El Buenos Aires que se fue

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Los juegos

LA FIGURITA DIFÍCIL

Coleccionar figuritas fue una verdadera pasión, durante el transcurso de la escuela primaria, pasión muchas veces compartida por nuestros padres.

Todo comenzaba a partir de los 5 años aproximadamente. Un regalo casual de chocolatines con figuritas o de un sobre conteniéndolas, era el comienzo de una costumbre que se renovaría anualmente, ya que su vigencia corría paralelamente a la duración del período lectivo.

El problema era que para coleccionar las figuritas, se ofrecía un álbum que una vez completado permitía acceder a un premio que oscilaba entre una pelota de fútbol y una bicicleta. Pero siempre existía la figurita difícil, que costaba mucho encontrar, cuando ello era posible.

Las figuritas se adherían en el álbum empleando goma de pegar marca “Dos banderas”. El envase era un frasco pequeño con forma de cono truncado, que alojaba una pasta blanca maloliente, con propiedades adhesivas muy contradictorias. Pero no había otra, por lo tanto, era la mejor.

La aparición de figuritas repetidas era muy frecuente, situación que permitía llenar varios albumes, o bien disponer de una cantidad suficiente para negociar intercambios con otros pibes, así como también jugar a “la tapada”, “el puchero” o al “punto y revoleo”, como mecanismos para aumentar la colección, sin gastar dinero.

Los momentos ideales para intercambiar figuritas, eran los recreos en la escuela, o los juegos en la vereda. Se procuraba disponer de muchas repetidas para afrontar las demandas a la hora de los intercambios. Había que lograrlos durante ese año, ya que después se cerraba el concurso  y no había reclamo valedero. Eran épocas en las cuales siempre había una difícil, la que casi nunca salía, hecho que obligaba a frecuentar aquellos sitios de intercambio, los días domingo por la mañana, como ocurría en el Parque Rivadavia, famoso por los intercambios de estampillas. También existía un grupo de unas diez figuritas raras, de aparición menos frecuente.

Coleccionar figuritas fue una auténtica y atrapante costumbre infantil durante la época escolar, en ese Buenos Aires que se fue.

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EL PARQUE AVELLANEDA

El Parque Avellaneda, también conocido como Parque Olivera, está ubicado en las calles Lacarra y Directorio, en la ciudad de Buenos Aires.

Lo conocí durante una excursión escolar en bañadera(*), cuando cursaba la escuela primaria. Fue mi primera vez en un parque que tenía atracciones inolvidables.

En los juegos infantiles, destaco los toboganes, los más grandes y elevados de la Ciudad. Superaban ampliamente a todos los que había conocido. Eran tres toboganes impactantes, ya que el más pequeño, superaba en tamaño a los más grandes de otras plazas y parques.

Siempre tengo presente la sensación vivida al ascender por una escalera muy elevada, que conducía a la plataforma del gran tobogán, que no era recto sino con una amplia curva en el tercio inferior de su recorrido, a los efectos de mitigar la velocidad del descenso.

Los restantes juegos como el sube y baja, la calesita manual, hamacas y pasamanos, completaban el área de entretenimiento infantil. También circulaba un trencito, como el de Luján. Recorría todas las instalaciones permitiendo comprobar su extensión y la disposición de las distintas instalaciones.

Diez centavos era la tarifa, para cada vuelta, experiencia que no dejamos de cumplir. El parque estaba totalmente cercado. Las pocas puertas de entrada obligaban a caminar trechos largos para localizarlas. Cuando ingresé a primer año en la escuela secundaria, regresé al Parque, a los efectos de cumplir con el programa de Educación Física.

Así conocí la cancha de fútbol, sin pasto y los fríos vestuarios con duchas de agua fría exclusivamente. Bañarse en invierno, después de finalizada la clase de gimnasia y prácticas de fútbol, era un acto de guapeza que nadie, se atrevía a cumplir.

Al año siguiente, las clases de gimnasia se trasladaron a la filial Palermo del club Gimnasia y Esgrima. Nos encontramos con tres grandes novedades: la cancha de fútbol, tenía pasto; los arcos tenían redes y las duchas del vestuario, agua caliente. Habíamos llegado al paraíso, un paraíso en aquel Buenos Aires que se fue.

*) bañadera: Especie de ómnibus, descapotado en verano y cubierto en invierno, con capacidad para transportar a todo el pasaje sentado. No era posible viajar parado. Muy populares en la década del 30 y 40.

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MI ABUELO, EL ANIMADOR

Mi abuelo adoraba los naipes españoles.

No sólo conocía la mayoría de los juegos, que había jugado infinidad de veces, sino que desarrollaba con ellos pruebas de ingenio, adivinazas y destreza.

Poseía la habilidad de presentar cada prueba con una atmósfera de suspenso e intriga. Alternando las barajas con fósforos o porotos, animaba una reunión durante horas. Experto en el manejo de los tiempos, mantenía a la audiencia en vilo, procurando no develar la clave que conducía a la solución de cada juego.

Todo se desarrollaba en forma pausada, en voz baja, salvo las exclamaciones de los presentes al finalizar cada prueba. La atención y el interés se mantenía sin el auxilio de la Play Station, la computadora, los anteojos para 3D o el teléfono celular con sus múltiples aplicaciones.

Las reuniones con mi abuelo, se caracterizaron por un despliegue de ingenio y humor logrando atrapar nuestra curiosidad e interés, en aquél Buenos Aires que se fue.

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EL REPARADOR DE PELOTAS DE FÚTBOL

El reparador de pelotas de fútbol de cuero, es un antiguo trabajo que ha desaparecido definitivamente.
Las pelotas de fútbol de cuero, tenían un costo no accesible a la mayoría de los aficionados. Existían dos modelos: el más antiguo, la pelota con tiento, reemplazada posteriormente por la sin tiento. Las diferencias eran notables.
La primera, fabricada con cuero grueso, encerraba una cámara de goma color rojo, rematada en un tubo flexible por donde se inflaba. Luego el tubo se ataba fuertemente con un trozo de piolín, se doblaba y se ubicaba por debajo del tiento de cuero, que cerraba la pelota.
El tiento constituía una zona rugosa que podía provocar molestias al cabecear. Estas pelotas fueron reemplazadas por las sin tiento, de 12 gajos, marca “Superbal”, o la de 16 gajos, marca “Criolla”, más livianas y más lisas.
Se inflaban con un adaptador, “el pico”, que se colocaba en un pequeño orificio correspondiente a la entrada de la válvula. Con el inflador, se introducía aire hasta lograr la dureza deseada.
Los gajos estaban cosidos con piolín encerado. Eran los sitios que se rompían favoreciendo la desunión de uno o más gajos, situación que obligaba a la reparación inmediata, para evitar la pinchadura de la cámara de goma.
El reparador de las pelotas de fútbol era un conocido personaje del barrio, experto en tareas de talabartería. La reparación de los gajos de cuero, dejaban a la pelota como mueva, lista para alegrar a los no tan pibes, quienes tenían la posibilidad de adquirir una.
Las pelotas eran de larga duración y se las cuidaba, engrasando el cuero con frecuencia, mediante un trozo de grasa de vacuno, obtenido gratuitamente en la carnicería del barrio. Inclusive, se le daba tratamiento de zapato, colocándole pomada y lustrándola. Pero un partido en día de lluvia o con la cancha mojada, dejaba a la pelota en malas condiciones.
El reparador de pelotas fue el salvador, que al devolver la salud al cuero lastimado, posibilitó alargar la vida útil de las pelotas de fútbol, en ese Buenos Aires que se fue.

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LA PLACITA BULNES

La plaza Almagro apareció en 1928.

Para nosotros fue la “placita Bulnes”, nombre de una de las calles de la manzana, completada por Sarmiento, Salguero y Cangallo (hoy Presidente Perón), en pleno barrio de Almagro.

Tenía diversos juegos infantiles: hamacas, sube y baja, tobogán, calesita manual, pasamanos y una pileta fuente, construida en cemento armado, sin revestimientos, que llena de agua, tenía una profundidad menor de 1 metro. Permitía a la mayoría de los pibes, disfrutar de un baño en agua muy fría. Pero por las noches, arrojaban cualquier tipo de basuras, circunstancia que limitó sensiblemente su funcionamiento.

Entonces su uso cambió en forma radical, ya que fue sitio propicio para jugar a la pelota. En el pasto estaba absolutamente prohibido hacerlo. Así lo decían los carteles “Prohibido pisar el cesped”, sumándose la actitud vigilante y severa del guardián, figura emblemática en las plazas porteñas de aquella época.

Mientras disfrutábamos de los juegos, imprevistamente se escuchaba música proveniente de instrumentos de viento: trompeta, clarinete y trombón. Era el anuncio de la presencia en la placita del Ejército de Salvación.

Vestidos con uniforme y gorra azul marino con ribetes rojos, un grupo reducido de hombres y mujeres, generalmente 8 personas, formaban una circunferencia, preparándose para una de las reuniones públicas tan frecuentes en las décadas del 30 y del 40, donde predicaban el evangelio, acompañado de cánticos rituales, y en ocasiones, de confesiones públicas, convocando al público a participar activamente.

Estas reuniones también se realizaban en las esquinas de la ciudad, sin previo aviso. Su característica era la espontaneidad y sonoridad, lo que motivaba al piberío que, ajeno a los objetivos propuestos de ese grupo, gritaban y corrían desenfrenadamente profiriendo groseras risotadas que alteraban el orden y sentido de esas reuniones, en ese Buenos Aires que se fue.

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LOS AMIGOS DE LA VEREDA

Durante mi infancia viví en la calle Billinghurst, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre.

Los compañeros de juego de todos los días, vivían en esa cuadra, en esa vereda. La cosa cambiaba cuando se acercaban a participar de los juegos, pibes de otras cuadras o de la vuelta, aunque vivieran en la misma manzana. No era la misma relación.

Se forjó una amistad diaria con Alberto, que vivía en la carbonería. Tenía los ojos de distinto color, con aspecto achinado. Le quedó como apodo “el Chino”. Rápido e inteligente, jugaba muy bien al fútbol. Supimos compartir muchas buenas horas.

En la mitad de la cuadra vivía un tucumano, siempre vestido con un mameluco azul, “el Nino”. Estudiaba el armado de aparatos de radio, en la organización “Radio Instituto”, que al finalizar el curso premiaba al estudiante regalándole el último receptor armado. Nino era otro brillante exponente del fútbol, que habitualmente jugábamos en el potrero, o en los galpones del Ferrocarril Oeste, sobre la calle Bartolomé Mitre.

En el número 80 de Billinghurst vivía el hijo del Dr. Frydman, que no participaba de los juegos en la vereda. Más retraído, prefería jugar en su casa, donde en más de una ocasión, nos pidieron silencio porque era hora de consulta.

Al lado, en el número 82 vivía Alfredo con su tía. Era un campeón jugando al balero o a las bolitas, absolutamente invencible. Pero jugando alfútbol era un desastre y su torpeza se reflejaba en la cantidad de patadas que pegaba. Jugar al fútbol con Alfredo, era una aventura de final conocido, porque finalizaba a las trompadas.

Cerca de la esquina de Bartolomé Mitre, vivía Yamilio, que cuando hablaba “le patinaba la erre” y pronunciaba “gue”. Era de ascendencia judía, de Europa Central, y en su casa jugaba con un billar de juguete, que tuve ocasión de compartir. Nunca se integró al grupo de las vereda y no poseía ninguna habilidad para jugar al fútbol.

En la esquina de Bartolomé Mitre, estaba la carnicería donde vivía Amado. Era el de menor edad, pero siempre intentó y logró integrarse al grupo de amigos de la vereda. Muy rubio, de piel muy blanca, participaba de todos los juegos. Tenía una hermana mayor que acostumbraba pasear por el barrio con el novio de turno, para finalizar su recorrido en la puerta lateral de la carnicería. Uno de esos novios fue un famoso boxeador, que participó en las Olimpíadas de Londres en 1948, destacándose por su valentía. Lo ví en varios combates realizados en la Federación Argentina de Box, en aquél Buenos Aitres que se fue.

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LOTERÍA DE NAVIDAD, AÑO NUEVO Y REYES

La llegada del nuevo año siempre constituía un acontecimiento a todo nivel.

La última semana del año era completamente distinta. La posibilidad de ganar dinero con la Lotería apostando en el “Gordo de Navidad”, creaba un clima de expectación, acentuado durante la transmisión radial del sorteo, esperando la aparición del número ganador. Salvo la quiniela clandestina, no existían otras posibilidades ya que no había “Prode”, “Quini”o “Raspadita”.

Era habitual durante la transmisión radial del sorteo, que duraba varias horas, la demora en el anuncio del premio mayor. La posibilidad de ser un nuevo rico, anidaba en cada uno de los que habían adquirido un billete de lotería. Los resultados del sorteo provocaban todo tipo de comentarios, con una extensa cobertura periodística y radial.

Siempre se consultaba el extracto completo del sorteo, a fin de verificar si se había obtenido algún premio. Los nuevos ricos eran reporteados repetidas veces, brindando historias de vida curiosas y atractivas, que se instalaban en el nutrido anecdotario de los triunfadores en los juegos de azar.

En menor escala y paralelamente al sorteo navideño, se realizaban en almacenes y panaderías, sorteos de grandes canastas conteniendo una diversidad de productos alimenticios, bombones y confitados; también juguetes, grandes muñecas “Marilú” y más raramente, electrodomésticos.

Para los muchos que vieron frustradas las posibilidades de ganar un premio. encontraban un desquite jugando en el sorteo de Año Nuevo, que con un premio menor, abría un nuevo abanico de posibilidades para “salir de pobre”. Si bien no tenía el impacto del sorteo navideño, brindaba la ocasión de beneficiarse  con una importante suma de dinero para la época.

Las entrevistas a los ganadores informaban sobre los planes elaborados previamente ante la posibiidad de ganar un premio, de como los sueños se convertían en realidad. Los beneficiados alcanzaban un inmediato grado de popularidad que después del último sorteo importante, el de Reyes, caían poco a poco en el olvido.

Eran tres sorteos en dos semanas, en los que cambiaba el destino de varias familias. Ya fuera por la adquisición de un entero, de varios billetes, o la modesta participación en uno, en el caso de ganar, todo oscilaba en una muy importante mejoría de la situación económica, hasta la posibilidad de adquirir varios billetes de la próxima jugada.

Los pasos relacionados con el cobro de los premios era rigurosamente registrado por el periodismo. Se conocían las anécdotas de quienes no apostaron al número ganador en ésa ocasión; de los que sí lo hicieron y por cuales razones. Casualidades, contrariedades y coincidencias , se balanceaban constantemente en los relatos que resultaban ser las consecuencias de todas las vivencias relacionadas con los distintos aspectos de los sorteos.

Entre la inmensa mayoría no beneficiada, las esperanzas quedaban postergadas hasta los próximos sorteos de Navidad, Año Nuevo y Reyes, en ese Buenos Aires que se fue.

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EZIO GUGGIARI Y LOS EG TOYS

Ezio Guggiari fue un fabricante italiano de juguetes establecido en Argentina.

Fue el creador de la firma E G Toys, fabricante de figuras de plomo ahuecado, de un tamaño similar al de los soldaditos de plomo de origen inglés. Sus juguetes representaban figuras de una chacra, aparecidas a partir del año 1944, en plena Segunda Guerra Mundial.

En una época en la que los juguetes de los niños argentinos, eran de origen extranjero, Guggiari encaró la fabricación de estas figuras cuando no existían antecedentes de fabricación nacional, conjuntamente con la escasez de juguetes extranjeros, motivada por los sucesos bélicos.

Foto: La Nación 16-06-2012

En 1944 comenzó con la presentación de “La Chacra de Don Fabián”, colección de personajes, animales y construcciones existentes en el campo. La colección fue ampliándose incorporando la pulpería, el tambo, el ombú, el domador, etc. Estaba basada en la “Model Farm Series”, de la firma inglesa William Britain Ltd, que desde el año 1920, fabricaba campesinos, caballos, vacas y demás integrantes de la granja, trabajados minuciosamente y pintados con vistosos colores.

El incremento en la cantidad de piezas, fue la razón por la que la “Granja” se transformó en una “Estancia Argentina”, constituyendo un atractivo presente en las vidrieras de las buenas jugueterías. Se llegaron a completar más de 400 piezas de la serie EG Toys, que estuvo vigente hasta fines de la década del 50, cuando cerró la firma.

Para esa época, se habían agregado las series correspondientes al zoológico y la estación de trenes. La artesanía de Ezio Guggiari pasó a ser motivo de culto para los coleccionistas de juguetes de plomo, quienes no pierden la oportunidad de rastrearlos, en las diversas ferias dispersas por Buenos Aires y alrededores.

Fuente: Sanguinetti, Roque: Una estancia de juguete para que los niños sean felices. La Nación, 16-06-2012

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BENT LARSEN

Bent Larsen nació en Tilsted, Dinamarca, el 4 de marzo de 1935.

Comenzó a jugar ajedrez a los 6 años. A los 12 años frecuentó un club de ajedrez donde mejoró su juego, al enfrentar a jugadores más experimentados. Fue el mejor ajedrecista de su país y uno de los 10 mejores del mundo.

A los 14 años se trasladó a Copenhague a fin de mejorar su juego y continuar los estudios. En 1954 ganó el campeonato de Dinamarca, actuación que se repitió durante 10 años consecutivos. Obtuvo el título de Maestro Internacional y en 1956 ganó la medalla de oro por su actuación en el Primer tablero, en las Olimpíadas desarrolladas en Moscú, colocándose delante del campeón mundial Mikhail Botvinnik, por lo que obtuvo el título de Gran Maestro.

Las décadas del 60 y 70 fueron las más favorables. Su juego se caracterizó por ser agresivo, con el desarrollo de aperturas antiguas, de la época romántica. Disputó el Torneo de Candidatos en 3 oportunidades, cayendo en las semifinales en 2 oportunidades: en 1965 con Mikhail Tal y en 1968, con Boris Spassky.

Participó en el duelo URSS vs Resto del Mundo en 1970, ocupando el Primer tablero. Escribió el libro “Jugando a ganar”, donde quedan documentados los principios de su estilo de juego.

En 1982 se radicó en Argentina, cuando conoció a Laura en Mar del Plata, con quien se casó, ambos en segundas nupcias. Participó en torneos locales y dedicó el último período de su vida a comentar partidas magistrales con sesudos análisis, publicados en medios periodísticos de primera línea. Falleció en Buenos Aires el 9 de setiembre de 2010.

Bent Larsen, el mejor ajedrecista danés de todos los tiempos, vivió más de un cuarto de siglo en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://es.chessbase.com/home/Tabla/55/Probed/8755

http://www.ajedrezdeataque.com/04articulos/27Larsen/Larsen.htm

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ERICH GOTLIEB ELISKASES, CABALLERO DEL AJEDREZ

Erich Gotlieb Eliskases fue un Gran Maestro de ajedrez austríaco, nacido en Innsbruck, Austria , el 15 de Febrero de 1913.

Comenzó a jugar a los 15 años, fue Jefe de Redacción de la revista “Wiener Schachzeitung” y practicante del ajedrez postal. En 1937 fue contratado por Alexander Alekine como analista para el encuentro con Max Euwe.

Su mejor época en el juego, coincidió con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, siendo considerado como un posible candidato a campeón mundial. Representó a Austria en las Olimpíadas de 1930, 1933 y 1935, en la que obtuvo la medalla de oro en el tercer tablero.

Llegó a Buenos Aires para participar en la Olimpíada de 1939 representando a Alemania. Sorprendido por el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, decidió quedarse en Sudamérica. De hecho, toda la representación alemana no regresó a Europa. Entre 1941 y 1950 vivió una temporada en Brasil para radicarse finalmente en Argentina.

En 1941 jugó en el torneo de Mar del Plata, figurando tercero detrás de Stahlberg y Najdorf. En 1948 ganó el torneo Internacional de Mar del Plata, delante de Stahlberg. En 1951 ganó el Zonal Sudamericano en Mar del Plata, se casó con María Esther Olmedo y se radicó en la ciudad de Córdoba.

Nacionalizado argentino, representó a la Argentina en las Olimpíadas de Helsinki 1952, Munich 1958, Leipzig 1960 y Tel Aviv 1964. Participó en la mayoría de los torneos nacionales y continentales. En la década del 40, el Ajedrez argentino se enriqueció con la participación de los Grandes Maestros que temporaria o definitivamente, vivieron en el país. Al trío de elite integrado por Eliskases, Stahlberg y Najdorf, se agregaban otros Maestros internacionales y continentales, jerarquizando los torneos desarrollados en Mar del Plata.

Gran analista, trabajó hasta avanzada edad para publicaciones europeas de ajedrez. Falleció en la ciudad de Córdoba, el 2 de Febrero de 1997, a la edad de 83 años. El Gran Maestro Erich Eliskases, Caballero del Ajedrez, uno de los mayores exponentes del ajedrez mundial, prestigió y contribuyó al crecimiento y riqueza del ajedrez argentino, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.ajedrezargentina.org/biografias/eliskases.html.

http://ajedrezconfundamentos.blogsdpot.com.ar/2011/09/erich-eliskses

hrrp://www.tabladeflandes.com/frank_mayer66.html

El exilio, Los juegos, Vivieron en Buenos Aires
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