El Buenos Aires que se fue

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La educación

EL GRABADOR GELOSO

El Geloso, fue un grabador de cinta abierta aparecido en Buenos Aires en la década del cincuenta.

Era pequeño, sencillo y limitado en sus posibilidades. Tenía dos velocidades: 4.5 cm y 9.0 cm por segundo, con carretes pequeños, lo que aseguraba emisiones de corta duración.

Fue la primera experiencia que viví, sin conocimientos previos y dispuesto a grabar de todo: recuerdos de familia, música, textos de estudio, etc. Lo compré en cómodas cuotas , única posibilidad de tener acceso al mismo. Su llegada fue todo un éxito.

Los familiares cercanos dejaron registrada su voz y sus cantos, recibiendo una aguda sorpresa al escucharse por primera vez. Era muy distinta la percepción que cada uno tenía de su propia voz. La diferencia era muy notoria y una pregunta se repetía:-¿ Ésa es mi voz?, Qué distinta- decían.

Como no disponía de un cable adecuado para grabar directamente desde la fuente emisora, grababa con los sonidos ambientales. Un día de tormenta, estaba registrando música de Chopin, que se emitía por la radio. La grabación fue una verdadera sorpresa ya que la conjunción de ambos sonidos, la música de Chopin y la lluvia, se amalgamaron para lograr una grabación original, impensada y atractiva.

La modestia de este primer modelo de Geloso, me permitió grabar cintas con música ambiental, que me acompañaron durante muchas horas en el estudio y el trabajo, en ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La educación, Los entretenimientos

EL PARQUE AVELLANEDA

El Parque Avellaneda, también conocido como Parque Olivera, está ubicado en las calles Lacarra y Directorio, en la ciudad de Buenos Aires.

Foto: Gobierno de la Ciudad

Lo conocí durante una excursión escolar en bañadera(*), cuando cursaba la escuela primaria. Fue mi primera vez en un parque que tenía atracciones inolvidables.

En los juegos infantiles, destaco los toboganes, los más grandes y elevados de la Ciudad. Superaban ampliamente a todos los que había conocido. Eran tres toboganes impactantes, ya que el más pequeño, superaba en tamaño a los más grandes de otras plazas y parques.

Siempre tengo presente la sensación vivida al ascender por una escalera muy elevada, que conducía a la plataforma del gran tobogán, que no era recto sino con una amplia curva en el tercio inferior de su recorrido, a los efectos de mitigar la velocidad del descenso.

Los restantes juegos como el sube y baja, la calesita manual, hamacas y pasamanos, completaban el área de entretenimiento infantil. También circulaba un trencito, como el de Luján. Recorría todas las instalaciones permitiendo comprobar su extensión y la disposición de las distintas instalaciones.

Diez centavos era la tarifa, para cada vuelta, experiencia que no dejamos de cumplir. El parque estaba totalmente cercado. Las pocas puertas de entrada obligaban a caminar trechos largos para localizarlas. Cuando ingresé a primer año en la escuela secundaria, regresé al Parque, a los efectos de cumplir con el programa de Educación Física.

Así conocí la cancha de fútbol, sin pasto y los fríos vestuarios con duchas de agua fría exclusivamente. Bañarse en invierno, después de finalizada la clase de gimnasia y prácticas de fútbol, era un acto de guapeza que nadie, se atrevía a cumplir.

Al año siguiente, las clases de gimnasia se trasladaron a la filial Palermo del club Gimnasia y Esgrima. Nos encontramos con tres grandes novedades: la cancha de fútbol, tenía pasto; los arcos tenían redes y las duchas del vestuario, agua caliente. Habíamos llegado al paraíso, un paraíso en aquel Buenos Aires que se fue.

*) bañadera: Especie de ómnibus, descapotado en verano y cubierto en invierno, con capacidad para transportar a todo el pasaje sentado. No era posible viajar parado. Muy populares en la década del 30 y 40.

La educación, La infancia, Los juegos, el fútbol

MI PROFESORA DE INGLÉS

Cuando aun no había finalizado la escuela primaria, comencé a estudiar inglés con Miss Dennehy.

Era una persona mayor que vivía con dos hermanas. Su domicilio estaba ubicado a cuatro cuadras del mío, en Valentín Gómez esquina Billinghurst, en la ciudad de Buenos Aires.
Era una típica casa chorizo, en muy buen estado, colmada de macetas con plantas y flores. En el fondo se hallaba el comedor, que tenía una gran mesa oval de madera, cubierta por un paño verde, donde recibía mis clases.
No estábamos solos, porque una hermana discapacitada cuyo nombre no recuerdo, permanecía siempre sentada. Escuchaba todo el desarrollo de la clase pero jamás interrumpía.
Miss Dennehy era muy especial para dictar sus clases. Me indicó adquirir un libro básico “First steps in english” (Primeros pasos en inglés), de Mme. Cammerlynck, un libro de tapa roja con letras negras, dirigido a franceses que estudiaban inglés.
La edición era viejísima, de 1912, con ilustraciones muy antiguas. Nunca comprendí porqué eligió un libro que no tenía ninguna vinculación con los programas de la escuela secundaria, ya que los temas abordados eran completamente distintos.
Para la pronunciación, no utilizaba los signos de fonética, sino la repetición. Ella pronunciaba y yo, repetía, tantas veces hasta que quedaba conforme.
Al comenzar la clase debía rezar el Padre Nuestro y el Credo. Fue lo primero que me enseñó y jamás dejó de hacerlo. Yo repetía lo que ella decía. Una vez finalizados comenzaba la clase propiamente dicha.
Este ritual se repitió dos veces por semana y me introdujo en el conocimiento elemental del idioma inglés, en una vieja casona de ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Personajes de la infancia

LAS TRABAJADORAS DE CUELLO BLANCO

Durate las décadas del 30 y del 40, se registró un crecimiento importante del trabajo femenino en tareas administrativas.
Las empleadas de escritorio, dominaban técnicas comerciales como la mecanografía y la taquigrafía, que se realizaban en las oficinas. Vestidas con esmero, cuidaban su apariencia externa y su veatimenta incluía una camisa o blusa con cuello blanco.
Si bien estas tareas eran de poca jerarquía, con salarios menores a los que percibían los hombres para tareas similares, fueron en muchas oportunidades una etapa que finalizó camino del altar, contrayendo matrimonio con un compañero del trabajo.
Las mejores posiciones alcanzadas en su trabjo fueron como secretaria, del jefe o del gerente. Las décadas del 40 y 50, se caracterizaron por una gran demanda de trabajadoras de escritorio, consecuencia de la expansión estatal a nivel de las actividades comerciales, productivas y financieras.
La habilidad en el manejo de la máquina de escribir, fue la clave responsable del aumento de la productividad. Tener la habilidad de escribir al tacto con los 10 dedos sin mirar el papel, fue sinónimo de eficacia y agilidad.
Habitualmente, estas empleadas habían completado su educación primaria en una escuela estatal. Posteriormente ingresaron a una institución privada para aprender mecanografía y taquigrafía, siendo la “Academia Pitman”, la más frecuentada, como consecuencia de su propuesta de cursos con salida laboral incluida.
Para ingresar a estos trabajos, las mujeres debían tener la autorización del padre, si eran menores de edad, o del marido, si eran casadas. En este último caso, además del trabajo debían cumplir con todas las tareas domésticas.
Las trabajadoras femeninas de cuello blanco, constituyeron una etapa trascendente en el ámbito laboral de aquel Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación

Los pibes nacían en París y los traía la cigüeña.
También se afirmaba que nacían en un repollo, pero la llegada de la cigüeña, era indudablemente, la más aceptada. Esta versión era el principio y fin del tema relacionado con el nacimiento de los niños.

No se hablaba de educación sexual, no se contestaban con sinceridad todas aquellas preguntas que surgían espontáneamente en la mentalidad infantil. A la cigüeña la veíamos en el Jardín Zoológico y asociábamos su aspecto con la clásica imagen del bebé sostenido por el pañal, en pleno vuelo, mientras buscaba la casa donde sería depositado.
Los dibujos que mostraban a la cigüeña volando con el bebé colgando de su pico, contrastaba con las fotografías que mostraban a las cigüeñas en sus nidos, armados sobre un techo o en el hueco de una chimenea, en países de Europa.
La leyenda europea según la cual la cigüeña es el ave responsable de entregar los bebés a sus padres, se popularizó con el cuento “Las cigüeñas”, de Hans Christian Andersen, publicado en el Siglo XIX. El vínculo tradicional con el recién nacido, continuó con su uso en la publicidad de pañales y tarjetas de nacimiento. La cigüeña volaba a veces, con una gorra similar a la de los carteros.
Esta leyenda ha estado ligada a una necesidad psicológica, al evitar hablar del sexo y la procreación de los hijos.
Hasta que un día surgió la versión de que papito le ponía a mamita una semillita, que crecía y crecía, hasta que un día nacía el hermanito, pero ésta, no es la versión que se contaba en aquél Buenos Aires que se fue.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/ciconia_ciconia

La casa, La cuestión social, La educación, La infancia, Personajes de la infancia

LA REVISTA FEMENINA ROSALINDA

“Rosalinda” fue una de las revistas femeninas que guiaron el conocimiento que las mujeres tenían del país, de América y del mundo durante las décadas del 30, 40 y 50.
Apareció en octubre de 1931, lanzada por la Editorial Bell. “La Revista Mensual para la Mujer y el Hogar”, fue dirigida durante 9 años por la famosa periodista Elsie de Rivero Haedo, más conocida por Verónica Carreño.
Sus temas habituales eran labores de tejidos, bordados y costura; recetas de cocina, consejos prácticos para el hogar y soluciones a los problemas de la casa. Limpieza y conservación de los enseres domésticos. Consejos para la conservación de la belleza. La decoración del hogar, las modas y los horóscopos. “Rosalinda” estaba dirigida fundamentalmente a gente de la ciudad.
Sus temas se resumían en 5 capítulos: 1) Cuentos y Novelas: “Amor prohibido”, “La casa vacía”. 2) Artículos y Notas: “Calor de hogar”, “El despertar de la mujer”, “Jardines en la terraza”. 3) Secciones: “Decoración”, “El Club de la Cigüeña”, “Lecciones de Corte y Confección”, “Rosalinda y sus amigos”, “Para ver y oir”, “Cartas a la redacción”. 4) Labores: “La caja de los regalos”, “Adornos para las toallas”, “Monogramas en la ropa de cama”, “Almohadones”. 5) Modas. Se incluía a veces, una novela corta, romántica y un capítulo especial para los Correos Sentimentales.
Las revistas femeninas argentinas como “Rosalinda” se ocuparon poco de los grandes sucesos bélicos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Alejadas del momento histórico, se pensaba en el bienestar de la casa y en el mantenimiento de la elegancia, situación que contrastaba con el activo papel que en esa época, desempeñaba la mujer de Europa y Estados Unidos en la industria de guerra, reemplazando a los hombres que se encontraban en el frente.
Se destacaba netamente el papel que la mujer debía desempeñar como madre y esposa dirigiendo el hogar, permaneciendo en él, siendo amable con su marido e hijos, constituyendo el pilar de su educación moral.
Establecía un diálogo con las lectoras, aconsejando a través del “Correo de Lectores”. Se destacaban los inconvenientes para el hogar, provocado por la mujer que trabajaba fuera de la casa, cosechando amarguras. La mujer, antes que obrera, costurera u otra cosa, debía ser madre, cuidando y educando a sus hijos.
Este mensaje era el “lei motiv” de esta revista femenina en una época de grandes cambios, especialmente en la década del 40, cuando la irrupción de las mujeres en la esfera pública argentina, se materializó en el mercado del trabajo y en la acción política.
Las trabajadoras en las fábricas y las empleadas, vivieron la aceptación oficial de sus labores, apoyadas en la sanción de leyes que garantizaban sus derechos. La Revista llegaba al hogar modelando gustos, generando necesidades y sugiriendo un rumbo a seguir.
“Rosalinda”, como tantas otras revistas femeninas de los años 40 y 50, nos han dejado el conocimiento de como se orientaba la educación de las mujeres en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, Las Revistas Inolvidables, Realidades argentinas

EL COLEGIO NACIONAL MARIANO MORENO

El Colegio Nacional Mariano Moreno está ubicado en el barrio de Almagro, en la calle Rivadavia 3577.

Allí cursé el bachillerato desde 1946 a 1950, cuando los colegios de la ciudad de Buenos Aires no eran mixtos y se asistía de lunea a sábados. Se utilizaban dos entradas: la de Rivadavia para el plantel docente y la de Bartolomé Mitre, exclusiva para el alumnado.

Edificado en planta baja y 2 pisos, poseía amplios patios en la Planta Baja, donde se reunían los alumnos para el acto de izar la bandera, al comenzar las tareas de cada día.

Treinta divisiones para el turno mañana y 30 en el turno tarde, con 40 alumnos cada una, dan una idea de la cantidad de alumnos que asistían, sin mencionar que en el turno noche, funcionaba como Colegio Comercial para graduarse de perito mercantil.

Un plantel de profesores de primera línea, fue característica dominante durante mi paso por este centro educativo. Figuras de la talla de Baldomero Fernández Moreno, Ricardo Levene, Narciso Binayán, Manuel Gómez Carrillo, relevantes en sus correspondientes asignaturas, jerarquizaban al Colegio.

Yo vivía en la manzana, a escasos 150 metros. Desde el fondo de mi casa, se escuchaba el sonido del timbre de entrada. Más de una vez salí corriendo después de oirlo, para llegar antes del cierre del portón de Bartolomé Mitre.

Fueron 5 años de formación cultural con compañeros que alcanzaron renombre nacional e internacional. Leopoldo Mames en música, Sergio Renán en cine, Natalio Fejerman en Neurología infantil, Horace Lannes en Diseño de Vestuario, son sólo algunos ejemplos conocidos con quienes compartí el aula.

Al cumplirse 25 años de nuestra graduación, regresamos al Colegio para disfrutar de una clase evocativa dictada por el profesor de 5º año, Sr. Atilio Alterini. Fue un reencuentro muy emotivo con los ex-compañeros de aquel Buenos Aires que se fue.

La educación

HORACE LANNES, DISEÑADOR DE VESTUARIO

Cuando cursaba el 4º año en el colegio nacional, uno de mis compañeros era Horace Lannes.

Delgado y rubio, era un alumno discreto pero con una gran habilidad para el dibujo específico de figurines de la moda. Era muy llamativo ver con que seguridad y velocidad los realizaba. Habitualmente en un cuaderno pero también sobre el pizarrón extendido de pared a pared.

Casi a diario, podíamos observar como al comienzo de una clase, se acercaba al pizarrón y vertiginosamente dibujaba alguna de sus creaciones. Solía dividirlo en varios rectángulos verticales y llenaba cada uno de ellos, con una creación diferente.

Su habilidad sobre el tema fue aumentando día tras día. Cuando cursamos el 5º año, era habitual llegar al aula después de un recreo, y encontrar todo el pizarrón lleno de dibujos, en esos rectángulos previamente marcados. La naturalidad y espontaneidad de sus dibujos creativos orientaban a pensar en cual sería su futuro.

Cuando en una oportunidad algun profesor preguntó a cada uno que carrera seguiríamos, el manifestó “diseño de vestuario”. En una ocasión recuerdo que dibujó un par de creaciones. Fue en la hora de Literatura y cuando llegó la profesora le dijo:”¿Que le parece? ¿Le gusta? Son para Ud”. La reacción de la Profesora fue lamentable.

Le dijo que borrara todo de inmediato, que eso era un insulto, que lo iba a sancionar por su falta de respeto. La respuesta de Lannes fue de asombro y pena;”Pero Ud no entiende nada. Son creaciones originales para Ud. y me obligó a borrarlas”. Asistimos a estas escenas totalmente identificados con nuestro compañero, ante la insólita y estúpida respuesta de la Sr. Profesora de Literatura, que demostró en un instante, una carencia de comprensión y agradecimiento.

Finalizado el último año del bachillerato, orientados en nuestras respectivas carreras, Horace Lannes dedicó su vida al diseño de vestuarios para actrices de cine, llegando a ser el modisto más importante en el cine argentino, durante décadas, en aquel Buenos Aires que se fue..

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MANUEL GÓMEZ CARRILLO

Manuel Gómez Carrillo, fue un pianista y recopilador de música nacido en Santiago del Estero el 8 de marzo de 1883.

A los 15 años, fue instructor de coros en Catamarca y Profesor de piano en 1916. Fue el artífice de la recopilación y popularización de la música santiagueña, destacándose “Rapsodia Santiagueña”, “La Telesita”, “Romanza Gaucha” y el ballet “La Salamanca”. Fue el creador del Instituto nacional de la Tradición.

Durante el año 1946, cursaba el primer año del colegio nacional Mariano Moreno. En la asignatura de música, además de las clases habituales  a cargo de una profesora, también participaba en la formación del coro del Colegio, a cargo del Maesto Gómez Carrillo.

Dos mañanas por semana, nos quedábamos ensayando durante una hora en el escenario del Aula Magna del Colegio, un hermoso teatro con mucha capacidad. El Maestro Gómez Carrillo nos enseñaba a respirar, aprender el falsete, vocalizar correctamente para varias canciones, que serían entonadas durante los actos conmemorativos.

Casi sin darnos cuenta, aprendíamos paso a paso los secretos de la interpretación vocal. Pero al mismo tiempo, nos perjudicábamos en aquellas materias donde estábamos ausentes, a consecuencia de esos ensayos. El coro nos permitía faltar en alguna materia en la que no deseábamos ser examinados.

Participé en el coro en un par de actos. Al año siguiente, volví a integrar la planta de ensayos en el coro pero durante un lapso corto. El Maestro Gómez Carrillo no pudo estar presente por razones de enfermedad, y el coro se interrumpió.

Falleció en Buenos Aires el 17 de marzo de 1968. La aptitud, competencia y condiciones didácticas del Profesor Manuel Gómez Carrillo, fueron una notable experiencia vivida en ese Buenos Aires que se fue.

La educación

PAN CON MIJO

Corría el año 1945. Cursaba el sexto grado de la escuela primaria. La Segunda Guerra Mundial estaba por concluir.

El hambre estaba plenamente instalada en muchos países de Europa y Argentina, era el “Granero del mundo”. A mitad de año, aproximadamente, comenzamos a observar que el pan blanco habitual, estaba cambiando su aspecto exterior; se parecía al pan negro.

La situación fue repitiéndose día tras día. Ese pan, no se parecía en nada al pan de corteza crocante y masa blanca y esponjosa, que era una delicia, siendo reemplazado por un pan de mala calidad, elaborado con una mezcla de harina de trigo, mijo y centeno.

Es cierto que el país, privilegiando la exportación de trigo a expensas del mercado interno, ordenó la mezcla de las harinas de trigo, creando un “pan de guerra”, llamado posteriormente, “pan cabecita”. No teníamos una información plena sobre este tópico, pero nuestra disconformidad y rechazo para el nuevo pan, eran más que evidentes.

Concurría al turno tarde en la escuela. En el segundo recreo, nos ofrecían un pan blanco pequeño, que debíamos empujar con algunos tragos de agua. Pero para deglutir los pancitos reemplazantes gris negruzco, era necesario algo más que el agua.

Ante el ofrecimiento, si bien aceptamos los panes, los arrojamos en el baño, donde estaban los mingitorios, con la colaboración espontánea de alumnos de otros grados. Lo cierto es que rápidamente se formó una montaña de pan empapada con orina, con un aspecto lamentable.

La escuela tenía dos porteros y uno de ellos, era gallego. Mientras estábamos en el baño, se acercó a nosotros, rojo de indignación, diciéndonos que mientras nosotros rechazábamos el pan tirándolo en los mingitorios, en España se morían de hambre. El pibe que me acompañaba, flaquito y muy excitado, le contestó al portero diciéndole:”Este pan es una porquería y no vamos a comerlo. Además, vivimos en Argentina, no en España”.

El portero no contestó y nosotros nos alejamos inmediatamente. El recreo había finalizado y nos sumergimos en el tema de la clase. Pero el episodio, breve y de mucha intensidad, nos dejó una huella que nos impactó profundamente, en ese Buenos Aires que se fue.

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