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El Buenos Aires que se fue

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Realidades argentinas

EL CONVENTILLO EN EL TANGO

Los conventillos eran casas populares con muchas habitaciones, que alojaron a múltiples familias integradas en su mayoría por inmigrantes y su descendencia, colmando y superando la capacidad permitida para cada habitación.

La llegada del Siglo XX, se asoció con el arribo al país de enormes oleadas de inmigrantes, época caracterizada por una carencia desproporcionada de habitaciones. Esta situación motivó la construcción de enormes casas colectivas con 30 a 40 habitaciones, mal ventiladas y con déficit de servicios sanitarios.

La ciudad creció con estas características y el tango incluyó en sus estrofas, escenas típicas del conventillo. Fueron varias las denominaciones con las que se conoció a esta particular casa habitación: yotivenco, el vesre de conventillo; convento y convoy. En “Uno y uno”, tango de Julio Pollero y Lorenzo Traverso, 1929, así se lo señala: “¿Dónde están aquellos briyos / y de vento aquel pacoy, / que diqueabas , poligriyo, / con las minas del convoy?”.

Es posible encontrar breves descripciones del conventillo en algunos versos, que contribuyen a brindar el conocimiento de como eran en su interior. Enrique Santos Discépolo, con la colaboración posterior de Virgilio y Homero Expósito nos dejaron “Fangal”, 1954, donde dice: ” Yo la vi que se venía en falsa escuadra, / se ladeaba, ¡se ladeaba por el borde del fangal!…/ ¡Pobre mina que nació en un conventillo / con los pisos de ladrillos, el aljibe y el parral!”.

La puerta de calle del conventillo no existía o no se cerraba. Siempre permitía el paso, entrando o saliendo. De una o dos plantas, albergaba un conjunto muy heterogéneo de inquilinos, que cumplían un horario ampliio de trabajo. Antonio Scatasso y Pascual Contursi compusieron en 1927 “Ventanita de arrabal”, que refleja esta situación: “En el barrio Caferata / en un viejo conventillo, / con los pisos de ladrillo, / minga de puerta cancel, / donde van los organitos / su lamento rezongando, / está la piba esperando / que pase el muchacho aquel”.

La vida en el conventillo era miserable, inhumana, perversa, ya que se aunaban situaciones diversas que confluían para brindar una vida difícil, pródiga en estrecheces y dificultades económicas. La vida en el convento conducía a destinos inciertos. Celedonio Flores y José Ricardo escribieron en 1921 “Margot”: “Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada, / que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…/ Porque hay algo que te vende, yo no se si es la mirada, / la manera de sentarte, de mirar, de estar parada / o ese cuerpo acostumbado a las pilchas de percal /…y tu vieja ¡ pobre vieja! lava toda la semana / pa’poder  parar la olla, con pobreza franciscana,  / en el triste conventillo alumbrado a kerosén”.

Otras veces, un grupo de muchachos alquilaban una habitación que funcionaba como refugio temporario, el bulín, para encontrarse y compartir mate y comida, techo y música, buscando una compañía que ayudara a vivir, superando los contratiempos surgidos en la vida diaria. Era un confesionario compartido para desengaños y alegrías. Así lo conocimos en “El bulín de la calle Ayacucho”, 1925, de Celedonio Flores y José Servidio: “El bulín de la calle Ayacucho / que en mis tiempos de rana alquilaba, / el bulín que la barra buscaba / pa caer por la noche a timbear…/ cotorrito mistongo, tirado / en el fondo de aquel conventillo, / sin alfombras, sin lujo y sin brillo, / ¡cuántos días felices pasé, / al calor del querer de una piba / que fue mía, mimosa y sincera!…”.

Las condiciones de vida que se desarrollaban en el conventillo, diferían con lo que acontecía en una vivienda común. La cantidad de personas que lo habitaban, las distintas nacionalidades, las diferentes costumbres y hábitos así como la convivencia, armónica o no, eran todos factores básicos, propios del conventillo. Así quedó reflejado en “Oro muerto”, 1926, de Juan Raggi y Julio Navarrine: “El conventillo luce su traje de etiqueta:/ las paicas van llegando, dispuestas a mostrar / que hay pilchas domingueras, que hay porte y hay silueta, / a los garabos reos deseosos de tanguear. / La orquesta mistonguera, musita un tango fulo, / Los reos se desgranan buscando, entre el montón, / la princesita rosa de ensortijado rulo / que espera a su Romeo como una bendición. / El dueño de la casa / atiende a las visitas / Los pibes del convento / gritan en derredor / jugando a la rayuela, / al salto, a las bolitas, / mientras un gringo curda / maldice al Redentor”.

Nacer y vivir en el conventillo, era una etapa a superar, cambiando de vida en la primera oportunidad. El cambio de vida, motivado por la atracción que ejercían “las luces del centro”, modificaban el rumbo, particularmente en las jóvenes quinceañeras que vislumbraban el camino de su salvación. Pascual Contursi y Augusto Gentile escribieron en 1919 “Flor de fango”: “Mina que te manyo de hace rato, / perdoname si te bato / de que yo te ví nacer…/ Tu cuna fue un conventillo / alumbrado a querosen. / Justo a los catorce abriles / te entregaste a las farras, / las delicias del gotan…/ Te gustaban las alhajas, / los vestidos a la moda / y las farras de champán”.

La vida carenciada del conventillo, poblada de estrecheces, hambre y sufrimiento, constituía un estigma a superar cuanto antes. Esa vida de pobreza y limitaciones marcaba a fuego a sus habitantes, cuya meta era superarlas de cualquier manera. Así en “Champagne tango”, 1914, de Manuel Aróstegui y Pascual Contursi podemos observar que: “Nadie quiere conventillo / ni ser pobre costurera, / ni tampoco andar fulera…/ Solo quieren aparentar / ser amigo de fulano / y que tenga mucho vento / que alquile departamento / y que la lleve al “Pigall”. /  ¡Cuántas veces a mate amargo / el estómago engrupía / y pasaban muchos días / sin tener para morfar! / La catrera era el consuelo / de esos ratos de amrgura / que, culpa’e la mishiadura / no tenía pa’ morfar”.

Sin embargo, paralelamente con las ansias de aventura por vivir en un mundo mejor, rodeada de lujos, comodidades y falsa alegría, se consideraba al conventillo como un lugar seguro para crecer y forjarse un porvenir, lejos del espejismo de las farras y del alcohol. En “No salgas de tu barrio“, 1927, de Enrique Delfino y Arturo Rodríguez Bustamante, observamos lo siguiente: “No abandones tu costura, / muchachita arrabalera, / a la luz de la modesta / lamparita a kerosene…/ No la dejés a tu vieja / ni a tu calle, ni el convento, / ni al muchacho sencillote / que suplica tu querer. / Desechá los berretines / y los novios milongueros / que entre rezongos del fuelle / ¡ te trabajan de chiqué!”.

El conventillo fue artífice de una etapa fundamental en el crecimiento y desarrollo de ese Buenos Aires que se fue.

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QUIRINO CRISTIANI, PIONERO DEL CINE DE ANIMACIÓN

Quirino Cristiani fue el pionero del cine de animación, nacido en Santa Giuletta, Pavia, Italia, el 2 de julio de 1896.

En 1900 llegó con sus padres y hermanos a Buenos Aires, estableciéndose en la Argentina. Desde muy joven fue un apasionado por el dibujo. Durante su época de estudiante secundario, tuvo como maestros a Lorenzo Gigli y Alfredo Guido. Trabajó como caricaturista para los diarios, en historietas y sátiras políticas. Asistió a cursos de Bellas Artes.

Federico Valle, un cineasta italiano radicado en Buenos Aires, lo contrató en 1916 para trabajar en su estudio cinematográfico realizando caricaturas de humor político, en las películas de informativos. Pero Valle le exigió que dotara de movimientos a sus dibujos, basándose en las animaciones del francés Émile Cohl. Entonces realizó su primer cortometraje de animación “Intervención en la Provincia de Buenos Aires”.

Cristiani desarrolló sus propias técnicas de animación que dieron por resultado la aparición de “El apóstol”, el 9 de noviembre de 1917, el primer largometraje de dibujos animados de la historia, producido por Federico Valle. Era una sátira sobre Hipólito Irigoyen, con libreto de Alfredo de Laferrere y dibujos de Diógenes Taborda, que permaneció casi un año en cartel.

En 1918 patentó una mesa para la creación de películas de animación y realizó su segunda película de largometraje, “Sin dejar rastros”, referida a un confuso episodio de la Primera Guerra Mundial, que no tuvo aceptación por razones políticas, ya que el film fue censurado y confiscado por el gobierno.

Pero Quirino Cristiani se había convertido en el creador del cine animado y sonoro, ya que Walt Disney, comenzó a trabajar en animación a partir de 1920, cuando contaba 19 años, preparando anuncios para los cines locales. Cristiani continuó con su tarea de dibujar historietas y caricaturas para los periódicos, con magros ingresos. Entonces creó el “Public-Cine”, una pantalla al aire libre para los barrios que no disponían de sala cinematográfica, con notable éxito. Fue clausurado por la Municipaslidad por obstaculizar el tránsito.

La empresa estadounidense Metro-Goldwyn-Mayer, lo contrató en 1927, como director de publicidad en la filial argentina. Cuatro años más tarde, el 16 de setiembre de 1931, estrenó “Peludópolis”, el primer largometraje animado y sonoro, en 35 mm. Fue una sátira política en relación al gobierno de Hipólito Irigoyen y su caída. La sonorización se realizó mediante el acople de discos grabados. La película fue un desastre económico que provocó la ruina económica de Cristiani.

La dificulatad económica y la carencia de tecnología adecuada. no le permitió competir con Walt Disney, hecho que determinó dedicarse al doblaje y subtitulado de películas extranjeras, en su laboratorio ubicado en Sarmiento 2121. Este hecho no le impidió realizar otros cortos animados: “Entre pitos y flautas” en 1941 y “Carbonada”, en 1943, que ganó el Premio Municipal.

En 1941, se estrenó en Buenos Aires “Fantasía”, lo que motivó la visita al país de su creador, Walt Disney. En un encuentro con Cristiani, lo invitó a emplearse en Estados Unidos, ofrecimiento que rechazó, pero le recomendó a Disney una entrevista con el dibujante Florencio Molina Campos, experto en temas gauchescos.

Sus películas se destruyeron en dos incendios ocurridos en su laboratorio, en los años 1957 y 1961 respectivamente, salvándose solamente “El mono relojero”, encargada por Carlos Vigil. Ante estas contingencias, Cristiani decidió su retiro, siendo completamente olvidado, hasta que en la década del 80, fue homenajeado en Italia y Argentina. Falleció en su casa de Bernal, Provincia de Buenos Aires, el 2 de agosto de 1984.

Quirino Cristiani fue el pionero del cine de animación y del primer largometraje sonoro en el mundo, que vivió en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuentes: http://e.wikipwdia.org/wiki/Quirino_Cristiani

http://www.grupokane.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=105%3Aartdossier_

https//es.wikipedia.org/wiki/Walt_Disney

Bendazzi G. Quirino Cristiani, the untold story of Argentina’s Pionner Animator_Graffiti. Dec. 1984

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EL BANDONEÓN EN EL TANGO

El bandoneón es un instrumento de origen alemán, que llegó a estas latitudes para identificar y caracterizar la ejecución del tango rioplatense.

El estilo interpretativo, sus variaciones y ronroneos, le han conferido al tango muchas de sus características melódicas y bailables. De una danza ágil y rápida, con cortes y quebradas, la ejecución del bandoneón produjo una profunda transformación en la danza, más lenta e intimista.

El bandoneón está presente en los títulos o integrando el desarrollo del tema, estableciéndose un diálogo donde el bandoneón, cobra vida y adquiere un protagonismo esencial. En 1928, Pascual Contursi y Juan Bautista Deambroggio escribieron “Bandoneón arrabalero”; “Bandoneón arrabalero, / viejo fueye desinflao, / te encontré como a un pebete / que la madre abandonó / …Bandoneón, / porque ves que estoy triste / y cantar ya no puedo, / vos sabés / que yo llevo en el alma / marcao un dolor”.

Los diálogos alcanzan profundidad y emoción, son verdaderas confesiones, tal como se observa en “La última curda”, 1956, de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo; “Lastima, bandoneón, / mi corazón / tu ronca maldición maleva…/ Pero es el viejo amor / que tiembla, bandoneón, / y busca en un licor que aturda, / la curda que al final / termine la función / ¡corriéndole un telón / al corazón !”.

Fueye es sinónimo de bandoneón. Muchas veces así aparece mencionado en tangos como “Oro bajo”, 1926, de Julio Navarrine y Juan Raggi, en la letra no modificada por la censura en la década del 40:”El fueye melodioso termina un tango papa. / Una pebeta hermosa saca del corazón / un ramo de violetas, que pone en la solapa / del garabito guapo, dueño de su ilusión”.

Cumplendo el papel de padre del tango, lo expresó José Canet en “La abandoné y no sabía”, 1944, cuando dice: “…acunado entre los sones / de bandoneones / nació este tango “.

El bandoneón participa activamente de las situaciones que vive una pareja, acompañando al hombre en su incertidumbre y desasosiego, como un viejo compañero. Lo dijeron Julián Centeya y Enrique Mario Francini en “La vi llegar”, 1944, con estas palabras: ” Y el bandoneón / -rezongo amargo del olvido- / lloró su voz / que se quebró en la densa bruma. / … Y el bandoneón / dice su nombre en su gemido, / con esa voz / que la llamó desde el olvido. / Y en este desencanto brutal que me condena / la vi partir sin la palabra del adios”.

La relación entre el ejecutante y el instrumento es íntima, confidencial. Al bandoneón se le confían los secretos personales mejor guardados, los sentimientos más comprometidos, como integrantes de una sociedad muy especial. Enrique Cadícamo junto a Rafael Rossi, nos dejaron en 1943, “Cuando tallan los recuerdos” : “Aquí está mi orgullo de antes, / bandoneón de mi pasado, / viejo fueye que he dejado / para siempre en un rincón. / Mi viejo fueye querido, / Yo voy corriendo tu suerte, / las horas que hemos vivido / hoy las cubre el olvido / y las ronda la muerte”.

Otras veces, los momentos vividos con el bandoneón se traducen en episodios muy gratos, felices y emotivos, que conducen a una cadena de recuerdos inolvidables, siempre agradecidos. Lo decían Francisco Marino y Juan Arcuri en “Viejo tango”, 1926, : “En el gangozo rezongar del fueye, / brotan sentidas, llenas de emoción / las cadenciosas notas de mi tango, / el viejo tango de mi corazón. / Se llena mi alma de dulces recuerdos / y de añoranzas de mi juventud, / y cada nota asoma a mi memoria / una deuda de inmensa gratitud”.

El alejamiento del hogar por razones laborales, motiva la evocación nostálgica del tango, siempre asociada al querido bandoneón. Así Homero Manzi y Lucio Demare compusieron “Mañana zarpa un barco”, 1942, :” Dos meses en un barco viajó mi corazón, / dos meses añorando la voz del bandoneón / El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión, / al ritmo de su danza se hamaca la emoción. / Bailemos este tango, no quiero recordar, / mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más”.

La humanización del bandoneón queda claramente reflejada, al atribuírsele los mismos sentimientos que nos tocan vivir a diario. Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián lo manifiestan en “Nostalgias”, 1936, al decir: ” Gime, bandoneón, tu tango gris; / quizás a ti te hiera igual / algún amor sentimental…/ Llora mi alma de fantoche, / sola y triste en esta noche, / noche negra y sin estrellas…/ Quiero emborrachar mi corazón / para después poder brindar / por los fracasos del amor”.

El bandoneón y el tango, intimamente entrelazados, elementos determinantes de una inmigración que se asentó en el barrio de la Boca. De acuerdo con Alberto Vacarezza y Antonio Scatasso, así lo señalaron en “El poncho del amor”, 1927, : ” Yo soy del barrio de la ribera, / patria del tango y el bandoneón. / Hijo sin grupo de un gringo viejo, / igual que el tango de rezongón “.

El bandoneón se transforma en el confidente esencial, entre copas y tangos, cuando los romances terminan en la nada pero permanecen en el subconciente, reapareciendo con fuerza incontenible. Homero Manzi y Aníbal Troilo, lo expresaron en “Che, bandoneón”, 1950, : “Bandoneón / hoy es noche de fandango / y puedo confesarte la verdad, / copa a copa, pena a pena, tango a tango, / embalado en la locura / del alcohol y la amargura. / Bandoneón, / ¿para que nombrarla tanto ? / ¿No ves que está de olvido el corazón / y ella vuelve noche a noche como un canto / en las gotas de tu llanto, / Che, bandoneón? “.

El bandoneón era el personaje, la esencia, el motivo, la razón de todas las situaciones emparentadas con el tango. El bandoneón llora, gime, ronronea; se manifiesta de todas las formas posibles ante su dueño. José Staffolani y Pedro Maffia compusieron “Taconenando”, 1931, y así lo contaron: “Y al quejarse el bandoneón / se escuchó / tristes las notas del tango / que nos hablaba de amor, / de mujer, de traición, / de milongas manchadas de sangre / de sus malevos y el “Picaflor”.

Las penas y los romances evocados bajo la acción del alcohol, caracterizaron al famoso tango “Malena”, de Homero Manzi y Lucio Demare, 1942,: “Malena canta el tango como ninguna / y en cada verso pone su corazón. / A yuyo de suburbio su voz perfuma. / Malena tiene pena de bandoneón. / O acaso aquel romance, que solo nombra / cuando se pone triste con el alcohol. / Malena canta el tango con voz de sombra. / Malena tiene pena de bandoneón”.

El tango, Realidades argentinas

CIAE, LA COMPAÑÍA ITALO ARGENTINA DE ELECTRICIDAD

Los servicios eléctricos de la ciudad de Buenos Aires y alrededores, fueron brindados a partir de 1887 por empresas privadas.

A partir de 1912, aparecieron en la ciudad unas curiosas construcciones de estilo florentino, como si fueran pequeños castillos. La primera de ellas se edificó en la Boca, de gran tamaño, con ladrillos rojos a la vista, ubicada en la esquina de Caffarena y Pedro de Mendoza, hoy reciclada y transformada en sede de la Usina del Arte.

Fue la primera gran usina de vapor de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, empresa de capitales suizos, encargada de alumbrar una parte de la ciudad de Buenos Aires, especialmente en donde estaban ubicados los inmigrantes italianos. El estilo de la construcción, que remedaba a los castillos florentinos, intentaba acercar a la impresionante cantifdad de italianos llegados al país, una imagen que les recordara su país natal.

La necesidad de extender la provisión de electricidad, motivó la construcción de numerosos edificios más pequeños, con ladrillos rojos y diseminados por diversos barrios de la ciudad, así como también en algunas zonas del Gran Buenos Aires. Se construyeron más de 200 edificios con estas características medievales, absolutamente diferentes del resto de la edificación existente.

Conformaron las usinas, subusinas y estaciones de la “Ítalo”, como se la conocía. Los característicos edificios no eran, iguales entre sí. Eran parecidos, con detalles arquitectónicos que variaba de uno a otro, pero siempre, plenamente identificables. Estuvieron activos durante la vigencia de la CIAE y a partir de 1979, al fusionarse a SEGBA SA, dejaron de prestar servicio por obsoletos y fueron cedidos a la Municipalidad, transformándose en una curiosidad edilicia de ese Buenos Aires quer se fue.

Fuente: http://www.diarioz.com.ar/#/nota/la-herencia-arquitectonica-de-la-compañia-Italo-Argentina.

Casasbellas, R. Una historia de corriente continua. La Nación, 16-03-1999.

El barrio, La ciudad, La inmigración, Realidades argentinas

TORCUATO DI TELLA

Torcuato Di Tella nació en 1892 en Capracotta, Italia.

En 1903 llegó a Buenos Aires, a la edad de 13 años. Su ingenio y su inventiva se mostraron con la invención de una amasadora de pan en 1911, a consecuencia de una huelga de panaderos. Tenía 18 años y a raiz del éxito obtenido creó la empresa “Sección Industrial Amasadoras Mecánicas”, conocida como SIAM, patentando la primera máquina para amasar pan.

Estudió en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1921. SIAM se transformó en una fábrica muy importante, al ser contratada por YPF para fabricar bombas de extracción de petróleo, oleoductos y surtidores de combustible, hasta 1930.

Por el golpe militar, le rescindieron el contrato con YPF, por lo que en 1932, se orientó a fabricar maquinaria industrial y heladeras comerciales. En 1935 fabricó las heladeras familiares SIAM, de gran impacto por el uso masivo, lo que le brindó un gran prestigio.

También lavarropas, cocinas, televisores, motonetas, furgonetas, grandes transformadores eléctricos, caños de acero y generadores para locomotoras diésel eléctricas. Empleó a más de 10.000 obreros en una gran fábrica metalmecánica ubicada en Avellaneda.

Representó a la Argentina ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT y fue docente de economía y gerencia de empresas desde 1944. Se casó con María Robiola y tuvo 2 hijos, Torcuato y Guido Di Tella. Falleció en Buenos Aires en 1948, a la edad de 56 años, cuando SIAM era el grupo industrial más importante de LatinoAmérica.

Su muerte dejó un hueco muy importante en la conducción de la empresa . En la década del 50, mediante un acuerdo con la firma italiana Lambretta, fabricó motonetas denominadas “Siambretta”. SIAM también fue famosa a partir de 1960 por la producción de automóviles, los SIAM-DiTella, basados en la tecnología inglesa del Riley 4, un sedan de 4 puertas con capacidad para 5 pasajeros. Fue el auto de la familia de clase media y de los taxistas.

En 1958 se fundó el Instituto Di Tella, para la educación de artistas locales y en 1991, la Universidad Di Tella, emprendimientos desarrollados por los ingenieros Torcuato y Guido Di Tella, quienes interesados en el aspecto cultural, no se ocuparon del manejo de la empresa.

En 1972 todo terminó cuando la empresa entró en bancarrota, siendo nacionalizada  por la enorme deuda que mantenía con el Estado. En 1986, la empresa fue desmembrada y vendida a los grupos empresarios privados Techint, Pérez Companc y Aurora Grundig. Los problemas de gestión sumados a los golpes de estado y las dificultades financieras, condujeron a la quiebra.

Torcuato Di Tella intentó transformar a la Argentina rural en una nación industrializada y moderna, con conceptos novedosos como la producción en serie y la organización científica del trabajo. Las heladeras SIAM y el famoso Di Tella 1500, fueron íconos de la industria argentina, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Siam_Di_Tella

http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2006/10/29/2-03515.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Torcuato_Di_Tella

La inmigración, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

EL BULÍN

El bulín era una habitación alquilada, de medianas dimensiones, donde un grupo de amigos, la usaban como un refugio y sitio de encuentros.

Generalmente ubicada en los altos de un edificio, disponía de una mesa para comer y jugar a los naipes, generala o dominó, los mismos juegos que en el café, a lo que se sumaba como complemento obligado, un platito con porotos que alguna vez fueron blancos.

Una cama, “la catrera”, de usos múltiples; un calentador marca “Primus”, fuente calórica primordial para entibiar el ambiente en los días invernales y calentar el agua contenida en una pava para tomar mate, infaltable junto a la azucarera y yerbera, conjunto al que se adicionaban los clásicos bizcochos con grasa, combinación insuperable.

Una ventana de doble hoja con postigos de madera, permitía distinguir el día de la noche. Un velador pequeño en la mesa de luz y una sencilla lámpara colgante, constituían las únicas fuentes lumínicas artificiales. Las paredes empapeladas con pésimo gusto y un piso de madera con listones de roble, que alguna vez fueron encerados.

Una pequeña radio permitía escuchar relatos de partidos de fútbol, resultados de lotería y programas musicales. Con motivo de un cumpleaños o una fecha especial, alguno traía un tocadiscos o una victrola a cuerda, para disfrutar un par de discos con buenos tangos interpretados por Juan D’Arienzo o Carlos Gardel.

Un cenicero muy sucio, recuerdo de alguna visita al café, estaba colmado de colillas, que en época de “malaria”, se volvían a fumar. Todos tenían la llave de la habitación; eran cuatro o cinco amigos que estaban muy bien organizados con los horarios, cuando alguno tenía una compañía femenina. Una foto de Gardel o de un equipo de fútbol, adornaba una de las paredes.

El bulín era el lugar donde un grupo de amigos, después de ir a bailar, se reunían para cenar en calzoncillos, en horas de la madrugada, o bien para jugar al póker, en una noche prolongada, hasta que alguno abría los postigos y la luz del sol en la cara, les señalaba un nuevo día.

El bulín era el sitio para combatir el hastío, la mufa del trabajo, la angustia por un rechazo sentimental, en donde se encontraba siempre la palabra que consolaba, que apoyaba, que acompañaba, en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, La cuestión social, Realidades argentinas

LOTERÍA DE NAVIDAD, AÑO NUEVO Y REYES

La llegada del nuevo año siempre constituía un acontecimiento a todo nivel.

La última semana del año era completamente distinta. La posibilidad de ganar dinero con la Lotería apostando en el “Gordo de Navidad”, creaba un clima de expectación, acentuado durante la transmisión radial del sorteo, esperando la aparición del número ganador. Salvo la quiniela clandestina, no existían otras posibilidades ya que no había “Prode”, “Quini”o “Raspadita”.

Era habitual durante la transmisión radial del sorteo, que duraba varias horas, la demora en el anuncio del premio mayor. La posibilidad de ser un nuevo rico, anidaba en cada uno de los que habían adquirido un billete de lotería. Los resultados del sorteo provocaban todo tipo de comentarios, con una extensa cobertura periodística y radial.

Siempre se consultaba el extracto completo del sorteo, a fin de verificar si se había obtenido algún premio. Los nuevos ricos eran reporteados repetidas veces, brindando historias de vida curiosas y atractivas, que se instalaban en el nutrido anecdotario de los triunfadores en los juegos de azar.

En menor escala y paralelamente al sorteo navideño, se realizaban en almacenes y panaderías, sorteos de grandes canastas conteniendo una diversidad de productos alimenticios, bombones y confitados; también juguetes, grandes muñecas “Marilú” y más raramente, electrodomésticos.

Para los muchos que vieron frustradas las posibilidades de ganar un premio. encontraban un desquite jugando en el sorteo de Año Nuevo, que con un premio menor, abría un nuevo abanico de posibilidades para “salir de pobre”. Si bien no tenía el impacto del sorteo navideño, brindaba la ocasión de beneficiarse  con una importante suma de dinero para la época.

Las entrevistas a los ganadores informaban sobre los planes elaborados previamente ante la posibiidad de ganar un premio, de como los sueños se convertían en realidad. Los beneficiados alcanzaban un inmediato grado de popularidad que después del último sorteo importante, el de Reyes, caían poco a poco en el olvido.

Eran tres sorteos en dos semanas, en los que cambiaba el destino de varias familias. Ya fuera por la adquisición de un entero, de varios billetes, o la modesta participación en uno, en el caso de ganar, todo oscilaba en una muy importante mejoría de la situación económica, hasta la posibilidad de adquirir varios billetes de la próxima jugada.

Los pasos relacionados con el cobro de los premios era rigurosamente registrado por el periodismo. Se conocían las anécdotas de quienes no apostaron al número ganador en ésa ocasión; de los que sí lo hicieron y por cuales razones. Casualidades, contrariedades y coincidencias , se balanceaban constantemente en los relatos que resultaban ser las consecuencias de todas las vivencias relacionadas con los distintos aspectos de los sorteos.

Entre la inmensa mayoría no beneficiada, las esperanzas quedaban postergadas hasta los próximos sorteos de Navidad, Año Nuevo y Reyes, en ese Buenos Aires que se fue.

La ciudad, La cuestión social, Los juegos, Realidades argentinas

ANTONIO ABERTONDO

Antonio Abertondo fue un nadador en competencias de larga distancia, nacido en Beccar, Provincia de Buenos Aires, el 1º de agosto de 1918.

Dejó una huella muy profunda en la historia deportiva del país, ya que la mayoría de las empresas que acometió, fueron acompañadas por el éxito. Marcó records de permanencia en el agua, pero fue mundialmente conocido por ser el primer nadador del mundo que cruzó el Canal de la Mancha en ambas direcciones.

Partió de Inglaterra hacia Francia y sin interrupción, regresó a Inglaterra, empleando un tiempo de 43 horas y 5 minutos. La hazaña ocurrió en setiembre de 1961. Le significó su inclusión en las listas de honor del International Swimming Hall of Fame, la entidad que nuclea a los nadadores más exitosos del mundo.

Entre los años 1941 y 1945, intentó vanamente unir el Tigre con Puerto Nuevo, o cruzar el Río de la Plata. Pero a partir de 1946, comenzaron los éxitos nacionales e internacionales. Logró realizar el cruce del Río de la Plata, y unir el Tigre con el Balneario Municipal. En 1950 cruzó nuevamente el Río de la Plata.

Cruzó el Canal de la Mancha en tiempo record y el Estrecho de Gibraltar. En 1951, cruzó los ríos Hudson y Mississipi, en Estados Unidos. Los intentos anteriores de unir Rosario con Puerto Nuevo, fueron una cadena de abandonos hasta que en 1957 lo logró, empleando 80 horas y 48 minutos. Cruzó el Canal de la Mancha, en dos oportunidades, antes del doble cruce. En 1964 realizó el doble cruce Capri Nápoles.

Intentó superar el record de permanencia en el agua, ya sea en pileta o en el río, pero no lo logró. Sin embargo, la trayectoria de Abertondo estuvo jalonada por éxitos como el cruce del Estrecho de los Dardanelos y del Estrecho del Bósforo. En varias oportunidades, unió Bella Vista con Hernandarias en tiempo record; Esquina con San Lorenzo; Bella Vista con La Paz y Goya con Diamante.

Durante las pruebas, se alimentaba con frutas, caldos, mate cocido, pollo, jamón y alguna comida caliente. Un monolito en Dover, Inglaterra, recuerda su hazaña del Doble cruce del Canal de la Mancha. Falleció el 6 de julio de 1978. Antonio Abertondo fue un nadador excepcional de larga distancia, que marcó records dentro y fuera del país, dejando un recuerdo imborrable de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.heraclesteam.com/leyendas-y-heroes-del-deporte.php

http://www.arcotriunfal.com/447/primer_hombre_en_cruzar_el_canal_de_la_mancha

http://www.portalunoargentina.com.ar/contenidosver.asp?ed=15042

Personajes de la ciudad, Realidades argentinas

GERARDO BÖNNHOFF

Gerardo Bönnhoff, “laucha”, fue un atleta nacido en Berlín, Alemania, el 24 de junio de 1926.

Llegó a Buenos Aires en 1936 junto con sus padres, en calidad de inmigrante. En 1942, en los Campeonatos Nacionales de Cadetes, fue campeón en los 100 metros llanosy subcampeón en los 200 metros llanos. Al año siguiente, en el mismo campeonato, ganó en los 100  y 200 metros.

En 1945 se nacionalizó argentino, representando oficialmente a nuestro país. Fue uno de los grandes representantes argentinos a nivel nacional e internacional, estrella fulgurante en la época dorada del atletismo argentino.

Este velocista excepcional, estuvo rodeado de otros descollantes colegas como Delfor Cabrera, ganador en 1948, de la maratón en las Olimpíadas de Londres, uno de nuestros mejores fondistas. De Alberto Triulzi, el campionísimo de los 110 metros con vallas. De Noemí Simonetto, campeona en salto en alto. De Ingebord Mello de Preiss, en lanzamiento de la bala y del martillo.

Sus registros fueron notables en 100 y 200 metros, y Posta de 4 x 100 metros. La fama había comenzado el 1º de diciembre de 1945, en la pista del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ubicada en Palermo. En la final del Campeonato Nacional, marcó 10″ 3/10, record sudamericano para los 100 metros llanos, y a una décima por debajo de la marca mundial de Jesse Owens.

Se destacó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, donde fue finalista de los 200 metros llanos, ocupando el sexto lugar con una marca de 21″ 59 centésimos. Apasionado del atletismo, fundó el “Club Argentino de Atletismo”, entidad que llegó a presidir. Promovió torneos clásicos. Escribió en los diarios “Clarín”, “La Prensa” y en la revista “El Gráfico”.

Fundó la revista especializada “A sus marcas”, un verdadero archivo del atletismo argentino. En la década del 60, promovió el atletismo a nivel infantil, a través del “Torneo Escolar Billiken”.  Fue corresponsal de la revista alemana “Leichtathletik” y el mayor impulsor de la Estadística en Atletismo. Falleció en El Palomar. Provincia de Buenos Aires, el 28 de diciembre de 2013. Gerardo Bönnhoff representó a la República Argentina en las competencias de 100 y 200 metros llanos, siendo el mejor velocista de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.cada-atletismo.org./noticias_detalle.php?id=1622

http://www.sports-reference.com/olympics/athletes/bo/Gerardo-bonnhoff-1.html

La inmigración, Realidades argentinas

VITO DUMAS, EL NAVEGANTE SOLITARIO

Vito Dumas nació en Buenos Aires, en el barrio de Palermo, el 20 de Setiembre de 1900.

Pasó su infancia en Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires. Fue un gran deportista que practicó atletismo, lucha, boxeo y natación. También fue aviador y navegante. Por razones económicas, mientras cursaba la escuela secundaria, debió trabajar en oficios diversos.

A partir de 1923 hizo cinco intentos de cruzar a nado el Río de la Plata, no logrando su objetivo. En 1931 viajó a Francia a fin de intentar el cruce a nado del Canal de la Mancha, pero una vez más, falló en su intento.

Decidió comprar una pequeña embarcación de 8 metros de eslora, construida en 1918, a la que bautizó “Legh” , con la que zarpó el 13 de Diciembre de 1931 desde el pueblo pesquero de Arcachón, Francia, arribando a Buenos Aires el 13 de Abril de 1932.

Vendió el barco, compró un campo barato y se dedicó a cultivar la tierra. Pero un día dijo basta, recuperó el barco con la ayuda económica de los amigos. El 27 de Junio de 1942, Vito Dumas zarpó de Buenos Aires a bordo de otro velerito, el “Legh II”, sin motor y sin radio, en plena Segunda Guerra Mundial.

Su recorrido tocó las ciudades de Montevideo, Ciudad del Cabo, Wellington, Valparaiso y por el Cabo de Hornos, por la “Ruta de la muerte”, arribó a Mar del Plata y desde allí, a Buenos Aires, después de 1 año y 36 días, con la única compañía de su pipa. Debió vencer duras tormentas, olas de hasta 18 metros de altura y vientos implacables. Navegó 22 mil millas náuticas en 272 días de travesía, llegando a Buenos Aires el 8 de Agosto de 1943.

Dos años más tarde, en Setiembre de 1945 navegó de Buenos Aires a Nueva York. En abril de 1955 hizo el viaje a Nueva York en una sola escala, pero con su nuevo barco “Sirio”, más pequeño que el “Legh II”.

Escribió varios libros: “Mis viajes”, “Los cuarenta bramadores”, “Solo, rumbo a la Cruz del Sur” y “El crucero de lo imprevisto”. Fue el primer navegante solitario en recibir The Slocum Award, por haber dado la vuelta al mundo. Falleció el 28 de Marzo de 1965, a causa de un derrame cerebral.

Vito Dumas, un representante del idealismo, el coraje y la tenacidad, vencedor de obstáculos y contingencias desfavorables, considerado el más grande navegante de todos los tiempos, murió olvidado (y sigue olvidado) en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.viajeros.com/articulos/vito-dumas-el-ermitaño-de-los-mares

http://www.portalplanetasedna.com.ar/vitodumas.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Vito_Dumas

Personajes de la ciudad, Realidades argentinas

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