El Buenos Aires que se fue

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EL MANDOLÍN DE MI ABUELO

Como a buen napolitano, a mi abuelo le gustaban los juegos carteados y la música.
Fuí un afortunado al poder disfrutar, desde niño, sus ejecuciones en mandolín, instrumento que dominaba a la perfección. Al caer la tarde, se acomodaba en un sillón del vestíbulo de la casa chorizo donde vivíamos, desenfundaba el mandolín, situación que yo esperaba para jugar con el estuche que simulaba a un enorme pescado con la boca abierta.
Él acomodaba el mandolín sobre la panza, y luego de algunas escalas previas, comenzaba la ejecución de típicas canzonetas napolitanas, que me inducían a pensar que aspecto tendrían los sitios de Italia que evocaban, según el canto de mi madre.
Veo su rostro sereno, con sus ojos azules, su bigote bien recortado, sus anteojos de marco grueso, color marrón y su cabello escaso, color gris, bien peinado. Sus ágiles manos recorrían el diapasón con naturalidad, logrando producir sonidos claros y bien definidos, que resumían el sabor nostálgico de esas canciones.
Escuchaba a mi madre cantarlas frecuentemente, aprendiendo yo una fonética cuyo significado, no conocía. Estas vivencias han quedado fijadas a mi memoria con precisión. ¡ Qué sonidos los de ese mandolín tan bien ejecutado, en ese Buenos Aires que se fue!

La casa, La infancia, La inmigración, Personajes de la infancia

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