El Buenos Aires que se fue

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Anécdotas de mi abuelo

MI ABUELO Y EL VESUBIO

Mi abuelo siempre recordaba al Vesubio.

El volcán se encontraba a 70 kilómetros de su pueblo en Nápoles, Italia, cuya silueta siempre observaba a la distancia. Lo escuchaba fascinado imaginando las erupciones y los ríos de lava.

Conocía los volcanes por las ilustraciones de libros y revistas. Pero cuando mi abuelo relataba que había caminado por la boca del volcán, que era muy grande y que estaba apagado, no podía elaborar una imagen que representara esos hechos.

El Vesubio, junto al Strómboli y el Etna, eran los tres volcanes clásicos italianos, que de una u otra forma, integraban los relatos que el abuelo hacía recordando su vida en Italia. En una pintura apaisada y muy bien lograda que tenía en su habitación, siempre observaba el aspecto imponente del Vesubio con la profusión de viviendas en el valle, con la predominancia de los techos rojizos.

Abuelo relataba lo que fueron en su momento las erupciones del Vesubio y sus consecuentes destrozos. Nunca omitía las referencias al Etna, que se encontraba activo, con su consiguiente riesgo para la población.

Escuchaba sus relatos una y otra vez, pero siempre como si fuera la primera audición, dispuesto a corregir alguna palabra que difiriera de su último relato. Abuelo ponía pasión y dramatismo en lo que decía, características que me atrapaban, grabándose profundamente en mi memoria de aquel Buenos Aires que se fue.

Anécdotas de mi abuelo, La infancia
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