El Buenos Aires que se fue

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La cuestión social

LA LEY DE LA SILLA

La Ley 12.205 “Ley de la silla”, fue redactada en 1907 por el Dr. Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América, oriundo del barrio La Boca, en la ciudad de Buenos Aires.
Las tejedoras, trabajadoras del vestido, alpargateras, textiles, sombrereras y demás empleadas de comercio, decidieron entablar pelea en 1907 en apoyo del Dr. Palacios, saliendo a la calle para luchar por sus derechos reclamando que el patrón les proveyera a los trabajadores. de una silla o taburete con respaldo en el lugar de trabajo.
Esta ley creada para las mujeres por el Dr. Palacios, se sumaba a la que establecía el descanso obligatorio antes y después del parto, la prohibición de trabajo a los menores o la jornada laboral de ocho horas.
La Ley de la silla fue promulgada en la Argentina el 5 de octubre de 1935, por Decreto Nacional 83474/36 cuyo Art. 1º decía: ” Todo local de trabajo en establecimientos industriales y comerciales de la Capital Federal, provincias y territorios nacionales, deberán estar provistos de asientos con respaldo en número suficiente para el uso de cada persona ocupada en los mismos”.
Se determinó que la permanencia de pié durante muchas horas, determinaba trastornos orgánicos como perturbaciones de la circulación sanguínea y la producción de várices.
La ley fue presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el Diputado Francisco Pérez Leirós. A pesar de ser una Ley de alcance nacional, esta conquista social que ya superó el siglo desde su promulgación, no se cumple en forma total, a pesar de estar vigente.
Un verdadero atentado a los derechos laborales de muchos obreros y empleados, que no se han beneficiado de una de las leyes fundamentales de Alfredo Palacios promulgadas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110205…
La ley de la silla. AscensionDigital.com.ar.Buenos Aires, Argentina 1-2-2016

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LA NOVELA ROMÁNTICA

La novela romántica fue un fenómeno cultural y editorial.
Sin embargo, en la época actual, suele ser menospreciado al ser considerado un producto de ficción para amas de casa, a pesar del atractivo que ejercen sobre el público femenino.
En una época en la que el objetivo básico de la mujer era formar una familia y ocuparse de ella, responsabilizándose de las actividades domésticas, la novela romántica, a través de las emisiones radiales o de las publicaciones semanales, tuvo un amplio desarrollo.
La novela romántica constituyó un oasis que recompensó la desigualdad subyacente en los hogares, brindando media hora de ensoñación dentro de un paraíso imaginario, conviviendo con un hombre dominante y protector, que aportaba la felicidad soñada, dentro de las normas sociales vigentes en esa época.
Una carga de erotismo sugerido discretamente, mantenía a la audiencia en vilo durante las emisión radial.
Habitualmente menospreciado, el volumen de lectores y oyentes hicieron de este género llamado “menor”, un fenómeno cultural, editorial y de ventas muy significativo. Las novelas románticas de Corín Tellado y M. Delly respondieron exitosamente a la creciente demanda del público femenino, que devoraba el contenido de cada publicación con ansiedad no disimulada.
El bajo costo de las publicaciones, muchas de ellas de la “Editorial TOR”, fue factor determinante de su llegada a todos los sectores de la población.
Cada lectora o cada oyente, se identificaba con la heroína de turno, viviendo intensamente cada una de las vicisitudes que acontecían en cada capítulo emitido, haciendo de este género literario uno de los entretenimientos de mayor atractivo vividos intensamente en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Marajofsky Laura. Novela romántica ¿Placer culposo o feminismo por otros medios? La Nación 29-11-2015

Audiciones Radiales, La casa, La cuestión social

EL FERNET

El fernet es una bebida alcohólica originaria de Francia pero popularizada en Italia desde mediados del Siglo XIX, traída al país por los inmigrantes italianos.
De sabor amargo, está elaborado con hierbas tales como la manzanilla, el cardamono, el ruibarbo, el azafrán y otras. Este aperitivo tiene una graduación alcohólica de 45º, es de color verdoso oscuro y muy aromático.
La creación de la familia italiana Fratelli Branca, le dió el apellido al fernet más antiguo conocido en Buenos Aires, donde se lo degusta junto con un café, mezclado con soda, agua mineral o integrando cócteles.
El fernet tiene otras indicaciones ya que se lo ha empleado como digestivo para el tratamiento de los cólicos del bebé o de los dolores menstruales. La popularidad de este amargo no ha disminuido ya que su consumo aumentó año tras año. Una combinación muy solicitada y popular entre nosotros es con bebida cola.
En ciertos ambientes se considera al fernet como la bebida nacional de Argentina. El fernet integra el amplio grupo de los aperitivos, bebidas obtenidas de hierbas y maceradas en alcohol, utilizadas previamente a las comidas, con la finalidad de “despertar el apetito”, sin olvidar que en otros tiempos, se usaba como elixir medicinal para prolongar la vida.
Favorece la secreción de los jugos gástricos y prepara al estómago para la digestión de la comida siguiente, siempre y cuando no se lo acompañe de la ingestión exagerada de embutidos, quesos y alimentos grasos que provocan un efecto contrario, las famaosas “picadas”, con más calorías que la comida misma.
La costumbre de tomar un fernet o amargo, antes de la comida, fue un sano pretexto para el encuentro de amigos en el café o sobre el estaño de un bar, en aquél Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.tragos-copas.com/search/label/Historia%20de%20las%20Bebidas
http://www.conexionbrando.com/1484299

El barrio, La cuestión social, Modas y costumbres

LA DACTILÓGRAFA

La dactilógrafa fue una empleada administrativa cuya misión era la de mecanografiar documentos.

Esa posición se alcanzaba luego de aprobar la escuela primaria y el curso de dactilografía dictado por una institución privada, como las “Academias Pitman”, una de las más recordadas. Al cabo de un estudio de 3 meses aproximadamente, se lograba el título de dactilógrafa al tacto, es decir, que escribía con los 10 dedos y sin mirar el teclado.
Ese empleo asalariado, le permitía disponer de una posición laboral superior, respecto de las obreras. La máquina de escribir fue el instrumento clave e indispensable, el más popular de esa época, en el período comprendido entre 1918 y 1939, que catapultó la especialidad de mecanografía, como el conocimiento básico e indispensable para el desempeño de las labores de escritorio.
Proveniente de un barrio cualquiera de la ciudad, esta trabajadora mejoraba su imagen y su “status” obteniendo ventajas entre sus vecinas que desempeñaban tareas manuales en las fábricas. Con buena apariencia, vestidas correctamente y con un peinado de peluquería, las dactilógrafas constituyeron una fuerza laboral productiva, de importancia creciente.
La mejoría en su formación con el agregado de la taquigrafía, posibilitó el ascenso de las más capaces, a la categoría de secretarias, puesto envidiado y deseado, como el principal objetivo a lograr.
Era requisito fundamental que la dactilógrafa fuera mayor de edad y soltera, situaciones que facilitaban su gestión, ya que en caso contrario, eran necesarios el consentimiento del padre o del marido, respectivamente.
Este trabajo, motivado por causas de necesidad económica como consecuencia de ingresos masculinos insuficientes, orfandad o viudez, tuvo una amplia difusión alcanzando su pico máximo en la década del 40. La ocupación de dactilógrafa fue actividad muy destacada entre las tareas laborales femeninas de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.perfil.com/sociedad/El-trabajo-femenino-en-la-Argentina-del-siglo-XX
Queirolo G. Dactilógrafa se necesita: representaciones de las empleadas administrativas en Buenos Aires (1920-1940). Nuevo Mundo Mundos Nuevos 31-05-2009

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LAS TRABAJADORAS DE CUELLO BLANCO

Durate las décadas del 30 y del 40, se registró un crecimiento importante del trabajo femenino en tareas administrativas.
Las empleadas de escritorio, dominaban técnicas comerciales como la mecanografía y la taquigrafía, que se realizaban en las oficinas. Vestidas con esmero, cuidaban su apariencia externa y su veatimenta incluía una camisa o blusa con cuello blanco.
Si bien estas tareas eran de poca jerarquía, con salarios menores a los que percibían los hombres para tareas similares, fueron en muchas oportunidades una etapa que finalizó camino del altar, contrayendo matrimonio con un compañero del trabajo.
Las mejores posiciones alcanzadas en su trabjo fueron como secretaria, del jefe o del gerente. Las décadas del 40 y 50, se caracterizaron por una gran demanda de trabajadoras de escritorio, consecuencia de la expansión estatal a nivel de las actividades comerciales, productivas y financieras.
La habilidad en el manejo de la máquina de escribir, fue la clave responsable del aumento de la productividad. Tener la habilidad de escribir al tacto con los 10 dedos sin mirar el papel, fue sinónimo de eficacia y agilidad.
Habitualmente, estas empleadas habían completado su educación primaria en una escuela estatal. Posteriormente ingresaron a una institución privada para aprender mecanografía y taquigrafía, siendo la “Academia Pitman”, la más frecuentada, como consecuencia de su propuesta de cursos con salida laboral incluida.
Para ingresar a estos trabajos, las mujeres debían tener la autorización del padre, si eran menores de edad, o del marido, si eran casadas. En este último caso, además del trabajo debían cumplir con todas las tareas domésticas.
Las trabajadoras femeninas de cuello blanco, constituyeron una etapa trascendente en el ámbito laboral de aquel Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación

LA ROTISERÍA

La rotisería se caracterizaba por mostrar en una de sus vidrieras, el asador de pollos y tiras de carne para asado, girando ininterrumpidamente.
Era su principal atractivo, que sólo conocíamos por verlo a diario, cada vez que pasábamos delante del negocio. La rotisería y fiambrería, disponía de un stock reducido de mercaderías, pero a un costo más elevado .
No era un sitio frecuentado por la clase media o popular. El pollo rotisado, era un artículo de lujo que teníamos opción de degustar en ocasiones muy especiales: la cena de fin de año, o por un acontecimiento familiar muy importante.
Además del pollo y el asado, en la rotisería se podían adquirir quesos duros y blandos, fiambres y embutidos. Pero la diferencia de costo con el almacén del barrio, era lo suficientemente importante para no visitarlo.
El olor de la rotisería era característico e inconfundible., predominando el del pollo, una verdadera penuria cuando al regresar del colegio secundario, pasábamos frente al asador en movimiento. El apetito que nos acompañaba a esas horas, se multiplicaba varias veces.
La rotisería fue durante mucho tiempo, un sitio para exquisitos, cuando el pollo era un artículo de lujo. No se nos ocurría comer algo de ese sitio. La prohibición surgía espontáneamente en nuestros pensamientos, porque económicamente, no estaba a nuestro alcance.
Debimos esperar varios años para disfrutar se ese bocado añorado durante tanto tiempo, porque el consumo del pollo se abarató tanto, que se convirtió en alimento habitual dentro de nuestra dieta, superando una etapa de ansias reprimidas en aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, La casa, La cuestión social, La infancia, Pequeños locales comerciales

Los pibes nacían en París y los traía la cigüeña.
También se afirmaba que nacían en un repollo, pero la llegada de la cigüeña, era indudablemente, la más aceptada. Esta versión era el principio y fin del tema relacionado con el nacimiento de los niños.

No se hablaba de educación sexual, no se contestaban con sinceridad todas aquellas preguntas que surgían espontáneamente en la mentalidad infantil. A la cigüeña la veíamos en el Jardín Zoológico y asociábamos su aspecto con la clásica imagen del bebé sostenido por el pañal, en pleno vuelo, mientras buscaba la casa donde sería depositado.
Los dibujos que mostraban a la cigüeña volando con el bebé colgando de su pico, contrastaba con las fotografías que mostraban a las cigüeñas en sus nidos, armados sobre un techo o en el hueco de una chimenea, en países de Europa.
La leyenda europea según la cual la cigüeña es el ave responsable de entregar los bebés a sus padres, se popularizó con el cuento “Las cigüeñas”, de Hans Christian Andersen, publicado en el Siglo XIX. El vínculo tradicional con el recién nacido, continuó con su uso en la publicidad de pañales y tarjetas de nacimiento. La cigüeña volaba a veces, con una gorra similar a la de los carteros.
Esta leyenda ha estado ligada a una necesidad psicológica, al evitar hablar del sexo y la procreación de los hijos.
Hasta que un día surgió la versión de que papito le ponía a mamita una semillita, que crecía y crecía, hasta que un día nacía el hermanito, pero ésta, no es la versión que se contaba en aquél Buenos Aires que se fue.

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/ciconia_ciconia

La casa, La cuestión social, La educación, La infancia, Personajes de la infancia

LA REVISTA FEMENINA ROSALINDA

“Rosalinda” fue una de las revistas femeninas que guiaron el conocimiento que las mujeres tenían del país, de América y del mundo durante las décadas del 30, 40 y 50.
Apareció en octubre de 1931, lanzada por la Editorial Bell. “La Revista Mensual para la Mujer y el Hogar”, fue dirigida durante 9 años por la famosa periodista Elsie de Rivero Haedo, más conocida por Verónica Carreño.
Sus temas habituales eran labores de tejidos, bordados y costura; recetas de cocina, consejos prácticos para el hogar y soluciones a los problemas de la casa. Limpieza y conservación de los enseres domésticos. Consejos para la conservación de la belleza. La decoración del hogar, las modas y los horóscopos. “Rosalinda” estaba dirigida fundamentalmente a gente de la ciudad.
Sus temas se resumían en 5 capítulos: 1) Cuentos y Novelas: “Amor prohibido”, “La casa vacía”. 2) Artículos y Notas: “Calor de hogar”, “El despertar de la mujer”, “Jardines en la terraza”. 3) Secciones: “Decoración”, “El Club de la Cigüeña”, “Lecciones de Corte y Confección”, “Rosalinda y sus amigos”, “Para ver y oir”, “Cartas a la redacción”. 4) Labores: “La caja de los regalos”, “Adornos para las toallas”, “Monogramas en la ropa de cama”, “Almohadones”. 5) Modas. Se incluía a veces, una novela corta, romántica y un capítulo especial para los Correos Sentimentales.
Las revistas femeninas argentinas como “Rosalinda” se ocuparon poco de los grandes sucesos bélicos como la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Alejadas del momento histórico, se pensaba en el bienestar de la casa y en el mantenimiento de la elegancia, situación que contrastaba con el activo papel que en esa época, desempeñaba la mujer de Europa y Estados Unidos en la industria de guerra, reemplazando a los hombres que se encontraban en el frente.
Se destacaba netamente el papel que la mujer debía desempeñar como madre y esposa dirigiendo el hogar, permaneciendo en él, siendo amable con su marido e hijos, constituyendo el pilar de su educación moral.
Establecía un diálogo con las lectoras, aconsejando a través del “Correo de Lectores”. Se destacaban los inconvenientes para el hogar, provocado por la mujer que trabajaba fuera de la casa, cosechando amarguras. La mujer, antes que obrera, costurera u otra cosa, debía ser madre, cuidando y educando a sus hijos.
Este mensaje era el “lei motiv” de esta revista femenina en una época de grandes cambios, especialmente en la década del 40, cuando la irrupción de las mujeres en la esfera pública argentina, se materializó en el mercado del trabajo y en la acción política.
Las trabajadoras en las fábricas y las empleadas, vivieron la aceptación oficial de sus labores, apoyadas en la sanción de leyes que garantizaban sus derechos. La Revista llegaba al hogar modelando gustos, generando necesidades y sugiriendo un rumbo a seguir.
“Rosalinda”, como tantas otras revistas femeninas de los años 40 y 50, nos han dejado el conocimiento de como se orientaba la educación de las mujeres en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación, Las Revistas Inolvidables, Realidades argentinas

LA MÁQUINA FOTOGRÁFICA DE CAJÓN

La máquina fotográfica de cajón fua la más simple y popular durante la primera mitad del Siglo XX.

Tenía la forma de una caja fabricada con bakelita o metal, según las marcas, con el objetivo ubicado en una de las caras de menor tamaño. Era de escasa luminosidad, de foco fijo. No se jugaba con la escala de grises. No había matices.

Era importante obtener las fotos en días de mucho sol, a fin de registrar detalles. Mediante una hábil propaganda, la firma “Kodak” regalaba una máquina con la compra de varios rollos de papel fotográfico 120, la principal producción de “Kodak”, que brindaba 8 fotos de 6 x 9, en blanco y negro.

Era muy frecuente obtener fotos oscuras, fuera de foco o movidas. Poseía dos visores para fotos, horizontales o verticales, según se sostuviera la cámara en una de esas posiciones.

Siempre recuerdo a mi padre sacándole fotos a toda la familia. Fotos que registraron nuestro crecimiento, en las distintas etapas del camino a la adolescencia. La documentación lograda con la cámara de cajón, la más humilde y económica existente en el mercado, fue un baluarte fundamental para registrar escenas claves de nuestra vida, en ese Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, Modas y costumbres

LA FOTO FAMILIAR

La foto familiar era un recuerdo habitual en la mayoría de las familias.
En una época en la que disponer de una cámara fotográfica no era fácil, las etapas familiares se documentaban a través de las fotografías de estudio.
En general, no se disponía de cámaras fotográficas de calidad. La tradicional cámara de cajón de foco fijo, para 8 fotos de 6 x 9 era lo conocido, para obtener fotos modestas, que integraban los recuerdos de familia: una fiesta de cumpleaños, un picnic, tiempo de vacaciones, la foto de la mascota o una reunión de amigos.
Pero la foto seria, profesional, se realizaba en un estudio fotográfico. El fotógrafo, de acuerdo con la situación emergente, preparaba un escenario colocando determinado moblaje, de acuerdo con las circunstancias.
Si se trataba de un grupo familiar, el jefe de familia posaba sentado; al lado, su esposa parada y los hijos, sentados en el suelo o sobre almohadones. Las poses eran organizadas por el fotógrafo, cambiando de posición según se obtuviera una o más exposiciones.
Todo ocurría en un pequeño escenario, que se iluminaba adecuadamente con poderosas lámparas que elevaban la temperatura ambiental, molestando en buena medida a los hombres, vestidos con ropa pesada, cuello duro y corbata.
Esta etapa no era a veces definitiva, porque el fotógrafo avisaba que las fotos no eran buenas y que era necesario repetir alguna toma. Nuevamente, el grupo familiar concurría ataviado como la primera vez a fin de obtener la foto correcta.
Antes de disponer de las fotos definitivas, el fotógrafo entregaba una copia en color zepia del material obtenido. Se elegían las más logradas y al cabo de una o dos semanas, entregaba las fotos coloreadas manualmente, en colores muy suaves o simplemente, en blanco y negro.
Eran las fotos definitivas. Disponer de ellas había llevado más de dos semanas. Esas fotos han sido en general, de excelente calidad y han perdurado a través del tiempo, constituyendo un valioso testimonio de ese Buenos Aires que se fue.

La casa, La cuestión social, La infancia
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