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LOS VINOS MEDICINALES
Los vinos medicinales han sido muy importantes a lo largo de la historia para dar vigor y fuerza al ser humano en sus momentos críticos.
El empleo del vino en la elaboración de remedios, se remonta a las civilizacioners griega y romana. Hipócrates decía que “el vino es cosa maravillosamente apropiada para el hombre en la salud y en la enfermedad, si se administra adecuadamente y con mesura”.
Las boticas tenían la posibilidad de preparar productos basados en vino al que se le incorporaban principios activos. Se empleaban los vinos de tipo licoroso, generoso o añejo tipo Málaga, Jerez, Madeira, Malvasía o Pedro Ximénez.
Estaban indicados para personas debilitadas, enfermas, anémicas o convalecientes, con mala digestión o en tratamiento de la tuberculosis. Se empleaban en otras indicaciones como la diabetes. El vino antidiabético estaba constituido por vino añejo con glicerina, nitrato de uranio, pepsina, bromuro de litio y quina. Se tomaba una copa de jerez, antes o después de cada comida y otra al acostarse.
También el vino de Málaga conteniendo quina loja, quina calisaya, nuez de cola y vitamina B1, se usaba como reconstituyente y antianémico para niños y ancianos, neurasténicos y cardíacos. Los vinos de coca, fabricados mediante la maceración de hojas de coca, junto con los de quina y los antidiabéticos, fueron los tres vinos creados en la Antigua Persia, 7 mil años antes de Cristo.
Un anuncio en la revista PBT de 1907, decía que “El Abuelo” era un gran vino para postres y enfermos y que su uso diario prolongaba la vida. Una copita de “Oporto Dom Luiz” permitía recuperar las fuerzas en enfermos y convalecientes. Los exquisitos vinos “Marsala Florio” y “Malvasía Florio”, eran óptimos e insuperables reconstituyentes que devolvían la fuerza, salud y energía a quienes la habían perdido.
“Kalisay” era un aperitivo quinado que deleitaba los paladares de grandes y chicos, recomendado por los médicos por brindar vigor al organismo. A este anuncio aparecido en “Caras y Caretas” en al año 1929, le acompañamos con otro aparecido en la misma revista pero en 1904 y que decía: “Los que sufren de debilidad, agotamiento de fuerzas, neurastenia, no dejen de ensayar el “Licor Nervino Evandrina”, preparado con fosfogliceratos ácidos de calcio y hierro, cafeína, estricnina y quinina. Excita el apetito, favorece la digestión, vigoriza la sangre y los músculos y cura el agotamiento de fuerzas en cualquier causa. Los “multipotenciales” vinos quinados, integraron el arsenal médico terapéutico en aquel Buenos Aires que se fue.
Fuentes: http://concuchilloytenedor.es/vinos/medicinales/historia
LAS BIBLIOTECAS POPULARES
Las Bibliotecas Populares fueron activos participantes en la etapa del desarrollo de la Ciudad de Buenos Aires.
Su expansión se produjo entre la segunda y cuarta década del siglo XX. Se encontraban en todos los barrios de la Ciudad y con orígenes diversos, formando parte de un club o sociedad de fomento, una consecuencia de la iniciativa vecinal.
Disponer de una biblioteca popular fue un objetivo a alcanzar. Se destacó en este sentido, la actividad desarrollada por el Partido Socialista y en menor medida, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, mucho más limitada.
Los libros se consultaban en la biblioteca o en el domicilio, gracias al sistema de préstamos. Pero las bibliotecas también desarrollaron otras actividades: representaciones teatrales, cursos de capacitación profesional como mecanografía y taquigrafía, actividades artísticas, grupos corales, conferencias y reuniones sociales como bailes, fiestas y pic-nics.
Las bibliotecas populares integraron la fuente alimenticia de la cultura popular barrial. Una de las bibliotecas barriales más importantes fue la “Sociedad Luz”, ubicada en la Boca y fundada por el Dr. Juan B. Justo en 1899. De gran prestigio, posee en la actualidad 92 mil volúmenes.
La dirección de las bibliotecas populares fue ejercida exclusivamente por hombres, siendo las mujeres, señoras y señoritas, su principal público. La biblioteca ofrecía una ventana al mundo, mostrando sus ideas y problemas. También desarrollaron campañas contra los flagelos de la época: alcoholismo, tabaco y tuberculosis.
Una de las preocupaciones fue el cultivo del espíritu y la cultura intelectual. Se organizaban bailes, veladas, kermeses, excursiones campestres, todo un conjunto de actividades recreativas. Los clientes habituales de las bibliotecas eran los jóvenes estudiantes, que consultaban libros de texto y también novelas. Cuando estudiaba Medicina, gracias al sistema de préstamos de libros a domicilio, conseguí durante un año, un libro de Patología en la biblioteca de un club social.
Las Bibliotecas Populares brindaron el acceso al mundo de la cultura, favoreciendo la capacitación y el mejoramiento individual en ese buenos Aires que se fue.
Fuente: Gutiérrez L. y Romero L. A. Sectores populares. Cultura y Política. Ed. Sudamericana, 1995
HECTOR L. TORINO Y SU “CONVENTILLO”
Héctor L. Torino fue un dibujante argentino de historietas, nacido en el barrio de Boedo el 16 de Noviembre de 1914.
Compartió el dibujo con el violín que ejecutó en varias orquestas típicas hasta el año 1943. En 1937, a la edad de 23 años, creó a su máximo personaje, “Don Nicola”, dueño de un conventillo donde se alojaban individuos de distintas nacionalidades.
Don Nicola hablaba en “cocoliche, buscando resolver los múltiples problemas que se producían en el inquilinato. Usaba una inconfundible gorra a cuadritos y un enorme y frondoso bigote, debajo de su narizota rubicunda. La historieta “Conventillo”, apareció en el número 117 de la revista “Aquí está”, de Horacio Estol, el 1º de julio de 1937, donde permaneció durante 15 años.
La historieta estaba ambientada en el universo de los hospedajes colectivos, los llamados “conventillos”, donde se alojaban los pobres inmigrantes llegados de distintas partes del mundo, y que caracterizaron al desarrollo poblacional de Buenos Aires, en las primeras décadas del Siglo XX.
Pero Torino no se limitó al desarrollo de esta historieta. En 1944 lanzó la revista “Bichofeo”, que al costo de 10 centavos, alcanzó a tener un año de duración. Decían que era la revista que se solicitaba silbando. Su creatividad y empuje lo llevó a convertirse en editor y durante 10 años, llegó a poseer 14 publicaciones propias; pero su carencia de sentido empresarial, lo llevó a perder todo.
De esa empresa surgieron otros personajes que dejaron su impronta, tales como “El Mago Funyito”, “El Profesor”, “Barrabás”, “El Capitán Dos Pipas, “El Detective Buscapie y su ayudante Esculapio”. Ejerció la actividad docente creando un curso de historieta por correspondencia. Fueron muchas las publicaciones en las cuales colaboró, dejando su sello inconfundible de gran dibujante.
Héctor L. Torino, fue uno de los principales historietistas y guionistas argentinos, inventor de numerosos personajes de las historietas cómicas de aquel Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2011/01/primeras-imagenes…
http://museodeldibujo.blogspot.com.ar/2010/11/un-dia-como-hoy.html
LA RAYUELA
La rayuela es un juego infantil que se jugaba en la antigüa Grecia y Roma; representaba el juego de la vida: nacimiento, crecimiento, dificultades, muerte y la meta final, el cielo.
En un sector de la vereda, o en el patio de la escuela durante los recreos, se dibujaba con un trozo de tiza o de ladrillo, una serie de cuadrados o rectángulos coronados por un semicírculo, el cielo, que configuraban un diseño de 9 casillas.
Dos o más jugadores, arrojaban una piedrita o tejo en la casilla número uno, sin que toque las rayas exteriores y saltando en un pié, para pasar a la casilla siguiente. Cuando se alcanzaba la casilla número 4, se podían apoyar los dos pies; algo similar ocurría en las casillas 7 y 8.
Luego, se rehacía el camino a la inversa, siempre saltando en un pié. El jugador perdía cuando asentaba ambos pies en casillas donde no estaba permitido, o si pisaba las líneas del diagrama, o cuando al patear la piedrita salía lateralmente, o cuando al lanzarla caía sobre la raya o en una casilla distinta a la prefijada.
Ganaba el primero que finalizaba la ronda en la casilla semicircular, luego de comenzar el juego en cada casilla, en orden sucesivo. La piedrita, representaría al alma, que partiendo de la Tierra quiere alcanzar el Cielo.
Los varones no jugaban a la rayuela. Era un juego exclusivamente femenino , al menos en el barrio donde vivía. Veíamos con curiosidad como rápidamente se armaba el equipo de 2 o más pibas que iban a jugar. Dibujaban la rayuela, conseguían una piedrita o, en su reemplazo, un trozo de cáscara de naranja o mandarina y saltaban en una pierna durante horas.
La rayuela, uno de los juegos infantiles más conocidos en todo el mundo, alcanzó una enorme popularidad en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://www.acanomas.com/Historia-Juegos-Tradicionales-de-Argentina/1349/Retablo-de-….
http://es.wikipedia.org/wiki/Rayuela
http://www.educar.org/inventos/juegostradicionales/rayuela.asp
EL CIGARRILLO EN EL TANGO
Fumar cigarrillos de tabaco es una adicción que no podía estar ausente en las letras de tango.
Los relatos referidos a los encuentros de una pareja en una confitería, en un cabaret, o los juegos de naipes en los boliches, están siempre acompañados por los cigarrillos. A pesar de la frecuencia de las situaciones que se comparten con el cigarrillo, no son muchos los tangos que se han encargado de destacarlo.
El tango “Fumando espero”, de Félix Garza y Juan Masanas, nos cuenta la voluptuosidad de fumar en compañía del ser amado cuando dice: “Fumar es un placer / genial, sensual… / Fumando espero / al hombre que yo quiero / tras los cristales / de alegres ventanales. / Y mientras fumo, / mi vida no consumo, / porque flotando el humo / me suelo adormecer…”.
Las volutas del humo se asocian a las evocaciones melancólicas de la pareja que ya no está, recordando épocas más felices, más logradas. Es buena la descripción que hacen Manuel Romero y Manuel Jovés en el clásico “Nubes de humo”: “Fume, compadre,/ fume y charlemos;/y mientras fuma recordemos,/ que como el humo del cigarrillo / ya se nos va la juventud. / Fume, compadre, / fume y recuerde; / que yo también recordaré./ Con el alma la quería, / y un negro día / la abandoné”.
Para muchos, fumar era sinónimo de respirar, es decir que el cigarrillo, era un compañero infaltable al que era casi imposible renunciar. Es muy gráfica la descripción que Manuel Romero y Enrique Delfino nos cuentan en “Aquél tapado de armiño”: “¡Cuantas veces tiritando / los dos juntos, a la vidriera, / me decías suspirando: / -Ay, mi amor, si vos pudieras…!/ Y yo , con mil sacrificios, / te lo pude al fin comprar: / mangué amigos, ví usureros / y estuve un mes sin fumar…”.
La descripción que hace el malevo, al comparar su vida con un pucho de cigarrillo, es otra de las repetidas manifestaciones de las sintéticas descripciones de la vida del suburbio. José González Castillo y Sebastián Piana nos dejaron “Sobre el pucho”, tango que fuera prohibido por la censura, al considerar que su título era lunfardo y deformaba el idioma, cuando en realidad era de origen quichua: “Un callejón de Pompeya / y un farolito plateando el fango / y allí un malevo que fuma, / y un organito moliendo un tango;/ y al son de aquella milonga, / más que su vida mistonga,/ meditando, aquel malevo / recordó la canción de su dolor./….Tango querido / que ya pa’siempre pasó; / como pucho consumió / las delicias de mi vida / que hoy cenizas sólo son”.
La voz de la conciencia, recordando las amarguras producidas al ser amado, escuchando reproches y llantos, son evocados a través de las figuras que dibuja el humo del cigarrillo, como muy bien lo describen José María Contursi y Armando Pontier en “Tabaco”: “Más, / muchísimo más, / me aturdo al saberte / tan cerca y tan distante…/ y mientras fumo / forma el humo tu figura / y en el aroma / del tabaco, tu fragancia / me conversa de distancias, / de tu olvido y mi locura…”.
El cigarrillo y el tango, han constituido una dupla inseparable, característica de aquel Buenos Aires que se fue.
EL AMARGO OBRERO
El Amargo Obrero fue una bebida elaborada por Pedro Calatroni y Antonio Tacconi en la ciudad de Rosario, Santa Fé, con una mezcla de hierbas aromáticas serranas, a fines del Siglo XIX.
Fue una reacción a las bebidas dulces que bebían las clases burguesas. Fue una creación del sindicalismo anarquista, caracterizado por los colores rojo y negro de la etiqueta. Adoptado posteriormente por el peronismo, se constituyó en un símbolo de ese partido político, que lo identificó como el aperitivo elaborado por la clase trabajadora argentina.
La etiqueta de la botella muestra un puño, una maza, un yunque y una hoz, haciendo alusión al movimiento obrero. Beberlo era de rutina entre los peones y obreros. La bebida fue traída al país por inmigranters italianos. Se caracteriza por poseer un olor parecido al fernet, pero más dulce. Se obtenía de una mezcla de hierbas como la carqueja, la manzanilla y la muña muña, con una graduación alcohólica del 19 %.
Considerado el aperitivo del pueblo argentino, ha sido señalado históricamente como la bebida peronista posicionada entre los hombres. Su aspecto, al ser servido, era el de un vaso con contenido espumoso mezclado con soda, que ocupaba los estaños de los bares, bodegones y clubes de barrio, especialmente a la salida del trabajo.
Décadas atrás, las etiquetas tenían un sol de fondo, representando el nacimiento de una nueva nación. El cambio a una etiqueta neutra, sin ninguna simbolización, fue ordenado durante la presidencia de Leonardo Galtieri. El Amargo Obrero fue un aperitivo emparentado con el anarcosindicalismo y marca absoluta de nuestra argentinidad, bebida de las clases populares, en aquel Buenos Aires que se fue.
Fuente:http://www.elclubdelvermut.com.ar/portfolio/amargo-obrero/
http://lt10digital.com.ar/noticia/noticia_imprimible.php?id=158859&orig=
LA “TIERRA DEL FUEGO”
La “Tierra del Fuego” fue un barrio no oficial de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en el barrio de la Recoleta.
Cada barrio era una ciudad en pequeño, un mundo minúsculo y diferenciado. Eso constituía un orgullo localista, un galardón pedante e ingenuo. En la Recoleta se encontraba el barrio de “La Tierra del Fuego”, a la sombra de una trilogía integrada por el Hospital Rivadavia, el cementerio de la Recoleta y la Penitenciaría Nacional, donde campeaban celebrados matones que sostenían duelos a cuchillo, jactándose de pertenecer a ese barrio.
Las manzanas delimitadas por las avenidas Pueyrredón, Las Heras, Coronel Díaz y Libertador, con parques y plazas incluídos, conforman hoy un área residencial, de tipo aristocrático. Pero en la primera década del Siglo XX, allí se delineó una zona muy especial, que alojaba todo tipo de grupos malandras.
Se conocía como el “Barrio de la Tierra del Fuego”, porque lo frecuentaban los que habían pasado alguna temporada en el Penal de Ushuaia, o que su futuro sería ése penal. Población heterogénea integrada por matarifes y carreros, que alternaban con vagabundos, pendencieros y delincuentes agresivos y asesinos, que no titubeaban en lesionar o matar al candidato elegido, sea de un ladrillazo en la cabeza o de una puñalada, para robarle lo que llevara encima.
Los habitantes de la “Tierra del Fuego”, vivían en carpas o habitaciones precarias, elevadas, para evitar el agua durante las crecidas del Río de la Plata. Las discusiones por cualquier motivo, finalizaban a los palos o a puñaladas. La “Tierra del Fuego”, llamada así por la Penitenciaría Nacional, que se la asociaba con el Penal de Ushuaia y los marginales que allí habían estado, tenía un aspecto siniestro, un sitio donde raramente ingresaba la policía.
Se decía que cuando alguno de los guapos caminaba por sus veredas, balanceándose, decía al encontrarse con alguien: “Hágase a un lao, se lo ruego/ que soy de la Tierra ‘el Juego”. Curiosidades de esos barrios de aquel Buenos Aires que se fue.
Fuente:Rezzónico Carlos A.:La Tierra del fuego.
http://argentinaparamirar.com.ar/vernota.php?n=77
EL FUENTÓN
También conocido como tacho, el fuentón era un recipiente cilíndrico de zinc con dos asas. 
Generalmente se disponía de dos fuentones: uno chico, que se empleaba para lavar los platos y utensilios de cocina, después de comer. Otro grande, que se usaba para lavar la ropa, con la ayuda de la tabla de lavar. No se conocía el detergente y los jabones de lavar marca “Federal”, “Llauró” o “Radical”, producían una espuma muy escasa, y se requería el auxilio del agua caliente, calentada en la hornalla, a fin de lograr un lavado aceptable.
Cumplía también la función de bañadera para los pequeños, que se beneficiaban de bañarse en el dormitorio o en la cocina, con el agua recién calentada. El cuarto de baño quedaba lejos, no tenía agua caliente y se corría el riesgo de un enfriamiento. Estábamos en la era preantibiótica y se pasaba del enfriamiento a una enfermedad respiratoria que podía desembocar en una neumonía o en la tuberculosis, riesgos que se procuraban evitar.
Todas las familias tenían un fuentón, chico o grande. Las menos, tenían los dos. Fue un elemento muy popular, de uso constante. Eran pesados, ya que el zinc empleado era grueso. Pero cuando se producía alguna pérdida de agua por fisura o perforación, se recurría a los servicios del tachero, personaje que deambulaba por las calles de Buenos Aires, arreglando en la puerta de cada domicilio, todo tipo de recipientes metálicos como ollas, pavas, palanganas y por supuesto, tachos de zinc.
La carencia de comodidades habitacionales se solucionaban con el auxilio de estos sencillos elementos, hoy prácticamente desaparecidos. El fuentón, grande o chico, fue un utilitario doméstico imprescindible en aquel Buenos Aires que se fue.
COLMAO EL TRONÍO
El “Tronío” era un colmao flamenco de lujo, famoso en las décadas del 40 y el 50, ubicado en la calle Corrientes 561 y denominado “La Catedral del Varieté”.
Disponía de tres salas en tres niveles distintos: en el primero, tipo boite, se escuchaba música de violín y piano. El segundo nivel estaba dedicado al flamenco y el tercero, era la Sala grande. Los números de varieté eran, en su mayoría, españoles.
Se podía disfrutar del arte de “El Niño de Utrera” o “Angelillo”, acompañados por la guitarra de Pepe Alonso o Esteban de Sanlucar. Las familias iban a tomar el té y disfrutar de un espectáculo de calidad. Las señoras concurrían con sombrero y los hombres de traje y sombrero, como se acostumbraba en esa época.
Escuchar y ver a Miguel de Molina con las famosas blusas que él mismo diseñaba y elaboraba, así como el encanto y la simpatía de una juvenil Lolita Torres. A Pedrito Rico con sus canciones y pasos de baile. La comicidad de Fidel Pintos, Gogo Andreu y Tito Climent, así como los boleros cantados por la cálida voz de Gregorio Barrios.
La dirección musical estaba a cargo del maestro Francisco Madorrán, compositor de muchos temas musicales y autor de la marcha característica del colmao. En “El Tronío” se podía disfrutar canciones, bailes, varieté y brochazos típicos. Eran épocas en las que actuaba “La Mexicanita y sus chinacos”. Una época irrepetible a la que diversos acontecimientos provocaron en la Argentina, un verdadero furor por todo lo español destacándose las peleas entre republicanos y franquistas a consecuencia de la Guerra Civil española.
Al “Tronío” asistía la gente más selecta de Buenos Aires; iban a tomar una copa o a cenar. Se hacían tres funciones diarias: matineé, vermouth y noche, para asistir a un espectáculo de alta calidad, con figuras nacionales e internacionales, en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://www.todotango.com
JULIO MARTEL
Julio Pedro Harispe, Julio Martel, nació cerca de Junín, el 6 de Agosto de 1923.
A los 5 años se mudó a Caseros, ayudando en el mercado de su padre. En 1936 se fue a vivir a Munro, donde comenzó a cantar en 1939, con acompañamiento de guitarras. En 1941 firmó su primer contrato como vocalista de orquesta típica, en la orquesta de Juan Giordano, con quien trabajó en el Hotel Hurlingham, de Mar del Plata, durante la temporada de verano. En invierno lo hacía en el City Hotel de Buenos Aires.
En 1943 se enteró que Alfredo De Angelis buscaba un cantor. Rindió la prueba en Radio El Mundo, siendo elegido. Debutó en el café “Marzzotto”, junto a Floreal Ruiz. El primer tango que grabó fue “Que buena es”, el 23 de Setiembre de 1943.
En Mayo de 1944 debutó en el dancing “Tibidabo” e inauguró el “Tango Bar”. Estrenó el tango “Pregonera” en el club “Argentinos Juniors”, en el año 1945. Al año siguiente comenzó con el famoso progrma “Glostora Tango Club”, en “Radio el Mundo”, lunes a viernes de 20.00 a 20.15 horas.
Muchos de los tangos que cantó con De Angelis, no llegaron al disco. Dejó grabados 63 temas como solista y 17 a dúo con Carlos Dante. Su última actuación con el maestro De Angelis fue durante los carnavales de 1951, realizados en el club Gimnasia y Esgrima de La Plata.
Filmó la película “El cantor del pueblo”en 1948. Junto a la actriz Graciela Lecube protagonizó ese mismo año “El ídolo del tango”. Debutó como solista en Chile, pasando luego a Montevideo. Regresó a Buenos Aires, participando en la orquesta de Oscar Castagnaro. Trabajó junto a Roberto Chanel en la confitería “La Armonía” y en “Radio Belgrano”.
Posteriormente lo hizo por”Radio Argentina” y realizó una gira por América, que se detuvo en Colombia donde obtuvo un gran éxito, decidiendo permanecer un tiempo prolongado. Allí grabó 20 temas en el sello “Sonolux”, de Medellín. Su última ctuación se realizó en Luján, el 20 de Diciembre de 1959.
Este prócer de Munro, falleció el 19 de Febrero de 2009. Julio Martel fue embajador del tango en sus diversas giras por Latinoamérica, legítimo representate de la múisica ciudadana en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: “Tango y Cultura Porteña”, FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº
