La cuestión social
LA CULTURA BARRIAL
Las sociedades que se formaron en los barrios, fueron el marco principal de la conformación de una nueva cultura popular.
Estas sociedades estaban constituidas por argentinos e inmigrantes: obreros, empleados, maestros, profesionales, pequeños comerciantes y otros, sin ocupación. En su formación participaron Sociedades de Fomento, Asociaciones Mutuales, Clubes Sociales, Comités Políticos y Bibliotecas Populares.
La sociedad barrial se articuló alrededor de instituciones que cumplían un rol destacado, tales como el Café, la Esquina, el Puesto de venta de diarios, los Despachos de bebidas. los Clubes sociales y deportivos y las Bibliotecas barriales.
El desarrollo de actividades culturales requirió de la colaboración de maestros, profesores de dibujo, de inglés, de poesía, de canto, de recitación, de costura, cursos de labores, telar o música, que satisfacieron una cultura netamente femenina. En el dictado de cursos de correspondencia mercantil, contabilidad, taquigrafía o inglés, se buscaba la salida laboral como empleadas o secretarias.
La práctica de deportes, en especial fútbol y basquet, estimularon la creación de clubes deportivos. Los clubes sociales se especializaron en los juegos de cartas, dominó y ajedrez, bailes, salas de cine o de teatro. Las fiestas y bailes eran de tipo familiar. ¡Cómo olvidar los bailes en “Bomberos Voluntarios de Ramos Mejía”, donde era imprescindible “que hubiera luz” entre los cuerpos de la pareja. Para lograrlo, varios miembros de la Comisión Directiva se encargaban de asegurar ese detalle, deteniendo el baile de determinada pareja, al tiempo que exclamaban en voz alta: “Sepárense, más luz”. Recuerdos…de un Buenos Aires que se fue.
Fuente: Gutiérrez L. y Romero L.A. Sectores Populares. Cultura y Política. Ed. Sudamericana. 1995.
LOS NEGROS EN EL TANGO Y LA MILONGA
Los negros formaron parte de la población de Buenos Aires, casi simultáneamente con la población blanca.
Uno de cada tres habitantes era negro o de ese origen. Como consecuencia de las epidemias, la pobreza y las Guerras de la Independencia, fueron desapareciendo. Los negros porteños se concentraron en los barrios porteños de San Telmo y Montserrat.
Son escasos los tangos que registraron detalles de su vida como en “Moneda de cobre”, de Horacio Sanguinetti y Carlos Viván:”Tu padre era rubio, borracho y malevo, / tu madre era negra con labios malvón; / mulata naciste con ojos de cielo / y mota en el pelo de negro carbón. / Creciste en el lodo de un barrio muy pobre, / cumpliste veinte años en un cabaret, / y ahora te llaman Moneda de Cobre, / porque vieja y triste muy poco valés.”
Otro tango que hace alusión a los negros es “Alhucema”, de Francisco Pracánico y Horacio Sanguinetti, que aborda las desventuras trágicas de un romance de amor: “Negra macumba que zumba el tambor, / ¡Ha muerto un moreno y ha muerto un amor! / Triste retumba, retumba el tambor; / ¡Ha muerto un hermano de nuestro color! / Alhucema. / Se llamaba la morena, / que a la muerte lo arrastró. / Negra loca, / fue la sangre de su boca / que a los negros embriagó…/ Doble pena, / uno vive en sus cadenas / y otro ha muerto por su amor.”
Son las milongas las que se han ocupado de describir episodios de la vida de los negros, casi siempre tristes y dolorosos. En “Ropa blanca”, de Homero Manzi y Alfredo Malerba, se evocan a las lavanderas: “Lava la ropa mulata / pena y amor. / La espuma por blanca / parece algodón. / Tus manos por negras / betún y carbón. / Lava la ropa mulata / pena y amor”.
La evocación del Rey Mago Baltasar, fue plasmada en la milonga “Papá Baltasar”, de Homero Manzi y Sebastián Piana, cuando dice: “De mi niño, niño Pedro / no te vayas a olvidar / que mi niño es el más negro / y el más pobre, Baltasar. / El quiere un soldado nuevo / y una espada y un fusil / y para subir al cielo, / un globito de candil”.
En la milonga “Negra María”, de Homero Manzi y Lucio Demare, se cantan las desventuras de una niña recién nacida en Carnaval, para quien todos los proyectos de vida sucumben rápidamente: “Bruna, bruna / nació María / y está en la cuna. / Nació de día / tendrá fortuna. / Bordará la madre / su vestido largo. / Y entrará a la fiesta / con vestido blanco / y será la reina / cuando María / cumpla quince años”.
Las milongas candomberas integran el grupo de canciones donde los personajes básicos están representados por gente de color. Su letrista más representativo fue el gran poeta Homero Manzi. Conjuntamente con su estrecho colaborador, el pianista Sebastián Piana, escribieron la milonga “Juan Manuel”, en la que se refieren situaciones relacionadas con la batalla de Caseros, que puso fin al gobierno de Rosas. Los negros estuvieron protegidos durante ese gobierno, ya que Rosas, era un entusiasta del candombe. El mestizaje fue uno de los responsables de la desaparición de las características de los negros, dando origen a los mulatos, pardos, zambos y morenos.
Fueron escasos los vestigios que quedaron de los negros y de su cultura, salvo la música. Homero Manzi y Charlo nos brindaron la milonga candombe “Oro y Plata”: “Ay, / late que late / y el cuero del parche bate / con manos de chocolate / el negro que la perdió; / rueda que rueda, / lo mismo que una moneda / con ropa de tul y seda / la negra que le mintió. / Todos los cueros están doblando / pero sus ojos están llorando: / que un pardo de cuello duro / fumando un puro / se la llevó”.
El 15 de Mayo de 1812 se prohibió la introducción de esclavos y el 4 de Febrero de 1813, se declaró libre a todo esclavo procedente de país extranjero por el solo hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidas. Homero Expósito junto a Enrique Mario Franchini y Héctor Stamponi escribieron “Azabache”: “¡Retumba con sangre y tumba / tarumba de tumba y sangre!… / Grito esclavo del recuerdo / de la vieja Buenos Aires…/ ¡Candombe! ¡Candombe negro! / Nostalgia de gente pobre…/ Por las calles de San Telmo / ya se ha perdido el candombe…/ ¡Oh…oh…oh!”.
En “Pena mulata”, de Homero Manzi y Sebastián Piana, milonga candombe que recordamos en la inolvidable versión de Roberto Rufino con la orquesta de Carlos Di Sarli: “Tu madre murió de amores, / alma blanca y piel carbón. / Mulata, fueron sus labios / el rencor de un cuarteador. / Tu padre murió a la sombra / por vengar esa traición. / Mulata, nació tu estrella / en un cielo de crespón”.
No todas las milongas con negros son tristes; hay una excepción en la milonga humorística “Milonga en negro”, recopilada y arreglada por Edmundo Rivero, que hemos disfrutado en su grabación con la orquesta de Aníbal Troilo: “La negra doña Tomasa, que una negra hija tiene / con otro negro pretende, su negra hija casar, / Resulta que el negro novio, todo con muy negra idea / Quiere que de negro sea la fiesta más singular…/ Después de esta negra fiesta, los negros novios se fueron /A un negro cuerto subieron, negras sábanas tendieron, / Y a eso de la media noche cosas de negros hicieron…/ La negra durmió en la cama…Y el negro durmió en el suelo…”. La vida y costumbres de los negros conformaron un grupo social muy bien definido en la población porteña, registrado en la música de algunas milongas arrabaleras de ese Buenos Aires que se fue.
Fuente:Gobello, José. Letras de tango, Edic. Centro Editor, Tomos 1 y 2. 1997.
EL PATRONATO DE LEPROSOS
El Patronato de Leprosos, luego Patronato del Enfermo de Lepra de la República Argentina, fue una institución de carácter filantrópico fundada por la Señora Hersilia Casares de Blaquier en el año 1930.
Tenía como objetivo ayudar a prevenir y curar la lepra, así como procurar la reinsercióm de los pacientes en la sociedad y fomentar la investigación científica. Al leprólogo rosarino Dr. José Fernández, se le encomendó el estudio de las leproserías en distintas partes del mundo, a fin de aplicar los conocimientos en nuestro país.
Como resultado de su labor, se proyectó la construcción de 7 “sanatorios colonias” pero se concretaron cinco. El primero de ellos fue construido en el partido de General Rodríguez, en la zona oeste del Gran Buenos Aires, siendo inaugurado el 22 de Noviembre de 1941, con el nombre de “Sanatorio Colonia de Buenos Aires.
Funcionaba como un hospital polivalente, con la modalidad de la residencia de larga estancia, brindando servicios de salud gratuitos, con el objetivo de rehabilitar física y socialmente al enfermo con lepra. Los restantes Sanatorios fueron ubicados en las provincias de Córdoba, Chaco, Entre Ríos y Misiones.
La Sra. de Blaquier fue la responsable de convocar a muchas damas de la Sociedad Porteña, a fin de incentivar la creación de otros leprosarios, en especial el de la Isla del Cerrito, en el Chaco. Eran épocas donde se hablaba de mejoría de la enfermedad sólo en el 50 % de los pacientes leprosos tratados con aceite de chalmoogra.
Los días 1º y 2 de Noviembre, se realizaban las recaudaciones con unas alcancías de color verde. Las damas encargadas de esta tarea, se ubicaban a la salida de los cementerios, iglesias, bancos y otras instituciones, además de recorrer las calles y visitar comercios, solicitando el aporte de 10 centavos. A cambio de nuestra contribución nos colocaban en la solapa izquierda un distintivo de felpa color verde.
El empleo de antibióticos ha logrado la curación de la lepra en un plazo de uno a dos años, evitando la reclusión de los enfermos por tiempo indeterminado. como ocurrió en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://dispensarioctes.org/Historia/Historia.html
http://www.sommer.gov.ar/html/institucional-doc-historico-inauguracion
LA CASA SUIZA
La Casa Suiza es un edificio perteneciente a la Sociedad Filantrópica Suiza, ubicado en la calle Rodríguez Peña 254, con una coqueta fachada Art Decó. 
Fue fundada en 1861 y tenía como objetivo crear un club para asistir a los menos afortunados entre los suizos del país y estrechar vínculos entre ellos, manteniendo viva la cultura de su patria mediante fiestas, reuniones sociales y centro de beneficencia.
En su Salón Principal actuó el Trío Gardel, Razzano, Marino, compañías teatrales, musicales y de ballet, así como también a las más variadas expresiones políticas, sindicales y culturales.
Pero la Casa Suiza fue un lugar de reunión de la comunidad Afroargentina, especialmente durante los días de Carnaval. A través del “Shimmy Club”, la institución afroporteña más emblemática del Siglo XX, alquilaba las instalaciones para la realización de los 8 bailes de Carnaval, a partir del año 1928, con demostraciones de Candombe y Rumba abierta, similar a la rumba cubana.
Las reuniones se realizaban en el buffett ubicado en el subsuelo, donde cada familia tenía su mesa reservada y numerada, donde llevaban y ejecutaban sus tambores. Al finalizar cada noche de baile, las comparss candomberas salían bailando por Rodríguez Peña hasta Avenida Corrientes, y por ésta llegaban hasta el Bar Ramos, en la esquina de Montevideo, cantando candombes.
En la Casa Suiza también actuaron las orquestas de tango dirigidas por los afroargentinos Enrique Maciel y Tomás Santillán; grupos de jazz y de música tropical. Estas actividades se realizaron hasta el año 1978, cuando fueron prohibidas por el Gobierno Militar.
En época de proscripción gubernamental, la Casa Suiza acogió a políticos y militantes de todos los partidos políticos sin distinción, siendo su sótano un refugio calificado. La Casa Suiza fue el único baluarte material de la Ciudad, directamente vinculado a la Comunidad Afroargentina, en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://buenosairessos.com.ar/content/casa-suiza-vs-la-piqueta-demoled…
http://www.traducirargentina.com.ar/local/casa-suiza.html
http://www.periodico desdeboedo.com.ar/2012/02/casa-suiza-amparo-demolicion/
EL TOSCANO AVANTI
Los “Cigarros Avanti”, los más populares en Italia, comenzaron a fabricarse en Buenos Aires en el año 1902, en el barrio de Villa Urquiza. 
La fábrica estaba ubicada en un galpón de ventanales amplios, que ocupaba una manzana y llegó a alojar alrededor de 1500 obreros. Realizaban un trabajo exclusivamente artesanal. La Compañía Introductora de Buenos Aires, (CIBA), fue la responsable de todos los procesos de la fabricación: Recepción del tabaco, Secado, Despalillamiento, Armado y Embalaje para su posterior comercialización.
Cada una de las 200 cigarreras que allí trabajaban, elaboraban mil toscanos bicónicos por día, que luego eran estampillados. El consumo del “Cigarro Avanti”, era muy popular especialmente, entre los inmigrantes italianos que en la ciudad de Buenos Aires, superaban el 50 por ciento de la población. Pero los argentinos no se quedaron atrás.
Se vendían los envases conteniendo dos toscanos o cuatro medio toscanos. Al toscano original se lo cortaba por el centro, justo donde estaba la etiqueta y se disponía de dos mitades, en condiciones de ser fumadas. Esta marca de cigarros llegó a ser la más famosa del país.
La promoción del tradicional toscano era frecuente verla en murales y en los tranvías. Era habitual encontrar personas fumando un “Avanti”. En los bares, el “Avanti” integraba el aroma dominante, mezclado con el vaho del alcohol, durante las interminables partidas de truco o de tute. Los carreros arengaban a los percherones, sin sacarse el toscano de la boca. Los vendedores ambulantes como fruteros, pescadores o maniseros, siempre llevaban el toscano, encendido o apagado, durante sus tareas.
La popularidad de este cigarro estaba muy extendida, máxime si se tiene en cuenta que en la década del 30, el consumo anual era de 70 millones, elaborados principalmente con tabaco Criollo Misionero. Los que fumaban cigarrillos preferían el tabaco negro sin filtro, ya que el tabaco rubio aún, no había alcanzado popularidad.
La inclinación hacia los toscanos comenzó a declinar en la década de 1950, dando lugar al consumo de cigarrillos rubios, con o sin filtro. Como consecuencia de ello, la Compañía cerró sus puertas en el año 1958. Los cigarros “Avanti” constituyeron durante más de medio siglo, la fuente de toscanos económicos y más populares en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http: consumosdelayer.blogspot.com.ar/2011_11_01_archive.html
EL WINCOFÓN
El “Wincofón” era un reproductor eléctrico de discos aparecido en Buenos Aires a fines de la década de 1950.
Estaba dotado de un motor eléctrico que movía un plato giratorio, a una velocidad constante de 78 RPM, 45 RPM o 33 1/3 RPM. La velocidad se modificaba mediante el movimiento de una perilla exclusiva para tal fin. Para los discos de 45 RPM, era necesario agregar un cilindro que se colocaba en el vástago central, dado que el centro de esos discos era muy amplio.
Eran automáticos, es decir que se colocaban varios discos simultáneamente, no más de ocho, y con un solo movimiento de la perilla de arranque , se podían escuchar todos. Al caer el último disco, el brazo fonocaptor apagaba el motor finalizando la reproducción.
El brazo fonocaptor disponía de 2 púas: una para los discos de 78 RPM y la restante para los de 45 RPM y 33 1/3 RPM. Se la giraba manualmente mediante una perilla ubicada en el extremo frontal del brazo. El “Wincofón” podía ser monoaural, con su propio parlante o estereofónico, mediante el acople de un segundo parlante en una salida opcional. Algunos modelos, tenían incorporada una radio.
Al wincofón se lo podía hallar en la mayoría de los hogares donde habitaban adolescentes. Difundió masivamente la música de los 60 y 70, siendo el insustituible complemento en las celebraciones de fiestas, cumpleaños y asaltos, esas clásicas reuniones bailables organizadas por estudiantes, en la casa de uno de ellos.
El “Wincofón” fue el reproductor musical “de mesa” más popular, para la difusión de discos en ese Buenos Aires que se fue.
PARIS EN EL TANGO
París fue la ciudad, que representó para el tango, su ingreso y aceptación como danza a nivel internacional.
En los comienzos del siglo XX, la aparición del tango fue recibida con mucha reserva. Su origen prostibulario y sus letras reñidas con la moral de la época, fueron factores de rechazo en los círculos sociales. El tango no era bien visto y en su aceptación, fue muy importante la etapa parisina.
Allí se consagró y desde allí, fue lanzado a la consideración internacional. La moda de visitar París, disfrutar de la Ciudad Luz, participar de su vida bohemia con sus atracciones nocturnas, con sus mujeres y sus desengaños, han integrado el contenido de tangos tradicionales.
En “Anclao en París“, de Enrique Cadícamo y Guillermo Barbieri, la nostalgia y la amargura, son temas dominantes: “Tirao por la vida de errante bohemio / estoy, Buenos Aires, anclao en París. / Curtido de malas, bandeado de apremios, / te evoco desde este lejano país. /……¡Lejano Buenos Aires, qué linda has de estar! / ya van para diez años / que me viste zarpar. / Aquí, en este Montmartre, / faubourg sentimental, / yo siento que el recuerdo / me clava su puñal…!”.
El recuerdo de la mujer inalcanzable, con sus dudas y misterios, está relatado por Julián Centeya y Enrique Delfino en “Claudinette“: “Medianoche parisina / en aquel café concert, / como envuelta en la neblina / de una lluvia gris y fina / te vi desaparecer…/ Me dejaste con la pena / de saber que te perdí, / mocosita dulce y buena / que me diste la condena / de no ser jamás feliz”.
La descripción de las “grisettes”, como se denominaba a las obreras de la costura que transitaban situaciones prostibularias, fue un verdadero acierto en el tango “Griseta”, de José González Castillo y Enrique Delfino: “Mezcla rara de Museta y de Mimí / con caricias de Rodolfo y de Schaumard, / era la flor de París / que un sueño de novela trajo al arrabal. / Y en el loco divagar del cabaret, / al arrullo de algún tango compadrón / alentaba una ilusión, / soñaba con Des Grieux, / quería ser Manón…”.
El destino fatal causado por la tuberculosis, quedó reflejado en muchos tangos, como reflejo de la vida diaria, cuando la enfermedad era preludio de muerte. En “Mimí Pinzón”, José Rótulo y Aquiles Roggero lo destacan claramente: “Un día más, / un año más, / que estoy perdido en la neblina…/ En esa niebla de la noche parisina / que te alejaste para nunca retornar. / Yo te llamé / Mimí Pinzón, / porque en tu afán de ser coqueta / te fue arrastrando al igual que la Griseta, / y el mismo mal y su final te castigó”.
El rudo invierno parisino está asociado con letras tristes y desgarradoras. Héctor Blomberg y Enrique Maciel escribieron el tango “La que murió en París”, donde una vez más, la tuberculosis es, lamentablemente, la figura dominante: “Yo sé que aún te acuerdas del barrio perdido, / de aquel Buenos Aires que nos vió partir. / Que en tus labios fríos aun tiemblan los tangos / que en París cantabas antes de morir…/ La lluvia de otoño mojó los castaños, / pero ya no estabas en el bulevar…/ Muchachita criolla de los ojos negros, / tus labios dormidos ya no han de cantar…/….¡Muchachita, como tosías / aquel invierno al llegar…! / como un tango te morías / en el frío bulevar”.
El tango incorporó la figura de la francesita que pasó su juventud entre fiestas y champagne, hasta que encontró a un argentino que le chamuyó en el oído, dejando París por Buenos Aires. Lo expresaron muy bien Enrique Cadícamo y Eduardo Pereyra en “Madame Ivonne”: “Mademoiselle Ivonne era una pebeta / en el barrio posta del viejo Montmartre. / Con su pinta brava de alegre griseta / animó las fiestas de Les Quatre Arts. / Era la papusa del Barrio Latino / que supo a los puntos del verso inspirar. /….Han pasao diez años que zarpó de Francia, / Mademoiselle Ivonne hoy es sólo “Madame” / …Ya nada le queda de aquel argentino / que entre tango y mate la alzó de París”.
Eran las primeras décadas del siglo XX cuando Buenos Aires miraba hacia Europa. París ejercía sobre los argentinos una atracción total; era una meta estar en París, pasar por París, vivir en París. El tango, no quedó ajeno a este influjo por lo que incorporó muchas vivencias de la época, acaecidas en ese Buenos Aires que se fue.
EL BARRIO DE LAS MIL CASITAS
El “Barrio de las mil casitas” está ubicado en Liniers, integrado por los barrios Tellier y Falcón.
Fue en 1924, cuando una ordenanza de la Intendencia de la Ciudad de Buenos Aires comenzó a construir el barrio Tellier-Falcón, en el predio comprendido por las calles Carhué, Ramón Falcón, Cosquín e Ibarrola, más conocido las “mil casitas” o “Casitas baratas”.
Fueron adjudicados por sorteo a empleados que tenían un sueldo superior a 400 pesos, cuyos hijos eran estudiantes de nivel secundario o universitario. Construidas en dos plantas poseían living en la planta baja, 2 habitaciones con ventanas altas, 2 baños y un entrepiso para guardar objetos varios.
Se ubicaron en manzanas divididas en tres sectores, configurando calles más angostas. Las calles surgidas de su construcción fueron denominadas pasajes con nombres de pájaros, flores o libros. Formaron parte de casas similares edificadas en Floresta y Flores, en la década de 1920.
Estaban inspiradas en las casonas holandesas y siempre se conocieron como “las casitas baratas”, a pesar de que las cuotas a pagar, eran elevadas para la época. El predio original fue ampliado extendiéndose hasta las calles Tuyutí y Boquerón.
En 1934, como consecuencia de la crisis del 30, la Compañía de Construcciones Modernas resolvió retirar los aportes. Las casas pasaron a la Municipalidad respetándose los acuerdos previos y se fijó un alquiler mensual, para quienes no podían adquirirlas.
Tenían pisos y escaleras de madera con baranda, que crujían al caminar y al pisar los escalones. Solían estar pintados en tonalidades marrón oscuro. El aspecto uniforme que presentaban, fue paulatinamente modificado por cada familia, adaptándolos a los gustos o necesidades de cada uno, como la construcción de garages en el área del living.
Fueron muchas las familias que con menos recursos mantuvieron el “sueño de la casa propia”. Se constituyó en un verdadero modelo de la transformación social porteña. Los barrios de “las casitas baratas” constituyeron un formidable aporte edilicio, refugio de la clase media trabajadora durante el crecimiento y unificación social de ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://www.skyserapercity.com/showtheread.php?t=436129
http://liniersrepublic.blogspot.com.ar/2011/10/las_mil_casitas_de_liniers.html
LOS JUGUETES DE HOJALATA MATARAZZO
La industria nacional del juguete nació para sustituir las importaciones.
Los Matarazzo, cerealeros y fraccionadores de harina, cambiaron de rubro en el año 1934 y comenzaron a fabricar juguetes de hojalata litografiada, los más baratos del mercado, hasta el año 1959. La industria del juguete demostró que es lo que se esperaba de los niños en cada época.
Matarazzo y Cía. era la fábrica de juguetes más grande de Latinoamérica, y la más importante de Argentina. Costábile Matarazzo era el hermano menor del Conde italiano Francesco Matarazzo, que fundó el emporio industrial más grande de Brasil, a comienzos del Siglo XX. Costábile Matarazzo publicó en 1938 el único catálogo con 80 juguetes de hojalata, donde podían hallarse motocicletas, autos de carrera, camiones, ambulancias, cocinitas, baterías de cocina, colectivos, tranvías, trenes, juguetes de arrastre y a cuerda, baldecitos y juegos de playa.Se jugaba moviéndose y usando la imaginación.
Muchos niños soñaron con estos juguetes, deteniéndose en las vidrieras a fin de contemplarlos con admiración. Matarazzo fabricaba 5 mil juguetes diarios, a fin de satisfacer la demanda local y la de varios países latinoamericanos. La Segunda Guerra Mundial jaqueó la importación, interrumpiéndola casi totalmente, y promovió la industria nacional del juguete.
Fue importante la participación del gobierno peronista que promovió el regalo masivo de juguetes como política de Estado, entre los años 1946 y 1954, procurando que la infancia de esa época recibiera por lo menos, un juguete. Eran 3 millones de juguetes entre Navidad y Reyes de cada año, para una población infantil que en 1946, alcanzaba los 4 millones y medio de niños.
Muchos de los juguetes eran fabricados con descarte de hojalata, por lo que era común observar en el interior del juguete, escrituras o impresos correaspondietes a los envases diversos de donde fueron obtenidos. La demanda estatal de juguetes fortaleció a la industria nacional.
Los Matarazzo, actualmente en la industria de los fideos, fueron, con sus juguetes de hojalata, responsables de la alegría de la infancia en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: http://página12.com.ar/imprimir/diario/sociedad/3-69237-2006-06-30.html
http://www.labasicaonline.com.ar/Detalle.asp?Id_Espectaculo=3357
EL COCOLICHE
El cocoliche es una jerga del español hablada por los inmigrantes italianos que vivieron en la ciudad de Buenos Aires.
Antonio Cuccolicchio fue un italiano nacido en Calabria, que trabajó como peón de limpieza en el circo de los hermanos Podestá. Al hablar mezclaba el italiano con el español, creando un nuevo “dialecto” muy gracioso, que se tradujo en un impacto para el público asistente.
Era la mezcla del español con las distintas lenguas y dialectos italianos, que en su comienzo, era hablado por buena parte de los inmigrantes italianos. Un día, Celestino Petray, el cómico de la Compañía, se presentó en escena imitando a Cuccolicchio como un inmigrante acriollado diciendo:”Mi quiamo Franchisque Cocoliche e sono creolio hasta lo güese de la taba e la canilla de lo caracuse, amico. Vengue de la Petagona co este parejiere macanuto, amique”. (Me llamo Francisco Cocoliche y soy criollo hasta los huesos de la taba y la canilla del caracú, amigo. Vengo de la Patagonia con este parejero macanudo, amigo).
Ese fue el nacimiento del personaje cómico “Cocoliche”, que durante varios años alegró al público asistente. Muchas de sus palabras pasaron a engrosar las filas del lunfardo como por ejemplo: cuore (corazón); laburar (trabajar), mufa (fastidio), gambetear (esquivar), yeta (mala suerte), atenti (atención), fiaca (desgano), etc.
Fue muy usado en el teatro popular argentino y en el sainete buscando la risa mientras que el que se hablaba en las calles, contribuía a la comunicación. En el juego del truco, podían escucharse en los boliches, versos en cocoliche:”Io sono un criocho italiano / que parla mal la castilla / ¡Non se caiga de la silla, / que tengue flor nella mano…!, a lo que el truqueador criollo contestaba: “y yo soy criollo, no gringo,/ y atajate, que te bocho: /¿cómo se dice en tu lengua / contraflor con treinta y ocho?. Otras veces, el gringo decía: “Aquí me pongo a cantare / co la guitarra a la mano / e le canto ¡contrafiore! / Angárreselas paisano!”.
Comunidades de otros orígenes también le hicieron honor a una mezcla de español con su idioma materno. La vigencia del cocoliche alcanzó a una o dos generaciones. Pasó el tiempo y el cocoliche se escuchó cada vez menos, a medida que desaparecieron los inmigrantes que lo hablaban en ese Buenos Aires que se fue.
Fuente: Conde, Oscar: El lunfardo y el cocoliche. 03 Abril 2009
http://www.elcastellano.org/palabra.php?q=cocoliche
http://palabrasenextincion.blogspot.com.ar/2009/04/cocoliche.html
