El Buenos Aires que se fue

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Binomios tangueros

RONDA DE ASES

“Ronda de Ases” fue una de las grandes audiciones radiales dedicadas al tango.

Era trasmitida por Radio “El Mundo” pero no desde sus estudios sino desde el Teatro Casino, en la calle Maipú, enfrente al Cabaret Marabú.

Se caracterizó por presentar a los binomios típicos más representativos, integrados por Osvaldo Fresedo - Oscar Serpa; Juan D’Arienzo -  Héctor Mauré; Carlos Di Sarli - Roberto Rufino; Aníbal Troilo - Francisco Fiorentino; Ricardo Tanturi - Alberto Castillo; Ángel D’Agostino - Ángel Vargas, bajo la conducción del locutor y animador Jaime Font Saravia, con la colaboración del locutor actor Juan José Piñeyro, y libretos de Barreiros Bazán.

“Ronda de Ases” se denominó el tango compuesto por Osvaldo Fresedo y Homero Manzi, que se erigió como la característica de este emblemático programa, estrenado el 12 de marzo de 1943 por la orquesta de Osvaldo Fresedo , con la voz de Oscar Serpa. En todas las emisiones participaba como enlace , las orquestas de Alberto Soifer con su cantor Roberto Quirogas.

En cada presentación de una hora de duración, participaban cuatro orquestas, dos veces por semana. En la primera media hora, cada orquesta ejecutaba un tango instrumental. En el intervalo, el conjunto de Alberto Soifer cambiaba el ritmo ejecutando un tango en tiempo de vals o viceversa. En la segunda media hora, participaban los cantores.

Una vez finalizadas las actuaciones se procedía a la premiación. Para ello, se solicitaba la colaboración del público, fanático de cada binomio orquestal y presentes en cada presentación, que mediante la intensidad de su aplauso, determinaba a la dupla ganadora. Era una puja por alcanzar la premiación, donde el aporte presencial de los adictos era fundamental a la hora de decidir el veredicto, escuchándose “todo tipo de opiniones”.

En cada presentación se estrenaban tangos y milongas, enriqueciendo cada audición. Durante su período de emisión, cambió su nombre por el de “Esquinas de mi ciudad” y “Casino”, sin modificar la calidad de cada una de sus actuaciones, siempre en vivo y en directo.

La radio era el vehículo transmisor de todas las novedades y grandes éxitos de las orquestas siendo “Ronda de Ases” una verdadera sensación radial en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://antoniopiedrafita.blogspot.com.ar/2013/12/glostora-tango-club-programa-radial.html

http://tangosalbardo.blogspot.com.ar/2012/03/ronda-de-ases-html

http://www.bsairestango.com/post/Ronda-de-Ases.aspx

Audiciones Radiales, Binomios tangueros, El tango, Los entretenimientos

EL BANDONEÓN EN EL TANGO

El bandoneón es un instrumento de origen alemán que llegó a estas latitudes para caracterizar e identificar la ejecución del tango rioplatense.

El estilo interpretativo, sus variaciones y ronrroneos, le han conferido al tango muchas de sus características melódicas y danzantes. De una danza ágil y rápida con corte y quebrada, su incorporación en la ejecución del tango significó una profunda transformación de la danza, más lenta e intimista. Su presencia también está presente en muchas de las letras, tanto en el título como en el desarrollo del tema, estableciéndose un diálogo donde el bandoneón cobra vida y adquiere un protagonismo esencial.

En 1928, Pascual Contursi y Juan Bautista Deambroggio escribieron “Bandoneón arrabalero”: “Bandoneón arrabalero, / viejo fueye desinflao, / te encontré como a un pebete / que la madre abandonó /…Bandoneón, / porque ves que estoy triste  / y cantar ya no puedo, / vos sabés / que yo llevo en el alma / marcao un dolor”.

Los diálogos alcanzan profundidad y emoción, son verdaderas confesiones, tal como se observa en “La última curda”, de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo, 1956,: “Lastima, bandoneón, / mi corazón / tu ronca maldición maleva…/ Pero es el viejo amor / que tiembla, bandoneón, / y busca en un licor que aturda, / la curda que al final / termine la función / ¡Corriéndole un telón / al corazón!.”

Fueye es sinónimo de bandoneón. Muchas veces así aparece en tangos como “Oro muerto”, 1926, de Julio Navarrine y Juan Raggi: “El fueye melodioso termina un tango papa. / Una pebeta hermosa saca del corazón / un ramo de violetas, que pone en la solapa / del garabito guapo, dueño de su ilusión”, según la letra no modificada por la censura de la década del cuarenta.

Como factor de nacimiento del tango, lo señala José Canet en “La abandoné y no sabía“, 1944, cuando dice: “…acunado entre los sones / de bandoneones / nació este tango”.

El bandoneón participa activamente de las situaciones que vive una pareja acompañando al hombre en su incertidumbre y desasosiego, como a un viejo compañero. Lo dijeron Julián Centeya y Enrique Mario Francini en “La vi llegar”, 1944, con estas palabras: “y el bandoneón / -rezongo amargo del olvido- / lloró su voz / que se quebró en la densa bruma / …y el bandoneón / dice su nombre en su gemido, / con esa voz / que la llamó desde el olvido. / Y en este desencanto brutal que me condena / la vi partir sin la palabra del adios”.

La relación entre el ejecutante y el instrumento es íntima, confidencial. Al bandoneón se le confían los secretos personales mejor guardados, los sentimientos más comprometidos, como integrantes de una sociedad muy especial. Enrique Cadícamo junto a Rafael Rossi, nos dejaron “Cuando tallan los recuerdos”, 1943,: “Aquí está mi orgullo de antes,/ bandoneón de mi pasado, / viejo fueye que dejado / para siempre en un rincón. / Mi viejo fueye querido, / yo voy corriendo tu suerte, / las horas que hemos vivido / hoy las cubre el olvido / y las ronda la muerte.”

Otras veces, los momentos vividos con el bandoneón se traducen por episodios muy gratos, felices y muy emotivos, que conducen a una cadena de recuerdos inolvidables, siempre agradecidos. Lo dicen Francisco Marino y Juan Arcuri en “Viejo tango”, 1926, :”En el gangozo rezongar del fuelle, / brotan sentidas, llenas de emoción, / las cadenciosas notas de mi tango, / el viejo tango de mi corazón. / Se llena mi alma de dulces recuerdos / y de añoranzas de mi juventud, / y cada nota asoma a mi memoria / una deuda de inmensa gratitud.”

El alejamiento del hogar por razones laborales motiva la evocación nostálgica del tango, pero siempre unida al querido bandoneón. Así Homero manzi y Lucio Demare compusieron “Mañana zarpa un barco”: “Dos meses en mi barco viajó mi corazón, / dos meses añorando la voz del bandoneón / El tango es puerto amigo donde ancla la ilusión, / al ritmo de su danza se hamaca la emoción. / Bailemos este tango, no quiero recordar ! / mañana zarpa un barco, tal vez no vuelva más…”

La humanización del bandoneón queda clarmente reflejada, al atribuírsdele los mismos sentimientos que nos tocan vivir a diario. Enrique Cadícamo y Agustín Bardi, lo manifiestan en “Nostalgias” al decir: “Gime bandoneón, tu tango gris; / quizás a ti te hiera igual / algún amor sentimental…/ Llora mi alma de fantoche, / sola y triste en esta noche, / noche negra y sin estrellas…/ Quiero emborrachar mi corazón / para después poder brindar / por los fracasos del amor.”

El bandoneón y el tango íntimamente entrelazados, elementos determinantes de una inmigración que se acentúa en el barrio de la Boca. De acuerdo con Alberto Vacarezza y Antonio Scatasso, así lo señalaron en  ” El poncho del amor”, 1922, :”Yo soy del barrio de la ribera, / patria del tango y el bandoneón. / Hijo sin grupo de un gringo viejo, / igual que el tango de rezongón.”

El bandoneón se transforma en el confidente esencial, entre copas y tangos, cuando los romances terminan en la nada pero permanecen en el subconciente, reapareciendo con fuerza incontenible. Homero Manzi y Aníbal Troilo, lo expresaron en “Che, bandoneón”, 1950, ;”Bandoneón, / hoy es noche de fandango / y puedo confesarte la verdad, / copa a copa, pena a pena, tango a tango, / embalado en la locura / del alcohol y la amargura. / Bandoneón, / ¿para qué nombrarla tanto /  ¡No ves que está de olvido el corazón / y ella vuelve noche a noche como un canto / en las gotas de tu llanto, / che, bandoneón?.”

El bandoneón era el personaje, la esencia, el motivo, la razón, de todas las situaciones emparentadas con el tango. El bandoneón llora, gime, ronrronea; se manifiesta de todas las formas posibles ante su dueño. José Staffolani y Pedro Maffia compusieron “Taconeando”, 1931, y así lo contaron: ” y al quejarse el bandoneón / se escuchó / tristes las notas del tango / que nos hablaba de amor, / de mujer, de traición, / de milongas manchadas de sangre / de sus machos y el Picaflor.”

Las penas y los romances evocados bajo la acción del alcohol, caracterizaron al famoso tango “Malena”, de Homero Manzi y Lucio Demare, 1942 : ” Malena canta el tango como ninguna / y en cada verso pone su ciorazón. / A yuyo de suburbio su voz perfuma. / Malena tiene pena de bandoneón. / O acaso aquel romance, que sólo nombra / cuando se pone triste con el alcohol. / Malena canta el tango con voz de sombra. / Malena tiene pena de bandoneón.”

Las menciones de Homero Manzi relacionando el barrio con hechos que lo caracterizaron, han sido gráficamente explicadas en una síntesis admirable que se aprecia en “Barrio de tango“, 1942, con música de Aníbal Troilo: “Así evoco tus noches, barrio tango, / con las chatas entrando al corralón / y la luna chapalenado sobre el fango / y, a lo lejos, la voz del bandoneón.”

Como siempre, el bandoneón, típico representante del tango, presente en todas las manifestaciones de la vida cotidiana, en ese Buenos Aires que se fue.

Binomios tangueros, El tango

LA GASTRONOMÍA EN EL TANGO

El tango ha participado en el quehacer diario de los porteños; las distintas manifestaciones del vivir, han quedado registradas en sus letras. La degustación de comidas y bebidas han quedado atrapadas en soberbios registros donde perduran costumbres y hábitos que reflejan con precisión, las costumbres del porteño a la hora de comer y de beber.

La más simple, comida y bebida elemental, pan y agua, inmortalizada en el decir de Ángel Vargas con la orquesta de Ángel D’Agostino, parece una marca registrada que oimos en el tango “A pan y agua”, 1919, de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobian, cuando en el recitado nos dice: “¡1920! ¿Dónde están / mis amigos queridos de entonces…? / ¡A pan y agua! / Este tango nos unía / en aquellas noches inolvidables / de Armenonville. / …¡A pan y agua!.”

Un acto ritual del porteño es el de beber una taza de café. Los pretextos son múltiples: el encuentro con un amigo, recordar viejos tiempos, añorar al amor perdido, concretar un negocio, o ver pasar el tiempo a través de una ventana. Homero Manzi y Alfredo Malerba escribieron en 1943 “Mi taza de café”, donde se señala: “La tarde está muriendo detrás de la vidriera / y pienso mientras tomo mi taza de café. / Desfilan los recuerdos, los tiempos y las penas, / las luces y los cantores del tiempo que se fue. / Fantasmas del pasado que vuelven y que insisten / cuando en las tardes tomo mi taza de café.”

La descripción de las citas de amor, rodeadas de todos los elementos  partícipes de una reunión inolvidable, sean ambientales o gastronómicos, son brillantemente descritos en el clásico de Carlos Lenzi y Edgardo Donato “A media luz”, de 1925: “Corrientes 3-4-8, / segundo piso, ascensor, / no hay porteros ni vecinos. / Adentro cocktail y amor. / Juncal 12-24 / telefoneá sin temor. / De tarde, té con masitas /de noche, tango y champán. / Los domingos, tés danzantes; los lunes, desolación…”

Una serie de recomendaciones para el trasnochador, referidas al buen comer y beber, fueron escritas en tono humorístico por Eduardo Tronge y Salvador Merico, en el tango “Seguí mi consejo”, de 1928: “No vayás a lecherías / a pillar café con leche, / morfate tus pucheretes / en el viejo “Tropezón”, / y si andás sin medio encima, / cantale “Fiao” a algún mozo, / es una forma muy linda / pa’ evitarte un papelón. / Refrescos, limones, chufas, / no los tomés ni aún en broma…/ ¡Piantale a la leche, hermano, / que eso arruina el corazón!…/ Mandate tus buenas cañas, / hecete amigo del whisky / y, antes de morfar, rociate / con unos cuantos pernós”. Las recomendaciones alejan al protagonista de las comidas y bebidas sanas, para sumergirlo en una variedad de bebidas alcohólicas, a cual peor, rociado con un toque de humor.

La vida de la muchachada bohemia, sumida en la permanente pobreza, fue una constante, intensificada después de la crisis económica del 29. Las reuniones de grupos de amigos en una pieza de conventillo, compartiendo hambre, penurias, frío y angustias, fueron tratadas en “El bulín de la calle Ayacucho”, 1925, de Celedonio Flores y José y Luis Servidio, donde destacan que se comía pan y se bebía mate: “el bulín donde tantos muchachos / en sus rachas de vida fulera / encontraron marroco y catrera, / rechiflado, parece llorar. / El primus no me faltaba / con su carga de aguardiente, / y habiendo agua caliente / el mate era allí señor.”

La escasez de dinero fue la constante en una época en la que se podía calmar el apetito con un café con leche, pan y manteca, por la módica suma de 20 centavos. En la jerga popular se lo conocía por “un completo” y quedó registrado en “Lunes”, 1939, de Francisco García Jiménez y José Luis Padula: “Un catedrático escarba su bolsillo / a ver si el níquel le alcanza para un completo.” Así, las diversas facetas del comer, habitualmente del mal comer, quedaron asentadas en el tango que recogió con fidelidad, hábitos y costumbres de aquel Buenos Aires que se fue.

Binomios tangueros, El tango, La cuestión social

TANTURI - CASTILLO

Ricardo Tanturi y Alberto Castillo constituyeron uno de los binomios tangueros más representativos de la década del 40.

Ricardo Tanturi, llamado “El caballero del tango”, nació en el barrio de Barracas el 27 de Enero de 1905. Fue dentista y pianista. En 1933 formó un sexteto típico llamado “Los Indios”, igual que un equipo de polo de esa época. Trabajó en el Hotel Carrasco, de Montevideo y comenzó a grabar en el sello “Odeón”.

Se incorporó a los programas de Radio “El Mundo”, cambiándose al sello grabados “Víctor”. En 1939, se incorporó el cantor Alberto Castillo a quien llamaron “El cantor de los 100 barrios porteños”. De esta forma orquesta y cantor ingresaron de inmediato a la popularidad, dando origen a una sucesión de éxitos que impulsó el expectacular ascenso de ambos, arrastrando multitudes.

Alberto Salvador De Luca, conocido como Alberto Castillo, fue uno de los intérpretes más carismáticos de toda la historia de la música rioplatense. Nació en Mataderos, el 7 de Diciembre de 1914. Comenzó a cantar mientras estudiaba Medicina en la Universidad de Buenos Aires obteniendo el título de Médico en 1942.

Trabajó con los conjuntos de Armando Neira, Augusto Berto y Mariano Rodas. Conoció al maestro Tanturi en un baile universitario, donde cantó algunos temas. Ingresó al conjunto en 1939 permaneciendo hasta 1943. Fueron años de un éxito clamoroso.

Castillo no imitaba a nadie. Era completamente distinto, por la forma de cantar, por sus gestos exagerados, por su manejo del micrófono, su forma de vestir a la usanza “Divito” y por su provocativa forma de decir, con un tono cachador, arrastrando el fraseo, con una cadencia rea. Fue un verdadero transgresor que provocó odios y amores entre el público.

El primer disco del binomio Tanturi- Castillo apareció el 8 de Enero de 1941, el vals “Recuerdo”, de Alfredo Pelaia. Pero sin lugar a dudas, fue el tango “Así se baila el tango”, de Elías Randal y Marvil, el que mejor lo caracterizó cuando decía:”¡Qué saben los pitucos, / lamidos y shushetas, / que saben lo que es tango, / que saben de compás”. Siempre alguno se daba por aludido y comenzaba la bronca.

Luego de su desvinculación de Tanturi actuó como solista. Su orquesta fue dirigidas sucesivamente por Emilio Balcarce, Enrique Alessio y Angel Condercuri. Ricardo Tanturi falleció el 24 de Enero de 1973 y Alberto Castillo el 23 de Julio de 2002.

El binomio constituido por Ricardo Tanturi y Alberto Castillo fue uno de los más exitosos en la década del 40, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente:Sentir el tango. Nº 12, 1998. Ed. Altaya.

Binomios tangueros, El tango

D’AGOSTINO - VARGAS, LOS ÁNGELES DEL TANGO

Ángel D’Agostino y Ángel Vargas, unieron sus destinos para conformar un binomio tanguero inolvidable.

El pianista y director Ángel D’Agostino, nació en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1900. en un hogar de músicos, donde existía un piano. Estudió en el conservatorio y muy pronto fue absorbido por el tango. Fue un porteño tanguero, soltero empedernido y amigo de la noche.

José Ángel Lomio, luego Ángel Vargas, nació en Parque Patricios el 22 de Octubre de 1904. De profesión tornero mecánico, fue siempre un tanguero nato, que cantaba con un estilo muy personal, melódico y afinado, sin estridencias, con una excepcional modulación. Su freseo porteño, reo y compadrito, pero de muy buen gusto, se acoplaba a las interpretaciones de la orquesta como otro instrumento.

Se conocieron en 1932 y comenzaron a actuar con la Orquesta D’Agostino - Mazzeo, primero en cines y luego en el cabaret Chantecler, en Paraná al 400. En 1935, Ángel Vargas grabó sus primeros discos con la Orquesta Típica Víctor.

Posteriormente, D’Agostino armó su orquesta típica y en 1940, se produce la primera grabación para el sello “RCA Víctor”. Fue el 13 de Noviembre de 1940 con los temas “No aflojés” y “Muchacho”. El éxito fue inmediato y fueron contratados por “Radio El Mundo” en 1941. Completaron 94 registros, culminando con “Camino de Tucumán”, en Octubre de 1946.

Todas las interpretaciones eran bailables, con un ritmo bien milonguero. La orquesta se caracterizaba por respetar la línea melódica y la acentuación rítmica, para facilitar el baile, procurando que el cantor se acoplara perfectamente. El éxito fue tan grande que la mayoría de las grabacionesfueron cantadas.

La evocación y la nostalgia, fueron un componente fundamental de sus interpretaciones, en las que Buenos Aires y su gente se hallaban muy bien representadas, describiendo su paisaje y los prototipos de la ciudad. Fue junto con Aníbal Troilo y Fiorentino, el mejor dúo tanguero de la época del 40. Cuando Ángel Vargas, “El Ruiseñor de las calles porteñas”, se alejó para iniciar en 1947 su carrera de solista, la orquesta no volvió a ser la misma.

D’Agostino - Vargas constituyeron uno de los binomios más extraordinarios en la historia del tango , en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.hlmtango.com/interpretes/vous/ngel_vargas/

http://www.tangocity.com/noticias/7573/D%e2%80%99Agostino%e2%80%93vargas/

Artistas destacados, Binomios tangueros, El tango

TROILO - FIORENTINO

La relación laboral entre Aníbal Troilo y Francisco Fiorentino comenzó el 1º de Julio de 1937.

Troilo armó su primera orquesta para debutar en el “Marabú” incorporando a Fiorentino, que venía de actuar en los conjuntos de Francisco Canaro, Juan Carlos Cobián, Roberto Firpo, Pedro Maffia, Juan D’Arienzo, Roberto Zerrillo y Minotto Di Cicco.

Pero con Troilo, la actuación de Fiorentino cambió radicalmente, transformándose en un instrumento indispensable en la orquesta. El ensamble fue óptimo, constituyéndose en el punto culminante de su carrera, lástima que muchos de los temas cantados, no hayan llegado a los discos comerciales.

Foto: Troilo y Fiorentino en Radio Belgrano

Superó con Pichuco, sus actuaciones anteriores ya que su voz intimista y con un fraseo bien porteño, fue característica de esta primera etapa en la orquesta de Pichuco. Durante los casi 7 años de actuación de este binomio tanguero, grabaron 60 temas, que al escucharlos 70 años después, conservan la frescura de un fraseo inconfundible, junto a un ritmo excelente, el de la orquesta más milonguera que dirigió Troilo.

Fiorentino no fue el mismo, ni antes ni después de Troilo. La simbiosis lograda entre ambos músicos, ya que Fiorentino era bandoneonista, fue perfecta. Fue puntal de una época en la que todos eran buenos, y así logró destacarse, elaborando un halo de magia interpretativa en un conjunto que contaba con valores irreemplazables.

Las interpretaciones de esta primera época de la orquesta hasta su separación el 30 de Marzo de 1944. se caracterizaron por el engranaje logrado con un acople perfecto y un ampliio lucimiento por ambas partes, dejando una huella imborrable en aquél Buenos Aires que se fue.

Binomios tangueros, El tango
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