El Buenos Aires que se fue

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Realidades argentinas

ARTISTAS ARGENTINOS ASOCIADOS

Artistas Argentinos Asociados, fue una empresa argentina independiente de cine creada en Buenos Aires el 26 de setiembre de 1941.                                                    

Nació en el bar “El Ateneo”, ubicado en las calles Carlos Pellegrini y Cangallo (actualmente Tte. Gral. Perón). Fueron sus fundadores los actores desocupados Enrique Muiño, Elías Alippi, Francisco Petrone, Ángel Magaña, el director Lucas DeMare y el productor Enrique Faustin, conjuntamente con los guionistas Homero Manzi y Ulyses Petit de Murat.

Su objetivo fue el de hacer buenas películas con temas nacionales y atractivo comercial, trabajando en equipo y evitando reciclar argumentos de películas extranjeras. Su logo estaba representado por una antocha encendida y las tres letras A mayúsculas. El primer film que realizaron fue “El viejo hucha”, con Enrique Muiño, seguido de su producción más importante, “La guerra gaucha”.

Como no la pudieron financiar completamente, recibieron la ayuda económica de Miguel Machinandiarena, propietario de “Estudios San Miguel”, quien ingresó como socio mayoritario. “La guerra gaucha” fue en su momento, la película más vista en la historia del cine argentino, superando el record de “Lo que el viento se llevó”.

Las películas que le siguieron, “Su mejor alumno”, “Pampa bárbara”, “Donde mueren las palabras” requirieron de un notable esfuerzo para concretarlas, pero estuvieron acompañadas por el éxito de la crítica y del público. Ideológicamente, los fundadores compartían un nacionalismo democrático. Durante la década del 40, el cine argentino se había consolidado en países de Latino América, de México y en el cine Hispano de Nueva York, y zona sur de Estados Unidos.

Si bien había una restricción de película de celuloide por causa de la guerra, la producción argentina fue de 57 estrenos en 1942. La llegada al país del director francés Pierre Chenal, en calidad de exiliado, permitió su contratación para filmar “Todo un hombre”, con Francisco Petrone y Amelia Bence constituyendo un rotundo éxito que se repitió en “El muerto falta a la cita”, con argumento de Pierre Chenal y la actuación de Ángel Magaña y Sebastián Chiola, estrenada el 7 de diciembre de 1944.

Su actividad regular cesó en 1958 y diez años después, sólo se dedicó a la distribución de películas cesando en sus actividades en el año 2000. Artistas Argentinos Asociados constituyó un emprendimiento admirable forjado en la convicción y el esfuerzo de un grupo de inolvidables artistas de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.todotango.com/historias/cronica/327/La-nata-contra-el-vidrio.

Corvalan K. Artistas Argentinos Asociados. Leedor.com. 5-12-2002.

Artistas Argentinos Asociados. Fotograma.com. 17-12-2002

https://es.wikipedia.org/wiki/Artistas_Argentinos_Asociados

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LOS SEIS DÍAS DE BUENOS AIRES

Se llamaba “Seis días de Buenos Aires”, a una carrera de ciclismo en pista desarrollada en el estadio Luna Park.

La primera edición se corrió en noviembre de 1936, triunfando la pareja española Antonio Prior y Rafael Ramos. Se construía una pista de 145 metros a  la que se llamó “el anillo embrujado”, que era recorrida durante seis días consecutivos, sin interrupción.

Los ciclistas participaban por parejas, de modo que mientras uno corría, el otro dormía o descansaba pero siempre, uno de ellos, se deslizaba por la pista. Era un espectáculo seguido de cerca por la prensa, destacando la participación de ciclistas de otros países, alguno de ellos primeras figuras a nivel mundial, como ocurrió en el año 1958 cuando el argentino Jorge Bátiz conformó una duopla con el campionísimo italiano Fausto Coppi, quienes triunfaron en esa oportunidad.

Las jornadas eran muy duras y los participantes tenían poco descanso. El pubíco, presente en las horas de espectáculo, aplaudía cada sprint. El primer argentino que ganó la competencia fue Remigio Saavedra, en el año 1939, en dupla con Camiel Dekuysscher, repitiendo en 1943, junto a Mario Mathieu.

La figura argentina en “los seis días” fue, indudablemente, Jorge Bátiz, quien anotó su nombre en 5 oportunidades: 1958, 1959, 1961, 1962 y 1963. Posteriormente se transformó en el entrenador del equipo argentino.

En el horario de asistencia de público, ocurría la verdadera competición con relevos continuos, escapadas, abriendo huecos. Los sprints se disputaban cada cierto número de vueltas. Eran 8 a 10 horas de verdadera competición mientras las restantes se empleaban para dormir por turnos.

Las puertas del Estadio Luna Park permanecían abiertas durante los seis días de competición. Eran seis días con ciclistas pedaleando permanentemente, en uno de los circuitos más peligrosos del mundo, durante las décadas del 40, 50 y 60.La última edición se corrió en el año 2000.

Si bien no tuve ocasión de asistir a este espectáculo, recuerdo con nitidez el acompañamiento periodístico masivo en las revistas deportivas y los diarios vespertinos antes, durante y después a este tradicional espectáculo deportivo de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente; Leyenda de los seis días. http://www.clarin.com/deportes/leyenda-dias_O_BJKWPAd=Fe.html

Seis días en Buenos Aires. https://es.wikipwdia.org/wiki/seis_d%C3%ADas_e_Buenos_Aires

El recuerdo del tricampeón de velocidad Jorge Bátiz. Cuyonoticias.4-11-2017

http://www.bicivilizados.org/carreras-de-los-seis-dias

Los seis días. Blanco Ariel, La Nación. 30-03-1999

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MIGUEL PAULINO TATO

Miguel Paulino Tato, conocido como “Néstor”, fue un periodista y crítico de cine, nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1902.                                             

Foto: Ernesto Martinchuk

Trabajó como canillita hasta que ingresó como dibujante al diario “Última hora”. Le siguieron las revistas de la Editorial Haynes como “El Hogar” y “Mundo Argentino”. En 1930 fundó la revista “Sábado”, que le permitió viajar a Hollywood, donde tomó contacto con Charlie Chaplin, Buster Keaton, Douglas Fairbanks y otros.

También se desempeñó como profesor de caligrafía, historia y castellano. Escribió en la revista “Rico Tipo” críticas cinematográficas de caracter racista. En 1952 produjo y dirigió la película “Facundo, el Tigre de los llanos”.

Estuvo al frente del “Ente de Calificación Cinemaográfica”, un oscuro organismo del Ministerio del Interior creado en 1968, con autoridad para cortar escenas y eliminar películas enteras, siendo el máximo censor de  la historia argentina, entre agosto de 1974 y fines de 1980.

Es oportuno destacar la canción que le dedicó el conjunto “Sui Géneris” titulado “Las increibles aventuras del Señor Tijeras”, escrita por Charly García en 1974. Sus críticas cinematográficas provocaban la ira de los distribuidores y de empresas periodísticas. Imponía sus ideas con una prepotencia premeditada, jugando con el pánico de su interlocutor.

Sus amigos de ayer, Leopoldo Torres Nilson, Beatriz Guido, Mario Soffici, Lautaro Murúa, Armando Bo, se transformaron en sus víctimas. Ferviente antinorteamericano y anticomunista, tuvo que soportar la radicación en Cuba de su hija, activa militante comunista.

Su falta de respeto ante la propiedad intelectual, la manifestaba modificando el final de las películas que se le antojaban, obligando a la filmación de un nuevo final. Utilizaba un criterio muy especial ya que decía:”Yo no censuro, evito que la gente sea engañada”. Los cortes lesionaban seriamente la obra y su coherencia narrativa. Censuraba lo que pareciera moralmente ofensivo, levemente erótico o políticamente sospechoso. Las películas eran en consecuencia, muchas veces incomprensibles.

La censura cinematográfica fue abolida por Manuel Antín en 1983, encomendándole a Jorge Miguel Cousuelo, desmantelar el sistema nefasto, creando comisiones para la protección de la minoridad. Miguel Paulino Tato que falleció en abril de 1986, más solo que un perro, llegó a ser el hombre más odiado del cine argentino en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: Andrea Dominique Galeano. El cine prohibido:dictadura y censura en Argentina.31-10-2015

https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Paulino_Tato

Miguel Tato, aquél increible señortijeras.La Nación, 28-02-1999

Los ‘70:Las historias de magia del “señor” de las tijeras. http://www.jardindegente.com.ar/index.php?

Luciano Monteagudo. Prohibido prohibir en democracia. Pagina12  https://www.pagina12.com.ar/diario/

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CANCIONES PATRIAS EN LA ESCUELA PRIMARIA

La trayectoria en la escuela primaria, estuvo siempre acompañada por el aprendizaje de las canciones y marchas patrias.

Su enseñanza estaba a cargo de la profesora de música, quien dos o tres veces por semana, al compás del paino desvencijado, nos hacía repetir, una y mil veces, las estrofas de la canción o marcha de turno. La profesora cantaba una estrofa y todos a coro, la repetíamos, con o sin errores. Algunos términos, nuevos para nosotros, nunca eran aclarados en su significado. La duda nos acompañaba durante todo el período escolar.

Eran momentos de alegría, ya que todo lo ensayado se apreciaba en los actos realizados durante las fechas patrias 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio, 17 de agosto, culminando con la fiesta de fin de año. La presencia de los padres durante las fechas patrias, era un valor agregado para mejorar nuestra interpretación.

Las canciones a la Bandera, eran mayoría. “Mi bandera”, de Juan Ambroisi y J. Chassaing decía:” Aquí está la bandera idolatrada / la enseña que Belgrano nos legó / cuando triste la Patria esclavizada / con valor su vínculo rompió”. Cantar estas canciones nos proporcionaba un sentimiento de orgullo.

La marcha “La Bandera”, de G. García y P. Romano decía:” Gloriosa enseña de la Patria mía, / el Paraná en tus brisas te envolvió / y en su ribera tremolaste el día / en que Belgrano al mundo te mostró”. En el “Saludo a la Bandera”, de Leopoldo Carretjer, se cantaba su clásico “Salve, Argentina / bandera azul y blanca / jirón del cielo / en donde impera el sol”. Estábamos pendientes de los errores que la profesora cometía en sus interpretaciones. Siempre eran los mismos. Cuando ocurrían, una mirada de entendimiento entre nosotros, era suficiente para coincidir.

La canción “Aurora”, de H. Quesada, L. Illica y H. Panizza, era la elegida para el izamiento diario de la bandera, de tal modo que la duración de  la canción, coincidiera con la llegada de la bandera al tope del mástil: “Alta en el cielo, un águila guerrera / Audaz se eleva en vuelo triunfal; / azul un ala del color del cielo, / azul un ala del color del mar”.

La figura del gran educador Domingo Faustino Sarmiento era conocida a través del “Himno a Sarmiento”, de L. Corretjer: “Fue la lucha, tu vida y tu elemento; / la fatiga, tu descanso y calma; / la niñez, tu ilusión  y tu contento, / la que al darle el saber le diste el alma”. La “Marcha patriótica de 1810″, atribuida a Esteban de Luca, se caracterizaba por tener una letra larga y compleja:” La América toda se conmueve al fin / y a sus caros hijos convoca a la lid. / A la lid tremenda que va a destruir / a cuantos tiranos la osen orpimir”. No era la preferida pero integraba el repertorio de las clases de música.

La “Marcha de San Lorenzo”, de C. Benielli y C. Silva, siempre estaba presente en todos los actos patrios, recordando la gesta del General José de San Martín: “Febo asoma, ya sus rayos / iluminan el histórico convento. / Tras los muros, sordos ruidos / oir se dejan de corceles y de acero”. Nunca hubiéramos imaginado  que a los acordes de esta marcha, Hitler desfiló por París en el mes de mayo de 1940.

A partir de cuarto grado, comenzamos a cantar “La canción del estudiante”, de Francisco García Jiménez, E. Galeano y C. Guastavino. Fue siempre la canción que nos representaba, dentro y fuera de la escuela o del colegio secundario. Era nuestro himno que espontáneamente nos unía en los momentos difíciles. Siempre cantando “a capella” con la participación de todos: “¡Estudiantes! Alcemos la bandera / que ilustraron los próceres de ayer / y florezca a sus pies la primavera / del amor renovado en nuestro ser”. Durante el transcurso de la vida escolar, aprendimos marchas y canciones que dejaron su impronta en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Realidades argentinas

VILLA CARIÑO

“Villa Cariño” era una zona especial de la ciudad de Buenos Aires, ubicada en los bosques de Palermo.

Muy visitada en la década de 1960, cuando la tarde caía y la noche se establecía con firmeza. Las parejas llegaban en auto a fin de disfrutar un momento de intimidad. Para muchos fue el despertar de los avatares amorosos y más de uno, fue concebido en ese bosque.

A medida que la noche era más densa, más numerosa era la cantidad de automóviles reunidos en el lugar, con gente joven y mayorcita ambién. Era habitual que los pibes se adentraran en la zona y molestaran a las parejas, interrumpiendo sus actividades.

Pero también la policía recorría la zona con poderosas linternas encendidas, molestando a los distintos ocupantes de los vehículos estacionados, provocando el alejamiento del lugar. Quedó registrado en la revista “Tías Vicenta”, a partir del año 1955.

Había un pacto tácito con la policía; si los villacariñistas dejaban las luces bajas del auto encendidas, la patrulla que pasaba cada 3 horas durante la noche, no los molestaría. Estas visitas eran motivadas por las provocaciones de las patotas juveniles, que aparecían ruidosamente en los autos con sus luces largas encendidas.

No era rara la presencia de alguna grúa convocada cuando el auto se quedaba sin batería. Tampoco eran raros los encontronazos entre los coches. Los fines de semana se reunían entre seiscientos a ochocientos autos, que solían permanecer hasta las 5 de la mañana. Los habitués comentaban que en ese sitio, se sentían aislados, a pesar de lo cerca que estaban uno de otro.

“Villa Cariño” fue una zona amatoria famosa ubicada en los bosques de Palermo de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Gerchunoff Pablo: El fin de Villa Cariño. Revista Panorama. Octubre 1985.

La ciudad, La cuestión social, Modas y costumbres, Realidades argentinas, Reuniones sociales

LOS AVIONES PULQUI

l Pulqui I  I.Ae. 27, fue un avión a reacción subsónico, diseñado y fabricado por la industria aeronáutica argentina, bajo la dirección del ingeniero francés Emile Dewoitine.

Pulqui I

Se construyó un prototipo que voló el 9 de agosto de 1947, piloteado por el Capitán Osvaldo Weiss. El prototipo no cumplía con las condiciones exigidas por el nuevo sistema de propulsión, los diseños aerodinámicos y un bajo rendimiento, culminando con el abandono del programa y el retorno a Europa del ingeniero Dawoitine.

El gobierno argentino contrató en 1947, al experimentado ingeniero y piloto de pruebas alemán Kurt Tank, responsable de la construcción del avión Focke Wulf. Llegó a la fábrica de aviones militares de Córdoba, junto con su grupo de colaboradores, quienes se unieron a los realizadores argentinos para desarrollar el proyecto del futuro Pulqui II, el I. Ae. 33, que bajo diseño de Kurt Tank y equipo volaría a 967 km/hora, con una altitud de 7000 metros.Estas realizaciones, ubicaron a la Argentina en el 5º lugar en el mundo en la construcción de aviones de combate.

Entre 1950 y 1955 se construyeron 5 prototipos. El primero sin motor, para pruebas aerodinámicas: El segundo y el tercero se estrellaron muriendo sus pilotos. El cuarto resultó destruido durante el aterrizaje. Del quinto se construyeron diez aparatos. Se presentó públicamente el 8 de julio de 1951, en el Aeroparque “Jorge Newbery”, piloteado por el Capitan Weiss.

Pulqui II

Los cambios políticos motivaron la cancelación del proyecto y el alejamiento de los técnicos extranjeros hacia otros países. El único Pulqui I y el último Pulqui II, se mantuvieron en servicio hasta principios de la década de 1960, cuando fueron donados al Museo Nacional de Aeronáutica, estacionados a la intemperie durante casi 40 años, en un predio del Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires, junto a otras naves que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Posteriormente fueron restaurados y reubicados en la nueva sede del Museo, ubicada en Morón, Provincia de Buenos Aires. Los aviones Pulqui I y II, fueron la culminación de una aspiración argentina de desarrollar y construir aviones de combate con tecnología avanzada en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente; http://www.aeromilitaria.com.ar/psv/censo/pulqui/index.htm

http;//www.ipmsstockholm.org/magazine/2002/06/stuff_eng_profile_pulqui.htm

http://www.lucheyvuelve.com.ar/pulqui/pulqui1.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/I.Ae_33_Pulqui II

Realidades argentinas

JOHN ALTON

John Alton fue un fotógrafo cinematográfico nacido en Hungría el 5 de octubre de 1901.

A partir de 1920, comenzó a trabajar en Los Ángeles, California, como operador de cámara. Lo hizo en  Francia con Ernst Lubitsch, a partir de 1927.  

En el año 1932, fue convocado por los “Estudios Lumiton”, de Argentina, para hacerse cargo de la fotografía. Debutó con la primera película de “Lumiton”, “Los tres berretines”, inaugurando la época del cine sonoro argentino, una semana después que lo hiciera con la película “Tango”, el sello “Argentina Sono Film”, en 1933.

Le siguieron 20 películas más, hasta el año 1939. En ese lapso, Alton tuvo la oportunidad de participar en la elaboración del guión de varios films y de dirigir 2 películas, “El hijo de papá” y “Puerta cerrada”. Trabajó en 13 películas con el destacado escenógrafo y artista plástico internacional argentina  Raúl Soldi.

A fines de 1939 retornó a Hollywood, donde se convirtió en uno de los fotógrafos más valorados del cine. Se desempeñó en estudios de

Foto: moviemorlocks.com

segunda línea, como el sello “Republic”, dedicado a películas de clase B. Fue Capitan del Cuerpo de Señales durante la Segunda Guerra Mundial.

A su regreso, trabajó en los estudios “R:K:O”: y “Monogram”. Se asoció con el director Anthony Mann realizando “La brigada suicida”, película de bajo presupuesto, a la que se sumaron “Raw Deal” y “He walked by night”, tres puntales del “cine negro” norteamericano. Según Alton, utilizaba la luz “para crear el clima”.

Foto IMDb

En 1949 publicó el libro “Painting with light”, con conceptos vigentes en la hora actual. Trabajando con el director Vincent Minelli, fue galardonado con el Oscar a la mejor fotografía por “Un americano en París”, en 1951. Se retiró del trabajo activo en 1966. Falleció en Santa Mónica, California, el 2 de junio de 1996.

John Alton, que marcó para siempre con su aporte la calidad de la cinematografía argentina, vivió en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki.John_Alton

https://es.wikipedia.org/wiki/Lumiton

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REVISTA LEOPLÁN

Leoplán fue una revista periodístico literaria fundada por Ramón Sopena el 7 de noviembre de 1934, dedicada a la incipiente clase media argentina.      

Proponía un plan de lectura con la finalidad de educar a la gente. Aparecía miércoles por medio y llegó a publicar 727 números, donde tuvimos la ocasión de acceder a las novelas de Julio Verne “La vuelta al mundo en 80 días” , “Viaje al centro de la tierra”, acompañada de ilustraciones y también a “Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas, alternando con excelentes crónicas periodísticas.

Autores famosos franceses, ingleses, rusos, italianos,norteamericanos, fueron incluidos en la vasta lista de los consagrados que, llegaban a nosotros quincenalmente, así como los relatos policiales o de ciencia ficción. Pero el espectro de publicaciones era más amplio, incluyendo entrevistas a personajes famosos a cargo de Enrique González Tuñón, Adolfo R. Avilés, Horacio de Dios o Miguel Bonasso.

Crónicas sobre el cine de Hollywood, enviadas por Erskine Johnson y por Andre Lartigau para el cine europeo. Los relaos estaban ilustrados con dibujos o fotogramas de las películas. Otros colaboradores argentinos fueron Rodolfo Walsh, realizando notas a escritores como Artur Conan Doyle, o bien escribiendo cuentos o relatos propios y traducciones. Allí publicó “Los nutrieros”, uno de sus primeros cuentos.

Otro colaborador destacado fue Miguel Brascó con un suplemento satírico. Las historietas también tuvieron cabida en esta atractiva revista: “Esculapio Sandoval” de Torino, “El Vasco Anchoa” de González Fossat, Calé, Quino, que en 1963 creó “Mafalda”, para una publicidad.

Leoplán, tenía un intenso contacto con los lectores, a través de varias secciones: “Elegancia masculina”, “Si tiene un tiempito…bástese a si mismo”, basada en las cosas prácticas de todos los días y varias más. El Maestro Roberto Grau, tenía a su cargo la columna sobre ajedrez.

Esta revista cultural, tenía tapas a color y 170 páginas en color sepia y también en blanco y negro. Leoplán, el “Magazine Popular Argentino”, fue una revista de referencia para este tipo de publicaciones en LatinoAmérica que dejó de publicarse en diciembre de 1964, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: htps://es.wikipedia.org/wiki/Leopl%C3%A1m

http://garciacambeiro.com.ar/?p=5o22

http://serdebuenos-ayres.blogspot.com.ar/2013/11/leoplan-la-publicacion-argentina-que.html

La educación, Las Revistas Inolvidables, Los entretenimientos, Realidades argentinas

LA OTRA LIBRETA NEGRA

La libreta negra de todas las familias, era la que se llevaba al almacén, donde el almacenero anotaba los detalles de las compras y pagos, que se hacían efectivos cuando se cobraba la quincena. Funcionó perfectamente durante un tiempo prolongado.

Pero había otra Libreta Negra, la Libreta de Trabajo de las prostitutas. Hasta el año 1936, la prostitución fue legal y era obligatorio el uso de una libreta de tapa negra, sellada y rubricada en la Comisaría. No hacerlo significaba el pago de una multa de 30 pesos o diez días de arresto. Si reincidían, la multa ascendía a 100 pesos -cuando un sueldo era de 50 pesos- o en su defecto, 30 días de arresto.

La atención médica de las mujeres enfermas, estaba a cargo de médicos de la Municipalidad y quedaba registrada en la libreta. Llevaba una foto de la prostituta de 3 centímetros por 3 centímetros, y constaba el nombre, apellido y otros datos personales.

Las hojas tenían casillas para la anotación semanal del estado de salud. Si las libretas de las pupilas no se encontraban actualizadas, se procedía a clausurar el prostíbulo durante 3 días. Si reincidían, entonces la clausura era total, seguida por el desalojo del edificio. Medidas de control cumplidas estrictamente en ese Buenos Aires que se fue.

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PROHIBIDO ESCUPIR EN EL SUELO

Unas placas enlozadas decían “Prohibido escupir en el suelo, Ordenanza del año 1902″ .

Se podían observar en las paredes de los edificios y dentro de los establecimientos públicos. Los carteles anunciando Ordenanzas, eran de metal enlozado y permanecían en el sitio donde se los había colocado. El vandalismo callejero de robar todo lo metálico como en la época actual, no existía.

El nivel de respeto y disciplina era elevado y el cuidado de la salud afectaba a todos, por lo tanto, el espíritu de colaboración estaba muy desarrollado. Era una de las pautas fundamentales a la hora de controlar la tuberculosis, enfermedad infecciosa que causaba estragos entre la población, hasta fines de la década del cuarenta.

También podía observarse dentro de los establecimientos públicos, la presencia de unas salivaderas de metal enlozado, color blanco, de forma rectangular, conteniendo aserrín de madera, generalmente ubicada debajo de las chapas enlozadas antes mencionadas. La cultura de escupir en la salivadera y no en el suelo, era una de las pautas de la lucha antituberculosa desarrollada en el país.

Bueno Aires concenraba a mucha población, hecho que motivó la abundancia de estos recipientes en cualquier establecimiento público, carnicerías, almacenes, peluquerías, en las estaciones del subterráneo, en el hall de entrada a los cines y teatros, donde se encontraban por lo menos dos salivaderas, ubicadas en sitios estratégicos.

La tuberculosis era enfermedad terminal, y todas las medidas higiénicas, no alcanzaban para controlar el desarrollo de una afección que para la época, no tenía tratamiento eficaz. La década del cincuenta, sería portadora de noticias más favorables ante la aparición de nuevas drogas para el éxito del tratamiento en ese Buenos Aires que se fue.

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