El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Abril, 2016

PAUL MISRAKI

Paúl Misraki nació en Constantinopla (ahora Estambul), Turquía, el 28 de enero de 1908.

Comenzó a ejecutar el piano a los 4 años de edad. Viajó a París donde se crió y educó. Estudió música clásica, pero se sintió atraído por el jazz, especialmente por la música de George Gershwin y Cole Porter.

Se desempeñó como pianista y arreglador en la orquesta de jazz de Ray Ventura, la más popular de Francia en la década del 30. En 1934 escribió la canción “Todo va bien, Señora Marquesa”, un éxito rotundo con el que alcanzó gran popularidad en Francia.

Escribió canciones para los cantantes de la época y música para películas. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, salió de Francia con destino a Sud América, llegando a la Argentina en 1942, proveniente de Montevideo, Uruguay, junto con la Banda de Ray Ventura.

Su estancia en Buenos Aires se prolongó hasta fines del año 1944. Su intensa actividad quedó reflejada en la música compuesta para siete películas; “Stella” y “Eclipse de Sol” en 1943.  ”Siete mujeres”, “La importancia de ser ladrón”, “Delirio”, “El fin de la noche” y “La casta Susana” en 1944. En julio de 1944 se estrenó la comedia musical “Si Eva se hubiese vestido”, de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivieri, con música de Misraki.

Es reconocido el éxito obtenido con los boleros “Final” y especialmente “Una mujer”, cuyos versos dicen: “La mujer que al amor no se asoma / no merece llamarse mujer…”, versos que han dado la vuelta al mundo. Después de la Liberación de Francia regresó a París. Durante la década del 50 compuso en Hollywood la música de películas para Ives Allegret, Jacques Becker y Orson Welles.

En la década del 60, de regreso a Francia, trabajó para los directores Jean Luc Godard, Jean Pierre Melville y Claude Chabrol, entre otros. Escribió 185 canciones, en idiomas francés, inglés y español, y compuso la música de más de 160 películas. En 1965 publicó su libro “Los extraterrestres”.

Continuó trabajando hasta su muerte ocurrida en París, el 30 de octubre de 1998.  Fue nombrado Caballero de la Legión de Honor y Oficial de las Artes y de las Letras. Paul Misraki, brillante músico y compositor, escribió la música de siete películas argentinas y vivió 3 años en Buenos Aires, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Shoo E. Una flor para Paul Misraki. La Nación, 14-11-1998.

https://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Misraki

Artistas destacados, El cine, El exilio, Vivieron en Buenos Aires

LA SALADA

La Salada era una laguna de agua barrosa y salitrosa ubicada en la zona sur del partido de La Matanza.

Medía 200 metros de largo por 20 de ancho aproximadamente. Se le atribuían propiedades curativas, especialmente a su fondo barroso, con el cual muchas personas untaban su cuerpo en busca de sus beneficios.

Al comenzar la década del cuarenta, los porteños encontraron en ese sitio, una forma de mitigar las jornadas de calor húmedo, típicas de Buenos Aires. Era una cita elegida para los días sábados, domingos y feriados que, mediante el transporte en tren, colectivos, camiones y a veces, en autos particulares, facilitaba el arribo de entusiastas concurrentes.

No se viajaba a la costa salvo excepcionalmente. No se disponía de piletas particulares. Se solían visitar otros sitios como el Balneario Municipal en la Costanera Sur, los balnearios de Vicente López y Olivos en la zona Norte, o los de Quilmes y Punta Lara, en la zona Sur.

La popularidad de la laguna La Salada motivó la creación del “Parque Balneario La Salada”, con la construcción de 3 grandes piletas alimentadas con agua salada, extraída por bombas aspirantes, y de baños, vestuarios y duchas.  La pileta de menor tamaño y profundidad, era exclusiva para niños.

Los grupos familiares disfrutaban de la sombra de los numerosos árboles existentes, así como de un buen asado cocinado en los fogones y degustado sobre las mesas de material por allí dispersas. Disfrutar de la sombra de esos árboles o de los baños en las piletas, ya sea por placer o por sus propiedades curativas para enfermedades reumáticas, era una situación aprovechada también por visitantes provenientes del interior del país.

Finalizada la hora de las piletas, el patio de la confitería era el paso siguiente donde comenzaba el baile,  al finalizar la tarde. Durante 3 horas aproximadamente, los asistentes tenían la oportunidad de compartir bailes de todos los ritmos en un clima muy animado.

Este balneario fue clausurado en el año 1961 por la existencia de contaminacìón bacteriana de las cañerías. Las inolvidables piletas del Parque Balneario La Salada, fueron las más populares de la zona Sur de aquel Buenos Aires que se fue.

Fuente:  http://www.arcondelrecuerdo.com.ar.?p=76

http://elfederal.com.ar.nota/revista/24690/aquellas-piletas-parecidas-al-mar

La cuestión social, Modas y costumbres, Realidades argentinas

EL ASCENSORISTA

Durante muchos años, la profesión de ascensorista fue común en las grandes tiendas y edificios de oficinas y departamentos.                                      

Foto: Juan Diego Buirago/El Tiempo

El ascensorista vestía uniforme con chaqueta cerrada color gris, con ribetes rojos y eventualmente una gorra del mismo color. Esperaban a las personas, parados sobre la puerta del ascensor, vigilando la cantidad que ingresaba.

Una vez que se alcanzaba la cantidad oficialmente autorizada, cerraba las puertas manualmente y movilizaba el ascensor mediante una manivela con la que regulaba la velocidad y el posicionamiento correcto, a fin de evitar inconvenientes durante la entrada y salida de los pasajeros.

En las grandes tiendas complementaba su accionar anunciando las secciones ubicadas en cada piso, así como también las ofertas de cada día o de la semana.  Al llegar a cada piso, abía manualmente las puetas pronuncianddo la palabra “salida” o el número del piso.

Evitaba que los niños manipularan la manivela o pulsaran los botones del tablero, a fin de evitar inconvenientes. Siempre saludaba a las personas que ingresaban al ascensor transformándose en la primera cara amable que los empleados encontraban al llegar a su trabajo. Cuando se producía una pausa en su trabajo, la aprovechaba para acicalar el habitáculo.

Salvo en algunos hoteles y edificios tradicionales, el oficio de ascensorista ha desaparecido. El anuncio grabado del cierre y apertura automático de las puertas, anunciando la llegada a cada piso, así como el empleo de una botonera inteligente, han reemplazado a este personaje insustituible en aquel Buenos Aires que se fue.

La ciudad, La infancia, Las Grandes Tiendas, Personajes de la ciudad

MI ABUELO Y EL VESUBIO

Mi abuelo siempre recordaba al Vesubio.

El volcán se encontraba a 70 kilómetros de su pueblo en Nápoles, Italia, cuya silueta siempre observaba a la distancia. Lo escuchaba fascinado imaginando las erupciones y los ríos de lava.

Conocía los volcanes por las ilustraciones de libros y revistas. Pero cuando mi abuelo relataba que había caminado por la boca del volcán, que era muy grande y que estaba apagado, no podía elaborar una imagen que representara esos hechos.

El Vesubio, junto al Strómboli y el Etna, eran los tres volcanes clásicos italianos, que de una u otra forma, integraban los relatos que el abuelo hacía recordando su vida en Italia. En una pintura apaisada y muy bien lograda que tenía en su habitación, siempre observaba el aspecto imponente del Vesubio con la profusión de viviendas en el valle, con la predominancia de los techos rojizos.

Abuelo relataba lo que fueron en su momento las erupciones del Vesubio y sus consecuentes destrozos. Nunca omitía las referencias al Etna, que se encontraba activo, con su consiguiente riesgo para la población.

Escuchaba sus relatos una y otra vez, pero siempre como si fuera la primera audición, dispuesto a corregir alguna palabra que difiriera de su último relato. Abuelo ponía pasión y dramatismo en lo que decía, características que me atrapaban, grabándose profundamente en mi memoria de aquel Buenos Aires que se fue.

Anécdotas de mi abuelo, La infancia
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