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El Buenos Aires que se fue

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El tango

EL TANGO EN EL CAFÉ

Escuchar tango en el café era un hecho cotidiano.

En sesiones vespertinas o nocturnas, los aficionados al tango tenían la oportunidad de disfrutar las ejecuciones de las orquestas de tango mientras saboreaban un café. Eran épocas donde la concurrencia era toda masculina, se usaban sombreros de fieltro, con  predominio del color gris; numerosas perchas estaban distribuidas a lo largo del café para colgarlos. Una nota destacada era la presencia de un agente de policía en un rincón del café, para garantizar el orden.

La orquesta ejecutaba sus tangos en un palco, generalmente pequeño, dispuesto a regular altura, que permitía fuera observado por todos los concurrentes, así como también por los que no entrábamos al local, y lo hacíamos desde la vereda, curioseando a través de las ventanas, por los reducidos espacios que dejaban las cortinas blanco amarillentas con argollas de madera.

El palco era de madera, al cual se accedía por una escalera pequeña. Fue el sitio donde se destacaron las grandes conjuntos, de la Guardia Vieja y de la Guardia Nueva. También el palco era el sitio del café más observado, cuando ante la ausencia de la orquesta típica, en su reemplazo estaba la victrolera pasando discos, con su ropa ajustada de color negro, cruzando sus piernas en épocas donde la moda, precisamente las cubría.

La atmósfera dentro del café estaba inundada por el humo de cigarrillos y cigarros, sumado a toda la gama de sonidos provenientes de los corrillos de los asistentes y gritos de los mozos al ordenar los pedidos. Al sonar los primeros compases de un tango, se suspendían los comentarios y los gritos de los mozos durante 3 minutos. El tango era allí el señor y dueño de las miradas y oídos de la concurrencia. Se lo escuchaba y disfrutaba con sincera pasión en ese Buenos Aires que se fue.

El barrio, El tango, Los entretenimientos

LOS VIAJES EN EL TANGO

En la segunda década del Siglo XX, Buenos Aires miraba a París.

Tanto la aristocracia como la juventud aventurera, tenían como objetivo visitar París, disfrutar su vida nocturna, sus placeres, sus encantos. El tango registró estos detalles de la vida mundana y sus consecuencias, que quedaron grabadas en inolvidables versiones, como testimonio de una época. Pero los viajes, no sólo a París, sino a otros sitios lejanos, fueron vertidos en las letras de muchos tangos.

Ivo Pelay, Mariano Mores y Francisco Canaro plasmaron un irrepetible testimonio de la nostalgia del terruño en “Adios Pampa mía”. El alejamiento de los sitios donde se había vivido quedaron señalados nítidamente: “Adiós Pampa mía;/me voy…/Me voy a tierras extrañas…/Adiós, caminos que he recorrido, /ríos, montes y cañadas, / tapera donde he nacido…/ Si no volvemos a vernos,/tierra querida,/ quiero que sepas / que al irme dejo la vida.”

En “Ave de paso”, Enrique Cadícamo y Charlo expresan los sentimientos encontrados cuando llega el momento de ausentarse y decir adiós, decisión complicada y desdichada: “Ha llegado el momento querida / de ausentarme quien sabe hasta cuando, / en mis labios se asoma temblando / una mueca que dice adiós / Nuestro amor fue un amor del momento, / mi cariño fue un ave de paso / y tus besos de miel y de raso / un vaso sagrado que no olvidaré”.

En “La viajera perdida”, de héctor Blomberg y Enrique Maciel, es la mujer quien se aleja hacia otro país, dejando el recuerdo de su presencia en su amado, que solo y triste, la evoca nostálgicamente: “Te amaba y te fuiste. Seguía el navío / por mares de brumas y puertos de sol. / Tu sombra lejana quedó al lado mío: / un sueño de Francia y un verso español. / Pasajera rubia, viajera perdida, / que un día en un puerto lejano se fue / dejando una extraña nostalgia en mi vida: / acaso ni sabes que yo te lloré”.

Enrique Cadícamo y Guillermo Barbieri expresaron en “Anclado en París”, los sentimientos que vivieron muchos de los que dejaron el país en busca de un sueño no concretado: “¡Lejano Buenos Aires, que linda has de estar…! / Ya van para diez años / que me viste zarpar. / Aquí, en este Montmartre / faubourg sentimental, / yo siento que el recuerdo / me clava su puñal…”.

En “Cafetin”, de Homero Expósito y Argentino Galván, se presentan las tribulaciones que padece el emigrante, que sufre pensando en el regreso que no puede concretar por razones políticas, soñando con sus seres queridos, que quedaron muy lejos: “Cafetín / y esa pena que amarga / mirando los barcos / volver a sus lares…/// ¡Cafetín / yo no tengo esperanzas / ni sueño, ni aldea / para regresar…!”.

El trabajo del hombre de mar está absolutamente ligado a los barcos y sus destinos, los puertos. Cada arribo significa un potencial reencuentro con un amigo, un familiar, un amor. Suelen ser estadías cortas, lo que demore el barco en sus tareas de carga y descarga. Los destinos pueden repetirse o se llega por única vez. La incertidumbre, las relaciones fugaces, la tristeza, son todas situaciones que Homero Manziy Lucio DeMare, supieron plasmar en “Mañana zarpa un barco”: “Dos meses en un barco viajó mi corazón; / dos meses añorando la voz del bandoneón. / El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión; / al ritmo de su danza, se hamaca la emoción. / De noche con la luna sonando sobre el mar, / el ritmo de las olas me miente su compás. / Bailemos este tango, no quiero recordar, / mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más”. La tristeza de la despedida, la nostalgia de la distancia, la alegría del retorno, sentimientos expresados como pinturas de ese Buenos Aires que se fue.

El tango

HORACIO MALVICINO

Horacio Malvicino, “Malveta”, es un guitarrista argentino, nacido en Concordia, Entre Ríos, el 20 de octubre de 1929.

Estudió guitarra de los 6 a los 14 años siendo sus ídolos Django Reinhardt y Charlie Christian, razón por la cual se dedicó al jazz. Pero a los 16 años tocaba tango en su Concordia junto al bandoneonista Alberto Caracciolo y el guitarrista Héctor Besada.

Finalizados sus estudios secundarios viajó a Buenos Aires para estudiar Medicina; lo hizo durante cinco años pero la música lo absorbió completamente.  Tenía 18 años cuando quedó fascinado por el Bop Club, donde conoció a “Gato” Barbieri, Lalo Schifrin y Enrique Villegas.

Comenzó tocando jazz en las orquestas de Fernando Roca, René Cóspito y Eduardo Armani, hasta que Piazzolla lo escuchó en 1954 en el Bop Club, en la Asociación Cristiana de Jóvenes, invitándolo a integrar su primer Octeto, donde permaneció desde 1955 a 1958. La actuación del Octeto originó en el público tradicional, rechazos e insultos de toda índole, pero también la aceptación de muchos grupos culturales.

En 1959 formó el conjunto “Los Muchachos de Antes” junto a Panchito Cao en clarinete y Aldo Nicolini en contrabajo, interpretando tangos de la Guardia Vieja. Al año siguiente fue nuevamente convocado por Astor Piazzolla para integrar el quinteto “Nuevo Tango”, comienzo de las giras por Latinoamérica y el resto del mundo. Participó en el conjunto “Los Eléctricos” y en el “Sexteto”, siempre con Piazzolla.

En el interín, adoptaba un seudónimo como “Gino Bonetti”, “El Gaitero de Texas” o “Don Nobody” y continuaba con su música. Escribió música para televisión, para múltiples jingles, y acompañó a distintos solistas.

Siempre me impactó su trabajo acompañando a la cantante Gina María Hidalgo: En el amplio escenario, la cantante con sus excelentes melodías y el justo acompañamiento de Malvicino, sin desbordes ni exageraciones, conformaban un dúo de pequeño tamaño pero muy grande en los resultados. Todo en la justa medida y dentro de la máxima sencillez tecnológica, brindaron un recital inolvidable destacando aquello de “lo breve , si bueno, dos veces bueno”.

Para el sello RCA Víctor , de Francia, elaboró un disco con temas instrumentales de Latinoamérica, interpretando un estilo de sonido europeo. El conjunto se denominó “Alan Debray y la Orquesta de Champs Elysee”, tranformándose en un éxito internacional. Esto ocurría a comienzos de la década del 70. Publicó 15 discos con Astor Piazzolla y en 1963, dos discos propios: “Horacio Malvicino Jazz Quinteto”, Vol 1 y 2.

Entre 1963 y 2005, musicalizó 35 películas para el cine argentino. Fue Director Musical de los sellos “RCA Víctor” y “Disc Jockey”. Apasionado por los caballos de carrera, posee el stud “San Antonio”. En 2005 retomó los estudios de Medicina, luego de rendir algunas equivalencias. Le interesa la Psiquiatría. En el 2008 escribió un libro de memorias “El Tano y yo”, dedicado a Astor Piazzolla.

Es Directivo de la Asociación Argentina de Intérpretes. Pionero del Jazz Moderno en la Argentina y primer guitarrista local de “Be Bop”, fue siempre convocado por Piazzolla, quien dijo: “Es el guitarrista que mejor comprendió todo lo que yo escribí; tal vez porque es el más tanguero de los tres (los otros fueron Cacho Tirao y Oscar López Ruiz)”.

Fuente: http://musicasberdi.wordpress.com/2008/08/11/alain-debray-horacio…

http://www.todotango.com/spanish/creadotres/hmalvicino.asp

http://www.eltangoysusinvitados.com/2008/12/horacio-malvicino-

Horacio Malvicino recuerda a Piazzolla. La Nación 19-10-2008.

Artistas destacados, El tango

TANGOS DEDICADOS A MÉDICOS

Uno puede preguntarse ¿Qué relación existe entre el tango y la medicina?.

La respuesta puede sorprender. El análisis de las letras de tango, cuentan muchas situaciones de esta relación. Y no solamente en las letras sino también en las carátulas de las partituras, donde quedaron graficadas con impecables dibujos alusivos, escenas de la vida médica, encarada desde un punto de vista humorístico.

Durante la segunda y tercera década del siglo XX, aparecieron tangos dedicados a los profesionales de la medicina: médicos, practicantes, farmacéuticos, dentistas y también, amigos personales no relacionados con la medicina. Una característica distintiva, eran las carátulas que mostraban viñetas de un humor macabro, que destacaba nítidamente, el mensaje del título.

Las lecturas de estas tapas mostraba en primer término, la dedicatoria al profesional o amigo, así como en algunas ocasiones, acompañando al título, una breve aclaración. Muchas de las partituras, hoy inhallables, están en manos de celosos coleccionistas.

El 606, tango medicinal para la curación de todo mal” de Reinaldo Sales de Araujo, dedicado a los boticarios, se refería al “salvarsán”, el primer compuesto arsenical para el tratamiento de la sífilis, enfermedad muy extendida en las primeras décadas del Siglo XX.

Con motivo del Primer Baile del Internado, el 21 de setiembre de 1914, Francisco Canaro estrenó su tango “Matasano” dedicado a los internos del Hospital Durand. Al año siguiente, con motivo del segundo baile del Internado, el mismo Francisco Canaro estrenó “El Internado“, dedicado a la Asociación del Internado, a su presidente el Dr. Adolfo Rébora y a la Comisión Directiva de la misma”.

Eduardo Arolas, dedicó su tango “Rawson“, a los doctores Pedro Sauré, Juan Carlos Aramburu y Clebo Santa Coloma. Se trataba del Hospital Rawson, centro de actividades de los famosos hermanos Enrique y Ricardo Finocchietto, creadores de la Escuela Quirúrgica que lleva su nombre.

Los agradecimientos fueron frecuentes, como en “El Cirujano“, de Adolfo A. Perez, “dedicado con aprecio al inteligente médico cirujano Dr. Adolfo Sangiovanni, en prueba de sus esmeradas atenciones”. Vicente Greco compuso “El Anatomista“, dedicado a los practicantes internos de los Hospitales de la Capital, con motivo del Tercer Baile del internado, el 21 de setiembre de 1916.

A veces, se agregaba al título del tango, una aclaración complementaria como en “Bicloruro“, Tango venenoso, de Francisco Demarco “Dedicado a mi estimado amigo, Subcomisario Américo La Rosa” . “Bicarbonato“, Tango curativo, de A. Battisti”dedicado al distinguido médico y amigo Dr. Enrique Feinmann”, o “Cloroformo“, Tango Medicinal, de Alberto Paredes, “dedicado al distinguido médico cirujano Dr. Héctor De Kemmeter”. Curiosas relaciones entre el tango y la medicina en ese Buenos Aires que se fue.

El tango, La medicina de ayer

EL CORAZÓN EN EL TANGO

Desde el punto de vista poético, el corazón fue el máximo representante de las emociones y los sentimientos.

Todos los caminos en el tango, conducían hacia el corazón, centro de los romances, pasiones y desengaños. Su vigencia tan notoria, quedó registrada en muchos tangos, correspondientes a las décadas de la Guardia Nueva. En el tango, el corazón desaloja al cerebro como el centro que provoca y recibe todo lo relacionado con la sensatez y la razón. Todas las vivencias y los amores tienen relación con el corazón.

Mil y una variantes sobre el tema, quedaron impecablemente registradas en muchos tangos, a partir de la década de 1920. “Araca corazón“, de Alberto Vacarezza y Enrique Delfino (1927) cuenta la historia de un preso que sale de la cárcel y va en busca de su amor, quien se niega a reanudar la relación. Como consecuencia, el preso la mata, regresa a la cárcel y canta: “Araca, corazón…callate un poco / y escuchá por favor este chamuyo…/ Si sabés que su amor es todo tuyo / y no hay motivo para hacerse el loco…/ Araca, corazón…callate un poco”.

La tuberculosis era una enfermedad terminal y fueron muchas, las vidas jóvenes que se llevó. En “Dónde estás corazón“, de Luis Martínez Serrano y Augusto Berto, de 1928, se expresa con profunda tristeza la pérdida del amor de su vida, cuando dice: “Una mañana de crudo invierno, / entre mis brazos se me durmió / y desde entonces voy por el mundo, / con el recuerdo de aquel amor./ Donde estás corazón, / no oigo tu palpitar,/ Es tan grande el dolor / que no puedo llorar / y no tengo más llanto, / la quería yo tanto y se fue / para no retornar”.

La máxima prueba de amor, era entregar el corazón, como lo más preciado. Carlos Bahr y Manuel Sucher en 1944 lo expresaron muy bien en “Nada más que un corazón“: “Nada más que tu cariño / es lo que quiero,/ es el milagro que a la vida / le reclamo como premio / por tanta herida./// No puedo darte en cambio / más que un corazón sentimental / y humilde como una canción/// y aunque quiera darte un mundo, / solamente puedo darte un corazón / que late con todo amor”.

El regreso esperado durante tanto tiempo, queda reflejado en el comportamiento del corazón, que parece cambiar su ritmo y sus latidos ante la proximidad del reencuentro. En 1944, Homero Expósito y Domingo Federico crearon “Al compás del corazón“, describiendo poéticamente esta situación: “Late un coraazón / Déjalo latir… / Miente mi soñar…/ Déjame mentir…/ Late un corazón,/ porque he de verte nuevamente; / miente mi soñar, / porque regresas nuevamente./// Ya verás amor,/ que feliz serás…/ ¿Oyes el compás? / Es el corazón…/ Ya verás que dulces son las horas del regreso; / Ya verás, que dulces los reproches y los besos / ¡Ya verás, amor , / que felices horas al compás el corazón”.

El escepticismo y la desconfianza en los sentimientos femeninos, fueron encarados desde distintos ángulos en la composición de José María Caffaro Rossi y Rodolfo Sciammarella “No te engañes corazón“, de 1926: “No te dejes engañar, / corazón, / por su querer / por su mentir…/ No te vayas a olvidar / que fue mía / y que algún día / te podés arrepentir / y has de llorar / con gran dolor…/ se ha de burlar / de tu amor…”.

Crear un corazón para una muñeca, fue el tema central de “Corazón de papel“, de Alberto Franco y Cátulo Castillo (1930), cuando dice: “Cuando llegaste al mundo, tus ojos soñadores / clavaste en mi muñeca vestida de Pierrot / y alzándola en tus brazos, como una madrecita,/ dijiste: ¡Pobrecita, no tiene corazón! / Tus manos diligentes hurgaron todo el cuarto / y con un pedacito muy rojo de papel, / un corazón le hiciste, un corazón pequeño, / que clavaste en su pecho con un lindo alfiler”.

Todas las emociones podían estar reflejadas en el corazón: la alegrías o las tristezas, la angustia o la desesperación, la verdad o la mentira. En 1939 Héctor Marcó y Carlos Di Sarli crearon “Corazón“: “Corazón, me estás matando. / Corazón, ¿Por que llorás? / No me ves que voy muriendo / de esta pena a tu compás. / Si sabés que ya no es mía, / que a otros brazos se entregó, / no desmayes todavía, / se constante como yo”. El corazón, actor principal en muchos de esos tangos inolvidables de aquel Buenos Aires que se fue.

El tango

LAS DROGAS Y EL TANGO

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El tango, La cuestión social

LA CEGUERA EN EL TANGO

El tema de la ceguera apareció en pocos tangos.

Se la ha descrito asociada a situaciones vivenciales difíciles, dramáticas, especialmente tristes. Los tangos fueron escritos entre 1920 y 1940, en una época en la que los estudios y tratamientos para la ceguera, eran más deficitarios que en la época actual.

Homero Manzi y Cátulo Castillo nos dejaron “Viejo ciego“, donde describen a un violinista ciego y bebedor, que hacía escuchar las melodías de su violín en la penumbra de un boliche: “Con un lazarillo llegás por las noches / trayendo las quejas del viejo violín / y, en medio del humo, parece un fantoche / tu rara silueta de flaco rocín.// Cuando oigo tus notas, me invade el recuerdo / de aquella muchacha de tiempo atrás…/ ¡A ver viejo ciego! ¡Tocá un tango lerdo!…/ ¡ Muy lerdo y muy triste…que quiero llorar!..”.

A veces se encaraba el tema de la ceguera como “el no querer ver la realidad”, al enfrentar evidencias indeseadas, inadvertidas voluntariamente, focalizadas en las relaciones de pareja, cuando la pasión todo lo superaba. Así lo expresó Luis Rubinstein en “Ciego“: ” Ciego,/ estaba ciego en mi delirio…/ Ciego, / porque ese amor era un martirio…/ Y ahora que cayó / la venda de mis ojos / me asqueo al recordar / tus lindos labios rojos…/”.

El poeta Evaristo Carriego le cantó a lo sórdido del arrabal, a la obrerita tuberculosa y al ciego melancólico. Este punto se rescató en “El último organito“, de Homero Manzi y Acho Manzi: “El último organito irá de puerta en puerta / hasta encontrar la casa de la vecina muerta,/ de la vecina aquella que se cansó de amar./ Y allí molerá tangos para que llore el ciego, / el ciego inconsolable del verso de Carriego, / que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral /”.

La historia contada en “Charlemos“, de Luis Rubinstein, fue un impacto en la década del 40. La triste historia relatada por un ciego, aferrado a una esperanza inalcanzable, fue magistralmente traducida: “¿Belgrano sesenta once? / Quisiera hablar con Reneé…/ ¿No vive allí?…No, no corte…/ ¿Podría hablar con Usted? // ¿Qué dice? ¿Tratar de vernos? / Sigamos con la ilusión…/ Hablemos sin conocernos / corazón a corazón…/ No puedo…No puedo verla…/ Es doloroso, lo sé…/ ¡Cómo quisiera quererla! / Soy ciego…Perdóneme…/”.

La ceguera infantil fue relatada en el tango “La cieguita”, de Patricio Muñoz Acuña y Ramón Betrán Reyua. Con un enfoque muy duro y lamentable, los autores nos dejaron uno de los testimonios más tristes en la relación tango y medicina: “de aquel día que en paseo / vi en un banco a la cieguita / y a su lado a la viejita / que era su guía y su amor. / Y observé que la cieguita / de ojos grandes y vacíos / escuchaba el griterío / de otras nenas al saltar, / y la oí que amargamente / en un son que era de queja / preguntábale a la vieja: / ¿Porqué yo no he de jugar?”. El tango contando historias sobre la ceguera, en ese Buenos Aires que se fue.

Aquellas enfermedades, El tango

LAS COSAS QUE SE FUERON Y EL TANGO (1)

El tango de la Guardia Vieja y el de la Guardia Nueva contaron historias que se nutrieron de temas y situaciones que han desaparecido.

Los poetas basaron sus argumentos en hechos de la vida cotidiana de esas épocas que hoy, ya no están vigentes. Una recorrida por los tangos nos remite al hallazgo de términos, costumbres, edificios y formas de vida que se nos antojan extraños pero que en su momento, fueron moneda corriente.

En “Corrientes y Esmeralda”, de Celedonio Flores y Francisco Pracánico dice:”El Odeón se manda la Real Academia,/ rebotando en tangos el viejo Pigalle, / y se juega el resto la doliente anemia / que espera el tranvía para su arrabal”.  El Odeón, fue un hermoso teatro ubicado en Esmeralda y Corrientes, demolido en 1991 y transformado en Playa de Estacionamiento. El tranvía, el popular y económico medio de locomoción desapareció en 1962.

En “El bulín de la calle Ayacucho”, de Celedonio flores y José y Luis Servidio, dice:” El Primus no me faltaba / con su carga de aguardiente / y habiendo agua caliente / el mate era allí señor.” El Primus fue un calentador de bronce, de origen sueco, alimentado a querosene y muy popular que sirvió de cocina y estufa en hogares de clase media y baja, durante casi medio siglo.

En “Leguisamo solo”, de Modesto Papávero dice:” Alzan las cintas…Parten los tungos / como saetas al viento veloz”. Eran tiempos donde los caballos no se colocaban en gateras para comenzar la carrera, sino detrás de unas cintas que, en el momento oportuno, se alzaban iniciando la carrera.

En “A media luz”, de Carlos Lenzi y Edgardo Donato dice:” No hay porteros ni vecinos;/ adentro cocktail y amor / Pisito que puso Maple, / piano, estera y velador”. La Casa Maple, era una mueblería lujosa ubicada en la calle Suipacha 658. Era famosa por la calidad de sus cortinados, alfombras, cristalería y muebles.

En “Mi noche triste”, de Pascual Contursi y Samuel Castriota dice:” Cuando voy a mi cotorro / y lo veo desarreglado, / todo triste, abandonado, / me dan ganas de llorar…”. Se llamaba cotorro a la habitación del individuo soltero, el lugar donde uno vive, Hoy el término ya no se emplea.

En “Ventanita de arrabal”, de Pascual Contursi y Antonio Scatasso, dice:”En el barrio Cafferata, / en un viejo conventillo,/ con los pisos de ladrillo, / minga de puerta cancel”. El barrio Cafferata fue el primer barrio de casas unifamiliares de 2 plantas, construido por la Comisión Nacional de Casas Baratas en 1921. Estaba ubicado en Parque Chacabuco y fue destinado para empleadios públicos, gracias a un crédito a 20 años, otorgado por el Banco Hipotecario.

En “Mala suerte” de Francisco Gorrindo y Francisco Lomuto dice:” Yo no puedo prometerte cambiar la vida que llevo,/ porque nací calavera y así me habré de morir”. Se llamaba calavera al individuo trasnochador de vida libertina, que vivía la noche con intensidad. Un tipo no confiable.

Enrique Cadícamo y Roberto E. Goyeneche escribieron “Pompas de jabón” que nos dice:” Hoy tus pocas primaveras / te hacen soñar en la vida, / y en la ronda pervertida / del nocturno jarangón“. El nocturno jarangón, era una diversión bulliciosa donde se toleraban actitudes inmorales.

Costumbres, hábitos, palabras de moda y elementos cotidianos registrados en los tangos que marcaron a una generación, en aquél Buenos Aires que se fue.

El tango, Modas y costumbres

EDUARDO ARMANI

Eduardo Armani fue un violinista nacido en el barrio de la Boca, el 22 de Agosto de 1898.

Estudió música en el conservatorio “Santa Cecilia” con los maestros Cayetano Troiani y Hércules Galvani, finalizando sus estudios a los 15 años.

Comenzó a actuar con destacados refrentes de la música clásica como Juan José Castro, Luis Gianneo, Julio Perceval, José María Castro, Washington Castro y Ennio bolognini. En 1919 actuó como violín solista durante las presentaciones de la bailarina Isadora Duncan, en el teatro “Ópera”. Repitió al año siguiente acompañando a Ana Pawlova en el teatro “Coliseo”, lo que le valió ser contratado para actuar en Uruguay, Brasil,Venezuela y Puerto Rico.

En 1921 dirigió la orquesta francesa de la Compañía de Revistas de Madame Rasimí, en el teatro”Ópera”. Repitió en 1922 con “Follies Bergere”, en 1923 con “Moulin Rouge”y en 1924 con “Casino de París”. En 1922 integró la primera orquesta sinfónica del país, actuando hasta 1929.

A partir de 1925 participó en la emisión radial de música clásica por “Radio Cultura”, “Radio Fénix” y “Radio Municipal”. Fue dirigido por famosas baturas como Ernesto Ansermet y Arthur Rubinstein. Este intérprete de música clásica, alternó esa tarea con la ejecución del tango en las orquestas de Juan Carlos Cobián y Francisco Lomuto. Compuso varios tangos como “Normiña”, “No olvidarás” y “Un capricho”.

Pero no fue el tango su destino, ya que en 1928 comenzó a cultivar el jazz, al unirse con el pianista René Cóspito, creando la “Jazz Cóspito Armani”. Permaneció 5 años, lapso durante el cual grabó discos para el sello “RCA Víctor”.

En 1933 se independizó creando su propia orquesta de jazz con la que se destacó en “Radio El Mundo” y en las presentaciones en la Capital Federal, en la confitería “El Águila” de la rambla de Mar del Plata y en Montevideo. Su orquesta animó las fiestas en las reuniones de la Sociedad Porteña, así como también sus presentaciones en los barcos transatlánticos y clubes.

Compartió muchos bailes con su entrañable amigo, Osvaldo Fresedo, su socio en la boite Rende Vouz. Su orquesta fue famosa ya que acompañó a renombrados artistas que nos visitaron como Bing Crosby, Maurice Chevalier y Frankie Laine. Participó en la inauguración del cine teatro “Opera” interpretando “Rapsodia en azul” de George Gerswin. Trabajó hasta 1963 y falleció el 13 de Diciembre de 1970, a los 72 años de edad.

Eduardo Armani, músico de formación clásica, fue también un apasionado por el tango y fundamentalmente, por el jazz, en ese Buenos Aires que se fue.

Artistas destacados, El tango

EL GRAN BANDONEONISTA PASCUAL MAMONE

Pascual “Cholo” Mamone fue bandoneonista, compositor, director y arreglador de la música porteña.

Nació en el barrio de San Cristóbal, el 22 de Abril de 1921. Estudió bandoneón con Pedro Maffia a partir de 1939 y en 1942, integró esa orquesta. Fue un importante arreglador, iniciando estas tareas en 1949 con Osvaldo Pugliese, con quien colaboró 15 años.

También hizo arreglos para Roberto Caló, Alfredo Gobbi, José Basso, Pedro laurenz, Enrique Mario Francini y Florindo Sassone. A partir de 1954 colaboró en calidad de primer bandoneón y arreglador, en la orquesta del cantor Alberto Morán, dirigida por Armando cupo.

En la década del 60 dirigió la orquesta de Miguel Montero. En colaboración con el Dr. Juan Tigi, médico del Hospital Santojanni, obtuvieron el Segundo puesto en el Concurso Odol, con la milonga “Cuando era mía mi vieja”. Por dificultades laborales con las empresas grabadoras, se vió forzado a abandonar temporariamente la música y trabajar como visitador médico.

Fuente: La Nación 1997.

Así fue como lo conocí cuando trabajaba en el Hospital Santojanni. Sumamente educado, cordial y amable, se manejaba con humildad. Yo ignoraba sus quilates como músico, lo que no impidió que entabláramos una relación amistosa. Los encuentros en el hospital fueron más prolongados.

Sus inquietudes musicales fueron múltiples. Así nació “La Familia Coral”, un emprendimiento familiar integrado por su esposa y sus hijos en canto, acompañados por el bandoneón de Mamone.  Esta actividad quedó plasmada en un disco de vinilo. Una reunión familiar, me permitió disfrutar a Pascual Mamone y su bandoneón como solista.

Era un sonido distinto, que no tenía ninguna conexión con lo que escuchábamos en sus interpretaciones acompañando a cantantes. Mamone y su bandoneón eran una experiencia muy distinta, prodigando combinaciones de sonidos selectas, únicas, en donde podía apreciarse la influencia de su profesor, Pedro Maffia. Muchas de esas interpretaciones han quedado registradas en grabaciones caseras.

La Academia del Lunfardo lo declaró “Gloria del Tango”, en Diciembre de 1996. Durante varios años condujo la Orquesta del Tango de la Municipalidad de San Martin. Acompañó a destacados solistas como María Volonté y Chela Cordero. Fue convocado para integrar el grupo de 14 bandoneonistas que homenajearon a Aníbal Troilo.

El miércoles 11 de Setiembre de 2012, actuó por última vez. No pudo repetir su actuación, como estaba previsto, porque como dijo el Diario La Nación,”se fue de gira para no regresar”. A los 91 años, Pascual Mamone se alejó definitivamente, dejándonos el recuerdo del  profesionalismo y la amistad de un gran ejecutante, arreglador y compositor de tango, de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:García Blaya, Roberto. Pascual Mamone. Todo Tango. Los Creadores.

Pascual Mamone, una gloria. Clarín, 21 Diciembre 1996.

Cholo Mamone, con fidelidad de tango. La Nación, 23 diciembre 1997.

Otro fuelle se fue de gira. La Nación, 19 Setiembre de 2012.

Artistas destacados, El tango

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