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El Buenos Aires que se fue

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Personajes de la infancia

LA SAETA RUBIA

Al comienzo de su carrera futbolística, Alfredo Di Stéfano fue llamado “La Saeta Rubia”.

Sucedió en el año 1947, durante su período en el club River Plate. Di Stéfano había nacido en Barracas, el 4 de julio de 1926. A los 17 años se probó en River siendo aceptado. Jugó en las divisiones inferiores, ocupando varios puestos como delantero.

En 1945 debutó en Primera División jugando sólo un partido. En 1946 jugó a préstamo en el club Huracán regresando a River en 1947. Ese fue el año de su consagración. Le tocó reemplazar al Maestro Adolfo Pedernera, un habilidoso jugador con el manejo de ambas piernas y muy potente en los remates.

Pero Di Stéfano cambió la fisonomía de esa delantera inolvidable integrada por Reyes, llegado del club Racing en reemplazo de Juan Carlos Muñoz; Moreno, Di Stéfano, Labruna y Loustau. La velocidad de Di Stéfano llevando la pelota, lo transformó en “La Saeta Rubia”. El arquero Grisetti pasaba la pelota con las manos al back izquierdo Luis Ferreira, quién rápidamente la cedía al número 6, José Ramos. Di Stéfano recibía el pase ubicado en el círculo central y entonces, comenzaba el otro espectáculo, su show exclusivo.

Inicaba una carrera vertiginosa hacia el arco contrario, eludiendo a la carrera a los defensores que iban apareciendo. Al llegar al borde del área, disparaba uno de sus “taponazos” inolvidables, que se transformaban en gol. Esta maniobra de como llegaba al gol, se repitió muchas veces durante ese año 1947, a tal punto, que cuando recibía la pelota en el centro de la cancha, la hinchada en la tribuna se paraba  comenzando a gritar el gol, que aún, no se había producido.

Pero la “Saeta” era imparable, y el taponazo esperado, se producía en el momento justo, provocando una gritería ensordecedotra, que hacía temblar el cemento del “Estadio Monumental”. Estas situaciones las vivimos en ese inolvidable 1947, cuando River ganó todo y el goleador fue Di Stéfano.

Al año siguiente jugó 23 partidos y 12 en 1949, cuando se desató un conflicto en el fútbol argentino que motivó el alejamiento de Di Stáfano junto con más de 50 jugadores, quienes se incorporaron , en su mayoría, al fútbol de Colombia. Di Stéfano lo hizo en el Club Los Millonarios, donde permaneció 4 años.

A partir de 1953 comenzó su período europeo en el Real Madrid. Nos dejó para siempre el 7 de julio de 2014. Su habilidad, su velocidad y su capacidad goleadora quedaron estampadas para siempre en el gran River Plate de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2014/07/07/actualidad/

http://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Di_Stefano

La infancia, Los entretenimientos, Personajes de la infancia, el fútbol

GUY WILLIAMS, “EL ZORRO”

Armando Joseph Catalano, conocido artísticamente como Guy Williams, “El Zorro”, nació en Nueva York, Estados Unidos, el 14 de enero de 1924.

Hijo de emigrantes italianos de Sicilia, aprendió esgrima desde muy pequeño, gracias a las enseñanzas de su padre. Finalizados los estudios secundarios, ingresó a la Academia militar Peeskell, estudios que no finalizó.

Comenzó a trabajar como modelo publicitario. En 1946 trabajó en Hollywood, en la MGM, en pequeños papeles. Se casó en 1948, tuvo dos hijos, Guy Steve Catalano y Anthony Catalano. Entre 1952 y 1953 filmó pequeños papeles para los estudios Universal, en Hollywood.

En 1957, la compañía Disney lo eligió para filmar la serie de televisión “El Zorro”, debutando el 10 de octubre de 1957, logrando un éxito instantáneo. Fueron dos temporadas, hasta 1959. completándose 78 episodios y la película “La marca del Zorro”, en 1958.

En 1962 filmó dos películas en Europa. En 1964, nuevamente en Estados Unidos, filmó 5 episodios de la serie “Bonanza”. Entre 1965 y 1968, filmó la serie “Perdidos en el espacio”. Desde el comienzo de 1968, el Canal 12 de la televisión argentina emitió diariamente “El Zorro”, de 19 a 19.30, con gran éxito. Esto motivó la idea de invitar a Guy Williams a realizar un programa especial y participar en programas infantiles.

Llegó a Buenos Aires el 1º de abril de 1973. Lo esperaban en el aeropuerto de Ezeiza, más de 3 mil niños acompañados por sus padres. Guy Williams se disfrazó de Zorro en varios programas de Canal 13. Participó en “Teleshow” de Canal 13 brindando una exhibición de esgrima y en “Porcelandia”, donde Jorge Porcel tenía un sketch llamado “El Sorro”, donde recreó escenas de esgrima junto al campeón argentino Federico Lúpiz.

El éxito fue tan grande que se programó un segundo viaje, hecho que ocurrió el 14 de julio de 1973. Llegó junto con su esposa Janice y el actor Henry Calvin, que personificaba al Sargento García, encontrándose nuevamente con una nutrida multitud de niños en el aeropuerto de Ezeiza.

Actuaron en el Circo Mágico de Carlitos Balá y en el Show de Mirtha Legrand. Visitaron escuelas y hospitales públicos. En 1979, Guy Williams regresó a Buenos Aires para producir sus propios shows, junto a Fernando Lúpiz, disfrazado como el Capitán Monasterio. El show se presentó durante 2 meses en todo el país, con muy buenas críticas.

El show se repitió en varios circos. Era el número final, donde los niños veían a su héroe pelear con el Capitán Monasterio, disfrutando de la victoria de Guy, en una presentación de 15 minutos. Trabajó en el circo Real Madrid, con gran éxito en Mar del Plata. No pudo realizar una película que sería producida por Palito Ortega, lo que decidió su regreso a Estados Unidos.

Sin embargo, volvió para vivir en Buenos Aires. Un café en “La Biela”, lectura del “Buenos Aires Herald”, caminatas por las calles del barrio de Recoleta, haciendo amigos argentinos. Vivía en su departamento ubicado en Ayacucho 1964. Allí falleció el 6 de mayo de 1989 a los 65 años, víctima de la rotura de un aneurisma cerebral. Sus restos permanecieron en el panteón de la Asociación Argentina de Actores, gracias a las gestiones de Fernando lúpiz. En 1991, su hijo Steve recibió sus cenizas en California. Guy Williams, “El Zorro”, vivió la última parte de su vida en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Guy_Williams

http://fannyriffel.blogspot.com.ar/2010/11/el-zorro-en-la-argentina.html

http://www.pagina12.com.ar/1999/99-05/99-05-07/pag25.htm

Artistas destacados, Los entretenimientos, Personajes de la infancia, Visitas inolvidable, Vivieron en Buenos Aires

RAMÓN COLUMBA

Ramón Columba fue un eximio dibujante autodidacta, nacido en Punilla, Córdoba, el 3 de diciembre de 1891.

De muy niño llegó a Buenos Aires. Realizó sus estudios secundarios y comenzó a trabajar en el Congreso Nacional en calidad de taquígrafo en el año 1907 donde permaneció hasta 1946. Ingresó a la Facultad de Medicina, pero abandonó para dedicarse a su innata vocación artística, el dibujo, destacándose como un hábil caricaturista.

Su labor como taquígrafo lo ocupó durante 40 años, registrando a través de sus dibujos caricaturescos los hechos más destacados ocurridos en el Congreso, que lo llevasron a publicar en 3 tomos “El congreso que yo he visto”.                                                         Foto: German Cáceres

Colaboró en revistas de primera línea como “Caras y Caretas”, “Vida Moderna”,”Mundo Argentino”, “El Hogar”; en los diarios “El Nacional”, “La Mañana”, “Crítica” y “La Razón”. Realizó exposiciones de sus dibujos en Buenos Aires y en ciudades del interior.También publicó “La Belleza en el Desnudo” en 1940 y “Album de la Primera Guerra Mundial”, que le valió felicitacionesoficiales del Gobierno de Francia.

Fundó la revista de caricaturas “Páginas de Columba” en 1922, dando cabida a la mayoría de los dibujantes de la época, hecho muy importante porque las revistas estaban dirigidas y dibujadas por maestros europeos.

En esa revista se publicaba un suplemento infantil que a partir de 1928, cuando crea la Editorial Columba, se convirtió en el semanario “El Tony”. En mi época de infancia, esperaba ávidamente cada semana su aparición, para disfrutar de “Mandrake, el mago”, “El Agente secreto X-9″ y “El Hombre Murciélago”. Posteriormente se agregaron “Intervalo” en 1945, “Fantasía” en 1950 y “D’Artagnan” en 1957. Fueron numerosos los dibujantes y guinostas nacionales que trabajaron en esa empresa.

En una visita que realizó a Estados Unidos en 1925, tuvo ocasión de entrevistar a las figuras descollantes de entonces, que quedaron registradas en sus famosos dibujos.

Durante la década del 40, mi padre me llevó a un festival artístico en el “Luna Park”. En un momento dado, Ramón Columba subió al ring y sobre un atril con grandes hojas de papel dibujó con una carbonilla caricaturas de personajes de la época. Me impresionó la velocidad en sus dibujos.

En 1948 presidió la Asociación Argentina de Editores de Revistas; filmó 2 películas de dibujos animados y colaboró desde 1939 a 1946, con el noticiero “Sucesos Argentinos”. En sus bosquejos fue un experto en captar la expresión del rostro, “en ese momento”, por lo que en Estados Unidos fue apodado “el pirata de la expresión”. Falleció en Buenos Aires el 14 de junio de 1959.

Ramón Columba brindó con sus publicaciones, momentos de sana alegría para nuestra infancia y adolescencia, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Ramón Columba. La Prensa 26-07-1998.

Aquellas inolvidables historietas. Reportaje a Don Ramón Columba. http://armando-fernandez.blogspot.com.ar/2011/05/

Cáceres, Germán: Ramón Columba. http://laduendes.blogspot.com.ar/2012/08/

Artistas destacados, Las Revistas Inolvidables, Personajes de la infancia

EZIO GUGGIARI Y LOS EG TOYS

Ezio Guggiari fue un fabricante italiano de juguetes establecido en Argentina.

Fue el creador de la firma E G Toys, fabricante de figuras de plomo ahuecado, de un tamaño similar al de los soldaditos de plomo de origen inglés. Sus juguetes representaban figuras de una chacra, aparecidas a partir del año 1944, en plena Segunda Guerra Mundial.

En una época en la que los juguetes de los niños argentinos, eran de origen extranjero, Guggiari encaró la fabricación de estas figuras cuando no existían antecedentes de fabricación nacional, conjuntamente con la escasez de juguetes extranjeros, motivada por los sucesos bélicos.

Foto: La Nación 16-06-2012

En 1944 comenzó con la presentación de “La Chacra de Don Fabián”, colección de personajes, animales y construcciones existentes en el campo. La colección fue ampliándose incorporando la pulpería, el tambo, el ombú, el domador, etc. Estaba basada en la “Model Farm Series”, de la firma inglesa William Britain Ltd, que desde el año 1920, fabricaba campesinos, caballos, vacas y demás integrantes de la granja, trabajados minuciosamente y pintados con vistosos colores.

El incremento en la cantidad de piezas, fue la razón por la que la “Granja” se transformó en una “Estancia Argentina”, constituyendo un atractivo presente en las vidrieras de las buenas jugueterías. Se llegaron a completar más de 400 piezas de la serie EG Toys, que estuvo vigente hasta fines de la década del 50, cuando cerró la firma.

Para esa época, se habían agregado las series correspondientes al zoológico y la estación de trenes. La artesanía de Ezio Guggiari pasó a ser motivo de culto para los coleccionistas de juguetes de plomo, quienes no pierden la oportunidad de rastrearlos, en las diversas ferias dispersas por Buenos Aires y alrededores.

Fuente: Sanguinetti, Roque: Una estancia de juguete para que los niños sean felices. La Nación, 16-06-2012

La infancia, Los juegos, Personajes de la infancia

CHARLES ATLAS

A partir de fines de  la década del 30, en las revistas de historietas era común encontrar un aviso dirigido a los varones, que anunciaba como mejorar el desarrollo muscular y el aspecto general.

El aviso se presentaba en forma de historieta en la cual, el personaje masculino era agredido viviendo un momento vergonzante. Posteriormente, luego de realizar el curso recomendado por Charles Atlas, no sólo mejoraba su aspecto y fortaleza, sino que su presencia no pasaba inadvertida, especialmente entre las mujeres.

“A los 15 años era yo un alfeñique de 45 kilos. Yo puedo hacer de usted un nuevo hombre; en sólo 15 minutos al día le enseñaré, paso a paso, como tener un pecho grande, espaldas fuertes, abdomen como una roca, piernas poderosas y bíceps de acero, con una personalidad magnética”.

¿Quién era Charles Atlas? Ángel Siciliano, conocido posteriormente como Charles Atlas, nació en Calabria, Italia, el 30 de Octubre de 1892, emigrando a Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos, a los 11 años de edad. Era un niño delgado y débil, que cursó una adolescencia desdichada, por las agresiones físicas y psicológicas de sus compañeros, en especial, durante una “Noche de Brujas”, que fue determinante en cambiar su vida.

A fin de solucionar estos “problemas”, visitó gimnasios realizando ejercicios físicos con pesas. Como los resultados no lo convencieron, comenzó a realizar ejercicios de tensión y relajamiento muscular de su creación, con la ayuda de cuerdas, que le provocaron un impresionante desarrollo muscular y aumento de peso. En la siguiente “Noche de Brujas” se reencontró con su compañero y lo reventó a golpes.

Por su parecido con la estatua de Atlas, lo apodaron Charles Atlas. Trabajó como modelo para escultores y en 1922, fue elegido como “el hombre mejor desarrollado del mundo”. Comenzó su negocio de la venta de Cursos por Correspondencia para lograr el desarrollo muscular, mediante el empleo de la “Tensión Dinámica”, un programa completo en 12 lecciones.

Sus cursos se vendieron a más de 6 millones de hombres que aspiraban a mejorar su aspecto. El negocio creció favorablemente, y en la década del 30, abrió una oficina en Buenos Aires. Charles Atlas enriqueció y siguió posando para fotógrafos de publicidad, superados los 70 años.

“Yo era un alfeñique de 45 kilos”, nos contaba Charle Atlas en sus avisos publicitarios en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Atlas

La cuestión social, Personajes de la infancia

EL HELADERO AMBULANTE

Durante la época estival, el heladero era un personaje típico e importante de la ciudad, vestido con un saco y gorrito blancos, empujando su carrito también blanco, con forma cilíndrica o cúbica, según la marca que representaba.

Recorría la ciudad ofreciendo el refrescante helado, delicia para chicos y grandes. Los niños estábamos a la expectativa de su aparición en las calles de la ciudad, deleitándonos con su sabrosa preparación.

En los parques y plazas, ocupaban siempre el mismo sitio, donde cuando era posible, comprábamos una tacita o un vasito de papel encerado, ya que no existía el plástico, por un valor de 10 centavos. Disponía de dos o tres gustos: crema, frutilla y chocolate. No había otros, y era suficiente. Lo importante era disfrutasr el gusto de un helado.

Por esa razón, cuando en las tardes se escuchaba su pregón por las calles del barrio, rogábamos a nuestra madre nos diera la moneda para comprarlo. A esa hora, nuestro padre estaba trabajando fuera del hogar. y la destinataria de todos nuestros pedidos, era nuestra madre.

A veces, esta súplica era positiva; en esos casos no disponíamos de mucho tiempo, ya que el heladero pasaba una sola vez. Rogábamos que alguien lo hubiera detenido en su camino y así, teníamos la posibilidad de lograr nuestro objetivo. Los helados se encontraban dentro del carrito, mantenidos en buenas condiciones, mezclados con trozos de hielo seco.

El heladero buscaba lo solicitado y luego, del bolsillo superior del saco, sacaba y nos daba una cucharita plana, de madera, envuelta en papel de seda. Cuantas veces repetimos este procedimiento en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, Personajes de la ciudad, Personajes de la infancia

EL CIGARRILLO CASERO

Los marineros y los soldados acostumbraban fumar los cigarrillos que armaban. Y mi Abuelo también.

El cajoncito de madera medía 25 cm de largo, por 15 cm de ancho y 10 de altura; tenía dos secciones, gracias a un tabique medial. En una se colocaba el papel de arroz y la maquinita. En la otra, el tabaco negro “La hija del Toro” y varios toscanos “Avanti”, completaban el conjunto.

El Abuelo fumaba uno o dos cigarrillos por día. Con su afilado cortaplumas, picaba un poco del “Avanti”, lo mezclaba con el tabaco “La hija del Toro”, tomaba una hojita de papelde arroz en la que volcaba el tabaco, lo acomodaba a lo largo y lo hacía girar, formando el cigarrillo. Humedecía el borde del papel con la lengua y lo pegaba. Uno de los extremos lo retorcía.

Lo encendía y cada pitada de humo era suficiente para atolondrar a cualquier insecto que osara atravesar la nube de humo. Pero el abuelo tenía un dispositivo que le permitía armar los cigarrillos mucho más rápido. Colocaba el papel sobre una superficie de cuero, agregaba la cantidad adecuada de tabaco y mediante un movimiento de presión, se deslizaba el cuero formando un cilindro, el cigarrillo.

Se lo tomaba con ambas manos, humedecía el borde libre y listo, el cigarrillo artesanal estaba elaborado. Era para fumar en el momento. No se convidaba el cigarrillo, pero sí se ofrecía al otro, armar su cigarrillo. Como lo disfrutaba. Tras cada pitada, el Abuelo callaba y pensaba. Nunca pude saber que. Ese cigarrillo era una invitación a la meditación o al recuerdo. Sus ojitos miopes, se entrecerraban aun más, cuando lanzaba el humo.

Me deslumbraba la suave textura del papel de arroz, en un talonario de 30 papeles, con un borde engomado, para cerrar el cigarrillo luego de su armado y también me atraía el aroma de la mezcla de tabacos, que parecían haber penetrado en la madera del cajoncito. Nunca observé al Abuelo, fumar un cigarrillo comercial. El prefería disfrutar todo el proceso previo hasta la última pitada.

Se fumaba menos y se disfrutaba más, en aquél Buenos Aires que se fue.

La casa, Los entretenimientos, Personajes de la infancia

EL CHOCOLATINERO

El chocolatinero era un personaje integrante del elenco imprescindible que trabajaba en el cine junto con el boletero, el acomodador y el encargado de la proyección.

Los programas se integraban con un mínimo de tres películas, que se proyectaban en las secciones Matinee, Vermouth y Noche. Eran épocas del uso de la contraseña para salir de la sala, para comprar alguna golosina más barata, o para entregársela a un amigo que ingresaba al cine y veía la siguiente pelicula sin pagar.

El chocolatinero estaba presente en la sala antes del comienzo de la función y en cada intervalo. Transportaba un incómodo cajón de madera, donde colocaba los chocolates, caros y medianamente baratos; caramelos, pastillas, maní con chocolate y helados. Recorría toda la sala, atendiendo casi todos los pedidos.

El mejor momento era antes de comenzar la función, aunque durante los intervalos, también era requerido, aunque con menor frecuencia. En algunos cines, alternaba sus tareas fiscalizando el ingreso a la sala en los intervalos o distribuyendo las contraseñas.

No se consumían bebidas ni pochoclo. En realidad, no se vendían. Eran modalidades existentes en los Estados Unidos, que aún no habían llegado al país. El pochoclo sólo se consumía en los parques, plazas, calesitas  y jardín Zoológico.

Cuando los programas eran más largos, como en las matinées infantiles con la proyección de alguna película completa en 12 episodios, algunos se llevaban una vianda, para consumirla en la hora de la merienda. Eran otros tiempos, tiempos de aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, Los entretenimientos, Personajes de la infancia

LINO PALACIO

Lino Palacio fue uno de los más grandes creadores del humor gráfico como dibujante y caricaturista en la Argentina.

De profesión arquitecto comenzó a dibujar desde muy joven, colaborando en los medios gráficos más prestigiosos del país. Hemos disfrutado el humor picaresco reflejado en las tapas de la revista Billiken, durante nuestra etapa en la escuela primaria.

Tampoco podemos olvidar a una de sus grandes creaciones, “Don Fulgencio, el hombre qure no tuvo infancia”, que se publicó en el diario “La Prensa” a partir de 1938. Mostraba las peripecias de un hombre serio que culminaba sus actos con una actitud infantil. Posteriormente “Don Fulgencio” se trasladó al diario “La Razón”.

Foto: La Prensa, 25 Julio de 1999.

Fueron varios los personajes surgidos del lápiz de este magnífico creador, todos basados en la vida real. Uno de los más antiguos fue “Ramona”, una mucama gallega ignorante, inocente y muy sincera. Se basó en una mucama que trabajaba en la casa de su abuelo. Se publicó en el vespertino “La Razón” a partir del año 1938.

A partir de 1946, aparece en “La Razón” su famoso “Avivato”, un porteño vividor y aprovechador, que pasó a integrar el lenguaje coloquial porteño. El cine recogió a este personaje en la interpretación que realizó Pepe Iglesias “El Zorro”.

Lino Palacios tuvo trascendencia internacional con las caricaturas publicadas con el seudónimo de Flax. Comentaba los aspectos políticos más salientes de la guerra, con la participación de las figuras de primera línea como Stalin, Hitler, Roosvelt, Churchill, Tojo, Daladier, Chamberlain, Franco y Tojo.

En un solo cuadro rematado por un texto escrito en verso, se presentaban los hechos trascendentes durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, entre los años 1943 y 1946 en caricaturas cómicas. Conformaron un libro de 4 tomos, “Historia de la guerra” con 800 caricaturas. Recuerdos de un grande en ese Buenos Aires que se fue.

Personajes de la ciudad, Personajes de la infancia

LA VISITA AL DENTISTA

Mi visita al consultorio odontológico comenzó a edad muy temprana.

La estadía en la sala de espera se caracterizaba por el “olor a dentista”, proveniente de un producto muy empleado, el eugenol o esencia de clavo de olor, que se usaba en casi todos los pacientes para realizar obturaciones temporarias.

Recuerdo que en la sala de espera , entre las revistas para distraerse se encontraba una publicación extranjera “En Guerra”, una publicación al estilo “Life”, que mostraba detalles de la participación norteamericana en la Segunda Guerra Mundial.

Los tratamientos eran más lentos, con cambios de empastes repetidos hasta culminar con la colocación de la amalgama. El “terrorífico” torno, dependía de quien y como lo utilizara. Jamás me pareció terrorífico. Todo dependía de la mano que lo manejaba. A los efectos de no crear temor, las prestaciones dolorosas se dejaban para el final.

La amistosa cordialidad del dentista, transformaba la sesión en un encuentro agradable, donde entre broma y broma, el profesional cumplía su misión. Prestaba mucha atención a los pasos seguidos por el dentista en cada sesión de tratamiento. No existían en esa época, productos que han agilizado actualmente, los distintos procedimientos terapéuticos.

A esa temprana edad, nunca hubiera imaginado que la asistencia al dentista, era un acto dominado por el miedo, por no decir terror, en muchísima gente  que veía a los instrumentos odontológicos de rutina, como verdaderas elementos de tortura, lo que provocaba dilaciones a la hora de solicitar una consulta.

Muchos colegas me han manifestado que concurrir al odontólogo fue la experiencia más traumática que les tocó vivir, ya que el temor que los invadía no tenía alivio hasta la finalización de la sesión. Cuantas veces, a fin de calmar un dolor de muelas, se colocaban un trozo de aspirina en la caries, provocando una lesión tipo quemadura, en la encía y el carrillo.

No puedo decir lo mismo porque los profesionales que me asistieron cuando niño, supieron ganarme como paciente sin engendrar la mínima noción de miedo, en las consultas odontológicas en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, Personajes de la infancia

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