El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Junio, 2017

FERNANDO IGLESIAS (TACHOLAS)

Fernando Iglesias, “Tacholas”, fue un actor gallego nacido en Orense, España, el 25 de agosto de 1909.

Llegó a la República Argentina en 1929, donde ya vivían sus padres y hermanas. Se integró a la actividad cultural de las sociedades gallegas, especialmente con la Unión Provincial Orensana. En 1932 participó de audiciones radiofónicas y en festivales para recaudar fondos para la causa republicana.

En 1941, presentó en el Teatro Maravillas, la obra “Uovo de duas xemas”. Fue el principal dinamizador del teatro gallego en Buenos Aires. Fundó la Compañía de Comedias Galegas Boga - Tacholas, junto a Maruja Boga.

En 1945, creó la audición radiofónica “Recordando a Galicia”, junto a Mercedes Boga y Alfredo Aróstegui. En 1945 debutó en la película “Chiruca”, bajo la dirección de Benito Perojo, otro exiliado español. En 1953 inauguró el programa radiofónico “La Voz de Galicia”. Estuvo estrechamente vinculado con la cultura gallega en la Argentina.

Fue miembro de la “Casa de Galicia”, “Centro Gallego de Buenos Aires”, “Centro Orensano”, “Hogar Gallego para ancianos”, “Centro coruñés” y la “Sociedad General de Autores de Argentina”. Llevó a escena numerosas obras de autores gallegos presentando un teatro gallego de calidad. Fue una de sus características, la defensa de la galleguidad en el exilio.

En 1970, participó en los cursos de Lee Strasberg, dictados en Buenos Aires, en los cuales el Director, destacó sus calidad interpretativa. En ese año, obtuvo el premio al mejor actor de reparto en la IV Semana del Cine Internacional de Mar del Plata, por su trabajo en “Crónica de una señora”. Filmó más de 40 películas.

Estuvo enfrentado con los autores teatrales y directores de cine que utilizaban el gallego como caricatura de los personajes. Integró los elencos del Teatro Municipal General San Martín, con el que realizó giras por todo el país. Un documental en video “Tacholas, un actor galaico porteño”, dirigido por José Santiso en 2003, homenajeó su memoria, rescatando del olvido a este singular personaje.

Murió en Buenos Aires, el 14 de mayo de 1991. Fernando Iglesias, “Tacholas”, fue uno de los principales actores gallegos del Siglo XX, que desarrolló su vida artística en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: www.lanacion.com.ar (http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_ed=6Y2419

Fernando Iglesias Sánchez. Biografíasy Vidas. La enciclopedia biográfica en línea.

Tacholas, un actor galaico-porteño. La Nación 16-09-2004.

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LAS ORQUESTAS INVISIBLES

Las orquestas tienen como finalidad actuar ante el público, a fin de mostrar su repertorio y sus éxitos.

Sin embargo, existieron dos orquestas de música popular, una en Buenos Aires, la “Orquesta Típica Víctor”, creada en marzo de 1925 y la otra en Alemania, “Wiener Boheme Orchester”, creada en mayo de 1930, conocida entre nosotros como “Los Bohemios Vieneses”, que no conocieron al público.

La elección no es arbitraria porque la orquesta alemana, fue creada y dirigida hasta 1932 por el maestro Dajos Bela, que llegó a Buenos Aires en 1935 contratado por “Radio Splendid”, como director del  conjunto “Cuarteto Los Bohemios Vieneses”, que incluía a tres de los  integrantes de la “Orquesta Bohemios Vieneses”.

En 1936, se desempeñó en “Radio El Mundo”, donde permaneció varios años. La “Orquesta Bohemios Vieneses”, grabó en discos “Odeón”, solo valses, hasta el año 1941. Nunca actuó en público y en sus actuaciones usaron instrumentos muy diversos como el xilofón, vibráfomo, mandolín, guitarra hawaiana, guitarra acúsrica, piano, saxofón, cítara, campanas tubulares, órgano, marimba, acordeón, tuba y trompeta. Su denominación variaba según el país: en Francia era “L’Orchestre Bohemian”, en Italia “Orchestra Tipica Vienesse, etc.

La “Orquesta Típica Víctor”, pertenecía al sello “RCA Víctor”. Fue creada en 1925 asignándose la dirección al maestro Adolfo Carabelli. Grabó sus primeros dos tangos el 9 de noviembre de 1925. La conformación de la orquesta era muy variable, con una elevada rotación de músicos, que por diversas razones, no se hacían presentes.

Pero existía un punto en común que era, la elevada calidad del plantel en todo momento. Otros directores que sucedieron a Carabelli fueron Federico Scorticati en 1936 y en 1943, Mario Maurano. La última grabación la realizó el 9 de mayo de 1944, completando 444 grabaciones.

Al igual que la orquesta “Los Bohemios Vieneses”, no se presentó en cafés, ni cabarets, ni en boites, ni teatros, ni bailes en los clubes, ni presentaciones radiales. La orquesta se creó solo para grabar discos. Colaboraron buenos cantores como Roberto Díaz, Alberto Gómez, Ernesto Famá, Charlo, Angel Vargas y otros. Al igual que la orquesta alemana, la “Orquesta Típica Víctor” fue una orquesta invisible, en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.last.fm/es/music/Orquesta+Tipica+Victor

http://www.todotango.com/historias/cronica/466/Orquesta-Tipica-Victor

http://www.todotango.com/comunidad/mesa/mensaje.aspx?top=ale&

http://discotecaotonal.blogspot.com.ar/2005/09/orquesta-los-bohemios-vieneses

Artistas destacados, El exilio, El tango

LAS MUERTES TRÁGICAS EN EL TANGO (2)

Jorge Maciel (Carlos Pellegrini), fue un cantor de tangos nacido en Buenos Aires, el 17 de setiembre de 1920.

Fue un típico representante del cantor de la década del cuarenta. En 1949 ingresó a la orquesta de Alfredo Gobbi, donde permaneció siete años, grabando 18 temas. Era curioso observar el manejo que hacía del micrófono, en cada una de sus participaciones, acercándose y alejándose del mismo.

En 1954 pasó a la orquesta de Osvaldo Pugliese desempeñándose junto a Miguel Montero. Hasta 1968, grabó con Pugliese 66 temas. Pasó a integrar el conjunto “Sexteto tango”, un desprendimiento de la orquesta de Pugliese, donde registró 24 temas.

El 25 de febrero de 1975, es sometido a una intervención quirúrgica para tratar una hernia y muere durante el acto operatorio por un trastorno anetésico

Fuente: http://www.todotango.com/creadores/ficha/967/Jorge.Maciel

Julio Sosa, Julio María Venturini Sosa, nació en Las Piedras, Uruguay, el 2 de febrero de 1928.

Llegó a Buenos Aires en 1949, ingresando a la orquesta “Francini - Pontier”, en la que permaneció hasta 1953. Realizó 15 grabaciones. Tuvimos la oportunidad de verlo, en sus actuaciones en los “Bailables de Radio El Mundo”.

En ese año pasó a la orquesta de Francisco Rotundo, donde permaneció hasta 1955, grabando 12 temas. Entre 1955 y 1960 se desempeñó en la orquesta de Armando Pontier y comenzó su etapa de solista con el acompañamiento de la orquesta de Leopoldo Federico, donde alcanzaría su mayor éxito.

El 25 de noviembre de 1964, chocó contra el semáforo ubicado en Av. Alcorta y Manuel Castilla. Fue trasladado con graves lesiones al Sanatorio Anchorena, donde falleció el 26 de noviembre de 1964. Tenía 38 años.

Fuente: Julio Sosa. Wikipedia, la enciclopedia libre.

Susy Leiva, Susy Teodora Ramona Leiva, nació en la ciudad de Mendoza, Argentina, el 31 de agosto de 1933.

El 1º de mayo de 1954, fue coronada “Reina del trabajo”. Actuó en “La Alameda, de la Avenida de Mayo. Se incorporó a la orquesta de Juan Canaro recorriendo Japón y Latinoamérica.

En México conoció a Libertad Lamarque, quien le presentó a Marianito Mores, con el que desarrolló una etapa consagratoria, recorriendo Cuba y México. A su regreso, trabajó en el “Teatro Astral”.

Fue un gran éxito su participación en el programa televisivo “Casino Phillips”. Los temas tangueros que la consagraron fueron “Frente al mar”, “Remembranzas” y “Nada”. Su paso por el cine fue breve y olvidable.

Las giras dentro del país aumentaron progresivamente. El 4 de octubre de 1966, luego de participar en el canal 5 de Rosario, en la ruta 9, cerca de la localidad de Baradero, mientras viajaba en auto con su marido y representante, Manuel Villamor, en evidente estado de ebriedad, chocó su auto de frente contra otro, falleciendo en el acto.

Fuente:http://www.todotango.com/creadores/biografías/759/Susy-Leiva

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LA OTRA LIBRETA NEGRA

La libreta negra de todas las familias, era la que se llevaba al almacén, donde el almacenero anotaba los detalles de las compras y pagos, que se hacían efectivos cuando se cobraba la quincena. Funcionó perfectamente durante un tiempo prolongado.

Pero había otra Libreta Negra, la Libreta de Trabajo de las prostitutas. Hasta el año 1936, la prostitución fue legal y era obligatorio el uso de una libreta de tapa negra, sellada y rubricada en la Comisaría. No hacerlo significaba el pago de una multa de 30 pesos o diez días de arresto. Si reincidían, la multa ascendía a 100 pesos -cuando un sueldo era de 50 pesos- o en su defecto, 30 días de arresto.

La atención médica de las mujeres enfermas, estaba a cargo de médicos de la Municipalidad y quedaba registrada en la libreta. Llevaba una foto de la prostituta de 3 centímetros por 3 centímetros, y constaba el nombre, apellido y otros datos personales.

Las hojas tenían casillas para la anotación semanal del estado de salud. Si las libretas de las pupilas no se encontraban actualizadas, se procedía a clausurar el prostíbulo durante 3 días. Si reincidían, entonces la clausura era total, seguida por el desalojo del edificio. Medidas de control cumplidas estrictamente en ese Buenos Aires que se fue.

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PROHIBIDO ESCUPIR EN EL SUELO

Unas placas enlozadas decían “Prohibido escupir en el suelo, Ordenanza del año 1902″ .

Se podían observar en las paredes de los edificios y dentro de los establecimientos públicos. Los carteles anunciando Ordenanzas, eran de metal enlozado y permanecían en el sitio donde se los había colocado. El vandalismo callejero de robar todo lo metálico como en la época actual, no existía.

El nivel de respeto y disciplina era elevado y el cuidado de la salud afectaba a todos, por lo tanto, el espíritu de colaboración estaba muy desarrollado. Era una de las pautas fundamentales a la hora de controlar la tuberculosis, enfermedad infecciosa que causaba estragos entre la población, hasta fines de la década del cuarenta.

También podía observarse dentro de los establecimientos públicos, la presencia de unas salivaderas de metal enlozado, color blanco, de forma rectangular, conteniendo aserrín de madera, generalmente ubicada debajo de las chapas enlozadas antes mencionadas. La cultura de escupir en la salivadera y no en el suelo, era una de las pautas de la lucha antituberculosa desarrollada en el país.

Bueno Aires concenraba a mucha población, hecho que motivó la abundancia de estos recipientes en cualquier establecimiento público, carnicerías, almacenes, peluquerías, en las estaciones del subterráneo, en el hall de entrada a los cines y teatros, donde se encontraban por lo menos dos salivaderas, ubicadas en sitios estratégicos.

La tuberculosis era enfermedad terminal, y todas las medidas higiénicas, no alcanzaban para controlar el desarrollo de una afección que para la época, no tenía tratamiento eficaz. La década del cincuenta, sería portadora de noticias más favorables ante la aparición de nuevas drogas para el éxito del tratamiento en ese Buenos Aires que se fue.

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EMPLEO DE LA LAPICERA EN LA ESCUELA

La preocupación de los maestros era que los alumnos, desarrollaran una “letra linda”.

La mesa pupitre era útil para dos alumnos. Tenía asiento con respaldo, comodidad no tenida en cuenta anteriormente. Se consideraba que la posición viciosa del niño en el pupitre, condicionaba la aparición de trastornos tales como la miopía, alteraciones de la respiración y la circulación, congestión cerebral, etc.

Existía interés en evitar las malas posturas y sus consecuencias. Si bien el ideal era el banco para un solo alumno, hecho que facilitaba su vigilancia por parte del profesor, lo habitual era para dos alumnos. Durante las cuatro primeras décadas del Siglo XX, el uso de lapiceras con pluma cucharita o cucharón más la tinta azul existente en el tintero de porcelana ubicado en el medio del pupitre, en su zona superior, fue la regla.

Se pretendía que el alumno desarrollara una letra derecha, redonda, linda. Algunos empleaban la lapicera estilográfica, con tanque recargable. En 1945, se inició el uso de la lapicera a bolilla, mucho más práctica, que logró desplazar a la estilográfica, aunque en los comienzos, ocurrían accidentes muy desagradables, para una escritura que era irregular por su trazo discontinuo, con la aparición de manchones imprevistos, e imposibles de borrar.

La escritura escolar estuvo sometida a normas que fueron variando según las modas pedagógicas o científicas. Todo dependía de la belleza de la escritura que se obtenía, salvo cuando se imponía una medida disciplinaria, por la que había que escribir 500 veces: “No debo molestar en clase”. En esos casos, cada renglón escrito era lamentable por la deformidad que adquirían las palabras, a medida que se avanzaba en el cumplimiento de la pena. Así se escribía en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Realidades argentinas
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