El Buenos Aires que se fue

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Personajes de la ciudad

LOS GITANOS

La llegada de gitanos a la Argentina comenzó a fines del Siglo XIX.
Provenían de distintos países europeos y muchos se ubicaron en Buenos Aires. Caracterizados por el nomadismo, se instalaban en grandes carpas, ocupando un terreno.
Recuerdo que en una esquina del barrio de Villa Real, instalaron una carpa en un terreno baldío, dentro de la cual observamos unos llamativos artefactos de bronce pero ignorando su uso.
Los colores variados de la ropa femenina era un clásico de las calles porteñas. Las gitanas caminaban en grupos pequeños, de tres o cuatro personas, con sus clásicas trenzas adornadas con monedas de oro y collares, que también mostraban monedas de oro, uno de sus métodos para ahorrar dinero.
Nos llamaba la atención que las mujeres de mayor edad, caminaban por las calles fumando, situación excepcional en esa época. Se desplazaban hablando en voz alta, en un idioma desconocido, o en un español mal pronunciado, moviendo sus amplias y coloridas polleras que ocultaban sus pies.

Desinhibidas en sus desplazamientos, interrumpían la marcha de cualquier transeúnte, ofreciendo sus servicios de adivinación del futuro, observando y “leyendo” las líneas de la mano. Las mujeres casadas usaban un pañuelo cubriendo su cabeza.
A los hombres no los reconocíamos; nada los diferenciaba en su atuendo con los demás peatones. Pasaban desapercibidos. La libertad es uno de los principios fundamentales de este pueblo. Una decisión de mucho peso fue la de enviar a sus hijos a la escuela, poderosa herramienta para el mantenimiento de su cultura, ya que no sabían leer ni escribir.
Los gitanos nómades, no invertían su ganancia en la compra de casas, Como desconfiaban de los bancos, llevaban su riqueza puesta: monedas de oro y joyas, que además los protegían de los malos espíritus.
Se han dedicado a la venta ambulante, al intercambio y a la adivinación. En general, han desarrollado una economía independiente, una red de trabajo exclusiva de la colectividad, como la compra y venta de automóviles y la herrería industrial.
Pero los cambios tecnológicos motivaron otras modalidades de comercialización, que al exigirles permanecer en un sitio fijo, eligieron edificios como sitios estables. Sin embargo, actualmente pueden encontrarse familias viviendo en carpas como lo hacían tiempo atrás, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.buenosaires.gob.ar/ares/secretaria_gral/colectividades

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EL VENDEDOR DE DIARIOS VESPERTINO

Las ediciones vespertinas y nocturnas de los diarios, se vendían en otras “paradas”.

Ubicadas en el hueco de alguna vidriera o sobre umbrales de mármol en alguna esquina, se colocaban los ejemplares de “La Razón”, “Crítica”, “Noticias Gráficas” o “La Vanguardia”, entre los más conocidos, durante unas 4 horas.

El camioncito distribuidor se detenía en la parada el tiempo mínimo indispensable para arrojar la cantidad de ejemplares acordada y saludar, arrancando el móvil de inmediato. El diariero recontaba los diarios con un hábil movimiento de los dedos, a máxima velocidad, demostrando la habilidad obtenida en su trabajo cotidiano.

Primero distribuía los diarios a los clientes fijos en sus domicilios, casi a la carrera, sin dejar de vocear su contenido y siempre acompañado por el ladrido de los perros, que esperaban su paso pacientemente. Al regresar a su “parada”, voceaba los títulos, deteniéndose en alguna noticia más llamativa, a fin de llamar más la atención.

Esta rutina sucedía con las dos ediciones vespertinas, la 5ª y la 6ª edición. Cuando era pibe, Valentín era el responsable de esta tarea en mi barrio. Era un individuo de mayor edad, que durante mucho tiempo, ocupó el umbral de la farmacia ubicada en la esquina sudeste de las calles Rivadavia y Liniers, en el barrio de Almagro.

Se integraba a los equipos de fútbol, mezclándose con la joven muchachada barrial, que hacía del fútbol su entretenimiento favorito.

Los días de fútbol dominguero, mientras la 5ª mencionaba que partidos de fútbol se estaban desarrollando, la 6ª traía los resultados finales con grandes fotos, siempre en blanco y negro, más los comentarios de los periodistas deportivos. El diariero vespertino, fue un personaje importante y querido, en ese Buenos Aires que se fue.

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EL REPARADOR DE PELOTAS DE FÚTBOL

El reparador de pelotas de fútbol de cuero, es un antiguo trabajo que ha desaparecido definitivamente.
Las pelotas de fútbol de cuero, tenían un costo no accesible a la mayoría de los aficionados. Existían dos modelos: el más antiguo, la pelota con tiento, reemplazada posteriormente por la sin tiento. Las diferencias eran notables.
La primera, fabricada con cuero grueso, encerraba una cámara de goma color rojo, rematada en un tubo flexible por donde se inflaba. Luego el tubo se ataba fuertemente con un trozo de piolín, se doblaba y se ubicaba por debajo del tiento de cuero, que cerraba la pelota.
El tiento constituía una zona rugosa que podía provocar molestias al cabecear. Estas pelotas fueron reemplazadas por las sin tiento, de 12 gajos, marca “Superbal”, o la de 16 gajos, marca “Criolla”, más livianas y más lisas.
Se inflaban con un adaptador, “el pico”, que se colocaba en un pequeño orificio correspondiente a la entrada de la válvula. Con el inflador, se introducía aire hasta lograr la dureza deseada.
Los gajos estaban cosidos con piolín encerado. Eran los sitios que se rompían favoreciendo la desunión de uno o más gajos, situación que obligaba a la reparación inmediata, para evitar la pinchadura de la cámara de goma.
El reparador de las pelotas de fútbol era un conocido personaje del barrio, experto en tareas de talabartería. La reparación de los gajos de cuero, dejaban a la pelota como mueva, lista para alegrar a los no tan pibes, quienes tenían la posibilidad de adquirir una.
Las pelotas eran de larga duración y se las cuidaba, engrasando el cuero con frecuencia, mediante un trozo de grasa de vacuno, obtenido gratuitamente en la carnicería del barrio. Inclusive, se le daba tratamiento de zapato, colocándole pomada y lustrándola. Pero un partido en día de lluvia o con la cancha mojada, dejaba a la pelota en malas condiciones.
El reparador de pelotas fue el salvador, que al devolver la salud al cuero lastimado, posibilitó alargar la vida útil de las pelotas de fútbol, en ese Buenos Aires que se fue.

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LA PLACITA BULNES

La plaza Almagro apareció en 1928.

Para nosotros fue la “placita Bulnes”, nombre de una de las calles de la manzana, completada por Sarmiento, Salguero y Cangallo (hoy Presidente Perón), en pleno barrio de Almagro.

Tenía diversos juegos infantiles: hamacas, sube y baja, tobogán, calesita manual, pasamanos y una pileta fuente, construida en cemento armado, sin revestimientos, que llena de agua, tenía una profundidad menor de 1 metro. Permitía a la mayoría de los pibes, disfrutar de un baño en agua muy fría. Pero por las noches, arrojaban cualquier tipo de basuras, circunstancia que limitó sensiblemente su funcionamiento.

Entonces su uso cambió en forma radical, ya que fue sitio propicio para jugar a la pelota. En el pasto estaba absolutamente prohibido hacerlo. Así lo decían los carteles “Prohibido pisar el cesped”, sumándose la actitud vigilante y severa del guardián, figura emblemática en las plazas porteñas de aquella época.

Mientras disfrutábamos de los juegos, imprevistamente se escuchaba música proveniente de instrumentos de viento: trompeta, clarinete y trombón. Era el anuncio de la presencia en la placita del Ejército de Salvación.

Vestidos con uniforme y gorra azul marino con ribetes rojos, un grupo reducido de hombres y mujeres, generalmente 8 personas, formaban una circunferencia, preparándose para una de las reuniones públicas tan frecuentes en las décadas del 30 y del 40, donde predicaban el evangelio, acompañado de cánticos rituales, y en ocasiones, de confesiones públicas, convocando al público a participar activamente.

Estas reuniones también se realizaban en las esquinas de la ciudad, sin previo aviso. Su característica era la espontaneidad y sonoridad, lo que motivaba al piberío que, ajeno a los objetivos propuestos de ese grupo, gritaban y corrían desenfrenadamente profiriendo groseras risotadas que alteraban el orden y sentido de esas reuniones, en ese Buenos Aires que se fue.

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HORACE LANNES, DISEÑADOR DE VESTUARIO

Cuando cursaba el 4º año en el colegio nacional, uno de mis compañeros era Horace Lannes.

Delgado y rubio, era un alumno discreto pero con una gran habilidad para el dibujo específico de figurines de la moda. Era muy llamativo ver con que seguridad y velocidad los realizaba. Habitualmente en un cuaderno pero también sobre el pizarrón extendido de pared a pared.

Casi a diario, podíamos observar como al comienzo de una clase, se acercaba al pizarrón y vertiginosamente dibujaba alguna de sus creaciones. Solía dividirlo en varios rectángulos verticales y llenaba cada uno de ellos, con una creación diferente.

Su habilidad sobre el tema fue aumentando día tras día. Cuando cursamos el 5º año, era habitual llegar al aula después de un recreo, y encontrar todo el pizarrón lleno de dibujos, en esos rectángulos previamente marcados. La naturalidad y espontaneidad de sus dibujos creativos orientaban a pensar en cual sería su futuro.

Cuando en una oportunidad algun profesor preguntó a cada uno que carrera seguiríamos, el manifestó “diseño de vestuario”. En una ocasión recuerdo que dibujó un par de creaciones. Fue en la hora de Literatura y cuando llegó la profesora le dijo:”¿Que le parece? ¿Le gusta? Son para Ud”. La reacción de la Profesora fue lamentable.

Le dijo que borrara todo de inmediato, que eso era un insulto, que lo iba a sancionar por su falta de respeto. La respuesta de Lannes fue de asombro y pena;”Pero Ud no entiende nada. Son creaciones originales para Ud. y me obligó a borrarlas”. Asistimos a estas escenas totalmente identificados con nuestro compañero, ante la insólita y estúpida respuesta de la Sr. Profesora de Literatura, que demostró en un instante, una carencia de comprensión y agradecimiento.

Finalizado el último año del bachillerato, orientados en nuestras respectivas carreras, Horace Lannes dedicó su vida al diseño de vestuarios para actrices de cine, llegando a ser el modisto más importante en el cine argentino, durante décadas, en aquel Buenos Aires que se fue..

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EL TRANVÍA EN EL TANGO

Las primeras líneas urbanas de tranvías a tracción animal, el tramway, aparecieron en Buenos Aires en 1870.

En esta primera etapa fueron arrastrados por caballos hasta que a partir del mes de abril de 1897, comenzó a emplearse la electricidad, dejando atrás una época heroica, que significó para Buenos Aires la mejoría en la comunicación y el transporte por toda la ciudad y localidades cercanas, favoreciendo la expansión de la creciente población, alimentada por los sucesivos aluviones inmigratorios.

El tranvía brindó la oportunidad de abandonar la habitación del conventillo, ubicada en el casco céntrico, por una casita edificada ladrillo sobre ladrillo, en un barrio alejado, pero conectado gracias a los servicios tranviarios. El tango incorporó al tranvía, especialmente en su primera etapa, destacando a sus personajes, el mayoral y el conductor, actualizando situaciones del diario vivir que hoy, nos parecen irreales.

En 1942, Pedro Maffia y Homero Manzi escribieron “Cornetín”, un tango milonga que contaba detalles risueños de los viajes en el tramway: “Tarí, Tarí. / Lo apelan Roque Barullo / conductor del Nacional / con su tramway, sin cuarta ni cinchón, / sabe cruzar el barrancón de Cuyo. / El cornetín, colgado de un piolín, / y en el ojal un medallón de yuyo. / Tarí, Tarí. / Y el cuerno listo al arrullo / si hay percal en un zaguán. / Calá, que linda está la moza, / calá, barriendo la vereda, / Mirá, mirá que bien le queda, / mirá, la pollerita rosa. / Frená, que va a subir la vieja, / frená porque se queja, / si está en movimiento. / Calá, calá que sopla el viento, / calá, calá, calamidad.”

El mayoral fue el personaje más conocido por su fama de piropeador de las mujeres que barrían la vereda, o que lo invitaban a saborear un mate, en cuyo caso, se detenía el tranvía por un momento. Carlos Mayel y Francisco Laino, nos dejaron “El mayoral del tranvía”, 1946: “Soy mayoral del tranvía / que por las calles serenas, / llevé blancas azucenas / despertando simpatías… / con ese tarí…taría…/ de mi modesta corneta / brindé a las mozas coquetas / un madrigal de alegría. / Gritaban las mozas:”¡Adiós mayoral!” / “¿Me da el clavelito que lleva en su ojal?” / Y yo muy contento decía que sí, / pues ellas en sus risas se acuerdan de mí…”.

El conductor y el mayoral, los responsables del manejo del tramway, han sido bien caracterizados en las letras de tango o milonga. El mayoral fue personaje trascendental en la “Milonga del Mayoral”, 1953, de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo: “Soy el criollo mayoral, que va, / que va tocando en la vía, tarí rarí / su cornetín de alegría, que da señal / de que ya viene el tranvía. / Y yo soy el motorman, talán talán, / que lleva de Once a Lorea / con seguridad, para que el público vea / lo que puede dar la electricidad.”

La llegada del tranvía, especialmente en su primera época, era motivo de alegría para la servidumbre, que esperaba ansiosamente su paso, reconocido por un sonido característico del cornetín, apareciendo en la vereda, simulando un barrido o llevándole una flor al motorman. Es acertada la descripción de Armando Tagini y Oscar Arona en “El cornetín del tranvía”, 1938, :”La clarinada rompió la siesta / en la barriada de los Corrales / y con zumbón frufru de percales / más de una china salió al umbral…/ Llegaba “el loco de Recoleta” / sembrando alardes de su corneta / y su paso era en la quieta ciudad / fiesta de curiosidad…/ Así cruzaba el tranvía / la Buenos Aires baldía / de los románticos días. / Un “Buenas tardes” brinda a la moza / que lo devuelve con una rosa / y el cochero echa a volar su emoción / en un toque de atención.”

Único medio de transporte pasada la medianoche, el tango le cantó a los que regresaban a su barrio, cansados de vivir. Lo señalaron Celedonio Flores y Francisco Pracánico en “Corrientes y Esmeralda”, 1933, :”El Odeón se manda la Real Academia / rebotando en tangos el viejo Pigall, / y se juega el resto la doliente anemia / que espera el tranvía para su arrabal”.

El tranvía abrió rumbos, surcando todas las calles de Buenos Aires. Fue razón de crecimiento y de progreso, el medio de transporte más popular y económico, con una extensa red. En sus recorridos, enhebró las más diversas situaciones comunicando el centro con el suburbio arrabalero. Héctor Negro y Raúl Garello nos dejaron “Tiempo de tranvías”, 1981, y nos cuentan:” Tiempo de tranvías tropezando el empedrado. / Patios que se abren a la luna y al parral. / Mágicos zaguanes con temblor de besos largos. / Penas de ginebra que tanguean en el bar. / Vuelven esos ecos de las mesas de escolaso. / Noches con la barra de la esquina fraternal. / Sábado y milonga que promete el club de barrio / y el domingo, lleno de ese fútbol sin igual. / Tiempo de tranvías, de las calles con silbidos. / Se que ya el olvido no podrá jamás con vos. / Tiempo lindo de tranvías, / que fueron de otra ciudad.”

El tranvía fue testigo y activo participante de las escenas cotidianas de Buenos Aires, reflejadas en los distintos barrios, actividades características de una ciudad joven, en pleno crecimiento. Alberto Vacarezza y Enrique Delfino plasmaron en 1924 estas escenas en “Talá, talán”: “Talán, talán, talán…/ pasa el tranvía por Tucumán. / “Prensa”, “Nación” y “Argentina” / gritan los pibes de esquina a esquina. / “Ranca e manana, torano e pera” / ya viene el tano por la “vedera”. / Detrás del puerto / se asoma el día, / ya van los pobres / a trabajar; / y a casa vuelven / los calaveras / y milongueras / a descansar”. En sus casi 100 años de permanencia en las calles porteñas, en 1963 desapareció el tranvía que integró escenas de Buenos Aires, de ese Buenos Aires que se fue.

Glosario:

Ranca: Naranja; Manana: Banana; Torano: Durazno

Cuarta: animal que se agrega a los otros que tiran de un vehículo para ayudar a remolcarlo.

Cinchón: cincha angosta con argolla, en el apero de montar.

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EL SALÓN DE LUSTRAR

El Salón de lustrar era un sitio frecuentado por hombres que concurrían a fin de embellecer sus zapatos.

Ubicados en distintos sitios de la ciudad, estos locales con la dimensión de una habitación de 4 x 4 metros, disponían de una plataforma elevada 70 centímetros del suelo, sobre la que se ubicaban no menos de 6 sillas o, en su defecto, un largo sillón de madera donde se sentaban los interesados.

Apoyaban los zapatos en una plantilla de bronce, montada sobre un vástago de 30 centímetros de altura. El lustrado de los zapatos era realizado por varios empleados, generalmente en número de tres, quienes dialogaban en todo momento entre sí, con los ocasionales clientes y con los que esperaban sentados en otras sillas del salón.

Algunos salones funcionaban como anexo de peluquerías o integradas a ellas en el mismo ambiente. Hemos recibido los servicios de peluquería y lustrado de zapatos en un Salón ubicado en el pasaje subterráneo de la Avenida Corrientes y Obelisco. Durante mi niñez, conocí un salón ubicado en la calle Rivadavia, entre Billinghurst y Sadi Carnot (hoy Mario Bravo).

El lustrado de zapatos en el Salón, era en realidad una reunión social en la que, al igual que en las peluquerías, se repasaba la actualidad nacional, mechada con comentarios humorísticos. Una victrola a cuerda con su enorme bocina, brindaba un entorno musical integrado mayoritariamente por tangos, valses, canciones italianas y españolas.

En el Salón de lustrar se ejecutaba un oficio que hoy, está en vías de extinción, pero bien valorado por los amantes del cuidado apropiado del calzado para mejorar su aspecto conservando al cuero en buen estado. El arte del lustrado de los zapatos fue moneda corriente en ese Buenos Aires que se fue.

Foto: AGN

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ANTONIO ABERTONDO

Antonio Abertondo fue un nadador en competencias de larga distancia, nacido en Beccar, Provincia de Buenos Aires, el 1º de agosto de 1918.

Dejó una huella muy profunda en la historia deportiva del país, ya que la mayoría de las empresas que acometió, fueron acompañadas por el éxito. Marcó records de permanencia en el agua, pero fue mundialmente conocido por ser el primer nadador del mundo que cruzó el Canal de la Mancha en ambas direcciones.

Partió de Inglaterra hacia Francia y sin interrupción, regresó a Inglaterra, empleando un tiempo de 43 horas y 5 minutos. La hazaña ocurrió en setiembre de 1961. Le significó su inclusión en las listas de honor del International Swimming Hall of Fame, la entidad que nuclea a los nadadores más exitosos del mundo.

Entre los años 1941 y 1945, intentó vanamente unir el Tigre con Puerto Nuevo, o cruzar el Río de la Plata. Pero a partir de 1946, comenzaron los éxitos nacionales e internacionales. Logró realizar el cruce del Río de la Plata, y unir el Tigre con el Balneario Municipal. En 1950 cruzó nuevamente el Río de la Plata.

Cruzó el Canal de la Mancha en tiempo record y el Estrecho de Gibraltar. En 1951, cruzó los ríos Hudson y Mississipi, en Estados Unidos. Los intentos anteriores de unir Rosario con Puerto Nuevo, fueron una cadena de abandonos hasta que en 1957 lo logró, empleando 80 horas y 48 minutos. Cruzó el Canal de la Mancha, en dos oportunidades, antes del doble cruce. En 1964 realizó el doble cruce Capri Nápoles.

Intentó superar el record de permanencia en el agua, ya sea en pileta o en el río, pero no lo logró. Sin embargo, la trayectoria de Abertondo estuvo jalonada por éxitos como el cruce del Estrecho de los Dardanelos y del Estrecho del Bósforo. En varias oportunidades, unió Bella Vista con Hernandarias en tiempo record; Esquina con San Lorenzo; Bella Vista con La Paz y Goya con Diamante.

Durante las pruebas, se alimentaba con frutas, caldos, mate cocido, pollo, jamón y alguna comida caliente. Un monolito en Dover, Inglaterra, recuerda su hazaña del Doble cruce del Canal de la Mancha. Falleció el 6 de julio de 1978. Antonio Abertondo fue un nadador excepcional de larga distancia, que marcó records dentro y fuera del país, dejando un recuerdo imborrable de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.heraclesteam.com/leyendas-y-heroes-del-deporte.php

http://www.arcotriunfal.com/447/primer_hombre_en_cruzar_el_canal_de_la_mancha

http://www.portalunoargentina.com.ar/contenidosver.asp?ed=15042

Personajes de la ciudad, Realidades argentinas

VITO DUMAS, EL NAVEGANTE SOLITARIO

Vito Dumas nació en Buenos Aires, en el barrio de Palermo, el 20 de Setiembre de 1900.

Pasó su infancia en Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires. Fue un gran deportista que practicó atletismo, lucha, boxeo y natación. También fue aviador y navegante. Por razones económicas, mientras cursaba la escuela secundaria, debió trabajar en oficios diversos.

A partir de 1923 hizo cinco intentos de cruzar a nado el Río de la Plata, no logrando su objetivo. En 1931 viajó a Francia a fin de intentar el cruce a nado del Canal de la Mancha, pero una vez más, falló en su intento.

Decidió comprar una pequeña embarcación de 8 metros de eslora, construida en 1918, a la que bautizó “Legh” , con la que zarpó el 13 de Diciembre de 1931 desde el pueblo pesquero de Arcachón, Francia, arribando a Buenos Aires el 13 de Abril de 1932.

Vendió el barco, compró un campo barato y se dedicó a cultivar la tierra. Pero un día dijo basta, recuperó el barco con la ayuda económica de los amigos. El 27 de Junio de 1942, Vito Dumas zarpó de Buenos Aires a bordo de otro velerito, el “Legh II”, sin motor y sin radio, en plena Segunda Guerra Mundial.

Su recorrido tocó las ciudades de Montevideo, Ciudad del Cabo, Wellington, Valparaiso y por el Cabo de Hornos, por la “Ruta de la muerte”, arribó a Mar del Plata y desde allí, a Buenos Aires, después de 1 año y 36 días, con la única compañía de su pipa. Debió vencer duras tormentas, olas de hasta 18 metros de altura y vientos implacables. Navegó 22 mil millas náuticas en 272 días de travesía, llegando a Buenos Aires el 8 de Agosto de 1943.

Dos años más tarde, en Setiembre de 1945 navegó de Buenos Aires a Nueva York. En abril de 1955 hizo el viaje a Nueva York en una sola escala, pero con su nuevo barco “Sirio”, más pequeño que el “Legh II”.

Escribió varios libros: “Mis viajes”, “Los cuarenta bramadores”, “Solo, rumbo a la Cruz del Sur” y “El crucero de lo imprevisto”. Fue el primer navegante solitario en recibir The Slocum Award, por haber dado la vuelta al mundo. Falleció el 28 de Marzo de 1965, a causa de un derrame cerebral.

Vito Dumas, un representante del idealismo, el coraje y la tenacidad, vencedor de obstáculos y contingencias desfavorables, considerado el más grande navegante de todos los tiempos, murió olvidado (y sigue olvidado) en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.viajeros.com/articulos/vito-dumas-el-ermitaño-de-los-mares

http://www.portalplanetasedna.com.ar/vitodumas.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Vito_Dumas

Personajes de la ciudad, Realidades argentinas

EL PATIO DE LOS LECHEROS

El Patio de los Lecheros era una antigua estación de tren, una playa de descarga y aprovisionamiento de leche.                                                                                                                    

Estaba ubicada en la intersección de las calles Donato Álvarez y Bacacay limitando con las vías del ferrocarril Sarmiento, entre los barrios de Caballito y Flores. Comenzó a funcionar a principio del siglo XX.

Fue la estación donde el tren traía la leche desde los tambos  ubicados en las afueras de la ciudad. Cada día, cientos de repartidores esperaban el tren para disponer de la leche que iban a vender por las calles porteñas, casa por casa. Muchos eran inmigrantes de diversos orígenes, pero con predominio de españoles.

Foto:http://caballito te quiero.com.ar/portal/2012/10/25/patio-de-los-lecheros

Los trenes cargueros se metían por el andén y a la mañana, bien temprano, llegaban los carros. Estos lecheros tenían convenido un servicio con el ferrocarril, con un canon mensual; diariamente dejaban los tambores vacíos y lavados, llevándose los que había traído el tren.

El procedimiento carecía de medios de protección bacteriológica, porque la única protección estaba representada por la tapa, sin ningún tipo de seguro que impidiera su apertura en cualquier momento. Los tarros se individualizaban con distintas combinaciones de colores, pintados en las tapas de los tarros.

Esta modalidad de trabajo estuvo vigente hasta la década del 60. En 1961 se prohibió la venta de leche sin proceso de pasteurización, lo que motivó la desaparición de esta forma de distribución y la del lechero, con el tradicional carrito y su caballo canchero. El Patio de los Lecheros fue la puerta de entrada de la leche para ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://caballitotequiero.com.ar/portal/2012/10/25/patio-de-los-lecheros

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