El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Mayo, 2017

EL LIBRO DE LECTURA

Los libros de lectura utilizados en Argentina, eran en un principio, extranjeros ya que a los nacionales se los consideraba deficientes.

En el siglo XX aparecieron los libros con un discurso moralizante y nacional, pero no nacionalista. Se leía el libro en el aula, de pie al lado del pupitre o frente a la clase. Los talones juntos, las puntas de los pies separadas. Se tomaba el libro con la mano izquierda, mientras con la derecha, se daba vuelta la página.

Los libros diferenciaron su temática por géneros, para niñas y niños. Se incluyeron también temáticas para ambos sexos en un mismo libro. Las mujeres eran consideradas débiles, suaves, pasivas y temerosas. Los varones, en cambio, eran fuertes, inteligentes, rudos, creativos y arriesgados. Una gran diferencia que hoy no se concibe.

Los libros de lectura, no reflejaban conflictos sociales. Incluían temas que combatían las enfermedades, bajo la influencia del higienismo, en ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Realidades argentinas

DE LA PIZARRITA AL CUADERNO DE CLASE

La pizarrita, así llamada por el material empleado en su construcción, fue soporte para el aprendizaje de la escritura.

Debido al poco espacio disponible, los escritos eran cortos y de escasa duración, ya que había que borrar con frecuencia. Este hecho, no permitía relecturas ni reflexiones. Estuvo vigente en la Capital Federal hasta 1925, aunque en el interior, hay referencias de su uso hasta la década del 50.

Se la reemplazó por similares de madera y de mayor tamaño; de un lado cuadriculado y del otro, rayado. La pizarra se borraba con el uso de la saliva pasando un trapito, por lo que se consideraba un elemento no higiénico, ya que al trapito se lo guardaba en la valija junto con el pan. Además, para escribir sobre la pizarra había que presionar mucho y se escribía con letra gruesa. Su rápido borrado, no permitía la fiscalización adecuada, por parte del maestro o el inspector.

La pizarrita fue reemplazada por el cuaderno, porque permitía enseñar con menor esfuerzo y era más higiénico. El cambio al cuaderno significó un progreso. Todo quedaba registrado: dictados, composiciones, ejercicios, cuentas, deberes, completando todas las páginas con prolijidad.

Escribir sobre el cuaderno fue más fácil y menos cansador, más rápido y estético. La escritura con pluma en el cuaderno de clase, otorgaba más belleza y aseo, desapareciendo el riesgo de la falta de higiene al borrar las páginas. Además, el empleo de un cuaderno permitía supervisar con mayor facilidad y eficacia, la tarea de todo el grado en ese Buenos Aires que se fue.

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LAS MUERTES TRÁGICAS EN EL TANGO (1)

Algunas de las figuras más famosas del tango, tuvieron un fin trágico e inesperado. Su vigencia ha perdurado a través de sus grabaciones, que nos han permitido evocarlos frecuentemente.

Enrique Mario Francini.- Fue director de orquesta, compositor y violinista argentino, nacido en San Fernando el 14 de febrero de 1916.

Comenzó su actividad en la orquesta de Juan Elhert, por Radio Prieto. Luego en la orquesta de Miguel Caló, la famosa “Orquesta de las Estrellas”. En 1945 formó rubro con Armando Pontier durante 10 años, con continuado éxito, teniendo como vocalistas destacados a Alberto Podestá, Julio Sosa, Raúl Berón y Roberto Rufino.

Formó su propia orquesta con el aporte de Alberto Podestá. Integró el “Octeto Buenos Aires”, formado por Astor Piazzolla. El “Quinteto Real”, junto a Horacio Salgán, Pedro Láurenz, Ubaldo De Lío y Rafael Ferro. Actuó en “Los Astros del Tango”, junto a Emilio Vardaro.

En 1970 formó un Sexteto junto a Néstor Marconi, actuando en la tanguería “Caño 14″. En 1973 reconstruyó la orquesta con Armando Pontier, haciendo giras en Japón con la cantante Alba Solís. Desde 1958, se desempeñó como primer violín de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

Sus composiciones fueron éxitos trascendentales: “Mañana iré temprano”, “Tema otoñal”, “Delirio”, “La vi llegar”, “Junto a tu corazón”, la milonga “Azabache”, son sólo algunos de los más destacados.

El 27 de agosto de 1978, mientras se encontraba en plena ejecución del tango “Nostalgias”, en el escenario de “Caño 14″, sufrió un infarto agudo, falleciendo en el acto.

Fuente: http://www.sanfernandonuestro.com.ar/wp/enrique-mario-francini-del-barrio-crisol-del-mundo-con-su-violin

Francisco  Fiorentino, Fiore.- Fue un bandoneonista y cantor de tangos, nacido en Buenos Aires, el 23 de setiembre de 1905.

Estudió bandoneón con Minotto de Cicco. En la década del 20, formó un trío con José Martínez al piano y su hermano Vicente en violín, trabajando en cafés, cines y teatros.

Integró las orquestas de Francisco Canaro, Juan Carlos Cobián, Juan D’Arienzo, Angel D’Agostino, Pedro Maffia, Orquesta Típica Víctor, Roberto Firpo y Roberto Zerrillo. En la década del treinta trabajó en las radios Belgrano y Argentina, y en el conjunto “Los poetas del tango”.

Pero el 1º de julio de 1937, fue convocado por Aníbal Troilo, iniciando la época de oro, hasta el año 1943, grabando 62 temas, el último el 30 de marzo de 1943. Después cantó con las orquestas de Orlando Goñi, Astor Piazzolla, José Basso y Alberto Mancione, pero nunca alcanzó el nivel y la calidad que demostró junto a “Pichuco”, en el tradicional cabaret “Marabú”, en Maipú 359.

Compuso los tangos “Pa’ que seguir” y “Orquestas de mi ciudad”. La vida nocturna y los excesos, fueron cobrando su precio. Sus presentaciones en público por el interior del país, en teatros, clubes, o boliches de bajo rango, fueron lo habitual.

El 10 de noviembre de 1955, cantó en un baile a beneficio de la escuela “Alfonso Bernal”, en la localidad de Rivadavia, a 35 kilómetros de la ciudad de Mendoza. Al regresar a la ciudad, con unas copas de más, lo hizo por un camino de ripio. Al cruzar el puente Banegas sobre el río Tunuyán, el auto cayó al lecho del río. A los demás, no les pasó nada pero “Fiore”, se golpeó y perdió el conocimiento, cayendo boca abajo sobre un charco de agua, configurando la muerte más estúpida en el mundo del tango.

Fuente: http://www.buenosairesantiguo.com.ar/patiodetango18.html

http://www.elportaldeltango.com/especial/FranciscoFiorentino-2012.html

Osmar Maderna.- Fue pianista, director, arreglador y compositor nacido en Pehuajó, Provincia de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1918.

A los 13 años, formó el conjunto musical “Vitaphone”, actuando en su pueblo. Se trasladó a Buenos Aires en 1938 y al año siguiente, se incorporó a la orquesta de Miguel Caló, reemplazando al pianista Héctor Stamponi.

Permaneció hasta 1945, desvinculándose para crear su orquesta, con los vocalistas Orlando Verri y Luis Tolosa. Debutó en el “Café Marzotto”, y trabajó en el “Tango Bar”, “Radio Belgrano” y “Radio El Mundo”. Comenzó a grabar en 1946. Primero en el sello uruguayo “Sondor” y luego en el sello “Víctor”, donde dejó 52 temas, el último el 29 de marzo de 1951.

El 28 de abril de 1951, mientras volaba su avión, disputó una carrera con Alberto López, otro piloto. Mientras realizaban maniobras peligrosas en el área de Lomas de Zamora, ambos aviones chocaron, y el de Maderna se precipitó a tierra desde una altura de 150 metros, muriendo en el acto. Finales trágicos de nuestras figuras máximas del tango, en ese Buenos Aires que se fue.

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EL MANUAL DEL ALUMNO

Durante la época escolar, el “Manual del Alumno”, fue un eficiente apoyo en el estudio del lenguaje e iniciación literaria, historia e instrucción cívica, ciencias naturales, geografía y matemáticas.

Las versiones disponibles eran para 3º, 4º, 5º y 6º grado. No existía el grado séptimo, dado que se comenzaba en Primero Inferior, continuando con Primero Superior. Segundo grado, etc. Las maestras se ceñían al desarrollo del programa, que coincidía perfectamente con la temática del “Manual”.

Su empleo era muy útil y práctico a la vez, dado que no había que buscar en otras fuentes para encontrar la información solicitada o enseñada por el maestro de turno. El sistema era similar para todos los grados, de manera que una vez que uno se familiarizaba con su manejo, la metodología era la misma para los años siguientes.

Sin lugar a dudas, el uso del “Manual del Alumno”, era una herramienta muy útil para aumentar los conocimientos infantiles en el aula y al momento de pasar al frente o en pruebas escritas.

Concurríamos a clase de lunes a sábados, había pocos días feriados y los maestros no hacían huelga, por lo que nos beneficiábamos con una educación que cumplía con el desarrollo del Programa de Enseñanza para cada ciclo lectivo.

Pero el “Manual del Alumno”, no era el único. En esa época, existía también la publicación “Asuntos” de geografía, historia, instrucción cívica y naturaleza, de Arturo Vinardel. Era la competencia del “Manual”, allá por la década del 40. Competencia educativa y positiva, en ese Buenos Aires que se fue.

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