El Buenos Aires que se fue

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Realidades argentinas

LOS AVIONES PULQUI

l Pulqui I  I.Ae. 27, fue un avión a reacción subsónico, diseñado y fabricado por la industria aeronáutica argentina, bajo la dirección del ingeniero francés Emile Dewoitine.

Pulqui I

Se construyó un prototipo que voló el 9 de agosto de 1947, piloteado por el Capitán Osvaldo Weiss. El prototipo no cumplía con las condiciones exigidas por el nuevo sistema de propulsión, los diseños aerodinámicos y un bajo rendimiento, culminando con el abandono del programa y el retorno a Europa del ingeniero Dawoitine.

El gobierno argentino contrató en 1947, al experimentado ingeniero y piloto de pruebas alemán Kurt Tank, responsable de la construcción del avión Focke Wulf. Llegó a la fábrica de aviones militares de Córdoba, junto con su grupo de colaboradores, quienes se unieron a los realizadores argentinos para desarrollar el proyecto del futuro Pulqui II, el I. Ae. 33, que bajo diseño de Kurt Tank y equipo volaría a 967 km/hora, con una altitud de 7000 metros.Estas realizaciones, ubicaron a la Argentina en el 5º lugar en el mundo en la construcción de aviones de combate.

Entre 1950 y 1955 se construyeron 5 prototipos. El primero sin motor, para pruebas aerodinámicas: El segundo y el tercero se estrellaron muriendo sus pilotos. El cuarto resultó destruido durante el aterrizaje. Del quinto se construyeron diez aparatos. Se presentó públicamente el 8 de julio de 1951, en el Aeroparque “Jorge Newbery”, piloteado por el Capitan Weiss.

Pulqui II

Los cambios políticos motivaron la cancelación del proyecto y el alejamiento de los técnicos extranjeros hacia otros países. El único Pulqui I y el último Pulqui II, se mantuvieron en servicio hasta principios de la década de 1960, cuando fueron donados al Museo Nacional de Aeronáutica, estacionados a la intemperie durante casi 40 años, en un predio del Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires, junto a otras naves que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Posteriormente fueron restaurados y reubicados en la nueva sede del Museo, ubicada en Morón, Provincia de Buenos Aires. Los aviones Pulqui I y II, fueron la culminación de una aspiración argentina de desarrollar y construir aviones de combate con tecnología avanzada en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente; http://www.aeromilitaria.com.ar/psv/censo/pulqui/index.htm

http;//www.ipmsstockholm.org/magazine/2002/06/stuff_eng_profile_pulqui.htm

http://www.lucheyvuelve.com.ar/pulqui/pulqui1.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/I.Ae_33_Pulqui II

Realidades argentinas

JOHN ALTON

John Alton fue un fotógrafo cinematográfico nacido en Hungría el 5 de octubre de 1901.

A partir de 1920, comenzó a trabajar en Los Ángeles, California, como operador de cámara. Lo hizo en  Francia con Ernst Lubitsch, a partir de 1927.  

En el año 1932, fue convocado por los “Estudios Lumiton”, de Argentina, para hacerse cargo de la fotografía. Debutó con la primera película de “Lumiton”, “Los tres berretines”, inaugurando la época del cine sonoro argentino, una semana después que lo hiciera con la película “Tango”, el sello “Argentina Sono Film”, en 1933.

Le siguieron 20 películas más, hasta el año 1939. En ese lapso, Alton tuvo la oportunidad de participar en la elaboración del guión de varios films y de dirigir 2 películas, “El hijo de papá” y “Puerta cerrada”. Trabajó en 13 películas con el destacado escenógrafo y artista plástico internacional argentina  Raúl Soldi.

A fines de 1939 retornó a Hollywood, donde se convirtió en uno de los fotógrafos más valorados del cine. Se desempeñó en estudios de

Foto: moviemorlocks.com

segunda línea, como el sello “Republic”, dedicado a películas de clase B. Fue Capitan del Cuerpo de Señales durante la Segunda Guerra Mundial.

A su regreso, trabajó en los estudios “R:K:O”: y “Monogram”. Se asoció con el director Anthony Mann realizando “La brigada suicida”, película de bajo presupuesto, a la que se sumaron “Raw Deal” y “He walked by night”, tres puntales del “cine negro” norteamericano. Según Alton, utilizaba la luz “para crear el clima”.

Foto IMDb

En 1949 publicó el libro “Painting with light”, con conceptos vigentes en la hora actual. Trabajando con el director Vincent Minelli, fue galardonado con el Oscar a la mejor fotografía por “Un americano en París”, en 1951. Se retiró del trabajo activo en 1966. Falleció en Santa Mónica, California, el 2 de junio de 1996.

John Alton, que marcó para siempre con su aporte la calidad de la cinematografía argentina, vivió en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki.John_Alton

https://es.wikipedia.org/wiki/Lumiton

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REVISTA LEOPLÁN

Leoplán fue una revista periodístico literaria fundada por Ramón Sopena el 7 de noviembre de 1934, dedicada a la incipiente clase media argentina.      

Proponía un plan de lectura con la finalidad de educar a la gente. Aparecía miércoles por medio y llegó a publicar 727 números, donde tuvimos la ocasión de acceder a las novelas de Julio Verne “La vuelta al mundo en 80 días” , “Viaje al centro de la tierra”, acompañada de ilustraciones y también a “Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas, alternando con excelentes crónicas periodísticas.

Autores famosos franceses, ingleses, rusos, italianos,norteamericanos, fueron incluidos en la vasta lista de los consagrados que, llegaban a nosotros quincenalmente, así como los relatos policiales o de ciencia ficción. Pero el espectro de publicaciones era más amplio, incluyendo entrevistas a personajes famosos a cargo de Enrique González Tuñón, Adolfo R. Avilés, Horacio de Dios o Miguel Bonasso.

Crónicas sobre el cine de Hollywood, enviadas por Erskine Johnson y por Andre Lartigau para el cine europeo. Los relaos estaban ilustrados con dibujos o fotogramas de las películas. Otros colaboradores argentinos fueron Rodolfo Walsh, realizando notas a escritores como Artur Conan Doyle, o bien escribiendo cuentos o relatos propios y traducciones. Allí publicó “Los nutrieros”, uno de sus primeros cuentos.

Otro colaborador destacado fue Miguel Brascó con un suplemento satírico. Las historietas también tuvieron cabida en esta atractiva revista: “Esculapio Sandoval” de Torino, “El Vasco Anchoa” de González Fossat, Calé, Quino, que en 1963 creó “Mafalda”, para una publicidad.

Leoplán, tenía un intenso contacto con los lectores, a través de varias secciones: “Elegancia masculina”, “Si tiene un tiempito…bástese a si mismo”, basada en las cosas prácticas de todos los días y varias más. El Maestro Roberto Grau, tenía a su cargo la columna sobre ajedrez.

Esta revista cultural, tenía tapas a color y 170 páginas en color sepia y también en blanco y negro. Leoplán, el “Magazine Popular Argentino”, fue una revista de referencia para este tipo de publicaciones en LatinoAmérica que dejó de publicarse en diciembre de 1964, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: htps://es.wikipedia.org/wiki/Leopl%C3%A1m

http://garciacambeiro.com.ar/?p=5o22

http://serdebuenos-ayres.blogspot.com.ar/2013/11/leoplan-la-publicacion-argentina-que.html

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LA OTRA LIBRETA NEGRA

La libreta negra de todas las familias, era la que se llevaba al almacén, donde el almacenero anotaba los detalles de las compras y pagos, que se hacían efectivos cuando se cobraba la quincena. Funcionó perfectamente durante un tiempo prolongado.

Pero había otra Libreta Negra, la Libreta de Trabajo de las prostitutas. Hasta el año 1936, la prostitución fue legal y era obligatorio el uso de una libreta de tapa negra, sellada y rubricada en la Comisaría. No hacerlo significaba el pago de una multa de 30 pesos o diez días de arresto. Si reincidían, la multa ascendía a 100 pesos -cuando un sueldo era de 50 pesos- o en su defecto, 30 días de arresto.

La atención médica de las mujeres enfermas, estaba a cargo de médicos de la Municipalidad y quedaba registrada en la libreta. Llevaba una foto de la prostituta de 3 centímetros por 3 centímetros, y constaba el nombre, apellido y otros datos personales.

Las hojas tenían casillas para la anotación semanal del estado de salud. Si las libretas de las pupilas no se encontraban actualizadas, se procedía a clausurar el prostíbulo durante 3 días. Si reincidían, entonces la clausura era total, seguida por el desalojo del edificio. Medidas de control cumplidas estrictamente en ese Buenos Aires que se fue.

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PROHIBIDO ESCUPIR EN EL SUELO

Unas placas enlozadas decían “Prohibido escupir en el suelo, Ordenanza del año 1902″ .

Se podían observar en las paredes de los edificios y dentro de los establecimientos públicos. Los carteles anunciando Ordenanzas, eran de metal enlozado y permanecían en el sitio donde se los había colocado. El vandalismo callejero de robar todo lo metálico como en la época actual, no existía.

El nivel de respeto y disciplina era elevado y el cuidado de la salud afectaba a todos, por lo tanto, el espíritu de colaboración estaba muy desarrollado. Era una de las pautas fundamentales a la hora de controlar la tuberculosis, enfermedad infecciosa que causaba estragos entre la población, hasta fines de la década del cuarenta.

También podía observarse dentro de los establecimientos públicos, la presencia de unas salivaderas de metal enlozado, color blanco, de forma rectangular, conteniendo aserrín de madera, generalmente ubicada debajo de las chapas enlozadas antes mencionadas. La cultura de escupir en la salivadera y no en el suelo, era una de las pautas de la lucha antituberculosa desarrollada en el país.

Bueno Aires concenraba a mucha población, hecho que motivó la abundancia de estos recipientes en cualquier establecimiento público, carnicerías, almacenes, peluquerías, en las estaciones del subterráneo, en el hall de entrada a los cines y teatros, donde se encontraban por lo menos dos salivaderas, ubicadas en sitios estratégicos.

La tuberculosis era enfermedad terminal, y todas las medidas higiénicas, no alcanzaban para controlar el desarrollo de una afección que para la época, no tenía tratamiento eficaz. La década del cincuenta, sería portadora de noticias más favorables ante la aparición de nuevas drogas para el éxito del tratamiento en ese Buenos Aires que se fue.

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EMPLEO DE LA LAPICERA EN LA ESCUELA

La preocupación de los maestros era que los alumnos, desarrollaran una “letra linda”.

La mesa pupitre era útil para dos alumnos. Tenía asiento con respaldo, comodidad no tenida en cuenta anteriormente. Se consideraba que la posición viciosa del niño en el pupitre, condicionaba la aparición de trastornos tales como la miopía, alteraciones de la respiración y la circulación, congestión cerebral, etc.

Existía interés en evitar las malas posturas y sus consecuencias. Si bien el ideal era el banco para un solo alumno, hecho que facilitaba su vigilancia por parte del profesor, lo habitual era para dos alumnos. Durante las cuatro primeras décadas del Siglo XX, el uso de lapiceras con pluma cucharita o cucharón más la tinta azul existente en el tintero de porcelana ubicado en el medio del pupitre, en su zona superior, fue la regla.

Se pretendía que el alumno desarrollara una letra derecha, redonda, linda. Algunos empleaban la lapicera estilográfica, con tanque recargable. En 1945, se inició el uso de la lapicera a bolilla, mucho más práctica, que logró desplazar a la estilográfica, aunque en los comienzos, ocurrían accidentes muy desagradables, para una escritura que era irregular por su trazo discontinuo, con la aparición de manchones imprevistos, e imposibles de borrar.

La escritura escolar estuvo sometida a normas que fueron variando según las modas pedagógicas o científicas. Todo dependía de la belleza de la escritura que se obtenía, salvo cuando se imponía una medida disciplinaria, por la que había que escribir 500 veces: “No debo molestar en clase”. En esos casos, cada renglón escrito era lamentable por la deformidad que adquirían las palabras, a medida que se avanzaba en el cumplimiento de la pena. Así se escribía en ese Buenos Aires que se fue.

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EL LIBRO DE LECTURA

Los libros de lectura utilizados en Argentina, eran en un principio, extranjeros ya que a los nacionales se los consideraba deficientes.

En el siglo XX aparecieron los libros con un discurso moralizante y nacional, pero no nacionalista. Se leía el libro en el aula, de pie al lado del pupitre o frente a la clase. Los talones juntos, las puntas de los pies separadas. Se tomaba el libro con la mano izquierda, mientras con la derecha, se daba vuelta la página.

Los libros diferenciaron su temática por géneros, para niñas y niños. Se incluyeron también temáticas para ambos sexos en un mismo libro. Las mujeres eran consideradas débiles, suaves, pasivas y temerosas. Los varones, en cambio, eran fuertes, inteligentes, rudos, creativos y arriesgados. Una gran diferencia que hoy no se concibe.

Los libros de lectura, no reflejaban conflictos sociales. Incluían temas que combatían las enfermedades, bajo la influencia del higienismo, en ese Buenos Aires que se fue.

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DE LA PIZARRITA AL CUADERNO DE CLASE

La pizarrita, así llamada por el material empleado en su construcción, fue soporte para el aprendizaje de la escritura.

Debido al poco espacio disponible, los escritos eran cortos y de escasa duración, ya que había que borrar con frecuencia. Este hecho, no permitía relecturas ni reflexiones. Estuvo vigente en la Capital Federal hasta 1925, aunque en el interior, hay referencias de su uso hasta la década del 50.

Se la reemplazó por similares de madera y de mayor tamaño; de un lado cuadriculado y del otro, rayado. La pizarra se borraba con el uso de la saliva pasando un trapito, por lo que se consideraba un elemento no higiénico, ya que al trapito se lo guardaba en la valija junto con el pan. Además, para escribir sobre la pizarra había que presionar mucho y se escribía con letra gruesa. Su rápido borrado, no permitía la fiscalización adecuada, por parte del maestro o el inspector.

La pizarrita fue reemplazada por el cuaderno, porque permitía enseñar con menor esfuerzo y era más higiénico. El cambio al cuaderno significó un progreso. Todo quedaba registrado: dictados, composiciones, ejercicios, cuentas, deberes, completando todas las páginas con prolijidad.

Escribir sobre el cuaderno fue más fácil y menos cansador, más rápido y estético. La escritura con pluma en el cuaderno de clase, otorgaba más belleza y aseo, desapareciendo el riesgo de la falta de higiene al borrar las páginas. Además, el empleo de un cuaderno permitía supervisar con mayor facilidad y eficacia, la tarea de todo el grado en ese Buenos Aires que se fue.

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LAS MUERTES TRÁGICAS EN EL TANGO (1)

Algunas de las figuras más famosas del tango, tuvieron un fin trágico e inesperado. Su vigencia ha perdurado a través de sus grabaciones, que nos han permitido evocarlos frecuentemente.

Enrique Mario Francini.- Fue director de orquesta, compositor y violinista argentino, nacido en San Fernando el 14 de febrero de 1916.

Comenzó su actividad en la orquesta de Juan Elhert, por Radio Prieto. Luego en la orquesta de Miguel Caló, la famosa “Orquesta de las Estrellas”. En 1945 formó rubro con Armando Pontier durante 10 años, con continuado éxito, teniendo como vocalistas destacados a Alberto Podestá, Julio Sosa, Raúl Berón y Roberto Rufino.

Formó su propia orquesta con el aporte de Alberto Podestá. Integró el “Octeto Buenos Aires”, formado por Astor Piazzolla. El “Quinteto Real”, junto a Horacio Salgán, Pedro Láurenz, Ubaldo De Lío y Rafael Ferro. Actuó en “Los Astros del Tango”, junto a Emilio Vardaro.

En 1970 formó un Sexteto junto a Néstor Marconi, actuando en la tanguería “Caño 14″. En 1973 reconstruyó la orquesta con Armando Pontier, haciendo giras en Japón con la cantante Alba Solís. Desde 1958, se desempeñó como primer violín de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

Sus composiciones fueron éxitos trascendentales: “Mañana iré temprano”, “Tema otoñal”, “Delirio”, “La vi llegar”, “Junto a tu corazón”, la milonga “Azabache”, son sólo algunos de los más destacados.

El 27 de agosto de 1978, mientras se encontraba en plena ejecución del tango “Nostalgias”, en el escenario de “Caño 14″, sufrió un infarto agudo, falleciendo en el acto.

Fuente: http://www.sanfernandonuestro.com.ar/wp/enrique-mario-francini-del-barrio-crisol-del-mundo-con-su-violin

Francisco  Fiorentino, Fiore.- Fue un bandoneonista y cantor de tangos, nacido en Buenos Aires, el 23 de setiembre de 1905. 

Estudió bandoneón con Minotto de Cicco. En la década del 20, formó un trío con José Martínez al piano y su hermano Vicente en violín, trabajando en cafés, cines y teatros.

Integró las orquestas de Francisco Canaro, Juan Carlos Cobián, Juan D’Arienzo, Angel D’Agostino, Pedro Maffia, Orquesta Típica Víctor, Roberto Firpo y Roberto Zerrillo. En la década del treinta trabajó en las radios Belgrano y Argentina, y en el conjunto “Los poetas del tango”.

Pero el 1º de julio de 1937, fue convocado por Aníbal Troilo, iniciando la época de oro, hasta el año 1943, grabando 62 temas, el último el 30 de marzo de 1943. Después cantó con las orquestas de Orlando Goñi, Astor Piazzolla, José Basso y Alberto Mancione, pero nunca alcanzó el nivel y la calidad que demostró junto a “Pichuco”, en el tradicional cabaret “Marabú”, en Maipú 359.

Compuso los tangos “Pa’ que seguir” y “Orquestas de mi ciudad”. La vida nocturna y los excesos, fueron cobrando su precio. Sus presentaciones en público por el interior del país, en teatros, clubes, o boliches de bajo rango, fueron lo habitual.

El 10 de noviembre de 1955, cantó en un baile a beneficio de la escuela “Alfonso Bernal”, en la localidad de Rivadavia, a 35 kilómetros de la ciudad de Mendoza. Al regresar a la ciudad, con unas copas de más, lo hizo por un camino de ripio. Al cruzar el puente Banegas sobre el río Tunuyán, el auto cayó al lecho del río. A los demás, no les pasó nada pero “Fiore”, se golpeó y perdió el conocimiento, cayendo boca abajo sobre un charco de agua, configurando la muerte más estúpida en el mundo del tango.

Fuente: http://www.buenosairesantiguo.com.ar/patiodetango18.html

http://www.elportaldeltango.com/especial/FranciscoFiorentino-2012.html

Osmar Maderna.- Fue pianista, director, arreglador y compositor nacido en Pehuajó, Provincia de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1918. 

A los 13 años, formó el conjunto musical “Vitaphone”, actuando en su pueblo. Se trasladó a Buenos Aires en 1938 y al año siguiente, se incorporó a la orquesta de Miguel Caló, reemplazando al pianista Héctor Stamponi.

Permaneció hasta 1945, desvinculándose para crear su orquesta, con los vocalistas Orlando Verri y Luis Tolosa. Debutó en el “Café Marzotto”, y trabajó en el “Tango Bar”, “Radio Belgrano” y “Radio El Mundo”. Comenzó a grabar en 1946. Primero en el sello uruguayo “Sondor” y luego en el sello “Víctor”, donde dejó 52 temas, el último el 29 de marzo de 1951.

El 28 de abril de 1951, mientras volaba su avión, disputó una carrera con Alberto López, otro piloto. Mientras realizaban maniobras peligrosas en el área de Lomas de Zamora, ambos aviones chocaron, y el de Maderna se precipitó a tierra desde una altura de 150 metros, muriendo en el acto. Finales trágicos de nuestras figuras máximas del tango, en ese Buenos Aires que se fue.

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EL MANUAL DEL ALUMNO

Durante la época escolar, el “Manual del Alumno”, fue un eficiente apoyo en el estudio del lenguaje e iniciación literaria, historia e instrucción cívica, ciencias naturales, geografía y matemáticas.

Las versiones disponibles eran para 3º, 4º, 5º y 6º grado. No existía el grado séptimo, dado que se comenzaba en Primero Inferior, continuando con Primero Superior. Segundo grado, etc. Las maestras se ceñían al desarrollo del programa, que coincidía perfectamente con la temática del “Manual”.

Su empleo era muy útil y práctico a la vez, dado que no había que buscar en otras fuentes para encontrar la información solicitada o enseñada por el maestro de turno. El sistema era similar para todos los grados, de manera que una vez que uno se familiarizaba con su manejo, la metodología era la misma para los años siguientes.

Sin lugar a dudas, el uso del “Manual del Alumno”, era una herramienta muy útil para aumentar los conocimientos infantiles en el aula y al momento de pasar al frente o en pruebas escritas.

Concurríamos a clase de lunes a sábados, había pocos días feriados y los maestros no hacían huelga, por lo que nos beneficiábamos con una educación que cumplía con el desarrollo del Programa de Enseñanza para cada ciclo lectivo.

Pero el “Manual del Alumno”, no era el único. En esa época, existía también la publicación “Asuntos” de geografía, historia, instrucción cívica y naturaleza, de Arturo Vinardel. Era la competencia del “Manual”, allá por la década del 40. Competencia educativa y positiva, en ese Buenos Aires que se fue.

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