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El Buenos Aires que se fue

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La inmigración

CIAE, LA COMPAÑÍA ITALO ARGENTINA DE ELECTRICIDAD

Los servicios eléctricos de la ciudad de Buenos Aires y alrededores, fueron brindados a partir de 1887 por empresas privadas.

A partir de 1912, aparecieron en la ciudad unas curiosas construcciones de estilo florentino, como si fueran pequeños castillos. La primera de ellas se edificó en la Boca, de gran tamaño, con ladrillos rojos a la vista, ubicada en la esquina de Caffarena y Pedro de Mendoza, hoy reciclada y transformada en sede de la Usina del Arte.

Fue la primera gran usina de vapor de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, empresa de capitales suizos, encargada de alumbrar una parte de la ciudad de Buenos Aires, especialmente en donde estaban ubicados los inmigrantes italianos. El estilo de la construcción, que remedaba a los castillos florentinos, intentaba acercar a la impresionante cantifdad de italianos llegados al país, una imagen que les recordara su país natal.

La necesidad de extender la provisión de electricidad, motivó la construcción de numerosos edificios más pequeños, con ladrillos rojos y diseminados por diversos barrios de la ciudad, así como también en algunas zonas del Gran Buenos Aires. Se construyeron más de 200 edificios con estas características medievales, absolutamente diferentes del resto de la edificación existente.

Conformaron las usinas, subusinas y estaciones de la “Ítalo”, como se la conocía. Los característicos edificios no eran, iguales entre sí. Eran parecidos, con detalles arquitectónicos que variaba de uno a otro, pero siempre, plenamente identificables. Estuvieron activos durante la vigencia de la CIAE y a partir de 1979, al fusionarse a SEGBA SA, dejaron de prestar servicio por obsoletos y fueron cedidos a la Municipalidad, transformándose en una curiosidad edilicia de ese Buenos Aires quer se fue.

Fuente: http://www.diarioz.com.ar/#/nota/la-herencia-arquitectonica-de-la-compañia-Italo-Argentina.

Casasbellas, R. Una historia de corriente continua. La Nación, 16-03-1999.

El barrio, La ciudad, La inmigración, Realidades argentinas

JOSÉ BONOMI, EL ARTISTA OLVIDADO

José Bonomi nació en Cosenza, Italia, el 17 de junio de 1903.

Desembarcó en Buenos Aires en 1906 donde se radicó y desarrolló actividades de pintor, escenógrafo, grabador, dibujante y docente. Comenzó sus estudios de pintura con el profesor italiano Francisco Parisi, continuando en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”.

Siendo estudiante, colaboró en 1921 en la revista “Jockey Club” y en 1924 ilustró “La Venus calchaquí”, de Bernardo González Arrili. En 1925 ganó el Primer Premio en el Salón de Pintura y Grabado. Posteriormente ilustró el Suplemento Cultural de “La Prensa”, del que llegó a ser su Director.

Alquiló un taller en la calle Belgrano al 500, junto con el escultor español Pepe Lorda. . Colaboró en las revistas “Caras y Caretas”, “Plus Ultra”, “Martín Fierro” y “El Hogar”. Fue muy recordada la cubierta del libro “Lunario Sentimental”, de Leopoldo Lugones, obra realizada en 1926, cuando trabajaba en la editorial Gleiser y la de “El espantapájaros”, de Oliverio Girondo.

Ya fueran óleos, grabados, acrílicos, técnicas mixtas o dibujos, Bonomi adoptaba con seguridad el estilo que mejor convenía a los textos que debía ilustrar. En 1927 viajó a Europa, visitando Italia, Francia y España. Participó en Madrid de las tertulias del Café Pombo y por invitación de Ortega y Gasset, realizó una exposición en los salones de la Revista de Occidente. En París frecuentó al Grupo Argentino, donde se encontraban Héctor Basaldúa, Horacio Butler y Alberto Moreira.

En 1945, la Editorial “Emecé” comenzó a publicar la colección “El Séptimo Círculo”, dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Su primer tomo fue “La bestia debe morir”, de Nicholas Blake, al que siguieron alrededor de 200 títulos más, dedicada casi exclusivamente a temas policiales.

Una de sus características fue la  presentación en más de 300 tapas, de diseños geométricos, que combinaban lo abstracto con el cubismo, realizados por José Bonomi, durante casi 40 años para una colección que rescató las formas del relato clásico policial inglés, destacando la eficacia de una trama  ingeniosa y bien contada.

El atractivo de las cubiertas, fue buena parte del éxito  que obtuvo, al presentar las figuras como un enigmático rompecabezas. Bonomi leyó los libros, buscando elementos significativos que le permitieran simbolizar los conceptos, con un exquisito poder de síntesis, que jerarquizó la presentación de esa colección.

También ilustró colecciones de “Novelistas Argentinos Contemporáneos”, “Piragua”, “Las Puertas de marfil” y otras editoriales tan disímiles como “TOR” y la “Revista Sur”. En 1949 viajó a Florencia y Siena junto con María Esther, su esposa. Los talleres florentinos fueron siempre su fuente de perfeccionamiento.

En 1936 comenzó sus tareas como escenógrafo en el Teatro “Cervantes” con “La discreta enamorada”, de Lope de Vega, y dirección de Cunil Cabanellas. Le siguieron Cyrano de Bergerac y en 1957 “Los Mellizos de Plauto”. En 1975 presentó una muestra de sus trabajos en la Galería “Van Riel”. Tenía 72 años y fue su primera exposición importante en la Argentina.

El aporte de José Bonomi a la historia del arte, a través del diseño y la obra gráfica no ha sido suficientemente valorado. Este artista, vinculado a los personajes del movimiento renovador como Leopoldo Marechal, Lino Eneas Spilimbergo, Emilio Pettoruti y Xul Solar, supo dejar una impronta inolvidable en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Acciarressi, Humberto. Las tapas de Séptimo  Círculo y retrospectiva de José Bonomi. La Razón 08-09-2014.

http://www.lanacion.com.ar/1726165-intrigas-policiales-bellamente-ilustradas

Dansey, M.S. El arte de poner la tapa. Clarín 18-09-2014.

http://www.artehispano.com.ar/Jose_Bonomi_El_Septimo_Circulo.html

Artistas destacados, La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

TORCUATO DI TELLA

Torcuato Di Tella nació en 1892 en Capracotta, Italia.

En 1903 llegó a Buenos Aires, a la edad de 13 años. Su ingenio y su inventiva se mostraron con la invención de una amasadora de pan en 1911, a consecuencia de una huelga de panaderos. Tenía 18 años y a raiz del éxito obtenido creó la empresa “Sección Industrial Amasadoras Mecánicas”, conocida como SIAM, patentando la primera máquina para amasar pan.

Estudió en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1921. SIAM se transformó en una fábrica muy importante, al ser contratada por YPF para fabricar bombas de extracción de petróleo, oleoductos y surtidores de combustible, hasta 1930.

Por el golpe militar, le rescindieron el contrato con YPF, por lo que en 1932, se orientó a fabricar maquinaria industrial y heladeras comerciales. En 1935 fabricó las heladeras familiares SIAM, de gran impacto por el uso masivo, lo que le brindó un gran prestigio.

También lavarropas, cocinas, televisores, motonetas, furgonetas, grandes transformadores eléctricos, caños de acero y generadores para locomotoras diésel eléctricas. Empleó a más de 10.000 obreros en una gran fábrica metalmecánica ubicada en Avellaneda.

Representó a la Argentina ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT y fue docente de economía y gerencia de empresas desde 1944. Se casó con María Robiola y tuvo 2 hijos, Torcuato y Guido Di Tella. Falleció en Buenos Aires en 1948, a la edad de 56 años, cuando SIAM era el grupo industrial más importante de LatinoAmérica.

Su muerte dejó un hueco muy importante en la conducción de la empresa . En la década del 50, mediante un acuerdo con la firma italiana Lambretta, fabricó motonetas denominadas “Siambretta”. SIAM también fue famosa a partir de 1960 por la producción de automóviles, los SIAM-DiTella, basados en la tecnología inglesa del Riley 4, un sedan de 4 puertas con capacidad para 5 pasajeros. Fue el auto de la familia de clase media y de los taxistas.

En 1958 se fundó el Instituto Di Tella, para la educación de artistas locales y en 1991, la Universidad Di Tella, emprendimientos desarrollados por los ingenieros Torcuato y Guido Di Tella, quienes interesados en el aspecto cultural, no se ocuparon del manejo de la empresa.

En 1972 todo terminó cuando la empresa entró en bancarrota, siendo nacionalizada  por la enorme deuda que mantenía con el Estado. En 1986, la empresa fue desmembrada y vendida a los grupos empresarios privados Techint, Pérez Companc y Aurora Grundig. Los problemas de gestión sumados a los golpes de estado y las dificultades financieras, condujeron a la quiebra.

Torcuato Di Tella intentó transformar a la Argentina rural en una nación industrializada y moderna, con conceptos novedosos como la producción en serie y la organización científica del trabajo. Las heladeras SIAM y el famoso Di Tella 1500, fueron íconos de la industria argentina, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Siam_Di_Tella

http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2006/10/29/2-03515.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Torcuato_Di_Tella

La inmigración, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

LA EDITORIAL TOR

La Editorial TOR fue una editorial argentina creada en Buenos Aires en el año 1916.

Su fundador fue Juan Carlos Torrendell, nacido en Palma de Mallorca, España, el 25 de octubre 1895. Llegó a Buenos Aires en 1907. Trabajó en la Librería Editorial “La Facultad”, ubicada en Florida 359. El 16 de junio de 1916, cuando contaba 20 años de edad, fundó la Editorial TOR, con talleres en Río de janeiro 760 y locales de venta en las calles Florida y Maipú.

Las ediciones de TOR eran muy económicas, impresas en papel de diario, con tapas de papel satinado y dibujos anónimos en colores. Adoptó como frase emblema:”Contra viento y marea” y su nombre surgió de las tres primeras letras de su apellido.

El espectro de sus publicaciones fue muy amplio. Novelas románticas de M. Delly, César Duayen. Poesías de Amado Nervo. Obras de Stephan Zweig, Anatole France, Manuel Gálvez, Giovanni Papini, Marcelo Peyret, etc. Algunas publicaciones fueron consideradas en esa época, como de tono muy subido, que se leían a escondidas, tales como “Los pulpos”, de Marcelo Peyret; “Naná” de Emilio Zola y “Safo” de Alfonso Daudet.

En el catálogo de TOR se hallaba todo tipo de tema. Benito Mussolini con “El fascismo”; Adolfo Hitler con “Mi lucha” y Frankin D. Roosevelt con “Mirando adelante”, integraron su frondoso listado. Publicó obras de ensayo en su “Nueva Biblioteca Filosófica”, editando a Aristóteles, Platón, Erasmo de Rotterdam, Auguste Comte o Hipócrates, entre otros.

Los niños tenían a su alcance los cuentos clásicos como “Aladino y la lámpara maravillosa”, “Alí Babá y los 40 ladrones”, “Caperucita Roja”, “Gulliver en el país de los enanos”, “Pulgarcito”. ¿Quién no tuvo acceso a estos libros inolvidables de la literatura infantil? Leíamos los tomos varias veces y cada vez, nos gustaban más.

Fueron varias las colecciones especializadas. Los “Maestros de la Música”, en la década del 40, mostró las biografías de Beethoven, Mozart, Verdi, Massenet y otros. También la “Enciclopedia sobre obras de Sigmund Freud”, incluyó diez títulos.

Capítulo aparte es el de las novelas policiales, donde siempre recordamos las “Aventuras de Míster Reeder”, de publicación semanal con 64 páginas de extensión y más de 600 ejemplares publicados. Quedamos atrapados siguiendo las peripecias del inefable investigador del Procurador Fiscal, que no se desprendía de su paraguas, siempre cerrado pero conteniendo su arma, un trozo de llanta de goma.

La actividad de TOR se extendió desde 1916 hasta 1971. De Freud a Marx, Tarzán a Emilio Salgari o latinoamericanos famosos como Borges, Bioy Casares u Horacio Quiroga, integraron sus famosos títulos. Editorial TOR fue la más grande editorial de toda la historia en Latinoamérica; produjo más de diez mil títulos de libros y dos mil revistas de géneros diversos.

Fue factor de gran importancia en el ámbito cultural argentino. Nunca olvidaremos a esos libros amarillentos, ajados, de papel ordinario y mal cortado, que leimos en muchas oportunidades. Juan Carlos Torrendel fue un visionario con un espectacular sentido de la oportunidad. Cuando se estrenaba una película atractivas, TOR imprimía el libro pero con el título de la película. Lo hizo en 1933 con “El creador de mosntruos” y en “Tarzan de los monos”, publicando una extensa serie de novelas de Tarzan.

Desde su creación hasta 1930, no ofreció nada destacable. En1930 adquirió su primera rotativa, comenzando su época de oro hasta 1959. Publicaba uno o dos libros por día y no menos de 5 mil ejemplares por cada uno, para establecer un  relación costo beneficio favorable. Eso motivó su expansión a casi todos los países de Latinoamérica. El 70 % de la tirada, estaba dirigida al mercado externo.

Cuando se agotaban los libros de determinado autor, TOR contrataba a escritores nacionales quienes redactaban textos apócrifos con el nombre del autor original. Así ocurrió con Tarzán, con historietas basadas en Walt Disney, novelas policiales de Mister Reeder y Sexton Blake. En muchas ocasiones, superaban en calidad a las originales. Mister Reeder, creada por Edgard Wallace, encontró en Buenos Aires su réplica en los escritos firmados por John Traben.

Juan Carlos Torrendell falleció en Vicente López el 11 de marzo de 1961, señalando el comienzo de su recesión y caída, culminando con el cierre e la empresa en 1971. TOR tuvo una gran incidencia en el desarrollo de la cultura argentina, accesible a todo nivel en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.elarcadigital.com.ar/modulos/suplementos/articulos.php?

http://www.axon.com.ar/wiki/index.php?title=Editorial_TOR

http://josecalvino2002.blogspot.com.ar/2012/08/editorial-tor.html

La educación, La inmigración, Las Revistas Inolvidables, Vivieron en Buenos Aires

GERARDO BÖNNHOFF

Gerardo Bönnhoff, “laucha”, fue un atleta nacido en Berlín, Alemania, el 24 de junio de 1926.

Llegó a Buenos Aires en 1936 junto con sus padres, en calidad de inmigrante. En 1942, en los Campeonatos Nacionales de Cadetes, fue campeón en los 100 metros llanosy subcampeón en los 200 metros llanos. Al año siguiente, en el mismo campeonato, ganó en los 100  y 200 metros.

En 1945 se nacionalizó argentino, representando oficialmente a nuestro país. Fue uno de los grandes representantes argentinos a nivel nacional e internacional, estrella fulgurante en la época dorada del atletismo argentino.

Este velocista excepcional, estuvo rodeado de otros descollantes colegas como Delfor Cabrera, ganador en 1948, de la maratón en las Olimpíadas de Londres, uno de nuestros mejores fondistas. De Alberto Triulzi, el campionísimo de los 110 metros con vallas. De Noemí Simonetto, campeona en salto en alto. De Ingebord Mello de Preiss, en lanzamiento de la bala y del martillo.

Sus registros fueron notables en 100 y 200 metros, y Posta de 4 x 100 metros. La fama había comenzado el 1º de diciembre de 1945, en la pista del club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, ubicada en Palermo. En la final del Campeonato Nacional, marcó 10″ 3/10, record sudamericano para los 100 metros llanos, y a una décima por debajo de la marca mundial de Jesse Owens.

Se destacó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, donde fue finalista de los 200 metros llanos, ocupando el sexto lugar con una marca de 21″ 59 centésimos. Apasionado del atletismo, fundó el “Club Argentino de Atletismo”, entidad que llegó a presidir. Promovió torneos clásicos. Escribió en los diarios “Clarín”, “La Prensa” y en la revista “El Gráfico”.

Fundó la revista especializada “A sus marcas”, un verdadero archivo del atletismo argentino. En la década del 60, promovió el atletismo a nivel infantil, a través del “Torneo Escolar Billiken”.  Fue corresponsal de la revista alemana “Leichtathletik” y el mayor impulsor de la Estadística en Atletismo. Falleció en El Palomar. Provincia de Buenos Aires, el 28 de diciembre de 2013. Gerardo Bönnhoff representó a la República Argentina en las competencias de 100 y 200 metros llanos, siendo el mejor velocista de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.cada-atletismo.org./noticias_detalle.php?id=1622

http://www.sports-reference.com/olympics/athletes/bo/Gerardo-bonnhoff-1.html

La inmigración, Realidades argentinas

PEDRO GARCÍA Y LA LIBRERÍA “EL ATENEO”

Pedro García, un inmigrante español nacido en Logroño, integrante de una familia de libreros, fundó la librería y editorial “El Ateneo” en setiembre de 1912.

Su primera ubicación fue en la calle Victoria al 600 (hoy Hipólito Irigoyen). En 1936 se trasladó a Florida 371 y en 1938 se ubicó en Florida 340. Por sus salones pasaron personalidades de renombre nacional e internacional.

Pedro García incluyó en su catálogo editorial textos selectos de la literatura universal, pero por sobre todo, libros académicos de Medicina, Odontología, Farmacia y Bioquímica, Salud Pública e Higienismo, de edición nacional o extranjera, que se constituyeron en el área más sólida de su catálogo.

Durante nuestra etapa de estudiante universitario, las visitas a la sucursal ubicada en la esquina de Junín y Córdoba, fueron un destino obligatorio. Muchos de los libros recomendados, ahí se editaban, y se podía hallar también, libros de difusión más limitada. Una vez graduado, fue el sitio donde compré los libros de consulta, siempre necesarios.

En Florida 340 se realizaron las denominadas “Peñas de Escritores”, a las que concurrieron figuras de primera línea como Conrado Nalé Roxlo, Jorge Luis Borges, Manuel Mujica Lainez, Victoria Ocampo, Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea, etc. Posteriormente, el 21 de setiembre de 1969, se realizó la “Primavera de las letras”, jornadas en la que los escritores firmaban ejemplares de sus libros.

Fue el antecedente de la Feria Internacional del Libro, donde los lectores dialogaban con los autores y se llevaban un ejemplar autografiado. Durante la Guerra Civil Española, “El Ateneo” fue un sitio de libertad editorial, ya que se imprimieron obras pruhibidas por el franquismo.

La sucursal más espectacular es la ubicada en Santa Fé 1860, en la sede del viejo cine teatro “Gran Splendid”, considerada la segunda librería más importante del mundo. En 1998, se crearonn otras dos sucursales: una ubicada en Cabildo y Juramento y la otra, en Florida 629.

Pedro García falleció en Buenos Aires en 1948 y sus hijos Pedro y Eustasio continuaron eficazmente su obra, aumentando el número de sucursales en Amédica y Europa. En 2012, “El Ateneo” festejó su primer siglo de vida. La editorial y librería “El Ateneo”, creación de Pedro García, fue un centro literario indiscutido que mantuvo su vigencia como faro cultural en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20121111/cien-anos-historia-mundo-literario-argentino

http://www.diasde historia.com.ar/content/el-ateneo-celebra-hoy-su-centenario

La educación, La inmigración, La medicina de ayer

FEDERICO RIBAS

Federico Ribas Montenegro fue un dibujante y publicista español, nacido en Vigo, Galicia, el 26 de Octubre de 1890.

En 1908 llegó a Buenos Aires como un inmigrante gallego más, dedicándose al dibujo. Se relacionó con los dibujantes españoles José María Cao, pionero del humor gráfico en la prensa argentina, y Juan Carlos Alonso.

Fue uno de los grandes dibujantes de “Caras y Caretas”, “PBT” y otras revistas argentinas del Siglo XX como “Papel y Tinta”, “Crónicas de oro” y el periódico “Última Hora”, en la excepcional época de la industria gráfica argentina, aliada con la escritura periodística.

En 1912 viajó a París, donde se desempeñó como Director Artístico de la revista “Mundial”: También colaboró con “Le Rire” y “Elegances”. A raíz del comienzo de la Primra Guerra Mundial, volvió a España desarrollando actividades de ilustrador y dibujante en las importantes revistas “La Esfera”, “Nuevo Mundo” y “Blanco y Negro”.

Sentó las bases de la publicidad española al ser contratado por la Perfumería “GAL”, para realizar los anuncios y carteles para las campañas publicitarias, a partir del año 1916. Los más bellos carteles los realizó para los vinos “Jerez de la Frontera”, de las bodegas del “Marqués del Real Tesoro”.

En 1923 publicó viñetas en el “Faro de Vigo” y desde 1925, en “El Pueblo Gallego”. En 1929 fue director de una gran empresa de publicidad, cargo que se truncó con el comienzo de la Guerra Civil. El alzamiento contra la República del 18 de junio de 1936, lo sorprendió en Vigo. Decidió embarcarse hacia Argentina, llegando al puerto de Buenos Aires el 7 de noviembre de 1936.

Sus brillantes antecedentes y el recuerdo de su anterior estadía, motivó su contratación por parte del periodista uruguayo Constancio C. Vigil, siendo nombrado Director artístico de la  prestigiosa revista “Atlántida”. Denunció el terror franquista en Pontevedra, colaborando con su compañero en “Caras y Caretas”, Luis Seoane.

En la década del 40, ilustró varios libros de Constancio Vigil: “El niño y la música”, “El mono relojero”, “Alma nueva”, “El hombre y los animales”, “Botón tolón”, “La escuela de la Señorita Susana”, “Marta y Jorge”, “Muñequita”, “La educación del hijo” y “Los enanitos jardineros”. A fines de 1949, regresó a Madrid, España, recomenzando sus tareas publicitarias.

Sus dibujos influenciaron la moda y el maquillaje femenino. La obra de Federico Ribas se conserva en museos de Galicia y en las colecciones y archivos de “Prensa Española”. Falleció en Madrid el 11 de setiembre de 1952. Federico Ribas, uno de los grandes artistas gráficos españoles, vivió durante el primer tercio del Siglo XX en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.jerezsiempre.com/index.php/Federico_Ribas_Montenegro.

http://www.lahistoriadelapublicidad.com/protagonistas_ficha.php?codnot=312

Artistas destacados, El exilio, La inmigración, Vivieron en Buenos Aires

EL PATIO DE LOS LECHEROS

El Patio de los Lecheros era una antigua estación de tren, una playa de descarga y aprovisionamiento de leche.                                                                                                                    

Estaba ubicada en la intersección de las calles Donato Álvarez y Bacacay limitando con las vías del ferrocarril Sarmiento, entre los barrios de Caballito y Flores. Comenzó a funcionar a principio del siglo XX.

Fue la estación donde el tren traía la leche desde los tambos  ubicados en las afueras de la ciudad. Cada día, cientos de repartidores esperaban el tren para disponer de la leche que iban a vender por las calles porteñas, casa por casa. Muchos eran inmigrantes de diversos orígenes, pero con predominio de españoles.

Foto:http://caballito te quiero.com.ar/portal/2012/10/25/patio-de-los-lecheros

Los trenes cargueros se metían por el andén y a la mañana, bien temprano, llegaban los carros. Estos lecheros tenían convenido un servicio con el ferrocarril, con un canon mensual; diariamente dejaban los tambores vacíos y lavados, llevándose los que había traído el tren.

El procedimiento carecía de medios de protección bacteriológica, porque la única protección estaba representada por la tapa, sin ningún tipo de seguro que impidiera su apertura en cualquier momento. Los tarros se individualizaban con distintas combinaciones de colores, pintados en las tapas de los tarros.

Esta modalidad de trabajo estuvo vigente hasta la década del 60. En 1961 se prohibió la venta de leche sin proceso de pasteurización, lo que motivó la desaparición de esta forma de distribución y la del lechero, con el tradicional carrito y su caballo canchero. El Patio de los Lecheros fue la puerta de entrada de la leche para ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://caballitotequiero.com.ar/portal/2012/10/25/patio-de-los-lecheros

La ciudad, La inmigración, Personajes de la ciudad

EL EXILIO ESPAÑOL REPUBLICANO Y EL DIARIO CRÍTICA

La Guerra Civil Española, desarrollada entre los años 1936 y 1939, fue factor decisivo del exilio en la Argentina, de destacados profesionales e intelectuales españoles, que intentaron encontrar un sitio donde continuar sus actividades de docencia e investigación.

La Argentina, que había recibido a millones de inmigrantes desde 1880, cerró sus puertas a partir de 1930 para la llegada de judíos y exiliados republicanos. Argentina era el país ideal para los grupos intelectuales que llegaban de España. Los exiliados recordarían siempre la amabilidad del pueblo de Buenos Aires a su llegada, que los recibió con los brazos abiertos.

El gobierno argentino mostró poca predisposición para recibir exiliados republicanos, e incluso reformó los mecanismos de control para evitar su entrada al país. Se aconsejó no otorgar el visado si no se contaba con el certificado de buena conducta, que el gobierno de España no les otrogaría. Incluso se negó el ingreso a personas que ya tenían otorgado el permiso de desembarco. Miles de solicitudes de exiliados en Francia, fueron rechazadas.

El 5 de noviembre de 1939, llegó al puerto de Buenos Aires el transatlántico francés “Masilia”, transportando cientos de exiliados entre los que se encontraban 60 intelectuales, artistas, médicos, escritores como Rafael Alberti y María León, y cineastas republicanos como Gori Muñoz y Salvador Valverde.

Natalio Botana, director y dueño del diario “Crítica”, facilitó la estadía del grupo en Buenos Aires proporcionándoles a cada uno, un sobre conteniendo dinero para 2 meses, producto de haber ganado en el Hipódromo Nacional con su caballo “Romántico”, el “Gran Premio Carlos Pellegrini”.

La redacción del diario “Crítica”, vocero del bando republicano, fue un territorio frecuentemente transitado por los exiliados españoles. El diario de Natalio Botana, ubicado en la Avenida de Mato 1333, fue un medio de propaganda para la difusión de la causa. Fueron muchos los exiliados que recibieron su ayuda.

Botana organizó colectas populares para la Cruz Roja Española. Suscripciones populares a favor de la Comisión de Apoyo a los Intelectuales Españoles (C.A.I.E.), entidad clave para lograr el ingreso a la Argentina, de los científicos, profesores y universitarios alojados en los campos de concentración franceses.

Fueron importantes los reclamos al Gobierno Argentino para que se otorgaran visas a los exiliados españoles, a quienes se los consideraba una amenaza subversiva. También los diarios “La Prensa” y “La Nación”, acogieron a muchos de estos exiliados, quienes pasaron a integrar la plana habitual de redactores y editorialistas.

Los encuentros entre los bandos profranquistas y republicano se verificó en el escenario de la Avenida de Mayo, donde se enfrentaron primero de palabra, después a puñetazos, culminando con sillazos, provenientes de los cafetines de la zona, hasta que la policía los separaba.

La República Argentina se benefició con la llegada de expertos en distintas areas de la Ciencia y de las Artes, que ubicados en instituciones del país, prestigiaron con su conocimiento y experiencia, el desarrollo y perfeccionamiento de diversas disciplinas, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/medios-españoles-en…

http://www.informedoc.com.mx/cultura/2009/151611/6/buenos-aire…

El exilio, La inmigración, Los diarios, Realidades argentinas, Vivieron en Buenos Aires

COSTUMBRES Y SUPERSTICIONES DE LOS INMIGRANTES

La inmigración no solo trajo gente al país, sino también sus hábitos, costumbres y supersticiones.

Las primeras décadas del siglo XX se poblaron de creencias que sorprendieron nuestra infancia. La crianza de los hijos de inmigrantes se realizó dentro de estas características, absorbiendo todas las costumbres inherentes a cada grupo inmigratorio, muchas de las cuales han perdurado a través del tiempo y su evocación, siguen causando curiosidad.

Fue muy difundida la “protección” brindada por una pastilla de alcanfor, colocada dentro de una bolsita de género, que colgaba del cuello. Se le atribuían propiedades preventivas de las enfermedades respiratorias. Durante todo el invierno, vivíamos con esa bolsita con el alcanfor consumiéndose lentamente. Niños y adultos, “se beneficiaban” de sus propiedades exclusivas.

Las amenazas de padres y abuelos se centraban sobre la “víctima infantil” cuando se jugaba con astillas de madera encendidas porque se afirmaba que durante la noche, el niño se orinaba en la cama. Si algo así ocurría, con o sin fuego de por medio, un castigo corporal era el colofón.

El sarampión “brotaba” mejor, si se envolvía al niño con telas de color rojo, y se cubrían las ventanas con papel rojo. Los niños nacían en un repollo, o los traía una cigueña desde París. Pero los adultos también sucumbían a tradicionales costumbres para protegerse, como el hecho de evitar la mala suerte que sucedía cuando se barría la cocina de noche.

Las supersticiones referidas a la mala suerte impedían a muchas personas pasar por debajo de una escalera o embarcarse en día martes 13. En la búsqueda de la buena suerte, esas personas tocaban madera. Entre todas las creencias supersticiosas que hemos heredado preponderan las destinadas a protegernos del mal.

La herradura está considerada el más universal de los amuletos de la suerte, especialmente colgados sobre la puerta de entrada a la casa, ubicada con los extremos hacia arriba. Una de las supersticiones más extendidas sobre la mala suerte, es la rotura de un espejo, lo que anunciaba 7 años de mala suerte.

También sobre la mala suerte es el número 13, número de mal agüero, a tal punto que en los hoteles, no figura el piso 13; se pasa del 12 al 14 y algo similar ocurre en las líneas aéreas, donde esa fila no existe. Sentar 13 personas en una mesa era una aberración, porque uno de ellos moriría ese año.

Se señalaba que tener plumas de caburé en la casa, aumentaba el poder de seducción. Estas creencias y supersticiones, tuvieron fuerte vigencia en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://usuaris.tinet.cat/vue/supersticiones_1.htm

La inmigración, Modas y costumbres

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