El Buenos Aires que se fue

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Realidades argentinas

LA LEY DE LA SILLA

La Ley 12.205 “Ley de la silla”, fue redactada en 1907 por el Dr. Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América, oriundo del barrio La Boca, en la ciudad de Buenos Aires.
Las tejedoras, trabajadoras del vestido, alpargateras, textiles, sombrereras y demás empleadas de comercio, decidieron entablar pelea en 1907 en apoyo del Dr. Palacios, saliendo a la calle para luchar por sus derechos reclamando que el patrón les proveyera a los trabajadores. de una silla o taburete con respaldo en el lugar de trabajo.
Esta ley creada para las mujeres por el Dr. Palacios, se sumaba a la que establecía el descanso obligatorio antes y después del parto, la prohibición de trabajo a los menores o la jornada laboral de ocho horas.
La Ley de la silla fue promulgada en la Argentina el 5 de octubre de 1935, por Decreto Nacional 83474/36 cuyo Art. 1º decía: ” Todo local de trabajo en establecimientos industriales y comerciales de la Capital Federal, provincias y territorios nacionales, deberán estar provistos de asientos con respaldo en número suficiente para el uso de cada persona ocupada en los mismos”.
Se determinó que la permanencia de pié durante muchas horas, determinaba trastornos orgánicos como perturbaciones de la circulación sanguínea y la producción de várices.
La ley fue presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el Diputado Francisco Pérez Leirós. A pesar de ser una Ley de alcance nacional, esta conquista social que ya superó el siglo desde su promulgación, no se cumple en forma total, a pesar de estar vigente.
Un verdadero atentado a los derechos laborales de muchos obreros y empleados, que no se han beneficiado de una de las leyes fundamentales de Alfredo Palacios promulgadas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110205…
La ley de la silla. AscensionDigital.com.ar.Buenos Aires, Argentina 1-2-2016

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LA MEZZETTA

“La Mezzetta” es una pequeña pizzería ubicada en la calle Álvarez Thomas y las esquinas de Avenida Forest y El Cano, en el barrio de Villa Ortúzar.
No dispone de asientos y comer parado, es la única posibilidad. Por otra parte, el local está siempre colmado y se necesita de mayor tiempo para degustar lo solicitado.
Poco, pero bueno, es el lema que distingue a “La Mezzetta”. Si bien no hay muchas posibilidades, lo que se ofrece es muy bueno. La estrella refulgente es la Fugazzetta Rellena. Los que la han probado dicen que es única, insuperable, la mejor, ya sea en tamaño o en sabor. Crocante, con una altura aproximada de 6 centímetros de queso en su relleno.
La pizza crocante de muzzarella, es una opción más que válida. Lo mismo ocurre con las empanadas de carne, de muy buena calidad. He tenido la oportunidad de disfrutar integralmente la limitada pero exquisita producción de “La Mezzetta” cuando trabajaba en un centro asistencial de la zona.
Además de sus pizzas y fugazzettas, hemos degustado las tortas de ricotta, pastafrola y dulce de leche; la tarta de coco o de manzana y el flan. Una gran diferencia con otras pizzerías, consiste en lo abundante de las porciones y el uso de servilletas de papel de almacén, cortadas a cuchillo. Conocer “La Mezzetta”, es una etapa obligada en la vida del porteño, una experiencia que no se puede obviar. Paraíso de “tacheros” y remiseros, no tiene delivery, no abre los domingos por la noche, no tiene mesas.
“La Mezzetta” considerada por muchos “la Meca de la pizza”, nos transporta al pasado de las pizzerías al paso, las únicas de aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, Pequeños locales comerciales, Realidades argentinas

ANTOINE DE SAINT- EXUPÉRY

Antoine de Saint-Exupery fue un novelista y aviador francés nacido en Lyon, Francia, el 29 de junio de 1900.
En 1926 comenzó a trabajar como piloto comercial para Aeropostale, en la ruta Toulouse - Rabat. El 12 de octubre de 1929 llegó a la Argentina, designado por la Compañía General Aeropostal Francesa como Director de la flamante filial Aeroposta Argentina, la primera compañía de aviación argentina.

Su misión fue la de establecer nuevas rutas entre la Patagonia y distintos puntos del país y América del Sur, así como la de negociar tratados comerciales para transportar correspondencia y, en algunas ocasiones, pasajeros.
El primer vuelo se realizó el 20 de octubre de 1929, entre Comodoro Rivadavia y Buenos Aires. Sus vuelos en la soledad de la Patagonia, fueron la fuente de inspiración para su libro “Vuelo Nocturno”, publicado en Francia en 1931, que le valió el premio francés “Prix Femina”.
Vivió en Buenos Aires desde noviembre de 1929 hasta enero de 1931, en un departamento de dos ambientes ubicado en el 6º piso de la Galería Güemes, en la ciudad de Buenos Aires, con una terraza que frecuentaba para fumar.
En una oportunidad, trajo una foca desde Trelew, a la que ubicó en su bañera, con el agregado de barras de hielo. La alimentaba con pescado, provocando la queja de los vecinos a causa del mal olor.
La impresión que le causaron los paisajes patagónicos, quedaron plasmados en la correspondencia que mantuvo con su madre. Inauguró la ruta Bahía Blanca a Río Gallegos. En 1930 conoció a su musa y gran amor, la escritora salvadoreña Consuelo Suncin, con quien se casó al regresar a Francia en 1931. Fue un matrimonio tormentoso, por las ausencias e infidelidades de Saint-Exupery.

En enero de 1931, regresó a Francia para disfrutar su período de vacaciones y casarse, pero la Aeroposta Argentina quebró y Saint-Exupery no regresó a la Argentina. En el año 1938, intentó unir en vuelo Nueva York con Tierra del Fuego, pero un accidente en Guatemala, lo dejó postrado en cama, escribiendo su obra premiada “Tierra de Hombres”.
Al comenzar la ocupación alemana en Francia, viajó a Nueva York, donde permaneció más de dos años. Escribió “El Principito”, el clásico de la literatura infantil, considerado el mejor libro francés del siglo XX.
Falleció el 31 de julio de 1944, al ser abatido su avión P-38 Lightning, mientras realizaba un vuelo de reconocimiento en la isla de Riou, sobre la costa de Marsella. Antoine de Saint-Exupéry, pionero de la aviación comercial en la Argentina, vivió 15 meses en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://hipertextual.com/2012/06/saint-exupery
http://www.patagonia-argentina.com/saint-exupery-en-la-patagonia
http://www.alohacriticon.com/literatura/escritores/antoine-saint-exupery
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/saint_exupery.htm

Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

LA DACTILÓGRAFA

La dactilógrafa fue una empleada administrativa cuya misión era la de mecanografiar documentos.

Esa posición se alcanzaba luego de aprobar la escuela primaria y el curso de dactilografía dictado por una institución privada, como las “Academias Pitman”, una de las más recordadas. Al cabo de un estudio de 3 meses aproximadamente, se lograba el título de dactilógrafa al tacto, es decir, que escribía con los 10 dedos y sin mirar el teclado.
Ese empleo asalariado, le permitía disponer de una posición laboral superior, respecto de las obreras. La máquina de escribir fue el instrumento clave e indispensable, el más popular de esa época, en el período comprendido entre 1918 y 1939, que catapultó la especialidad de mecanografía, como el conocimiento básico e indispensable para el desempeño de las labores de escritorio.
Proveniente de un barrio cualquiera de la ciudad, esta trabajadora mejoraba su imagen y su “status” obteniendo ventajas entre sus vecinas que desempeñaban tareas manuales en las fábricas. Con buena apariencia, vestidas correctamente y con un peinado de peluquería, las dactilógrafas constituyeron una fuerza laboral productiva, de importancia creciente.
La mejoría en su formación con el agregado de la taquigrafía, posibilitó el ascenso de las más capaces, a la categoría de secretarias, puesto envidiado y deseado, como el principal objetivo a lograr.
Era requisito fundamental que la dactilógrafa fuera mayor de edad y soltera, situaciones que facilitaban su gestión, ya que en caso contrario, eran necesarios el consentimiento del padre o del marido, respectivamente.
Este trabajo, motivado por causas de necesidad económica como consecuencia de ingresos masculinos insuficientes, orfandad o viudez, tuvo una amplia difusión alcanzando su pico máximo en la década del 40. La ocupación de dactilógrafa fue actividad muy destacada entre las tareas laborales femeninas de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.perfil.com/sociedad/El-trabajo-femenino-en-la-Argentina-del-siglo-XX
Queirolo G. Dactilógrafa se necesita: representaciones de las empleadas administrativas en Buenos Aires (1920-1940). Nuevo Mundo Mundos Nuevos 31-05-2009

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LA REVISTA FEMENINA ROSALINDA

“Rosalinda” fue una de las revistas femeninas que guiaron el conocimiento que las mujeres tenían del país, de América y del mundo durante las décadas del 30, 40 y 50.
Apareció en octubre de 1931, lanzada por la Editorial Bell. “La Revista Mensual para la Mujer y el Hogar”, fue dirigida durante 9 años por la famosa periodista Elsie de Rivero Haedo, más conocida por Verónica Carreño.
Sus temas habituales eran labores de tejidos, bordados y costura; recetas de cocina, consejos prácticos para el hogar y soluciones a los problemas de la casa. Limpieza y conservación de los enseres domésticos. Consejos para la conservación de la belleza. La decoración del hogar, las modas y los horóscopos. “Rosalinda” estaba dirigida fundamentalmente a gente de la ciudad.
Sus temas se resumían en 5 capítulos: 1) Cuentos y Novelas: “Amor prohibido”, “La casa vacía”. 2) Artículos y Notas: “Calor de hogar”, “El despertar de la mujer”, “Jardines en la terraza”. 3) Secciones: “Decoración”, “El Club de la Cigüeña”, “Lecciones de Corte y Confección”, “Rosalinda y sus amigos”, “Para ver y oir”, “Cartas a la redacción”. 4) Labores: “La caja de los regalos”, “Adornos para las toallas”, “Monogramas en la ropa de cama”, “Almohadones”. 5) Modas. Se incluía a veces, una novela corta, romántica y un capítulo especial para los Correos Sentimentales.
Las revistas femeninas argentinas como “Rosalinda” se ocuparon poco de los grandes sucesos bélicos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Alejadas del momento histórico, se pensaba en el bienestar de la casa y en el mantenimiento de la elegancia, situación que contrastaba con el activo papel que en esa época, desempeñaba la mujer de Europa y Estados Unidos en la industria de guerra, reemplazando a los hombres que se encontraban en el frente.
Se destacaba netamente el papel que la mujer debía desempeñar como madre y esposa dirigiendo el hogar, permaneciendo en él, siendo amable con su marido e hijos, constituyendo el pilar de su educación moral.
Establecía un diálogo con las lectoras, aconsejando a través del “Correo de Lectores”. Se destacaban los inconvenientes para el hogar, provocado por la mujer que trabajaba fuera de la casa, cosechando amarguras. La mujer, antes que obrera, costurera u otra cosa, debía ser madre, cuidando y educando a sus hijos.
Este mensaje era el “lei motiv” de esta revista femenina en una época de grandes cambios, especialmente en la década del 40, cuando la irrupción de las mujeres en la esfera pública argentina, se materializó en el mercado del trabajo y en la acción política.
Las trabajadoras en las fábricas y las empleadas, vivieron la aceptación oficial de sus labores, apoyadas en la sanción de leyes que garantizaban sus derechos. La Revista llegaba al hogar modelando gustos, generando necesidades y sugiriendo un rumbo a seguir.
“Rosalinda”, como tantas otras revistas femeninas de los años 40 y 50, nos han dejado el conocimiento de como se orientaba la educación de las mujeres en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, Las Revistas Inolvidables, Realidades argentinas

INGEBORD MELLO, REPRESENTANTE DEL ATLETISMO ARGENTINO

Ingebord Mello de Preiss nació en Alemania el 4 de enero de 1919.

Emigró al país en el año 1938, a los 19 años de edad, huyendo del nazismo. Se incorporó al atletismo argentino donde descolló en el lanzamiento del disco y la bala.

Su trayectoria atlética se verificó en las décadas del 40 y 50, llegando a convertirse en la máxima figura del equipo nacional, en especial durante la época del gobierno peronista. Sus mejores registros en el lanzamiento del disco y de la bala, los obtuvo en esa época.

Si bien representaba al club San Lorenzo de Almagro, tuve la oportunidad de asistir a sus entrenamientos en la pista de atletismo del club River Plate, en el año 1947. Con un buzo azul oscuro y pantalón negro, Ingebord Mello hacía prácticas con la bala en un sector de la pista de color negro que rodeaba el perímetro de la cancha, con sus 6 andariveles. Conocía su rostro, que aparecía frecuentemente en los portales de las revistas deportivas, especialmente en “El Gráfico”.

Debutó oficialmente el 25 de marzo de 1939 con el lanzamiento de la bala, logrando el primer récord argentino el 28 de octubre de 1941. Fue representante olímpica en 2 ocasiones: en Londres en 1948 y en Helsinki, en 1952. Campeona panamericana en lanzamiento del disco y la bala, compitió hasta 1969, cumplidos los 50 años de edad.

Falleció a los 90 años en Buenos Aires, el 25 de octubre de 2009. Ingebord Mello fue la máxima figura del atletismo nacional durante dos décadas, cosechando 7 medallas de oro, 3 de plata y 15 de bronce en campeonatos argentinos, sudamericanos, iberoamericanos, y panamericanos.

Fue una temible competidora, capaz de superar a sus adversarios en el último intento. Esta gran atleta lanzadora de Argentina, vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: https//www.elkilometro.com/foro/viewtopic.php?=20245&sid=12634

http://www.nacion.com/2009/octubre/31/obituario2143254.html (Spring 2014). pp 5-39

Nashim: A Journal of Jewish women’s studies & Gender Issues, Nº 26

La inmigración, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

PAN CON MIJO

Corría el año 1945. Cursaba el sexto grado de la escuela primaria. La Segunda Guerra Mundial estaba por concluir.

El hambre estaba plenamente instalada en muchos países de Europa y Argentina, era el “Granero del mundo”. A mitad de año, aproximadamente, comenzamos a observar que el pan blanco habitual, estaba cambiando su aspecto exterior; se parecía al pan negro.

La situación fue repitiéndose día tras día. Ese pan, no se parecía en nada al pan de corteza crocante y masa blanca y esponjosa, que era una delicia, siendo reemplazado por un pan de mala calidad, elaborado con una mezcla de harina de trigo, mijo y centeno.

Es cierto que el país, privilegiando la exportación de trigo a expensas del mercado interno, ordenó la mezcla de las harinas de trigo, creando un “pan de guerra”, llamado posteriormente, “pan cabecita”. No teníamos una información plena sobre este tópico, pero nuestra disconformidad y rechazo para el nuevo pan, eran más que evidentes.

Concurría al turno tarde en la escuela. En el segundo recreo, nos ofrecían un pan blanco pequeño, que debíamos empujar con algunos tragos de agua. Pero para deglutir los pancitos reemplazantes gris negruzco, era necesario algo más que el agua.

Ante el ofrecimiento, si bien aceptamos los panes, los arrojamos en el baño, donde estaban los mingitorios, con la colaboración espontánea de alumnos de otros grados. Lo cierto es que rápidamente se formó una montaña de pan empapada con orina, con un aspecto lamentable.

La escuela tenía dos porteros y uno de ellos, era gallego. Mientras estábamos en el baño, se acercó a nosotros, rojo de indignación, diciéndonos que mientras nosotros rechazábamos el pan tirándolo en los mingitorios, en España se morían de hambre. El pibe que me acompañaba, flaquito y muy excitado, le contestó al portero diciéndole:”Este pan es una porquería y no vamos a comerlo. Además, vivimos en Argentina, no en España”.

El portero no contestó y nosotros nos alejamos inmediatamente. El recreo había finalizado y nos sumergimos en el tema de la clase. Pero el episodio, breve y de mucha intensidad, nos dejó una huella que nos impactó profundamente, en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, La infancia, Realidades argentinas

EL CONVENTILLO EN EL TANGO

Los conventillos eran casas populares con muchas habitaciones, que alojaron a múltiples familias integradas en su mayoría por inmigrantes y su descendencia, colmando y superando la capacidad permitida para cada habitación.

La llegada del Siglo XX, se asoció con el arribo al país de enormes oleadas de inmigrantes, época caracterizada por una carencia desproporcionada de habitaciones. Esta situación motivó la construcción de enormes casas colectivas con 30 a 40 habitaciones, mal ventiladas y con déficit de servicios sanitarios.

La ciudad creció con estas características y el tango incluyó en sus estrofas, escenas típicas del conventillo. Fueron varias las denominaciones con las que se conoció a esta particular casa habitación: yotivenco, el vesre de conventillo; convento y convoy. En “Uno y uno”, tango de Julio Pollero y Lorenzo Traverso, 1929, así se lo señala: “¿Dónde están aquellos briyos / y de vento aquel pacoy, / que diqueabas , poligriyo, / con las minas del convoy?”.

Es posible encontrar breves descripciones del conventillo en algunos versos, que contribuyen a brindar el conocimiento de como eran en su interior. Enrique Santos Discépolo, con la colaboración posterior de Virgilio y Homero Expósito nos dejaron “Fangal”, 1954, donde dice: ” Yo la vi que se venía en falsa escuadra, / se ladeaba, ¡se ladeaba por el borde del fangal!…/ ¡Pobre mina que nació en un conventillo / con los pisos de ladrillos, el aljibe y el parral!”.

La puerta de calle del conventillo no existía o no se cerraba. Siempre permitía el paso, entrando o saliendo. De una o dos plantas, albergaba un conjunto muy heterogéneo de inquilinos, que cumplían un horario ampliio de trabajo. Antonio Scatasso y Pascual Contursi compusieron en 1927 “Ventanita de arrabal”, que refleja esta situación: “En el barrio Caferata / en un viejo conventillo, / con los pisos de ladrillo, / minga de puerta cancel, / donde van los organitos / su lamento rezongando, / está la piba esperando / que pase el muchacho aquel”.

La vida en el conventillo era miserable, inhumana, perversa, ya que se aunaban situaciones diversas que confluían para brindar una vida difícil, pródiga en estrecheces y dificultades económicas. La vida en el convento conducía a destinos inciertos. Celedonio Flores y José Ricardo escribieron en 1921 “Margot”: “Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada, / que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…/ Porque hay algo que te vende, yo no se si es la mirada, / la manera de sentarte, de mirar, de estar parada / o ese cuerpo acostumbado a las pilchas de percal /…y tu vieja ¡ pobre vieja! lava toda la semana / pa’poder  parar la olla, con pobreza franciscana,  / en el triste conventillo alumbrado a kerosén”.

Otras veces, un grupo de muchachos alquilaban una habitación que funcionaba como refugio temporario, el bulín, para encontrarse y compartir mate y comida, techo y música, buscando una compañía que ayudara a vivir, superando los contratiempos surgidos en la vida diaria. Era un confesionario compartido para desengaños y alegrías. Así lo conocimos en “El bulín de la calle Ayacucho”, 1925, de Celedonio Flores y José Servidio: “El bulín de la calle Ayacucho / que en mis tiempos de rana alquilaba, / el bulín que la barra buscaba / pa caer por la noche a timbear…/ cotorrito mistongo, tirado / en el fondo de aquel conventillo, / sin alfombras, sin lujo y sin brillo, / ¡cuántos días felices pasé, / al calor del querer de una piba / que fue mía, mimosa y sincera!…”.

Las condiciones de vida que se desarrollaban en el conventillo, diferían con lo que acontecía en una vivienda común. La cantidad de personas que lo habitaban, las distintas nacionalidades, las diferentes costumbres y hábitos así como la convivencia, armónica o no, eran todos factores básicos, propios del conventillo. Así quedó reflejado en “Oro muerto”, 1926, de Juan Raggi y Julio Navarrine: “El conventillo luce su traje de etiqueta:/ las paicas van llegando, dispuestas a mostrar / que hay pilchas domingueras, que hay porte y hay silueta, / a los garabos reos deseosos de tanguear. / La orquesta mistonguera, musita un tango fulo, / Los reos se desgranan buscando, entre el montón, / la princesita rosa de ensortijado rulo / que espera a su Romeo como una bendición. / El dueño de la casa / atiende a las visitas / Los pibes del convento / gritan en derredor / jugando a la rayuela, / al salto, a las bolitas, / mientras un gringo curda / maldice al Redentor”.

Nacer y vivir en el conventillo, era una etapa a superar, cambiando de vida en la primera oportunidad. El cambio de vida, motivado por la atracción que ejercían “las luces del centro”, modificaban el rumbo, particularmente en las jóvenes quinceañeras que vislumbraban el camino de su salvación. Pascual Contursi y Augusto Gentile escribieron en 1919 “Flor de fango”: “Mina que te manyo de hace rato, / perdoname si te bato / de que yo te ví nacer…/ Tu cuna fue un conventillo / alumbrado a querosen. / Justo a los catorce abriles / te entregaste a las farras, / las delicias del gotan…/ Te gustaban las alhajas, / los vestidos a la moda / y las farras de champán”.

La vida carenciada del conventillo, poblada de estrecheces, hambre y sufrimiento, constituía un estigma a superar cuanto antes. Esa vida de pobreza y limitaciones marcaba a fuego a sus habitantes, cuya meta era superarlas de cualquier manera. Así en “Champagne tango”, 1914, de Manuel Aróstegui y Pascual Contursi podemos observar que: “Nadie quiere conventillo / ni ser pobre costurera, / ni tampoco andar fulera…/ Solo quieren aparentar / ser amigo de fulano / y que tenga mucho vento / que alquile departamento / y que la lleve al “Pigall”. /  ¡Cuántas veces a mate amargo / el estómago engrupía / y pasaban muchos días / sin tener para morfar! / La catrera era el consuelo / de esos ratos de amrgura / que, culpa’e la mishiadura / no tenía pa’ morfar”.

Sin embargo, paralelamente con las ansias de aventura por vivir en un mundo mejor, rodeada de lujos, comodidades y falsa alegría, se consideraba al conventillo como un lugar seguro para crecer y forjarse un porvenir, lejos del espejismo de las farras y del alcohol. En “No salgas de tu barrio“, 1927, de Enrique Delfino y Arturo Rodríguez Bustamante, observamos lo siguiente: “No abandones tu costura, / muchachita arrabalera, / a la luz de la modesta / lamparita a kerosene…/ No la dejés a tu vieja / ni a tu calle, ni el convento, / ni al muchacho sencillote / que suplica tu querer. / Desechá los berretines / y los novios milongueros / que entre rezongos del fuelle / ¡ te trabajan de chiqué!”.

El conventillo fue artífice de una etapa fundamental en el crecimiento y desarrollo de ese Buenos Aires que se fue.

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QUIRINO CRISTIANI, PIONERO DEL CINE DE ANIMACIÓN

Quirino Cristiani fue el pionero del cine de animación, nacido en Santa Giuletta, Pavia, Italia, el 2 de julio de 1896.

En 1900 llegó con sus padres y hermanos a Buenos Aires, estableciéndose en la Argentina. Desde muy joven fue un apasionado por el dibujo. Durante su época de estudiante secundario, tuvo como maestros a Lorenzo Gigli y Alfredo Guido. Trabajó como caricaturista para los diarios, en historietas y sátiras políticas. Asistió a cursos de Bellas Artes.

Federico Valle, un cineasta italiano radicado en Buenos Aires, lo contrató en 1916 para trabajar en su estudio cinematográfico realizando caricaturas de humor político, en las películas de informativos. Pero Valle le exigió que dotara de movimientos a sus dibujos, basándose en las animaciones del francés Émile Cohl. Entonces realizó su primer cortometraje de animación “Intervención en la Provincia de Buenos Aires”.

Cristiani desarrolló sus propias técnicas de animación que dieron por resultado la aparición de “El apóstol”, el 9 de noviembre de 1917, el primer largometraje de dibujos animados de la historia, producido por Federico Valle. Era una sátira sobre Hipólito Irigoyen, con libreto de Alfredo de Laferrere y dibujos de Diógenes Taborda, que permaneció casi un año en cartel.

En 1918 patentó una mesa para la creación de películas de animación y realizó su segunda película de largometraje, “Sin dejar rastros”, referida a un confuso episodio de la Primera Guerra Mundial, que no tuvo aceptación por razones políticas, ya que el film fue censurado y confiscado por el gobierno.

Pero Quirino Cristiani se había convertido en el creador del cine animado y sonoro, ya que Walt Disney, comenzó a trabajar en animación a partir de 1920, cuando contaba 19 años, preparando anuncios para los cines locales. Cristiani continuó con su tarea de dibujar historietas y caricaturas para los periódicos, con magros ingresos. Entonces creó el “Public-Cine”, una pantalla al aire libre para los barrios que no disponían de sala cinematográfica, con notable éxito. Fue clausurado por la Municipaslidad por obstaculizar el tránsito.

La empresa estadounidense Metro-Goldwyn-Mayer, lo contrató en 1927, como director de publicidad en la filial argentina. Cuatro años más tarde, el 16 de setiembre de 1931, estrenó “Peludópolis”, el primer largometraje animado y sonoro, en 35 mm. Fue una sátira política en relación al gobierno de Hipólito Irigoyen y su caída. La sonorización se realizó mediante el acople de discos grabados. La película fue un desastre económico que provocó la ruina económica de Cristiani.

La dificulatad económica y la carencia de tecnología adecuada. no le permitió competir con Walt Disney, hecho que determinó dedicarse al doblaje y subtitulado de películas extranjeras, en su laboratorio ubicado en Sarmiento 2121. Este hecho no le impidió realizar otros cortos animados: “Entre pitos y flautas” en 1941 y “Carbonada”, en 1943, que ganó el Premio Municipal.

En 1941, se estrenó en Buenos Aires “Fantasía”, lo que motivó la visita al país de su creador, Walt Disney. En un encuentro con Cristiani, lo invitó a emplearse en Estados Unidos, ofrecimiento que rechazó, pero le recomendó a Disney una entrevista con el dibujante Florencio Molina Campos, experto en temas gauchescos.

Sus películas se destruyeron en dos incendios ocurridos en su laboratorio, en los años 1957 y 1961 respectivamente, salvándose solamente “El mono relojero”, encargada por Carlos Vigil. Ante estas contingencias, Cristiani decidió su retiro, siendo completamente olvidado, hasta que en la década del 80, fue homenajeado en Italia y Argentina. Falleció en su casa de Bernal, Provincia de Buenos Aires, el 2 de agosto de 1984.

Quirino Cristiani fue el pionero del cine de animación y del primer largometraje sonoro en el mundo, que vivió en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuentes: http://e.wikipwdia.org/wiki/Quirino_Cristiani

http://www.grupokane.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=105%3Aartdossier_

https//es.wikipedia.org/wiki/Walt_Disney

Bendazzi G. Quirino Cristiani, the untold story of Argentina’s Pionner Animator_Graffiti. Dec. 1984

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EL BANDONEÓN EN EL TANGO

El bandoneón es un instrumento de origen alemán, que llegó a estas latitudes para identificar y caracterizar la ejecución del tango rioplatense.

El estilo interpretativo, sus variaciones y ronroneos, le han conferido al tango muchas de sus características melódicas y bailables. De una danza ágil y rápida, con cortes y quebradas, la ejecución del bandoneón produjo una profunda transformación en la danza, más lenta e intimista.

El bandoneón está presente en los títulos o integrando el desarrollo del tema, estableciéndose un diálogo donde el bandoneón, cobra vida y adquiere un protagonismo esencial. En 1928, Pascual Contursi y Juan Bautista Deambroggio escribieron “Bandoneón arrabalero”; “Bandoneón arrabalero, / viejo fueye desinflao, / te encontré como a un pebete / que la madre abandonó / …Bandoneón, / porque ves que estoy triste / y cantar ya no puedo, / vos sabés / que yo llevo en el alma / marcao un dolor”.

Los diálogos alcanzan profundidad y emoción, son verdaderas confesiones, tal como se observa en “La última curda”, 1956, de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo; “Lastima, bandoneón, / mi corazón / tu ronca maldición maleva…/ Pero es el viejo amor / que tiembla, bandoneón, / y busca en un licor que aturda, / la curda que al final / termine la función / ¡corriéndole un telón / al corazón !”.

Fueye es sinónimo de bandoneón. Muchas veces así aparece mencionado en tangos como “Oro bajo”, 1926, de Julio Navarrine y Juan Raggi, en la letra no modificada por la censura en la década del 40:”El fueye melodioso termina un tango papa. / Una pebeta hermosa saca del corazón / un ramo de violetas, que pone en la solapa / del garabito guapo, dueño de su ilusión”.

Cumplendo el papel de padre del tango, lo expresó José Canet en “La abandoné y no sabía”, 1944, cuando dice: “…acunado entre los sones / de bandoneones / nació este tango “.

El bandoneón participa activamente de las situaciones que vive una pareja, acompañando al hombre en su incertidumbre y desasosiego, como un viejo compañero. Lo dijeron Julián Centeya y Enrique Mario Francini en “La vi llegar”, 1944, con estas palabras: ” Y el bandoneón / -rezongo amargo del olvido- / lloró su voz / que se quebró en la densa bruma. / … Y el bandoneón / dice su nombre en su gemido, / con esa voz / que la llamó desde el olvido. / Y en este desencanto brutal que me condena / la vi partir sin la palabra del adios”.

La relación entre el ejecutante y el instrumento es íntima, confidencial. Al bandoneón se le confían los secretos personales mejor guardados, los sentimientos más comprometidos, como integrantes de una sociedad muy especial. Enrique Cadícamo junto a Rafael Rossi, nos dejaron en 1943, “Cuando tallan los recuerdos” : “Aquí está mi orgullo de antes, / bandoneón de mi pasado, / viejo fueye que he dejado / para siempre en un rincón. / Mi viejo fueye querido, / Yo voy corriendo tu suerte, / las horas que hemos vivido / hoy las cubre el olvido / y las ronda la muerte”.

Otras veces, los momentos vividos con el bandoneón se traducen en episodios muy gratos, felices y emotivos, que conducen a una cadena de recuerdos inolvidables, siempre agradecidos. Lo decían Francisco Marino y Juan Arcuri en “Viejo tango”, 1926, : “En el gangozo rezongar del fueye, / brotan sentidas, llenas de emoción / las cadenciosas notas de mi tango, / el viejo tango de mi corazón. / Se llena mi alma de dulces recuerdos / y de añoranzas de mi juventud, / y cada nota asoma a mi memoria / una deuda de inmensa gratitud”.

El alejamiento del hogar por razones laborales, motiva la evocación nostálgica del tango, siempre asociada al querido bandoneón. Así Homero Manzi y Lucio Demare compusieron “Mañana zarpa un barco”, 1942, :” Dos meses en un barco viajó mi corazón, / dos meses añorando la voz del bandoneón / El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión, / al ritmo de su danza se hamaca la emoción. / Bailemos este tango, no quiero recordar, / mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más”.

La humanización del bandoneón queda claramente reflejada, al atribuírsele los mismos sentimientos que nos tocan vivir a diario. Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián lo manifiestan en “Nostalgias”, 1936, al decir: ” Gime, bandoneón, tu tango gris; / quizás a ti te hiera igual / algún amor sentimental…/ Llora mi alma de fantoche, / sola y triste en esta noche, / noche negra y sin estrellas…/ Quiero emborrachar mi corazón / para después poder brindar / por los fracasos del amor”.

El bandoneón y el tango, intimamente entrelazados, elementos determinantes de una inmigración que se asentó en el barrio de la Boca. De acuerdo con Alberto Vacarezza y Antonio Scatasso, así lo señalaron en “El poncho del amor”, 1927, : ” Yo soy del barrio de la ribera, / patria del tango y el bandoneón. / Hijo sin grupo de un gringo viejo, / igual que el tango de rezongón “.

El bandoneón se transforma en el confidente esencial, entre copas y tangos, cuando los romances terminan en la nada pero permanecen en el subconciente, reapareciendo con fuerza incontenible. Homero Manzi y Aníbal Troilo, lo expresaron en “Che, bandoneón”, 1950, : “Bandoneón / hoy es noche de fandango / y puedo confesarte la verdad, / copa a copa, pena a pena, tango a tango, / embalado en la locura / del alcohol y la amargura. / Bandoneón, / ¿para que nombrarla tanto ? / ¿No ves que está de olvido el corazón / y ella vuelve noche a noche como un canto / en las gotas de tu llanto, / Che, bandoneón? “.

El bandoneón era el personaje, la esencia, el motivo, la razón de todas las situaciones emparentadas con el tango. El bandoneón llora, gime, ronronea; se manifiesta de todas las formas posibles ante su dueño. José Staffolani y Pedro Maffia compusieron “Taconenando”, 1931, y así lo contaron: “Y al quejarse el bandoneón / se escuchó / tristes las notas del tango / que nos hablaba de amor, / de mujer, de traición, / de milongas manchadas de sangre / de sus malevos y el “Picaflor”.

Las penas y los romances evocados bajo la acción del alcohol, caracterizaron al famoso tango “Malena”, de Homero Manzi y Lucio Demare, 1942,: “Malena canta el tango como ninguna / y en cada verso pone su corazón. / A yuyo de suburbio su voz perfuma. / Malena tiene pena de bandoneón. / O acaso aquel romance, que solo nombra / cuando se pone triste con el alcohol. / Malena canta el tango con voz de sombra. / Malena tiene pena de bandoneón”.

El tango, Realidades argentinas
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