El Buenos Aires que se fue

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El tango

EL GRAN BANDONEONISTA PASCUAL MAMONE

Pascual “Cholo” Mamone fue bandoneonista, compositor, director y arreglador de la música porteña.

Nació en el barrio de San Cristóbal, el 22 de Abril de 1921. Estudió bandoneón con Pedro Maffia a partir de 1939 y en 1942, integró esa orquesta. Fue un importante arreglador, iniciando estas tareas en 1949 con Osvaldo Pugliese, con quien colaboró 15 años.

También hizo arreglos para Roberto Caló, Alfredo Gobbi, José Basso, Pedro laurenz, Enrique Mario Francini y Florindo Sassone. A partir de 1954 colaboró en calidad de primer bandoneón y arreglador, en la orquesta del cantor Alberto Morán, dirigida por Armando cupo.

En la década del 60 dirigió la orquesta de Miguel Montero. En colaboración con el Dr. Juan Tigi, médico del Hospital Santojanni, obtuvieron el Segundo puesto en el Concurso Odol, con la milonga “Cuando era mía mi vieja”. Por dificultades laborales con las empresas grabadoras, se vió forzado a abandonar temporariamente la música y trabajar como visitador médico.

Así fue como lo conocí cuando trabajaba en el Hospital Santojanni. Sumamente educado, cordial y amable, se manejaba con humildad. Yo ignoraba sus quilates como músico, lo que no impidió que entabláramos una relación amistosa. Los encuentros en el hospital fueron más prolongados.

Sus inquietudes musicales fueron múltiples. Así nació “La Familia Coral”, un emprendimiento familiar integrado por su esposa y sus hijos en canto, acompañados por el bandoneón de Mamone.  Esta actividad quedó plasmada en un disco de vinilo. Una reunión familiar, me permitió disfrutar a Pascual Mamone y su bandoneón como solista.

Era un sonido distinto, que no tenía ninguna conexión con lo que escuchábamos en sus interpretaciones acompañando a cantantes. Mamone y su bandoneón eran una experiencia muy distinta, prodigando combinaciones de sonidos selectas, únicas, en donde podía apreciarse la influencia de su profesor, Pedro Maffia. Muchas de esas interpretaciones han quedado registradas en grabaciones caseras.

La Academia del Lunfardo lo declaró “Gloria del Tango”, en Diciembre de 1996. Durante varios años condujo la Orquesta del Tango de la Municipalidad de San Martin. Acompañó a destacados solistas como María Volonté y Chela Cordero. Fue convocado para integrar el grupo de 14 bandoneonistas que homenajearon a Aníbal Troilo.

El miércoles 11 de Setiembre de 2012, actuó por última vez. No pudo repetir su actuación, como estaba previsto, porque como dijo el Diario La Nación,”se fue de gira para no regresar”. A los 91 años, Pascual Mamone se alejó definitivamente, dejándonos el recuerdo del  profesionalismo y la amistad de un gran ejecutante, arreglador y compositor de tango, de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:García Blaya, Roberto. Pascual Mamone. Todo Tango. Los Creadores.

Pascual Mamone, una gloria. Clarín, 21 Diciembre 1996.

Cholo Mamone, con fidelidad de tango. La Nación, 23 diciembre 1997.

Otro fuelle se fue de gira. La Nación, 19 Setiembre de 2012.

Artistas destacados, El tango

LOS NEGROS EN EL TANGO Y LA MILONGA

Los negros formaron parte de la población de Buenos Aires, casi simultáneamente con la población blanca.

Uno de cada tres habitantes era negro o de ese origen. Como consecuencia de las epidemias, la pobreza y las Guerras de la Independencia, fueron desapareciendo. Los negros porteños se concentraron en los barrios porteños de San Telmo y Montserrat.

Son escasos los tangos que registraron detalles de su vida como en “Moneda de cobre”, de Horacio Sanguinetti y Carlos Viván:”Tu padre era rubio, borracho y malevo, / tu madre era negra con labios malvón; / mulata naciste con ojos de cielo / y mota en el pelo de negro carbón. / Creciste en el lodo de un barrio muy pobre, / cumpliste veinte años en un cabaret, / y ahora te llaman Moneda de Cobre, / porque vieja y triste muy poco valés.”

Otro tango que hace alusión a los negros es “Alhucema”, de Francisco Pracánico y Horacio Sanguinetti, que aborda las desventuras trágicas de un romance de amor: “Negra macumba que zumba el tambor, / ¡Ha muerto un moreno y ha muerto un amor! / Triste retumba, retumba el tambor; / ¡Ha muerto un hermano de nuestro color! / Alhucema. / Se llamaba la morena, / que a la muerte lo arrastró. / Negra loca, / fue la sangre de su boca / que a los negros embriagó…/ Doble pena, / uno vive en sus cadenas / y otro ha muerto por su amor.”

Son las milongas las que se han ocupado de describir episodios de la vida de los negros, casi siempre tristes y dolorosos. En “Ropa blanca”, de Homero Manzi y Alfredo Malerba, se evocan a las lavanderas: “Lava la ropa mulata / pena y amor. / La espuma por blanca / parece algodón. / Tus manos por negras / betún y carbón. / Lava la ropa mulata / pena y amor”.

La evocación del Rey Mago Baltasar, fue plasmada en la milonga “Papá Baltasar”, de Homero Manzi y Sebastián Piana, cuando dice: “De mi niño, niño Pedro / no te vayas a olvidar / que mi niño es el más negro / y el más pobre, Baltasar. / El quiere un soldado nuevo / y una espada y un fusil / y para subir al cielo, / un globito de candil”.

En la milonga “Negra María”, de Homero Manzi y Lucio Demare, se cantan las desventuras de una niña recién nacida en Carnaval, para quien todos los proyectos de vida sucumben rápidamente: “Bruna, bruna / nació María / y está en la cuna. / Nació de día / tendrá fortuna. / Bordará la madre / su vestido largo. / Y entrará a la fiesta / con vestido blanco / y será la reina / cuando María / cumpla quince años”.

Las milongas candomberas integran el grupo de canciones donde los personajes básicos están representados por gente de color. Su letrista más representativo fue el gran poeta Homero Manzi. Conjuntamente con su estrecho colaborador, el pianista Sebastián Piana, escribieron la milonga “Juan Manuel”, en la que se refieren situaciones relacionadas con la batalla de Caseros, que puso fin al gobierno de Rosas. Los negros estuvieron protegidos durante ese gobierno, ya que Rosas, era un entusiasta del candombe. El mestizaje fue uno de los responsables de la desaparición de las características de los negros, dando origen a los mulatos, pardos, zambos y morenos.

Fueron escasos los vestigios que quedaron de los negros y de su cultura, salvo la música. Homero Manzi y Charlo nos brindaron la milonga candombe “Oro y Plata”: “Ay, / late que late / y el cuero del parche bate / con manos de chocolate / el negro que la perdió; / rueda que rueda, / lo mismo que una moneda / con ropa de tul y seda / la negra que le mintió. / Todos los cueros están doblando / pero sus ojos están llorando: / que un pardo de cuello duro / fumando un puro / se la llevó”.

El 15 de Mayo de 1812 se prohibió la introducción de esclavos y el 4 de Febrero de 1813, se declaró libre a todo esclavo procedente de país extranjero por el solo hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidas. Homero Expósito junto a Enrique Mario Franchini y Héctor Stamponi escribieron “Azabache”: “¡Retumba con sangre y tumba / tarumba de tumba y sangre!… / Grito esclavo del recuerdo / de la vieja Buenos Aires…/ ¡Candombe! ¡Candombe negro! / Nostalgia de gente pobre…/ Por las calles de San Telmo / ya se ha perdido el candombe…/ ¡Oh…oh…oh!”.

En “Pena mulata”, de Homero Manzi y Sebastián Piana,  milonga candombe que recordamos en la inolvidable versión de Roberto Rufino con la orquesta de Carlos Di Sarli: “Tu madre murió de amores, / alma blanca y piel carbón. / Mulata, fueron sus labios / el rencor de un cuarteador. / Tu padre murió a la sombra / por vengar esa traición. / Mulata, nació tu estrella / en un cielo de crespón”.

No todas las milongas con negros son tristes; hay una excepción en la milonga humorística “Milonga en negro”, recopilada y arreglada por Edmundo Rivero, que hemos disfrutado en su grabación con la orquesta de Aníbal Troilo: “La negra doña Tomasa, que una negra hija tiene / con otro negro pretende, su negra hija casar, / Resulta que el negro novio, todo con muy negra idea / Quiere que de negro sea la fiesta más singular…/ Después de esta negra fiesta, los negros novios se fueron /A un negro cuerto subieron, negras sábanas tendieron, / Y a eso de la media noche cosas de negros hicieron…/ La negra durmió en la cama…Y el negro durmió en el suelo…”. La vida y costumbres de los negros conformaron un grupo social muy bien definido en la población porteña, registrado en la música de algunas milongas arrabaleras de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Gobello, José. Letras de tango, Edic. Centro Editor, Tomos 1 y 2. 1997.

El tango, La cuestión social, Realidades argentinas

ALBERTO MARGAL

Natalio Alberto Capa, cuyo nombre artístico era Alberto Margal, nació en Rosario el 13 de Julio de 1910.

Estudió el colegio comercial aunque sin éxito. Trabajó en una panadería, que poseía unas máquinas “Margaldi”. De ahí nació su apellido artístico.  En 1933 llegó a Buenos Aires, cantando en cantinas y cafés de Avellaneda acompañándose con su guitarra.

Trabajó en la Editorial Sopena y concurrió a teatros vocacioneales independientes, donde también cantaba. Durante un asado tuvo un encuentro con Juan Ruggero, “Ruggerito”, colaborador del caudillo Alberto Barceló, hecho que le sirvió como punto de arranque a su trayectoria profesinal.

Fue contratado por LR2 “Radio Argentina”, emisora en la que permaneció casi 25 años. Pero también cantó en “Radio Prieto”, “Radio El Mundo” y “Radio Belgrano”, en las audiciones de “Jabón Federal”. Hay que destacar sus actuaciones en el Café Marzotto, acompañado por las guitarras de José Canet y Humberto Canataro. Fue llamado “El cantor de las madres y las novias”.

Fueron muchas las giras que realizó por el interior del país, donde era muy conocido. Admirador de Agustín Magaldi, cultivó su repertorio con preferencia. Formó dúo con Lito Bayardo, con quien compuso varios temas. Su popularidad se acrecentó en 1937, destacándose como uno de los cantantes solistas de la época.

Realizó giras por Brasil, Uruguay y Chile. En 1951 participó en 2 novelas de radioteatro en Radio Argentina. Su primera grabación fue en el sello “Odeón”, el 7 de Marzo de 1943 con el tango “No hables mal de las mujeres”. Su último registro se realizó en 1957, completando 46 grabaciones. Ese año abandonó la actividad artística. Falleció a los 70 años, el 18 de Setiembre de 1980.

Era común escuchar sus interpretaciones en horas de la tarde por “Radio Argentina”, siempre con acompañamiento de guitarras, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:http://rberdi-archivo-gotan-tango.blogspot.com.ar/2007/07/alberto-margal

Artistas destacados, Audiciones Radiales, El tango

LOS JUEGOS INFANTILES EN EL TANGO

La infancia y comienzo de la adolescencia está estrechamente vinculada con los juegos que nos acompañaron durante nuestra infancia. El tango, como expresión de Buenos Aires, supo incorporarlos en sus letras para asignarles la importancia que poseían en la vida de la muchachada.

El fútbol es y ha sidoi, pasión de multitudes; con su práctica desde edad muy temprana, se buscaba en un club de fútbol importante, alcanzar fama y bienestar económico. Era el sueño de muchos que se materializaba en algunos pocos. Estas ansias y proyectos han quedado muy bien reflejados en “El sueño del pibe”, de Reinaldo Yiso y Juan Puey:”Vas a ver que lindo / cuando allá en la cancha / mis goles aplaudan,/ seré un triunfador / jugaré en la quinta, / después en primera, / yo se que me espera / la consagración.”

La llegada al barrio del circo, era un acontecimiento importante. Una o dos veces al año ocurría esa visita, de modo que se hacía lo imposible para estar presente en alguna función. En los días previos al debut, algunos artistas y un remolque con alguna fiera, recorría las calles del barrio, distribuyendo programas y anunciando la presentación. Eduardo E. Beecar y Roberto Fugazot nos dicen en “Circo criollo”: “Ya la murga con sus sones de platillos y trombones / circuló por todo el pueblo, pregonando por doquier, / e imprimiendo en cada nota esta frase como un dejo:/ “circo gaucho, circo viejo, te vas para no volver” / De los pibes la algazara y el payaso con su cara / y sus locos cascabeles que va viendo enmudecer, / va expresando con la mueca de su labio y su entrecejo, / “circo gaucho, circo viejo, te vas para no volver”.

Probablemente sea la calesita, el juego ligado al niño desde la más temprana edad. ¡Quién no ha girado por una vez en la calesita!. Quién no ha vibrado de emoción cuando sacó la sortija. Y cuando más crecidos, realizaban piruetas sobre un caballo de madera o un avioncito con la hélice rota. La relación del niño con la calesita ha sido una constante a través del tiempo. Fueron Cátulo  Castillo y Marianito Mores, quienes dieron vida al inolvidable “La calesita”: “Grita la calesirta / su larga cuita maleva; / cita que por la acera / de Balvanera nos lleva. / …Vamos, que nos espera / con su poller marchita, / esta canción que rueda / la calesita…

El barrilete es otro de los juegos forzozamente ligados a la etapa infantil, aunque no exclusivamente, porque adolescentes y adultos, no perdían la oportunidad “de ayudar” a remontarlo. Pero todas las viscicitudes relacionadas con la fabricación del barrilete y su posterior remontada, configuran una imagen imposible de olvidar. Eladia Blazquez escribió “Sueño de barrilete”: “Yo quise ser un barrilete / buscando altura en mi ideal, / tratando de explicarme / que la vida es algo más / que darlo todo por comida. / y he sido igual que un barrilete, / al que un mal viento puso fin / no se si me falló la fe, la voluntad, / o acaso fue que me faltó piolín”.

El comienzo del invierno anunciaba que estaba próximo el día de San Pedro y San Pablo, cuando en cada barrio, se lo celebraba con la tradicional fogata del 29 de junio, que se hacía con todo lo inflamable recolectado desde dos semanas antes. Todo lo combustible, era útil para alimentar ese fuego que congregaba a los habitantes del barrio a participar del festejo anual y quemar algún muñeco, preparado para ese día. Julio Huasi e Ismael Spitalnik escribieron “San Pedro y San Pablo”: “Los purretes trajeron la madera, / tablones, sillas rotas, un catre y un cajón. / La montaña se hará pronto una hoguera, / las viejas tendrán brasas, no gastarán carbón. / …y las casas serán rojos fantoches, / millones de fogatas habrá por la ciudad, / surgirá la mañana en plena noche, / paloma y papa asada los pibes comerán”. Era la reunión que finalizaba cuando sólo quedaban algunas brasas esparcidas, sobre un empedrado que guardaba el calor durante muchas horas.

Ninguno podrá olvidar los juegos en la vereda, como la rayuela, las bolitas, el patrón de la vereda y tantos otros. Han sido épocas estampadas en el cerebro para siempre. Son recuerdos imperecederos que han quedado retenidos. Julio Navarrine y Juan Raggi lograron un acierto con “Oro muerto”: “El dueño de la casa / atiende a las visitas;/ los pibes del convento / gritan en derredor / jugando a la rayuela, / al salto, a las bolitas, / mientras un gringo curda / maldice al Redentor”.

Los espectáculos con títeres, se ofrecían en festivales infantiles, fiestas de cumpleaños o en fiestas parroquiales. Los pibes quedaban atrapados durante esos minutos de hechizo que surgían de las trompadas y cabezazos de esos muñecos inquietos. José Tagini y Juan Guichandut nos dejaron el clásico “Marionetas” que dice: “¡Arriba Doña rosa! / ¡Don Pánfilo , ligero! / y aquel titiritero / de voz aguardentosa / nos daba la función…/ Tus ojos se extasiaban: / aquellas marionetas / saltaban y bailaban / prendiendo en tu alma inquieta / la cálida emoción…”.

El tango, La infancia, Los juegos

TANTURI - CASTILLO

Ricardo Tanturi y Alberto Castillo constituyeron uno de los binomios tangueros más representativos de la década del 40.

Ricardo Tanturi, llamado “El caballero del tango”, nació en el barrio de Barracas el 27 de Enero de 1905. Fue dentista y pianista. En 1933 formó un sexteto típico llamado “Los Indios”, igual que un equipo de polo de esa época. Trabajó en el Hotel Carrasco, de Montevideo y comenzó a grabar en el sello “Odeón”.

Se incorporó a los programas de Radio “El Mundo”, cambiándose al sello grabados “Víctor”. En 1939, se incorporó el cantor Alberto Castillo a quien llamaron “El cantor de los 100 barrios porteños”. De esta forma orquesta y cantor ingresaron de inmediato a la popularidad, dando origen a una sucesión de éxitos que impulsó el expectacular ascenso de ambos, arrastrando multitudes.

Alberto Salvador De Luca, conocido como Alberto Castillo, fue uno de los intérpretes más carismáticos de toda la historia de la música rioplatense. Nació en Mataderos, el 7 de Diciembre de 1914. Comenzó a cantar mientras estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires obteniendo el título de Médico en 1942.

Trabajó con los conjuntos de Armando Neira, Augusto Berto y Mariano Rodas. Conoció al maestro Tanturi en un baile universitario, donde cantó algunos temas. Ingresó al conjunto en 1939 permaneciendo hasta 1943. Fueron años de un éxito clamoroso.

Castillo no imitaba a nadie. Era completamente distinto, por la forma de cantar, por sus gestos exagerados, por su manejo del micrófono, su forma de vestir a la usanza “Divito” y por su provocativa forma de decir, con un tono cachador, arrastrando el fraseo, con una cadencia rea. Fue un verdadero transgresor que provocó odios y amores entre el público.

El primer disco del binomio Tanturi- Castillo apareció el 8 de Enero de 1941, el vals “Recuerdo”, de Alfredo Pelaia. Pero sin lugar a dudas, fue el tango “Así se baila el tango”, de Elías Randal y Marvil, el que mejor lo caracterizó cuando decía:”¡Qué saben los pitucos, / lamidos y shushetas, / que saben lo que es tango, / que saben de compás”. Siempre alguno se daba por aludido y comenzaba la bronca.

Luego de su desvinculación de Tanturi actuó como solista. Su orquesta fue dirigidas sucesivamente por Emilio Balcarce, Enrique Alessio y Angel Condercuri. Ricardo Tanturi falleció el 24 de Enero de 1973 y Alberto Castillo el 23 de Julio de 2002.

El binomio constituido por Ricardo Tanturi y Alberto Castillo fue uno de los más exitosos en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Sentir el tango. Nº 12, 1998. Ed. Altaya.

Binomios tangueros, El tango

PARIS EN EL TANGO

París fue la ciudad, que representó para el tango, su ingreso y aceptación como danza a nivel internacional.

En los comienzos del siglo XX, la aparición del tango fue recibida con mucha reserva. Su origen prostibulario y sus letras reñidas con la moral de la época, fueron factores de rechazo en los círculos sociales. El tango no era bien visto y en su aceptación, fue muy importante la etapa parisina.

Allí se consagró y desde allí, fue lanzado a la consideración internacional. La moda de visitar París, disfrutar de la Ciudad Luz, participar de su vida bohemia con sus atracciones nocturnas, con sus mujeres y sus desengaños, han integrado el contenido de tangos tradicionales.

En “Anclao en París“, de Enrique Cadícamo y Guillermo Barbieri, la nostalgia y la amargura, son temas dominantes: “Tirao por la vida de errante bohemio / estoy, Buenos Aires, anclao en París. / Curtido de malas, bandeado de apremios, / te evoco desde este lejano país. /……¡Lejano Buenos Aires, qué linda has de estar! / ya van para diez años / que me viste zarpar. / Aquí, en este Montmartre, / faubourg sentimental, / yo siento que el recuerdo / me clava su puñal…!”.

El recuerdo de la mujer inalcanzable, con sus dudas y misterios, está relatado por Julián Centeya y Enrique Delfino en “Claudinette“: “Medianoche parisina / en aquel café concert, / como envuelta en la neblina / de una lluvia gris y fina / te vi desaparecer…/ Me dejaste con la pena / de saber que te perdí, / mocosita dulce y buena / que me diste la condena / de no ser jamás feliz”.

La descripción de las “grisettes”, como se denominaba a las obreras de la costura que transitaban situaciones prostibularias, fue un verdadero acierto en el tango “Griseta”, de José González Castillo y Enrique Delfino: “Mezcla rara de Museta y de Mimí / con caricias de Rodolfo y de Schaumard, / era la flor de París / que un sueño de novela trajo al arrabal. / Y en el loco divagar del cabaret, / al arrullo de algún tango compadrón / alentaba una ilusión, / soñaba con Des Grieux, / quería ser Manón…”.

El destino fatal causado por la tuberculosis, quedó reflejado en muchos tangos, como reflejo de la vida diaria, cuando la enfermedad era preludio de muerte. En “Mimí Pinzón”, José Rótulo y Aquiles Roggero lo destacan claramente: “Un día más, / un año más, / que estoy perdido en la neblina…/ En esa niebla de la noche parisina / que te alejaste para nunca retornar. / Yo te llamé / Mimí Pinzón, / porque en tu afán de ser coqueta / te fue arrastrando al igual que la Griseta, / y el mismo mal y su final te castigó”.

El rudo invierno parisino está asociado con letras tristes y desgarradoras. Héctor Blomberg y Enrique Maciel escribieron el tango “La que murió en París”, donde una vez más, la tuberculosis es, lamentablemente, la figura dominante: “Yo sé que aún te acuerdas del barrio perdido, / de aquel Buenos Aires que nos vió partir. / Que en tus labios fríos aun tiemblan los tangos / que en París cantabas antes de morir…/ La lluvia de otoño mojó los castaños, / pero ya no estabas en el bulevar…/ Muchachita criolla de los ojos negros, / tus labios dormidos ya no han de cantar…/….¡Muchachita, como tosías / aquel invierno al llegar…! / como un tango te morías / en el frío bulevar”.

El tango incorporó la figura de la francesita que pasó su juventud entre fiestas y champagne, hasta que encontró a un argentino que le chamuyó en el oído, dejando París por Buenos Aires. Lo expresaron muy bien Enrique Cadícamo y Eduardo Pereyra en “Madame Ivonne”: “Mademoiselle Ivonne era una pebeta / en el barrio posta del viejo Montmartre. / Con su pinta brava de alegre griseta / animó las fiestas de Les Quatre Arts. / Era la papusa del Barrio Latino / que supo a los puntos del verso inspirar. /….Han pasao diez años que zarpó de Francia, / Mademoiselle Ivonne hoy es sólo “Madame” / …Ya nada le queda de aquel argentino / que entre tango y mate la alzó de París”.

Eran las primeras décadas del siglo XX cuando Buenos Aires miraba hacia Europa. París ejercía sobre los argentinos una atracción total; era una meta estar en París, pasar por París, vivir en París. El tango, no quedó ajeno a este influjo por lo que incorporó muchas vivencias de la época, acaecidas en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social, Realidades argentinas

EL JUEGO EN EL TANGO

Los porteños afectos al juego, gozaban en la buena y “lloraban” cuando la suerte les era esquiva.

Las aventuras sobre el tapete, también llamado “escolazo”, superaban los sentimientos hacia los seres más queridos y tornaban de un buen pasar a una vida de privaciones y quejas. El tango no podía ignorar al juego, una de las pasiones del porteño y lo describió con distintos enfoques, empleando términos del juego para destacar situaciones de los protagonistas del tango.

En “Monte criollo”, de Homero Manzi y Francisco Pracánico, lo dice así: “Cuarenta cartones pintados / con palos de ensueño, de engaño y de amor, / la vida es un mazo marcado, / baraja los naipes la mano de Dios…..// Me ofrece la espada su filo, / rencores del basto te quieren vengar…/ ¡Hoy juego mi carta tranquilo, / y entre oros y copas te habré de olvidar…/”.

Las relaciones amorosas, desdichadas o felices, fueron incluídas en la jerga burrera dando origen a tangos clásicos como “Canchero“, de Celedonio Flores y Arturo de Bassi: “Para el record de mi vida sos una fácil carrera / que yo me atrevo a ganarte sin emoción ni final. / Te lo bato pa’ que entiendas en esta jerga burrera, / que vos sos una potranca para una penca cuadrera / y yo, che vieja, ya he sido relojiao pa’l Nacional”.

Otras veces, sólo se detallaba la obtención de una “fija” para salir momentáneamente de pobre. Así lo expresaron José Rial y Guillermo Barbieri en “Preparate pa’l domingo“: “Preparate pa’l domingo si querés cortar tu yeta, / tengo una rumbiada papa que pagará un buen sport…/ ¡ Me asegura mi datero que lo corre un gran muñeca / y que paga por lo menos treinta y siete a ganador!…..// Los amigos se cotizan / en las malas y en las buenas¡ / a mi me dieron la chaucha / y la reparto con vos…/ con esos cuatro manguillos / se calmarán nuestras penas, / y entonces si que podemos…/ ¡ Podemos pensar que hay Dios!.

La viveza del porteño, no le era suficiente cuando se encontraba con una mujer astuta en lograr sus objetivos, superándolo en habilidad, a pesar de su experiencia. Eduardo Mendez y Nicolás Vaccaro lo explican muy bien en “Barajando“: “Con las cartas de la vida por mitad bien maquilladas, / como guillan los malandros carpeteros de cartel, / mi experiencia timbalera y las 30 bien fajadas, / me largué por esos barrios a encarnar el espinel. /…..En el naipe de la vida, cuando cartas son mujeres, / aunque lleve bien fajadas pa’l amor las 33; / es inútil que se prendan al querer con alfileres, / si la mina no es un paño, derechita y sin revés.”

Como responsable de provocar rupturas en la vida del jugador, el juego se transforma en la única causa de desvío, capaz de hundir al más mentado en el fango. Una de tantas historias con este argumento, se cuenta en “Por culpa del escolaazo”, de Mario Cecere y Roberto Grela: “Por culpa del escolazo / me quedé bien en la vía, / las cosas que ¡ mama mía / me tuve que apechugar! / Ya no podía empilchar, / andaba misho de fasos, / y al no gustrme el pechazo /ni los grupos pa’ filar, / para poder escabiar / del whisky me fui al quebracho.”

La quiniela en su etapa de juego prohibido, fue partícipe en relatos y poesías diversas. Se jugaba en forma ilegal en todas partes: en el trabajo, en el almacén o en el mercado; en los puestos de diarios, etc. Lo más fácil era encontrar un pasador de quiniela. El tango integró más de una letra, generalmente humorística. Roberto Aubriol Barboza y Luis Cluzcan Mortet escribieron “El quinielero“: “Hoy lo invita el quinielero / con su promesa temprano / diciendo que hay “vento” fresco / tres veces a la semana, / en su pregón el voceo, / dice con tono formal: / ¡Quinielero…! patrona ¿quiere jugar…? / Hoy en Córdoba tenemos / y mañana en Tucumán, / y para desquite el viernes…/ se juega la Nacional…/”.

El diario vivir fue comparado con el juego de naipes, con sus dichos, sus chances y sus modalidades, tal como lo describe el famoso dúo de Francisco García Jiménez y Anselmo Aieta en “Suerte loca“: “En el naipe del vivir, suelo acertar la carta de la boca / y a mi lado oigo decir, / que es porque estoy con una suerte loca. / Al saber le llaman suerte, / yo aprendí viendo trampearme / y ahora solo han de coparme, / cuando banquen con la muerte. / En el naipe del vivir / para ganar, primero perdí”.

Muchas veces, fue el juego el responsable de perder todo, provocando la decadencia y la pérdida del status social, como queda demostrado en “Las vueltas de la vida“, de Francisco Canaro y Manuel Romero: “Parao en la vereda, bajo la lluvia / que me empapaba, la vi pasar, / el auto limusine como un estuche / de mica aislaba con su cristal. / Frenó, me dió dos mangos / y en la mirada de indiferencia / que echó al seguir / Noté que para ella yo era un mendigo / sin importancia y me reí. / Gran perra las vueltas que tiene la vida / ayer yo era rico, su amor disfruté / De sedas y encajes la tuve vestida / y alhajas y coche, sin par le compré. / La timba más tarde, me tuvo apurado, / el juego es más perro que toda mujer.”

Y así, el tango fue enhebrando canciones en las que el juego, con distintas características, desarrollaba un papel preponderante en la generación de situaciones adversas para aquellos personajes de ese Buenos Aires que se fue.

El tango

D’AGOSTINO - VARGAS, LOS ÁNGELES DEL TANGO

Ángel D’Agostino y Ángel Vargas, unieron sus destinos para conformar un binomio tanguero inolvidable.

El pianista y director Ángel D’Agostino, nació en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1900. en un hogar de músicos, donde existía un piano. Estudió en el conservatorio y muy pronto fue absorbido por el tango. Fue un porteño tanguero, soltero empedernido y amigo de la noche.

José Ángel Lomio, luego Ángel Vargas, nació en Parque Patricios el 22 de Octubre de 1904. De profesión tornero mecánico, fue siempre un tanguero nato, que cantaba con un estilo muy personal, melódico y afinado, sin estridencias, con una excepcional modulación. Su freseo porteño, reo y compadrito, pero de muy buen gusto, se acoplaba a las interpretaciones de la orquesta como otro instrumento.

Se conocieron en 1932 y comenzaron a actuar con la Orquesta D’Agostino - Mazzeo, primero en cines y luego en el cabaret Chantecler, en Paraná al 400. En 1935, Ángel Vargas grabó sus primeros discos con la Orquesta Típica Víctor.

Posteriormente, D’Agostino armó su orquesta típica y en 1940, se produce la primera grabación para el sello “RCA Víctor”. Fue el 13 de Noviembre de 1940 con los temas “No aflojés” y “Muchacho”. El éxito fue inmediato y fueron contratados por “Radio El Mundo” en 1941. Completaron 94 registros, culminando con “Camino de Tucumán”, en Octubre de 1946.

Todas las interpretaciones eran bailables, con un ritmo bien milonguero. La orquesta se caracterizaba por respetar la línea melódica y la acentuación rítmica, para facilitar el baile, procurando que el cantor se acoplara perfectamente. El éxito fue tan grande que la mayoría de las grabacionesfueron cantadas.

La evocación y la nostalgia, fueron un componente fundamental de sus interpretaciones, en las que Buenos Aires y su gente se hallaban muy bien representadas, describiendo su paisaje y los prototipos de la ciudad. Fue junto con Aníbal Troilo y Fiorentino, el mejor dúo tanguero de la época del 40. Cuando Ángel Vargas, “El Ruiseñor de las calles porteñas”, se alejó para iniciar en 1947 su carrera de solista, la orquesta no volvió a ser la misma.

D’Agostino - Vargas constituyeron uno de los binomios más extraordinarios en la historia del tango , en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.hlmtango.com/interpretes/vous/ngel_vargas/

http://www.tangocity.com/noticias/7573/D%e2%80%99Agostino%e2%80%93vargas/

Artistas destacados, Binomios tangueros, El tango

AÑORANZAS DE LA JUVENTUD EN EL TANGO

La nostalgia del tiempo pasado, el recuerdo de los años jóvenes, plenos de entusiasmo y energía, cuando se llevaba al mundo por delante sin medir las consecuencias, y los amores estaban siempre presentes, en una ronda interminable de cortejos, rechazos, decepciones y engaños, etapa intensa de la vida, quedó registrada en muchos tangos.

Manuel Romero y Francisco Canaro escribieron “Tiempos viejos”, tango que recuerda la época de los veinticinco años, con sus amigos y sus amores: “Te acordás hermano, que tiempos aquellos…? / Eran otros hombres, más hombres los nuestros…/ No se conocía coca ni morfina; / Los muchachos de antes no usaban gomina…/ ¿Te acordás, hermano, que tiempos aquellos? / Veinticinco abriles que no volverán…/ ¡Veinticinco abriles! ¡Volver a tenerlos1 / ¡Si cuando me acuerdo me pongo a llorar…!”.

La aceptación de la pérdida del atractivo de cuando se era joven, enfrentándose a la realidad actual, fue siempre un paso difícil de digerir. Es el final de un historial de romances y triunfos. José Zuviría Mansilla y Francisco Pracánico nos dejaron “Enfundá la mandolina”, un tango algo humorístico, pero que describe con dura claridad esas circunstancias: “¡Qué querés, Cipriano, ya no das más jugo! / Son cincuenta abriles que encima llevás…/ Junto con el pelo, que fugó del mate, / Se te fue la pinta, que no vuelve más. / Dejá las pebetas para los muchachos, / esos platos fuertes no son para vos. / Piantá del sereno; andate a la cama, / que después mañana andás con la tos…”.

Estaban los que intentaban reemplazar la atracción natural perdida con dinero, a fin de comprar favores y afectos, situación bastante frecuente, muy bien tratada en el tango “Gloria”, de Armando Tagini y Humberto Canaro: “Tenés vento, sos un gran señor, / pero a mi no me vas a engrupir; / …Desde el pique, viejo te juné / la intención de quererme comprar; / ….Viejito, ¡Salud! / Podés espiantar, / que mi juventud /no es flor pa’ tu ojal. / La gloria que vos / a mí me ofrecés / guardala, mejor, / para otra mujer./ Mi pibe no es / bacan de bastón, / pero, has de saber, / tiene buen corazón”.

Los excesos y desvíos en la juventud, van dejando una huella que, tarde o temprano, conduce a un deterioro de la salud. Estas deficiencias, motivan el recuerdo nostálgico de tiempos mejores, como puede apreciarse en las estrofas del tango “Como se pianta la vida”, de CarlosVivan: ” Berretines locos de muchacho rana / me arrastraron ciego en mi juventud, / en milongas, timbas y en otras macanas / donde fuí palmando toda mi salud. / …Es triste la primavera / si se vive desteñida…/ ¡Como se pianta la vida / del muchacho calavera! / ….Hoy estoy pagando aquellas ranadas, / final de los vivos que siempre se da. / Me encuentro sin chance en esta jugada…/ La muerte sin grupo ha entrado a tallar…”.

El regreso al hogar después de muchos años, lejana ya la juventud, peinando canas, condicionan una situación de desubicación en el tiempo. Mirar hacia atrás la estela recorrida, sólo muesta una cadena de desilusiones, amargura y decepción. Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián lo expresan con autoridad en “La casita de mis viejos” : “Vuelvo vencido a la casita de mis viejos, / cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria… / Mis veinte abriles me llevaron lejos; / locuras juveniles, la falta de consejos…/ Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño, / y al golpear como un extraño, me recibe el viejo criado…/ ¡Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz / tan solo me reconoció !”.

La fama de los malevos no era eterna. En los momentos de gloria, su coraje y sus hazañas en pleno apogeo, eran siempre comentadas en el barrio. Era el gran prsonaje. Pero todo se termina: la decadencia y los años llegan borrando una estrella que lo distinguió. Jose Staffolani y Pedro Maffia nos dejaron “Ventarrón”, que nos dice: “Entre el malevaje / Ventarrón a vos te llaman…/ Ventarrón, por tu coraje, / por tus hazañas todos te aclaman…/ ….Muchos años han pasado / y sus guapezas y sus berretines / los fue dejando por los cafetines / como un castigo de Dios. / Solo y triste, casi enfermo, / con sus derrotas mordiéndole el alma / volvió el malevo buscando su fama / que otro ya conquistó”.

El recuerdo de los años mozos, de la pinta  y la soberbia, fanfarroneando con las conquistas femeninas, integraron la cadena de añoranzas en el tango de ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La cuestión social

EL CAFÉ EN EL TANGO

El café es una institución barrial que abarca un amplio abanico de situaciones. Lugar de encuentros, refugio de solitarios, sitio de estudio, de trabajo, de esparcimiento, todas tareas realizadas en compañía de un pocillo de cafá.

El tango, al reflejar la vida de la Ciudad, no podía estar ausente en la temática del café, con algunas descripciones insuperables. Enrique Santos Discépolo supo describir con habilidad inusual, las principales características del café en su impecable “Cafetín de Buenos Aires”, que junto a la música de Marianito Mores y la impecable versión de Edmundo Rivero, constituyen un documento excepcional: “De chiquilín te miraba de afuera/ como a esas cosas que nunca se alcanzan…/ La ñata contra el vidrio/ en un azul de frío,/ que solo fue después viviendo/ igual al mío…/  …En tu mezcla milagrosa / de sabihondos y suicidas,/ yo aprendí filosofía, dados, timba / y la poesía cruel / de no pensar más en mí…”.

La nostalgia de los años jóvenes, de la barra esquinera y de los amores juveniles, se añoran ante el humo del café recién servido. Los amigos de siempre se reunen, si es posible en la misma mesa y la cadena de recuerdos va creciendo, eslabón por eslabón. Cacho Castaña supo transmitir con precisión muchos de estos sentimientos en su creación “Café La Humedad”: “Humedad…Llovizna y frío…/ Mi aliento empaña el vidrio azul del viejo bar…/ No me pregunten si hace mucho que la espero;/ un café que ya está frío y hace varios ceniceros…/Café La Humedad, billar y reunión;/ Sábado con trampas; ¡que linda función ! / Yo solamente necesito agradecerte / la enseñanza de tus noches / que me alejan de lamuerte…/”.

El relato depresivo de tiempos ya vividos, se evocan en el ambiente nostálgico del café, como bien lo señalan Homero Manzi y Alfredo Malerba en “Mi taza de café”: “La tarde está muriendo detrás de la vidriera / y pienso mientras tomo mi taza de café./ Desfilan los recuerdos, los tiempos y las penas,/ las luces y las sombras del tiempo que se fue./ La calle está vacía, igual que mi destino./ Amigos y cariños, barajas del ayer./ Fantasma de la vida, mentiras del camino / que evoco mientras tomo mi taza de café/”.

El drama del emigrante que evoca a su tierra natal, a sus ancestros y familiares ha sido tratado en muchas oportunidades, ya que el aluvión inmigratorio al país, fue motivo más que suficiente para volcarlo en las letras de tango. El tango “Cafetín”, de Homero Expósito y Argentino Galván, cuenta las penas de aquellos que dejaron su hogar en tierras lejanas: “Cafetín / donde lloran los hombres / que saben el gusto / que dejan los mares…/ Cafetín / y esa pena que amarga / mirando los barcos / volver a sus lares…/……/¡Cafetín / yo no tengo esperanzas / ni sueño, nialdea / para regresar !/”.

Las manifestaciones artísticas y culturales fueron cultivadas por grupos selectos que elegían el café para mostrar sus creaciones. Poetas, escritores, pintores, escultores y músicos integraron esa plataforma de figuras inolvidables, que hoy son de culto, como lo señala el tango de Héctor Negro y Eladia Blazquez “Viejo Tortoni”: “Viejo Tortoni, refugio fiel / de la amistad junto al pocillo de café./ En este sótano de hoy la magia sigue igual / y un duende nos recibe en el umbral…/ Viejo Tortoni, en tu color / estará Quinquela y el poema de Tuñón…/ Y el tango aquel de Filiberto, / como vos, no ha muerto;/ vive sin decir adios…/”.

El recuerdo de lo que no fue, o el final de lo que fue, los romances truncos y las decepciones amorosas, fueron situaciones vividas en el café. Cátulo Castillo y Héctor Stamponi compusieron el hermoso tango “El último café”: “Llega tu recuerdo en torbellino./ Vuelve en el otoño a atardecer…/ Miro la garúa y mientras miro / gira la cuchara de café…/ Del último café / que tus labios, con frío / pidieron esa vez / con la voz de un suspiro…/ Recuerdo tu desdén, / te evoco sin razón,/ te escucho sin que estés:/ “Lo nuestro terminó”, / dijiste en un adios / de azúcar y de hiel…/”.

El  tango “Café de Los Angelitos”, de Cátulo Castillo y José Razzano, evoca las reuniones de payadores y cantantes de tango que acostumbraban encontrarse en ese centro de reunión tanguera: “¡Café de Los Angelitos! / Bar de Gabino y Cazón…/ yo te alegré con mis gritos / en los tiempos de Carlitos,/ por Rivadavia y Rincón./ Cuando llueven las noches sus fríos;/ vuelvo al mismo lugar del pasado / y de nuevo se sienta a mi lado / Betinotti templando su voz…/”.

Los personajes que concurren al café, están supeditados a un horario y se diferencian netamente. El que desayuna difiere del que almuerza o del que toma una copa a la media tarde o a la salida del trabajo. Federico Silva y Tito Cabano escribieron “En la madrugada”, que nos dice: “Una esquina de ayer / en las horas que el sol / hace rato apoliya / y en la silla de un bar / una dama vulgar / y un galán que la afila. /…/ Arrabaleros cafetines / donde empeñan sus abriles / las muchachas de percal / y entre las copas sin historia / cada historia es una copa / que derrama la ciudad./”. Los recuerdos y nostalgias del café, han quedado magistralmente registrados en esos tangos nacidos en aquel Buenos Aires que se fue.

El barrio, El tango, Realidades argentinas

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