El Buenos Aires que se fue

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La cuestión social

LA MARCA “FLOR DE CEIBO”

Durante el primer gobierno peronista fue muy popular la marca “Flor de Ceibo”.

Fue representativa de la opción popular y económica en diversos rubros comerciales vinculados con el consumo familiar. Se aplicó a productos de consumo masivo pero con un costo sensiblemente menor, a fin de frenar el aumento de precios, consecuencia directa de la inflación.

Estos productos eran de inferior calidad. Así, el azúcar molida era de color oscuro pero útil. En muchas ocasiones los productos de consumo habitual se agotaban pero no se reponían; entonces era forzosa la adquisición de la línea económica.

Los zapatos presentaban una terminación tosca que difería bastante de los habituales. Es decir que la denominación “Flor de Ceibo”, era sinónimo de baja calidad. Esta modalidad se fue extendiendo y los restaurantes tenían la obligación de incluir un menú “Flor de Ceibo”. Algo similar ocurría con las prendas de vestir.

Todo negocio de indumentaria debía contar con algún producto que se inscribiera en esta categoría. Las telas que se vendían a menor precio, llevaban en el orillo la marca “Flor de Ceibo”. La histórica línea 160, sucesora del “Expreso Alsina”, denominada la línea 60 de emergencia, se llamó “Línea Flor de Ceibo”.

Pero el término, en forma peyorativa, se aplicó a los funcionarios, empleados y profesores advenedizos, contratados de manera irregular. Fue el caso del nombramiento de personas para cubrir puestos docentes, sin haber cumplido con los requisitos básicos de formación, frente a miles de maestros egresados, sin posibilidad de ejercer.

Así ocurrió cuando la Inspección General de Escuelas Particulares nombró a más de 1100 personas para ejercer la docencia, mientras paralelamente, egresaron de escuelas oficiales y particulares 27.900 maestros, sin puesto. A la gente nueva que llegó en esa época para educar en las facultades o colegios secundarios, se les aplicaba esa etiqueta o rótulo gratuitamente. La línea de productos “Flor de Ceibo”, fue una propuesta peronista aparecida en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:

Acevedo Díaz, Carmen. Algo así como una Flor de Ceibo. La Nación 11-05-2006.

Rozic, Oscar. Flor de Ceibo. 1º-06-2013

La cuestión social, Realidades argentinas

EL AJENJO EN EL TANGO

El ajenjo, también llamado pernod o suissé, es una bebida de elevada graduación alcohólica, superior a los 80º, derivado de la absenta.

Fue muy popular en las últimas décadas del siglo XIX y comienzo del siglo XX. Se constituyó en la bebida favorita de conocidos artistas de la bohemia parisina como Tolouse Lautrec, Degas, Picasso, Manet, y muchos otros que encontraron en ella, una fuente de inspiración.

El ajenjo tiene la propiedad de crear estados de ensoñación, de delirio, un verdadero alucinógeno. Se decía que Van Gogh se cortó una oreja bajo los efectos del ajenjo. Fueron varias las telas pintadas por los famosos que mostraban escenas relacionadas con el consumo de ajenjo.

Argentina y particularmente Buenos Aires, no fueron una excepción. Su elevado consumo en cabarets, tugurios y cafés, fortalecieron el mito del ajenjo. Al ser muy consumido en el ambiente prostibulario, fue recogido por el tango. En el año 1907, el ajenjo fue prohibido en la Argentina, como consecuencia de la labor del diputado Alfredo Palacios, por sus efectos devastadores sobre la clase trabajadora.

Como bebida alcohólica de elevada graduación, era de uso habitual en los viejos bares. En 1927, Adolfo Mondino y Víctor Soliño nos dejaron “Maula”: “La barra del boliche / borracha de Pernod,/ mi nombre, que es el tuyo,/ por el suelo arrastró; / Y vos que en una mesa / oíste aquella infamia,/ bajaste la cabeza / ¡cobarde! sin chistar”.

Al ajenjo también se lo denominaba pernod, recordando el nombre de Henri Louis Pernod, pionero en la producción industrial de esta bebida. En una apretada síntesis, Homero Expósito y Virgilio Expósito escribieron “Siempre París”, señalando “Y así el pernod y el striptis / medio cocotte y actriz / y por los barbudos sin razón / ¡ y el mal de Koch, París”.

Una de las razones esgrimidas para prohibir la venta del ajenjo a nivel mundial fue la comprobación de varios hechos de sangre, ejecutados bajo la acción de una borrachera por ajenjo. En 1930, Enrique Cadícamo y Roberto Firpo lo marcaron una situación en “Aquellas farras” cuando escuchamos: “Siglo de oro de ese tiempo / en que el ñato Monteagudo, / borracho de pernod, / se quiso suicidar / Y del loco Puentecito…/ y del zurdo Altamirano…/ No los he vuelto a ver,/ ¿Dónde andarán? “.

En el tango “Seguí mi consejo”, 1928, Eduardo Tronge y Salvador Merico destacan en forma humorística como el ajenjo es la bebida más representativa a la hora de elegir: “Refrescos, limones, chufas: no los tomes ni aun en broma / Piantale a la leche, hermano, que eso arruina el corazón. / Mandate tus buenas cañas, hacete amigo del whisky /y antes de morfar rociate con unos cuantos pernos”.

En el clímax de los romances, el ajenjo desempeñaba un papel fundamental, provocando una embriaguez ensoñadora que contribuía a exaltar las pasiones. En “ El Pescante”, 1934, Homero Manzi y Sebastián Piana nos sintetizaron magníficamente esta situación: “Vamos por viejas rutinas,/ tal vez de una esquina nos llame René / Vamos, que en mis aventuras / viví una locura de amor y suissé”.

Ésta era la otra denominación del ajenjo, así llamado por haber sido Suiza su país de origen. La copa de ajenjo estaba presente en las crisis y rupturas sentimentales. Brindaba la posibilidad de vivir un período corto de olvido siguiente a la relación frustrada. En “Copa de ajenjo”, 1941, Carlos Pesce y Juan Canaro así lo describieron: ” Suena tango compañero, / Suena que quiero cantar / porque esta noche la espero / y se que no ha de llegar. / Y en esta copa de ajenjo / en vano / pretendo mis penas ahogar / suena tango compañero / suena que quiero llorar.”

Durante la vigencia del ajenjo, la Argentina miraba a Francia, como un modelo integral. Imitar sus costumbres, sus edificios, visitar París, eran los objetivos de la época. Así ocurrió en “El Choclo”, de Enrique Santos Discépolo, Juan Carlos Marambio Catán y Ángel Villoldo, plasmaron en 1946 la letra que dice: “Carancanfunca se hizo al mar con tu bandera* / y en un pernó mezcló París con Puente Alsina / Fuiste compadre del Gavión y de la Mina / y hasta compadre del bacán y la pebeta”.

El ajenjo, con su ritual de consumo caracterizado por el agregado de un terrón de azúcar colocado sobre una cuchara calada, a fin de agregar agua fría para disolverlo, fue la bebida más requerida en el ambiente tanguero y prostibulario de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Varise F. Absenta: la moda del licor maldito. La Nación 9-07-2011

http://www.conexionbrando.com/1591228-absenta-la-bebida-prohibida

* se refiere al bailarín Casimiro Aín, que llevó el tango a París.

El tango, La cuestión social

LA SALADA

La Salada era una laguna de agua barrosa y salitrosa ubicada en la zona sur del partido de La Matanza.

Medía 200 metros de largo por 20 de ancho aproximadamente. Se le atribuían propiedades curativas, especialmente a su fondo barroso, con el cual muchas personas untaban su cuerpo en busca de sus beneficios.

Al comenzar la década del cuarenta, los porteños encontraron en ese sitio, una forma de mitigar las jornadas de calor húmedo, típicas de Buenos Aires. Era una cita elegida para los días sábados, domingos y feriados que, mediante el transporte en tren, colectivos, camiones y a veces, en autos particulares, facilitaba el arribo de entusiastas concurrentes.

No se viajaba a la costa salvo excepcionalmente. No se disponía de piletas particulares. Se solían visitar otros sitios como el Balneario Municipal en la Costanera Sur, los balnearios de Vicente López y Olivos en la zona Norte, o los de Quilmes y Punta Lara, en la zona Sur.

La popularidad de la laguna La Salada motivó la creación del “Parque Balneario La Salada”, con la construcción de 3 grandes piletas alimentadas con agua salada, extraída por bombas aspirantes, y de baños, vestuarios y duchas.  La pileta de menor tamaño y profundidad, era exclusiva para niños.

Los grupos familiares disfrutaban de la sombra de los numerosos árboles existentes, así como de un buen asado cocinado en los fogones y degustado sobre las mesas de material por allí dispersas. Disfrutar de la sombra de esos árboles o de los baños en las piletas, ya sea por placer o por sus propiedades curativas para enfermedades reumáticas, era una situación aprovechada también por visitantes provenientes del interior del país.

Finalizada la hora de las piletas, el patio de la confitería era el paso siguiente donde comenzaba el baile,  al finalizar la tarde. Durante 3 horas aproximadamente, los asistentes tenían la oportunidad de compartir bailes de todos los ritmos en un clima muy animado.

Este balneario fue clausurado en el año 1961 por la existencia de contaminacìón bacteriana de las cañerías. Las inolvidables piletas del Parque Balneario La Salada, fueron las más populares de la zona Sur de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:  http://www.arcondelrecuerdo.com.ar.?p=76

http://elfederal.com.ar.nota/revista/24690/aquellas-piletas-parecidas-al-mar

La cuestión social, Modas y costumbres, Realidades argentinas

LA SECRETARIA

El trabajo femenino de secretaria, fue una necesidad para paliar el déficit en el presupuesto familiar.
Independientemente de su orden y prolijidad, una mujer debía dominar la dactilografía y la taquigrafía, para aspirar al puesto de secretaria. Si se comparaba con el trabajo en las fábricas, la mecanografía era ventajosa porque, si bien requería alfabetización y un cierto grado de cultura, no necesitaba de un esfuerzo intelectual.
La mecanografía femenina fue un fenómeno de carácter internacional y algo similar ocurrió con la taquigrafía, tareas que no necesitaban de un esfuerzo exagerado. Vestida con prendas sencillas, pero elegantes, hacía de la discreción, un arma fundamental para lo que oía o se le comunicaba.

Después del jefe, la secretaria desplegaba funciones de poder sobre el resto de los empleados. Mantenía el orden en la oficina, tanto en lo relacionado con el papeleo como en su aspecto exterior, poniendo un toque de femineidad y delicadeza. Las tareas habituales eran atender el teléfono, ocuparse de la correspondencia, del archivo de la oficina y los asuntos de la agenda personal de su jefe.
La secretaria resolvía todos los temas y actuaba como un separador de su jefe con el mundo exterior. Obtener el cargo de secretaria era la culminación de las tareas de una buena taquidactilógrafa con buena apariencia, que lograba el trabajo femenino ideal.
El análisis de la relación sentimental secretaria-jefe, fue la base de novelas y culebrones radiales que detallaban el romance entre ambos.
La secretaria era la empleada administrativa que había llegado a la cima de su carrera laboral y, que en muchas ocasiones, se convertía en la esposa del jefe, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Queirolo G. Dactilógrafas y secretarias perfectas: el proceso de feminización de los empleos administrativos (Buenos Aires, 1910-1950)-

La cuestión social, Realidades argentinas

LA LEY DE LA SILLA

La Ley 12.205 “Ley de la silla”, fue redactada en 1907 por el Dr. Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América, oriundo del barrio La Boca, en la ciudad de Buenos Aires.
Las tejedoras, trabajadoras del vestido, alpargateras, textiles, sombrereras y demás empleadas de comercio, decidieron entablar pelea en 1907 en apoyo del Dr. Palacios, saliendo a la calle para luchar por sus derechos reclamando que el patrón les proveyera a los trabajadores. de una silla o taburete con respaldo en el lugar de trabajo.
Esta ley creada para las mujeres por el Dr. Palacios, se sumaba a la que establecía el descanso obligatorio antes y después del parto, la prohibición de trabajo a los menores o la jornada laboral de ocho horas.
La Ley de la silla fue promulgada en la Argentina el 5 de octubre de 1935, por Decreto Nacional 83474/36 cuyo Art. 1º decía: ” Todo local de trabajo en establecimientos industriales y comerciales de la Capital Federal, provincias y territorios nacionales, deberán estar provistos de asientos con respaldo en número suficiente para el uso de cada persona ocupada en los mismos”.
Se determinó que la permanencia de pié durante muchas horas, determinaba trastornos orgánicos como perturbaciones de la circulación sanguínea y la producción de várices.
La ley fue presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el Diputado Francisco Pérez Leirós. A pesar de ser una Ley de alcance nacional, esta conquista social que ya superó el siglo desde su promulgación, no se cumple en forma total, a pesar de estar vigente.
Un verdadero atentado a los derechos laborales de muchos obreros y empleados, que no se han beneficiado de una de las leyes fundamentales de Alfredo Palacios promulgadas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110205…
La ley de la silla. AscensionDigital.com.ar.Buenos Aires, Argentina 1-2-2016

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LA NOVELA ROMÁNTICA

La novela romántica fue un fenómeno cultural y editorial.
Sin embargo, en la época actual, suele ser menospreciado al ser considerado un producto de ficción para amas de casa, a pesar del atractivo que ejercen sobre el público femenino.
En una época en la que el objetivo básico de la mujer era formar una familia y ocuparse de ella, responsabilizándose de las actividades domésticas, la novela romántica, a través de las emisiones radiales o de las publicaciones semanales, tuvo un amplio desarrollo.
La novela romántica constituyó un oasis que recompensó la desigualdad subyacente en los hogares, brindando media hora de ensoñación dentro de un paraíso imaginario, conviviendo con un hombre dominante y protector, que aportaba la felicidad soñada, dentro de las normas sociales vigentes en esa época.
Una carga de erotismo sugerido discretamente, mantenía a la audiencia en vilo durante las emisión radial.
Habitualmente menospreciado, el volumen de lectores y oyentes hicieron de este género llamado “menor”, un fenómeno cultural, editorial y de ventas muy significativo. Las novelas románticas de Corín Tellado y M. Delly respondieron exitosamente a la creciente demanda del público femenino, que devoraba el contenido de cada publicación con ansiedad no disimulada.
El bajo costo de las publicaciones, muchas de ellas de la “Editorial TOR”, fue factor determinante de su llegada a todos los sectores de la población.
Cada lectora o cada oyente, se identificaba con la heroína de turno, viviendo intensamente cada una de las vicisitudes que acontecían en cada capítulo emitido, haciendo de este género literario uno de los entretenimientos de mayor atractivo vividos intensamente en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Marajofsky Laura. Novela romántica ¿Placer culposo o feminismo por otros medios? La Nación 29-11-2015

Audiciones Radiales, La casa, La cuestión social

EL FERNET

El fernet es una bebida alcohólica originaria de Francia pero popularizada en Italia desde mediados del Siglo XIX, traída al país por los inmigrantes italianos.
De sabor amargo, está elaborado con hierbas tales como la manzanilla, el cardamono, el ruibarbo, el azafrán y otras. Este aperitivo tiene una graduación alcohólica de 45º, es de color verdoso oscuro y muy aromático.
La creación de la familia italiana Fratelli Branca, le dió el apellido al fernet más antiguo conocido en Buenos Aires, donde se lo degusta junto con un café, mezclado con soda, agua mineral o integrando cócteles.
El fernet tiene otras indicaciones ya que se lo ha empleado como digestivo para el tratamiento de los cólicos del bebé o de los dolores menstruales. La popularidad de este amargo no ha disminuido ya que su consumo aumentó año tras año. Una combinación muy solicitada y popular entre nosotros es con bebida cola.
En ciertos ambientes se considera al fernet como la bebida nacional de Argentina. El fernet integra el amplio grupo de los aperitivos, bebidas obtenidas de hierbas y maceradas en alcohol, utilizadas previamente a las comidas, con la finalidad de “despertar el apetito”, sin olvidar que en otros tiempos, se usaba como elixir medicinal para prolongar la vida.
Favorece la secreción de los jugos gástricos y prepara al estómago para la digestión de la comida siguiente, siempre y cuando no se lo acompañe de la ingestión exagerada de embutidos, quesos y alimentos grasos que provocan un efecto contrario, las famaosas “picadas”, con más calorías que la comida misma.
La costumbre de tomar un fernet o amargo, antes de la comida, fue un sano pretexto para el encuentro de amigos en el café o sobre el estaño de un bar, en aquél Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.tragos-copas.com/search/label/Historia%20de%20las%20Bebidas
http://www.conexionbrando.com/1484299

El barrio, La cuestión social, Modas y costumbres

LA DACTILÓGRAFA

La dactilógrafa fue una empleada administrativa cuya misión era la de mecanografiar documentos.

Esa posición se alcanzaba luego de aprobar la escuela primaria y el curso de dactilografía dictado por una institución privada, como las “Academias Pitman”, una de las más recordadas. Al cabo de un estudio de 3 meses aproximadamente, se lograba el título de dactilógrafa al tacto, es decir, que escribía con los 10 dedos y sin mirar el teclado.
Ese empleo asalariado, le permitía disponer de una posición laboral superior, respecto de las obreras. La máquina de escribir fue el instrumento clave e indispensable, el más popular de esa época, en el período comprendido entre 1918 y 1939, que catapultó la especialidad de mecanografía, como el conocimiento básico e indispensable para el desempeño de las labores de escritorio.
Proveniente de un barrio cualquiera de la ciudad, esta trabajadora mejoraba su imagen y su “status” obteniendo ventajas entre sus vecinas que desempeñaban tareas manuales en las fábricas. Con buena apariencia, vestidas correctamente y con un peinado de peluquería, las dactilógrafas constituyeron una fuerza laboral productiva, de importancia creciente.
La mejoría en su formación con el agregado de la taquigrafía, posibilitó el ascenso de las más capaces, a la categoría de secretarias, puesto envidiado y deseado, como el principal objetivo a lograr.
Era requisito fundamental que la dactilógrafa fuera mayor de edad y soltera, situaciones que facilitaban su gestión, ya que en caso contrario, eran necesarios el consentimiento del padre o del marido, respectivamente.
Este trabajo, motivado por causas de necesidad económica como consecuencia de ingresos masculinos insuficientes, orfandad o viudez, tuvo una amplia difusión alcanzando su pico máximo en la década del 40. La ocupación de dactilógrafa fue actividad muy destacada entre las tareas laborales femeninas de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.perfil.com/sociedad/El-trabajo-femenino-en-la-Argentina-del-siglo-XX
Queirolo G. Dactilógrafa se necesita: representaciones de las empleadas administrativas en Buenos Aires (1920-1940). Nuevo Mundo Mundos Nuevos 31-05-2009

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas

LAS TRABAJADORAS DE CUELLO BLANCO

Durate las décadas del 30 y del 40, se registró un crecimiento importante del trabajo femenino en tareas administrativas.
Las empleadas de escritorio, dominaban técnicas comerciales como la mecanografía y la taquigrafía, que se realizaban en las oficinas. Vestidas con esmero, cuidaban su apariencia externa y su veatimenta incluía una camisa o blusa con cuello blanco.
Si bien estas tareas eran de poca jerarquía, con salarios menores a los que percibían los hombres para tareas similares, fueron en muchas oportunidades una etapa que finalizó camino del altar, contrayendo matrimonio con un compañero del trabajo.
Las mejores posiciones alcanzadas en su trabjo fueron como secretaria, del jefe o del gerente. Las décadas del 40 y 50, se caracterizaron por una gran demanda de trabajadoras de escritorio, consecuencia de la expansión estatal a nivel de las actividades comerciales, productivas y financieras.
La habilidad en el manejo de la máquina de escribir, fue la clave responsable del aumento de la productividad. Tener la habilidad de escribir al tacto con los 10 dedos sin mirar el papel, fue sinónimo de eficacia y agilidad.
Habitualmente, estas empleadas habían completado su educación primaria en una escuela estatal. Posteriormente ingresaron a una institución privada para aprender mecanografía y taquigrafía, siendo la “Academia Pitman”, la más frecuentada, como consecuencia de su propuesta de cursos con salida laboral incluida.
Para ingresar a estos trabajos, las mujeres debían tener la autorización del padre, si eran menores de edad, o del marido, si eran casadas. En este último caso, además del trabajo debían cumplir con todas las tareas domésticas.
Las trabajadoras femeninas de cuello blanco, constituyeron una etapa trascendente en el ámbito laboral de aquel Buenos Aires que se fue.

La cuestión social, La educación

LA ROTISERÍA

La rotisería se caracterizaba por mostrar en una de sus vidrieras, el asador de pollos y tiras de carne para asado, girando ininterrumpidamente.
Era su principal atractivo, que sólo conocíamos por verlo a diario, cada vez que pasábamos delante del negocio. La rotisería y fiambrería, disponía de un stock reducido de mercaderías, pero a un costo más elevado .
No era un sitio frecuentado por la clase media o popular. El pollo rotisado, era un artículo de lujo que teníamos opción de degustar en ocasiones muy especiales: la cena de fin de año, o por un acontecimiento familiar muy importante.
Además del pollo y el asado, en la rotisería se podían adquirir quesos duros y blandos, fiambres y embutidos. Pero la diferencia de costo con el almacén del barrio, era lo suficientemente importante para no visitarlo.
El olor de la rotisería era característico e inconfundible., predominando el del pollo, una verdadera penuria cuando al regresar del colegio secundario, pasábamos frente al asador en movimiento. El apetito que nos acompañaba a esas horas, se multiplicaba varias veces.
La rotisería fue durante mucho tiempo, un sitio para exquisitos, cuando el pollo era un artículo de lujo. No se nos ocurría comer algo de ese sitio. La prohibición surgía espontáneamente en nuestros pensamientos, porque económicamente, no estaba a nuestro alcance.
Debimos esperar varios años para disfrutar se ese bocado añorado durante tanto tiempo, porque el consumo del pollo se abarató tanto, que se convirtió en alimento habitual dentro de nuestra dieta, superando una etapa de ansias reprimidas en aquel Buenos Aires que se fue.

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