El Buenos Aires que se fue

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ANATOLE BORISCOVICH SADERMAN

Anatole Boriscovich Saderman fue un fotógrafo nacido en Moscú, Rusia, el 6 de mayo de 1904.

En 1918 viajó con su familia a Minsk y luego a Lodz, Polonia, donde estudió inglés y dibujo. En 1921 se estableció en Berlín, Alemania, donde retomó los estudios de bachillerato y el idioma búlgaro. Para ayudar a su familia dictó clases de ruso para alemanes y de alemán para rusos.

Comenzó a pintar carteles y la reproducción de rostros de las figuras cinematográficas de la época para un cine de barrio. La llegada de Hitler, motivó a la familia a emigrar en 1926 hacia América del Sur, viajando a bordo del “Cap Polonio”. Anatole descendió en Montevideo con 3 dólares, libros y una máquina fotográfica. Desconocía totalmente el castellano. Su familia siguió hasta Asunción, Paraguay, donde residía su hermano mayor.

Trabajó de fotógrafo callejero y estudió fotografía con el maestro ruso Nicolás Yarvoff. Obtuvo fotografías del puerto y conventillos montevideanos, empleando una vieja máquina que le había regalado su padre. En 1927 viajó a Asunción, donde instaló su primer estudio fotográfico llamado “Electra”. En 1929 viajó a Formosa y en 1932 se estableció en Buenos Aires, comenzando a trabajar en el Estudio Van Dick, ubicado en Rivadavia y Medrano.

Recorrió todos los escalones de la fotografía, desde retocar un negativo, hacer copias, trabajos en el laboratorio hasta la práctica intensiva de la fotografía. En 1934, abrió su estudio en la calle Callao 1066. Su especialidad fue el retrato y su clientela, principalmente los artistas plásticos. La calidad y cantidad de artistas que desfilaron por su estudio fue muy importante. Saderman fotografió a los más destacados representantes de las artes plásticas argentinas.

La serie comenzó con el escultor Luis Falcini. Le siguieron Raúl Soldi, Lino Eneas Spilimbergo, Antonio Berni, Benito Quinquela Martin, quienes fueron unos pocos de las muchas figuras que pagaron con su talento, el trabajo de Anatole Saderman. El pago se realizaba intercambiando un cuadro por el retrato fotográfico.

Pasado un tiempo, el fotógrafo estableció como condición para el trueque, la de recibir solamente autorretratos, hecho que lo llegó a acumular más de 100 trabajos. Con ambas modalidades, Saderman acumuló una cantidad de cuadros que provocó la envidia de más de un museo, por constituir una muestra real del desenvolvimiento del arte plástico en la Argentina.

Entre 1962 y 1966 vivió en Roma, realizando exposiciones en la Galería Nova Pesa. Su estilo se basó en el estudio del rostro, la iluminación de sus expresiones y el brillo de los ojos, capturando una imagen exclusiva e inimitable.

En 1974 se mudó a Santiago del Estero con su esposa Nina y publicó “Retratos y Autorretratos”. Fue socio fundador de la Asociación de Fotógrafos Profesionales, del Foto Club Argentino y del Foto Club Buenos Aires. Buena parte de su obra se conserva en el Fondo Nacional de las Artes. En 1982 recibió el premio Konex. En 1984 fue nombrado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aitres”. Anatole Saderman, el mayor retratista de la fotografía argentina, vivió en ese Buenos Aires que se fue, donde falleció el 31 de octubre de 1993.

Fuente: Chatrone Celina: Anatole Saderman, un extraño en el espejo. La Nación, ADN Cultura, 08-02-2013.

http://es.wikipedia.org/wiki/Anatole_ Saderman

Villar, Eduardo. Anatole Saderman, el fotógrafo que se muestra en cada retrato. Clarín 07-01-2013.

http://libreriaelextranjero.com/anatole-saderman-retratos-fotograficos…

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EL SALÓN DE LUSTRAR

El Salón de lustrar era un sitio frecuentado por hombres que concurrían a fin de embellecer sus zapatos.

Ubicados en distintos sitios de la ciudad, estos locales con la dimensión de una habitación de 4 x 4 metros, disponían de una plataforma elevada 70 centímetros del suelo, sobre la que se ubicaban no menos de 6 sillas o, en su defecto, un largo sillón de madera donde se sentaban los interesados.

Apoyaban los zapatos en una plantilla de bronce, montada sobre un vástago de 30 centímetros de altura. El lustrado de los zapatos era realizado por varios empleados, generalmente en número de tres, quienes dialogaban en todo momento entre sí, con los ocasionales clientes y con los que esperaban sentados en otras sillas del salón.

Algunos salones funcionaban como anexo de peluquerías o integradas a ellas en el mismo ambiente. Hemos recibido los servicios de peluquería y lustrado de zapatos en un Salón ubicado en el pasaje subterráneo de la Avenida Corrientes y Obelisco. Durante mi niñez, conocí un salón ubicado en la calle Rivadavia, entre Billinghurst y Sadi Carnot (hoy Mario Bravo).

El lustrado de zapatos en el Salón, era en realidad una reunión social en la que, al igual que en las peluquerías, se repasaba la actualidad nacional, mechada con comentarios humorísticos. Una victrola a cuerda con su enorme bocina, brindaba un entorno musical integrado mayoritariamente por tangos, valses, canciones italianas y españolas.

En el Salón de lustrar se ejecutaba un oficio que hoy, está en vías de extinción, pero bien valorado por los amantes del cuidado apropiado del calzado para mejorar su aspecto conservando al cuero en buen estado. El arte del lustrado de los zapatos fue moneda corriente en ese Buenos Aires que se fue.

Foto: AGN

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RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

Ramón Gómez de la Serna fue un periodista y escritor español nacido en Madrid, el 3 de julio de 1888.

Inventó el género literario llamado “Greguería”. Escribió ensayos, biografías, novelas y teatro. Difusor de la vanguardia europea, publicó un centenar de libros. Su tío Andrés García de la Barza y Gómez de la Serna, apenas un año mayor, fue quien lo llevó a escribir.

A los 16 años publicó “Entrando en fuego”. En 1908 se graduó de abogado, profesión que nunca ejerció. Publicó “Morbideces”, su segundo libro. Empezó su carrera literaria en el periodismo. Inauguró la revista “Prometeo”, basada en la literatura francesa e inglesa. En 1909 publicó “Beatriz”, “Ateneo” y “El libro mudo”.

Se enamoró de la escritora y periodista Carmen de Burgos. A fin de alejarlo de su compañía, su padre le consiguió un puesto en la Oficina Española en París, alojándose cerca del Café de la Source. Carmen lo siguió a París donde vivieron juntos, viajando a diversos sitios europeos. Al final de esta experiencia parisina comenzó a escribir sus famosas “greguerías”, siendo su madrina Carmen de Burgos.

Al finalizar su empleo en París, ambos regresaron a Madrid. En 1914, regresó a París y escribió “El doctor inverosímil”, su primera novela. Al iniciarse la !a. Guerra Mundial regresó a Madrid donde trabajó como Oficial Técnico de la Fiscalía del Tribunal Supremo.

Creó una reunión literaria en el Café de Pombo, como una tertulia de los días sábados, donde participaron al comienzo, sus amigos más cercanos. Se denominó “La Sagrada Cripta del Pombo”, que estuvo vigente hasta el año 1936. Un resumen de dichas reuniones tituladas “El Pombo”, se publicaron en 1918.

Foto: Reunión literaria en Café Pombo.

Colaboró en los diarios “El Liberal” y “El Sol”. Fue colaborador en la “Revista de Occidente”. Comenzó a escribir las biografías de Colette, Apollinaire y Remy de Gourmont. Viajó por España brindando conferencias pobladas de sus greguerías.

En 1927 comenzó su colaboración con el diario “La Nación”, en Buenos Aires. Viajó a París con mucha frecuencia; montó una tertulia en el Café de la Consigne. En 1930 viajó a Buenos Aires, invitado a dar conferencias, gracias a sus colaboraciones en el diario “La Nación”. Conoció a la escritora argentina Luisa Sofovich, Luisita, que tenía un hijo de un matrimonio anterior, con quien inició una relación por el resto de su vida.

Regresó a Madrid junto con Luisita, el 23 de julio de 1932. El estallido de la Guerra Civil Española precipitó los acontecimientos. Salieron de Alicante hacia Marsella. En tren hacia Burdeos y de ahí en barco, en tercera clase hacia Montevideo con escala en Lisboa. El comienzo de su exilio en Buenos Aires no fue agradable. Recibió ayuda de Oliverio Girondo.

En 1938 se ubicó en la calle Hipólito Irigoyen 1974. Integrado a la Sociedad de Buenos Aires, se dedicó con furor a la greguería, cada vez más identificado con el sentir porteño. En 1944 comenzó a escribir artículos para el Diario español “Arriba”. En 1949 escribió “Las tres gracias”, donde Madrid era el protagonista. Viajó a Montevideo y Chile donde dictó conferencias.

Recibió una invitación oficial del Ateneo de Madrid para viajar a España, con una estadía de dos meses. Llegó el 22 de abbril de 1949. Celebró tres reuniones de su famosa tertulia y participó en múltiples actos sociales y en conferencias. El 31 de mayo abandonó Madrid y decidió su regreso a Buenos Aires, junto a Luisita.

Desde 1953 a 1960, publicó 12 libros, miles de artículos periodísticos y nuevos grupos de greguerías, especialmente solicitadas desde España, por el diario ABC. Trabajó como guionista para la televisión argentina.

Enfermo de diabetes desde hacía tiempo, padeció complicaciones que alteraron su precaria salud, rechazando múltiples invitaciones provenientes de Madrid. Argentina le ofreció una pensión vitalica. En 1962 se le diagnosticó un cáncer gastroduodenal. Falleció en Buenos Aires el 12 de enero de 1963. Sus restos llegaron a Madrid el 23 de enero.

Su creación literaria más reconocida fue la “Greguería”, inicada en 1910. Son sentencias ingeniosas y breves, con una formulación linguística muy elaborada pero sintética, ingeniosa y humorística, como por ej.:”Lo más importante de la vida es no haber muerto”. Sobre este tema escribió “Greguerías” en 1917; “Flor de Greguerías” en 1933 y “Total de Greguerías” en 1955. En 1948 publicó su autobiografía “Automoribundia (1888-1948)”, la historia de como ha ido muriendo un hombre.

Sus obras “Explicación de Buenos Aires” (1948) e “Interpretación del tango” (1949), recogieron las observaciones sobre la ciudad. Colaboró en la mayoría de los diarios argentinos como “La Nación”, “El Mundo”, “La Razón”, “La Prensa”, “Clarín”; en el periódico “Amanecer” de la colectividad judía; en revistas como “Sur”, “Proa”, “Martín Fierro”, “Caras y Caretas”, “Mundo Argentino”, “PBT”, “Atlántida” y “El Hogar”.

“En la vida hay que ser un poco tonto porque sinó lo son sólo los demás y no te dejan nada” decía en una de sus greguerías Ramón Gómez de  la Serna, uno de los más significativos escritores de la lengua española del siglo XX, que vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_G%C3%B3mez_de_la_serna

Boletín RAMÓN. Junio 2010. Buenos Aires.

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BARRY MORAL

Barry Moral (Raúl Alberto Morales Luque), fue un ejecutante de saxo y clarinete nacido en Córdoba en el año 1916.

Sus primeras actuaciones se desarrollaron con las orquestas de René Cóspito, Los Santa Paula Serenaders y Héctor Lagna Fietta respectivamente. Fue vocalista en la Orquesta de Osvaldo Norton, en la década del 40. Posteriormente integró el conjunto “La jazz Mickey”.

Este hecho motivó que el jazzman norteamericano Harold Mickey, afincado en Buenos Aires desde el año 1933, fuera a verlo a fin de averiguar si lo estaban imitando. Como resultado de esa visita, Harold Mickey convocó a Alberto Morales a integrar su orquesta como cantor y ejecutante, pero con el seudónimo de Barry Moral.

Fueron 6 años de gran éxito en bailes, radios y discos grabados en el sello “Odeón”. Se independizó en 1942, formando su orquesta donde también actuaron sus hermanos Carlos, Mary y Alfredo, dando nacimiento al trío vocal “Los Tres Caballeros”, quienes fueron convocados por Walt Disney durante su visita a la Argentina, con motivo de la filmación de la película de dibujos animados “Dumbo”, para su versión en español.

Con el transcurso del tiempo, la orquesta experimentó variados cambios, desfilando figuras muy conocidas del mundo del jazz, como Marito Cosentino, Enrique Villegas, Chico Novarro, Tulio Gallo, Leandro y Rubén Barbieri, José Granara y muchos más.

Barry Moral ejecutaba con frecuencia el clarinete, en el estilo de Artie Shaw, con un repertorio de swing, standard para la época, a lo que agregaba música tropical. Un hecho llamativo fue que, a diferencia de las otras orquestas, las versiones cantadas fueron en español y no en inglés. Así se hicieron clásicas de la orquesta, las versiones de “Lily Marlene”, “Cielos azules” y “Zapatendo suavemente”, entre otras.

Como era habitual en la década del 40, estas orquestas participaban de los bailes del fin de semana en los clubes de barrio, junto a una orquesta típica. Así disfrutamos de su repertorio en los bailes que se realizaban en el “Club Vélez Sarsfield”, donde Barry Moral era una de sus atracciones.

Antes de partir a Nueva York en 1961, fue figura en los bailables “Modart”, en “Radio El Mundo”. También actuó en “Radio Splendid”, locales nocturnos y confiterías. En el término de 10 años, desde 1943 a 1953, grabó 149 temas para el sello “Odeón”. Luego de una permanencia de 4 años en los Estados Unidos, regresó a la Argentina en el año 1965, presentándose con su orquesta en fiestas sociales. Falleció en Buenos Aires, el 24 de noviembre de 1980, dejándonos un recuerdo de aquél Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.jazzar.unlugar.com/directores.htm

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LOS VINOS MEDICINALES

Los vinos medicinales han sido muy importantes a lo largo de la historia para dar vigor y fuerza al ser humano en sus momentos críticos.

El empleo del vino en la elaboración de remedios, se remonta a las civilizacioners griega y romana. Hipócrates decía que “el vino es cosa maravillosamente apropiada para el hombre en la salud y en la enfermedad, si se administra adecuadamente y con mesura”.

Las boticas tenían la posibilidad de preparar productos basados en vino al que se le incorporaban principios activos. Se empleaban los vinos de tipo licoroso, generoso o añejo tipo Málaga, Jerez, Madeira, Malvasía o Pedro Ximénez.

Estaban indicados para personas debilitadas, enfermas, anémicas o convalecientes, con mala digestión o en tratamiento de la tuberculosis. Se empleaban en otras indicaciones como la diabetes. El vino antidiabético estaba constituido por vino añejo  con glicerina, nitrato de uranio, pepsina, bromuro de litio y quina. Se tomaba una copa  de jerez, antes o después de cada comida y otra al acostarse.

También el vino de Málaga conteniendo quina loja, quina calisaya, nuez de cola y vitamina B1, se usaba como reconstituyente y antianémico para niños y ancianos, neurasténicos y cardíacos. Los vinos de coca, fabricados mediante la maceración de hojas de coca, junto con los de quina y los antidiabéticos, fueron los tres vinos creados en la Antigua Persia, 7 mil años antes de Cristo.

Un anuncio en la revista PBT de 1907, decía que “El Abuelo” era un gran vino para postres y enfermos y que su uso diario prolongaba la vida. Una copita de “Oporto Dom Luiz” permitía recuperar las fuerzas en enfermos y convalecientes. Los exquisitos vinos “Marsala Florio” y “Malvasía Florio”, eran óptimos e insuperables reconstituyentes que devolvían la fuerza, salud y energía a quienes la habían perdido.

“Kalisay” era un aperitivo quinado que deleitaba los paladares de grandes y chicos, recomendado por los médicos por brindar vigor al organismo. A este anuncio aparecido en “Caras y Caretas” en al año 1929, le acompañamos con otro aparecido en la misma revista pero en 1904 y que decía: “Los que sufren de debilidad, agotamiento de fuerzas, neurastenia, no dejen de ensayar el “Licor Nervino Evandrina”, preparado con fosfogliceratos ácidos de calcio y hierro, cafeína, estricnina y quinina. Excita el apetito, favorece la digestión, vigoriza la sangre y los músculos y cura el agotamiento de fuerzas en cualquier causa. Los “multipotenciales” vinos quinados, integraron el arsenal médico terapéutico en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuentes: http://concuchilloytenedor.es/vinos/medicinales/historia

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LAS BIBLIOTECAS POPULARES

Las Bibliotecas Populares fueron activos participantes en la etapa del desarrollo de la Ciudad de Buenos Aires.

Su expansión se produjo entre la segunda y cuarta década del siglo XX. Se encontraban en todos los barrios de la Ciudad y con orígenes diversos, formando parte de un club o sociedad de fomento, una consecuencia de la iniciativa vecinal.

Disponer de una biblioteca popular fue un objetivo a alcanzar. Se destacó en este sentido, la actividad desarrollada por el Partido Socialista y en menor medida, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, mucho más limitada.

Los libros se consultaban en la biblioteca o en el domicilio, gracias al sistema de préstamos. Pero las bibliotecas también desarrollaron otras actividades: representaciones teatrales, cursos de capacitación profesional como mecanografía y taquigrafía, actividades artísticas, grupos corales, conferencias y reuniones sociales como bailes, fiestas y pic-nics.

Las bibliotecas populares integraron la fuente alimenticia de la cultura popular barrial. Una de las bibliotecas barriales más importantes fue la “Sociedad Luz”, ubicada en la Boca y fundada por el Dr. Juan B. Justo en 1899. De gran prestigio, posee en la actualidad 92 mil volúmenes.

La dirección de las bibliotecas populares fue ejercida exclusivamente por hombres, siendo las mujeres, señoras y señoritas, su principal público. La biblioteca ofrecía una ventana al mundo, mostrando sus ideas y problemas. También desarrollaron campañas contra los flagelos de la época: alcoholismo, tabaco y tuberculosis.

Una de las preocupaciones fue el cultivo del espíritu y la cultura intelectual. Se organizaban bailes, veladas, kermeses, excursiones campestres, todo un conjunto de actividades recreativas. Los clientes habituales de las bibliotecas eran los jóvenes estudiantes, que consultaban libros de texto y también novelas. Cuando estudiaba Medicina, gracias al sistema de préstamos de libros a domicilio, conseguí durante un año, un libro de Patología en la biblioteca de un club social.

Las Bibliotecas Populares brindaron el acceso al mundo de la cultura, favoreciendo la capacitación y el mejoramiento individual en ese buenos Aires que se fue.

Fuente: Gutiérrez L. y Romero L. A. Sectores populares. Cultura y Política. Ed. Sudamericana, 1995

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HECTOR L. TORINO Y SU “CONVENTILLO”

Héctor L. Torino fue un dibujante argentino de historietas, nacido en el barrio de Boedo el 16 de Noviembre de 1914.

Compartió el dibujo con el violín que ejecutó en varias orquestas típicas hasta el año 1943. En 1937, a la edad de 23 años, creó a su máximo personaje, “Don Nicola”, dueño de un conventillo donde se alojaban individuos de distintas nacionalidades.

Don Nicola hablaba en “cocoliche, buscando resolver los múltiples problemas que se producían en el inquilinato. Usaba una inconfundible gorra a cuadritos y un enorme y frondoso bigote, debajo de su narizota rubicunda. La historieta “Conventillo”, apareció en el número 117 de la revista “Aquí está”, de Horacio Estol, el 1º de julio de 1937, donde permaneció  durante 15 años.

La historieta estaba ambientada en el universo de los hospedajes colectivos, los llamados “conventillos”, donde se alojaban los pobres inmigrantes llegados de distintas partes del mundo, y que caracterizaron al desarrollo poblacional de Buenos Aires, en las primeras décadas del Siglo XX.

Pero Torino no se limitó al desarrollo de esta historieta. En 1944 lanzó la revista “Bichofeo”, que al costo de 10 centavos, alcanzó a tener un año de duración. Decían que era la revista que se solicitaba silbando. Su creatividad y empuje lo llevó a convertirse en editor y durante 10 años, llegó a poseer 14 publicaciones propias; pero su carencia de sentido empresarial, lo llevó a perder todo.

De esa empresa surgieron otros personajes que dejaron su impronta, tales como “El Mago Funyito”, “El Profesor”, “Barrabás”, “El Capitán Dos Pipas, “El Detective Buscapie y su ayudante Esculapio”. Ejerció la actividad docente creando un curso de historieta por correspondencia. Fueron muchas las publicaciones en las cuales colaboró, dejando su sello inconfundible de gran dibujante.

Héctor L. Torino, fue uno de los principales historietistas y guionistas argentinos, inventor de numerosos personajes de las historietas cómicas de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://sonrisasargentinas.blogspot.com.ar/2011/01/primeras-imagenes…

http://museodeldibujo.blogspot.com.ar/2010/11/un-dia-como-hoy.html

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LA RAYUELA

La rayuela es un juego infantil que se jugaba en la antigüa Grecia y Roma; representaba el juego de la vida: nacimiento, crecimiento, dificultades, muerte y la meta final, el cielo.

En un sector de la vereda, o en el patio de la escuela durante los recreos, se dibujaba con un trozo de tiza o de ladrillo, una serie de cuadrados o rectángulos coronados por un semicírculo, el cielo, que configuraban un diseño de 9 casillas.

Dos o más jugadores, arrojaban una piedrita o tejo en la casilla número uno, sin que toque las rayas exteriores y saltando en un pié, para pasar a la casilla siguiente. Cuando se alcanzaba la casilla número 4, se podían apoyar los dos pies; algo similar ocurría en las casillas 7 y 8.

Luego, se rehacía el camino a la inversa, siempre saltando en un pié. El jugador perdía cuando asentaba ambos pies en casillas donde no estaba permitido, o si pisaba las líneas del diagrama, o cuando al patear la piedrita salía lateralmente, o cuando al lanzarla caía sobre la raya o en una casilla distinta a la prefijada.

Ganaba el primero que finalizaba la ronda en la casilla semicircular, luego de comenzar el juego en cada casilla, en orden sucesivo. La piedrita, representaría al alma, que partiendo de la Tierra quiere alcanzar el Cielo.

Los varones no jugaban a la rayuela. Era un juego exclusivamente femenino , al menos en el barrio donde vivía. Veíamos con curiosidad como rápidamente se armaba el equipo de 2 o más pibas que iban a jugar. Dibujaban la rayuela, conseguían una piedrita o, en su reemplazo, un trozo de cáscara de naranja o mandarina y saltaban en una pierna durante horas.

La rayuela, uno de los juegos infantiles más conocidos en todo el mundo, alcanzó una enorme popularidad en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.acanomas.com/Historia-Juegos-Tradicionales-de-Argentina/1349/Retablo-de-….

http://es.wikipedia.org/wiki/Rayuela

http://www.educar.org/inventos/juegostradicionales/rayuela.asp

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EL CIGARRILLO EN EL TANGO

Fumar cigarrillos de tabaco es una adicción que no podía estar ausente en las letras de tango.

Los relatos referidos a los encuentros de una pareja en una confitería, en un cabaret, o los juegos de naipes en los boliches, están siempre acompañados por los cigarrillos. A pesar de la frecuencia de las situaciones que se comparten con el cigarrillo, no son muchos los tangos que se han encargado de destacarlo.

El tango “Fumando espero”, de Félix Garza y Juan Masanas, nos cuenta la voluptuosidad de fumar en compañía del ser amado cuando dice: “Fumar es un placer / genial, sensual… / Fumando espero / al hombre que yo quiero / tras los cristales / de alegres ventanales. / Y mientras fumo, / mi vida no consumo, / porque flotando el humo / me suelo adormecer…”.

Las volutas del humo se asocian a las evocaciones melancólicas de la pareja que ya no está, recordando épocas más felices, más logradas. Es buena la descripción que hacen Manuel Romero y Manuel Jovés en el clásico “Nubes de humo”: “Fume, compadre,/ fume y charlemos;/y mientras fuma recordemos,/ que como el humo del cigarrillo / ya se nos va la juventud. / Fume, compadre, / fume y recuerde; / que yo también recordaré./ Con el alma la quería, / y un negro día / la abandoné”.

Para muchos, fumar era sinónimo de respirar, es decir que el cigarrillo, era un compañero infaltable al que era casi imposible renunciar. Es muy gráfica la descripción que Manuel Romero y Enrique Delfino nos cuentan en “Aquél tapado de armiño”: “¡Cuantas veces tiritando / los dos juntos, a la vidriera, / me decías suspirando: / -Ay, mi amor, si vos pudieras…!/ Y yo , con mil sacrificios, / te lo pude al fin comprar: / mangué amigos, ví usureros / y estuve un mes sin fumar…”.

La descripción que hace el malevo, al comparar su vida con un pucho de cigarrillo, es otra de las repetidas manifestaciones de las sintéticas descripciones de la vida del suburbio. José González Castillo y Sebastián Piana nos dejaron “Sobre el pucho”, tango que fuera prohibido por la censura, al considerar que su título era lunfardo y deformaba el idioma, cuando en realidad era de origen quichua: “Un callejón de Pompeya / y un farolito plateando el fango / y allí un malevo que fuma, / y un organito moliendo un tango;/ y al son de aquella milonga, / más que su vida mistonga,/ meditando, aquel malevo / recordó la canción de su dolor./….Tango querido / que ya pa’siempre pasó; / como pucho consumió / las delicias de mi vida / que hoy cenizas sólo son”.

La voz de la conciencia, recordando las amarguras producidas al ser amado, escuchando reproches y llantos, son evocados a través de las figuras que dibuja el humo del cigarrillo, como muy bien lo describen José María Contursi y Armando Pontier en “Tabaco”: “Más, / muchísimo más, / me aturdo al saberte / tan cerca y tan distante…/ y mientras fumo / forma el humo tu figura / y en el aroma / del tabaco, tu fragancia / me conversa de distancias, / de tu olvido y mi locura…”.

El cigarrillo y el tango, han constituido una dupla inseparable, característica de aquel Buenos Aires que se fue.

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EL AMARGO OBRERO

El Amargo Obrero fue una bebida elaborada por Pedro Calatroni y Antonio Tacconi en la ciudad de Rosario, Santa Fé, con una mezcla de hierbas aromáticas serranas, a fines del Siglo XIX.

Fue una reacción a las bebidas dulces que bebían las clases burguesas. Fue una creación del sindicalismo anarquista, caracterizado por los colores rojo y negro de la etiqueta. Adoptado posteriormente por el peronismo, se constituyó en un símbolo de ese partido político, que lo identificó como el aperitivo elaborado por la clase trabajadora argentina.

La etiqueta de la botella muestra un puño, una maza, un yunque y una hoz, haciendo alusión al movimiento obrero. Beberlo era de rutina entre los peones y obreros. La bebida fue traída al país por inmigranters italianos. Se caracteriza por poseer un olor parecido al fernet, pero más dulce. Se obtenía de una mezcla de hierbas como la carqueja, la manzanilla y la muña muña, con una graduación alcohólica del 19 %.

Considerado el aperitivo del pueblo argentino, ha sido señalado históricamente como la bebida peronista posicionada entre los hombres. Su aspecto, al ser servido, era el de un vaso con contenido espumoso mezclado con soda, que ocupaba los estaños de los bares, bodegones y clubes de barrio, especialmente a la salida del trabajo.

Décadas atrás, las etiquetas tenían un sol de fondo, representando el nacimiento de una nueva nación. El cambio a una etiqueta neutra, sin ninguna simbolización, fue ordenado durante la presidencia de Leonardo Galtieri. El Amargo Obrero fue un aperitivo emparentado con el anarcosindicalismo y marca absoluta de nuestra argentinidad, bebida de las clases populares, en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://www.elclubdelvermut.com.ar/portfolio/amargo-obrero/

http://lt10digital.com.ar/noticia/noticia_imprimible.php?id=158859&orig=

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