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El Buenos Aires que se fue

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La infancia

PAN CON MIJO

Corría el año 1945. Cursaba el sexto grado de la escuela primaria. La Segunda Guerra Mundial estaba por concluir.

El hambre estaba plenamente instalada en muchos países de Europa y Argentina, era el “Granero del mundo”. A mitad de año, aproximadamente, comenzamos a observar que el pan blanco habitual, estaba cambiando su aspecto exterior; se parecía al pan negro.

La situación fue repitiéndose día tras día. Ese pan, no se parecía en nada al pan de corteza crocante y masa blanca y esponjosa, que era una delicia, siendo reemplazado por un pan de mala calidad, elaborado con una mezcla de harina de trigo, mijo y centeno.

Es cierto que el país, privilegiando la exportación de trigo a expensas del mercado interno, ordenó la mezcla de las harinas de trigo, creando un “pan de guerra”, llamado posteriormente, “pan cabecita”. No teníamos una información plena sobre este tópico, pero nuestra disconformidad y rechazo para el nuevo pan, eran más que evidentes.

Concurría al turno tarde en la escuela. En el segundo recreo, nos ofrecían un pan blanco pequeño, que debíamos empujar con algunos tragos de agua. Pero para deglutir los pancitos reemplazantes gris negruzco, era necesario algo más que el agua.

Ante el ofrecimiento, si bien aceptamos los panes, los arrojamos en el baño, donde estaban los mingitorios, con la colaboración espontánea de alumnos de otros grados. Lo cierto es que rápidamente se formó una montaña de pan empapada con orina, con un aspecto lamentable.

La escuela tenía dos porteros y uno de ellos, era gallego. Mientras estábamos en el baño, se acercó a nosotros, rojo de indignación, diciéndonos que mientras nosotros rechazábamos el pan tirándolo en los mingitorios, en España se morían de hambre. El pibe que me acompañaba, flaquito y muy excitado, le contestó al portero diciéndole:”Este pan es una porquería y no vamos a comerlo. Además, vivimos en Argentina, no en España”.

El portero no contestó y nosotros nos alejamos inmediatamente. El recreo había finalizado y nos sumergimos en el tema de la clase. Pero el episodio, breve y de mucha intensidad, nos dejó una huella que nos impactó profundamente, en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, La infancia, Realidades argentinas

EL BOLETO

Cursaba el 4º año del turno mañana en el Colegio Nacional Mariano Moreno.

Todas las mañanas, antes de entrar en el aula, las divisiones de 40 alumnos, formaban en el amplio patio de la planta baja, durante la ceremonia del izamiento de la bandera a cargo del mejor alumno, a los sones de la canción “Aurora”.

Ya en plena formación y mientras esperábamos el comienzo de la canción “Aurora”, observé un boleto de tranvía en el suelo, a un par de metros de donde me encontraba. De pronto, se acercó el Sr. Vicerrector y me ordenó que lo levantara. Su indicación me molestó y contesté: “-No lo levanto porque no lo tiré”. Él iInsistió con un tono imperativo. Yo sentía a los cientos de ojos de los estudiantes observando esa escena.

Mi rostro estaba enrojecido, por una mezcla de indignación y temor, pero mantuve mi negativa en firme. El Señor Vicerrector me preguntó en que año y división me encontraba, y se alejó. Ya en el aula, al cabo de 10 minutosde clase, apareció el Señor Vicerrector, solicitándole a la profesora que se retirara porque “tenía que conversar con el alumnado”.

Inmediatamente se dirigió a mí, preguntándome donde vivía y porqué concurría a ese colegio. Vivía en Ciudadela desde hacía un año, a 7 cuadras de la estación de tren. Hasta un año antes, había vivido en la misma manzana del Colegio y desde mi casa, escuchaba el sonido del timbre de entrada. El Vicerrector señaló que, por razones de distancia, tenía que cambiar de colegio, que era mejor para mí y para el colegio, porque así se evitaban disturbios.

Contesté que no tenía la intención de hacerlo. Finalizó sus comentarios indicándome que al finalizar el día de clase, concurriera a la Vicerrectoría. Así lo hice y cuando se retiró el último alumno y en el Colegio no había nadie, apareció el Vicerrector preguntándome :-¿Qué hace Ud aquí?. Contesté que él me había citado y entonces, cambiando su voz dijo:”A Ud no le gusta que lo basureen, pero tiene que colaborar. En lo sucesivo, procure tener un espíritu más elevado de colaboración. Puede retirarse”.

Desde la Vicerrectoría hasta la puerta de salida, había una distancia de 100 metros aproximadamente. En ese lapso rebobiné las experiencias contraproducentes de esa mañana. Y de pronto, me sentí en paz. Al abrir el portón que me separaba de la calle, un griterío me impactó. Casi toda la división estaba esperando mi llegada, acosándome con todo tipo de preguntas. Contesté en el medio de una rueda.

Con el recuerdo de palmadas en la espalda y múltiples exclamaciones, cerré un día de clase inolvidable en el Colegio Mariano Moreno, en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, La educación, La infancia

EL OTRO PAN

No eran muchas las variedades de pan que se vendían en las panaderías durante las décadas del 30 y del 40: pan francés, pan flauta, pan de Viena, pan criollo y pan pebete con el agregado de las facturas.

Se lo compraba directamente en el negocio o bien, a través de repartidores que lo acercaban a los clientes en su domicilio. Pero el aporte inmigratorio trajo al país otras variedades de pan, que no se hallaban en las panaderías tradicionales.

La comunidad italiana introdujo los tradicionales panes del sur de Italia. Pero no era fácil conseguirlo. Algunos días de la semana, recorría las calles del barrio un triciclo con su caja metálica brindándonos el “Pan casero”, que se cortaba apoyándolo sobre el pecho, obteniendose una tajada de un centímetro de espesor.

Solo o con manteca, era un manjar cuyo olor y sabor recordamos con nostalgia. También podíamos degustar las “fugazzas, con o sin cebolla”. Se cortaba igual que la pizza pero se abría como un libro, y la imaginación y el buen gusto, definían que agregar a ese pan blando y sabroso que tanto disfrutamos.

A medida que pasaron los años, fue desapareciendo el repartidor de ese pan peninsular y sólo quedó un local ubicado en la Avenida Independencia, en la vereda de los números pares, donde podemos reencontrarnos nuevamente con el pan casero, las fugazzas y las roscas con anís, que nos hacen evocar al Buenos Aires que se fue.

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LOS AMIGOS DE LA VEREDA

Durante mi infancia viví en la calle Billinghurst, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre.

Los compañeros de juego de todos los días, vivían en esa cuadra, en esa vereda. La cosa cambiaba cuando se acercaban a participar de los juegos, pibes de otras cuadras o de la vuelta, aunque vivieran en la misma manzana. No era la misma relación.

Se forjó una amistad diaria con Alberto, que vivía en la carbonería. Tenía los ojos de distinto color, con aspecto achinado. Le quedó como apodo “el Chino”. Rápido e inteligente, jugaba muy bien al fútbol. Supimos compartir muchas buenas horas.

En la mitad de la cuadra vivía un tucumano, siempre vestido con un mameluco azul, “el Nino”. Estudiaba el armado de aparatos de radio, en la organización “Radio Instituto”, que al finalizar el curso premiaba al estudiante regalándole el último receptor armado. Nino era otro brillante exponente del fútbol, que habitualmente jugábamos en el potrero, o en los galpones del Ferrocarril Oeste, sobre la calle Bartolomé Mitre.

En el número 80 de Billinghurst vivía el hijo del Dr. Frydman, que no participaba de los juegos en la vereda. Más retraído, prefería jugar en su casa, donde en más de una ocasión, nos pidieron silencio porque era hora de consulta.

Al lado, en el número 82 vivía Alfredo con su tía. Era un campeón jugando al balero o a las bolitas, absolutamente invencible. Pero jugando alfútbol era un desastre y su torpeza se reflejaba en la cantidad de patadas que pegaba. Jugar al fútbol con Alfredo, era una aventura de final conocido, porque finalizaba a las trompadas.

Cerca de la esquina de Bartolomé Mitre, vivía Yamilio, que cuando hablaba “le patinaba la erre” y pronunciaba “gue”. Era de ascendencia judía, de Europa Central, y en su casa jugaba con un billar de juguete, que tuve ocasión de compartir. Nunca se integró al grupo de las vereda y no poseía ninguna habilidad para jugar al fútbol.

En la esquina de Bartolomé Mitre, estaba la carnicería donde vivía Amado. Era el de menor edad, pero siempre intentó y logró integrarse al grupo de amigos de la vereda. Muy rubio, de piel muy blanca, participaba de todos los juegos. Tenía una hermana mayor que acostumbraba pasear por el barrio con el novio de turno, para finalizar su recorrido en la puerta lateral de la carnicería. Uno de esos novios fue un famoso boxeador, que participó en las Olimpíadas de Londres en 1948, destacándose por su valentía. Lo ví en varios combates realizados en la Federación Argentina de Box, en aquél Buenos Aitres que se fue.

El barrio, La infancia, Los juegos, el fútbol

LA SAETA RUBIA

Al comienzo de su carrera futbolística, Alfredo Di Stéfano fue llamado “La Saeta Rubia”.

Sucedió en el año 1947, durante su período en el club River Plate. Di Stéfano había nacido en Barracas, el 4 de julio de 1926. A los 17 años se probó en River siendo aceptado. Jugó en las divisiones inferiores, ocupando varios puestos como delantero.

En 1945 debutó en Primera División jugando sólo un partido. En 1946 jugó a préstamo en el club Huracán regresando a River en 1947. Ese fue el año de su consagración. Le tocó reemplazar al Maestro Adolfo Pedernera, un habilidoso jugador con el manejo de ambas piernas y muy potente en los remates.

Pero Di Stéfano cambió la fisonomía de esa delantera inolvidable integrada por Reyes, llegado del club Racing en reemplazo de Juan Carlos Muñoz; Moreno, Di Stéfano, Labruna y Loustau. La velocidad de Di Stéfano llevando la pelota, lo transformó en “La Saeta Rubia”. El arquero Grisetti pasaba la pelota con las manos al back izquierdo Luis Ferreira, quién rápidamente la cedía al número 6, José Ramos. Di Stéfano recibía el pase ubicado en el círculo central y entonces, comenzaba el otro espectáculo, su show exclusivo.

Inicaba una carrera vertiginosa hacia el arco contrario, eludiendo a la carrera a los defensores que iban apareciendo. Al llegar al borde del área, disparaba uno de sus “taponazos” inolvidables, que se transformaban en gol. Esta maniobra de como llegaba al gol, se repitió muchas veces durante ese año 1947, a tal punto, que cuando recibía la pelota en el centro de la cancha, la hinchada en la tribuna se paraba  comenzando a gritar el gol, que aún, no se había producido.

Pero la “Saeta” era imparable, y el taponazo esperado, se producía en el momento justo, provocando una gritería ensordecedotra, que hacía temblar el cemento del “Estadio Monumental”. Estas situaciones las vivimos en ese inolvidable 1947, cuando River ganó todo y el goleador fue Di Stéfano.

Al año siguiente jugó 23 partidos y 12 en 1949, cuando se desató un conflicto en el fútbol argentino que motivó el alejamiento de Di Stáfano junto con más de 50 jugadores, quienes se incorporaron , en su mayoría, al fútbol de Colombia. Di Stéfano lo hizo en el Club Los Millonarios, donde permaneció 4 años.

A partir de 1953 comenzó su período europeo en el Real Madrid. Nos dejó para siempre el 7 de julio de 2014. Su habilidad, su velocidad y su capacidad goleadora quedaron estampadas para siempre en el gran River Plate de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2014/07/07/actualidad/

http://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Di_Stefano

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EL METRO CUADRADO

Algunas tareas para el hogar indicadas en la escuela, no podían cumplirse para el día siguiente.

Entonces pedíamos auxilio a nuestros padres, para poder  resolverlas. En la mesa del comedor, cubierta con un mantel de hule con un dibujo cuadriculado, resolvíamos a diario todas las tareas escolares. No era un sitio aislado, dado que confluían simultáneamente, otras actividades.

Una radio encendida, trasmitía una novela, mientras mi madre planchaba sobre una mesa exclusiva para esa labor. Uno de mis hermanos, estudiaba piano y sus lecciones, ocurrían siempre a la misma hora. Recibir el auxilio de mis padres no era sencillo: papá trabajaba fuera de mi casa y mamá estaba ocupada con las tareas hogareñas.

El tema asignado fue “El metro cuadrado”. Debía disponer de una hoja de papel glacé de un metro cuadrado de superficie y dividirla en 100 cuadrados de 10 centímetros de lado. El marcado del papel en 100 cuadrados iguales realizado con un lápiz, no era sencillo. No disponía de una regla superior a un metro de longitud, y el marcado de la hoja debía ser exacto para lograr la total igualdad en el plegado.

Era un trabajo para ser realizado por más de una persona, poniendo mucho esmero para que la tarea fuera exitosa. Fue mucho el tiempo que demandó el plegado correcto para obtener la uniformidad en el resultado final.

Cercana la medianoche, yo era sólo espectador, pero el cuadrado de diez por diez centímetros, estaba listo. Fue una labor realizada totalmente por ellos y yo, fui impotente para dar un paso positivo. Ese día, mis padres realizaron muy bien los deberes que me encomendaron en la escuela, de ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La educación, La infancia

CONSTANCIO C. VIGIL

Constancio Cecilio Vigil, fue un escritor especializado en literatura infantil, nacido en Rocha, Uruguay, el 4 de setiembre de 1876.

Comenzó su carrera periodística a los 15 años creando el periódico “El Derecho” y cuatro años más tarde, el Semanario “La Alborada”. Le siguió el diario “La Ley”, clausurado en 1903 por razones políticas, hecho que decidió su radicación en la Argentina.

En 1904 fundó la revista “Pulgarcito”, que contenía una sección infantil y en 1908 “Germinal”, revista dedicada al  agro. En 1911 fundó, conjuntamente con Alberto Haynes, la revista “Mundo Argentino”. El 7 de marzo de 1918 publicó la revista “Atlántida”, dando origen a la Editorial Atlántida, que llegó a ser líder en el mercado de revistas.

Fue responsable de la aparición de “El Gráfico”, el 30 de mayo de 1919, dedicada a los deportes; “Billiken”, el 17 de noviembre de 1919, dedicada a los niños en edad escolar; “Para Tí”, el 16 de marzo de 1922, dedicada al mundo de la mujer; “Tipperary”, el 18 de aabril de 1928; “Chacra”, en 1930; “El golfer argentino”, en 1931; “Vida nuestra” en 1932. Editó la “Colección billiken” con biografías de los grandes hombres de la historia y la cultura.

Durante toda nuestra vida escolar, estuvimos muy bien acompañados por la revista “Billiken”. En sus páginas, se reflejaron los distintos temas de estudio, que se presentaban en forma paralela al desarrollo del programa lectivo oficial. La coincidencia permitía “enriquecer” las tareas con el agregado de fotos y dibujos publicados, que trasladábamos directamente de la revista al cuaderno de clase, mediante el auxilio de bencina, dejando una reproducción más que aceptable.

En las páginas de “Billiken”aparecía la promoción de los libros y cuentos de Vigil. Entre éstos, “Misia Pepa”, una lora parlanchina; “El Mono Relojero”; “La Hormiguita Viajera”; “La Dientuda”, una ratona; “La Familia Conejola”; “Los Chanchín”; “La moneda volvedora”. Entre los libros se destacaron “Cartas a gente menuda”; “El Erial”, un compendio de reflexiones;”Vida Espiritual”; “Marta y Jorge”, un libro para adolescentes; el famoso “Upa!”, texto para aprender a leer. Muchos de estos cuentos y algunos libros, fueron ilustrados por el dibujante español Federico Ribas.

Constancio C. Vigil falleció en Buenos Aires el 24 de setiembre de 1954. Tres mil escuelas, aulas y bibliotecas llevan su nombre. Este extraordinario periodista, escritor y editor, propuesto para el Premio Nóbel de la Paz, vivió en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Constancio_C_Vigil.

http://www.enlacesuruguayos.com/Billiken.htm

El exilio, La educación, La infancia, Vivieron en Buenos Aires

EZIO GUGGIARI Y LOS EG TOYS

Ezio Guggiari fue un fabricante italiano de juguetes establecido en Argentina.

Fue el creador de la firma E G Toys, fabricante de figuras de plomo ahuecado, de un tamaño similar al de los soldaditos de plomo de origen inglés. Sus juguetes representaban figuras de una chacra, aparecidas a partir del año 1944, en plena Segunda Guerra Mundial.

En una época en la que los juguetes de los niños argentinos, eran de origen extranjero, Guggiari encaró la fabricación de estas figuras cuando no existían antecedentes de fabricación nacional, conjuntamente con la escasez de juguetes extranjeros, motivada por los sucesos bélicos.

Foto: La Nación 16-06-2012

En 1944 comenzó con la presentación de “La Chacra de Don Fabián”, colección de personajes, animales y construcciones existentes en el campo. La colección fue ampliándose incorporando la pulpería, el tambo, el ombú, el domador, etc. Estaba basada en la “Model Farm Series”, de la firma inglesa William Britain Ltd, que desde el año 1920, fabricaba campesinos, caballos, vacas y demás integrantes de la granja, trabajados minuciosamente y pintados con vistosos colores.

El incremento en la cantidad de piezas, fue la razón por la que la “Granja” se transformó en una “Estancia Argentina”, constituyendo un atractivo presente en las vidrieras de las buenas jugueterías. Se llegaron a completar más de 400 piezas de la serie EG Toys, que estuvo vigente hasta fines de la década del 50, cuando cerró la firma.

Para esa época, se habían agregado las series correspondientes al zoológico y la estación de trenes. La artesanía de Ezio Guggiari pasó a ser motivo de culto para los coleccionistas de juguetes de plomo, quienes no pierden la oportunidad de rastrearlos, en las diversas ferias dispersas por Buenos Aires y alrededores.

Fuente: Sanguinetti, Roque: Una estancia de juguete para que los niños sean felices. La Nación, 16-06-2012

La infancia, Los juegos, Personajes de la infancia

“EL AGUILUCHO” Y EL AEROMODELISMO

“El Aguilucho” fue una casa comercial ubicada en la calle Maipú 273, especializada en la venta de equipos y  herramientas para Aeromodelismo.                                                  

El Aeromodelismo es un deporte derivado de la técnica de construcción y vuelo de aeroplanos de pequeño tamaño, los llamados aeromodelos a escala, realizados con madera balsa, fáciles de construir y de bajo costo a la hora de reunir los materiales.

En esas primeras épocas, el método de propulsión era con el motor a goma, es decir, un haz de gomas que recorría el fuselaje, enganchado a la cola y a la hélice. Retorcido manualmente hasta quedar tenso, se liberaba la hélice que al girar, hacía avanzar el modelo. Eran los aeromodelos de vuelo libre y autoestables.

Foto: Juan Carlos Pesce

En 1935 se organizó un concurso de Aeromodelismo con la inscripción de más de 200 concursantes. Fue el punto de arranque para la creación de clubes en todo el país. En 1937, la revista “El Gráfico” agregó una “Sección de Aeromodelismo” a cargo de Roberto Desirello “Flap”, que se agregó a otras publicaciones de la época como “Aviación Popular”, “Rutas del Aire” y “Aeromodelismo”, dando origen a llamada “Edad de oro en el Aeromodelismo argentino”.

Las casas vendedoras en este rubro como “El Aguilucho”, “Telmac”, “Aero Argentina” y otras, organizaron concursos que popularizaron la práctica de este deporte. El 18 de Febrero de 1950 se constituyó la Federación Argentina de Aeromodelismo.

Eran clásicos los certámenes infantiles que se realizaron los días domingos en distintos sitios de la ciudad de Buenos Aires. La semana previa al certamen, un extraño camión entregaba para armar el kit del “Dédalo”, junto con el carnet de identificación y el material de promoción. La actividad era muy intensa, ya que se entregaban hasta 500 modelos por fecha. Se concursaba sobre la mayor distancia recorrida. “El Aguilucho” de Oscar Madrid, fue la pionera en divulgar y estimular la práctuica del aeromodelismo en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.faa.org.ar/un-poco-de-historia/

http://www.e-aeromodelismo.com.ar/Notas/jnewbery/index.htm

Pesce, Juan. Así comencé. http://www.apaca.com.ar/

http://es.wikipedia.org/wiki/Aeeromodelismo

La infancia, Los entretenimientos, Realidades argentinas

LA POLIOMIELITIS EN BUENOS AIRES

La poliomielitis es una enfermedad infecto contagiosa que afectó a gran cantidad de personas durante la primera mitad del siglo XX.

En 1942-43 se produjo un brote epidémico que registró 2 mil casos, solo en la ciudad de Buenos Aires. El conocimiento de la existencia de enfermos, provocaba el éxodo de la población infantil. No solo era importante la mortalidad de los casos severos, sino la gran cantidad de personas  que sobrevivían con secuelas y capacidades funcionales notablemente disminuidas.

La carencia de información oficial, favoreció la diseminación del virus en los diferentes centros de veraneo con gran afluencia infantil. Los hospitales no estaban preparados para el cuidado de enfermeos con polio. En 1943 surgió ALPI (Asociación para la Lucha contra la Parálisis Infantil), un centro privado que atendió gratuitamente a pacientes con discapacidades motoras y secuelas de poliomielitis.

En 1953 se oprodujo un brote que afectó a 2579 personas, de las cuales 1300, correspondierona Buenos Aires. El 70 % de los pacientes tenían entre 0 y 4 años. Una severa epidemia ocurrió en el años 1956/57 con la producción de 6500 casos registrados. Buenos Aires fue muy castigada ya que la cantidad de personas afectadas alcanzó cifras importantes.

Eran épocas en las que la vacuna Salk, descubierta en 1955, estaba en plena producción y los diarios matutinos, relataban día a día los avances y efectos de la inoculación. En el interín, en un afan por evitar la propagación de la enfermedad, se gestó un movimiento espontáneo y solidario para realizar higiene dentro y fuera del hogar.

Los vecinos, autoconvocados, procedían en horas de la tarde a lavar las veredas y calles con agua lavandina jabinosa, mientras otros pintaban con cal, los troncos de árboles y los cordones de las veredas. También recurrieron al uso de la bolsita de alcanfor y al hervido del agua para consumir. No recuerdo haber visto tan limpias a las calles y veredas de Buenos Aires. Fue una ola que se extendió a una velocidad inimaginable. Se realizaron colectas colocando alcancías en los cines y negocios, rifas, “te canasta”, desfiles y kermeses, a fin de recaudar fondos para las instituciones privadas.

La poliomielitis fue una importante causa de invalidez y muerte infantil hasta mediados de la década de 1950, cuando la vacuna Salk primero, y la vacuna Sabin después, lograron prevenir a la polio en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851-826520120004000….

Aquellas enfermedades, El barrio, La infancia, Realidades argentinas
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