El Buenos Aires que se fue

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EL TRANVÍA EN EL TANGO

Las primeras líneas urbanas de tranvías a tracción animal, el tramway, aparecieron en Buenos Aires en 1870.

En esta primera etapa fueron arrastrados por caballos hasta que a partir del mes de abril de 1897, comenzó a emplearse la electricidad, dejando atrás una época heroica, que significó para Buenos Aires la mejoría en la comunicación y el transporte por toda la ciudad y localidades cercanas, favoreciendo la expansión de la creciente población, alimentada por los sucesivos aluviones inmigratorios.

El tranvía brindó la oportunidad de abandonar la habitación del conventillo, ubicada en el casco céntrico, por una casita edificada ladrillo sobre ladrillo, en un barrio alejado, pero conectado gracias a los servicios tranviarios. El tango incorporó al tranvía, especialmente en su primera etapa, destacando a sus personajes, el mayoral y el conductor, actualizando situaciones del diario vivir que hoy, nos parecen irreales.

En 1942, Pedro Maffia y Homero Manzi escribieron “Cornetín”, un tango milonga que contaba detalles risueños de los viajes en el tramway: “Tarí, Tarí. / Lo apelan Roque Barullo / conductor del Nacional / con su tramway, sin cuarta ni cinchón, / sabe cruzar el barrancón de Cuyo. / El cornetín, colgado de un piolín, / y en el ojal un medallón de yuyo. / Tarí, Tarí. / Y el cuerno listo al arrullo / si hay percal en un zaguán. / Calá, que linda está la moza, / calá, barriendo la vereda, / Mirá, mirá que bien le queda, / mirá, la pollerita rosa. / Frená, que va a subir la vieja, / frená porque se queja, / si está en movimiento. / Calá, calá que sopla el viento, / calá, calá, calamidad.”

El mayoral fue el personaje más conocido por su fama de piropeador de las mujeres que barrían la vereda, o que lo invitaban a saborear un mate, en cuyo caso, se detenía el tranvía por un momento. Carlos Mayel y Francisco Laino, nos dejaron “El mayoral del tranvía”, 1946: “Soy mayoral del tranvía / que por las calles serenas, / llevé blancas azucenas / despertando simpatías… / con ese tarí…taría…/ de mi modesta corneta / brindé a las mozas coquetas / un madrigal de alegría. / Gritaban las mozas:”¡Adiós mayoral!” / “¿Me da el clavelito que lleva en su ojal?” / Y yo muy contento decía que sí, / pues ellas en sus risas se acuerdan de mí…”.

El conductor y el mayoral, los responsables del manejo del tramway, han sido bien caracterizados en las letras de tango o milonga. El mayoral fue personaje trascendental en la “Milonga del Mayoral”, 1953, de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo: “Soy el criollo mayoral, que va, / que va tocando en la vía, tarí rarí / su cornetín de alegría, que da señal / de que ya viene el tranvía. / Y yo soy el motorman, talán talán, / que lleva de Once a Lorea / con seguridad, para que el público vea / lo que puede dar la electricidad.”

La llegada del tranvía, especialmente en su primera época, era motivo de alegría para la servidumbre, que esperaba ansiosamente su paso, reconocido por un sonido característico del cornetín, apareciendo en la vereda, simulando un barrido o llevándole una flor al motorman. Es acertada la descripción de Armando Tagini y Oscar Arona en “El cornetín del tranvía”, 1938, :”La clarinada rompió la siesta / en la barriada de los Corrales / y con zumbón frufru de percales / más de una china salió al umbral…/ Llegaba “el loco de Recoleta” / sembrando alardes de su corneta / y su paso era en la quieta ciudad / fiesta de curiosidad…/ Así cruzaba el tranvía / la Buenos Aires baldía / de los románticos días. / Un “Buenas tardes” brinda a la moza / que lo devuelve con una rosa / y el cochero echa a volar su emoción / en un toque de atención.”

Único medio de transporte pasada la medianoche, el tango le cantó a los que regresaban a su barrio, cansados de vivir. Lo señalaron Celedonio Flores y Francisco Pracánico en “Corrientes y Esmeralda”, 1933, :”El Odeón se manda la Real Academia / rebotando en tangos el viejo Pigall, / y se juega el resto la doliente anemia / que espera el tranvía para su arrabal”.

El tranvía abrió rumbos, surcando todas las calles de Buenos Aires. Fue razón de crecimiento y de progreso, el medio de transporte más popular y económico, con una extensa red. En sus recorridos, enhebró las más diversas situaciones comunicando el centro con el suburbio arrabalero. Héctor Negro y Raúl Garello nos dejaron “Tiempo de tranvías”, 1981, y nos cuentan:” Tiempo de tranvías tropezando el empedrado. / Patios que se abren a la luna y al parral. / Mágicos zaguanes con temblor de besos largos. / Penas de ginebra que tanguean en el bar. / Vuelven esos ecos de las mesas de escolaso. / Noches con la barra de la esquina fraternal. / Sábado y milonga que promete el club de barrio / y el domingo, lleno de ese fútbol sin igual. / Tiempo de tranvías, de las calles con silbidos. / Se que ya el olvido no podrá jamás con vos. / Tiempo lindo de tranvías, / que fueron de otra ciudad.”

El tranvía fue testigo y activo participante de las escenas cotidianas de Buenos Aires, reflejadas en los distintos barrios, actividades características de una ciudad joven, en pleno crecimiento. Alberto Vacarezza y Enrique Delfino plasmaron en 1924 estas escenas en “Talá, talán”: “Talán, talán, talán…/ pasa el tranvía por Tucumán. / “Prensa”, “Nación” y “Argentina” / gritan los pibes de esquina a esquina. / “Ranca e manana, torano e pera” / ya viene el tano por la “vedera”. / Detrás del puerto / se asoma el día, / ya van los pobres / a trabajar; / y a casa vuelven / los calaveras / y milongueras / a descansar”. En sus casi 100 años de permanencia en las calles porteñas, en 1963 desapareció el tranvía que integró escenas de Buenos Aires, de ese Buenos Aires que se fue.

Glosario:

Ranca: Naranja; Manana: Banana; Torano: Durazno

Cuarta: animal que se agrega a los otros que tiran de un vehículo para ayudar a remolcarlo.

Cinchón: cincha angosta con argolla, en el apero de montar.

El barrio, El tango, La ciudad, La cuestión social, La inmigración, Personajes de la ciudad

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Comentarios

2 respuestas a “EL TRANVÍA EN EL TANGO”
  1. Alberto Chab dice:

    Hola Carlos, nuevamente quiero dejarte algunas anécdotas personales respecto al tranvía, que no es el vos investigaste, sino uno mucho más tardío, el de los años 40/50.
    Ese tranvía era parte importante de nuestra diversión de chicos. Si mal no recuerdo era el número 2 (o 102) que venía desde Plaza de Mayo hacia el Parque Lezama por la calle Defensa. Me acuerdo que el boleto de ida costaba 10 guitas y el boleto obrero de ida y vuelta 15, pero había que sacarlo antes de las siete de la mañana. Algunas personas cargaban grandes bultos al lado del motorman y al bajar le dejaban alguna moneda que él agradecía con un gesto de su cabeza.
    Habíamos aprendido a subir en la mitad de cuadra y en pleno movimiento, para bajarnos, también en pleno movimiento, en la cuadra siguiente, a pesar de que el motorman aceleraba todo lo que podía y darle tiempo al guarda para que llegara. Tarea imposible. Los guardas nos conocían y parte de la joda era correrse entre la gente y largarse por adelante, riéndonos del guarda que se quedaba masticando bronca.
    El hijo del farmacéutico había aprendido que la mezcla de potasio con manganeso era explosiva si se la golpeaba con fuerza. Los chicos le sacábamos el corcho a las tapitas de cerveza, le poníamos esa mezcla y la volvíamos a tapar con el cocho. Colocadas en la vía cuando pasaba el tranvía y la rueda pisaba la chapita explotaba con fuerza y los pasajeros pegaban un salto en sus asientos de madera. El guarda y el motorman sacaban espuma por la boca de bronca, pero no podían hacer nada para evitarlo. Un día había un cana que se bajó furioso al ver que nos reíamos e intentó corrernos pero ¡ quién puede alcanzar a un pibe corriendo!
    Otro día te cuento lo colarse en los colectivos.
    Saludos
    Alberto Chab

  2. Carlos Araujo dice:

    Yo también me divertí colocando las chapitas en la vía, cuando por Bartolomé Mitre y Billinghurst pasaba el tranvía 97. Las colocábamos en la mitad de lacuadra, justo cuando estaba en plena aceleración. Fue divertido, barato y no dañamos a nadie.
    Saludos
    Carlos Araujo



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