Equilibrista espiritual

El equilibrio entre la Vida Exterior y la Vida Interior

 

Archivo de Marzo, 2013

El Espiritualismo Ético y el supervivencialismo extremo

Soy un supervivencialista extremo pero de tipo espiritual, por eso lucho día tras día contra los deseos, las emociones, los motivos y contra todo tipo de apego con los bienes exteriores (dichos apegos son: con el yo inferior de mis seres amados y congéneres en general, con los placeres no virtuosos, con los bienes materiales y personales en general, con los problemas y las preocupaciones, y finalmente, con la vanidad). Cuanto más desarrollada sea mi Vida Interior, cuanto más libre me encuentre yo de condicionamientos, más y mejor preparado estaré para encarar mi destino escatológico, o lo que me ocurra después de morir.

Yo jamás confiaría mi destino escatológico a lo que prescriben las religiones monoteístas a través de sus dogmas. Durante muchos años he estudiado la Sabiduría Antigua (filosofía griega, esoterismo clásico, ética universal) y la Filosofía de la Espiritualidad del alma, que son manantiales de conocimiento libres de dogmas, y a la vez, tan sustanciales e imprescindibles, que le han dado a las religiones el sustrato ético y conceptual para sus libros sagrados.

Gracias al estudio de la sabiduría, de la ética universal y de la filosofía, logré convertirme inicialmente en un hombre de fe independiente. Y luego de madurar por muchos años, en un hombre de fe trascendental (es decir, la fe que está al servicio de mi voluntad espiritual, y no al servicio de mi personalidad egoísta calculadora). Ahora el paso siguiente que estoy dando, es transformarme en un supervivencialista extremo espiritual. Y cuando digo extremo, me refiero a que luego de cumplir de la mejor manera posible con mi superación ascética-espiritual y con mi superación material-personal (en mi esfuerzo por alcanzar todos mis objetivos y siguiendo estrictamente dicho orden), debo practicar el arte de despreciar y de ser indiferente ante los motivos, deseos y emociones de mi personalidad, y ante los bienes exteriores que usualmente llenan y le dan sentido a las vidas de las personas comunes.

Los preppers o supervivencialistas extremos que se preparan para enfrentar exitosamente un evento catastrófico de alcance mundial, y de origen político, ideológico, económico, biológico, ambiental o natural, se toman muy en serio el tema de la supervivencia. Por ejemplo, almacenan alimentos y semillas, adquieren vestimenta, contenedores apropiados y artefactos que purifican agua, establecen planes estratégicos, tienen varias armas de fuego y se adiestran en su uso, aprenden defensa personal, se mantienen en una condición física aceptable, etc. En resumen, invierten tiempo, dinero y esfuerzo con el fin de estar preparados en caso de que suceda un evento catastrófico mayor que podría concretizarse en los próximos 10 o 20 años quizás. Yo particularmente, le apuesto a un desastre ambiental provocado por el calentamiento global y el cambio climático, pero a un plazo mucho más largo, por lo menos hasta dentro de 50 años. Los preppers vislumbran diferentes tipos de amenazas a un plazo mucho más corto de tiempo, pero perfectamente podrían equivocarse. En cambio, la muerte es un hecho absolutamente cierto e inevitable. Por más pequeños que se fabriquen los chips, por más que avance la nanotecnología, por más que se industrialice la órbita terrestre, la muerte seguirá siendo una condición humana insalvable e imprevisible en cuanto al momento exacto de ocurrencia.

¿Cuándo podría morir? ¡Hoy! ¿Cuándo debería prepararme para mi destino escatológico? ¡Hoy! ¿Y cómo y por qué debo prepararme? Primero responderé al ¿Cómo?: Siendo el hombre más ambicioso de la historia de toda la humanidad, al aspirar a despreciar los deseos, las emociones, los motivos, los apegos con los bienes exteriores, desarrollando un blindaje espiritual contra todos esos elementos del mundo de ilusión e ignorancia, que es el mundo conocido por el gran rebaño de ovejas domesticadas (todos los millonarios y millonarias que salen en las listas de Fortune y que son extremadamente exitosos y ambiciosos, no son más que ovejas domesticas del rebaño). Semejante ambición es la que me brinda la calidad de supervivencialista espiritual extremo, porque debo arrancarme todos esos condicionamientos, todas esas cadenas y vivir feliz sin todos esos elementos que son los que le dan sentido y razón de ser a las vidas de las ovejas domesticadas espiritualmente. ¿Cuál es la felicidad que no está condicionada por los elementos del mundo de ilusión e ignorancia? ¡La felicidad espiritual! Que es aquella que experimento al ser consciente de que me he liberado de los deseos, las emociones y de los motivos y que por lo tanto ya no soy un cavernícola espiritual y en consecuencia, podré acceder a la Unión Divina (porque soy un profesional del Espiritualismo Ético o de la Auto Trascendencia).

Ahora sigo con la respuesta al ¿Por qué debo prepararme? Porque podemos morir en cualquier momento y de 900 maneras diferentes, y si al momento de morir, somos unos mediocres primitivos espirituales que sufrimos a causa de los deseos insatisfechos, de la ausencia de emociones fuertes, de la escasez de motivos de tipo material, entonces, con base en la doctrina esotérica o sabiduría antigua, con base en la ética universal atemporal, con base en la pansofía, con base en el principio del Perfecto Orden Divino de San Agustín de Hipona, con base en la planificación estratégica espiritual y el trabajo planificado y dedicado como medio para alcanzar objetivos, con base en el criterio de los méritos individuales, etc., no podremos trascender hacia la Unión Divina y su estadio existencial de plenitud, sino que contrario a nuestros deseos, iremos a un estadio existencial carencial, donde cada alma enfrentará diferentes grados de precariedad.

En síntesis, los supervivencialistas espirituales extremos nos caracterizamos por NO SER primitivos espirituales. Por no ser hombres y mujeres tan mediocres, tan mezquinos, tan ordinarios, tan ciegos, que no son capaces de reconocer los elementos del mundo de ilusión e ignorancia. Por no ser tan cándidos en relación con el destino escatológico de cada quien.



Espiritualidad y ética, Fe Trascendental, Psicología Espiritual, planificación estratégica espiritual

El Espiritualismo Ético y la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad

El total de defunciones por año en el mundo entero es de aproximadamente 370 millones de personas (incluyendo todas las causas de muerte). Tenemos entonces 370 millones de almas -que si creemos en un Poder Superior y en una vida posterior a la muerte- deberían tener un destino o un propósito divino. En ese gran grupo de muertos, hay personas de todas las religiones y sectas existentes, ateos, personas de fe independiente, personas de las diferentes escuelas esotéricas, personas indiferentes ante el tema, las que simplemente no tienen tiempo para su dimensión espiritual, etc. En términos muy simples y cándidos, uno pensaría que la tarea que tiene Dios año tras año, de escoger cuales almas tienen el mérito para acceder a la Unión Divina, es muy compleja y enmarañada, dada tanta diversidad de creencias, dogmas e ideas. ¿Podríamos nosotros, desde nuestra humilde, mortal y limitadísima condición humana, conocer los criterios que utilizaría Dios para seleccionar entre esos 370 millones de muertos por año, aquellas almas que tienen el mérito para acceder a la Unión Divina o por lo menos a un nivel de mayor cercanía con ésta? Por supuesto que sí: Aquellos que pertenecen a la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad son las almas que pueden aspirar a alcanzar la Unión Divina, ese es el CRITERIO. No se trata por supuesto de una iglesia como tal, sino que es una manera de incluir en un grupo virtual, a todas aquellas personas que gracias a su conocimiento de la sabiduría antigua y de la doctrina esotérica, han logrado hacer del Principio de la Incondicionalidad su estilo de vida, es decir, han logrado superar la etapa primitiva de depender de los motivos, los deseos y las emociones para encontrarle sentido a la vida, y han sido capaces de experimentar con frecuencia un gran bienestar derivado de sus ideas, principios y objetivos espirituales (es decir, han alcanzado la Auto Trascendencia). Los miembros de esta iglesia, también son fieles cumplidores del Principio del Perfecto Orden Divino, cuyo autor es San Agustín de Hipona, el gran filósofo medieval. Dicho principio, derivado de las disciplinas filosóficas de la metafísica y la ontología, dispone amar ordenadamente las cosas conforme su grado de perfeccionamiento espiritual, y no preferir lo material a lo espiritual, ni lo efímero a lo eterno, ni lo cómodo y placentero a lo virtuoso. Es decir, se trata de un principio totalmente consecuente con el Principio de la Incondicionalidad y con la Auto Trascendencia. Los miembros de esta iglesia iconoclasta, también llevan un estilo de vida basado en corrientes de la filosofía clásica como por ejemplo, el ascetismo, el estoicismo, la apatía y la ataraxia, que en esencia, propugnan por una vida libre de apegos con los bienes exteriores, de austeridad, de servicio. No puede faltar en el arsenal de los incondicionalistas, el sustento de la ética universal atemporal. Y existen todavía más instrumentos que conforman el marco filosófico-espiritual de los incondicionalistas, que mencionaré en la próxima publicación. Todos ellos, a fin de cuentas, lo que hacen es expandir sus conciencias y pensamientos.

Tenemos incertidumbre con respecto a nuestro destino escatológico. Primero, porque podemos dudar si existe, aunque el espiritualismo metafísico enuncia que las facultades del entendimiento y la voluntad, al tener facultades inorgánicas, son indiscutiblemente substancias espirituales y por tanto, eternas. Segundo, y esto es lo más importante, porque no sabemos exactamente cuáles son los méritos para ascender a un estadio existencial superior. En última instancia, acceder a la Unión Divina es una misión individual, y cada persona verá si se atiene a los dogmas de su respectiva religión, secta o iglesia, o si decide investigar y reflexionar mucho más en cuanto a este tema capital. Nadie puede estar seguro de que alcanzará la vida eterna. Bajo el supuesto de que existiera la posibilidad de saber el resultado de la apuesta, ¿Existe alguna persona que apostaría su propia vida a que tiene garantizado el acceso a la Unión Divina? Y al existir incertidumbre, existe un riesgo, el riesgo de quedar fuera de un estadio existencial de plenitud.

Entonces: ¿Existe vida después de la muerte? Es muy posible. Bajo la óptica del espiritualismo metafísico no cabe duda.

¿Se obtiene gratuitamente, con solo creer en una religión y practicar algunos de sus preceptos? Difícilmente algo tan valioso puede ser obtenido con un desempeño básico y mediocre.

¿Se requiere de un trabajo espiritual sobresaliente, que supere las mismas expectativas de Dios? Parece ser lo más lógico y razonable, desde el punto de vista de la planificación, del emprendedurismo, de la ética universal, de la pansofía y de la superación personal ascética- espiritual.

¿Cómo son los méritos para ese desempeño sobresaliente? Remitirse a lo dicho anteriormente, sobre la Iglesia del Fundamento de la Incondicionalidad.

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