El Buenos Aires que se fue

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Realidades argentinas

EL LOCRO DEL 9 DE JULIO

Entramos al boliche, ubicado en la calle Brasil, que ofrecía el locro a 100 pesos por plato. Un grupo de obreros degustaba un costillar asado, muy abundante. Un televisor brindaba un espectáculo de música folclórica acorde con la fecha. Llegaron los locros casi, desbordando el plato.

Tenía buen aspecto y mejor sabor. Las voces de los clientes subía de tono destacando una entonación provinciana, de laburantes que se encontraron en el boliche durante la hora del almuerzo. Sitio frecuentado por obreros que degustaban un asado o un plato de mondongo a fin de paliar el hambre, rociado con un vino de la casa o una cerveza.

Debimos comer el locro despaciosamente, por su elevada temperatura y por la abundante cantidad de huesos, pequeños, medianos y grandes. De pronto, una voz se destacó por sobre el resto de los asistentes, pronunciando un rosario de palabras obscenas, salpicadas por sonoras carcajadas. El resto dialogaba casi normalmente, entre bocado y bocado.

Conversación en la que se mezclaba la política con el deporte, los temas humorísticos con los affaires sentimentales, salpicadas de tanto en tanto con exclamaciones.  Varias mesas ocupadas frente a un vaso de vino o a un café, eran un buen pretexto para permanecer horas conversando con conocidos o desconocidos, pero disfrutando de una compañía transitoria, que demoraba el regreso a la soledad.

El barrio, Realidades argentinas

RESTAURANTE LA EMILIANA

“La Emiliana” fue un antiguo restaurante fundado en 1882.

Su nombre pertenecía a la hija de uno de los fundadores. Había ocupado otros predios en la calle Paraná al 300, hasta que en la Nochebuena de 1934, abrió sus puertas en Corrientes 1431.

Disponía de un amplio y hermoso salón con sillas y percheros Thonet, importados de Viena, Austria. Atendido por mozos con guantes blancos y un maitre que hablaba tres idiomas,  eran signos de distinción que comenzaban con el saludo del portero, vestido con uniforme y galera.

Supo recibir a los famosos que pasaban por Buenos Aires y se sentían atraídos por las delicadezas de su menú para disfrutar el famoso “Pollo al spiedo”, los “hígados de pollo a la Veneciana”, o los “fettuccini a la crema”.

Una experiencia inolvidable que experimenté durante mis visitas a esa inolvidable casa de comidas, fue la degustación del famoso postre “Omelette Surprise”, flambeado con Negroni en la mesa, y compuesto con una base de pío nono, crema americana, frutas de estación, sabayón caliente y merengue italiano para      cuatro personas, consecuencia de su tamaño.

El Restaurante “La Emiliana”, abierto desde 1882 hasta 1995, fue un lugar de encuentro social y cultural en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Videl Dora. Tradiciones porteñas. Clarín, 14-09-2001.

http://restaurantesybaresdebuenosaires.blogspot.com.ar/2016/01/restaurantes-desaparecidos-la-emiliana.html

La ciudad, Realidades argentinas

LAS SUECAS

Ewy Rosqvist nació en Gotemburgo, Suecia, en 1931 y aprendió a conducir automóviles cuando era niña.

Mientras estudiaba Veterinaria conoció a Úrsula Wirth, de 29 años, quien sería su acompañante en las rutas de Suecia y posteriormente de Europa. Conquistó el título europeo de “Damas en Rally” en tres oportunidades.

Estos resultados motivaron su incorporación al equipo oficial de Mercedez Benz. Fueron invitadas a participar en el “Gran Premio Standard de Automovilismo” a disputarse en Argentina en 1962, integrando el equipo Mercedes Benz, piloteando un auto 220SE.

La novedad de su presencia en la Argentina se consideró una maniobra de marketing, dada su participación en un medio netamente machista, absolutamente dominado por los hombres. Ellas constituyeron la gran curiosidad, la nota llamativa ante este aporte femenino de alto nivel.

La carrera se largó desde Pilar, Provincia de Buenos Aires, el 25 de octubre de 1962, con la participación de 257 coches en 7 categorías diferentes. Debían cubrir una distancia de 4.624 kilómetros, divididos en 6 etapas:  Villa Carlos Paz, San Juan, Tucumán, Catamarca, Córdoba y Arrecifes.

Sin cometer errores, con ritmo y precisión, estas integrantes del equipo Mercedes Benz dirigido por Juan Manuel Fangio, enfrentaron a los poderosos Volvo 122 S, a los Pontiac Catalina de 400 HP y a los Mercedes Benz 300 SE. Ganaron todas las etapas en tiempo récord, finalizando la clasificación general a más de 3 horas de ventaja sobre su inmediato perseguidor.

Al finalizar cada etapa, las suecas descendían del auto con su uniforme blanco impecable, pintadas y perfumadas como si no hubieran corrido. Se llegó a comentar que por la gran ventaja que tenían, se detenían antes del final de cada etapa, se cambiaban, se arreglaban y al cruzar la meta aparecían descansadas y listas para ir a una fiesta.

Cuando comparábamos sus aspecto con el de los restantes corredores, nos preguntábamos como era posible esa gran diferencia en su aspecto exterior. Los hombres barbudos, despeinados, con el mameluco salpicado de grasa y barro, constituían un contraste notable en su apariencia con las suecas.

Los recuerdos y anécdotas de esta carrera quedaron registrados en el libro “Viaje a través del infierno”, escrito por Ewy Rosqvist. Después de esta carrera, Úrsula Wirth no volvió a correr pero Ewy regresó en los años 1963 y 1964, participando del Gran Premio y ocupando la tercera colocación, siempre integrando el equipo Mercedes.

Ewy Rosqvit y Úrsula Wirth llegaron de Suecia, corrieron el Gran Premio, ganaron todas las etapas en tiempo récord dejando un recuerdo inolvidable en el deporte automovilístico de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuentes:

Gesumaría E. Las suecas hoy. La Voz, 4 mayo 2008.

http://www.automovilismosport.com/historia/suecas/note.html

Los entretenimientos, Realidades argentinas, Visitas inolvidable

LA SALADA

La Salada era una laguna de agua barrosa y salitrosa ubicada en la zona sur del partido de La Matanza.

Medía 200 metros de largo por 20 de ancho aproximadamente. Se le atribuían propiedades curativas, especialmente a su fondo barroso, con el cual muchas personas untaban su cuerpo en busca de sus beneficios.

Al comenzar la década del cuarenta, los porteños encontraron en ese sitio, una forma de mitigar las jornadas de calor húmedo, típicas de Buenos Aires. Era una cita elegida para los días sábados, domingos y feriados que, mediante el transporte en tren, colectivos, camiones y a veces, en autos particulares, facilitaba el arribo de entusiastas concurrentes.

No se viajaba a la costa salvo excepcionalmente. No se disponía de piletas particulares. Se solían visitar otros sitios como el Balneario Municipal en la Costanera Sur, los balnearios de Vicente López y Olivos en la zona Norte, o los de Quilmes y Punta Lara, en la zona Sur.

La popularidad de la laguna La Salada motivó la creación del “Parque Balneario La Salada”, con la construcción de 3 grandes piletas alimentadas con agua salada, extraída por bombas aspirantes, y de baños, vestuarios y duchas.  La pileta de menor tamaño y profundidad, era exclusiva para niños.

Los grupos familiares disfrutaban de la sombra de los numerosos árboles existentes, así como de un buen asado cocinado en los fogones y degustado sobre las mesas de material por allí dispersas. Disfrutar de la sombra de esos árboles o de los baños en las piletas, ya sea por placer o por sus propiedades curativas para enfermedades reumáticas, era una situación aprovechada también por visitantes provenientes del interior del país.

Finalizada la hora de las piletas, el patio de la confitería era el paso siguiente donde comenzaba el baile,  al finalizar la tarde. Durante 3 horas aproximadamente, los asistentes tenían la oportunidad de compartir bailes de todos los ritmos en un clima muy animado.

Este balneario fue clausurado en el año 1961 por la existencia de contaminacìón bacteriana de las cañerías. Las inolvidables piletas del Parque Balneario La Salada, fueron las más populares de la zona Sur de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:  http://www.arcondelrecuerdo.com.ar.?p=76

http://elfederal.com.ar.nota/revista/24690/aquellas-piletas-parecidas-al-mar

La cuestión social, Modas y costumbres, Realidades argentinas

LUIS ZORZ, MAESTRO DEL FILETE PORTEÑO

Luis Zorz, Luisito, nació en Buenos Aires, el 17 de julio de 1932, en el pasaje Vinchina 1576, en el barrio de Flores.

Fue su maestro en el filete, el reconocido artista León Untroib, a quien conoció en la fábrica de carros “Lloyds Hermanos”, cuando tenía 12 años. Untroib le proporcionó el primer trabajo, retocar las chatas con pintura. La relación con Untroib duró hasta el fin de sus días.

El letrista Alfonso Ravena, de Villa Lugano, le trasmitió sus conocimientos, que le permitieron trabajar como oficial letrista a los 16 años. En su amplio taller de Villa Lugano, un verdadero museo del filete, Zorz elaboró la mayoría de sus trabajos, que han quedado felizmente plasmados en cafés, restaurantes, y especialmente en las calles de los distintos barrios de la Ciudad, como Boedo, Parque Patricios y Barracas.

También en  los carteles de publicidad de cines y teatros de la calle Corrientes, así como los que coronan el Bar Restaurant “Homero Manzi”, en la esquina de San Juan y Boedo,  clásicas muestras de su reconocido talento.

Pero es importante destacar las placas  recordatorias de personajes de la cultura porteña y del tango, como Mercedes Simone, Sebastián Piana, Osvaldo Pugliese, Leónidas Barletta, la “Editorial Claridad”; de la salas cinematográficas de Boedo, hoy inexistentes, ya que están reemplazadas por templos religiosos y comercios varios.

Luis Zorz sigue en actividad, ahora en Parque Patricios, fileteando y ejerciendo la docencia los días sábados en el “Foro de la memoria”, donde durante 2 horas, transmite su amplia experiencia en el arte del filete. Integrante de Nuestro Patrimonio Cultural Porteño, ha recibido múltiples distinciones y homenajes.

Luis Zorz es un artista que supo plasmar a través del filete, el recuerdo de los representantes de la cultura popular porteña de ese Buenos Aires que se fue.

Artistas destacados, El barrio, El tango, La ciudad, Realidades argentinas

LA SECRETARIA

El trabajo femenino de secretaria, fue una necesidad para paliar el déficit en el presupuesto familiar.
Independientemente de su orden y prolijidad, una mujer debía dominar la dactilografía y la taquigrafía, para aspirar al puesto de secretaria. Si se comparaba con el trabajo en las fábricas, la mecanografía era ventajosa porque, si bien requería alfabetización y un cierto grado de cultura, no necesitaba de un esfuerzo intelectual.
La mecanografía femenina fue un fenómeno de carácter internacional y algo similar ocurrió con la taquigrafía, tareas que no necesitaban de un esfuerzo exagerado. Vestida con prendas sencillas, pero elegantes, hacía de la discreción, un arma fundamental para lo que oía o se le comunicaba.

Después del jefe, la secretaria desplegaba funciones de poder sobre el resto de los empleados. Mantenía el orden en la oficina, tanto en lo relacionado con el papeleo como en su aspecto exterior, poniendo un toque de femineidad y delicadeza. Las tareas habituales eran atender el teléfono, ocuparse de la correspondencia, del archivo de la oficina y los asuntos de la agenda personal de su jefe.
La secretaria resolvía todos los temas y actuaba como un separador de su jefe con el mundo exterior. Obtener el cargo de secretaria era la culminación de las tareas de una buena taquidactilógrafa con buena apariencia, que lograba el trabajo femenino ideal.
El análisis de la relación sentimental secretaria-jefe, fue la base de novelas y culebrones radiales que detallaban el romance entre ambos.
La secretaria era la empleada administrativa que había llegado a la cima de su carrera laboral y, que en muchas ocasiones, se convertía en la esposa del jefe, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Queirolo G. Dactilógrafas y secretarias perfectas: el proceso de feminización de los empleos administrativos (Buenos Aires, 1910-1950)-

La cuestión social, Realidades argentinas

LA LIBRETA DE AHORROS Y LA NENA

En mi época escolar, la libreta de ahorros fue el medio mediante el cual ahorrábamos pequeñas sumas de dinero, proveniente de obsequios o cumpleaños.
Comprábamos estampillas que se pegaban en la clásica libreta de tapas amarillentas. Esta operación era realizada por la maestra de grado, dentro del aula, sumando el importe al que se tenía depositado.
Reuní 197 pesos moneda nacional pero guardé la libreta durante mucho tiempo. Un día decidí recuperar lo ahorrado pero ya, habían sucedido varias devaluaciones. La operación fue decepcionante porque me pagaron 4 pesos con 30 centavos.
Pensar que en la contratapa había varios consejos con frases muy especiales, como la que decía:” La Nación garantiza los depósitos que se efectúan en la Caja Nacional de Ahorro Postal y su devolución con intereses”.
En las estampillas, se observaba una niña sentada en actitud de depositar una moneda en la ranura de una alcancía que retenía entre sus rodillas. Fue el símbolo de la Caja Nacional de Ahorro Postal, vigente en la actualidad.
Esa niña era Aída Ferrari, de 6 años de edad, hija del escultor italiano Nicolás Antonio Ferrari. Posó para su padre durante un mes, sentada en una mesa giratoria, mientra modelaba el original en arcilla. Luego realizó la copia en yeso finalizando con la versión en bronce.
Como compensación, Aída recibía diariamente, una moneda de 20 centavos . La escultura se realizó en el taller que Ferrari tenía en su casa, ubicada en la calle Callao al 300, de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Giudici A. Un símbolo y una historia viva. El Arca/38.

La infancia, La inmigración, Realidades argentinas

LA LEY DE LA SILLA

La Ley 12.205 “Ley de la silla”, fue redactada en 1907 por el Dr. Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América, oriundo del barrio La Boca, en la ciudad de Buenos Aires.
Las tejedoras, trabajadoras del vestido, alpargateras, textiles, sombrereras y demás empleadas de comercio, decidieron entablar pelea en 1907 en apoyo del Dr. Palacios, saliendo a la calle para luchar por sus derechos reclamando que el patrón les proveyera a los trabajadores. de una silla o taburete con respaldo en el lugar de trabajo.
Esta ley creada para las mujeres por el Dr. Palacios, se sumaba a la que establecía el descanso obligatorio antes y después del parto, la prohibición de trabajo a los menores o la jornada laboral de ocho horas.
La Ley de la silla fue promulgada en la Argentina el 5 de octubre de 1935, por Decreto Nacional 83474/36 cuyo Art. 1º decía: ” Todo local de trabajo en establecimientos industriales y comerciales de la Capital Federal, provincias y territorios nacionales, deberán estar provistos de asientos con respaldo en número suficiente para el uso de cada persona ocupada en los mismos”.
Se determinó que la permanencia de pié durante muchas horas, determinaba trastornos orgánicos como perturbaciones de la circulación sanguínea y la producción de várices.
La ley fue presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el Diputado Francisco Pérez Leirós. A pesar de ser una Ley de alcance nacional, esta conquista social que ya superó el siglo desde su promulgación, no se cumple en forma total, a pesar de estar vigente.
Un verdadero atentado a los derechos laborales de muchos obreros y empleados, que no se han beneficiado de una de las leyes fundamentales de Alfredo Palacios promulgadas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110205…
La ley de la silla. AscensionDigital.com.ar.Buenos Aires, Argentina 1-2-2016

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LA MEZZETTA

“La Mezzetta” es una pequeña pizzería ubicada en la calle Álvarez Thomas y las esquinas de Avenida Forest y El Cano, en el barrio de Villa Ortúzar.
No dispone de asientos y comer parado, es la única posibilidad. Por otra parte, el local está siempre colmado y se necesita de mayor tiempo para degustar lo solicitado.
Poco, pero bueno, es el lema que distingue a “La Mezzetta”. Si bien no hay muchas posibilidades, lo que se ofrece es muy bueno. La estrella refulgente es la Fugazzetta Rellena. Los que la han probado dicen que es única, insuperable, la mejor, ya sea en tamaño o en sabor. Crocante, con una altura aproximada de 6 centímetros de queso en su relleno.
La pizza crocante de muzzarella, es una opción más que válida. Lo mismo ocurre con las empanadas de carne, de muy buena calidad. He tenido la oportunidad de disfrutar integralmente la limitada pero exquisita producción de “La Mezzetta” cuando trabajaba en un centro asistencial de la zona.
Además de sus pizzas y fugazzettas, hemos degustado las tortas de ricotta, pastafrola y dulce de leche; la tarta de coco o de manzana y el flan. Una gran diferencia con otras pizzerías, consiste en lo abundante de las porciones y el uso de servilletas de papel de almacén, cortadas a cuchillo. Conocer “La Mezzetta”, es una etapa obligada en la vida del porteño, una experiencia que no se puede obviar. Paraíso de “tacheros” y remiseros, no tiene delivery, no abre los domingos por la noche, no tiene mesas.
“La Mezzetta” considerada por muchos “la Meca de la pizza”, nos transporta al pasado de las pizzerías al paso, las únicas de aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, Pequeños locales comerciales, Realidades argentinas

ANTOINE DE SAINT- EXUPÉRY

Antoine de Saint-Exupery fue un novelista y aviador francés nacido en Lyon, Francia, el 29 de junio de 1900.
En 1926 comenzó a trabajar como piloto comercial para Aeropostale, en la ruta Toulouse - Rabat. El 12 de octubre de 1929 llegó a la Argentina, designado por la Compañía General Aeropostal Francesa como Director de la flamante filial Aeroposta Argentina, la primera compañía de aviación argentina.

Su misión fue la de establecer nuevas rutas entre la Patagonia y distintos puntos del país y América del Sur, así como la de negociar tratados comerciales para transportar correspondencia y, en algunas ocasiones, pasajeros.
El primer vuelo se realizó el 20 de octubre de 1929, entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires. Sus vuelos en la soledad de la Patagonia, fueron la fuente de inspiración para su libro “Vuelo Nocturno”, publicado en Francia en 1931, que le valió el premio francés “Prix Femina”.
Vivió en Buenos Aires desde noviembre de 1929 hasta enero de 1931, en un departamento de dos ambientes ubicado en el 6º piso de la Galería Güemes, en la ciudad de Buenos Aires, con una terraza que frecuentaba para fumar.
En una oportunidad, trajo una foca desde Trelew, a la que ubicó en su bañera, con el agregado de barras de hielo. La alimentaba con pescado, provocando la queja de los vecinos a causa del mal olor.
La impresión que le causaron los paisajes patagónicos, quedaron plasmados en la correspondencia que mantuvo con su madre. Inauguró la ruta Bahía Blanca a Río Gallegos. En 1930 conoció a su musa y gran amor, la escritora salvadoreña Consuelo Suncin, con quien se casó al regresar a Francia en 1931. Fue un matrimonio tormentoso, por las ausencias e infidelidades de Saint-Exupery.

En enero de 1931, regresó a Francia para disfrutar su período de vacaciones y casarse, pero la Aeroposta Argentina quebró y Saint-Exupery no regresó a la Argentina. En el año 1938, intentó unir en vuelo Nueva York con Tierra del Fuego, pero un accidente en Guatemala, lo dejó postrado en cama, escribiendo su obra premiada “Tierra de Hombres”.
Al comenzar la ocupación alemana en Francia, viajó a Nueva York, donde permaneció más de dos años. Escribió “El Principito”, el clásico de la literatura infantil, considerado el mejor libro francés del siglo XX.
Falleció el 31 de julio de 1944, al ser abatido su avión P-38 Lightning, mientras realizaba un vuelo de reconocimiento en la isla de Riou, sobre la costa de Marsella. Antoine de Saint-Exupéry, pionero de la aviación comercial en la Argentina, vivió 15 meses en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://hipertextual.com/2012/06/saint-exupery
http://www.patagonia-argentina.com/saint-exupery-en-la-patagonia
http://www.alohacriticon.com/literatura/escritores/antoine-saint-exupery
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/saint_exupery.htm

Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires
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