El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Octubre, 2017

MIGUEL PAULINO TATO

Miguel Paulino Tato, conocido como “Néstor”, fue un periodista y crítico de cine, nacido en Buenos Aires, Argentina, en 1902.                                             

Foto: Ernesto Martinchuk

Trabajó como canillita hasta que ingresó como dibujante al diario “Última hora”. Le siguieron las revistas de la Editorial Haynes como “El Hogar” y “Mundo Argentino”. En 1930 fundó la revista “Sábado”, que le permitió viajar a Hollywood, donde tomó contacto con Charlie Chaplin, Buster Keaton, Douglas Fairbanks y otros.

También se desempeñó como profesor de caligrafía, historia y castellano. Escribió en la revista “Rico Tipo” críticas cinematográficas de caracter racista. En 1952 produjo y dirigió la película “Facundo, el Tigre de los llanos”.

Estuvo al frente del “Ente de Calificación Cinemaográfica”, un oscuro organismo del Ministerio del Interior creado en 1968, con autoridad para cortar escenas y eliminar películas enteras, siendo el máximo censor de  la historia argentina, entre agosto de 1974 y fines de 1980.

Es oportuno destacar la canción que le dedicó el conjunto “Sui Géneris” titulado “Las increibles aventuras del Señor Tijeras”, escrita por Charly García en 1974. Sus críticas cinematográficas provocaban la ira de los distribuidores y de empresas periodísticas. Imponía sus ideas con una prepotencia premeditada, jugando con el pánico de su interlocutor.

Sus amigos de ayer, Leopoldo Torres Nilson, Beatriz Guido, Mario Soffici, Lautaro Murúa, Armando Bo, se transformaron en sus víctimas. Ferviente antinorteamericano y anticomunista, tuvo que soportar la radicación en Cuba de su hija, activa militante comunista.

Su falta de respeto ante la propiedad intelectual, la manifestaba modificando el final de las películas que se le antojaban, obligando a la filmación de un nuevo final. Utilizaba un criterio muy especial ya que decía:”Yo no censuro, evito que la gente sea engañada”. Los cortes lesionaban seriamente la obra y su coherencia narrativa. Censuraba lo que pareciera moralmente ofensivo, levemente erótico o políticamente sospechoso. Las películas eran en consecuencia, muchas veces incomprensibles.

La censura cinematográfica fue abolida por Manuel Antín en 1983, encomendándole a Jorge Miguel Cousuelo, desmantelar el sistema nefasto, creando comisiones para la protección de la minoridad. Miguel Paulino Tato que falleció en abril de 1986, más solo que un perro, llegó a ser el hombre más odiado del cine argentino en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: Andrea Dominique Galeano. El cine prohibido:dictadura y censura en Argentina.31-10-2015

https://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Paulino_Tato

Miguel Tato, aquél increible señortijeras.La Nación, 28-02-1999

Los ‘70:Las historias de magia del “señor” de las tijeras. http://www.jardindegente.com.ar/index.php?

Luciano Monteagudo. Prohibido prohibir en democracia. Pagina12  https://www.pagina12.com.ar/diario/

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CANCIONES PATRIAS EN LA ESCUELA PRIMARIA

La trayectoria en la escuela primaria, estuvo siempre acompañada por el aprendizaje de las canciones y marchas patrias.

Su enseñanza estaba a cargo de la profesora de música, quien dos o tres veces por semana, al compás del paino desvencijado, nos hacía repetir, una y mil veces, las estrofas de la canción o marcha de turno. La profesora cantaba una estrofa y todos a coro, la repetíamos, con o sin errores. Algunos términos, nuevos para nosotros, nunca eran aclarados en su significado. La duda nos acompañaba durante todo el período escolar.

Eran momentos de alegría, ya que todo lo ensayado se apreciaba en los actos realizados durante las fechas patrias 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio, 17 de agosto, culminando con la fiesta de fin de año. La presencia de los padres durante las fechas patrias, era un valor agregado para mejorar nuestra interpretación.

Las canciones a la Bandera, eran mayoría. “Mi bandera”, de Juan Ambroisi y J. Chassaing decía:” Aquí está la bandera idolatrada / la enseña que Belgrano nos legó / cuando triste la Patria esclavizada / con valor su vínculo rompió”. Cantar estas canciones nos proporcionaba un sentimiento de orgullo.

La marcha “La Bandera”, de G. García y P. Romano decía:” Gloriosa enseña de la Patria mía, / el Paraná en tus brisas te envolvió / y en su ribera tremolaste el día / en que Belgrano al mundo te mostró”. En el “Saludo a la Bandera”, de Leopoldo Carretjer, se cantaba su clásico “Salve, Argentina / bandera azul y blanca / jirón del cielo / en donde impera el sol”. Estábamos pendientes de los errores que la profesora cometía en sus interpretaciones. Siempre eran los mismos. Cuando ocurrían, una mirada de entendimiento entre nosotros, era suficiente para coincidir.

La canción “Aurora”, de H. Quesada, L. Illica y H. Panizza, era la elegida para el izamiento diario de la bandera, de tal modo que la duración de  la canción, coincidiera con la llegada de la bandera al tope del mástil: “Alta en el cielo, un águila guerrera / Audaz se eleva en vuelo triunfal; / azul un ala del color del cielo, / azul un ala del color del mar”.

La figura del gran educador Domingo Faustino Sarmiento era conocida a través del “Himno a Sarmiento”, de L. Corretjer: “Fue la lucha, tu vida y tu elemento; / la fatiga, tu descanso y calma; / la niñez, tu ilusión  y tu contento, / la que al darle el saber le diste el alma”. La “Marcha patriótica de 1810″, atribuida a Esteban de Luca, se caracterizaba por tener una letra larga y compleja:” La América toda se conmueve al fin / y a sus caros hijos convoca a la lid. / A la lid tremenda que va a destruir / a cuantos tiranos la osen orpimir”. No era la preferida pero integraba el repertorio de las clases de música.

La “Marcha de San Lorenzo”, de C. Benielli y C. Silva, siempre estaba presente en todos los actos patrios, recordando la gesta del General José de San Martín: “Febo asoma, ya sus rayos / iluminan el histórico convento. / Tras los muros, sordos ruidos / oir se dejan de corceles y de acero”. Nunca hubiéramos imaginado  que a los acordes de esta marcha, Hitler desfiló por París en el mes de mayo de 1940.

A partir de cuarto grado, comenzamos a cantar “La canción del estudiante”, de Francisco García Jiménez, E. Galeano y C. Guastavino. Fue siempre la canción que nos representaba, dentro y fuera de la escuela o del colegio secundario. Era nuestro himno que espontáneamente nos unía en los momentos difíciles. Siempre cantando “a capella” con la participación de todos: “¡Estudiantes! Alcemos la bandera / que ilustraron los próceres de ayer / y florezca a sus pies la primavera / del amor renovado en nuestro ser”. Durante el transcurso de la vida escolar, aprendimos marchas y canciones que dejaron su impronta en ese Buenos Aires que se fue.

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VILLA CARIÑO

“Villa Cariño” era una zona especial de la ciudad de Buenos Aires, ubicada en los bosques de Palermo.

Muy visitada en la década de 1960, cuando la tarde caía y la noche se establecía con firmeza. Las parejas llegaban en auto a fin de disfrutar un momento de intimidad. Para muchos fue el despertar de los avatares amorosos y más de uno, fue concebido en ese bosque.

A medida que la noche era más densa, más numerosa era la cantidad de automóviles reunidos en el lugar, con gente joven y mayorcita ambién. Era habitual que los pibes se adentraran en la zona y molestaran a las parejas, interrumpiendo sus actividades.

Pero también la policía recorría la zona con poderosas linternas encendidas, molestando a los distintos ocupantes de los vehículos estacionados, provocando el alejamiento del lugar. Quedó registrado en la revista “Tías Vicenta”, a partir del año 1955.

Había un pacto tácito con la policía; si los villacariñistas dejaban las luces bajas del auto encendidas, la patrulla que pasaba cada 3 horas durante la noche, no los molestaría. Estas visitas eran motivadas por las provocaciones de las patotas juveniles, que aparecían ruidosamente en los autos con sus luces largas encendidas.

No era rara la presencia de alguna grúa convocada cuando el auto se quedaba sin batería. Tampoco eran raros los encontronazos entre los coches. Los fines de semana se reunían entre seiscientos a ochocientos autos, que solían permanecer hasta las 5 de la mañana. Los habitués comentaban que en ese sitio, se sentían aislados, a pesar de lo cerca que estaban uno de otro.

“Villa Cariño” fue una zona amatoria famosa ubicada en los bosques de Palermo de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Gerchunoff Pablo: El fin de Villa Cariño. Revista Panorama. Octubre 1985.

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