El Buenos Aires que se fue

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La cuestión social

LA OTRA LIBRETA NEGRA

La libreta negra de todas las familias, era la que se llevaba al almacén, donde el almacenero anotaba los detalles de las compras y pagos, que se hacían efectivos cuando se cobraba la quincena. Funcionó perfectamente durante un tiempo prolongado.

Pero había otra Libreta Negra, la Libreta de Trabajo de las prostitutas. Hasta el año 1936, la prostitución fue legal y era obligatorio el uso de una libreta de tapa negra, sellada y rubricada en la Comisaría. No hacerlo significaba el pago de una multa de 30 pesos o diez días de arresto. Si reincidían, la multa ascendía a 100 pesos -cuando un sueldo era de 50 pesos- o en su defecto, 30 días de arresto.

La atención médica de las mujeres enfermas, estaba a cargo de médicos de la Municipalidad y quedaba registrada en la libreta. Llevaba una foto de la prostituta de 3 centímetros por 3 centímetros, y constaba el nombre, apellido y otros datos personales.

Las hojas tenían casillas para la anotación semanal del estado de salud. Si las libretas de las pupilas no se encontraban actualizadas, se procedía a clausurar el prostíbulo durante 3 días. Si reincidían, entonces la clausura era total, seguida por el desalojo del edificio. Medidas de control cumplidas estrictamente en ese Buenos Aires que se fue.

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PROHIBIDO ESCUPIR EN EL SUELO

Unas placas enlozadas decían “Prohibido escupir en el suelo, Ordenanza del año 1902″ .

Se podían observar en las paredes de los edificios y dentro de los establecimientos públicos. Los carteles anunciando Ordenanzas, eran de metal enlozado y permanecían en el sitio donde se los había colocado. El vandalismo callejero de robar todo lo metálico como en la época actual, no existía.

El nivel de respeto y disciplina era elevado y el cuidado de la salud afectaba a todos, por lo tanto, el espíritu de colaboración estaba muy desarrollado. Era una de las pautas fundamentales a la hora de controlar la tuberculosis, enfermedad infecciosa que causaba estragos entre la población, hasta fines de la década del cuarenta.

También podía observarse dentro de los establecimientos públicos, la presencia de unas salivaderas de metal enlozado, color blanco, de forma rectangular, conteniendo aserrín de madera, generalmente ubicada debajo de las chapas enlozadas antes mencionadas. La cultura de escupir en la salivadera y no en el suelo, era una de las pautas de la lucha antituberculosa desarrollada en el país.

Bueno Aires concenraba a mucha población, hecho que motivó la abundancia de estos recipientes en cualquier establecimiento público, carnicerías, almacenes, peluquerías, en las estaciones del subterráneo, en el hall de entrada a los cines y teatros, donde se encontraban por lo menos dos salivaderas, ubicadas en sitios estratégicos.

La tuberculosis era enfermedad terminal, y todas las medidas higiénicas, no alcanzaban para controlar el desarrollo de una afección que para la época, no tenía tratamiento eficaz. La década del cincuenta, sería portadora de noticias más favorables ante la aparición de nuevas drogas para el éxito del tratamiento en ese Buenos Aires que se fue.

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EL CONFESIONARIO

“Hoy no se fía, mañana sí”, se podía leer en un cartel ubicado en un quiosco pequeño pero muy activo, ubicado en la Avenida Rivadavia al 3500, propiedad de Don Enrique.

Era nuestro quiosco de referencia, que nos brindaba acceso a múltiples golosinas, figuritas para el álbum, las llamadas “suertes”, en unas pequeñas cajas rectangulares de cartón, acompañadas de confites. Pero para los adultos, era fuente de cigarrillos, fósforos carterita, gratis o “Ranchera” pagos y sobre todo, charlas.

Prolongadas conversaciones, verdaderas confesiones de los habituales clientes con una persona que estaba atendiendo su negocio. Siempre que nos acercábamos, había alguien “consultando”: cual era el curandero más acreditado, como cobraba la “consulta”, que resultados se obtenían, etc.

Don Enrique manejaba apuestas de quiniela clandestina, otra razón para el constante desfile por su santuario. En más de una oportunidad, recibió la visita de la policía, poniendo un compás de espera en su labor de quinielero. Pero la búsqueda del mejor desatanudos, o del armonizador de parejas, motivaba visitas de agradecimiento o bien, comentarios de frustraciones.

Don Enrique tenía una paciencia sin límites, escuchando y asintiendo con leves movimientos de cabeza durante el diálogo. En el barrio, el quiosco de Don Enrique, era considerado un verdadero confesionario en ese Buenos Aires que se fue.

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LA CASA DE NIÑOS EXPÓSITOS

La Casa de Niños Expósitos, fue un orfanato encargado del cuidado de los menores de edad, huérfanos o abandonados, también llamados “niños expósitos”.                        

Foto: www.revisionistas.com.ar

Desde su fundación, el 7 de agosto de 1779, se sucedieron diversas administraciones: la Hermandad de la Caridad, la Sociedad de Beneficencia manejada por mujeres de la oligarquía porteña, las Hermanas del Huerto y finalmente, el Hospital Casa Cuna.

Las razones sociales del abandono eran múltiples: recién nacido ilegítimo, hijos incentuosos, productos de violaciones, niñas solteras, fuera del matrimonio, hijos de uniones ilícitas. La falta de recursos económicos para mantener al recién nacido o cuando nacían mellizos, uno era descartado.

Muchos morían en medio de un total abandono, de frío, hambre o sed; ahogados en los abundantes charcos de agua en las calles, comidos por los perros o cerdos que andaban sueltos, atropellados por transeúntes o por carros en la oscuridad de la noche, ya que el alumbrado era nulo o muy deficiente.

La primera Casa de Niños Expósitos la estableció el Virrey Vértiz donde actualmente se encuentra la Manzana de las Luces, en Perú y Alsina. Le sucedieron otras sedes como  la ubicada en Moreno y Balcarce, detrás del Convento de San Francisco y posteriormente, la Casa Cuna a partir de 1905. recibiendo el nombre de Hospital de Niños Expósitos. En 1913, tenía 450 camas para expósitos. En 1920, pasa a llamarse “Casa Cuna”.

En el frente del edificio de Moreno y Balcarce, existía en un hueco de la pared, el “torno”, un armazón de madera, giratorio, donde las mujeres abandonaban a sus hijos. Hacían sonar una campanilla adosada a la pared y un empleado, desde dentro del edificio, hacía girar el aparato y recibía al niño, sin saber quién lo había abandonado.

Los lactantes estaban a cargo de amas de leche y el resto bajo el cuidado de amas de cría. Los niños criados se asignaban a familias. Los que no, continuaban en la Casa de Expósitos; una vez emancipados, muchos continuaban trabajando como empleados de esa institución.

Disponían de una imprenta propia que, publicó catecismos, almanaques, bandos oficiales y el “Telégrafo Mercantil”, tareas que contribuyeron a compensar el déficit económico. Al no tener apellido, muchos fueron bautizados con dos nombres o con el apellido “Expósito”.

Hoy la situación no ha cambiado. Se encuentran bebés en los contenedores de basura, en los descampados o en sitios apartados. Los beneficios de la Casa de Niños Expósitos estuvo vigente hasta las primeras décadas del Siglo XX, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Casa de Niños Expósitos: http://www.elportaleducativo.com.ar/calendario/agosto07b.htm

La imprenta de niños expósitos: http://www.manzanadelasluces.gov.ar/index.php?option=com_content

https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=casa_niños_expositos&olded=96492783

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EL BANCO MUNICIPAL DE PRÉSTAMOS

El Banco Municipal de Préstamos, hoy Banco de la Ciudad, fue fundado el 23 de mayo de 1878, con el nombre de Monte de Piedad.                          

Foto: Portal Banco Ciudad

La institución surgió como un intento de neutralizar los préstamos usurarios otorgados a la gente humilde por individuos sin escrúpulos, quienes prestaban dinero a costa de devolverlo con intereses exorbitantes, sangrantes.

El Banco trabajaba con gente de pocos recursos brindando préstamos pignatarios, es decir con empeños cobrando muy bajos intereses. Alhajas, platería y los objetos más diversos de la vida cotidiana, eran llevados al Banco para obtener una suma de dinero, que permitía la cancelación de una deuda o la adquisición de elementos indispensables para el trabajo.

Se empeñaba un gramófono para comprar una vaca. Con las ganancias obtenidas se rescataba el gramófono y la historia continuaba. Se aceptaban todo tipo de objetos que, en muchas ocasiones, eran rescatados. Vencido el plazo de rescate, eran rematados en subasta pública.

Se producían situaciones curiosas. Los días lunes, por ejemplo, los burreros (aficionados a las carreras de caballos), empeñaban los largavistas, que eran rescatados al cobrar la quincena, y el círculo se cerraba. Lo mismo ocurría con las prendas de abrigo al finalizar el invierno, con su posterior rescate al finalizar el otoño. Eran ciclos que se repetían con precisión.

Las funciones sociales del Banco fueron aumentando su complejidad, agregando otros rubros de importancia como el de los créditos hipotecarios. Este significativo accionar en beneficio de los más pobres, y las etapas de su evolución están muy bien documentadas en el excelente Museo de Piedad del Banco de la Ciudad, ubicado en la calle Boedo 870.

La visita, guiada por expertos, con un amplio conocimiento de los detalles del desarrollo de las distintas etapas por las que transitó este Banco, constituye un elemento agregado para conocer como se resolvían las dificultades económicas imprevistas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:  Ya abrieron el museo del Banco Ciudad. Clarín 9-08-2003.

Halperin F. La historia del Banco Ciudad, relatada en un novedoso museo. La Nación 08-08-2003.

La cuestión social, La inmigración, Realidades argentinas

LA MARCA “FLOR DE CEIBO”

Durante el primer gobierno peronista fue muy popular la marca “Flor de Ceibo”.

Fue representativa de la opción popular y económica en diversos rubros comerciales vinculados con el consumo familiar. Se aplicó a productos de consumo masivo pero con un costo sensiblemente menor, a fin de frenar el aumento de precios, consecuencia directa de la inflación.

Estos productos eran de inferior calidad. Así, el azúcar molida era de color oscuro pero útil. En muchas ocasiones los productos de consumo habitual se agotaban pero no se reponían; entonces era forzosa la adquisición de la línea económica.

Los zapatos presentaban una terminación tosca que difería bastante de los habituales. Es decir que la denominación “Flor de Ceibo”, era sinónimo de baja calidad. Esta modalidad se fue extendiendo y los restaurantes tenían la obligación de incluir un menú “Flor de Ceibo”. Algo similar ocurría con las prendas de vestir.

Todo negocio de indumentaria debía contar con algún producto que se inscribiera en esta categoría. Las telas que se vendían a menor precio, llevaban en el orillo la marca “Flor de Ceibo”. La histórica línea 160, sucesora del “Expreso Alsina”, denominada la línea 60 de emergencia, se llamó “Línea Flor de Ceibo”.

Pero el término, en forma peyorativa, se aplicó a los funcionarios, empleados y profesores advenedizos, contratados de manera irregular. Fue el caso del nombramiento de personas para cubrir puestos docentes, sin haber cumplido con los requisitos básicos de formación, frente a miles de maestros egresados, sin posibilidad de ejercer.

Así ocurrió cuando la Inspección General de Escuelas Particulares nombró a más de 1100 personas para ejercer la docencia, mientras paralelamente, egresaron de escuelas oficiales y particulares 27.900 maestros, sin puesto. A la gente nueva que llegó en esa época para educar en las facultades o colegios secundarios, se les aplicaba esa etiqueta o rótulo gratuitamente. La línea de productos “Flor de Ceibo”, fue una propuesta peronista aparecida en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Acevedo Díaz, Carmen. Algo así como una Flor de Ceibo. La Nación 11-05-2006.

Rozic, Oscar. Flor de Ceibo. 1º-06-2013

La cuestión social, Realidades argentinas

EL AJENJO EN EL TANGO

El ajenjo, también llamado pernod o suissé, es una bebida de elevada graduación alcohólica, superior a los 80º, derivado de la absenta.

Fue muy popular en las últimas décadas del siglo XIX y comienzo del siglo XX. Se constituyó en la bebida favorita de conocidos artistas de la bohemia parisina como Tolouse Lautrec, Degas, Picasso, Manet, y muchos otros que encontraron en ella, una fuente de inspiración.

El ajenjo tiene la propiedad de crear estados de ensoñación, de delirio, un verdadero alucinógeno. Se decía que Van Gogh se cortó una oreja bajo los efectos del ajenjo. Fueron varias las telas pintadas por los famosos que mostraban escenas relacionadas con el consumo de ajenjo.

Argentina y particularmente Buenos Aires, no fueron una excepción. Su elevado consumo en cabarets, tugurios y cafés, fortalecieron el mito del ajenjo. Al ser muy consumido en el ambiente prostibulario, fue recogido por el tango. En el año 1907, el ajenjo fue prohibido en la Argentina, como consecuencia de la labor del diputado Alfredo Palacios, por sus efectos devastadores sobre la clase trabajadora.

Como bebida alcohólica de elevada graduación, era de uso habitual en los viejos bares. En 1927, Adolfo Mondino y Víctor Soliño nos dejaron “Maula”: “La barra del boliche / borracha de Pernod,/ mi nombre, que es el tuyo,/ por el suelo arrastró; / Y vos que en una mesa / oíste aquella infamia,/ bajaste la cabeza / ¡cobarde! sin chistar”.

Al ajenjo también se lo denominaba pernod, recordando el nombre de Henri Louis Pernod, pionero en la producción industrial de esta bebida. En una apretada síntesis, Homero Expósito y Virgilio Expósito escribieron “Siempre París”, señalando “Y así el pernod y el striptis / medio cocotte y actriz / y por los barbudos sin razón / ¡ y el mal de Koch, París”.

Una de las razones esgrimidas para prohibir la venta del ajenjo a nivel mundial fue la comprobación de varios hechos de sangre, ejecutados bajo la acción de una borrachera por ajenjo. En 1930, Enrique Cadícamo y Roberto Firpo lo marcaron una situación en “Aquellas farras” cuando escuchamos: “Siglo de oro de ese tiempo / en que el ñato Monteagudo, / borracho de pernod, / se quiso suicidar / Y del loco Puentecito…/ y del zurdo Altamirano…/ No los he vuelto a ver,/ ¿Dónde andarán? “.

En el tango “Seguí mi consejo”, 1928, Eduardo Tronge y Salvador Merico destacan en forma humorística como el ajenjo es la bebida más representativa a la hora de elegir: “Refrescos, limones, chufas: no los tomes ni aun en broma / Piantale a la leche, hermano, que eso arruina el corazón. / Mandate tus buenas cañas, hacete amigo del whisky /y antes de morfar rociate con unos cuantos pernos”.

En el clímax de los romances, el ajenjo desempeñaba un papel fundamental, provocando una embriaguez ensoñadora que contribuía a exaltar las pasiones. En “ El Pescante”, 1934, Homero Manzi y Sebastián Piana nos sintetizaron magníficamente esta situación: “Vamos por viejas rutinas,/ tal vez de una esquina nos llame René / Vamos, que en mis aventuras / viví una locura de amor y suissé”.

Ésta era la otra denominación del ajenjo, así llamado por haber sido Suiza su país de origen. La copa de ajenjo estaba presente en las crisis y rupturas sentimentales. Brindaba la posibilidad de vivir un período corto de olvido siguiente a la relación frustrada. En “Copa de ajenjo”, 1941, Carlos Pesce y Juan Canaro así lo describieron: ” Suena tango compañero, / Suena que quiero cantar / porque esta noche la espero / y se que no ha de llegar. / Y en esta copa de ajenjo / en vano / pretendo mis penas ahogar / suena tango compañero / suena que quiero llorar.”

Durante la vigencia del ajenjo, la Argentina miraba a Francia, como un modelo integral. Imitar sus costumbres, sus edificios, visitar París, eran los objetivos de la época. Así ocurrió en “El Choclo”, de Enrique Santos Discépolo, Juan Carlos Marambio Catán y Ángel Villoldo, plasmaron en 1946 la letra que dice: “Carancanfunca se hizo al mar con tu bandera* / y en un pernó mezcló París con Puente Alsina / Fuiste compadre del Gavión y de la Mina / y hasta compadre del bacán y la pebeta”.

El ajenjo, con su ritual de consumo caracterizado por el agregado de un terrón de azúcar colocado sobre una cuchara calada, a fin de agregar agua fría para disolverlo, fue la bebida más requerida en el ambiente tanguero y prostibulario de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Varise F. Absenta: la moda del licor maldito. La Nación 9-07-2011

http://www.conexionbrando.com/1591228-absenta-la-bebida-prohibida

* se refiere al bailarín Casimiro Aín, que llevó el tango a París.

El tango, La cuestión social

LA SALADA

La Salada era una laguna de agua barrosa y salitrosa ubicada en la zona sur del partido de La Matanza.

Medía 200 metros de largo por 20 de ancho aproximadamente. Se le atribuían propiedades curativas, especialmente a su fondo barroso, con el cual muchas personas untaban su cuerpo en busca de sus beneficios.

Al comenzar la década del cuarenta, los porteños encontraron en ese sitio, una forma de mitigar las jornadas de calor húmedo, típicas de Buenos Aires. Era una cita elegida para los días sábados, domingos y feriados que, mediante el transporte en tren, colectivos, camiones y a veces, en autos particulares, facilitaba el arribo de entusiastas concurrentes.

No se viajaba a la costa salvo excepcionalmente. No se disponía de piletas particulares. Se solían visitar otros sitios como el Balneario Municipal en la Costanera Sur, los balnearios de Vicente López y Olivos en la zona Norte, o los de Quilmes y Punta Lara, en la zona Sur.

La popularidad de la laguna La Salada motivó la creación del “Parque Balneario La Salada”, con la construcción de 3 grandes piletas alimentadas con agua salada, extraída por bombas aspirantes, y de baños, vestuarios y duchas.  La pileta de menor tamaño y profundidad, era exclusiva para niños.

Los grupos familiares disfrutaban de la sombra de los numerosos árboles existentes, así como de un buen asado cocinado en los fogones y degustado sobre las mesas de material por allí dispersas. Disfrutar de la sombra de esos árboles o de los baños en las piletas, ya sea por placer o por sus propiedades curativas para enfermedades reumáticas, era una situación aprovechada también por visitantes provenientes del interior del país.

Finalizada la hora de las piletas, el patio de la confitería era el paso siguiente donde comenzaba el baile,  al finalizar la tarde. Durante 3 horas aproximadamente, los asistentes tenían la oportunidad de compartir bailes de todos los ritmos en un clima muy animado.

Este balneario fue clausurado en el año 1961 por la existencia de contaminacìón bacteriana de las cañerías. Las inolvidables piletas del Parque Balneario La Salada, fueron las más populares de la zona Sur de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:  http://www.arcondelrecuerdo.com.ar.?p=76

http://elfederal.com.ar.nota/revista/24690/aquellas-piletas-parecidas-al-mar

La cuestión social, Modas y costumbres, Realidades argentinas

LA SECRETARIA

El trabajo femenino de secretaria, fue una necesidad para paliar el déficit en el presupuesto familiar.
Independientemente de su orden y prolijidad, una mujer debía dominar la dactilografía y la taquigrafía, para aspirar al puesto de secretaria. Si se comparaba con el trabajo en las fábricas, la mecanografía era ventajosa porque, si bien requería alfabetización y un cierto grado de cultura, no necesitaba de un esfuerzo intelectual.
La mecanografía femenina fue un fenómeno de carácter internacional y algo similar ocurrió con la taquigrafía, tareas que no necesitaban de un esfuerzo exagerado. Vestida con prendas sencillas, pero elegantes, hacía de la discreción, un arma fundamental para lo que oía o se le comunicaba.

Después del jefe, la secretaria desplegaba funciones de poder sobre el resto de los empleados. Mantenía el orden en la oficina, tanto en lo relacionado con el papeleo como en su aspecto exterior, poniendo un toque de femineidad y delicadeza. Las tareas habituales eran atender el teléfono, ocuparse de la correspondencia, del archivo de la oficina y los asuntos de la agenda personal de su jefe.
La secretaria resolvía todos los temas y actuaba como un separador de su jefe con el mundo exterior. Obtener el cargo de secretaria era la culminación de las tareas de una buena taquidactilógrafa con buena apariencia, que lograba el trabajo femenino ideal.
El análisis de la relación sentimental secretaria-jefe, fue la base de novelas y culebrones radiales que detallaban el romance entre ambos.
La secretaria era la empleada administrativa que había llegado a la cima de su carrera laboral y, que en muchas ocasiones, se convertía en la esposa del jefe, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Queirolo G. Dactilógrafas y secretarias perfectas: el proceso de feminización de los empleos administrativos (Buenos Aires, 1910-1950)-

La cuestión social, Realidades argentinas

LA LEY DE LA SILLA

La Ley 12.205 “Ley de la silla”, fue redactada en 1907 por el Dr. Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América, oriundo del barrio La Boca, en la ciudad de Buenos Aires.
Las tejedoras, trabajadoras del vestido, alpargateras, textiles, sombrereras y demás empleadas de comercio, decidieron entablar pelea en 1907 en apoyo del Dr. Palacios, saliendo a la calle para luchar por sus derechos reclamando que el patrón les proveyera a los trabajadores. de una silla o taburete con respaldo en el lugar de trabajo.
Esta ley creada para las mujeres por el Dr. Palacios, se sumaba a la que establecía el descanso obligatorio antes y después del parto, la prohibición de trabajo a los menores o la jornada laboral de ocho horas.
La Ley de la silla fue promulgada en la Argentina el 5 de octubre de 1935, por Decreto Nacional 83474/36 cuyo Art. 1º decía: ” Todo local de trabajo en establecimientos industriales y comerciales de la Capital Federal, provincias y territorios nacionales, deberán estar provistos de asientos con respaldo en número suficiente para el uso de cada persona ocupada en los mismos”.
Se determinó que la permanencia de pié durante muchas horas, determinaba trastornos orgánicos como perturbaciones de la circulación sanguínea y la producción de várices.
La ley fue presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el Diputado Francisco Pérez Leirós. A pesar de ser una Ley de alcance nacional, esta conquista social que ya superó el siglo desde su promulgación, no se cumple en forma total, a pesar de estar vigente.
Un verdadero atentado a los derechos laborales de muchos obreros y empleados, que no se han beneficiado de una de las leyes fundamentales de Alfredo Palacios promulgadas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110205…
La ley de la silla. AscensionDigital.com.ar.Buenos Aires, Argentina 1-2-2016

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