El Buenos Aires que se fue

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Archivo de Febrero, 2016

GORI MUÑOZ

Gregorio Muñoz Montoro, Gori Muñoz, nació en Benicalap, Valencia, España, el 26 de julio de 1906.

Estudió Bellas Artes y Arquitectura en Madrid y trabajó como ilustador y decorador. Al finalizar la Guerra Civil Española, se embarcó desde Francia en el buque “Massilia” y se exilió en Buenos Aires, donde realizó la mayor parte de su obra como escenógrafo y dibujante.
Trabajó como escenógrafo en el teatro español en el exilio y en el cine argentino, integrando la escenografía con lo que sucedía en la película y diseñando el vestuario. Su habilidad para describir ambientes de todo tipo, estaba basada en minuciosos bocetos, producto de un estudio muy profundo.
Debutó como escenógrafo del cine nacional en la película “Canción de cuna”, en 1941, bajo la dirección de Gregorio Martínez Sierra, la primera de la larga serie de 194 películas en las que dejaría su sello inconfundible de creatividad y estilo, enriqueciendo el contenido de cada una de ellas.
Trabajó en “Estudios San Miguel”, a partir de la película “Juvenilla”, destacándose la reconstrucción que hizo del Colegio Nacional Buenos Aires, de sus patios y su claustro. Fue el comienzo de una colaboración inolvidable para la época de mayor esplendor del cine argentino, que lo catapultó a liderar el cine latinoamericano.
Fueron exclusivas las reconstrucciones históricas realizadas para las películas “La dama duende”, “Rosa de América” y “La barra de la esquina”. Integró una trilogía única junto a Raúl Soldi y Ralph Pappier, que revolucionó el arte de la escenografía nacional, mejorando los resultados fotográficos y sonoros.
Luego de una extensa y fructífera carrera artística, falleció en Buenos Aires, el 27 de agosto de 1978. Gori Muñoz, el gran contribuyente a la evolución de la escenografía en el cine argentino, vivió en Buenos Aires, en aquel Buenos Aires que se fue.

Fuentes: Ranzani, O. Bocetos para una historia cambiante. Página 12. 26 oct. 2006.
https://es.wikipwdia.org/wiki/Gori_Muñoz

Artistas destacados, El Teatro, El cine, El exilio, Vivieron en Buenos Aires

LA SECRETARIA

El trabajo femenino de secretaria, fue una necesidad para paliar el déficit en el presupuesto familiar.
Independientemente de su orden y prolijidad, una mujer debía dominar la dactilografía y la taquigrafía, para aspirar al puesto de secretaria. Si se comparaba con el trabajo en las fábricas, la mecanografía era ventajosa porque, si bien requería alfabetización y un cierto grado de cultura, no necesitaba de un esfuerzo intelectual.
La mecanografía femenina fue un fenómeno de carácter internacional y algo similar ocurrió con la taquigrafía, tareas que no necesitaban de un esfuerzo exagerado. Vestida con prendas sencillas, pero elegantes, hacía de la discreción, un arma fundamental para lo que oía o se le comunicaba.

Después del jefe, la secretaria desplegaba funciones de poder sobre el resto de los empleados. Mantenía el orden en la oficina, tanto en lo relacionado con el papeleo como en su aspecto exterior, poniendo un toque de femineidad y delicadeza. Las tareas habituales eran atender el teléfono, ocuparse de la correspondencia, del archivo de la oficina y los asuntos de la agenda personal de su jefe.
La secretaria resolvía todos los temas y actuaba como un separador de su jefe con el mundo exterior. Obtener el cargo de secretaria era la culminación de las tareas de una buena taquidactilógrafa con buena apariencia, que lograba el trabajo femenino ideal.
El análisis de la relación sentimental secretaria-jefe, fue la base de novelas y culebrones radiales que detallaban el romance entre ambos.
La secretaria era la empleada administrativa que había llegado a la cima de su carrera laboral y, que en muchas ocasiones, se convertía en la esposa del jefe, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Queirolo G. Dactilógrafas y secretarias perfectas: el proceso de feminización de los empleos administrativos (Buenos Aires, 1910-1950)-

La cuestión social, Realidades argentinas

LA LIBRETA DE AHORROS Y LA NENA

En mi época escolar, la libreta de ahorros fue el medio mediante el cual ahorrábamos pequeñas sumas de dinero, proveniente de obsequios o cumpleaños.
Comprábamos estampillas que se pegaban en la clásica libreta de tapas amarillentas. Esta operación era realizada por la maestra de grado, dentro del aula, sumando el importe al que se tenía depositado.
Reuní 197 pesos moneda nacional pero guardé la libreta durante mucho tiempo. Un día decidí recuperar lo ahorrado pero ya, habían sucedido varias devaluaciones. La operación fue decepcionante porque me pagaron 4 pesos con 30 centavos.
Pensar que en la contratapa había varios consejos con frases muy especiales, como la que decía:” La Nación garantiza los depósitos que se efectúan en la Caja Nacional de Ahorro Postal y su devolución con intereses”.
En las estampillas, se observaba una niña sentada en actitud de depositar una moneda en la ranura de una alcancía que retenía entre sus rodillas. Fue el símbolo de la Caja Nacional de Ahorro Postal, vigente en la actualidad.
Esa niña era Aída Ferrari, de 6 años de edad, hija del escultor italiano Nicolás Antonio Ferrari. Posó para su padre durante un mes, sentada en una mesa giratoria, mientra modelaba el original en arcilla. Luego realizó la copia en yeso finalizando con la versión en bronce.
Como compensación, Aída recibía diariamente, una moneda de 20 centavos . La escultura se realizó en el taller que Ferrari tenía en su casa, ubicada en la calle Callao al 300, de ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: Giudici A. Un símbolo y una historia viva. El Arca/38.

La infancia, La inmigración, Realidades argentinas

MI PROFESORA DE INGLÉS

Cuando aun no había finalizado la escuela primaria, comencé a estudiar inglés con Miss Dennehy.

Era una persona mayor que vivía con dos hermanas. Su domicilio estaba ubicado a cuatro cuadras del mío, en Valentín Gómez esquina Billinghurst, en la ciudad de Buenos Aires.
Era una típica casa chorizo, en muy buen estado, colmada de macetas con plantas y flores. En el fondo se hallaba el comedor, que tenía una gran mesa oval de madera, cubierta por un paño verde, donde recibía mis clases.
No estábamos solos, porque una hermana discapacitada cuyo nombre no recuerdo, permanecía siempre sentada. Escuchaba todo el desarrollo de la clase pero jamás interrumpía.
Miss Dennehy era muy especial para dictar sus clases. Me indicó adquirir un libro básico “First steps in english” (Primeros pasos en inglés), de Mme. Cammerlynck, un libro de tapa roja con letras negras, dirigido a franceses que estudiaban inglés.
La edición era viejísima, de 1912, con ilustraciones muy antiguas. Nunca comprendí porqué eligió un libro que no tenía ninguna vinculación con los programas de la escuela secundaria, ya que los temas abordados eran completamente distintos.
Para la pronunciación, no utilizaba los signos de fonética, sino la repetición. Ella pronunciaba y yo, repetía, tantas veces hasta que quedaba conforme.
Al comenzar la clase debía rezar el Padre Nuestro y el Credo. Fue lo primero que me enseñó y jamás dejó de hacerlo. Yo repetía lo que ella decía. Una vez finalizados comenzaba la clase propiamente dicha.
Este ritual se repitió dos veces por semana y me introdujo en el conocimiento elemental del idioma inglés, en una vieja casona de ese Buenos Aires que se fue.

La educación, La infancia, Personajes de la infancia

LOS GITANOS

La llegada de gitanos a la Argentina comenzó a fines del Siglo XIX.
Provenían de distintos países europeos y muchos se ubicaron en Buenos Aires. Caracterizados por el nomadismo, se instalaban en grandes carpas, ocupando un terreno.
Recuerdo que en una esquina del barrio de Villa Real, instalaron una carpa en un terreno baldío, dentro de la cual observamos unos llamativos artefactos de bronce pero ignorando su uso.
Los colores variados de la ropa femenina era un clásico de las calles porteñas. Las gitanas caminaban en grupos pequeños, de tres o cuatro personas, con sus clásicas trenzas adornadas con monedas de oro y collares, que también mostraban monedas de oro, uno de sus métodos para ahorrar dinero.
Nos llamaba la atención que las mujeres de mayor edad, caminaban por las calles fumando, situación excepcional en esa época. Se desplazaban hablando en voz alta, en un idioma desconocido, o en un español mal pronunciado, moviendo sus amplias y coloridas polleras que ocultaban sus pies.

Desinhibidas en sus desplazamientos, interrumpían la marcha de cualquier transeúnte, ofreciendo sus servicios de adivinación del futuro, observando y “leyendo” las líneas de la mano. Las mujeres casadas usaban un pañuelo cubriendo su cabeza.
A los hombres no los reconocíamos; nada los diferenciaba en su atuendo con los demás peatones. Pasaban desapercibidos. La libertad es uno de los principios fundamentales de este pueblo. Una decisión de mucho peso fue la de enviar a sus hijos a la escuela, poderosa herramienta para el mantenimiento de su cultura, ya que no sabían leer ni escribir.
Los gitanos nómades, no invertían su ganancia en la compra de casas, Como desconfiaban de los bancos, llevaban su riqueza puesta: monedas de oro y joyas, que además los protegían de los malos espíritus.
Se han dedicado a la venta ambulante, al intercambio y a la adivinación. En general, han desarrollado una economía independiente, una red de trabajo exclusiva de la colectividad, como la compra y venta de automóviles y la herrería industrial.
Pero los cambios tecnológicos motivaron otras modalidades de comercialización, que al exigirles permanecer en un sitio fijo, eligieron edificios como sitios estables. Sin embargo, actualmente pueden encontrarse familias viviendo en carpas como lo hacían tiempo atrás, en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://www.buenosaires.gob.ar/ares/secretaria_gral/colectividades

El barrio, El exilio, La ciudad, La infancia, Personajes de la ciudad

LA LEY DE LA SILLA

La Ley 12.205 “Ley de la silla”, fue redactada en 1907 por el Dr. Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América, oriundo del barrio La Boca, en la ciudad de Buenos Aires.
Las tejedoras, trabajadoras del vestido, alpargateras, textiles, sombrereras y demás empleadas de comercio, decidieron entablar pelea en 1907 en apoyo del Dr. Palacios, saliendo a la calle para luchar por sus derechos reclamando que el patrón les proveyera a los trabajadores. de una silla o taburete con respaldo en el lugar de trabajo.
Esta ley creada para las mujeres por el Dr. Palacios, se sumaba a la que establecía el descanso obligatorio antes y después del parto, la prohibición de trabajo a los menores o la jornada laboral de ocho horas.
La Ley de la silla fue promulgada en la Argentina el 5 de octubre de 1935, por Decreto Nacional 83474/36 cuyo Art. 1º decía: ” Todo local de trabajo en establecimientos industriales y comerciales de la Capital Federal, provincias y territorios nacionales, deberán estar provistos de asientos con respaldo en número suficiente para el uso de cada persona ocupada en los mismos”.
Se determinó que la permanencia de pié durante muchas horas, determinaba trastornos orgánicos como perturbaciones de la circulación sanguínea y la producción de várices.
La ley fue presentada en la Cámara de Diputados de la Nación por el Diputado Francisco Pérez Leirós. A pesar de ser una Ley de alcance nacional, esta conquista social que ya superó el siglo desde su promulgación, no se cumple en forma total, a pesar de estar vigente.
Un verdadero atentado a los derechos laborales de muchos obreros y empleados, que no se han beneficiado de una de las leyes fundamentales de Alfredo Palacios promulgadas en ese Buenos Aires que se fue.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20110205…
La ley de la silla. AscensionDigital.com.ar.Buenos Aires, Argentina 1-2-2016

La ciudad, La cuestión social, Realidades argentinas
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