El Buenos Aires que se fue

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EL ASCENSORISTA

Durante muchos años, la profesión de ascensorista fue común en las grandes tiendas y edificios de oficinas y departamentos.                                      

Foto: Juan Diego Buirago/El Tiempo

El ascensorista vestía uniforme con chaqueta cerrada color gris, con ribetes rojos y eventualmente una gorra del mismo color. Esperaban a las personas, parados sobre la puerta del ascensor, vigilando la cantidad que ingresaba.

Una vez que se alcanzaba la cantidad oficialmente autorizada, cerraba las puertas manualmente y movilizaba el ascensor mediante una manivela con la que regulaba la velocidad y el posicionamiento correcto, a fin de evitar inconvenientes durante la entrada y salida de los pasajeros.

En las grandes tiendas complementaba su accionar anunciando las secciones ubicadas en cada piso, así como también las ofertas de cada día o de la semana.  Al llegar a cada piso, abía manualmente las puetas pronuncianddo la palabra “salida” o el número del piso.

Evitaba que los niños manipularan la manivela o pulsaran los botones del tablero, a fin de evitar inconvenientes. Siempre saludaba a las personas que ingresaban al ascensor transformándose en la primera cara amable que los empleados encontraban al llegar a su trabajo. Cuando se producía una pausa en su trabajo, la aprovechaba para acicalar el habitáculo.

Salvo en algunos hoteles y edificios tradicionales, el oficio de ascensorista ha desaparecido. El anuncio grabado del cierre y apertura automático de las puertas, anunciando la llegada a cada piso, así como el empleo de una botonera inteligente, han reemplazado a este personaje insustituible en aquel Buenos Aires que se fue.

La ciudad, La infancia, Las Grandes Tiendas, Personajes de la ciudad

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Comentarios

2 respuestas a “EL ASCENSORISTA”
  1. Jul Ais dice:

    Felicitaciones por sus escritos. Los he vivido todos en Buenos Aires en mi niñez. Me permito recordarle algunos que tengo presente:
    Juan Jose de Soiza Relly,
    Peter Fox lo sabía (15 minutos de policiales),
    Los Perez García,
    Las novelas de las 4 de la tarde con Eduardo Rudy y Carmen Valdés,
    Y la inolvidable La Revista Dislocada.
    Y como anécdota, yo toqué el violín cunado tenía 5 o 6 años en la Pandilla Marilyn, con mi hermanita Julia al piano.
    Gusto en saludarle y agradecerle refrescar mi pasado.
    Jul

  2. Carlos Araujo dice:

    Estimado Jul Ais: Muchas gracias por sus amables comentarios. Quiero informarle que “Peter Fox lo sabía”, está presentado en el blog, asi como también “Los Pérez García” y “La Pandilla Marilyn”. Escuché a la “Pandilla Marilyn” en repetidas oportunidades. ¿Los habré escuchado a Ud y su hermana? Impòsible de contestar. Respecto de las novelas, desarrollé el tema como un gran capítulo, de acuerdo con la importancia que tenía en esa época.
    Cordiales saludos
    Carlos E. Araujo



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