El Buenos Aires que se fue

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LAS FAMOSAS DELANTERAS DEL FÚTBOL ARGENTINO

Las delanteras famosas en el fútbol argentino brillaron en equipos grandes y chicos. Provocaban el deleite de los espectadores que, evidentemente, disfrutaban de las jugadas numerosas, que se sucedían en los 90 minutos. Muestras de habilidad, astucia y oportunidad que satisfacían plenamente.

San Lorenzo de Almagro ganó el campeonato de 1946 con la participación del “Trío de Oro”, integrado por Armando Farro, René Pontoni “la Chancha” y Rinaldo Martino. Integraron una de las mejores delanteras del fútbol argentino. Ocuparon la primera posición a 4 puntos de Boca Juniors y a 5 de River Plate. De los 89 goles logrados, Pontoni marcó 22, Farro 18 y Martino 16. 

Finalizado el campeonato, realizaron una gira por España y Portugal. Disputaron 8 partidos, ganaron 4, empataron 3 y perdieron 1.

Elegancia, habilidad y eficacia, fueron los atributos que distinguieron a “La Máquina”, una de las delanteras más famosas del fútbol argentino. El River Plate campeón de 1941, 1942 y 1945, brindó un espectáculo de suprema calidad, a través del malabarismo y precisión de Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Lousteau. Jugaban con precisión de relojero y fue una definición del periodista de “El Gráfico”, Ricardo Lorenzo, “Borocotó”, quien los denominó “La Máquina”, toda una referencia a una época de River. Esos futbolistas excepcionales, dejaron un recuerdo inolvidable en quienes tuvimos la oportunidad de verlos. El clima que se vivía en el estadio era muy especial, a pesar que en muchas oportunidades los resultados aparecían tardíamente, lo que motivó la denominación de “Los Caballeros de la Angustia”. Todo lo podían hacer, y lo hacían bien. Si la delantera era una atracción, Félix Lousteau, el extremo izquierdo, era un espectáculo aparte, único en su estilo. Vanía por la raya izquierda a toda velocidad y frenaba de golpe. El marcador seguía de largo y Lousteau arrancaba en otra dirección. Arrancaba velozmente, pisaba la pelota dejándola quieta en la raya de cal, y seguía corriendo junto al marcador, pero sin la pelota. Volvía atrás y regresaba a buscarla. Este espectáculo se desarrollaba en todos los partidos provocando en el público exlamaciones de júbilo, acompañadas de prolongados aplausos.

Bernardo Gandulla y Raúl Emeal jugaban juntos desde 1930 en las divisiones inferiores de Ferro Carril Oeste. Al llegar a la Primera división, integraron una delantera histórica en el fútbol argentino, con el agregado de Juan J. Maril, Luis Borgnia y Jaime Sarlanga, “Los Mosqueteros”.

Para otros “La Pandilla Verdolaga”, una línea ofensiva de primer nivel. Este excelente quinteto se desempeñó entre 1937 y 1938, ya que los integrantes fueron adquiridos por otros clubes; Maril a Independiente, Borgnia a San Lorenzo de Almagro y Sarlanga, Gandulla y Emeal a Boca Juniors y todos, integraron la Selección Argentina.

El “Dúo Mágico” estaba integrado por Herminio “Masa” Masantonio y Emilio “Perita” Baldonedo, proveniente éste  del semillero de Huracán. Jugaron juntos entre 1935 y 1943.

Se decía que Baldonedo era el socio ideal de Masantonio, porque eran una máquina de hacer goles. Esta dupla dejó un recuerdo imborrable por su efectividad, que condujo a los grandes triunfos de Huracán. Era en la época en la que una publicidad de los Cigarrillos 43, mostraba con el título de “Los 7 Grandes”, al representante de los cigarrillos, rodeado de quienes representaban a los 6 grandes: Boca, River, San Lorenzo, Independiente, Racing y Huracán.

En las décadas del 30′ y del 40′, Huracán alternaba su posición con los punteros del campeonato. En 1941, el “Dúo Mágico” se transformó en trío con la inclusión de Norberto “Tucho” Mendez, surgido de las divisiones inferiores, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, caracterizado por su gambeta endiablada, gran manejo, guapeza y capacidad goleadora. El trío jugó durante 3 años, hasta 1943, cuando Masantonio se alejó del club. Pero en esos tres años, su destreza y eficacia, posicionó a Huracán en sitios de privilegio.

Foto: H. Masantonio

Un quinteto excelente fue el de “Los Carasucias”, aparecido en el San Lorenzo de 1964.

Lo integraron Narciso Doval, Fernando Aréan, Victorio Casa, Roberto Telch y Héctor Veira. Provenían de las divisiones inferiores del club, y pese a su juventud, descollaron muy pronto en la Primera División. Estos cinco referentes, integraron posteriormente el equipo de “Los Matadores”, el primer campeón invicto del fútbol argentino en 1968.

El club Independiente se destacó en 1952, por presentar a una delantera fabulosa integrada por Rodolfo Micheli, José Cecconato, Carlos Lacasia, Ernesto Grillo y Osvaldo Cruz, que se complementaban a la perfección. Pero más importante aun, fue su convocatoria por parte de Guillermo Stábile para integrar el ataque de la Selección Argentina de 1953, cuando enfrentó a Inglaterra en el estadio de River. Jugaron 30 partidos. Luego Lacasia fue reemplazado por Ricardo Bonelli, con quien jugaron 50 encuentros más.   

A pesar de la eficacia de esa delantera excepcional, entre 1952 y 1956 no pudieron alcanzar el título de campeón, luego de marcar 356 goles. Cuando evocamos a estos grandes jugadores de épocas pasadas, se nos escapa un lagrimón al recordar la calidad de los partidos de fútbol jugados en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: El adiós a un gran futbolista. La Nación, 02 junio de 1999

Esos nombres imborrables…La Nación, 01 noviembre 2008.

http://www.elgrafico.com.ar/2014/02/28/C-5076.La-maquina-de-river.php

http://www.elgrafico.com.ar/2017/06/05/C-23974-el-jugador-perfecto

Una delantera fabulosa. https://www.clarin.com/deportes/delantera-fabulosa_0_BJLyp4g=kg.html

https://es.wikipedia.org/wiki/El_Terceto_de_Oro

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HERMINIO MASANTONIO

Herminio Masantonio fue un jugador de fútbol, hijo de inmigrantes italianos, nacido en Ensenada, Provincia de Buenos Aires, el 5 de agosto de 1910.

Trabajó como peón en el frigorífico Swift, al terminar la escuela primaria y luego con su padre, ayudando en tareas de albañilería. Después, comenzó otra historia, la del romance de “Masa”, como le decían y el barrio de Parque Patricios.

Tentado en sus comienzos para jugar en los equipos representativos de La Plata, fue otro su destino cuando conoció al Teniente Tomás Ducó, mientras hacía la conscripción. quien lo incorporó al equipo del Club Atlético Huracán, en reemplazo de Guillermo Stábile.

Debutó en junio de 1931 frente a Quilmes haciéndole un gol, conducta que no modificó, transformándose en el tercer goleador de la historia del fútbol argentino con 250 goles en 367 partidos, detrás de Arsenio Erico y Ángel Labruna. Hábil para cabecear y con un remate potente, dejó su marca durante una docena de años en los arcos rivales.

Su mejor época fue en la década del 30. Fue el máximo goleador en los Torneos Sudamericanos de 1937 y 1941, jugando con la Selección Argentina. En 1943 jugó en Defensor Sporting, de Uruguay. En 1944, regresó al país jugando para Banfield, y en 1945, finalizó su campaña en su club, cumplidos los 35 años de edad.

Capturó la admiración de las hinchadas, la de sus compañeros de quienes se sintió protector, cuando jugaba con Méndez a la derecha y Baldonedo a la izquierda. Fue un delantero que demostró guapeza, un verdadero caudillo y peleador, goleador en Huracán durante 10 temporadas.

Era un jugador 9 de raza, no era muy hábil, no tenía clase, pero sabía jugar al fútbol marcando goles desde todos los ángulos. Falleció en Buenos Aires, 11 de setiembre de 1956. Frente a la sede del Club Huracán, sobre la Avenida Caseros, se levantó en 1996, un monumento en su homenaje y una calle del barrio, lleva su nombre.

Herminio Masantonio, el popular “Masa”, fue uno de los grandes representantes del fútbol argentino, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Herminio_Masantonio

http://dale-huracan.blogspot.com.ar/2009/01/herminio-masantonio.html

http://xenen.com.ar/2015/09/16/herminio-masantonio-el-mortero-de-parque-patricios

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EL PARQUE AVELLANEDA

El Parque Avellaneda, también conocido como Parque Olivera, está ubicado en las calles Lacarra y Directorio, en la ciudad de Buenos Aires.

Foto: Gobierno de la Ciudad

Lo conocí durante una excursión escolar en bañadera(*), cuando cursaba la escuela primaria. Fue mi primera vez en un parque que tenía atracciones inolvidables.

En los juegos infantiles, destaco los toboganes, los más grandes y elevados de la Ciudad. Superaban ampliamente a todos los que había conocido. Eran tres toboganes impactantes, ya que el más pequeño, superaba en tamaño a los más grandes de otras plazas y parques.

Siempre tengo presente la sensación vivida al ascender por una escalera muy elevada, que conducía a la plataforma del gran tobogán, que no era recto sino con una amplia curva en el tercio inferior de su recorrido, a los efectos de mitigar la velocidad del descenso.

Los restantes juegos como el sube y baja, la calesita manual, hamacas y pasamanos, completaban el área de entretenimiento infantil. También circulaba un trencito, como el de Luján. Recorría todas las instalaciones permitiendo comprobar su extensión y la disposición de las distintas instalaciones.

Diez centavos era la tarifa, para cada vuelta, experiencia que no dejamos de cumplir. El parque estaba totalmente cercado. Las pocas puertas de entrada obligaban a caminar trechos largos para localizarlas. Cuando ingresé a primer año en la escuela secundaria, regresé al Parque, a los efectos de cumplir con el programa de Educación Física.

Así conocí la cancha de fútbol, sin pasto y los fríos vestuarios con duchas de agua fría exclusivamente. Bañarse en invierno, después de finalizada la clase de gimnasia y prácticas de fútbol, era un acto de guapeza que nadie, se atrevía a cumplir.

Al año siguiente, las clases de gimnasia se trasladaron a la filial Palermo del club Gimnasia y Esgrima. Nos encontramos con tres grandes novedades: la cancha de fútbol, tenía pasto; los arcos tenían redes y las duchas del vestuario, agua caliente. Habíamos llegado al paraíso, un paraíso en aquel Buenos Aires que se fue.

*) bañadera: Especie de ómnibus, descapotado en verano y cubierto en invierno, con capacidad para transportar a todo el pasaje sentado. No era posible viajar parado. Muy populares en la década del 30 y 40.

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EL REPARADOR DE PELOTAS DE FÚTBOL

El reparador de pelotas de fútbol de cuero, es un antiguo trabajo que ha desaparecido definitivamente.
Las pelotas de fútbol de cuero, tenían un costo no accesible a la mayoría de los aficionados. Existían dos modelos: el más antiguo, la pelota con tiento, reemplazada posteriormente por la sin tiento. Las diferencias eran notables.        
La primera, fabricada con cuero grueso, encerraba una cámara de goma color rojo, rematada en un tubo flexible por donde se inflaba. Luego el tubo se ataba fuertemente con un trozo de piolín, se doblaba y se ubicaba por debajo del tiento de cuero, que cerraba la pelota.
El tiento constituía una zona rugosa que podía provocar molestias al cabecear. Estas pelotas fueron reemplazadas por las sin tiento, de 12 gajos, marca “Superbal”, o la de 16 gajos, marca “Criolla”, más livianas y más lisas.
Se inflaban con un adaptador, “el pico”, que se colocaba en un pequeño orificio correspondiente a la entrada de la válvula. Con el inflador, se introducía aire hasta lograr la dureza deseada.
Los gajos estaban cosidos con piolín encerado. Eran los sitios que se rompían favoreciendo la desunión de uno o más gajos, situación que obligaba a la reparación inmediata, para evitar la pinchadura de la cámara de goma.
El reparador de las pelotas de fútbol era un conocido personaje del barrio, experto en tareas de talabartería. La reparación de los gajos de cuero, dejaban a la pelota como mueva, lista para alegrar a los no tan pibes, quienes tenían la posibilidad de adquirir una.
Las pelotas eran de larga duración y se las cuidaba, engrasando el cuero con frecuencia, mediante un trozo de grasa de vacuno, obtenido gratuitamente en la carnicería del barrio. Inclusive, se le daba tratamiento de zapato, colocándole pomada y lustrándola. Pero un partido en día de lluvia o con la cancha mojada, dejaba a la pelota en malas condiciones.
El reparador de pelotas fue el salvador, que al devolver la salud al cuero lastimado, posibilitó alargar la vida útil de las pelotas de fútbol, en ese Buenos Aires que se fue.

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LOS AMIGOS DE LA VEREDA

Durante mi infancia viví en la calle Billinghurst, entre Rivadavia y Bartolomé Mitre.

Los compañeros de juego de todos los días, vivían en esa cuadra, en esa vereda. La cosa cambiaba cuando se acercaban a participar de los juegos, pibes de otras cuadras o de la vuelta, aunque vivieran en la misma manzana. No era la misma relación.

Se forjó una amistad diaria con Alberto, que vivía en la carbonería. Tenía los ojos de distinto color, con aspecto achinado. Le quedó como apodo “el Chino”. Rápido e inteligente, jugaba muy bien al fútbol. Supimos compartir muchas buenas horas.

En la mitad de la cuadra vivía un tucumano, siempre vestido con un mameluco azul, “el Nino”. Estudiaba el armado de aparatos de radio, en la organización “Radio Instituto”, que al finalizar el curso premiaba al estudiante regalándole el último receptor armado. Nino era otro brillante exponente del fútbol, que habitualmente jugábamos en el potrero, o en los galpones del Ferrocarril Oeste, sobre la calle Bartolomé Mitre.

En el número 80 de Billinghurst vivía el hijo del Dr. Frydman, que no participaba de los juegos en la vereda. Más retraído, prefería jugar en su casa, donde en más de una ocasión, nos pidieron silencio porque era hora de consulta.

Al lado, en el número 82 vivía Alfredo con su tía. Era un campeón jugando al balero o a las bolitas, absolutamente invencible. Pero jugando alfútbol era un desastre y su torpeza se reflejaba en la cantidad de patadas que pegaba. Jugar al fútbol con Alfredo, era una aventura de final conocido, porque finalizaba a las trompadas.

Cerca de la esquina de Bartolomé Mitre, vivía Yamilio, que cuando hablaba “le patinaba la erre” y pronunciaba “gue”. Era de ascendencia judía, de Europa Central, y en su casa jugaba con un billar de juguete, que tuve ocasión de compartir. Nunca se integró al grupo de las vereda y no poseía ninguna habilidad para jugar al fútbol.

En la esquina de Bartolomé Mitre, estaba la carnicería donde vivía Amado. Era el de menor edad, pero siempre intentó y logró integrarse al grupo de amigos de la vereda. Muy rubio, de piel muy blanca, participaba de todos los juegos. Tenía una hermana mayor que acostumbraba pasear por el barrio con el novio de turno, para finalizar su recorrido en la puerta lateral de la carnicería. Uno de esos novios fue un famoso boxeador, que participó en las Olimpíadas de Londres en 1948, destacándose por su valentía. Lo ví en varios combates realizados en la Federación Argentina de Box, en aquél Buenos Aitres que se fue.

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LA SAETA RUBIA

Al comienzo de su carrera futbolística, Alfredo Di Stéfano fue llamado “La Saeta Rubia”.

Sucedió en el año 1947, durante su período en el club River Plate. Di Stéfano había nacido en Barracas, el 4 de julio de 1926. A los 17 años se probó en River siendo aceptado. Jugó en las divisiones inferiores, ocupando varios puestos como delantero.

En 1945 debutó en Primera División jugando sólo un partido. En 1946 jugó a préstamo en el club Huracán regresando a River en 1947. Ese fue el año de su consagración. Le tocó reemplazar al Maestro Adolfo Pedernera, un habilidoso jugador con el manejo de ambas piernas y muy potente en los remates.

Pero Di Stéfano cambió la fisonomía de esa delantera inolvidable integrada por Reyes, llegado del club Racing en reemplazo de Juan Carlos Muñoz; Moreno, Di Stéfano, Labruna y Loustau. La velocidad de Di Stéfano llevando la pelota, lo transformó en “La Saeta Rubia”. El arquero Grisetti pasaba la pelota con las manos al back izquierdo Luis Ferreira, quién rápidamente la cedía al número 6, José Ramos. Di Stéfano recibía el pase ubicado en el círculo central y entonces, comenzaba el otro espectáculo, su show exclusivo.

Inicaba una carrera vertiginosa hacia el arco contrario, eludiendo a la carrera a los defensores que iban apareciendo. Al llegar al borde del área, disparaba uno de sus “taponazos” inolvidables, que se transformaban en gol. Esta maniobra de como llegaba al gol, se repitió muchas veces durante ese año 1947, a tal punto, que cuando recibía la pelota en el centro de la cancha, la hinchada en la tribuna se paraba  comenzando a gritar el gol, que aún, no se había producido.

Pero la “Saeta” era imparable, y el taponazo esperado, se producía en el momento justo, provocando una gritería ensordecedotra, que hacía temblar el cemento del “Estadio Monumental”. Estas situaciones las vivimos en ese inolvidable 1947, cuando River ganó todo y el goleador fue Di Stéfano.

Al año siguiente jugó 23 partidos y 12 en 1949, cuando se desató un conflicto en el fútbol argentino que motivó el alejamiento de Di Stáfano junto con más de 50 jugadores, quienes se incorporaron , en su mayoría, al fútbol de Colombia. Di Stéfano lo hizo en el Club Los Millonarios, donde permaneció 4 años.

A partir de 1953 comenzó su período europeo en el Real Madrid. Nos dejó para siempre el 7 de julio de 2014. Su habilidad, su velocidad y su capacidad goleadora quedaron estampadas para siempre en el gran River Plate de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2014/07/07/actualidad/

http://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Di_Stefano

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DÍA DE CLÁSICO FUTBOLERO

La ansiedad se vivía desde temprano cuando se jugaba un clásico de fútbol.

La convocatopria para asistir a la cancha y compartir las emociones del partido, estaban incentivadas por la propaganda de la radio, los diarios y las revistas deportivas. Todo tipo de especulaciones surgían en las discusiones en el café, en las esquinaas donde había quioscos de venta de diarios y en el trabajo.

Una preocupación constante era conseguir las entradas para asistir al estadio. Ese día, la afluencia de público era suficiente para llenar por completo las instalaciones. Por lo tanto, se concurría lo más temprano posible, para encontrar un lugar adecuado y disfrutar del espectáculo.

Ese día, se almorzaba más temprano la clásica tallarinada de los domingos, a fin de salir con el último bocado en dirección a la cancha. El clima de excitación se vivía en todo lugar, pero era especialmente manifiesto en los medios de transporte.

Un bullicio descomunal era provocado por los cánticos, groseros o no, que los coros improvisado por los aficionados hacían oir en los tranvías, ómnibus o colectivos, ocupados al máximo tanto en el interior, donde no cabía un alfiler, como colgados de los estribos o ubicados en los techos de los tranvías.

A medida que nos acercábamos al estadio, grandes grupos de hinchas, agrupados según el equipo, caminaban a buen ritmo, gritando múltiples expresiones y agitando banderas alusivas. La gente observaba desde los balcones de sus casas, este inusual espectáculo, repetido en ocasión de cada clásico. Como alguno de ellos colocaba una bandera de uno de los equipos, siempre se escuchaba todo tipo de gritos “alusivos”, contrarios a ese club, dirigidos al responsable, que habitualmente, permanecía poco tiempo por razones obvias.

Los controles de entrada eran más estrictos, demorando el acceso al estadio y exaltando el nerviosismo ya existente. La llegada temprano permitía disfrutar el partido de tercera división, preliminar al clásico. Pero el interés estaba centrado exclusivamente en lo que estaba por venir.

Como consecuencia de la enorme cantidad de público, era posible encontrar en la tribuna, algún aficionado al equipo contrario, que denotaba su presencia al gritar un gol o quejarse a viva voz ante una jugada discutida, originando la inmediata reacción de quienes lo rodeaban, invitándolo o recomendándole que se fuera a otro lado. Ya sea en la cancha o pendiente de un aparato radiofónico, los días de clásico se vivían con una mayor expectativa en ese Buenos Aires que se fue.

Los entretenimientos, el fútbol

LA HUELGA FUTBOLÍSTICA DE 1948.

En Noviembre de 1948, los futbolistas argentinos se declararon en huelga.

Quedaba atrás la huelga de 1931, motivada por la ley que prohibía la libertad de contratación. En 1948, el detonante fue la desproporción existente entre los ingresos de los clubes y el salario de los jugadores.

Cuando finalizó la fecha Nº 25 del campeonato con Racing puntero, el Sindicato de jugadores, Asociación de Futbolistas Agremiados, declaró la huelga. Fue la primera huelga durante el primer gobierno peronista. Faltando 5 jornadas para la finalización del campeonato, el Sindicato encabezado por Fernando Bello y Adolfo Pedernera declararon la interrupción del campeonato, como protesta por varios motivos: mejorar las condiciones contractuales, situación de los pagos atrasados a los jugadores, salario mínimo y reconocimiento oficial del Sindicato.

Se pretendía mejorar la situación de los jugadores más modestos. Los jugadores estrella se negaron a jugar, pero sí lo hicieron los juveniles, a fin de completar el campeonato. Ganó Independiente, porque Racing que era el puntero, se negó a jugar las dos últimas fechas, finalizando en la cuarta posición por descuento de puntos.

Como consecuencia de la huelga, se suspendió el descenso, favoreciendose Gimnasia y Esgrima La Plata. La protesta gremial fue liderada por Alfredo Di Stéfano, considerando que era justa. El conflicto se prolongó durante varios meses.

En Mayo de 1949, el Ministerio de Trabajo impuso un salario tope de 1500 pesos, hecho que provocó un éxodo sin precedentes de los jugadores más importantes. Colombia fue el destino de la mayoría, lo que fue una inyección de calidad para el fútbol de ese país.

Fueron 57 jugadores los que decidieron probar asuerte en Colombia, entre los que se encontraban Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera, Nestor Rossi, René Pontoni, Julio Cozzi, Oscar Sastre, Alfredo Báez, algunos de los célebres nombres.

La huelga de 1948 provocó el alejamiento de los jugadores más famosos desvalorizando al fútbol argentino en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.marca.com/reportajes/2011/12/el_poder_del_balon/2013/02/08/seccio…

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ÁRBITROS INGLESES EN EL FÚTBOL ARGENTINO

En el año 1948, la AFA contrató árbitros ingleses para dirigir los encuentros de primera división y mejorar la equidad de los arbitrajes locales.

El 27 de Octubre de 1946, San Lorenzo le ganó a Newell’s 3 a 2 en Rosario y el público local invadió la cancha, disconforme con el arbitraje de Osvaldo Cossio. A la salida del estadio, fue agredido en el Parque Independencia, recibiendo todo tipo de golpes, mientras los hinchas enardecidos se preparaban para lincharlo con un cinturón de cuero, hecho evitado por la actitud de 3 soldados.

La incorporación de un plantel completo de árbitros ingleses fue un hecho insólito pero efectivo, ya que la normalidad en las canchas fue casi total. La decisión fue la consecuencia de un cuestionamiento a los árbitros locales por sus malos arbitrajes, ya que por estar suspendidos, no podrían dirigir por un tiempo prolongado.

Los resultados de la actuación de los ingleses se apreciaron en la posición de los equipos en la tabla. Los árbitros comenzaron a cobrar penales que los argentinos dejaban pasar. La primera rueda tuvo un desarrollo sorprendente ante la aparición de los equipos “chicos” en los primeros puestos. Platense en 1949 salió segundo. Boca se salvó del descenso en la última fecha. En 1951, Banfield jugó la final con Racing.

Primero llegaron los señores Hartles, el más popular, Dean, Provan, Gibbs, Gregory, Corx, White y Brown, a los que se agregaron en 1954 Maddison, Berry, Cross Crawford, Mackena y Wilbraham. A pesar de las dificultades con el idioma, impusieron la autoridad del juego aplicando el reglamento con equidad. La idea de mejorar y superar errores que condenaban a varias instituciones se logró en algunos momentos, pero al final no funcionó.

Durante 10 años los pitos ingleses manejaron el destino de cada club marcando diferencias con los árbitros argentinos, pero también fueron discutidos y rechazados en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.gacemail.com.ar/notas.php?idnota=9998

http://historiayfutbol.obolog.com/argentina-1ra-division-afa-1948-243954

http://blogsdeteaydeportea.com/phpscript/vista_imprimir.php?id=5168

http://www.mdzol.com/nota/131190/

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EL CLUB ATLÉTICO INDEPENDIENTE

La historia de Independiente está llena de alegrías y de copas.

Fundado en 1905, se afilió a la Asociación en 1908; en 1914 ascendió a Primra división. La primera conquista a nivel nacional la logró en 1922, con una delantera que pasó a la historia: Zoilo Canaveri, Alberto Lalín, Luis Ravaschino, Manuel Seoane y Raimundo Orsi.

Foto: Independiente 1938.

Repitió la hazaña en 1926, ganado invicto tras 25 partidos, ocupando el segundo lugar San Lorenzo. En 1928 construyó su gran estadio y su sede social en 1936. En la época del profesionalismo fue campeón en 1938, con un equipo que causó sensación. Lo integraba Fernando Bello, Fermín Lecea y Sabino Coletta; Franzolini, Raúl Leguizamón y Celestino Martínez; y una delantera de lujo integrada por José Vilariño, Vicente De La Mata, Arsenio Erico, Antonio Sastre y José Zorrilla.

En 32 partidos marcaron 115 goles, cifra record en el fútbol argentino. River fue segundo con 105 goles. Repitieron en 1939, con la delantera más goleadora y la valla menos vencida. Esta conquista sumó muchos nuevos socios para el equipo de defensa impasable y ataque demoledor.

De La Mata y Sastre marcaron 75 goles. De La Mata llegó a Independiente en 1937 y junto a Erico y Sastre, marcaron 556 goles en partidos oficiales de campeonato. Uno de los goles más celebrados del fútbol, se lo convirtió a River en el estadio Monumental, el 12 de Octubre de 1939. Recibió la pelota del arquero Bello, cruzó el campo de punta a punta gambeteando a todos los rivales que le salieron al paso, a alguno de ellos, dos veces y venció al arquero Sirne.

Jugó hasta 1950. Fernando Bello fue considerado el mejor arquero de Independiente en todas sus épocas y un baluarte en la Selección Nacional. Arsenio Erico llegó desde Parguay en 1934 y jugó hasta 1946, convirtiendo 293 goles en 325 partidos. Era un muy hábil cabeceador.

Antonio Sastre fue un monstruo sagrado del fútbol, un verdadero crack, considerado el jugador más completo del fútbol argentino. Marcó 112 goles, a pesar de jugar muchas veces como defensor. Independiente fue campeón en 1948, en un torneo muy especial, ya que faltando cinco fechas, se produjo una huelga de jugadores que culminó con el éxodo a Colombia de las grandes figuras. Ese equipo estuvo integrado por Simonetti, Crucci y Arrigó; Oscar Sastre, Castro y Battagliero; Cervino, De La Mata, Romay, Mario Fernández y Mourín.

En la década del 50 contó con una formidable delantera integrada por Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz, pero no obtuvo ningún campeonato, hecho que ocurrió en 1960, a dos puntos de River y Argentino Juniors.

Ernesto Grillo fue el crack soñado, un ganador, representante del fútbol de potrero, de gambeta endiablada y buena definición. Quien no se acuerda del gol a los ingleses, jugando con la Selección Nacional en el estadio de River, el 14 de Mayo de 1953. En 1957 fue transferido al fútbol italiano.

Ricardo Bochini fue un jugador cumbre, predestinado para las grandes hazañas, un ganador. Jugó 20 temporadas, desde el 25 de Junio de 1972 hasta 1991. Actuó en 636  partidos oficiales de campeonato. Talentoso y de gambeta perfecta. Armaba el juego y preparaba los goles para que otros lo convirtieran.

Campeónen 1963, Independiente repitió en 1967 con un equipo que  ostenta el record de efectividad en la historia del profesionalismo, 86.7 % de los puntos, equipo gestado por el brasileño Oswaldo Brandao. Lo integraron Santoro, Monges y Pavoni; Ferreiro, Pastoriza y Acevedo; Bernao, Savoy, Artime, Yazalde y Tarabini.  ¡Qué fútbol, el de ese Buenos Aires que se fue!

Fuente: “Tango y Cultura Porteña”, FM 97.9 Radio Cultura. Emisión Nº

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