El Buenos Aires que se fue

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La inmigración

GERARDO BÖNNHOFF

Gerardo Bönnhoff, “laucha”, fue un atleta nacido en Berlín, Alemania, el 24 de junio de 1926.

Llegó a Buenos Aires en 1936 junto con sus padres, en calidad de inmigrante. En 1942, en los Campeonatos Nacionales de Cadetes, fue campeón en los 100 metros llanosy subcampeón en los 200 metros llanos. Al año siguiente, en el mismo campeonato, ganó en los 100  y 200 metros.

En 1945 se nacionalizó argentino, representando oficialmente a nuestro país. Fue uno de los grandes representantes argentinos a nivel nacional e internacional, estrella fulgurante en la época dorada del atletismo argentino.

Este velocista excepcional, estuvo rodeado de otros descollantes colegas como Delfor Cabrera, ganador en 1948, de la maratón en las Olimpíadas de Londres, uno de nuestros mejores fondistas. De Alberto Triulzi, el campionísimo de los 110 metros con vallas. De Noemí Simonetto, campeona en salto en alto. De Ingebord Mello de Preiss, en lanzamiento de la bala y del martillo.

Sus registros fueron notables en 100 y 200 metros, y Posta de 4 x 100 metros. La fama había comenzado el 1º de diciembre de 1945, en la pista del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ubicada en Palermo. En la final del Campeonato Nacional, marcó 10″ 3/10, record sudamericano para los 100 metros llanos, y a una décima por debajo de la marca mundial de Jesse Owens.

Se destacó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, donde fue finalista de los 200 metros llanos, ocupando el sexto lugar con una marca de 21″ 59 centésimos. Apasionado del atletismo, fundó el “Club Argentino de Atletismo”, entidad que llegó a presidir. Promovió torneos clásicos. Escribió en los diarios “Clarín”, “La Prensa” y en la revista “El Gráfico”.

Fundó la revista especializada “A sus marcas”, un verdadero archivo del atletismo argentino. En la década del 60, promovió el atletismo a nivel infantil, a través del “Torneo Escolar Billiken”.  Fue corresponsal de la revista alemana “Leichtathletik” y el mayor impulsor de la Estadística en Atletismo. Falleció en El Palomar. Provincia de Buenos Aires, el 28 de diciembre de 2013. Gerardo Bönnhoff representó a la República Argentina en las competencias de 100 y 200 metros llanos, siendo el mejor velocista de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.cada-atletismo.org./noticias_detalle.php?id=1622

http://www.sports-reference.com/olympics/athletes/bo/Gerardo-bonnhoff-1.html

La inmigración, Realidades argentinas

PEDRO GARCÍA Y LA LIBRERÍA “EL ATENEO”

Pedro García, un inmigrante español nacido en Logroño, integrante de una familia de libreros, fundó la librería y editorial “El Ateneo” en setiembre de 1912.

Su primera ubicación fue en la calle Victoria al 600 (hoy Hipólito Irigoyen). En 1936 se trasladó a Florida 371 y en 1938 se ubicó en Florida 340. Por sus salones pasaron personalidades de renombre nacional e internacional.

Pedro García incluyó en su catálogo editorial textos selectos de la literatura universal, pero por sobre todo, libros académicos de Medicina, Odontología, Farmacia y Bioquímica, Salud Pública e Higienismo, de edición nacional o extranjera, que se constituyeron en el área más sólida de su catálogo.

Durante nuestra etapa de estudiante universitario, las visitas a la sucursal ubicada en la esquina de Junín y Córdoba, fueron un destino obligatorio. Muchos de los libros recomendados, ahí se editaban, y se podía hallar también, libros de difusión más limitada. Una vez graduado, fue el sitio donde compré los libros de consulta, siempre necesarios.

En Florida 340 se realizaron las denominadas “Peñas de Escritores”, a las que concurrieron figuras de primera línea como Conrado Nalé Roxlo, Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Lainez, Victoria Ocampo, Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea, etc. Posteriormente, el 21 de setiembre de 1969, se realizó la “Primavera de las letras”, jornadas en la que los escritores firmaban ejemplares de sus libros.

Fue el antecedente de la Feria Internacional del Libro, donde los lectores dialogaban con los autores y se llevaban un ejemplar autografiado. Durante la Guerra Civil Española, “El Ateneo” fue un sitio de libertad editorial, ya que se imprimieron obras pruhibidas por el franquismo.

La sucursal más espectacular es la ubicada en Santa Fé 1860, en la sede del viejo cine teatro “Gran Splendid”, considerada la segunda librería más importante del mundo. En 1998, se crearonn otras dos sucursales: una ubicada en Cabildo y Juramento y la otra, en Florida 629.

Pedro García falleció en Buenos Aires en 1948 y sus hijos Pedro y Eustasio continuaron eficazmente su obra, aumentando el número de sucursales en Amédica y Europa. En 2012, “El Ateneo” festejó su primer siglo de vida. La editorial y librería “El Ateneo”, creación de Pedro García, fue un centro literario indiscutido que mantuvo su vigencia como faro cultural en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20121111/cien-anos-historia-mundo-literario-argentino

http://www.diasde historia.com.ar/content/el-ateneo-celebra-hoy-su-centenario

La educación, La inmigración, La medicina de ayer

FEDERICO RIBAS

Federico Ribas Montenegro fue un dibujante y publicista español, nacido en Vigo, Galicia, el 26 de Octubre de 1890.

En 1908 llegó a Buenos Aires como un inmigrante gallego más, dedicándose al dibujo. Se relacionó con los dibujantes españoles José María Cao, pionero del humor gráfico en la prensa argentina, y Juan Carlos Alonso.

Fue uno de los grandes dibujantes de “Caras y Caretas”, “PBT” y otras revistas argentinas del Siglo XX como “Papel y Tinta”, “Crónicas de oro” y el periódico “Última Hora”, en la excepcional época de la industria gráfica argentina, aliada con la escritura periodística.

En 1912 viajó a París, donde se desempeñó como Director Artístico de la revista “Mundial”: También colaboró con “Le Rire” y “Elegances”. A raíz del comienzo de la Primra Guerra Mundial, volvió a España desarrollando actividades de ilustrador y dibujante en las importantes revistas “La Esfera”, “Nuevo Mundo” y “Blanco y Negro”.

Sentó las bases de la publicidad española al ser contratado por la Perfumería “GAL”, para realizar los anuncios y carteles para las campañas publicitarias, a partir del año 1916. Los más bellos carteles los realizó para los vinos “Jerez de la Frontera”, de las bodegas del “Marqués del Real Tesoro”.

En 1923 publicó viñetas en el “Faro de Vigo” y desde 1925, en “El Pueblo Gallego”. En 1929 fue director de una gran empresa de publicidad, cargo que se truncó con el comienzo de la Guerra Civil. El alzamiento contra la República del 18 de junio de 1936, lo sorprendió en Vigo. Decidió embarcarse hacia Argentina, llegando al puerto de Buenos Aires el 7 de noviembre de 1936.

Sus brillantes antecedentes y el recuerdo de su anterior estadía, motivó su contratación por parte del periodista uruguayo Constancio C. Vigil, siendo nombrado Director artístico de la  prestigiosa revista “Atlántida”. Denunció el terror franquista en Pontevedra, colaborando con su compañero en “Caras y Caretas”, Luis Seoane.

En la década del 40, ilustró varios libros de Constancio Vigil: “El niño y la música”, “El mono relojero”, “Alma nueva”, “El hombre y los animales”, “Botón tolón”, “La escuela de la Señorita Susana”, “Marta y Jorge”, “Muñequita”, “La educación del hijo” y “Los enanitos jardineros”. A fines de 1949, regresó a Madrid, España, recomenzando sus tareas publicitarias.

Sus dibujos influenciaron la moda y el maquillaje femenino. La obra de Federico Ribas se conserva en museos de Galicia y en las colecciones y archivos de “Prensa Española”. Falleció en Madrid el 11 de setiembre de 1952. Federico Ribas, uno de los grandes artistas gráficos españoles, vivió durante el primer tercio del Siglo XX en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.jerezsiempre.com/index.php/Federico_Ribas_Montenegro.

http://www.lahistoriadelapublicidad.com/protagonistas_ficha.php?codnot=312

Artistas destacados, El exilio, La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

EL PATIO DE LOS LECHEROS

El Patio de los Lecheros era una antigua estación de tren, una playa de descarga y aprovisionamiento de leche.                                                                                                                    

Estaba ubicada en la intersección de las calles Donato Álvarez y Bacacay limitando con las vías del ferrocarril Sarmiento, entre los barrios de Caballito y Flores. Comenzó a funcionar a principio del siglo XX.

Fue la estación donde el tren traía la leche desde los tambos  ubicados en las afueras de la ciudad. Cada día, cientos de repartidores esperaban el tren para disponer de la leche que iban a vender por las calles porteñas, casa por casa. Muchos eran inmigrantes de diversos orígenes, pero con predominio de españoles.

Foto:http://caballito te quiero.com.ar/portal/2012/10/25/patio-de-los-lecheros

Los trenes cargueros se metían por el andén y a la mañana, bien temprano, llegaban los carros. Estos lecheros tenían convenido un servicio con el ferrocarril, con un canon mensual; diariamente dejaban los tambores vacíos y lavados, llevándose los que había traído el tren.

El procedimiento carecía de medios de protección bacteriológica, porque la única protección estaba representada por la tapa, sin ningún tipo de seguro que impidiera su apertura en cualquier momento. Los tarros se individualizaban con distintas combinaciones de colores, pintados en las tapas de los tarros.

Esta modalidad de trabajo estuvo vigente hasta la década del 60. En 1961 se prohibió la venta de leche sin proceso de pasteurización, lo que motivó la desaparición de esta forma de distribución y la del lechero, con el tradicional carrito y su caballo canchero. El Patio de los Lecheros fue la puerta de entrada de la leche para ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://caballitotequiero.com.ar/portal/2012/10/25/patio-de-los-lecheros

La ciudad, La inmigración, Personajes de la ciudad

EL EXILIO ESPAÑOL REPUBLICANO Y EL DIARIO CRÍTICA

La Guerra Civil Española, desarrollada entre los años 1936 y 1939, fue factor decisivo del exilio en la Argentina, de destacados profesionales e intelectuales españoles, que intentaron encontrar un sitio donde continuar sus actividades de docencia e investigación.

La Argentina, que había recibido a millones de inmigrantes desde 1880, cerró sus puertas a partir de 1930 para la llegada de judíos y exiliados republicanos. Argentina era el país ideal para los grupos intelectuales que llegaban de España. Los exiliados recordarían siempre la amabilidad del pueblo de Buenos Aires a su llegada, que los recibió con los brazos abiertos.

El gobierno argentino mostró poca predisposición para recibir exiliados republicanos, e incluso reformó los mecanismos de control para evitar su entrada al país. Se aconsejó no otorgar el visado si no se contaba con el certificado de buena conducta, que el gobierno de España no les otrogaría. Incluso se negó el ingreso a personas que ya tenían otorgado el permiso de desembarco. Miles de solicitudes de exiliados en Francia, fueron rechazadas.

El 5 de noviembre de 1939, llegó al puerto de Buenos Aires el transatlántico francés “Masilia”, transportando cientos de exiliados entre los que se encontraban 60 intelectuales, artistas, médicos, escritores como Rafael Alberti y María León, y cineastas republicanos como Gori Muñoz y Salvador Valverde.

Natalio Botana, director y dueño del diario “Crítica”, facilitó la estadía del grupo en Buenos Aires proporcionándoles a cada uno, un sobre conteniendo dinero para 2 meses, producto de haber ganado en el Hipódromo Nacional con su caballo “Romántico”, el “Gran Premio Carlos Pellegrini”.

La redacción del diario “Crítica”, vocero del bando republicano, fue un territorio frecuentemente transitado por los exiliados españoles. El diario de Natalio Botana, ubicado en la Avenida de Mato 1333, fue un medio de propaganda para la difusión de la causa. Fueron muchos los exiliados que recibieron su ayuda.

Botana organizó colectas populares para la Cruz Roja Española. Suscripciones populares a favor de la Comisión de Apoyo a los Intelectuales Españoles (C.A.I.E.), entidad clave para lograr el ingreso a la Argentina, de los científicos, profesores y universitarios alojados en los campos de concentración franceses.

Fueron importantes los reclamos al Gobierno Argentino para que se otorgaran visas a los exiliados españoles, a quienes se los consideraba una amenaza subversiva. También los diarios “La Prensa” y “La Nación”, acogieron a muchos de estos exiliados, quienes pasaron a integrar la plana habitual de redactores y editorialistas.

Los encuentros entre los bandos profranquistas y republicano se verificó en el escenario de la Avenida de Mayo, donde se enfrentaron primero de palabra, después a puñetazos, culminando con sillazos, provenientes de los cafetines de la zona, hasta que la policía los separaba.

La República Argentina se benefició con la llegada de expertos en distintas areas de la Ciencia y de las Artes, que ubicados en instituciones del país, prestigiaron con su conocimiento y experiencia, el desarrollo y perfeccionamiento de diversas disciplinas, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/medios-españoles-en…

http://www.informedoc.com.mx/cultura/2009/151611/6/buenos-aire…

El exilio, La inmigración, Los diarios, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

COSTUMBRES Y SUPERSTICIONES DE LOS INMIGRANTES

La inmigración no solo trajo gente al país, sino también sus hábitos, costumbres y supersticiones.

Las primeras décadas del siglo XX se poblaron de creencias que sorprendieron nuestra infancia. La crianza de los hijos de inmigrantes se realizó dentro de estas características, absorbiendo todas las costumbres inherentes a cada grupo inmigratorio, muchas de las cuales han perdurado a través del tiempo y su evocación, siguen causando curiosidad.

Fue muy difundida la “protección” brindada por una pastilla de alcanfor, colocada dentro de una bolsita de género, que colgaba del cuello. Se le atribuían propiedades preventivas de las enfermedades respiratorias. Durante todo el invierno, vivíamos con esa bolsita con el alcanfor consumiéndose lentamente. Niños y adultos, “se beneficiaban” de sus propiedades exclusivas.

Las amenazas de padres y abuelos se centraban sobre la “víctima infantil” cuando se jugaba con astillas de madera encendidas porque se afirmaba que durante la noche, el niño se orinaba en la cama. Si algo así ocurría, con o sin fuego de por medio, un castigo corporal era el colofón.

El sarampión “brotaba” mejor, si se envolvía al niño con telas de color rojo, y se cubrían las ventanas con papel rojo. Los niños nacían en un repollo, o los traía una cigueña desde París. Pero los adultos también sucumbían a tradicionales costumbres para protegerse, como el hecho de evitar la mala suerte que sucedía cuando se barría la cocina de noche.

Las supersticiones referidas a la mala suerte impedían a muchas personas pasar por debajo de una escalera o embarcarse en día martes 13. En la búsqueda de la buena suerte, esas personas tocaban madera. Entre todas las creencias supersticiosas que hemos heredado preponderan las destinadas a protegernos del mal.

La herradura está considerada el más universal de los amuletos de la suerte, especialmente colgados sobre la puerta de entrada a la casa, ubicada con los extremos hacia arriba. Una de las supersticiones más extendidas sobre la mala suerte, es la rotura de un espejo, lo que anunciaba 7 años de mala suerte.

También sobre la mala suerte es el número 13, número de mal agüero, a tal punto que en los hoteles, no figura el piso 13; se pasa del 12 al 14 y algo similar ocurre en las líneas aéreas, donde esa fila no existe. Sentar 13 personas en una mesa era una aberración, porque uno de ellos moriría ese año.

Se señalaba que tener plumas de caburé en la casa, aumentaba el poder de seducción. Estas creencias y supersticiones, tuvieron fuerte vigencia en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://usuaris.tinet.cat/vue/supersticiones_1.htm

La inmigración, Modas y costumbres

LA SÍFILIS

El estado sanitario de Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo XX, estaba supeditado a las pestes, plagas e infecciones.

La sífilis era un verdadero azote, cuya incidencia estaba facilitada por la gran cantidad de conventillos y la prostitución. Las prostitutas vivían disciplinadas en los burdeles registrados. Pero la antesala de la prostitución estaba representada por otras profesiones como empleadas domésticas, lavanderas, planchadoras, ojaleras, costureras, bordadoras, modistas y obreras con salarios bajos.

La prostitución clandestina ubicada en cafés, bodegones y domicilios, configuraban una telaraña. La inspección médica de prostíbulos nació con la Ordenanza del 10 de Setiembre de 1888, con la creación del Sifilocomio y Dispensario para atención de enfermos de sífilis.

Todas las prostítutas debían revisarse una vez por semana. Si no se prsentaban, se las consideraba enfermas. No podían trabajar y no entraba dinero. Es decir que salud, era igual a dinero. En la segunda década del siglo XX, fallecían de sífilis más de 2 mil personas por año, sin contar aquellos que padecían enfermedades neurológicas irreversibles.

El certificado prenupcial establecido en 1936, controló más a fondo la expansión de la sífilis entre los hombres. Pero la prostitución clandestina era muy superior a la oficial. El cuidado de la salud de las prostitutas, originó las primeras organizaciones de contralor de la salud. Importaba que la ecuación salud igual a dinero se cumpliera a rajatabla.

El 80 % de las mujeres atendidas estaban enfermas. La inmigración se caracterizaba por traer hombres jóvenes solteros o que llegaban sin su familia. La prostitución oficializada, fue una estrategia estatal para estos nuevos habitantes que llegaban al pais. Pero la mayoría concurría a prostíbulos clandestinos, sin cuidados médicos de control, con los consiguientes riesgos de infección.

Los tratamientos de la sífilis a partir de 1910, se realizaron con los compuestos arsenicales. Producían cierto alivio, a expensas de una enorme toxicidad, por lo que muchos no lo aceptaron. Cien manzanas limitadas por las calles 25 de Mayo, Viamonte,  Junín y Cangallo (Preidente Perón) configuraban los lugares de la “buena vida”, ya que allí se encontraba más del 50 % de los prostíbulos de Buenos Aires.

Al diagnosticarse una enfermedad venérea, sífilis o gonorrea, las prostitutas dejaban de trabajar para comenzar su tratamiento, a veces, con internación incluida. En 1914 había 3068 prostíbulos oficiales y 10 mil clandestinos. La sífilis era una enfermedad vergonzante, hasta tal punto, que cuando una persona fallecía, se solicitaba colocar otro diagnóstico como causa del deceso.

En 1920, el 30 % de los pacientes internados en el Hospital Rawson, eran sifilíticos. En esos años, la sífilis era una enfermedad terminal. El cierre de los prostíbulos en 1935, provocó el resurgimiento de la sífilis con la consiguiente alarma. Aumentó la prostitución clandestina con el incremento de la sífilis.

En 1945 apareció la penicilina. y los indices de sífilis bajaron lo suficinete hasta casi desaparecer y la sífilis, dejó de ser una enfermedad terminal en ese Buenos aires que se fue.

Fuente: Carretero Andrés. Prostitución en buenos Aires. Ed. Corregidor, 2a. ed. 1998.

Aquellas enfermedades, La ciudad, La cuestión social, La inmigración, La medicina de ayer

LA CULTURA BARRIAL

Las sociedades que se formaron en los barrios, fueron el marco principal de la conformación de una nueva cultura popular.

Estas sociedades estaban constituidas por argentinos e inmigrantes: obreros, empleados, maestros, profesionales, pequeños comerciantes y otros, sin ocupación. En su formación participaron Sociedades de Fomento, Asociaciones Mutuales, Clubes Sociales, Comités Políticos y Bibliotecas Populares.

La sociedad barrial se articuló alrededor de instituciones que cumplían un rol destacado, tales como el Café, la Esquina, el Puesto de venta de diarios, los Despachos de bebidas. los Clubes sociales y deportivos y las Bibliotecas barriales.

El desarrollo de actividades culturales requirió de la colaboración de maestros, profesores de dibujo, de inglés, de poesía, de canto, de recitación, de costura, cursos de labores, telar o música, que satisfacieron una cultura netamente femenina. En el dictado de cursos de correspondencia mercantil, contabilidad, taquigrafía o inglés, se buscaba la salida laboral como empleadas o secretarias.

La práctica de deportes, en especial fútbol y basquet, estimularon la creación de clubes deportivos. Los clubes sociales se especializaron en los juegos de cartas, dominó y ajedrez, bailes, salas de cine o de teatro. Las fiestas y bailes eran de tipo familiar. ¡Cómo olvidar los bailes en “Bomberos Voluntarios de Ramos Mejía”, donde era imprescindible “que hubiera luz” entre los cuerpos de la pareja. Para lograrlo, varios miembros de la Comisión Directiva se encargaban de asegurar ese detalle, deteniendo el baile de determinada pareja,  al tiempo que exclamaban en voz alta: “Sepárense, más luz”. Recuerdos…de un Buenos Aires que se fue.

Fuente: Gutiérrez L. y Romero L.A. Sectores Populares. Cultura y Política. Ed. Sudamericana. 1995.

El barrio, La cuestión social, La inmigración, Reuniones sociales

EL TOSCANO AVANTI

Los “Cigarros Avanti”, los más populares en Italia, comenzaron a fabricarse en Buenos Aires en el año 1902, en el barrio de Villa Urquiza.

La fábrica estaba ubicada en un galpón de ventanales amplios, que ocupaba una manzana y llegó a alojar alrededor de 1500 obreros. Realizaban un trabajo exclusivamente artesanal. La Compañía Introductora de Buenos Aires, (CIBA), fue la responsable de todos los procesos de la fabricación: Recepción del tabaco, Secado, Despalillamiento, Armado y Embalaje para su posterior comercialización.

Cada una de las 200 cigarreras que allí trabajaban, elaboraban mil toscanos bicónicos por día, que luego eran estampillados. El consumo del “Cigarro Avanti”, era muy popular especialmente, entre los inmigrantes italianos que en la ciudad de Buenos Aires, superaban el 50 por ciento de la población. Pero los argentinos no se quedaron atrás.

Se vendían los envases conteniendo dos toscanos o cuatro medio toscanos. Al toscano original se lo cortaba por el centro, justo donde estaba la etiqueta y se disponía de dos mitades, en condiciones de ser fumadas. Esta marca de cigarros llegó a ser la más famosa del país.

La promoción del tradicional toscano  era frecuente verla en murales y en los tranvías. Era habitual encontrar personas fumando un “Avanti”. En los bares, el “Avanti” integraba el aroma dominante, mezclado con el vaho del alcohol, durante las interminables partidas de truco o de tute. Los carreros arengaban a los percherones, sin sacarse el toscano de la boca. Los vendedores ambulantes como fruteros, pescadores o maniseros, siempre llevaban el toscano, encendido o apagado, durante sus tareas.

La popularidad de este cigarro estaba muy extendida, máxime si se tiene en cuenta que en la década del 30, el consumo anual era de 70 millones, elaborados principalmente con tabaco Criollo Misionero. Los que fumaban cigarrillos preferían el tabaco negro sin filtro, ya que el tabaco rubio aún, no había alcanzado popularidad.

La inclinación hacia los toscanos comenzó a declinar en la década de 1950, dando lugar al consumo de cigarrillos rubios, con o sin filtro. Como consecuencia de ello, la Compañía cerró sus puertas en el año 1958. Los cigarros “Avanti” constituyeron durante más de medio siglo, la fuente de toscanos económicos y más populares en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http: consumosdelayer.blogspot.com.ar/2011_11_01_archive.html

La cuestión social, La inmigración

LA EDITORIAL LOSADA

El 18 de Agosto de 1938, nace en Buenos Aires la Editorial Losada.

Gonzalo Losada nació en Madrid en 1894, y se instaló en Buenos Aires en 1928, como director de la sucursal argentina de la Editorial Espasa-Calpe. Como consecuencia del estallido de la Guerra Civil Española, Espasa-Calpe hizo conocer sus simpatías pro franquistas y exigió que los libros se editaran en España, y que no se editaran libros de autores argentinos.

Esta decisión dió origen a otra, realmente trascendental. Losada hipotecó su casa, vendió su auto y junto con Guillermo de Torre, Felipe Jiménez de Asúa, Atilio Rossi, Amado Alonso, el dominicano Pedro Henríquez Ureña y Francisco Romero, fundaron la Editorial Losada, hecho relevante y sin antecedentes, disparador de la industria editorial de toda América Latina.

Fue llamada, “la editorial de los exiliados”, un centro de convivencia para los exiliados republicanos, intelectuales argentinos y residentes españoles en la Argentina antes del comienzo de la Guerra civil.

Era una época crítica desde el punto de vista económico, por la aparición de gran cantidad de copias ilegales, que provocó un gran descenso en las ventas. Gonzalo Losada, con los antecedentes de Albatros en Alemania en 1931, y de Penguin en el Reino Unido en 1935 con el “libro de bolsillo”, decidió emprender la aventura del libro de bolsillo, de formato reducido y a precios muy convenientes. Así nació la Colección Austral.

Eran títulos de todas las materias y géneros: literatura, ciencias, historia, arte, viajes, política y pensamiento, con un diseño atractivo, formato reducido y precio accesible. La colección abrió la “Época de oro” de la industria editorial argentina. En la década de 1930 se fundaron una serie de editoriales que dejaron una huella profunda y perdurable, en la historia cultural iberoamericana del siglo XX.

Editorial Sudamericana, Emecé, Santiago Rueda, Labor, junto a Espasa Calpe Argentina y Losada. Fue la resultante de una serie muy especial de coyunturas favorables: el desbastecimiento de los mercados americanos por el ocaso editorial de España, agravado por la Guerra Civil. La modernización de la industria argentina, la celebración de ferias de libros, exposiciones internacionales, congresos, y la gran mejoría del contenido cualitativo y cuantitativo de los catálogos editoriales en las colecciones de libros de bolsillo.

Había un antecedente muy importante, ocurrido en la década de 1920: las colecciones populares publicadas por las editoriales Claridad y Tor. Precedieron a las colecciones Austral y La Biblioteca Contemporánea. El costo de los libros, nunca fue tan accesible. Losada editó autores prohibidos en España como Pablo Neruda, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Roberto Arlt, Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, Oliverio Girondo, García Lorca y Antonio Machado. Gonzalo Losada falleció en Buenos Aires en 1981.  

Hasta fines de la década dde 1950, Buenos Aires se convirtió en el Centro Editorial de América Latina. El primer libro que leí de la Colección Austral, fue “Córdoba del recuerdo”, de Arturo Capdevila. Años más tarde, como tema de estudio en la escuela secundaria, leí completo “El poema del Mío Cid”. Fueron épocas brillantes de la industria del libro, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=EditorialLosada

    http://www.hoyesarte.com/libros/sectoreditorial/11658austral-la-primera-coleccion-de-bolsillo

http://algundiaenalgunaparte.wordpress.com/2009/07/31austral-la-cultura-en-el-bolsillo

Larraz, Fernando:Política y cultura. Biblioteca Contemporánea y Colección Austral, dos modelos de difusión cultural. Orbis Tertins, 2009,XIV (15). Univ. Autónoma de Barcelona

La educación, La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

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