Personajes de la ciudad
HORACIO COPPOLA, FOTÓGRAFO DE BUENOS AIRES
Horacio Coppola fue un longevo fotógrafo argentino nacido en Buenos aires, el 31 de Junio de 1906. 
Fue el menor de 6 hermanos y aprendió fotografía gracias a las enseñanzas de su hermano mayor. Comenzó a fotografiar en el año 1927, en especial, a la ciudad de Buenos Aires. En 1930 viajó a Europa, estudiando técnica fotográfica y cine en Italia, Francia y Alemania.
Foto: Diario La Nación
Fue el autor de las fotografías que ilustraron la primera edición del libro “Evaristo Carriego”, de Jorge Luis Borges. Regresó a Alemania en 1932 y estudió con Walter Peterhans, en la Bauhaus de Berlín, donde conoció a la fotógrafa vanguardista Grete Stern, que fue su primera esposa.
Como consecuencia del advenimiento del Nacionalsocialismo en Alemania, Grete se trasladó a Londres y Coppola a París, en donde el director de Cahiers d’art le encargó el libro de fotografía “L’Art de la Mesopotamie”, basado en el arte sumerio depositado en los museos del Louvre y British Museum.
En Londres produjo su primer film documental “Un domingo en Hampstead Heath”, iniciándose como cineasta. Regresó a Buenos Aires en 1936 junto a su esposa y sus dos hijos, Silvia y Andrés. En esa época instaló un estudio de fotografía conjuntamente con Grete. Es entonces cuando el Intendente Mariano de Vedia y Mitre le encomendó registrar fotográficamente a Buenos Aires, originando el hermoso e inolvidable libro “Buenos Aires 1936″, prologado por el Arquitecto Alberto prebisch.
Un hito en la fotografía argentina y una muestra de inteligente observación de la ciudad, diurna y nocturna. Las fotos fueron obtenidas con una máquina “Leica”, adquirida durante su segundo viaje a Alemania en 1932. Quienes hemos tenido la oportunidad de admirar este hermoso compendio de fotografías en blanco y negro, nos ha permitido disfrutar de la profunda capacidad observadora de Cóppola, que registró imágenes barriales y detalles de Buenos Aires, de día y de noche.
Como cineasta realizó cortos y documentales como “Traum”, en Berlín, en 1933; “Un dique en el Sena” en 1934; “Así nació el obelisco” en 1936, donde muestra detalles de su construcción. En 1985 fue galardonado con el “Gran Premio del Fondo Nacional de la Sociedad General de Arquitectos”. Fue profesor de fotografía desde 1975 a 1982.
Al cumplir 100 años, el MALBA realizó una exposición de sus fotos obtenidas en las décadas del 20, 30 y 40. Buenos Aires fue su musa predilecta a quien fotografió durante casi todo el Siglo XX. En el 2003, fue declarado “Ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”. En el 2004 falleció su segunda esposa, Raquel Palomeque. Integró la elite de fotógrafos argentinos modernos, falleciendo en BuenosAires el 18 de Junio de 2012, a la edad de 105 años. Horacio Cóppola fue durante el siglo XX, el cronista visual de la ciudad, que retrató como ninguno a ese Buenos Aires que se fue.
Fuente:http://www.lanacion.com.ar/825116-horacio-coppola-los-ojos-del-siglo.
http://www.lanacion.com.ar/1483123-murio-horacio-coppola-el…
http://www.malba.org.ar/web/exposición.pnp?la=55
EL CIGARRERO AMBULANTE
El cigarrero ambulante se caracterizó por emplear un puesto móvil para la venta de cigarrillos.
Pertenecía a la categoría de vendedores de artículos no perecederos, es decir, que no estaban obligados a deshacerse rápidamente de su mercadería. Armaba su puesto en aquellos lugares de la ciudad bien concurridos, con mucho movimiento. El puesto de venta difería según estuviera o no discapacitado.
En el primer caso, usaba un mueble vitrina de dos compartimientos, con rueditas para facilitar su desplazamiento. Se ubicaba cerca de las esquinas. Una persona discapacitada atendía la venta sentado en una silla. Vestido con traje y sombrero o gorra, se ocupaba de la venta de cigarrillos de distintas marcas, destacándose una que auspiciaba ese puesto de venta.
También vendía cigarros, fueran toscanos o caburés, como se denominaba a los medio toscanos. El envase de toscanos estaba abierto, porque se vendía por unidades.
La mercadería estaba a la vista, protegida por las puertas vitrina, de vidrio transparente. Un segundo compartimiento ubicado en la mitad inferior, se utilizaba para guardar la mercadería. Si bien es cierto que los cigarrillos se reponían con mucha frecuencia, siempre había un remanente para responder a la demanda del momento.
Con la compra de un atado de cigarrillos, se obsequiaba una carterita conteniendo 12 fósforos de papel. Las cajitas costaban 5 o 10 centavos y contenían 45 o 90 fósforos de papel marca “Ranchera”, respectivamente. También se vendían fósforos de cera marca “Victoria” .
Cumplido el horario de trabajo, el mueble quedaba cerrado y amarrado junto con la silla a un árbol, o era transportado a un portal cercano, donde se guarecía hasta el día siguiente. En muchas ocasiones, estaba ubicado al lado del portal.
Los vendedores sin discapacidad, empleaban un puesto de trabajo más sencillo, consistente en un cajón de madera que se ubicaba sobre un caballete o una mesa tijera, muy fácil de transportar. Se lo ubicaba en el lugar más conveniente, de acuerdo con el desarrollo de cualquier evento que convocara mucho público.
Este mini emprendimiento comenzó en la primera década del Siglo XX y persistió hasta avanzada la década de 1960. El cigarrero ambulante, desaparecido hace muchos años, fue un personaje de las calles en ese Buenos Aires que se fue.
EL SEMÁFORO
El aumento ininterrumpido del tráfico vehicular en las primeras décadas del siglo XX, originó diversas
dificultades en el desplazamiento de automóviles, carros y peatones, provocando accidentes y muertes.
Para solucionarlas aparecieron las garitas con quitasol para el reparo contra las inclemencias del clima, en el cruce de las avenidas, donde un policía uniformado y usando mangas blancas, dirigía el tránsito durante períodos aproximados de una hora.
Es decir, que el ordenamiento vehicular no era permanente, sino en las horas pico. No había garitas en todas las esquinas, pero se las encontrba en los cruces de avenidas o calles de doble circulación, con tránsito intenso.
El estridente sonido del pito, acompañado por enérgicos gestos con los brazos y las manos, regulaban aceptablemente los desplazamientos, procurando brindar agilidad en el desplazamiento vehicular y seguridad al cruzar la calle.
Dejaba la garita y continuaba con sus tareas de control en el barrio, alternando ambas. En 1933 se instalaron en el centro dispositivos de señales luminosas accionados manualmente, que ordenaban el tránsito. Fueron los precursones de los semáforos, entendiéndose por tal, a un sistema óptico de señales, empleado para regular el tránsito en las calles o en las vías férreas.
El primer semáforo funcionó en la ciudad de Buenos Aires, el 14 de Noviemnbre de 1958, siendo instalado en el cruce de Leandro N. Alem y Córdoba., con manejo manual. Fue el primer paso para reemplazar al policía que dirigía desde la garita en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: Boragno Susana: “El semáforo, un árbitro ordenador del tráfico”. La Nación, 26-01-2010.
LOS OFICIOS EN EL TANGO
Cuando las calles de Buenos Aires no estaban adoquinadas, el barro era dueño y señor, a veces transformádolas en verdadros pantanos, después de las lluvias. El transporte de los carros y viejos automóviles, se veía fatalmente obstaculizado cuando las ruedas se enterraban más y más. El cuarteador tenía la misión de ayudar a desencajar las ruedas atascadas en el barro.
El tango “El cuarteador”, de Enrique Cadícamo y Rosendo Luna, describe la tarea que realizaba ayudando al que quedaba encajado en el barro: “Yo soy Prudencio Navarro,/ el cuarteador de Barracas./ Tengo un pingo que en el barro / cualquier carro / tira y saca. / Overo de anca partida, / que en un trabajo de cuarta / de la zanja siempre aparta / ¡Chiche! / la rueda que se ha quedao”.
Un trabajo común era el de lustrabotas, generalmente a cargo de muchachos que aportaban al mantenimiento de una familia pobre y numerosa. Llevaban su “mini emprendimiento” por las calles de Buenos Aires, estableciéndose en una esquina favorable, generalmente frente a un Café.
El tango “Se lustra, señor”, de Marvil, Enrique Alessio y Eduardo Del Piano lo cuenta así: “Con sus ropitas viejas, curtido por el sol, / la vida lo ha tratado con todo su rigor…/ Siempre en la misma esquina, voceando su pregón: / ¡Señor!…aquí se lustra mejor que en el salón. / Conozco su historia…y sé de su valor;/ que cierto día el padre no regresó al hogar / y que él sin decir nada se hizo aquél cajón, / y que en su casa nunca les ha faltado el pan”.
El oficio de zapatero remendón fue uno de los destinos laborales de los numerosos inmigrantes llegados al país. Cada barrio tenía uno, generalmente ubicado en una piecita que daba a la calle. Guillermo del Ciancio compuso “Giuseppe el zapatero”, donde señala los afanes de un padre que ayuda a su hijo en el camino de la graduación académica:
“E tique, tuque, taque, se pasa todo el día / Giuseppe el zapatero, alegre remendón, / masticando el toscano y haciendo economía, / pues quiere que su hijo estudie de doctor. / …… Tarareando la violeta / Don Giuseppe está contento; / ha dejado la trincheta: / ¡el hijo se recibió! / Con el dinero juntado / ha puesto chapa en la puerta; / el vestíbulo arreglado, / consultorio con confort”.
El transporte de mercaderías se realizaba en carros de todo tamaño arrastrado por caballos. Los carreros eran personajes encargados de manejar dos a cuatro caballos, según la cantidad de mercaderías a transportar. Eran personajes muy especiales, pertenecientes a determinadas tropillas, muy bien caracterizadas por su forma de vestir y de “acicalar” a los caballos.
Alberto Vaccarezza y Raúl de los Hoyos compusieron “El carrerito” que dice: “¡Chiche!, ¡Moro!, ¡Zaino! / Vamos, pingos, por favor, / que pa’ subir el repecho / no falta más que un tirón…/ ¡Zaino!, ¡Chiche!, ¡Moro! / la barranca ya pasó, / y por verla tengo apuro / de llegar al corralón…”.
El transporte de las personas se realizaba en tranvías y en coches tirados por caballos, conocidos como “mateos”. El oficio de cochero estaba muy difundido, constituyendo un sector de trabajadores muy popular. El cochero se integraba con su caballo, en una dupla siempre disponible, indefectiblemente del rigor climático. Frío, calor o lluvias, no eran obstáculos en su trabajo, especialmente en las madrugadas invernales.
Celedonio Flores y Eduardo Pereyra compusieron “Viejo Coche”: “Viejo coche, que cuando era / un muchacho calavera / de madrugada ocupé…/ Si por pura fantasía / de la milonga salía / y a Palermo me tiré. / Eras nuevo y lustroso / y tu buen caballo brioso / por el centro te lució. / Viejo coche, quien diría / que a la larga rodarías / como también rodé yo!”.
El organillero fue un personaje trascendental en las calles de Buenos Aires. Llevaba colgado de un hombro un organito a manivela, con el que ejecutaba diversas melodías, siempre incluyendo al tango. También se acompañaba de una cotorrita, que cumplía la misión de hacer conocer “la suerte” del cliente, quien pagaba 10 centavos para oir un tango y conocer su porvenir. La cotorrita extraía un papelito cuidadosamente doblado, ubicado dentro de un cajoncito. El organito desarrolló un papel fundamental en la difusión del tango en los prostíbulos, conventillos y en las calles.
José González Castillo y Cátulo Castillo escribieron “Organito de la tarde”: “Al paso tardo de un pobre viejo, / puebla de notas al arrabal / con un concierto de vidrios rotos / el organito crepuscular. / Dándole vueltas a la manija,/ un hombre rengo marcha detrás / mientras la dura pata de palo / marca del tango el compás”. Son oficios registrados en los tangos de ese Buenos Aires que se fue.
BERNABÉ FERREYRA
Bernabé Ferreyra fue un futbolista argentino, famoso por la potencia tremenda de sus pelotazos y goleador destacado en la década del 30. 
Nació en Rufino, Provincia de Santa Fe, el 12 de Febrero de 1909. Fue uno de los máximos ídolos de”River Plate”. Comenzó a jugar en el club “Jorge Newbery”, de Rufino a la edad de 15 años. Siguió luego en el club “Buenos Aires al Pacífico”.
En 1929 se probó en el “Club Atlético Tigre”, donde comenzó su fama. Debutó marcando 4 goles. En 1930 fue cedido a préstamo al “Club Huracán” y posteriormente al “Club Vélez Sarsfield”, en los que se cansó de hacer goles.
En 1932, River adquirió su pase en la suma de 35 mil pesos, la más elevada a nivel mundial hasta ese momento. Debutó el 13 de Marzo de 1932, marcándole 2 goles a Chacarita Juniors. Lo llamaron “La Fiera”, a partir de ese partido. Fue campeón con River en los años 1932, siendo el máximo goleador, en 1936 y 1937.
La presencia de Bernabé produjo una euforia colectiva, todos querían verlo a él. Cuando salían de gira por el interior del país, el precio de la entrada aumentaba, si jugaba Bernabé. En 1939 decidió retirarse como consecuencia de los golpes recibidos durante su carrera. Había jugado en River 185 partidos marcando 187 goles.
Después de su retiro , trabajó como cuidador de las canchas de pelota a paleta de River. En el año 1947, era la época que concurría a River para jugar fútbol y pelota a paleta, con compañeros del colegio nacional. El primer día que llegamos a la cancha de pelota, conocimos a Bernabé, un hombre de cabello gris ondeado, vestido con un buzo deportivo con pantalones abrochados al tobillo, zapatillas y una toalla blanca rodeándole el cuello.
Hosco, de voz grave, ejercía sus tareas barriendo las canchas y organizando los turnos de juego de los distintos aficionados. A veces alternaba sus tareas jugando solo o en pareja. Íbamos al club, 3 veces por semana, lo que motivó nos viéramos frecuentemente. Nuestro trato fue mejorando día tras día, especialmente a medida que jugábamos con él.
Cuando faltaba alguien para completar pareja, se agregaba automáticamente. Hasta mediados de 1948, fecha en la que dejamos de concurrir, nuestra relación se mantuvo en el mejor nivel. No podía dejar de pensar, que estaba compartiendo el juego con una de las figuras más famosas del fútbol argentino, ídolo máximo de River, que hizo palpitar a las multitudes que disfrutaban con su juego, mejor dicho con su eficacia a la hora de definir partidos.
Por algo lo llamaban “El Mortero de Rufino”. Hacer goles desde 40 metros era una práctica habitual en Bernabé. Falleció el 22 de Mayo de 1972. Bernabé Ferreyra fue un goleador de estirpe, que sabía patear al arco, una situación muy apreciada, en aquel Buenos Aires que se fue.
Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Bernab%C3%A9_Ferreyra
OSVALDO PUGLIESE
Osvaldo Pugliese nació el 2 de Diciembre de 1905 en el barrio de Villa Crespo, próximo al Arroyo Maldonado.
Debutó a los 15 años tocando el piano en el café “La Chancha”, rodeado de guapos, carreros y malandras. Estudio con Vicente Scaramuzza, Isaac Tennesoff, Pedro Rubbione y Pedro Aguilar. En 1921 estrenó su tango “Recuerdo”, cuando actuaba con el cuarteto de Enrique Pollet, tango que recién grabó en 1944.
En 1926, se conoció la excelente versión instrumental de este tango por el sexteto de julio DeCaro. En 1929, compartió el sexteto Vardaro-Pugliese debutando en El Nacional. Lamentablemente, no dejaron grabaciones. A partir de 1936 actuó con Miguel Caló, Carlos Marcucci y Pedro Láurenz. Foto: Sentir el Tango Nº 95, 1996
Se afilió al Partido Comunista y en 1939 lo pusieron preso. Dieron así comienzo a las anécdotas de la orquesta sin director, por estar en la cárcel: el piano cerrado y un clavel rojo encima o la actuación de otros pianistas reemplazándolo por esa razón.
Debutó con su orquesta en El Nacional, en el año 1939 donde permaneció 2 años. Luego continuó hasta 1943 en el Café Argentino de Chacarita. En ese año comenzó a grabar, acompañado por el cantante Roberto Chanel. Participó en la audición “Ronda de Ases” por “Radio El Mundo”.
Los hinchas de Pugliese se vestían “a lo Divito”, o sea con sacos de solapa ancha, con 4 a 5 botones en cada lado; pantalón abombillado con botones a la cintura. Las chicas con talles avispa, zapatos de taco alto y fino, polleras cortas y ajustadas.
Dejó como compositor, títulos inolvidables: “La yumba”, “La Beba”, “Adiós Bardi”, “El Encopao”, “Negracha”, “Recién”, “Una vez”, “Barro”. En 1985 dió un recital en el Teatro Colón. En 1986, el Consejo Deliberante lo nombró “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”. Entre sus cantores desfilaron Roberto Chanel, Alberto Moran, Jorge Vidal, Miguel Montero, Jorge Maciel, Alfredo Belusi. Falleció el 25 de Julio de 1995.
Osvaldo Pugliese basó su estilo en el de Julio DeCaro, pero le imprimió las características evolucionistas y armónicas que lo distinguieron como el más admirable pianista del tango de todas las épocas, de aquel Buenos Aires que se fue.
Fuente: “Tango y Cultura Porteña”, FN 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 12. 20 de Julio de 1999
EDMUNDO RIVERO
Edmundo Rivero nació el 8 de Junio de 1911, cerca de la iglesia de Nueva Pompeya, en la estación Puente Alsina del ferrocarril, en donde su padre, Máximo Rivero, era el Jefe de Estación.
Su infancia y adolescencia transcurrieron en Belgrano. Fue un estudioso de la guitarra, llegó a ser concertista. Comenzó a cantar a dúo con su hermana Eva y su hermano Aníbal. En 1935 fue estribillista de José De Caro y en 1937 de Julio DecCaro, actuando en los bailes de Carnaval en el cine teatro Pueyrredón, de Flores.
Foto: Sentir el Tango. Ed. Altaya Nº 6, 1998
Después cantó con Humberto Canaro; como no le querían contratar por su voz grave, abandonó el canto durante 5 años. En 1944 fue contratado por Horacio Salgán, pero no lo dejaron grabar. El inolvidable “Carlos De la Púa” lo presentó a Aníbal Troilo en un boliche. Rivero tocó la guitarra, cantó junto con Troilo y quedó acordado el compromiso.
Debutó en el cabaret “Tibidabo” el 3 de Abril de 1947. El 29 de Abril grabó “El milagro”; fue la primera de las 22 grabaciónes que registró con Aníbal Troilo. Algunas son clásicos inolvidables como “Sur” o “La viajera perdida”.
Fuí afortunado en verlo en esta, su primera etapa con Aníbal Troilo, cuando cantaba junto a Aldo Calderón. Ocurrió en los tradicionales bailables de “Radio El Mundo”. Rivero era delgado y alto, y por algo le pusieron de apodo “el Feo”. ¡ Pero que bien cantaba!. Su voz estaba en la plenitud. Sencillamente inolvidable.
En 1950 comenzó su etapa de solista. En 1963 comenzó la grabación de la serie “En Lunfardo”. Los temas de Lunfardo, fueron el plato fuerte de Rivero. Con Astor Piazzolla grabó “El Tango”, en 1965. En 1968 comenzó con sus giras por Japón, España, Estados Unidos y América Latina.
En 1969 inauguró su casa de tango “El Viejo Almacén”, en la esquina de Balcarce e Independencia. El 6 de Mayo de 1978 fue nominado “Académico”, de la Academia Porteña del Lunfardo. Como compositor dejó títulos como “Quien sino tú”; “Para vos, hermano tango”;”Malón de ausencia”; “P’al nene”. Escribió dos libros: “Una luz de almacén” y “Las voces, Gardel y el tango”. Falleció el 18 de Enero de 1986.
Poseedor de una dicción y afinación impecables, Rivero impuso su voz grave, consagrándose como uno de los intérpretes más grandes del tango, en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: “Tango y cultura Porteña”. FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº 20, 13 Setiembre de 1999
TIBOR GORDON
Tibor Gordon fue un atleta nacido en Praga, Checoeslovaquia, el 28 de Mayo de 1918.
En su juventud, Gordon alcanzó fama, haciendo exhibiciones de fuerza física. Recorrió países de Europa, África, Oriente y países americanos, llegando a la Argentina en el año 1944.
Realizó exhibiciones de fuerza en el Luna park y en el Club Ferrocarril Oeste, tales como doblar una barra de hierro de dos pulgadas, romper una guía telefónica como si fuera una revista, que le rompan a mazazos, una roca sobre su pecho.
Un acto muy recordado era el de soportar el paso de un camión cargado de gente, sobre su abdomen. Pudimos ver como realizaba la prueba, colocándose una tabla de madera sobre el abdomen y el camión subiendo por la tabla para cruzarla mientras Tibor Gordon, girando rápidamente en sentido contrario, salía indemne de la prueba.
Fue recordado por una prueba muy espectacular en la que se ataba con cadenas a dos aviones, impidiendo el despegue. Simpático y robusto, usaba un taparrabos de piel de leopardo. Fue apodado el “Tarzán real”. Se vendieron sus métodos para lograr el desarrollo físico y se editó la revista de historietas “Tibor Gordon”.
Casado con Eva, tuvo dos hijos, Eduardo y Gary. En la década del 50 inició sus actividades de líder espiritual, acecándose a los estratos sociales más modestos, aconsejando y apoyando a la gente pobre, y dando origen a la “Organización Arco Iris”, entidad benéfica creda “para ayudar a los demás y que los demás se ayuden entre sí”.
Los problemas médicos eran atendidos por médicos y los legales, por un grupo de abogados. Llegó a tener más de 200 mil seguidores , que lo visitaban desde cualquier parte del país. Falleció en 1986, víctima de la hipertensión arterial.
El Hemano Mayor, Tibor Gordon, como se lo llamaba, fundó un movimiento espiritual basado en la fe, la esperanza y la constancia, en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: Verzune, Roberto. Juicio a Tibor Gordon. Ed. Cinco, 1963.
Torricellas, Andrea. Sensibilidades e imágenes generizadas del yo en la década del 40. UNMP 2009
EL PLUMERERO
Un personaje de Buenos Aires que transitba las calles con frecuencia era el plumerero.
No usaba uniforme y llevaba en una mano varios plumeros de tamaño diversos y en la otra, un plumero mediano, a modo de muestra, con el que reforzaba su voceo.
Los plumeros se utilizaban para la limpieza y el aseo doméstico. Los plumeros eran pequeños, medianos, muy utilizados y grandes. Eran fabricados con plumas de avestruz o ñandú, unidas a un mango de madera barnizada, de unos 50 centímetros de longitud. Se usaba para quitar el polvo depositado en los muebles.
En realidad, quitar el polvo era un absurdo, porque se lo movilizaba temporariamente, hasta que al cabo de un momento, se depositaba nuevamente en los mismos muebles. En todos los hogares había uno.
Tambien se usaba uno pequeño con mango hueco de metal, donde se insertaba un largo mango, cuya finalidad era limpiar los techos, especialmente los ángulos y uniones del techo con la pared, donde frecuentemente había telas de araña.
Una vez barridos los pisos, se procedía a “limpiar todas las superficies” con el auxilio de un plumero, habitualmente de tamaño mediano. Era común observar a los porteros de las casas, pasar el plumero por la fachada de las puertas. Recuerdo que en mi casa, el plumero se empleaba todos los días y nunca había comentarios referidos al hecho de movilizar momentáneamente el polvo depositado en la superficie de libros, objetos de adorno, mesas, cuadros, etc.
El plumerero, fue un personaje que siempre encontró como ubicar este artículo de limpieza, esencial en el hogar para las amas de casa, de ese Buenos Aires que se fue.
EL VENDEDOR DE CHURROS
El vendedor de churros recorría la ciudad por las tardes. Usaba saco que alguna vez fue blanco, gorra oscura con visera y alpargatas.
Transportaba dos canastas, una en cada extremo de una barra de madera que asentaba sobre sus hombros, por detrás del cuello, unidas a la barra por una cuerda gruesa. Media canasta esta cubierta por los churros. Los ofrecía en dos tamaños: pequeños o comunes y grandes, que duplicaban el tamaño.
Los churros no estaban rellenos de dulce de leche. Esa costubmbre aparecería mucho más tarde. No trasportaba solo churros, porque también vendía galletas de miel, polvorones y facturas con crema pastelera. Ambas canastas estaban cubiertas por un lienzo blanco.
Este personaje trabajaba exclusivamente en las veredas, y anunciaba su presencia soplando un silbato ubicado dentro de la boca, que emitía un sonido característico e inconfundible. Esto motivaba la salida de los domicilios y la compra de su mercadería que rápidamente se agotaba.
El churrero tomaba la mercadería con su pinza anatómica, es decir entre los dedos pulgar e índice y la colocaba en una hoja de papel de almacén. Por muy pocas monedas teníamos acceso a degustar churros o facturas que habitualmente, no se hallaban en las panaderías. La venta de churros estaba restringida a estos vendedores y en aquellos pocos lugares que ofrecían chocolate con churros.
Churros crujientes, sabrosos, con azúcar espolvoreada en el momento de la compra, constituían solos, o acompañando a un café con leche, un complemento delicioso difícil de encontrar en ese Buenos Aires que se fue.


