El Buenos Aires que se fue

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Realidades argentinas

EL LIBRO DE LECTURA

Los libros de lectura utilizados en Argentina, eran en un principio, extranjeros ya que a los nacionales se los consideraba deficientes.

En el siglo XX aparecieron los libros con un discurso moralizante y nacional, pero no nacionalista. Se leía el libro en el aula, de pie al lado del pupitre o frente a la clase. Los talones juntos, las puntas de los pies separadas. Se tomaba el libro con la mano izquierda, mientras con la derecha, se daba vuelta la página.

Los libros diferenciaron su temática por géneros, para niñas y niños. Se incluyeron también temáticas para ambos sexos en un mismo libro. Las mujeres eran consideradas débiles, suaves, pasivas y temerosas. Los varones, en cambio, eran fuertes, inteligentes, rudos, creativos y arriesgados. Una gran diferencia que hoy no se concibe.

Los libros de lectura, no reflejaban conflictos sociales. Incluían temas que combatían las enfermedades, bajo la influencia del higienismo, en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Realidades argentinas

DE LA PIZARRITA AL CUADERNO DE CLASE

La pizarrita, así llamada por el material empleado en su construcción, fue soporte para el aprendizaje de la escritura.

Debido al poco espacio disponible, los escritos eran cortos y de escasa duración, ya que había que borrar con frecuencia. Este hecho, no permitía relecturas ni reflexiones. Estuvo vigente en la Capital Federal hasta 1925, aunque en el interior, hay referencias de su uso hasta la década del 50.

Se la reemplazó por similares de madera y de mayor tamaño; de un lado cuadriculado y del otro, rayado. La pizarra se borraba con el uso de la saliva pasando un trapito, por lo que se consideraba un elemento no higiénico, ya que al trapito se lo guardaba en la valija junto con el pan. Además, para escribir sobre la pizarra había que presionar mucho y se escribía con letra gruesa. Su rápido borrado, no permitía la fiscalización adecuada, por parte del maestro o el inspector.

La pizarrita fue reemplazada por el cuaderno, porque permitía enseñar con menor esfuerzo y era más higiénico. El cambio al cuaderno significó un progreso. Todo quedaba registrado: dictados, composiciones, ejercicios, cuentas, deberes, completando todas las páginas con prolijidad.

Escribir sobre el cuaderno fue más fácil y menos cansador, más rápido y estético. La escritura con pluma en el cuaderno de clase, otorgaba más belleza y aseo, desapareciendo el riesgo de la falta de higiene al borrar las páginas. Además, el empleo de un cuaderno permitía supervisar con mayor facilidad y eficacia, la tarea de todo el grado en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Realidades argentinas

LAS MUERTES TRÁGICAS EN EL TANGO (1)

Algunas de las figuras más famosas del tango, tuvieron un fin trágico e inesperado. Su vigencia ha perdurado a través de sus grabaciones, que nos han permitido evocarlos frecuentemente.

Enrique Mario Francini.- Fue director de orquesta, compositor y violinista argentino, nacido en San Fernando el 14 de febrero de 1916.

Comenzó su actividad en la orquesta de Juan Elhert, por Radio Prieto. Luego en la orquesta de Miguel Caló, la famosa “Orquesta de las Estrellas”. En 1945 formó rubro con Armando Pontier durante 10 años, con continuado éxito, teniendo como vocalistas destacados a Alberto Podestá, Julio Sosa, Raúl Berón y Roberto Rufino.

Formó su propia orquesta con el aporte de Alberto Podestá. Integró el “Octeto Buenos Aires”, formado por Astor Piazzolla. El “Quinteto Real”, junto a Horacio Salgán, Pedro Láurenz, Ubaldo De Lío y Rafael Ferro. Actuó en “Los Astros del Tango”, junto a Emilio Vardaro.

En 1970 formó un Sexteto junto a Néstor Marconi, actuando en la tanguería “Caño 14″. En 1973 reconstruyó la orquesta con Armando Pontier, haciendo giras en Japón con la cantante Alba Solís. Desde 1958, se desempeñó como primer violín de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

Sus composiciones fueron éxitos trascendentales: “Mañana iré temprano”, “Tema otoñal”, “Delirio”, “La vi llegar”, “Junto a tu corazón”, la milonga “Azabache”, son sólo algunos de los más destacados.

El 27 de agosto de 1978, mientras se encontraba en plena ejecución del tango “Nostalgias”, en el escenario de “Caño 14″, sufrió un infarto agudo, falleciendo en el acto.

Fuente: http://www.sanfernandonuestro.com.ar/wp/enrique-mario-francini-del-barrio-crisol-del-mundo-con-su-violin

Francisco  Fiorentino, Fiore.- Fue un bandoneonista y cantor de tangos, nacido en Buenos Aires, el 23 de setiembre de 1905.

Estudió bandoneón con Minotto de Cicco. En la década del 20, formó un trío con José Martínez al piano y su hermano Vicente en violín, trabajando en cafés, cines y teatros.

Integró las orquestas de Francisco Canaro, Juan Carlos Cobián, Juan D’Arienzo, Angel D’Agostino, Pedro Maffia, Orquesta Típica Víctor, Roberto Firpo y Roberto Zerrillo. En la década del treinta trabajó en las radios Belgrano y Argentina, y en el conjunto “Los poetas del tango”.

Pero el 1º de julio de 1937, fue convocado por Aníbal Troilo, iniciando la época de oro, hasta el año 1943, grabando 62 temas, el último el 30 de marzo de 1943. Después cantó con las orquestas de Orlando Goñi, Astor Piazzolla, José Basso y Alberto Mancione, pero nunca alcanzó el nivel y la calidad que demostró junto a “Pichuco”, en el tradicional cabaret “Marabú”, en Maipú 359.

Compuso los tangos “Pa’ que seguir” y “Orquestas de mi ciudad”. La vida nocturna y los excesos, fueron cobrando su precio. Sus presentaciones en público por el interior del país, en teatros, clubes, o boliches de bajo rango, fueron lo habitual.

El 10 de noviembre de 1955, cantó en un baile a beneficio de la escuela “Alfonso Bernal”, en la localidad de Rivadavia, a 35 kilómetros de la ciudad de Mendoza. Al regresar a la ciudad, con unas copas de más, lo hizo por un camino de ripio. Al cruzar el puente Banegas sobre el río Tunuyán, el auto cayó al lecho del río. A los demás, no les pasó nada pero “Fiore”, se golpeó y perdió el conocimiento, cayendo boca abajo sobre un charco de agua, configurando la muerte más estúpida en el mundo del tango.

Fuente: http://www.buenosairesantiguo.com.ar/patiodetango18.html

http://www.elportaldeltango.com/especial/FranciscoFiorentino-2012.html

Osmar Maderna.- Fue pianista, director, arreglador y compositor nacido en Pehuajó, Provincia de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1918.

A los 13 años, formó el conjunto musical “Vitaphone”, actuando en su pueblo. Se trasladó a Buenos Aires en 1938 y al año siguiente, se incorporó a la orquesta de Miguel Caló, reemplazando al pianista Héctor Stamponi.

Permaneció hasta 1945, desvinculándose para crear su orquesta, con los vocalistas Orlando Verri y Luis Tolosa. Debutó en el “Café Marzotto”, y trabajó en el “Tango Bar”, “Radio Belgrano” y “Radio El Mundo”. Comenzó a grabar en 1946. Primero en el sello uruguayo “Sondor” y luego en el sello “Víctor”, donde dejó 52 temas, el último el 29 de marzo de 1951.

El 28 de abril de 1951, mientras volaba su avión, disputó una carrera con Alberto López, otro piloto. Mientras realizaban maniobras peligrosas en el área de Lomas de Zamora, ambos aviones chocaron, y el de Maderna se precipitó a tierra desde una altura de 150 metros, muriendo en el acto. Finales trágicos de nuestras figuras máximas del tango, en ese Buenos Aires que se fue.

Artistas destacados, Binomios tangueros, El tango, Realidades argentinas

EL MANUAL DEL ALUMNO

Durante la época escolar, el “Manual del Alumno”, fue un eficiente apoyo en el estudio del lenguaje e iniciación literaria, historia e instrucción cívica, ciencias naturales, geografía y matemáticas.

Las versiones disponibles eran para 3º, 4º, 5º y 6º grado. No existía el grado séptimo, dado que se comenzaba en Primero Inferior, continuando con Primero Superior. Segundo grado, etc. Las maestras se ceñían al desarrollo del programa, que coincidía perfectamente con la temática del “Manual”.

Su empleo era muy útil y práctico a la vez, dado que no había que buscar en otras fuentes para encontrar la información solicitada o enseñada por el maestro de turno. El sistema era similar para todos los grados, de manera que una vez que uno se familiarizaba con su manejo, la metodología era la misma para los años siguientes.

Sin lugar a dudas, el uso del “Manual del Alumno”, era una herramienta muy útil para aumentar los conocimientos infantiles en el aula y al momento de pasar al frente o en pruebas escritas.

Concurríamos a clase de lunes a sábados, había pocos días feriados y los maestros no hacían huelga, por lo que nos beneficiábamos con una educación que cumplía con el desarrollo del Programa de Enseñanza para cada ciclo lectivo.

Pero el “Manual del Alumno”, no era el único. En esa época, existía también la publicación “Asuntos” de geografía, historia, instrucción cívica y naturaleza, de Arturo Vinardel. Era la competencia del “Manual”, allá por la década del 40. Competencia educativa y positiva, en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Realidades argentinas

EL FOTOLIPTÓFONO

El fotoliptófono fue un artefacto capaz de registrar sonidos en papel de diario, utilizando técnicas comunes de impresión.                                

FOTO: Fernando Crudo (h) Arch. Personal

Combinaba la fotografía, la litografía y la fonografía. Requería de un artefacto grabador y uno reproductor. Se emplearon elementos relacionados con la tecnología del cine sonoro, basado en la cantidad de luz reflejada por un papel impreso.

El Ingeniero argentino Fernando Crudo, su inventor, lo desarrolló a fines de la década de 1920. Era útil para grabar música y como archivo de palabras. Una muestra de sus bondades quedó reflejada en la publicación de julio de 1933, en el periódico francés “Le Journal”. Allí se registró la grabación del tango “Bésame otra vez”, realizado por la orquesta del maestro Osvaldo Fresedo, una versión inédita.

El Estado Nacional registró voces para integrar su Archivo de la Palabra. La primera patente Nº 35284, se registró el 2 de febrero de 1931 y en 1933 fue registrado como “Fotoliptófono Páginas Sonoras”.  Entre 1931 y 1934, muchas publicaciones reflejaron sus bondades en detalle. Fueron muy comentadas las presentaciones realizadas en la Asociación Wagneriana, en la Casa Romero Fernández y en la Casa de Altos Estudios de Rosario.

Hay que destacar las dos publicaciones realizadas por Julio Korn en su Editorial Musical, que presentaba la música impresa y la hoja con la grabación de esa pieza musical, completando el formato. Este intento de distribución masiva de música impresa en papel común, llamado a revolucionar la industria fonográfica, jamás logró ingresar en el mercado de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Canalis I. y Petrosino J. ¿Cuánta música cabe en una página de periódico? Sonido impreso en papel a principios del Siglo XX. Question 1,42:260-273. 2014

Los diarios, Los entretenimientos, Realidades argentinas

LA CASA DE NIÑOS EXPÓSITOS

La Casa de Niños Expósitos, fue un orfanato encargado del cuidado de los menores de edad, huérfanos o abandonados, también llamados “niños expósitos”.                        

Foto: www.revisionistas.com.ar

Desde su fundación, el 7 de agosto de 1779, se sucedieron diversas administraciones: la Hermandad de la Caridad, la Sociedad de Beneficencia manejada por mujeres de la oligarquía porteña, las Hermanas del Huerto y finalmente, el Hospital Casa Cuna.

Las razones sociales del abandono eran múltiples: recién nacido ilegítimo, hijos incentuosos, productos de violaciones, niñas solteras, fuera del matrimonio, hijos de uniones ilícitas. La falta de recursos económicos para mantener al recién nacido o cuando nacían mellizos, uno era descartado.

Muchos morían en medio de un total abandono, de frío, hambre o sed; ahogados en los abundantes charcos de agua en las calles, comidos por los perros o cerdos que andaban sueltos, atropellados por transeúntes o por carros en la oscuridad de la noche, ya que el alumbrado era nulo o muy deficiente.

La primera Casa de Niños Expósitos la estableció el Virrey Vértiz donde actualmente se encuentra la Manzana de las Luces, en Perú y Alsina. Le sucedieron otras sedes como  la ubicada en Moreno y Balcarce, detrás del Convento de San Francisco y posteriormente, la Casa Cuna a partir de 1905. recibiendo el nombre de Hospital de Niños Expósitos. En 1913, tenía 450 camas para expósitos. En 1920, pasa a llamarse “Casa Cuna”.

En el frente del edificio de Moreno y Balcarce, existía en un hueco de la pared, el “torno”, un armazón de madera, giratorio, donde las mujeres abandonaban a sus hijos. Hacían sonar una campanilla adosada a la pared y un empleado, desde dentro del edificio, hacía girar el aparato y recibía al niño, sin saber quién lo había abandonado.

Los lactantes estaban a cargo de amas de leche y el resto bajo el cuidado de amas de cría. Los niños criados se asignaban a familias. Los que no, continuaban en la Casa de Expósitos; una vez emancipados, muchos continuaban trabajando como empleados de esa institución.

Disponían de una imprenta propia que, publicó catecismos, almanaques, bandos oficiales y el “Telégrafo Mercantil”, tareas que contribuyeron a compensar el déficit económico. Al no tener apellido, muchos fueron bautizados con dos nombres o con el apellido “Expósito”.

Hoy la situación no ha cambiado. Se encuentran bebés en los contenedores de basura, en los descampados o en sitios apartados. Los beneficios de la Casa de Niños Expósitos estuvo vigente hasta las primeras décadas del Siglo XX, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Casa de Niños Expósitos: http://www.elportaleducativo.com.ar/calendario/agosto07b.htm

La imprenta de niños expósitos: http://www.manzanadelasluces.gov.ar/index.php?option=com_content

https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=casa_niños_expositos&olded=96492783

La cuestión social, La infancia, Realidades argentinas

EL BANCO MUNICIPAL DE PRÉSTAMOS

El Banco Municipal de Préstamos, hoy Banco de la Ciudad, fue fundado el 23 de mayo de 1878, con el nombre de Monte de Piedad.                          

Foto: Portal Banco Ciudad

La institución surgió como un intento de neutralizar los préstamos usurarios otorgados a la gente humilde por individuos sin escrúpulos, quienes prestaban dinero a costa de devolverlo con intereses exorbitantes, sangrantes.

El Banco trabajaba con gente de pocos recursos brindando préstamos pignatarios, es decir con empeños cobrando muy bajos intereses. Alhajas, platería y los objetos más diversos de la vida cotidiana, eran llevados al Banco para obtener una suma de dinero, que permitía la cancelación de una deuda o la adquisición de elementos indispensables para el trabajo.

Se empeñaba un gramófono para comprar una vaca. Con las ganancias obtenidas se rescataba el gramófono y la historia continuaba. Se aceptaban todo tipo de objetos que, en muchas ocasiones, eran rescatados. Vencido el plazo de rescate, eran rematados en subasta pública.

Se producían situaciones curiosas. Los días lunes, por ejemplo, los burreros (aficionados a las carreras de caballos), empeñaban los largavistas, que eran rescatados al cobrar la quincena, y el círculo se cerraba. Lo mismo ocurría con las prendas de abrigo al finalizar el invierno, con su posterior rescate al finalizar el otoño. Eran ciclos que se repetían con precisión.

Las funciones sociales del Banco fueron aumentando su complejidad, agregando otros rubros de importancia como el de los créditos hipotecarios. Este significativo accionar en beneficio de los más pobres, y las etapas de su evolución están muy bien documentadas en el excelente Museo de Piedad del Banco de la Ciudad, ubicado en la calle Boedo 870.

La visita, guiada por expertos, con un amplio conocimiento de los detalles del desarrollo de las distintas etapas por las que transitó este Banco, constituye un elemento agregado para conocer como se resolvían las dificultades económicas imprevistas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:  Ya abrieron el museo del Banco Ciudad. Clarín 9-08-2003.

Halperin F. La historia del Banco Ciudad, relatada en un novedoso museo. La Nación 08-08-2003.

La cuestión social, La inmigración, Realidades argentinas

LA MARCA “FLOR DE CEIBO”

Durante el primer gobierno peronista fue muy popular la marca “Flor de Ceibo”.

Fue representativa de la opción popular y económica en diversos rubros comerciales vinculados con el consumo familiar. Se aplicó a productos de consumo masivo pero con un costo sensiblemente menor, a fin de frenar el aumento de precios, consecuencia directa de la inflación.

Estos productos eran de inferior calidad. Así, el azúcar molida era de color oscuro pero útil. En muchas ocasiones los productos de consumo habitual se agotaban pero no se reponían; entonces era forzosa la adquisición de la línea económica.

Los zapatos presentaban una terminación tosca que difería bastante de los habituales. Es decir que la denominación “Flor de Ceibo”, era sinónimo de baja calidad. Esta modalidad se fue extendiendo y los restaurantes tenían la obligación de incluir un menú “Flor de Ceibo”. Algo similar ocurría con las prendas de vestir.

Todo negocio de indumentaria debía contar con algún producto que se inscribiera en esta categoría. Las telas que se vendían a menor precio, llevaban en el orillo la marca “Flor de Ceibo”. La histórica línea 160, sucesora del “Expreso Alsina”, denominada la línea 60 de emergencia, se llamó “Línea Flor de Ceibo”.

Pero el término, en forma peyorativa, se aplicó a los funcionarios, empleados y profesores advenedizos, contratados de manera irregular. Fue el caso del nombramiento de personas para cubrir puestos docentes, sin haber cumplido con los requisitos básicos de formación, frente a miles de maestros egresados, sin posibilidad de ejercer.

Así ocurrió cuando la Inspección General de Escuelas Particulares nombró a más de 1100 personas para ejercer la docencia, mientras paralelamente, egresaron de escuelas oficiales y particulares 27.900 maestros, sin puesto. A la gente nueva que llegó en esa época para educar en las facultades o colegios secundarios, se les aplicaba esa etiqueta o rótulo gratuitamente. La línea de productos “Flor de Ceibo”, fue una propuesta peronista aparecida en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Acevedo Díaz, Carmen. Algo así como una Flor de Ceibo. La Nación 11-05-2006.

Rozic, Oscar. Flor de Ceibo. 1º-06-2013

La cuestión social, Realidades argentinas

PEDRO LEOPOLDO CARRERA

Pedro Leopoldo Carrera, “Carrerita”, fue un jugador de billar nacido en Tres Arroyos, Provincia de Buenos Aires, el 19 de junio de 1914.

Se inició en este deporte a la edad de 14 años, conquistando los torneos locales menores. Llamó la atención el récord de carambolas libres realizado en el Café Bar Colón, en su Tres Arroyos natal, que registró ante escribano público. Después de 12 horas no erró ninguna tacada.

A los 19 años se trasladó a Buenos Aires, recalando en “Los 36 Billares”, ubicado en la Avenida de Mayo 1200. No tuvo rivales. Cada juego de “Carrerita”, era una partida ganada. Uno de sus fervientes admiradores fue Juan Duarte quien, durante el primer gobierno del General Perón, le consiguió los auspicios para sus giras europeas.

En 1939 ganó el Campeonato Argentino de Billar, en la especialidad libre y a 3 bandas. En 1950 se coronó por primera vez, Campeón Mundial de carambola libre en Madrid, España. Al año siguiente, Campeón Mundial de cuadro (47-2).

En octubre de 1952, en el Luna Park colmado por 12 mil espectadores, se coronó Campeón Mundial de 3 Bandas. En 1953, Campeón Mundial de carambola libre y en 1954, Campeón Mundial de Pentathlon (carambola libre, cuadro 2-47, cuadro 71-2, una banda y tres bandas).

Siempre luciendo un clavel blanco en la solapa de su impecable smoking y peinado a la gomina, como se acostumbraba en esa época. El Abogado Luis Alberto Venosa escribió su biografía titulada ” El hombre del clavel blanco”, para ser distribuida por las bibliotecas.

Resumiendo sus logros, obtuvo el título en 31 oportunidades: 5 de ellos campeonatos mundiales, 3 campeonatos sudamericanos y 23 campeonatos argentinos.  Luego del golpe de estado que derrocó al General Perón en 1955, fue uno de los afectados por la “caza de brujas”, que lo obligó a migrar a la ciudad de San Pablo, Brasil, donde se desempeñó como Instructor de Billar en el Jockey Club de esa ciudad.

Regresó al país en 1961. Una vida prolongada de trasnochadas, alcohol y 40 cigarrillos por día, fue dejando su huella, culminando con su fallecimiento en Buenos Aires, el 2 de setiembre de 1963, a la edad de 49 años. En 1980, recibió el Premio Konex de Platino al mejor billarista de la historia argentina.

Este múltiple campeón mundial de billar y dueño del récord de carambolas, fue uno de los máximos exponentes deportivos en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Grande Carrerita. El Periodista de Tres Arroyos. Octubre 2000

Venosa, Luis A. Carrera en Tres Arroyos. 9/5/2014.

Pérez, José M. El mejor de todos los tiempos. 6/4/2011

https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Leopoldo_Carrera

Los entretenimientos, Realidades argentinas

EL LOCRO DEL 9 DE JULIO

Entramos al boliche, ubicado en la calle Brasil, que ofrecía el locro a 100 pesos por plato. Un grupo de obreros degustaba un costillar asado, muy abundante. Un televisor brindaba un espectáculo de música folclórica acorde con la fecha. Llegaron los locros casi, desbordando el plato.

Tenía buen aspecto y mejor sabor. Las voces de los clientes subía de tono destacando una entonación provinciana, de laburantes que se encontraron en el boliche durante la hora del almuerzo. Sitio frecuentado por obreros que degustaban un asado o un plato de mondongo a fin de paliar el hambre, rociado con un vino de la casa o una cerveza.

Debimos comer el locro despaciosamente, por su elevada temperatura y por la abundante cantidad de huesos, pequeños, medianos y grandes. De pronto, una voz se destacó por sobre el resto de los asistentes, pronunciando un rosario de palabras obscenas, salpicadas por sonoras carcajadas. El resto dialogaba casi normalmente, entre bocado y bocado.

Conversación en la que se mezclaba la política con el deporte, los temas humorísticos con los affaires sentimentales, salpicadas de tanto en tanto con exclamaciones.  Varias mesas ocupadas frente a un vaso de vino o a un café, eran un buen pretexto para permanecer horas conversando con conocidos o desconocidos, pero disfrutando de una compañía transitoria, que demoraba el regreso a la soledad.

El barrio, Realidades argentinas
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