría universal, como por ejemplo, la evolución del alma separada del cuerpo en estadios existenciales carenciales, en los que las almas  -aún dominadas por su inteligencia egoísta y calculadora- experimentarán determinados grados de precariedad existencial que eventualmente les permitirá adquirir el suficiente grado de evolución para aspirar a la Unión Divina (que es el estadio existencial de plenitud).

Si estamos totalmente de acuerdo, que en una eventual vida eterna o supervivencia espiritual, por definición no existirán las necesidades de ningún tipo, ni el deseo, ni los apegos con los bienes exteriores, ni los motivos, ni las emociones ni los placeres, ¿no te parece lo más lógico y coherente, que en esta vida terrenal efímera conformada a partir de espejismos y de cosas ilusorias (desde el punto de vista temporal, espacial y de la naturaleza del átomo, todos los bienes exteriores o bienes materiales-personales son virtualmente inexistentes), debemos practicar un estilo de vida lo más cercano posible a ese estadio existencial de plenitud que nos aguarda? ¿No será más bien una condición indispensable para tener derecho a la Unión Divina y para eludir el estadio existencial carencial?

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

La Espiritualidad Ética y los gurús, los genios y los virtuosos

A menudo encontramos en los medios de información, anuncios que invitan al público a participar en conferencias o seminarios impartidos por expertos muy renombrados y que debido a una moda que empezó no hace muchos años, son llamados “gurús”. Se me ocurre entonces por decir un nombre, el Dr. Paz, “el gurú de la auto ayuda y la motivación”, o el Master  Henderson, “el gurú de las ventas al detalle”, o el catedrático Reyes Ruiz, “el gurú de las ciencias gerenciales”, etc.  En el diccionario que tengo a mano, gurú significa director espiritual o jefe religioso. Me parece que quienes iniciaron la costumbre de denominar gurú a un experto sumamente reconocido, obedece a un deseo de sobredimensionar sus cualidades principalmente para efectos mercantiles, atribuyéndole a esa persona algo así como un don especial de carácter mágico o místico, de tal manera que tiene la capacidad de influir en forma elocuente en sus seguidores o simpatizantes, de transformar sus vidas o de potenciar tangiblemente sus destrezas, para el logro de objetivos materiales-personales.

También es importante considerar que en el ámbito de la superación material-personal, existen diferentes tipos de personas virtuosas, según su profesión. Tenemos a los virtuosos del balón, del violín, del contorsionismo, etc. Sin embargo, aunque se trate de los y las mejores futbolistas, músicos y contorsionistas del mundo, y aunque han  tenido una voluntad férrea para dominar un arte o una técnica, tienen un común denominador con el resto de mortales: son personas dominadas por el deseo, por los placeres, por la vanidad y por los apegos con los  bienes exteriores. Es decir, a pesar de sus  destrezas extraordinarias -que dependiendo de la popularidad de la actividad que desarrollan pueden llevarlos a convertirse en súper  estrellas-  pertenecen al gran rebaño de ovejas domesticadas cultural y religiosamente. Lo mismo aplica por supuesto, para los llamados gurús y para cualquier persona que sea considerada un genio de cualquier campo del conocimiento científico o tecnológico.

Los aspirantes espirituales debemos apreciar un elemento común en todas las personas que son consideradas gurús,  genios o que son virtuosas en una determinada actividad artística, deportiva o de cualquier otra índole: me refiero a la pasión con la que se entregan a su trabajo. Una pasión igual o mayor aún, es la que requerimos los artesanos del Yo Superior para transformarnos en personas virtuosas en el dominio de nuestra personalidad egoísta.

En la medida que vayamos adquiriendo cierto dominio sobre la personalidad (o sobre el yo inferior o el kama manas), podremos irnos liberando poco a poco  de la condición tan deplorable de ovejas domesticadas, ya que en esa misma medida iremos adquiriendo un relativo grado de libertad en relación con la materia y el deseo. En el contexto de la Sabiduría Universal, virtuoso es aquel que logra dominar su personalidad para convertirse en instrumento de Dios para hacer el bien y en un exterminador o depredador de deseos. Y es muy oportuno indicar en este punto, que dicho dominio  lo alcanzaremos con base en una planificación estratégica de tipo espiritual; con base en la Fe Trascendental (la fe al servicio del Yo Superior y no al servicio del yo inferior); con base en el conocimiento y la aplicación de los principios y herramientas de la Sabiduría Universal; con base en una voluntad clarificada y espiritual; con base en un estilo de vida totalmente consecuente con la Ética Espiritual.

Por otro lado, tengo la certeza de que en el mercado de expositores  y conferencistas internacionales, nunca vamos a encontrar un gurú en el dominio de su personalidad egoísta (es decir, dominador de los deseos, de los placeres, de los motivos, de los apegos, de las pasiones mundanas, de su vanidad, de su carácter). Primero, porque dicha profesión es tan compleja, tan difícil, y requiere de un sacrificio tan monumental (prácticamente de carácter ascético), que no es sino hasta en la etapa madura de la vida, que una persona puede empezar a vislumbrar cierto progreso que lejos de causarle satisfacción, aumenta su humildad, ya que ha logrado adquirir una mayor comprensión de  la magnitud de la misión que se ha impuesto. En consecuencia, nadie puede llegar a tener el suficiente grado de dominio sobre su yo inferior o kama manas, como para que merezca ser llamado un gurú en dicha disciplina (que es sagrada). Segundo, porque el tema de la ruptura con la personalidad (es decir, con el deseo y con la materia) no tiene clientela ni acogida ni aceptación en el mundo del gran rebaño de ovejas domesticadas. No es un campo de estudio y de ejercitación espiritual/volitiva atractivo para la gran masa adicta a los bienes materiales-personales y consumidora de dogmas. En ese sentido,  se requieren de atributos excepcionales (quizás innatos) para iniciar el camino del aspirante espiritual y para identificarse plenamente con  la misión de Fe Trascendental, cuya definición indiqué anteriormente: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el Bien y como exterminador de deseos, 16 horas al día 365 días al año.

Existen líderes o guías espirituales  tales como Osho, Sri Sri Ravi Shankar, Ghandi, el Papa, el Dalai Lama, etc. Sin embargo, me reservo el derecho de dudar acerca del nivel de dominio que tienen ellos sobre sus propias personalidades egoístas. Por lo tanto, previendo que quizás no tengan los atributos necesarios para ser verdaderos líderes espirituales (esto que afirmo, en el contexto de la Sabiduría Universal, libre de los dogmas), uno tiene que tratar de ser su propio gurú en materia de dominio de la personalidad egoísta y en materia de la aplicación de los principios de la Sabiduría Universal. Uno tiene que ser su propio genio al hacer meditación trascendental y experimentar la libertad absoluta.

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

Los artesanos de su Yo Superior y el ejercicio de higiene espiritual

En las congregaciones de los Artesanos de su Yo Superior, tenemos un protocolo para iniciar las sesiones de estudio, reflexión y terapia grupal. Empezamos invocando la Misión y la Visión de la Fe Trascendental. Misión: Trabajar como instrumento de Dios para hacer el bien y como exterminador de deseos 16 horas al día 365 días al año, lo cual implica trascender nuestra personalidad a través de una planificación estratégica llamada la Espiritualidad Ética. Visión: alcanzar la Unión Divina, es decir, el estadio existencial de plenitud, y eludir el estadio existencial carencial, en el que las almas experimentarán diferentes grados de precariedad existencial. El protocolo continúa con la pronunciación en voz alta y en grupo de la siguiente heráldica: “Si partimos del hecho de que en una eventual vida eterna no existen las necesidades de ningún tipo, ni los placeres, ni los apegos con los bienes exteriores (materiales-personales), ni los motivos ni tampoco los deseos, entonces pareciera ser lo más lógico y sensato que en esta vida terrenal tengamos la obligación de practicar un estilo de vida lo más cercano posible a ese estadio existencial que nos aguarda. Es más, la práctica de ese estilo de vida es una condición indispensable e imperativa para tener derecho a la supervivencia espiritual”. Como tercer paso del protocolo, tenemos que invocar la siguiente norma: “Hay que vivir con una parte de la mente puesta en el mundo material-sensorial, y con la otra parte en el mundo espiritual y del no deseo”. Luego de los anteriores pasos, procedemos con la meditación trascendental llamada “Ejercicio de Higiene Espiritual”. Dicho ejercicio inicia con un discurso básico que nos sirve de guía para alcanzar posteriormente, un alto nivel de concentración y devoción a todos los artesanos que aspiramos a ser personas virtuosas en el dominio de la personalidad egoísta. El discurso básico es el siguiente:
En este momento me arranco todos mis deseos, y la gran necesidad que yo tengo de emociones fuertes y de motivos materiales-personales cautivantes, como principales medios para sentirme feliz, entusiasmado, motivado, para estar convencido en cuanto a que la vida tiene una razón de ser sólida; y declaro y decreto mi libertad absoluta en relación con todos estos elementos superficiales del mundo de ilusión e ignorancia del gran rebaño de las ovejas domesticadas.
Yo no soy una oveja domesticada, yo soy un profesional de la Fe Trascendental que trabaja 16 horas al día 365 días al año cumpliendo con la Misión, y por cada hora de trabajo recibo una paga: La posibilidad de experimentar una indescriptible y maravillosa autorrealización de tipo espiritual, y el reconocimiento de pequeñas cantidades de méritos que son fundamentales para aspirar a la Unión Divina. De hecho, solamente los supervivencialistas espirituales extremos podremos utilizar esta vida como medio para aspirar a la Unión Divina.
En este mismo instante mi alma está libre de agentes tóxicos, de agentes contaminantes, y puedo experimentar un enorme bienestar que no depende de la posesión de un determinado bien, que no está condicionado por ningún apego con los bienes exteriores (materiales-personales), sino que es un bienestar se deriva directamente de la libertad absoluta que ya mismo estoy disfrutando en relación con la materia y el deseo. Es un bienestar que no requiere nada de lo que está más allá de mi yo interior, y que provoca que mi Yo Superior sea muchísimo más preponderante que mi yo inferior. Es un bienestar absoluto, porque no está condicionado por ninguna cosa del mundo material y de deseos.
Una vez finalizado este discurso básico, deberíamos estar en condición de lograr durante algunos minutos, una experiencia mística fuerte y profunda basada en la libertad absoluta en relación con la materia y el deseo.
Luego de la meditación trascendental sustentada en el ejercicio de higiene espiritual, los artesanos procedemos con las sesiones de estudio, reflexión y terapia grupal.

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

La Sabiduría Universal expresada a la manera occidental, precisa, concisa

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, Sin categoría, planificación estratégica espiritual

El Espiritualismo Ético y el supervivencialismo extremo

Soy un supervivencialista extremo pero de tipo espiritual, por eso lucho día tras día contra los deseos, las emociones, los motivos y contra todo tipo de apego con los bienes exteriores (dichos apegos son: con el yo inferior de mis seres amados y congéneres en general, con los placeres no virtuosos, con los bienes materiales y personales en general, con los problemas y las preocupaciones, y finalmente, con la vanidad). Cuanto más desarrollada sea mi Vida Interior, cuanto más libre me encuentre yo de condicionamientos, más y mejor preparado estaré para encarar mi destino escatológico, o lo que me ocurra después de morir.

Yo jamás confiaría mi destino escatológico a lo que prescriben las religiones monoteístas a través de sus dogmas. Durante muchos años he estudiado la Sabiduría Antigua (filosofía griega, esoterismo clásico, ética universal) y la Filosofía de la Espiritualidad del alma, que son manantiales de conocimiento libres de dogmas, y a la vez, tan sustanciales e imprescindibles, que le han dado a las religiones el sustrato ético y conceptual para sus libros sagrados.

Gracias al estudio de la sabiduría, de la ética universal y de la filosofía, logré convertirme inicialmente en un hombre de fe independiente. Y luego de madurar por muchos años, en un hombre de fe trascendental (es decir, la fe que está al servicio de mi voluntad espiritual, y no al servicio de mi personalidad egoísta calculadora). Ahora el paso siguiente que estoy dando, es transformarme en un supervivencialista extremo espiritual. Y cuando digo extremo, me refiero a que luego de cumplir de la mejor manera posible con mi superación ascética-espiritual y con mi superación material-personal (en mi esfuerzo por alcanzar todos mis objetivos y siguiendo estrictamente dicho orden), debo practicar el arte de despreciar y de ser indiferente ante los motivos, deseos y emociones de mi personalidad, y ante los bienes exteriores que usualmente llenan y le dan sentido a las vidas de las personas comunes.

Los preppers o supervivencialistas extremos que se preparan para enfrentar exitosamente un evento catastrófico de alcance mundial, y de origen político, ideológico, económico, biológico, ambiental o natural, se toman muy en serio el tema de la supervivencia. Por ejemplo, almacenan alimentos y semillas, adquieren vestimenta, contenedores apropiados y artefactos que purifican agua, establecen planes estratégicos, tienen varias armas de fuego y se adiestran en su uso, aprenden defensa personal, se mantienen en una condición física aceptable, etc. En resumen, invierten tiempo, dinero y esfuerzo con el fin de estar preparados en caso de que suceda un evento catastrófico mayor que podría concretizarse en los próximos 10 o 20 años quizás. Yo particularmente, le apuesto a un desastre ambiental provocado por el calentamiento global y el cambio climático, pero a un plazo mucho más largo, por lo menos hasta dentro de 50 años. Los preppers vislumbran diferentes tipos de amenazas a un plazo mucho más corto de tiempo, pero perfectamente podrían equivocarse. En cambio, la muerte es un hecho absolutamente cierto e inevitable. Por más pequeños que se fabriquen los chips, por más que avance la nanotecnología, por más que se industrialice la órbita terrestre, la muerte seguirá siendo una condición humana insalvable e imprevisible en cuanto al momento exacto de ocurrencia.

¿Cuándo podría morir? ¡Hoy! ¿Cuándo debería prepararme para mi destino escatológico? ¡Hoy! ¿Y cómo y por qué debo prepararme? Primero responderé al ¿Cómo?: Siendo el hombre más ambicioso de la historia de toda la humanidad, al aspirar a despreciar los deseos, las emociones, los motivos, los apegos con los bienes exteriores, desarrollando un blindaje espiritual contra todos esos elementos del mundo de ilusión e ignorancia, que es el mundo conocido por el gran rebaño de ovejas domesticadas (todos los millonarios y millonarias que salen en las listas de Fortune y que son extremadamente exitosos y ambiciosos, no son más que ovejas domesticas del rebaño). Semejante ambición es la que me brinda la calidad de supervivencialista espiritual extremo, porque debo arrancarme todos esos condicionamientos, todas esas cadenas y vivir feliz sin todos esos elementos que son los que le dan sentido y razón de ser a las vidas de las ovejas domesticadas espiritualmente. ¿Cuál es la felicidad que no está condicionada por los elementos del mundo de ilusión e ignorancia? ¡La felicidad espiritual! Que es aquella que experimento al ser consciente de que me he liberado de los deseos, las emociones y de los motivos y que por lo tanto ya no soy un cavernícola espiritual y en consecuencia, podré acceder a la Unión Divina (porque soy un profesional del Espiritualismo Ético o de la Auto Trascendencia).

Ahora sigo con la respuesta al ¿Por qué debo prepararme? Porque podemos morir en cualquier momento y de 900 maneras diferentes, y si al momento de morir, somos unos mediocres primitivos espirituales que sufrimos a causa de los deseos insatisfechos, de la ausencia de emociones fuertes, de la escasez de motivos de tipo material, entonces, con base en la doctrina esotérica o sabiduría antigua, con base en la ética universal atemporal, con base en la pansofía, con base en el principio del Perfecto Orden Divino de San Agustín de Hipona, con base en la planificación estratégica espiritual y el trabajo planificado y dedicado como medio para alcanzar objetivos, con base en el criterio de los méritos individuales, etc., no podremos trascender hacia la Unión Divina y su estadio existencial de plenitud, sino que contrario a nuestros deseos, iremos a un estadio existencial carencial, donde cada alma enfrentará diferentes grados de precariedad.

En síntesis, los supervivencialistas espirituales extremos nos caracterizamos por NO SER primitivos espirituales. Por no ser hombres y mujeres tan mediocres, tan mezquinos, tan ordinarios, tan ciegos, que no son capaces de reconocer los elementos del mundo de ilusión e ignorancia. Por no ser tan cándidos en relación con el destino escatológico de cada quien.



Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

El Espiritualismo Ético y la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad

El total de defunciones por año en el mundo entero es de aproximadamente 370 millones de personas (incluyendo todas las causas de muerte). Tenemos entonces 370 millones de almas -que si creemos en un Poder Superior y en una vida posterior a la muerte- deberían tener un destino o un propósito divino. En ese gran grupo de muertos, hay personas de todas las religiones y sectas existentes, ateos, personas de fe independiente, personas de las diferentes escuelas esotéricas, personas indiferentes ante el tema, las que simplemente no tienen tiempo para su dimensión espiritual, etc. En términos muy simples y cándidos, uno pensaría que la tarea que tiene Dios año tras año, de escoger cuales almas tienen el mérito para acceder a la Unión Divina, es muy compleja y enmarañada, dada tanta diversidad de creencias, dogmas e ideas. ¿Podríamos nosotros, desde nuestra humilde, mortal y limitadísima condición humana, conocer los criterios que utilizaría Dios para seleccionar entre esos 370 millones de muertos por año, aquellas almas que tienen el mérito para acceder a la Unión Divina o por lo menos a un nivel de mayor cercanía con ésta? Por supuesto que sí: Aquellos que pertenecen a la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad son las almas que pueden aspirar a alcanzar la Unión Divina, ese es el CRITERIO. No se trata por supuesto de una iglesia como tal, sino que es una manera de incluir en un grupo virtual, a todas aquellas personas que gracias a su conocimiento de la sabiduría antigua y de la doctrina esotérica, han logrado hacer del Principio de la Incondicionalidad su estilo de vida, es decir, han logrado superar la etapa primitiva de depender de los motivos, los deseos y las emociones para encontrarle sentido a la vida, y han sido capaces de experimentar con frecuencia un gran bienestar derivado de sus ideas, principios y objetivos espirituales (es decir, han alcanzado la Auto Trascendencia). Los miembros de esta iglesia, también son fieles cumplidores del Principio del Perfecto Orden Divino, cuyo autor es San Agustín de Hipona, el gran filósofo medieval. Dicho principio, derivado de las disciplinas filosóficas de la metafísica y la ontología, dispone amar ordenadamente las cosas conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. Es decir, se trata de un principio totalmente consecuente con el Principio de la Incondicionalidad y con la Auto Trascendencia. Los miembros de esta iglesia iconoclasta, también llevan un estilo de vida basado en corrientes de la filosofía clásica como por ejemplo, el ascetismo, el estoicismo, la apatía y la ataraxia, que en esencia, propugnan por una vida libre de apegos con los bienes exteriores, de austeridad, de servicio. No puede faltar en el arsenal de los incondicionalistas, el sustento de la ética universal atemporal. Y existen todavía más instrumentos que conforman el marco filosófico-espiritual de los incondicionalistas, que mencionaré en la próxima publicación. Todos ellos, a fin de cuentas, lo que hacen es expandir sus conciencias y pensamientos.

Tenemos incertidumbre con respecto a nuestro destino escatológico. Primero, porque podemos dudar si existe, aunque el espiritualismo metafísico enuncia que las facultades del entendimiento y la voluntad, al tener facultades inorgánicas, son indiscutiblemente substancias espirituales y por tanto, eternas. Segundo, y esto es lo más importante, porque no sabemos exactamente cuáles son los méritos para ascender a un estadio existencial superior. En última instancia, acceder a la Unión Divina es una misión individual, y cada persona verá si se atiene a los dogmas de su respectiva religión, secta o iglesia, o si decide investigar y reflexionar mucho más en cuanto a este tema capital. Nadie puede estar seguro de que alcanzará la vida eterna. Bajo el supuesto de que existiera la posibilidad de saber el resultado de la apuesta, ¿Existe alguna persona que apostaría su propia vida a que tiene garantizado el acceso a la Unión Divina? Y al existir incertidumbre, existe un riesgo, el riesgo de quedar fuera de un estadio existencial de plenitud.

Entonces: ¿Existe vida después de la muerte? Es muy posible. Bajo la óptica del espiritualismo metafísico no cabe duda.

¿Se obtiene gratuitamente, con solo creer en una religión y practicar algunos de sus preceptos? Difícilmente algo tan valioso puede ser obtenido con un desempeño básico y mediocre.

¿Se requiere de un trabajo espiritual sobresaliente, que supere las mismas expectativas de Dios? Parece ser lo más lógico y razonable, desde el punto de vista de la planificación, del emprendedurismo, de la ética universal, de la pansofía y de la superación personal ascética- espiritual.

¿Cómo son los méritos para ese desempeño sobresaliente? Remitirse a lo dicho anteriormente, sobre la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad.

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

El Espiritualismo Ético y el fundamento de la Libertad Absoluta

“Y qué es la felicidad? Un estado de plenitud interna desbordante que no tiene que ver con ningún condicionamiento externo”. Susana López, monja budista de El Garraf.

“La alegría no tiene causa y surge de adentro como alegría de Ser; es parte esencial del estado interior de paz…La paz de Dios”. Eckart Tolle.

Los disidentes del gran rebaño procuramos en la medida de nuestras limitadas posibilidades, tener un estilo de vida coherente con el Perfecto Orden Divino de la Ley Eterna, la cual nos manda amar las cosas ordenadamente conforme dicho orden, de tal manera que no debemos preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. Para guardar fidelidad con el Orden Divino, necesitamos liberarnos del dominio tan enorme que ejercen los deseos y las emociones, así como de los placeres que nos deparan los bienes exteriores y también, de los apegos enquistados en éstos últimos. Tengamos muy claro que la impenitencia caracteriza en forma clara y precisa a la naturaleza humana, pero haciendo una aclaración: la obsesión no es con el pecado en su forma ortodoxa y convencional, sino con los bienes materiales/personales y con todo tipo de condicionamiento exterior (aquí podemos incluir los motivos, los deseos, las emociones). Nuestra mente egoísta y calculadora (Kama Manas) nos impide entender y ser conscientes de que no debemos ser tan débiles, tan mediocres, tan mezquinos, tan endebles, tan miserables, como para necesitar siempre de condicionamientos exteriores surtidores de placeres transitorios para encontrarle un sentido lógico a nuestras vidas (lo cual es evidencia clara de que no contamos con ningún grado de expansión de nuestra conciencia). La impenitencia histórica de la humanidad mantiene anclado al hombre en su cuaternario inferior (es decir, en su naturaleza animal instintiva y egoísta) y hasta las mismas religiones monoteístas -por su carácter exotérico- se han encargado de reforzar ese repudiable destino.

De tal manera que somos seres cuyo bienestar siempre está condicionado a elementos o motivos externos. No somos más que meros engranajes –fácilmente sustituibles- de una maquinaria con disfraz de sociedad, orientada al trabajo remunerado, al consumo, al desarrollo material y pragmático, a la ostentación, a la acumulación. La libertad individual que disfrutamos al formar parte de semejante maquinaria está condicionada por la dependencia con los deseos y las emociones, por los apegos y los placeres, por una vida que requiere de motivos exteriores y casi todos superficiales para que tenga sentido. Por todo lo anterior, nuestra libertad individual se encuentra restringida a lo que YO TENGO, cuando lo idóneo es que sea una libertad muy amplia (sin condicionamientos exteriores), y para lo cual debería estar sustentada fundamentalmente en lo que YO SOY (expansión de la conciencia y el entendimiento). Y cuanto más logremos expandir nuestra conciencia y entendimiento, más nos acercaremos a la Libertad Absoluta.

En la monografía anterior, habíamos indicado que para lograr dicha expansión, se requiere de un acervo de recursos intelectuales y espirituales que deben formar parte del “portafolio” de todo profesional del Espiritualismo Ético, y al final de la monografía hicimos un recuento de todas esas herramientas tan importantes. En la medida que seamos capaces de expandir nuestra conciencia y entendimiento y además, como segunda condición, de cultivar y desarrollar hábitos éticamente correctos que le permitan crecer a nuestra voluntad clarificada y espiritual, tales como por ejemplo, un estilo de vida modesto, discreto, austero, ordinario (solo externamente) y comprometido con el logro de la Unión Divina; un estilo de vida con rasgos ascéticos, estoicos, apáticos y ataráxicos; un estilo de vida fiel al Perfecto Orden Divino de la Ley Eterna; un estilo de vida gobernado por el Yo Superior o Triada, y no por el yo inferior o cuaternario; un estilo de vida con alto grado de misticismo, de reflexión y de meditación, entonces en esa misma medida podremos disfrutar en forma habitual de la Libertad Absoluta, no solo durante las meditaciones sino también como algo normal dentro de nuestra rutina de vida. Y lo importante aquí, es que dicha Libertad Absoluta es el sustento de la Felicidad Absoluta, es el paso previo, la condición necesaria para acceder a esa que es la experiencia mística más arrebatadora y elocuente de todas.

Recordemos que el cuaternario inferior del ser humano está conformado por cuatro tipos de cuerpos que son: el físico, el vital energético, el astral (las emociones) y la mente de deseos, egoísta/calculadora. Todos los hombres y mujeres por definición estamos sometidos en mayor o en menor grado al dominio mental de dicho cuaternario. Existe un pequeño grupo de seres humanos que hemos reconocido e identificado dicho fenómeno y nos hemos convertido en emprendedores espirituales, es decir, en personas que luchamos contra el cuaternario y aspiramos a ejercer un cierto control sobre él, con base en el desarrollo de nuestra Triada Superior (conformada por la inteligencia inegoísta, por la intuición y por la voluntad clarificada/espiritual). Y por otro lado, existe un grupo constituido por la inmensa mayoría de habitantes del planeta que para empezar no se cuestionan adecuadamente la deplorable situación de la especie humana, y por ende, mucho menos van a acceder y a entender los fundamentos necesarios para revelarse contra el régimen totalitario de la personalidad. Este enorme grupo es el gran rebaño.

Indistintamente de si eres un emprendedor espiritual o un miembro más del gran rebaño, lo cierto es que a todos los seres humanos nos cuesta muchísimo (a los segundos mucho más que a los primeros por supuesto) concebir la felicidad si la misma no está condicionada a la posesión de determinado bien tangible o intangible (que por definición son de carácter externo). Los hombres y mujeres tenemos diferentes tipos de necesidades y diferentes escalas de valor para las mismas. La felicidad de nuestra personalidad egoísta (o de nuestro cuaternario inferior) depende imperativamente de la satisfacción de las mismas. Para que haya felicidad, debe haber un sentido o una razón de ser de la vida, en caso contrario nos sentiríamos totalmente vacíos. Es decir, necesitamos de motivos, los cuales nos inducen a buscar la satisfacción de necesidades, las cuales lamentablemente están condicionadas por elementos exteriores. Pero pensemos en lo siguiente: Todos aspiramos a una vida eterna luego de morir, pero en dicha vida o estadio existencial -si efectivamente es eterna e inmaterial- no pueden existir las necesidades de ningún tipo, ni las emociones y nos deseos, ni las pasiones, ni los motivos, nada de esto tiene sentido o utilidad. Nuestra felicidad en el plano terrenal se sustenta en motivos exteriores –ajenos a nuestra vida interior- y en necesidades satisfechas o aspiraciones, pero en el plano inmaterial y eterno, ella no puede sustentarse en nada que represente un condicionamiento, como lo es el caso típico de una necesidad satisfecha o por satisfacer. Surge así una terrible contradicción, ya que en esta vida buscamos la felicidad con base en lo que Yo Tengo (nuestro yo inferior o cuaternario), pero en la futura vida eterna tendremos que ser felices con base en lo Yo Soy (nuestro yo superior o Triada). ¿Estaremos preparados de antemano para un cambio existencial tan radical y misterioso? ¿Y si aún estamos muy apegados con los bienes exteriores? (Recordemos que nuestros principales apegos se manifiestan con el yo inferior de nuestros seres amados y congéneres en general; con los placeres y deseos no virtuosos; con los bienes materiales y personales en general; con la vanidad y con los problemas y las preocupaciones). ¿Y si el Poder Superior considera que aún no estamos preparados para semejante cambio? Y de ser así ¿Nos podría someter a algún tipo de proceso de aprendizaje que implique dolor y sacrificio? Con estas preguntas entramos en el tema de la escatología, por lo que deberíamos revisar lo propuesto en una monografía anterior titulada “El Espiritualismo Ético, el Dharma y la Escatología Esotérica”.

Pero retomemos el punto inicial de discusión de éste último párrafo y de toda esta monografía: la esencia de la Felicidad Absoluta. Si la felicidad de un ente inmaterial está desprovista de motivos, de deseos, de emociones, de placeres, de pasiones, de bienes materiales y personales, y si sabemos que al morir seremos entes inmateriales, entonces ¿Nos le parece lógico, correcto e imperativo tratar de experimentar ese mismo tipo de felicidad en esta vida terrenal llena de ilusiones con las cosas transitorias y de ignorancia en relación con la Sabiduría Antigua? ¿No creen ustedes que es lo menos que el Poder Superior puede esperar de nosotros como condición para acceder a la unión con Él?

Y tal y como lo vimos en un párrafo anterior, el paso previo para acceder a la Felicidad Absoluta es la Libertad Absoluta. El proceso completo es así: Primero tenemos que cumplir con el Principio de la Incondicionalidad no sólo durante nuestras sesiones de meditación, sino también durante nuestra rutina de vida, es decir, es un fundamento que debemos incorporar a nuestro estilo de vida que nos diferencia del gran rebaño. Es uno de esos hábitos éticamente correctos que debemos cultivar y desarrollar para estimular el crecimiento de nuestra voluntad clarificada y espiritual. Básicamente dicho principio consiste en aprender a tener una vida de calidad sin requerir de motivos exteriores, de deseos y emociones, de placeres no virtuosos, sin exceso de apegos con los bienes materiales/personales. Una vida de indiferencia hacia todo bien o condicionamiento exterior. Cumpliendo de esta manera con dicho principio, accedemos a la Libertad Absoluta. Y logrando madurar y consolidar dicha libertad, finalmente podremos alcanzar por instantes la arrebatadora experiencia mística de la Felicidad Absoluta por medio de la meditación.

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

El Espiritualismo Ético y la expansión de la conciencia


Todos los días al despertarnos lo primerísimo que tenemos que hacer es traer a nuestra mente una idea fundamental del Espiritualismo Ético: ¿Cuáles son la Misión y la Visión de mi vida como ser espiritual en este mundo? La Misión: trascender mi personalidad egoísta (o cuaternario inferior) a través de una planificación estratégica, que me potencie para concretizar la Visión, la cual consiste en alcanzar la Unión Divina. Con esta idea neurálgica impresa en nuestras mentes, como primer acto racional de cada nuevo día, trazaremos la senda correcta a seguir para avanzar paso a paso pero progresivamente en el proceso de cumplir efectiva y permanentemente con el principio de la incondicionalidad, el cual significa que hemos sido capaces de conquistar en menor o en mayor grado la libertad absoluta, aquella que no está condicionada por ningún deseo, ninguna emoción, ningún apego con bienes materiales o personales. Si no pudiésemos gozar de dicha libertad con cierta frecuencia, nos resultaría imposible cumplir con la Misión y aspirar a esa maravillosa Visión que es la Unión Divina. Y tal y como dijo Goethe: “Aún nadie se ha perdido en un camino recto”.

Y en relación con la planificación requerida para concretizar la Misión: ¿En qué consiste la misma? En la expansión de nuestra conciencia y entendimiento, para lo cual se requiere de un acervo de recursos intelectuales y espirituales que vamos a nombrar a continuación y que deben formar parte del “portafolio” de todo profesional del Espiritualismo Ético. Además necesitamos cultivar y desarrollar hábitos éticamente correctos que le permitan crecer a nuestra voluntad clarificada y espiritual. En una monografía anterior del 8 de junio de este año, llamada “Espiritualismo Ético, el Dharma y la escatología esotérica”, hice mención a todos esos recursos tan importantes, pero tratándose de un tema tan capital, me parece que es imperioso y oportuno volver a repasarlos, para tomar conciencia de que constituyen un conjunto de herramientas muy valiosas que deben estar contenidas en tu portafolio de uso personal, para el crecimiento de tu Yo Superior. Luego, al ser el Dharma el propósito de la vida, entonces nuestra Misión y Visión son los componentes fundamentales de dicho Dharma.

La inmensa mayoría de seres humanos desconocen el cúmulo de conocimientos de la Sabiduría Antigua, de la Pansofía, de la Ética Universal, atemporal y perenne y de la Espiritualidad Ética. Constituyen el gran rebaño de hombres y mujeres que viven en el mundo de la ilusión y la ignorancia. Un ejemplo de lo anterior, es que para todas ellos y ellas la principal connotación que tiene la palabra profesional, es la de personas que han obtenido un título universitario de las ciencias económicas, médicas, sociales, de las ingenierías, de las artes, etc. También de los hombres y mujeres que son profesionales de los deportes: fútbol, baloncesto, beisbol, fútbol americano, boxeo, tenis, etc. También de las actrices y actores del cine y la televisión. Pero para los que hemos entendido y aceptado que ese mundo de ilusión e ignorancia es un mundo mezquino, vergonzoso y repudiable, la única connotación que cuenta es la del profesional del espiritualismo ético, controlador de su yo inferior, de su personalidad egoísta, feroz combatiente de los deseos y emociones de su mente calculadora (Kama Manas). Quienes aborrecemos a dicho mundo de ilusión e ignorancia por ser un mundo agitado, superficial, desigual en extremo y dominado por la superación material-personal, nos consideramos sus disidentes y luchamos implacablemente por liberarnos de él. Nos caracteriza la lucha que emprendemos diariamente por alcanzar el objetivo de contar con un estado anímico de plena satisfacción que en lugar de depender para ello de los deseos, las emociones y placeres, dependa fundamentalmente del desarrollo de nuestra vida interior y de la libertad absoluta, la que no está condicionada por ningún bien exterior. De esta manera logramos diferenciarnos del gran rebaño, y tratamos de tener el profesionalismo suficiente en materia de desempeño espiritual y de expansión de la conciencia, para acceder a la Unión Divina.

En la monografía anterior que se refiere a la dependencia psicológica con los deseos y las emociones, comentamos en detalle el tema del perfecto orden divino que por definición, los seres humanos llevamos impreso en nuestras mentes y en forma intuitiva también. Dicho orden está expresado a través de la ley eterna expuesta por San Agustín de Hipona en su obra El Libre Albedrío. En forma lacónica y elocuente, podemos decir que dicha ley nos manda amar las cosas ordenadamente conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. En este sentido, los disidentes del gran rebaño nos tomamos muy en serio el cumplimiento de dicha ley eterna y en verdad que nos desvelamos por llevar un estilo de vida que sea lo más consecuente posible con dicho orden divino. Evidentemente, semejante forma de vivir constituye una muestra significativa de nuestro profesionalismo en materia de desempeño espiritual.

Para el gran rebaño, el sentido del vocablo “éxito” tiene una connotación de conquistas materiales y personales. Es así que famosos personajes de la política, del deporte, del cine y la televisión, de los negocios, de las ciencias, son considerados mediática y socialmente muy exitosos, y normalmente su éxito va acompañado de una buena cantidad de dinero. En el imaginario social de la domesticación cultural, aquella persona de origen humilde que se sobrepuso a sus limitaciones económicas y obtuvo su profesión universitaria, y se destacó en su ámbito profesional, y logró cierto grado de ostentación material y personal, es una persona que “triunfó en su vida”; es una persona “exitosa” y modelo a seguir. Pero para los disidentes del gran rebaño, el éxito por el que luchamos con tanta pasión y por medio de una planificación estratégica, no pertenece a este mundo agitado, superficial y dominado por la superación material-personal, por la ilusión y por la ignorancia, sino que dicho éxito pertenece al mundo del Yo Superior, del Yo Espiritual, de la libertad absoluta!

Finalmente, las herramientas o recursos de nuestro portafolio o acervo espiritual son los siguientes:

La filosofía práctica, principalmente la ética normativa y el espiritualismo ético. Un libro representativo es “El Libre Albedrío” de San Agustín de Hipona.

La filosofía especulativa, concretamente la metafísica y la ontología. Una obra representativa es “El Ente y la Esencia” de Santo Tomás de Aquino.

La filosofía antigua o clásica, principalmente las posturas éticas del ascetismo, el estoicismo, la apatía y la ataraxia.

La ética universal atemporal, especialmente en lo que se refiere a los valores y las virtudes perennes.

La sabiduría antigua y el esoterismo clásico, serio.

La fe trascendental, que yo defino como la fe al servicio de la triada superior (Manas o inteligencia inegoísta al servicio de los demás; Budhi o vehículo intuicional que nos conduce al misticismo y el Atma o voluntad clarificada y espiritual) o al servicio del yo superior, en oposición a la fe ordinaria y mezquina, que se encuentra al servicio del cuaternario inferior o personalidad egoísta, al servicio de los deseos y emociones del yo inferior.

La escatología esotérica.

Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

El Espiritualismo Ético y la dependencia psicológica con los deseos y las emociones

Usted, yo, el, ella y todos los seres humanos somos por naturaleza, adictos a los deseos y a las emociones. Cuanto más intensos sean éstos, mayor será nuestro grado de excitación y por lo tanto, de placer y de satisfacción de nuestro yo inferior. Si alguien nos preguntara cual consideramos que es el sentido de la vida, trataríamos de darle una respuesta basada en consideraciones filosóficas o religiosas, pero en el fondo, si nos quitaran la posibilidad de tener deseos y emociones, nos sentiríamos perdidos, con una vida totalmente vacía y sin ninguna razón de ser. Por lo tanto, el sentido de la vida –desde un punto de vista práctico e inmediato o lo que es lo mismo, desde el punto de vista del yo inferior- para el hombre en general, está determinado por los deseos que sea capaz de satisfacer aunque sea a medias y por las emociones que pueda experimentar. De lo anterior se desprende que el sentido de la vida para todos los mortales (con sus pocas excepciones por supuesto), está condicionado por lo que podamos llegar a TENER (bienes materiales y personales) y no por lo que podamos llegar a SER (expansión de la conciencia espiritual de nuestro yo superior, cultivo de la vida interior y liberación de apegos con todos los tipos de bienes exteriores ya sean materiales o personales). En el primer caso, tenemos nada menos que la causa de la mediocridad y la mezquindad que históricamente ha caracterizado a la humanidad, y en el segundo caso, tenemos descrito en forma elocuente el desafío que tendría que superar el hombre, para pasar de un mundo muy defectuoso como el actual a uno virtuoso. Para ponerlo en un contraste muy nítido, la cultura hedonista, consumista y presuntuosa, es la que le da la razón de ser a la vida de las personas que se comportan como los pequeños engranajes de la gigantesca máquina que le da impulso a dicha cultura, cuando lo correcto sería que la cultura ascética-ética-espiritual sea la que brinde dicha razón de ser.

San Agustín de Hipona en su obra El Libre Albedrío, en el capítulo VI titulado “La Ley Eterna es moderadora de las leyes humanas”, le explica a su discípulo Evodio que todos llevamos impresa la ley eterna (o sea, que la noción de dicha ley es algo intrínseco a nuestra naturaleza humana) y que ésta “es aquella en virtud de la cual es justo que todas las cosas estén perfectísimamente ordenadas” (un maravilloso y perfecto ORDEN DIVINO). Lo cual significa que debemos amar todas las cosas del mundo ordenadamente, conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. Dado que los deseos y las emociones se asocian en su inmensa mayoría con los apegos materiales y personales (que son efímeros, transitorios, que nos brindan placer y comodidad), podemos afirmar sin temor a exagerar, que bajo el imperio de la ley eterna, la adicción psicológica a los deseos y las emociones es absolutamente antiética e inmoral porque nos impide cumplir con el ORDEN DIVINO de la Ley Eterna y nos resta toda posibilidad de alcanzar el máximo objetivo que es la Unión Divina. La dependencia con los deseos y las emociones para sentirnos entusiasmados y hasta para encontrar en gran medida el sentido de nuestras vidas, nos convierten en cavernícolas o retrógrados espirituales, en auténticos hombres y mujeres primitivos y salvajes porque de acuerdo con el criterio de orden divino de la Ley Eterna, deberíamos depender principalmente de los bienes espirituales y eternos así como de un proyecto de vida comprometido con las virtudes para sentirnos quizás no tanto llenos de entusiasmo y de motivación -que son emociones por lo general condicionadas por los bienes exteriores- sino de un gran bienestar interior anclado en el santuario de nuestra vida interior y que le brinda a nuestras vidas, una auténtica y sólida razón de ser. Pero la triste realidad es que los deseos y las emociones prácticamente omnipresentes en nuestras mentes, nos meten en un estilo de vida totalmente desordenado en relación con dicha ley.

Hay personas que debido a su fama (estrellas del deporte, del cine, del arte, de la música, de los negocios, etc.) han creado una híper dependencia con deseos y emociones de gran calibre, y aunque externamente luzcan muy seguros y felices, como verdaderos triunfadores, en realidad y al amparo de la Ley Eterna, son verdaderos cavernícolas espirituales en relación con el orden divino de dicha ley. Son personas cuyas vidas se caracterizan por ser superficiales, agitadas y dominadas por la superación material-personal. Si los despojamos de la comodidad y del placer que pueden obtener en grandes cantidades y de sus apegos con bienes que son extremadamente efímeros (en relación con los bienes eternos), se desinflan como globos de aire cuando son pinchados, y no queda nada de ellos, más que un trozo de goma sin forma, sin temple y sin resistencia. Estos personajes son tan superficiales como los mismos deseos y emociones que los alientan en su efímera grandeza. Pero la inmensa mayoría de habitantes del planeta, que no somos famosos ni ricos, también somos unos grandes dependientes de los deseos y las emociones y por consiguiente cavernícolas o retrógrados espirituales, pero a diferencia de los famosos, vivimos en un ambiente más propicio para tener la oportunidad o necesidad de reflexionar acerca de qué es lo más trascendental de la existencia humana, sobre su verdadero sentido, su razón de ser, su propósito, su dimensión divina, sus elementos accesoriales como lo son los bienes exteriores que son efímeros y transitorios, contrario a nuestro espíritu, etc., de tal manera que podamos estudiar y conocer sobre diferentes materias fundamentales tales como el esoterismo, filosofía práctica, ética, meditación, religiones, escatología, y podamos generar en nosotros mismos una revolución de tipo ética-espiritual e iniciar la expansión de nuestra conciencia con todos esos conocimientos, experiencias y reflexiones.

Dicha expansión debería permitirnos iniciar la lucha para romper con esa vergonzosa dependencia psicológica con los deseos, las emociones y con los placeres que nos brindan los bienes exteriores. Dependencia que nos hace ser cavernícolas o retrógrados espirituales, condición que debe causarnos pena y a la vez el entusiasmo para superarla y transformarnos en líderes de nuestra propia revolución espiritual.



Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual
chatroulette chatrandom